Dispositivo desarrollado por javerianos permite detectar licor adulterado

Dispositivo desarrollado por javerianos permite detectar licor adulterado

El pasado 26 de febrero, el Grupo de Películas Delgadas y Nanofotónica (GPD&NF), adscrito a la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, en alianza con Insolab, entregaron de manera oficial a la Gobernación de Cundinamarca el equipo portátil que permite detectar bebidas alcohólicas adulteradas.

“Esta es una tecnología portátil, de fácil uso y puede ser personalizada según las necesidades de cada demandante”, comenta el doctor Henry Alberto Méndez, uno de los investigadores GPD&NF.

Este desarrollo tecnológico permitirá combatir la venta de licor adulterado (que en Colombia abarca el 53 % del total de la venta de ilegal de alcohol); y además, podrá aplicarse in situ, es decir, directamente en el lugar donde se requiera su uso.

Integral spectrum

¿Cómo funciona este dispositivo?

Se dispara un haz de luz directo en el licor testeado y, al atravesarlo, se genera un espectro, una huella que permite realizar los análisis y las comparaciones con parámetros previamente configurados de bebidas alcohólicas legales.

“Es un sistema de espectroscopia para hacer un análisis cuantitativo a partir de la concordancia entre los espectros de absorción recolectados de las muestras en campo”, explica el profesor Luis Camilo Jiménez Borrego, del Departamento de Física e investigador del GPD&NF.

El diseño e implementación de este equipo es una aplicación de la patente otorgada a la Javeriana en el año 2018 por una tecnología titulada: “Sistema que conforma una estación de espectroscopias ópticas”, conocida como Integral Spectrum.

Integral Spectrum

“Aunque en principio está configurado para análisis de líquidos, según las necesidades de la gobernación, este equipo tiene múltiples posibilidades de aplicación en diferentes tipos de materiales y estados: líquidos, sólidos o gaseosos”, agrega el doctor Méndez.

“A este equipo podríamos incluirle un sistema de análisis químico usando la misma tecnología de espectroscopia patentada, sin embargo, eso dependerá de los requerimientos del cliente”, añade el profesor Jiménez.

Esta innovación es una apuesta por el desarrollo de tecnologías nacionales que evidencian la importancia de las alianzas entre la academia, la industria y las entidades gubernamentales.

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

No solo preocupa la invasión de hipopótamos en Colombia por sus potenciales efectos acumulativos y sinérgicos en ecosistemas ya degradados de los que dependen comunidades vulnerables en el valle medio del Magdalena. Preocupa, además, la ausencia de decisiones de manejo informadas que garanticen la contención efectiva de esta invasión.

Se advierte una clásica disonancia en la interfaz entre ciencia y política frente a este y otros problemas de acción colectiva: aunque se reconocen las evidencias sobre lo que implica la invasión en el largo plazo, las decisiones en el corto plazo parecen negarlas. ¿De qué tamaño tiene que ser el problema para que decidamos actuar? ¿Qué tiene que pasar para que el Estado colombiano asuma su responsabilidad constitucional de garantizar un ambiente sano y priorice el valor de la biodiversidad nacional como patrimonio natural?

La semana pasada, el foro Hipopótamos en la Sala, organizado por la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana, llamó la atención sobre la necesidad de superar la inacción y de buscar salidas desde una diversidad de visiones a un problema complejo y creciente que cada día será más difícil enfrentar de forma efectiva.

Hay razones para pensar que el debate permitió reconocer perspectivas y evidencias diversas sobre el fenómeno de la invasión, reflexionar sobre las tensiones éticas entre animalistas y conservacionistas centrales al debate, visibilizar los límites del marco normativo existente para el manejo de especies invasoras y, sobre todo, reconocer el papel determinante que deben tener las comunidades locales en el manejo de la invasión.

No obstante, pese al interés de los panelistas y de muchos asistentes, el debate parece no haber conducido a mayores avances en lo práctico.

Llamó la atención la ausencia del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a pesar de haber sido invitado. Que el ministro hubiera participado en el foro, manifestando su voluntad política para enfrentar este problema, habría sido un logro.

En cambio, unos días después el ministro se refirió públicamente al tema y en lugar de centrarse en las propuestas fundamentales de los científicos, sugirió que una alternativa para los hipopótamos sería “crear un ecosistema controlado” para albergarlos.

De otro lado, frente al necesario llamado del director del Instituto Humboldt a profundizar en el conocimiento sobre los hipopótamos en el país mediante una minga de recolección de datos y a reactivar el trabajo interinstitucional de manejo de la especie reconociendo el liderazgo regional de Cornare, pareciera más urgente incidir con las evidencias ya disponibles en toma de decisiones concretas con prontitud.

Por ejemplo, un pronunciamiento gubernamental sobre el impacto de las especies invasoras como el hipopótamo en la biodiversidad colombiana, incluir al hipopótamo en el listado oficial de especies invasoras en Colombia, establecer metas razonables que eventualmente conduzcan a que los hipopótamos salgan de los ecosistemas naturales del Magdalena y llamar la atención sobre la incertidumbre de la efectividad de las castraciones químicas como mecanismo de control de la población, son tareas pendientes que pueden hacerse con las evidencias existentes.

Este tipo de acciones de corto plazo ayudarían a desenredar el camino y a construir puentes entre sectores sociales con diferentes intereses, lo cual, sin duda, redundaría en mejores decisiones.

Advertimos un riesgo: mientras se continúa aplazando el prestar atención al problema, las poblaciones de hipopótamos siguen creciendo y más temprano que tarde serán tantos en la cuenca que será imposible actuar.

En ese momento no valdrán los argumentos que minimizan el daño de los hipopótamos comparándolo con el de la ganadería bovina y bufalina (o hasta el de la explotación petrolera) para justificar que no son el peor problema ambiental en el Magdalena y que podrían, en cambio, declararse como una especie residente merecedora de protección, como algunos participantes en el debate sostienen.

Con una población de hipopótamos mucho mayor a la actual, como proyectan los científicos, las transformaciones productivas de la cuenca implicarán aún peores consecuencias en los sistemas sociales y ecológicos, los cuales tendrán menos capacidad de soportar las perturbaciones de la invasión.

A la vuelta de unos años, los impactos sobre la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y el bienestar humano serán difícilmente reparables, por más que algunos pobladores locales tengan hoy en día percepciones positivas de los hipopótamos.

Mientras siga la parálisis frente a la situación, quienes continuarán asumiendo los costos serán las comunidades más vulnerables y la fauna nativa y amenazada que reclaman un lugar visible en las decisiones de política pública.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha ratificado las acciones requeridas para controlar esta población, por esto el llamado a la acción es urgente: el país no puede darse el lujo de dilatar decisiones o de seguir errando en aquellas que se tomen. Las entidades del Sistema Nacional Ambiental no pueden evitar la responsabilidad ética y política de su inacción.

Si algo nos ha enseñado el último año con la pandemia y la conexión entre ciencia y política pública es que la sociedad debe discernir entre evidencias y “hechos alternativos” para guiar procesos de toma de decisiones. El problema de los hipopótamos no es una excepción.

* Sebastián Restrepo Calle, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana
** Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes

El jaguar en Colombia: ¿por qué ataca y cómo solucionarlo?

El jaguar en Colombia: ¿por qué ataca y cómo solucionarlo?

 

“Como dicen los llaneros viejos, el jaguar nunca te va a ofender; se va a defender”, evoca Esteban Payán Garrido, director regional para Suramérica de Panthera, organización encargada de proteger y conservar jaguares en América.

Sin embargo, después de los ataques a reses y humanos registrados durante febrero en Cubará, Boyacá, aparentemente protagonizados por un jaguar, aquella frase de los ancestros llaneros parece perder valor.

