Por: Mariana Díaz Sanjuán y Pablo Benavides
Las mariposas del páramo son en su mayoría oscuras. Es la forma que han encontrado para calentar sus alas entre la niebla helada. Su vida es corta y frágil: revolotean entre la vegetación peluda de la alta montaña, volando de los frailejones al caucho sabanero, sobreviviendo hasta depositar sus huevos para garantizar una nueva generación. Siempre bajo la amenaza de terminar entre el pico de alguna ave insectívora.
Seis entomólogos colombianos se han fijado en ellas, pero por otras razones menos visibles: sus genes. En un artículo publicado en el Boletín Científico Centro de Museos, el grupo de científicos ha propuesto usar datos genéticos tomados de las poblaciones de mariposas diurnas del páramo para deducir el estado de salud de estos ecosistemas. Creen que esta información es una herramienta útil para la formulación de políticas públicas más acertadas para su conservación.
“Las mariposas te dicen muchas cosas. Hay que saber leerlas”, señala Giovanny Fagua, entomólogo e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, coautor de la publicación, y experto en estos insectos.

Para entender mejor por qué asomarse al ADN de las mariposas ayuda a medir la salud del páramo, imagine una caja de colores. Cada uno representa una variante genética distinta. Si los investigadores se encuentran con una amplia gama de colores, significa que la población tiene una alta diversidad genética. Esto constituye una buena señal, pues significa que el ecosistema les está permitiendo una alta interacción entre ellas.
Si, por el contrario, la caja está llena de uno o dos colores repetidos, la población tiene una variabilidad genética muy baja. Quiere decir que sus individuos llevan mucho tiempo aislados y reproduciéndose entre parientes cercanos y, por ende, tienen una baja capacidad para responder a variaciones en el clima, enfermedades o transformaciones del hábitat.
“Las mariposas te dicen muchas cosas. Hay que saber leerlas”, Giovanny Fagua, entomólogo javeriano.
Pero hay otra razón clave por la que los investigadores eligieran las mariposas para tomarle el pulso al páramo: cerca del 70 % de las especies ya han sido descritas en Colombia, lo que simplifica su identificación; además son abundantes y se capturan con relativa facilidad.

Hoy en día los páramos enfrentan presiones cada vez mayores, como la expansión de la frontera agrícola, la deforestación, el sobrepastoreo y la minería, que resultan en su fragmentación. Colombia alberga la mitad de los páramos del mundo y de no protegerse, millones de colombianos podrían ver comprometido su abastecimiento de agua. Por ejemplo, páramos como el de Guerrero y Rabanal, en el centro del país, desde 1984 han perdido el 47,96 % y el 59,96 % de su vegetación nativa, respectivamente, reemplazada principalmente por cultivos, pastos y bosques plantados.
Además, su degradación representaría un serio obstáculo para enfrentar el cambio climático, ya que estos ecosistemas almacenan grandes cantidades de carbono que podrían liberarse a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero
Parques Nacionales, puntos de conservación para estas mariposas bioindicadoras
En una investigación complementaria publicada en la revista Diversity, Fagua junto a sus colegas Mónica Higuera, de la Universidad Javeriana, y Andrea León, de la Universidad de Los Andes, también usaron las mariposas como bioindicadores para mapear la biodiversidad asociada a los Parques Nacionales Naturales (PNN) de Colombia.

Para esto recopilaron registros de especies endémicas de mariposas provenientes de colecciones entomológicas en contraste con la literatura científica. Los PNN de Colombia albergan 127 especies endémicas, lo que representa el 65% de las 196 especies de mariposas endémicas registradas en el país. Con esta información, los investigadores demostraron que efectivamente en los Parques Nacionales están jugando un rol importante en contener la pérdida de la biodiversidad única del país.
Para que el uso de estas mariposas se convierta en una herramienta útil en la formulación de políticas públicas de conservación, tanto en páramos como en parques nacionales u otras áreas de interés ecológico, aún queda camino por recorrer. Todavía es necesario profundizar en su estudio dentro de cada contexto específico para que la información genética pueda traducirse en insumos concretos para la gestión, conservación y planificación del territorio.
**En la reportería de esta nota participaron los estudiantes de la Maestría de Periodismo Científico.
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