El tabaco en tiempos de COVID-19

El tabaco en tiempos de COVID-19

El SARS-CoV-2 es un virus que por alguna razón escogió al pulmón como su órgano objetivo y los fumadores, como ya está comprobado, tienen lesionados los tejidos de su aparato respiratorio. “No hay que ser un genio para darse cuenta de que el tabaco y el virus pueden ser una combinación letal para cualquier persona”, asegura el oncólogo Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer y exviceministro de Salud.

Después de una investigación basada en pruebas in vitro con células del sistema nervioso central y otro estudio realizado con un grupo de 46 personas diagnosticadas con la COVID-19, las noticias, al parecer alentadora para los fumadores activos y hasta para quienes adquieren el vicio, empezaron a revolotear con gran velocidad en diferentes medios, pues estos estudios defendían la hipótesis de que la asociación entre la enfermedad por coronavirus y el tabaco como agravante del diagnóstico era inexistente e incluso, alcanzaron a difundirse afirmaciones como que el virus tendría menor incidencia en fumadores gracias a los efectos ‘positivos’ que podría tener la nicotina sobre el mismo.

Para entidades como la Organización Mundial para la Salud (OMS), esta información no es más que otra de las ‘noticias falsas’ que circulan por estos días, generando daños tan graves como los que trae la pandemia. Así, con motivo del Día Mundial sin Tabaco, en el marco del conversatorio virtual organizado por la Universidad Javeriana: Tabaco y COVID-19, el riesgo continúa, realizado el 28 de mayo, investigadores colombianos se unieron a la iniciativa de la OMS de educar cuidadosamente, reflexionar alrededor de esta problemática de salud pública, combatir la información falsa acerca de la relación entre el tabaquismo y el coronavirus y allí confirmaron que si bien el riesgo de enfermedades es alto para los fumadores, con la presencia de la COVID-19 el peligro se intensifica.

Contrario a las afirmaciones de los estudios mencionados, investigadores javerianos como Alejandra Cañas, neumóloga y especialista en enfermedades avanzadas del pulmón, afirmó durante el encuentro que “la exposición al tabaco se puede convertir en un factor de riesgo para que la severidad por la COVID-19 sea mayor”. ¿Por qué? Esta científica afirma que eso se debe a la manipulación mano-boca y mano-saliva, y por el retiro del tapabocas que hacen las personas que fuman, quedando aún más expuestas. “Esto sucede con el cigarro, el cigarrillo electrónico y de vapeo, poniendo especialmente a los jóvenes en un estado de vulnerabilidad por ser quienes más hacen uso de estos nuevos elementos”, explicó.

Por otro lado, Cañas confirmó la evidencia científica de estudios recientes mucho más robustos que los mencionados, los cuales prueban que las personas que fuman cuando padecen de la infección por el SARS-CoV-2, requieren más hospitalización, hacen neumonías más graves y tienen una mayor mortalidad en comparación con el resto de la población. Y dio sus razones: implica la manipulación de estos artefactos durante la pandemia, los daños que genera el cigarrillo en el sistema respiratorio en general como la dificultad que tiene el pulmón para crear mecanismos de defensa ante infecciones por virus y bacterias, entre muchos otros; y porque además el consumo del tabaco es un factor de riesgo para la adquisición de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer, algunas enfermedades respiratorias y la diabetes. “Así como otras transmisibles (el aumento de la incidencia de tuberculosis, neumonía por neumococo, gripes y resfriado común)”.

 

¿Incremento o disminución del tabaquismo durante la cuarentena?

Según Lorena Calderón, representante del equipo de promoción y prevención social del Ministerio de Salud, en Colombia la tendencia del consumo de tabaco está bajando, pasando del 13% de la población consumidora en 2009, a un 7% u 8% en población mayor a 18 años para el 2018 y 9% aproximadamente en población joven. No obstante, hay que saber que según la OMS el tabaquismo es responsable de la muerte de más de ocho millones de personas cada año. Más de siete millones de esos decesos se deben al consumo directo del tabaco y aproximadamente 1,2 millones al humo ajeno al que están expuestos los no fumadores. Los científicos coinciden en que esta cifra tiende a incrementar por los nuevos sistemas electrónicos para fumar, pero además por las sensaciones que genera la pandemia en las personas.

