Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Judith Sutz ha venido a Colombia en varias ocasiones y siempre a conversar sobre lo que más le apasiona: el desarrollo de la investigación científica, la innovación, el devenir de la política científica en países como su natal Uruguay y también con gran conocimiento sobre lo que sucede en la región.

Esta ingeniera electricista, con maestría en Planificación del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela y doctorado en Socioeconomía del Desarrollo por la Universidad de la Soborna, en Francia, coordina desde 1992 la Comisión Sectorial de Investigación Científica, CSIC, que fomenta la investigación en todas las áreas de conocimiento en la Universidad de la República. Para lograrlo implementa diversos programas que apuntan al fortalecimiento y estímulo de la investigación en las áreas de salud, tecnologías y ciencias de la naturaleza y hábitat, y área social y artística.

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“Su aporte es la concepción de innovación porque supera la discusión sobre productividad”, dijo sobre ella Hernán Jaramillo, exdecano de Economía de la Universidad del Rosario y exsubdirector de Colciencias (hoy Minciencias). “Hay que cambiar de paradigma para medir la productividad”.

Con este abrebocas, Pesquisa Javeriana presenta a Judith Sutz, quien abrirá el primer día del XVI Congreso La Investigación, que se desarrolla del 14 al 17 de septiembre de forma virtual, con una charla titulada Investigación, innovación y formación: algunos desafíos y respuestas necesarias y posibles en América Latina.

En países como los nuestros, Uruguay y Colombia, ¿la ciencia que se produce debe responder a los problemas que vive el país?

Bueno, formulada así la pregunta, me parece evidente que sí. Pero hay que tener cuidado porque una afirmación sin matices podría dar lugar a la hipótesis de que hay alguien, algún grupo político en el Gobierno o un grupo social que sabe lo que el país necesita y le indica a la ciencia que eso es lo que tiene que hacer y que solo habrá financiamiento para eso. Sumamente peligroso. Por lo tanto, la pregunta hay que matizarla.

Por otra parte, si hay algo que mostró la respuesta al covid-19, por lo menos en Uruguay, es que largos esfuerzos, hechos en condiciones muy desfavorables dada la muy baja inversión en ciencia, y orientados por lo que podríamos llamar entre comillas la curiosidad, fueron fundamentales.

Si no se hubiera trabajado en la comprensión de ciertos mecanismos básicos de la función biológica de los virus -que en principio, con los problemas del país no tenían absolutamente nada que ver-, cuando llegó la pandemia, no habría habido capacidad de respuesta.

Cuando digo que hay que tomar la cuestión de “orientado por la curiosidad”, es que esa curiosidad, que es la que forma la agenda de investigación al menos en buena parte, es una curiosidad también sesgada, porque dado el carácter internacional de la ciencia, dada la necesidad de interactuar con otros y la muy grande asimetría en materia de desarrollo científico entre los países del sur y los países altamente industrializados, esa curiosidad puede transformarse en seguidismo de la agenda académica del norte, es decir, en usar acá una agenda que no nos es propia porque teóricamente no es propia de nadie, es la agenda del mundo.

Entonces, ¿cómo hacemos para conciliar la necesidad imprescindible de que la ciencia responda a las preguntas internas de la disciplina y también se ocupe de los problemas del país? Es un tema evidentemente complicado y para responder a eso yo lo que digo es: ¿Dónde están los problemas del país? ¿Qué sabemos de cuáles son los problemas del país? Bueno, es una pregunta que no se puede contestar.

Ya que menciona el tema de la pandemia y las lecciones que dejó en nuestros países, ¿cree que ahora los tomadores de decisiones ahora sí le van a parar bolas a las ciencias básicas?

Bueno, esa me parece que es una pregunta fundamental. Compartimos la idea de que la ciencia básica para países como los nuestros es un lujo, es profundamente reaccionaria. Partamos de ese punto. Para nosotros el que Gonzalo Moratorio, un joven de menos de 40 años, fuera declarado una de las 10 personas más importantes en ciencias el 15 de diciembre por la revista Nature, es algo que a Uruguay jamás le había pasado: los científicos estando en la radio y la televisión, a los horarios de máxima audiencia; el Gobierno preguntando y el ministro de Salud Pública, llamando a la Pro Rectora de investigación de la universidad a decirle: “No tenemos hisopos” y los hisopos no son una tontería.

Entonces, sin duda alguna, la pregunta es como tú bien dices, en colombiano, ¿le pararán bolas a la ciencia básica? Y yo te voy a decir que no estoy para nada segura. ¿Por qué le pararon bolas a la ciencia durante la pandemia? Cuando la pandemia no esté, ¿van a estar? Yo no creo que se hayan convencido de nada, creo que lo hicieron porque no tenían más remedio. Creo que es posible tratar de recordarles que no deberían olvidarse demasiado rápido.

