Ética y desigualdad: la vacunación en Colombia con participación de privados

Ética y desigualdad: la vacunación en Colombia con participación de privados

“No se priorizó la economía durante la pandemia”, dijo Sergio Iván Prada Ríos, subdirector de Investigación e Innovación de la Fundación Valle del Lili, “pues fue el peor año de crecimiento económico desde que hay registro; pero tampoco se priorizó la salud, porque con 74.477, al 3 de mayo, ocupábamos el lugar once en el mundo”.

“El dilema entre salud y economía sí existe”, y medidas como las cuarentenas funcionan para “aplanar la curva de contagios, pero esto genera otros problemas, como pobreza y desempleo, sin contar con la angustia del encierro”, se apresuró a decir Jairo Humberto Restrepo, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia y presidente de la Asociación Colombiana de la Economía de la Salud (ACOES).

“Al inicio de la pandemia ya se empezaron a notar desigualdades e inequidades en la forma como la pandemia estaba afectando las poblaciones”, aseguró Javier Hernando Eslava Schmalbach, MD, anestesiólogo, vicedecano de Investigación y Extensión de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. “Hay inequidades de letalidad por covid-19 en Colombia. Los indígenas, los afiliados al régimen subsidiado y los de nivel 1, estrato socioeconómico muy bajo, tuvieron más mortalidad”.

Estas fueron algunas de las intervenciones que dieron inicio a la primera charla del segundo día del foro La vacunación, un asunto de todos, organizado por la Pontificia Universidad Javeriana y que comenzó con la presentación de Luis Miguel Renjifo, vicerrector de investigación de la PUJ, quien puso sobre la mesa la discusión de equidad en el proceso de vacunación en el país y abrió el debate sobre el rol de las empresas privadas en la posibilidad de gestionar vacunas para la Covid-19.

 

Desempleo, pobreza, salud y desigualdad

Una crisis económica conlleva mayor carga de enfermedad. Así lo expresó Sergio Iván Prada Ríos. “El desempleo y la pobreza son los mayores determinantes sociales de la salud. En este escenario, las IPS tienen mayor presión sobre el personal asistencial, mayores problemas con los enfermos crónicos descompensados, mayores problemas financieros y las EPS tienen cuentas Covid-19 que no se han pagado, acentuando su deterioro patrimonial, lo que retrasa el pago a las IPS”.

Este contexto, sumado a otros índices que revelan las profundas desigualdades en Colombia, como el de pobreza monetaria que, según el DANE, en 2020 llegó al 42,5 % de la población, revelan un acceso inequitativo tanto a servicios de salud como al proceso de vacunación nacional.

Aunque el Plan Nacional de Vacunación contempló en sus cuatro fases de implementación principios de beneficencia, solidaridad, equidad y justicia y primacía del interés general, entre otros, para Jorge Humberto Restrepo el camino de la priorización podría ir en otra dirección, en la que se atienda preferencialmente a aquellos que son más vulnerables por múltiples factores y no solo por la edad o la exposición al virus, como el personal médico de primera línea.

Restrepo sustentó su postura, en parte, apoyándose en la publicación Framework for equitable allocation of Covid-19 vaccine, en donde se señala que “en los Estados Unidos, y en todo el mundo, la pandemia está teniendo un impacto desproporcionado en las personas que ya se encuentran en desventaja en virtud de su raza y etnia, edad, estado de salud, residencia, ocupación, condición socioeconómica u otros factores contribuyentes”.

Este mismo estudio sugiere que para la fase uno se priorice desde los trabajadores en alto riego de infección hasta pacientes con edades y comorbilidades con más riesgo, además de adultos mayores que convivan con otros, como en el caso de los ancianatos. En la segunda fase estarían los profesores y trabajadores de industrias esenciales, personas con comorbilidades de riesgo medio, habitantes de la calle, prisioneros y adultos mayores no incluidos en la fase uno.

