“Es tiempo de ir adentro”, dice la teóloga Rosana Navarro

“Es tiempo de ir adentro”, dice la teóloga Rosana Navarro

La batalla que lidia hoy la humanidad con el virus que desde Wuhan en China se ha ido expandiendo por todo el planeta, es similar, en su justa proporción, a la que experimentó Etty Hillesum durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Una mujer holandesa de padres judíos, quien después de haberse destacado por su viveza intelectual, decidió estudiar Derecho y lenguas eslavas en Amsterdam y a sus 29 años fue deportada al campo de concentración de Westerbork en 1943, donde fue ejecutada. Su historia se conoce por el diario personal que dejó antes de su muerte, el cual da cuenta del gusto por la lectura, el cultivo intelectual y su profunda y estrecha relación con Dios.

Hoy, cuando la vulnerabilidad se ha hecho más evidente que nunca, la experiencia de la fragilidad que suele evadirse, incluso considerarse una vergüenza, nos ha salido al encuentro como una amenaza de aniquilación, de muerte, de pérdida, podemos identificarnos con Etty. Así lo asegura la PhD. en teología Rosana Navarro.

La investigadora javeriana estudió la experiencia de esta judía con el propósito de identificar los rasgos de ‘lo humano’ y su relación con la espiritualidad. “Me he valido del testimonio de Etty, de su diario y sus palabras, que contienen una fuerza extraordinaria para iluminar a hombres y mujeres que se pueden ver reflejados en su experiencia”, dice Navarro.

Peste, pandemia y crisis

De las primeras pestes que históricamente recuerda la humanidad, la del año 430 antes de Cristo en Atenas, acabó con cerca de un tercio de la población, y con esta llegaron las crisis que se repitieron siglo tras siglo. De las más terribles y recordadas en la historia humana está la llamada Peste Negra, que en solo siete años causó casi 50 millones de muertes entre el continente europeo y el africano.

Caracterizadas en muchas ocasiones por fiebres intensas, insuficiencias respiratorias, dolores musculares, fuertes edemas pulmonares, reacciones unas veces positivas a los tratamientos y otras veces con recaídas que ocasionaban la muerte, no son las únicas de nuestra historia. Están otras que, aunque de otro tipo, se cuelan dentro de los virus que mucho daño le han hecho a la humanidad.

Colombia y su peste de guerra es un buen ejemplo, con más de ocho mil víctimas directas abatidas en su conflicto armado, sin contar todos los que indirectamente han padecido la suerte de esta pandemia; o el nazismo, que en la Segunda Guerra Mundial cobijó al 75 % de la población mundial del momento y solo en los campos de combate dejó diez millones de personas muertas.

Ester (Etty) Hillesum fue testigo y víctima de esta última, una experiencia que relató con los ojos puestos, por un lado, desde una realidad amenazante e inevitable, y por el otro, desde la hermosura que empezaba a surgir de lo más profundo de su ser, fuente de donde brota su experiencia espiritual.

Espiritualidad-interna_Semana_Santa

Para el momento que vive hoy la humanidad, su historia ofrece una reflexión en medio de la angustia que ha generado la COVID-19, el que parece ser el “nazismo” de nuestros días. Ante las crisis siempre surgen muchas preguntas acerca de las posibles soluciones, las medidas necesarias, las consecuencias económicas, el papel de lo político, pero rara vez se hacen visibles las preguntas que tocan al ser humano en la profundidad de su existencia, sus inquietudes de sentido. En últimas, la espiritualidad detrás de la crisis.

Ante la búsqueda espiritual humana y, como dice Navarro, la aparente ausencia de respuestas que caracteriza nuestra época, la investigadora presenta la experiencia de Etty como una propuesta a una forma contemporánea de vivir, en la que asumiendo la situación de su contexto y con todas las contradicciones que esto implica, es capaz de descubrir en ella el lugar del encuentro con los otros y del encuentro con Dios, sin tener como referencia ninguna religión o institución específica, teniendo en cuenta que la concepción de Dios ha estado muy ligada a la religión.

