Que no le duela el corazón por culpa de la COVID-19

Que no le duela el corazón por culpa de la COVID-19

Diversos estudios internacionales están dando cuenta de la relación que hay entre el órgano principal del aparato circulatorio, el corazón, y la Covid-19. El virus no solo hace estragos en los pulmones, también afecta otros ‘territorios’ del cuerpo humano.

Según explica el doctor Julio Aldana, estudiante de cardiología en la Pontifica Universidad Javeriana, una de las pesquisas que empezó a dar indicios sobre los efectos de la Covid-19 en el corazón fue la publicada por JAMA Cardiology, en la que participaron 416 pacientes contagiados con el actual coronavirus en Wuhan, China, de los cuales el 19,7% presentaron lesión cardiaca durante la hospitalización, afección común en pacientes con este virus y que está asociada a un mayor riesgo de mortalidad. La detección de este signo se caracteriza por la elevación de la troponina, una proteína que en altas proporciones representa daño para el sistema circulatorio.

Al respecto, el doctor Aldana explica que cuando aumenta esta sustancia se incrementa la mortalidad, independiente de cuál sea el escenario (infarto, pancreatitis, neumonía por COVID-19, etc.). “Vemos que la tasa de supervivencia en este estudio fue mayor comparada con los pacientes que elevaron la troponina”, explica.

Este hallazgo ya daba indicios de las dificultades cardiacas relacionadas con este tipo de coronavirus. Así, en otros estudios empezaron a aparecer otras más que confirmaban el daño en personas con COVID-19. Por un lado, el análisis de 39 autopsias realizadas a pacientes con el virus identificó infecciones en el corazón en personas que no habían sido diagnosticadas previamente con problemas cardiovasculares.

Asimismo, otro estudio sometió a resonancias magnéticas a 100 personas recuperadas del SARS-CoV-2 en los últimos dos a tres meses. Los investigadores encontraron anomalías cardíacas en un 78% de los pacientes; un 60% reportó miocarditis o inflamación del músculo cardiaco, lo que reduce la capacidad del corazón de bombear y producir ritmos cardíacos rápidos o anormales (arritmias), y el 76% de los analizados mostró elevación de troponina, indicio de cambios en el funcionamiento de este órgano.

El SARS-CoV2 puede afectar al corazón de diversas formas, dice el médico Julio Aldana.

 

Según Aldana, la respuesta a estos daños responde a múltiples factores colaterales a la infección como la hipotensión (presión arterial baja), hipoxia (deficiencia de oxígeno en la sangre), isquemias (reducción en la capacidad del músculo cardíaco de bombear sangre) o ruptura de las células cardíacas. El virus puede afectar el corazón de diversas formas, según el especialista. Puede ser de forma directa, cuando afecta al músculo (miocardio); cuando hay una falta de oxígeno en la sangre porque el virus está atacando a los pulmones o cuando desencadena una inflamación en los órganos.

 

Hipertensión y coronavirus

En el contexto de la infección por el SARS-CoV-2 y la presencia de insuficiencia cardíaca en las personas, no se sabe con exactitud si el problema está relacionado con la miocarditis convencional (cuando el corazón se inflama) o si es la respuesta del organismo a la inflamación sistémica que genera la COVID-19, según explica el doctor Leslie Cooper, director del Departamento de Cardiología de Mayo Clinic.

Dentro de las patologías que pueden ocasionar la insuficiencia cardiaca está la arteriopatía coronaria (afectación de las arterias que suministran sangre al corazón) y la hipertensión. Uno de los estudios que destaca el doctor Aldana es el publicado en The New England Journal of Medicine, el cual evidencia la presencia de esta última en el 15% de los pacientes evaluados que tenían el virus. Así, los investigadores se empiezan a preguntar por la relación de la presión arterial alta con la COVID-19.

Según las conclusiones dadas por los expertos, se piensa que en adultos mayores posiblemente esto sea resultado de mayores exigencias al corazón y de una capacidad ya disminuida en la reserva cardíaca por la edad, mientras que en pacientes menores se podría tratar de una miocarditis causada por el virus.

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Alternativas para hacer electrocardiogramas a pacientes con COVID-19

Otro de los puntos a tener en cuenta a la hora de hablar del corazón y el coronavirus es el electrocardiograma, una prueba frecuente que se utiliza para detectar problemas cardíacos. Este se hace a través del registro de las señales eléctricas que emite el miocardio. Sin embargo, la realización de exámenes como estos en pacientes con el SARS-CoV-2 resultan problemáticos, porque un paciente con coronavirus está aislado en una sala especial, con personal especializado que está dedicado únicamente a él y trasladar una máquina que se utiliza en otras áreas del hospital puede exponer al personal médico y otras personas a un mayor riesgo de infección, explica Aldana.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) ha tratado de implementar el dispositivo Kardia, una tecnología pequeña, liviana y fácil de utilizar, con dos electrodos que toman un electrocardiograma basal, comenta el médico javeriano. “Entonces, podemos utilizar esta herramienta como primer paso para calcular el riesgo cardiaco en pacientes con COVID-19”, indica, reconociendo además que el seguimiento a personas con patologías cardiacas en estos casos debe ser constantemente monitoreado, de manejo estricto y cuidadoso.

Después de este recorrido por algunos de los hallazgos alrededor de lo que la ciencia ha identificado respecto a la COVID-19 en relación con los efectos cardiacos, es claro que si bien la enfermedad cardiaca previa es una condición de salud que puede hacer a una persona más susceptible a desarrollar complicaciones si adquiere el virus, no por esto, quienes tengan dichas patologías son más propensos a adquirirlo.

