La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
El histórico enigma de la altura del Salto del Tequendama

El histórico enigma de la altura del Salto del Tequendama

“En uno de los libros de Kant, él habla del río Bogotá y menciona a Humboldt”.

Al escuchar esta frase, el genetista Alberto Gómez Gutiérrez, quien preparaba Humboldtiana neogranadina, la reconstrucción de los pasos de Alexander von Humboldt por el Virreinato de Nueva Granada, quedó perplejo. La convicción en las palabras del padre Vicente Durán Casas lo convenció, y de ahí surgió la propuesta de Gómez: “¿Por qué no escribe algo sobre Humboldt y Kant para el libro?”.

Fue un encuentro casual en el campus de la Pontificia Universidad Javeriana. Un saludo cordial, el breve intercambio de impresiones y la mención de esa curiosidad bibliográfica que sería semilla para resolver un enigma histórico.

“Siempre me llamó la atención que Kant se fijara tanto en la geografía, fue uno de los cursos que más dictó como profesor”, explica el padre Durán, quien, además de sus labores como sacerdote, es filósofo y teólogo javeriano, doctor en Filosofía de la Hochschule für Philosophie, de Múnich, y un estudioso de la obra del filósofo alemán Immanuel Kant, sobre el cual hizo su tesis de doctorado, y a quien leyó por primera vez en el Colegio de San Bartolomé La Merced: “Su argumentación era muy honesta. Se preguntaba si sus propios argumentos convencían, y los revisaba y los volvía a formular”, dice, recordando aquellos primeros pasajes leídos en La fundamentación de la metafísica de las costumbres.

Esa pasión lo condujo múltiples veces a la Biblioteca Mario Valenzuela, de la Javeriana, para sumergirse en la lectura de la obra crítica kantiana. Y fue en La geografía física, el compendio de las clases que el filósofo enseñó a finales del siglo XVIII, donde encontró las primeras pistas para resolver el enigma.

La primera fue una referencia escueta que Kant consignó en el párrafo 37: “Esperamos que gracias a Von Humboldt podamos llegar a conocer más de cerca una parte importante de América del Sur”. La segunda aparecería unas páginas después, cuando describe las caídas de agua más famosas y remata con una afirmación desconcertante: “La más alta del mundo es la del río Bogotá en Suramérica, que cae en vertical desde 1.200 pies”.

Ambos extractos llamaron poderosamente la atención del sacerdote, en especial porque, además de sus múltiples reflexiones y trabajos sobre la ética, la ciencia, la política, la religión y la estética, Kant fue líder mundial en la enseñanza universitaria de la geografía, sin siquiera haber abandonado su natal Königsberg (hoy Kaliningrado, un enclave ruso sobre el mar Báltico). “Allí llegaban muchos comerciantes y viajeros, y a él le gustaba recibirlos, hablar con ellos, conocer su mundo”, cuenta el padre Durán, revelando que aún más curiosa es la referencia a su compatriota, pues no hay evidencia histórica de un encuentro entre ambos: “Humboldt nunca fue a Königsberg y Kant nunca salió de allí, pero sí supieron el uno del otro”.

Con esta información, y decidido a cumplirle el reto a Gómez, el jesuita emprendió su propia investigación bibliográfica y archivística para determinar el origen de aquella mención del Salto del Tequendama. Y esto lo condujo a un descubrimiento mucho más apasionante: la afirmación de Kant contaba con una imprecisión técnica debido a múltiples traducciones. La fuente utilizada por el filósofo fue un libro del científico holandés Johann Lulof, de mediados del siglo XVIII, el cual, a su vez, se apoya en los reportes del explorador francés Pierre Bouguer, el padre de la arquitectura naval, durante los primeros levantamientos topográficos que hizo del río Magdalena hacia 1735.

En su observación original, Bouguer afirma que el Salto mide “de 200 a 300 toesas” de altura, pero la traducción trastocó ese valor. No se trata de un dato menor, si se tiene en cuenta que, para la época, los sistemas de medición no estaban unificados y cada país tenía sus propias unidades de medida. “Por ejemplo, el pie prusiano es más grande que el inglés porque se estandarizaba midiéndole el pie al rey. Era un caos la medición”, afirma el padre Durán.