El ataque de este felino, que es el tercero más grande del planeta después del tigre y el león africano, puede ser resultado de cambios estructurales en su medio, así como un mecanismo de defensa o un comportamiento provocado por el ser humano, según lo declaran los investigadores javerianos Germán Jiménez y Federico Mosquera-Guerra. Es poco común que un jaguar arremeta contra los humanos.

Actualmente, los jaguares que habitan América son los más tímidos, mejor portados y más educados, según la descripción que hace el director regional de Panthera, pues son los sobrevivientes de más de 500 años de persecuciones con armas de fuego y su tasa reproductiva y de gestación es muy lenta; eso genera que la especie sea aún más vulnerable, por lo que casos como los sucedidos en las últimas semanas generan desconcierto.

Por su parte, Germán Jiménez, experto en manejo y conservación de fauna silvestre, sugiere que “las agresiones a humanos pueden deberse a la cercanía del hombre a su ambiente, y la presión que le han generado a través de la caza indiscriminada y la destrucción de sus hábitats, lo que podría llevarlos a desarrollar comportamientos que no son habituales”.

¿En dónde habita el jaguar en Colombia?

Este felino, de corpulenta y fornida fisionomía, y que originalmente tuvo una amplia distribución desde el estado de Texas, en Estados Unidos, hasta el norte de la Patagonia, en Suramérica, ha ido perdiendo su hábitat. Al momento de la llegada de los europeos a América, según un cálculo del Fondo Mundial Para la Naturaleza (en inglés World Wide Fund for Nature), había más de cien mil jaguares que habitaban desde zonas semidesérticas de Norteamérica hasta los bosques tropicales sudamericanos. Hoy, esta especie ha perdido aproximadamente el 50 % de su hábitat histórico en todo el continente.

 

graficajaguarTomado de WWF

Los jaguares habitan desde el nivel del mar hasta los ecosistemas de alta montaña y Colombia se caracteriza por ser parte de un corredor que comienza en México y acaba en Argentina.

El javeriano Federico Mosquera-Guerra explica que después de que se levantara el istmo de Panamá, que limita con el departamento del Chocó, estos felinos empezaron a entrar al país. Esteban Payán complementa la explicación: “Existen poblaciones conectadas por Panamá, están en el Darién, el Chocó-biogeográfico, la Sierra Nevada de Santa Marta, en el Magdalena Medio y pasan la cordillera Oriental, por la zona de Santander, bordeando Venezuela y llegan a la Orinoquía y a la Amazonía”, donde han sido reportadas sus poblaciones.

Desde el 2019 Colombia tiene el corredor biológico más grande para la conservación de la danta, el puma y el jaguar en la Orinoquía: el sitio Ramsar del río Bita, que cuenta con un área aproximada de 824.500 hectáreas, considerada, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, como la cuenca más conservada y manejada del país.

Este corredor cuenta con 228.000 hectáreas y protege la vida de 34 especies de mamíferos medianos y grandes.

¿Cuáles son los riesgos de la desaparición del jaguar?

El jaguar se encuentra en la categoría de “Casi Amenazada”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es decir que no se encuentra dentro de las categorías de “En Peligro” o “Peligro Crítico”, pero está cercano a cumplirlos o es esperable que así suceda en el futuro. Por esta razón estas especies dependen de medidas especiales de conservación.

En Colombia, a través de la resolución 1912 de 2017 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, se ubica a los jaguares en la categoría Vulnerable.

Pero el jaguar no solo se ha enfrentado a la pérdida de su hábitat, sino a la escasez de alimento, pues sus presas también hacen parte de la dieta de los seres humanos.

“Gran parte de la proteína de origen animal para las comunidades es producto de la cacería de peces, pecaríes, venados, lapas o borugas, armadillos, monos aulladores e incluso, tortugas marinas y de río, alimento propio de los jaguares”, señala Federico Mosquera-Guerra, quien además ha trabajado en la conservación de grandes mamíferos y coexistencia entre felinos.

En consecuencia, dice el experto, el animal se ve obligado a recurrir a otras fuentes energéticas, como el ganado doméstico, y posiblemente eso lo ha llevado a ser una amenaza para los humanos. “Lo malo no es que los locales cacen, sino que esta actividad no esté regulada, para que pueda haber coexistencia entre los jaguares y los pobladores”, comenta.

El jaguar se alimenta de especies que en su mayoría son herbívoras y sobreviven de frutos y semillas, como los venados, los pecaríes y los chigüiros, que de no ser controlados por este depredador que se encuentra en el tope de una red trófica, alterarían el equilibrio, pues el número de estos aumentaría a tal punto de que generarían una depredación indiscriminada de frutos y plantas, truncando el proceso natural de la regeneración de los bosques, alterando su composición y estructura, su almacenamiento de carbono, así como la captación del agua y el balance hídrico de las cuencas.

Mosquera agrega que, además, este felino, que mide entre 1.5 y 2.4 metros y pesa entre 45 y 120 kilos, es generador de alimento para especies carroñeras que se alimentan de los restos de las presas que deja, lo que permite controlar la propagación de virus y bacterias.

¿Cómo poner fin a los ataques?

Las alarmas están encendidas en Cubará, especialmente en la comunidad indígena u’wa, ubicada en la zona rural del municipio, lugar donde ocurrió la posible arremetida del felino. Algunas entidades como la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquia (Corporinoquia) han puesto en marcha planes de búsqueda a través de cámaras, con el fin de detenerlo y reubicarlo.

Otra opción que se podría contemplar es la cacería de control, aquella que se realiza con el propósito de regular la población de una especie de la fauna silvestre cuando así lo requieran circunstancias de orden social, económico o ecológico.

Esta alternativa la encuentra viable Payán: “Si dejamos que vuelva a atacar, le está dañando la fama a toda la especie en Colombia. No se puede permitir la posibilidad de que ataque a más gente. Con la ayuda de cámaras trampa los expertos pueden identificar al individuo problema”.

Pero para el biólogo javeriano Federico Mosquera-Guerra, eliminar al individuo no soluciona el problema de raíz, incluso, “se pierde de vista la problemática estructural que estos eventos traen al debate nacional, representado en las altas tasas de deforestación en la cordillera oriental, la ausencia de regulación de la cacería de fauna silvestre por comunidades locales, los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas y biodiversidad asociada, así como el aumento demográfico y el establecimiento de las poblaciones humanas en áreas no idóneas, como la alta montaña Andina, área de recarga hídrica y corredor biológico natural de estas especies”.

Consideraciones

Los expertos coinciden en que lo importante es buscar soluciones para que ambas especies, tanto humanos como jaguares, coexistan sin riesgo. Por ejemplo, el profesor Germán Jiménez propone respetar sus hábitats y conservarlos, además de evitar la cacería indiscriminada y sin control de sus presas, así como la sobrepesca para no quitarle recursos. Igualmente, propone crear espacios de entendimiento acerca de cuáles son las relaciones que generan conflicto entre las comunidades humanas y los jaguares.

Entretanto, la evidencia científica de las investigaciones de Esteban Payán le permiten afirmar que las áreas protegidas tienen un impacto positivo en la persistencia del jaguar y asegura que la creación de más áreas protegidas, como parques nacionales, es una de las acciones de conservación más importantes para esta especie y otros grandes carnívoros.

Federico Mosquera-Guerra concluye diciendo que los ataques presentados en las últimas semanas permiten dilucidar la problemática estructural en el sistema medioambiental colapsado por las acciones humanas, además, hace un llamado a la participación de la academia y otros actores para generar escenarios de coexistencia entre los pobladores locales y los grandes felinos en el país.

 

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

Luego de casi un año de espera, el mundo avanza en el proceso de vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, muchas personas siguen escépticas, incluso, se han generado movimientos antivacunas en varios países.

En Colombia los resultados de una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE–, reflejan que a finales de enero el 40.1 % de los encuestados no se aplicaría la vacuna. Aunque puede parecer una cifra alta, Juan Daniel Oviedo, el director de esa entidad, señaló que ha venido bajando durante varios meses.

