Conflicto colombiano, una materia que se raja en los libros escolares

Conflicto colombiano, una materia que se raja en los libros escolares

Si hay algo que ha atravesado todos los ámbitos de la historia reciente de Colombia ha sido el conflicto armado. Múltiples actores, dinámicas, motivaciones, formas de violencia, políticas estatales, contextos locales, regionales y nacionales disímiles lo hacen un fenómeno muy complejo de entender.

Al ser un tema tan cercano y determinante para las condiciones del país que tenemos hoy en día, surge la pregunta de cómo se enseña toda esta complejidad en los colegios.

En el marco de un convenio establecido entre la Comisión de la Verdad y varias facultades de la Pontificia Universidad Javeriana, entre ellas la Facultad de Educación, investigadores indagaron sobre la información relacionada con el conflicto colombiano en textos escolares oficiales elaborados por el Ministerio de Educación Nacional, MEN, y por editoriales comerciales.

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Imagen extraída de uno de los textos oficiales analizados por las investigadoras.

El conflicto armado colombiano en textos escolares

Esta investigación analizó 14 textos escolares publicados desde 1994, año en que el MEN decretó los lineamientos curriculares para la enseñanza de las Ciencias Sociales.

El estudio reveló que solo en los libros publicados en los últimos años se reconoce la existencia del conflicto. “Fue una transformación que se reconociera que en Colombia hay un conflicto armado interno. Años atrás se hablaba de factores generadores de violencia, pero en ese tratamiento se hace una lista igual entre narcotráfico, guerrillas, paramilitares, delincuencia común y tráfico de armas, ubicándolo todo al mismo nivel”, explica Gloria Bernal Ramírez, docente de la Facultad de Educación.

Aun así, y según la investigación, es poco el tiempo de enseñanza que se le dedica a este tema, pues solo durante noveno grado se estudia el conflicto armado colombiano. En ningún otro año escolar se aborda este contenido y cuando se trata inicia desde “El bogotazo” hasta el Acuerdo de paz con las Farc -Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-.

Sin embargo, no es un plan de estudios monotemático, pues a la par de la historia del conflicto se deben incluir, durante ese mismo año, temas de geografía e historia y parece un lapso muy limitado para reflexionar sobre las múltiples aristas de una problemática que aqueja de varias décadas de duración.

El informe alerta sobre la naturalización y banalización del conflicto y de fenómenos violentos tan sensibles como el desplazamiento.

“Encontramos reiteradamente la idea de que Colombia es un país violento, lo dicen de forma natural. Hay un texto que lo menciona así: cuando se habla del territorio, se habla de conflicto. También se justifica el desplazamiento diciendo que siempre ha habido movilizaciones, gente que se mueve de un lado al otro, por ejemplo”, sostiene Clara Inés Cuervo, otra de las investigadoras.

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Imagen extraída de uno de los libros analizados, en el cual se equipara la noción de territorio con conflicto.

Advierte el estudio que buena parte de los contenidos corren por cuenta de los estudiantes, en actividades individuales y en grupo con exposiciones, discusiones o investigaciones propias. Sin embargo, los mismos libros incluyen las páginas web que deben consultar, por lo que no hay libertad para la búsqueda autónoma. En este proceso, depende del profesor seguir o no la guía que imparte el libro.

Advierten las investigadoras que antes de 2017 (año en el que se expidió la Ley 1874 que restablece la enseñanza obligatoria de la historia de Colombia en la educación básica y media) se incluían en los libros temas correspondientes a la historia de Colombia, según lo indicado por los Lineamientos Curriculares expedidos en 1974.

Estos contenidos estaban relacionados con historia y geografía y los criterios centrales para incluir o no un tema eran, básicamente, políticos y económicos: sucesos importantes y los gobiernos que participaron en ellos. Aquí prima la información que podría considerarse oficial, dicen las expertas.

Los textos posteriores a la Ley 1874 incluyen referencias al proceso de paz, al Acuerdo de La Habana e invitaciones a la convivencia pacífica. Pero el enfoque continúa siendo más informativo que analítico. En el estudio, llama la atención que los textos elaborados por el MEN dentro de la política de Modelos Educativos Flexibles no fueron actualizados con respecto a esta norma y siguen vigentes los que se publicaron en 2010.

Más allá del texto

Esta investigación utilizó una metodología que tiene en cuenta tanto al texto como otros elementos que lo complementan: el análisis multimodal del discurso. “Quisimos mirar cómo se narra el conflicto armado colombiano con los diferentes lenguajes que se encuentran en los libros escolares, es decir, no solo lo escrito sino las fotografías, las ilustraciones y las imágenes”, dice la docente Bernal.

“Encontramos que el uso de imágenes es, por lo menos, descuidado, por no atribuirle intenciones perversas a quienes hacen los libros. Pero sí quedan muchas dudas sobre el mensaje que se transmite, más ahora cuando la cultura visual es cada vez más fuerte y los apoyos gráficos utilizados están cargados de significados”, agrega Bernal.

Uno de estos ejemplos se da en el apartado de la Ley de Víctimas de uno de los libros: se presentan fotos de población civil y de militares y a ambos se les presenta como víctimas del conflicto. Esta comparación es errónea porque los militares, al ser parte del conflicto, como agentes del Estado, no son considerados víctimas por la ley 1448 de 2011.

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Imagen extraída de uno de los libros analizados.

Dicha norma reconoce como víctimas a civiles que sufrieron desplazamiento forzado, despojo o abandono forzado de tierras, homicidio, secuestro, tortura, desaparición forzada, reclutamiento de menores, minas antipersona y delitos contra la libertad sexual.

También sucede que en varios textos se exponen fotos de campesinos en las que se les muestra como sujetos pasivos, sin organización o iniciativas propias frente a las diferentes formas de violencia que han padecido, asegura el estudio.

“Al campesino es al que más se mira de lejos. La visión de la ruralidad es muy limitada, casi que se puede hacer la equivalencia de que ruralidad es igual a agricultura. En los libros escolares se olvidó a la gente que vive en el campo o aparecen como víctimas, cultivan la tierra o hacen fiestas, no se muestra nada más”, manifiesta Bernal.

Un conflicto de hechos y figuras

Alejandra Bolívar es egresada de la maestría en Educación de la Javeriana, asistente editorial de la Revista Magis y participó en este estudio. Para ella uno de los puntos problemáticos es la forma en que se cuenta el conflicto. Explica que se usa el narrador omnisciente, una forma de relato lineal en la que los hechos tienen un inicio y un final. Para ella resulta cuestionable porque desarticula todas las dinámicas históricas y evita que se entienda de forma integral.

“Se tiende a hablar del conflicto en pasado, no hay una línea narrativa que conecte los sucesos ni se relacionan algunos que son consecuencia de otros. Esto lleva a que sea una historia de hechos puntuales y separados y que no se problematice para entender su complejidad. Se entiende todo como una violencia general”, dice la investigadora.

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Imagen extraída de uno de los textos oficiales analizados por las investigadoras.

Así entonces, se presentan constantemente las acciones de los gobiernos y de las fuerzas militares como las soluciones adecuadas y definitivas para muchas situaciones en el marco del conflicto. De esta forma quedan por fuera del análisis para comprender que tantas décadas de conflicto han sido resultado de acciones previas y que cada una tiene sus particularidades con responsabilidad, incluso, del mismo Estado y las fuerzas militares.

Por otro lado, pero con un tratamiento similar, los textos analizados se suelen enfocar en actores puntuales, generalmente jefes de grupos armados y presidentes. Si bien son importantes para el desarrollo de la historia, dejan por fuera muchas voces que han sido fundamentales, pero, sobre todo, las voces de las víctimas.

Un reto pedagógico

Las investigadoras reconocen que no es sencillo enseñar el conflicto a jóvenes. Por un lado, como ya se ha mencionado, es un proceso social con muchas aristas que lo hacen difícil de entender. Por otro, implica temas sensibles abiertos a interpretación, lo que se convierte en un asunto de discusiones políticas.

“Estos textos son un terreno seguro para el profesor porque si los sigue como están estipulados, nadie le va a decir que está adoctrinando a los estudiantes, como ya se ha visto. Podríamos decir que es la historia oficial y uno diría que los textos son cada vez más políticamente correctos y no implican comprometer al docente”, afirma la profesora Bernal.

Frente al último punto, la investigación concluye que el tratamiento de los temas de forma tan ‘aséptica’ lleva a que los estudiantes lo analicen de forma impersonal, lo cual va a impactar en sus capacidades ciudadanas a futuro.

“En la pedagogía nos hacemos una gran pregunta: ¿Cómo involucramos a los estudiantes en las discusiones importantes de su contexto, de su vida? Aquí la decisión es que eso lo haga otro porque la postura es distante, es una sola versión de la historia”, manifiesta la profesora Bernal.

“Los textos analizados evidencian un discurso monológico que acepta solo una mirada como válida, no incluye otras voces. Eso está muy en contradicción a todo lo que queremos, un lector que no recite los contenidos, sino que pueda analizar críticamente, evaluar la confiabilidad de las fuentes y construir posturas propias”, agrega la profesora Cuervo.

Educación, más que las notas: salud, paz y bienestar

Educación, más que las notas: salud, paz y bienestar

Cuando se trata de educación es normal que se midan aspectos como el desempeño académico o la deserción escolar, pero poco se habla de las causas que podrían estar afectando estos indicadores.

Temas como la salud, la convivencia pacífica e incluso las mismas condiciones físicas de la escuela se dejan de lado en las mediciones oficiales aun cuando son determinantes para un buen proceso educativo.

Estos factores de bienestar son los que permiten un estado físico y mental de tranquilidad para que los estudiantes puedan tener mejores rendimientos en sus estudios.

Frente a este panorama, el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, y Escalando Salud y Bienestar, una organización especializada en estos temas, realizaron durante el último año el estudio Índice Welbin Colombia 2021.

En este informe participaron 1373 establecimientos educativos privados, oficiales, urbanos y rurales de los 32 departamentos, los cuales atienden a más de 774 mil niños, niñas y adolescentes, entre los que hay estudiantes con discapacidad, migrantes y población indígena.

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El Índice Welbin es un instrumento técnico y práctico para monitorear y mejorar las condiciones en los entornos escolares y mide cinco dimensiones con puntajes del cero al cien: políticas, planes y estrategias para el cuidado de la comunidad educativa; los entornos; la educación para la salud; los servicios de alimentación y nutrición; y las alianzas con actores comunitarios.