Navarro aclara: “esto está muy ligado a las vivencias de cada ser humano. La experiencia de Dios supera sobremanera la capacidad humana de hablar de Él, y quien lo ‘experiencia’ busca poner en palabras ‘algo’ de lo vivido, aunque siempre se quedará corto. La experiencia de la divinidad en medio de lo humano no pertenece a ninguna confesión religiosa; la religión es solo una forma de vivir la experiencia de Dios, desde ciertos ritos y formas litúrgicas”.

La joven holandesa, en medio de su crisis y en su búsqueda de Dios, explica lo que él es y la forma en cómo se presenta en ella: “Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo”.

Navarro considera que “estos pensamientos revelan una intuición humana fundamental que nos dice que lo más profundo de sí mismo es divino y es parte de nuestra condición humana; anhelamos la divinidad, no nos conformamos, y resulta que ese anhelo lo hemos confundido con la ambición, el egoísmo, el poder, u otras posesiones que hacen que el ser humano se sienta seguro y con la vida entera, aparentemente, bajo control, pero cuando eso se diluye, la vulnerabilidad humana se hace evidente”.

Esta coincide con lo que dijo el Papa Francisco hace algunos días al periodista español Jordi Évole, refiriéndose a la pandemia que está enfrentando el mundo: “siempre existe esa presunción de que a mí no me va a tocar, yo soy un preferido de la sociedad, de los dioses, de la cultura”.

La profesora Navarro amplía el concepto: “nos cuesta aceptar nuestra vulnerabilidad porque vivir implica una serie de puntos de quiebre, rupturas y cambios que duelen en el cuerpo y angustian en el alma. La vulnerabilidad es fragilidad, una fisura en la existencia que puede doler o avergonzar y mostrarse vulnerable también consiste en exponerse a los otros, y ahí el ser humano puede ser aprobado o desaprobado por otros y la desaprobación puede quebrantarlo”.

La crisis como una oportunidad para abrirse a la espiritualidad

En este paréntesis cuaresmal, no exactamente el que inició el miércoles de ceniza para los fieles de la Iglesia Católica Romana y otras instituciones, sino, en esta cuarentena de carácter obligatorio, ocasionada por el COVID-19, “está la oportunidad privilegiada para mostrarnos y aceptarnos como somos: vulnerables”, dice Navarro.

Al comienzo de su diario, Etty se refiere a su situación existencial como una constipación o ‘estreñimiento espiritual’, en palabras de Navarro, “ella se refiere a eso que no dejamos salir, que no nos deja mostrar lo mejor de nosotros y entonces, sacamos lo peor, porque no hemos cultivado esa belleza interior y nos volvemos inhumanos”. Esta ausencia de humanidad en medio de la pandemia por el coronavirus, Navarro la ubica en los gestos de aquellas personas que desmedidamente solo miran su interés y se enceguecen frente a la vulnerabilidad de los otros para privilegiar su bienestar y seguridad. Actitudes opuestas a las de Etty, que en medio del campo de Westerbork, como dice Navarro, “fue testimonio de una vida entregada, de una entrega desinteresada, de un amor sin límites, hasta querer partir su cuerpo como el pan y darlo en alimento a los hambrientos.

El itinerario de Etty muestra cómo ella fue descubriendo la riqueza que poseía en su interior a través de hábitos sencillos como la gimnasia, la meditación, la oración y la lectura. En este tiempo de confinamiento, “tenemos la posibilidad de dedicar un espacio a nuestra vida interior, y desde dentro de nosotros dejar brotar la fuente y fuerza necesaria para afrontar la vida”, dice Navarro. Estamos viviendo días en los cuales la memoria hace recordar el valor del abrazo, de la sonrisa, de los detalles que día a día solíamos tener y que pasaban desapercibidos. “Hoy añoramos los abrazos que no dimos, las palabras que no dijimos, la mano que no tendimos, la sonrisa que negamos y la compañía que ignoramos. Y todo esto lo estamos viviendo en la soledad y en el silencio de esta cuarentena” comenta Navarro y hace esta invitación para explorar en lo más profundo del ser.