Grabado de Alexander von Humboldt. 1810. Vues de Cordillères et monumens des peuples indgènes de l´Amérique. París: J. H. Stone, lámina 6.
Grabado de Alexander von Humboldt. 1810. Vues de Cordillères et monumens des peuples indgènes de l´Amérique. París: J. H. Stone, lámina 6.

Las guerras napoleónicas trajeron consigo la imposición, en buena parte de Europa, del sistema métrico decimal. Hoy se sabe que la toesa era una unidad francesa que equivalía a 1,94 metros, por lo que el Salto del Tequendama, según Bouguer, mediría “entre 389 y 584 metros de altura”, algo desproporcionado.

En esta pesquisa, el padre Durán se topó con el propio diario de viaje de Alexander von Humboldt, donde el naturalista alemán narra cómo el 27 de agosto de 1801 aceptó el desafío de medir, barómetro en mano, la altura de la caída de agua más representativa de la Nueva Granada. “El hecho que se ha afirmado durante largo tiempo —dice Humboldt— de que el Tequendama sea la más alta caída de agua del mundo es completamente infundado, pero yo creo que no existe ninguna caída de agua por la que se precipite y se e vapore tanta agua”. De este ejercicio, Humboldt determinaría la altura del Salto en 91 toesas, equivalentes a 177 metros de altura, otro dato errado si se tiene en cuenta que, en realidad, mide 157 metros.

Claro que aquel enigma histórico se convertiría en una nueva aventura personal para el jesuita: defender un valioso recuerdo de niñez, cuando su papá lo llevó a él y a sus hermanos, en un jeep, a presenciar la magnitud del Salto: “Estaba lleno de niebla fría. Uno veía el salto a la distancia, con una nube que lo tapaba; aparecía y desaparecía… Era un montón de agua, con un sonido que asustaba”.

Este recuerdo contrasta con la triste realidad de la actual cascada, cuyo cauce contaminado está regulado por las empresas que conforman el Embalse del Muña y transporta las aguas residuales de la industria y la agricultura bogotanas y de su sabana. La comparación ha llevado al padre Durán a impulsar el ideal de recuperar el esplendor del que alguna vez fue considerado —erróneamente— el salto de agua más alto y hermoso del mundo, tanto desde la academia, con la pronta inauguración del Instituto Javeriano del Agua, como desde la participación civil, a través de varias iniciativas comunitarias. “Tener una caída de agua tan bella con un río tan contaminado… y explicarles eso a los niños… que son aguas de la industria y de Bogotá, es un desafío ético”, concluye.


Para leer más:

  • Durán Casas. “Immanuel Kant, Alexander von Humboldt and the Tequendama Fall. Two Prussians linked by Geography”, en HiN, XIX, 36, 2018.
  • Durán Casas, S. J. “Kant, Humboldt y el Salto del Tequendama: dos prusianos unidos por la geografía”. En: A. Gómez Gutiérrez (ed.), Humboldtiana neogranadina, tomo III, Scientia. Escritos científicos y disciplinares. Bogotá: CESA, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad de los Andes, Universidad del Rosario, Universidad EAFIT, Universidad Externado de Colombia:, 2018, pp. 627-636.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Kant, Humboldt y el Salto del Tequendama: dos prusianos unidos por la geografía
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Vicente Durán Casas, S. J.
Facultad de Filosofía
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2018

Humboldt también tiene cabida en la FILBO 2019

Humboldt también tiene cabida en la FILBO 2019

Los caminos de herradura en medio de la vegetación cambiante de las cordilleras andinas, los valles extensos, las caídas de agua, los volcanes de lodo, las sabanas, los árboles y las flores, la fauna, los pobladores… Como si se volviera en el tiempo, al Reino de Nueva Granada de inicios del siglo XIX, hoy se puede recorrer el biodiverso territorio colombiano.