En Colombia se está empezando a ver que no solamente el conocimiento científico es el que vale, por lo que tenemos tanta diversidad. ¿Cómo incluir otros saberes en los proyectos de investigación científica que se desarrollan en nuestros países?

El tema de los saberes es complejo, lo que hace falta son mayores niveles de escucha, no de escucha amable y cultural, políticamente correcta. Eso por supuesto, siempre es útil. Yo no tengo ninguna experiencia con el tema de lo que saben los otros, pero me consta que interrogar a los otros sobre cómo definen sus problemas, cómo los perciben, es fundamental para encontrar soluciones y muchas veces los que tienen una mucho más afinada, profunda e integral comprensión de los problemas son aquellos que no necesariamente son capaces de expresarlos en el lenguaje del científico- académico.

Por eso mismo, el tema de los diálogos a veces es tan difícil y por no tener una buena comprensión del problema simplemente no se consiguen soluciones, se pierde el tiempo y el dinero. Alguna gente llama al diálogo coproducción. Yo lo de la coproducción de conocimientos es algo que no tengo del todo claro, pero la coproducción del problema, ¡ah!, eso lo tengo clarísimo: un problema correctamente definido es el paso imprescindible para cualquier investigación exitosa académicamente hablando. Eso para mí es lo más importante.

La financiación para la investigación y desarrollo debe provenir de varias fuentes, entre ellas del sector productivo, pero eso no sucede en nuestros países. ¿Cómo convencer a los empresarios para que tengan en sus instalaciones una oficina que diga I+D?

Yo creo que los empresarios son gente muy inteligente, que saben muy bien lo que necesitan, que se adaptan a las condiciones del medio y, por lo tanto, yo no estoy segura de que el problema sea de convencimiento. Lo que yo creo que puede ocurrir en una franja muy importante de empresas, -estoy hablando de las pequeñas y medianas empresas-, es que no tienes manera de saber que el conocimiento les puede ser útil. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: porque no tienen personal calificado. La única manera de usar conocimiento y antes que nada de invertir en conocimiento, es estar convencido de que el conocimiento sirve.

¿Como pueden los pequeños y medianos empresarios, siquiera acercarse a la multiplicidad de ofertas que la política permanentemente genera? Tienen que saber que allá hay un aliado y eso no ocurre porque en el 80 por ciento de los casos, que son el 95 por ciento de las unidades productivas en todos nuestros países y también en Escandinavia, no tienen personal calificado.

A mí me resultó impactante, pero Dinamarca tenía un ochenta por ciento igual que Uruguay de pymes sin ni un solo profesional. ¿Y qué hicieron? Hicieron dos cosas: primera, una política de primer profesional en la pyme y le dio mucho resultado; y la segunda, una política de extensionismo industrial que está un poco próxima a la idea de transferencia de tecnología, que no es la que a nosotros nos gusta, porque la palabra transferencia implica una asimetría cognitiva que no es correcta. Pero pensémoslo no en términos de transferencias sino de aprendizaje. Hay gente que tiene capacidades para resolver problemas, hay gente que necesitaría esas capacidades, pero no se conocen, no tienen un diálogo. El extensionismo es una forma de propiciar diálogos.

En Uruguay hicimos un proyecto de extensionismo industrial y la idea es la siguiente: invíteme a tomar un café, no le voy a cobrar nada, déjeme mirar cómo hacen las cosas. Si después de la conversación usted me permite, gratis, yo le voy a mandar un ingeniero que tenga canas a ver cómo podemos mejorar y si encontramos una manera, lo ayudamos a pedir plata… Hay que tener paciencia y hay que ir cambiando la cultura. Por eso yo digo, no sé si es que hay que convencerlos o hay que ayudarlos a identificar al conocimiento como un aliado y eso lleva tiempo.

La evaluación de la ciencia, la tecnología y la innovación se mide universalmente por la publicación, ¿cierto? ¿Qué hay de aquella investigación cuyos resultados generan, por ejemplo, políticas públicas? ¿Qué hacer para que la misma comunidad científica se salga un poquito de ese sistema que a mí personalmente me parece un poco perverso?

Ese sistema es un sistema perverso y no lo digo yo. A nivel internacional hay una preocupación muy grande por el Q1, Q2, Q3, una preocupación con la que es muy difícil de pelear porque es la base de los rankings, y los rankings de universidades son el marketing de las universidades que viven de las fees de los estudiantes extranjeros.