El llamado final de la profesora Navarro es a aprovechar este tiempo para que, como Etty, veamos la necesidad de crear espacios para el cultivo de la interioridad, a través de hábitos sencillos que permitan descubrir que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. “Solo así podremos comenzar a humanizar y a resignificar la existencia, permitiendo que surja lo mejor de nosotros: solidaridad, fraternidad, alteridad, amor. Sí, estamos confinados, pero más unidos que nunca, ‘todos vamos en el mismo barco’, en un barco en el que tenemos algo que hacer y decir: médicos, científicos, psicólogos, humanistas, artesanos, mensajeros, tenderos, campesinos, estudiantes, maestros, padres y madres de familia, todos, sin excepción”, asegura Navarro y finaliza, “el absurdo, la posibilidad de la enfermedad y de la muerte, no desaparecen, pero pueden asumirse y adquirir nuevo sentido. Por eso hay que seguir navegando, pero en estado de alerta, es decir, con los ojos abiertos, las manos tendidas, el oído atento, el corazón dispuesto. Es tiempo de ir adentro”.

 

¡ADENTRO! *

Busca tu ámbito interior el de tu alma.
En vez de decir, pues, ¡adelante! o ¡arriba!, di ¡adentro!
Reconcéntrate para irradiar; déjate llenar para que reboses.
Luego, conservando el manantial,
recógete en ti mismo para mejor darte a los demás.
Avanza en las honduras de tu espíritu
y descubrirás cada día nuevos horizontes,
tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza,
cielos antes nunca vistos, nuevas constelaciones.
Tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti.
¡Adentro!


* Unamuno citado por Navarro. https://www.creciendoconetty.org/

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo vive la iglesia todo lo que ha causado la pandemia del Covid-19?

José Luis Meza: En términos generales, la iglesia ha tenido que repensarse en casi todas sus vertientes. En los ritos, por ejemplo. Recordemos esa imagen impactante de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco con la Plaza de San Pedro vacía. Eso fue algo nunca visto. Sin embargo, muchas personas -los medios hablaron de 1.500 millones de personas- estuvieron conectadas a través de la televisión y las redes sociales. Entonces, la pandemia ha afectado la vida de la Iglesia pero ésta ha sabido aprovechar los medios de comunicación para hacer su labor.

Pensemos en la misa dominical. Al inicio de la pandemia, en nuestro país se promovieron unas medidas. Éstas llevaron a que en el templo no se pudiera dar la paz de mano, ni beso, sino una venia; había que recibir la comunión en la palma de la mano y guardar un metro de distancia entre las personas. Todo esto era un poco extraño pero había que hacerlo.

En esta Semana Santa nos conectaremos de forma virtual o participaremos de las celebraciones en televisión y, por tanto, tendremos que resignificar los gestos que ocurren en sus ritos. No habrá contacto físico, pero estaremos conectados de otra forma. También tendremos la oportunidad de compartir momentos espirituales con las personas con las que vivimos. Recordemos que la familia es la iglesia doméstica. Yo creo que la pandemia ha afectado la Iglesia, pero también nos ha llevado a repensarnos, a imaginar nuevas formas, nuevas ritualidades, nuevos gestos.

PJ: ¿Qué reflexiones teológicas surgen a partir de esta situación?

JLM: La teología ha jugado parte en las actuales circunstancias. La teología ha dicho una palabra pero valdría la pena preguntarse ¿Qué tipo de palabra? He leído algunas reflexiones teológicas que se han quedado en una visión apocalíptica. Algunas sacan a relucir textos del Antiguo o del Nuevo Testamento para afirmar que esto es una señal de Dios, que es un castigo divino, que los días de la humanidad están contados, etc. Lamento este tipo de reflexiones. En cambio, aplaudo aquellas que nos invitan a pensar en una creación que está interrelacionada. Somos seres que estamos conectados con todos y con todo, con nuestra familia, con los que hacen parte de mi círculo vital, con la gente de mi país y con el planeta mismo. Lo que yo haga o deje de hacer va a afectar a todos, a la naturaleza. Esto explicaría por qué el Covid-19 se ha expandido por todo el mundo.

