La resistencia tiene rostro de mujer

La resistencia tiene rostro de mujer

Sanne Weber, Julia Zulver y Salomé Gómez, tres investigadoras comprometidas con el Acuerdo de Paz, han dedicado sus estudios a analizar las realidades de excombatientes y víctimas del conflicto armado, con el fin de entender cómo las mujeres se adaptan a una nueva vida tras el desarme, hallando que cada una de ellas asume el posconflicto de una manera diferente.

Al haber vivido el conflicto armado como víctimas se desarrollan técnicas de resistencia que fortalecen a las mujeres en comunidad, mientras que las excombatientes se encuentran ajustándose al desarrollo de una vida en la que pueden dedicarse a la maternidad. Sin embargo, lo importante es reconocer que cada una de ellas tuvo distintas experiencias, e impactos particulares, por lo que sus historias cuentan una narrativa única desde donde se mire.Gracias a sus aportes investigativos frente a lo que significa ser mujer en este contexto, Weber, Zulver y Gómez fueron invitadas al conversatorio Mujeres, guerra y resistencia en Colombia, realizado por la Pontificia Universidad Javeriana y el Instituto Pensar, en el que presentaron los resultados de sus trabajos que ayudan a entender los diferentes procesos de reintegración y resistencia a lo largo del territorio nacional.

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Sanne Weber: la reintegración de las excombatientes en La Guajira

Esta holandesa, experta en procesos de justicia transicional, lleva un año trabajando en el país. La investigadora convivió durante un año con los habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR), ubicado en la vereda Pondores, (La Guajira). Desde una aproximación etnográfica, Sanne se incorporó y escuchó diariamente los relatos de más de 250 hombres y mujeres exintegrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para así estudiar cómo este grupo retorna a la sociedad tras dejar las armas.

En su investigación, Weber resalta que las excombatientes en la actualidad son las encargadas del hogar y del cuidado de los hijos, mientras los hombres realizan las labores manuales y trabajos pesados.

“Lo que ellos dicen es que al inicio eso no fue así. Cuando se desmovilizaron y empezaron sus proyectos, hombres y mujeres trabajaban por igual. Pero poco a poco, y eso también tiene que ver con el “Baby Boom” (explosión de natalidad), las mujeres se dedicaron más a las tareas domésticas”, afirma la profesional. Esto quiere decir que al abandonar la guerra las parejas   que se conformaron en esta ETCR, se enfocaron en expandir sus hogares y se dio un aumento en la natalidad. “En solo septiembre nacieron 9 niños”, comenta. Concluye, además, que por esta razón las mujeres dejan de lado sus intereses por el estudio y el trabajo, retornando a roles de género establecidos históricamente.

Webber también se pregunta cómo algunas de estas mujeres vivieron la violencia durante su tiempo en el grupo armado. Con la ayuda de la Corporación Rosa Blanca se pretende ayudar a las excombatientes a que denuncien los crímenes de guerra de los que fueron víctimas. Sin embargo, los procesos de denuncia no son sencillos, ya que “las mujeres que deciden contar la violencia a la que fueron sometidas son rechazadas y aisladas por los habitantes de la ETRC Pondores, pues la imagen de agresión entre filas es inconcebible para el grupo armado y la denuncia atenta contra la comunidad”, complementa la investigadora.

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Por esta razón, Sanne hace un llamado a reconocer que “las mujeres de las FARC muchas veces fueron víctimas de reclutamiento forzado y de violencia sexual a manos de sus compañeros. Muchas estaban ahí porque les tocó”, lo cual complica aún más su reintegración a la vida civil pues “los procesos de paz y reconciliación tienden a separar a las víctimas de los victimarios y los procesos son exclusivos de las víctimas, dejando a las excombatientes por fuera”, narra la europea. Por lo que su trabajo con en este grupo surge de la necesidad de conocer la otra cara del posconflicto.

Julia Zulver y las mujeres “tejiendo” la resistencia

Zulver es una británica que lleva dos años trabajando con la Alianza de Tejedoras de Vida del Putumayo, una coalición conformada por los 13 municipios del departamento, la cual quiere abrir espacios para el reconocimiento de los derechos de las mujeres que viven en zonas de conflicto por medio de la construcción de paz, participación política y el desarrollo económico y social.

En su intervención explicó que dicha iniciativa pretende “el empoderamiento femenino por medio de estrategias de sensibilidad para recuperar el tejido social afectado por el conflicto armado”. Sin embargo, esto no es algo positivo para todos. Los nuevos actores armados buscan el control de los territorios y limitar el activismo femenino utilizando el ‘backlash patriarcal’ (prácticas de dominación patriarcal basadas en género) “para limitar la participación de las mujeres en entornos políticos y sociales”, argumentó la británica.

Para-galeria-3Zulver también habló sobre el aumento de amenazas contra la vida de las lideresas, causando que muchas deban huir para proteger a sus familias. Es el caso de Sandra, una de las participantes de la coalición con las que habló. En palabras de Sandra: “Somos hermanas, cuando algo le pasa a una, nos pasa a todas, pertenecemos a la alianza, al territorio”. Por ese motivo las mujeres del Putumayo buscan la manera de resistir al miedo y a las intimidaciones.

Otra de las virtudes que destacó es la fortaleza de estas mujeres, que viene de comprender los riesgos que las rodean y su manera de protegerse, como lo hacen Sandra y sus compañeras. No obstante, es un reto para muchas, pues como explica Zulver: “las mujeres que resisten son castigadas como un ejemplo para los demás. Son estrategias para infundir el miedo y limitar la resistencia. Pero el conflicto armado les enseñó caminos de resistencia, que siguen aplicando en esta nueva ola de violencia contra las lideresas del Putumayo”, agregó la investigadora.

“Las mujeres que viven ese conflicto quieren la paz y ahora que resurge la violencia no se van a esconder, van a aplicar y modificar lo que aprendieron en otro momento y acomodarlo para enfrentar lo que pase”, finalizó Zulver.

Salomé Gómez: la violencia sexual va más allá del acceso carnal violento

Salomé hace parte de la Comisión de la Verdad, una Entidad Estatal que busca ayudar a las víctimas del conflicto armado en sus procesos de esclarecimiento de la verdad, reconocimiento, convivencia y condiciones para la no repetición. Basándose en estos ejes fundamentales, “buscan abrir el diálogo social frente a la dignidad de las víctimas, el reconocimiento de responsabilidades y la importancia de que la sociedad civil reconozca el conflicto armado”, explicó.

Durante su exposición aclaró que “es muy difícil encontrar que los hombres reconozcan haber cometido violencia sexual contra la mujer de cualquier tipo” porque la violencia sexual no es únicamente el acceso carnal violento, sino que incluye desnudez, aborto y maternidad forzados, cambios impuestos al cuerpo y puede darse con cualquiera de los actores armados del conflicto, es decir, víctimas y victimarios.Para-galeria-4

Por esta razón, el Grupo de Género de la Comisión de la Verdad que ella coordina está comprometido con “la eliminación de todas las violencias contra las mujeres, es decir, violencias que vulneren a las mujeres y personas LGTBI como la violencia en la escuela, el acoso callejero, la violencia en la casa, etc.”, sentenció Salomé.

Gómez resaltó la importancia de replantear lógicas de estructuración, roles de género, causas de la violencia e historias de vida. “Para conocer a lo que se enfrentan ahora las víctimas y los victimarios debemos entender que cada persona tiene distintas experiencias, impactos diferenciales y particulares que los definen como poblaciones en condiciones de vulnerabilidad”, expresó.

