Editorial: Apropiación social del conocimiento, una oportunidad para el país

Editorial: Apropiación social del conocimiento, una oportunidad para el país

Colombia ha tenido una deuda histórica con la ciencia. La generación del nuevo conocimiento ha sido reconocida como un pilar fundamental para el desarrollo sostenible, el progreso social y la superación de la inequidad. Sin embargo, cuando es necesario definir políticas públicas que la impulsen, estas se quedan en la formulación de estrategias a corto plazo, de alcance restringido, o en el limbo de políticas que no son desarrolladas o financiadas posteriormente. Es imprescindible que concibamos la investigación, la innovación, la creación y el desarrollo tecnológico como recursos que transforman al país. Y, en ese camino, la apropiación social del conocimiento es una herramienta que nos permite trascender nuestras esferas académicas hacia un diálogo nacional.

Desde 2019, los temas sobre ciencia ingresaron al gabinete presidencial con el paso de Colciencias, como departamento administrativo, a Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias). Así, pensábamos, entraría a ser parte de las preocupaciones y, mejor aún, insumo para la toma de decisiones del Gobierno nacional. Pero los hechos no han sido consecuentes con los planteamientos ni con las promesas iniciales. Aunque la responsabilidad no es solo gubernamental, el liderazgo y el dinamismo en la inversión sí le corresponden al Estado.

Desde la academia también tenemos una deuda, y tiene que ver con la forma en que comunicamos nuestras necesidades, facilitamos diálogos con diferentes actores sociales y presentamos las alternativas de solución a las problemáticas con base en el nuevo conocimiento y la tecnología desarrollados en nuestras universidades y centros de investigación. Más allá de profundizar en lamentos, quiero reconocer en la apropiación social del conocimiento y el diálogo de saberes las llaves para transformar esta realidad. Esa conexión de la cuádruple hélice universidad, Estado, empresa y sociedad es fundamental.

Pensar la relación de la Universidad con la sociedad exige reconocer la responsabilidad institucional de abrir espacios para el fomento de la investigación científica y la tarea de formar ciudadanos con capacidades de análisis crítico que les permita enfrentar de manera creativa los retos de la vida y del mundo, con un componente ético sólido. Por ello, la Pontificia Universidad Javeriana, con la Vicerrectoría de Investigación como líder de este proceso, ha tenido como propósito generar las condiciones necesarias para la producción y apropiación social del conocimiento en las regiones del país.

Lo anterior, a través de la gestión de la investigación con el capital humano en áreas científicas; los procesos de escalamiento, prototipado, innovación y transferencia como apropiación; y la articulación de conocimientos producidos en la Universidad con las experiencias de las comunidades en zonas rurales en el quehacer investigativo. Todo ello con el fin de contribuir al diálogo de saberes, con el interés permanente de la comunidad académica javeriana por hacer que sus investigaciones lleguen a todos los sectores de la población nacional, en muchos casos con procesos de coproducción de conocimiento, y con la ciencia ciudadana como una de sus metodologías.

Conscientes de esta responsabilidad, son varias las experiencias que como institución hemos desarrollado, articulando el que hacer investigativo javeriano y la apropiación social del conocimiento como estrategia de cambio social y cultural.

Por solo mencionar algunas experiencias, tenemos el Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana que tiene lugar cada dos años, desde 1990, y el Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, realizado desde 2014, como espacios para divulgar, con un lenguaje cercano al público general, las novedades del nuevo conocimiento adelantadas en la Universidad.

Igualmente, a partir de 2007, contamos con PESQUISA JAVERIANA como estrategia para cultivar las vocaciones científicas en los más jóvenes, y aportar en la construcción de una cultura científico-tecnológica que transforme paradigmas bajo la premisa de valorar y reconocer en la ciencia, la creación y la innovación el potencial para superar los retos del país.

Así mismo, el Foro “La apropiación social del conocimiento: una dimensión de la responsabilidad social universitaria”, llevado a cabo en 2014, tenía como objetivo identificar estrategias para la coexistencia de las dimensiones pública y privada, y la democratización del conocimiento.

En ese marco, la apropiación social del conocimiento surge como una herramienta ciudadana con la cual es posible no solo estar informado, sino actuar en consecuencia con esa información. Por eso, aún son bastantes los desafíos que debemos asumir como institución y como país, orientando nuestra labor a la formación de una cultura con perspectiva crítica e innovadora.

Estamos seguros de que la reciente convocatoria de Minciencias para fomentar la generación de unidades de apropiación social del conocimiento en las universidades de la que felizmente fuimos beneficiados y el documento borrador Conpes sobre la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (2022-2031), que actualmente discutimos, son rutas encaminadas a revertir esa deuda histórica con el país.

Así será posible proporcionar insumos para que los resultados de la investigación científica estén al alcance de la ciudadanía con el fin de que, al comprenderla y asimilarla en su cotidianidad, produzca cambios profundos, generen políticas públicas y sirvan como fuente para los tomadores de decisión.

Oír el océano: escuche aquí los paisajes acústicos del Golfo de Tribugá

Oír el océano: escuche aquí los paisajes acústicos del Golfo de Tribugá

Imagínese poder escuchar lo que ocurre bajo el océano: los cantos de las ballenas, el crujido que producen los camarones, el sonido que provocan los peces o cómo se oirá un rayo chocando contra el agua, la lluvia, el viento o un barco que surca las olas. A eso se dedican un grupo de científicas desde el 2018: a oír el mar del Golfo de Tribugá, en el departamento del Chocó, uno de los lugares más prístinos del mundo.

Pero ¿por qué es importante oír el océano? Para Andrea Luna, directora del Instituto Javeriano del Agua, estas investigaciones generan información fundamental para la conservación de ecosistemas como el del Golfo de Tribugá.

“Primero, aporta al conocimiento general de cómo se comunican los animales bajo el agua y cuáles son las dinámicas temporales y espaciales entre ellos. Segundo, permite medir el impacto de los seres humanos en el paisaje acústico para proponer medidas de gestión del ruido y evitar afectaciones en los ciclos biológicos naturales de los animales, como lo podría producir la construcción de un puerto”.

La ciencia de los sonidos: paisajes acuáticos

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Investigar los paisajes acústicos en una zona específica es un proyecto relativamente nuevo en el universo científico. “Incluso a nivel mundial es un campo en desarrollo. En Colombia es innovador”, dice la investigadora javeriana Andrea Luna.

Analizarlos permite reconocer las interacciones dinámicas del ecosistema, como la detección de depredadores y presas, la protección de las crías y los efectos de la navegación. “Por la atenuación de la luz en el agua, la visión en los animales marinos no es tan importante, mientras que la audición sí lo es”, explica Natalia Botero, doctora en Comportamiento Animal de la Universidad del Sur de Misisipi y directora la Fundación Macuáticos Colombia.

El paisaje acústico está conformado por tres elementos: biofonía, que consiste en los sonidos naturales emitidos por animales; geofonía, o la resonancia de eventos abióticos como la lluvia o el viento; y la antropofonía, el ruido emitido por actividades humanas.

La identificación de estos sonidos ayuda a tener un registro de un antes y un después en los casos en donde hay intervenciones humanas importantes. “Generalmente se evalúan los efectos a través de predicciones, pero en este caso buscamos contribuir con la construcción de esta línea base sonora para que, en el caso de que se construya un puerto, por ejemplo, tengamos datos y herramientas para tomar mejores decisiones”, dice la profesora Luna.

En el 2020, luego de cuatro años en revisión, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) decidió negar la licencia para construir un puerto en el Golfo de Tribugá. La Sociedad Portuaria Arquímedes pretendía realizar la construcción de un megaproyecto en el departamento del Chocó por un periodo de 20 años, lo que implicaría construir una carretera de más de 70 kilómetros a través de la Serranía del Baudó, además de 100 kilómetros en vías alternas, lo que impactaría directamente los ecosistemas de la zona, tanto terrestres como marítimos.