Manuel Franco, profesor y líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, se muestra optimista sobre la producción de las diferentes vacunas. “Estoy maravillado y sorprendido de la capacidad de respuesta de la comunidad científica internacional para desarrolla esta solución”, afirma.

¿Cómo funcionan las vacunas?

Aunque las hay de varios tipos, básicamente son preparaciones que toman un microorganismo que causa una enfermedad (patógeno) como bacterias o virus, lo debilitan y se lo administran a una persona; esto hace que el cuerpo reconozca al virus y genere una respuesta en contra para eliminarlo, pero sin contraer la enfermedad.

De esta forma el sistema inmune guarda la información que le permite crear defensas ante un eventual contagio. “Es una manera de enseñarle al sistema inmune cómo es que el patógeno va a venir a atacarlo, entonces está preparado para poder responder”, describe el doctor Franco.

¿Cómo se aprueban las vacunas?

Este tipo de tratamiento tiene siglos de ser usado para prevenir enfermedades infecciosas. A través de los años se han creado protocolos y procedimientos para su elaboración.

 

Una vez superados todos estos pasos, la vacuna se presenta a un organismo nacional regulador que revisa todo el proceso y hace pruebas adicionales. Cuando la evidencia demuestra que no hay efectos colaterales severos y tiene buena eficacia contra la enfermedad, la aprueba para su distribución y comercialización.

“En cada país hay entidades que se encargan de aprobarlas o no. En Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés), tiene a su cargo este tipo de procesos; en Inglaterra, el Public Health England, y en Colombia, el Ministerio de Salud y el Invima”, explica Franco.

Hay organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) que también evalúan y aprueban las vacunas. Posteriormente, estos organismos continúan con el seguimiento a las personas vacunadas.

¿Cuestión de tiempo?

Cuando se revisa el histórico de producción de vacunas en el mundo se evidencia que estos son procesos de largo plazo. La producción de la vacuna para la fiebre tifoidea duró 45 años; la del dengue, 112 años; la de la hepatitis B, 16 años; y la del sarampión, 10. Por poner solo algunos ejemplos.

¿Qué llevó entonces a que, en menos de un año de ser descubierta y declarada como pandemia, la COVID-19 ya haya surtido todo el proceso y esté en marcha la vacunación masiva?

Para el investigador Manuel Franco, experto en vacunas, es necesario leerlo en contexto. Si bien esta variante de la enfermedad específica es nueva, ya había un acumulado importante de investigación previa. “Aprendimos mucho con el SARS-CoV-1. Desde hacía un buen tiempo se estaba desarrollando una vacuna contra este y lo que se hizo fue adaptarla”, afirma. Es decir, no se arrancó de ceros.

 

“Nadie que se vacune se va para la UCI porque (las vacunas) protegen muy bien contra la enfermedad severa”, Manuel Franco, líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana

 

Las tecnologías que se usaron para elaborar esta vacuna son bien conocidas. “Las vacunas de RNA mensajero y de adenovirus, que son las que están llegando a Colombia, no son desconocidas. Hay vacunas de adenovirus de 20 y 30 años porque con esas se han vacunado contra el resfriado común a grupos de población muy susceptibles”, describe el profesor.

Laboratorios como Pfizer o Moderna ya venían trabajando en otras vacunas similares y ante la urgencia de la pandemia, hicieron la adaptación. “Esas tecnologías se estaban desarrollando para otros patógenos y lo único que había que hacer era cambiar la proteína que se obtuvo para la proteína del SARS-Cov-2”, agrega Franco.

Una millonaria inversión

Ante lo complejo que resultó esta pandemia y sus respectivas cuarentenas que paralizaron gran parte de la economía mundial, los esfuerzos investigativos recibieron una enorme cantidad de fondos.

Airfinity, la empresa de análisis de datos científicos, calcula que se han invertido más de 8600 millones de dólares en las diferentes propuestas de laboratorios. Pocas vacunas han recibido esta cantidad de dinero en tan poco tiempo. Esto se traduce en más equipos, más especialistas y más pruebas. Así, por la urgencia, se reducen los tiempos de producción. Además, el proceso se priorizó en todas sus etapas.

 

 

Inversion-vacunas-Airfinnity
Inversión para cada vacuna calculada en millones de dólares. Fuente: Airfinity.

 

A pesar del corto tiempo en que se desarrolló la vacuna, el doctor Franco llama a la calma y a confiar en las opciones que se han autorizado internacionalmente. Estas han surtido todas las partes del proceso y siguen bajo revisión y seguimiento para controlar sus efectos.

 

“No se han saltado ningún paso, las vacunas son seguras y no hay ninguna preocupación por la premura”, Manuel Franco.

 

¿Cuáles son los efectos de la nueva vacuna?

Otra preocupación tiene que ver con lo que pueda suceder luego de su aplicación. Los expertos los llaman efectos adversos, que se clasifican en leves y severos. Dentro de los leves se encuentran el enrojecimiento, dolor, fiebre, malestar general y náuseas. Se ha comprobado que estos síntomas son producidos y están asociados a la vacuna, pero se consideran normales.

“Eso lo que demuestra es que la vacuna está funcionando porque está produciendo una inflamación como respuesta contra el patógeno”, dice Franco. Aclara también que los efectos no son muy distintos a los que causa cualquier otra vacuna y que pueden variar en intensidad dependiendo de cada organismo.

Por otro lado, los efectos adversos severos implican daños más graves en el cuerpo, pero lo importante es determinar si estuvieron relacionados con la vacuna, por eso, dentro de las diferentes fases de la producción hay un grupo de expertos que evalúa las consecuencias en cada participante de las pruebas, y determina, de acuerdo con sus condiciones específicas, si estos fueron causados o no por la vacuna.

El profesor respalda las declaraciones de la FDA según las cuales, hasta la fecha, no hay un efecto adverso severo atribuible a la vacunación, y por lo tanto, las vacunas son seguras.

¿Qué pasa si la vacuna causa alergia?

Las alergias también se conocen como anafilaxia, pero son casos poco probables en medio de un proceso de vacunación. Se estima que puede ser uno en un millón y corresponde a la propia naturaleza de la persona.

“Las vacunas de Moderna y de Pfizer tienen un componente particular que se llama Polietilenglicol. Si las personas son alérgicas a este componente, no se deben vacunar. Esa es una contraindicación”, afirma Franco.

Para saber si se tiene esta condición no es necesaria ninguna prueba adicional. “Si alguien presenta esta alergia, ya debe saberlo por haber tenido respuesta anafiláctica en vacunas anteriores”, agrega.

Si bien no se puede garantizar total efectividad a futuro, el investigador recomienda aplicarse la vacuna. “En este momento tenemos más de 58.000 muertes por COVID-19 en Colombia. El riesgo de que usted se muera por este nuevo coronavirus es mucho más elevado que el de tener algún efecto adverso o alguna reacción anafiláctica”, finaliza.

Mariposas y polillas: de plagas a organismos modelo en teorías biológicas

Mariposas y polillas: de plagas a organismos modelo en teorías biológicas

Las mariposas son un ejemplo de belleza universal. Para los aztecas representaban las almas de los guerreros muertos en combate. Los samuráis utilizaban sellos con su imagen y una de las figuras más populares del realismo mágico son las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez. Nadie discute la popularidad de las mariposas, ¿pero quién habla de sus parientes, las polillas?

Las mariposas y las polillas hacen parte del segundo grupo más diverso de insectos: los lepidópteros. De las 160 mil especies registradas, 18 mil son mariposas y pertenecen a una superfamilia que tiene como nombre Papilionoidea Esto quiere decir que hay alrededor de otros 140 mil lepidópteros más, que son los que comúnmente se conocen como polillas.

