La UCI del Hospital San Ignacio, con las alarmas encendidas

La UCI del Hospital San Ignacio, con las alarmas encendidas

Un tema que ha cobrado gran importancia en la opinión pública por estos días es la ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos para pacientes con Covid-19. En las últimas semanas varias capitales del país superaron el 80% de ocupación. Según la Secretaría de Salud de Bogotá, para la atención de la pandemia la ciudad contaba al 26 de julio con 1.445 camas, de las cuales 1.356 son usadas (una ocupación del 93,2%) para el cuidado crítico. Es por esto que autoridades del orden nacional, distrital y expertos tienen las alarmas encendidas pues la curva de contagio aumenta de manera significativa.

Frente a este panorama, Pesquisa Javeriana habló con el doctor Luis Carlos Triana, jefe de la Unidad de Cuidado Intensivo del Hospital Universitario San Ignacio para conocer más sobre la situación de la atención hospitalaria.

¿Qué es una UCI? ¿Qué sucede allí?

Una Unidad de Cuidado Intensivo es un lugar, dentro de un hospital de tercer o cuarto nivel de atención, con una infraestructura física, recursos tecnológicos y humanos, que permite la atención de pacientes que presentan una condición clínica con alteración importante de la funcionalidad de uno a más órganos, por lo que requieren monitoreo (control) continuo y en muchos casos soporte con dispositivos y medicamentos de mayor complejidad o cuidado en su aplicación, para su recuperación.

¿Cuáles son los requerimientos de personal, máquinas e implementos para atender la pandemia del Covid-19?

Según los datos recogidos en estos casi siete meses, la mayoría de los pacientes no requieren atención y cuidados distintos a los de una resfriado o gripe común. El 15 % de los infectados requieren hospitalización y el 5% presenta un cuadro más severo, requiriendo ingreso a la unidad de cuidado intensivo. Esta unidad requiere, aparte de la infraestructura física, camas especiales, salida de gases medicinales (oxígeno y aire) vacíos para succionar, diversos equipos como ventiladores mecánicos, monitores de signos vitales y variables hemodinámicas, cardiodesfibriladores, medicamentos, vías de acceso venosa y respiratorio, entre otros. En cuanto al talento humano, médicos especialistas en cuidado intensivo, enfermeras profesionales y fisioterapeutas especializadas en la atención de pacientes críticos, auxiliares de enfermería con experiencia en pacientes críticos, personal de servicios generales de aseo y alimentación con entrenamiento específico para trabajar en estas áreas. También personal de logística para mantenimiento preventivo de los equipos. Sumado a todo lo anterior y en el contexto de la pandemia, los elementos de protección personal que utilizamos los profesionales para protegernos del riesgo del contagio.

¿Cómo se atiende esta situación desde el Hospital San Ignacio?

Desde el inicio de la pandemia, el Hospital Universitario San Ignacio se ha preparado para enfrentarla. Inicialmente elaboró un plan de contingencia para esta situación coyuntural mediante un proceso de educación al personal sobre el uso correcto de los elementos de protección y sobre las particularidades de la infección por COVID-19, con énfasis en la atención del paciente crítico, mediante una revisión multidisciplinar sobre las guías de diagnóstico, atención y tratamiento de esta condición clínica. Adicionalmente se llevó a cabo una reorganización en algunas áreas, tanto de hospitalización como de cuidado intensivo para atención exclusiva de estos pacientes. También se compraron y alquilaron equipos adicionales y se recibieron algunos en comodato del Gobierno Nacional.

Al 18 de julio de 2020 el hospital ha notificado 3.239 pacientes, de los cuales 2.392 son negativos y 847 positivos para SARS-COV-2.

¿Está funcionando la estrategia creada por las autoridades en Bogotá para la atención de pacientes contagiados?