Según el Ministerio de Educación, en Colombia hay 18.644 establecimientos educativos

La investigación revela que gran parte de los niños, niñas y adolescentes estudiantes del país no cuenta con las condiciones mínimas en su entorno formativo.

El 57 % de los colegios oficiales y el 71 % de los rurales incluidos dentro de la medición no tienen agua potable para beber o preparar alimentos. Además, el 12 % de las instituciones educativas del país carecen de servicio de acueducto y sus fuentes de agua son subterráneas, superficiales o de lluvia. Además, en el 22 % de los colegios rurales falta agua para el lavado de manos.

El informe que demuestra que los colegios encuestados cumplen con solo el 55 % los estándares de salud y bienestar escolar.

Para Luz Karime Abadía, codirectora del LEE, estos datos revelan grandes deficiencias en la educación de los niños del país. “Hay cosas que son básicas, es inadmisible que no estén y en cualquier colegio deberían ser la prioridad. En pleno siglo XXI deberíamos estar pensando en otras cosas, pero no hemos cumplido con los básicos como agua potable o baterías sanitarias”, dice.

Abadía hace un llamado a las autoridades nacionales para responder a las muchas necesidades que se viven en los colegios. “Se necesitan políticas y acciones urgentes del Ministerio de Educación que vayan en línea con las secretarías de educación para suplir estas deficiencias”, argumenta.

La investigación muestra que solo el 26 % de los colegios monitorea peso y talla de los estudiantes y el 42 % no tiene ningún estándar para promover la alimentación saludable y prevenir riesgos asociados.

También revela que solo el 60 % de los colegios evaluados sensibilizan a estudiantes sobre salud y cuidado menstrual; a pesar de que una de cada cuatro niñas ha faltado a clases por síntomas asociados a la menstruación, solo el 19 % provee materiales para su atención.

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¿Por qué evaluar el bienestar en los colegios?

Para Daniel Tobón, director de Escalando Salud y Bienestar, resulta fundamental conocer estos datos porque permiten el regreso normal a las clases presenciales, y más cuando por causa de la pandemia 3,5 millones de niños pasaron 18 meses sin asistir al colegio.

“Tenemos evidencia de que, por situaciones de salud, más o menos el 20 % de los niños desertan del colegio y, por ejemplo, puede subir hasta el 35 % en la población indígena. Las enfermedades gastrointestinales, respiratorias o depresión pueden explicar hasta el 20 % de la reprobación de año escolar y hasta el 25 % del ausentismo escolar. Son temas que tradicionalmente ocurren en estas edades”, explica el investigador.

Dentro del informe también preocupa la baja atención en salud mental, pues aunque el 88 % de escolares sufrieron de este tipo de afectaciones que pueden estar asociadas al aumento de 9 % de suicidios en el país, solo el 20 % de los colegios presta servicios para la identificación, derivación y atención para este tipo de situaciones y, en general, el 61 % de escuelas rurales y el 42% de los oficiales no tienen personal para acompañamiento psicosocial.

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Más bienestar, más rendimiento, mejores sociedades

Tobón expone que este tipo de evaluaciones apunta a mejorar la calidad de vida de los estudiantes, lo cual repercute en su rendimiento escolar.

“Programas muy estructurados de salud y bienestar en otros países muestran que podemos aumentar el desempeño académico, disminuir los síntomas de depresión, tristeza, autolesiones, intentos de suicidio, peleas y otros comportamientos de riesgo”, añade.

Según el estudio, los colegios con programas de salud y bienestar escolar han demostrado disminuir la depresión y la tristeza entre un 5 % y un 6 %, reducir el ausentismo escolar entre un 20 % y un 60 % y aumentar los indicadores de desempeño académico entre 0.45 y 0.6 puntos según las evaluaciones.

Para Luz Karime Abadía, condiciones más adecuadas en los entornos académicos promueven sociedades con mejores hábitos.

“En la medida en que desde muy pequeños les enseñemos cómo tener hábitos de autocuidado y cuidado colectivo, como sociedad, vamos a estar mejor. Por ejemplo, si aprenden cómo alimentarse bien, saben sobre salud sexual y reproductiva o de la importancia de lavarse las manos y lavar los alimentos, todos vamos a estar mucho mejor”, señala.

Además, Abadía afirma que la salud y la educación son dos de las áreas más importantes para medir el bienestar económico, aspectos que promueven e impactan directamente en la desigualdad social.

“En este índice encontramos las grandes desigualdades que siempre son evidentes en Colombia y que están acentuadas en términos de los colegios que están ubicados en el área rural que en su mayoría son oficiales”, dice.

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¿Una responsabilidad de todos?

Esta evaluación también permite identificar la responsabilidad de los diferentes actores relacionados con el proceso educativo y cómo cada uno puede contribuir a generar mejores condiciones para los estudiantes.

“Para nosotros, como investigadores, el colegio es un ecosistema donde confluyen múltiples actores, programas y servicios. Al colegio le corresponden algunas cosas, a los estudiantes otras, las familias también deben involucrarse en hacer una alianza familia-escuela, a los puestos de salud, pero también muchas responsabilidades más arriba: secretarías de educación, de salud y por supuesto a nivel nacional tenemos grandes responsabilidades”, manifiesta Tobón.

Sin embargo, Abadía es enfática en que el gobierno nacional debe hacer más esfuerzos por ofrecer mejores condiciones de los colegios en el país. Dice que por más que los actores locales tengan iniciativas propias, aún hay deficiencias considerables en infraestructura y políticas para garantizar el bienestar de los niños, niñas y adolescentes.

Aprender de las buenas experiencias

Un colegio público fue el mejor calificado del país en el índice Welbin, a pesar de que en su mayoría son los colegios privados y urbanos los que obtienen mejores puntajes. Es por ello que los expertos ven en el intercambio de conocimientos una estrategia que permita compartir las buenas prácticas.

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Tanto Tobón como Abadía esperan que esta medición sea un incentivo para que a nivel local y regional mejoren sus indicadores y las condiciones para los estudiantes.

“Nosotros aspiramos a que cada año los rectores sepan que viene el índice y que hay que responder la encuesta. De esta forma pueden empezar a hacer acciones en las dimensiones que tienen más rezago o un puntaje más bajo. Así, en la siguiente medición se puede comparar a fin de mejorar”, expone Abadía.

Ambos investigadores coinciden en que el aporte de la academia con este tipo de iniciativas es proporcionar información que tal vez los gobiernos regionales o el nacional no tienen capacidad de recolectar porque están implementando otros planes, pero que en el futuro, se podrían complementar para reconocer a quienes lo hacen bien y apoyar a quienes todavía tienen falencias.

“Necesitamos generar unos incentivos para decir: esto lo están haciendo muy bien, entonces reconozcámoslo, apoyémoslo, llevemos recursos de manera focalizada. No todo el mundo necesita agua, algunos necesitan conectividad, otros requieren sistemas de ventilación. Se trata de utilizar la información y yo creo que entre todos podemos hacer que esta rendición de cuentas sea mucho más precisa”, finaliza Tobón.

Camino al sol: el juego de mesa para aprender de arquitectura prehispánica

Camino al sol: el juego de mesa para aprender de arquitectura prehispánica

Esta nota se publicó originalmente en la edición 57 de Pesquisa Javeriana con el nombre de Aprender jugando para llegar al sol.

El camino es circular y las fichas deberán moverse para ir ganando las propiedades que permitan construir una de las ocho ciudades prehispánicas seleccionadas. La última pieza se conseguirá al llegar al sol, pero primero habrá que hacer ofrendas y sacrificios, y enfrentar retos para recibir la gracia de los dioses mayas, aztecas, incas y taironas, que guiarán el tránsito a una de las estrellas sagradas en la cosmovisión de estas culturas.

El azar también será determinante. Los dados, ideados a partir de la numerología maya, que concebía el cero como una semilla o concha y el cinco como una barra horizontal, ayudan a completar las seis caras del poliedro que dirigirá el camino de quienes asuman este viaje, o Camino al Sol, un juego de mesa que combina la idea del patolli (un juego de apuestas popular en la Mesoamérica de la época prehispánica) con algunas características del Monopolio y que busca mejorar el aprendizaje de la historia del periodo prehispánico para estudiantes universitarios de arquitectura.

De Prehispanópolis a Camino al Sol

“No recuerdo haber aprendido con juegos en la universidad”, comienza a contar Yenny Real, creadora de Camino al Sol y arquitecta con maestría en Restauración de Monumentos Arquitectónicos de la Pontificia Universidad Javeriana: “Me acuerdo que en una ocasión, durante el pregrado, cuando estábamos estudiando historia árabe, llevamos algo de comer que representara a la ciudad que estábamos viendo, eso fue lo más raro, el resto eran exposiciones y diapositivas. Se apagaba la luz en el salón de arquitectura y el profesor empezaba a hablar”.

Real es profesora de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Javeriana y, en el primer semestre de 2018, junto con sus estudiantes, decidió crear un juego de mesa que contrarrestara la pasividad y la monotonía en la que se traducía la enseñanza tradicional (exposiciones y evaluaciones) de los contenidos relacionados con la materia de Historia de la Arquitectura y Urbanismo Prehispánico, Hispánico y Moderno.

“La primera versión se llamó Prehispanópolis. Fue un ejercicio muy intuitivo con los estudiantes. Estábamos en la lluvia de ideas y hablaban de un parqués, de un Monopolio, referentes de lo que ellos jugaban en casa. Eso fue en 2018. Tal vez si se hace con los estudiantes de hoy, los referentes sean otros, quizás digan que hagamos una aplicación, algo como Preguntados (un videojuego de cultura general), pero esa generación alcanzó a jugar parqués, el juego de mesa en el que se reunían con otras personas”, relata Real.

Los 19 estudiantes que tomaban esa asignatura se dividieron en equipos para crear el mapa, las tarjetas, las fichas, las instrucciones y los demás objetos del juego, que se puso a prueba luego de una serie de exposiciones sobre las ciudades prehispánicas.