Otras reflexiones que me han gustado son aquellas que despiertan en el ser humano la pregunta: ¿Qué puedo hacer yo frente a lo que está pasando? Hemos visto gestos de una generosidad enorme, de los trabajadores de la salud, de los ciudadanos de a pie y de algunos empresarios. Eso demuestra cómo esta situación puede revelar nuestra grandeza. Eso no significa que no haya otros tratando de salvar su propio pellejo y estén pensando en su propio bienestar.

PJ: ¿Sería correcto comparar esta pandemia con las plagas u otros hechos que menciona la Biblia?

JLM: Algo que ocurre en el ser humano frente a situaciones es pensar en el fin del mundo y ver si alguien lo predijo. Por ejemplo, está agotado el libro de la psíquica Silvia Browne sobre el fin de los días. También algunos han recordado las profecías de Nostradamus. Otros han sacado versículos descontextualizados de la biblia como Lucas 21:11 o Mateo 24: 36 o cualquier otro,  para justificar lo que está pasando. Nos encanta predecir el fin del mundo y decir “yo tenía la razón y no me pusieron cuidado”. Este tipo de pensamientos generan zozobra, miedo, pánico. Estos pensamientos apocalípticos nos llevan a una cierta pasividad porque sentimos que ya no hay nada que hacer. También exacerba la xenofobia, el rechazo, la exclusión y la sospecha hacia los otros.

PJ: ¿Cuál sería la visión más acertada?

JLM: No debemos entender el virus como un castigo divino, como algunos andan diciendo. Se trata de una oportunidad para pensar cómo estamos viviendo nuestra vida, cómo estamos tratando a los otros y al planeta.

Muchas reflexiones acertadas son posibles: en torno al daño del planeta, la manera como lo hemos convertido en un depósito de basura, como dice el Papa. Otra reflexión que está por hacer es si la economía de mercado en la cual estamos enfrascados ha sido un fracaso. Otra idea que me parece importante: lo que realmente necesitamos para vivir. Estos días hemos vivido sin usar el carro. También hemos tenido tiempo para hablar con nuestra familia, para saludar a familiares y amigos con los cuales hacía tiempo no nos hablábamos, para cuidar a nuestros padres y mayores. Espero que no nos suceda que cuando termine la pandemia volvamos a ser los mismos de antes. Que volvamos a no preocuparnos por nada ni por nadie. Si esto ocurriera, no aprendimos la lección.

PJ: ¿Cómo puede afectar el no poder asistir a los rituales de Semana Santa?

JLM: La pandemia va a afectar los rituales a los cuales estamos acostumbrados. Como lo religioso está conectado con otros ámbitos, otros sectores también se van a ver afectados. Para nadie es desconocido que la Semana Santa mueve muchos renglones de la economía, por ejemplo, Popayán. Allá habrá una afectación muy grande.  Sin embargo, esta semana será una oportunidad para no quedarse en las formas. No tendremos la posibilidad de juntarnos masivamente, pero sí tendremos la posibilidad de recordar el verdadero significado de cada celebración. Frente a los mismos textos de la palabra, las liturgias, las reflexiones, tendremos momentos íntimos para saborear de otra manera lo que significa creer en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

PJ: ¿Qué mensaje enviar a las personas que extrañarán los rituales?

JLM: José María Castillo, teólogo jesuita español, tiene una reflexión a partir de la pregunta: ¿qué es más importante, la religión o el evangelio? Podría reformularla de otra manera: ¿qué es más importante, celebrar las exterioridades religiosas o vivir internamente el mensaje del evangelio? La respuesta es lo segundo. Las expresiones religiosas son formas para celebrar la fe que vivo. Por eso, lo más importante es la fe que profeso con mi vida. Yo puedo ir a misa todos los domingos, escuchar la palabra y comulgar sin que nada en mí se transforme. Sigo siendo el mismo trásfuga que maltrata a su pareja, que violenta a sus hijos, que roba la empresa en la que trabaja y que le echa el carro encima a los peatones. Entonces, no pasa nada en mí pero me siento bien porque voy a misa. Esa religiosidad realmente está lejos del evangelio. Lo importante es vivirlo, sentir la buena nueva que nos invita a amar, a servir, a perdonar, a solidarizarme con los otros.

