La vida secreta de los chinches

La vida secreta de los chinches

Aunque por la importancia que nos damos como especie pueda parecernos que la Tierra es un planeta humano, la verdad es que vivimos engañados: la Tierra es un planeta de insectos. Los cálculos no son exactos, pero se estima que de los dos millones de especies descritas por la ciencia (incluidas todas las plantas y animales), un millón es solo de insectos.

De ellos hacen parte bichos cotidianos como las moscas y las cucarachas. Algunas personas los aman, pero muchas más los desprecian. Los insectos son temidos porque algunos pican y transmiten enfermedades, también por su aspecto extraño: antenas, tres pares de patas, ojos compuestos. El asunto es: ¿cuánto sabemos sobre ellos?

Para empezar, no todos los insectos son iguales. De los muchos grupos que hay, cinco son los más numerosos: cucarrones, avispas y abejas, moscas, mariposas y chinches. Estos últimos son los menos conocidos. En esta oportunidad, PESQUISA JAVERIANA consultó al biólogo e investigador Dimitri Forero, coordinador de las Colecciones Biológicas y profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, para hablar, justamente, sobre los intrigantes chinches y sobre temas tan insospechados como su sexualidad, maternidad y comunicación.

¿Qué los hace tan particulares?

Se trata de su boca y la manera en que comen, pues ‘licúan’ su alimento. El profesor Forero explica que su aparato bucal es diferente al de los demás insectos: consiste en un estilete o especie de pitillo que clavan en su alimento (puede ser otro insecto, una planta, un hongo o un animal, dependiendo de la especie). Una vez allí, por el estilete baja su supersaliva: es tan poderosa que disuelve los tejidos, de modo que lo que el chinche chupa es parte de su presa ya licuada y lista para digerir.

¿Los chinches son maternales?

No mucho. Al igual que la mayoría de los insectos, ponen una gran cantidad de huevos y los dejan a su suerte bajo la lógica de “ponemos muchos huevos para que algunos sobrevivan”, y es así como quedan indefensos frente a peligros como las hormigas, que se los comen, o las avispas, que los pueden parasitar para que en lugar de un chinche nazca una avispa.

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Sin embargo, Forero investigó una especie que parece tener otro comportamiento: los Apiomerus o asesinos de abejas.

Las hembras de Apiomerus buscan resina de plantas y la recogen con una especie de cepillo que tienen en las patas delanteras; luego la pasan a las patas de la mitad, luego a las de atrás, y de ahí la llevan, finalmente, al abdomen, donde la acumulan sin que se solidifique. Cómo lo hacen es todavía un enigma, pues normalmente la resina se vuelve dura al contacto con el aire.

“Creemos que, a través de unas glándulas, producen una sustancia que mantiene la resina pegajosa”, comenta el investigador. Así, las maternales Apiomerus, antes de abandonar sus huevos, ponen alrededor de ellos la sustancia pegajosa. “Pensamos que es para evitar que las hormigas y las avispas se puedan aproximar. También los chinches bebés,al nacer, sacan provecho de la resina: untan sus patas delanteras en la sustancia y atrapan fácilmente otros insectos voladores, que se convierten en su primer alimento”, explica.

Interna-2¿Cómo es la sexualidad de los chinches?

Forero informa que los chinches macho tienen un ‘órgano intromitente’ y la hembra una cavidad en la que el macho deposita su esperma. Pero que un macho y una hembra tengan sexo no significa que los hijos sean de él, pues ella puede ‘decidir’ si se usa o no el esperma. No es una elección consciente, sino que ocurre cuando se cumplen ciertas características.

Por ejemplo, hay una especie de chinches en la que, como se diría popularmente, ‘el tamaño sí importa’: “entre ciertas especies de Lygaeidae hay variación en la longitud del órgano intromitente, y las hembras tienen un canal que debe atravesar el macho hasta alcanzar la cámara donde se guarda el esperma; de modo que órganos muy largos o muy cortos no fertilizan los huevos”, dice Forero

¿Cómo consiguen los chinches su ‘media naranja’?

Es un tema de comunicación. Como los chinches son tan pequeños, no están siempre los unos al lado de los otros, sino a grandes distancias. Y el modo que usan para comunicarse es químico, es decir, a través del olor.