Mientras se tomaba la decisión de si construir o no el puerto, el grupo de científicas inició el monitoreo acústico pasivo en Tribugá para establecer la línea base de los sonidos que existen bajo el mar y el impacto de las actividades humanas en esta zona del Pacífico. Esto se hizo con la participación del Proyecto PHySIC Project” (que en inglés significa Ports, Humpbasck and Sound in Colombia, o Puertos, Ballenas Jorobadas y Sonido en Colombia), la Fundación Macuáticos Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana y la Comisión Fulbright Colombia.

El proyecto acústico en Tribugá

Para escuchar bajo el agua un grupo de buzos se sumergió en el océano y ancló a 25 metros bajo el mar un hidrófono- un micrófono que se puede sumergir-. El dispositivo se programó para que grabara intervalos de diez minutos y después hiciera una pausa sin grabar de 20 minutos, así sucesivamente durante un mes y medio. Como se muestra en el siguiente video.

 

Ubicaron un hidrófono en el Morro Mico, al norte del Golfo de Tribugá, en 2018 y 2019; y otro en Nuquí, al sur, en 2019. En total obtuvieron 5.356 grabaciones en Morro Mico, lo que equivale aproximadamente a 893 horas; mientras que en Nuquí hicieron 1.804 grabaciones, o sea, alrededor de 300 horas.

Una de las investigadoras encargadas de procesar esa información fue María Paula Rey, ecóloga y estudiante de la Maestría en Uso y Conservación de la Biodiversidad de la Universidad Javeriana. “Subía cada archivo a un programa que se llama Raven Pro y allí me mostraba una imagen del sonido, un espectrograma. Yo veía manchas que debía identificar como sonidos de ballenas, camarones, peces, lluvia o lanchas”, explica.

¿Qué escucharon en Tribugá?

Los sonidos más recurrentes fueron camarones y peces, los cantos de las ballenas, la lluvia, el viento, lanchas y pequeñas embarcaciones.

Aparte de los cantos de ballenas jorobadas y el crujido de los camarones, se identificaron cuatro tipos de sonidos de peces, entre estos el pez loro. Esto fue posible gracias a la existencia de un banco de sonidos, o enciclopedia, con el que compararon lo registrado en Tribugá. “Se corroboraron los datos con la presencia de la especie en la zona, sin necesidad de verla, solo con las grabaciones”, comenta Rey.

 

Una científica experta en contaminación auditiva

 No es muy común encontrar a un experto en temas sonoros, fuera del plano del estudio y producción musical,  así que resulta aún más difícil hallar quien sepa de sonidos marinos; sin embargo, esto fue clave para este proyecto.

Kerri Seger, doctora en Oceanografía Biológica de la Universidad de California en San Diego e investigadora de la organización Applied Ocean Sciences con afiliaciones en la Universidad New Hampshire y la Universidad Javeriana, lleva varios años estudiando cómo los animales pueden procesar, adaptar y transformar sus actividades cuando hay ruidos producidos por humanos y cómo se pueden generar herramientas para cambiar nuestros comportamientos e infraestructuras para conservar ecosistemas con el menor ruido posible.

El trabajo de Seger fue pieza fundamental en la planeación inicial, financiación y posterior desarrollo de este proyecto. En Colombia y en el marco de su instancia de investigación con la Comisión Fulbright Colombia y la Universidad Javeriana se encargó de capacitar a varias estudiantes que pertenecían al semillero de Investigación Aquasistemas.

Actualmente se encuentra en su casa en Seattle, Estados Unidos, con sus dos gatos, Meme y Pip, que adoptó en Colombia y se encargan de recordarle el inmenso mar chocoano. Seger añora regresar en algún momento al Golfo de Tribugá para seguir aprendiendo español y continuar investigando los paisajes acústicos y los animales marinos de la región.

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Para Seger, en diálogo con Pesquisa Javeriana, el impacto más significativo del ruido en el océano es el estrés en los animales. Sin embargo, dependiendo de la intensidad del sonido pueden tener cambios permanentes en la escucha o pérdidas temporales de la audición. Esto ocurre cuando hay grandes construcciones bajo el mar.

Aunque existen legislaciones en algunos países que exigen el uso de protección sonora, hay peces que quedan en el perímetro que no está protegido y mueren por las hemorragias internas que produce la presión del sonido.

En los casos en los que pierden temporalmente la audición, dice Seger, es posible que los animales que utilizan la ecolocación -un sistema de orientación por sonido que utilizan algunas especies de animales por medio del eco- para buscar comida, migrar o aparearse no lo puedan hacer. Por ejemplo, “las crías de las ballenas no podrán escuchar a su madre si esta les intenta advertir que hay un predador”.

Esto puede desencadenar cambios en la conducta: transformación en las rutas migratorias o mudanzas en las zonas de caza.

“El ruido también tiene responsabilidad en los encallamientos, especialmente los sonares de los submarinos, una técnica empleada para navegar que propaga sonidos. Un militar retirado realizó un ejercicio en donde analizaba simultáneamente encallamientos de mamíferos marinos y la ejecución de sonares de submarinos y los resultados coincidían”, explica la investigadora estadounidense.

Uno de los lugares más prístinos del mundo

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En el Golfo de Tribugá coexisten al menos 35.000 especies de plantas, 390 de aves, 970 de reptiles y 125 de mamíferos. Sus bosques ayudan a regular el clima del planeta y a mitigar el cambio climático. Además, contiene uno de los manglares mejor conservados del país y hace parte del corredor migratorio de las ballenas jorobadas, las tortugas marinas y los tiburones martillo.

En 2019 Tribugá se convirtió en un ‘Hope Spot’ o Punto de esperanza, que es una designación que otorga la Organización Internacional Mission Blue por la importancia de sus ecosistemas. Al mismo tiempo está en el Chocó, un ‘Hotspot’ o Punto Caliente: un lugar donde hay gran diversidad de especies. Así por lo menos lo denominó hace décadas el biólogo estadounidense Edward O. Wilson.

Este golfo también hace parte de los 25 ‘hotspots’ más importantes del mundo, junto a Madagascar y la región floral de Cape Town, en África; las islas de Melanesia del este, los Himalayas, Sri Lanka y el suroeste de Australia; los Andes tropicales, en Suramérica, entre otros.

Un día en Tribugá

Natalia Botero regresó de Estados Unidos hace unos meses y desde el 11 de agosto está en el Golfo de Tribugá continuando sus investigaciones científicas sobre mamíferos marinos y cetáceos.

 

Destacada: La Fundación Macúaticos Colombia realiza pesquisas sobre comportamiento y distribución de especies y apoya actividades de desarrollo sostenible junto a organizaciones públicas y privadas.

Botero dice que su día a día transcurre en medio de contrastes. Cuando está en tierra ve una selva espesa y verde, se sienta a esperar el arribo de los pescadores y observa a los niños jugar fútbol y a las mujeres cocinar. Cuando recorre el mar recoge muestras de tejido de ballenas mediante biopsia remotas, toma fotografías, analiza datos y procesa información.

 

El día casi siempre arranca a las 6:30 de la mañana con los cacareos de los gallos y el olor a tinto recién hecho. A las 7:30 el capitán, el marinero y el grupo de científicos deben estar arreglados, vestidos y ultimando detalles del equipo. Empacan las cámaras, los formatos estandarizados, los viales (frascos) para las muestras, los almuerzos del día y se aseguran de que todo esté dentro de bolsas secas. La idea es estar a las 8:00 de la mañana mar adentro.

Botero aprendió que en el mar lo más importante es estar cómoda, pues hay días en los que pueden durar hasta siete, ocho o nueve horas en la lancha. En ocasiones la embarcación en la que van no tiene carpa, ni techo: si llueve o la marea está agitada, se mojan, y si hace sol, “nos aguantamos”.

