Rodolfo Llinás, la pregunta difícil

Rodolfo Llinás, la pregunta difícil

A partir de hoy, los colombianos tendrán la posibilidad de conocer cómo fue que el neurocientífico bogotano Rodolfo Llinás Riascos se convirtió en uno de los cerebros colombianos que se ha sumergido por muchos vericuetos de ese órgano humano indescifrable para entender su funcionamiento y plantear posibles curas a enfermedades que aún son un misterio.

Desde que se decidió a escribir el libro sobre el médico javeriano Llinás, el periodista científico –también javeriano– Pablo Correa Torres sabía que se enfrentaba a muchas preguntas difíciles. Quizá también a situaciones difíciles, porque a Llinás hay que aprender a conocerlo, como lo hizo su abuelo, el psiquiatra Pablo Llinás, quien con la paciencia del santo Job respondía todas y cada una de las preguntas difíciles que le formulaba su nieto. Preguntón, pero además escéptico. La duda es esencia de la filosofía y de la ciencia, y Rodolfo Llinás, el protagonista del libro de Correa, la ejerce en cada momento de su vida.

Luego de dar las puntadas precisas para entender la infancia y la juventud de Llinás, en anécdotas que demuestran una curiosidad inagotable y el decidido carácter ­–a veces obstinado– de su personaje, el autor va explicando pausada y serenamente las preguntas difíciles que Llinás le hacía a la vida, como saber qué sueña un ciego, cómo ven las ranas o los gatos, cómo se relacionan las neuronas en el cerebro, dónde habita la conciencia, qué está pasando en el lejano universo. Aunque esta última pregunta responde más a uno de sus hobbies, no dudó en construir un gran observatorio en su casa de Woods Hole, Massachussetts, para detallar la Vía Láctea y otras galaxias. Sus preguntas son infinitas y aunque ha podido responder a muchas de ellas, aún son innumerables las que le faltan por resolver.

La original postura frente al mundo que lo rodea y un inteligente argumento para discutir cualquier tema que se le plantee, sustentan los debates que promueve Llinás. Le encanta generar controversias científicas con cada descubrimiento al que ha llegado en su vida profesional. Y para rastrear algunos casos, Correa debió viajar por varias ciudades estadounidenses, europeas y colombianas, buscando respuestas en otros científicos que pasaron por la vida de Llinás en algún momento. Una de sus colegas científicas lo define así: “Es muy creativo. Siempre tiene un punto de vista diferente”.

Correa se adentra, entonces, en cada proyecto de investigación, cada proceso, cada obstáculo y cada triunfo y los va explicando de la misma manera como relató la vida familiar y social de Llinás: con soltura, describiendo, narrando, contando la ciencia. Y trae sorpresas de procedimientos realizados en pacientes con trastornos neuropsiquiátricos, como el caso del multimillonario que le regaló un poderoso magnetoencefalógrafo por haber curado a su hermano esquizofrénico.

A pesar de los esfuerzos de Llinás por lograr una Colombia mejor educada, donde la investigación científica sea el eje del futuro, el libro Rodolfo Llinás, la pregunta difícil evidencia su profundo desconcierto por los intentos fallidos. Llinás ha triunfado en el planeta, pero en Colombia, a pesar de ser uno de los pocos iconos conocidos de la ciencia nacional, todos lo escuchan pero finalmente lo que propone queda a medio camino. Así no se puede.

Quizá porque a sus 80 años Llinás sigue trabajando incansablemente, el libro termina con la historia que lo unió con el artista plástico Carlos Jacanamijoy, como redondeando las respuestas a un mundo de preguntas desde diferentes miradas, como lo hacen la ciencia y el arte. Aún habrá mucho por contar sobre Llinás muy seguramente, como ciertos secretos que Correa descubrió pero que resolvió dejar en el silencio de la intimidad que se respeta.

Presentación del libro Rodolfo Llinás, la pregunta difícil

A cargo de: Alejandro Gaviria
Fecha: martes 28 de noviembre de 2017
Lugar: Librería Lerner. Carrera 11 # 93ª-43, Bogotá, D.C.
Hora: 6:30 pm

Llinás 1

La investigación y la innovación, más vivas que nunca en la Javeriana

La investigación y la innovación, más vivas que nunca en la Javeriana

La investigación y la innovación están más vivas que nunca en nuestra institución. Así lo percibí en el XIV Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. En esta versión, que tuve el privilegio de liderar como vicerrector, mi perspectiva se amplió para reconocer la prolífica producción intelectual de los colegas. También observé con agrado y esperanza el empoderamiento de nuestros estudiantes al presentar sus trabajos académicos frente a investigadores de par a par. Sin duda, esos cuatro días de septiembre fueron reveladores y gratificantes para mí.