En la fase tres se ubicarían los adultos jóvenes, los niños y trabajadores que no estuvieran incluidos en las otras fases, y la fase cuatro incluiría al resto de la población.

“Estas fases son distintas a las que se plantearon en Colombia. En el estudio se asume que la equidad es una construcción interdisciplinaria reconociendo que en cada grupo poblacional, el acceso a la vacuna debe ser priorizado por áreas geográficas que se identifiquen mediante un índice de vulnerabilidad social. He sido de la idea de que no hay porqué salir a vacunar a las personas en criterio de edad donde estén si seguimos la propuesta del índice de vulnerabilidad”, explicó Restrepo.

¿Los privados ayudarían a reducir las desigualdades en el proceso de vacunación?

Para Sergio Iván Prada, la participación de las empresas privadas puede ser fundamental siempre y cuando complemente el plan del gobierno y no sea un rival, es decir, que no compitan por las vacunas en el mercado en donde prevalece la escasez.

A esa preocupación se sumó Javier Hernando Eslava, quien puso en consideración las desigualdades que en general padece Colombia en temas de salud y aseguró que la mayoría de los casos positivos de Covid-19 se concentran en ciertas poblaciones de alto riesgo y no tanto en sectores con mejor acceso a servicios de salud y mayores ingresos económicos. En otras palabras, quienes pueden pagar fácilmente por una vacuna, son quienes menos vulnerables se encuentran.

Así que Eslava propuso que las estrategias de un trabajo con privados no deberían rivalizar con las desarrolladas en salud pública, pues de hacerlo van a “aumentar las inequidades existentes, porque (las vacunas) estarán disponibles entre quienes tienen más capacidad de pago, que es donde menos casos hay”.

¿Qué tan real es en la práctica que las empresas privadas empiecen a vacunar?

Los tres expertos compartieron las dificultades de llevar a cabo este proceso. Primero porque las vacunas son escasas, los gobiernos compiten por su obtención y, además, varias farmacéuticas como AstraZeneca, Sinovac y Pfizer se niegan a venderle a los privados.

Además, para Sergio Iván Prada, la resolución que existe actualmente “es restrictiva. En este contexto no es operativamente fácil; la gente tiene en su cabeza que son dos manos (las del gobierno y de los privados) que entran al supermercado a ver quién agarra más vacunas. Los privados no tienen ultracongeladores ni la logística. Solo podrían hacerlo las empresas muy grandes”.

“Si tienes un gobierno que compra cinco o diez millones de vacunas, y los empresarios necesitarán 1.000 o 2.000, para las compañías farmacéuticas sería como vender migajitas, no es práctico. Deberían hacer cuentas, de pronto sale más barato ir a vacunarse a Estados Unidos que negociar las vacunas”, añade Prada.

Para Jairo Humberto Restrepo, de llegar a darse el rol de los privados en este proceso de vacunación, tendría que suceder bajo la condición de que las vacunas no sean para comercializar sino para aplicarle a sus empleados y poder reactivar la economía, así no competirían con el plan del gobierno.

El lento proceso de vacunación en Colombia, donde aún no se supera el 6 % de la población inmunizada, hace que se contemplen iniciativas en la búsqueda de una mayor velocidad. “Al gobierno no le ha quedado fácil el alcance y distribución de vacunas; tenemos que enfrentar el tema de la salud pública como un asunto de todos y si los privados pueden negociar mejor, podría darse una estrategia complementaria desde que no entre en la estrategia de mercado formal”, añadió Javier Eslava.

Los tres expertos concluyeron que hay que sumar esfuerzos desde la academia (en temas de asesoría que eventualmente inviten a replantear la cobertura de las distintas fases del plan de vacunación en vista del hallazgo de nueva información, como la que se ha recogido en temas de desigualdad y vulnerabilidad); desde el gobierno en acceso a información que permita monitorear mejor el proceso; y desde los privados para avanzar en el proceso de inmunización.

