En el teatro tradicional, de escenario en tarima y público en el auditorio, existe una suerte de frontera invisible que separa a los actores de los espectadores y que mantiene la ilusión de la obra. En una sala de urgencias también existe esa frontera, hecha de instrumentos, batas, uniformes, jerga médica e, incluso, miedo. Una distancia aséptica que en algunos casos aleja al profesional médico del paciente.
Históricamente, la formación en disciplinas de la salud como la enfermería ha privilegiado la destreza técnica y, con ella, la distancia respecto a quien se atiende. Se asume, erróneamente, que la empatía y las herramientas de comunicación ya vienen enseñadas desde casa, explica Nataly Castellanos, profesora del Departamento de Enfermería Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana. Ella lidera un proyecto de investigación+creación que busca transformar el entrenamiento clínico integrando artes escénicas, con el fin de fortalecer la capacidad de los estudiantes para interactuar en situaciones de cuidado complejas.
Habilidades humanas, no blandas
La comunicación representa un desafío importante para los futuros profesionales de la salud. Cuando un paciente se encuentra vulnerable, una mala interacción puede fracturar la relación terapéutica e impactar de manera negativa en el desenlace de la atención clínica, explica Castellanos. Manejar una situación de dolor extremo o la notificación de un diagnóstico desfavorable requiere habilidades que van más allá de lo técnico.
Para la profesora Diana Marcela Achury Saldaña, coinvestigadora del proyecto, la comunicación efectiva y la capacidad de conectarse con el paciente hacen parte de lo que debería reconocerse como ‘habilidades humanas’, y señala que este es el nombre apropiado para designarlas. Según la profesora, cuando se les llama ‘habilidades blandas’ se les quita valor, a pesar de que, en el cuidado de la salud y, particularmente, en la enfermería, son fundamentales.
En este contexto, la simulación clínica permite crear escenarios controlados de atención para que estudiantes y profesionales desarrollen habilidades, sin poner en riesgo a pacientes reales. Así, este proyecto se convierte en una oportunidad para crear y transformar herramientas pedagógicas con el arte como mediador.
“Nosotros, con este proyecto, queremos demostrar que es imperativo que como profesores no solo enseñemos el hacer, sino que también reforcemos ese ser y esas habilidades de comunicación que el paciente necesita en un momento de vulnerabilidad”.
Nataly Castellanos
Un teatro clínico
Para llegar al realismo que requiere una simulación clínica es necesario construir perfiles de pacientes estandarizados y dotarlos de una historia clínica y vital completa. Aunque lo usual es contratar actores que sigan un guion preestablecido, la innovación de esta investigación+creación es entrenar actoralmente al equipo investigador para construir personajes y asumir el rol de pacientes estandarizados.
En este proyecto la construcción de personajes está nutrida no solo de la información de un tercero o del bagaje del actor; contiene la experiencia clínica y humana de quienes caracterizaron cada personaje. Gracias a esto, los ahora “docentes/actores” tuvieron la capacidad para responder de manera dinámica a las acciones de los estudiantes, involucrándolos en la representación, y ―como explica la profesora Castellanos― “para ir enrutando la escena a partir de las experiencias de los pacientes que hemos atendido en la práctica clínica”.

A través de ejercicios de improvisación, expresión corporal y memoria emotiva, los docentes integraron metodologías de las artes escénicas en la simulación clínica. Aprendieron a encarnar el dolor y el malestar de los pacientes, pero también sus historias, angustias, cotidianidades y expectativas. Para lograrlo, tuvieron que sortear varios retos: la separación de la vivencia personal de la creación del personaje; las emociones que evocaba la ficción y la dificultad de separarlas de la realidad; y “aprender a escuchar nuestro cuerpo en ese proceso de formación”, comenta la profesora Achury.
Tras este proceso aprendieron a representar esa complejidad humana que se hace vulnerable cuando se experimenta la enfermedad ―o el final de la vida― de las personas que han acompañado durante su experiencia profesional.
Un aprendizaje que habita la actuación
La actuación es intrínseca a cada persona, explica la profesora Brunilda del Socorro Zapata Monsalve, docente de Artes Escénicas de la Universidad Javeriana. La maestra argumenta que es común asumir roles en lo cotidiano al asumir distintos roles e interactuar en sociedad. Por ejemplo, “actuamos de hijos, actuamos de esposas, actuamos de madres, actuamos de profesionales: todo el día se está actuando”, asegura. Con esa perspectiva, el trabajo que brindó esta profesora y actriz, desde la técnica actoral, consistió en ayudar a los investigadores a encontrar “ese creador escénico” a partir de la propia corporalidad, de su voz y su pensamiento, para que, de esta manera, construyeran e interpretaran un personaje con profundidad.