Esta perspectiva guarda coherencia con el resultado de la última versión de la clasificación Times Higher Education, en donde la Universidad se ubica en el primer lugar (incluyendo Bogotá y Cali) gracias a las citaciones que reciben los trabajos de investigadores javerianos. En esta era de rankings nacionales e internacionales es valioso atender lo que nos dicen, sin la necesidad de trabajar exclusivamente centrados en ellos. Además, cuando palpamos y evidenciamos los importantes avances de la ciencia producida y gestada desde la Javeriana, se ratifica lo dinámica que está nuestra productividad académica.

En este encuentro bianual se presentaron 108 ponencias, 130 posters de investigación y 9 tecnologías y prácticas artísticas de javerianos de ambas sedes. Entre nuestros expositores estuvieron profesores de planta y cátedra, estudiantes y egresados de doctorado, maestría, pregrado; además, contamos con una participación muy nutrida de semilleros de investigación. Nuestras jornadas de ‘Vinos, cervezas, tapas y posters’ fueron un rotundo éxito. Tener la oportunidad de exponer y dialogar sobre los hallazgos científicos con un público interesado sin la presión apremiante del tiempo fue un factor relevante para promover espacios alternativos a las presentaciones formales ante auditorios numerosos.

El Congreso también permitió a los asistentes, tanto de la Javeriana como fuera de ella, encontrar nuevas alianzas y perspectivas diversas para trabajos a futuro. Por solo mencionar un caso, los profesores Helberg Asencio –del Departamento de Ciencias Básicas de la Salud en Cali, quien presentó una ponencia sobre la prevalencia en diabetes y amputación de miembros inferiores– y Martha Zequera –del Departamento de Electrónica de Bogotá, quien tiene una importante trayectoria en el manejo ergonómico del pie diabético– identificaron colaboraciones entre sus grupos. Ese es el propósito final de este tipo de eventos académicos: divulgar resultados de investigación e innovación para conocer personas y grupos con quienes podamos colaborar.

Por último, quiero resaltar nuestra apuesta temática de 2017. El Congreso fue un momento importante para reflexionar sobre el papel de la Universidad en la generación de nuevo conocimiento que interpele a nuestra sociedad aquí y ahora, con una visión propositiva de futuro. Los investigadores tenemos este reto, pero no solo a través de nuestra producción académica y la formación de nuestros estudiantes, sino a través de nuestra interlocución con los actores locales, regionales, nacionales e internacionales.

Por ello, el tema central no pudo ser otro en este momento histórico del país que la ’Investigación para la paz y la reconciliación’. De ahí la importancia de contar con el padre Francisco de Roux, S. J. como conferencista; escuchamos su experiencia y reflexión sobre la investigación en un contexto de posacuerdo. Así mismo, Flor Edilma Osorio, presidenta del XIV Congreso y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, nos ofreció en su discurso inaugural un contexto histórico de cómo se ha desarrollado la investigación en la Universidad y nos recordó los paralelismos entre el periodo en que se hizo el primer congreso (durante la búsqueda de acuerdos de paz del gobierno de Virgilio Barco) y el momento actual. Los retos como país y como productores de conocimiento siguen sin cesar y la socialización de los avances de la ciencia son una oportunidad fundamental para que la ruta esté iluminada para los tomadores de decisión. Este puede ser nuestro grano de arena para aportar en la construcción de una nación hacia el fin del conflicto.

Quienes quieran conocer las memorias del XIV Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, sus conferencias, simposios, posters y demás, pueden consultar en este enlace.

 

Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Adiós al ‘doctor Juanito’

Adiós al ‘doctor Juanito’

El doctor Juanito trabajó en El Espectador como reportero, editor y columnista, siempre enfocado en contar historias de ciencia a los lectores. Fue uno de los fundadores de la Asociación Colombiana de Periodismo Científico (ACPC) en los años 70 del siglo pasado, y cuando estaba moribunda hizo que renaciera con vigor al finalizar los 90.

En 2002, cuando fue elegido presidente de la Academia Nacional de Medicina, la acogió en el tercer piso de la hermosa casa donde funciona la biblioteca. Allí, buscando la excelencia, sello que imprimió en todos sus proyectos, fue el mas solidario pero el más exigente con la labor de la Asociación, que no solamente se dedicó a producir historias de ciencia para los medios de comunicación a través de la Agencia de Noticias de Ciencia y Tecnología de Colombia (Noticyt), sino también a investigar sobre el quehacer del periodista científico en proyectos cofinanciados por Colciencias y a formar futuros profesionales.