Ha funcionado, en especial en lo referido a seguimiento y control de casos incluida, la cuarentena general y ahora las sectoriales, así como los programas de atención domiciliaria. En cuanto a las Unidades de Cuidado Crítico, la Secretaría de Salud de Bogotá ha trabajado de la mano de las instituciones de salud, tanto públicas como privadas, aumentando la capacidad instalada de unidades de cuidado intensivo, entregando a varias instituciones, incluida la nuestra, nuevos ventiladores mecánicos. Sumado a lo anterior, mantiene un monitoreo estrecho de la ocupación de las unidades, lo cual le permitió hace un par de semanas decretar la alerta naranja y centralizar el manejo de las camas libres de cuidado intensivo favoreciendo la referencia de los pacientes y eliminando la barrera del aseguramiento. En mi opinión se ha realizado un gran esfuerzo para mejorar la cobertura en la atención y la contención del virus.

Las autoridades han encendido las alarmas sobre la posibilidad de tener que elegir a qué pacientes se debe dar prioridad en el uso de respiradores por la alta demanda. Otras voces dicen que se trata más de una estrategia de persuasión para inculcar el autocuidado y que es poco probable que se llegue a ese punto. ¿Es real esa posibilidad?

En las últimas 3 semanas, hemos visto un aumento del número de contagios, lo que genera aumento de los casos severos que requieren la atención en las unidades de cuidado intensivo. El porcentaje de ocupación de las UCI en Bogotá ha estado sobre el 90%, presentado unos días de alta ocupación con trabajo intenso y permanente. Para la posible sobredemanda de pacientes, las instituciones de salud, en la medida de sus posibilidades, han desarrollado planes de expansión para así aumentar la oferta de camas de cuidado intensivo. Con este esfuerzo, desde los hospitales y la Secretaría de Salud, sumado a la cuarentena sectorizada y las otras medidas como la del distanciamiento social, esperamos no llegar a este colapso funcional.

En caso de presentarse esta situación extrema, la toma de decisiones en el Hospital Universitario San Ignacio sigue los principios confesionales que nos caracterizan con una base ética bien establecida (basada en la justicia distributiva, transparencia y beneficencia).

La posibilidad de llegar a un momento en que debamos elegir, ante igual gravedad, a qué paciente se le da prioridad para ventilación mecánica asistida es cierta, como se ha visto en varios países, esperamos y hacemos todo lo posible por evitar ese momento. Si llega el caso aplicaremos estándares éticos y científicos.

El mensaje final que dejaría a los lectores, sin generar miedo o pánico, es que el enfrentamiento de esta pandemia nos corresponde a todos, a las instituciones de salud cumpliendo su labor de cuidadores, pero también a toda la sociedad, recordando la importancia que tiene la situación actual y el no olvidar las medidas fundamentales, como el lavado de manos, el distanciamiento social y llevar tapabocas, que son las medidas demostradas en disminuir el número de contagios.

 

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

Los 25 proyectos seleccionados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación entre 531 propuestas recibidas de siete departamentos del país están en marcha y tienen poco tiempo para arrojar resultados.  Buscan enfrentar la pandemia de la COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas de gran impacto en la salud pública, por medio de posibles soluciones para la prevención, el diagnóstico, el monitoreo y el tratamiento de los pacientes afectados.

Los científicos colombianos han ido ejecutando esos 26 mil millones de pesos de financiación en proyectos que ya tenían un buen grado de avance en cuanto a metodologías o prototipos desarrollados para otros fines pero que eventualmente podían ser adaptados a los requerimientos de investigación demandada por la situación que generó el SARS-CoV2.

El SENA se unió más tarde con seis mil millones de pesos adicionales para beneficiar a siete proyectos más. Así, en total son 32 propuestas que en la convocatoria Mincienciaton avanzan rápidamente para lograr su objetivo y hace unos días presentaron virtualmente sus adelantos.

Como informó Pesquisa Javeriana en la edición 51, cinco proyectos que propuso la Pontificia Universidad Javeriana fueron aceptados, cuatro de la sede Bogotá y uno de la seccional Cali.

Los 32 proyectos presentados demuestran que la ciencia es motor de desarrollo, dijo la científica javeriana Susana Fiorentino; demuestran que en el país hay “capacidad para generar conocimiento propio con impacto directo en nuestra sociedad, que permita la independencia tecnológica del país”.