Al respecto, el médico magíster en Epidemiología Clínica y director del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Pontificia Universidad Javeriana, Andrés Duarte, explicó que si bien el confinamiento genera aislamiento social para tratar de contener la epidemia, esta circunstancia a su vez genera distrés mental, en otras palabras, un estrés desagradable que produce cargas con efectos en el cuerpo y que aparece como respuesta a una amenaza.

Esto, según Duarte, “contribuye a que las personas dentro del encierro se aíslen y para alguien que ha sido consumidor o tiene expectativas de consumir tabaco se abre un escenario en el que aparece un incremento de la necesidad de consumo y muchos van a volver a consumir o a empezar a hacerlo”. A esto se le suma otro agravante: “la mayor prevalencia de consumo de tabaco está en los grupos socioeconómicos menos favorecidos, lo que supone quiénes pueden ser los más afectados”, advirtió.

Así, este científico pronostica que habrá más fumadores cuando termine la cuarentena, pues “uno debería pensar que las personas al estar reunidas en la casa tienden a consumir menos sustancias y pasa todo lo contrario”, dijo.

 

¿Soluciones para dejar de fumar?

Ya se han adelantado tratamientos para sustituir la nicotina como los chicles, los parches o fármacos para la cesación, pensando en ayudas para que los consumidores dejen de fumar, pero aún hay mucha expectativa frente a la efectividad del sistema de salud para suministrarlo.

“El acceso no es fácil y para el sistema también resulta un reto poderlo proveer”, comentó Duarte. A modo de reflexión, Castro concluyó que “los gobiernos tienen que ver estas posibilidades con proyección, habrá un gasto millonario que tendrán que costear por cerca de diez años, pero van a evitar el incremento en apariciones de enfermedades cerebrovascular, cardiovascular y demás que van a implicar gastos mucho mayores”.

Por su parte, la OMS recomienda a los fumadores intentar dejar de fumar lo antes posible mediante métodos de eficacia comprobada, como líneas de atención telefónica gratuitas para ese fin, programas que se basan en mensajes de texto por móvil y tratamientos de sustitución. Como beneficios inmediatos, los expertos indicaron que abandonar esa conducta revive el olfato y el gusto, hay más calidad en la piel. Además, disminuye las complicaciones respiratorias después de los 30 días de haberlo dejado; baja la frecuencia de neumonías y de intubaciones orotraqueales. A mediano y largo plazo, previene las afecciones cardiovasculares y el riesgo de cáncer.

El tabaquismo es una enfermedad y un problema de salud pública que para el Ministerio de Salud, como afirmó Lorena Calderón, merece un abordaje sanitario, pero que exige la participación de actores gubernamentales, científicos, académicos y de la sociedad civil como una responsabilidad social.

 

Sobre los cigarrillos electrónicos

Frente a las estrategias del mercado para promover el consumo de cigarrillos electrónicos o sistemas de administración de nicotina y de no nicotina, el doctor Castro mencionó que “el 20% de los universitarios están hoy vapeando porque se tragaron el cuento de que eso era menos dañino que el cigarrillo”.

Por su parte, el epidemiólogo Duarte sostuvo que la industria tabacalera es supremamente agresiva y que tiene una década promocionando estos elementos que están utilizando actualmente las personas y hay una gran similitud con las propagandas que han utilizado en el pasado (libertad, alternativas saludables, gustos), todo esto como método para despertar sensaciones y emociones atrayentes. Pero, hay que saber que, “son malos 10 miligramos pero un miligramo también lo es. No dejan de existir riesgos, unos daños llegarán más rápido que otros según la persona, pero a largo plazo puede terminar en una adicción, inclusive igual o más fuerte que la que puede provocar la cocaína”.

La toma de conciencia alrededor de los múltiples problemas que provoca el consumo de tabaco, independientemente del medio que se use para hacerlo, ha sido por largo tiempo una batalla que ha tratado de lidiar y acompañar el sistema de salud y prevención social. Y durante la pandemia las alertas se incrementan, pues los expertos insisten que abandonar el tabaquismo durante esta época podría ayudar a disminuir la transmisión comunitaria y a mejorar el pronóstico de una persona que sea diagnosticada con la afección y sea fumadora activa.

