¿Cómo son los papás colombianos?

¿Cómo son los papás colombianos?

El papel del padre de familia está cambiando en Colombia y en el mundo. Ya no se trata de “el donante biológico para la concepción, el que abandona o violenta a los hijos, el que no sabe cuidarlos, el accesorio de la familia, y el que, en el mejor de los casos, provee dinero y genera estabilidad económica al hogar”, apreciaciones poco positivas y que se han vuelto comunes a lo largo del tiempo. No quiere decir que este tipo de padres haya desaparecido del todo. Sin embargo, el cambio de las estructuras familiares en el siglo XXI ha roto muchas de esas nociones estereotipadas y posiblemente anticuadas a las que los padres han sido sometidos.

Ante la propagación de tales afirmaciones, el psicólogo e investigador javeriano Milton Bermúdez-Jaimes se propuso, en compañía de colegas de otras universidades como la del Magdalena en Santa Marta, la ICESI de Cali, la Universidad Bolivariana de Palmira, estudiar la realidad actual del hombre en la pareja, en la familia y como padre. Esta vez habla no como profesor sino como papá, dice: “con mi propia experiencia de la paternidad yo decía ‘no, no creo que seamos tan de segundo nivel’; ¿qué pasa con los que no somos así? Aquí nos estamos viendo como los malos de la historia. Teníamos que ver si era así o no”. Entonces, en dónde quedan los padres colombianos que han sido más que los ‘donantes’ de aquella miguita biológica necesaria para traer a un bebé al mundo.

Con 32 departamentos y un Distrito Capital, Colombia se considera un país multiétnico y multicultural por la gran diversidad social y cultural que hay en cada una de sus regiones, diversidad que ha trascendido a las familias que las pueblan. Por esto, la investigación Contribuciones del involucramiento a la calidad de la relación y la competencia parental al nivel de seguridad y bienestar de los hijos, transcurrió en tres contextos distintos del país: Santa Marta, Cali y Bogotá, e incluyó a 422 familias de estas ciudades para explorar el rol actual del padre de familia en Colombia, distinguiéndolo por regiones.

La apuesta de esta investigación fue la de estudiar al padre, pero no de forma individual. Por un lado, leer a la familia como todo un sistema y ver cómo resolvían sus problemas, cómo enseñaban a las nuevas generaciones a enfrentar las dificultades, cómo vivían el bienestar familiar, etc., y, por otro lado, ver aspectos tanto de mamá como de papá: qué hace cada uno en términos de cuidado, la crianza de los hijos, la economía, las labores del hogar; aspectos de la vida tan sencillos pero tan dicientes como ¿el papá realmente se sienta a ayudarle a aprender las tablas de multiplicar a los niños?, y con ello determinar cómo son estos nuevos padres de la sociedad contemporánea.

Los resultados que evidencia el estudio parecen ser alentadores, pues esta aseveración de la figura paterna como simple proveedor de recursos de la casa, lo que no deja de ser una responsabilidad básica importante, hoy pasa por una transición, la que Bermúdez identifica como la transición del nuevo padre. Papás que actúan de formas que en épocas pasadas habrían sido inimaginables: están pendientes de la salud de sus hijos, ya preguntan más por quiénes son sus compañeritos, se preocupan más por sus sentimientos, asumen la responsabilidad de llevarlos a las actividades, y los hijos, incluso, se convierten en sus mejores amigos. “Yo recuerdo a un papá que me decía ‘mire, mi mejor amiga es mi hija, es con la que yo me puedo abrir (era una niñita de 8 años), yo a ella le cuento todo y le digo cómo me fue en el trabajo’” relata el psicólogo.

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El nuevo padre está en medio de nosotros

Pedro* es uno de estos nuevos padres, tiene un empleo de medio tiempo en una empresa de importaciones y exportaciones. Aun así, no sufre de apuros económicos pues su esposa tiene un empleo a tiempo completo con una muy buena remuneración. Pedro, a pesar de no tener el empleo que quisiera, se siente muy feliz de poder compartir tiempo con sus hijos.

