La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
El botánico que aboga por la ciencia a todo nivel

El botánico que aboga por la ciencia a todo nivel

Además de ser botánico y desempeñarse como presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN), Enrique Forero González es, a la vez, el más solidario con la clase política y con la comunidad científica del país, y el más crítico cuando se trata de aportar en las discusiones y enderezar el camino que recorren la ciencia, la tecnología y la innovación colombianas.

Solidario porque, como presidente de la Academia desde 2013 y reelegido dos veces por sus colegas, ha logrado una mayor visibilidad del quehacer científico, ha empoderado a la Red Colombiana de Mujeres Científicas y a los jóvenes que ya llevan un primer recorrido en la investigación científica, ha fortalecido los capítulos regionales de la Academia, forma parte de diversas entidades internacionales de ciencia donde representa a Colombia y promueve proyectos que dejan huella en el país, como las actividades realizadas sobre Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas, por mencionar solo algunas de sus gestiones como dirigente gremial.

Y crítico porque ha logrado posicionar a la Academia como un fuerte interlocutor en los temas de política científica, en un año en el que se aprueba la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, se discute su estructura, se lanza la Misión Internacional de Sabios, existe la oportunidad de proponer y debatir una política científica de Estado —no de gobierno— y se revisan temas financieros para el sector de la investigación y la innovación científica.

Se le han escuchado frases como “Colciencias perdió el norte: hace muchas cosas y la idea es que se concentre en lo que sabe hacer bien, que es financiar la investigación”, refiriéndose al papel de esta entidad en el marco de una nueva institucionalidad que incluye al Ministerio de CTI. En un documento que publicó en 2016, luego de referirse a la importancia de la ciencia básica para la investigación en salud, en ambiente, en temas energéticos, gestión del riesgo y educación, remató: “En este contexto, aunque constantemente se dictan normas, parecen escritas para detener el desarrollo científico del país”.

Sus críticas son escuchadas: es un invitado de primera fila por el mismo Colciencias, por el Congreso de la República, incluso por la propia Casa de Nariño, en tanto lleva la vocería de la comunidad científica colombiana y sabe que este es el año. Ahora o nunca.


¿Quién es Enrique Forero? Una mirada rápida

Se graduó como botánico en la Universidad Nacional de Colombia e hizo su doctorado en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, becado por el Jardín Botánico de esa ciudad, donde tuvo como maestro al botánico Ghillean T. Prance.

“Yo hice el primer estudio florístico del Bosque de las Mercedes, que queda dentro de la reserva Van der Hammen, entre 1963 y 1965”, dice, recordando la que sería la primera de muchas pesquisas que ha adelantado en su vida porque luego lideró la investigación florística del Chocó, entre 1973 y 1982. Por aquellos años también sistematizó el Herbario Nacional Colombiano y más tarde sería uno de los fundadores de la maestría en sistemática para el área de taxonomía animal y vegetal de su alma mater.

Su ‘niña consentida’, además de su hija Sandra —y ahora sus dos nietos—, ha sido la familia de las leguminosas, “porque ahí están los fríjoles, las habas y las arvejas, así que tienen una gran importancia económica, pero además porque es una de las familias más ricas en especies del mundo y en Colombia están muy bien representadas en todos los climas”, afirma.

Su curiosidad por esta familia de plantas lo llevó a formular su pregunta de investigación, que realmente fueron muchas, entre ellas: ¿qué hay en Colombia? ¿Dónde están? ¿Cómo se llaman en términos científicos y nombres comunes? ¿Para qué sirven? ¿Cómo se clasifican? ¿Cómo lucen? ¿Cómo se pueden reconocer en el campo? Y si bien no ha descrito especies nuevas de leguminosas, —aunque sí de otras familias—, 25 plantas llevan su nombre, como un homenaje que le han hecho profesores y estudiantes. El mismo Prance le dedicó una planta del Chocó que bautizó Dichapetalum foreroi.

Y entre ellas, la Calliandra o carbonero, esos pequeños árboles que producen una flor que parece una explosión de destellos rojos y se asemeja a los pomos con que las mujeres dan color a sus mejillas, ha sido su objeto de estudio. “Me dediqué a las mimosoideas en general y a Calliandra en particular, viajé por la región andina y los llanos coleccionando calliandras y publiqué varios artículos; me convertí en el especialista de las mimosoideas colombianas”.


Ciencia, ¿para quién? ¿Y para qué?

Forero inaugura hoy el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana con la conferencia ‘Ciencia, ¿para quién?, ¿y para qué?’. Como adelanto, responde:

¿Para qué? “El conocimiento se necesita. Tenemos que incrementar el conocimiento de la naturaleza que nos rodea y entenderla mejor; el científico trabaja basado en la curiosidad y cada uno de nosotros escoge una partecita de esa naturaleza para entenderla mejor”. Aclara que está hablando de todas las disciplinas: “Estamos en una campaña mundial para romper las barreras entre las ciencias sociales y humanas y la ciencias naturales”.