¿Dejar de fumar? Guía para los adultos del país

¿Dejar de fumar? Guía para los adultos del país

“¿Para esa tos? Dejar de fumar”, dice una propaganda radial. Impacta porque esta frase, que pronuncia una mujer de manera contundente, es la respuesta y una buena recomendación para la tos fea de un hombre desesperado, que parece no terminar. ¿Pero funciona?
De acuerdo con la investigación Guía de práctica clínica basada en la evidencia sobre cesación de la adicción al tabaco para población adulta colombiana, elaborada entre el Instituto Nacional de Cancerología y la Pontificia Universidad Javeriana, la mayor respuesta en los adultos fumadores es la que producen las políticas públicas y medidas como prohibir fumar en espacios cerrados o frente a no fumadores, subir el precio de los cigarrillos, impedir la venta al detal, imprimir en las cajetillas fotos grandes y sugestivas sobre sus efectos nocivos. Esta normatividad ha sido resultado de políticas internacionales como el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco, que en Colombia entró en vigencia en julio de 2008.

En el otro extremo, tratamientos alternativos como la hipnosis, la terapia láser, la homeopatía o la acupuntura no se recomiendan en la guía, bien sea porque no hay estudios científicos que comprueben su efectividad o porque, cuando los hay, demuestran que no funcionan. ¿Cómo dejar de fumar? No es fácil, pero sí es posible, concluyen los investigadores que adelantaron el estudio para proponer la guía, preocupados porque las cifras hablan de aproximadamente 20.000 personas que mueren anualmente en Colombia por causas atribuibles al cigarrillo.

Diversidad de terapias

Empecemos por la que todos los fumadores han vivido: cuando alguien del personal de salud –médico, enfermera, odontólogo, auxiliar– le pregunta si fuma. Ante la respuesta afirmativa, así sea uno o dos cigarrillos diarios, surge la consejería breve. El profesional de la salud inicia una recomenda-ción de unos minutos en la que de manera sencilla le advierte al paciente lo que muy seguramente ya sabe: fumar impacta negativamente la calidad de vida de las personas y le hace daño al medio ambiente; dejar de fumar es beneficioso para la salud de la persona y de quienes lo rodean; sí se puede dejar de fumar y para ello existen diferentes alternativas. Hay que decirlo “en forma contundente, clara y sin cantaleta”, dice la internista y neumóloga Alejandra Cañas, jefe de la Unidad de Neumología del Hospital Universitario San Ignacio.

Adicionalmente, los investigadores sugieren adoptar el modelo de las ‘cinco Aes’: Averiguar por el uso del tabaco, Aconsejar que se deje de fumar, Analizar la disposición para dejar de fumar en el corto plazo, Apoyar al paciente en su intento y Acordar el seguimiento. O el de las ‘cinco eRes’, si la persona aún no está motivada: Razones para parar, Riesgos de continuar fumando, Recompensas por dejar de hacerlo, Reparos o barreras para suspender y Repetición del mensaje de cesación.

Cuando esta consejería breve dura entre tres y diez minutos, afirman los investigadores, incrementa la abstinencia a seis meses en cinco de cada cien pacientes. Todo el personal de salud está en la obligación de dar esta consejería breve, pero cuando es el médico mismo el que la ofrece, tiene más efecto en el paciente.

Una segunda terapia es la consejería intensiva. Quien la realiza debe contar con un entrenamiento especial en cualquiera de los modelos propuestos, como el apoyo social, la entrevista motivacional, la terapia aversiva, etc. La investigación concluyó que tiene mayor efecto (16 de cada 100 pacientes) la resolución de problemas y generación de habilidades en el fumador, pues se le entrena para identificar las situaciones que incrementan su probabilidad de fumar y para desarrollar habilidades que le hacen frente.