Los de hoy son padres que, como Pedro, “están más involucrados, son más responsables; e independientemente de que muchas veces se rompa el vínculo conyugal reconocen el compromiso que tienen con sus hijos” dice Bermúdez-Jaimes. No obstante, para muchos aún resulta difícil de creer, como la mamá de Pedro, quien critica el hecho que sea él quien lleva a sus hijos al colegio y a otras actividades extracurriculares, los bañe y en muchas ocasiones prepare sus alimentos. “Después de todo, fueron tantos años en los que el machismo se impuso, que pensar en un padre que lleve a su hija al ballet, le haga trenzas para ir al colegio, le dé tete al bebé o lleve a los niños al pediatra, es algo que cuesta creer”, reconoce el psicólogo.

Según la investigación, esta transición tiene mucho que ver con el estrato socioeconómico y la región de la que provenga el padre. Los de estratos altos y bajos son los que menos comparten con su familia y “tienen el mismo argumento: tengo que buscar la comida”, expresa el investigador. “Supongamos que el de estrato bajo es celador, y de lunes a viernes tiene que salir a las 4 a.m. e irse en bicicleta para llegar al norte de Bogotá. Regresa en la noche y los fines de semana necesitan algo de esparcimiento, por lo que se va a jugar tejo con los amigos, así es su día a día y nunca tiene tiempo para sus hijos. Por su parte, con el padre de estrato alto sucede lo mismo: es el gerente de la compañía, toda la semana está ocupado y el fin de semana se va a jugar golf, pero también tiene poco tiempo para sus hijos” complementa Bermúdez.

En cambio, los que están en estratos medios, como Pedro, son los que hacen todas las maniobras para lograr mantener cierta calidad de vida. “Hemos encontrado que curiosamente eso también ha transformado nuestra propia identidad de género, porque estos son varones que ya no tienen dificultades para expresar libremente su lado femenino. Por ejemplo, en mi caso, yo comparto mis sentimientos, yo también me siento y veo El Rey León con mi hija y lloro”.

En relación con las regiones, Bermúdez-Jaimes encontró que, en la región del Valle, desde el punto de vista afectivo, los padres son los que más se involucran con sus hijos “tal vez porque ancestralmente ha sido así”, asegura el investigador. Los que son más lejanos son los de la Costa Caribe, pero son los que creen ser mejores papás. Al respecto el investigador dice que “eso tiene que ver con un fuerte peso del machismo que hay en la región”. Bogotá está en el medio, pero son los que más participan en el cuidado y la crianza de los hijos.

Evidentemente hay diferencias significativas y esto también influye en el bienestar no solo de sus hijos sino en el de toda la familia.

La realidad es que “los padres no son esenciales, porque cómo se explicaría la cantidad de hogares monoparentales de hoy en día en la población latinoamericana, que alcanzan el 48% ¿Acaso todos esos niños son desgraciados o tienen una vida terrible? No. Pero los padres, evidentemente, son importantes” señala el investigador javeriano.

En este sentido, decir que todos los padres no son más que un adorno o quienes proveen la economía de la casa es un error. Hoy, tal como lo demuestra esta investigación, hay padres diferentes, más interesados en el hogar y sin temor a reconocerlo.

*Nombre ficticio

Norcasia, el edén al que le quitaron el agua

Norcasia, el edén al que le quitaron el agua

‘Don Clemiro’, como le dicen sus vecinos en el corregimiento de Berlín, en el departamento de Caldas, se despierta todas las mañanas para disfrutar del amanecer desde su finca ‘Media divisa’. Él no necesita ni de gallos o alarmas para hacerlo. A sus 64 años, y con 10 hectáreas por cultivar, lo único que le preocupa es que haya agua en su vereda, tierra bien abonada y que el machete de mango negro y la peinilla estén afilados.