El periodismo científico colombiano, y el de salud, le deben mucho al doctor Juan Mendoza Vega. Cuando lanzó su libro Cuarenta años de periodismo médico, la ACPC fue la encargada de presentarlo en sesión de la Academia. Aquí el texto.

Las encrucijadas de la ciencia colombiana

Las encrucijadas de la ciencia colombiana

Para esto, no solo se requieren excelentes equipos de investigadores e innovadores y buenas prácticas de gestión de la investigación, sino un conjunto articulado de instituciones, reglas de juego e instrumentos de financiación, así como una definición clara de las apuestas del país en ciencia, tecnología e innovación.

Más que sumarme a la gran cantidad de voces de lamento sobre las encrucijadas de la ciencia colombiana, quiero proponer puntos concretos de reflexión y acción sobre estas problemáticas. Estamos ante un nuevo proceso electoral que será determinante para Colombia en varios frentes, el cual plantea a su vez grandes desafíos para la comunidad científica en términos de su participación en la definición y rediseño de instrumentos como el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, y en la construcción de políticas de fomento a la investigación y la educación, articuladas entre Colciencias, los ministerios y otras entidades del Gobierno nacional.

En cuanto a las apuestas nacionales en ciencia, tecnología e innovación (CTeI), así como las relativas a la educación en general, será determinante examinar con el espíritu crítico y reflexivo propio de las comunidades académicas cada una de las propuestas de los candidatos. Es preciso tener claro que en estos campos se juegan en buena medida los cambios que requiere el país en lo referente a inclusión, paz y prosperidad. Igualmente, sería muy valioso que los candidatos contaran con los aportes de la comunidad científica para el diseño de una política pública que apunte a fortalecer tanto la educación como la ciencia y la innovación. Este reconocimiento recíproco de políticos y científicos será uno de los factores diferenciadores de una política de CTel que aspire a articular a los actores claves y a perdurar en el largo plazo.

En lo relativo al rediseño de instrumentos, como el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, quiero llamar la atención sobre dos puntos: el primero, ya mencionado, tiene que ver con la forma como las instituciones nacionales valoran y propician la participación de la comunidad científica en dicho rediseño. El segundo, y más apremiante, está relacionado con la articulación de las entidades que forman parte del ciclo de formulación, priorización y aprobación, ejecución y seguimiento, y cierre de los proyectos en el marco de dicho fondo. Las universidades y grupos de investigación estamos expuestos a todo tipo de desafíos y adversidades para acceder a la información sobre tiempos, procedimientos y oportunidades para participar en la construcción de las agendas departamentales y regionales sobre CTeI.

Vemos con gran inquietud la manera como el país desaprovecha la capacidad institucional de Colciencias, entidad que cuenta con la experiencia requerida para hacer un seguimiento de la ejecución de este tipo de proyectos, cuyas particularidades, a diferencia de los proyectos de infraestructura, hacen que sea necesario un conocimiento especializado sobre las dinámicas propias del sector de la ciencia y la innovación.

Por último, preocupa el continuo recorte presupuestal a Colciencias. Según las últimas noticias, se disminuirán notablemente los recursos para el último año de gobierno. Si bien la financiación a través del Sistema General de Regalías se concibe como una opción, quedan vacíos, por ejemplo, en los casos de investigaciones que por su naturaleza no apuntan a dar respuestas inmediatas de conocimiento aplicado, como ocurre en la ciencia básica en sus primeras fases.

Así pues, los elementos señalados en esta columna –como la necesidad de articulación institucional con los diferentes actores y la coherencia de las políticas de ciencia, tecnología e innovación con aquellas que apuntan a fortalecer la educación superior y a impulsar desarrollos en las TIC y las tecnologías agropecuarias, entre otras políticas sectoriales– se hacen indispensables en procura de propósitos y mecanismos de fomento de largo plazo para lograr transformaciones profundas en el país. Esta, en últimas, debería ser la apuesta de la ciencia y la innovación.


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Marta Zambrano: el rumbo de la política de ciencia

Marta Zambrano: el rumbo de la política de ciencia

Durante más de 20 años, el trabajo académico de la profesora Marta Zambrano se ha centrado en las relaciones de poder, las jerarquías sociales y los dispositivos del saber que han subalternizado a colectivos y agentes sociales, tales como la población indígena de Santa Fe de Bogotá en el período colonial y en la ciudad multicultural contemporánea. También ha examinado el choque y la confluencia entre memorias hegemónicas y disidentes, reflexionando sobre el lugar de las mujeres, la sexualidad y el colonialismo en la producción y olvidos de la historia oficial.  