Como “fumar es una enfermedad, una adicción física y psicológica”, afirma Cañas, se le debe tratar con consejería y promover cambios en el estilo de vida, como tener una alimentación adecuada y hacer ejercicio. Estas intervenciones pueden acompañarse de medicamentos, pues existe evidencia de su eficacia en el proceso de dejar de fumar. La historia clínica del paciente es clave para elegir el medicamento y la dosis más adecuados para esa persona. Cuatro medicamentos que han probado ser eficaces se encuentran disponibles en Colombia, según la investigación: terapia de reemplazo de nicotina (TRN), bupropion, vareniclina y clonidina. La recomendación es combinar los medicamentos con consejería intensiva, bajo la supervisión de especialistas en una clínica de suspensión de tabaco, para que su uso sea el adecuado.

¿Cómo se construyó esta guía?

Esta propuesta de Guía de práctica clínica dirigida a los adultos que fuman –mayores de 20 años que hayan consumido cualquier cantidad de cigarrillos durante el último mes–, adoptada por el Hospital Universitario San Ignacio, ha sido escrita en diferentes modalidades de acuerdo con los públicos a los que se dirige: para médicos especialistas en diferentes áreas, para médicos generales, para entes prestadores de salud y para pacientes. Fue construida con el apoyo de epidemiólogos, bioestadísticos, asesores clínicos, economistas; adicionalmente, durante el proceso de dieño, participaron asociaciones científicas y pacientes en las instancias de socialización

Los investigadores revisaron más de 900 guías de práctica clínica del mundo, de las cuales se tomaron como base cinco para la adaptación al contexto colombiano: la del National Institute for Health and Clinical Excellence (Nice), en Inglaterra; la del Ministerio de Salud de Nueva Zelanda; la guía holandesa del Dutch Institute for Health Care, un consorcio europeo; la guía del Centro de Estudios de Medicina Basada en la Evidencia de Portugal (CEMBE), y la guía norteamericana desarrollada por el doctor Michael C. Fiori y colaboradores. Estas guías se basan en artículos científicos validados internacionalmente, razón por la cual las recomendaciones puntuales son sólidas, dicen los autores de la investigación.

El reto fue adaptar el contenido a la cultura colombiana, para lo cual se tuvieron en cuenta criterios como su pertinencia en el contexto del país y el grado de aceptabilidad y aplicabilidad. “Tenemos la ventaja de que el mecanismo fisiopatológico del consumo del tabaco es común para todo el mundo”, explica la médica Luz Helena Alba, investigadora principal del estudio.

Pero el Ministerio de Salud y Protección Social aún no la aprueba y por esa razón no ha sido publicada. Fernando Ramírez Campos, subdirector de enfermedades no transmisibles, dice que están trabajando en una propuesta de guía que tenga en cuenta las investigaciones realizadas por la Pontificia Universidad Javeriana y por otras universidades del país, lo que muy probablemente será realidad en el 2016. “Es un proceso bastante exigente”, explicó a Pesquisa. “Nosotros estamos utilizando las mismas herramientas que utiliza el gobierno inglés para evaluar la tecnología y desplegar la atención en el país cuando son adoptadas por el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud IETS”.

Ramírez Campos informó que, en este caso, el problema también ha sido presupuestal, pero “antes de que finalice el año sacaremos un lineamiento técnico mientras sale la guía completa, tema que para nosotros es prioritario”.

Lo cierto es que, para dejar de fumar, la motivación y el compromiso del paciente inciden en las terapias disponibles. La mejor expresión de los casos en que no existe ninguna de las dos la refleja el cantautor Joan Manuel Serrat en su canción No hago otra cosa que pensar en ti: “(…) enciendo un cigarrillo, y otro más, un día de estos he de plantearme muy seriamente dejar de fumar, con esa tos que me entra al levantarme”. En esos casos, es necesario empezar desde lo básico: la coinvestigadora Cañas recuerda que “la mejor estrategia contra el tabaquismo es el diseño de políticas públicas que desestimulen el inicio del consumo del tabaco; así que el mejor consejo es: no empiece a fumar”.


Para saber más:
  • » Alba, L. H., et ál. (2013). Intervenciones de consejería para la cesación de la adicción al tabaco: revisión sistemática de la literatura. Salud Pública de México, 55(2). 196-206
  • » Alba, L. H., et ál. (2013). Recomendaciones para la cesación de la adicción al tabaco en Colombia. Biomédica, 33: 186-204.

Descargar artículo