Clemiro Calderón es fuerte, de manos firmes y piel trigueña. Ha pasado más de 30 años labrando la tierra y horas enteras entre árboles, cortando la maleza al unísono del roce de sus botas con las hojas secas sobre el suelo. Su mayor placer es escuchar el sonido del agua viajando por las quebradas que bordean su finca; sin embargo, la corriente de agua dejó de sonar desde hace aproximadamente 10 años.

De los cántaros que llenaba con agua para regar sus plantas no queda sino el recuerdo, y eso se debe a la construcción del Transvase Manso, obra hidráulica entre los municipios de Samaná y Norcasia, que secó 22 quebradas.

El problema, según recuerda Clemiro, inició con la construcción de un túnel para llevar el agua del río Manso hasta la quebrada Santa Bárbara y, luego, al embalse Amaní de la central hidroeléctrica Miel I.

Este proyecto hidráulico, Transvase Manso, fue diseñado por Isagen en 2010 para aumentar la capacidad de producción de energía de la represa Miel I; sin embargo, la obra trajo consigo graves consecuencias para la región, denunciadas por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, como el rompimiento de los acuíferos —bolsas subterráneas de agua—, la filtración de este líquido a través de las paredes del túnel y la reducción en los afluentes que abastecían las quebradas en el municipio de Norcasia. Eran las mismas que no solo don Clemiro, sino un grupo de campesinos usaban para sus actividades diarias.

 

Ante esta delicada situación y para evitar la suspensión del inicio de operaciones del Trasvase rio Manso, lsagen se comprometió a adelantar actividades de restauración ecológica de los ecosistemas terrestres y acuáticos afectados y desarrollar programas de reparación social teniendo en cuenta a los propietarios de las fincas.

Y fue en febrero de 2014 que la empresa contactó a José Ignacio Barrera, docente del departamento de Biología, de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, y a Milena Camargo, ingeniera forestal, ambos de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) adscrita a la universidad, para que crearan e implementaran estrategias de recuperación del ecosistema.

“Hicimos un estudio del impacto ambiental y un ejercicio de planificación respecto a la restauración ecológica”, dice Héctor Javier Sandoval, representante ambiental de Isagen, quien menciona que “el grupo de profesionales contratado hizo un análisis de la información en la zona y luego formuló los proyectos de rehabilitación ambiental a partir de diagnósticos, mapas de cobertura, los factores limitantes y tensionantes en el ambiente”.

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Acciones restauradoras

El proyecto de restauración ecológica de los municipios de Norcasia y Samaná, en Caldas, inició a finales de 2014 con dos objetivos: restablecer la estructura, función y composición de las microcuencas afectadas con la construcción del túnel, y mejorar las prácticas ecológicas con el apoyo de las comunidades través de actividades de restauración de la vegetación.

Para lograrlo, el equipo de trabajo de la ERE le apuntó al cumplimiento de tres metas: determinar y construir los planes de restauración, luego desarrollarlos en las veredas o fincas afectadas con la construcción del Transvase y, finalmente, examinar la continuidad de las estrategias de recuperación en la región.

Milena Camargo recuerda que intervinieron 720 hectáreas durante esta etapa, incluyendo las fincas aledañas a las quebradas. La metodología, explicó, consistió en “buscar información sobre qué producían las comunidades antes de la construcción del transvase y luego de ello. Se hicieron salidas de campo para caracterizar la vegetación, fuimos a las veredas y fincas para observar las especies […]. Luego, con la información recogida, empezamos a trabajar en el diagnóstico”.

La primera etapa duró un año (2014-2015). En ella, cinco profesionales y cuatro auxiliares de campo, expertos en el tema, crearon el Plan de restauración ecológica del trasvase río Manso y el Plan de conservación de la especie amenazada Gustavia romeroi, árbol propio de las zonas tropicales en Suramérica que actualmente está en condición de amenaza (EN) debido a la deforestación y a las actividades agropecuarias en los departamentos de Cáldas, Antioquia y Santander.