Preeclampsia: el hallazgo que puede resolver un misterio genético

Preeclampsia: el hallazgo que puede resolver un misterio genético

Luego de dormir poco más de tres horas, debido a un intenso y permanente dolor de cabeza que la acompaña desde el inicio de su tercer embarazo, María de los Ángeles Cristancho se prepara para ir a la cita de control prenatal con su ginecobstetra. El vientre redondo de sus 32 semanas de embarazo le dificulta colocarse medias y zapatos, tarea con la que le ayuda su hermana mayor. Enfermera de profesión, Deyanira se percata de que las piernas de su hermana están bastante hinchadas ¿Será la presión arterial?, piensa.

La preeclampsia hace parte del abanico de enfermedades hipertensivas (que elevan la presión arterial) que padecen algunas mujeres después de la semana 20 de embarazo. Ésta reduce significativamente el crecimiento del feto, desencadena partos prematuros, muertes fetales y, en casos no controlados, mortalidad materna. “Lo que uno va a encontrar es una mamá con hipertensión, que va a tener pérdida de proteínas a través de la orina. Otras, que presentan manifestaciones clínicas, indican un compromiso vascular materno que termina dañando las células que recubren los vasos sanguíneos”, afirma Reggie García-Robles, doctor en ciencias biológicas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Fisiológicas y del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud estiman que a nivel mundial la preeclampsia es el principal factor de morbilidad y mortalidad feto – materna; en países subdesarrollados y en vía de desarrollo, alrededor del 30% de las muertes maternas se asocian con esta enfermedad y con una de sus complicaciones más graves, la eclampsia, que se caracteriza por la aparición de convulsiones. Además, ocho de cada 100 embarazos desarrollarán preeclampsia e, inclusive, la cifra en Colombia podría aumentar hasta los 14.

En la actualidad es imposible detectar la preeclampsia antes de que se produzcan los síntomas; no existe ninguna prueba confiable que diagnostique esta patología antes de la semana 20 de embarazo. La única certeza es que el tratamiento definitivo consiste en inducir el parto y sacar la placenta o, en otras palabras, “desembarazar”; sin embargo, y gracias a esta investigación, se identificaron marcadores genéticos que darían una luz de alerta antes de las 20 semanas de embarazo y facilitarían una intervención para reducir la mortalidad y mejorar el pronóstico tanto de la madre como del bebé.

En el estudio Hallazgos moleculares y patológicos en placentas con preeclampsia y/o restricción de crecimiento intrauterino, liderado por la bacterióloga Paola Andrea Ayala Ramírez, investigadora y profesora del Instituto de Genética Humana de la Javeriana, y adelantado por la Universidad El Bosque, la Clínica del Country, el Hospital San Ignacio, y la Javeriana, los investigadores observaron qué pasa en una placenta con preeclampsia debido a que es un órgano transitorio propio del embarazo y cumple funciones vitales: pulmonares, endocrinas, metabólicas e inmunológicas.  “Encontramos dos moléculas de coagulación que nos llamaron mucho la atención. Sabemos que cuando uno tiene alguna herida empieza un proceso sanatorio donde la sangre se coagula gracias a esas dos moléculas: el factor tisular (FT) y la trombomodulina (TM)”, explica García-Robles.

El hallazgo se dio tras seleccionar un grupo de madres gestantes voluntarias con menos de 20 semanas de embarazo y los posteriores análisis y seguimiento al comportamiento de estas dos moléculas. En unos primeros resultados se observó que ambas se alteran en presencia de la preeclampsia debido a un proceso metabólico que altera su producción: o no se producen o lo hacen más de lo esperado.

“Encontramos que la trombomodulina tiene mejores resultados y en este momento estamos nuevamente realizando pruebas para confirmarlo. Entonces lo que tenemos es una molécula candidata para ser un buen marcador de predicción de preeclampsia antes de las 20 semanas”, asegura Ayala.

En la semana 33 de su embarazo, a María de los Ángeles le confirmaron el diagnóstico de preeclampsia; estuvo bajo observación durante tres semanas más y el ginecobstetra, al no ver aumento de talla ni de peso en el bebé a través de una ecografía de detalle, generó la orden para inducir el parto en la semana 37. Una de las dificultades que retrasó su diagnóstico es que la preeclampsia no se presenta de la misma forma en las pacientes.

“No todas las mujeres con preeclampsia van a tener el mismo daño en los vasos sanguíneos. ¿Por qué? No se sabe exactamente qué origina la enfermedad, como ocurre ni que factores están implicados en la presentación de estas diferencias; hay varias hipótesis. Esta es una enfermedad a la que se le desconoce su causa “, asegura la doctora Ayala. De allí la importancia de desarrollar marcadores genéticos que permitan identificarla a tiempo.

Los investigadores describen la preeclampsia como una enfermedad ocasionada por varios factores: genéticos, nutricionales, anomalías en la placenta, circunstancias socio-ambientales, trastornos en la inmunología materna, alteraciones cardiovasculares y desequilibrios hormonales; adicionalmente, “es una enfermedad multisistémica. Inicia en la placenta pero el problema es que se sale de ésta, la madre comienza a desarrollar fallas en los riñones, en el hígado y, cuando afecta al sistema nervioso central, es un mal pronóstico porque es un indicio de eclampsia”, añade Ayala.

Después del parto, María de los Ángeles y su hija estuvieron en observación por dos días. Los síntomas de la preeclampsia en la madre desaparecieron en el transcurso de la primera semana, y Rosalí, al no presentar ningún inconveniente, pudo conocer a sus dos hermanas mayores. “Hay que estar pendiente de los síntomas, asistir a los controles, y consultar inmediatamente”, aconseja María de las Ángeles hoy, mientras consiente a su bebé con tres meses de edad cumplidos.