Viernes en la noche. La puerta de un bar se abre y suena el piano montuno, la conga que pone el ritmo, las voces que cantan al barrio. Adentro, varias generaciones comparten la pista de baile. La escena puede ser en La Candelaria de Bogotá, El Rebolo en Barranquilla, Laureles en Medellín o casi que cualquier calle de Cali. La salsa en Colombia sigue viva, palpitante y vigente de diversas formas. Esa es una de las conclusiones de Las claves de la salsa en Colombia, el nuevo libro del sociólogo Nelson Gómez que será presentado este jueves 30 de abril a las 6:30 p.m. durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá en el stand de la Editorial Javeriana.
“La salsa no murió en Colombia porque nunca fue solo música. Se convirtió en un articulador social, en una forma de construir comunidad, en parte de nuestra educación sentimental, incluso”, explica Nelson Gómez, también profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana.
El libro propone cuatro claves para entender cómo un género nacido en la tradición afrocubana y consolidado en Nueva York se arraigó tan profundamente en Colombia. El título se hereda de este concepto que el autor utiliza para movilizar la historia y que hace referencia a un doble sentido de la palabra: ‘clave’ como el instrumento percusivo afrocubano, a la vez que también es un punto fundamental para entender los fenómenos sociales en torno a la salsa.
Los puertos como puertas de entrada
Las primeras claves se escucharon en el agua. Todo apunta a que los acetatos que llegaban a los puertos de Cartagena, Barranquilla y Buenaventura en los años sesenta y setenta fueron el primer contacto del país con este tipo de música. Esos discos viajaron por tierra no solo a ciudades como Cali y Bogotá, sino a ciudades intermedias y pueblos cercanos. “Discos Fuentes, el sello discográfico más importante del país, empezó a producir salsa colombiana con figuras como Fruko y sus tesos, Joe Arroyo o The Latin Brothers”, explica el profesor Gómez.
Al mismo tiempo, en otras regiones, orquestas como Niche, Guayacán, Los Titanes, La Misma Gente o La Sonora Carruseles apropiaron los sonidos caribeños al contexto colombiano. Algunas de estas orquestas siguen vigentes y se suman a propuestas más recientes como La 33, Cuba Libre Son Band, Son de Azúcar, el Clan del Solar para dar variedad de ritmos, sonidos y formas de entender y tocar salsa.
El barrio como templo de la salsa
La segunda clave se centra en el barrio. Si los puertos fueron la puerta de entrada, el barrio fue el hogar definitivo de la salsa en Colombia. “El barrio va a ser importante desde finales de los años sesenta porque se convirtió en un escenario de sociabilidad salsera en las principales ciudades del país”, dice Gómez, quien también dirige el Semillero de Culturas Festivas en Colombia y Latinoamérica.
Este es un punto fundamental para entender el arraigo de este género en Colombia. La salsa no se limitó a las discotecas o en los espacios comerciales. “En las casas, las fiestas privadas, la fiesta en la calle, muchos aprendieron a bailar con sus padres, amigos y vecinos. En esas celebraciones del barrio que congregaban a toda la comunidad”, añade.
Este arraigo se reflejó también en la propia música. “Muchas de las canciones de salsa tienen una referencia muy fuerte en sus líricas al barrio, a la ciudad”, explica el autor. Cali pachanguero, En Barranquilla me quedo, Cali Ají, Ave María pues o Gózalo se han convertido en himnos de pertenencia y bandas sonoras de identidad urbana.
Los territorios salseros
Más allá del barrio, Gómez identificó en su libro, lo que llama territorios salseros, es decir los establecimientos físicos donde la salsa encontró su espacio de consagración: Discotecas, bares donde jóvenes y adultos se encontraban alrededor del ritmo. “Solo en Bogotá, en más de 50 años registramos más de 300 locales dedicados a la salsa”, apunta, “Eso permitió que la salsa de alguna manera esté siempre viva”.

En Nueva York (Estados Unidos), cuna de la salsa, los clubes emblemáticos cerraron y la escena salsera se dispersó. En Colombia la fiesto no ha parado y los territorios resistieron en el tiempo. Hoy continúan funcionando festivales de salsa, bares y puntos de venta de acetatos en los que se encuentran los melómanos y coleccionistas.
Por encima de esto, el investigador resalta que todavía nacen orquestas jóvenes. “En Bogotá hay muchas orquestas jóvenes que están haciendo salsa, lo que llama la atención”, cuenta Gómez. Con todo esto, resume, no se queda en la nostalgia de una época pasada, sino que es un género que sigue renovándose.
La esfera pública salsera
La radio jugó un papel fundamental en mantener viva la salsa. Los programas de Miguel Granados, Arjona, el Viejo Maik, de emisoras especializadas como Radio Latina, El Sol o programas en radios universitarias crearon lo que Gómez denomina una “esfera pública salsera” que conectaba a los aficionados, mantenía los clásicos y mostraba nuevos sonidos.
También surgieron comerciantes especializados, coleccionistas que siguen buscando acetatos originales, académicos que investigan el fenómeno, y academias de baile que han profesionalizado la práctica. “Nueva York ya no es una ciudad salsera y Colombia sigue manteniendo vivo el movimiento, al menos, en estas cuatro ciudades y sus alrededores”, sostiene.
Según esta investigación, el gusto por la salsa va más allá del simple gusto musical. “La salsa ha hecho parte de nuestra educación sentimental, porque nos da un repertorio de sentimientos, de situaciones, de alegrías, de tristezas, y todo eso lo incorporamos a nuestra propia vida cotidiana”, asegura.
Al hablar de las vivencias del barrio, las letras eran afines a las realidades cotidianas de la gente. No se trata de música para contemplar, sino de una experiencia colectiva que invita a bailar, y a través del baile, a construir comunidad. “Todos tenemos nuestra banda sonora salsera”, señala el profesor.
La clave sigue sonando. Y seguirá sonando mientras se baile en los barrios, en las calles, en las fiestas familiares, radios que transmitan, bares que abran sus puertas, y jóvenes que descubran en esos ritmos afrocubanos algo más que música.
Las claves de la salsa en Colombia es una invitación para tener un mapa de cómo se configuró este género en el país. Este jueves 30 de abril, a las 6:30 p.m., en el stand de la Editorial Javeriana en la Feria del Libro de Bogotá, el profesor Nelson Gómez conversará sobre estas claves y sobre el fenómeno cultural que convirtió a Colombia en el último gran bastión de la salsa.



