La Feria de Cali virtual rescata la tradición

La Feria de Cali virtual rescata la tradición

 Ponga bien cuidado que “Mi Cali se está adornando para su fiesta más popular” Guayacán Orquesta

 

Después de los daños y pérdidas económicas que dejó una trágica explosión en 1957 en Cali, la feria, que inició siendo una oportunidad para la recuperación de la economía, con el tiempo se fue convirtiendo en la representación viva de la cultura popular caleña. Este evento, según investigación de la Universidad Javeriana Cali, entre 2016 y 2019 evidenció su gran potencial para aportar a los ingresos de la región. Sin embargo, tras la llegada de la COVID-19, el formato presencial migró a la virtualidad y el impacto ya no se midió en términos económicos sino bajo las hoy comunes métricas de alcance, visualización e interacciones en las redes donde se transmitió.

Durante las fechas decembrinas del 2020 el usual ambiente festivo por la llegada de la Feria de Cali no era el mismo. El agite de la ciudad estaba flojo, callado e indiferente; las calles ya no retumbaban al ritmo de la salsa; el folclore ya no se apoderaba de las calles y ni rastro de la multiplicidad de artesanos y comerciantes exhibiendo sus productos por doquier. Todo esto como resultado de los cambios obligados en los modos de vida durante el desarrollo de la pandemia, pues esta vez la fiesta se vivió en casa y a través de la pantalla.

 

“¡Oiga, mire, vea, vengase a Cali para que vea!”

A lo largo de los años, en el radar empezaron a aparecer preguntas de cuántos empleos se producían en la feria, cuánta gente entraba a los eventos, cuáles eran los ingresos, quiénes eran los asistentes. Con esto en mente, los profesores javerianos Luis Fernando Aguado y Alexei Arbona, con el apoyo de Corfecali y el Laboratorio de Economía Aplicada (LEA) de la misma universidad, se propusieron dar respuesta a tales cuestionamientos haciendo uso de uno de los mejores recursos de la academia: la investigación.

Para la edición número 62 de Feria de la caña, la del 2019, del 25 al 30 de diciembre se congregaron cerca de un millón de personas en la capital del Valle, según evidencia el estudio. Además, en suma con los tres años anteriores dejó una huella económica de $1,4 billones. Entretanto, la edición 63 en su versión digital, con el lema “Conectados por la vida”, tuvo un alcance de casi nueve millones de usuarios, número que corresponde a la totalidad de personas a quienes les llegó el espectáculo a sus pantallas, de los cuales más de tres millones visualizaron los eventos transmitidos de la feria. Siendo así, la Feria caleña más visitada de la historia, según afirmaciones de Corfecali.

Para medir el impacto del último año, se tomaron las métricas de las páginas oficiales de la Feria de Facebook y YouTube, al igual que los datos correspondientes de Analytics de Google correspondientes al sitio web feriadecali.com.co, los enlaces de Feria de Cali y la APP Feria de Cali 2020.

 

“Si uste’ va llegando váyase entonando, que de baile en baile se va acomodando”

Respecto a la percepción que tienen los asistentes acerca de esta experiencia festiva, el 87% de los participantes encuestados en la versión del 2019 relacionan el evento con conceptos como alegría, rumba, salsa, felicidad y cultura. La vivencia esta vez fue por medio de sus dispositivos móviles o computadoras, como lo evidencian algunos de los comentarios allí expuestos.

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“Después que pasa la feria, la rumba sigue como es. Así queda demostrado y aquí queda comprobado”

Parte de esto lo hacen posible las comparsas, bailarines, agrupaciones musicales, actores y todo el talento artístico que durante meses se prepara para ofrecer un show a la altura. El estudio javeriano logró determinar que el 95% de los talentos de la versión 62 eran caleños, en su mayoría hombres, y, “una de las cosas que más llama la atención es que gran parte de ellos residían en las zonas en donde hay más conflicto, criminalidad y delincuencia común, lo que demuestra el importante impacto de la cultura en estas zonas”, resalta el profesor Alexei Arbona. En año de pandemia, el 99,5% de la nómina de artistas de toda la Feria fue local.