Son los machos los que buscan a las hembras, pero son ellas las que comunican su ubicación. “La hembra produce feromonas que libera en el aire y son eficientes atravesando grandes distancias, el macho las detecta y llega hasta donde ella se encuentra. También existe otra forma, aunque ha sido poco investigada, y es a través de sonidos”, expone el biólogo. Por cierto, la ‘nariz’ de estos insectos está en sus antenas.

¿De qué otras maneras se comunican los chinches?

Además del olor, los chinches usan el sonido. Ellos pueden generar vibraciones en el aire y también en el sustrato, es decir, el medio en el que se encuentran. Por ejemplo, un chinche puede estar en una hoja y, para enviar mensajes a otros insectos o chinches presentes en la planta, puede hacerla vibrar moviendo su cuerpo. De este modo comunica mensajes que pueden ser de advertencia o para motivar proximidad.

“Los chinches asesinos se reconocen fácilmente porque entre el primer par de patas, que son las de adelante, tienen un surco con muchas estrías que raspan con el pico con el que comen y generan un sonido; es como una guacharaca”,comenta Forero. Un investigador europeo, Matija Gogala, grabó a uno de estos chinches y de alguna manera se comunicó con él: Gogala le ponía el sonido y el chinche le respondía. “Es un campo para investigar grandísimo”, advierte Forero.

¿Por qué algunas veces tienen formas tan extrañas?

El biólogo explica que en ocasiones se trata de una estrategia para camuflarse en el medio o para imitar a otras especies y cazarlas, como en el caso del Notocyrtus, chinche que imita la forma de las abejas para camuflarse entre ellas y devorarlas, aunque también podría ser para intimidar a otros insectos y evitar ser comidos… no se sabe con exactitud.

Pero si hablamos de formas locas, los reyes, dice Forero, son los membrácidos, a los que pertenece una especie nueva, muy llamativa, descubierta por él y por la estudiante Juanita Rodríguez, en Boyacá. Se trata de Eucyphonia festiva, cuya forma es extraña y bella a la vez, pero ¿por qué o para qué es así? “Quizá son mecanismos de defensa, porque mucha de su ornamentación parece espinas, pero la verdad es que, en general, no se sabe por qué muchas de estas especies son tan extravagantes”.

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La apariencia es, en síntesis, un buen ejemplo del enigmático mundo de los chinches. Algunas cosas se saben, otras se sospechan, el caso es que, como indica el profesor Forero, los chinches tienen un enorme potencial: aún hay muchas especies por descubrir y mucho por aprender sobre su comportamiento y función en los ecosistemas. “Lo importante es que gracias a ellos, con los estudiantes podemos promover la chispa de la curiosidad. No nos las sabemos todas, pero está esa posibilidad de maravillarse”.

 

Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Resin-enabled maternal care is an old evolutionary strategy in New World resin bugs (Hemiptera: Reduviidae)
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Dimitri Forero
COINVESTIGADOR: Christiane Weirauch Facultad de Ciencias Departamento de Biología.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2016

Pasatiempo: estudiar bichos

Pasatiempo: estudiar bichos

Cuando Giovanny Fagua llegó a Canadá, a estudiar, rentó una vivienda en Edmonton y algo que llamó su atención en los primeros días de estancia fue la cantidad de elementos de hogar que encontró por el camino casi intactos, en los basureros: colchones, anaqueles y hasta televisores. No entendía por qué la gente lo hacía.

Una noche la piquiña interrumpió su descanso de forma inoportuna y a medida que pasaban las horas, las ronchas se incrementaban. Él nunca había experimentado nada parecido. Al principio supuso que eran pulgas pero, a pesar de la limpieza, no encontraba de dónde provenía la molestia. Después de averiguaciones, todo parecía coincidir con  unos chinches que suelen asentarse como plaga donde les plazca.

Los bed bugs o chinches de cama estaban su hogar. Para los años 50 estos habían sido casi erradicados, pero se volvieron resistentes a los insecticidas. Son de difícil eliminación y pueden vivir sin sangre hasta 140 días, tanto así que las personas tienen que contratar a un exterminador y deshacerse de todo aquello que pudo haber tenido influencia con estos bichos. Ahora él le hallaba razón a la cantidad de piezas caseras que veía en los basureros, pues próximamente allí también estarían los suyos, recuerda con humor el doctor en ciencias biológicas y docente javeriano de biología, quien encontró en el estudio de los bichos una buena forma de investigar.