Esta experiencia puede vivirse a través de la exposición museográfica ‘Cuadros de la naturaleza: Retratos de un viajero’, que recrea el recorrido que el naturalista alemán Alexander von Humboldt hizo por la geografía nacional hace 200 años. Los visitantes a la edición 2019 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá son los espectadores de lujo del viaje que tomó lugar hace 200 años, inició en la bahía de Cispatá, en el actual departamento de Córdoba, y concluyó en el volcán Azufral, en Nariño.

La exhibición reproduce el material descrito en Humboldtiana neogranadina, la colección de libros de gran formato sobre los pasos de Humboldt por territorio colombiano, cuya edición lideró el académico Alberto Gómez Gutiérrez, profesor de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, y contó con el apoyo editorial de las universidades Externado de Colombia, CESA, EAFIT, Andes y Rosario; la colección se publicó el año pasado con el sello de la Editorial Javeriana.

A la exposición en la FILBO, situada en la sala anexa al Auditorio José Asunción Silva, en Corferias, se sumaron el Instituto Humboldt, que aportó buena parte de su colección biológica y bibliográfica sobre el naturalista alemán, y el programa Humboldt en las Américas del Instituto Goethe.

Pesquisa Javeriana acompañó al profesor Gómez Gutiérrez para desentrañar algunos de los secretos de este apasionante recorrido.

Un año lleno de ciencia e historias

Un año lleno de ciencia e historias

Acabamos de vivir un año intenso en todo sentido, en el cual no solo definimos un nuevo rumbo en Colombia para el próximo cuatrienio, también vibramos con los triunfos de nuestros deportistas, nos sorprendimos con novedosos descubrimientos, sufrimos con tragedias y trabajamos, a nivel personal, por lograr cada una de las metas propuestas.

Para Pesquisa Javeriana, 2018 fue un año lleno de inmensos retos representados en nuevos proyectos, la posibilidad de ofrecerles a nuestra audiencia nuevos formatos y la firme confianza en contar historias, con el más alto rigor periodístico, y con las cuales buscamos que la ciencia saliera del aula, del libro y del laboratorio donde se construye.

¿Con qué objeto? Para que cualquier persona, en Colombia o en otro lugar del mundo, con un saber profundo sobre ciertos temas o con una curiosidad sencilla, pueda acceder al conocimiento forjado desde la Pontificia Universidad Javeriana y aplicarlo a su vida cotidiana, con la esperanza de que así no solo encuentre las respuestas a las preguntas que lo agobian: también para que genere nuevas preguntas, y acepte el reto de responderlas.

Ha sido un año especial, en el que abordamos cuestiones tan importantes para la vida diaria como el acoso femenino en el transporte público, nuevos y esperanzadores tratamientos en salud, innovaciones en transporte lunar, los desafíos del arte, entre muchos otros temas.

Por ello, queremos compartirles nuestras mejores historias, esperando que nos sigan acompañando en este 2019 lleno de renovados desafíos y proyectos, en los que queremos seguir trayendo la ciencia javeriana al alcance de todos. Y, por supuesto, en el que nos embarcaremos en nuevas y apasionantes historias.


1.
Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

/Lisbeth Fog Corradine
/Lisbeth Fog Corradine

Todo está dispuesto para que el presidente Iván Duque cree el nuevo Ministerio de la Ciencia. Sin embargo, desde inicios de 2018, Pesquisa Javeriana viene advirtiendo del profundo y estructurado desorden que vive el sistema de ciencia y tecnología en el país, al igual que ha analizado sus profundos retos. En su columna, Lisbeth Fog, nuestra editora general, abordó esta cuestión desde el germen mismo de esta nueva institucionalidad científica: Colciencias.


2. Efectos de hidroeléctricas: urge una visión integral

/Cortesía, The Nature Conservancy
/Cortesía, The Nature Conservancy

La emergencia de Hidroituango puso sobre la mesa el riesgo de este tipo de proyectos tanto para las poblaciones cercanas como para el medio ambiente. Por ello, destacamos las graves consecuencias ambientales que tiene para la Depresión Momposina la construcción de los proyectos hidroeléctricos en la cuenca del río Magdalena-Cauca.