En este periodo el grupo de investigadores encontró que la construcción del túnel no solo afectó las condiciones de reproducción y alimentación de especies como la rana endémica del Magdalena Medio, Pristimantis viejas, o la salamandra de bosque húmedo, Bolitoglossa lozanoi, también perturbó el estado de conservación de la especie Gustavia romeroi, mejor conocida como ‘Chupo rosado’.

A inicios de 2016 se desarrolló la segunda etapa del proyecto. Para ese momento, la ERE ya había visitado las comunidades, presentándose como “los doctores del ecosistema”, para hacerles saber que les estarían informando sobre los síntomas del territorio y la ‘receta’ para curarlos.

“En esta fase lo que buscamos fue tener una salud integral del territorio”, dice Milena Camargo. “Encontramos zonas afectadas por intervención del ser humano y, en ese sentido, necesitaban ser recuperadas, rehabilitadas o restauradas para cumplir nuevamente sus funciones ecosistémicas”, añade, motivo por el cual el equipo de investigadores creó cuatro estrategias de restauración para llevar a cabo con las comunidades.

La primera consistió en la recuperación de nacimientos de agua mediante la plantación de especies nativas; luego, se sembraron árboles en parcelas aisladas del ganado para evitar que los bovinos dañen su crecimiento —sistema silvopastoril— y a la orilla de las quebradas, con el propósito de formar corredores de arbustos —riparios— para proteger sus cauces.

En tercer lugar, tanto la comunidad como el equipo de investigadores hicieron cercos vivos con árboles para delimitar las fincas y plantaron palos de aguacate y cacao —sistema agroforestal— para potenciar las actividades productivas de los campesinos afectados con la construcción del Transvase.

Finalmente, la ERE trabajó en la estrategia de participación social a través de mingas o convites en donde los habitantes del corregimiento de Berlín y los estudiantes de la clase Restauración de ecosistemas, de las facultades de Ciencias y de Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, tuvieron un encuentro de saberes para socializar prácticas de restauración ecológica. Cabe destacar que José Ignacio Barrera, líder del proyecto, también es el docente de esta asignatura.

“Una de las cosas que hacemos desde el curso  consiste en traer a los alumnos a los proyectos que se manejan desde la Escuela para que compartan en campo las vivencias con los campesinos, vivan de primera mano todo y ayuden a construir los procesos”, indica Barrera. “El propósito de estas actividades es pensar el tema de la rehabilitación ambiental para mejorar las tierras degradadas por intervención del hombre o por causas naturales”, resume.

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Contexto y cierre del proyecto

Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cierre de la segunda etapa de la investigación que se llevó a cabo en las instalaciones del Colegio Institución Educativa Berlín, en el municipio de Samaná.

Allí, los investigadores presentaron los resultados obtenidos hasta abril de 2018, entre ellos: 13 núcleos de facilitación del proceso de restauración del ecosistema, ocho corredores riparios, la implementación de sistemas silvopastoriles en 15 hectáreas, talleres con las comunidades para enseñarles a hacer compostaje y abono orgánico, la creación de viveros en la escuela de Berlín y el diseño de los planos de las fincas hechos por sus dueños, quienes dibujaron los mapas del estado actual de sus terrenos y de cómo quieren verlos en un futuro.

“Esta investigación ha sido muy importante porque ahora sabemos que se nos ha estado secando el agua, la fauna y flora inclusive. Conocemos la deforestación tan tremenda que ha habido”, dice ‘Don Clemiro’ mientras reacomoda su un sombrero blanco. “Ahora sabemos que podemos restaurar lo que se ha perdido, sabemos que hay que hacerlo muy bien”.