Para quienes se preguntan para qué estudiar los artrópodos o que interés encuentran los entomólogos en estas criaturas que pocas veces resultan armoniosas a la vista, como milpiés, ciempiés, arañas e insectos.  Fagua explica que, como entomólogo, “lo que hacemos con los insectos, en este caso con los chinches de cama, es generar moléculas que los intoxiquen, los insecticidas. El problema es que con los insectos pasa lo mismo que sucede con las bacterias, que generan resistencia a los antibióticos con el uso generalizado de estas sustancias”.

Más allá de encontrar nuevas formas para controlar insectos plaga, en estas especies han  encontrado modelos biológicos que brinden información excepcional desde muchos puntos de vista. “Nosotros como especie dependemos en gran medida de las acciones de los artrópodos. Por ejemplo, buena parte de la comida que necesitamos viene de la polinización por insectos, o muchas de las enfermedades humanas son trasmitidas por ellos. En términos más generales, el buen estado de los ecosistemas -que necesitamos para sobrevivir- es dado por las diferentes interacciones de los artrópodos con otros organismos”, afirma Dimitri Forero, biólogo, docente javeriano y coordinador de Colecciones Biológicas de la Javeriana.

Por su parte, desde la entomología forense, los investigadores utilizan los insectos para calcular el periodo de deceso de un cadáver, e incluso definir si fue movido de un lugar a otro tras su muerte. Fagua comenta que “podemos estudiar a los insectos como nuestros principales competidores en cultivos, ya que casi un 30 o 40% de la producción mundial de cultivos se queda en los insectos”.

En su deseo por responder a preguntas de todo tipo que tuvieran que ver con bichos, en 1998, impulsado por el profesor Fagua, se conformó en la Javeriana el grupo estudiantil de trabajo en artrópodos “Élitros” con el único interés de construir conocimiento alrededor de estas especies, consolidándose como el segundo grupo de estudiantes más antiguo de la universidad. A lo largo de su historia ha obtenido diez premios en el Congreso Nacional de Entomología o menciones de honor en congresos internacionales como el Congreso Latinoamericano de Lepidopterología, y de él han salido alrededor de 50 trabajos de grado. “He querido que Élitros se mantenga como grupo estudiantil porque esto genera autonomía e independencia en los estudiantes”, añade Fagua.

Este año Élitros celebra su vigésimo aniversario de trabajo investigativo. Dos décadas por el que han pasado alrededor de 100 estudiantes aficionados por los insectos, de quienes el profesor Fagua, como compañero y amigo del grupo, destaca su rigurosidad académica y pasión por lo que hacen. Estudiantes de biología, ecología, microbiología e incluso artistas han participado de este grupo que no para de crecer. (leer insectos en el arte)

Hoy el grupo ha derivado en dos semilleros de investigación en entomología y en relaciones entre plantas y animales que coordinan los profesores Dimitri Forero y Giovanny Fagua como complemento al grupo estudiantil. “Un espacio donde los estudiantes puedan desarrollar sus intereses transversales alrededor de los artrópodos y, en general, ser felices investigando. Algo que tratamos de inculcar es que todos estamos en un proceso constante de descubrimiento”, dice Forero refiriéndose a la igualdad que se vive en los semilleros.

“Cumplir 20 años es una fecha importante, pues muestra no solo el compromiso y acompañamiento de los docentes (como el profesor Fagua, quien lo creo y ha acompañado por mucho tiempo), sino la alta calidad del recurso humano presente en Colombia y particularmente en la Javeriana. Hay madera para el futuro” añade.

Élitros 1

Una manera atractiva de celebrar sus veinte años de creación ha sido a través de conversatorios por parte de estudiantes que fueron miembros y hoy tienen carreras exitosas, con el fin de que la comunidad académica que está en proceso de formación se acerque y se motive a conocer y vivir las experiencias en el camino investigativo de la entomología.