Congreso EF 1

¿Y para quién? “Para todo el mundo, para la sociedad. A nosotros nos mata esta cosa de que tenemos que ser innovadores y competitivos, ¿cómo puede serlo uno si no ha estudiado las cosas y no las entiende? Hay muchos proyectos que tienen un impacto en la sociedad directa y muy rápidamente —de cinco a 10 años—, pero de nuevo: ciencia para la sociedad que se beneficia con todo ese nuevo conocimiento”.

Esto es solo un abrebocas porque su participación profundizará en estas respuestas. Forero destaca la investigación javeriana porque muchos de sus científicos han logrado pasar de la investigación básica a la aplicación en la sociedad. Hablará del Ministerio e insistirá en que la articulación del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación es fundamental en la estructura ministerial. “Si el Ministerio no entiende que su labor es articular lo que está pasando en ciencia en el país, no vamos a ninguna parte. Les hemos insistido y lo repetimos en todas las reuniones a las que nos convocan”.

Forero y sus académicos hacen propuestas desde sus vivencias y se asesoran de expertos nacionales e internacionales con el fin de formular las mejores ideas para la toma de decisiones que garanticen un mejor futuro para Colombia.

 


La conferencia inaugural de Enrique Forero en el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana se realizará hoy, miércoles 11 de septiembre a las 8:00 a.m. en el auditorio Alfonso Quintana, S.J., del Edificio Jorge Hoyos, S. J. Usted puede seguirla por streaming a través de nuestro perfil en Facebook.

El arte de describir el mundo con trazos

El arte de describir el mundo con trazos

Nadie ama lo que desconoce y mucho menos cuando no existe alguien que se encargue de mostrar que eso no solo es capaz de transformar cómo se ve la vida, sino también de narrar la historia de la humanidad. Por eso, Juan Pablo Vergara Galvis, profesor de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, ha dedicado más de 30 años de su vida a enseñar que las manos de los artistas pueden ser guiadas por los ojos del botánico y el zoólogo para hacer arte con trazos.

La cita está agendada de dos a tres horas por semana para encontrarse con jóvenes de diversas facultades de la Javeriana y mostrarles en cada sesión su pasión por la ilustración científica: el arte de describir el mundo a través del dibujo. Cada estudiante llega a la clase con un lápiz y papel; a partir de recursos gráficos, como diapositivas y copias con diseños impresos de especies botánicas, Vergara les enseña las formas que deben seguir.

Asisten de 20 a 30 estudiantes por clase, algunos de ellos pertenecen a colegios jesuitas y que inscriben esta asignatura con el propósito de definir si se dedicarán a este arte por el resto de sus vidas. Además, una de las actividades predilectas del docente javeriano consiste en llevar a los jóvenes al Jardín Botánico José Celestino Mutis, en donde les enseña a bocetar la estructura de hojas, follajes y diversos perfiles de vegetación.

Durante cada encuentro, este bogotano de 64 años discute con sus alumnos cómo ilustrar conceptos de biología, botánica o zoología, por mencionar algunas disciplinas, porque, según él, primero es necesario aprender a observar el mundo para posteriormente ilustrar y hacer de esta actividad un recurso sublime de narración gráfica. Tal y como lo señalaba el científico francés Yves Coineau: “El dibujo es una forma de expresión tan preciosa para la morfología como el lenguaje hablado lo es para la filosofía”.

I. Botánica 1
Las sesiones en el Jardín Botánico José Celestino Mutis, de Bogotá, son esenciales para que el profesor Vergara explique los aspectos fundamentales del trazo a sus estudiantes.

Con sus botas de escalador, Vergara entra al salón e inicia la clase. Uno a uno, sus alumnos hacen silencio mientras él acomoda una bufanda sobre su camisa a cuadros color azul; un sorbo de agua y está listo, empieza con una frase del francés George Cuvier, reconocido como el padre de la paleontología: “Sin el arte del dibujo, el desarrollo de la historia natural no hubiera sido posible”. ¿Qué quiere decir? ¿Qué significa esa afirmación en el contexto en el que se cree que la fotografía “ha reemplazado” al dibujo? ¿Cuál es la importancia del arte?

Si bien la ilustración científica se empezó a gestar en Europa desde la época del Renacimiento, los siglos XVIII y XIX fueron decisivos para el surgimiento de los primeros viajes y expediciones en las Américas, lo cual permitió el desarrollo de la historia botánica en el país.

Colombia fue uno de los primeros países suramericanos del siglo XVIII donde se empezó a hablar de una tradición histórica sobre ilustración botánica, cuenta el profesor Vergara durante su clase. Y menciona a José Celestino Mutis, a su juicio el precursor de este arte con el trabajo que realizó en la Real Expedición Botánica (1783 a 1816), en el cual produjo un inventario de la naturaleza que tenía el Virreinato de Nueva Granada durante el reinado de Carlos III de España; a este empeñole siguió la Comisión Corográfica, de 1850 a 1859, en cabeza del italiano Agustín Codazzi. Durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta comienzos del XX, Colombia es recorrida por cerca de 140 exploradores, la gran mayoría europeos, muchos de ellos también dibujantes

La Expedición Botánica le permitió al país clasificar y registrar 2.708 especies de plantas y 974 anatomías en 7.618 dibujos de gran formato, monocromos y coloreados, y en 40 óleos sobre especies animales y grupos étnicos –llamados “fauna cundinamarquesa”–, según narra Vergara; para lograrlo fue necesario el trabajo de muchos dibujantes y pintores.