Esta semana santa va a ser diferente pero no debería serlo solo por lo nuevo en el culto o en las celebraciones. Podrían ser celebraciones presididas por el arzobispo. pero si no acontece nada en nosotros no sirve de mucho.

PJ: Con las imágenes de una recuperación de la naturaleza, ¿qué reflexión se puede hacer del cuidado de la casa común de la que habla la encíclica Laudato Sí?

JLM: La propuesta que hace el Papa Francisco es la de apostarle a una ecología integral. Si es integral, no se queda con el problema medioambiental sino que nos lleva a revisar cómo estamos gestionando nuestra economía, nuestra política, nuestra sociedad, nuestra educación. Por eso, entre otras cosas,  tenemos que revisar qué tipo de profesional estamos formando en la universidad. Además, hay que prestarle  atención a las prácticas que tenemos, en pequeño y en grande, en todos los ámbitos, esas prácticas que están haciendo que el planeta vaya de mal en peor.

La ecología integral interpela nuestra espiritualidad. De hecho, la relación ser humano-mundo nos permite crecer espiritualmente. Es decir, yo no puedo decir que soy un ser espiritual si tengo prácticas contaminantes y de deterioro del planeta. Sin duda, estamos viviendo un momento inédito que nos exige pensar en lo que somos y lo que estamos haciendo. De esto dependerá nuestro futuro.

El arte de reinventar la fe

El arte de reinventar la fe

Hace unos años, para Mileidys pensar en Dios era pensar en un infierno. La culpa la perseguía permanentemente. Esta mujer desplazada por la violencia entró a los 14 años a la guerrilla, se convirtió en la compañera de un rebelde que la maltrató y violó repetidamente, y ella terminó asesinándolo cuando lo descubrió abusando de uno de sus tres hijos. “Estoy completamente sucia, soy una pecadora. No creo que tenga salvación”.

Cuando la teóloga Susana Becerra escuchó este testimonio y la demoledora sentencia que Mileidys se había impuesto, comprendió el daño que siglos de prédica bíblica cimentada en el pecado y la culpa y no en la compasión y la misericordia pueden ocasionar. Aún está muy arraigada en la sociedad –especialmente en la población más vulnerable– la idea de un Dios juez que castiga o premia y que convalida la sumisión, el dolor y el sufrimiento en compensación al pecado. Para la muestra, un botón: cuando Mileidys le contó a su madre lo que estaba viviendo, ella solo atinó a decirle “aguante, mija, aguante, que para eso es su marido y ese fue el que Dios le mandó”. Además, cuando fue a confesarse tras quedar embarazada como producto de una violación, el sacerdote se negó a darle la absolución por considerarla indigna de ello.

Esta historia de vida es un ejemplo icónico que encontró Becerra en su trabajo con mujeres desplazadas asentadas en Ciudad Bolívar. Lo que empezó hace 14 años como una caracterización de esta población para nutrir el programa Vidas Móviles –creado para apoyar, acompañar y orientar a personas en condición de desplazamiento forzado, incluidas mujeres víctimas de violencia sexual– se convirtió en el sustento de una investigación teológica sobre cuál es la visión que se tiene de Dios en las distintas construcciones sociales y sobre cómo se dialoga con él en medio del drama y la tragedia humanas.