“Las perspectivas críticas de las  ciencias sociales y del feminismo nos ayudan a contar otras historias y memorias” , dice esta antropóloga de la Universidad Nacional, doctora en Antropología de la Universidad de Illinois en Urbana Champaign.

El fruto de su trabajo ha quedado consignado en artículos académicos publicados en revistas indexadas y en libros como Trabajadores, villanos y amantes: encuentros entre indígenas y Españoles en la ciudad letrada. Santa Fe de Bogotá (1550-1650).

Marta Zambrano, doctora en Antropología.
Marta Zambrano, doctora en Antropología.

Ha sido merecedora de reconocimientos como el Premio Beth Dillingham, otorgado por la estadounidense Asociación Antropológica de los Estados Centrales, y el Premio de Docencia Meritoria, de la Universidad Nacional.

Marta Zambrano es uno de los conferencistas invitados al XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, en el cual hablará sobre el futuro de la ley de ciencia y tecnología en Colombia. El 14 de septiembre, en el Auditorio Alfonso Quintana S.J. del edificio Jorge Hoyos S.J. (edificio 20 del campus universitario), a las 8:00 a.m., hablará sobre la política pública de ciencia y tecnología en Colombia.

Si desea asistir a la conferencia, puede inscribirse aquí.

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La investigación científica vuelve a tomarse las aulas javerianas. Como es ya tradición, y después de dos años, el centro académico celebrará, entre el 11 y el 15 de septiembre de 2017, el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. Esta cita no solo mostrará el conocimiento generado por sus profesores y estudiantes, también se convertirá en un espacio de discusión en torno a la paz, la reconciliación y el papel que la ciencia puede jugar en la Colombia del postconflicto.

Este evento contará, además, con la participación de tres conferencistas de amplio reconocimiento académico:

  • El padre Francisco de Roux, jesuita que ha participado en diversos procesos de paz y construcción de sociedad civil en Colombia. El 13 de septiembre hablará sobre el papel de la investigación en escenarios de paz y en la reconciliación.
  • Marta Zambrano, doctora en antropología y académica de la Universidad Nacional de Colombia. Su conferencia, el 14 de septiembre, girará en torno a las decisiones que debe tomar el país en materia de ciencia y tecnología de cara al futuro.
  • Roberto Kolter, profesor de microbiología de la Universidad de Harvard, quien nos hablará el 15 de septiembre sobre la difusión de contenidos científicos para diversos públicos.

Las conferencias se realizarán en el auditorio Alfonso Quintana S.J., del Edificio Jorge Hoyos S.J. (edificio 20 del campus universitario) a partir de las 8:00 a.m. de cada día.

Por otro lado, durante el Congreso se realizarán seis simposios sobre temas tan variados como las problemáticas sociales, el medio ambiente, la construcción de paz o la interdisciplinariedad y las redes de colaboración, en los cuales se presentarán más de 100 resultados de procesos investigativos; asimismo, se presentarán al público nueve tecnologías desarrolladas enteramente en la Universidad Javeriana.

Uno de los puntos centrales será la entrega del Premio Bienal de Investigación, el cual tendrá dos categorías: a los mejores trabajos de investigación desde el congreso anterior (del año 2015), y Vida y Obra en Investigación, destinado al profesor javeriano con el recorrido y los aportes más destacados en su campo.

Dentro de las actividades a resaltar, como los toures guiados por laboratorios o charlas de investigación, sobresalen las jornadas de cerveza, tapas y posters, las cuales buscan generar una charla amena entre investigadores, profesores y estudiantes en torno a diferentes proyectos científicos, donde puedan realizarse aportes, compartirse experiencias, sugerirse métodos de investigación, etc. Se realizarán los días 13 y 14 de septiembre, después de las 5:00 p.m., en la Sala de exposiciones del edificio Gerardo Arango S.J. (edificio de la Facultad de Artes).

Aquí puede encontrar la programación para guiarse sobre las actividades del Congreso, al igual que puede inscribirse como asistente en este enlace.

Barbara Golsdtein y los avatares de las mujeres científicas

Barbara Golsdtein y los avatares de las mujeres científicas

“La situación de la mujer científica es hoy mucho mejor que hace varias décadas”, dice Barbara Goldstein, matemática estadounidense y directora asociada del Laboratorio de Medición Física del Instituto de Normas y Tecnología de Estados Unidos (NIST), encargado de medir con exactitud tiempo y frecuencia, temperatura y humedad, presión, vacío, radiación óptica, acústica y electromagnética. Su laboratorio es el líder en medidas a nivel mundial; de allí han salido cuatro premios Nobel.  