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Por otro lado, el investigador Arbona comenta que “algo que ha generado polémica en la feria es la idea de que ésta es un evento privado y para unos pocos. Sin embargo, el estudio demuestra que si bien algunas exposiciones (para el 2019) tenían una tarifa de entrada, gran parte de la población pudo asistir a múltiples eventos oficiales de forma gratuita”. Para la versión 2020 esto no fue problema, pues en esta oportunidad los seis eventos principales de la feria y que por lo general tienen tarifa de entrada, estuvieron abiertos al público de forma gratuita a través de Facebook y YouTube: salsódromo, encuentro de melómanos y coleccionistas, somos Pacífico, carnaval de Cali vieja, concierto alternativo y, el mundo le canta a Cali, Cali le canta al mundo.

 

Caleños, colombianos y habitantes de mundo entero, se conectaron con nuestra ciudad, su arte y su cultura, sin necesidad de pines o códigos de ingreso”, dijo Corfecali en comunicado a Pesquisa Javeriana

 

El estudio javeriano menciona que la festividad popular es para gente joven adulta entre 25 y 45 años y, por lo general, en años anteriores ha tenido una gran acogida por los capitalinos, seguido de los habitantes del departamento del Valle del Cauca y Antioquia y, a nivel internacional, son los habitantes de Estados Unidos, España, Francia y Alemania los que se pegan la rodadita para vivir esta experiencia festiva. Pero la colosal audiencia en el 2020 parece haber superado cualquier feria anterior, en comunicado Corfecali afirma que, “nos vieron desde 96 países, 3.928 ciudades en todo el mundo y en 26 de los 32 departamentos del país”.

Los empleos nuevos generados para el 2019, gracias al desarrollo de la celebración fue de 18.830 y para el 2020 las cifras indican que el evento benefició a más de diez mil personas vinculadas en la cadena de valor del ecosistema cultural. Ahora bien, la virtualidad también favoreció el bolsillo de los visitantes, por ejemplo, según la investigación, un turista internacional podría invertir cerca de los 290 mil pesos diarios y el turista nacional unos 164 mil pesos, asistiendo en promedio 4,47 días a la feria. No por esto hay evidencia de una preferencia por la virtualidad, pues en el estudio javeriano, la mayoría de los participantes asegura que tiene el deseo de regresar a vivir la fiesta presencial.

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“Si se me acalora no mire la hora, tómese un raspado, ¡y cuento acabado!”

El impacto del reconocido espectáculo no solo ha sido económico sino social y cultural, pues, tal como lo expone el economista Alexei Arbona,“la feria ha logrado potenciar el talento creativo y perseverar las tradiciones de la región”, y según destaca Corfecali, la edición 63 no fue la excepción: “hoy podemos afirmar que en el atípico 2020, año de retos y desafíos, realizamos la Feria más internacional e incluyente de su historia; una celebración que amplió de manera significativa el número de espectadores con relación a sus versiones anteriores. Actores múltiples y diversos hicieron posible que esta Feria fuera una apuesta por la vida, la alegría, y la esperanza, además de contribuir a la reactivación anímica y económica del sector cultural y artístico de nuestra ciudad”.

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

En el campo 22 hombres corren y sudan sin derecho a equivocarse; los compran, los venden, los prestan a cambio de dinero, y cuando son mayores se retiran. En el campo verde está el ídolo que, con sus gambetas, pies prodigiosos, rapidez inalcanzable y goles eternamente memorables deleita a los hinchas, técnicos, compañeros y rivales. Los seguidores en las gradas, sin ellos el juego no sería el mismo: se casan con un equipo y lo alientan con fervor, saltan, gritan, se agitan, se comen las uñas y esperan el milagro. El director técnico, “el profe”, da instrucciones, advierte de desajustes, grita, trata de tranquilizarse y recompone el orden.

Y luego, en medio de todos, está al que le dicen chulo, tirano, dictador, verdugo y vendido; el amado, odiado y siempre respetado en el campo, el árbitro.

Antes identificados por su unánime vestimenta negra, el árbitro central, con silbato en boca, cronómetro en mano y acompañado por todo un equipo de jueces que custodian las bandas; el arbitraje hoy representa una verdadera profesión con la responsabilidad de tomar decisiones que definen el rumbo de los equipos en cuestión de segundos. No hay tiempo de dudar del silbido que anula el gol de la salvación, tampoco hay derecho a cuestionar la amarilla o la roja que sale del bolsillo, pues sin temblor en la mano y con ímpetu debe ser capaz de imponerla.