Por eso prefiere usar siempre lo mismo: una camisa de manga larga, un pantalón de secado rápido y chanclas de “correíta”. Lo fundamental: una gorra, bloqueador, gafas polarizadas y chaleco salvavidas. Así se viste una científica que recorre el mar del Pacífico sur colombiano, como en esta foto en la que está junto a Juliana Castrillón, bióloga de la Universidad Javeriana y doctora de la Universidad de Griffith, Australia.

 

Luego de salir es cuando empieza el trabajo. Hacen una búsqueda libre georeferenciando la distribución espacial de todos los avistamientos realizados. Identifican diferentes especies a través de foto identificación -pues las colas de las ballenas son únicas para cada individuo-. Al mismo tiempo toman muestras de tejidos por medio de biopsias remotas para hacer estudios de genética, estructura poblacional y fisiología, como la extracción y cuantificación de hormonas del tejido graso, una investigación que está desarrollando Botero con el apoyo de la Comisión Fulbright Colombia y colaboradores del Laboratorio de Telemetría Biológica y Ecológica Comportamental de la Universidad de California Santa Cruz.

También hacen el monitoreo de la acústica para los dos proyectos actuales: uno sobre el canto de ballenas y el otro es la continuación de paisajes acústicos. El monitoreo consiste en revisar que los hidrófonos sigan en el lugar donde los instalaron y asegurarse de que estén grabando.

Este grupo de científicos solo se sumerge al momento de instalar los hidrófonos y no es usual que naden con las ballenas. Normalmente realizan todo su trabajo desde la embarcación, todo bajo un estricto protocolo de trabajo.

La contaminación auditiva en el Golfo de Tribugá

Nuquí fue el lugar donde encontraron mayor porcentaje de sonidos de lanchas (16 %). Sin embargo, es una buena noticia en comparación con otros parques marinos del Caribe, en donde el menor porcentaje de ruido de embarcaciones estaba entre el 20 % y 30%.

Si bien en el Golfo de Tribugá no ocurren perturbaciones de gran magnitud, María Paula Rey afirma que sí encontraron procesos de enmascaramiento, lo que significa que el ruido de una lancha cubre el canto de una ballena y no permite que otros individuos se escuchen. “Si existiera otra actividad generada por humanos este efecto sería acumulativo y la situación podría tornarse compleja”, explica.

La doctora Botero espera, en un futuro cercano, poder relacionar los niveles de ruido con los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés, presentes en las muestras de grasa que toma de las ballenas jorobadas para así contribuir a la conservación de los paisajes acústicos.

“Realizar investigaciones acústicas en el mundo es un ingrediente importante de la realidad. El ruido no es el único problema, el clima cambia y hay exceso de basura. Todos debemos encontrar la mejor receta para vivir en el mundo con los animales. Por eso, yo me pregunto, ¿por qué necesitábamos construir un puerto en un lugar como el Golfo de Tribugá?”, finaliza Kerri Seger.

¿Alguien quiere pensar en el planeta? Arte, ciencia y un encuentro en la Javeriana

¿Alguien quiere pensar en el planeta? Arte, ciencia y un encuentro en la Javeriana

Durante mucho tiempo, algunos en el mundo académico han querido marcar profundas diferencias entre las ciencias y las artes. Bajo esa mirada, las primeras representan la razón, la lógica y la objetividad; y las segundas serían los sentimientos, las pasiones y lo subjetivo del ser humano. Esta visión las ha enfrentado y ha dificultado el diálogo de saberes.

Sin embargo, durante las últimas décadas este concepto ha cambiado. Cada vez son más comunes las conversaciones entre disciplinas.

“La academia del siglo XXI tiene una mirada de asociaciones entre diversos universos disciplinares que entendieron que hacen sinergia”, dice Ana María Lozano, profesora del Departamento de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana. “Interrogar las fronteras disciplinares es uno de los pasos para cambiar la academia y para que esta también pueda cambiar otros escenarios, incluso el accionar del mismo Estado”, agrega.

Para la docente y curadora de arte, este tipo de interacciones permite complejizar y complementar las reflexiones sobre determinados temas, lo cual supone análisis más robustos y amplios producto de la investigación académica.

Así, desde hace dos años y medio, junto a Nicolás Leyva, director del departamento de Artes de la Universidad, viene desarrollando el proyecto Incipit Terra (Aquí comienza la tierra), un espacio de encuentro para escuchar las voces que desde diversas disciplinas y escenarios reflexivos examinan la actual crisis que enfrenta el planeta.

Este año el evento se realizará del 19 al 22 de octubre en la Sala de exposiciones de la Facultad de Artes de la Javeriana con inscripción previa. También se podrá ver la transmisión en vivo por Facebook y Youtube de Eventos Artes Javeriana.

Hora de un timonazo

Fenómenos como el calentamiento global, la muerte y extinción de especies, la contaminación o el deshielo de los polos son producto de modelos de vida que han entendido al humano como centro del planeta y han explotado los recursos naturales durante décadas.

Esta versión de Incipit Terra propone una oportunidad de pensar distinto el planeta, de buscar nuevos modelos de vida y de relacionamiento con la naturaleza que permitan mitigar los impactos del Antropoceno.

“Hemos llamado a personas de diferentes escenarios de pensamiento como la filosofía, el ecofeminismo, la ecología, artistas plásticos y visuales, de ciencias sociales, la compañía de Jesús, comunicadores y comunidades. Nos hemos reunido porque de alguna manera queremos levantar una voz de alarma, una vez más, pero también de esperanza de que sí podemos cambiar la situación”, manifiesta Lozano.

Investigaciones sobre las montañas, los ríos, los páramos, el extractivismo, además de las experiencias locales de comunidades indígenas, campesinas y afros serán presentadas con el fin de visibilizar los contextos locales y a partir de allí buscar acciones que se adapten a las necesidades de cada territorio en pro de mejorar las condiciones del medio ambiente.

Es también una forma de articular los conocimientos y las discusiones producidas por disciplinas diversas pero que están preocupadas por el futuro del planeta. En el evento participarán 50 ponentes que bajo diferentes formatos presentarán sus investigaciones y reflexiones en torno al uso, explotación y relaciones con ecosistemas de agua de tierra.

Habrá una franja de investigadores emergentes de varias universidades públicas y privadas del país. Entre los expertos internacionales que participarán está Heather Davis de Eugene Lang College, de Nueva York, Roberto Barbanti de la Universidad de París, T.J. Demos de la Universidad de Santa Cruz de California, Paula Fleisner de la Universidad de Buenos Aires y Jaime Cerón de la Universidad Javeriana.

A continuación puede ver la programación del evento:

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Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Judith Sutz ha venido a Colombia en varias ocasiones y siempre a conversar sobre lo que más le apasiona: el desarrollo de la investigación científica, la innovación, el devenir de la política científica en países como su natal Uruguay y también con gran conocimiento sobre lo que sucede en la región.

Esta ingeniera electricista, con maestría en Planificación del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela y doctorado en Socioeconomía del Desarrollo por la Universidad de la Soborna, en Francia, coordina desde 1992 la Comisión Sectorial de Investigación Científica, CSIC, que fomenta la investigación en todas las áreas de conocimiento en la Universidad de la República. Para lograrlo implementa diversos programas que apuntan al fortalecimiento y estímulo de la investigación en las áreas de salud, tecnologías y ciencias de la naturaleza y hábitat, y área social y artística.

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“Su aporte es la concepción de innovación porque supera la discusión sobre productividad”, dijo sobre ella Hernán Jaramillo, exdecano de Economía de la Universidad del Rosario y exsubdirector de Colciencias (hoy Minciencias). “Hay que cambiar de paradigma para medir la productividad”.

Con este abrebocas, Pesquisa Javeriana presenta a Judith Sutz, quien abrirá el primer día del XVI Congreso La Investigación, que se desarrolla del 14 al 17 de septiembre de forma virtual, con una charla titulada Investigación, innovación y formación: algunos desafíos y respuestas necesarias y posibles en América Latina.

