¿Se volvió viral la clase media?

¿Se volvió viral la clase media?

Cada vez más los colombianos tienen acceso a bienes y servicios que solían estar reserva- dos para unos pocos. Si antes esto no ocurría y ahora sí, ¿eso qué quiere decir?”, se preguntaron dos investigadores javerianos. “Uno, que ha habido movilidad social. Dos, que la clase media ha crecido y que la proporción de los pobres ha disminuido. Esas son las buenas noticias”, afirma la socióloga Consuelo Uribe Mallarino. “La mala”, continúa el economista Jaime Ramírez Mo- reno, “es que el crecimiento de la clase media se puede perder si las condiciones que les ayudaron a ascender no se mantienen”. Y, en el medio, ambos constatan que si no hubiera tanta desigualdad en el país, la clase media hubiera crecido aún más.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), mientras que en 2002 el 50 % de la población era pobre y el 16 % pertenecía a la clase media, en 2017 el porcentaje de los pobres descendió casi a la mitad (27 %), y la clase media subió casi al doble (31 %). Los investigadores javerianos parten de esta cifra, pero quieren llegar más allá. Quieren saber cómo son los que han llegado allí, cuál es la trayectoria de la gente cuyos padres no eran de clase media y que ahora puede acceder a educación universitaria o tener conectividad en sus casas o en sus teléfonos móviles, y cuáles son sus prácticas de consumo y las ideas políticas que van asociadas a ese mayor poder de compra.

“Notábamos que la clase media crecía y queríamos saber de dónde venían los que estaban llegando”, dice Uribe Mallarino, “por eso uno de nuestros artículos se llama ‘De cómo llegamos aquí’”. Desde 2005, Uribe se ha dedicado a estudiar la movilidad social. En sus primeros análisis sobre la estratificación socioeconómica en Bogotá, encontró que aunque son parte de una política pública de tarifación ―que se aplica a los servicios públicos―, los estratos socioeconómicos han contribuido a la segregación socioespacial de Bogotá y, peor aún, “hemos trasladado los estratos a la manera como nos relacionamos entre nosotros, con efectos sobre las representaciones de las diferencias sociales, de manera que se estratifican los colegios, el hablado, hasta los centros comerciales, todo lo cual afecta la mezcla social”, explica.

Cuando se alió con el profesor Ramírez, su mirada se concentró en la evolución de la clase media. “Si tu suerte está demasiado atada a tu hogar de nacimiento, no hay movilidad, no hay oportunidad de ascender; está definido que la suerte de tus padres será la suerte tuya”, explica Uribe. Y así, identifican- do las probabilidades de movilidad, es posible establecer la situación de desigualdad de una sociedad, complementa.

Aunque en Colombia existe la tendencia a confundir clases y estratos sociales, los investigadores se centraron en las primeras, definidas como un grupo de personas con un conjunto de características e interrelaciones a partir de la autoidentificación.

Con base en narrativas logradas en grupos focales y entrevistas, lograron construir las características de quienes se consideran de clase media: han tenido más oportunidades en la vida que sus padres, así como más posibilidades de acceder a la educación ―y a una educación de buena calidad―; han tenido buen entrenamiento para conseguir mejores empleos en posiciones administrativas o de coordinación, lo cual les ha dado una mejor remuneración; y se autodefinen como perseverantes, emprendedores, éticos y consagrados a sus trabajos. Pero también se consideran vulnerables, por el desempleo y la inestabilidad laboral. Y se quejan de que no hay nada para ellos de parte del Estado: ni subsidios ni bonos, solo más impuestos. Cada reforma tributaria parece estar destinada a afectarlos más.

Su llegada a este nivel no ha sido gratuita. Responde a esfuerzos de sus padres, que sacrifican sus vidas por brindarles mejores oportunidades. Para los miembros de la clase media, la educación es una inversión a futuro. “Observamos que en ocasiones, en familias de varios hijos, la movilidad se había dado gracias a que el hermano mayor no estudia, sino que trabaja para pagarles la educación a sus hermanos menores, y ellos son los que hacen la movilidad”, explica la coinvestigadora Liany Katerin Ariza Ruiz. Esto indica otra característica: la solidaridad intrafamiliar que se conjuga con el sacrificio de las personas.

La educación es un componente fundamental para la movilización social: promueve la transición de los hijos de familias pobres hacia la clase media.

Los investigadores señalan que el nivel educativo, la ocupación, los ingresos que esta procura, las políticas públicas de contexto y las características de las familias de origen son los elementos que pueden explicar la conformación de clases en Colombia. Lo que intriga es por qué, si parte de la población pobre ha ascendido a clase media ―lo que significa acceso a créditos, mejores ofertas en educación, colegios bilingües, consumo de ropa de marca, computadores o celulares―, lo hace en medio de una alta concentración del ingreso.

La perspectiva de movilidad social ayuda a explicar esta paradoja, porque permite observar la desigualdad en un periodo más largo que una sola generación, sostienen los investigadores en uno de sus artículos publicados en una revista científica. Ha habido mejoras en la concentración del ingreso, pero estas han sido más lentas y menores que en otros países de América Latina, aunque con impacto en las nuevas generaciones.

En este sentido, el seguimiento de la movilidad social debe insertarse en las políticas públicas que se preocupan por la desigual- dad social. Al respecto, varios analistas de las clases sociales afirman que una clase media fuerte incide en un gobierno más responsable y en un mayor crecimiento económico. “La expansión de la clase media en Colombia es un hecho, al tiempo que el país, al igual que otros en la región, ingresa al grupo de naciones con ingresos medios”, continúan los investigadores. Si bien hay un progreso, son necesarios mayores esfuerzos para disminuir la concentración del ingreso en el país y mejorar las oportunidades a través de la política social. Los investigadores también proponen volver al análisis de clases socia- les para examinar la desigualdad social. “No unas clases en conflicto, en guerra, sino una manera de ver los conglomerados sociales como poseedores de distintos niveles de capital económico, social, cultural y relacional”, explica Uribe. “Las clases se forman en las interrelaciones entre ellas, el destino de unas prefigura la suerte de las otras, en relaciones de poder, y no como en el tema de la estratificación, en donde pareciera que cada una va por su lado”, complementa Ramírez.

“Lo chévere de la investigación”, concluye Uribe, “fue la construcción entre varias disciplinas que hicimos del tema: sociología, economía y antropología trabajaron juntas en una problemática de alta relevancia. Y, en este caso, esta construcción nos ayudó a descubrir que pertenecer a la clase media es una condición frágil, como pequeñas islas en un mar de desigualdades”.


Para leer más
Uribe Mallarino, C. y Ramírez Moreno, J. (2019). Clase media y movilidad social en Colombia. Revista Colom- biana de Sociología. 42(2). 229-255. doi.org/10.15446/ rcs.v42n2.50749

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
La expansión de la clase media colombiana como expresión de movilidad social

INVESTIGADORES PRINCIPALES:
Consuelo Uribe Mallarino y Jaime Ramírez Moreno

COINVESTIGADORA:
Liany Katerin Ariza
Instituto de Salud Pública
Facultad de Ciencias Sociales
Instituto de Salud Pública y Departamento de Sociología Grupo de investigación Política Social y Desarrollo y grupo de investigación Gerencia y Políticas en Salud

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2015-2018

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Valorar las artes para transformar la academia

Valorar las artes para transformar la academia

Hay un inefable proceso de atracción, conexión, repulsión y diálogo entre el arte y la ciencia. ¿Cómo sería viajar en el tiempo a través del —hasta ahora teórico— agujero de gusano? Esta y muchas otras preguntas que se formulan desde el campo de la ciencia son, en principio, imaginadas desde el arte. Pero también desde el arte se hace uso de la ciencia cuando es necesario encontrar respuestas para producir una creación artística, como lo hizo Leonardo dVinci. 