En consecuencia, todo esto puede implicar altos niveles de presión para los jueces y tensiones emocionales por la coerción social o motivos psicológicos que pueden influir significativamente en sus decisiones. Así lo demuestra la investigación Referee bias in profesional soccer: Evidence from Colombia (Árbitro parcializado en el fútbol profesional: Evidencia de Colombia), liderada por los profesores Juan Mendoza, de la peruana Universidad del Pacífico, y Andrés Rosas, decano del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes, tras referenciar trabajos académicos de Europa que pretendían estudiar el sesgo arbitral en las grandes ligas profesionales a partir de la medición del tiempo de descuento, identificaron, de la misma manera, el sesgo en la liga profesional de fútbol colombiano, una de las más importantes de Suramérica.

Para lo anterior, hicieron más de 1.600 observaciones que abarcaron todos los juegos de primera división entre 2005 y 2010. “Tomamos únicamente los partidos en los que el equipo local iba ganando por un gol y los comparamos con el tiempo de descuento, controlando así las variables de tiempo agregado tanto al final de la primera mitad como de la segunda, al igual que el número de sustituciones, tarjetas amarillas y rojas, las penalizaciones y los goles anotados. También tratamos de identificar los posibles factores que podían influir en el sesgo, como la importancia del partido, la etapa del campeonato y la violencia de la ciudad local”, explica Rosas.

Sin duda, el árbitro debe tomar decisiones veloces a lo largo del juego que recaen en la subjetividad. “Encontramos que, si el local va perdiendo por un gol, entonces el tiempo de descuento es más largo, mientras que si está ganando por el mismo resultado, tiende a terminar más pronto”, afirma Rosas, quien con su coinvestigador concluyó que la duración del tiempo adicional es de hasta 12 segundos más cuando el equipo de casa va perdiendo.

Sin embargo, la existencia de un sesgo arbitral al extender o acortar el tiempo de descuento no implica, necesariamente, corrupción en el fútbol. Tal sesgo sería una consecuencia de la presión social ejercida por la multitud que, consciente o inconscientemente, afecta las decisiones del árbitro.

“Gratamente encontramos que el sesgo en Colombia es menor. Aquí sí dan más tiempo al local para cuando está perdiendo, entre uno y dos minutos, pero en España estamos hablando de dos o tres minutos más dice Andrés Rosas.

El árbitro no es más que el cuidador del reglamento con un poder absoluto sobre el juego. Imaginar una disputa en el césped sin jueces de por medio, para nuestros días, resulta imposible, pues manifestaciones tan democráticas solo se ven en los ‘picaditos’ de barrio; allí todos se destacan por su nivel de acuerdo, son los jugadores quienes cobran las faltas y penaltis, lo único que está por perderse es la gaseosa y, al que se muestre en desacuerdo, no le queda otra que retirarse. Entre tanto, los intereses que pugnan en el fútbol profesional son muchos: las altas cantidades de dinero de los patrocinios, el deseo de derrotar al rival, el lugar del equipo en la tabla de posiciones, su reconocimiento en el campeonato, el nivel de los jugadores y demás, han hecho que los árbitros sean indispensables en este engranaje.

Los árbitros no son una máquina como lo mencionan los investigadores Rosas y Mendoza: “No utilizan ayudas tecnológicas de manera sistemática, deben tomar decisiones subjetivas”. Pocas veces se evalúan sus decisiones desde lo humano, el arbitraje es una labor incomprendida. Pero qué sería del fútbol sin los árbitros, gran parte de la emoción y el suspenso del deporte está en no poderse anticipar a los resultados, a los imprevistos que puedan presentarse en el campo, los penales dudosos, los polémicos fuera del lugar, la imposición de tarjetas cuestionables. Es la magia y fascinación del juego y el árbitro es una pieza clave para hacer del encantamiento futbolero todo un espectáculo.

Una de las virtudes que requieren los árbitros de fútbol es la ‘personalidad’, defender sus decisiones, interiorizar cada una de las normas que en el reglamento se presentan, administrar la autoridad, no amilanarse ante la presión que el público o el ambiente pueda ejercer y comprender que, si bien como seres humanos pueden equivocarse, tienen que tratar de ser lo más objetivos posible. Sin embargo, “entre las diversas decisiones tomadas por el árbitro, la duración del tiempo de adición debe ser la menos subjetiva”, mencionan Rosas y Mendoza, pues el juego tiene dos mitades de cuarenta y cinco minutos, tiempo suficiente para tener en cuenta las actuaciones en el césped y dictar uno de los últimos fallos en el campo. Los minutos de adición terminan por ser los más intensos, es jugarse el todo por el todo en busca de definir la victoria o la derrota.