En países como los nuestros, Uruguay y Colombia, ¿la ciencia que se produce debe responder a los problemas que vive el país?

Bueno, formulada así la pregunta, me parece evidente que sí. Pero hay que tener cuidado porque una afirmación sin matices podría dar lugar a la hipótesis de que hay alguien, algún grupo político en el Gobierno o un grupo social que sabe lo que el país necesita y le indica a la ciencia que eso es lo que tiene que hacer y que solo habrá financiamiento para eso. Sumamente peligroso. Por lo tanto, la pregunta hay que matizarla.

Por otra parte, si hay algo que mostró la respuesta al covid-19, por lo menos en Uruguay, es que largos esfuerzos, hechos en condiciones muy desfavorables dada la muy baja inversión en ciencia, y orientados por lo que podríamos llamar entre comillas la curiosidad, fueron fundamentales.

Si no se hubiera trabajado en la comprensión de ciertos mecanismos básicos de la función biológica de los virus -que en principio, con los problemas del país no tenían absolutamente nada que ver-, cuando llegó la pandemia, no habría habido capacidad de respuesta.

Cuando digo que hay que tomar la cuestión de “orientado por la curiosidad”, es que esa curiosidad, que es la que forma la agenda de investigación al menos en buena parte, es una curiosidad también sesgada, porque dado el carácter internacional de la ciencia, dada la necesidad de interactuar con otros y la muy grande asimetría en materia de desarrollo científico entre los países del sur y los países altamente industrializados, esa curiosidad puede transformarse en seguidismo de la agenda académica del norte, es decir, en usar acá una agenda que no nos es propia porque teóricamente no es propia de nadie, es la agenda del mundo.

Entonces, ¿cómo hacemos para conciliar la necesidad imprescindible de que la ciencia responda a las preguntas internas de la disciplina y también se ocupe de los problemas del país? Es un tema evidentemente complicado y para responder a eso yo lo que digo es: ¿Dónde están los problemas del país? ¿Qué sabemos de cuáles son los problemas del país? Bueno, es una pregunta que no se puede contestar.

Ya que menciona el tema de la pandemia y las lecciones que dejó en nuestros países, ¿cree que ahora los tomadores de decisiones ahora sí le van a parar bolas a las ciencias básicas?

Bueno, esa me parece que es una pregunta fundamental. Compartimos la idea de que la ciencia básica para países como los nuestros es un lujo, es profundamente reaccionaria. Partamos de ese punto. Para nosotros el que Gonzalo Moratorio, un joven de menos de 40 años, fuera declarado una de las 10 personas más importantes en ciencias el 15 de diciembre por la revista Nature, es algo que a Uruguay jamás le había pasado: los científicos estando en la radio y la televisión, a los horarios de máxima audiencia; el Gobierno preguntando y el ministro de Salud Pública, llamando a la Pro Rectora de investigación de la universidad a decirle: “No tenemos hisopos” y los hisopos no son una tontería.

Entonces, sin duda alguna, la pregunta es como tú bien dices, en colombiano, ¿le pararán bolas a la ciencia básica? Y yo te voy a decir que no estoy para nada segura. ¿Por qué le pararon bolas a la ciencia durante la pandemia? Cuando la pandemia no esté, ¿van a estar? Yo no creo que se hayan convencido de nada, creo que lo hicieron porque no tenían más remedio. Creo que es posible tratar de recordarles que no deberían olvidarse demasiado rápido.

En Colombia se está empezando a ver que no solamente el conocimiento científico es el que vale, por lo que tenemos tanta diversidad. ¿Cómo incluir otros saberes en los proyectos de investigación científica que se desarrollan en nuestros países?

El tema de los saberes es complejo, lo que hace falta son mayores niveles de escucha, no de escucha amable y cultural, políticamente correcta. Eso por supuesto, siempre es útil. Yo no tengo ninguna experiencia con el tema de lo que saben los otros, pero me consta que interrogar a los otros sobre cómo definen sus problemas, cómo los perciben, es fundamental para encontrar soluciones y muchas veces los que tienen una mucho más afinada, profunda e integral comprensión de los problemas son aquellos que no necesariamente son capaces de expresarlos en el lenguaje del científico- académico.

Por eso mismo, el tema de los diálogos a veces es tan difícil y por no tener una buena comprensión del problema simplemente no se consiguen soluciones, se pierde el tiempo y el dinero. Alguna gente llama al diálogo coproducción. Yo lo de la coproducción de conocimientos es algo que no tengo del todo claro, pero la coproducción del problema, ¡ah!, eso lo tengo clarísimo: un problema correctamente definido es el paso imprescindible para cualquier investigación exitosa académicamente hablando. Eso para mí es lo más importante.

La financiación para la investigación y desarrollo debe provenir de varias fuentes, entre ellas del sector productivo, pero eso no sucede en nuestros países. ¿Cómo convencer a los empresarios para que tengan en sus instalaciones una oficina que diga I+D?

Yo creo que los empresarios son gente muy inteligente, que saben muy bien lo que necesitan, que se adaptan a las condiciones del medio y, por lo tanto, yo no estoy segura de que el problema sea de convencimiento. Lo que yo creo que puede ocurrir en una franja muy importante de empresas, -estoy hablando de las pequeñas y medianas empresas-, es que no tienes manera de saber que el conocimiento les puede ser útil. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: porque no tienen personal calificado. La única manera de usar conocimiento y antes que nada de invertir en conocimiento, es estar convencido de que el conocimiento sirve.

¿Como pueden los pequeños y medianos empresarios, siquiera acercarse a la multiplicidad de ofertas que la política permanentemente genera? Tienen que saber que allá hay un aliado y eso no ocurre porque en el 80 por ciento de los casos, que son el 95 por ciento de las unidades productivas en todos nuestros países y también en Escandinavia, no tienen personal calificado.

A mí me resultó impactante, pero Dinamarca tenía un ochenta por ciento igual que Uruguay de pymes sin ni un solo profesional. ¿Y qué hicieron? Hicieron dos cosas: primera, una política de primer profesional en la pyme y le dio mucho resultado; y la segunda, una política de extensionismo industrial que está un poco próxima a la idea de transferencia de tecnología, que no es la que a nosotros nos gusta, porque la palabra transferencia implica una asimetría cognitiva que no es correcta. Pero pensémoslo no en términos de transferencias sino de aprendizaje. Hay gente que tiene capacidades para resolver problemas, hay gente que necesitaría esas capacidades, pero no se conocen, no tienen un diálogo. El extensionismo es una forma de propiciar diálogos.

En Uruguay hicimos un proyecto de extensionismo industrial y la idea es la siguiente: invíteme a tomar un café, no le voy a cobrar nada, déjeme mirar cómo hacen las cosas. Si después de la conversación usted me permite, gratis, yo le voy a mandar un ingeniero que tenga canas a ver cómo podemos mejorar y si encontramos una manera, lo ayudamos a pedir plata… Hay que tener paciencia y hay que ir cambiando la cultura. Por eso yo digo, no sé si es que hay que convencerlos o hay que ayudarlos a identificar al conocimiento como un aliado y eso lleva tiempo.

La evaluación de la ciencia, la tecnología y la innovación se mide universalmente por la publicación, ¿cierto? ¿Qué hay de aquella investigación cuyos resultados generan, por ejemplo, políticas públicas? ¿Qué hacer para que la misma comunidad científica se salga un poquito de ese sistema que a mí personalmente me parece un poco perverso?

Ese sistema es un sistema perverso y no lo digo yo. A nivel internacional hay una preocupación muy grande por el Q1, Q2, Q3, una preocupación con la que es muy difícil de pelear porque es la base de los rankings, y los rankings de universidades son el marketing de las universidades que viven de las fees de los estudiantes extranjeros.