Los profesores Fagua y Forero hacen un llamado extensivo a que los estudiantes de cualquier facultad participen de los conversatorios y se vinculen a los grupos de investigación y semilleros, cualquiera es una buena escuela. “Desde mi punto de vista, aunque obtuve una muy buena formación en la academia, lo que más me aportó fueron las actividades grupales durante mi carrera, pues es un acercamiento más real a lo que te tienes que enfrentar en la vida cotidiana”, finaliza Fagua.

Los conversatorios, que iniciaron de forma masiva desde febrero de este año, incluyeron el pasado 17 de mayo a un egresado del grupo actualmente investigador del Jardín Botánico José Celestino Mutis, de Bogotá, quien presentó un conversatorio sobre los insectos utilizados en canciones, pinturas y otras ramas del arte, generando una variada temática multidisciplinar.

Este viernes 24 de mayo otro exalumno del grupo, Alejandro Ordoñez Gloria, de la Universidad Aarhus de Dinamarca, conversará acerca de la aparición de nuevos ecosistemas y climas debido a humanos en el salón 301 del edificio 53 (2:00 pm).

El viernes 31 de mayo la profesora Andrea Polanco, del colegio Rochester, expondrá sobre los chinches de cama, los bed bugs, en la misma sala y hora.

Esperen los siguientes eventos que se extenderán a todo el año del periodo académico.

Los pequeños huéspedes de la Colección Biológica

Los pequeños huéspedes de la Colección Biológica

Cada cajón de la colección esconde al menos una decena de tesoros. Son insectos de todas las regiones del país, capturados por los investigadores o por los propios estudiantes del semillero de Entomología, dirigido por el profesor Dimitri Forero.

Al laboratorio llegan en frascos con alcohol. Investigadores y estudiantes los clasifican tomando en cuenta sus características morfológicas. Después los fijan a una base utilizando agujas, agregan un fragmento de papel donde escriben el nombre científico y el lugar donde fueron encontrados. Finalmente les asignan un espacio en medio de un centenar de cajas similares, diferenciadas apenas por el nombre de la familia a la que pertenecen.

Más de 1,2 millones de artrópodos hacen parte de esta colección. Fue pensada como una herramienta para que los investigadores pudieran apropiarse de la biodiversidad nacional y entender a profundidad lo complejo de nuestro entorno natural. Es también una muestra del espíritu colaborativo de los investigadores que participan siempre en el crecimiento de este espacio, ya sea trayendo nuevos especímenes o describiendo los que permanecen aún sin clasificar.

Algunos de ellos no son más grandes que una falange de un dedo humano. Se miden en micras y sólo si se observan con el estereoscopio electrónico se puede entender su verdadera belleza. Pesquisa Javeriana retrató estos pequeños insectos para acercarse un poco más a este mundo en miniatura.

 

Insectos 1Aradidae, chinches planos. De la familia Aradidae, se encuentran generalmente bajo las cortezas de troncos podridos. Su cuerpo aplanado les permite vivir en estas áreas.

 

Insectos 2Aradidae, chinches planos. Otro ejemplar de Aradidae. Aunque no todos tienen alas, los chinches planos que cuentan con ellas pueden colonizar nuevos ambientes por tenerlas muy desarrolladas. Se alimentan de hongos que crecen en la madera de los troncos podridos.

Insectos 3 Staphylinidae Pselaphinae. Estos cucarrones no tienen nombre común en español. Son bastante pequeños y parecen hormigas por su apariencia externa. Son depredadores de otros artrópodos.

 

Insectos 4 Castolus sp. Reduviidae. Chinche asesino. Al igual que el gran grupo al que pertenece, es depredado de otros insectos, pero en realidad no se sabe nada sobre su historia natural. Tampoco se sabe el porqué de su vistosa coloración.

 

Insectos 5 Hyaliodini-Miridae. Chinche de plantas. A pesar de que el grupo al que pertenece tiende a alimentarse de plantas, es depredador. Se lo puede encontrar frecuentemente en las hojas buscando presas.

 

Insectos 6 Cladonota biclavatus. Membracidae. Muchas especies de este género, incluyendo el espécimen de la fotografía, semejan hongos, quizás para pasar inadvertidos frente a los depredadores.

 

Insectos 7 Chrysididae. Avispa joya. Pone sus huevos en otras avispas para que sus crías puedan desarrollarse. Muchas de ellas tienden a ser solitarias.