Este fructífero diálogo ha resultado en hallazgos y creaciones memorables. ¿Cómo viaja un impulso neuronal a través del cerebro? Sin este intercambio entre lenguajes y lógicas, tanto las neurociencias como la pintura se habrían perdido de la producción intelectual de Santiago Ramón y Cajal. 

Y aunque algunas veces parece obvia esta conexión, en otras ocasiones ciencia y arte se observan mutuamente con sospecha, como si se tratara de universos irreconciliables. Sobre todo en lo tocante al arte en la academia. 

En Colombia, hasta hace pocos años los artistas ubicados dentro de las universidades no encontraban su lugar, pues el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) medía la producción académica bajo lógicas que excluían la producción artística. Esta situación tuvo un giro paradigmático gracias a largas, profundas y difíciles discusiones, producto de las cuales hoy en día el SNCTI contempla criterios para evaluar la producción artística dentro de las métricas académicas. 

Para comprender mejor cómo se produjo este cambio, en qué consiste y cuáles han sido sus implicaciones, PESQUISA JAVERIANA dialogó con Óscar Andrés Hernández Salgar, asistente para la creación artística de la Pontificia Universidad Javeriana, quien fue una de las voces más activas para lograr esta transformación. 

Óscar Andrés Hernández Salgar
Óscar Andrés Hernández Salgar

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué era lo que ocurría en el contexto educativo y de investigación académica en el país antes de que se produjera el cambio en el Sistema? 

Óscar Andrés Hernández Salgar: Hay dos grandes sistemas que cobijan a las universidades: el sistema educativo, con el Ministerio de Educación a la cabeza, y el SNCTI. Lo raro es que cada uno de esos dos sistemas corresponde a paradigmas distintos de universidad. Como está planteado, mucho de lo que define al sistema educativo corresponde a un paradigma de universidad que está centrado en la formación de profesionales para reproducir una fuerza de trabajo, en el que el conocimiento es más algo que se reproduce, no algo que se produce. 

Por otro lado, para el SNCTI lo importante es que las universidades produzcan conocimiento nuevo que llegue al sector productivo. Entonces ¿qué pasa? Que las funciones universitarias —que son docencia, investigación y extensión— empiezan a cambiar sus pesos: antes docencia era el gran foco y las universidades que formaban profesionales hacían además investigación. Ahora cada vez más se les pide que enseñen y transfieran lo que investigan. 

¿Qué pasaba con los artistas dentro del SNCTI? El arte no tenía ninguna cabida, porque se asumía que las artes y las humanidades no producían conocimiento capaz de impactar el sector productivo, lo cual no es cierto. Esta exclusión parte de una idea de conocimiento en la que las ciencias naturales, las ingenierías y las ciencias de la salud son las únicas que realmente pueden impactar las dinámicas económicas a través de una idea más bien lineal de innovación. Es una visión muy economicista. 

PJ: ¿De qué maneras la producción artística impacta el sector productivo? 

ÓAHS: Esto se explica comprendiendo cómo las industrias creativas y culturales se vuelven competitivas: esto ocurre, no por su infraestructura, sino por la originalidad de los contenidos. Y quienes crean contenidos originales son diseñadores, músicos, artistas plásticos, etcétera. La sociedad necesita que haya un aparato de producción de contenidos que conecte la diversidad cultural con procesos de generación de valor económico para darles mayor competitividad a las empresas. Si no, lo que pasa es que se copian fórmulas. 

Ahora, obviamente no todo el arte es para vender. Para que existan contenidos que renueven la industria se necesita que haya experimentación y creación libre, no orientada a públicos (al igual que para que exista investigación aplicada se necesita investigación básica). Por fuera de la universidad los productores de contenidos no tienen espacio para experimentar. Una empresa que produce contenido audiovisual, por ejemplo, no se puede dar el lujo de estar ensayando narrativas, formatos, sensibilidades; esto hace que se reduzca la diversidad. 

De manera que lo que nosotros sustentamos es que las universidades son espacios privilegiados de experimentación. Es ahí donde se vuelve importante la investigacióncreación. Entonces lo que logramos en Colciencias fue empezar a posicionar la investigacióncreación como una forma de generación de valor cultural, estético y eventualmente económico, desde las disciplinas artísticas. 

PJ: ¿Qué ocurría con los docentes-artistas antes de que los criterios cambiaran? 

ÓAHS: Se quedaban rezagados en la carrera académica porque toda la estructura de incentivos se enfocaba en la producción intelectual escrita, en la producción de investigación. Por esa razón la ‘pelea’ en Colombia fue la de reconozcamos la producción artística como producción intelectual. No había unos criterios claros de evaluación y, como consecuencia, se detuvo la evaluación de producción intelectual artística de profesores durante varios años. Entonces, en la Javeriana se creó un comité de valoración de producción artística que empezó a definir unos criterios, que fueron los que llevé a la mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, en Colciencias, para ver en qué casos se puede reconocer la creación artística como conocimiento nuevo y cómo se puede valorar: no desde cero, sino acudiendo a las mismas instancias de legitimación que reconocen los actores del campo del arte. 

PJ: ¿En qué consiste esta ‘homologación’ de criterios que ya existían con respecto a los que se produjeron para evaluar la investigación-creación? 

ÓAHS: Nosotros presentamos el modelo de valoración que se había creado dentro de la Universidad. Propusimos que se aprovecharan las instancias en las que ya circula el arte. Ocurre de forma similar a como es valorado un artículo académico: si el artículo fue evaluado para publicarse en una revista que está en cuartil uno en Scopus, entonces se deduce que es un indicador de calidad y no hay que volver a evaluarlo. Con el mismo nivel de estructuración existen unos circuitos que legitiman la carrera académica de los artistas. Por ejemplo, si yo soy un artista y puse una instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se deduce que allí hay un reconocimiento de la calidad. Hay unas instancias por las que el arte va circulando y que tienen procesos de curaduría, arbitraje o selección, y, existiendo esto, no tenía sentido que nosotros nos enfrentáramos a una evaluación adicional. 

PJ: ¿Qué retos o contradicciones afronta la puesta en marcha de estos criterios de valoración para las creaciones artísticas? 

ÓAHS: Este modelo de medición es automático y no tiene gente de carne y hueso detrás pensando. Es un algoritmo: uno presiona un botón y ya. No hay paneles, no hay pares. Entonces debimos parametrizar todo y eso nos obligó a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, que la trayectoria del espacio que tuviera 10 años de existencia era mejor que la que tuviera ocho. Y esto es muy problemático, porque esa lógica termina privilegiando los circuitos tradicionales del arte, y el arte más disruptivo, que realmente ha producido cambios en la sensibilidad y que ha hecho cosas diferentes, ocurre por canales emergentes. 

PJ: ¿Qué transformaciones se han producido dentro de la Javeriana a raíz de este cambio? 

ÓAHS: Ha permitido que los grupos de investigación e investigadores que estaban muy mal escalonados en Colciencias suban su clasificación, haciendo lo que hacen: creación en su ámbito académico. El incremento en el volumen de los productos registrados es brutal. En las últimas tres convocatorias es muy, muy pronunciado. Pero, por otro lado, también ha hecho que la gente empiece a hablar más en términos de investigacióncreación. Hay un auge de la investigacióncreación en las áreas artísticas y en el diseño. 

Esto ha hecho que se empiece a ver que estamos generando una nueva dinámica académica alrededor de las artes, que la gente hasta ahora está empezando a vislumbrar. También han ocurrido otras cosas, por ejemplo, empieza a haber más cruces entre departamentos y entre disciplinas para generar proyectos de creación cada vez más ambiciosos. Todo esto apenas está empezando, pero definitivamente promete transformar el entorno académico. 

Nueva ruta para la ciencia colombiana

Nueva ruta para la ciencia colombiana

Con la entrega de un documento de recomendaciones para el desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología durante los próximos 20 años y la firma del Decreto 2226 que establece la estructura orgánica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, Colombia inicia un nuevo recorrido por el sendero que la debe llevar, de acuerdo con palabras expresadas por el propio presidente de la República, Iván Duque, a ser “la más importante potencia científica de América Latina y el Caribe”.