Por decirte una, Spru (el Departamento de Investigación en Políticas para la Ciencia de la Universidad de Sussex, Reino Unido) tiene un cargo pagado por el presupuesto universitario que es el de su director, todos los demás vienen de grants (subsidios) que pueden ser nacionales o internacionales. Puedes conseguir grants en función del prestigio de la universidad y el prestigio depende de en qué lugar está en el ranking, y el lugar depende de los papers… Entonces es muy difícil desarmar un edificio que si yo tuviera que hacer marxismo vulgar, te diría que en la base está cómo se financian algunas universidades del mundo altamente industrializado.

La literatura sobre el drama de los rankings, en particular escrita por los australianos, es maravillosa. La crítica es demoledora. El problema es cómo construimos una alternativa que separe el trigo de la paja.

Esa manera de medir, si la seguimos usando, tendrá tres consecuencias. Una, no vamos a hacer ciencia relevante para nuestros países; la otra, que la ciencia no va a ser relevante para la ciencia; y la tercera: va a seguir expulsando mujeres. Yo lo lamento por el poder de los economistas, pero hacer ciencia no es hacer economía; el concepto de productividad es un concepto válido cuando yo produzco zapatos, pero no cuando yo produzco conocimiento. Eso es ridículo.

Para finalizar quiero mencionar el famoso Triángulo de Sábato. A ese triángulo en cuyos vértices está el Estado, la academia y el sector productivo, ¿no le hace falta la base de la sociedad?

El triángulo de Sábato fue presentado por primera vez en 1968 y me sigue pareciendo un concepto particularmente útil. El triángulo de Sábato tiene las intrarrelaciones al interior del Gobierno, de la producción y de la academia; tiene las interrelaciones entre los vértices, pero tiene la extrarrelaciones que son la dependencia.

Esa es una primera cuestión porque me parece importante señalar la riqueza y la validez actual de esos tres conceptos: las intra, las inter y las extra relaciones. Es una cuestión muy estilizada. Yo creo que la idea no es tanto la de cuántos vértices tiene el polígono, sino cuáles son las relaciones de las que estamos hablando entre los vértices del polígono.

¿Cuáles diría que son las fortalezas de los países del sur global?

Cualquier ingeniero sabe que nunca hay una única solución para un problema. Que un problema es un problema y sus condiciones de borde, es decir, si yo tengo cien millones de dólares, tengo un problema, si tengo 10 dólares tengo otro problema. Lo que nosotros conocimos como oferta tecnológica es la oferta tecnológica de gente que resolvió problemas en condiciones de abundancia.

Eso muchas veces exige infraestructuras muy caras que nosotros no tenemos, se refleja en costos que no podemos pagar, en sofisticaciones que nos son absolutamente ajenas. Entonces, cuando miramos un problema y le marcamos las condiciones de borde que son escasez del lado del que lo resuelve y escasez del lado del que va a buscar la solución, porque las escaseces vienen de los dos lados, entonces puede ser que uno encuentre una solución totalmente distinta.

Yo tengo ejemplos de ingeniería, espectaculares aparatos muy sofisticados que cuestan 10 veces menos y que fueron pensados desde lo que yo llamo la capacidad de innovar en condiciones de escasez.

Creo esa es una enorme fortaleza cognitiva de los países del sur y de un mundo que tiene que avanzar hacia la frugalidad. Este es el momento en que los que solamente saben actuar porque son ricos tienen que mirar cómo actuamos y cómo resolvemos problemas los que no lo somos para aprender.

Este es un momento en que vale reivindicar que nunca hay una única manera de resolver problemas. Eso tiene mucho que ver con los imaginarios tecnológicos. Yo creo que llegó la hora, covid mediante también, de estar orgullosos de nosotros mismos.

La Javeriana graduará a seis nuevos periodistas científicos

La Javeriana graduará a seis nuevos periodistas científicos

Cuando la Pontificia Universidad Javeriana abrió el primer semestre de la maestría en Periodismo Científico ocurrió la pandemia y el confinamiento de todos los ciudadanos colombianos. Profesores y estudiantes se alcanzaron a ver en las aulas el primer mes y medio. Luego las clases continuaron en pantalla, desde la intimidad de sus casas, por culpa de un virus que solo era conocido por algunos científicos y personal del cuerpo médico.

Palabras como coronavirus, epidemiología, PCR y antígeno empezaron a formar parte del léxico cotidiano en las familias urbanas y rurales. Y también las preguntas: ¿Por qué me tengo que lavar las manos con frecuencia? ¿Qué tiene que ver el jabón con el virus? ¿Cómo se transmite el virus y por qué debo taparme nariz y boca? Y lo peor: ¿Por qué ya no puedo abrazar con fuerza a mis hijos?

El mundo cambió con la pandemia, la ciencia se volvió más cercana y Colombia entrará a una nueva era con el próximo grado de seis profesionales en periodismo científico.

“Aprender el ejercicio periodístico, desde el ángulo de la ciencia y del periodismo científico, requiere un nivel de competencias muy rigurosas”, dijo a Pesquisa Javeriana la directora de la maestría, Ginna Morelo. “Los estudiantes se fueron dando cuenta de que era mucho más complejo de lo que ellos creían en un primer momento”.

Así lo constata la geóloga Valentina Yomayusa, una de las seis estudiantes: “Como científica siempre puse la ciencia en un pedestal, indescifrable para muchos, pero ¿de qué sirve allí? Con la maestría aprendí que esos mismos datos cuentan historias; que detrás de cada gráfica, tabla, investigación, hay personas que desean entender su territorio y ser protagonistas de la generación de conocimiento”.

O la socióloga Mayra García cuando dice que luego de culminar los tres semestres que dura la maestría: “Ahora tengo la capacidad de comprender y extraer la información más pertinente de los artículos científicos, y también poner en discusión los hallazgos con aspectos sociales, ambientales, económicos e inclusive, culturales”.

Nuevas formas de hacer periodismo científico

Como el mundo ya no es el mismo, no solo por culpa de la pandemia sino por la manera como han avanzado las diferentes formas de comunicarse y de informarse, la maestría demostró el ingenio y la creatividad de los estudiantes, con el apoyo de los profesores.

Hicieron un trabajo muy interesante por explorar otros formatos narrativos”, cuenta la periodista Morelo. Sus trabajos finales son “proyectos que se mueven en el mundo del sonido o del video, incluso se involucraron en la ilustración que hoy en día está marcando mucho, y ahora es tan necesaria para explicar los temas”.

Esta idea la refuerza el biólogo Ignacio Galán cuando Pesquisa Javeriana le preguntó cómo había cambiado su vida después de estudiar la maestría en Periodismo Científico. “Yo creo que el cambio principal es que ahora soy más intrépido intelectualmente, intrepidez que también se ve traducida en la parte técnica porque ahora puedo presentar la información de manera atractiva con herramientas que yo mismo puedo usar así no sea un productor audiovisual profesional”.

La respuesta del microbiólogo Andrés Montenegro, en pocas palabras, fue: “Lo interesante vino desde la primera semana, cuando entendí que allí no iba a encontrar un curso o guía sobre cómo escribir periodismo científico, sino que exploraría el para qué tener una mirada periodística de la ciencia”.

Los trabajos finales, todo un reto

El tercer semestre de la maestría hace énfasis en la posibilidad de iniciar emprendimientos. Con esa idea los seis estudiantes materializaron sus trabajos finales, que empezaron a moldear desde que entraron al primer día de clase. Claro, la pandemia y la falta de movilidad para estar en el lugar de la noticia impidió realizar algunos objetivos de sus trabajos, pero a medida que se fueron flexibilizando las medidas sanitarias, aprovecharon para producir sus contenidos.

Pesquisa Javeriana presenta a continuación cada uno de los trabajos presentados con los cuales se graduarán en estos días. También puede consultarlos todos haciendo clic aquí.

El microbiólogo y periodista Andrés Montenegro produjo un podcast de seis episodios llamado La Ruta Natural, en el que analiza en forma de sátira las noticias sobre la pandemia entregadas por algunos medios de comunicación nacionales a partir de las visiones de los científicos, los periodistas y de quienes investigan sobre comunicación de la ciencia.