La investigación y la innovación, más vivas que nunca en la Javeriana

La investigación y la innovación, más vivas que nunca en la Javeriana

La investigación y la innovación están más vivas que nunca en nuestra institución. Así lo percibí en el XIV Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. En esta versión, que tuve el privilegio de liderar como vicerrector, mi perspectiva se amplió para reconocer la prolífica producción intelectual de los colegas. También observé con agrado y esperanza el empoderamiento de nuestros estudiantes al presentar sus trabajos académicos frente a investigadores de par a par. Sin duda, esos cuatro días de septiembre fueron reveladores y gratificantes para mí.

Esta perspectiva guarda coherencia con el resultado de la última versión de la clasificación Times Higher Education, en donde la Universidad se ubica en el primer lugar (incluyendo Bogotá y Cali) gracias a las citaciones que reciben los trabajos de investigadores javerianos. En esta era de rankings nacionales e internacionales es valioso atender lo que nos dicen, sin la necesidad de trabajar exclusivamente centrados en ellos. Además, cuando palpamos y evidenciamos los importantes avances de la ciencia producida y gestada desde la Javeriana, se ratifica lo dinámica que está nuestra productividad académica.

En este encuentro bianual se presentaron 108 ponencias, 130 posters de investigación y 9 tecnologías y prácticas artísticas de javerianos de ambas sedes. Entre nuestros expositores estuvieron profesores de planta y cátedra, estudiantes y egresados de doctorado, maestría, pregrado; además, contamos con una participación muy nutrida de semilleros de investigación. Nuestras jornadas de ‘Vinos, cervezas, tapas y posters’ fueron un rotundo éxito. Tener la oportunidad de exponer y dialogar sobre los hallazgos científicos con un público interesado sin la presión apremiante del tiempo fue un factor relevante para promover espacios alternativos a las presentaciones formales ante auditorios numerosos.

El Congreso también permitió a los asistentes, tanto de la Javeriana como fuera de ella, encontrar nuevas alianzas y perspectivas diversas para trabajos a futuro. Por solo mencionar un caso, los profesores Helberg Asencio –del Departamento de Ciencias Básicas de la Salud en Cali, quien presentó una ponencia sobre la prevalencia en diabetes y amputación de miembros inferiores– y Martha Zequera –del Departamento de Electrónica de Bogotá, quien tiene una importante trayectoria en el manejo ergonómico del pie diabético– identificaron colaboraciones entre sus grupos. Ese es el propósito final de este tipo de eventos académicos: divulgar resultados de investigación e innovación para conocer personas y grupos con quienes podamos colaborar.

Por último, quiero resaltar nuestra apuesta temática de 2017. El Congreso fue un momento importante para reflexionar sobre el papel de la Universidad en la generación de nuevo conocimiento que interpele a nuestra sociedad aquí y ahora, con una visión propositiva de futuro. Los investigadores tenemos este reto, pero no solo a través de nuestra producción académica y la formación de nuestros estudiantes, sino a través de nuestra interlocución con los actores locales, regionales, nacionales e internacionales.

Por ello, el tema central no pudo ser otro en este momento histórico del país que la ’Investigación para la paz y la reconciliación’. De ahí la importancia de contar con el padre Francisco de Roux, S. J. como conferencista; escuchamos su experiencia y reflexión sobre la investigación en un contexto de posacuerdo. Así mismo, Flor Edilma Osorio, presidenta del XIV Congreso y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, nos ofreció en su discurso inaugural un contexto histórico de cómo se ha desarrollado la investigación en la Universidad y nos recordó los paralelismos entre el periodo en que se hizo el primer congreso (durante la búsqueda de acuerdos de paz del gobierno de Virgilio Barco) y el momento actual. Los retos como país y como productores de conocimiento siguen sin cesar y la socialización de los avances de la ciencia son una oportunidad fundamental para que la ruta esté iluminada para los tomadores de decisión. Este puede ser nuestro grano de arena para aportar en la construcción de una nación hacia el fin del conflicto.