También el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, quien como muchos de sus colegas del gobierno escuchó las presentaciones de los científicos, resaltó “los avances importantes en construcción de ciencia” que demostraron los ponentes y su capacidad para “construir desde lo construido porque no son estrategias que aparecen de la noche a la mañana, sino que recogen las líneas y trabajos de investigación a través del tiempo”.  Confesó que se sorprendió positivamente por la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico.

Entre otras propuestas, Pesquisa Javeriana tuvo la posibilidad de presenciar las siguientes:

 

Prevención

Ante la ausencia de vacuna para prevenir el contagio por COVID-19, los científicos consideran esencial y básico el uso de cubrebocas, el frecuente lavado de manos y el distanciamiento físico, para lo cual proponen, entre otros productos, sofisticados tapabocas y máscaras, principalmente pensando en el personal de salud.

La EAFIT bajo el lema de “Inspira, crea y transforma” desarrolla un tapabocas fabricado con nanofibras que, a través de las diferentes capas que lo componen, tiene la capacidad de filtrar más del 98% de las partículas del virus, las cuales van quedando atrapadas en esos mantos antes de llegar a la cara de quien lo porta.

La Fundación Clínica Shaio se ingenió una máscara que protege ojos, nariz y boca, e incluye unas gafas que no se empañan y un filtro respiratorio que regula tanto la inhalación como la exhalación de la persona.

En el mismo sentido trabaja la Universidad Industrial de Santander UIS) junto a la Fundación Cardiovascular, que entregarán un prototipo de protección personal respiratorio y visual reutilizable, adaptable, hermético, confortable y seguro, desarrollado con material filtrante nanométrico de alta eficiencia.

Si con alcohol o hipoclorito de sodio se limpian las superficies más expuestas al contacto, la Universidad de Antioquia trabaja en productos derivados de la biodiversidad con propiedades antifúngicas y antimicrobianas para diseñar desinfectantes que se asperjan en superficies y ambientes en general y eliminan el virus.

 

Diagnóstico

Con la experiencia de haber desarrollado sensores para detectar el virus del zika y diferenciarlo del que produce dengue, otro grupo de la Universidad de Antioquia se enfoca ahora en adaptar uno de sus biosensores para detectar el SARS-CoV-2. “Creemos que en nueve meses podremos tener un prototipo”, dijo a Pesquisa Javeriana el líder del grupo, Jahir Orozco Holguín, químico, con postdoctorado en técnicas moleculares para detección de patógenos.

Se trata de un nanobiosensor ultrasensible y específico capaz de detectar el material genético y partículas del virus, así como la proteina S que está en su parte externa. El producto que resultará será un dispositivo de bajo costo y fácil implementación que podrá transportarse hasta los sitios más remotos del país.

También trabaja en un bionanosensor el profesor javeriano Andrés Jaramillo, al que ha denominado Sensum SARS- CoV-2. Se trata de una plaqueta en donde se coloca la muestra, se inserta en un receptor portatil y en menos de cinco minutos entrega el resultado. Disminuye el tiempo de diagnóstico, es portable, de bajo costo, selectivo y directo del virus que produce COVID-19 y supersensible para ciudadanos pre y asintomáticos de riesgo, así como sintomáticos. Puede usarse eficientemente en el supermercado o a la entrada de un espectáculo, por mencionar un ejemplo.

 

Monitoreo

De nada sirve diagnosticar la enfermedad si no se practica un monitoreo constante al paciente y a la población vulnerable.

Desde la Universidad de Manizales trabajan en sistemas de apoyo para alertas tempranas de posibles contagios basados en la información que ofrecen las redes sociales y otras técnicas de análisis de datos. Desarrollan algoritmos para modelar la red social de personas contagiadas y determinar lugares con alta probabilidad de contagio.

Mientras, en la Universidad de Antioquia desarrollan una plataforma avanzada de modelación epidemiológica de libre acceso que monitorea el comportamiento de la dinámica, el potencial de dispersión y las tendencias de la enfermedad. En el futuro servirá para cualquier virus.

En la Javeriana desarrollan un sistema de monitoreo remoto de pacientes basado en Internet de las Cosas, que ofrezca seguimiento e información oportuna a los médicos tratantes a través de aplicativos en los celulares, y les permita identificar cómo  evoluciona la pandemia, sacar patrones, entender fluctuaciones de la enfermedad y tomar acciones.