3. El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

2018 Arbitro
/Joan Philip Charry

El Mundial de Fútbol Rusia 2018 nos llevó a indagar sobre la relación que la ciencia ha tenido con el deporte rey. Así nos sumergimos en la investigación de Andrés Rosas, decano de Economía de la Javeriana, sobre el posible favoritismo de los árbitros hacia el equipo local, el cual se manifiesta con mayor frecuencia al añadir tiempo de reposición si éste va abajo en el marcador.


4. Marco, el vehículo javeriano en la Nasa

/Cortesía, Giovanni Viteri
/Cortesía, Giovanni Viteri

Un desafío planteado por la Nasa llevó a 15 estudiantes javerianos de Diseño Industrial a desarrollar, en tiempo récord, un vehículo espacial para recorrer la superficie de cuerpos celestes en futuras expediciones espaciales. Así revivimos las vertiginosas horas de este desarrollo que concursó con otras propuestas internacionales.


5. Siguiéndole los pasos a Humboldt

/Cortesía, Editorial Javeriana
/Cortesía, Editorial Javeriana

2018 fue el año para recordar la obra del naturalista y expedicionario alemán Alexander von Humboldt. Y fue gracias a Humboldtiana neogranadina, la voluminosa reconstrucción liderada por Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana, sobre los viajes que el científico europeo realizó a nuestras tierras a comienzos del siglo XIX, que Pesquisa Javeriana realizó un especial periodístico sobre su memoria.

En este podcast nos centramos en el desafío de reconstruir los pasos de Humboldt casi dos siglos después.


6. La educación no salva a las niñas

/Joan Philip Charry
/Joan Philip Charry

Ser mujer en Colombia es una labor complicada. Las constantes denuncias de violencia de género, manifestadas en cuestiones como el acoso sexual en el transporte público, han llevado al país a adoptar legislaciones especiales para proteger a la mujer, pero es un trabajo en el que falta mucho por hacer. Aún quedan problemas estructurales como esta investigación desarrollada por las investigadoras javerianas Luz Karime Abadía y Gloria Bernal, sobre la desventaja que las niñas deben enfrentar desde el salón de clase y que puede comprometer su futuro.


…Y una mención especial

/Joan Phillip Charry - María Paula Ramírez
/Joan Phillip Charry – María Paula Ramírez

Dentro de las metas que nos propusimos para 2018 estuvo siempre el desafío de construir puentes entre la comunidad científica y la población. Y una de nuestras mayores felicidades se produjo cuando Viviana Garzón, estudiante de grado Once en el Colegio Rural El Uval, en Usme, llamó a nuestras oficinas para preguntarnos sobre el retamo espinoso.

Esta sencilla indagación nos llevó a organizar, de la mano de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Javeriana, una jornada académica en esta institución escolar, en la cual los académicos javerianos le enseñaron a la comunidad las estrategias para controlar esta especie invasora.

Las postales de Humboldt

Las postales de Humboldt

Ayer, en las instalaciones del Museo Nacional, se presentó al público Humboldtiana neogranadina, la obra de cuatro tomos y seis volúmenes que recoge los pasos, hallazgos y la obra del naturalista y científico alemán Alexander von Humboldt durante su expedición por nuestro territorio a inicios del siglo XIX. Patrocinada por cinco universidades y con el sello de la Editorial Javeriana, esta colección fue liderada por el genetista Alberto Gómez Gutiérrez, director del Instituto de Genética Humana, aficionado a la literatura de viajes y experto en reconstruir el trabajo de distintas expediciones científicas en el país.

Humboldt arribó al continente americano hacia mediados de 1799, acompañado por el botánico y médico francés Aimé Bonpland. Su intención, en un principio de aventurarse por las maravillas geológicas del Nuevo Mundo, adquirió una nueva dimensión a medida que fue conociendo más de cerca el trabajo que José Celestino Mutis había venido registrando desde 1783 con la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

El científico prusiano, que había estudiado las técnicas del grabado en la Academia de Artes de Berlín, decidió continuar su recorrido hacia el interior, lo que lo condujo, en una primera estadía, al río Orinoco, y posteriormente a los valles, montañas, mesetas y poblados neogranadinos. En todos ellos fue dejando un testimonio pictórico de sus hallazgos y, por supuesto, de su viaje, que Pesquisa Javeriana presenta a continuación:


Riveras del Orinoco

Galería Hum 1

En abril de 1800, Humboldt, Bonpland y una comisión conformada por eruditos neogranadinos y exploradores indígenas, llegó al Río Negro (en los actuales territorios del Guainía, Colombia). El objetivo del científico prusiano era ser el primer hombre en medir con exactitud, a través de observaciones astronómicas, el vínculo de aguas entre la Orinoquía y la Amazonía.