Luego de 10 meses de trabajo por parte de más de 40 comisionados nacionales e internacionales, y teniendo en cuenta que un muy bajo porcentaje de las recomendaciones de la pasada Misión (1994) se llevó a cabo, la actual Misión de Sabios espera que no solo este gobierno inicie su implementación, sino que tenga continuidad en los siguientes mandatos.

Dicha labor se concibe desde el comienzo como un camino que debe recorrer el país frente a los desafíos que le impone ser parte de la OCDE, lograr mejores resultados en la educación de las futuras generaciones –reto que se vuelve más apremiante con los recientes resultados de las pruebas PISA en las que a Colombia le fue mal–, las decisiones y los compromisos frente al cambio climático, entre otros. Y esa es una tarea que no se consigue en el corto plazo.

“Es la primera vez que un gobierno se compromete con metas de inversión, con seguimiento anual y con continuar la Misión”, dijo a Pesquisa Javeriana el físico y presidente de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, Eduardo Posada, quien ha participado en las dos misiones. “Las dos experiencias han sido excepcionales y espero que las propuestas se concreten y que de verdad Colombia cambie”.

¿Qué le dijeron los sabios al país?

A pesar de que los miembros de la Misión se dividieron en ocho grupos desde el comienzo, en los últimos meses conciliaron sus conclusiones y definieron tres grandes retos para el país:

Colombia Bio_Diversa: propone identificar, conocer, documentar y aprovechar la diversidad cultural y natural del país para impulsar la bioeconomía y la economía creativa.

Colombia productiva y sostenible: busca modificar la estructura productiva del país hacia industrias y servicios con contenido tecnológico alto, empresas de economía circular con máximo aprovechamiento de residuos y con sostenibilidad ambiental.

Colombia equitativa: busca garantizar una distribución equitativa de los frutos del esfuerzo nacional, garantizando el acceso a educación, salud y servicios básicos.

Relación entre los retos de la Misión

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Fuente: Misión de Sabios

En la proclama, leída por el coordinador de coordinadores de la Misión y exdirector de Colciencias, Clemente Forero, se hace énfasis en la importancia de fortalecer las opciones de educación para la sociedad colombiana: “La misión propone como primera gran tarea de nuestra sociedad que el Estado, las familias, las empresas grandes y pequeñas, nuestros maestros y nosotros los investigadores permanezcamos vigilantes para que todos los niños y niñas desde el momento de su concepción hasta los 5 años accedan a una educación diseñada para ellos con nutrición adecuada, acceso a la salud, afecto, respeto y atención”.

Los comisionados entregaron al presidente Iván Duque y a la vicepresidente Marta Lucía Ramírez un documento de 277 páginas con las propuestas de una política de Estado para la investigación y la innovación, así como las propuestas para cada uno de los retos. Entre ellas, “que las regiones destinen el 25% de las regalías a la educación de la primera infancia, la creación de centros regionales de innovación y el impulso a la investigación y a las redes de centros comunitarios de innovación en sus regiones”.

“Hoy, los miembros de la Misión de Sabios estamos proponiéndole al presidente Duque, al gobierno nacional, que en representación de la nación entera, dé los pasos definitivos hacia la ruta que nos llevará a la Colombia del conocimiento, para que ese sea el legado que le dejemos a la próxima generación”, finalizó Forero en su intervención.

La esperanza de que las propuestas no se queden en el papel se fortalece con el anuncio del presidente Duque para que todos los diciembres de su mandato se reúnan los comisionados para hacer una evaluación sobre los avances de sus recomendaciones.

Colciencias y Ministerio de Ciencia: ¿Un simple cambio de nombre?

El Presidente de la República aprovechó la ocasión para firmar el Decreto 2226 de 2019 que reglamenta la estructura orgánica del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, una propuesta que se materializa más de diez años después de haber sido liderada por la propia vicepresidente actual Marta Lucía Ramírez, entonces senadora de la República junto al representante a la Cámara, Jaime Restrepo Cuartas.

El senador Iván Darío Agudelo tomó las banderas y asumió el liderazgo de la iniciativa desde hace un par de años. Conjuntamente con los miembros de la comunidad científica buscaron crear este ministerio sin que desapareciera Colciencias, pero finalmente esta entidad, que cumplió 51 años en 2019, se convierte en Ministerio.

“No es simplemente un cambio de nombre”, le dijo Agudelo a Pesquisa Javeriana. “Hemos venido construyendo un sistema, una nueva narrativa de país; ese acumulado histórico de Colciencias jugará un papel importante en la proyección y el desarrollo del nuevo Ministerio”.

El nuevo organismo tendrá dos viceministerios: Conocimiento, Innovación y Productividad; y Talento y Apropiación Social del Conocimiento. Solo hasta el 24 de enero de 2020 cuando nacerá formalmente el Ministerio, con un presupuesto de $393 mil millones aprobado por el Congreso, se sabrá quién será la persona a cargo de esta responsabilidad.

¿Por qué Colombia sigue “rajada” en las Pruebas Pisa?

¿Por qué Colombia sigue “rajada” en las Pruebas Pisa?

La falta de un modelo de innovación educativa y el ausentismo de los profesores en escuelas y colegios de Colombia, principalmente en zonas apartadas, son los principales motivos que pueden impactar en los deficientes resultados que arrojaron las pruebas Pisa, presentadas esta semana. Así lo sostiene a Pesquisa Javeriana Luz Karime Abadía, directora de posgrados en Economía de la Pontificia Universidad Javeriana. Y agrega que si el país trabajara sobre esos dos factores, seguro generaría cambios estructurales para brindarles una educación cualificada a sus estudiantes y respondería a sus necesidades actuales.

Dice que no se deben “seguir usando los mismos métodos de enseñanza y aprendizaje tradicionales porque nuestros jóvenes son diferentes, porque requieren habilidades diferentes y porque estos métodos tradicionales ya no responden a los problemas complejos que tenemos en el mundo actual.

No basta con ser pilo

No basta con ser pilo

Ser colombiano, haber cursado y aprobado grado 11, ser admitido en una carrera profesional de una institución de educación superior con acreditación en alta calidad y estar registrado en la base de datos del Sisbén son algunos requisitos que los bachilleres debían cumplir para aplicar al programa Ser Pilo Paga, la iniciativa diseñada por el Ministerio de Educación Nacional durante el gobierno de Juan Manuel Santos para la financiar programas académicos de alta calidad.

El objetivo central de este proyecto era otorgar créditos 100% condonables a los más “pilos” del país y darles un apoyo de sostenimiento durante todo el periodo de estudios, pero una serie de críticas en torno a la desigualdad en la financiación de los programas entre las universidades privadas y públicas, la capacidad del Estado para sostener los 5 billones de pesos destinados a Ser Pilo Paga y la baja probabilidad de vigencia a largo plazo con la llegada de nuevos periodos presidenciales, lo llevó a su fin.

Ser Pilo Paga “hizo que cerca de 40.000 jóvenes de escasos recursos y excelencia académica hicieran realidad el sueño de estudiar en universidades acreditadas con alta calidad”, resaltó un informe del Ministerio de Educación en mayo de 2018.

Efectivamente, a inicios del 2019, pocos meses después del posicionamiento de Iván Duque como presidente, su ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunció el lanzamiento del proyecto “Generación E”, una iniciativa para que los estudiantes con pocos recursos económicos pudieran tener acceso a la educación de alta calidad. Su meta: invertir 3,6 billones de pesos para que en cuatro años 336.000 jóvenes resulten beneficiados.

Pesquisa Javeriana conversó con Luis Carlos Reyes, director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana y miembro del comité asesor de la oficina de investigación del ICFES, acerca de los aciertos y desaciertos del programa SerPilo Paga y las implicaciones financieras de iniciativas como “Generación E” para la economía del país.