Las polillas son mejores polinizadoras que las mariposas

Según Giovanny Fagua, profesor del departamento de Biología y coordinador del Laboratorio de Entomología de la Pontificia Universidad Javeriana, dentro de los lepidópteros hay grupos más importantes y específicos de polinizadores que las propias mariposas. “Buenos polinizadores son las abejas, algunos cucarrones, moscas y varios grupos de polillas, no de mariposas”, expone.

Uno de los intereses del profesor Fagua es investigar cómo las asociaciones entre plantas y animales fomentan la formación de especies, y en este punto enfatiza las diferencias del trabajo de polinización que realizan polillas y mariposas.

Sobre las últimas, Fagua asegura que sus longitudes de desplazamiento, número de individuos y especificidad por tipo de flor son bajas, así que su trabajo polinizador no es el mejor. Lo que las plantas requieren es de animales que les garanticen llevar polen de su misma especie y de plantas alejadas. Hay grupos de polillas, en cambio, que cumplen de mejor forma con estas características y tienen relaciones dependientes con algunos tipos de plantas.

 

Aunque la polinización es una labor importante, la principal función de los lepidópteros (mariposas y polillas) es comer diferentes tipos de plantas.

 

Sin embargo, la principal función ecológica de los lepidópteros (mariposas y polillas), en su etapa de larvas, es comer diferentes tipos de plantas. Muchas especies vegetales utilizan defensas para evitar que los insectos las coman, pero los lepidópteros tienen la capacidad de comer variedades incomibles. “Ese es su principal papel ecológico: comer plantas que casi ningún ser vivo puede comer y transformarla en proteína animal”, explica el profesor.

A esto se le conoce como transición de biomasa, que en palabras más resumidas se refiere al hecho de que al alimentarse de plantas “imposibles” de consumir por otros animales, los lepidópteros, además de continuar su proceso de crecimiento, son presas potenciales de otros animales, por lo que favorecen la cadena alimenticia.

Los lepidópteros  pueden ser especies plaga

Las orugas, de las que emergen tanto mariposas como polillas, son determinantes depredadores de cultivos. Según cifras del profesor Fagua, el 40 % de la producción agrícola anual termina siendo consumida por insectos y el grupo que mayor daño genera son los lepidópteros

Las polillas y las mariposas, aunque pueden considerarse especies invasoras, son plagas introducidas. Generalmente no amenazan la biota natural local pero sí a los cultivos y plantas de jardín.

La polilla guatemalteca de la papa (Tecia solanivora), por ejemplo, es un problema actualmente en Colombia. Aunque otras especies locales como Dione juno, o mariposas espejo, son una plaga potencial de pasifloras como el maracuyá. También algunas de las mariposas blancas de la sabana de Bogotá, como Leptophobia aripa, son plaga de la coliflor, brócoli, repollo u otras plantas de la familia de las Brasicáceas.

Organismos modelo

Los lepidópteros también son organismos modelo en estudios de teorías biológicas, incluso pueden ser utilizados para observar procesos de degradación en los ambientes. “Esta característica se conoce como capacidad bioindicadora. Las mariposas son, quizá, el mejor grupo de indicación en los sistemas terrestres”, afirma el biólogo.

También son un organismo modelo para teorías evolutivas, y aunque gran parte de estos trabajos se basan en la Drosophila, o mosca de la fruta, el segundo mayor grupo de insectos para investigaciones evolutivas son las mariposas, pues son fáciles de criar, identificar, recolectar y marcar.

Esto ocurre principalmente por tres razones: son más atractivas visualmente, sencillas de colectar y, finalmente, las mariposas pueden ser liberadas después de ser marcadas, por lo que puedes hacerle seguimiento pasado un tiempo.

Los lepidópteros y el peligro de su extinción

Algunas especies de lepidópteros se encuentran en peligro de extinción en diferentes partes del mundo, principalmente por destrucción de sus hábitats.

“En Colombia no somos la excepción, aunque falta mucha investigación al respecto. En el libro rojo de invertebrados terrestres de Colombia están las mariposas (Papilionoidea), Arhuaco ica, Lymanopoda caeruleata, Lymanopoda paramera, Prepona werneri, Prepona praeneste, Pterourus cacicus, Pterourus euterpinus, Morpho rhodopteron, , y Polillas (no Papilionoidea), Copaxa apollinairei y Syssphinx chocoensis”, explica el profesor javeriano.

El rápido aumento de la temperatura global también ha puesto en peligro a los lepidópteros, ya que no tienen a donde migrar ni el tiempo para responder a los cambios climáticos.

Los lepidópteros son agentes fundamentales en los ecosistemas. De hecho, sus especies habitan todo el planeta, excepto en la Antártida. Su desaparición, según las investigaciones, podría afectar especies de plantas y la cadena alimenticia en general.

El profesor Fagua y un grupo de investigadores están realizando un informe que expone el estado de algunos grupos de mariposas que habitan grandes altitudes en Colombia y que se encuentran en riesgo.

“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

A las cuatro y media de la mañana del 18 de febrero llegó el primer lote de vacunas al Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá. Para ese entonces, Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer, ya estaba lista para recibir la primera dosis.

Sin embargo, aún faltarían dos horas y media para entrar al consultorio y ser una de las primeras colombianas en recibir la vacuna contra la COVID-19. Antes de eso atendería a periodistas de los medios de comunicación que le preguntarían cómo se siente, si está nerviosa, si tiene frío, y ella, serena e intimidada por las luces, los micrófonos, diría que sí, que siente de todo un poco.

Rocío Pérez nació en María La Baja, Bolívar, y hace parte del Instituto Nacional de Cancerología desde hace ocho años. “Cuando me dijeron que iba a ser la primera en vacunarse acá, sentí un poco de susto, no esperaba que vinieran tantos medios, incluso mi familia se enteró por televisión”, dice riendo.

En el momento en que Pesquisa Javeriana conversó con Rocío Pérez, ya había recibido la primera de las dos dosis de la vacuna y sostenía con sus manos el carné de vacunación que le indica que la segunda la recibirá el 11 de marzo. Dice que por ahora no sintió nada anormal, ni mareo ni algo extraordinario, así que da un parte de tranquilidad.

 

Rocío Pérez, primera enfermera vacunada en Colombia
Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer

 

Aunque para Rocío Pérez el día haya iniciado diferente por los reflectores y las entrevistas, ella es consciente de que a pesar de la ilusión que genera recibir la vacuna y ver cómo miles de personas en el país comienzan su proceso, hay que tomarlo con calma.

“El cambio será lento. Todos esperamos salir a pasear, hacer las cosas que hacíamos antes, pero aún necesitamos una segunda dosis y que mucha más gente sea vacunada. La palabra que mejor describe este día sería esperanza, pero de todas formas tenemos que seguir cuidándonos y, en lo posible, educar a la población que podamos, cuidando a la familia y a los pacientes”.

Un llamado contra el escepticismo

“Quizás la única manera más segura que la vacuna para evitar la COVID-19 es irse a vivir solo en alguna isla desierta, pero incluso así, el virus ha llegado hasta el último rincón del planeta”, explica Diego Rosselli, doctor y profesor del Departamento de Epidemiología de la Pontificia Universidad Javeriana; “vivir encerrado y usar todos los mecanismos de bioseguridad ayuda a aplazar las cosas pero no se estará a salvo del virus. La vacuna es la única solución desde la salud pública”.

Por su parte, Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología, y otro de los primeros colombianos en recibir la vacuna, cree que “el escepticismo tiene que ver con la parte cultural y socioeconómica, pero hay que pensar que las vacunas no son nuevas, que no empezaron ayer y que han salvado millones de vidas en el planeta, ¡Claro!, en últimas es uno mismo quien decide si se vacuna o no, pero hay que analizar el riesgo-beneficio, el primero es muy bajo y el segundo, muy alto”, explica.

García afirma que tampoco sintió alguna anomalía después de recibir la vacuna e hizo énfasis en que la vacunación es una herramienta poderosa para poder superar esta coyuntura histórica.