 

Tratamiento

Como el aislamiento de los pacientes con COVID-19 debe ser total, y muchas veces necesitan transladarlos de un lugar a otro, la Universidad Nacional con sede en Medellín está desarrollando una camilla que consiste en una cápsula despresurizada con cubierta plástica en PVC, puertos de entrada y salida de aire y filtros que detienen la entrada de virus como el del SARS-Cov2 de un tamaño entre 100 y 300 nanómetros.

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Pero como se necesita espacio adecuado para la atención de un número de pacientes que crece exponencialmente, la Universidad de La Salle desarrolla una especie de ciudadela de iglús llamada Unidad de aislamiento epidemiológico portátil, que consiste en nueve domos articulados mediante túnel de circulación, con posibilidad de conexión a los diferentes aparatos médicos necesarios y exclusas para la entrada y salida de pacientes y personal médico, y motoventiladores de inyección de aire. Está construido en PVC y mantiene la temperatura interna igual a la exterior. Puede ubicarse en estadios y otras grandes superficies.

Para combatir la escasez de ventiladores mecánicos, varias universidades de Caldas diseñan un ventilador para terapia intensiva con el fin de sostener artificialmente la respiración del paciente y en la Universidad de Antioquia tienen el proyecto Respira, basado en nanotecnología que produce un respirador mecánico de bajo costo con un sistema de sanitización de aire, apoyado en nanotecnología, que permita que los centros de atención médica no se conviertan en focos de propagación del virus.

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También desde la Universidad del Norte diseñan dispositivos de ventilación mecánica asistida que han llamado Hopebreath, los cuales permiten obtener datos en tiempo real y cuentan con una interfase de comunicación y sistema de alarma.

Y finalmente las propuestas de medicamentos. Un estudio liderado por la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en asocio con la Javeriana, evalúa la efectividad y seguridad de los medicamentos y reporta el caso de la hidroxicloroquina, cuyo uso ha sido muy controversial en la comunidad científica. El estudio llama la atención sobre la importancia de estar bien informado y analiza la efectividad de medicamentos como Lopinavir, que se utilizan para controlar la inflamación que desencadena el virus en el pulmón, corazón y en general en todos los tejidos. Busca con ello reducir la mortalidad, la necesidad de cuidados intensivos y acortar el tiempo de la enfermedad.

Otro estudio javeriano estudia moléculas que ya han comprobado su eficacia para disminuir inflamaciones en casos de cáncer y tienen posibilidades de actuar positivamente frente a los efectos del virus SARS-Cov2. Es un fitomedicamento a partir del dividivi, árbol de origen americano, sobre el cual los investigadores llevan 15 años trabajando y como uno de los resultados ofrecen el extracto P2Et, que modula la respuesta inflamatoria, es antioxidante y desempeña un papel importante en la modulación de respuesta inmune.

Así, diferentes propuestas colombianas han comprobado que es posible la unión Empresa-Academia-Estado a nivel de todo el país para enfrentar situaciones donde la ciencia es motor de desarrollo. El esfuerzo no termina aquí:

“El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trabaja en las estrategias para la postpandemia”, dijo la ministra Mábel Torres, porque son muchos retos mas: “reestructuración del tejido social, reestablecimiento de la salud mental, reactivación económica y desarrollo de tecnologías e innovaciones para lograr la soberanía científica”.

¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

Después de una contención de tres meses, tiempo en el que el aislamiento preventivo ha sido la medida esencial para hacer frente a la situación de salud pública generada por la COVID-19, el viernes 19 de junio las críticas por la pérdida de control de la ciudadanía y el inesperado desorden social se hicieron más visibles, pues en ese día se registraron más de 80 casos de aglomeraciones en diferentes almacenes como resultado del primer día sin IVA (Impuesto al Valor Agregado).

Esta alternativa, dirigida a la reactivación de la economía, según la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), cumplió con el objetivo y superó los $5 billones en ventas con un crecimiento del 158% del comercio. Sin embargo, el cumplimiento de las normas de bioseguridad recomendadas se vio afectado. Las fotos y los videos que circularon en redes sociales y páginas web lo evidenciaron: centros comerciales, supermercados y almacenes de cadena estaban saturados de personas.