Invitada por las cátedras Sesquicentenario y Huellas que inspiran, ofrecidas por la Universidad Nacional de Colombia, Goldstein habló de los avatares de la mujer que se dedica a la ciencia y, haciendo un poco de historia, describió algunos de los retos que debieron superar algunas físicas y matemáticas del siglo XX, mujeres que la inspiraron y a cuyo recuerdo recurre constantemente.

En su diálogo con Pesquisa Javeriana explicó algunos de los factores que experimentaron esas mujeres que se han destacado en la ciencia. Goldstein identifica como los grandes valores de la mujer en ciencia la perseverancia, la integridad, la honestidad, la excelencia y la inclusividad ser capaz de crear un ambiente donde todos tengan cabida.


Para saber más:

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Con la expedición de la Ley del Plan de Desarrollo 2014-2018, el gobierno Santos creó, entre otras figuras, el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCCTI), el cual fusiona los sistemas de Competitividad e Innovación (CI) y el de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Si mis lectores están confundidos con tantas palabras de moda encadenadas y repetidas, tienen fundamento para ello. ¿Qué hacen esos extraños socios —la ciencia y la competitividad— ahora juntos?

El Sistema de Ciencia y Tecnología se organizó en 1991 con Colciencias como la entidad rectora, y en 1995 se creó el Sistema Nacional de Innovación. El sistema de Competitividad, por su parte, fue creado en 2006, y se estableció al Consejo Privado de Competitividad como su ente rector; en su andar se le añadió la innovación. La cantidad de funciones que quedaron interpeladas en dichos sistemas no estuvo sustentada en una inversión de recursos del mismo nivel. Con menos del 0,5% del PIB invertido en ACTI y el 0,2% en I&D, Colombia es uno de los países con peores niveles de inversión en Latinoamérica y en el mundo.

El Gobierno nacional, en cabeza del DNP y de Colciencias, circuló a finales del año pasado el borrador de Conpes de Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual explica la manera como se pondrá en marcha el SNCCTI.

Sobre la base de un diagnóstico de todo lo que anda mal con la ciencia, la tecnología, la innovación y la competitividad, la nueva Política se propone fusionarlos, alinearlos y retroalimentarse. Según este diagnóstico, la crisis en la ciencia se percibe en el bajo número de artículos por investigador, el escaso impacto de sus publicaciones y la baja proyección internacional, el reducido número absoluto y la proporción de investigadores y de doctores por habitantes y la falta de direccionamiento estratégico en las áreas de investigación. La tecnología está rezagada por el bajo desarrollo de productos de alta tecnología y la baja inversión de las empresas en actividades de I+D. La innovación no se siente: es reducido el porcentaje de empresas que introducen mejoras tecnológicas, y resulta baja su capacidad gerencial y escasa su actividad en emprendimientos que generen valor agregado. En cuanto a la competitividad, no hay un incremento de los niveles de productividad por trabajador y el crecimiento de esta se circunscribe a unos pocos sectores de la producción.

Adicionalmente, la caracterización del sistema de educación superior donde se forman los profesionales y los investigadores es igualmente desalentadora, ya que tiene baja capacidad para transferir su conocimiento al sistema productivo, su cobertura aún es incipiente y los logros en pruebas estandarizadas dejan mucho que desear.

Por el lado de la estructura organizacional, no solamente hay una desarticulación evidente, sino que las entidades regionales que se crearon en diferentes momentos multiplican los esfuerzos y minimizan el impacto. El actor más alejado de los dos sistemas sigue siendo la empresa privada que en el plan propuesto, debe aportar la mitad de la inversión faltante en CTI.

Las universidades están presentes como protagonistas de tres de los cuatro objetivos estratégicos propuestos del SNCCTI y de la Política: formación de capital humano; investigación y desarrollo; transferencia de conocimiento y tecnología; innovación y emprendimiento. Sin embargo, en ellas se ubica el 90 % de los investigadores del país y son, por lo tanto, clave para que el plan tenga éxito. Su papel está minimizado y se desconoce su naturaleza. Los investigadores en las universidades no están contratados solamente para hacer investigación; tienen que cumplir compromisos de docencia, editoriales, de gestión y de extensión, en una proporción más alta que sus pares de otros países, debido a que se encuentran en universidades de docencia y no de investigación.

Hay una desproporción inmensa entre tres elementos que entran en tensión: a) las funciones misionales de las universidades, b) los recursos reales con los que cuentan para hacer investigación y desarrollo, y c) las demandas que la Política les hace. La tensión se hace evidente cuando dichas demandas se convierten en los instrumentos por los cuales se evalúa su desempeño, lo cual sobredimensiona un aspecto que en el día a día de estas instituciones es secundario o excepcional (los proyectos de I+D, por ejemplo), y se subvaloran las actividades que son prioritarias para las universidades (docencia de calidad, extensión, investigación básica, etc.).