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El encuentro también contó con la presencia de delegados de Isagen, representantes de las veredas, asociados e investigadores de la ERE, la banda musical del colegio y más de 30 estudiantes javerianos, quienes, además de compartir sus conocimientos con los pobladores, participaron en actividades de restauración ecológica como la siembra de árboles de aguacate y cacao en la finca ‘Media divisa’, la limpieza de la bocatoma de Berlín y la presentación de la primera guía de conservación de la especie Gustavia Romeroi a la comunidad educativa.

Aunque estos resultados son positivos, aún son bastantes los retos que se presentan de cara al futuro. Uno de ellos, de acuerdo con los investigadores javerianos, es pensar iniciativas de restauración ecológica a largo plazo y evaluar cómo pueden perdurar durante el tiempo.

“La idea es que las personas se apropien de los conocimientos y las comunidades los entiendan. Es decir, que todos estos métodos que iniciamos puedan tener una continuidad”, menciona Barrera. Por su parte, Camargo añade: “Cuando los proyectos son de corto plazo, muchas veces las inversiones que se hicieron en tiempo y en dinero no se ven y eso es un aspecto importante, porque se pueden retrasar los procesos”.

Así, finalizada esta segunda etapa, el equipo de trabajo de la ERE se encuentra a la espera de una nueva contratación por parte de Isagen para continuar con la tercera fase de seguimiento a las estrategias implementadas en Norcasia. Con el fin de que no solo el ecosistema se restablezca para que mejoren las prácticas sostenibles de personas como Clemiro Calderón, Luis Wilches, y Luis Eduardo Loaiza, campesinos de la zona, sino que también sus lazos interpersonales se afiancen a pesar de las diferencias políticas y sociales que han tenido tras años de diferencias surgidas por el conflicto armado que ha afectado a la región.

La continuidad del proyecto se definirá luego de que profesionales ambientales de Isagen evalúen las propuestas hechas por oferentes a través de un proceso de licitación pública.

“Nosotros quisiéramos estar trabajando acá en una tercera fase porque creemos que todavía hay mucho por hacer, hay estrategias que no se han desarrollado en su totalidad y, sobre todo, en las áreas de las fincas privadas”, reconoce Milena Camargo.

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Los secretos de una enfermedad cerebral poco conocida

Los secretos de una enfermedad cerebral poco conocida

Poco a poco, familia y amigos empiezan a detectar que algo anda mal con Ramiro. De 54 años, casado, con hijos y un trabajo estable, ya no es el mismo. Puede vestirse con una media azul y otra verde o ponerse el saco al revés, y pareciera no darse cuenta; cuando se lo hacen notar, responde con indiferencia. Se ha vuelto irascible, está desmotivado, poco le importan los sentimientos de quienes comparten la vida con él, no puede concentrarse y ahora le ha dado por comer dulces o lechugas a toda hora. ¿Qué le está pasando? Se ha vuelto insoportable… casi loco. Así lo describen sus allegados y no entienden cuál es la causa del cambio en su comportamiento. Pero está muy joven para pensar en una demencia… ¿o no?

Pues no. Puede tratarse de una enfermedad neurodegenerativa, que suele presentarse entre los 45 y 65 años de edad y la sufren unas 15 de 100.000 personas a nivel mundial. Se llama demencia frontotemporal (DFT) o enfermedad de Pick –nombre del psiquiatra Arnold Pick, quien la describió por primera vez– y afecta las funciones sociales, conductuales y afectivas, pero no la memoria. Puede presentarse pérdida progresiva del lenguaje, así como del recuerdo del significado de los objetos, en el que los pacientes se preguntan: ¿para qué es el semáforo?


¿Qué sucede en el cerebro?

La neuropsicóloga Diana Lucía Matallana Eslava, profesora titular de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y coordinadora de investigación del Instituto de Envejecimiento, ha dedicado varias décadas de su vida profesional a estudiar cómo funciona el cerebro en relación con conductas complejas. Así, desde 2008, llegó al estudio genético y clínico de la DFT, que ocurre cuando hay un ‘enredo’ en una proteína llamada tau en las neuronas de los lóbulos frontales. En esencia, todas las enfermedades neurodegenerativas tienen que ver con acumulación de desechos celulares.

