¿Llegar a Marte para vivir como en la Tierra?

¿Llegar a Marte para vivir como en la Tierra?

Mark Watney está atrapado en Marte. “Grabo esta bitácora para que quede un registro por si acaso no sobrevivo. Estoy en un hábitat [una casa]diseñado para durar 31 días. Si el oxigenador falla, me asfixiaré. Si el recuperador de agua falla, moriré de sed. Si el hábitat se perfora, voy a hacer implosión. Y si por algún milagro no sucede nada de eso, en algún momento se acabará la comida”.

La escena, de la película The Martian (2015), cuenta la historia de cómo un astronauta es rescatado del planeta rojo después de que su tripulación lo diera por muerto. “Él sobrevive cultivando papas y, claro, esa película se hizo antes de que se supiera que había componentes en el suelo que las haría venenosas. ¡Se hubiera matado con el primer plato!”, cuenta con gracia Marta Cabrera, directora del Departamento de Estudios Culturales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana.

Más allá de lo emocionante que puede ser el largometraje que fue nominado a mejor película en los Premios Óscar, lo llamativo es que, igual que cientos de películas, libros y demás productos de la industria cultural, reúne la fascinación del ser humano por colonizar Marte, el planeta que, como ningún otro, ha movilizado el deseo de conquista.

La nave de las ciencias sociales

El viaje del hombre al espacio ha sido asunto de la ciencia ficción, los oráculos, adivinos y objeto de estudio de las ciencias básicas. ¿Pero cómo discutir el tema desde las ciencias sociales? “¿Qué significa eso?”, se preguntó Óscar Guarín, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Estatal de Campinas (Brasil). Respondió con SensoLab, el laboratorio de experimentación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Javeriana, que funciona desde 2017.

SensoLab se reúne cada quince días y sus discusiones parten de un objeto disparador, una temática que se va desdoblando a medida que surgen preguntas. Por ejemplo, dice Guarín, “trabajamos las imágenes de los modelos climáticos que nos hacen preguntarnos cómo están hechas de bases de datos y, al volver a la imagen del modelo climático, eso nos conecta con transformaciones geológicas, el futuro de las sociedades, en fin. A veces las discusiones tienen que ver con ciencias sociales, geología, informática, biología muchos de los que participan en el laboratorio vienen de otras carreras, así que lo interdisciplinar no se da en la búsqueda sino en el encuentro, hallar en otras ciencias las respuestas para entender los objetos disparadores”.

De este ejercicio han surgido creaciones artísticas como Parasomnias, obra audiovisual con la que se cerró la Muestra Internacional de Documental de Bogotá (MIDBO) de 2020, o la exposición Umbral 21, de la Universidad Eafit: ambos son acercamientos a temas como los sueños, el futuro, la pandemia.

La terraformación

La hostilidad de Marte está más que documentada. El aire de su atmósfera no es respirable y no hay certeza sobre la existencia de grandes cuerpos de agua líquida. Sin agua ni aire no resulta fácil pensar la vida. Así que en una eventual colonización habría que intervenir el planeta para adecuarlo a las necesidades humanas. A esto se le conoce como terraformación, un concepto que abordan Cabrera y Guarín en su investigación.

“Cuando hicimos el rastreo de ese término nos dimos cuenta de que viene de la ciencia ficción. Lo acuñó Jack Williamson en ‛Collision orbit′, en 1942, y la ciencia lo asumió posteriormente y hasta incorporó unos planes de terraformación divididos en etapas”, dice Cabrera. Se refiere a la propuesta que el físico y geólogo británico Martyn Fogg plasmó en el libro Terraforming: Engineering planetary environments, en el que explicaba que la atmósfera marciana debía pasar por un calentamiento anaeróbico con el fin de propagar microorganismos y otras especies para volverse habitable.

¿Marte es un proyecto de millonarios blancos?