El Conpes parte de una mirada idealista de las interacciones entre Estado, empresas y universidades. Se centra excesivamente en la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y la transferencia de tecnologías a empresas. Con ello, ejerce una violencia sobre las funciones de las universidades y desestimula las posibles contribuciones al desarrollo del país que no pasan por el desarrollo tecnológico. Si la ciencia en Colombia no ha recibido la atención del Estado que la Misión de Sabios reclamaba en 1994, y en el camino se le han pegado los temas de desarrollo tecnológico e innovación, ahora esta misión de contribuir a la competitividad hace que cambie su función de producción de conocimiento a producción de bienes y servicios.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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Dantas: la historia de una hermana perdida

Dantas: la historia de una hermana perdida

Estudiar genéticamente dantas o tapires no es tan común como hacerlo con monos, osos, delfines, pumas o jaguares, quizá porque no tienen una apariencia seductora. Con todos ellos ha trabajado el biólogo Manuel Ruiz-García, PhD en genética de poblaciones, para tratar de descifrar lo que podríamos llamar la genealogía de estos animales: ¿quiénes fueron sus padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos?; ¿de dónde provienen?; ¿por qué llegaron al lugar donde se radicaron?, y ¿cómo han evolucionado?
Los tapires son mamíferos vegetarianos, emparentados con los caballos y los rinocerontes, pero de menor tamaño. Son excelentes nadadores. Tienen un cuerpo sólido, un olfato muy sensible y un hocico alargado que utilizan para conseguir su alimento. Los llaman los ‘arquitectos de la selva’ por ser eficientes dispersores de semillas y porque van arrasando la maleza y abriendo avenidas naturales por donde pasan. Como dice el poeta Antonio Machado, “Hacen camino al andar”.

A raíz del anuncio del descubrimiento de una nueva especie de tapires por parte de un grupo de científicos con sede en Brasil, Ruiz-García volvió sobre sus notas, sus investigaciones y sus artículos científicos porque, desde que leyó el artículo publicado en el Journal of Mammalogy, le llamaron la atención varias de las afirmaciones que allí encontró. A partir de ese momento, pero sin descuidar otros trabajos que adelanta con su grupo de investigación, ha concentrado buena parte de su quehacer científico en refutar ese descubrimiento con base en diferentes técnicas, entre ellas, análisis de ADN de las muestras que ha recolectado desde 2006: pelo, dientes, sangre, pedazos de hueso y trozos de piel y músculo.

Lo que se sabía

La literatura científica habla de tres especies de tapires en América Latina. El primero es el andino o danta de montaña (Tapirus pinchaque), que es el más pequeño y solo se encuentra en Colombia, Ecuador y en la parte norte de Perú; su distribución geográfica es restringida y algunos lo consideran en vía de extinción. El segundo es el centroamericano (Tapirus bairdii); es el que tiene mayor tamaño, vive en México, Centroamérica y se lo puede ver también en el Pacífico colombiano. El último es el tapir de tierras bajas, sachavaca o anta (Tapirus terrestris), que se encuentra desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina y Paraguay.

Dada la colección de muestras que Ruiz-García había logrado reunir en sus viajes por el Amazonas peruano, brasileño, ecuatoriano, boliviano y colombiano, inició en 2007 los estudios, principalmente del T. terrestris, en colaboración con Benoit de Thoisy, del Instituto Pasteur en la Guayana Francesa. “En ese primer estudio (2010) se detectan cuatro linajes genéticos diferentes, pero que están entremezclados en las mismas áreas”, explica Ruiz-García. “En la Amazonia colombiana encontramos los cuatro linajes. En la Amazonia occidental se hallan las poblaciones de tapires con mayor diversidad genética, lo que puede considerarse como el punto de inicio de diversificación de la especie”.

El segundo estudio (2012) incluye también las especies T. pinchaque y T. bairdii. Fueron analizadas 201 muestras, principalmente del T. terrestris (141), y 30 de cada una de las otras dos, recolectadas en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Guayanas, Paraguay y Argentina, así como en zoológicos de España y Estados Unidos. Esto se hizo para conocer la distribución geográfica de los tapires y, con base en estudios de secuencias del ADN, generar teorías sobre el origen de las tres especies del continente americano, desde México hasta el norte de Argentina.

Cabe señalar que, como es común en la dinámica de la investigación científica, Ruiz-García había compartido parte de las muestras, tanto con de Thoisy como con los investigadores brasileros.

Lo que se reportó como descubrimiento

En 2013 la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil reportó una nueva especie de danta, a la que sus investigadores denominaron Tapirus ‘kabomani’. El autor principal es el paleontólogo argentino Mario Cozzuol y uno de los coautores es de Thoisy. La danta es descrita como la de menor tamaño, con pelo más oscuro y frente más amplia.