¿Error del Gobierno, de las personas que salieron a comprar o de los establecimientos que no estaban listos para acatar las normas de bioseguridad? Esta no es la primera vez que se quebrantan las normas a lo largo del tiempo de aislamiento. Quitarse el cubrebocas, no lavarse las manos, no respetar el distanciamiento social, celebrar fiestas clandestinas, iglesias resistentes a cerrar las puertas, caravanas para despedir a seres queridos, medios de transporte publico atestados de gente son acciones que distan mucho de ser las recomendadas por las autoridades y que han quedado al descubierto durante la cuarentena.

Como expone el profesor javeriano y psicólogo del comportamiento, Wilson López, el ser humano parece haberse convencido de que su especie goza de una superioridad racional que lo lleva a tomar las mejores decisiones según sus expectativas y se vanagloria de su capacidad para medir riegos, costos, beneficios y tomar óptimas decisiones de forma ‘objetiva’. Sin embargo, “esta es una verdad a medias”, dice el experto.

Si las personas quisieran tomar decisiones con una rigurosidad que esté basada en el estudio de costos y beneficios reales, “tendríamos que andar con calculadora en mano, sacando probabilidades y combinando todas las variables posibles para saber lo que es mejor o no, y, aun así, muchas variables quedarían por fuera”, dice López y complementa que contrario a lo que algunos creen, las decisiones que toma el ser humano incluyen un componente importante de sesgos que explican la irracionalidad de algunos de sus comportamientos. En este caso actos que ponen en riesgo la salud de los demás y la propia.

Es por esto que estudiosos en economía del comportamiento, apoyados en fundamentos psicológicos, han querido entender cuáles son dichos sesgos que llevan a las personas a elegir alternativas que no siempre son las más atinadas.

¿Por qué se incumplen las normas?

El histórico economista Adam Smith, hace más de 250 años, reconoció algunos de estos sesgos que influyen en la toma de decisiones irracionales y que se adaptan justo a la situación actual. Dentro de estos aparece el exceso de confianza, el autocontrol o ahora llamado por los economistas ‘sesgo del presente’, entre otros.

Este exceso de confianza, en palabras del profesor López, se ve representado actualmente en casos como la persona que salió una vez, se expuso al virus, no le pasó nada y por tanto vuelve a salir. Algunos dicen, por ejemplo: ¡A mí no me va a pasar nada porque eso es mentira o no es tan grave!, ¡salí y todo está bien, así que puedo volver a salir sin problema!, ¡el virus no me da a mí porque yo tengo buenas defensas y tomo bastante jengibre!

El otro sesgo del presente al que se refiere Smith es hacer las cosas inmediatamente sin pensar en el largo plazo. A propósito, decía el economista, “el placer que disfrutaremos dentro de diez años nos interesa muy poco en comparación con el que podemos disfrutar hoy”, razón por la cual, como explica López, una persona, por ejemplo, hace una fiesta con un grupo considerable de amigos en la cuarentena, por complacencia momentánea a pesar de los riesgos futuros que esta decisión pueda ocasionar.

A estos sesgos se unen otros que la investigación en psicología ha identificado y que se hacen evidentes por estos tiempos. Al respecto, el psicólogo López dice que es necesario incluir variables como la pobreza, “estas variables contextuales son muy relevantes a la a la hora de hablar de si la gente sigue o no las reglas, ya que van a preferir salir a buscar comida para mantener a su familia que no salir, esto sin hablar de las condiciones de vivienda que tienen muchos de ellos”, dice el investigador.

También está el sesgo en la toma de decisiones generado por la frecuente saturación de información. “Las redes sociales, por ejemplo, son un desastre y con todo lo que allí se mueve, es difícil elegir correctamente”, explica el psicólogo. Aquí entra en juego la labor de los líderes de opinión y figuras públicas para que reconozcan el poder que tienen sobre la comunidad que los sigue. “Estas personas para muchos son ejemplo del comportamiento a seguir y a replicar. De esta manera ellos deben evitar la distorsión de información, ser responsables con lo que comunican y, mejor, ser promotores de buenas prácticas”, añade.