 

Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología
Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología

 

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas”, Diana Santana, ginecóloga-oncóloga.

 

¿Cómo fue el proceso de vacunación?

El proceso para vacunarse fue el mismo para todos. “Inicialmente traemos un consentimiento informado en el que se nos explica qué es lo que se nos va a aplicar, cómo y cuáles son los posibles efectos adversos”, cuenta Diana Santana, ginecóloga-oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología.

“Antes de la aplicación de la vacuna hubo dos personas que nos explicaron el paso a paso exacto de lo que podía pasar y qué podríamos hacer para disminuir los síntomas. Luego pasamos durante media hora a la sala de espera. El equipo de enfermería estuvo monitoreando los signos vitales y hubo un médico pendiente de cualquier tipo de eventualidad”, añade Santana.

Después de recibir la vacuna, Cielo Almenares, enfermera oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología, dijo que sintió un sabor metálico en la boca, “enseguida se lo informé a uno de los químicos farmacéuticos y les expliqué que en otra ocasión, con la aplicación de otro medicamento, sentí algo similar, pero estuve muy tranquila, el sabor pasó a los pocos segundos y estoy feliz, además, quiero hacer un llamado para decir que la vacunación es para beneficio de todos”.

 

De vuelta a la rutina

Los reflectores y los micrófonos de los diferentes medios nacionales que acudieron al Instituto Nacional de Cancerología en esta primera jornada de vacunación, fueron abandonando poco a poco la historia de Rocío Pérez, Víctor Hugo García, Diana Santana y Cielo Almenares.

Después de recibir la vacuna y contar de primera mano cómo ocurrió este evento tan esperado, los profesionales de la salud dieron vuelta y regresaron a su rutina diaria. La vacuna no genera incapacidad o algún tiempo de reposo más allá de los 30 minutos posteriores a la inyección que se pasan en una sala de espera.

Todos coinciden en dar un mensaje de optimismo y de confianza en este proceso que se inició el 17 de febrero en Sincelejo, Sucre, y que poco a poco llega a las ciudades capitales y avanza hacia las demás regiones del país.

“A medida que divulgamos cómo se están vacunando cientos de millones de personas en el mundo, viendo que las reacciones adversas han sido mínimas y la evidencia de la eficacia de la vacuna se ha ido demostrando con reducciones de mortalidad en Israel, particularmente (y ya llegará información de varios lados), la gente le dará confianza a la vacuna”, explica el javeriano Rosselli.

“Los medios de comunicación tienen un papel fundamental porque no son solo los médicos, los virólogos y epidemiólogos los que tenemos que andar afirmando que la vacuna es la salida; necesitamos la colaboración de los influencers, desde el Papa (que ya se vacunó), hasta los youtubers que abundan en las redes sociales”, añade.

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas. Gracias a ellas hemos dejado de padecer ciertas enfermedades, es el momento de confiar y aplicarse la vacuna apenas esté al alcance de cada uno”, finaliza la ginecóloga-oncóloga, Diana Santana.

Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Luego del proceso de extinción de dominio de la Hacienda Nápoles, los hipopótamos que en su momento trajo el narcotraficante Pablo Escobar a Colombia pasaron a ser responsabilidad de las autoridades regionales de ambiente, principalmente de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare – Cornare.

Desde 2007 se reportaron avistamientos de hipopótamos por fuera de la hacienda y dos años después se dio un intenso debate nacional, pues Pepe, uno de los paquidermos que se había escapado de la hacienda, fue cazado por orden de la Corporación Regional de Antioquia.

Esta acción contó con el visto bueno del Ministerio de Ambiente, pues resultaba una potencial amenaza para los habitantes del caño San Juan. Fue tal la polémica que la autoridad regional decidió suspender la caza y en 2012 el juzgado Doce Administrativo, a través de la sentencia No. 022, falló una acción popular prohibiendo la caza de estos animales, así que aunque sea una especie invasora, el hipopótamo legalmente está protegido.

 

Una especie invasora que sigue creciendo

Desde hace 14 años Germán Jiménez, profesor del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, sigue este tema. Sus investigaciones lo han llevado a trabajar con la autoridad ambiental regional Cornare y otros expertos nacionales y de Estados Unidos.

De estos ejercicios de investigación se derivó información para la más reciente publicación en la revista Biological Conservation  en enero de 2021. En términos generales muestra un panorama preocupante: “Hay una alerta muy grande desde el punto de vista ecológico y también socioeconómico, reafirmando lo que habíamos dicho en un artículo en la revista Oryx en 2019”, afirma Jiménez.

El estudio realizado en 2017 arroja una estimación entre 40 y 60 hipopótamos en Colombia y calcula un aumento entre 80 y 90 para 2018 y 2019, posiblemente ubicados entre Puerto triunfo y Yondó, ambos municipios de Antioquia.

Esto habla del crecimiento y la expansión territorial que han tenido los hipopótamos en solo década y media (cerca de 200 km hacia el norte). “Según los modelos se estimó que la población de hipopótamos, bajo la situación actual, crece a una tasa anual del 14,5 % y alcanzará su máximo crecimiento para 2034, con una población por encima de 1400 individuos” dice el documento.

Con esta amplia expansión, los paquidermos ya están en la jurisdicción de al menos dos corporaciones autónomas regionales, Cornare y Corantioquia, y posiblemente también estarán en territorios de Corpoboyacá, por la cercanía geográfica al Magdalena. Sin embargo, no hay hasta el momento intervención del Ministerio de Ambiente. “El Estado solo toma cartas en el asunto cuando lo llaman y la situación se vuelve caótica. El ministerio tramita algunas emergencias, pero luego se va y quien continúa cargando con todo el peso es Cornare”, afirma el investigador Jiménez.

Mapa-Hipopotamos

Este rápido crecimiento se da, según estas investigaciones, porque los hipopótamos en Colombia tienen condiciones más favorables en su entorno. En África, de donde son originarios, durante los periodos de sequía se reduce la concepción de crías y se aumenta la tasa de mortalidad por falta de alimentación y enfermedades causadas por el calor.

Por su parte, en el Magdalena Medio no tienen ninguno de esos problemas. La corriente del río es constante durante el año, tienen suficiente alimentación y presentan poco estrés por perturbaciones humanas. Adicionalmente, se están reproduciendo entre los cinco y seis años, una edad temprana si se compara con la madurez reproductiva de los africanos, que puede ser a los siete años.

 

Otros riesgos ambientales

Los hipopótamos permanecen sumergidos bajo el agua durante el día, por lo que se calcula que depositan el 50 % de sus heces en el agua, en este caso, las del río Magdalena, sus lagunas o riachuelos asociados. Estas deposiciones, sumadas a la agitación de sedimentos que producen por sus casi tres toneladas de peso, aumentan los fosfatos y la concentración de nitrógeno del agua.

Esto “puede tener un efecto prominente en la composición de la comunidad acuática, favoreciendo algunas especies y afectando negativamente a otros”, explica el artículo. Es el caso del manatí del Caribe, que actualmente está en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y coincide con zonas de reporte de hipopótamos.

Además, son potenciales transmisores de enfermedades zoonóticas y de parásitos, ya que son afectados por varias enfermedades bacterianas y virales, entre ellas la brucelosis, salmonelosis, triquinosis, tuberculosis y las garrapatas. “Algunas de estas enfermedades o parásitos podrían transmitirse potencialmente desde los hipopótamos a los animales salvajes y domésticos y, en última instancia, a los humanos”, señala el documento.

 

Un problema social y económico

Desde 2007, el Parque Temático Hacienda Nápoles, ubicado en Puerto Triunfo, Antioquia, genera actividades económicas formales e informales de las que también se benefician sus alrededores. Por ejemplo, en las calles y parques de Doradal, el municipio más cercano a la hacienda, se encuentran estatuas, artesanías, camisetas, peluches y todo tipo de artículos con forma de hipopótamos que atraen a los turistas y activan la economía de la población local.