La inclusión de los estudiantes en la creación del juego generó motivación e hizo que poco a poco se descubrieran posibles mejoras en la redacción de las preguntas y en las dinámicas del ejercicio, las cuales, un año después, se aplicaron en Camino al Sol, la nueva versión de Prehispanópolis que también lideró Real y que se construyó en colaboración con una diseñadora industrial, que se encargó de la elaboración de la caja y de las divisiones internas; una arquitecta, que diseñó la parte gráfica e ilustró el juego; y un estudiante de Arquitectura, que había participado en Prehispanópolis.

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Estudiar jugando

“El aprendizaje basado en el juego (ABJ) es una estrategia pedagógica que utiliza la lúdica como una herramienta para cumplir con los resultados de aprendizaje de la clase, una herramienta que invita a la emotividad a través de, por ejemplo, un juego de mesa. No es jugar por jugar: se espera un aprendizaje al final”, explica Juan Guillermo Yunda, director de la Maestría en Planeación Urbana y Regional de la Javeriana y coautor de la investigación.

Para medir el aprendizaje que se alcanza con Camino al Sol se realizaron encuestas, tres entrevistas personalizadas y grupos focales con los estudiantes participantes, con el fin de obtener resultados tanto cuantitativos como cualitativos. El 90 % dijo que el juego fue emocionante y animado, el 75 % reconoció que esta metodología ayudó a mejorar la relación con sus compañeros y el 95 % se sintió más motivado para participar.

“Cuando los ponía a jugar se emocionaban por la competencia sana, soplaban los dados, estaba el que ayudaba a dar la respuesta, varias veces me quedé pasiva mirándolos interactuar y funcionar solos. Yo únicamente debía coordinar unos detalles, pero ellos le daban la velocidad a ese aprendizaje. Pasé de decirles que participaran a pedirles que hicieran silencio”, recuerda entre risas la docente.

En cuanto a las calificaciones, los resultados se compararon con una cohorte de 2017 que no jugó Camino al sol. La nota promedio de ese grupo fue de 6,5 sobre 10, mientras que la de quienes sí lo jugaron (2019) fue de 8,1. En 2017 la nota mínima fue 1 y en 2019, 5.

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Una propuesta con más aplicabilidad

Cuando Real y Yunda realizaban la búsqueda de referentes para el juego se encontraron con que, a nivel pedagógico universitario, la literatura acerca del ABJ es mínima, “pues el juego está relacionado con la infancia y se piensa que, como estamos grandes, no deberíamos aprender jugando”, puntualiza Real, y añade que “cuando alguien dice: ‘Juguemos algo’, algunos profesores le restan importancia a lo académico o lo descartan de una vez, descalifican el aprendizaje lúdico al verlo solo como algo para los pequeños”.

En su investigación destacan la perspectiva de María Isabel Alba Dorado, arquitecta de la Universidad de Málaga y autora del artículo “Estrategias formativas en la iniciación del aprendizaje del proyecto arquitectónico”, en el que sostiene que “el juego nos saca del orden obligado, de percepciones y concepciones habituales; nos abre hacia lo otro, lo inventado, lo imaginado, lo antes imperceptible e inconcebible, y genera un ambiente propicio para el aprendizaje”.

A Camino al Sol aún le faltan algunas pruebas, así como implementar mejoras para reducir los tiempos de juego ―que, según los estudiantes, pueden ser muy extensos― y ajustar algunas de las preguntas y tarjetas de información, que, entre otras cosas, tienen códigos QR para ser consultadas digitalmente. El objetivo es perfeccionar el juego “para aplicarlo a otra temática, ya no solo en arquitectura prehispánica, sino en arquitectura antigua y clásica, del Medioevo o del Renacimiento, sus obras y otras variantes, y así crear una línea de juegos para otras asignaturas de historia”, finaliza Real.

Para leer más:

Real, Y. y Yunda J. G. (2021). “Aprendizaje basado en el juego aplicado a la enseñanza de la historia de la arquitectura prehispánica”. Revista de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Cuenca, 10(19). DOI: https://doi.org/10.18537/est.v010.n019.a06

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:

Aprendizaje basado en el juego aplicado a la enseñanza
de la historia de la arquitectura prehispánica

INVESTIGADORA PRINCIPAL:

Yenny Andrea Real Ramos

COINVESTIGADOR:

Juan Guillermo Yunda
Facultad de Arquitectura y Diseño
Departamento de Arquitectura

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:

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El Sol: energía para la educación en la Alta Guajira colombiana

El Sol: energía para la educación en la Alta Guajira colombiana

Esta nota se publicó originalmente en la edición 57 de Pesquisa con el nombre de El Sol: energía para la educación.

Encender un bombillo, usar el computador, prender el televisor o cargar la batería del celular son acciones cotidianas cuya perspectiva cambia drásticamente cuando usted está en una de las cientos de poblaciones donde solo hay electricidad durante escasas horas al día, que en Colombia son alrededor de 1710 localidades rurales, según los datos del Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para las Zonas no Interconectadas (IPSE).

En la Media Alta Guajira se encuentra una de estas zonas no interconectadas. En algún paraje dentro de esa hermosa “extensión desierta, bajo un cenit ardiente” que es el municipio de Uribia —como lo describe su himno—, a cinco horas en carro partiendo desde Riohacha, en el corregimiento de Taparragí, está Kuisa, una comunidad habitada por cerca de 900 wayúus.

Y aunque todos allí viven la escasez de energía eléctrica, podría decirse que los niños y jóvenes en edad escolar son los más afectados. Buena parte de las herramientas didácticas que facilitan el aprendizaje requieren de energía eléctrica: computadores, impresoras, proyectores, televisores y parlantes, sin contar con el apoyo que brinda una adecuada iluminación. Pero en la escuelas de Kuisa apenas disponían de 300 vatios al día, lo que les permitía conectar solo dos bombillos, un televisor y un parlante.

El Centro Etnoeducativo Nuestra Señora del Carmen de Kuisa es el único colegio de esa zona que tiene bachillerato aprobado por el Ministerio de Educación Nacional hasta 8.º, y actualmente busca que lo certifiquen hasta el grado 11.º. Funciona también como internado, pues hay niños y jóvenes que, dadas las largas distancias, no alcanzan a ir y volver a sus casas en el día. El colegio atiende a cerca de 80 niños internos y 270 de la comunidad; además, alberga a 14 profesores de diferentes regiones del país.

Mientras tanto, en las aulas javerianas

“Para la materia de Energía y Sostenibilidad le propuse a mi compañero Javier Areniz hacer un proyecto real para que, al terminar la materia, lo pudiéramos presentar a la convocatoria HAC Projects, Humanitarian Activities Committee, del Institute of Electrical and Electronics Engineers, IEEE”, cuenta Johanna Castellanos, ingeniera mecatrónica y estudiante del Doctorado en Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, al recordar el origen de un proyecto que trascendió las aulas y que, en febrero de este año, logró llevar a la comunidad de Kuisa un sistema solar fotovoltaico (basado en paneles solares), por valor de 60 000 dólares.

A partir de 2019, Castellanos empezó a gestionar este proyecto de clase que, en efecto, ganó la convocatoria del IEEE, con la que obtuvo los recursos económicos necesarios y que acaba de ganar el primer puesto del Concurso de Proyectos Humanitarios, convocado por la Sociedad Mundial de Aplicaciones Industriales de la IEEE, tras competir con iniciativas de todo el mundo.

El Concurso Proyectos Humanitarios reconoce iniciativas que en su implementación propongan soluciones viables a problemáticas relacionadas con la energía, el agua, la salud, el saneamiento, el transporte y la agricultura; y que además tengan una mirada humanitaria y de apoyo a comunidades.

Desde sus inicios, gracias a la pasión del equipo, se fueron integrando otros estudiantes con los que compartían materias y que tras escucharlos se iban sumando activamente, como Jimena Gómez y Camilo Prieto. También Roger Pimienta, quien los conoció en la materia de Eficiencia Energética y que de inmediato se puso a su disposición para ayudar en el almacenamiento de equipos y en el apoyo logístico en La Guajira.

Las energías alternativas son una gran oportunidad de progreso para regiones tan abandonadas como esta”, comenta Pimienta, guajiro e ingeniero electrónico que actualmente cursa el Doctorado en Ingeniería en la Javeriana: “En el caso de Kuisa, pueden ayudar a cientos de niños a educarse y a lograr mejores oportunidades para sus vidas. De verdad que este tipo de proyecto cambia vidas. Por mi parte, también cambió la mía”.

Y aunque en buena medida el trabajo ha sido gestionado y ejecutado por estudiantes, es la suma de muchos esfuerzos, por ejemplo, de sus profesores. Desde el principio, el equipo obtuvo el apoyo de docentes investigadores en energía y energías alternativas, como Diego Patiño y Carlos Adrián Correa, de la Javeriana, y Gabriel Ordóñez, de la Universidad Industrial de Santander, quienes ofrecieron su asesoría y el respaldo institucional de las universidades.

“Las energías alternativas pueden ayudar a cientos de niños a educarse y a lograr mejores oportunidades para sus vidas. Este tipo de proyecto cambia vidas. Por mi parte, también cambió la mía”. Roger PIMIENTA, Estudiante del doctorado en Ingeniería.

panelsolarEste proyecto se realizó con la participación activa de la comunidad wayuu de Kuisa, para quienes este ha sido “un sueño hecho realidad”.

El resto de la magia la hace el Sol (y la ingeniería)

¿Dotar de energía eléctrica a una escuela usando paneles solares consiste en comprar los paneles e instalarlos en el techo? La respuesta es no. Elaborar un sistema fotovoltaico parte de identificar el recurso solar presente en La Guajira ―departamento con la mayor riqueza en este recurso en el país―, analizando información del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), para luego realizar un sinnúmero de ecuaciones.

Determinar el número y el tipo de paneles y baterías necesarios requiere calcular la cantidad de energía eléctrica que se consume por día en la escuela. La cosa se complica porque dentro del sistema también hay un ‘inversor’, que es un dispositivo que convierte la ‘corriente continua’ generada por los paneles en ‘corriente alterna’, que es la que puede ser usada en el sistema. Este inversor solo puede procesar cierta cantidad de energía al tiempo, y, si se sobrecarga, se daña. Por eso hay que identificar cuál es el pico de máxima potencia, es decir, el momento del día en el que ocurre el mayor uso de energía.

