Con innovación se pone freno a la pandemia

Con innovación se pone freno a la pandemia

Gracias a la alianza entre los sectores público y privado, 212 proyectos pudieron hacer parte del programa de innovación abierta Más Detección, Más Vida, para aportar a la reactivación económica y salvar vidas en medio de la pandemia. Participaron emprendedores, gremios e instituciones de educación superior con diferentes propuestas de detección temprana de la enfermedad, mitigación del contagio, monitoreo a la población y fortalecimiento del sistema de salud. En respuesta a este reto, la Pontificia Universidad Javeriana contribuyó con dos proyectos, uno de los cuales fue seleccionado dentro de las 26 mejores propuestas. 

Ante las consecuencias en salud y los rezagos económicos que ha tenido que enfrentar el país por la emergencia sanitaria producto de la COVID-19, entidades como Connect Bogotá e iNNpulsa Colombia, con el apoyo de Sura y Roche, convocaron esta iniciativa. “Entendimos rápidamente que esta situación que afronta el mundo no es tema solo del sector público, sino que involucra a todo el ecosistema”, dice Ignacio Gaitán, presidente de iNNpulsa, que agrega: “Todos debemos aportar desde nuestros conocimientos y capacidades para salir adelante y superar esta dificultad”. 

En tiempo récord, la academia supo responder de forma oportuna, lo que demuestra el potencial que tienen las instituciones universitarias que, con sus ecosistemas de innovación, emprendimiento y trabajo constante en términos de calidad investigativa, logran pronunciarse en la coyuntura y aportar al desarrollo del país, comenta Fanny Almario, directora de Innovación de la Javeriana. 

Alianza de analítica de datos para afrontar la pandemia COVID-19” fue uno de los adelantos javerianos que participó en la convocatoria, dirigido por el Hospital Universitario San Ignacio. Consiste en el diseño de una plataforma para el análisis, visualización de datos de salud pública y registros hospitalarios en la pandemia. 

El otro, CovidCheck, es un kit de diagnóstico del virus a través de la saliva, con múltiples beneficios que no ofrecen las pruebas convencionales con hisopado, es decir, aquellas que hacen uso de este utensilio con punta de algodón para tomar secreciones de la parte superior de la garganta y la nariz con el fin de detectar el virus, y que se han usado hasta ahora. Por esa razón la propuesta destacó notoriamente, ocupando un lugar privilegiado en la convocatoria. 

 

Lo innovador de CovidCheck 

Los desafíos que enfrenta el país en cuanto al diagnóstico, tratamiento, contención y mitigación del SARS-CoV-2 son evidentes. Dabeiba Adriana García, doctora en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el apoyo del Centro de Investigaciones Odontológicas de la misma institución y un equipo multidisciplinar de expertos de ciencias y medicina, desarrollaron CovidCheck, una tecnología que nació de un proceso investigativo y que hoy se convierte en un producto que aporta a la optimización, celeridad y eficacia en la toma y análisis de muestras para la detección de la COVID-19 a través de la saliva. 

“La mayoría de nosotros siempre ha tenido en mente realizar un sistema colombiano, que fuera nuestro, hecho en casa”, dice la investigadora. “Hay una tendencia a pensar que lo de otros países es bueno y lo de nosotros no, y esto es la prueba de que no es así. Hace algunos años esto era casi imposible y, tras diversos proyectos, la COVID-19 nos da la oportunidad de que estemos cada vez más cerca de hacerlo realidad”.

 

Las alianzas entre el Gobierno, las empresas y la academia aportan a superar la pandemia y ofrecen soluciones a la ciudadanía.

 

Actualmente, el mecanismo mediante el cual se hace la prueba diagnóstica (RT-PCR) para detectar casos de coronavirus es el hisopado, que, de acuerdo con la doctora García, es un proceso invasivo, molesto e incómodo para los pacientes, y riesgoso para el personal médico que lo recolecta, porque el virus permanece activo por largo tiempo. Eso lo hace aún más complicado, ya que “estamos pasando por un momento en el que los hisopos empiezan a escasear, son muy costosos, no llegan al país en el número que quisiéramos y por eso hay la necesidad de empezar a fabricarlos a nivel nacional”, puntualiza. 