Simulación clínica para enfermeros

Simulación clínica para enfermeros

Con frecuencia, los estudiantes colombianos de enfermería se enfrentan a diversas realidades al momento de atender a sus pacientes, pues en su ejercicio profesional deben manipular tejidos y órganos, inyectar soluciones endovenosas o tomar muestras para llevar a laboratorios clínicos. Aunque estas prácticas son frecuentes, su efectividad depende directamente del entrenamiento, habilidad y destreza de los estudiantes, quienes, en su mayoría, están permeados por la desconfianza e inseguridad durante los primeros años de práctica hospitalaria.

Con esto en mente y por el auge de los centros de simulación clínica como herramienta pedagógica para la formación de personal en áreas de la salud, un equipo de docentes e investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana diseñaron una guía virtual de simulación clínica  basada en el Modelo de Diseño Instruccional ADDIE (por sus siglas en inglés).

Se trata de una estrategia metodológica que analiza, diseña, desarrolla, implementa y evalúa información en espacios virtuales de aprendizaje para promover la construcción de conocimiento y, en este caso, fomentar en los alumnos de enfermería un aprendizaje autónomo en los procedimientos clínico-asistenciales, es decir, en la manera en que acceden a las venas a través de un catéter con fines terapéuticos o diagnósticos.

En el artículo Modelo de diseño instruccional aplicado a una guía virtual en simulación clínica, publicado recientemente en la revista Universitas Medica, los autores señalan que el proyecto inició en 2012, momento en el que los investigadores analizaron y evaluaron la efectividad de dos estrategias didácticas en 175 estudiantes de enfermería: la primera, llamada Modelado docente, en la que los profesores hacían los procedimientos clínicos con pacientes frente a sus estudiantes, y la segunda, la Guía para el aprendizaje autónomo de la punción venosa, en la que los docentes reunían en un folder los pasos para realizar cada procedimiento.

De ahí fue posible reconocer que, aunque “la simulación clínica ayuda al desarrollo de las habilidades del estudiante para adquirir confianza y seguridad a partir del análisis del error”, la falta de tiempo y compromiso por parte de los jóvenes retrasa este proceso, por lo que fue necesario alojar las guías en la plataforma virtual de la Javeriana con la intención de facilitarles el acceso a los contenidos. Asimismo, este resultado retó a los académicos a buscar alternativas pedagógicas para fomentar un aprendizaje autónomo en los estudiantes teniendo en cuenta las brechas de formación que sugiere la Organización Panamericana de la Salud, en las que se señala que “hay escasez de enfermeras en la región de las Américas debido a las diferentes condiciones de desarrollo económico de los países y las políticas de recursos humanos en salud y de enfermería”.

De allí, surgió la aplicación del Modelo ADDIE.

Contenido de la guía desarrollada por los investigadores. /Enfermería PUJ
Contenido de la guía desarrollada por los investigadores. /Enfermería PUJ


La construcción de la guía virtual

Los investigadores identificaron y analizaron a los estudiantes de enfermería como el público objetivo y encontraron que los salones de clase, las herramientas tecnológicas y el Centro de Simulación Clínica de la Javeriana eran los espacios ideales para el desarrollo de su proyecto. Posteriormente, como parte del diseño del proyecto, se definió el enfoque pedagógico y los conceptos claves como punción venosa, anatomía de accesos vasculares, indicaciones, contraindicaciones y la bioseguridad. Sin embargo, fue en la fase de desarrollo en la que se crearon ilustraciones del cuerpo humano y el sistema circulatorio, 12 productos audiovisuales para identificar los momentos de la punción venosa y gráficas interactivas para recrear las reacciones de los pacientes luego de ejercicios como toma de muestras de laboratorios o inyecciones.

Asimismo, los estudiantes visitaron el Centro de Simulación Clínica en la implementación de los procedimientos clínicos con la ayuda de computadores y tabletas, al mismo tiempo que eran filmados para contrastar sus acciones con los pasos propuestos en la guía virtual y, así, construir un aprendizaje colectivo y corregir sus errores. Finalmente, los investigadores encontraron con la evaluación del proyecto que, gracias al uso de la guía virtual de simulación clínica, los estudiantes generan conocimiento y un aprendizaje autónomo pues les implica reflexiones críticas sobre los procedimientos que están realizando.


Los hallazgos

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), combinadas con herramientas como la informática, las telecomunicaciones, los medios electrónicos, el trabajo interdisciplinario con expertos y la creación de los materiales didácticos, son los insumos que les permitieron a los académicos desarrollar un modelo de diseño instruccional o pedagógico efectivo para que los estudiantes de enfermería se familiarizaran con los ambientes clínicos, desarrollaran un pensamiento crítico y encontraran, en casos reales, la posibilidad de combinar la teoría adquirida en aulas con la práctica del día a día con pacientes.

Pero, aunque la guía virtual motiva la autonomía en los enfermeros, es fácil de comprender, contiene imágenes y videos explicativos, y presenta pasos similares a los procedimientos reales, el seguimiento de los profesores en las prácticas clínicas complementa lo aprendido en clase ya que fortalece la confianza de los jóvenes.

 


TÍTULO DEL ARTÍCULO: Modelo de diseño instruccional aplicado a una guía virtual en simulación clínica
PUBLICADO EN: Universitas Medica
AUTORES: Fanny Esperanza Acevedo Gamboa, docente del Departamento de Enfermería Clínica de la Facultad de Enfermería en la Pontificia Universidad Javeriana; Rosa Alejandra Cajavilca Cepeda, profesional senior de Ambientes Educativos Virtuales del Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana; Juan Carlos Cobo Gómez, miembro de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana; y Juan Carlos Díaz Álvarez, doctor en bioética y magister en enfermería de la Universidad Nacional de Colombia.
FECHA DE PUBLICACIÓN: 25 de junio de 2019

Aprender a leer nuevamente en la universidad

Aprender a leer nuevamente en la universidad

Los bachilleres llegan a la universidad con sentimientos encontrados; en esta transición los acompañan nuevas motivaciones y también temores por los retos que tendrán que enfrentar. Uno de ellos es el “leer para aprender”, pues aunque salen del colegio pensando que están preparados para enfrentar este desafío, tal pensamiento no es más que una suposición alejada de la realidad universitaria: las destrezas que han adquirido hasta este momento, que se basan en una lectura para organizar información y para superar las pruebas Saber 11, resultan insuficientes para las actividades que exige este nuevo espacio académico. Así lo demuestra el estudio interinstitucional Formación inicial en lectura y escritura de la Educación Media al desempeño académico en la Educación Superior, coordinado por la Red de Lectura y Escritura en Educación Superior (REDLEES), en el que participaron como investigadoras las docentes javerianas Juliana Molina, estudiante de Doctorado en Educación y magister en Lingüística Española, y Adriana Salazar, magister en Lingüística y licenciada en Educación Especial.

Ambas coinciden en que, ante este nuevo contexto para el estudiante, la universidad se puede convertir en una oportunidad para brindar nuevas herramientas de lectura y potenciar las habilidades que ya traen los jóvenes desde secundaria, con el fin de que lean de forma crítica y a la vez apropien el conocimiento, es decir, que no solo sean capaces de leer sino también de reflexionar, relacionar información, consultar diferentes fuentes confiables y construir nuevos aprendizajes. Con esta idea en mente, las universidades han implementado en el primer año de formación cursos de lectura y escritura destinados a promover estrategias para alcanzar estos objetivos.

Sin embargo, Molina y Salazar identificaron un problema: a pesar del paso de los estudiantes por estos cursos, cuando llegan a ver asignaturas propias de los núcleos fundamentales de sus carreras, escenario en el que se supone ya deben contar con un nivel de lectura avanzado, “ellos no saben leer o, por lo menos, no como se esperaría”.