Desde el punto de vista craneométrico, hacen énfasis en dos aspectos: T. ‘kabomani’ presenta una sutura frontoparietal mucho más al frente que la del T. terrestris; la otra diferencia es que, en el T. ‘kabomani’, la región de la frente detrás de los huesos nasales es mucho más ancha. El texto incluye una fotografía para mostrar esas características.

Desde el punto de vista molecular, los análisis que realizaron con base en tres genes de las mitocondrias sitúan al T. ‘kabomani’ como una especie genéticamente distante del T. bairdii, aunque menos del T. terrestris y del T. pinchaque.

Lo que refuta Ruiz-García

Desde entonces, Ruiz-García, uno de los investigadores con más muestras de tapires en Latinoamérica, ha publicado un artículo en la revista inglesa Mitochondrial DNA, otro fue aceptado en la revista norteamericana Journal of Heredity y escribió un capítulo para un libro que publicará la editorial Nova Science Publisher de Nueva York. En estos textos demuestra, desde el punto de vista morfológico y molecular, que no se trata de una especie nueva.

Un primer argumento que aduce se sustenta en la definición de especie del biólogo evolutivo alemán Ernst Mayr: se trata de un grupo natural de individuos que pueden cruzarse entre sí, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos afines, lo que no puede aplicarse a organismos fósiles –porque no hay manera de conocer si cuando estaban vivos podían cruzarse–. De esta manera, los cráneos no podrían evidenciar por sí solos las dos especies. Es más –continúa Ruiz-García­, quien en el último año ha medido alrededor de 180 cráneos de tapires de toda Latinoamérica–, cuando los tapires son jóvenes, o se han quedado pequeños por problemas de alimentación, tienen mayor variación en esos dos puntos del cráneo en los que los investigadores ven las diferencias, con respecto a los individuos que se han desarrollado normalmente. “Responde entonces a variación ontogénica, [es decir], en el desarrollo de los cráneos de tapires de jóvenes a adultos”. Ruiz-García lo explica con el siguiente ejemplo: el cráneo de un pigmeo africano es muy diferente al de un sueco, pero eso no significa que no puedan cruzarse y que los híbridos no sean viables.

Por otro lado, los investigadores que están en Brasil afirman que el T. ‘kabomani’ vive en todo el Amazonas. Esto significaría “que no hay ninguna barrera geográfica que separe a los T. ‘kabomani’ de los T. terrestris, lo cual conlleva que se pueden cruzar sin ningún problema; por lo tanto, no son dos especies diferentes: según la definición de especie biológica de Mayr”, explica Ruiz-García.

El investigador remata diciendo que las tres especies conocidas en Latinoamérica son cromosómicamente diferentes “el T. bairdii sí se puede encontrar con el Terrestris en el Chocó, pero no se ha visto jamás este cruce entre ellos”.

Desde el punto de vista molecular, el argumento de Ruiz-García se fundamenta en un análisis que implicó 250 muestras de las tres especies de tapires, así como un mayor número de genes: 15 en total. Al analizarlas en el laboratorio, en el nuevo árbol filogenético los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris quedan agrupados. De hecho, los T. ‘kabomani’ forman un linaje dentro de los T. terrestris. Otro hallazgo importante del estudio de Ruiz-García es que muestra que no existe correlación entre los resultados moleculares y la morfología de los tapires. “Al ampliar la muestra vemos que puede haber animales pequeños y oscuros, que no tienen las características moleculares de T. ‘kabomani’ que ellos han encontrado, y también animales muy grandes que ellos jamás habrían clasificado como la nueva especie, pero que molecularmente sí tienen las mismas características de lo que ellos llaman T. ‘kabomani’”. Con ello, Ruiz-García señala que un estudio de los cromosomas hubiera sido clave para observar alguna posible incompatibilidad reproductiva entre los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris.

Estudios posteriores de Ruiz-García y sus colaboradores han reportado seis grupos diferentes de T. terrestris, y uno de ellos correspondería al T. ‘kabomani’. Así que no es que no exista, sino que se trata de un linaje incluido dentro del T. terrestris.

La ciencia es así

Ruiz-García se ha concentrado en investigar tapires y publicar para demostrar que el grupo brasileño está equivocado. “Eso es lo bueno de las polémicas en ciencia; si ellos no hubieran publicado el artículo, yo habría seguido trabajando en los tapires, pero más relajadito”, confiesa.