Vacunarse, la decisión es solo suya

Vacunarse, la decisión es solo suya

A raíz de la aparición de esta nueva cepa de coronavirus, la humanidad está enfrentando una pandemia que, a diferencia de otras, en otros contextos históricos, cuenta con avances en los procesos de investigación científica para afrontarla y minimizar los riesgos en la humanidad. En este caso, con base en la economía global existente, la pandemia ha dejado resultados macroeconómicos que deben ser considerados y — no menos relevantes — aparecieron o tal vez se acentuaron también aspectos comportamentales que han conllevado a decisiones individuales y colectivas relacionadas con la responsabilidad ciudadana.

Con respecto al uso de vacunas, la FDA de Estados Unidos (Food and Drug Administration por su sigla en inglés), autoridad a nivel mundial, asegura contar con altos índices de confiabilidad por sus estándares científicos soportados en calidad, eficacia y seguridad.

Con la autorización de uso de emergencia para las vacunas no culmina el proceso de control de riesgos; por el contrario, aunados a la FDA están otros organismos que garantizan un proceso post- control y se encargan del seguimiento y los datos de reclamaciones de otros actores del sistema de salud. El proceso lleva a corregir los riesgos propios o internos de la producción de la vacuna.

Estas actividades, que hacen parte de los procesos de control pre, durante y posterior a la vacunación, reducen a un mínimo los riesgos externos (preventivos) que en este caso provienen de la respuesta del cuerpo humano frente a la vacuna; de allí la relevancia del porcentaje de eficacia, o sea del porcentaje de reducción de la incidencia de una enfermedad en sujetos que fueron vacunados con respecto al general que no fue vacunado (Tejeiro R, 2020).

En lo concerniente al riesgo económico, la implementación de la estrategia de inmunización de la población aumenta los índices de confiabilidad en la economía de los países, teniendo en cuenta su reactivación a partir del aumento del consumo interno de forma estable y del consumo externo de forma paulatina al retirar las medidas de restricción en movilidad de personas o de bienes y productos.

El Banco Mundial, en su informe “Perspectivas económicas mundiales”, pronostica que la pandemia generará una contracción del 5,2 % en el producto interno bruto mundial en 2020, lo que constituye la recesión mundial más profunda que se ha experimentado en décadas. Los ingresos per cápita en la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo tuvieron una contracción significativa en el 2020 lo cual está relacionado con el índice de crecimiento económico de cada nación.

Frente a este panorama, los países deben adoptar medidas de gestión de riesgo económico soportadas en desarrollar políticas sociales para disminuir los efectos en todos los grupos poblacionales, en especial los más vulnerables.

Económicamente se observará a nivel mundial la carrera por propiciar un crecimiento sostenible, para lo cual los gobiernos deben considerar políticas fiscales y monetarias atractivas para la inversión directa interna y externa que permita cubrir los compromisos extraeconómicos adquiridos durante la pandemia y futuros para garantizar el desarrollo de todos los sectores productivos y así disminuir índices de desempleo, informalidad, evasión y elusión.

Para esto un factor que garantice credibilidad es la implementación de la campaña de inmunización gratuita para toda la población en cada país que permita desencadenar la inmunización natural tipo rebaño y propiciar la nueva normalidad económica.

Si la implementación de la vacuna, así como el desarrollo de políticas económicas y sociales acordes con la situación no son admitidas y empoderadas por los ciudadanos mediante un comportamiento social responsable, las medidas de mitigación de riesgos no tendrán resultados positivos.

A lo anterior se suma que los ciudadanos deben asumir y mantener las medidas de autocuidado responsable y los nuevos hábitos en el relacionamiento con otros en el día a día, para disminuir la letalidad en los rebrotes o segundas, terceras y demás olas de picos epidemiológicos que puedan aparecer, mientras se da cobertura a la mayor cantidad de población inmunizada por las vacunas.