El funcionamiento correcto del sistema depende de hacer muy bien todos los cálculos. “Salón por salón, espacio por espacio, identificamos qué dispositivos se iban a conectar, a qué horas y durante cuánto tiempo. Con base en eso, se genera lo que nosotros llamamos la ‘demanda o el cuadro de uso energético’”, explica Castellanos.

La comunidad debe ser cuidadosa de no conectar cosas que no estaban contempladas en el diseño inicial, por ejemplo, “más celulares o una licuadora o electrodomésticos con motores, ¡es gravísimo!”, agrega la ingeniera. Por eso, el ejercicio con la comunidad involucró una socialización, de manera que ellos puedan usar correctamente su nuevo sistema fotovoltaico, el cual actualmente les provee 9 kilovatios por día (9000 vatios), a través de cuatro subsistemas (conjuntos de paneles, inversor/conversor y baterías) que alimentan de electricidad a seis aulas, un taller artesanal, la sala de informática, la cocina y los dormitorios.

«La instalación de los paneles solares significa un sueño hecho realidad, avance y progreso”, comenta Adelco Larrada Ipuana, autoridad ancestral de la comunidad de Kuisa. “Antes se tenía que tratar de hacer todo temprano, nuestros niños se tenían que acostar temprano y levantarse con la luz del día, lo cual limitaba el horario de clases. Ahora nuestros alumnos realizan sus tareas con tranquilidad y utilizan los medios tecnológicos que antes no podían usar”, complementa Larrada. El nuevo sistema, además, es permitirá implementar clases nocturnas de alfabetización y validación del bachillerato.

 Desde los trabajos de clase se gestan cambios para un país que busca transformaciones apoyadas en el conocimiento, la pasión y la empatía.

solar3Antes la comunidad disponía de 300 vatios al día, pero gracias al proyecto aumentó a 9000 vatios diarios, los cuales mejoran las condiciones educativas y posibilitan las actividades nocturnas

El equipo de estudiantes javerianos espera continuar aportando muchos más cambios a la comunidad de Kuisa, a través de la construcción de nuevos espacios físicos, dotación de equipos para la educación e, incluso, el desarrollo de un sistema de riego automático con el apoyo del Instituto Javeriano del Agua, para tomar el líquido de la laguna que lleva el mismo nombre de la comunidad y llevarlo hasta la huerta de la población.

Así, queda demostrado que desde los trabajos de clase se gestan cambios para un país que busca transformaciones apoyadas en el conocimiento, la pasión y la empatía. Y ello es posible cuando, como indica Johanna Castellanos, las aulas conectan el conocimiento con el territorio: “Algo que me parece muy bonito es que esta iniciativa, en su ejecución, ha sido sobre todo con estudiantes. Tú puedes hacer una realidad al descubrir que Lo que ves en el aula sí se puede llevar a una comunidad, que es posible hacer un cambio, transformar la vida de las personas. Me encanta inspirar a que otros se motiven a hacer cosas parecidas. Cada uno desde sus talentos y habilidades puede aportar”.

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Mejorando las condiciones de educación de un colegio en La Guajira, Colombia.

INVESTIGADORES PRINCIPALES: Johanna Castellanos, Diego Patiño y Gabriel Ordóñez.

COINVESTIGADORES: Javier Areniz, Roger Pimienta, Jimena Gómez, Jonathan Rodríguez, Camilo Prieto, Carolina García Valencia, Carlos Adrián Correa.

COLABORADORES: IEEE sección Colombia, IEEE subsección Santanderes, IEEE EDS Colombia, Ejército Nacional de Colombia, Fundación Movimiento Ambientalista Colombiano y empresa WM SAS.

Doctorado en Ingeniería
Facultad de Ingeniería Pontificia
Universidad Javeriana
E3T
Universidad Industrial de Santander

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2021

Llamadas científicas para educar: aprender ciencias con un celular y sin internet

Llamadas científicas para educar: aprender ciencias con un celular y sin internet

bryann_avendano-300x300Son las 3 a. m. en el municipio rural de Carcasí, Santander. Juan José se levanta a ordeñar la vaca con su padre para que a las 5 a. m. estén bañados, con carga en mano y listos para ir al pueblo. Les esperan dos horas de trocha a caballo. Así llueva, truene o relampaguee, dos cosas tienen que pasar: la leche debe llegar al lugar de venta y Juan José debe estar en el puesto de estudio en su escuela.

Con la pandemia, la leche sigue llegando al lugar de venta, pero Juan José ya no va a clases. Tampoco puede asistir al grupo de investigación al que pertenece junto a otros estudiantes de grado séptimo.

Por otra parte, desde 2015, un equipo de científicos lidera una iniciativa puramente ciudadana que llega a municipios como Carcasí con la idea de motivar a la futura generación de científicos del país en zonas rurales del país, a través de los Clubes de Ciencia Colombia.

Hoy, en alianza con ScienteLab y la organización EduCall, gracias al apoyo de Lyda Hill Philanthropies, el programa de embajadores de ciencias para mujeres IF/THEN, la iniciativa JCI Wayma y el premio SurSur Innova, se está desarrollando una idea sin precedentes en el país: llamadas científicas para educar.

Esta es una apuesta para llevar contenido científico a niños, niñas y jóvenes de zonas rurales en Colombia a través de un celular de baja gama, económico básico, el tipo “panela”.

La tecnología es sencilla. El estudiante hace una llamada aprovechando las redes de telefonía celular y accede a diferentes lecciones o clases por audio guiadas por experimentados científicos con posgrado que realizan esta labor voluntariamente para instruir e inspirar con su conocimiento y llevar experiencias científicas a casa y normalmente aterrizadas al contexto local al que se lleva el kit científico o “kit clubero”.

Cada kit consta de un celular básico, útiles escolares, materiales experimentales, una guía pedagógica trabajada de la mano de los profesores locales, científicos del equipo pedagógico de ScienteLab y Clubes de Ciencia Colombia.

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El Kit le llega al estudiante y este puede hacer la llamada, sin necesidad de usar internet. Luego se conecta a un sistema de inteligencia artificial y otro de gestión de aprendizaje, así es posible que el equipo educativo haga seguimiento a las actividades que el estudiante realiza, además de acceder a motores de búsqueda con voz, como Wikipedia e incluso, al asistente de Google o el traductor. Es como tener un Spotify educativo en cualquier momento del día y sin internet.

Durante septiembre de 2021 esta tecnología llegó a más de 160 niños en Carcarsí y la comunidad Ishipa, en La Guajira, en un pilotaje educativo con clubes científicos. Estos clubes han sido previamente validados por Clubes de Ciencia Colombia y ScienteLab en temas relevantes para el contexto desde 2020, cuando el inicio de la pandemia obligó al programa llevar la experiencia educativa científica a los hogares de los niños, niñas y jóvenes de la ruralidad colombiana.

Durante estas semanas de clubes de ciencia los niños reportaron sentirse conectados con el quehacer científico y la investigación. Los investigadores acompañantes sueñan con llegar a toda Colombia y, seguramente, gracias al apoyo de alianzas públicas, privadas y de cooperación internacional, se logrará.

Algunos temas de estos clubes piloto fueron “Del huerto a mi barriga” (seguridad alimentaria), “Nuestro superpoder: La información (ciencia de datos para el bienestar social), y Saalewa’in mma: que en wayunaiki significa amigos de la tierra (desalinización y potabilización de agua). Todos evidencian un llamado a la apropiación social de la ciencia que, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (proyectados por la ONU), responde a las realidades de país.

Ahora Juan José puede ordeñar su vaca, ir escuchando un podcast sobre el tema científico que más le atrae y luego, por ejemplo, aprender sobre cómo hacer biotecnología en el campo siguiendo las guías pedagógicas de los Clubes de ciencia.

Este es solo un caso que ilustra el potencial de Llamadas científicas para educar: llegar a más niños, niñas y jóvenes que, como Juan viven en zonas rurales de Colombia con difícil acceso de tecnología.

Con esto queremos que, por un lado, la ciencia literalmente llame a toda Colombia, y por el otro, crear una analogía para que los niños sientan ese llamado o vocación a convertirse en agentes de cambio a través del poder que tiene la educación STEM (ciencia, tecnología e innovación).

Esperamos que esta apuesta de cerrar brechas educativas sea temporal mientras la equidad educativa rompe las barreras actuales que tiene Colombia, para que un día todos niños, niñas y jóvenes, tengan la oportunidad de tener una educación científica de calidad sin importar donde se encuentren y así, seguramente, inspirar al futuro premio nobel en una zona rural remota del país.

Llamadas científicas para educar, #LaCienciaTeLlama.

Con la aplicación Mi Fink se cuida el territorio para la vida

Con la aplicación Mi Fink se cuida el territorio para la vida

En el valle geográfico del río Cauca, en Colombia, está Cali, conocida también como la Sucursal del Cielo y la Capital Mundial de la Salsa. A solo 30 minutos, en el polo de desarrollo agroindustrial del suroccidente colombiano, se encuentra Villa Rica, población rodeada de extensos cultivos de caña de azúcar.

Allí, donde los perfumes de cimarrón y perejil, de mango y de limón, se esparcen por la brisa cálida, las fincas tradicionales de sus pobladores están en vía de extinción a causa del monocultivo de caña de azúcar. La esperanza para el cuidado de la diversidad y de la vida está en manos de sus nuevas generaciones.

“La agroindustria de la caña de azúcar, en este caso, produce desarrollo y crecimiento económico capitalista. Sin embargo, también disminuye la posibilidad de cultivar alimentos, actividad de gran importancia para las comunidades, que acaban por ser invisibilizadas cuando se privilegia el cultivo de caña a gran escala”, dice Isabel Cristina Tobón Giraldo, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, magíster en Gestión Ambiental y arquitecta, profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, quien además asegura que con la expansión de monocultivos también llega el despojo, no solo de la tierra, sino de los saberes, “pues los saberes ancestrales y la lucha por la tierra se hacen frágiles. Como resultado, las nuevas generaciones dejarían de reconocer los valores de conservar sus prácticas tradicionales de cultivo y cuidado del territorio”.