 

Insectos 8 Eucyphonia sp. NovMembracidae. Es otro salta-árboles de la familia Membracidae. Es una especie muy vistosa dada su coloración intensa amarilla con marcas negras. Se trata de una especie nueva aún sin describir formalmente. Se cree que en Colombia hay muchas más especies de este grupo por describir.

 

Insectos 9 Rhodobaenus sp. Curculionidae. Gorgojo. Se alimenta de diferentes partes de plantas en algún momento de su desarrollo. Especies de este género han sido investigadas por su potencial para controlar plantas invasivas.

 

Insectos 10Compsus sp. Curculionidae. Gorgojo de nariz ancha. Muchas especies de estos gorgojos son importantes plagas de cultivos. Exhiben coloraciones muy vistosas con tonalidades verdes o azules.

 

Insectos 11 Embates sp. Curculionidae Gorgojo. Un aspecto que permite reconocer fácilmente a la mayoría de los gorgojos es el hecho de tener alargada su cabeza por delante de los ojos, lo cual le permite perforar semillas para poner huevos en su interior.

 

Insectos P Heterispa sp. Chrysomelidae. Cucarrón. Espécimen de la familia Chrysomelidae de la subfamilia Cassidinae. Su nombre quiere decir escudo. Algunos son minadores de hojas, o sea, que sus larvas hacen galerías dentro de las hojas mientras se las va comiendo.


Insectos 12 Homocerus
sp. Chrysomelidae. Muchos crisomélidos se alimentan de plantas muy tóxicas. Quizás por esta razón presentan coloraciones brillantes y llamativas, para mostrar que pueden ser un mal bocado.

Una tarea titánica en el mundo de lo diminuto

Una tarea titánica en el mundo de lo diminuto

Los insectos cautivan y espantan. Nos atraen tanto como nos horrorizan. Mariposas, moscas, abejas, avispas, termitas, escarabajos, cucarachas, hormigas, saltamontes, libélulas, luciérnagas, moscas o pulgas están entre nosotros. Han vivido por más de 350 millones de años en la Tierra y se calcula que por cada ser humano en nuestro planeta habría 200 millones de estos organismos, con lo que poco podemos hacer si queremos evitarlos.

“¿Así pues, no te gustan los insectos?”, pregunta el Mosquito a Alicia en la famosa narración de Lewis Carroll. “Me gustan cuando hablan”, le responde ella. “¿Con qué clase de insectos te diviertes allá de donde vienes?”, pregunta nuevamente el Mosquito. “No me divierto con ningún insecto”, le explica Alicia y termina confesándole que más bien les tiene miedo, al menos a los más grandes.

El sentimiento de Alicia hacia los insectos no dista mucho del de la mayoría. Puestas en la balanza, prima la idea de unos seres dañinos que molestan con sus picaduras, son capaces de consumir un tercio de las cosechas a nivel mundial y son los principales vectores de las enfermedades humanas, sobre aquella idea que habla de lo fundamentales que son para la polinización de las plantas, el control de plagas y malezas, como fuente alimenticia para otros animales, o de su valor industrial, medicinal, forense y artístico.

Con más de un millón de especies conocidas en el mundo, los insectos representan más de la mitad de todas las que habitan el planeta. Se sabe que cada año se describen 2.300 especies nuevas de escarabajos y Terry Erwin, del Smithsonian Institution, estima que solo en las selvas tropicales se podría llegar a alcanzar la increíble cifra de 30 millones de especies de estos organismos que se caracterizan por tener seis patas y un cuerpo segmentado en cabeza, tórax y abdomen (insecto quiere decir cortado en el medio). Sin lugar a dudas constituyen el componente más numeroso de los ecosistemas terrestres, tanto en número de especies como de individuos.

Acercarse científicamente a este mundo es tarea de los entomólogos, entre cuyos principales rasgos están el sentido de la observación y el culto al detalle, puesto que la mayoría de los insectos son pequeños y sus características distintivas no pueden ser apreciadas sin la ayuda de un estereomicroscopio.