Para reconocer la dimensión de esta problemática, las investigadoras resaltan algunos hallazgos de su investigación, la cual identificó las prácticas de lectura de los estudiantes antes, durante y después de haber cursado estas asignaturas y reflexionó sobre las prácticas de los docentes universitarios para enseñar. Así, el estudio retoma la información de 12 universidades colombianas que ofrecen, en el primer año de formación, cursos de lectura y escritura.


¿De quién es la responsabilidad?

Es verdad que la educación media (EM) podría crear espacios de aprendizaje que promuevan varios aspectos: el rastreo de información para confrontarla, el uso de fuentes confiables, la selección de información relevante y la eliminación de la que no lo es; la asistencia a actividades como foros, conferencias o seminarios que, potencialmente, mejorarían la lectura y serían fuentes de información. Sin embargo, no es responsabilidad de los colegios formar a los estudiantes para leer en la universidad.

“No es deber de la EM desarrollar todas las habilidades que deben tener los estudiantes para ingresar a la universidad. No le podemos pedir a la secundaria que prepare a los chicos para la universidad. Es la universidad la que tiene que formar lectores para la universidad retomando elementos de secundaria, y cada disciplina tiene que buscar los procesos para acercar a sus nuevos estudiantes a las maneras en cómo se lee y se escribe en esa área”, señalan las académicas en su investigación.

Pero si no son los colegios, ¿ qué está influyendo para que los universitarios no cuenten con las destrezas para leer adecuadamente en las asignaturas propias de su carrera? Los estudiantes toman los cursos de lectura y escritura en el primer año y allí se encuentran con tres funciones específicas: leer para hacer resúmenes, leer para resolver evaluaciones y leer para conversar, “muy similar a la lectura del colegio”, explican las investigadoras. Y aquí está el corazón del problema.

Los estudiantes llegan al salón de clase, se sientan y reciben instrucciones del docente, quien impone prácticas directivas; por ejemplo, durante la investigación, un joven señaló que “para una de estas clases la profesora entregaba los textos que debía realizar para la próxima sesión y luego hacía preguntas con base en el texto propuesto para la actividad, con el fin de verificar si había preguntas o dudas”. En ese sentido, el papel del estudiante es el de obedecer y hacer la lectura, en un espacio en donde todo se le es dado porque es común que los docentes dejen la lectura en algún centro de copiado, indiquen en dónde la pueden encontrar o, incluso, la suban al aula virtual y “el estudiante no ve la necesidad de ir más allá para acceder, leer, interpretar y producir información que pueda ser de valor en el contexto académico, convirtiéndose en un actor pasivo dentro del proceso formativo”, añaden las profesoras.

Lo que más sorprende de esta situación es que, aunque las exigencias de los docentes en las asignaturas propias de las carreras son más altas, son ellos mismos quienes, al igual que los profesores de los cursos de lectura y escritura, limitan la búsqueda de nueva información que invite a una lectura para pensar, investigar, escribir, apropiar y construir conocimientos.

Otra práctica de lectura común por parte de los profesores es distanciar a los estudiantes del uso de las herramientas tecnológicas, porque estanca el acceso, lectura, interpretación y producción de diversa información que se encuentra en la red. No replicarlas en la universidad, idear nuevas estrategias por parte de los docentes y fomentar en los estudiantes la búsqueda de información es una de las invitaciones que hacen las investigadoras Molina y Salazar a los docentes universitarios.

“Vamos a tener buenos lectores en la medida que, como profesores, invitemos a que los estudiantes se enfrenten a una variedad de textos y sean críticos ante ellos. Es ponerles retos que no se resuelvan con un resumen ni con una reseña, sino que mezclen voces, utilicen citas, recurran a distintas fuentes confiables y hagan uso de la tecnología, vista como una herramienta que puede ayudar a estos procesos”, afirma Adriana Salazar.


La lectura digital, una posibilidad para leer con sentido

Esa aversión al uso de herramientas tecnológicas por los estudiantes es una de las grandes falencias de los docentes universitarios. Por eso, las investigadoras proponen la implementación de la lectura digital en las clases como una posibilidad para que los estudiantes puedan sobrepasar y romper ese muro que los ha cohibido de leer para aprender y para apropiar el conocimiento.

“Nosotras somos, además de investigadoras, docentes universitarias y no podemos negar que estamos experimentando una transición en la que el formato digital ha empezado a tomar un protagonismo tan fuerte como el que ha tenido por décadas el impreso. Para ir al ritmo de los jóvenes y las tecnologías, un reto que nuestra realidad plantea a las instituciones educativas es el uso de medios digitales para la formación de los universitarios”, exponen.

En un artículo de 2015 derivado de esta investigación, donde se retoma la información de 180 encuestas a estudiantes, además de entrevistas a profesores encargados de los cursos de lectura y escritura y de áreas disciplinares, y observaciones de las clases de lectura y escritura de 12 universidades, las investigadoras afirman que “los textos que los universitarios leen con fines académicos ya no son predominantemente impresos, muchos son digitales, algunos soportados por internet. De hecho, el tercer documento más leído por los estudiantes universitarios (76%) son las páginas web y blogs”.

Pero esta es una realidad que no se aprovecha dentro del salón de clase, ya que los profesores universitarios no motivan ni enseñan a sus estudiantes a buscar información en formatos digitales. “Algunos maestros sienten temor de hacer uso de herramientas tecnológicas en sus clases porque corren el riesgo de que los estudiantes generen hábitos inadecuados de estudio, como el copiar y pegar o, incluso, que lleguen al plagio”, aseguran las investigadoras.

Para Molina, las nuevas generaciones de docentes están dando un viraje importante en este sentido, pues, lentamente, van incluyendo en su ejercicio diferentes herramientas tecnológicas, lo cual potenciará las habilidades de sus estudiantes para construir nuevo conocimiento. “Hay que seguir trabajando en esta concientización para formar mejores lectores y profesionales”, concluye.

Es el momento de actuar en política científica

Es el momento de actuar en política científica

Lisbeth

Tres son los temas sobre política científica que se están moviendo activamente en Colombia durante 2019, lo que ha permitido una mayor visibilidad de la ciencia para el ciudadano común y corriente.

El primero —y quizá el que más se conoce— es la conformación de la Misión Internacional de Sabios, lanzada en febrero pasado con 42 miembros, cuyo número aumentó a los pocos días a 47. Está dividida en ocho temas que el gobierno consideró claves y cada grupo o foco está integrado por colombianos residentes en el país y en el exterior, así como por extranjeros.

Durante el primer semestre entiendo que han abierto el diálogo para consultar a sus sectores a través de diferentes mecanismos y se reunieron en pleno a comienzos de junio para integrar los resultados y alinearse entre todos los grupos. Pesquisa Javeriana informó sobre este encuentro realizado en Medellín.

Tanto en esta nota como en las demás que se han publicado al respecto en los diferentes medios y portales resalta el tema de la educación, algo que no es nuevo porque es una verdad de a puño que un país educado tiene más posibilidades de ser consciente de su desarrollo, de generar nuevo conocimiento y de lograr la equidad para sus ciudadanos. Por un lado emociona, para ver si al fin logramos un cambio de 180 grados en la manera como estamos educando a nuestros niños y jóvenes, pero también sorprende porque desde hace décadas —o por lo menos desde la anterior misión de 1994— esa fue una de las conclusiones y recomendaciones más sobresalientes.

Los sabios tienen el reto de identificar barreras y oportunidades en cada uno de sus campos y de entregar el 5 de diciembre recomendaciones oportunas y factibles. Muy probablemente las harán para el mediano y largo plazos porque así se debe pensar un país, y el reto para el gobierno será empezar a ponerlas en marcha cuanto antes, sin necesidad de hacer un nuevo análisis porque, para eso, estuvo deliberando la Misión.