Su experiencia de más de 30 años como ilustrador, le ha permitido a Juan Pablo Vergara desarrollar un ojo experto hacia el más mínimo detalle botánixo y zoológico.
Su experiencia de más de 30 años como ilustrador, le ha permitido a Juan Pablo Vergara desarrollar un ojo experto hacia el más mínimo detalle botánixo y zoológico.

Así fue como la influencia traída por los españoles al continente permeó el oficio de la ilustración con un estilo lúgubre, originario de las pinturas religiosas y de la nobleza de aquella época. Sin embargo, gracias a las exploraciones hechas por los científicos, la interpretación de la ilustración cobraría después un nuevo significado con la botánica.

“El inventario de la ilustración botánica, obtenida luego de la Expedición Botánica, fue de 104 cajones de especímenes colectados, dibujos y grabados, de los cuales hay solo 1.270 piezas firmadas”, recuerda el profesor javeriano, quien añade que su gusto por el dibujo inició desde muy pequeño y por eso decidió estudiar Biología en la Universidad Nacional y Bellas Artes en la Academia de Artes Guerrero de Bogotá, para posteriormente poner en práctica sus habilidades como dibujante en el Jardín Botánico José Celestino Mutis.

Este maestro, como muchos lo reconocen, sabe muy bien que para ilustrar no solo se necesita disposición y voluntad, también “un deseo ferviente por investigar, conocer, amar, proteger y administrar la biodiversidad del país”. Por eso, pasar noches enteras en el herbario de la Universidad Nacional durante los años 80 le permitió entender que la labor de los botánicos, astrónomos y científicos durante la Expedición Botánica fue el primer paso para transformar la ilustración en Colombia y, por ende, el punto de partida para la apertura de instituciones que se encargaran del patrimonio natural del país.

La Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia fue la primera academia de este tipo fundada en 1867, seguida del Instituto de Ciencias Naturales de la misma universidad, la Oficina de Longitudes y Fronteras en 1902 –conocida ahora como Instituto Geográfico Agustín Codazzi– y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt en 1993, entre otros.

Así luce el trabajo del profesor Vergara.
Así luce el trabajo del profesor Vergara.

Aunque su particular candado blanco sobre su rostro es una de sus características más evidentes, el profesor Vergara se destaca por la firmeza de sus manos, la seguridad con la que traza líneas, la calidad de sus obras y la paciencia que desborda cuando de educar se trata. Pero, ¿cómo entender que todavía es vigente una clase de ilustración botánica en una época en la que día a día nacen nuevos dispositivos tecnológicos con altas capacidades para capturar imágenes instantáneas?

A pesar de los enormes progresos tecnológicos ocurridos durante los últimos años, como la creación de la primera cámara fotográfica en 1826, el primer computador digital en 1940, el surgimiento de la era del internet en 1969 o el desarrollo de aplicaciones móviles como Instagram, en 2010, con la cual se pueden capturar y publicar fotografías inmediatamente, la perspectiva de un ilustrador científico presenta detalles y cuestiones de precisión en los trazos que ni aún estas innovaciones son capaces de exponer.

“Sin desvirtuar a la fotografía, resulta bastante complicado, a veces imposible, mostrar los diversos temas de la Ilustración científica con todo el detalle, volumen y textura que requiere”, reconoce Vergara. En ese sentido, la mano del hombre ha plasmado las huellas que él mismo ha dejado sobre la Tierra desde sus inicios; un ejemplo es la fuente de información arrojada por las pinturas rupestres en Colombia de los abrigos rocosos de Chiribiquete, o las presentes en el Desierto del Sahara datadas de hace más de 4.000 años.

Gif Armadillo

En ese sentido, la educación en arte y la responsabilidad que hay tras ello fueron dos de las tantas motivaciones que llevaron a Vergara a dedicarse a la docencia. De 1992 a 1994, mientras este ‘cachaco’ estudiaba arte y trabajaba como dibujante en el Jardín Botánico de Bogotá, la reflexión sobre su trabajo y la pasión por compartir su conocimiento lo llevaron a perfeccionar su técnica en la ilustración de plantas y animales para darlo a conocer a jóvenes interesados en desarrollar la ilustración como un medio para comunicar la ciencia, los mismos que ahora asisten a sus clases.

“Esto ha sido mi modo de vida por más de 30 años, con altos y bajos, pero he llegado a ver que la ilustración es fundamental en la comunicación por la frase ‘una imagen vale más que mil palabras’”, concluye.