Por otro lado, están las constantes contradicciones de los líderes políticos y gobernantes, quienes generan confusión alrededor de las reglas que los ciudadanos deben seguir, pues no saben a quién obedecer, y otro de los factores influyentes al momento de decidir si seguir o no la norma es la complejidad de las reglas, “porque si estas son muy complicadas y difíciles de seguir, bien sea por las competencias motrices, cognitivas, habilidades, etc., de las personas, no las van a cumplir”, argumenta.

Por último, dentro de los muchos que hay, está el sesgo de las emociones. “Sabemos que las situaciones de crisis como la actual, provocan el incremento de la ansiedad, la depresión, entre otros trastornos que explican las toma decisiones desafortunadas”, advierte el investigador, y dice que todos estos sesgos hacen que motivar el cumplimiento de reglas sea mucho más difícil.

¿Cómo incentivar el seguimiento de las normas?

Hay dos tipos de normas, explica el economista y miembro del Laboratorio Javeriano de Investigación Conductual, Alexander Gotthard. Una de ellas es la norma como decreto o mandato, es decir, esas que están escritas en la ley. La otra: el entendimiento común de lo que es deseable en un grupo social, más allá de leyes, decretos y demás. La interiorización especial de esta última tiene un gran peso para que el virus no se propague de forma exponencial y tenga resultados críticos.

Para López y Gotthard no basta solo con la comunicación de decretos, que pueden ser hasta difíciles de entender. “Es necesario que cada persona de la comunidad asuma la responsabilidad de cuidado como un compromiso consigo que tiene beneficios para los demás”, dice el economista y en común acuerdo López comenta, “se trata de generar una construcción social de autocuidado”.

¿Cómo se logran estos objetivos?

Wilson López insiste en que el cumplimiento de las normas puede ser más eficaz si el Gobierno Nacional multiplica esfuerzos para suplir las necesidades de los habitantes en condiciones menos favorables y así evitar movilizaciones incontrolables en busca de la subsistencia diaria. Además, y en esto coinciden ambos investigadores, la comunicación es un elemento fundamental para hacer un buen manejo del virus cuando todos salgan a las calles.

Además, opina Gotthard, se debe promover una comunicación que todo el tiempo recuerde los pasos a seguir y que las personas sientan que están siendo parte esencial en el proceso de recuperación del país.

¿Qué debe tener el componente comunicativo? Los expertos recomiendan

  • Este componente esta basado en la educación.
  • Las reglas deben estar expuestas de forma clara y ser accesibles a toda la ciudadanía.
  • Evitar la amenaza, “si no cumples, las autoridades te hacen cumplir de formas que pueden llevar incluso a la muerte”.
  • Cuando la persona no cumple las reglas debe saber que esto trae consecuencias. Castigar con multas altas es una buena opción, siempre y cuando se identifiquen adecuadamente los comportamientos negativos.
  • Como sociedad hay que facilitar el cumplimiento de conductas: el Gobierno, ofreciendo todas las medidas sanitarias en diversos espacios, señalizando y comunicando con frecuencia, y los ciudadanos corrigiendo a quienes actúen de forma inapropiada amablemente.
  • En la comunicación tiene que estar claro el daño que ejerce un ciudadano a la comunidad cuando no se cuida. La culpa puede ser un factor estratégico e incluso necesario, pues nadie quiere ser responsable de los males de otros.
  • Mucho se habla de las personas que incumplen las normas y son noticia a diario, pero, mostrar y reconocer los actos positivos es de gran importancia para que los que estén alrededor sean replicadores y luego ellos se conviertan también en ejemplo.

El profesor Gotthard a partir de experimentos previos puede decir que a las personas les interesa más que no los vean haciendo lo incorrecto a que los vean haciendo lo correcto, pues no quieren despertar repudio social. En ese sentido, es valioso aplaudir a los que hacen bien las cosas para que se motiven y lo continúen haciendo, y llamar la atención sobre los que no lo hacen para que cambien ese comportamiento negativo.