Observación de aves, un aporte a la ciencia

Observación de aves, un aporte a la ciencia

Muchas veces sin saberlo, con sus fotografías, dibujos y notas, los observadores de aves contribuyen a conocer más sobre las diferentes especies que cruzan su mirada cada vez que participan en una salida de campo. Ataviados con binóculos, grabadoras, cámaras fotográficas, lápiz y libreta, sus registros dan cuenta del lugar donde las vieron, su forma y sus colores, sus costumbres y, en general, las características de su observación.

Esta actividad forma parte de lo que se llama ciencia ciudadana o investigación participativa, en las que el público general apoya con sus vivencias, conocimiento y recursos visuales —como dibujos y fotografías de las especies— o auditivos —como las grabaciones de sus cantos— a quienes, desde la academia, se encargan de analizar dicha información. Cada vez son más los observadores de aves en un país que, como Colombia, ocupa el primer puesto en diversidad de este grupo —más de 1.900 especies—, y cada vez serán más, porque incentivar el avistamiento de aves se ha convertido en una política de gobierno. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha promovido la actividad como un renglón más de ingresos para el país, y anunció que espera recibir unos 15.000 observadores en 2017.

En el mejor momento para la actividad, sale entonces a la luz pública el segundo volumen del Libro rojo de aves de Colombia, que describe el estado de amenaza en el que se encuentran muchas de las especies que, si no se hace nada al respecto, ya no estarán allí para los observadores de aves… y menos para generarle ingresos a Colombia. “De toda la sociedad colombiana depende que esta avifauna tenga un futuro o se extinga”, dice Luis Miguel Renjifo, principal autor de la obra y científico y observador de aves. “Pero lo que es aún más delicado es que con su desaparición dejarían de cumplir sus papeles ecológicos como dispersores de semillas, polinizadores, controladores de plagas y en general reguladores de los ecosistemas”.

Tabla


El Libro rojo de aves de
Colombia es el resultado de una
investigación muy compleja,
que fue posible gracias a la
colaboración, lo que implica
diferentes tipos de fortalezas
investigativas y actores, en
la cual la ciencia ciudadana
cumple un papel importante
al aportar datos de difícil
obtención”.
Luis Miguel Renjifo,
autor principal


Detrás de la publicación

Para llegar a editar los dos tomos, los integrantes del grupo núcleo, como lo llama Renjifo —actual vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana—, han trabajado desde el año 2008, todos sin duda apasionados por la naturaleza y por las aves. Para el primer volumen, que incluye las aves de los bosques húmedos de los Andes y la costa Pacífica, siete investigadores hicieron los análisis con base en los modelos de distribución de las especies generados por Jaime Burbano y Jorge Velásquez —dos de los investigadores del grupo núcleo— y en las fichas que produjeron colaboradores expertos; en el volumen dos, que se concentró en ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos, continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos del centro, norte y oriente del país, cuatro de ellos continuaron la labor.

Y si bien este segundo volumen completa la información de todo el país, esta labor no termina. Es necesario hacer un seguimiento para conocer el progreso o retroceso del estado de conservación de las especies, explica la coinvestigadora del Libro rojo y profesora de cátedra de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Ángela María Amaya-Villarreal, porque las especies pueden cambiar de categoría a través del tiempo. “Por ejemplo —dice— al comparar nuestros resultados de este segundo volumen con el Libro rojo de aves del 2002, notamos que 15 especies entraron por primera vez a alguna categoría de amenaza y cuatro pasaron de la categoría Preocupación menor a Casi amenazadas. Además, siendo Colombia un territorio tan biodiverso, con relativa frecuencia se descubren nuevas especies, y algunas de ellas no acaban de ser descritas cuando ya están siendo sujetas al análisis de riesgo de extinción, y resultan amenazadas”.

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El ecólogo Jorge Eduardo Botero, observador de aves y promotor de los ‘censos navideños’ (ver recuadro), fue uno de los 104 colaboradores que se encargaron de escribir las síntesis con la información de cada especie para esta segunda entrega, lo que incluye el nombre científico, el común en español y en inglés, la ecología (hábitos, tipo de hábitat, dieta, etc.), el tamaño de la población (en algunos casos), las amenazas que enfrenta (por ejemplo pérdida de hábitat, cacería, tráfico ilegal, contaminación) y medidas de conservación tomadas. Para hacerlo, consultó diferentes fuentes de información científicas, así como la plataforma eBird, proyecto desarrollado por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell y la Sociedad Nacional Audubon, de Estados Unidos, que tiene versión en español y donde los observadores de aves pueden subir la información obtenida en sus salidas de campo, incluso de las aves que visitan su jardín.