 


Uno de los hipopótamos camina por las calles de Doradal – Fuente: El Tiempo

Pero también hay amenazas. Los investigadores alertan sobre el potencial peligro que corren las poblaciones cercanas, pues los hipopótamos son animales territoriales y agresivos. El portal Science Alert calcula que al año se producen unas 500 muertes humanas causadas por estos animales.

En Colombia no se registran muchos ataques y el más reciente se dio en mayo de 2020, cuando un campesino fue atacado mientas fumigaba. Además, otros habitantes de Puerto Triunfo han alertado sobre daños en alambrados, cercas y puertas de sus fincas.

¿Cuáles son las alternativas?

 Desde 2010, Cornare ha implementado un plan de manejo para los paquidermos que ha dado como resultado 10 individuos esterilizados y 5 reubicados en otras regiones.

Sin embargo, teniendo en cuenta el rápido crecimiento de esta especie, estas acciones resultarían insuficientes, pues los costos de esterilización por individuo sobrepasan los 20 millones de pesos e implica la participación de expertos y gran cantidad de equipos. Esto sin contar que es un procedimiento riesgoso para el animal y para quienes lo adelantan.

También se habla de la posibilidad de devolverlos a África, pero esto también representa grandes inconvenientes.
Según los investigadores, los hipopótamos son animales muy pesados, viven la mayor parte del día sumergidos y pueden correr hasta 30 kilómetros por hora. Estos factores hacen complicada y costosa cualquier opción de captura y traslado. Además, ven poco probable que las autoridades ambientales africanas los reciban, pues representan riesgos genéticos y de transmisión de enfermedades para su fauna nativa.

“Cualquiera que sea la estrategia, si contención, castración química o castración física, los hipopótamos van a seguir creciendo de manera exponencial y, según los modelos, serían más de mil en poco más de una década”, alerta Jiménez. “Por otro lado, cada vez va a ser más difícil contener a los animales porque serán más y estarán más dispersos” agrega.

El grupo de expertos e investigadores recomienda que si las medidas de control dispuestas hasta el momento, no funcionan, existe una opción menos popular: implementar un plan de cacería de control.

“Para nosotros el control de una especie invasora es un método que está ampliamente aceptado y soportado desde el punto de vista de investigación. Es efectivo porque estamos arrancando de raíz el problema”, afirma el profesor Jiménez, y explica que de no eliminar las especies invasoras, habría que aprender a convivir con ellas, pero eso implica sacrificar especies de nuestra biodiversidad de fauna y flora en favor de que exista la invasora, con los costos ambientales y económicos que ello implica.

“Es preferible invertir el dinero en la conservación de las especies nativas de nuestro país y no en una especie invasora”, Germán Jiménez

Cazar una especie tiene connotaciones éticas muy complejas de tratar en la opinión pública, como ocurrió con el sacrificio del hipopótamo Pepe, en 2009. Pero debería ser regulado por el Estado. “Esto no es un Safari. Es el Estado que por medio de la normativa debe autorizarlo bajo unas condiciones éticas, profesionales y de la mano de procesos pedagógicos con las comunidades de esta región y del país, para que se lleve a cabo de la mejor manera posible”, dice el investigador.

Se ha planteado la posibilidad de limitar la población a los terrenos de la Hacienda Nápoles e implementar un programa de crecimiento moderado, pero la última palabra la tiene un actor que ha estado ausente durante décadas: el Estado en el nivel nacional.

Los investigadores coinciden en que se requiere una acción urgente y son las instituciones estatales de más alto nivel las que deben organizar y dirigir, porque mientras más tiempo pase, más complicada y riesgosa se vuelve la condición de muchas especies de nuestra biodiversidad en el magdalena medio.

El viernes 19 de febrero a las 9:00 a.m. se desarrollará el foro Hipopótamos en la sala, en el que panelistas de la Universidad de los Andes y de la Pontificia Universidad Javeriana, discutirán sobre este tema. Puede ver ese evento aquí.

A denunciar las violencias de género en las universidades

A denunciar las violencias de género en las universidades

Camila* estudia antropología en una universidad de Bogotá y ha pedido a los miembros de la institución que la llamen por su nombre de registro, pues en los listados aparece como Andrés, apelativo que usaba antes de identificarse como mujer trans. “Yo no quiero que los profesores me digan ‘Andrés pase a exponer’ o lo que sea. Esto de verdad afecta mi salud mental y desarrollo personal”, dice. Los llamados han sido reiterativos, pero esta universidad no cuenta con un protocolo adecuado para ofrecer atención a su caso, a pesar de que estos son obligatorios en todos los centros de formación del país. Tanto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Ministerio de Educación exigen que las Instituciones de Educación Superior (IES) sean instituciones libres de violencia y de discriminación.

Linda Teresa Orcasita, psicóloga, magíster en familia y experta en temas de derechos sexuales y derechos reproductivos, asegura que situaciones como esta, en las que la falta de acción para acompañar a las víctimas de violencias basadas en género en las IES se vuelve común, han sido analizadas a nivel nacional y local. La investigadora agrega que algunos de estos estudios evidencian que cuando una universidad no tiene un protocolo o una ruta de atención clara frente a estas violencias, se incrementa la gravedad de la situación y de alguna forma se silencia y se invisibiliza. Durante los últimos años, Orcasita, estudiantes de comunicación y psicología, así como docentes del equipo de trabajo han puesto énfasis a esta situación para comprender a profundidad el manejo que le dan los centros universitarios a estos, especialmente donde ella trabaja: la Universidad Javeriana Cali.

Sofía**, por ejemplo, estudia en una universidad de Barranquilla y como muchos estudiantes tampoco se escapa de haber experimentado violencia de género en su academia. Tuvo una experiencia muy fuerte hace tres años que, en sus palabras, marcó su vida. Para ese momento tomaba una clase de historia en la que con frecuencia su profesor le hacía comentarios irrespetuosos. “Me molestaba durante la clase, me rayaba los brazos con marcador en modo jocoso, me tomaba fotos y en general tenía muchas actitudes que me hacían sentir incómoda. Yo no lo denuncié inmediatamente porque quería evitar problemas. Lo único que a mí me generaba tranquilidad era saber que el otro semestre no lo iba a volver a ver. Mucho más tarde me vine a enterar de la existencia de un protocolo para casos como el mío”.

Con el objetivo de implementar una estrategia de visibilización, apropiación y evaluación del Protocolo de violencias y discriminación en docentes y estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, y sobre todo para que casos como los de Camila y Sofía sean debidamente orientados, la profesora Orcasita, junto a un equipo de docentes y estudiantes, desarrollaron el proyecto Genera Cambio, con el que lograron evidenciar la necesidad de que el protocolo de la universidad tuviera un enfoque de género. Entonces, “nuestra propuesta fue visibilizar el enfoque de género para la detección de diversas expresiones de violencias basadas en género”, señala la investigadora.

Asimismo, a través entrevistas a 13 docentes y 250 encuestas a estudiantes de diversas facultades, encontraron que se requiere mayor sensibilización en el reconocimiento de tipos de violencias y rutas de atención que promuevan la no discriminación. “Tanto docentes como estudiantes pueden tener una idea básica del concepto de género, pero se quedan muchas cosas por fuera. Por ejemplo, si bien comprenden la definición, hay carencia de recursos para la identificación de situaciones en donde hay actos de violencia, pues no todos saben que hay diferentes tipos (violencia directa, estructural, cultural, simbólica, entre otras). Por eso, muchas de las personas que no denuncian, simplemente lo hacen porque no tienen claridad del momento en el que fueron violentados”, comenta  la experta.

 

Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.
Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.