Son como la basura que el cerebro no elimina. Matallana lo equipara con una casa, donde cada sitio tiene una función: “Si en la cocina es donde socializamos, sabemos comportarnos, expresamos y reconocemos emociones, podría compararse con las funciones del lóbulo frontal; si en la sala memorizamos, lo compararíamos con el lóbulo temporal” Y continúa: “¿Qué pasaría si, al exprimir una naranja, no botamos la cáscara? ¿Y cuando en la sala no volvemos a limpiar el mugre que se acumula? Llegará un día en que en esos sitios no se vuelve a cocinar o a recibir visitas. En el cerebro, proteínas como la tau y la beta-amiloide llegan a ser basura, son difíciles de desechar y se vuelven neurotóxicas, lo que se relaciona con la enfermedad de Alzheimer y la degeneración del lóbulo frontotemporal. Inician mucho antes de que podamos ver los síntomas”.

A ella le interesa, además de conocer las causas de la enfermedad, entender por qué “esa parte del cerebro que se encarga de poder ser altruista, solidario, empático con el otro, moderar comportamientos agresivos y las conductas de control social” se afecta, y cómo diagnosticarla y tratarla cuando esto sucede. En ese primer proyecto encontraron un gran desconocimiento sobre esta enfermedad, por lo que su grupo se propuso capacitar a la población académica-médica para reconocerla, pues frecuentemente se confundía con problemas psiquiátricos. Ahora saben que es la enfermedad neurodegenerativa más común antes de los 65 años, y por lo tanto es la que mayor impacto ejerce sobre la familia, la sociedad y el sistema de salud.

Han seguido un sistema de evaluación de enfermedades neurodegenerativas que su grupo difunde desde 1992. Consiste en un estudio interdisciplinar en el que seis pacientes son evaluados por cuatro especialistas –neurólogos, neuropsicólogos, psiquiatras y geriatras– en una mañana.

Con esta experiencia y los resultados del primer estudio se presentaron a varias convocatorias, que ganaron y les permitieron dedicarse de lleno al estudio de la DFT. Ampliaron el número de pacientes y, con el apoyo de Colciencias, empezaron a estudiar aspectos genéticos de la población colombiana: “Encontrar mutaciones genéticas características de los colombianos es como buscar un grano de arena en una playa”, explica Matallana. Han apoyado a sus mejores estudiantes para realizar sus estudios de posgrado en DFT, entre ellos una fonoaudióloga, quien en su doctorado estudió los componentes del lenguaje en la enfermedad; un neurocientífico, quien en su doctorado en ingeniería se encarga del manejo de imágenes del cerebro; una genetista que solo estudia esta enfermedad, y un psiquiatra, hoy profesor de la Facultad después de haber culminado una estancia posdoctoral.

“Nosotros usamos metodologías de última generación para el análisis de la conectividad, cómo se comunican unas áreas con otras, y volumen o densidad del tejido cerebral”, dice la neuropsicóloga, y con orgullo señala que sostienen un diálogo con los ingenieros “porque todos aprendemos: los ingenieros crean formas  de análisis de las imágenes y nosotros, los clínicos, correlacionamos los síntomas con los cambios en las imágenes”. Y las neuroimágenes son distintas, dependiendo de la enfermedad neurodegenerativa del paciente.

Con su colega, la neuropsicóloga colombiana Katya Raskovsky, hoy vinculada a la  Universidad de Pennsilvania, adelantan un proyecto cofinanciado por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) mediante un proyecto Fogarty, que les permite intercambiar y generar conocimiento en torno a esta enfermedad. “Hemos encontrado familias con características que ameritan ser estudiadas en regiones cercanas a Bogotá”, adelanta Matallana, pero sin dar detalles. En 2018, cuando termine el estudio, podrá hablar sobre ellos.