Y así como Ruíz-García ha conseguido en los últimos meses algunas muestras de tapires de tamaño pequeño procedentes de Bolivia para contribuir más en esta polémica científica, los investigadores de Minas Gerais también colectan más muestras para confirmar su descubrimiento.

“No puedo demostrar que no existen nuevas especies de tapires. Lo que sí puedo demostrar es que los argumentos que utilizan ellos para definir una nueva especie son incorrectos”, concluye el genetista javeriano.


Para saber más:

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Alicia Chamorro

Alicia Chamorro

En su pregrado, la tesis y el grado de Alicia Chamorro fueron summa cum laude; el promedio acumulado en su maestría fue de 4,92. Ha publicado un libro, ha participado en varios grupos de investigación, ha sido becaria, fue joven investigadora de Colciencias en el Instituto Pensar, con tutoría de Guillermo Hoyos, y sus propuestas de ponencias se aceptan en cuanto congreso existe sobre filosofía. ¿Cómo hace una filósofa (¡de 29 años!) para sobrevivir en un país donde, como dice el adagio popular, estudiar filosofía es como estudiar enfermedades tropicales en Dinamarca?

Alicia estudió Filosofía y Lengua Castellana en la Universidad Santo Tomás y continuó sus estudios de maestría, y ahora de doctorado –en Filosofía– en la Pontificia Universidad Javeriana. “Esta mujer la tiene clara”, dirán los más optimistas con el dedo pulgar hacia arriba. Sin embargo, cuando escogió su carrera, nuestra científica debutante lo hizo con los ojos medio cerrados, sin convicción ni razones plausibles: “yo me choqué con la filosofía; entré a la facultad sin muchas pretensiones, luego me di cuenta de que me iba bien y seguí”.

Sus respuestas son directas y puntuales: no se demora más de un minuto en cada intervención y no pretende decir más de lo que se le insinúa en una pregunta. En su oficina, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Javeriana, tiene tan solo un computador; ni un libro ni una taza para tomar tinto: “me dieron este escritorio porque soy becaria de Colciencias; no he querido tener cosas en él, porque en cualquier momento otra persona lo utiliza”. A su lado, en el mismo cubículo, está su compañero de doctorado; él sí personalizó su espacio: tiene una fotografía de su hijo, libros de filosofía y una agenda, publicaciones y figuras de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. No es que Alicia sea aburrida; simplemente, es una trabajadora empedernida que es consciente del azar y de las circunstancias: “la investigación es un trabajo arduo, pero azaroso”; puede llegar otra persona, o ella misma puede cambiar su pregunta de investigación o sus intereses personales por cualquier razón; entonces, ¿para qué decorar el escritorio?

En medio de ese “eterno devenir”, como dijo Cortázar, lo que salva a Alicia no es la foto de un niño o El Principito; lo que compensa algunos de sus dolores en la vida, parafraseando al filósofo francés Jacques Derrida, es el sismógrafo que detecta los movimientos telúricos internos para pensar y repensar preguntas que parecen obvias. El quid está en pensar en la vida para salvarse de ella.

Ha dedicado buena parte de sus actividades académicas a la investigación, porque la filosofía debe desbordar las clases universitarias, ir más allá del papel de profesor, “tener otros tentáculos”, dice. Por esa razón, después de ser profesora en varias universidades, pasa más tiempo frente a un libro que frente a unos alumnos; más tiempo buscando métodos de investigación que métodos de enseñanza; más tiempo preguntando que respondiendo. Actualmente, sus intereses científicos giran alrededor de la pregunta, desde la antropología filosófica, “¿Cómo se las apaña el hombre para poder sobrevivir?”. Esta pregunta la está desarrollando en el grupo de investigación Filosofía del Dolor, en conjunto con el profesor Luis Fernando Cardona.

“La idea de este grupo es, mediante el trabajo interdisciplinar, pensar las diferentes dimensiones del dolor humano. Mi investigación, con base en lo anterior, pretende encontrar las posibilidades y las formas de compensación del ser humano a través del habitar y del dolor mediante la fenomenología y la hermenéutica”. En palabras más sencillas, entender cómo el ser humano compensa los déficits de su vida (el dolor es uno de ellos) para balancear (mediante la felicidad, el perdón, el consuelo) su situación en el mundo, o como dijo el poeta alemán Friedrich Hölderlin, “donde hay peligro, crece lo que nos salva”.

“Yo creo que seré una científica debutante mientras me guíen algunos profesores; ellos son los que comprenden las dudas que tengo”, confiesa. “Como dice Manquard, tanto hoy como antaño, cursar estudios de filosofía no significa el comienzo de una carrera exitosa, sino el comienzo de una tragedia personal”. Sonríe. “¡Ojalá siga siendo una científica debutante!”.


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