 

Respecto al conocimiento que tienen los estudiantes acerca del protocolo, la investigación evidencia que, como Sofía, el 49% de los encuestados no lo conoce. Por su parte, el 6% afirmó haber escuchado de este, pero desconocer la ruta de atención. Un 13% aseguró conocer el funcionamiento del protocolo y un 6% dijo que lo había usado o conocía a personas cercanas que lo habían hecho.
Sofía cuenta que cuando finalmente usó el protocolo, básicamente lo que hizo fue contar lo que le había pasado y darlo a conocer por escrito, “pero nunca recibí ningún tipo de acompañamiento psicológico ni nada. Cuando todo pasó, yo no quería decir nada porque no me sentía segura. Luego muchos me echaron en cara que por qué no lo había hecho en el momento. En estos casos todos creen saber qué es lo que hay que hacer, pero vivirlo no es fácil”. Sofia agrega que incluso le preguntaban si estaba segura de querer denunciar al profesor, que si tal vez le había dado motivos con sus actitudes. “Me decían ‘piénsalo bien, por los efectos que pueda tener. Todos me metían mucho miedo”, recuerda.

Y es que esta mala costumbre tiende a repetirse especialmente con las mujeres. Según la investigación, de 43 estudiantes que reportaron haber vivido una situación de violencia de género, 37 se identificaron con el género femenino, 4 con el masculino y 2 personas de género diverso. Ahora bien, antes de alertar a la institución, Sofía le contó a uno de sus amigos de clase, “yo le decía a él que me esperara, que no me dejara sola en ningún momento con el profesor. Él y otro amigo fueron los que me impulsaron a denunciar”, expresa.

Con estas acciones parece que los compañeros y amigos son la primera opción para compartir lo sucedido. De hecho, 60% de los encuestados respondieron que en caso de ser víctimas de violencia de género acudirían a un amigo o amiga y menos del 15% a la decanatura o a la oficina de gestión estudiantil.

Las víctimas viven el temor de la catástrofe que les implicaría el hecho de delatar, no hay seguridad que les vaticine la tranquilidad que necesitan. “Los estudiantes tienden a ser incrédulos al reportar estos casos, piensan que no van a ser apoyados y que los protocolos no van a ser activados. Eso hace que exista miedo a denunciar”, expone la psicóloga Orcasita. Respecto a esto, a los encuestados se les preguntó sobre los aspectos que pueden impedir el reporte de casos de violencia de género. El 69,5% reportó que un aspecto sería ser ignorado por la universidad, 59,3% no sabría a dónde acudir, 57,7% tendría miedo a las represalias y el 41,9% por el desconocimiento de lo que es la violencia de género.

 

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Jugando aprendemos y nos cuidamos

Con este panorama, el equipo interdisciplinar de investigadoras Linda Teresa Orcasita, Andrea Lucia Medina, Elba María Bermúdez, Mónica Lozada, Liliana Tamayo, Tatiana Bejarano y las estudiantes María Camila García, Angelíca Orozco, Mayra Escobar y Paola Orozco crearon una campaña en redes sociales para promover el conocimiento de las violencias basadas en género y además diseñaron un prototipo de aplicación para jugar, interactuar, profundizar en el protocolo y evaluar tanto los conocimientos en violencias de género que tienen los usuarios como las actitudes que toman frente a la misma.

La aplicación se llama Violetometro. Según explica la profesora Orcastia, “lo que queríamos en gran parte con esta iniciativa era hacer saber a la comunidad que sí pueden denunciar y que los protocolos son reales, que sí existe una ruta de atención y que la universidad no avala ningún tipo de violencia que ocurra”. En esta App las personas podrán encontrar historias de vida y conocer las rutas que deben seguir en caso de estar experimentando cualquier situación similar. Además, el juego permite profundizar en los temas de interés y realizar un debate con amigos.

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Reconocimiento

El proyecto liderado por la investigadora Linda Teresa Orcasita es el resultado de la participación, junto a otras 56 propuestas, en una convocatoria del Ministerio de Educación y ONU mujeres. La iniciativa fue elegida dentro de las mejores siete estrategias de intervención alrededor de esta problemática, por lo que fue premiada por el Ministerio de Educación y La Presidencia de la República en una ceremonia que recibió el nombre de La noche de los mejores.

Orcasita asegura que lo más innovador fue pensar en una estrategia tecnológica, comunicativa y no sólo de orden investigativo, e incluir a gran parte de la comunidad educativa (docentes y estudiantes) para recoger sus percepciones. Aun así, es consciente de que quedan muchos retos. Para ella es necesario seguir trabajando e incluir a otros actores de la universidad que no tienen el cargo de docente o estudiante, y hacer del prototipo que diseñaron una realidad. “Aquí seguimos. Finalmente, con la divulgación del proyecto empezaron a llegar reportes de casos relacionados con el tema y eso nos hace seguir creyendo en que vamos por buen camino y que los esfuerzos están dando frutos”.

La invitación es a que las universidades se unan en la investigación para combatir estas situaciones y construir iniciativas colectivas que favorezcan a la academia.

* Nombre ficticio por solicitud de la fuente

La fianza, ¿una medida discriminatoria?

La fianza, ¿una medida discriminatoria?

Mediante los proyectos de ley 275 de 2020 del Senado de la República, 161 y 215 del mismo año de la Cámara de Representantes se propone establecer la fianza dentro del proceso penal colombiano y se dictan otras disposiciones. En principio, alternativas al encarcelamiento como éstas deben ser observadas positivamente como un cambio de paradigma en la actividad legislativa nacional, en procura de reivindicar los derechos de las personas privadas de la libertad y la búsqueda tendiente a satisfacer el estándar constitucional mínimo de una política criminal respetuosa de los derechos humanos, conforme lo señalado por nuestra Corte Constitucional en las sentencias que declaran el estado de cosas inconstitucional en el sistema penitenciario y carcelario.

La fianza pretende beneficiar a personas privadas de la libertad preventivamente, quienes a cambio del pago de una suma de dinero, no tendrán que cumplir su medida de aseguramiento en la cárcel.

Ahora bien, el proyecto de ley 161 de 2020 de la Cámara señala que la fianza solo procede para aquellos delitos que tienen prevista además la pena de multa. Importante precisar que la multa es una sanción pecuniaria que hace parte del derecho a castigar del Estado y que se impone de manera única principal o acompañante de la pena de prisión, como consecuencia del comportamiento reprochable, determinado a través de una sentencia condenatoria.

Sobre el cambio de la multa como pena principal, oportuna la reflexión de Rusche y Kirchheimer, directamente relacionada con la discriminación económica que puede acarrear la propuesta legislativa bajo examen, en donde se señala que quienes poseían dinero suficiente para pagar, podían librarse de las penas, mientras que los condenados indigentes (que constituían la gran mayoría en esos tiempos difíciles), estaban incapacitados para salvarse del tratamiento riguroso del derecho penal. Esta postura se asimila a la tesis sobre la discriminación por situaciones de pobreza respecto a la sustitución de la prisión por multa sostenida por la Suprema Corte de los Estados Unidos en los casos Tate Vs. Short, 401 U.S. 395 (1971) y Williams Vs. Illinois, 399, U.S. 235 (1970).

Para solucionar esta situación, se debe incluir la posibilidad de que la fianza pueda ser constituida a través de una póliza de seguros, disminuyendo así la carga económica de las personas que carecen de solvencia para sufragar el valor establecido en los tipos penales como pena pecuniaria – que según el proyecto de ley 161, servirá como parámetro para tasar la fianza. Igualmente, el monto de la fianza no puede ser inamovible, sino que debe ponderar la gravedad del delito y la capacidad de pago del sindicado – como se establece en los proyectos de ley 275 y 215 -, en donde además se amplía el ámbito de aplicación de la fianza para los delitos querellables, que son aquellos considerados como de menor entidad y cuya disponibilidad depende de la víctima, siendo está última la única que puede ponerlos en conocimiento de las autoridades. Así, por ejemplo, en casos de precariedad económica y menor gravedad delictiva en cuanto al daño ocasionado y la ponderación de los bienes jurídicos vulnerados, la fianza debe ser menor.