Los entomólogos han hecho un aporte importante al conocimiento de la diversidad biológica del planeta con la permanente y persistente identificación taxonómica de los insectos, asunto clave para la generación posterior de cualquier otro tipo de conocimiento relacionado con estos organismos. En el contexto internacional, y en Colombia también, existe una gran cantidad de claves taxonómicas en documentos y libros que enseñan a conocer y a utilizar unas determinadas características de los insectos para ubicarlos e identificar el nombre de las especies, los géneros o las familias a las cuales pertenecen. Así mismo, hay miles de ejemplares que reposan en colecciones científicas desde hace años sin que haya sido posible identificar su especie, por el poco conocimiento que existe de ellos y por la falta de especialistas.

Dispersa o de otras latitudes

Hoy los entomólogos, además de trabajar en la taxonomía de los insectos, participan en estudios sobre la diversidad de los ecosistemas. Una de sus tareas es determinar cuántas y cuáles son las especies que se encuentran en el ecosistema en estudio, por ejemplo, para establecer su importancia ecológica o los servicios que pueden prestar a una comunidad en términos de polinización o de control de plagas. Para realizar esta labor se apoyan, precisamente, en esas claves taxonómicas que se hallan en múltiples documentos, publicaciones o colecciones científicas.

Para el caso de Colombia, estas herramientas esenciales para la labor, no solo de los entomólogos, están dispersas. Hay pocos compendios, entre otras razones por la cantidad y la diversidad del grupo de los insectos. Es precisamente a esta problemática a la que pretenden dar solución los investigadores que adelantan el trabajo “Diversidad de familias de insectos de Colombia. Proyecto colaborativo entre la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Antioquia y la Pontificia Universidad Javeriana”.

La dispersión se debe, como lo explica la profesora de la Universidad Javeriana Ángela Amarillo, Ph. D. en entomología, a que en este grupo de los insectos, que incluye cerca de un millón de especies descritas, “es difícil que haya una persona experta y que sepa exactamente los nombres de las especies de insectos que se conocen. Es imposible encontrar un especialista en insectos, como sí los hay en grupos menos diversos como los mamíferos o las aves. A lo que sí se puede acceder es a un especialista en mariposas o en abejas, pero no en la totalidad de los insectos”. A esta dificultad se suma el hecho de que aquella información que sí está recopilada pertenece a literatura referente a insectos de latitudes diferentes a la de Colombia.

La idea de esta investigación, que lleva ya dos años en curso y se halla a mitad de camino, es hacer un compendio de los datos que hay sobre la diversidad de familias de la clase Insecta en Colombia y el norte de Suramérica, y generar con ello información de primera mano que sea de utilidad para la investigación, la enseñanza y el desarrollo del país. Se hace en el nivel de familias ya que estas constituyen una unidad de análisis taxonómico en la que las especies poseen alta congruencia en sus historias de vida y ecología. La tarea implica la producción de un manuscrito que incluye un catálogo de las familias, cada una de ellas con su ficha de identificación y un conjunto de ilustraciones.

Son muchísimos los libros, artículos científicos y documentos que han pasado y seguirán pasando por las manos de Ángela Amarillo, especialista en taxonomía de polillas satúrnidas y en ecología evolutiva de escarabajos; Marta Isabel Wolff, de la Universidad de Antioquia, especialista en moscas y mosquitos, y Carlos Eduardo Sarmiento de la Universidad Nacional de Colombia, experto en avispas. Ellos son los tres investigadores que tienen a su cargo un proyecto de tanta envergadura como el que presentamos en esta edición de Pesquisa.

Ángela Amarillo, con la pasión y el amor por el mundo de los insectos que la caracterizan, ejemplifica la dimensión del trabajo que adelantan con un documento que están terminando sobre los órdenes y familias de cada orden de Insecta que hay en Colombia. “Lo primero que se hace es una recolección y un cruce del contenido de la literatura nacional e internacional; se continúa con el listado de las familias por cada orden de Insecta que sabemos que se encuentran en el país o que tienen alta probabilidad de estarlo. Por ejemplo, sabemos que de los Lepidoptera (mariposas) en Colombia están presentes 64 de las 122 familias descritas a nivel mundial. A cada una de estas se le hace una ficha de identificación con sus características generales y su biología (cómo se alimentan sus larvas, en dónde se pueden encontrar, si tienen asociación estrecha con algún tipo de planta o qué distribución pueden llegar a tener en el país). La tarea es recopilar la información que se conozca sobre cómo hacer la identificación de cada una de las familias que está dentro de esos 33 órdenes”.