El segundo tema es el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, creado mediante la ley 1951 de 2019 y que debe empezar a funcionar el 24 de enero de 2020. Colciencias está liderando la implementación del nuevo órgano del ejecutivo, ha participado en reuniones por todo el país hablando al respecto, y también hace lo propio Iván Darío Agudelo, el senador que impulsó la iniciativa. El pasado 13 de junio en el Salón Boyacá organizó un evento titulado ‘Avances en el Ministerio de Ciencia’, en el que nuevamente, como en ocasiones anteriores, se escucharon diversas voces de apoyo con propuestas —cada uno desde su orilla— para la nueva institucionalidad. En conversación con Pesquisa Javeriana fue enfático, cuando le preguntamos sobre la relación entre Colciencias y el Ministerio: “Colciencias ya fue fondo, instituto y departamento; no vamos a permitir que sea el cuarto nombre”.  Pero cómo, esa la pregunta, si el parágrafo 2 de la ley dice: “El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para iniciar su labor no debe generar gastos adicionales de personal ni generales a los que al momento de su creación tenga presupuestado el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias)”.

Si es a costo cero, ¿cómo se lo imaginan entonces? Aún no hay una respuesta y todos los involucrados elucubran —elucubramos— al respecto. ¿Se podría pensar en un esquema, por ejemplo, en el cual el personal del Ministerio estuviera conformado por gente de la academia y de la industria que trabajaran ‘prestados’ por sus actuales lugares de trabajo y cumplieran el objetivo de dictar los lineamientos de la política pública en ciencia, tecnología e innovación? ¿Unos cerebros que durante el primer año, con las recomendaciones de la Misión y con su conocimiento experto piensen el país, fortalezcan y consoliden el Sistema Nacional de CTI, y establezcan una hoja de ruta que active Colciencias con unos recursos cada vez más sólidos?

Y así llegamos al tema del dinero, el tercero. Ya por lo menos pasó el susto de que le iban a quitar el 10% de regalías a la ciencia. La tarea ahora es continuar enderezando el proceso de adjudicación de los dineros que provienen de este rubro a proyectos que cubran y beneficien a las diferentes regiones para que sea posible consolidar en sus territorios la ciencia, la tecnología y la innovación.

Pero también resulta muy conveniente aclarar que cuando el gobierno promete subir la inversión en ciencia a mínimo el 1% del PIB, se refiera a Investigación y Desarrollo (I&D) más que a actividades de CTI (ACTI), concepto que incluye a I&D pero también la promoción, difusión y aplicación de los conocimientos científicos y técnicos, entre los cuales se destacan la formación y capacitación, las actividades de innovación y los servicios de apoyo a la actividad investigativa.

El presupuesto siempre será un dolor de cabeza hasta que nuestros gobernantes no se convenzan del todo de la importancia de invertir en educación y ciencia.

Es el momento de actuar y de apoyar todos estos espacios para que 2020 sea el año de iniciar con pie derecho esta nueva etapa de la investigación científica y la innovación en nuestro país. Y también es el momento de velar para que sea una investigación de calidad que allane con inteligencia el camino del desarrollo y se convierta en modelo a nivel internacional.

Educación, una recomendación Nobel para Colombia

Educación, una recomendación Nobel para Colombia

“La educación es un elemento vital para defender los valores científicos y democráticos de nuestra sociedad”. Con aquella frase, el científico francés Serge Haroche, Premio Nobel de Física en 2012 y miembro de la actual Misión de Sabios, concluyó su charla ante un auditorio compuesto por académicos, estudiantes universitarios, bachilleres y público en general, que se reunió el pasado 17 de junio en la Pontificia Universidad Javeriana para escucharlo hablar sobre la importancia de la verdad científica en una era donde la información falsa (las llamadas fake news) circula libremente al alcance de todos.

Haroche, una de las más destacadas mentes en el campo de la física cuántica, las leyes que aplican al universo de las partículas, de los átomos y de los fotones, resaltó la importancia de que el ciudadano de a pie recurra a fuentes de alto valor científico para que no sea presa fácil de intereses políticos o particulares, ni para que ponga en riesgo su salud al hacer caso a información no cotejada ni probada por la ciencia.

En su visita, y tras diversas reuniones con académicos para tratar temas específicos de su trabajo, habló con Pesquisa Javeriana y resaltó la importancia de las nociones cuánticas, como la de la superposición (la posibilidad de que un elemento se encuentre en dos estados al mismo tiempo), en la vida cotidiana:

Durante su intervención en la Javeriana, Haroche destacó que cualquier innovación científica es el producto del trabajo previo que otras mentes han producido, generando así un camino que permite la generación de nuevos conocimientos y la aplicación de nuevas teorías; asimismo, recalcó que todo investigador debe atribuirle una porción de su éxito a la suerte.

Dos elementos que, él mismo reconoce, han estado presentes en su historia personal.

Haroche no dudó en resaltar que el trabajo en la ciencia no solo es posible para cualquier país, sino que es un camino deseable sin importar de dónde se parta. Al respecto, y poniendo como ejemplo a Corea del Sur, destacó el camino que una sociedad como la colombiana debe seguir para consolidar progresos a nivel científico.

“Hace 60 años, Corea del Sur era un país incluso más pobre que Colombia pero hizo un tremendo esfuerzo por educar a su población, por desarrollar la investigación, y ahora es uno de los países más ricos del mundo, con uno de los mejores sistemas educativos del mundo y empresas de talla mundial como Samsung”, aseguró, destacando que la fórmula surcoreana reside en la inversión de grandes cantidades de recursos a la ciencia: “Para lograrlo, hay que realizar inversiones constantes en el tiempo”.

Por último, el científico francés hizo una recomendación especial para que Colombia logre desarrollar todo su potencial científico:

Datos sobre Serge Haroche

● De nacionalidad francesa, nació en Marruecos en el seno de una familia con tradición de profesores. Se trasladó a Francia a mediados de los años 50, cuando terminó la etapa del protectorado francés en la nación africana.
● En 1971 obtuvo su doctorado en física de la Université Paris VI (hoy conocida como Université Pierre et Marie Curie). Su tutor fue el físico Claude Cohen-Tannoudji, quien recibió el Nobel de Física en 1997.
● Haroche es reconocido por su trabajo en espectroscopia láser, campo en el cual se utiliza este instrumento para estudiar la interacción entre la materia y la radiación electromagnética.
● Su trabajo más reconocido es la creación de una trampa de fotones usando láseres y espejos superconductores curvados; al capturarlos, pudo estudiar las interacciones cuánticas entre la luz y la materia.
● Por estos experimentos recibió el Premio Nobel de Física en 2012, el cual compartió con el físico estadounidense David J. Wineland.

Conocimiento y educación, la fórmula de los sabios para Colombia

Conocimiento y educación, la fórmula de los sabios para Colombia

Luego de cuatro meses de deliberaciones, los ocho grupos que conforman la Misión internacional de sabios, convocada por el presidente Iván Duque en febrero pasado, se reunieron en el Parque Explora de Medellín a comienzos de esta semana para entregar sus primeras recomendaciones.

Se destaca el énfasis en la necesidad de una educación diferente, en la que haya diálogo de saberes, en un contexto que requiere maestros mejor preparados frente a la primera infancia y la formación de alto nivel. Una economía basada en las riquezas naturales y culturales para lograr un desarrollo sostenible, una evolución tecnológica para responder a los retos de la Industria 4.0, la reconversión del actual sector productivo para reorientar y aumentar su productividad o el estímulo a los emprendimientos.

En esta Primera Cumbre de la Misión Internacional de Sabios, sus 47 integrantes no solo discutieron sobre los temas de los grupos, también manifestaron su posición frente a la coyuntura actual del país en dos cuestiones puntuales: la implementación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que debe entrar en funcionamiento en enero de 2020, y la financiación de la investigación científica.

