Entre las pocas horas de sueño, los ojos agotados frente a la pantalla y las comidas improvisadas por el afán y el cansancio, la época de parciales altera drásticamente las prioridades cotidianas de los estudiantes. Precisamente, este desequilibrio en las rutinas llamó la atención de un grupo internacional de investigadores liderados por los profesores Daniel Parra y Jeremy Young, del Departamento de Administración de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes decidieron estudiar cómo se transforman los hábitos de consumo de alimentos ultraprocesados entre los estudiantes durante los periodos de evaluación.
Los resultados, publicados en la revista científica Frontiers in Psychology, mostraron que durante estas semanas las compras de alimentos ultraprocesados aumentaron cerca de un 13% entre estudiantes frente a otros momentos del semestre. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron diferencias de consumo por parte de los estudiantes en semanas de exámenes, semanas previas a las evaluaciones y periodos académicos sin parciales. Para mayor certeza, estos datos fueron comparados con los consumos de trabajadores y otros compradores no estudiantiles.
El equipo analizó miles de registros de compra realizados en un supermercado de la Javeriana Cali, que también funciona como laboratorio de investigación. Allí se recopilan datos reales sobre lo que compran estudiantes y trabajadores dentro del campus, lo que permite estudiar patrones de consumo en condiciones cotidianas. En total, los investigadores revisaron 653.439 compras de alimentos entre 2018, 2019, 2022 y 2023. De estas, 598.317, correspondían a comida chatarra.
La intención al comparar tantos registros era asegurarse de que los cambios en el consumo realmente estuvieran relacionados con la presión académica y no con otros factores externos, como promociones o variaciones habituales en las ventas. “Imagine que en la semana de exámenes llegara una empresa de chocolatinas a hacer una promoción. Eso implicaría que todo el mundo consumiera más ultraprocesados”, ejemplifica Daniel Parra, investigador principal del estudio.
En todo caso, los resultados mostraron que a lo largo de los distintos años analizados el consumo de ultraprocesados comenzaba a aumentar desde la semana previa a los exámenes y alcanzaba su punto más alto durante los periodos de evaluación, cuando las compras crecían cerca de un 12,9%. Después de los parciales, el consumo volvía a descender, con caídas cercanas al 25,7%. “En las semanas de exámenes se consumían más ultraprocesados para los estudiantes. Para los que no eran estudiantes, eso no era verdad”, afirma Parra.
Una alerta sobre bienestar estudiantil en época de parciales
Los ultraprocesados son productos cuyo estado natural ha sido transformado mediante procesos industriales y la incorporación de ingredientes como azúcares, grasas, sodio y distintos aditivos. En esta categoría entran bebidas azucaradas, snacks empaquetados, dulces, embutidos, comidas listas para consumir y otros productos en los que, muchas veces, resulta difícil reconocer su origen vegetal o animal. Para clasificar los alimentos analizados en la investigación, los investigadores utilizaron el sistema NOVA, una metodología reconocida internacionalmente que distingue los alimentos según su nivel de procesamiento industrial.

El consumo excesivo de comestibles ultraprocesados está relacionado con el aumento del riesgo de sufrir sobrepeso, obesidad, complicaciones cardiometabólicas y otras enfermedades no transmisibles como diabetes, cáncer y mortalidad cardiovascular, tal cual lo explica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.
Para Julián Paul Martínez Galán, coordinador del Laboratorio de Alimentación y Nutrición Humana de la Universidad de Antioquia, no sólo se deben tener en cuenta los efectos en la salud a largo plazo de este tipo de comidas. También son importantes los efectos más inmediatos de estos productos: “Causan alteraciones en la calidad del sueño, fluctuaciones rápidas de energía, mayor fatiga, problemas gastrointestinales y cambios en el estado de ánimo”, explica. Sentir estos efectos en semanas de presión académica es como echarle leña al fuego.
Para Martínez estas decisiones alimenticias no pueden entenderse únicamente desde la responsabilidad individual: “Se trata de un entorno que favorece este tipo de elecciones. Cuando una persona tiene presión académica, poco tiempo y cansancio acumulado, tiende a priorizar alimentos rápidos y de recompensa inmediata. A esto se suman factores como el marketing intensivo, la normalización social de estos productos y entornos universitarios donde predominan snacks, bebidas azucaradas y comidas rápidas”.
Actualmente, el equipo trabaja en una investigación centrada en cómo el etiquetado nutricional influye en las decisiones de compra y en el consumo de alimentos ultraprocesados dentro de entornos universitarios. Finalmente, los investigadores consideran importante ampliar este estudio para comprender mejor los efectos que el consumo frecuente de ultraprocesados puede tener sobre la salud y el bienestar de los estudiantes.