En definitiva, más allá de criticar la propuesta, consideramos importante formular sugerencias para mejorarla y permitir su viabilidad, sin convertirse en una medida discriminatoria.

 

* Semillero en Derecho Penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana

La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

Hace 86 años accedió por primera vez una mujer a la universidad en Colombia. Para ese entonces, ya llevaban más tres siglos funcionando las primeras universidades en el país. Solo con este dato se perciben diferencias en las condiciones que han enfrentado las mujeres en la vida académica. Desde hace ya algunos años, y desde diferentes ciencias, se ha investigado este fenómeno.

Helena Sutachan es pasante doctoral en el Instituto Pensar y su tesis doctoral trata sobre este tema. “Lo que se puede rastrear es que sí hay un aumento lento y progresivo de la presencia y de la visibilidad de las mujeres en los entornos académicos. Sobre todo, en algunas áreas específicas relacionadas con disciplinas del cuidado, ciencias sociales y humanas, pero también en las ciencias naturales y exactas”, dice. “Que el año pasado haya habido tres ganadoras del premio Nobel en las disciplinas de física y química, de alguna forma revela que sí se está dando una ampliación de la presencia de la mujer en el escenario académico internacional”, agrega.

Si bien las cifras de graduados a nivel nacional muestran que la mayoría son mujeres, para la investigadora hay otros espacios en los que la situación es diferente. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OcyT), de la planta docente universitaria del país el 37% son mujeres y representan el 36% de los investigadores. “Esto quiere decir que sí vamos bien pero que hay que trabajar más en la integración de las mujeres en los diferentes niveles del mundo académico”.

 

Para Sutachan hay un tema fundamental que define la presencia de la mujer en el mundo académico y pasa por el ámbito cultural. “Cuando uno crece convencido de que los niños son mejores para las matemáticas y las niñas son mejores para el arte y el cuidado, esa es la primera barrera”, afirma. “Esto hace que se desestimule en las niñas el interés por el acceso a la ciencia. Aunque eso ha venido cambiando, todavía pasa”. Las cifras parecen respaldarla. Según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior – SNIES, las carreras con mayorías femeninas son nutrición, sociología, las vinculadas a bellas artes, trabajo social, comunicación social y lenguas modernas. Mientras que las carreras con mayorías masculinas son las ingenierías, física, filosofía y matemáticas. Para María Alejandra Tejada, integrante de la Red Colombiana de Mujeres Científicas y asesora de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, esta elección es importante porque esta última serie de carreras, (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática, STEAM por sus siglas en inglés), son las que generan mejores salarios.

Para ambas investigadoras se puede hablar de paridad salarial en el mundo universitario y científico porque están estandarizados por escalafones muy detallados. Sin embargo, para Sutachan el nivel de formación juega en contra para las mujeres. El Ministerio de Educación Nacional reporta que entre 2010 y 2016 se graduaron 8.900 doctores en Colombia, en promedio, el 36% fueron mujeres. “Sí existe una brecha que no se representa en pagar menos por el mismo cargo, sino que la mujer tiene menos acceso al nivel de formación doctoral, entonces no puede aspirar a ese nivel salarial”, explica.

Otro factor que le parece conflictivo está relacionado con el uso del tiempo. Algunas universidades tienen política de incentivos económicos por investigación, así mientras más publicaciones, más ingresos. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE, viene desarrollando una encuesta sobre el uso del tiempo libre con la intención de medir cómo se reparten las labores del hogar dentro de las familias. “Lo que busca es medir quién hace qué, y muestra que las principales cargas de un hogar están más en las mujeres que los hombres, actividades denominadas en la economía del cuidado”, agrega Tejada. Esto resulta problemático para ambas investigadoras porque invertir más tiempo en temas de cuidado dentro del hogar, termina quitándole tiempo a la mujer para la producción investigativa y, por lo tanto, se ve reflejado en menores ingresos que sus pares. Algunos estudios demuestran que esta situación empeoró durante la cuarentena en 2020.

Esto se suma a un reclamo histórico de los movimientos feministas frente a su vida profesional y es la decisión de la maternidad. Muchas mujeres sienten que tener hijos se convierte en una limitante de las oportunidades en espacios de investigación y docencia. “Que a mí en una entrevista de trabajo, como me ha pasado, me pregunten que si quiero tener hijos o si pienso hacerlo próximamente, me indica que eso sería un problema frente a mí vinculación laboral”, asevera Sutachan. Asegura también que es necesaria una política que garantice que optar por la maternidad no sea un obstáculo para el acceso y permanencia de la mujer en estos espacios.

 

“En el rol de la mujer profesional versus el tema familiar, aún seguimos teniendo muchas brechas en el país”. María Alejandra Tejada, Vicerrectoría de Investigación

 

Una demanda que se ha visibilizado con mayor intensidad en los últimos años es la del abuso y acoso sexual que padecen muchas mujeres dentro de la academia. “Hay numerosos testimonios de estudiantes de pregrado o de nivel posgradual que en algún punto deciden dejar sus estudios o perder alguna oportunidad de una estancia o un trabajo que mejora su perfil porque detrás había un docente o investigador acosándolas”, relata Sutachan. Las redes sociales han sido claves para estas denuncias por la presión mediática que generan. Aunque menciona avances en la discusión, la investigadora ha encontrado que pocas universidades del país están generando protocolos y políticas para enfrentar esta situación. “Yo creo que esas resistencias eventualmente tienen que ir cediendo porque es un fenómeno que es real y amerita una intervención institucional cada vez más sólida”, enfatiza. Para ella, la universidad también debe ir reconociendo sus falencias en cuanto a las reflexiones sobre género y debe reconocer la dimensión patriarcal de algunas de sus políticas.

Resalta también que en políticas públicas hay avances positivos. En el último año se duplicaron los reconocimientos del programa ‘Para las Mujeres en la Ciencia’  pasando de siete a 14, priorizando las ciencias naturales y exactas. Además, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación creó el Fondo + mujer + ciencia, para la vinculación de la mujer al mundo científico e investigativo. Estos esfuerzos son bien recibidos por la investigadora, pero advierte que al mismo tiempo es necesario revisar otros factores. “Es importante que cualitativamente se revise cuáles son las circunstancias sociales y culturales que impiden que las mujeres alcancen unas trayectorias exitosas en la academia, y qué puede hacerse frente a eso”, afirma Sutachán. “Hay bastantes avances en México y en Chile; sobre todo se basa en ver las estadísticas, cuántas personas se presentan a las convocatorias de becas y posgrados, líderes de grupos de investigación, mujeres en cargos de docencia, en cargos directivos, de gestión, y es justamente cuando tú ves los datos que puedes construir las políticas y los lineamientos”, agrega Tejada. Así entonces se requieren políticas integrales que aborden diferentes frentes.

Son muchas las demandas de las mujeres en el mundo científico y académico que pasan por diferentes niveles y que no solo suceden en Colombia, sino que son discusiones que se están dando en todo el mundo. Algunas pasan por política pública, que según Tejada, el estado tiene herramientas y compromisos para cerrar las brechas de género como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer – CEDAW, la Declaración de Beijing o el punto 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. En otras son las universidades las encargadas de asumir y generar políticas institucionales para dar más garantías a las docentes, investigadoras y directivas. Y finalmente también son temas para discutir desde el ámbito cultural como sociedad.

A pesar de que falta mucho, Sutachan es optimista. “Ver a las mujeres desde el pregrado tan comprometidas con el movimiento feminista, me hace sentir una esperanza enorme. Cada vez son más estudiantes comprometidas no solo con su profesión y su disciplina sino con reconocer que son mujeres en un entorno que ha sido hostil hacia la mujer, históricamente hablando”, finaliza.

Durante esta semana la Red Colombiana de Mujeres Científicas realizará varios eventos para discutir algunos de estos temas. Aquí la agenda completa.