En la actualidad “estamos invirtiendo 0,27% del PIB en ciencia y tecnología, algo inaceptable tanto para países de la región como para los de la OCDE”, aseguró Silvia Restrepo, coordinadora de ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’, uno de los ocho focos temáticos de la Misión que convoca el Gobierno Nacional para construir herramientas en el ámbito territorial, productivo e institucional que faciliten soluciones prácticas a los desafíos del desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación aplicada en el país.

Para que Colombia avance en esta materia, la inversión es vital. Por eso, la propuesta de eliminar la obligatoriedad de los gobernadores de destinar un 10% de regalías a este rubro preocupa a la vicerrectora de Investigación de la Universidad de los Andes, Silvia Restrepo, quien espera que dicha iniciativa no surta efecto en el Congreso.

“Si queremos aumentar no podemos dar pasos atrás porque, si no, quedamos en nada. Este país tiene que apostarle a la ciencia, la tecnología, la innovación y a la economía basada en conocimiento”, enfatizó la investigadora, quien aseguró además que en la actualidad una universidad pública o privada invierte más de sus propios fondos que lo que invierte Colciencias para todo el sistema de universidades. Por ejemplo, para programas de investigación solo destina 200.000 millones de pesos.

“Creo que tenemos que mejorar esto y hacer un programa muy robusto. Ahora, se va a crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y ese tiene que ser el que dé las pautas de política pública, pero tenemos que tener una agencia (como la que hoy es Colciencias) que reparta esos recursos de mejor manera”, le manifestó Restrepo a Pesquisa Javeriana.


Universalización de la educación de calidad y en contexto

La educación es el eje transversal de la Misión Internacional de Sabios para conceptualizar hacia el futuro la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia. En este sentido, desde el foco ‘Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad’, coordinado por el economista Clemente Forero, se proponen dos estrategias: la universalización de la educación de 0 a 5 años, y también de la educación secundaria de calidad.

En relación con la primera, el economista enfatizó en que antes de los tres años se forma el 90% de todas las conexiones neuronales en los niños. En otras palabras, el llamado es a que haya equidad en las oportunidades de acceso a la educación por parte de todos los colombianos desde esa instancia de la vida.

A propósito de las equidades e inequidades, para Sara Alvarado, psicóloga javeriana e integrante de dicho foco, estas tienen distintas raíces, pero una específica en el país es la no atención a la primera infancia. Al subrayar la importancia de un trabajo articulado en esta etapa, incluso desde la gestación, centrado en la familia y en la comunidad, destacó la idea de crear centros de investigación y desarrollo familiares y comunitarios en las cabeceras municipales donde se produzca investigación de alto nivel en territorio con las madres, familias y comunidades.

De otro lado, también se propone articular la formación en maestría y doctorado que existe en las regiones, pero con anclaje en el entorno. Acerca de la formación de alto nivel, Forero cree pertinente relanzar el programa nacional de investigación y estudios científicos de la educación en Colciencias, un programa que para él imprimió una dinámica interesante en los años 90 y comienzos de la década del 2000, pero que “se volvió a fundir con ciencias sociales y perdió mucho de su dinámica”.

En cuanto a la segunda estrategia, la educación secundaria de calidad, la idea es que los estudiantes de todas las regiones del país estén muy conectados con la producción, la economía y el desarrollo de sus comunidades locales.

Al respecto, el neurofisiólogo Rodolfo Llinás, médico javeriano e integrante del foco ‘Ciencias de la Vida y la Salud’, manifestó que después de dos décadas de la anterior Misión de Sabios la situación del país en materia de educación no ha cambiado mucho y “seguirá siendo mala hasta que no se haga en contexto”. Llinás explicó que bajo el esquema actual se utiliza la parte del cerebro que tiene que ver con memorizar, pero no con entender y utilizar las ideas en otros aspectos.

Esto tiene una implicación en la educación de los maestros, que han sido educados para formar en contenido; la nueva apuesta sería formar en procesos de desarrollo, señaló Alvarado, quien enfatizó además en la importancia del bienestar personal como estrategia, ya que tiene que ver con el desarrollo de la emocionalidad, la capacidad humana de sentir y conmoverse con el otro, pero además de sentirse bien consigo mismo.

Roberto Llinás (izq.), neurocientífico colombiano, y Jhon Jairo Arboleda, rector de la Universidad de Antioquia.
Rodolfo Llinás (izq.), neurocientífico, y Jhon Jairo Arboleda, rector de la Universidad de Antioquia.


Ciencia de siguiente generación

Desde el foco ‘Océano y Recursos Hidrobiológicos’ se reconoce a Colombia como un país de tres mares: Pacífico, Caribe y  continental (ríos, lagos, lagunas, estuarios, humedales, aguas freáticas y subterráneas), una perspectiva clave porque la educación dentro de este enfoque abarca más allá de la frontera continental, expresó su coordinador el biólogo marino Andrés Franco, director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales y de la Sede Santa Marta de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, para quien el conocimiento debe favorecer la conectividad regional y la calidad de la educación y de los ecosistemas del país.

Teniendo en cuenta que los departamentos con mayor riqueza marítima, como La Guajira, Chocó y San Andrés, poseen los más altos índices de analfabetismo y desnutrición, los expertos recomiendan a la educación media como el punto donde centrar esfuerzos, mostrando el conocimiento como un proceso en construcción y no como algo que debe contemplarse, indicó Juan Armando Sánchez, biólogo marino y líder del Grupo Biommar de Uniandes. En el centro de esta idea los profesores juegan un papel estratégico.

Así mismo, en dicho esfuerzo es necesario incorporar el criterio de regionalización, ya que no se les puede enseñar ciencias biológicas de igual manera a un chico del Amazonas que a otro de La Guajira, señaló Franco, ya que el desarrollo territorial sustentable en el país y en sus regiones debe abarcar no solo la riqueza ambiental sino también la intelectual.

A esto se suma, acotó Franco, que el 50% del territorio colombiano son mares y muchos de los procesos que se están dando asociados con el cambio climático tienen respuesta en los océanos, como también sucede en las nuevas estrategias para brindar seguridad alimentaria.


Un ministerio de conocimiento más allá de lo científico

Para el músico Óscar Hernández, asistente de Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana e integrante del foco ‘Industrias Creativas y Culturales’, es importante la transversalidad en la educación desde la primera infancia hasta la formación de alto nivel, pero sobre todo con retroalimentación mutua de distintas formas de conocimiento, es decir, no se trata solo de que los científicos complementen su formación con arte y cultura, sino que los artistas también aprendan de ciencias. Por eso, recomendó que en todos los niveles de la educación debe haber un trabajo colaborativo permanente entre distintas formas de conocimiento.

Por otra parte, dicho foco ve a las industrias creativas inmersas nutriéndose de la producción cultural de las tradiciones, es decir, de lo que construye las identidades. De ahí que su invitación sea a entender la diversidad de las formas de producción de conocimiento, la creación y el arte no solo como unas actividades subsidiarias o complementarias, sino que producen unas formas de conocimiento centrales en la industria creativa, lo que para este investigador debe estar presente en la concepción del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación.

Precisamente, con base en esa concepción, “nuestra propuesta es pensar la nueva institucionalidad más como un ministerio de Conocimiento, que vaya más allá de lo científico y, si es posible, cambiarle incluso el nombre, aunque sabemos que la Ley habla explícitamente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación”, expresó Hernández, para quien esta fórmula puede propiciar un diálogo de saberes que conecten esas otras formas de conocimiento tradicionales del patrimonio cultural con la producción científica, para así potenciar el desarrollo del país.

Por su parte, Édgar Puentes, coordinador del foco ‘Industrias Creativas y Culturales’, destacó la relevancia de la formación básica en arte y cultura desde edades tempranas que contribuya con la construcción de audiencias y públicos para estas industrias. También aseguró que hay una escasez de formación de alto nivel (maestrías y doctorados) en disciplinas creativas. Las cifras de Colciencias muestran que, entre 2009 y 2017, solo se dieron 20 apoyos (en becas de doctorado) para formación en arte frente a 965 en ingenierías y 754 en ciencias básicas.

