En un mundo que parece correr a la velocidad de un scroll infinito, sentarse a conversar sobre la esencia de la curiosidad resulta ser un acto de rebeldía. Con esa premisa inició la segunda temporada de Desde Ático, el video podcast del Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana.
En el primer capítulo de esta temporada la profesora Claudia Rivera, de la Facultad de Ciencias, conversó con el artista visual Carlos Mery, profesor y exdecano de la Facultad de Artes de la Javeriana. En un espacio renovado, ambos académicos reflexionaron alrededor de una frase que se repite en las aulas de artes: la vida es corta, pero el arte, entendido como la búsqueda incesante de sentido, es largo.
Mery inició la conversación con una advertencia sobre el mundo contemporáneo: vivimos en una era de hiperabundancia de información que, paradójicamente, no nos hace más sabios, sino que genera nuevas y preocupantes formas de ignorancia. “La velocidad a la que fluye todo en las redes sociales nos ha arrebatado la capacidad de conectar profundamente con el entorno”, dijo. Ante este escenario, propone un esfuerzo consciente por reducir la velocidad del mundo y volver a observar lo que nos rodea con la paciencia de antaño.
Ambos profesores coincidieron en que, en la academia actual, la especialización extrema ha hecho perder la visión de conjunto que poseían los filósofos naturales o polímatas como Leonardo Da Vinci. “Sabemos mucho de una sola cosita y nos perdemos toda esa visión más grande”, reflexionó Rivera.
Frente a esto, Mery propone la idea de crear burbujas de pensamiento y sensibilidad incluso en medio de la carrera del día a día. “Eso permite que lo pequeño y lo grande vuelvan a interactuar en nuestra mente y así promovemos la creatividad de nuevas reflexiones”, agregó.
La tensión entre la gestión administrativa y la creación artística, la disyuntiva de Carlos Mery
Aunque su título de posgrado de la Universidad Nacional de Colombia dice que es maestro en Bellas Artes, Mery es crítico sobre ese tipo de categorías. “Las prácticas artísticas en general no son estáticas, sino que constituyen un territorio de interacción constante”, manifestó. El docente señaló que el arte funciona de manera similar a un organismo: requiere “devorarse el mundo”, asimilarlo, entenderlo y hacerlo parte de la intimidad del creador para luego poder propagarlo. En la entrevista se enunció como artista especializado en pintura y que ha explorado la escultura en los últimos años.
Uno de los puntos más sentidos de la conversación surgió cuando Mery recordó su paso por la gestión universitaria. Tras nueve años como decano y seis como director de departamento, describió la experiencia como una “cruda paradoja”. Mientras su espíritu artístico buscaba la expansión creativa, el tiempo de la vida se consumía entre celdas de Excel y formatos administrativos, según contó.
Por ello enunció como fundamental la “labor de preservar espacios sagrados donde las preguntas que nos punzan puedan ser formuladas más allá de lo funcional”.
Su retorno a la creación artística tras años de trabajo administrativo, en sus palabras, no fue sencillo. Lo describió como un GPS que había perdido los satélites y necesitaba volver a localizarse. “La lección que me quedó es que lo administrativo no debe ser un fin en sí mismo, sino algo que se debe permear con la mirada creativa para no dejar que el creador interno se vuelva pequeño”, aseguró.
Al volver al taller, Mery se enfrentó con su propio profesor interno. Para crear, explicó, es necesario silenciar al profesor que juzga, que corrige bajo cánones establecidos e inhabilita el gesto espontáneo. “En el arte, a diferencia de otras disciplinas, el error no es algo que deba eliminarse, sino algo que debe ser acogido por su capacidad disruptiva”, la contó a la profesora Rivera.
De hecho, dijo, el error es un maestro, pues es a través de la falla que se encuentran los nuevos caminos compositivos. Para ilustrarlo, utilizó una metáfora muy artística: “las arcillas más puras y blancas son las que acaban de salir del volcán, pero las arcillas más viejas, aquellas que han sido erosionadas y contaminadas por el recorrido de la vida, son las más plásticas”.
El origen de la vocación y la curiosidad universal
¿Dónde nace un artista? ¿O una científica? La profesora Rivera relató que, de niña, podía pasar horas arrodillada mirando las largas filas de hormigas que caminaban unas tras otras cargando pedazos de hojas. Años después entendió que, de esa misma curiosidad por entender los micromundos, surgió también su interés por la microbiología.
Por su parte, el docente Mery contó que su vocación artística proviene de un tejido de herencias de un abuelo aventurero, caricaturista político y buscador de oro, y otro abuelo linotipista que armaba libros letra por letra. Pero fue una experiencia cercana a la naturaleza, en un año sabático en una granja agrícola cooperativa de Israel, lo que lo llevó a decidirse por las Artes por encima de otras opciones que le proponía su familia.
Tanto para Rivera como para Mery, el contacto con el mundo natural desencadenó una necesidad de entenderlo. Ella desde la ciencia, y él desde las artes. Ambos coincidieron en que la curiosidad es el denominador común. Por ello la importancia de promoverla, incentivarla en los niños y estudiantes, y de mantenerla viva aún con el paso de los años.
Finalmente, la conversación aterrizó en el aula de clase. Mery y Rivera reflexionaron sobre los retos que enfrentan los profesores desde la pandemia, la cual cambió los modos de relación y bajó los umbrales de resistencia ante la dificultad. El gran reto del profesor, para ambos, no es solo impartir conocimiento, porque este ya está al alcance de un clic, sino fomentar la autonomía y la curiosidad en los estudiantes.
Mery propone abandonar la figura del profesor “cuchilla” que ejerce el poder a través del temor. Sostuvo que aunque el miedo es una herramienta eficiente de control, también inhibe el aprendizaje real. En su lugar, aboga por una relación donde la autoridad no nazca de la jerarquía, sino de la capacidad de cocinar algo interesante a partir de la diferencia entre maestro y alumno. “Uno no aprende de los estudiantes o de los profesores, aprende de lo humano”, dijo.
Vea aquí el primer capítulo completo de la nueva temporada de Desde Ático:



