La respuesta al cambio está en las semillas

La respuesta al cambio está en las semillas

La agricultura permitió la emergencia de la civilización y la explosión demográfica de la especie humana. Las semillas han sido nuestro principal sustento y su capacidad de durar y ser almacenadas ha permitido a la humanidad sobrevivir durante las épocas de escasez y sequía, y también durante las estaciones improductivas.

Las semillas y los cultivos se fueron adaptando a las condiciones cambiantes del medio ambiente en los distintos entornos colonizados por el hombre. Desde los albores de la agricultura, el intercambio y la selección de semillas han permitido la mejora de las especies cultivables en un proceso inscrito en la historia evolutiva de las especies y la evolución cultural de los pueblos.  Sin embargo, los cultivos nunca fueron una instancia aislada del resto de procesos ecológicos, sino que eran posibles justamente por los beneficios que los ecosistemas proveían: fertilidad del suelo, control de plagas y enfermedades, control de la erosión, ciclado de nutrientes, polinización, entre muchos otros. La observación del hombre permitió acentuar algunos de estos aspectos asegurando mayor productividad de sus cultivos por medio del conocimiento del entorno y su biodiversidad; de este modo, los cultivos y los pueblos evolucionaban con sus ecosistemas, asegurando el sustento del hombre y la diversidad de la vida.

Hoy en día, los sistemas productivos altamente simplificados en términos de biodiversidad y las variedades tecnológicas sembradas, producidas en un entorno aislado, necesitan de insumos controlados y estandarizados para prosperar, demandando al agricultor la compra de fertilizantes y plaguicidas, y, en ocasiones, de sobreexigir de los ecosistemas sus recursos escasos. Por otro lado, la propiedad intelectual a la que están sujetas estas semillas impide al agricultor guardarlas e intercambiarlas para próximas siembras. En este doble sentido, las compañías productoras de variedades tecnológicas hacen dependientes al agricultor, cuya suerte estaba antaño en manos de su destreza y conocimiento y de la prodigalidad de la naturaleza.

Autores como Vandana Shiva, investigadora india, doctora en física cuántica y activista ambiental, denuncian que en muchos de los casos las variedades tecnológicas no producen lo esperado, dejando a los agricultores endeudados y sin posibilidades de volver a cultivar. Por ello, muchos campesinos de India y otras partes del mundo han caído en la desgracia; otros tantos no encuentran salida sino en el suicidio.

Al ser un producto exterior a los ecosistemas en los que son sembrados, los cultivos tecnológicos perturban muchos de los ciclos naturales que mantienen la fertilidad de los suelos y la preservación de la biodiversidad. Los ecosistemas terminan arruinados, con sus suelos empobrecidos después de algunas cosechas, lo que es agravado por la toxicidad de los insumos requeridos, que son liberados al medio ambiente.

Con todo, hoy en día se plantea el retorno a las semillas y los usos tradicionales como forma de hacer frente al cambio climático global, con otro valor agregado: la agricultura orgánica o tradicional mantiene la materia orgánica del suelo, que es un excelente sumidero de carbono; no usa insumos como plaguicidas y fertilizantes, en cuya producción y aplicación se emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI); y conserva elementos del paisaje que contribuyen con la reducción de GEI, entre otros. De este modo, las prácticas agrícolas tradicionales atacan varios de los frentes de mitigación y adaptación al cambio climático requeridas en un contexto vulnerable, como el que pudimos registrar en las islas de Sundarbans.

El río Ganges desemboca en la Bahía de Bengala, en el delta de Sundarbans, en donde los sedimentos que aporta hacen posible la existencia del manglar continuo más grande del mundo. La India es uno de los países más vulnerables al cambio climático a nivel mundial, y Sundarbans, una de las regiones costeras —tanto de la India como de Bangladesh— más amenazadas por este fenómeno. Debido al aumento en el nivel del mar y de la intensidad y frecuencia de los ciclones, los suelos de las más de 100 islas de Sundarbans han experimentado un incremento en la salinidad con efectos directos en las actividades agrícolas, de las que dependen los ingresos económicos, la subsistencia y la seguridad alimentaria de millones de habitantes.

En Sundarbans, la agricultura es la principal actividad productiva, y antes de la llegada de la Revolución Verde a estas islas, acompañada de la introducción de variedades de alto rendimiento, se cultivaban semillas locales de arroz adaptadas a la salinidad de los suelos y a las condiciones climáticas de la región. Estas semillas tradicionales mantenidas de forma dispersa por algunos productores y usadas por sus ancestros, tuvieron que ser rescatadas debido a los efectos cada vez más intensos y frecuentes de los ciclones.

En 2009, el ciclón Aila provocó la inundación de cerca de 125.000 hectáreas de suelos productivos de estas islas con agua salada, afectando a más de 4 millones de productores. La búsqueda de estas semillas tardó alrededor de tres años y, finalmente, los productores decidieron a favor de la seguridad alimentaria, la preservación del saber ecológico tradicional, la disminución de los costos de producción, la agricultura orgánica, la mayor productividad, la adaptación de sus prácticas productivas a las condiciones del entorno y a los efectos del cambio climático y la resiliencia de sus agroecosistemas.

Esta experiencia, presentada en el documental Ganges, un viaje por los sentidos del agua, evidencia la relación directa entre la recopilación, recuperación, implementación, divulgación y mantenimiento del conocimiento ecológico tradicional, la conservación de la diversidad genética, la mitigación y adaptación al cambio climático y la disminución de vulnerabilidad ante sus efectos, el mantenimiento de procesos ecológicos por la eliminación de prácticas insostenibles, la seguridad alimentaria y la libertad y autonomía de los productores en la selección y el intercambio de semillas. Adicionalmente, busca resaltar la importancia de la agricultura, actividad que contribuye con cerca de un cuarto de las emisiones globales de gases de efecto invernadero), la cual, bajo ciertas prácticas de producción y de manejo de los agroecosistemas, puede convertirse en una solución de cara a los riesgos e incertidumbres que plantea el cambio climático.

 


*Roberto Restrepo es filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana, director de cine de la EICAR, París, y especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central. Ha compaginado la investigación académica con el estudio de yoga y la filosofía india, a la par que ha desarrollado proyectos audiovisuales y documentales en torno a la relación entre cultura y la naturaleza.

Ana Milena Piñeros es ecóloga y magíster en Conservación y Uso de la Biodiversidad de la Javeriana, así como también especialista en Derecho Ambiental de la Universidad del Rosario. Se ha desempeñado como investigadora y consultora para diferentes instituciones ambientales del país en temas de biodiversidad, servicios ecosistémicos y cambio climático. Actualmente es coordinadora y docente de programas académicos sobre Derecho Ambiental y sobre Cambio Climático en su alma máter.

Ambos produjeron y dirigieron el documental Ganges, un viaje por los sentidos del agua, que se estrenará en las salas de cine colombianas el próximo 6 de junio. Puede encontrar el tráiler en este enlace.

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

La generación inducida de sismos, la transformación en la atmósfera y los efectos sobre la salud de las personas con la contaminación del agua y el aire son algunos de los impactos asociados con la implementación del fracking, es decir la fracturación hidráulica de la tierra para extraer gas y petróleo. Un tema de serio cuidado, al punto que, a finales del 2018, el presidente Iván Duque Márquez anunció la creación de una comisión independiente de expertos para analizar la viabilidad de la explotación del subsuelo, sus efectos y presentar una serie de recomendaciones sobre el tema. Tras casi seis meses de trabajo, los especialistas entregaron en abril pasado su Informe sobre efectos los ambientales y económicos de la exploración de hidrocarburos, un documento de 170 páginas en el que analizan los impactos legales, geológicos, ecológicos y de salud, entre otros, que dejaría la sanción presidencial de esta actividad.

Ante la importancia de este tema, el pasado 14 de mayo se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana el foro ‘¿Implementará el Gobierno nacional, sí o no, las recomendaciones de la comisión de expertos en fracking?’, en el cual académicos, estudiantes y representantes de instituciones públicas y privadas dieron a conocer, a través de paneles, sus posturas a favor y en contra sobre las recomendaciones.

Durante el encuentro los participantes tuvieron la oportunidad de escuchar posiciones sobre la oferta y la demanda de los recursos naturales para evidenciar el riesgo y vulnerabilidad de la extracción de hidrocarburos, las capacidades operativas de las empresas ejecutoras y su respuesta ante posibles impactos medioambientales, y las regulaciones sobre la inyección de agua a presión en el subsuelo para fracturarlo y extraer petróleo de los pozos subterráneos.

En representación de la Comisión de expertos en fracking asistieron Diego Roselli, master en educación médica de la Universidad de Harvard y docente javeriano; Manuel Ramiro Muñoz, doctor en educación y Director del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana, sede Cali; Leonardo Donado, doctor en ingeniería civil de la Universidad Politécnica de Cataluña, y Jhon Fernando Escobar, doctor en ingeniería de la Universidad de Antioquia. En términos generales, este grupo de profesionales de manera unánime recomienda “estudiar la posibilidad de que las empresas petroleras compartan utilidades con las comunidades en las áreas de influencia de la exploración y explotación de yacimientos no convencionales y los mecanismos para llevar esta operación a cabo”.

Además, más allá de presentar las recomendaciones, evidenciar la multiplicidad de voces y miradas que integran el Comité y también dar a conocer la prevención, desconocimiento y desconfianza de las comunidades que colindan con la actividad petrolera, el foro se centró en conocer cuál es la posición que asume el Gobierno sobre el informe.

El presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), Francisco Lloreda, y la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, participaron de la jornada. La funcionaria aseguró, con base en el documento titulado Balance de las reservas de cara al 2018, presentado por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) a inicios de 2019, que el país cuenta con una proyección de aproximadamente nueve años de reservas de gas, lo cual implica un riesgo importante en términos de disponibilidad del recurso para el consumo doméstico e industrial.

La respuesta de la ministra a la implementación de las recomendaciones para del uso del fracking fue concluyente: “Sí, contundentemente sí a las sugerencias hechas por el Comité de expertos, pues el reto es la articulación con la academia”; Asimismo, Suárez puso sobre la mesa que “hay demandas que se deben suplir y en caso de no tener las reservas, por ejemplo, el costo del consumo de gas se doblaría. Tendríamos que importarlo en los próximos años y nuestro deseo es acertar para los colombianos, no aprovecharnos de ellos”..

Por su parte, Carlos Andrés Santiago, miembro del grupo Alianza Colombia libre de Fracking, presentó su inconformidad con la posición del Gobierno presentando ante los asistentes la hoja de ruta del fracking consignada en el Plan Nacional de Desarrollo, la misma que, según él, contempla la disminución de regalías para las empresas mineras y la explotación de yacimientos no convencionales.

“No es cierto que el gas sea el combustible de transición porque las emisiones del metano en el fracking son mucho más altas y tienen un efecto nefasto en el cambio climático; mientras el fracking disminuye las emisiones de CO2, aumentan las del metano de acuerdo con el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la Nasa”, aseguró.

Este foro, hace parte de una serie de encuentros que se han venido presentando entre representantes del Gobierno y la ciudadanía para conocer a ciencia cierta cuál será el futuro del país en términos de la implementación del fracking. Lo invitamos a revivir las memorias del evento aquí.


¿Qué es el fracking?

Es el término usado en inglés para referirse a la fracturación hidráulica, es decir, la técnica para extraer hidrocarburos mediante la inyección de agua a presión: se perforan pozos a más de 2.500 metros de profundidad, en los que se introduce agua mezclada con productos químicos para ampliar las fracturas rocosas que conservan petróleo y gas, con el fin de obtener estos recursos.

/iStock.
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De Carcasí a Brasil, los niños científicos viajeros

De Carcasí a Brasil, los niños científicos viajeros

Col Bryann Avendaño

Para Heyber y Edilmer, montar en avión, conocer otro país o incluso salir de su vereda nunca había sido una opción. Son las 5:00 de la mañana y Heyber camina casi dos horas y media para llegar a su escuela, la institución educativa El Tobal, en zona rural de Carcasí, Santander. Edilmer, por su parte, llega 10 minutos antes todos los días para revisar sus experimentos, tomar los datos y salir a clase de matemáticas como el resto de sus compañeros de aula. A estos dos estudiantes de décimo grado los une una razón: su pasión por la ciencia. Desde hace cuatro años integran el semillero de investigación ’Viajeros de la Selva Invisible’, cuyo nombre representa el universo selvático que descubren al observar algas a través del microscopio.

Su trabajo en ficorremediación (el estudio de cómo las algas limpian los desechos), motivado por el profesor Bernardo Rey Moreno, ha sido avalado por el programa Ondas de Colciencias, desarrollado en Santander en el marco del programa Generación ConCiencia liderado por la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

En su laboratorio casero, Heyber y Edilmer buscan estandarizar un método para descontaminar el agua residual producto de la industria láctea (lactosuero) en su vereda, utilizando microorganismos como fuente de remediación natural. Están obsesionados con algas microscópicas que, dicen, son la fuente de la vida. En el único microscopio de su colegio observan algunas de las características, identifican y describen las especies mediante diversos experimentos apoyados en sus tubos de ensayo. Deben ser recursivos y tienen presente que el error es parte fundamental de cualquier aprendizaje.

Hace tres años era impensable para ellos que este proyecto de ciencias los llevara lejos: después de un viaje a Estados Unidos en 2017, por invitación de Colciencias, a la Feria Intel Isef para representar a Colombia con un proyecto innovador, el año pasado empacaron de nuevo sus maletas para mostrar su trabajo en Novo Hamburgo, Brasil. Trabajaron tarde y noche durante dos años, y después de la jornada de clases preferían dedicar a su investigación dos horas más de trabajo en el laboratorio que ellos mismos ayudaron a montar en lugar de regresar a casa a ver televisión.

Sin descuidar los demás deberes propios de un adolescente en edad escolar de su municipio, que implica también apoyar a sus familias en las labores propias del campo, ambos adolescentes fijaron en su mente un sueño: ganar la Feria Infantil y Juvenil de Ciencia, Tecnología e Innovación que se realiza cada año en Santander, y de este modo obtener un cupo para asistir a la feria nacional y competir con estudiantes investigadores de otras regiones, pero jamás imaginaron que los llevaría aún más lejos.

Sueño cumplido. En el 2017, después de ser finalistas en Santander, estaban más que preparados para representar a su departamento a nivel nacional. Debían preparar su mejor “pitch científico” y, de este modo, ganar un cupo para representar a Colombia en Brasil, y así sucedió. Estos logros han sido orgullo para todos sus compañeros de colegio y, por supuesto, para su maestro, el profe Berna, como lo conocen en la región. Un maestro que sabe que sus pequeños científicos pueden ser tan buenos como los mejores del mundo, y que solo se necesita apoyo y oportunidades para aprovechar su máximo potencial.

Ellos se atrevieron a presentarse en la feria más grande de escolares en América Latina: MOSTRATEC, en Brasil, que reúne a los mejores 200 proyectos de investigación de 20 países de la región. En jornadas extenuantes, según las palabras de Heyber, tenían que superar diversas etapas de pruebas de habilidades y conocimientos ante jurados muy exigentes. “Era la primera vez en un país diferente. Nos levantábamos a las seis de la mañana para estar listos y que el bus nos recogiera en el hotel, llegábamos a las once porque había que darle tiempo también a conocer ese lindo país. ¡Ah, y había tiempo para un chico de fútbol! Como buenos colombianos, también nos llevamos ese triunfo”, comenta entre risas y una esperanzadora sonrisa.

Ganaron el primer lugar en la categoría Ciencias Ambientales; el profe Berna, Heyber y Edilmer no cabían de la dicha cuando los llamaron a la tarima a recibir su premio: una entrada para la feria internacional en Buenos Aires. Un triunfo que, con perseverancia, traía esperanza a dos niños que sueñan con ser científicos. “Nos estamos preparando para la feria de Argentina, sabemos que tenemos que mejorar. Gracias al intercambio científico con otros estudiantes y al empeño del profe Bernardo, haremos un buen trabajo en la feria de octubre”, dice Edilmer, quien a sus 14 años ya lee artículos científicos en inglés sobre ficología y sistemática, y a quien, sin importar el dominio de esa lengua, sus ansias por entender el mundo de la ciencia le permiten analizar resultados de investigaciones, interpretar gráficas y modelos estadísticos.

Este es solo un ejemplo, de los muchos de participantes del programa Ondas de Colciencias que han salido del país gracias a su amor por la ciencia y la tecnología, al apoyo de sus maestros, así como a su perseverancia en el trabajo científico y, por qué no, por su aspiración a trascender con experimentos sencillos, que prometen ser una ventana a innovaciones científicas y tecnológicas más adelante.

Abrir las oportunidades a estudiantes de secundaria para que vivan el mundo de la investigación, con los retos que implica, permitirá que sean parte de redes internacionales de colaboración. Les enseñará a ver su región desde otras latitudes, empoderarse de la ciencia para ver su país con ojos de optimismo y retornar a su región tan pronto como sea posible, para seguir construyendo soluciones para su comunidad y demostrar que también es posible regresar a hacer más y mejor.

Heyber y Edilmer trabajan en este laboratorio casero, construdo en su escuela de Carcasí, Santander.
Heyber y Edilmer trabajan en este laboratorio casero, construido en su escuela de Carcasí, Santander.

 


*        Científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM; becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Un jardín de rosas

Un jardín de rosas

Julieta lleva más de cinco años trabajando en una Unidad de Cuidados Intensivos. Su trayectoria como enfermera la ha llevado a administrar con frecuencia fentanilo, un medicamento para tratar el dolor en pacientes con cáncer. Un día, al llegar a turno, se encuentra con una situación que le llama la atención: un paciente que lleva varios días hospitalizado, recibe una dosis elevada de dicho medicamento. Julieta se lo comenta al médico intensivista que está a cargo para que tome medidas al respecto, sin embargo, para su sorpresa, la respuesta es frustrante, común y poco alentadora:
— Su labor aquí es administrar la dosis, no cuestionarla.

Esta situación es una de las tantas a las que Edilma Marlén Suárez, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, está acostumbrada a escuchar en su labor como docente de Ética en la Especialización en Enfermería en Cuidado Crítico y en la de Enfermería Pediátrica, ambas de la Pontificia Universidad Javeriana. Su experiencia de más de 21 años como profesora en enfermería le ha permitido evidenciar los problemas de orden disciplinar y dilemas éticos que se desarrollan en la relación médico – enfermera en ámbitos clínicos.

Edilma, como la llaman sus estudiantes, es profesional en enfermería, especialista en Bioética y máster en Administración en salud y Estudios políticos; aunque su formación ha sido netamente javeriana, su vocación y pasión por la docencia en enfermería, y cómo se ejerce en Colombia, la llevaron a asumir el reto de entender por qué “mientras se les dice a los estudiantes que el profesional de enfermería es autónomo y que no es la mano derecha del médico, en la vida práctica las enfermeras mantienen una actitud de reverencia y sumisión a él, que es observada y reproducida por los estudiantes”.

De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia (ANEC), el 40% de las profesionales no tiene vivienda propia, el 55% tiene personas a cargo y un 27% corresponde a mujeres cabeza de hogar. Estas cifras fueron fundamentales para esta amante de la política, porque con ellas argumentó la precariedad en el ejercicio profesional de la enfermería y ratificó que la imposición de una serie de teorías, modelos y paradigmas en los programas académicos son poco efectivos, ya que están pensados para un sistema de salud diferente al colombiano.

Debido a esta situación, en 2015 Edilma le apuntó, a través de su investigación doctoral, a argumentar que en la formación universitaria en enfermería existe un currículo oculto, uno de género, del cual la población no es consciente y tiene efectos en el ejercicio el profesional.

“Mi meta con este trabajo es denunciar una realidad histórica en la enfermería, que he vivido y desde la cual no asumo una posición de neutralidad; lo que busco es desnaturalizar y problematizar la subjetividad imperante en la enfermería como única verdad”, menciona.


La búsqueda de respuestas

El primer paso en su trabajo investigativo consistió en estudiar las formas de gubernamentalidad, en un programa universitario de enfermería, entre las décadas de 1950 y 1960. Es decir, conocer cuáles son las ideologías políticas que han incidido en la conducta de las personas para entender cómo se han construido las relaciones de poder y moldeado a las enfermeras como sujetos trabajadores, heterónomos, sumisos y subordinados.

Edilma, quien también es amante del origami, recuerda que lo primero que hizo fue un trabajo netamente de registro, de recolección de documentos, fichas técnicas y contextualización teórica. Visitó el archivo de la Facultad de Enfermería de la Javeriana y el Archivo Histórico de la misma institución; examinó información en periódicos como El Tiempo y El Espectador, y exploró textos sobre la historia de la salud pública, la enfermería y las mujeres en Colombia.

Entrevistó a cuatro mujeres del programa de formación en enfermería entre 1950 y 1960, mujeres que actualmente tienen entre 70 y 85 años, con la intención de enriquecer su investigación y cotejar sus respuestas con los eventos históricos que halló en la documentación. Edilma hizo una depuración y sistematización de la información, con lo cual problematizó su tema de estudio: la enfermera como sujeto trabajador.

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Una cadena de pistas

Su inquietud, perseverancia y desdén por los problemas disciplinares de su profesión la llevó a encontrar las relaciones de poder creadas en la formación de las jóvenes enfermeras. Por ejemplo, la influencia del comportamiento social conservador del siglo XIX en las prácticas de las mujeres y la familia, particularmente en lo relacionado con los valores católicos coloniales; este ideal también se afianzó con la estructura patriarcal de la época, responsable de que las mujeres solo pudieran recibir formación universitaria en carreras consideradas propias de su género: culinaria, recreación, práctica de campo de enfermería, cosmetología e industria artesanal. De hecho, fue hasta el 10 de diciembre de 1934 cuando se presentó al Congreso de la República un proyecto de ley para solicitar el derecho de las mujeres a la educación universitaria.

Las normas impartidas por textos como el Manual de urbanidad y buenas maneras, de Manuel Antonio Carreño, ratificó el modelo patriarcal. De hecho, este documento “marcó un hito muy importante porque indicó la separación de clases”, reconoce Edilma, ya que “había mujeres pobres, a quienes la formación y la educación les servía para hacer las actividades domésticas, por lo tanto no debían ceñirse a este manual, mientras que aquellas de clases medias y altas eran quienes recibían la educación basada en este tipo de cartillas y en la economía doméstica, la culinaria y manualidades”.

La responsabilidad por el cuidado de los otros y de la familia también fue un discurso de poder inculcado en las mujeres con el argumento de que así contribuían con la felicidad del hogar. No en vano, la Escuela de Comadronas y Enfermeras, que en 1937 pasó a ser la Escuela Nacional de Enfermeras, se articuló con el modelo de formación técnica. En esta misma vía, la Pontificia Universidad Javeriana abrió la Escuela de Economía Social y Enfermería en 1941.

Adicionalmente, la femineidad, el servicio al prójimo, la abnegación, la valentía, la generosidad y el espíritu de sacrificio como perfil de quienes querían ingresar a la academia para formarse en enfermería, y la influencia del modelo pedagógico y programa académico estadounidense, fueron los insumos para que Edilma encontrara los saberes históricos insertados en sus estudiantes y el porqué de la dificultad en el relacionamiento con los médicos en ambientes laborales.

La institucionalización de la salud en el país durante el crecimiento del capitalismo estadounidense hizo que la formación en enfermería pasara de ser un programa clínico e instrumental a recibir una formación centrada en el conocimiento administrativo hospitalario. De esta manera, las profesionales estarían en la capacidad de asumir responsabilidades organizacionales en tanto los médicos asumían su rol científico. A esto, cabe añadir que la conformación de gremios, como el Comité de Expertos en Enfermería de la Organización Mundial de la Salud, el Comité Permanente de Enfermería en el Ministerio de Salud, y de la creación de la Asociación Colombiana de Facultades de Enfermería, por mencionar algunas instituciones, afirmó el modelo de gubernamentalidad planteado al inicio de la investigación.

“Cuando vi el fin de la gubernamentalidad en la conducta de las mujeres, encontré que las instituciones se encargaron de normalizar a las enfermeras, de  homogeneizar sus conocimientos, haceres y saberes, y a la vez las motivó a trabajar desde el cuidado al otro para que los trabajadores se enfermaran menos y fueran más productivos. Este es el fin económico que ha preservado”, asegura Edilma.

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En ese sentido, cabe preguntarse por qué, a pesar de que más del 50% del personal de salud corresponde a enfermeros y enfermeras, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su escasez aún supera los 800.000 puestos de trabajo. ¿Se debe a la falta de regulación en los salarios? ¿A las dificultades en la movilidad y migración de las enfermeras? O, siguiendo la línea de la docente javeriana, ¿a los ambientes de trabajo inadecuados?

Julio Cesar Castellanos Ramírez, director general del Hospital Universitario San Ignacio, señala que su percepción sobre la relación médico-enfermera en un ambiente laboral clínico es “subordinada, aunque en algunos pocos servicios muy especializados se acerca a una relación de pares”.

Por el momento, esta preocupación no solo atañe a la OPS, también es un motivo para considerar la línea divisoria entre las funciones de las enfermeras y los médicos, ya que no solo corresponde a normas y leyes institucionales sino también a prácticas culturales arraigadas en las mujeres y al orden patriarcal establecido con los años.

A una tradición de los valores femeninos relacionados con la docilidad y el silencio, a prácticas de sumisión y cordialidad asumidas por las jóvenes de las clases altas, quienes tenían la posibilidad de acceder a la educación, y a un grupo selecto mujeres que, tanto a mediados del siglo pasado como ahora, se han emancipado con la decisión de ingresar a la universidad y ejercer un rol consciente de su profesión.

Es decir, un jardín de rosas que, así como en el pasado era sembrado tradicionalmente frente al edificio de la Facultad de Enfermería de la época (Ed. Cataluña) en alusión a la alegría, belleza, modestia y elegancia con la que las enfermeras graduadas consagraban su vida a la ciencia y la salud pública, ahora, al mismo jardín le crecen espinos por las inconformidades de las rosas al ejercer su profesión.

 


INVESTIGACIÓN: Gubernamentalidad en la formación universitaria en enfermería en Bogotá, durante las décadas de 1950 y 1960. El jardín de rosas.
INVESTIGACIÓN: Edilma Marlén Suárez
AÑO: 2015-2019

Elizabeth Hodson, una científica sabia

Elizabeth Hodson, una científica sabia

A Elizabeth Hodson de Jaramillo le encanta jugar solitario en el segundo piso de su casa, en un estudio que tiene un televisor pequeño y unas fotografías familiares colgando en la pared. Le encanta porque es de un solo jugador, porque puede ver televisión mientras lo hace ―el televisor y ella― y porque puede pasar horas y horas moviendo las cartas ―el tiempo y ella―, sin afanes, reflexionando.

Sin embargo, lo que más-más le encanta de jugar solitario es que el juego se parece a su vida o, bueno, a lo que ella ha hecho en su vida como científica e investigadora, como fisióloga vegetal: a partir de un problema (un manojo de cartas desorganizadas, por ejemplo) encuentra, paso a paso, pacientemente, un orden lógico y una solución: disponer en cuatro grupos las cartas organizadas por color, signo y valor, por ejemplo, o transformar genéticamente las plantas para mejorarlas, o solucionar la falta de investigación científica en una universidad como la Pontificia Universidad Javeriana en los años 80, por ejemplo.

Es la menor de tres hermanos. Su papá era un ingeniero metalúrgico inglés que vino a Colombia para incentivar la industria del acero en el país, y su mamá era una traductora oficial colombiana. En las comidas todos se reunían y hablaban de las noticias del día: que el presidente de Estados Unidos hizo, que el gobierno colombiano dijo, que aquel científico inventó tal cosa. Los papás les hacían preguntas a sus hijos, los incitaban a resolver problemas y a argumentar sus respuestas. Hablaban de Leonardo da Vinci y de Marie Curie: los personajes favoritos de Elizabeth.

A los 15 años terminó el colegio, entró a la Pontificia Universidad Javeriana, y aunque quería estudiar ingeniería química ―que la Javeriana no ofrecía―, se inscribió a Bacteriología porque era la única carrera con cupos. Allí hizo la práctica hospitalaria y no le gustó nada: la sangre le olía a diablos. Pero le encantaba la bioquímica ―“¡Les daba sopa y seco a todos!”, cuenta Jorge Jaramillo, su esposo―, y le encantaba el laboratorio de investigación y los análisis, o sea, los microorganismos, entre ellos las bacterias, que bajo el lente del microscopio hablan de la vida, así como las estrellas, arriba, hablan del universo.

Un semestre empezó a ver clase con una ‘gringa’ sobre investigación en bioquímica y ella la recomendó para un trabajo en el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Allí descubrió la fisiología vegetal y la complejidad de las plantas:

“¡Miércoles! Y entendí cómo funcionaban. Entendí sus sistemas de supervivencia, los mecanismos que tienen para protegerse, sus pelitos, cómo atraen a los animales… ¡Y todo estando amarradas!”, dice, y mientras lo hace, los dedos de sus manos se entrelazan y mueve los pulgares en círculo, rápidamente: el movimiento representa las idas y venidas de sus pensamientos. Elizabeth es muy enigmática, reservada y racional, y su vida la narra de la misma forma: objetivamente, desde lejos y con mucha mesura.

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En el ICA era investigadora asistente en fisiología vegetal. Luego se casó, se fue a vivir a Belencito, en Boyacá, y trabajó como profesora en la Facultad de Agronomía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja. Después de un par de años volvió a Bogotá, donde finalizó su maestría en Fisiología y Genética Vegetal en el ICA-Universidad Nacional, investigando los metabolismos de las plantas y estudiando los factores de resistencia de las papas a las heladas.

“Ay no… Yo he hecho muchas locuras”, confiesa. Todos los días cogía un bus que la llevaba de Sogamoso a Tunja, se sentaba en el puesto del copiloto y chismoseaba con el conductor. Todos los días hablaba con los campesinos de la región sobre sus cosechas y productos. Todos los días les hablaba a las plantas para saber cómo estaban, cómo se sentían, cómo crecían y cómo se llevaban con sus plantas vecinas.

En 1973 nació su hijo, se graduó de la maestría y empezó a trabajar en la Universidad Nacional de Colombia, en la carrera de Agronomía. Allí, un día, Julio Latorre, director del Departamento de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, se la encontró y le preguntó que qué hacía ahí: la invitó a trabajar en la universidad.

“Y llegué a la Javeriana a abrir el panorama para la microbiología”, dice Elizabeth, orgullosa, con una sonrisa.

Jairo Bernal Parra la conoció a principios de los años ochenta cuando ella entró bravísima a su oficina en la Vicerrectoría Académica, en la Pontificia Universidad Javeriana, y le reclamó por qué no le habían aprobado una plata para unas investigaciones. Él hizo un par de llamadas, habló con algunos funcionarios y solucionó el problema. Luego le preguntó si quería un café, le ofreció un cigarrillo y hablaron sobre el laboratorio de biología vegetal, que en ese entonces dirigía Elizabeth, y sobre las investigaciones que desarrollaba.

“El trabajo lo hacía con las uñas”, recuerda Bernal. En esa época él era el asistente del vicerrector académico Agustín Lombana Mariño, y era el encargado de la conformación de un comité ―lo llamaban, entre chistes, el “comité de locos”― que pretendía impulsar la investigación en la Javeriana. Le propuso a Elizabeth que hiciera parte y ellos, junto a otros investigadores, evaluaron, presentaron, publicaron, fomentaron y financiaron proyectos de investigación en toda la universidad.

“Elizabeth era un modelo en eso… Ella era muy buena formando equipos y grupos de investigación. Conseguía becas y financiación… ¡Ella hacía investigación en serio!”, cuenta Bernal, entusiasmado. Y concluye: “¡Ay! ¡Trabajamos muy rico!”.

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Desde su llegada a la Pontificia Universidad Javeriana se dedicó a mover cartas. Fundó el grupo de investigación en biotecnología vegetal y fue la pionera en la creación de la Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis), de la Unidad de Saneamiento y Biotecnología Ambiental (USBA) y del laboratorio de cultivo de tejidos, el de manejo de semillas y el de agrobiotecnología. Abrió el panorama de financiación del departamento a través de apoyos de Colciencias, del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (Canadá) y de la Unión Europea. Buscó y consiguió los recursos para la creación del edificio Jesús Emilio Ramírez, donde se construyeron los laboratorios de biología de la universidad, el primer paso para la modernización de la investigación en el Departamento de Biología.

“Ella marcó un corte importante en la Facultad de Ciencias… Los cambios desde finales de los 80 y hasta principios del nuevo siglo tienen un nombre: Elizabeth”, dice Sandra Baena, una de sus pupilas más queridas y hoy en día profesora asociada de la universidad, en la Facultad de Biología.

“Ella era muy buena… ¡Era durísima! Todos los estudiantes le teníamos pánico: era muy exigente y desbarataba todos los informes de laboratorio: no aceptaba errores en la presentación, pedía claridad en las ideas y organización, rigor científico, rigor en las palabras, tener pensamiento claro y saber defender los proyectos. Y todo en un contexto de respeto, sin salirse de las casillas”, cuenta Baena.

Durante mucho tiempo la vida de Elizabeth ha estado en “ modalidad sándwich”, como ella misma llama eso de trabajar y trabajar. En una época su “dieta laboral” estaba dividida en la dirección del programa de biotecnología vegetal en la universidad, en sus clases, en la coordinación de su grupo de investigación ―además de liderar la investigación científica en la universidad, en general―, en su doctorado en Fisiología Vegetal ―en la Universidad de Nottingham (Reino Unido)― y en su trabajo de investigación, en el que manipuló genéticamente plantas de Passiflora edulis (que da las maracuyás) para hacerlas resistentes a un virus que estaba afectando la producción de algunos agricultores del país.

En otra época su dieta se dividía en la coordinación del Programa Nacional de Biotecnología de Colciencias, sus clases en la universidad, su nombramiento como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y su participación en el ad hoc technical expert group en evaluación y manejo de riesgo del Protocolo de Cartagena en Bioseguridad, del Convenio de Diversidad Biológica (CDB).

Hace unos años ―he aquí el postre― fue declarada profesora emérita de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana y, en 2018, ascendió a miembro de número de la Academia de Ciencias, lo que le significa dejar de ser un 10 de tréboles y pasar a ser un as de tréboles en la historia de la ciencia del país.

Fred, la mascota de Elizabeth Hodson de Jaramillo, tiene sofá propio y se comporta como el rey de la casa.
Fred, la mascota de Elizabeth Hodson de Jaramillo, tiene sofá propio y se comporta como el rey de la casa.

Sin embargo, después de todas las partidas, para Elizabeth no hay siesta. Hoy en día es uno de los 17 miembros de la Comisión Mundial en Ética del Conocimiento Científico y Tecnología de la Unesco (Comest, por su sigla en inglés) ―la única latinoamericana―, fue nombrada como uno de los 47 miembros de la Misión de Sabios, y es una de las personas que más impulsa la bioeconomía en Latinoamérica a través de investigaciones, publicaciones y proyectos piloto en regiones de Colombia.

“Yo no puedo quedarme quieta. ¡Uy no, qué pereza! A mí me toca moverme porque no me gusta la monotonía. Al final mi objetivo de verdad es sentirme útil… Y llámeme egoísta, pero quiero que me recuerden con gratitud y con una gran sonrisa, que digan ‘¡uy, qué vieja tan loca!’… Yo quiero dejar huella, pero no unas huellas tiesas, no, no, no, quiero ser una de esas huellas en movimiento, las que se les ven los pasos”, mira la mesa y coge una uchuva. Se come una mitad y la otra la sostiene entre sus dedos:

“Una solanácea. Mírela cómo es de linda”, la señala y se ve el centro circular con esa suerte de riñones a sus lados, con colores amarillos y naranjas brillantes. Unos puntos rodean por capas el fruto desde el centro hacia afuera.

Elizabeth se come la otra mitad de la uchuva: “¿Algo más? Tengo que terminar de preparar un arroz de leche para una reunión”.

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Los pacientes que sufren de enfermedades genéticas necesitan mucha atención”, dice Claudia Marcela López Burbano con un gesto de preocupación, pero con la seguridad que la caracteriza. “Acompañarlos en su proceso y ofrecerles una mejor calidad de vida es lo que me mueve”.

Y es que el servicio y la compasión por los demás han sido su motivación desde niña, actitudes que aprendió de su padre, un comprometido amante y defensor de los animales. “Mi padre siempre ha sentido un amor profundo por todas las clases de animales, es algo que admiro profundamente. Desde los sapos que a veces invaden nuestra casa, pasando por las zarigüeyas que nos visitan de noche, hasta los cinco perros con los que actualmente vivimos”, cuenta, sonriente, esta joven médica.

Justamente de este respeto por la vida en todas sus formas surgió la necesidad de hacer de aquel sentimiento una profesión, un estilo de vida. Y fue en la medicina donde Claudia Marcela encontró una posibilidad para hacerlo.

Aunque sus padres no tenían nada que ver con la medicina ―abogado él, ella ingeniera de sistemas―, y pese a que sus amigos estaban convencidos de que estudiaría alguna ingeniería, ya que era muy buena en matemáticas, la pasión de esta joven payanesa por servir a los demás desde la salud no les dio lugar a sus predicciones.

“Siempre me gustó la medicina por el contacto directo que tienes con las personas; cuando empiezas a ir a los hospitales, te das cuenta de que muchas veces los pacientes van porque necesitan que alguien los escuche, necesitan sentirse valorados, y eso me llena”.

Durante su paso por la Universidad Javeriana Cali, decidió un día vincularse al Semillero de Innovadores en Salud (Issem), hecho que le dio un nuevo rumbo a su vida: el de la investigación. Ahí conoció a la profesora y genetista Paula Margarita Hurtado, quien ha sido su mentora desde entonces y con la que inició su trabajo en la línea de genética y enfermedades huérfanas.

“Ella es una estudiante muy inquieta”, la describe Hurtado, “no se queda con lo que enseñamos en clase. Fue muy interesante ver cómo desde que se vinculó al semillero asumió su liderato de manera espontanea; estos son espacios muy autónomos y la voluntad de estudiantes como ella marca la diferencia”.

Claudia Marcela quiere explorar hasta lo más profundo de su profesión. “Hacer visible lo invisible”, dice, tomando la frase de la organización World Birth Defects Day. “Existen enfermedades que afectan a un grupo muy reducido de personas, pacientes que no se visibilizan ni en la comunidad ni en el sistema de salud, y es necesario cambiar esta realidad”, señala en tono categórico, con una expresión de inconformidad que es difícil dejar pasar.

En febrero de 2018, esta joven médica, de aspecto amable pero de carácter firme, inició su año rural en investigación: “Creo que investigar te hace mejor médico, te da la capacidad de identificar problemas y estructurar soluciones, transformando el enfoque clínico de tus pacientes. Es una oportunidad de lograr gran impacto mediante acciones pequeñas”.

Gracias al trabajo con su profesora de genética y ahora jefa, descubrió el aspecto humano de este campo, las grandes necesidades de las personas que sufren estas enfermedades y de su entorno: se trata de familias que carecen de información sobre qué hacer para mejorar la calidad de vida de estos pacientes; sufren de ansiedad y en muchos casos no cuentan con los recursos necesarios para adelantar un tratamiento. “Nosotros como médicos podemos hacer algo para acompañarlos personalmente en este camino tan difícil”, afirma Claudia Marcela.

Actualmente, se encuentra vinculada al Programa de Vigilancia Epidemiológica y Seguimiento de Defectos Congénitos, dentro del cual visita clínicas para examinar a todos los niños recién nacidos. En este proceso, identifica si existe alguna anomalía o defecto hereditario de carácter estructural funcional. “Los niños pueden nacer con un dedo extra, lo que se denomina como un defecto estructural, o pueden sufrir de ceguera o problemas auditivos, lo que sería un defecto funcional”, explica.

Esta joven investigadora, que sonríe al mencionar que su sueño es tener una gran fundación para animales callejeros, y que disfruta de fotografiar atardeceres, sabe que desde todas las áreas del conocimiento es posible hacer algo para servir a los demás, y no duda que en la genética médica está el camino que seguirá recorriendo para brindar esperanza a aquellos que la necesitan.

La Misión de Sabios se construye en la academia

La Misión de Sabios se construye en la academia

¿Cómo está Colombia en materia de educación sobre las industrias culturales y creativas? ¿Existe o no articulación entre los creadores y el sector privado? ¿Qué retos hay en la circulación y visibilización de los contenidos culturales en el país? Estas preguntas fueron discutidas por representantes de la academia, la industria y el Gobierno durante conversatorios y mesas de debate en universidades como Los Andes y Nacional durante los últimos cuatro meses. Su intención, dentro de una estrategia planteada por la Pontificia Universidad Javeriana para fomentar el diálogo entre actores del sector, recoger experiencias, reflexiones y propuestas en el marco de la Misión Internacional de Sabios, es incidir en la creación e implementación de la política pública en educación, ciencia, tecnología e innovación del país.

La primera reunión tuvo lugar el 28 de febrero en la Universidad de los Andes. El tema central fue el Valor simbólico y cultural de las industrias creativas, dejando como resultado una reflexión consciente en materia de educación: uno de los grandes problemas es la relación entre universidades e industria, ya que en ambos escenarios se utilizan tiempos y velocidades muy distintos a los de la academia. En palabras de María Catalina Rodríguez, artista visual y master en Gestión de eventos artísticos y culturales, “es clave generar espacios en las universidades para que ambas velocidades conversen”.

El 20 de marzo, la Javeriana fue la casa del taller sobre Formación en industrias culturales, cuyos temas centrales fueron la articulación entre propósitos de formación y contextos de desempeño laboral, entre niveles de formación, el empleo actual y futuro de las industrias culturales y creativas, así como la formación de públicos, audiencias, usuarios y consumidores; como resultado de esta interacción, se reconoció la necesidad de invitar a los medios masivos de comunicación, la academia y los usuarios a unirse en una cadena creativa de contenidos.

Por último, el 26 de marzo en la Universidad Nacional de Colombia, el diálogo giró en torno a la Circulación, visibilidad y apropiación de contenidos en la industria cultural, del cual surgieron conclusiones importantes sobre la construcción de estrategias para analizar las lógicas de las nuevas plataformas de visualización y, así, adoptar políticas de divulgación; también se abordó la promoción del turismo como medio propicio y con potencial para el desarrollo de las economías creativas y, finalmente, la conversación entre medios públicos y miembros de la industria para ampliar, cooperativamente, sus públicos a través de la creación de productos de carácter cultural y educativo.

 


El foco de Industrias culturales y creativas en contexto

Esta estrategia surgió el 8 de febrero pasado, cuando el presidente Iván Duque presentó la Misión Internacional de Sabios con la intención de elaborar un documento que reúna las directrices de 46 expertos, nacionales e internacionales, en ocho focos de trabajo: Ciencias de la Vida y la Salud; Energía Sostenible; Océanos y Recursos Hidrobiológicos; Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0; Industrias Creativas y Culturales; Ciencias Básicas y del Espacio; Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía; y Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad.

Investigadores y académicos, como los javerianos Elizabeth Hodson, microbióloga (pertenece al foco de Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía), Rodolfo Llinás, médico cirujano (foco de Ciencias de la Vida y la Salud), Sara Alvarado Salgado, psicóloga (Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad), y el médico Alejandro Jadad (Ciencias de la Vida y la Salud), trabajan desde marzo ad honorem en la construcción de diagnósticos, recomendaciones factibles y propuestas relevantes para responder a los desafíos productivos y sociales de la nación para los próximos 30 años (2019 – 2049).

Las universidades públicas y privadas también aportan su grano de arena en la dirección de cada foco; la Javeriana, por su parte, asumió la responsabilidad a inicios de este año de ejercer la Secretaría Técnica del foco Industrias Creativas y Culturales por solicitud de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, así como por su trabajo en la producción y visibilización de contenidos culturales y creativos, evidente, por ejemplo, en facultades como Comunicación y Lenguaje, Arquitectura y Diseño, y Artes; el Centro Ático, la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y su Catálogo de obras artísticas.

Actualmente, los integrantes de la secretaría técnica javeriana trabajan de la mano del músico Edgar Puentes, académico, antiguo miembro de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y coordinador del foco de Industrias Culturales y Creativas, para formular conjuntamente el documento de diagnóstico, recomendaciones y preguntas. Para conseguirlo, formularon nueve ejes temáticos como esquema de trabajo que serán rastreados, documentados rigurosamente y tratados por los miembros de la misión cada 15 días.

En las próximas semanas se adelantarán nuevos talleres sobre los demás ejes temáticos del foco: en la Universidad Central, el 8 de mayo se discutirá sobre articulación entre creadores e industria. La Universidad de Caldas y la Universidad de Bellas Artes y Ciencias de Cartagena realizarán conversatorios sobre la integración de cadenas de valor, mientras que la Universidad EAN participará con un evento sobre infraestructura y tecnología para las ICC.

Adicionalmente, en Medellín y Cali se realizarán talleres similares sobre la totalidad de los ejes temáticos el 4 de julio y el 15 de agosto próximos, respectivamente.

Los secretos de las formas básicas

Los secretos de las formas básicas

Primer escenario: un cartel con un anuncio publicitario.
Segundo escenario: una foto de un bebé sentado al lado del cartel, mirando a la cámara.
Tercer escenario: una foto del bebé mirando el cartel publicitario.

¿Cuál de los tres escenarios resulta más atractivo y cautivador para el público? El tercero. ¿Por qué? Porque amamos a los bebés y nada de lo que ocurre con ellos nos es indiferente. Eso lo saben a la perfección el diseño y el mercadeo. Tanto así que el ‘sesgo de la cara de bebé’ (baby face bias, en inglés) es uno de sus principios universales: se trata de la tendencia de atribuirles a personas, animales o cosas con características físicas de bebé (formas redondeadas, ojos grandes, narices pequeñas, frentes amplias, mentones cortos, y piel y cabello suaves y ligeros) cualidades como honestidad, indefensión, inocencia y afabilidad. Y este fundamento antropomórfico, extensamente usado en la publicidad y la comunicación (evidente en marcas como Google, Apple o Fisher Price, por ejemplo), genera emociones positivas.

En esa misma vía, investigadores javerianos, junto con colegas de las universidades de La Sabana y Oxford, desarrollan diversos estudios para comprender cómo, ante estímulos exteriores, el cerebro construye percepciones y entender así la manera en que de ellas se derivan interpretaciones emocionales. Una de sus investigaciones acoge líneas y puntos —entendiéndolos como los elementos primarios de la percepción visual— para demostrar que a partir de ellos es posible generar no solo un efecto, positivo o negativo (valencia, en psicología), sino también distintas emociones, y entender cómo esto incide de manera crucial a la hora de comunicar, bien sea a través del diseño de un producto, o con un servicio o una experiencia.

Los científicos idearon tres experimentos que pusieron a prueba con 54 participantes del Reino Unido y Colombia. En el primero, exhibieron distintas líneas y les pidieron a estos que las asociaran con una emoción; en el segundo, agregaron puntos y pequeñas líneas que simulaban ser ojos; y en el tercero, dejaron solo estas dos últimas formas básicas. Los resultados fueron contundentes: las líneas cóncavas producían felicidad; las convexas, tristeza; y la combinación de estas con los elementos que parecían ojos evocó distintas valencias y emociones precisas (tensión, agrado, amabilidad, desagrado, entre otras).

Todo esto se enmarca en lo que se conoce como cognición corporal, esto es, que el conocimiento está embebido dentro del cuerpo, y este último incide significativamente en lo que un individuo percibe y aprende. Una de las primeras formas de analizar una línea o un punto sueltos es asimilándolos al cuerpo. De ahí que para el cerebro —que intrínsecamente configura patrones sobre el mundo que lo rodea y cuyas construcciones están enraizadas en la evolución— una cara es primero un conjunto de líneas que después constituye una imagen y la consecuente interpretación social de quién es uno y quién el otro.

Si bien la intuición dicta que las líneas curvas son más amigables y positivas que las rectas, que suelen percibirse como distantes, rígidas y negativas, esta investigación pasa tales ideas de sentido común por el cedazo de la metodología científica y amplía su alcance. “Aunque ya se sabía que hay líneas que generan algunas emociones, nuestro estudio se ampara en la ciencia para validarlo y amplía el repertorio conocido,pues lo que era claro hasta el momento es que la unión de dos líneas rectas formando un vértice genera aprehensión y amenaza”, señala el ingeniero industrial Jorge Alvarado. “El otro punto importante es la intermodalidad, es decir, la correlación e interacción entre sentidos. Estamos buscando mecanismos que hagan que un sentido afecte a otro. En este caso, se trata de cómo se perciben unas líneas y unos puntos, pero en otros la cuestión es cómo se dibuja un sonido o a qué huele un dibujo”, agrega este profesor especialista en análisis de inteligencia de negocios y quien avizora múltiples aplicaciones, desde crear marcas más asertivas y poderosas hasta manejar el dolor, pasando por impulsar el rendimiento deportivo.

Las líneas cóncavas producen felicidad; las convexas, tristeza; y la combinación de estas con los elementos que parecen ojos evoca distintas emociones, como tensión, agrado, amabilidad y desagrado.

“Aunque este estudio no revela información desconocida, sí le da un soporte científico y la refuerza al concebir distintos escenarios para valorar la percepción de las emociones, lo que podría dar pie a una guía que nutra el diseño”, afirma, por su parte, el diseñador industrial Santiago de Francisco, quien lidera en la Universidad de los Andes la cátedra Diseño Inspirado en las Emociones. Él piensa que hay que tener una metodología para diseñar, pero esta permite solo sistematizar, no crear, de modo que acoger los lineamientos esquemáticos que plantea el estudio no necesariamente asegura un mejor diseño o una mejor percepción de este. “La sistematización termina desarrollando elementos genéricos y poco apetecidos, y si hoy en día los objetos o servicios que consume la gente no permiten evocar recuerdos o contar historias, no trascenderán”, añade.

Las emociones son esenciales en ese proceso, pero no transcurren en el vacío: están sujetas a múltiples variables. Siempre han estado escondidas detrás de las líneas, en calidad de musas silentes. Sin ellas, no hay conocimiento, conforme lo recalcan científicos y artistas, desde distintas orillas. Pero ante el advenimiento de la tecnología digital y la consecuente abreviación del lenguaje a favor de la velocidad de la comunicación, se han vuelto especialmente notorias y relevantes: “hemos creado sistemas de comunicación en los que no podemos inferir muchos elementos emocionales dado que no hay sujeto, sino una interfaz intermedia, como el celular o el computador”, explica el psicólogo Alejandro Salgado- Montejo, coautor del estudio en cuestión. “Estamos muy ocupados construyendo la interfaz, pero no el lenguaje, y por eso debemos ser tremendamente competentes para comunicar emociones sin perder la riqueza de la interacción humana ni causar malentendidos”, advierte este experimentalista, concentrado no solo en escudriñar los entresijos del comportamiento humano, sino también en comprender cómo se construye, desde la neurociencia, una historia emocional en un espacio que no es natural para la especie.

Un reto, por supuesto, nada desdeñable, si se tiene presente que las emociones son una parte crucial e inherente a todas las decisiones que tomamos, desde la más superflua hasta la más esencial: “son el punto de inflexión para determinar qué acabas siendo tú en la vida, el sesgo fundamental a través del que va a pasar nuestra experiencia sensorial. Son la partícula del destino. Del saber cómo comunicarlas dependerá en buena medida el futuro de nuestra especie”, concluye Salgado-Montejo.


Para leer más:

  • Love for Logos: Evaluating the congruency between Brand symbols and typefaces and their relation to emotional words. Disponible aquí.
  • Drawing Sounds: Representing tones and chords spatially. Disponible aquí.

 

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Simple lines and shapes are associated with, and communicate, distinct emotions
INVESTIGADORES: Jorge Alvarado, Alejandro Salgado-Montejo y otros
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Departamento de Ingeniería Industrial
Universidad Javeriana
Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de La Sabana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualidad

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Los sonidos abundan en medio del inmenso espacio de techos altos, luces por doquier y paredes de ladrillo: los gritos infantiles que se repiten de stand en stand, las expresiones de asombro, el paso de las hojas, las voces de los padres explicando ―incluso leyendo― lo que se encuentra en cada página, la pregunta inevitable: “Mami, ¿me lo compras?”. Escenas que se repiten una y otra vez en los pabellones 10 a 16 de Corferias, en Bogotá, el espacio dispuesto durante la Feria Internacional del Libro 2019 para un público especializado y exigente: los lectores de literatura infantil y juvenil.

Decenas de expositores se reúnen en este espacio, acogen las preguntas sobre libros puntuales, proponen nuevos títulos, incluso rebuscan en su inventario o en el de sus allegados por esa edición especial. Sobre las mesas se encuentra todo tipo de mundos: cuentos de hadas, fantasía, novela gráfica, álbumes ilustrados, adaptaciones de clásicos literarios, versiones en prosa de éxitos cinematográficos… Ni qué hablar de los múltiples temas tratados: problemas en el colegio, la llegada de un nuevo hermano, los cambios en la fisionomía, el primer amor, la guerra, la justicia, la decepción, la amistad…

Es el resultado, a fin de cuentas, de un género literario con vida propia. “Es un campo donde se pueden hacer los textos más tradicionales posibles y también los experimentos más diversos”, explica Andrés Montañés Lleras, doctor en Literatura para Niños y Jóvenes de The Ohio State University, autor de El dragón de vapor (Norma, 2015)  y otros libros para el público infantil y profesor de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Pontificia Universidad Javeriana, quien enumera algunas de sus características distintivas: “Más allá de contar con imágenes, sus personajes tienden a ser niños, las temáticas están conectadas de alguna manera con la infancia, la narración tiende a ser lineal y tiende a privilegiarse la perspectiva del niño, así como la acción y el diálogo sobre la descripción”, precisa el académico.

Curiosamente, para muchos autores e ilustradores reconocidos la asociación de sus libros con un público infantil es accidental. Por ejemplo, fueron famosas las palabras de Maurice Sendak, creador de Donde viven los monstruos ―en 2009 se estrenó la película basada en este libro infantil, dirigida por Spike Jonze― sobre su aversión a los niños, producto de una infancia problemática, pues su obra era más bien un escape para expurgar esos demonios internos. Otros autores, como Quentin Blake, han declarado su preferencia por una vida en pareja sin hijos.

Pero es la posibilidad de crear relatos a través de las experiencias personales y esa alquimia entre arte y literatura lo que más atrae a los autores a escribir, principalmente, para niños. O, en el caso de los escritores de historias para jóvenes, hablar sobre los temas que, supuestamente, están vedados al público infantil.

“Mucho artista plástico que ha sido ilustrador se ha pasado a este campo porque se da cuenta de que es un espacio idóneo para la experimentación, donde siempre está abierta la posibilidad de crear, de abordar los intereses personales desde lo narrativo hacia lo visual”, destaca Juliana Capasso, artista plástica, magíster en Ilustración para Niños y Jóvenes de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, ganadora de varios concursos de ilustración y edición infantil y juvenil, y docente de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Javeriana.

C´redito
Ilustración de ‘Donde viven los monstruos’, de Maurice Sendak. / A. Currell, Flickr.


Y Caperucita roja se volvió adolescente…

De entre las miles de opciones que un padre puede elegir para su hijo a la hora de comprarle un libro infantil, sobresalen los cuentos clásicos para niños. Historias como Caperucita roja o Barba Azul, por ejemplo, a menudo editadas en gran formato y con ilustraciones multicolor, consideradas aptas para niños por traer un mensaje aleccionador. Lo curioso es que, en sus orígenes, estos relatos distaban mucho de ser aquellos “cuentos inocentes” que conocemos hoy en día.

“En la época de los Hermanos Grimm, lo que el adulto creía que el niño debía conocer no es lo mismo que el niño de hoy necesita. Y como esa concepción de la infancia cambia según la cultura, el tiempo y el contexto, también lo hace en la literatura”, explica Capasso para ilustrar que los llamados cuentos de hadas a menudo tratan historias de muerte, abandono, castigos extremos por fallas en el comportamiento (como la curiosidad femenina, precisamente, en el caso de Barba Azul), guerra…

Un caso especial es Caperucita roja, la historia clásica del folclor europeo cuyo origen puede rastrearse hasta el siglo X. La versión más conocida es la adaptación hecha en 1697 por el escritor francés Charles Perrault sobre la niña que se pierde en el bosque por desobedecer a su mamá y cae víctima de un lobo malvado, para, al final, ser rescatada por un leñador; sin embargo, la obra original de Perrault no contemplaba el rescate y terminaba de forma trágica pero aleccionadora: “Era un cuento específico para las niñas que vivían en la Corte del rey, pues corrían ciertos peligros”, añade Capasso.

Aquella versión traía una moraleja que se perdió con el tiempo:

“La niña bonita, la que no lo sea
que a todas alcanza esta moraleja,
mucho miedo, mucho, al lobo le tenga,
que a veces es joven de buena presencia,
de palabras dulces, de grandes promesas,
tan pronto olvidadas como fueron hechas”.

Crédito
/iStock.

Hablar sobre los orígenes de la literatura infantil es entender también el nacimiento de la industria editorial. Si bien algunos teóricos se remontan a la Grecia antigua para señalar a las fábulas de Esopo como el primer referente histórico, un consenso generalizado establece a la Europa del siglo XVII como su cuna. Y el pionero es Orbis Sensualium Pictus (cuya traducción puede ser El mundo visible en imágenes), un libro de texto escrito en latín y alemán por el educador checo John Amos Comenius, publicado en Nüremberg (actual Alemania) en 1658, que explicaba lecciones sobre religión, botánica, zoología y actividades humanas, entre otros temas, por medio de grabados. “Es el primer libro álbum, el primero con imágenes, aunque con un fin educativo”, explica Montañés.

En las décadas siguientes, Inglaterra fue consolidando su industria editorial con innovaciones técnicas y nuevas temáticas que muy pronto conquistaron audiencias entre los más chicos; así surgieron otros referentes como John Newberry, creador de A Little Pretty Book For Children o The History of Little Goody Two-Shoes, textos con protagonistas humildes que gracias a su virtud logran salir de la pobreza. Pero más allá de sus historias, Montañés resalta su visión: “Él, curiosamente, fue más editor que autor. Fue el primero en darse cuenta de la existencia de un negocio para venderles libros a los niños; de hecho, sus primeras ediciones venían en combo con un juguete incluido”.