De paciente a la población entera

Se han concentrado en trabajar la empatía –la capacidad de percibir los sentimientos del otro– y los juicios morales en otras patologías neurológicas, como los ataques cerebrovasculares, la esquizofrenia o el autismo. Al ver que los seres humanos comienzan a perder la sensibilidad por los demás, se han cuestionado sobre el país en el que vivimos. “Puede ser que la historia de La Violencia nos ha llevado a perder la capacidad de ponernos en el lugar del otro”, dice. En la Encuesta Poblacional de Salud Mental del 2015 incluyeron algunas preguntas relacionadas con aquello que se afecta en la DFT: “¿Qué pasa en un país como el nuestro cuando damos un juicio moral? ¿Cómo reconocemos emociones o somos empáticos?”.

Y encontraron que “los colombianos reconocemos muy fácilmente la alegría, no identificamos muy bien la agresión, la tristeza y el asco; habilidades necesarias para interactuar socialmente con los otros”. De este nuevo enfoque en sus estudios analizan la enfermedad en el contexto cultural colombiano. “Seguramente las políticas de Estado podrán facilitar una reparación cultural en estos temas tanto como la que hay en el cerebro”, propone.

Lo triste es que, hasta ahora, la DFT no tiene cura. “Lo que sí se puede hacer es compensar otras áreas del cerebro que se entrenen nuevamente en habilidades sociales”. Quienes tienen problema del lenguaje, por ejemplo, se pueden volver artistas cuando nunca lo han sido.

En un reciente artículo aceptado para publicación en la revista Brain, las investigaciones con pacientes fueron analizadas con pares argentinos, que encontraron que los pacientes con DFT sienten más envidia (Schadenfreudeen alemán) y disfrutan del dolor ajeno que los grupos control. “Frecuentemente estos pacientes tienen más emociones antiempáticas y tienden a cometer más violaciones morales y legales”, dijo Agustín Ibáñez, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (Incyt) de Argentina al diario La Nación. El artículo será carátula de la revista, anunció Matallana.

Hoy en día, dice, los avances en las investigaciones javerianas al respecto posicionan al país como líder en la región latinoamericana, lo que se demuestra en la cantidad de ponencias aceptadas en las conferencias internacionales de DFT que se realizan cada año.

Por ahora, hace énfasis en que continúan capacitando al personal médico nacional e internacionalmente, estudiando a los pacientes de manera sistemática e interdisciplinar y alimentando un banco con cerebros donados para continuar la investigación.


Para leer más

A Lesion Model of Envy and Schadenfreude: Legal, Deservingness and moral Dimensions as revealed by Neurodegeneration. Brain (número en preparación). Santamaría- García, H.; Baez S, Reyes P.; Santamaría-García J.; Santacruz-Escudero J.; Matallana, D.: Arévalo, A.; Sigman, M.; García, A.; Ibánez, A. (2017)


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Los lóbulos frontales: estudio clínico y genético de la Demencia Frontotemporal. Colciencias 371-2011
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Lucía Matallana Eslava
COINVESTIGADORES: Carlos Cano, Pablo Reyes, Andrea López, Ángela Martínez, Ignacio Zarante, Felipe Uriza, José M. Santacruz, Hernando Santamaría, Ángela Iragorri
Facultad de Medicina
Instituto de Envejecimiento
Instituto de Genética Humana
Departamento de Psiquiatría y Salud Mental
Grupo de investigación Perspectivas en ciclo vital, salud mental y psiquiatría
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2016

La Claraboya | Episodio 7: Paisaje sonoro

La Claraboya | Episodio 7: Paisaje sonoro

¡Hola a todos!

Bienvenidos de vuelta en este nuevo año 2018. En este episodio de La Claraboya hablaremos sobre los sonidos que atesora una ciudad tan inmensa como Bogotá.

El oído es uno de los sentidos más sensibles que tenemos los seres humanos. Con él podemos activar nuestra imaginación gracias a los sonidos. Los paisajes sonoros son recorridos donde es posible escuchar y reconocer espacios y tiempos gracias a las características que nuestro cerebro detecta a partir de lo que en algún momento previo habíamos escuchado.

La investigación Contraste sonoro, del profesor Roberto Cuervo, nos permite conocer cómo cada sonido es capaz de transportarnos a un lugar determinado y nos sensibiliza a tal punto que podemos identificar con facilidad, horas, tiempos y espacios sin necesidad de usar la vista.

Lee aquí nuestro artículo sobre esta investigación.

La investigación como insumo para la toma de decisiones

La investigación como insumo para la toma de decisiones

La investigación hace múltiples contribuciones a la sociedad. De un lado, auspicia la producción de nuevo conocimiento, con lo que contribuye al desarrollo del país, al crear saber, experticia y productos, y aportar a la expansión de su capital humano, científico y tecnológico; por otro, favorece la apropiación social del conocimiento y la transferencia de este. Además, tiene un componente aplicado por el cual informa y da sustento a la toma de decisiones. Pero ¿cuáles son los mecanismos con los que se logra este proceso de apropiación social y se propicia la toma de decisiones que le sirven a toda la sociedad?

Pesquisa es una modalidad de divulgación de la ciencia, la innovación y la tecnología que se produce en nuestro país, particularmente en la Universidad Javeriana. Medios de comunicación de este tipo permiten que la producción científica entre en diálogo con la sociedad y, además de aterrizar el lenguaje científico a uno que pueda ser comprendido por un público general, crea oportunidades de puesta en común de la solución de las problemáticas sobre las cuales se vuelcan los investigadores. Aunque no toda investigación debe ser socialmente relevante, porque algunas pesquisas definen su horizonte sobre preguntas de la ciencia misma, la que sí lo es permite evidenciar vacíos en la sociedad y plantear posibles salidas, a través de recomendaciones, modelos o productos.

En sintonía con las funciones sustantivas de la universidad, la investigación no solamente está articulada con la docencia; además, como productora de nuevo conocimiento, se relaciona con el servicio en la medida en que posibilita escenarios de crecimiento para Colombia. La investigación javeriana, en su mayoría, propone insumos, mecanismos y estudios que contribuyen a orientar la toma de decisiones de los líderes del país. Es por ello que Pesquisa comienza una apuesta por visibilizar este enfoque de la aplicación de la investigación, con el fin de evidenciar que el conocimiento no se queda solo en los laboratorios, las aulas de clase, los artículos de revistas indexadas y el debate entre científicos, sino que se traduce en recursos útiles para el diseño de políticas públicas y para que la comunidad apropie este conocimiento transferido por la universidad y se empodere utilizándolo en soluciones a sus problemas.

Así como en el mundo académico de la investigación se tiende cada vez más a producir policy briefs, una especie de resumen de evidencias arrojadas por la investigación que se puede traducir en políticas como corolario de los hallazgos alcanzados, Pesquisa, en al menos uno de sus artículos por edición, destina un espacio a mostrar los procedimientos metodológicos, el análisis específico realizado y la perspectiva de los autores acerca de un problema y su posible solución. De esta manera, se espera aportar e incidir con información cualificada, analítica y rigurosa en el diálogo para la toma de decisiones que beneficien al entorno.

De igual forma, este tipo de textos busca incidir en la necesidad de producir cambios sustanciales y transversales en diferentes escenarios públicos y privados, por ejemplo, de índole normativa; diseño de políticas públicas; programas de desarrollo; asistencia técnica en los niveles nacional, regional y local, con el objetivo final de un mayor grado de eficiencia, efectividad y equidad de instituciones públicas y del marco legal que las respalda.

Así es como Pesquisa se ofrece como una oportunidad para que el público en general, los investigadores, las entidades públicas, la empresa privada y las organizaciones de la sociedad civil encuentren en el debate académico y científico insumos para construir alternativas para una sociedad más igualitaria y más justa.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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