Por decirte una, Spru (el Departamento de Investigación en Políticas para la Ciencia de la Universidad de Sussex, Reino Unido) tiene un cargo pagado por el presupuesto universitario que es el de su director, todos los demás vienen de grants (subsidios) que pueden ser nacionales o internacionales. Puedes conseguir grants en función del prestigio de la universidad y el prestigio depende de en qué lugar está en el ranking, y el lugar depende de los papers… Entonces es muy difícil desarmar un edificio que si yo tuviera que hacer marxismo vulgar, te diría que en la base está cómo se financian algunas universidades del mundo altamente industrializado.

La literatura sobre el drama de los rankings, en particular escrita por los australianos, es maravillosa. La crítica es demoledora. El problema es cómo construimos una alternativa que separe el trigo de la paja.

Esa manera de medir, si la seguimos usando, tendrá tres consecuencias. Una, no vamos a hacer ciencia relevante para nuestros países; la otra, que la ciencia no va a ser relevante para la ciencia; y la tercera: va a seguir expulsando mujeres. Yo lo lamento por el poder de los economistas, pero hacer ciencia no es hacer economía; el concepto de productividad es un concepto válido cuando yo produzco zapatos, pero no cuando yo produzco conocimiento. Eso es ridículo.

Para finalizar quiero mencionar el famoso Triángulo de Sábato. A ese triángulo en cuyos vértices está el Estado, la academia y el sector productivo, ¿no le hace falta la base de la sociedad?

El triángulo de Sábato fue presentado por primera vez en 1968 y me sigue pareciendo un concepto particularmente útil. El triángulo de Sábato tiene las intrarrelaciones al interior del Gobierno, de la producción y de la academia; tiene las interrelaciones entre los vértices, pero tiene la extrarrelaciones que son la dependencia.

Esa es una primera cuestión porque me parece importante señalar la riqueza y la validez actual de esos tres conceptos: las intra, las inter y las extra relaciones. Es una cuestión muy estilizada. Yo creo que la idea no es tanto la de cuántos vértices tiene el polígono, sino cuáles son las relaciones de las que estamos hablando entre los vértices del polígono.

¿Cuáles diría que son las fortalezas de los países del sur global?

Cualquier ingeniero sabe que nunca hay una única solución para un problema. Que un problema es un problema y sus condiciones de borde, es decir, si yo tengo cien millones de dólares, tengo un problema, si tengo 10 dólares tengo otro problema. Lo que nosotros conocimos como oferta tecnológica es la oferta tecnológica de gente que resolvió problemas en condiciones de abundancia.

Eso muchas veces exige infraestructuras muy caras que nosotros no tenemos, se refleja en costos que no podemos pagar, en sofisticaciones que nos son absolutamente ajenas. Entonces, cuando miramos un problema y le marcamos las condiciones de borde que son escasez del lado del que lo resuelve y escasez del lado del que va a buscar la solución, porque las escaseces vienen de los dos lados, entonces puede ser que uno encuentre una solución totalmente distinta.

Yo tengo ejemplos de ingeniería, espectaculares aparatos muy sofisticados que cuestan 10 veces menos y que fueron pensados desde lo que yo llamo la capacidad de innovar en condiciones de escasez.

Creo esa es una enorme fortaleza cognitiva de los países del sur y de un mundo que tiene que avanzar hacia la frugalidad. Este es el momento en que los que solamente saben actuar porque son ricos tienen que mirar cómo actuamos y cómo resolvemos problemas los que no lo somos para aprender.

Este es un momento en que vale reivindicar que nunca hay una única manera de resolver problemas. Eso tiene mucho que ver con los imaginarios tecnológicos. Yo creo que llegó la hora, covid mediante también, de estar orgullosos de nosotros mismos.

Una taza de café para el cuidado del corazón

Una taza de café para el cuidado del corazón

Existe un olor, un aroma cálido que convoca a las personas alrededor de una mesa, de una conversación, de un juego de ajedrez. Se trata del perfume que emana un pocillo de café, una de las tres bebidas más consumidas en el mundo junto al agua y el té, y cuyo origen proviene del norte de Etiopía, en África, durante el siglo XV, cuando la comunidad ancestral Oromo tomaba los frutos rojos de un arbusto llamado cafeto como energizante para sus expediciones de guerra.

Con el paso del tiempo y los viajes de los mercaderes árabes por el mundo durante los siglos XVI y XVII, este grano marrón expuesto al sol se convirtió en uno de los productos agrícolas de mayor exportación e importación en el planeta debido a su sabor, olor y textura, pero también a los altos niveles de energía que proporciona la cafeína –un psicoactivo propio de esta bebida-. No obstante, aunque este preciado líquido cuenta con un valor simbólico y cultural inserto en la dieta alimentaria de la humanidad, son diversas las opiniones médicas que han surgido durante los últimos 50 años en torno a los efectos negativos y positivos de su consumo.