Quienes quieran conocer las memorias del XIV Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, sus conferencias, simposios, posters y demás, pueden consultar en este enlace.

 

Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Francisco de Roux: la ruta para construir una nueva Colombia

Francisco de Roux: la ruta para construir una nueva Colombia

La paz y una nueva Colombia. Esos son los dos temas que hoy en día obsesionan al padre Francisco de Roux, jesuita, licenciado en Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Javeriana, doctor en economía y uno de los hombres que ha contribuido con su trabajo y su visión a construir la paz en Colombia: primero, desde la dirección del Cinep; luego, junto a los pobladores del Magdalena Medio, y recientemente, con los excombatientes de un lado y de otro, siempre buscando proyectos que conlleven a la reconciliación. Esa trayectoria le hizo merecedor del Premio Nacional de Paz en 2001.

Este miércoles, durante el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el padre De Roux será uno de los conferencistas principales. Su charla se centrará no solo en el papel que la Academia debe asumir en la nueva etapa de posconflicto, sino en las acciones que la población civil debe emprender para construir una nación sin odios ni temores.

“Es muy importante que encontremos, a través de la universidad, la posibilidad de escapar de las peleas y encontrarnos con el ser humano colombiano, más allá de esas posiciones interpretativas que nos dividieron”, propone el religioso, quien asegura que esa nueva sociedad debe construirse desde el plano democrático, ético y económico.

Su conferencia tendrá lugar el próximo miércoles, 13 de septiembre, a las 8:00 a.m. en el auditorio Alfonso Quintana S.J. del Edificio Jorge Hoyos S.J. (número 20 del campus universitario).

Aquí puede inscribirse para participar en el Congreso.

El estrés postraumático, compleja misión para el posconflicto

El estrés postraumático, compleja misión para el posconflicto

“Ahora es 28 de octubre de 2014. Tengo 34 años de vida y usted está leyendo esta parte de mi historia. Sobreviví a un feroz ataque de nueve relámpagos de bala que entraron en mi cuerpo. Vi cómo murió a mi lado el infante profesional González. Hace 6 días mi hijo cumplió 10 años… Me hicieron 24 cirugías a través de estos años. Estuve en coma. Estuve en cuidados intensivos varios meses. Duré mucho tiempo en silla de ruedas. Al final perdí casi todos mis intestinos y mi pulmón derecho… Me fracturaron miembros inferiores y superiores. Me partieron mi cadera, mi pelvis, mis brazos”.

Este es el testimonio de un suboficial de la Infantería de Marina herido durante una emboscada en Buenaventura. Las cifras de muertes en Colombia se acumulan con el paso de las décadas. Pero de esos episodios, que aparecen en las estadísticas y en los registros de prensa, quedan secuelas que no siempre se comprenden. El investigador Álvaro Roberto Vallejo Samudio, PhD en psicología, transitó con una pregunta de investigación por varias instalaciones militares tratando de interesar a los responsables de la seguridad del Estado en el estrés postraumático en los combatientes. Su idea era comprobar la efectividad de la terapia de grupo en el tratamiento de este problema.

La investigación sobre este tema llevó al profesor Vallejo a indagar por la magnitud del problema en un país en el que no cesa el conflicto armado. El trastorno por estrés postraumático (TEPT) presenta una prevalencia en soldados norteamericanos de entre el 12 % y el 30 %. En Colombia se desconoce este indicador, pero algunas pistas indican que la cifra puede llegar a ser significativa si se tiene en cuenta que “los niños que viven en municipios donde han sucedido confrontaciones armadas tienen 19 veces más probabilidad de sufrir TEPT bélico que los niños de municipios no expuestos”, de acuerdo con un artículo publicado en la revista Terapia Psicológica en 2011.