Basada en su experiencia pastoral, en varios estudios y en su propia formación profesional en la Pontificia Universidad Javeriana, Becerra impulsa a vivir una fe que no se dé desde el sufrimiento ni de manera pasiva con la convicción de que el único mandamiento de Dios es el amor, y ante su mirada, el dolor y el sufrimiento son injustificables como mecanismos para acreditar la fe. “El dolor y la muerte nos son inherentes y no los podemos evitar. No me imagino cómo sería la vida sin que existiera la vulnerabilidad en el ser humano, en la que el dolor y el sufrimiento se manifiestan para hacernos crecer y madurar. Pero lo que sí resulta inaceptable es cuando el dolor y el sufrimiento son inducidos o provocados por un poder que se impone: eso no lo quiere Dios”, aclara esta teóloga. “La teología ha estado en manos de los hombres, muchos de los cuales le han dado una orientación machista, pero ya hay una tradición de mujeres biblistas que muestran una mirada diferente, más humana, misericordiosa y transformadora, y cuando las mujeres víctimas de la violencia leen estos textos empiezan a concebir a Dios desde ese punto de vista”, añade, convencida de que la mujer lleva la peor parte en el universo de los sufrientes, más aún si es campesina, indígena o afrodescendiente.

La teóloga Susana Becerra trabajó con mujeres desplazadas de Ciudad Bolívar.
La teóloga Susana Becerra trabajó con mujeres desplazadas de Ciudad Bolívar.

Para Becerra, los hombres y las mujeres no deben adoptar una actitud sumisa ante la palabra de Dios sino comprender su sentido a la luz de las vivencias humanas y, a partir de allí, evangelizar con obras que sean liberadoras. Ella propone rescatar el concepto de hermenéutica de la sospecha propuesto por Elisabeth Schüssler Fiorenza, que cuestiona de manera crítica las afirmaciones de fe que han surgido en distintos contextos culturales en aras de una interpretación más incluyente y misericordiosa.

El aporte de Becerra reivindica la directriz del Papa Francisco de desarrollar una “Iglesia en salida”, es decir, aquella que sale a buscar a quienes sufren, camina con ellos y los ayuda efectivamente a transformar sus vidas. Esta teóloga considera tres planes de acción para ejercer una verdadera pastoral urbana: 1) identificar las principales fuentes de sufrimiento en cada comunidad; 2) que clérigos y laicos, basados en el primer plan, construyan programas de mejoramiento pastoral integrando especialmente la voz y las necesidades femeninas, y 3) que todos en conjunto trabajen para transformar sus realidades.

Esto parecería elemental, pero la realidad demuestra que no es así, y debería serlo tanto en la concepción ideológica del catolicismo como en el papel que debe desempeñar el clero. Pese a que el Concilio Vaticano II cambió radicalmente la mentalidad sobre Dios y la religión, “aún hay sectores de la Iglesia que piensan en un Dios crucificado y castigador que impone dolor en la tierra, donde quienes más sufren podrán ganar más cielo; es una visión masoquista y patológica sustentada por un discurso de poder en el que ‘si usted sufre, yo, como sacerdote, le administro su sufrimiento porque tengo el poder para hacerlo, pero necesito de sus estipendios’”, afirma el jesuita Carlos Novoa, para quien, además, es clarísimo que el cielo y el infierno luchan entre el barro, no en la atmósfera. Esa es la que el Sumo Pontífice llama “la Iglesia encerrada en sí misma”, la Iglesia “burocrática, cortesana y carrerista”.

Para Novoa, director de posgrados de la Facultad de Teología de la Javeriana, el trabajo de Becerra tiene un gran valor en cuanto desarrolla la teología desde la práctica –algo definitivamente atípico en esta ciencia– y porque es una mujer quien lidera esa visión pastoral. “Hay dos tipos de teología: la de salón, que se mete en los libros a jugar con las especulaciones y en la que sus acólitos piensan que su labor es embutirse en el cerebro un poco de conceptos, dogmas y normas para repetirlos como un papagayo, y la evangélica, que se acerca, toca y se empapa de la vida humana con todos sus matices y de ello hace una reflexión teológica”, explica Novoa, y agrega que Dios tiene una sola voluntad y que los cristianos están llamados a una sola obediencia: amar. Eso es, en realidad, el prólogo y el epílogo de la auténtica fe.


Para leer más:

  • § Becerra, Susana. “El reto de reinventar la vida: acompañamiento pastoral a mujeres en la adversidad”. Franciscanum 56, n.° 161 (2014): 263-296.