Para los investigadores, la idea de llegar a Marte tiene un aroma similar al que desprendía lo acontecido en la colonización de América. “El futuro de la colonización marciana es el pasado de América Latina y de todo el continente. Estas dinámicas de terraformación fueron las que sucedieron, por ejemplo, con la importación de ciertos animales, de especies vegetales, con secar las aguas de la sabana. Fue parte de un proceso transformador para hacer a América similar a Europa”, sentencia Marta Cabrera.

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Es bien sabido que la colonización de esta parte del mundo fue liderada por los reyes e imperios de los siglos XV y XVI. Fueron ellos, por medio de su poder económico, quienes sostuvieron las flotas que llegaban a América para luego enriquecerse y expandirse. Ahora bien, ¿quiénes en el XXI podrían costear una empresa como la de la conquista de Marte?

Desde hace algunos años la carrera espacial dejó de ser un asunto exclusivo de los gobiernos, y se sumaron a ella organizaciones privadas en cabeza de multimillonarios como Elon Musk, CEO de SpaceX y Tesla, o Jeff Bezos, dueño de Amazon. Ellos están explorando la idea del turismo espacial, lo que abre la puerta a la discusión de quiénes realmente llegarían primero a Marte y, más aún, tendrían el poder para decir qué organismos llevar, qué vida replicar, qué sociedad se erigiría allí y, sobre todo, para qué.

Este retrato de quiénes colonizarían Marte también es evidente en la industria cinematográfica. “La conquista de Marte finalmente es una cosa de gente blanca”, describe Marta Cabrera. “Cuando ves The Martian, es Matt Damon quien está tirado en Marte. En Interestelar (otra película en la que es un norteamericano rubio y de ojos claros quien descubre la forma de dejar la Tierra para terraformar otros mundos), se sugiere que estas búsquedas y conquistas son cosas de gente blanca. Al ver ese sujeto conquistador obviamente se recuerdan pasajes históricos como la conquista del Oeste del mundo. Persiste esa necesidad de expansión territorial con la conquista del espacio”.

Algunas de las preocupaciones de los investigadores pasan por esos criterios: ¿ir a Marte para repetir los errores ambientales y sociales del pasado? ¿Para explotar recursos como en la Tierra? Un poema del escritor y poeta español Manuel Vilas, titulado “Oda a Marte”, retrata estas inquietudes:
“Así que es mejor, querido Marte, que hagas lo posible por alejarte unas cuantas órbitas de nosotros, o te invadiremos. Y lo que hoy es silencio y pesadilla del no-ser, a lo mejor se convierte en New Marte, en ciudades con casinos, en autopistas, en aeropuertos, en hoteles, en centros comerciales, en rascacielos”.

¿La era del Antropoceno?

Para imaginar las imágenes del futuro, Cabrera y Guarín señalan un concepto muy discutido en ciencias sociales: el Antropoceno, la era en que la suerte de la Tierra responde a la acción humana. Algunos plantean que comenzó después de la colonización de América, pero otros señalan su origen en la Revolución Industrial.

“¿Qué nos plantea el Antropoceno?”, se pregunta Óscar Guarín: “La ruptura de la linealidad del tiempo”, se responde. “Hoy vemos todas las emisiones que se han producido desde el 95 para acá, y las que estamos produciendo ahora tendrán sus efectos en 10 o 20 años. El Antropoceno nos coloca el futuro en el presente, ya no como expectativa sino como amenaza”.

Si bien el Antropoceno puede ser un sinónimo de catástrofe, aún no es un concepto (ni una realidad) que sea consenso en la academia. “La historiadora Donna Haraway, por ejemplo, habla de términos como plantacionoceno (en el cual estas mismas dinámicas inician con la institución de la plantación); o capitaloceno (en donde el sistema económico y la apropiación de la naturaleza, más que la intervención humana, producen los drásticos cambios ambientales), para poner en tensión el Antropoceno como era actual”, explica Cabrera.

El proyecto de “Imágenes de tiempos futuros” comenzó en 2019 pero no tiene fecha de terminación. Aunque los investigadores se proponen generar más productos o artefactos de pensamiento, las preguntas sobre el porvenir se multiplicarán como las películas y los escritos, tanto de ficción como científicos, sobre el espacio y, así mismo, se ampliará el espectro de esta investigación.