“Lo traumático en la vida de una persona tiene que ver con un hecho inesperado frente al cual no se puede reaccionar y que genera miedo, indefensión e impotencia”, explica el investigador, quien precisa que después de estudiar a fondo el tema es posible tener otra percepción de los militares como personas de carne y hueso que también sufren.

Desde el punto de vista psicoanalítico, un trauma supera la capacidad del individuo de tolerar, controlar o elaborar eventos o sucesos. Un trauma puede sobrevenir en medio de situaciones en las que está en riesgo la vida o se es testigo de un determinado episodio. En estos casos, el sujeto tiene dificultades para reaccionar e integrar la experiencia de forma consciente.

El estrés hace parte de la vida de las personas, pero es mediante las relaciones interpersonales, primero con el núcleo familiar y después con otros grupos sociales, como los individuos aprenden a reaccionar y a protegerse ante situaciones potencialmente traumáticas.

Después de realizar gestiones en la Clínica de la Policía en Cali, Vallejo logró interesar a la institución para indagar más por el dolor psíquico de los policías que por las posibles fallas que pudiera presentar el organismo policial en cumplimiento de su misión constitucional. Este argumento fue definitivo para que se autorizara la realización del estudio “Efectos de la psicoterapia de grupo en militares con estrés postraumático producto del conflicto armado”.

Inicialmente, el grupo de investigación revisó 200 casos, de los cuales seleccionó 40 sujetos. De ellos, finalmente se escogió una muestra de 7 hombres y una mujer, con edades entre los 18 y los 45 años, con quienes se adelantó un proceso de terapia de grupo de 24 sesiones.

El profesor Vallejo Samudio recuerda que, desde la Primera Guerra Mundial, psicólogos y psiquiatras comenzaron a interesarse por los traumas derivados del conflicto. WilfredBion fue el primero en trabajar con las secuelas que deja en los militares un conflicto bélico. De igual forma, Joseph Pratt trató mediante terapia de grupo a varios tuberculosos, y notó resultados positivos cuando los pacientes hablaban acerca de los síntomas de la enfermedad y de los efectos de los medicamentos que se les suministraban.

De acuerdo con el profesor Vallejo Samudio, la psicoterapia de grupo es una de las técnicas más utilizadas para tratar el estrés postraumático, ya que compartir vivencias similares permite reelaborar experiencias traumáticas a partir, no solo de experiencias propias, sino también de otros miembros del grupo.

En la metodología de la investigación se aplicó, antes y después del proceso terapéutico, un cuestionario que evaluaba 17 síntomas de TEPT y 5 categorías asociadas: culpa sobre los actos cometidos u omitidos, culpabilidad por haber sobrevivido, reducción de la conciencia de lo que lo rodea, desrealización y despersonalización. Según el investigador principal, los beneficios de la psicoterapia de grupo en policías con TEPT fueron evidentes.

La confianza en el otro

Si se parte del hecho de que la crueldad humana tiene alcances insospechados en escenarios de conflicto, lo que se ha visto en países como Ruanda o la antigua Yugoslavia, cabe afirmar que solo la confianza en otro ser humano puede ayudar a superar los traumas derivados de la guerra.

Para Vallejo, la terapia de grupo ayuda a reducir los niveles de angustia, a la vez que representa un espacio seguro para el paciente. “Es normal que en esa interacción con el otro se compartan síntomas comunes, por ejemplo, sueños recurrentes sobre la escena traumática que se presentan cuando no se han elaborado las angustias, miedos y fantasías de forma consciente”, precisa.

Considera, además, que “verbalizar repara y contarle a un par hace que se recobre la confianza, pues se advierte que las personas son mejores de lo que inicialmente se pensaba. Es también una forma de pensarse y resignificarse de una manera diferente”, agrega.