El biólogo Ignacio Galán desarrolló una plataforma multimedia titulada Labrar el agua hasta la última gota. Contabilidad ambiental de la cuenca del lago de Tota. Es un retrato muy completo sobre la historia del lago, sus usos y las consecuencias, una mirada desde la biología, con múltiples fuentes de información y llamados a la reflexión por parte de quien lo consulta.

Por otro lado, la periodista Juliana Mateus dice que ahora ve en la cotidianidad muchos temas de ciencia posibles para producir artículos de periodismo científico. “Antes no me pasaba porque los sentía muy lejanos, pero definitivamente están muy cerca”. Investigó sobre la violencia obstétrica y este fue el resultado. Además, tuvo la oportunidad de publicar una versión para El Espectador.

La socióloga Mayra García inestigó sobre mujeres científicas colombianas de la historia y del presente. En cuatro episodios de un podcast llamado Las Fulgurantes, entrevista a algunas de ellas, escarba en archivos sonoros y revive los pensamientos de otras que ya murieron.

https://soundcloud.com/las-fulgurantes

La geóloga Valentina Yomayusa se internó en las cuevas de Santander y creó un relato multimedia que tituló Relatos cavernícolas. Las dimensiones patrimoniales de las cuevas y cavernas de El Peñón, Santander. Según Valentina, estas formaciones geológicas “albergan cementerios indígenas, fósiles, y especies de flora y fauna recién descubiertas, un patrimonio amenazado por la minería y por la falta de una clara legislación”. No se lo pierda.

Finalmente, la bióloga Valentina Bocanegra, se fue hasta San Juanito, Meta, pasando por el páramo de Chingaza para describir a través de entrevistas a pobladores y funcionarios del Parque Nacional Natural una actividad propia del lugar: Del fríjol y otros relatos: hacia la agricultura sostenible. En medio de la niebla, el frío que cala los huesos y las imponentes y numerosas cascadas, Valentina presenta un panorama de una región que otrora era difícil visitar.

Lo que sigue para el segundo grupo que ya cursa segundo semestre

En la actualidad “hay todo un escenario propicio para seguir impulsando, en esta segunda cohorte, ejercicios que puedan derivar no solo en un proyecto periodístico, sino en un sitio, una plataforma o algún espacio de intercambio y producción permanente de materiales”, dice Morelo.

Todos, estudiantes y profesores, hemos aprendido que el periodismo científico es un mundo que evoluciona minuto a minuto. No hay disculpa para quedarse atrás. La curiosidad y el permanente ejercicio de preguntar hasta la saciedad es algo que une la actividad del científico y la del periodista.

 

Editorial: la vacunación: un asunto de todos

Editorial: la vacunación: un asunto de todos

El País se encuentra de lleno en el desarrollo del Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19, y es necesario destacar algunas buenas noticias en ese marco. Por un lado, se ha elevado de manera importante el número y ritmo de la vacunación (más de 13 millones de dosis aplicadas en el momento de la escritura de este editorial). Así mismo, ha sido autorizado el sector empresarial para apoyar la implementación de esta estrategia, con el fin de alcanzar la tan urgida inmunidad colectiva, la cual mejorará no solo la salud pública, sino también las condiciones para una estabilidad social y la recuperación económica en Colombia, aspectos que requieren atención urgente, empática, solidaria y muy bien informada en medio de unas protestas de casi ya dos meses en las calles.

Igualmente, es de destacar la articulación de diferentes sectores de la sociedad para respaldar al Estado en este Plan. La academia no está exenta de ese propósito. Por eso, en la Pontificia Universidad Javeriana realizamos recientemente el foro La Vacunación, un Asunto de Todos, en el cual 29 expertos nacionales e internacionales socializaron su conocimiento actualizado y del mayor nivel de calidad sobre los procesos de vacunación en diferentes países y sobre cómo se transita en Colombia hacia la inmunidad y los graves riesgos de no obtenerla prontamente.

Contamos con reflexiones valiosas y pertinentes de académicos en diálogo con representantes de agremiaciones, con sus propuestas y necesidades, y actores del sistema de salud, que aportaron su sentido de realidad sobre cómo se viene ejecutando el Plan. Todo ese conocimiento se reunió́ en un mismo espacio con el fin de sustentar la toma de decisiones basadas en la ciencia, en la experiencia comprobable y en las voces de quienes, día a día, están al frente de esta pandemia. Confiamos en que el debate haya contribuido a remover barreras de diferente índole, para habilitar la participación empresarial en la vacunación de los colombianos, una participación que a la fecha de publicación de esta columna aún no se ha hecho efectiva.

Con lo logrado hasta el momento, es importante reconocer el esfuerzo y el compromiso de todos los actores del sistema ―el Gobierno nacional, las EPS, las IPS y el talento humano en salud― para avanzar en la consolidación del Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, el Gobierno debe reforzar su apuesta por simplificar los procedimientos para que la vacunación sea más eficiente, sin perder la seguridad de los protocolos ya establecidos. También es importante que el Gobierno facilite y habilite la participación de los gremios en el proceso de la vacunación para beneficio de todo el país. Por ejemplo, estos quisieran vacunar no solo a los empleados, sino a sus familiares (con evidentes beneficios para todo el país), pero la reglamentación expedida solo permite la vacunación de aquellos con los que se tiene un vínculo contractual.

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De igual manera, se destacó que el país cuenta con más de cuarenta mil profesionales capacitados como vacunadores para esta labor, lo que permitiría atender la necesidad de que las entidades territoriales sigan incrementando el número de puntos de vacunación, para no solo alcanzar, sino superar la meta de los 35 millones de colombianos inmunizados lo antes posible.

Claramente la vacunación contra la COVID-19 se convirtió́ en la estrategia central de prevención y respuesta a la pandemia. Y si bien hoy Colombia progresa en la implementación del Plan, que- dan elementos que no se deben olvidar, como la indemnidad de los diferentes actores participantes en el proceso, la equidad en la vacunación o la generación de condiciones para producir la vacuna en Colombia, entre otros. Por ello, tener a la ciencia como aliado en la definición del rumbo ―que por cierto aún es muy incierto― seria una disposición certera para alcanzar el propósito de inmunidad que proteja a la población.

La pandemia causada por el SARS-CoV-2 apareció́ en el mundo hace año y medio y ahora comprendemos que podría haber llegado para quedarse, para transformarnos, y también para que la sociedad reconozca el valor del conocimiento como criterio en la toma de decisiones que apunten al desarrollo sostenible, el cuidado propio, del otro y del entorno. Ese conocimiento se produce tanto en laboratorios como en el territorio y en el diálogo de saberes. Por eso el foro La Vacunación, un Asunto de Todos se sumó a este momento coyuntural.

Reviva las discusiones, reflexiones y conclusiones aquí: https://bit.ly/3eG3ZOr

             

«La utilidad del conocimiento inútil»

«La utilidad del conocimiento inútil»

Julio Mario HoyosCon este título, en 1939 el educador estadounidense Abraham Flexner publicó un artículo en Harper´s Magazine sobre la importancia de la ciencia básica en la aplicada. Desde mi punto de vista, este escrito cae “como anillo al dedo” ante la situación que estamos viviendo con la pandemia que nos aqueja. ¿Esto por qué? Porque la investigación que se ha desarrollado con el fin de descubrir las características moleculares, las potencialidades infecciosas y las formas de atacar de este espinoso virus, difícilmente se hubiera podido llevar a cabo en tan poco tiempo sin una ciencia básica poderosa de respaldo.

La controversia entre esos, llamémoslos así, tipos de ciencias, no es nueva. Un proceso ilustrador es el que nos muestra el invento de la lámpara para mineros por el químico inglés Humphry Davy quien, en 1815, demostró que su sabiduría básica en química era aplicable en la construcción de algún dispositivo, transformando así aquella en lo que se conocía como “el conocimiento útil”.