 


TÍTULO DE LAS INVESTIGACIONES:

  • El desplazamiento forzado: un desafió a la pastoral (sub)urbana
  • Experiencia de Dios en la corporeidad y la sexualidad de un grupo de pacientes de la unidad de Infectología del Hospital Universitario San Ignacio

INVESTIGADORA PRINCIPAL: Susana Becerra
COINVESTIGADORES: Consuelo Vélez, Ángela María Sierra, Carlos Julio Rozo C. M. F., Andrés Rodríguez y Alberto Camargo
Grupo de Investigación Teología y Mundo Contemporáneo
Departamento Centro de Formación Teológica
Facultad de Teología
PERIODO DE LAS INVESTIGACIONES: 2012-2017

¿Es Dios una ilusión?

¿Es Dios una ilusión?

¿Existe Dios? Sí, contestó el teólogo y filósofo jesuita Gerardo Remolina. No, respondió el biólogo y etólogo Richard Dawkins. ¿Existió Jesús? Sí, continuó Remolina; es probable, respondió Dawkins. Y así, cada uno desde su orilla, el uno religioso y el otro, ateo hasta los tuétanos, los dos expositores conversaron ante un auditorio de cientos de asistentes en el Coliseo de la Pontificia Universidad Javeriana.

“Dios es el ser que todo lo envuelve y lo penetra”, dijo Remolina. “Es infinitamente inmanente y trascendente, porque todo lo que existe es ser, pero nada de lo que existe agota el ser”. Es como una esponja en medio del mar, comparó: “El mar la envuelve toda por fuera y la penetra por dentro. A ese ser supremo, fuente y origen de todo lo demás, es a lo que me refiero al hablar de Dios”.

A su turno, Dawkins respondió con otra pregunta: ¿de qué dios estamos hablando? Y mencionando las culturas a través de la historia, y los diferentes dioses de las religiones que existen y han existido, concluyó que la pregunta de si existe Dios es una pregunta científica. Mientras no tenga respuesta, “Dios es una ilusión”, dijo.


Mitos y realidades

Ambos estuvieron de acuerdo en que existió el Big Bang, que el universo tiene unos 14.000 millones de años, el planeta Tierra tiene poco menos de cinco mil millones de años y la evolución del género homo se inició hace 2,5 millones de años. El Homo sapiens tendría 400.000 años. Así lo dicen los científicos y hay evidencias al respecto.

Pero Remolina fue más atrás: “Si el universo tuvo un principio, ¿cuál fue su origen? ¿Por qué antes no existía y ahora sí?”. Para Dawkins se trata de “un verdadero misterio en el que los físicos aún trabajan y no han resuelto”. Pero si hablamos del inicio de la vida, continuó, hace unos 4.000 millones de años, “la respuesta es menos misteriosa”.

El origen de la vida lleva al tema de Adán y Eva, sobre lo cual también hubo acuerdos. “Adán y Eva son un mito que representa una estructura de pensamiento del ser humano cuando se enfrenta a grandes preguntas”, respondió Remolina, representando la inquietud del hombre de responder a la pregunta: ¿de dónde venimos? El problema, dice Dawkins, es que la gente cree que existieron, y que hubo una serpiente que hablaba: “Esa es la pelea que debemos ganar. Eso no es historia”.

En ese escenario, el moderador, Rafael Eduardo Orozco, presidente de Inc. EU, les preguntó sobre el pecado original. Remolina insistió en que, “así como no existieron Adán y Eva, tampoco existió un paraíso terrenal ni una inocencia total del ser humano”. Todos somos pecadores, dijo, no porque hayamos cometido una falta sino porque “estamos centrados en nosotros mismos y buscamos nuestra supervivencia”. El rito del bautismo, por tanto, “es un símbolo eficaz” para la transformación del ser humano.

Richard Dawkins, etólogo y biólogo evolutivo británico.
Richard Dawkins, etólogo y biólogo evolutivo británico.