Por su parte, el grupo núcleo de investigadores escribió la sección ‘Situación de la especie’, donde se encuentra el análisis de riesgo de extinción (con la categoría asignada) y los mapas de distribución y de idoneidad de hábitat de cada especie. Decenas de fotógrafos aportaron sus mejores tomas, que Daniel Uribe seleccionó para el libro. Cuando no había fotos, el artista Robin H. Schiele se encargó de dibujar las ilustraciones originales.

Para que una especie persista en el tiempo debe tener resueltas sus condiciones mínimas de sobrevivencia, y esa es obligación de varias instituciones del país, como las Corporaciones Autónomas Regionales. “Con este libro sabemos qué especies están amenazadas, por qué, dónde están, y sugerimos desarrollar medidas para evitar su extinción”, dice Renjifo, haciendo énfasis en que, además de la participación para la obtención de datos, los “esfuerzos de conservación pueden ser promovidos por la ciencia ciudadana”.

Los conteos navideños son una iniciativa que busca generar información para conocer el estado actual y los cambios que puedan tener las poblaciones de aves a lo largo del tiempo en lugares específicos, además de fortalecer el conocimiento y la generación de herramientas adecuadas para el manejo y la conservación de la avifauna.

La Sociedad Caldense de Ornitología coordina generalmente el desarrollo y recolección de datos de los censos navideños en Colombia, en los que participan expertos y ciudadanos interesados en observación de aves.

Los ciudadanos aportan a la ciencia

Fueron muchas las personas que aportaron información para hacer los análisis de este libro. Aparte de los 104 colaboradores antes mencionados, cientos de ciudadanos aportaron sus registros de observación de las especies. Esta participación colaborativa permitió recopilar la información que sirvió de base para evaluar el riesgo de extinción de las aves. “Sin esta valiosa participación ciudadana sería muchísimo más difícil lograr una investigación tan compleja como esta, considerando que, para hacer los análisis de riesgo de extinción, se requiere de información que se obtiene a varios niveles que no podría ser generada por un equipo de pocos investigadores. Además, otro aspecto que resultó muy beneficioso de esta colaboración fue acceder a registros que no necesariamente están publicados en artículos científicos o en bases de datos”, explica Amaya-Villarreal.

Sin duda, la mayor motivación de los ciudadanos, expertos y no expertos, para participar en esta investigación ha sido su pasión por el estudio, la ecología y la conservación de las aves. Fueron aportes ofrecidos de manera desinteresada y voluntaria a través de correos electrónicos dirigidos a los investigadores, o por medio del ingreso de la información obtenida por ellos, como resultado de sus salidas de campo, a plataformas de captura de información en línea como eBird o xeno-canto.

“eBird Colombia fue una fuente importante de registros recientes y confiables con los cuales pudimos construir los modelos de distribución de las especies, información muy importante para los análisis del riesgo”, continúa Renjifo, aunque confiesa que de todas maneras fue necesario invertir mucho tiempo en ‘limpiar’ los datos pues con “registros de baja precisión se obtienen modelos ecológicos de baja precisión”.

Fotografa aves

El encanto de las aves

“Hay una razón muy importante para que la apreciación por las aves sea muy alta, y es que ellas viven en el mismo mundo sensorial de los seres humanos: vemos los mismos colores, escuchamos el mismo rango de sonidos y la comunicación de las aves entre ellas se hace a través del sonido y de señales visuales, como en nuestro caso”, explica Renjifo.

Desde hace diez años, el médico veterinario Daniel Uribe creó Birding Tours Colombia, para promover el avistamiento de aves. Dice que desde los siete años las está observando; actualmente es un gran conocedor. Británicos, estadounidenses, canadienses, japoneses y de muchos países europeos vienen en grupos para salir a ‘pajarear’ por todo el país bajo su guía. “Las aves son indicadores importantes del estado de conservación y manejo del ecosistema”, dice.