Ante la necesidad de activar las memorias en torno al cuidado del territorio, investigadores de la Javeriana encabezados por Tobón estrecharon lazos con los líderes de la Corporación Colombia Joven, con quienes emprendieron un proyecto de investigación-creación para la apropiación social del conocimiento por medio de ‘encuentros de saberes’. El director de la Corporación Colombia Joven, Carlos Edwin Ararat, y su equipo de colaboradores convocaron a niños, niñas y jóvenes para activar las memorias de la finca tradicional afrocaucana en encuentros de cocreación artística con los profesores.

Contexto de una lucha histórica: la tierra como símbolo de libertad

Desde la época de la Colonia, el poder en Colombia se centró en condiciones de dominio territorial. En el contexto de la trata de personas desde África y los procesos de esclavitud, los cautivos que pudieron fugarse de las haciendas se establecieron en palenques. “En el Cauca, esos espacios de libertad conquistados por los afrodescendientes, tras múltiples luchas, continúan siendo disputados frente a las élites sociales, económicas y políticas del país”, expone Tobón.

La finca es una resistencia, es la libertad, afirma Nicolás Possu, habitante de la región, “esto lo hicieron nuestros antepasados, que fueron esclavos; siempre pegaban para el monte y ellos sembraban de lo que hubiera, porque tenían la esperanza de volver, de ser libres […]. Entonces la finca es un poder y una oportunidad de vivir en libertad, porque en la finca uno no se humilla, nadie lo está acosando ‘venga, madrugue, está muy tarde’; uno se puede dar el lujo y el orgullo de vivir su vida como uno quiera”, dice este campesino caucano.

Después de la abolición de la esclavitud, los lamentables episodios no terminaron para las comunidades afro. Más adelante la opresión continuó con la expropiación ilegal de tierras, y la intimidación con quemas y fumigaciones. El deterioro de los sistemas productivos y la precarización del trabajo tienen amenazada esta forma de vida tradicional campesina con promesas incumplidas.

Al respecto, Tobón señala que los pobladores pasaron de ser campesinos libres a esclavos asalariados: “Las promesas fueron vanas y las formas tradicionales de vida, como la siembra de cultivos de consumo diario, quedaron acechadas por los empresarios de la caña de azúcar, quienes fueron englobando lotes de tierra cada vez mayores, sin formalizar títulos de propiedad ni contratos de alquiler”.

Pero, actualmente, a pesar de que la finca tradicional afrocaucana está en vía de extinción, hay quienes continúan en la lucha por el territorio, como lo hicieron don Luis Mina y doña Leonila Dinas, pobladores mayores, quienes siempre afirmaron que de sus tierras no salían. Doña Leonila es categórica: “Aquí estoy en mi finca y la gente me dice que la venda, que tumbe para que siembre caña y no, eso no es para mí. Que siembren caña cuando yo me muera, pero mientras yo esté viva, aquí estaré”.

 

¿Es posible mantener vivas las producciones alternativas al monocultivo?

En el marco de una región cada vez más sumida en el cataclismo de la industria capitalista y su capacidad de explotación de la tierra, como expresa Tobón, resulta asombrosa la capacidad de agencia de los jóvenes pobladores, quienes están dotados de un inmenso poder creativo. “Como investigadores somos conscientes de que los niños, jóvenes y adolescentes están destinados a continuar con ese proceso de defensa y cuidado del territorio.

Si ellos lo hacen para ellos y sus familias, lo harán para todos”, complementa la docente. La investigación “Recreando territorios” es un desafío colectivo por mantener las memorias ancestrales afro y por reconocer en las fincas tradicionales un espacio de esperanza para las nuevas generaciones.

“Lo que hicimos fue trabajar con los más jóvenes, implementando un proceso de innovación social que consistió en un ejercicio de cocreación”, explica Tobón. Los académicos trabajaron en talleres con niños, niñas y jóvenes expertos. Algunas de las herramientas que sirvieron como medios movilizadores para revivir memorias de la finca tradicional fueron la animación en stop motion y la programación digital, combinadas con narrativas y dibujos en torno a las tradiciones de sus mayores y a las memorias del lugar.

“El resultado, además de ser fascinante por la alegría, frescura y sensibilidad de los niños y las niñas, con su espontaneidad, también nos permitió ver a una comunidad más consciente de su realidad social, así como de los desafíos que enfrenta el territorio afronortecaucano, incluida la población infantil”, asegura la investigadora.

Aplicación Mi Fink

La aplicación interactiva Mi Fink fue uno de los resultados de los encuentros de saberes creativos entre miembros de la academia y del territorio. Para la profesora Isabel Tobón y sus compañeros de investigación, Mi Fink representa uno de los logros del proyecto, ya que cumplió el objetivo de activar las memorias de diferentes generaciones para reivindicar las prácticas agrícolas y culturales tradicionales, el trabajo comunitario y las expresiones afro, desde la innovación y el arte.

Al descargar Mi Fink en un teléfono móvil, el usuario puede agregar nuevas animaciones incluyendo imágenes propias con música, sumadas a las creaciones elaboradas por niños y niñas villarricences. Estas piezas digitales “abren posibilidades que actualizan formas de lucha por el territorio, por la defensa de la vida, y a su vez abren camino para establecer puentes con otras organizaciones sociales de diferentes lugares con las que se comparten objetivos, necesidades y oportunidades. El desafío ahora es visibilizar y difundir las reivindicaciones entre diversos colectivos sociales a través de la cocreación, para que se produzcan las transformaciones deseadas”, finaliza Tobón.

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Para leer más:
Sitio web del proyecto: https://www.mifink.com/
https://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/513

Tobón Giraldo, I. (2019). Territorio en movimiento(s): ausencias y emergencias en torno a la finca tradicional afrocaucana, Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587814200

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Re-creando territorios: los aportes de niños y niñas para la defensa de sus territorios de vida a través del arte

INVESTIGADORA PRINCIPAL: Isabel Cristina Tobón Giraldo

COINVESTIGADORES: Andrés Eduardo Nieto Vallejo y Carlos Torres Parra, Departamento de Arquitectura, Departamento de Diseño, Facultad de Arquitectura y Diseño

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2018-2019

 

                          

Congreso La Investigación: más de 100 ponentes, 7 simposios y charlas magistrales

Congreso La Investigación: más de 100 ponentes, 7 simposios y charlas magistrales

¿Cómo ha avanzado durante los últimos años la investigación científica de profesores y estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana? En la edición XVI del Congreso La Investigación, que se desarrollará del 14 al 17 de septiembre, la universidad presentará más de 100 investigaciones alrededor de siete temas que conforman igual número de simposios.

Los ejes temáticos de esta nueva edición del congreso son: retos actuales de la investigación, la innovación y la educación en Colombia; resultados de investigación e innovación sobre covid-19; investigación en las regiones; desigualdad, inequidad e inclusión; una agenda científica para un mundo cambiante; justicia, construcción de paz y conflicto en Colombia; investigación básica y teórica.

¿Cómo inscribirse como participante al XVI Congreso La Investigación?

Si quiere hacer parte de este evento académico, que se realizará virtualmente, puede inscribirse haciendo clic en este enlace. Solo tiene que llenar el formulario que se encuentra al final de la página web. Este congreso es gratuito.

¿Cuándo y a qué hora son los simposios?

Aunque la inauguración oficial del congreso es el 14 de septiembre, ese día el rector de la Universidad Javeriana, Jorge Humberto Peláez, S.J.; la presidenta del Congreso La investigación, María Adelaida Farah (decana de la Facultad Estudios Ambientales y Rurales de la PUJ y columnista ocasional de Pesquisa Javeriana); y el vicerrector de Investigación, Luis Miguel Renjifo darán la bienvenida y explicarán qué trae de nuevo esta edición del congreso.

Al día siguiente, el 15 de septiembre, comenzarán los siete simposios, que se llevarán a cabo de manera simultánea en cuatro salas hasta el 17 de septiembre, así que la recomendación es revisar la programación (haciendo clic en este enlace para seleccionar la fecha y la sala preferida), y organizar su agenda.

Cada uno de los días comenzará con una conferencia magistral (de 8 a.m. a 9:30 a.m.). La del 15 de septiembre la presidirá la doctora en Socioeconomía del Desarrollo de la Universidad de la Sorbona (París, Francia) Judith Sutz, quien es investigadora de la Universidad de la República (Uruguay). La charla se titula: “Investigación, innovación y formación: algunos desafíos y respuestas necesarias y posibles en América Latina”.

La agenda del 16 de septiembre inicia con la conferencia de Óscar Franco, director del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, Suiza, quien es profesor titular de Epidemiología y Salud Pública en la Universidad de Berna y profesor adjunto de la Universidad de Harvard. Su charla se titula: “Desde la prevención cardiovascular hacia el envejecimiento saludable: mi travesía científica”.

La conferencia magistral del último día del congreso (el 17 de septiembre y titulada: “Agenda científica para un mundo cambiante”), estará a cargo de Torben Bach Pedersen, profesor de informática en la Universidad de Aalborg, Dinamarca.

De 10 a.m. a 12 p.m. continuarán las presentaciones de cada simposio. Del mediodía a las 2 p.m. habrá receso para el almuerzo y se retomará la agenda de 2 p.m. a 4 p.m.

¿Habrá entrega de premios?

Al finalizar la jornada del 17 de septiembre se hará entrega del Premio Bienal Javeriano en Investigación, que reconoce la actividad investigativa de los profesores de la Universidad en diferentes áreas del conocimiento y que tiene dos modalidades: Vida y Obra y Mejores trabajos.

Además, por primera vez se hará entrega del Premio Bienal Javeriano a la Innovación, que busca reconocer las contribuciones en innovación, estimular a la comunidad académica a participar en los procesos de transferencia y apropiación de conocimientos y promover la cultura de la innovación y el emprendimiento a través del reconocimiento del trabajo.

Carta a la nación: 7 propuestas para la transformación social colombiana

Carta a la nación: 7 propuestas para la transformación social colombiana

Algunos medios internacionales como El País, de España, BBC Mundo y France 24 califican de estallido social la situación colombiana de los últimos meses. Lo que comenzó como una muestra de rechazo de la ciudadanía a una reforma tributaria que afectaba el bolsillo de la clase media, se fue escalando y acrecentando y ni el retiro del proyecto ni la renuncia del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, fueron suficientes para calmar los ánimos.

Ya los manifestantes no marchaban por la reforma tributaria, sino por la de la salud, la precariedad de las condiciones laborales, por los más de 21 millones de colombianos que viven en la pobreza y por la falta de acceso a la educación pública y gratuita, por el asesinato de líderes sociales y otras razones que al unísono conformaron un descontento nacional.