La construcción de personajes, describe la maestra Zapata, es un proceso de múltiples capas en el que el personaje, lejos de empezar en la escena, trae consigo una historia marcada por el dolor y los contextos emocional, social y familiar. Este enfoque permitió, a través de un trabajo meticuloso, que los docentes transformaran en casos reales las abstracciones de los pacientes estandarizados, para así enfrentar a los estudiantes de enfermería a situaciones complejas de cuidado como parte de su formación profesional.
“Incluir las artes en ese proceso de simulación, y que nosotros los profesores seamos los pacientes estandarizados, permite reflejar ese proceso auténtico del cuidado”.
Daniela Marcela Achury
Al combinar las dimensiones artísticas, metodológicas, profesionales y pedagógicas de este proyecto fue posible construir los personajes: una creación artística profunda que superó las características de un caso clínico simulado y se convirtió en un dispositivo pedagógico. Así, los papeles de Dolores, Esteban, Sandra, Margarita y Berta pueden ser llevados a escenas distintas en futuros ejercicios de simulación. Más allá de una puesta en escena, los caracteres construidos quedan como una herramienta viva y replicable en la Facultad para enseñar empatía, compasión y habilidades humanas.
Aunque existía el temor de que los estudiantes se sintieran intimidados al observar a sus profesores y mentores bajo la piel de un personaje, la actuación fue tan efectiva que la figura docente desapareció y solo quedó una persona que requería cuidado, coinciden Castellanos y Zapata. Ese, para ellos fue uno de los grandes logros del proyecto de investigación+creación: realizar una apuesta pedagógica que, al combinar el rigor clínico con la sensibilidad artística, generara una experiencia formativa que, como la construcción del personaje, sucede en varias capas.

Esta creación es el resultado de unir el conocimiento clínico con las técnicas de la actuación. Así, el personaje cobra vida en el momento de la simulación y permite una interacción genuina con el estudiante que no se podría lograr de otra forma, explica Zapata. “Lo que me sorprendió es que ellos, sin tener la formación de un actor, siempre están conectados con la emoción, con el dolor y con la rabia del otro. De esta manera, entendieron cómo conectar desde ahí”, complementa la maestra en artes escénicas.
“Esa fusión entre arte y ciencia es maravillosa […] y esto de que al profesional se le olvida que está en una simulación es muy importante porque no es un muñeco el que está enfrente, sino que es un ser humano que al final le puede decir: ‘Es que usted no me trató bien’”.
Brunilda Zapata
Luisa Fernanda Zorilla, de la Asistencia para la Creación Artística de la Universidad Javeriana, destaca que el valor de proyectos como este no consiste en circular en escenarios tradicionales de las artes, sino en habitar en escenarios de simulación y espacios de formación en salud. “Justamente allí es donde se encuentra todo su sentido”, concluye.
La proyección del siguiente libreto
El desafío ahora es consolidar una estrategia pedagógica transferible y replicar este enfoque de entrenamiento escénico a otras facultades de ciencias de la salud de la región. A nivel institucional, los investigadores planean entrenar actoralmente a otros docentes para implementar ‘pacientes estandarizados’ en nuevas áreas e incluso en otras disciplinas, para así capacitar más profesionales a través de este enfoque de simulación clínica.
Escribir los guiones que hicieron posible la materialización de esos pacientes estandarizados permitió honrar a los pacientes que han cuidado a lo largo de su desempeño profesional. Entrar y salir del personaje ayudó a diferenciar entre el dolor del paciente y la experiencia personal, y a habitar el cuerpo en diferentes grados mientras se vive en la piel del personaje. Esta experiencia les dio también la oportunidad de llevar los aprendizajes del arte a su práctica clínica, hacer una pausa entre un paciente y otro, y tener un minuto ―como en el teatro― para respirar y volver a empezar.
Al final, al igual que en las artes escénicas, la enfermería necesita afinar sus instrumentos, en este caso para encontrar maneras de disolver esa distancia que existe entre el profesional y el paciente. Si el cuerpo, la historia y el contexto conforman un todo, el teatro permite enseñar que la mirada y la escucha son fundamentales para establecer una conexión genuinamente humana. Pues, como expresa Nataly Castellanos, “cuando estás vulnerable, necesitas compasión”.
Título de la investigación:
Implementación de las artes en escenarios simulados para el desarrollo de habilidades de comunicación en situaciones difíciles de cuidado
Investigadora principal: Nataly Castellanos Sánchez
Coinvestigadores:
Diana Marcela Achury Saldaña, Claudia Marcela Camargo Rojas, Diana Norella Córdoba Rojas, Sandra Patricia Pacheco Berdugo, Juan David Filizzola Bermúdez
Departamento de Enfermería Clínica
Departamento de Enfermería en Salud Colectiva
Facultad de Enfermería
Facultad de Medicina
Pontificia Universidad Javeriana
2023-2025