En Colombia existen grupos de ciudadanos interesados en aves en los que, por lo general hay un ornitólogo. Además de los censos navideños y los de aves acuáticas, que se realizan en unas fechas específicas del año, casi todas las asociaciones de ornitología ofrecen salidas de campo periódicas. Cada vez son más los colombianos que madrugan a observar los pájaros despertando y cantando al asomarse el sol; y cuando se acostumbran a sistematizar la información obtenida y la comparten, se convierten en científicos ciudadanos. Y es que “para poder defender y conservar hay que conocer; y para poder conocer hay que amar”, concluye Uribe.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Libro rojo de aves de Colombia
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Luis Miguel Renjifo
COINVESTIGADORES: Ángela María Amaya-Villarreal, Jaime Burbano-Girón y Jorge Velásquez-Tibatá
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales; Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible; Instituto de Investigación de Recursos Biológicos, Alexander von Humboldt; Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, Ideam; Red Nacional de Observadores de Aves, RNOA; BirdLife International, y Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2008-2017

Libro rojo de las aves de Colombia

Libro rojo de las aves de Colombia

Los gorriones

El trinar de los gorriones entró por la ventana abierta,
pero yo desperté lleno de brumas: casi hasta el amanecer
busqué palabras sin provecho de belleza.
Los gorriones cantan una cascada
de notas rápidas y precisas.
Ellos ya resolvieron su problema
y cantan por oficio de sus cuerpos,
pero no los veo entre las espesas ramas del ficus.
Quizá ya se fueron,
quizá ya no existen gorriones en el mundo
y ahora el canto que persiste
es el gorrión verdadero, la dulce materia
de los gorriones que se extinguieron.

José Watanabe

Desde siempre el hombre ha sentido una profunda fascinación por las aves. Pinturas, poemas y canciones de variadas culturas y épocas así lo demuestran. Su variedad y belleza, sus colores, y el hecho de que la gran mayoría sean diurnas, incita a su observación. Las labores de muchos colombianos, algunos académicos y otros aficionados observadores de pájaros, son en buena parte la materia que alimenta el Libro rojo de las aves en Colombia, cuyo primer volumen, Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica, saldrá publicado el próximo mes de noviembre. En esta región se concentran las tres quintas partes de las especies amenazadas del país. Un siguiente volumen versará sobre las aves en riesgo de extinción en el resto de Colombia.

En entrevista para Pesquisa, Luis Miguel Renjifo, líder del grupo investigador, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, precisó que en nuestro país, que alberga la avifauna más diversa del mundo ―por la complejidad de su geografía― y donde se conocen 1.877 especies de aves, los datos sobre sus características, hábitats y formas de vida son escasos. “La gente no creería lo difícil que es obtener la información para hacer este tipo de investigación, ni lo costoso que resulta, o el tiempo que toma, por eso el libro rojo 2013 involucró las labores de cerca de doscientas personas que ven hoy este resultado como algo suyo”, nos contó Renjifo.

Para entender mejor lo que significa este estudio, el investigador nos ilustró sobre el origen de los libros rojos en el mundo. Estos fueron publicados por primera vez gracias a la iniciativa de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en los años sesenta, época en que se tomó conciencia del peligro de extinción de algunas especies. Esos libros estaban basados en opiniones de expertos y, por tanto, en criterios subjetivos que reflejaban el estado del conocimiento en su momento. Con el paso del tiempo la UICN desarrolló un sistema de evaluación de riesgo de extinción para varias especies a partir de categorías y criterios objetivos de carácter cuantitativo y, por ende, de validez mundial. De esta manera se puede comparar hoy el riesgo de extinción, por ejemplo, de una ballena con el de la urraca chocoana.

Justamente con base en ese sistema el grupo de investigadores realizó estimaciones cuantitativas de parámetros como tamaño poblacional, extensión de presencia, rango de ocupación y disminución de hábitat, cuyos resultados fueron consignados en el Libro rojo de las aves de Colombia de 2002.

La metodología de la UICN se apoya en un sistema de categorías y criterios que permite evaluar el riesgo para especies cuando se cuenta con diferentes grados de información y llegar a resultados coherentes y comparables entre especies distintas. Bajo un criterio se examina si la población de la especie está disminuyendo muy rápido, independientemente de su tamaño; otro criterio analiza si la distribución de la especie es muy pequeña (esto es, que solo exista en un área de pocos kilómetros) y se encuentra en disminución, y bajo otro criterio se analiza si la población de la especie es pequeña y además está decreciendo. La aplicación de esta metodología pudiera parecer un proceso conceptualmente sencillo, pero requiere un gran acervo de conocimiento para su utilización, nos explica Renjifo.

Los estudios de extinción deben realizarse periódicamente

En 2008 Renjifo y su grupo consideraron que era tiempo de realizar un nuevo análisis del riesgo de extinción de las especies de aves. Cinco años es el tiempo recomendado para repetir este tipo de evaluaciones y el país había experimentado cambios que lo ameritaban. “Durante la investigación de 2002 no se vislumbraba la expansión en la producción de biocombustibles ni el boom minero y energético que vinieron después, y que podrían tener un efecto negativo en las poblaciones de aves en Colombia. También del lado positivo algunas regiones del país han experimentado una recuperación de cobertura boscosa”, comentó Renjifo.