Más adelante, tras la Revolución industrial, se crearon las condiciones propicias para el desarrollo de un mercado. “Desde el punto de vista de industria, muchos de los inventos y de las innovaciones editoriales estaban en Inglaterra. De una u otra manera había que pasar por ese mercado para distribuir libros. Es también cuando los editores se dan cuenta de que la audiencia es una mina de oro y los autores se convierten en celebridades. Y surge el potencial de lo que es un personaje, una colección, una serie que gira en torno a ese protagonista”, comenta Capasso, quien pone de ejemplo a Beatrix Potter, creadora de Peter Rabbit, un conejo travieso que apareció a comienzos del siglo XX en seis álbumes con ilustraciones a color, todo un avance para la época. Potter se convirtió en una auténtica celebridad porque fue de las primeras escritoras en conceder derechos para la explotación comercial de sus personajes, que aparecieron en figuras cerámicas, platos, muñecos, entre otros.

El siglo XX trajo también sus propias transformaciones, incluido el surgimiento de la llamada literatura juvenil. Fue debido a las guerras mundiales y a sus trágicas consecuencias que los autores comenzaron a tratar ciertos temas “vedados” para el público estrella del mercado editorial, tales como la guerra, la muerte, y la idea de un mundo idealizado que se ha perdido para siempre. Estas historias comienzan a mezclarse, en un primer momento, con la fantasía y la ciencia ficción, produciendo referentes como El hobbit y El señor de los anillos, del académico inglés J.R.R. Tolkien.

El segundo momento se daría en los años 60 en Estados Unidos, producto de la contracultura y los cambios sociales de la época , así como la aparición del adolescente (que en el mundo editorial suele situársele a partir de los 15 años) como consumidor. “Se empieza a hablar de enfermedades mentales, sexo, padres solteros, divorcio, alcohol, drogas, pandillas, todo muy relacionado a eventos como la revolución feminista y la lucha por los derechos civiles”, cuenta Montañés.


¿Y la producción colombiana?

A la salida del Pabellón Infantil en la FILBO, los gritos, las preguntas y expresiones de asombro vuelven a repetirse. Padres y niños se centran ahora en la exposición ‘Pombo, el aprendiz’, que la Fundación Rafael Pombo ha dispuesto con réplicas de los conocidos personajes del escritor bogotano: Simón el Bobito, La Pobre Viejecita, El Gato Bandido, Mirringa Mirronga.

Pombo es, de hecho, el padre de la literatura infantil en Colombia, pero su trabajo fue muy diferente del que se acostumbra a enseñar en el aula de clase. “Hay que destacar a Rafael Pombo, pero él no es autor: fue traductor y adaptador, y uno muy bueno”, comenta Capasso. La investigación literaria ha establecido que el colombiano se sirvió, durante sus viajes a Nueva York en la segunda mitad del siglo XIX, de las canciones populares inglesas para crear su particular mundo: Simón el Bobito reproduce pasajes específicos de Simple Simmon, un ingenioso niño que busca salir de la pobreza, o Rin Rin Renacuajo se asemeja bastante a Frog Went A-Courting, cuyo protagonista es una rana con tintes de donjuán.

Sin embargo, Capasso desestima cualquier reparo que pueda surgir ante el trabajo de Pombo: “El cogió textos ingleses y norteamericanos, los trajo al país y los tradujo al español adaptándolos al costumbrismo cachaco de la época. Y eso no lo demerita para nada: es dificilísimo ser un buen traductor y adaptador”.

Crédito
Pasaje ilustrado de ‘Simple Simmon’. /Internet Archive Book Images, Flickr.

Durante el siglo XX, aquel sería un cuadro común del mercado editorial colombiano, mucho más pequeño que sus contrapartes europeo o norteamericano: las traducciones y las adaptaciones dominarían la producción nacional. Pero a finales de los años 70, con la presencia de Carlos Valencia Editores y de Norma, se dio un renacer del campo, pues fueron los responsables de la publicación de nuevos referentes, como Chigüiro, de Ivar da Coll, y el descubrimiento de nuevos talentos.

Estos esfuerzos se tradujeron también en políticas públicas para promover la lectura, y prueba de ello es el surgimiento de Fundalectura, en 1990, uno de los responsables de que el país cuente actualmente con planes lectores en los colegios. Sin embargo, los años 90 trajeron consigo cambios abruptos en materia económica, lo que llevó a la quiebra o la fusión de los principales actores de la industria. Así, muchos autores se quedaron, de repente, huérfanos. Y por si fuera poco, abundaron las teorías sobre la inminente desaparición del libro a favor de los formatos digitales y electrónicos.

Hoy, el panorama es radicalmente diferente. “El público se da cuenta de que hay un valor agregado como libro-objeto: el libro de colección, que vale la pena tener”, dice Capasso, quien pinta una imagen mucho más esperanzadora: gracias a la aparición de editoriales independientes y de librerías especializadas en temáticas infantil y juvenil, se puede hablar de un renacimiento del campo. “Curiosamente, la literatura infantil es el campo más fuerte de la industria, compite directamente con los libros de autoayuda. Es muy diciente que una editorial como Norma haya cerrado su línea de literatura para adultos pero siga con los libros para niños, porque sigue habiendo un público amplio”, añade Montañés.

Según las cifras más actualizadas de la Cámara Colombiana del Libro, la industria editorial colombiana produjo 18.508 títulos en 2017 de los cuales 921 fueron para público infantil (el segundo grupo más importante, por detrás de los 1.341 registros de textos educativos) y 22 de temáticas juveniles. Ese mismo año el sector facturó $673.900 millones con la venta de 36,8 millones de ejemplares, de los cuales 8,25 millones correspondieron a la categoría temática “infantil-juvenil” (el 22,4%). Este momento coincide con un nuevo interés en el país por la lectura: los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la más reciente medición del Dane sobre este tema, revelaron que el 51,7% de los colombianos mayores de cinco años lee libros, con un promedio de 5,1 libros leídos al año.

Para los académicos, en el contexto actual se están dando paradojas como padres que no leen y buscan que sus hijos se aficionen por los libros, así como nuevas oportunidades por parte de los editores para buscar nuevo talento y la próxima gran obra que pueda plasmarse, y reproducirse, en otros formatos, como películas, videojuegos, etc. Pero todo esto puede traer grandes riesgos asociados: “Hay una producción importante, hay consumo de literatura infantil y juvenil, pero estamos quedados en la reflexión acerca del campo y en la creación de un ámbito crítico en torno a él”, señala Montañés.

Un ejemplo se encuentra en la industria editorial local, que, a pesar de este boom, sigue marcada por iniciativas independientes, casi en solitario. “Ha habido prácticas desde lo solitario, pero si no nos unimos como gremio, en todo el sentido de la palabra unión, va a ser muy difícil profundizar en el campo. Hay que dejar de lado el pensamiento de ‘soy yo con mis cosas’, es importante saber cómo funciona la parte del otro y cómo nos damos la mano”, comenta Capasso, quien añade que los espacios académicos pueden tener un fin articulador: “Desde el ámbito académico el mensaje es compartir y hacer un trabajo en equipo, pero ha sido difícil porque la academia ha estado alejada de esta labor”.

/Juliana Capasso
/Juliana Capasso
Humboldt también tiene cabida en la FILBO 2019

Humboldt también tiene cabida en la FILBO 2019

Los caminos de herradura en medio de la vegetación cambiante de las cordilleras andinas, los valles extensos, las caídas de agua, los volcanes de lodo, las sabanas, los árboles y las flores, la fauna, los pobladores… Como si se volviera en el tiempo, al Reino de Nueva Granada de inicios del siglo XIX, hoy se puede recorrer el biodiverso territorio colombiano.

Esta experiencia puede vivirse a través de la exposición museográfica ‘Cuadros de la naturaleza: Retratos de un viajero’, que recrea el recorrido que el naturalista alemán Alexander von Humboldt hizo por la geografía nacional hace 200 años. Los visitantes a la edición 2019 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá son los espectadores de lujo del viaje que tomó lugar hace 200 años, inició en la bahía de Cispatá, en el actual departamento de Córdoba, y concluyó en el volcán Azufral, en Nariño.

La exhibición reproduce el material descrito en Humboldtiana neogranadina, la colección de libros de gran formato sobre los pasos de Humboldt por territorio colombiano, cuya edición lideró el académico Alberto Gómez Gutiérrez, profesor de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, y contó con el apoyo editorial de las universidades Externado de Colombia, CESA, EAFIT, Andes y Rosario; la colección se publicó el año pasado con el sello de la Editorial Javeriana.

A la exposición en la FILBO, situada en la sala anexa al Auditorio José Asunción Silva, en Corferias, se sumaron el Instituto Humboldt, que aportó buena parte de su colección biológica y bibliográfica sobre el naturalista alemán, y el programa Humboldt en las Américas del Instituto Goethe.

Pesquisa Javeriana acompañó al profesor Gómez Gutiérrez para desentrañar algunos de los secretos de este apasionante recorrido.