Al afirmar que la investigación básica se lleva a cabo por el deseo de satisfacer la curiosidad, respondiendo así a preguntas sobre la estructura y función del mundo en que vivimos, Flexner pone el ejemplo del trabajo aplicado llevado a cabo por el ingeniero italiano Guglielmo Marconi en la transmisión de mensajes de manera inalámbrica por el telégrafo, y las investigaciones teóricas fundamentales de los físicos alemanes Heinrich Hertz y James Clerk Maxwell sobre magnetismo y electricidad a finales del siglo XIX.

Los que trabajamos en ciencia básica, sabemos las dificultades que esta tiene para ser financiada y para lograr hacerla necesaria ante entidades que consultan a otros investigadores, es decir, a colegas nuestros. A este conocimiento “inútil”, el premio Nobel de química de 1967 George Porter prefería llamarlo “investigación aún no aplicada”: ¿por qué no adoptar más bien esta denominación? Volviendo entonces a la malhadada pandemia, podríamos decir que los logros que se han tenido en el descubrimiento de la estructura y función del virus y, sobre todo, en la producción de las vacunas contra el SARS-CoV-2, de manera tan rápida, es producto del inmenso conocimiento previo que hay al respecto, desde el descubrimiento de la estructura de los ácidos nucleicos, hasta los estudios del RNAm y su potencial uso en la obtención de vacunas. Esto último ha sido fundamental para que, en menos de un año, hayan aparecido vacunas con esta tecnología, principalmente por el trabajo hecho en los años 90 del siglo XX por la bióloga húngara Katalin Karikó quien parece ser que fue la primera persona en sugerir en hacer tratamientos y vacunas con base en el RNAm. Todo lo anterior muestra que los Estados deben mantener el apoyo a la investigación básica, pero, ojalá, esta enfermedad no sea la única fuente de interés de las instituciones financiadoras pues necesitamos dinero para muchos otros trabajos teóricos y prácticos en investigación “aún no aplicada”.

Julio Mario Hoyos es profesor titular adscrito al Departamento de Biología de la PUJ, Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), desde 1988. También es biólogo de la Universidad Nacional de Colombia con Maestría en Sistemática de la misma Universidad, tiene un DEA en Sistemática del Museo de Historia Natural de París, Francia, y un Ph.D. en Ciencias del mismo museo* Continue reading

La capuchina: el tesoro escondido para el desarrollo de productos alimenticios

La capuchina: el tesoro escondido para el desarrollo de productos alimenticios

La capuchina (Tropaeolum majus), planta que crece en Colombia de manera silvestre, tendría escondido un potencial único para reducir el riesgo de algunas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2.

Conocida también como cachaco de muladar, pues es en esas zonas donde más se la encuentra, desde 2019 está en la mira de nueve investigadores, entre biólogos, químicos, microbiólogos y nutricionistas, que trabajan en su caracterización y uso, por presentar un alto contenido de compuestos que muestran gran potencial para combatir infecciones y contribuir a la prevención de diferentes afecciones. Sus particularidades la convierten en un posible insumo para el desarrollo de productos alimenticios que ayudarían a enfrentar enfermedades crónicas.

Los especialistas partieron de diferentes análisis de laboratorio que fueron realizados por ellos, y por otros colegas en Alemania. Los hallazgos sugieren que los componentes presentes en la planta pueden aumentar la defensa antioxidante. Valentina Guzmán Pérez, científica del Grupo Alimentos, Nutrición y Salud, de la Pontificia Universidad Javeriana, afirma que hay estudios in vitro en células humanas e in vivo en animales que muestran cómo la estimulación con los compuestos bioactivos regula la producción de glucosa y lípidos endógenos (grasas naturales que se generan dentro del cuerpo) en el hígado. “Sin embargo, cuando hablamos de potencial, significa que aún no se ha verificado en humanos; eso es lo que estamos haciendo”, puntualiza.

Del ‘muladar’ a la mesa  

Esta especie es originaria de América y, según registros históricos de los jesuitas, ellos la llevaron a Europa en el siglo XVI. Hoy en día es común ver sus ramas adornando balcones y terrazas. Incluso en algunos restaurantes puede degustarse una ensalada decorada con sus coloridas flores, entre rojizas y amarillentas, que le dan un toque de sabor único, o es posible encontrar sus frutos como parte de los encurtidos.

Los investigadores analizan todos los componentes de la capuchina, cuyos efectos en el organismo no se conocen completamente. “En este momento, nos encontramos en el proceso de identificar qué partes de la planta se pueden consumir y cuáles podemos utilizar para desarrollar un producto que preserve sus cualidades benéficas. Esa respuesta aún no la tenemos. El reto con nuestros proyectos es generar un producto que sea agradable para el consumo humano y sobre todo que preserve sus características funcionales”, complementa Guzmán.

Análisis científico de la capuchina

Según esta nutricionista, una de las motivaciones para estudiar la capuchina surgió de querer entender cómo los nutrientes y sustancias bioactivas presentes en los alimentos intervienen en la actividad celular, induciendo la expresión de genes y proteínas en el cuerpo que pueden contribuir a la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2.

“Durante mi doctorado en el Instituto de Nutrición Humana en Potsdam (Alemania), evalué varios compuestos extraídos de plantas comestibles y analicé cómo estos podían regular intracelularmente varias funciones. Encontré que los de la Tropaeolum majus podían tener un efecto en ciertos tipos de proteínas y marcadores presentes en células humanas indispensables para la producción de glucosa”, explica la científica.

Hasta el momento, los análisis del efecto de las sustancias presentes en esta planta se han centrado principalmente en ratones y en experimentos in vitro con células humanas. “Nos hemos propuesto ser pioneros en la validación de estos efectos en humanos, dado que existen estudios preliminares que utilizan plantas con compuestos similares y que demuestran una mejoría en la tolerancia a la glucosa, mayor resistencia al deterioro celular (estrés oxidativo) y un aumento de la respuesta inmune protectora. Esto ratifica el potencial de la capuchina para producir alimentos funcionales a partir de ella”, señala Guzmán.

La ejecución de este proyecto implica contar con tecnologías emergentes y de punta para la elaboración de alimentos que permitan preservar la calidad y el potencial funcional de sus compuestos químicos. Por tal motivo, también participa el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional de Colombia, entidad que, según explica la científica, cuenta con los protocolos y la infraestructura necesarios para el desarrollo de productos, actividad liderada por la doctora en química María Soledad Hernández.

Según describe la doctora Guzmán, es una casualidad afortunada que los jesuitas se interesaran en la capuchina hace casi 500 años y que en la actualidad esta misma planta se cultive con fines de experimentación en la finca San Javier, propiedad de la Pontificia Universidad Javeriana, ubicada entre los municipios de Cogua y Nemocón (Cundinamarca). Allí se estableció una parcela piloto en la que el biólogo y especialista en botánica Néstor García vigila la producción del material vegetal necesario para los ensayos de laboratorio y analiza las condiciones de cultivo y crecimiento de la planta. Estos sembrados son un espacio de experimentación y aprendizaje acerca del crecimiento de la capuchina, para transferir este conocimiento a las comunidades, que desconocen su potencial y podrían utilizarla para el autoconsumo o para comercializar sus productos.

De esta manera, se cumple uno de los objetivos de esta investigación, puntualiza Valentina Guzmán: que este trabajo no ‘duerma’ en los anaqueles de las bibliotecas, sino que tenga un impacto directo en algunas comunidades de la Sabana de Bogotá.

 

Para leer másGuzmán Pérez, V. et al. “Benzylglucosinolate Derived Isothiocyanate from Tropaeolum majus Reduces Gluconeogenic Gene and Protein Expression in Human Cells”. Recuperado de https://doi.org/10.1371/journal. Pone.0162397.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Desarrollo de un producto alimenticio innovador a partir de la planta con potencial funcional Tropaeolum majus
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Valentina Guzmán.
COINVESTIGADORES: María Soledad Hernández Gómez, Néstor Julio García, Yuri Castillo, Mauricio Espinal, Martha C. Liévano Fiesco, Ana Karina Carrascal, Jorge Eliécer Robles.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2022.