Era necesario entonces hacer un seguimiento de las poblaciones de aves amenazadas y evaluar si las medidas a favor de su conservación habían tenido éxito, o si por el contrario era preciso refinar las políticas. Por otra parte, las herramientas de investigación habían evolucionado introduciendo métodos como el modelamiento de nicho para hacer evaluaciones más precisas que las realizadas en 2002. “Una vez se cuenta con los puntos geográficos en los que fueron avistadas las aves, esta información se complementa con datos sobre condiciones climáticas, de altitud, etc., de tal manera que donde sea posible reconstruir estas condiciones se inferirá que se puede encontrar allí la misma especie. Así se recrea un modelo de nicho”, nos explicó el investigador. Por último, la publicación del anterior libro rojo estimuló el desarrollo de nuevas investigaciones sobre las especies amenazadas, de modo que se contaba con más información, así como con otra sobre nuevas especie.

Sin embargo, todos esos datos se encontraban dispersos en libros, artículos e informes, así como en observaciones personales no publicadas; por eso el grupo investigador realizó una amplia convocatoria. Se llevaron a cabo 11 talleres para ornitólogos y observadores de aves en diferentes partes del país, se hicieron invitaciones personales y se desarrolló una plataforma en Internet para que los interesados pudieran poner allí su información. De ahí que este libro tenga 95 autores que suministraron información de cada una de las especies, siguiendo los lineamientos entregados por el grupo investigador conformado por los biólogos María Fernanda Gómez, Jorge Iván Velázquez, Gustavo Kattan, Juan David Amaya, Ángela María Amaya-Villarreal y el ecólogo Jaime Burbano, para la edición 2013.

Geográfico Agustín Codazzi posibilitó el acceso del equipo a la versión digital del mapa de ecosistemas de Colombia. Por último, la Pontificia Universidad Javeriana apoyó el proyecto institucional y económicamente de principio a fin.

Un libro para todos

En la obra se analizan 118 especies, incluidas todas las pertenecientes a los bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica que estaban en el libro anterior, y otras que podrían estar amenazadas. No están incluidas aves que son comunes o muy adaptables a los cambios en su medio ambiente, como los copetones o las mirlas. Treinta especies de aves no se habían analizado antes y 30 son endémicas de Colombia (solo existen en nuestro país). Como era de esperarse, la situación para algunas aves es crítica y de las medidas que se adopten en los próximos años dependerá su supervivencia. En otros casos, la situación de algunas aves mejoró en relación con el libro de 2002.

De cada ave hay una hermosa fotografía en color, y en los casos en que fue imposible obtenerla el ave se representa a través de una ilustración de gran calidad y detalle. Luego el libro da a conocer, para cada ave, los lugares en donde puede encontrarse, las características de su hábitat, cuántas hay, de qué se alimentan, cuánto viven y cómo se reproducen. Para esta síntesis se contó con la ayuda de los 95 colaboradores cuyos nombres aparecen en el libro.

Luego se presenta la evaluación del riesgo de extinción de la especie, en la que intervienen los siete autores principales. En esta se describen las amenazas que enfrenta la especie, por ejemplo, pérdida de hábitat, cacería, comercio, contaminación, etc., así como las acciones de conservación emprendidas, como programas de cría en cautiverio, y si el rango de distribución de la especie incluye áreas protegidas. Cada sección finaliza con unos mapas que ilustran la distribución de la especie en el país, así como la pérdida del hábitat y distribución del hábitat remanente. En otro mapa se señala la idoneidad del hábitat.

Estas características del libro apuntan a lograr la comprensión de un público diverso, de acuerdo con Luis Miguel Renjifo, desde el observador de aves, hasta una autoridad ambiental y un ornitólogo. No obstante no se trata de una cartilla, ya que posee datos duros producto del análisis científico. El diseño del libro agrupa la información más compleja en recuadros o subtítulos que pueden ser saltados sin desanimar la lectura del público lego.

Para saber más:
» BirdLife International. disponible en: https://www.birdli fe.org/. recuperado en: 15/09/2013.
» Hilty S. L. & Brown, W. L. (2001). Guía de las aves de Co- lombia. Cali: Sao, Universidad del Valle & american Bird Conservancy (aBC).
  • »  renjifo, L. M., gómez, María F., Velázquez, J. I., Kattan, g., amaya, J. d., amaya, Á. M. & Burbano, J. (2013). Libro rojo de aves de Colombia. Volumen I: Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.
  • »  “the IUCN red List of threatened Species”. disponible en: https://www.iucnredlist.org/. recuperado en: 15/09/2013.
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