Volcancitos de Turbaco

Galería Hum 2

Es la primera imagen publicada por la expedición de Humboldt en nuestro territorio. En 1801, después de un breve periplo por La Habana, el naturalista europeo atracó en el golfo de Morrosquillo; tras su estadía en Cartagena, se dirigió a la población indígena de Turbaco, donde consignó sus impresiones sobre el paisaje tropical y las poblaciones locales; también hizo descripciones y análisis químicos de estos volcanes de aire.


Río Magdalena

Galería Hum 3

El objetivo de Humboldt era dirigirse hacia Santa Fe, para encontrarse y dialogar con Mutis. Durante el trayecto, realizó apuntes y un croquis de las aguas del río Magdalena, con la intención de elaborar, posteriormente, un mapa más detallado.


Casa de José Celestino Mutis

Galería Hum 4

Para julio de 1801, Humboldt y Bonpland llegaron a Santa Fe, la capital del Virreinato, donde se reunieron con los principales científicos e ilustrados neogranadinos. Ambos se hospedaron en la casa de José Celestino Mutis (en el actual sector bogotano de San Victorino) y estuvieron en la ciudad por cerca de dos meses debido a un malestar sufrido por el expedicionario francés. Esta fotografía fue fechada en 1866, cuando la propiedad pertenecía a Soledad Acosta de Samper.


Laguna de Guatavita

Galería Hum 6

Humboldt y Bonpland recorrieron la Sabana de Bogotá y consignaron sus impresiones del paisaje montañoso, la flora y la fauna. De hecho, el naturalista alemán describió por primera vez al capitán de la Sabana, pez nativo del río Bogotá, y lo bautizó Eremophilus mutisii en honor a Mutis. Al llegar a Guatavita, quedó gratamente impresionado por el paisaje de la laguna, al punto de no solo ilustrarla sino comentar brevemente su pasado (el boquete con el que los conquistadores intentaron desecarla para extraer las piezas de oro que los indígenas depositaban en sus ritos) sino también examinar la composición química de sus aguas.


Salto de Tequendama

Galería Hum 5

A finales de agosto de 1801, la expedición de Humboldt se dirige hacia el sur de Santa Fe. Tras un breve recorrido por Soacha y sus alrededores, llegan al Salto de Tequendama donde el científico prusiano intenta, al arrojar rocas desde la cima y calcular su tiempo de caída, medir la altura total de la cascada. Más tarde registraría los restos fósiles de mastodontes en las montañas circundantes.


Cargueros del Quindío

Galería Hum 8

A inicios de octubre de 1801, la expedición de Humboldt, que se dirigía hacia Popayán, entró en tierras quindianas. Más allá de su trabajo botánico y sus apuntes sobre la geografía y la fauna, la indignación del científico se disparó al conocer a los cargueros: indígenas que se ganaban la vida cargando a criollos en sillas atadas a sus espaldas. En este grabado, aparece una silla vacía: la que dejó Humboldt como símbolo de protesta.


Cascada del río Vinagre

Galería Hum 9

Un mes después, Humboldt y su expedición llegan a Popayán. Tras una corta estadía enfilan rumbo hacia el volcán Puracé, pero en el trayecto descubren las aguas del río Vinagre, un afluente tan cargado del azufre volcánico que no alberga peces. En el diario de viaje quedó consignado que el ácido de la cascada irritó los ojos de los viajeros. Después, los viajeros se dirigieron hacia Pasto y, de allí, a tierras ecuatorianas.