Con el fin de indagar la creciente publicación de artículos científicos que controvierten las recomendaciones sobre la toma de café y comprender la tendencia del gremio médico a no sugerir esta bebida a sus pacientes, en 2016 el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana creó la línea de investigación Café y salud.

“Nuestro objetivo con esta línea es analizar y sintetizar toda la evidencia existente sobre el consumo crónico o habitual de café y los efectos en la salud de la población adulta”, explica Maylin Peñaloza Parra, profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Social y líder del grupo.

 

125 mililitros entre taza y taza de café

Actualmente, las publicaciones en revistas científicas relacionadas con los efectos del café en la salud pública son variadas y abordan diversas temáticas como enfermedades metabólicas, diabetes mellitus, cáncer, demencia, párkinson, entre otras. Por eso, el punto de partida de este grupo de investigadores consistió en delimitar el campo de estudio a los efectos de esta bebida en la salud cardiovascular de las personas, con el fin de recopilar los datos científicos alrededor del tema y proponer una recomendación nutricional sobre la dosis estimada del fruto del cafeto para el consumo global a través de la evidencia publicada.

El primer paso para levantar los datos consistió en hacer una búsqueda y selección sistemática de la literatura científica mundial con las palabras “café” y “muerte cardiovascular”, a través de las bases de datos Medline, EMBASE, LILACS y la organización Cochrane, aplicando un riguroso proceso de revisión a publicaciones académicas, en el equipos de dos investigadores, de forma independiente, seleccionaron aquellas de mayor calidad.

El resultado de este ejercicio: 181 artículos iniciales, de los cuales se seleccionaron cinco meta-análisis que reúnen en su totalidad 41 estudios; todos aplicados a más de dos millones de personas sanas a nivel mundial, mayores de 18 años, con prácticas de consumo crónico, habitual y moderado de café, y quienes fueron analizadas por un período de aproximadamente 15 años.

Organizar esta información fue dispendioso para los investigadores. Por eso, se dedicaron a extraer y tabular los datos de las poblaciones analizadas en cada uno de los artículos, a encontrar el estado de salud entre quienes consumían café de forma habitual (según el número de tazas consumidas al día) y las personas que no, y a cuantificar a aquellos que estuvieron en riesgo de morir o fallecieron por causas cardiovasculares.

Para sorpresa de los académicos, la conclusión fue novedosa pues sintetizar estos datos les permitió encontrar que quienes consumen de tres a cuatro tazas de café al día tienen un 18 % menos de probabilidad de morir por causas cardiovasculares frente aquellos que lo toman de manera ocasional o no lo hacen, y un 17 % menos de probabilidad de morir por causas generales en el mismo caso.

“El ácido clorogénico es un antioxidante propio del café y tiene efectos protectores; a largo plazo, podría mejorar algunas funciones en materia de circulación y evitar desenlaces fatales a nivel cardiovascular”, afirma Peñaloza.

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El café, una bebida de talla internacional

Durante los últimos años, la producción y exportación de este grano a nivel mundial ha aumentado. Colombia, según la Federación Nacional de Cafeteros, generó 14,8 millones de sacos de 60 kilos de café verde durante el 2019; es decir, cerca de 9 % más que en comparación año anterior. Y aunque esta es una excelente noticia para el gremio y para la diversificación del consumo de la variedad arábico a nivel mundial, surge la necesidad de encontrar puntos en común acerca de la información que circula en las guías nutricionales de países productores como Brasil, México, Perú y Colombia, entre otros, y consumidores como Estados Unidos, Suecia, Países Bajos e incluso Japón, donde los indicadores de demanda de esta bebida van en ascenso.

Con esto en mente, y luego de proceso curatorial del comité de ética e investigación de la Universidad Javeriana (N° de aprobación 2018/06) y la revisión por parte de pares académicos, en junio del 2020 se publicó el artículo Relación entre el consumo habitual de café y la mortalidad general y cardiovascular: revisión de revisiones sistemáticas de la literatura en la Revista Chilena de Nutrición, con el fin de aportar un “grano de café” a la recopilación de la evidencia científica en torno al consumo de esta bebida que le permita al gremio médico tener datos actualizados y a las personas tomar decisiones informadas.

“Con este trabajo esperamos que la dosis sugerida de entre tres y cuatro tazas de café al día por persona sea una recomendación práctica para una bebida que hace parte del consumo de la población a nivel mundial y que por ende tiene un potencial impacto en la salud pública global”, finaliza Peñaloza.

Actualmente el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social adelanta estudios sobre la relación del café y la salud cognitiva y enfermedades metabólicas en las personas, y está a la espera de dar a conocer dos artículos científicos que serán publicados en la Revista Colombiana de Cardiología sobre los efectos del consumo de esta bebida en las muertes por infarto agudo de miocardio y trombosis cerebral.