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Fotografía: Shutterstock

Es la primera vez durante el siglo XXI que el país registra un paro de esta duración (más de dos meses, pues comenzó el 28 de abril), y las salidas dialogadas aún no llegan a buen término, pues ni el Comité del Paro (que reconoce que no representa a todos los ciudadanos descontentos), ni el presidente Iván Duque, quien solo cuenta con el 16 % de aprobación según la encuesta más reciente de Datexto, han encontrado la forma de hallar consensos que marquen el camino para solucionar los problemas estructurales que llevaron al país al estallido social del que hablan no solo medios internacionales, sino académicos locales.

“Colombia atraviesa por una profunda crisis social, económica y política que se expresa a través de grandes movimientos sociales de diferentes intensidades, modalidades, espacios y tiempos”, reza el preámbulo de la Carta a la Nación, un documento de siete puntos que busca crear espacios y conducir hacia un verdadero diálogo nacional e intersectorial para atender los principales problemas de esta crisis que se visibilizó en medio de la pandemia de la covid-19.

¿En qué consiste la Carta a la nación?

El estallido social en realidad no comenzó el 28 de abril. Las masivas manifestaciones de noviembre de 2019 revelaron este descontento histórico generalizado y la Pontificia Universidad Javeriana supo tomar atenta nota de lo que sucedía. A raíz de esa problemática, creó el espacio Foros javerianos sobre la coyuntura y el futuro de Colombia.
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Fotografía: Shutterstock

Desde entonces (y con la pandemia en medio) se han realizado seis foros distribuidos en 22 sesiones que han abarcado temas como la inequidad de la educación colombiana, activismo y movimientos sociales, avances y enfoques para la paz.

Esos temas, sumados a otros cuantos, se encuentran en la misma línea de las sugerencias que siete rectores de igual cantidad de universidades colombianas le hicieron el pasado 5 de mayo a los diferentes actores coyunturales para superar esta crisis.

De las experiencias de los foros más la intención de los rectores por brindar aportes desde la academia surge la Carta a la nación, un documento para construir una Colombia “en paz, democrática, equitativa, incluyente y comprometida con el desarrollo sostenible, en un momento en que la sociedad reclama urgentemente la voz de la academia”.

Pesquisa Javeriana divulgó una a una las iniciativas y las dispuso un micrositio especialmente creado para visibilizar el proyecto. A continuación puede leer los 7 puntos de la Carta a la nación.

1: Derecho a la educación y acceso equitativo al conocimiento.

Durante décadas se ha discutido sobre las amplias brechas entre la educación rural y urbana y pública y privada en Colombia. Como si estos rezagos no fueran suficientemente problemáticos, en 2020 llegó la pandemia de la covid-19 y con ella los estudiantes, por más de un año, dejaron de asistir presencialmente a clases, lo que incrementó la desigualdad en el acceso a educación de calidad.

En esta propuesta, las profesoras Luz Karime Abadía, Alba Lucy Guerrero y la editora de Pesquisa Javeriana, Lisbeth Fog, proponen abordar una discusión planteada en seis puntos para asegurar una educación universal y de calidad que forme ciudadanos autónomos y socialmente responsables.

Las propuestas van desde implementar una formación ética, política, ciudadana y de las emociones en donde se puedan gestionar en clave de democracia emociones como el miedo y la ira, hasta impulsar unos currículos más pertinentes ante los retos actuales y ejecutar acciones para la disminución de las inequidades, educar a través del reconocimiento de la diversidad y motivar una construcción colectiva de la pedagogía nacional a través de pilares como la educación rural y el acceso equitativo al conocimiento.

Para consultar el texto completo de este punto puede entrar al micrositio desarrollado por Pesquisa Javeriana o hacer clic aquí.

Si quiere leer todo el documento puede hacer clic aquí o consultar el micrositio en el cual Pesquisa Javeriana reúne todos los documentos que invitan a la ciudadanía a involucrarse más en la acción democrática colombiana.

2: Ideas sobre la constitución

Bibiana Ortega, Juan Felipe García y Tania Luna, profesores de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Javeriana proponen re/activar la reflexión sobre el sujeto nacional que refrenda su voluntad política de vivir bajo el gobierno del Estado social de derecho.

Esto se lograría, según su iniciativa, entendiendo que Colombia no necesita una nueva constitución sino garantizar su cumplimiento. Además, recomiendan darles mayor poder local a las comunidades, en donde las veredas, comunas y corregimientos, por ejemplo, tengan mayor protagonismo en el ordenamiento territorial, que actualmente se basa en la dicotomía departamento/municipio.

Por otro lado, los académicos invitan a hacer un esfuerzo más profundo en devolverle la confianza a las instituciones y en ejercer la democracia más allá de solo votar, haciendo uso de la protesta pacífica y exigiéndole tanto a políticos como entidades de control y medios de comunicación que asuman sus responsabilidades con el Estado social de derecho.

Si quiere leer todo el documento puede hacer clic aquí o consultar el micrositio que Pesquisa Javeriana desarrolló para reunir todos los documentos que le apuestan a que la ciudadanía se involucre más en la acción democrática colombiana.

3: No estigmatizar la protesta social pacífica, propuestas para la transformación social colombiana

La estigmatización de las manifestaciones en Colombia y la represión estatal que en ocasiones vulnera el ejercicio de este derecho llevó a la profesora Marcela Ceballos y a los profesores Andrés Dávila y Norberto Hernández a proponer tres caminos con el objetivo de salvaguardar el derecho a ejercer una protesta pacífica.

Para superar la estigmatización, los académicos proponen reconocer la movilización y la organización social como formas de participación política legítimas y que se les garantice a quienes se movilizan el reconocimiento de ser unos interlocutores políticos válidos, para que la protesta deje de verse una amenaza para el orden público. Además, insisten en el cumplimiento de los mandatos constitucionales que protegen el ejercicio de la protesta pacífica y en la incorporación de otros documentos, como el Acuerdo de Paz y retomar la discusión sobre el Protocolo para la coordinación de las acciones de respeto y garantía a la protesta pacífica.

Entre otras ideas, Ceballos, Dávila y Hernández subrayan la urgencia de reformar la Policía Nacional, reforzando su carácter civil, revisar los protocolos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y abrir un diálogo con los sectores que no se sienten representados en un comité del paro.

Para conocer todo el documento puede hacer clic aquí o entrar al micrositio de la Carta a la nación creado por Pesquisa Javeriana.

4: Juventudes colombianas, inclusión e incidencia para la transformación

Que las juventudes son el futuro de todas las sociedades es una idea que se convierte en paisaje cuando, con esta frase cliché, se evade la necesidad de entenderlas con sus problemáticas en tiempo presente. Por ejemplo, actualmente la juventud colombiana agrupa casi a once millones de personas, de las cuales, el 49.3 % ni trabaja ni estudia y, de estos últimos, la mitad abandona su educación por falta de recursos.

¿Qué hacer por esta población que representa al 33 % de los colombianos? Las profesoras Martha Gutiérrez, Minerva Campión y los profesores Ricardo Delgado y Mateo Ortiz plantean una hoja de ruta distribuida en cinco ejes. El primero, la protección de la vida enmarcada en un seguimiento de violencias y derechos humanos. El segundo, a través de la participación juvenil, con garantías de incidencia y confianza en las instituciones. Los demás pasan por ideas de institucionalidad pública para la juventud, trabajo, salud y derechos sexuales y reproductivos.

Si quiere saber cómo plantearon estas propuestas que ayudarían a robustecer las políticas públicas del futuro de la sociedad, no dude en hacer clic aquí o en entrar al micrositio de la Carta a la nación.

5: Implementación plena de los Acuerdos de Paz como condición de convivencia democrática

Los profesores Pedro Valenzuela, Manuel Sarmiento y el director del Instituto de Estudios Interculturales de Javeriana Cali, Manuel Muñoz, reconocen que el Acuerdo de Paz, firmado entre el Estado colombiano y las Farc en el 2016, tiene carencias, pero también incluye puntos y mecanismos de gran utilidad para la construcción de una paz sustentable en Colombia.

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Foto: Gabriel Leonardo Guerrero / Shutterstock

En ese sentido, los académicos argumentan la necesidad de garantizar la financiación del acuerdo que tiene puntos enfocados en, por ejemplo, la protección de los territorios y el capital biológico, cultural y político de comunidades indígenas y afro, además del fortalecimiento del diálogo entre la sociedad civil (históricamente afectada por el conflicto armado) y las instituciones, en donde cobren valor las asambleas comunitaria, comisiones municipales, un plan nacional de derechos humanos y la creación de un Consejo Nacional para la Reconciliación y la Convivencia.

Uno de los enfoques que proponen los académicos es no ver la paz solo como un silencio de las armas sino como una superación de situaciones estructuralmente violentas de pobreza, desigualdad, marginación y exclusión. Si hace clic aquí puede conocer más al respecto. También puede ver este y otros puntos de la Carta a la nación en este enlace.

6: Diálogos, deliberación y acción política por la salud de las poblaciones

Que se tenga que recurrir a una acción de tutela como último recurso para que las diferentes entidades de salud presten, por mandato de juez, el servicio esencial que están obligadas a cumplir, habla de la inseguridad que en ocasiones ofrece este sistema en Colombia. ¿De qué forma mejorarlo? El profesor Jaime Moreno, el director del Instituto de Salud Pública, Rolando Peñaloza y el decano de la facultad de Medicina, Carlos Gómez, tienen algunas ideas.

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Fotografía: Juancho Torres / Agencia Anadolu

La primera va encaminada hacia fortalecer los programas de salud pública y de atención primaria con enfoques que entiendan la diversidad en cuanto al territorio, las etnias, géneros, jóvenes, y adultos mayores con atención domiciliaria. La segunda idea es integrar las políticas de salud con las sociales para entender esta problemática como transversal y no independiente. Los académicos también hacen algunas propuestas sobre la garantía del financiamiento del sistema con el fin de garantizar los derechos de acceso y calidad del servicio de salud.

La coyuntura de la pandemia de la covid-19 más los retos de antaño que buscan? mejorar la salud en Colombia también han llevado a la posibilidad de construir una política y un plan nacional de reconstrucción de la salud y la vida.