La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

Este artículo titulado La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos, fue publicado originalmente el 10 de febrero de 2021.

Hace 86 años accedió por primera vez una mujer a la universidad en Colombia. Para ese entonces, ya llevaban más tres siglos funcionando las primeras universidades en el país. Solo con este dato se perciben diferencias en las condiciones que han enfrentado las mujeres en la vida académica. Desde hace ya algunos años, y desde diferentes ciencias, se ha investigado este fenómeno.

Helena Sutachan es pasante doctoral en el Instituto Pensar y su tesis doctoral trata sobre este tema. “Lo que se puede rastrear es que sí hay un aumento lento y progresivo de la presencia y de la visibilidad de las mujeres en los entornos académicos. Sobre todo, en algunas áreas específicas relacionadas con disciplinas del cuidado, ciencias sociales y humanas, pero también en las ciencias naturales y exactas”, dice. “Que el año pasado haya habido tres ganadoras del premio Nobel en las disciplinas de física y química, de alguna forma revela que sí se está dando una ampliación de la presencia de la mujer en el escenario académico internacional”, agrega.

Si bien las cifras de graduados a nivel nacional muestran que la mayoría son mujeres, para la investigadora hay otros espacios en los que la situación es diferente. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OcyT), de la planta docente universitaria del país el 37% son mujeres y representan el 36% de los investigadores. “Esto quiere decir que sí vamos bien pero que hay que trabajar más en la integración de las mujeres en los diferentes niveles del mundo académico”.

 

Para Sutachan hay un tema fundamental que define la presencia de la mujer en el mundo académico y pasa por el ámbito cultural. “Cuando uno crece convencido de que los niños son mejores para las matemáticas y las niñas son mejores para el arte y el cuidado, esa es la primera barrera”, afirma. “Esto hace que se desestimule en las niñas el interés por el acceso a la ciencia. Aunque eso ha venido cambiando, todavía pasa”. Las cifras parecen respaldarla. Según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior – SNIES, las carreras con mayorías femeninas son nutrición, sociología, las vinculadas a bellas artes, trabajo social, comunicación social y lenguas modernas. Mientras que las carreras con mayorías masculinas son las ingenierías, física, filosofía y matemáticas. Para María Alejandra Tejada, integrante de la Red Colombiana de Mujeres Científicas y asesora de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, esta elección es importante porque esta última serie de carreras, (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática, STEAM por sus siglas en inglés), son las que generan mejores salarios.

Para ambas investigadoras se puede hablar de paridad salarial en el mundo universitario y científico porque están estandarizados por escalafones muy detallados. Sin embargo, para Sutachan el nivel de formación juega en contra para las mujeres. El Ministerio de Educación Nacional reporta que entre 2010 y 2016 se graduaron 8.900 doctores en Colombia, en promedio, el 36% fueron mujeres. “Sí existe una brecha que no se representa en pagar menos por el mismo cargo, sino que la mujer tiene menos acceso al nivel de formación doctoral, entonces no puede aspirar a ese nivel salarial”, explica.

Otro factor que le parece conflictivo está relacionado con el uso del tiempo. Algunas universidades tienen política de incentivos económicos por investigación, así mientras más publicaciones, más ingresos. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE, viene desarrollando una encuesta sobre el uso del tiempo libre con la intención de medir cómo se reparten las labores del hogar dentro de las familias. “Lo que busca es medir quién hace qué, y muestra que las principales cargas de un hogar están más en las mujeres que los hombres, actividades denominadas en la economía del cuidado”, agrega Tejada. Esto resulta problemático para ambas investigadoras porque invertir más tiempo en temas de cuidado dentro del hogar, termina quitándole tiempo a la mujer para la producción investigativa y, por lo tanto, se ve reflejado en menores ingresos que sus pares. Algunos estudios demuestran que esta situación empeoró durante la cuarentena en 2020.

Esto se suma a un reclamo histórico de los movimientos feministas frente a su vida profesional y es la decisión de la maternidad. Muchas mujeres sienten que tener hijos se convierte en una limitante de las oportunidades en espacios de investigación y docencia. “Que a mí en una entrevista de trabajo, como me ha pasado, me pregunten que si quiero tener hijos o si pienso hacerlo próximamente, me indica que eso sería un problema frente a mí vinculación laboral”, asevera Sutachan. Asegura también que es necesaria una política que garantice que optar por la maternidad no sea un obstáculo para el acceso y permanencia de la mujer en estos espacios.

 

“En el rol de la mujer profesional versus el tema familiar, aún seguimos teniendo muchas brechas en el país”. María Alejandra Tejada, Vicerrectoría de Investigación

 

Una demanda que se ha visibilizado con mayor intensidad en los últimos años es la del abuso y acoso sexual que padecen muchas mujeres dentro de la academia. “Hay numerosos testimonios de estudiantes de pregrado o de nivel posgradual que en algún punto deciden dejar sus estudios o perder alguna oportunidad de una estancia o un trabajo que mejora su perfil porque detrás había un docente o investigador acosándolas”, relata Sutachan. Las redes sociales han sido claves para estas denuncias por la presión mediática que generan. Aunque menciona avances en la discusión, la investigadora ha encontrado que pocas universidades del país están generando protocolos y políticas para enfrentar esta situación. “Yo creo que esas resistencias eventualmente tienen que ir cediendo porque es un fenómeno que es real y amerita una intervención institucional cada vez más sólida”, enfatiza. Para ella, la universidad también debe ir reconociendo sus falencias en cuanto a las reflexiones sobre género y debe reconocer la dimensión patriarcal de algunas de sus políticas.

Resalta también que en políticas públicas hay avances positivos. En el último año se duplicaron los reconocimientos del programa ‘Para las Mujeres en la Ciencia’  pasando de siete a 14, priorizando las ciencias naturales y exactas. Además, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación creó el Fondo + mujer + ciencia, para la vinculación de la mujer al mundo científico e investigativo. Estos esfuerzos son bien recibidos por la investigadora, pero advierte que al mismo tiempo es necesario revisar otros factores. “Es importante que cualitativamente se revise cuáles son las circunstancias sociales y culturales que impiden que las mujeres alcancen unas trayectorias exitosas en la academia, y qué puede hacerse frente a eso”, afirma Sutachán. “Hay bastantes avances en México y en Chile; sobre todo se basa en ver las estadísticas, cuántas personas se presentan a las convocatorias de becas y posgrados, líderes de grupos de investigación, mujeres en cargos de docencia, en cargos directivos, de gestión, y es justamente cuando tú ves los datos que puedes construir las políticas y los lineamientos”, agrega Tejada. Así entonces se requieren políticas integrales que aborden diferentes frentes.

Son muchas las demandas de las mujeres en el mundo científico y académico que pasan por diferentes niveles y que no solo suceden en Colombia, sino que son discusiones que se están dando en todo el mundo. Algunas pasan por política pública, que según Tejada, el estado tiene herramientas y compromisos para cerrar las brechas de género como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer – CEDAW, la Declaración de Beijing o el punto 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. En otras son las universidades las encargadas de asumir y generar políticas institucionales para dar más garantías a las docentes, investigadoras y directivas. Y finalmente también son temas para discutir desde el ámbito cultural como sociedad.

A pesar de que falta mucho, Sutachan es optimista. “Ver a las mujeres desde el pregrado tan comprometidas con el movimiento feminista, me hace sentir una esperanza enorme. Cada vez son más estudiantes comprometidas no solo con su profesión y su disciplina sino con reconocer que son mujeres en un entorno que ha sido hostil hacia la mujer, históricamente hablando”, finaliza.

Durante esta semana la Red Colombiana de Mujeres Científicas realizará varios eventos para discutir algunos de estos temas. Aquí la agenda completa.