Imagine que un equipo de científicos colombianos, financiado con recursos del Estado, desarrolla un tratamiento prometedor contra el cáncer. ¿Ese conocimiento debería estar disponible libremente para todo el mundo o es necesario protegerlo para que alguien pueda invertir y convertirlo en un medicamento real? Esta pregunta, que pareciera ser simple, está en el centro de uno de los debates más urgentes de la ciencia actual: la ciencia abierta.
Como cada año, diferentes actores de la comunidad javeriana se reunieron para reflexionar sobre estos temas en el llamado Día P, o Día de la Propiedad Intelectual, celebrado mundialmente el 26 de abril, y conmemorado en la Javeriana el pasado miércoles 29 de abril con una serie de paneles y conversaciones que pusieron en el centro las formas de proteger y compartir el conocimiento producido en los entornos académicos.
En esta octava versión, organizada por la Dirección de Innovación de la Vicerrectoría de Investigación, la Dirección Jurídica y la Biblioteca Central Alfonso Borrero Cabal, SJ., el énfasis estuvo en la ciencia abierta.
Ciencia abierta y propiedad intelectual: ¿fuerzas opuestas o complementarias?
Cuando se habla de ciencia abierta no se está hablando únicamente de publicar artículos gratis en internet. Este modelo científico promueve que los resultados, los datos, los métodos e, incluso, el código de una investigación estén disponibles para que cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, pueda leerlos, reutilizarlos y construir sobre ellos. La idea detrás es que, si el conocimiento científico circulara libremente, la ciencia podría avanzar más rápido y beneficiar a más personas.
La propiedad intelectual, por su parte, es el conjunto de herramientas legales que le permiten a quien crea algo —por ejemplo, una investigación o avance científico— tener control sobre cómo se usa. Entre ellas están las patentes, los derechos de autor o las licencias.
En un principio parece que ambas estrategias son contradictorias. Se abre la información de las investigaciones o se busca protegerla legalmente. No obstante, Astrid Liliana Sánchez, vicerrectora de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, afirma que la propiedad intelectual y la ciencia abierta no son fuerzas opuestas. Sin embargo, sí existe el reto de hacerlas complementarias. “La premisa de la Javeriana es: tan abiertos como sea posible y tan cerrados como sea necesario. El balance entre estos dos puntos debe permitir que el conocimiento circule, genere valor y tenga impacto”, aclaró la vicerrectora al cuestionarse sobre la responsabilidad social del conocimiento.
Fanny Almario, directora de innovación de la Javeriana recalcó durante el evento que abrir los datos y la información no significa dejar de protegerlos ni perder su gobernanza. “La propiedad intelectual juega un rol importante en el contexto actual porque garantiza que se reconozca a quien produce el conocimiento y que al mismo tiempo pueda usar, comercializar o poner al uso gratuito este conocimiento para solucionar las problemáticas de la sociedad”, dijo.
En Colombia, esta discusión se volvió especialmente intensa con el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026. Dos artículos, el 170 y el 171, crean una tensión que todavía no se ha resuelto. El primero dice que si una investigación se financia con dinero público y luego genera ganancias comerciales, el Estado tiene derecho a recibir esas regalías. El segundo pide que ese conocimiento sea abierto y accesible en plataformas nacionales, salvo que el investigador justifique por qué debe protegerse.
“Le decimos al investigador: si usted se gana plata de recursos públicos y empieza a comercializar, hay que negociar las regalías con el Estado. Para una startup que está arrancando, eso es bastante complejo. En lugar de incentivar la comercialización y otras formas de crecimiento, se convierte en todo lo opuesto”, sostuvo Salim Chalela, director general del Centro de Investigación y Desarrollo en Educación y Desarrollo Humano.
El nuevo reto: la inteligencia artificial
Mientras el debate sobre ciencia abierta y propiedad intelectual plantea retos al país, llegó la inteligencia artificial para agregar un nuevo nivel de complejidad. Los grandes modelos de lenguaje, como los que están detrás de los chatbots más populares, se entrenan consumiendo cantidades masivas de texto de internet, incluyendo artículos científicos de acceso abierto. El problema es que nadie les pidió autorización a los autores para darles este uso.
“Nadie esperaba que la ciencia abierta fuera el principal alimentador de estos modelos de lenguaje. Estamos demasiado crudos a nivel de velocidad; no estamos asimilando bien el uso de estas tecnologías”, dijo Carlos Esteves, consultor de Elsevier, compañía editorial alemana de publicaciones científicas y académicas, durante el Día P.
De acuerdo con Diego Guzmán, profesor de propiedad intelectual de la Universidad Externado, en Colombia, y en la Comunidad Andina en general, no existe aún una normativa legal que autorice usar obras protegidas para entrenar inteligencia artificial. Esto significa que, en términos técnicos, la mayoría de esos entrenamientos operan en una zona gris, mientras los gobiernos y la comunidad científica intentan regular este asunto.
El consenso entre los especialistas que participaron en la conversación apunta a la urgencia de implementar tres puntos a corto plazo. Modernizar la política pública para que los incentivos sean claros, actualizar los marcos legales para que reflejen los nuevos usos del conocimiento digital y cambiar la forma en que se evalúa la investigación, pasando de contar productos (artículos, patentes) a medir impactos reales en la sociedad.
A pesar de las tensiones estructurales evidenciadas durante los conversatorios de este Día P, el mensaje es que abrir y democratizar la ciencia no es renunciar a la protección. Estos espacios de reflexión buscan, precisamente, alcanzar un equilibrio entre democratizar, gestionar, valorar y cuidar el conocimiento creado no solo en la Universidad Javeriana, sino en general en el ecosistema educativo e investigativo del país.
Para los panelistas, todos estos esfuerzos, iniciativas e infraestructura deben ser aprovechados por toda la comunidad para que tenga impacto y facilite la colaboración. Por eso se acompaña a profesores y estudiantes en la Universidad para tener claro qué se puede (y qué no) hacer con los datos y las publicaciones, y cuáles son los recursos disponibles para una ciencia abierta segura, confiable y bien ejecutada.