Para saber más al respecto haga clic aquí o ingrese a este enlace.

7: Cerrando brechas históricas: agenda de políticas con enfoque de género para Colombia

Entre los reclamos históricos no atendidos que conllevaron al estallido social se encuentran algunos que a través del enfoque de género permitirían reconstruir la sociedad. Para este punto, las profesoras Paula Herrera, María Adelaida Farah, Juliana Flórez, Tatiana Sánchez, María Fernanda Sañudo, María Margarita Echeverry, Amparo Hernández, Juliana Morad y Ángela Fonseca, proponen 14 ideas para plantear políticas transversales con enfoque de género.

Las iniciativas van desde dignificar el trabajo doméstico remunerado hasta garantizar el empoderamiento integral de las mujeres rurales sobre la tierra. En este punto de la Carta a la nación también se contempla desarrollar una política criminal con perspectiva de género, además de incluir dentro de distintas políticas públicas la protección de las mujeres migrantes y fomentar esta perspectiva en organizaciones de economía solidaria.

Igualdad de las licencias parentales y consolidar beneficios pensionales para las mujeres también son ideas incluidas en esta propuesta que puede leer haciendo clic aquí o consultando el micrositio de la Carta a la nación.

Personas LGBT en los medios colombianos: reconocimiento y la estigmatización

Personas LGBT en los medios colombianos: reconocimiento y la estigmatización

https://colombiadiversa.org/c-diversa/wp-content/uploads/2021/03/Asi-van-las-cosas.pdfTodo empezó con un beso. Un gesto de afecto que unió a dos personas y las fundió en un espacio sin tiempo ni gravedad, pero de repente llegó un grito que irrumpió con violencia, amenazante, hiriente, que denunció con espanto, asco y fobia una abominación que debía ser detenida de inmediato.

Aunque era imposible borrar la huella tan intensa de un momento, lo correcto era cubrirla con vergüenza, miedo y culpa y sacarlos de aquel baño en medio de miradas de estupor, burlas e insultos para hacerles entender que dos hombres no se deben besar, ni tomarse de la mano delante de la gente, ni mostrar de forma alguna que se desean.

César Sánchez Avella, autor de la investigación Hasta que el amor les dure: debates en torno al mismo sexo en el contexto colombiano (2015), presenció esta escena en su fiesta de graduación. Para él, experiencias como estas marcan la vida de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas, y aunque ha habido esfuerzos pedagógicos y jurídicos para evitar que sigan ocurriendo, esta realidad aún no cambia del todo.

En este contexto los medios de comunicación han sido actores esenciales. En su investigación, Sánchez Avella estudió las representaciones que pueden tener las personas LGBT en los medios de comunicación colombianos, para lo cual analizó cerca de 300 notas periodísticas (del 2007 al 2010) de tres medios: El Tiempo, El Espectador y El Espacio.

“El impacto social y el poder que tienen los medios de comunicación es enorme, pues lo que circula allí es percibido por muchas personas como un reflejo de la realidad” asegura Sánchez Avella, doctor en Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Sídney (Australia) y profesor del Departamento de Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. “Cuando esa información se ve impregnada por estereotipos, desinformación o tergiversación de ciertos datos, contribuye a que se reproduzcan o refuercen prejuicios y lecturas sesgadas que se acentúan aún más cuando se trata de poblaciones que han sido históricamente marginadas y discriminadas”.

Comunidad LGBTI en Colombia, incluidos en el papel y excluidos en la realidad

Los avances en términos de derechos para las personas LGBT han sido significativos y en Colombia, durante los últimos años, el reconocimiento de la igualdad, el libre desarrollo de la personalidad, el matrimonio, la pensión en caso de la muerte de la pareja y la promulgación de la ley antidiscriminación, entre otros, han sido mecanismos vinculantes que han permitido, por ejemplo, lograr desde la modificación del componente de “sexo” en el documento de identidad y el registro civil de nacimiento, hasta el acceso a tratamientos hormonales y cirugías de afirmación de género para las personas trans.

Estos y otros logros se obtuvieron luego de una constante búsqueda de reconocimiento por parte de la comunidad LGBT, activistas, organizaciones y movimientos sociales a través de tutelas y diferentes acciones legales que conllevaron a la protección de sus derechos.

Sin embargo, “el hecho de que existan estas afirmaciones legales de derechos que son favorables para las parejas del mismo sexo, no ha sido óbice para que desaparezcan los efectos de homofobia, los actos de violencia y discriminación hacia las personas por motivo de su orientación sexual”, señala Sánchez Avella. La Encuesta Latinoamericana sobre Diversidad Sexual, acoso, violencia y discriminación en el ámbito laboral 2020, registra que en Colombia persiste la discriminación hacia las personas LGBT, la violencia por prejuicio y hay barreras de acceso a los derechos de salud, educación, trabajo y la participación política y cívica.

En 2020 se redujo en 4 % la tasa de homicidios de esta población, pasando de 106 en 2019, a 75. En esta disminución tuvieron que ver los nueve meses de cuarentena y restricciones a la movilidad implementadas para la mitigación del contagio por la COVID-19. Sin embargo, para la ONG Colombia Diversa, dedicada a trabajar por el reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos de esta comunidad en Colombia, la pandemia no frenó la violencia contra las personas LGBT.

Según la entidad, en su balance preliminar de la violencia contra personas LGBT en 2020, durante todo el año se denunciaron: “75 homicidios, 14 amenazas y 20 casos de violencia policial contra esta población en diferentes zonas del país y, sin ser cifras definitivas, la información preliminar mostró que la violencia contra las personas LGBT persistió en niveles alarmantes a lo largo de 2020”, reza el informe.

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Los medios como bandera para escribir y cambiar la historia

Durante los últimos años las representaciones de las personas LGBT han aumentado en los medios de comunicación. Pero, como señala el profesor Sánchez Avella, “aunque algunos han tratado de implementar un lenguaje ‘políticamente correcto’, los discursos del pasado que vulneran y discriminan siguen emergiendo en ellos y vale la pena repasarlos para no volver a caer en ellos”.

Para el profesor, hay que tener en cuenta que si bien los medios han transmitido realidades de la comunidad LGBT y han estimulado el debate público, es claro que la forma como lo hacen puede influir para bien o para mal en las percepciones sociales.

Basta con recordar algunas representaciones identificadas por Sánchez Avella en su investigación.
Se encuentra, por ejemplo, la inequidad en la visibilidad de los sujetos gay y lesbiana, en la que los medios, desde el lenguaje, han privilegiado a la población ‘gay’. “En las representaciones de los vínculos entre parejas del mismo sexo predominan categorías como ‘pareja gay’ y ‘pareja homosexual’, que tienen cargas particulares de exclusión y estigmatización, ya que perpetúa la invisibilización de la identidad lésbica”, explica el investigador.
niegan-adopcion-a-pareja-gayTomado de la investigación de Sánchez Avella (2015), Hasta que el amor les dure.

Asimismo, el profesor identifica el error en el que caen algunos medios al referirse al derecho que tienen las parejas del mismo sexo a conformar una familia, mas no a adoptar. Al respecto, el investigador dice que “es un error presentar el ‘derecho a la adopción’ como una pretensión más de estas parejas, sugiriendo con ello que es un privilegio más, cuando en realidad se trata de la posibilidad de conformar una familia”.

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Tomado de la investigación de Sánchez Avella (2015), Hasta que el amor les dure.

A esto se suman, entre otras representaciones, las dirigidas hacia las lesbianas, en donde, según el profesor javeriano, se señalan como la mala, la criminal, la peligrosa, la marginal, una amenaza para la sociedad.

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Tomado de la investigación de Sánchez Avella (2015), Hasta que el amor les dure.

Por otro lado, también se reduce a la lesbiana como objeto sexual, erotizada, hipersexualizada y fetichizada. “Esta lesbiana perversa tiene clase, es racializada —es mestiza, morena—, y aun cuando se le diferencie de la ‘verdadera’ mujer —heterosexual—, sigue cargando los estigmas propios de las mujeres biológicas”, ejemplifica Sánchez Avella en su investigación.

escandalosa-boda-lesbiTomado de la investigación de Sánchez Avella (2015), Hasta que el amor les dure.

¿Cómo está la representación en la actualidad?

Los estereotipos aún persisten y hay publicaciones que pueden caer en esos imprecisos y estigmatizantes lugares comunes al hablar sobre personas gais o lesbianas. Por ejemplo, al cierre del año pasado (2020), la organización Colombia Diversa puntualizó algunos errores en el cubrimiento periodístico que reproducen violencia contra las personas LGBT.

La ONG identificó el reiterativo desacierto de despertar dudas sobre la identidad de género de las personas trans o referirse a ellas por un género con el que no se identifican. También, hacer énfasis en la orientación sexual o identidad de género de las personas LGBT cuando son victimarias, pero no cuando son víctimas. La organización indica que no es necesario nombrar la orientación sexual o la identidad de género de las víctimas en todas las ocasiones, a menos de que sea relevante para el caso, entre otras prácticas que desde el lenguaje continúan estigmatizando.

En términos generales, el investigador javeriano dice que cada vez hay más representaciones de las personas LGBT y en ese sentido, una mayor divulgación de sus realidades, lo que favorece a esta población.

“Cuando existe una mayor diversidad en las representaciones, ya no estamos hablando simplemente de la lesbiana sexualizada o la pareja gay, sino que estamos viendo otros sujetos que nos permiten reconocer que por encima de la orientación sexual están personas que, como otras, tienen diferentes aficiones, profesiones, creencias y una orientación sexual, sin que esto último sea lo que los o las defina en su totalidad”.

En este marco, y según el profesor javeriano, la labor de los medios debe estar encaminada a ampliar el espectro de posibilidades humanas sin hacer uso del lenguaje estigmatizante para que los públicos puedan reconocerlos.
“Con el tiempo los medios de comunicación han tomado conciencia de la importancia y responsabilidad de hacer coberturas profundas y complejas. Pero no hay que bajar la guardia porque aún identificamos el retorno a estereotipos, que a su vez responden a una falta de información o una profunda ignorancia de quienes informan”, finaliza Sánchez Avella.

Educar sin golpes en un país históricamente violento, sí es posible

Educar sin golpes en un país históricamente violento, sí es posible

Sofía*, una pequeña de tres años, mira el lapicero de color azul intenso que está sobre el sofá de su casa. Lo toma mientras su mamá está en la cocina y lo pasa sobre su rostro. Repite una y otra vez el movimiento y las manchas azules empiezan a quedar marcadas.

Ahora es momento de probar en la pared de la sala. Sofía camina con su mano firme en la pared y arrastra el lapicero (como si fuera un pizarrón) haciendo diferentes figuras que dan como resultado unas líneas desorganizadas. Al poco tiempo, Martha*, su mamá sale de la cocina y la ve. El llamado de atención empieza con un par de gritos, “Sofía, ¡qué le pasa!, ¡cómo se le ocurre dañar la pared!”. El regaño escala a un par de nalgadas, “eso no se hace, aprende o aprende”, le dice mientras la golpea.

El pasado 14 de mayo fue sancionada la ley que prohíbe el castigo físico y los tratos humillantes contra niños, niñas y adolescentes; de esta manera Colombia se convierte en uno de los 61 países que prohíben esta práctica.

El primero que lo implementó fue Suecia, en 1979, y según el informe de 2017 de la Organización Panamericana de la Salud, la iniciativa sueca tuvo un efecto positivo en la vida de los niños y las niñas de ese país. Los menores maltratados pasaron de 90 % a 10 % en un periodo de 35 años. Asimismo, los padres y madres dejaron de apoyar el castigo corporal como medida educativa, pasando de un 50 % a 10 %. Para 1990, el Consejo Europeo ordenó a todos los países de la Unión Europea crear y adoptar este tipo de leyes.

 ¿En qué consiste la ley en Colombia?

Se trata de una medida pedagógica y no punitiva que pretende crear herramientas para que las familias puedan conocer y aplicar otras dinámicas diferentes a los castigos físicos y el trato humillante en la corrección de sus hijos, explica Alejandro Ruiz, abogado, profesor de la Universidad Nacional y consultor en derechos de la infancia y la adolescencia, quien además hace parte de la Alianza por la Niñez Colombiana.

Para la psicóloga javeriana, experta en desarrollo infantil y familia, Olga Alicia Carbonell, “esta normativa viene acompañada de una estrategia pedagógica nacional de crianza sin violencias, lo que implica que todo el país, desde el Estado, la sociedad civil y la academia, como corresponsables, deberán estar comprometidos en el diseño de diversas propuestas y estrategias de intervención a múltiples niveles, entendiendo la diversidad de las familias colombianas. Por este motivo es fundamental la participación y escuchar las voces de las familias en el proceso de construcción de las diferentes estrategias de intervención para ir progresivamente logrando la aceptación y transformación cultural de estas prácticas”.

La medida despierta preguntas en algunos padres, quienes continúan en desacuerdo y escépticos de su efectividad. En una conversación grupal acerca del tema, Sandra*, una madre de un niño de seis años dice que “en los primeros años yo me prometí a no regañarlo ni pegarle, pero a medida que fue creciendo empezaron las pataletas en lugares públicos, como el centro comercial, y uno intenta hablarles, pero cuando no hacen caso, uno no se va a dejar ganar. Me tocó empezar a reprenderlo y entendí que una palmadita no le hace daño y sí lo endereza”.

Uno de los padres presentes apoyó el comentario, “yo también lo creo así, a mí me ha tocado con mi hijo. Mis papás lo hicieron conmigo y aquí estoy, nada me pasó. Además, ¡Eso no es de todos los días! Por más que uno quiera, a punta de diálogo no se puede”.

Al respecto, la doctora Carbonell asegura que esta ha sido la forma con la que por años se ha disciplinado a los niños y se ha educado en las familias, por lo que no es una práctica fácil de cambiar, ya que se ha normalizado y “no se cuestionan estas acciones para la corrección de los niños”, expresa.

“Las palmadas, el uso de la correa, de objetos para castigar a los niños, los gritos e insultos han sido considerados como parte esencial de la educación de nuestros hijos. No nos hemos detenido a pensar en las consecuencias de estas prácticas y en formas diferentes de educar”, Olga Alicia Carbonell, psicóloga javeriana.

¿Qué sucede en el cerebro del niño o niña cuando se le golpea o humilla?

El uso del castigo físico ha estado asociado a la autoridad de los padres para obtener el respeto de sus hijos. ‘Ah, si lo grito o le doy su nalgada ahí si me respeta y me hace caso’, pueden decir, y tal afirmación la cuestiona la experta Carbonell: “cuando un niño está haciendo algo que no está bien y el papá o la mamá lo tratan mal o le pegan, él o ella se detiene por miedo, pero no aprende por qué no debe hacer esa conducta. Esta práctica de disciplina impide que el niño interiorice los valores que fundamentan las normas sociales y morales, por tanto, se afecta el desarrollo social y moral”.

La ciencia ha demostrado que esta forma de crianza es poco efectiva y genera más daños que beneficios. Los niños, ante el grito o el golpe, se detienen, se paralizan, escapan e incluso actúan de forma agresiva, “estas son reacciones de supervivencia”, señala Juan Carlos Caicedo, médico, doctor en Ciencias Biomédicas en el campo de neurociencias y profesor de la Universidad Externado de Colombia.

“El castigo físico genera señales de alarma biológicas que elevan el cortisol (hormona del estrés) y la adrenalina, que está relacionada con reacciones primarias de ataque o huida. Es apenas normal que el niño o niña reaccionen de esta manera”.

Caicedo afirma que cuando un niño debe hacer una tarea difícil, la liberación del cortisol puede funcionar como un potenciador de la concentración, “pero por el contrario, el castigo físico genera unos picos de estrés que tienen un efecto acumulativo; a largo plazo ya no se envían las señales correctas al cerebro porque los receptores se han debilitado a tal punto que ya no son efectivos para reaccionar ante situaciones estresantes y se distorsiona el efecto que tienen estas hormonas, trayendo consecuencias negativas para la integración emocional y cognitiva”.

Además, Caicedo explica que el golpe o el grito va sumándose a aquellos recuerdos que hacen parte de la memoria negativa, en ese sentido, afecta estructuras del cerebro como el hipocampo y la amígdala temporal, que está relacionada con el sistema emocional y la memoria.

“Cada vez que el niño o niña recuerde que, por ejemplo, no debe robar, lo dejará de hacer o mentirá al respecto, no porque reflexione acerca de que eso está mal, ya que atenta contra los valores de la sociedad y vulnera los derechos de los otros, sino porque hay miedo y sabe que como resultado puede recibir un golpe y solo quiere evitarlo”.

La creación de un ser humano violento

La psicóloga Carbonell es enfática al decir que los niños tienen que entender las consecuencias de sus actos, pero, asegura, su aprendizaje no debe lograrse con correazos, palmadas ni gritos. “La base para educar a nuestros hijos tiene que ser la creación de una relación afectiva a través del diálogo, la comprensión de la situación, la confianza y el respeto mutuo”, comenta.

“Si yo necesito que el niño interiorice la norma y le pego, el miedo que le despierta el golpe lo hará evitar que el adulto lo coja, o en otros casos mentirá. A futuro pensará que golpear, gritar o humillar a los demás es legítimo para solucionar un problema, por lo que nosotros, los papás y las mamás, ahí habremos generado las condiciones, sin tener la intención, para que se desarrolle un ser humano violento”.

“Con esta ley voy a perder la autoridad”

Lo que tiene que quedar claro es que esta ley no les quita la potestad ni la autoridad a los padres de ser autónomos en la crianza de sus hijos y el tipo de estrategias que usen para hacerlo. Los padres pueden poner normas, límites, valores y las formas que deseen para sancionar a los niños, pero sin violencia, pues, como insiste Carbonell, “tienen que favorecer la reflexión; además, es importante no olvidar que los niños son sujetos de derechos y basados en el principio del interés superior que los cobija, el Estado, la familia y la sociedad deben proteger y garantizar su desarrollo integral y protegerlos de toda forma de violencia”.

“El proyecto de ley respeta la autonomía de las familias y sus decisiones en torno a sus creencias, historia, cultura, religión, rutinas, etc., eso está constitucionalmente protegido, lo único que cambia es la restricción para que dichas correcciones y enseñanzas se ejerzan sin violencia”, comunicado de la Cámara de Representantes.

 “Pero, ¿entonces cómo lo reprendo?”

“El castigo físico genera una cadena de violencia”, afirma la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Lina María Arbeláez, pues según datos del instituto, el 82 % de los jóvenes que están respondiendo por algún tipo de responsabilidad penal adolescente han sido objeto de alguna vulneración y castigos físicos al interior de sus hogares.

Tanto para Carbonell, Ruiz y Caicedo, una de las estrategias para corregir positivamente a los hijos es ponerse a la altura del menor, mirarlo a los ojos, generar una comunicación afectiva y diálogo con confianza en el que se le explique e invite a la reflexión de sus actos y las consecuencias para su vida y la de los demás, de manera que internalicen las normas y valores sociales.

Entendiendo que la efectividad de la medida ha sido puesta en duda por muchos padres de familia y cuidadores, la invitación de la psicóloga Carbonell es a ser pacientes en el trabajo de educar a través del diálogo; también reconoce que esto no es un trabajo fácil y que requiere de acompañamiento a las familias.

“Los padres colombianos tienen que intentarlo porque sí es posible educar libres de golpes y tratos humillantes; otros países lo han logrado. Con esta ley, el Estado quiere acompañar ese proceso brindando estrategias efectivas a través de talleres en las escuelas de padres, comunicados informativos con líneas de acción positivas de corrección en el sector de la salud para favorecer el bienestar físico y mental de los niños y las niñas, y movilizaciones desde los colegios para que ellos también sean educadores de los padres bajo estrategias pedagógicas que les ayuden en la crianza”, asegura la doctora.

Finalmente, los expertos coinciden en que esta ley no quiere castigar ni culpar, porque como lo recuerda el abogado Alejandro Ruíz, en Colombia ya existe una ley para casos de violencia intrafamiliar que castiga la violencia sistemática y dicta que cuando un miembro de la familia maltrate física o psicológicamente a cualquier persona de su núcleo, incurrirá en pena de prisión. “Lo que quiere esta ley es dotar de herramientas a los papás para educar de forma asertiva y sin violencia” concluye Ruiz.

*Nombres cambiados por solicitud de la fuente.