Además, Puentes señaló que en Colombia existe una política artística nacional, pero “lo más curioso es que los ministerios no la conocen, ni el de Cultura ni el de Educación, y no se ha implementado. Muchas veces desarrollamos las políticas, pero no las ponemos en práctica”.

De izquierda a derecha: Édgar Puentes, compositor; Óscar Hernández, músico; y Jorge Humberto Pelaez, S.J., rector de la Pontificia Universidad Javeriana.
De izquierda a derecha: Dolly Montoya, rectora de la Universidad Nacional de Colombia; Édgar Puentes, compositor; Óscar Hernández, músico; y Jorge Humberto Pelaez, S.J., rector de la Pontificia Universidad Javeriana.


Reconvertir el sector productivo

María del Pilar Noriega, ingeniera química y coordinadora del foco ‘Tecnologías Convergentes –Nano, Info y Cogno- Industrias’, afirmó que combinar este tipo de tecnologías, como biotecnología, nanotecnología, tecnologías de la información y las ciencias cognitivas, llevaría a la cuarta revolución industrial, la industria 4.0, donde el país tiene una gran oportunidad.

“Podemos involucrar a la gente joven a través de emprendimientos, spin off y start up, pero también se puede contribuir con la modernización de las industrias del sector productivo colombiano, de la academia, de las universidades y de institutos de investigación. Creemos que es algo prometedor. También es una estructura básica y crítica que, en conjunto con los otros siete focos, puede hacer una sinergia importante para el progreso del país, que es lo que realmente queremos como gran contribución de la Misión”, dijo.

Este foco le apunta a reconvertir el sector productivo de la actualidad para reorientar y aumentar su productividad con la ayuda de estas tecnologías, por ejemplo, en manufactura avanzada y manufactura aditiva (impresión 3D, desde kínder hasta la universidad), en nuevos materiales con apoyo de la biotecnología, en química e industria verde, en las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, o lo que el ingeniero mecánico Tim Oswald, integrante de este foco, denominó como una arquitectura crítica para la oportunidad global, es decir, una conectividad de alta velocidad en internet para todo el país con el fin de contribuir con la educación digital y el aprendizaje activo.

Así mismo, este foco le apuesta a que se creen nuevas empresas, es decir, apoyar a la gente joven con todas las herramientas empresariales y, además, a la retención del talento humano, para lo que se necesita avanzar en la tecnología.


Experimentación permanente

Crear centros de investigación para resolver grandes problemas colombianos que, más que edificios, consistirían en una conexión de relaciones virtuales con capacidad de reducir los costos de financiación de los investigadores individuales en su relación con la sociedad, es una de las estrategias propuestas por Juan Benavides, ingeniero eléctrico y coordinador del foco ‘Energía Sostenible’.

Este investigador también destacó cuatro retos a los que Colombia le debe apuntar en este campo: primero, configurar un portafolio balanceado de todas las energías, cada una aportado en la proporción adecuada en costo, firmeza, confiabilidad y calidad de servicio; segundo, crear unos centros de investigación en energías transversales como instrumentación, control, en microrredes, entre otros, para que sean utilizados por todas las formas energéticas.

Tercero, aumentar el presupuesto de investigación en energía, posiblemente con un porcentaje corporativo gravable de las grandes compañías; y cuarto, tener un esquema regulatorio que sea favorable a las nuevas tecnologías y nuevas modalidades de negocio, y que permita la experimentación como se hace en Estados Unidos e Inglaterra, donde se da de una forma permanente porque no se sabe para dónde va la evolución tecnológica y hay que aprender mediante la experimentación.


Bioeconomía como programa emblemático de Colombia

Para lograr una bioeconomía transversal no solo es necesaria la formación ambiental y de la biodiversidad desde la primera infancia, sino entender que es un tema regional. De ahí la importancia de la regionalización en la bioeconomía y en la educación, así como de llevar esos contenidos a las escuelas de todo el país, planteó Silvia Restrepo, coordinadora del foco ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’, quien destacó que las universidades acreditadas deben generar conocimientos y llevar esos contenidos a las regiones más apartadas.

De esta manera, Restrepo propuso que Colombia debe adoptar la bioeconomía como un programa emblemático que se basa en el conocimiento y la conservación de los medios naturales, así como en darles un uso sostenible. “Esa es la riqueza que tiene Colombia. El petróleo, el carbón y todos los métodos extractivistas se acaban en algún momento y el país puede pensar en sus recursos naturales usados con conciencia, con base en los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, afirmó.

Por otra parte, Restrepo aseguró que ya es hora de que Colombia tenga un Museo Nacional de Historia Natural y Cultural, lo que contribuiría a establecer una cultura de la ciencia a todo nivel porque, explica, el país tiene que tener una sociedad con poder de discernimiento, que entienda para qué es la ciencia, la tecnología y la innovación.

Elizabeth Hodson, investigadora javeriana y miembro del foco 'Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente'.
Elizabeth Hodson, investigadora javeriana y miembro del foco ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’.


Salud: nuevas tecnologías y gestión de la ciencia

Crear una red de centros de educación para la formación en ciencias e investigación dirigida a la formación de docentes, con presencia en las ciudades más desarrolladas y en varias regiones del país, y que vincule a los niños, a los jóvenes y a los profesionales, es una propuesta emblemática del foco ‘Ciencias de la Vida y la Salud’.

De otro lado, el uso de nuevas tecnologías en la educación en salud, de acuerdo con el médico Pablo Patiño, integrante de este foco, requiere que los profesionales, los investigadores y la población en general las conozcan, por ejemplo, las de diagnóstico molecular para poder determinar su costo-beneficio en los sistemas de salud.

Además de que se requiere personal formado que entienda la gestión de la ciencia, la tecnología y la innovación, un factor fundamental en este punto es el papel como formador por parte del médico y del profesional de la salud. Este es uno de los retos para dar respuesta desde los sistemas de salud no solo desde el acceso a las nuevas tecnologías, sino para disminuir las presiones que ejercen las poblaciones a la demanda de servicios que muchas veces son de alto costo y que no son necesariamente los más adecuados, resaltó Patiño.

Este investigador indicó que existe una brecha en la orientación de la política científica y tecnológica, en la perspectiva de la educación en ciencia, tecnología, innovación y cultura, y en la carencia de políticas éticas y condiciones éticas que regulen el quehacer de la ciencia y la tecnología.


Compromiso para que se acojan las recomendaciones

En relación con ‘Ciencias Básicas y del Espacio’, el reto de este foco para su coordinador, Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, es convencer a la gente de que son importantes no solo para la formación de los individuos y de la sociedad sino para los desarrollos tecnológicos y, en definitiva, para el progreso cultural, económico y social de Colombia.

Desde este foco aspiran a que el país construya políticas de largo plazo y no de un gobierno. “Hay gobiernos que solo tienen tres políticas dentro de su mandato y lo ideal es que sean políticas de Estado, que permanezcan a lo largo del tiempo”, aseguró Wasserman. “Tanto en educación, en ciencia y en desarrollo social las cosas no se hacen en corto tiempo sino a largo plazo. Y uno de nuestros problemas son las discontinuidades, las reversas, los cambios de foco y los cambios de prioridades”.

“La Misión anterior hizo recomendaciones y muchas de ellas no se realizaron, es una preocupación que compartimos con todo el mundo. Por eso, muchos de nosotros pensamos que al final de esta Misión vamos a exigir un poco de compromiso, más explícito y claro por parte del Gobierno, de que algunas de esas recomendaciones por lo menos se acojan y que podamos delinear algunas vías, algunos procedimientos que, si se implantan nada se garantice, pero que por lo menos generen un marco en el cual sea posible realizar las recomendaciones que hacemos”, concluyó Wasserman.

 


*Colaborador de Pesquisa Javeriana desde Medellín. Periodista científico y profesor de la Pontificia Universidad Bolivariana.