En su edición inaugural, la Trienal de Arte de las Universidades Católicas (ARTCUT26) convoca a creadores e investigadores a pensar la práctica artística no como un gesto aislado, sino como un puente de contacto con lo otro. ¿Puede convertirse el arte en un territorio de encuentro y escucha frente a las fracturas del presente?
Para esto, ARTCUT26 invita a 104 artistas y 14 curadores a desplegarse en un hilo conductor: los ejercicios de empatía. El evento acontece simultáneamente en la Pontificia Universidad Católica de Chile, la PUC- Río, El Boston College, la Universidade Católica Portuguesa, la Università Cattolica del Sacro Cuore, la Universidade Católica de Angola y la Pontificia Universidad Javeriana, sede Central.
Como apunta el Cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, en la guía de sala de la exposición “la empatía no se trata de un adorno retórico, sino de un principio estructural: es a partir de la capacidad de situarse en la experiencia del otro y de habitar su punto de vista como la universidad puede cumplir su vocación más profunda, es decir, generar comunidad en torno a la verdad”. En otras palabras, ARTCUT26 plantea la posibilidad de, a través de las prácticas artísticas, construir un puente de encuentro con lo otro, pero además se propone una proyección vital de las universidades católicas en el presente.
Salida interior: el arte como práctica de empatía y sostenimiento
En Ejercicios de empatía: salida interior, la exposición que se presenta en la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Central, bajo la curaduría de Nuno Crespo, Lucía Parias y Sylvia Suárez, hay una particularidad añadida a lo que entendemos por empatía. La invitación inicial llega pensando este concepto como una palabra que acciona, que se ejercita y que se practica por decisión, que permite ver y reconocer la situación de lo otro. Sin embargo, bajo esta curaduría se añade un paso al ejercicio, se propone una práctica de sostenimiento que implica una constancia de tiempos pausados e insistentes.
Como señala Lucía Parias, co-curadora de la muestra y profesora del Departamento de Artes Visuales, los proyectos presentados recurren a la afectación mutua desde un movimiento interno, recalcando la construcción de lo común en un contexto marcado por el aislamiento y la fragmentación. En este sentido, el arte es ese espacio que permite experimentar eso otro, mas no necesariamente entenderlo desde el intelecto. De alguna manera, es el medio posible para encarnar lo que parece distante.


Ese pequeño desplazamiento —esa vibración compartida entre la imagen creada y quien la presencia — puede producir un vínculo de empatía. Al recorrer los 13 proyectos de Ejercicio de empatía: salida interior resulta evidente que las obras no buscan la contemplación distante, sino la activación de un lazo afectivo. Bajo esta premisa, y entendiendo que la empatía nos compete a todos, la muestra despliega un componente de mediación para públicos amplios, especialmente para aquellos que no suelen estar en contacto con el arte, a través de ejercicios pedagógicos que permiten el juego y el diálogo directo con las obras.
“Para esta curaduría en especial, es importante diluir esta idea de que el arte es para personas especializadas o personas que deben tener una comprensión previa de algunos elementos, aquí el arte es un dispositivo que puede detonar unas preguntas, unas provocaciones sensibles, unas sensaciones y eso se puede llevar a la conversación, a la pregunta y a la duda”, señala Parias.








Este espacio experiencial fue creado con las obras Murmullos I, de Alejandro Castillejo; Escuchas y Escrituras, de Angélica Piedrahita; Durmiente, de Apichatpong Weerasethakul; Sueños Yanomami, de Claudia Andujar; Verde conjuro, de Colectivo Cromoactivismo, Río Adentro, de David Vélez; The Time That Remains, de François Bucher; Sin título I y Sin título II, de la serie Cotocua, de José Ismael Manco; Namui nu pir [Nuestro territorio], de Julieth Morales; Ostorium Nocturno, de Leonel Vásquez y Carolina Ortíz Cerón; Sombra luminosa de Mariana Caló y Francisco Queimadela, Ambiagüar para entrever, de Nicolas Leyva Townsend; Eccesso di Ablazione, de Sergio Maggioni (neunau).
La exposición estará abierta hasta el 20 de octubre de 2026 en el área de exposiciones de la Facultad de Artes, de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá; entrada libre y gratuita.



