Para Nelsy Niño Rodríguez, la ciencia no ha sido un asunto que se realice en soledad y a puerta cerrada. Es bióloga y antropóloga de la Pontificia Universidad Javeriana y candidata a doctora en el Laboratorio de Análisis de Sonido Mennill (Mennill Sound Analysis Lab) de la Universidad de Windsor, en Canadá. Ha realizado su recorrido académico con la convicción de que es imposible hacer investigación en el territorio sin las comunidades que lo habitan.
En tercer semestre de la carrera de Biología, Nelsy decidió cursar estudios de Antropología para complementar su mirada científica con una perspectiva más social. Aunque en su momento la combinación de estas disciplinas resultaba inusual para muchos, el tiempo le dio la razón. “No siento que sean dos visiones opuestas, lo que puedo aportar son diversas formas de aproximarme a los problemas”, reflexiona.
Después, esta unión cobró fuerza durante sus tres años en el Instituto Alexander von Humboldt, en donde lideró componentes de apropiación social del conocimiento en expediciones que recorrieron buena parte de todo el país. Allí diseñó metodologías gracias a las cuales las comunidades ubicaban a las aves mediante el uso de cartografías sociales para señalar dónde las avistaban y escuchaban, integrando el sonido como un puente entre la cultura y la ciencia.
Actualmente, en su trabajo doctoral se enfoca en su pasión: la bioacústica, específicamente, en el mimetismo vocal del mochuelo pico de maíz (Sporophila intermedia), en Medina, Cundinamarca. Estas aves poseen la sorprendente capacidad de imitar los cantos de otras especies. “Básicamente no tienen un solo canto estereotipado, sino que están imitando todo el año”, explica la joven científica. A través de experimentos de playback en campo, una metodología en la que se reproducen audios controlados en los territorios de estudio, Nelsy evalúa las funciones de este comportamiento y las reacciones de la especie.
En sus hallazgos preliminares encontró que, mientras que los cantos de control, en los que se escucha a otra especie del género Sporophila, no despiertan interés, los cantos con mimetismo ―entendido como la imitación de vocalizaciones de otras especies por parte del mochuelo pico de maíz―, provocan una reacción defensiva territorial inmediata. “Al oírlo, los machos atacan el parlante y empiezan a volar entre las perchas buscando al intruso”, asegura. Además de documentar esta función de defensa, su tesis incluye una revisión sistemática que revela que la imitación vocal está mucho más extendida en el género de lo que reportaba la literatura científica.
A pesar de contar con más de diez publicaciones científicas, el logro que más enorgullece a esta investigadora es la cocreación de Mingoya: tierra de ornitólogos, un cortometraje animado que explica la relación de una comunidad del municipio de Barbacoas, Nariño, con su entorno. Esta iniciativa refleja su manera de entender la investigación: “Uno de los mensajes de este trabajo es que escuchar es también una forma de cuidar. La gente lleva generaciones escuchando a las aves e interpretando sus cantos, y en esa escucha hay una memoria del territorio y una visión de sostenibilidad para el futuro”, asegura.
A los jóvenes que contemplan la ciencia como un camino, Nelsy les aconseja mantener las puertas abiertas para el diálogo y el intercambio con quienes trabajen a lo largo de su carrera, proponer ideas nuevas sin temor y, sobre todo, aproximarse a la realidad del otro con respeto. “Para mí, la investigación no es un esfuerzo solitario, sino un trabajo colectivo, estoy muy agradecida con la gente que me ha apoyado y con quienes he colaborado. Sin duda, algo importante es siempre dejar las puertas abiertas, mantener esas relaciones, porque las posibilidades son infinitas”, concluye.