Geografía de las plantas de Ecuador

Galería Hum 010

Considerado por la comunidad científica como uno de los más grandes aportes de Humboldt a la cartografía, este esquema propone una clasificación de la flora según su piso térmico. Es, de hecho, el símbolo del trabajo humboldtiano.

El lenguaje de Humboldt

El lenguaje de Humboldt

Col Gomez C

“En tiempos de nuestro viaje, un viejo papagayo nos fue indicado en Maypures,
del que los habitantes locales decían, y el hecho es importante de anotar, que
ellos no entendían lo que decía, porque hablaba la lengua de los atures”.
Alexander von Humboldt
Relation historique du voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent


“En las selvas del Orinoco,
vive solitario un viejo papagayo,
frío e inmóvil, como si su imagen
hubiera sido esculpida en la piedra.
Olas espumosas cubren el cavernoso río,
que truena en los vuelos del torrente,
más arriba, las gráciles palmeras
se bañan en la luz de un sol alegre.
[…] Abajo, donde ruedan las olas,
yace una nación hundida y muerta;
rechazada de su hogar y tierras,
halló refugio en estas rocas.
Allí murieron los aturianos,
libres y valientes como habían vivido;
y sus últimos vestigios permanecen
en la tumba bajo el limo espeso del río.
Es aquí donde el último de los aturianos,
el viejo papagayo, se queja en su duelo;
afila su pico en las ramas
y hace resonar su grito por los aires.
Ay! de los niños que le enseñaron
a repetir su lengua materna,
y de las mujeres que lo criaron
construyéndole su nido:
Yacen exterminados y olvidados,
tendidos sobre las riberas,
y sus gemidos plañideros
no despiertan ya a nadie.
Así, abandonado e incomprendido,
los llama en un lenguaje extraño;
sólo el ruido de las olas le responde.
No hay un alma que comprenda.
Y el salvaje hoy que lo percibe,
pasa raudo en su canoa;
nadie, sin un secreto terror
ve al papagayo de los aturianos”.
Ernst Curtius
The Parrot of the Aturians

Alexander von Humboldt, como el papagayo de los aturianos descrito en el epígrafe anterior, le habla a nuestros contemporáneos en un lenguaje que parece no comprenderse hoy. Un lenguaje que el académico alemán Ottmar Ette analizó bajo el título de Ciencia, paciencia y conciencia. Este lenguaje, aparentemente arcaico en una sociedad vertiginosa de inmediateces, logró concretar y sintetizar en el siglo XIX —muy pacientemente a través de tres cuartos de siglo verdaderamente vitales— las ilusiones holísticas que habían surgido en la antigua Grecia con las elaboraciones de los filósofos presocráticos.

El lenguaje del menor de los Humboldt en el siglo XIX buscaba conectar el todo, investigando cómo se entretejen todas las fuerzas naturales en una concatenación general que no tiene una dirección simple y lineal, unívoca, sino que conforma un tejido entrelazado en forma de red.

En este sentido, puede parecer paradójico haber presentado en esta obra una sucesión lineal y escalonada de capítulos disciplinares que, tras dar cuenta del paso a paso de la comisión humboldtiana y sus contactos neogranadinos y luego colombianos, tratan de manera independiente la cartografía, la astronomía, el paisajismo, la arqueología, la zoología, la paleontología, la geografía e hidrología, la antropología, la geología y la botánica. De la misma manera, parecería un contrasentido haber desagregado los hallazgos específicamente neogranadinos de su obra global que cubrió al menos dos continentes y postuló conceptos fundamentales, como las líneas isotermas y la geografía de las plantas, en diferentes latitudes y longitudes.

Sin embargo, tanto como el prusiano llenó paciente y conscientemente, página por página, sus diarios de viaje y cuadernos de notas, hemos optado por esta misma estrategia en torno a lo descrito en un territorio que no ha terminado de definir sus límites dentro de fronteras que son más políticas que geográficas. La reunión de los eslabones neogranadinos (o colombianos) a partir de la obra de Humboldt, una vez dispuesta sobre la mesa la mayoría de los elementos disponibles para configurar esta sección del entramado humboldtiano, permitirá tejer la red de nociones biogeográficas y sociales para este territorio —y para los circundantes— tal y como lo requiere el modelo propuesto por el viajero alemán.