Al optar por ser vacunados, los ciudadanos deben considerar que todo procedimiento médico, aun esté estandarizado y con suficiente evidencia médica, deja entrever una ventana de riesgo, de lo cual no se exime en un acto como la inmunización. Ahora bien, por otra parte, se debe considerar el contrarrestar con el costo-beneficio social de no hacerlo, que es más elevado, en este caso para toda la humanidad, pero de mayor evidencia en los países en desarrollo.

* Doctora en Ciencias Empresariales, Docente Universitaria y Consultora en Sostenibilidad Corporativa, Administración del Riesgo, Transparencia y anticorrupción.

Tapabocas: ¿cómo protegen a médicos y enfermeras?

Tapabocas: ¿cómo protegen a médicos y enfermeras?

Con la pandemia originada por la COVID-19 se generó el afán por conseguir los elementos de protección más eficaces para prevenir el contagio, especialmente las mascarillas. Mucho se habló del respirador N95, las ‘full face’ (que cubren toda la cara) y otros que los consumidores empezaron a adquirir sin tener conocimiento acerca del uso adecuado y la funcionalidad, por lo que incluso empezaron a escasear. Esto causó desabastecimiento de implementos para el personal de la salud.

“Hasta los médicos creíamos que sabíamos cuál era la protección que teníamos que usar y con el paso de los días nos dimos cuenta de que no era así, no entendíamos la diferencia entre unos respiradores y otros, los materiales, la talla y demás”, dice el doctor Juan Manuel Martínez, profesor del Departamento de Cirugía de la Pontificia Universidad Javeriana y bombero voluntario de Bogotá, quien tras su experiencia como colaborador en emergencias y basado en el estudio de avances científicos comparte sus conocimientos acerca del uso adecuado del tapabocas, pues tal como menciona, saber esto salva vidas.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Colombia, entre el primero de marzo y el 20 de agosto de 2020, se anunciaron 7.692 casos confirmados de COVID-19 en personal de salud, incluyendo 52 fallecidos, y del total de casos confirmados, el 67% (5.142 casos) desarrollaron la infección después de la exposición asociada a la prestación de sus servicios. El incremento de los contagios dentro del cuerpo médico fue notable, asegura Martínez, quien agrega que también pudo influir el mal uso de los Elementos de Protección Personal (EPP), pero se está a tiempo para no cometer los mismos errores.

Lo que hay que saber de los tapabocas y respiradores

Hay un sinnúmero de equipos que con la pandemia han ido en aumento. Algunos son reutilizables, por lo tanto, hay que saberlos descontaminar, desinfectar y almacenar; otros son reciclables, y unos más que son para desechar o eliminar por su alto grado de contaminación. Además, no todos los cubrebocas son funcionales para todos los escenarios y personas.

 

¿Qué hay que saber para escoger el EPP adecuado?

La selección del tapabocas debe partir de los beneficios que trae su uso y del tipo de escenario en el que se va a estar, indica Martínez, pues es diferente estar en entornos de baja exposición a un ambiente hospitalario donde la carga viral puede ser alta, por lo que no es una opción, por ejemplo, usar un tapabocas de tela o convencional.

En esta galería puede conocer más acerca de los tapabocas y respiradores:

 

Recomendaciones finales

La bioseguridad es una cultura que cualquier persona expuesta a peligros como la COVID-19 debe tener. Martínez señala que esta empieza desde el lavado de manos, la distancia adecuada y todas las demás medidas de contención que se han aprendido durante todo este tiempo. A esto debe sumarse una actualización y apropiación constante de la información. Además, reconoce que la divulgación de estos conocimientos es una oportunidad para tomar mejores decisiones.

“El uso de equipos que nosotros no conocemos, que no sabemos usar, que no sabemos cómo armar o desarmar, ponernos o quitarnos, nos da una falsa sensación de seguridad, entonces yo creo que me estoy cuidando y que estoy cuidando a los demás y lo que estoy haciendo es exponiéndolos más. De aquí la importancia de estar bien informados”, es su reflexión final.