Cuando se habla de TEPT en soldados, un referente histórico que ha sido motivo de debate público en Estados Unidos es la guerra de Vietnam. Algunos veteranos de dicho conflicto tuvieron problemas con las autoridades debido a factores como la falta de reconocimiento, sentimientos de abandono y desigualdad, así como otros propios del nivel de desarrollo (adolescencia), según señalan Vallejo y la investigadora asociada Lina María Terranova.

En Colombia, se recuerda el caso de Campo Elías Delgado Morales, excombatiente de Vietnam, quien el 4 de diciembre de 1986 dio muerte a 23 personas en Bogotá, en un episodio registrado por los medios como “la masacre de Pozzetto”. El escritor Mario Mendoza recreó este episodio en su libro Satanás, posteriormente llevado al cine por Rodrigo Guerrero y AndiBaiz.

Vallejo y Terranova explican que algunos veteranos encuentran que no encajan de nuevo en sus vidas, y sienten “que han perdido su poder, importancia, significado y los roles que desempeñaban antes de la guerra, así como las actividades que desarrollaban a nivel social”.

Como se dijo antes, no existe certeza sobre el grado de prevalencia del TEPT en combatientes colombianos, por lo que se hace necesario tener en cuenta, en un panorama de posconflicto, la  importancia de profundizar en este tema.

La psicoterapia en el tratamiento del TEPT busca conseguir la simbolización, es decir, “poner las experiencias traumáticas en un orden simbólico, y llevar al paciente a un tiempo y espacio distintos al presente, que le permitan recordar el suceso sin revivirlo”.

En el caso de la psicoterapia en grupo en el tratamiento de excombatientes, la interacción con otros permite el restablecimiento de las relaciones interpersonales afectadas por el trauma. Igualmente, es importante la superación del miedo a hablar, ya que ser escuchado y comprendido por otros contibuye a restaurar el sentido de alivio y humanidad.

Vallejo observó que los pacientes de la Policía sometidos a psicoterapia de grupo pudieron mejorar significativamente las relaciones con sus propias familias y con sus colegas de la institución. Así mismo, dejaron el “temor al uniforme”, como se detectó al comienzo del tratamiento. “Era normal que los sujetos comentaran cómo se habían alejado de sus amigos y de los lugares que frecuentaban antes de la experiencia traumática”, señala el investigador.

Quizás una de los cosas más significativas producto de la psicoterapia en grupo fue el deseo de los pacientes de querer cambiar, por lo que Vallejo insiste en la necesidad de ayudar a las personas involucradas en el conflicto a elaborar sus traumas.

La investigación concluye, entre otras cosas, que la psicoterapia en grupo para el tratamiento del TEPT ayuda a los sujetos a recuperar su salud mental y a restablecer las habilidades perdidas o deterioradas a causa de un evento traumático, aunque no se considera suficiente por sí sola, ya que el trastorno comprende todo un proceso complejo que requiere de un tratamiento específico y multidisciplinario que dependerá de cada caso en particular.

De hecho, el investigador principal aclaró que factores como la tendencia de los pacientes a querer sacar provecho de su situación clínica, en aras de obtener indemnizaciones por parte de la Policía, no permitió confrontar de manera objetiva los cambios en la sintomatología. A pesar de que se le explicó al grupo que no se expediría ningún tipo de certificación sobre el tratamiento, fue evidente la intención de algunos de obtener ventajas. Para Vallejo, habrá que tener esto en cuenta al momento de determinar alguna política pública para el tratamiento del TEPT en excombatientes.


Para saber más:
  • » Vallejo, A. (2011). “Cambios sintomáticos en policías con estrés postraumático y psicoterapia de grupo”. Terapia Psicológica 29 (1): 13-23. Disponible en: https://goo.gl/K01Pyr. Recuperado en: 10/01/2015.
  • » Vallejo, A & Terranova, L (2009). “Estrés postraumático y psicoterapia de grupo en militares”. Terapia Psicológica 27 (1): 103-112. Disponible en: https://goo.gl/AgynO8. Recuperado en: 10/01/2015.

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