En cambio, para Dawkins, el bautismo es algo parecido a un “abuso infantil”, porque el niño es muy joven para saber lo que está pasando y está “condenado” a pertenecer a las creencias de sus padres: “Creo que es una idea horrible pensar que todos los niños son pecadores hasta que no se pruebe lo contrario”. Y sugirió dos ideas: en primer lugar, dejar que las personas decidan por si mismas cuando tengan la madurez necesaria para hacerlo, y en segundo lugar, que los colegios enseñen las diferentes religiones de tal manera que los estudiantes tengan suficientes elementos para tomar la decisión.

El bautismo en los niños es algo que la iglesia discute actualmente, informó Remolina. “Pero todos nacemos en una religión, en unos pensamientos y a los padres les asiste el derecho de transmitirles a sus hijos su religión, así como les transmiten su lengua, su cultura y conocimientos”. Es entonces cuando gradualmente alcance su madurez intelectual que confirmará o negará su fe.

Esa palabra ‘gradual’ es la que confirma que en la teoría de la evolución no hay líneas contundentes de saltos en el desarrollo de la vida, explicó Dawkins. Los cambios se van dando gradualmente, así como se va dando el desarrollo del ser humano de bebé a adulto. Es cierto, el hombre es un producto gradual, dijo Remolina.


Los milagros, entre la realidad y la ficción

Mientras el padre defendió sutilmente la veracidad de los milagros, y dijo en pocas palabras que “son señales del poder de Jesús; un milagro se da en el contexto de un acto de fe”, Dawkins arremetió contundente: “¡La iglesia inventa cosas!”. Se preguntó además por la veracidad de la existencia de Jesús y de su resurrección… y si hay algunos huesos por ahí, dijo, ¿dónde encontramos el cromosoma Y si Jesús no tuvo padre? Remolina, pausado y ecuánime, respondió: “El tema de la resurrección no es un tema físico. La resurrección de Jesús se sitúa en el más allá de esta vida temporal, es la superación del espacio y del tiempo”. Y entró en temas mayores preguntándose si existe el espíritu, y si supervive la muerta física. “Ahí es donde la ciencia teológica trata de explicar de una manera razonable la fe”.

Padre Gerardo Remolina S.J., teólogo y doctor en filosofía.
Padre Gerardo Remolina S.J., teólogo y doctor en filosofía.

Y si después de morir, le preguntó Remolina a Dawkins, despertase ante la presencia divina de Dios, ¿entonces qué? A lo que el científico citó a Bertrand Russell, filósofo británico y Premio Nobel de Literatura, cuando se le formuló la misma pregunta: “Le diría ‘Señor, no nos diste suficientes pruebas’, y agregaría, ‘¿cuál dios eres tú’?”.

El hecho es que Dawkins no cree en la transformación del agua en vino, en la separación de las aguas del Mar Rojo, en la multiplicación de los panes y los peces, y lo que más le indigna es que la iglesia no les aclara a sus fieles la diferencia entre símbolos y realidades. “Los símbolos son importantes”, dice, “pero también la realidad lo es y más importante es distinguir entre uno y otra. El problema de los símbolos es que la gente que se congrega en la Iglesia piensa que son realidad”.


Desde la Universidad

Al inaugurar el debate, el rector de la Pontificia Universidad Javeriana, Jorge Humberto Peláez, dio la bienvenida a conferencistas y participantes aclarando que el padre Remolina, quien ocupara su mismo cargo entre 1998 y 2007, no sería vocero de la Iglesia Católica ni de la Compañía de Jesús ni de la Universidad.

“Considero de la mayor importancia resaltar el valor que para una universidad como la nuestra tiene el debate, porque esto es lo propio de un centro de educación superior. Plantear preguntas, promover el diálogo y permitir el debate en medio de la diversidad de las ideas y en el pluralismo de los argumentos, siempre con respeto y rigor, sin dogmatismos ni fundamentalismos, es la forma de abrir caminos para el desarrollo del conocimiento y la cultura”, expresó.

El evento clausuró los actos conmemorativos de los 80 años de la Facultad de Teología de la Javeriana.