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una familia de virus que causan, principalmente, enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio, que pueden ir desde un resfriado común hasta padecimientos más graves. Llamamos COVID-19 a la enfermedad infecciosa causada por un nuevo coronavirus que se conoció cuando comenzó su brote en diciembre en Wuhan, China.

De igual manera, la OMS señala que su transmisión se da a través del contacto con gotículas respiratorias procedentes de la nariz o la boca, las cuales salen cuando el infectado tose o exhala. Si estas son inhaladas por otro individuo, este puede contagiarse. Así mismo, estas gotas pueden entrar en contacto con superficies que toca la persona infectada, por tal razón, aquellos que palpen estos objetos y luego pongan en contacto sus manos con sus ojos, nariz o boca pueden adquirir el virus.

Por lo mencionado anteriormente, las sugerencias para prevenir esta enfermedad van desde el lavado de manos a fondo; mantener distancia; evitar tocarse los ojos, nariz o boca; cubrirse con el codo doblado al toser o estornudar; permanecer en casa; hasta mantenerse informado de la situación a nivel nacional y local, entre otras.

Los síntomas más comunes son fiebre, tos seca y cansancio. Las personas mayores y las que padecen otras afecciones relacionadas con dificultades respiratorias, problemas cardiacos y diabetes presentan mayores probabilidades de sufrir una enfermedad grave cuando son infectadas por este virus. Cuando pienso en esta última parte es cuando considero necesario hacerse una pregunta: ¿Esto solo es un asunto de salud o también nos hace un llamado a la responsabilidad social, a la empatía y a pensar en el cuidado no solo de nosotros mismos sino del otro?

Sabemos que en el país al momento de escribir esta columna contamos con 75 personas infectadas, según el Ministerio de Salud. Aunque evidentemente esto es un asunto de salud, las últimas medidas tomadas por el gobierno colombiano tales como restringir la entrada de extranjeros al país y cancelar las clases en todos los colegios y universidades a nivel nacional no solo nos hacen un llamado a pensar en la salud a nivel personal, sino a recapacitar en que cada uno de nosotros puede contagiar a ciudadanos que son más vulnerables a sufrir una enfermedad grave y, también, al hecho de que si una gran cantidad de colombianos se enferman al tiempo se puede colapsar el sistema de salud. Con respecto a esta última situación, Oscar Franco, epidemiólogo e investigador en entrevista con El Tiempo, nos expresa que la idea es postergar el contagio para contar con la disponibilidad de recursos médicos y así los contagiados puedan ser atendidos.

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Es decir, estas últimas medidas nos hacen un llamado a pensarnos en sociedad, en comunidad, a tener empatía y a pensar también en el cuidado del otro. Considero que este último aspecto es muy importante a nivel educativo, pues nos permite recordarles a todos que como seres humanos que nos desarrollamos en un contexto social, estos deberían ser aspectos que se deben enseñar y que todos deberíamos tener en cuenta no solo en esta situación sino durante toda nuestra vida.

De igual manera, esto nos permite reflexionar sobre la situación del otro y así evidenciar realidades que no hacen más fácil lo que está pasando en el país. Por ejemplo, las personas que no tienen hogar o acceso a agua para seguir las medidas preventivas que dicta el gobierno; los niños que no cuentan con acceso a internet; aquellos que deben seguir trabajando porque no cuentan con empleo formal y usan transporte público, o la situación de los centros de salud de muchas partes de nuestro territorio nacional, entre muchas otras situaciones.

Como bióloga, docente y como estudiante de Maestría en Educación de la Universidad Javeriana, reconozco que debemos abordar una situación que afecta directamente nuestra salud y la de la sociedad, pero es muy importante tener presentes las reflexiones sociales que nos plantea esta problemática para repensarlas y reflexionar en cómo se pueden generar cambios y no olvidar que el cuidado del otro no solo se trata de salud, se trata de un todo, de tener una vida digna y de contar con los recursos mínimo para vivirla.