A mediados de abril de 2025, iniciamos en Pesquisa Javeriana unos talleres de producción de podcast con una meta: producir una serie de cuatro capítulos con historias de jóvenes atravesando experiencias de malestar emocional en América Latina. Queríamos sumar un formato de audio y narrativo a nuestro reportaje transmedia Lo normal es (no) sentirse mal, para el que estábamos indagando sobre la relación entre malestar emocional y vulnerabilidad socioeconómica, y la manera en que esta relación impacta a los jóvenes de la región.
Era nuestra primera vez haciendo podcast y decidimos producir cuatro capítulos, considerando el resto de las necesidades de producción de textos, videos y gráficos para el reportaje. Al final del primer taller el reto quedó trazado: traer propuestas de historias para hacer la selección la siguiente semana.
Pasé días cautivo de esa experiencia propia del periodista en la que no sale de la cabeza esta pregunta: ¿a quién conozco que pueda contarme la historia o que pueda conectarme con la persona que me cuente la historia que estoy buscando? Así, una tarde llegué al comedor de mis suegros para almorzar y, de inmediato, recordé la cantidad de veces en que, sentados en esa misma mesa, Vilma Barrios, la madre de mi pareja, nos había contado los dramas que enfrenta a diario siendo orientadora psicosocial de un colegio público en Bogotá.
Una historia sobre transición de género en un colegio distrital de Bogotá
¡Cómo no lo había pensado antes! “Vilma”, le dije, “¿conoces una historia en tu colegio más o menos así y asá?”. En seguida empezó a contarme la historia de Víktor Alexander, un joven transgénero egresado de su colegio que vivió su proceso de transición mientras cursaba el bachillerato, y con quien entabló una buena relación siendo su orientadora. Víktor Alexander sufría un cuadro de ansiedad y depresión producto del rechazo a su identidad de género en su casa y a dificultades con profesores y estudiantes por la misma razón.
El colegio se llama Próspero Pinzón Institución Educativa Distrital (IED) y está ubicado en la zona central de la localidad de Kennedy, en Bogotá, en el barrio Supermanzana 7. Tiene alrededor de 1.300 estudiantes y recibe niños y jóvenes de barrios aledaños socioeconómicamente vulnerables, como Patio Bonito, El Amparo o Abastos.

Estos son barrios marcados por la desigualdad económica, por lo que me interesó la historia que me estaba contando Vilma. Yo ya sabía que en Bogotá y en América Latina, muchos jóvenes tienen que atravesar experiencias de malestar emocional y hasta enfermedades de salud mental sin poder acceder a servicios de salud pública ni a terapias particulares, y ese era el foco que estábamos buscando en la revista.
Además, Vilma me estaba hablando de uno de tantos adolescentes que sufrieron afectaciones en salud mental por cuenta de la pandemia del COVID-19. Víktor Alexander había cursado parte de su bachillerato (grados séptimo y octavo) encerrado en su casa, y hacía parte de ese 25% de personas en el mundo que empezaron a sufrir trastornos de depresión y ansiedad producto del aislamiento.
Pero había una cosa más, Víktor Alexander es un hombre transgénero que hizo su transición durante los años finales de su bachillerato y, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Latinoamérica las personas transgénero están en mayor riesgo de presentar problemas de salud mental y en muchos casos enfrentan mayores barreras para acceder a atención. La historia parecía adecuarse a lo que estábamos buscando.
La llevé al siguiente taller de podcast y fue aprobada. Inmediatamente le pedí a Vilma contactar a Víktor Alexander, quien accedió a darnos la entrevista. Pero antes, decidí entrevistar también a Vilma y crear un podcast narrado a dos voces. Pasé dos horas oyéndola contar historias sobre su acompañamiento a los jóvenes del Colegio y me di cuenta de la profunda sensibilidad que tiene con los y las jóvenes.
Según uno de los hallazgos del Proyecto OLA, que hizo seguimiento durante dos años a 2.402 jóvenes latinoamericanos con síntomas de ansiedad y depresión, provenientes de entornos socioeconómicamente vulnerables, cuando los jóvenes no pueden ir a terapia psicológica ni acceder a servicios de salud pública para atender su malestar emocional, una de las herramientas que utilizan para transitar estos episodios es el diálogo y la conversación con los adultos. Eso era lo que ofrecía Vilma como orientadora: una conversación honesta y segura.
Así, se llegó el día de conocer a Víktor Alexander. Él y Vilma no se veían desde hace un par de años. Por eso decidimos encontrarnos los tres en mi casa, para que pudieran compartir un café y un postre, y después hacer la entrevista. El abrazo y la emoción que ambos expresaron al saludarse me mostraron el afecto que cultivaron en esos años en el Colegio.

Me encontré a un joven inteligente, tímido, pero risueño. Víktor Alexander tiene hoy 19 años y está estudiando psicología. Se siente pleno y feliz de la vida que lleva. Su historia y relación con Vilma es un fiel reflejo de la importancia del acompañamiento de los adultos con los jóvenes, sobre todo en la adolescencia, ese momento en que la crisis de identidad aflora y un manto de tristeza parece cubrir la realidad y nublarlo todo. Escuche la historia de Víktor y Vilma aquí, en nuestro podcast Adole(ser):