De la ilustración científica a los beneficiarios

Una mención especial merece el trabajo de dibujo científico que se adelanta en este proyecto. Los ilustradores, entre ellos la bióloga Marcela Mora, buscan plasmar en sus obras exactamente la forma o la estructura que los investigadores quieren representar de cada insecto. En algunos casos se querrá resaltar las antenas tal y como se ven; en otros, la vista dorsal o la lateral serán necesarias para realzar alguna característica; con las mariposas, por ejemplo, la distribución y la cantidad de venas serán determinantes para identificar la familia. La precisión, el detalle, la claridad y el sentido estético juegan su papel. Los ilustradores del equipo, además de contar con el apoyo de los investigadores, recurren a los trabajos gráficos que acompañan los textos y documentos recopilados a lo largo de la investigación, a fotografía microscópica, y a ese acervo patrimonial que constituyen colecciones entomológicas como las del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y la de la Universidad de Antioquia. En nuestro país, cabe mencionarlo, existen otras colecciones importantes como las de la Universidad Nacional de Medellín, la Universidad del Valle y la de la Unidad de Ecología y Sistemática de la Universidad Javeriana.

Estas colecciones biológicas, además, observa Ángela Amarillo, “permiten reconstruir la historia natural del país, lo que han sido los procesos de transformación de los ecosistemas, y eso da pie para muchas preguntas de investigación, como ¿qué se hicieron esas especies que estaban allí y ya no están?, ¿se fueron para otro lugar, quedaron restringidas a un pedacito de bosque que es una reserva natural, o se extinguieron?”.

Por otra parte, la tradición de ilustración científica en Colombia, particularmente de insectos, aporta obras como la de Leopoldo Richter, entomólogo y artista, quien trabajaba con el grupo de las chicharras  y los chinches de los pastos a mediados del siglo pasado.

Muchos serán los que se beneficien con los resultados de este trabajo de investigación. Los investigadores y especialistas en insectos van a contar con información completa y de primera mano sobre la diversidad de familias de insectos en Colombia. También quienes hacen estudios de impacto ambiental, para cuyo trabajo necesitan realizar muestreos o inventarios de las familias de insectos que hay en un lugar, con el fin de determinar el estado de conservación del sitio o las políticas de manejo o de minimización de riesgos, por ejemplo, frente a actividades de urbanización o de minería. En el sector educativo, profesores y estudiantes de secundaria de los colegios, porque tendrán una herramienta actualizada sobre la diversidad de insectos del país. Y, sin lugar a dudas, la gente del común a la que le gusta observar la naturaleza, ya que contará con un libro de consulta, como en tantos otros países, a la hora de salir al campo a identificar insectos.

La labor de estos tres investigadores colombianos ha contado con el apoyo de las universidades a las que están vinculados, fundamentalmente en tiempo de trabajo para dedicarse al proyecto. Como en otros campos, en este hacen falta muchísimos más recursos que contribuyan al conocimiento de la diversidad de nuestro país. La tendencia actual a financiar investigación aplicada ha afectado el desarrollo de la investigación básica y, como lo plantea Ángela Amarillo, “se ha perdido de vista que esa investigación aplicada necesita el sustento que le da la investigación básica. En nuestro caso, si no sabemos cuántas especies hay, dónde están y cuáles son, no podemos saber cuáles son las que potencialmente nos pueden brindar beneficios económicos. Pienso que este tipo de estudios tiene que seguir haciendo parte fundamental de una estrategia de investigación a nivel nacional. Si no sabemos qué es lo que estamos manejando no vamos a saber cómo manejarlo” .


Para saber más:
» Naturalista. Información General sobre la Biología, Clasificación y Servicios de los Insectos. Disponible en: https://conabio.inaturalist.org/taxa/47158-Insecta#Estrategias_defensivas. Recuperado en: 09/02/2014.» Universidad de Illinois. “Hablemos de insectos”. Página educativa sobre insectos. Disponible en: https://urbanext.illinois.edu/insects/. Recuperado en: 09/02/2014. 

» Universidad Nacional de Colombia. “Colecciones científicas en línea”. Catálogo con algunas especies de insectos de la Colección Entomológica del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Disponible en: https://www.biovirtual.unal.edu.co/ICN/. Recuperado en: 09/02/2014.


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