Cada época llega con cambios que obligan a repensar la relación del ser humano con su entorno. Para responder a esas transformaciones, la Iglesia católica ha recurrido históricamente a las encíclicas. El pasado mes de mayo, el papa León XIV presentó Magnifica Humanitas, un documento en el que sienta postura ante el avance de la inteligencia artificial.
Las encíclicas son cartas que están dirigidas a más de mil millones de fieles católicos en el mundo, las cuales expresan la posición del papa, quien, en su condición de jefe de Estado, ejerce una importante influencia geopolítica global. En 1891, por ejemplo, León XIII publicó Rerum Novarum para responder a los desafíos de la industrialización y a las tensiones que transformaban el mundo del trabajo. Décadas después, en la encíclica Pacem in Terris, Juan XXIII dirigió sus reflexiones “a todos los hombres de buena voluntad” en un contexto marcado por la reconstrucción de la sociedad tras la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de construir caminos de paz.
En esa tradición se inscribe Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV. El documento pone en el centro uno de los fenómenos más determinantes del presente: el impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo, la guerra y la propia comprensión de lo humano. Para entender los alcances de esta propuesta, el teólogo javeriano Wilmar Roldán ofrece una lectura de algunos de los puntos principales del texto:
“Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable y, por tanto, habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida”.
Magnifica Humanitas, cap. III, n.° 110.
Wilmar Roldán: siguiendo las enseñanzas del papa Francisco, quien tenía como política “derrumbemos los muros y, con los ladrillos de esos muros, construyamos puentes”, el impacto de esta encíclica tiene que ver con una premisa que ha estado presente desde el segundo día del pontificado de León XIV: desarmar las palabras.
Esta idea apareció cuando el papa León salió al balcón de San Pedro y dijo: “la paz con ustedes”. Desde ese momento comenzó a marcar una constante en una temática que le preocupa profundamente: la paz y la construcción de paz.
Por eso, en esta encíclica, Magnifica Humanitas, el papa plantea que los grandes hallazgos de los seres humanos también deben construirse desde la lógica de desarmar la inteligencia artificial cuando es utilizada con fines no éticos o en contra del principio fundamental de la doctrina social de la Iglesia, que es la dignidad humana.
Todo aquello que vaya en contra de la dignidad de la persona debe ser rechazado y reconducido para que pueda orientarse hacia el segundo gran principio de la doctrina social: el bien común.
Por tanto, desarmar la inteligencia artificial significa buscar el criterio de discernimiento ético y social que queremos darle. Significa preguntarnos qué función le estamos asignando y cómo puede ayudarnos a construir a la persona respetando su dignidad, promoviendo el bien común y reflexionando sobre el fin que tendrá el uso de esta herramienta.
“La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.
Magnifica Humanitas, cap. I, n.° 9.
Wilmar Roldán: finalmente, existe el riesgo de que la inteligencia artificial termine tomando el rostro de quienes financian su desarrollo o de quienes se benefician de los productos resultantes de su uso. Por eso, el llamado fundamental de la encíclica es al discernimiento, entendido como la capacidad de mirar más allá de lo que aparece y preguntarnos qué intereses hay detrás.
Lo que el papa está tratando de hacer es una denuncia profética, pero también un llamado a quienes financian los avances técnicos, científicos y tecnológicos para que se sienten a dialogar. En el fondo, la pregunta que plantea es: ¿cuáles son los intereses que ustedes defienden y cuáles son los intereses que buscamos proteger quienes estamos comprometidos con el cuidado, la protección y la custodia de la dignidad humana?
Lo que propone es la construcción de un diálogo en el que cada parte pueda poner sobre la mesa sus principios y, a partir de ellos, pensar en la construcción del bien común. Hasta ahí podríamos decir que está haciendo una denuncia; sin embargo, al mismo tiempo está presentando una propuesta.
“Las transformaciones tecnológicas pueden abrir nuevas oportunidades de trabajo, pero también generar formas inéditas de precarización y exclusión laboral, especialmente cuando la eficiencia algorítmica se impone sobre la dignidad del trabajador”.
Magnifica Humanitas, cap. II, n.° 67.
Wilmar Roldán: la reflexión sobre el trabajo es una preocupación de vieja data en la Iglesia. De hecho, fue el primer gran tema de la doctrina social y ha sido retomado por varios papas a lo largo del tiempo.
Para los seres humanos, el trabajo es una forma de entrar en relación con los otros, pero también de procurar el bienestar propio, el de los suyos y el de su entorno. Por eso, lo que busca el papa León en esta encíclica es insistir en la necesidad de cuidar las condiciones dignas del trabajo.
En ese sentido, hace un énfasis muy importante sobre las nuevas formas de esclavización, es decir, sobre aquellas maneras en que los seres humanos terminan siendo sometidos dentro de actividades que seguimos denominando trabajo. Personas explotadas produciendo datos, alimentando algoritmos o realizando tareas fundamentales para el funcionamiento de estas tecnologías, pero que continúan siendo mal remuneradas y carecen de condiciones laborales dignas.
Por tanto, lo que está planteando es que debemos estar atentos a la manera en que nos relacionamos con los otros en el ámbito laboral y procurar formas de trabajo dignas, justamente remuneradas y que verdaderamente potencien aquello que el ser humano es.
“Cuando la técnica se orienta a la promesa de un ser humano potenciado hasta el punto de superar sus límites constitutivos, se corre el riesgo de olvidar que lo humano no es un problema a resolver, sino una realidad a custodiar”.
Magnifica Humanitas, cap. III, n.° 112.
Wilmar Roldán: Magnifica Humanitas nos sitúa en un plano muy interesante y actual para las ciencias sociales y humanas: el de los debates sobre los poshumanismos y los transhumanismos, una reflexión que ha venido ganando fuerza en distintos escenarios académicos.
La clave que nos ofrece la encíclica es que el ser humano no pierda de vista el fin para el cual fue creado. Pero, además, plantea algo igualmente importante sobre la necesidad de que el ser humano recupere el sentido del porqué y para qué fue creado.
No es casual que, en el capítulo segundo, el papa centre su reflexión en los principios de la doctrina social de la Iglesia y los ponga en diálogo con una pregunta de fondo sobre cuáles son aquellos valores intrínsecos de la persona que no pueden ser modificados por la inteligencia artificial. Entre ellos destaca la conciencia.
La inteligencia artificial, por muy sofisticada o avanzada que llegue a ser, difícilmente podrá tener la conciencia que posee el ser humano en su manera de relacionarse con los demás, de comprender sus actos y de asumir responsabilidades frente a otros.
De tal manera que el principal aporte de esta encíclica es recordarnos el valor de ser humanos. Nos invita a reconstruir los vínculos desde la familia, las instituciones y los espacios donde se tejen las relaciones sociales. La pregunta que plantea es cómo fortalecer lo humano en medio de escenarios de deshumanización que deterioran nuestra relación con los demás, con el entorno y con lo trascendente.