“¿Qué pasaría si aterrizan los musulmanes en Marte? No es solo que Jeff Bezos o Elon Musk lleguen primero, es: ¿qué están llevando? ¿Qué sucedería? ¿Llevaríamos el capitalismo más depredador? ¿Para qué queremos ir a Marte si no es para explotarlo? Ese es el problema: ¿cuál es el sistema humano que vamos a exportar hacia el universo?”, se pregunta Guarín.

Para leer más:

  • Cabrera, M. y Guarín, Ó. (2020). ¿Existe una imagen del futuro? Sobre tiempos, imágenes, mundos otros y Antropoceno. Iluminuras. Recuperado de https://doi. org/10.22456/1984-1191.105605

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:

¿Existe una imagen del futuro? Sobre tiempos, imágenes, mundos otros y Antropoceno.

INVESTIGADOR PRINCIPAL: Óscar Guarín
COINVESTIGADORA: Marta Cabrera

Facultad de Ciencias Sociales

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2020-actualmente

Editorial: el Bicentenario de cara al futuro

Editorial: el Bicentenario de cara al futuro

Junto con el entusiasmo colectivo del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, nos llegan los mensajes del Bicentenario. Van apareciendo logos oficiales y publicaciones que de manera insistente nos lo recuerdan: hace 200 años nos independizamos de España, hay que recordarlo, hay que hablar de eso, hay que celebrarlo.

La Pontificia Universidad Javeriana no es ajena ni indiferente ante este fervor patriota, tan ambiguo y manipulable. Participa en él con ojo y perspectiva crítica, es decir, como institución universitaria, como casa que recibe y produce saber, conocimiento y visión del mundo. La verdad es que efemérides como esta, en las que muchos ofrecen respuestas y teorías, representan ocasiones privilegiadas para hacer preguntas, algunas de ellas proféticamente impertinentes, pero que van respaldadas por el saber acumulado a través de los años.

Algunos enfoques filosóficos del Bicentenario tienden a presentar estos hechos históricos como entidades independientes, ya suficientemente estudiadas y de las cuales ya sabemos todo lo que de ellas se podía saber. Enfoque equivocado que desconoce el carácter irremediablemente hermenéutico del conocimiento histórico, y ello sin necesidad de compartir el relativismo ontológico de Nietzsche, según el cual no existen hechos sino sólo interpretaciones. Lo cierto es que la única manera de tomarse en serio el conocimiento histórico es bajo el supuesto de que este es el producto nunca acabado de la conjunción de dos elementos necesariamente relacionados entre sí: por un lado la rigurosa y estricta investigación documental, y por otro la interpretación de los mismos desde la pregunta que da origen y sentido a la investigación en curso. Al igual que todo conocimiento auténtico, la investigación e interpretación de la historia germina desde una pregunta que no puede ser soslayada y que constituye un horizonte imprescindible desde el cual se nutre todo proceso cognitivo.

En ese sentido, cabe entender que la celebración del Bicentenario nos hace mirar al pasado. Y si lo hacemos con ojo crítico es porque, muy seguramente, nos interesa el presente y el futuro. Si nos hace considerar los procesos históricos sociales, es porque, como sociedad, nos reconocemos en permanente proceso constructivo.

El Bicentenario de nuestra independencia política se enmarca en el proceso de construcción de nuestra libertad, proceso que no ha terminado y que esperamos y confiamos en que nunca se dará por concluido. La libertad es, al fin y al cabo, el tema de fondo de estas celebraciones patrióticas, y es también el tema que nos convoca hoy como nación y como individuos. Porque queremos seguir construyendo libertad para todos, y porque sabemos que esta construcción pasa por lo político pero no se detiene allí, por eso mismo nos interesa recordar, investigar y celebrar el Bicentenario.

Vicente Durán Casas, S.J.
Vicerrector Académico
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