A través de hallazgos disciplinares, en lo que hemos llamado una Humboldtiana neogranadina, se relacionan los componentes percibidos por Humboldt en su paso por territorio del Virreinato de la Nueva Granada entre 1800 y 1803, así como en sus correspondencias entre 1804 y 1859 con diferentes protagonistas decimonónicos del naciente país que se llamó Colombia. Esta misma estrategia, que permitirá a los estudiosos de cada disciplina —y a los totalizadores de la ecología— ajustar la trama de la naturaleza meridional, servirá a los historiadores de la ciencia para dar cuenta de un tejido social relativamente desconocido hasta el presente, cuyos componentes se han descrito previamente de manera fragmentada y, diríamos, sesgada, bajo el signo de las luchas políticas más que bajo el de contiendas intelectuales y científicas.

Después de todo, la mayoría de los neogranadinos citados por Humboldt se conocen solo desde el ángulo de su función sociopolítica en las luchas de la independencia, y muy poco en sus eventuales dimensiones complementarias, incluyendo la dimensión científica.

Una red de hallazgos disciplinares humboldtianos en los dominios de la naturaleza neogranadina, sumados a la red de contactos neogranadinos y colombianos que se presenta en los primeros tomos de esta obra, permitirán consolidar a Alexander von Humboldt como uno de los mayores conectores universales que ha producido la humanidad. Pero, en realidad, más allá de una nueva exaltación hagiográfica de este personaje histórico, esperamos que la presente elaboración aporte elementos clave al estudio del desarrollo de nuestra sociedad a través de una de las más abundantes series de contactos y personajes del siglo XIX, sintetizada en un índice onomástico que incluye cerca de 2.000 individuos, entre los que se deben destacar un número que sobrepasa los 250 personajes, explícitos o genéricos, que interactuaron con el prusiano en (o en torno al) territorio que hoy comprende Colombia en la esquina norte de Suramérica.

Siguiéndole los pasos a Humboldt

Siguiéndole los pasos a Humboldt

Bibliotecas, archivos históricos, documentos impensados, lienzos y grabados. Cientos de documentos pasaron por las manos de Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, en una búsqueda académica que, al final, se convirtió en un reto personal: reconstruir los pasos del naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt en su expedición, a inicios del siglo XIX, por los territorios de hoy conforman Colombia.

Lo que en 2010 fue un pedido del padre Vicente Durán Casas, por entonces vicerrector académico, de preparar una breve conferencia sobre la obra de Humboldt, fue despertando la pasión de este genetista por las expediciones, los viajes y la ciencia. “Decidí  ir más allá de lo que el padre Vicente me había pedido, y dije: ‘Bien, vamos a sacar un libro, para explicar muy bien por qué vino’”, rememora Gómez, quien, para entonces, había terminado de publicar A impulsos de una rara resolución, una exploración pormenorizada sobre el viaje que José Celestino Mutis había emprendido al Nuevo Reino de Granada, y sobre las decisiones que precipitaron su prolongada estadía y derivaron en la Real Expedición Botánica.

Durante los siguientes ocho años, Gómez viajó por bibliotecas y archivos de nueve países, también habló con expertos que le ayudaron a recabar piezas originales, datos y toda la información sobre la expedición de Humboldt. Toda su investigación fue reunida en Humboldtiana neogranadina, la colección de cuatro tomos y cinco volúmenes, editada por la Editorial Javeriana y con el patrocinio de otras cinco universidades (CESA, EAFIT, Andes, Rosario y Externado), que este jueves 30 de agosto se lanzará al público en el Museo Nacional.

La obra, escrita y dirigida por Gómez, también cuenta con el aporte de académicos como Carl Langenbaek, vicerrector académico de los Andes, o Jorge Arias de Greiff, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, entre otros.

Pesquisa Javeriana habló con los protagonistas de esta reconstrucción histórica, quienes compartieron algunos retratos de Humboldt, el viajero que, desde la ciencia, aportó a que el naciente Estado aprendiera a conocerse a sí mismo.