De aquí que la saliva resulte ser una alternativa para atender esta necesidad de forma práctica es muy positivo, pues, como asegura la investigadora javeriana, quien también es magíster en microbiología, hacer la detección del virus a través de este fluido tiene múltiples beneficios. A diferencia del procedimiento con hisopado, la prueba por CovidCheck puede ser tomada por el paciente en su propia casa, conservando el material genético de forma segura. “La muestra puede transportarse en cualquier servicio de mensajería de manejo de muestras biológicas, sin necesidad de refrigeración y con un alto grado de seguridad”, afirma García. Además, esta prueba no es dolorosa y no solo identifica la presencia del virus en la persona, sino que cuantifica el número de copias del virus en ella, y así es posible reconocer qué tanto puede llegar a contagiar este individuo a otras personas. 

Esta tecnología sigue consolidándose, y el apoyo de la Facultad de Odontología, el Hospital Universitario San Ignacio y la Dirección de Innovación ha sido fundamental para cimentar las bases del proyecto y buscar alianzas con inversores interesados en el producto. Según un estudio de mercado realizado por la Dirección de Innovación, hasta ahora no se ha encontrado nada similar a CovidCheck en Latinoamérica, razón por la que es necesario seguir madurando esta innovación para sortear la coyuntura de forma oportuna. 

 Iniciativas como esta evidencian cómo las capacidades de los grupos de investigación pueden ser aprovechadas de manera significativa para atender las necesidades del país, además de despertar en la universidad un interés por pensar sus pesquisas en futuros modelos de innovación y emprendimiento. “La academia tiene una particularidad y es que los avances presentados están basados en investigación y ya han pasado por toda clase de pruebas, por lo que están casi listos para materializarse”, dice Diana Gaviria, directora ejecutiva de Connect Bogotá.

Como esta alianza, son muchos los proyectos de desarrollo que hoy en día congregan a diferentes sectores en la búsqueda de materializar ideas que aporten al progreso, en razón de los poderosos resultados obtenidos. Al respecto, Gaitán afirma que, sin la unión de todas las organizaciones participantes, los resultados evidenciados en las convocatorias no serían los mismos. Esto ratifica la importancia del trabajo conjunto para la consolidación de lo que Fanny Almario describe como un círculo virtuoso de la innovación, en el que se juntan diferentes sectores de la sociedad para producir nuevas ideas, productos, procesos y servicios capaces de introducirse en el mercado para incrementar la productividad y la competitividad, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. 

 

 

                             

La enfermería: un jardín de rosas

La enfermería: un jardín de rosas

Julieta lleva más de cinco años trabajando en una Unidad de Cuidados Intensivos. Su trayectoria como enfermera la ha llevado a administrar con frecuencia fentanilo, un medicamento para tratar el dolor en pacientes con cáncer. Un día, al llegar a turno, se encuentra con una situación que le llama la atención: un paciente que lleva varios días hospitalizado, recibe una dosis elevada de dicho medicamento. Julieta se lo comenta al médico intensivista que está a cargo para que tome medidas al respecto, sin embargo, para su sorpresa, la respuesta es frustrante, común y poco alentadora:
— Su labor aquí es administrar la dosis, no cuestionarla.

Esta situación es una de las tantas a las que Edilma Marlén Suárez, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, está acostumbrada a escuchar en su labor como docente de Ética en la Especialización en Enfermería en Cuidado Crítico y en la de Enfermería Pediátrica, ambas de la Pontificia Universidad Javeriana. Su experiencia de más de 21 años como profesora en enfermería le ha permitido evidenciar los problemas de orden disciplinar y dilemas éticos que se desarrollan en la relación médico – enfermera en ámbitos clínicos.

Edilma, como la llaman sus estudiantes, es profesional en enfermería, especialista en Bioética y máster en Administración en salud y Estudios políticos; aunque su formación ha sido netamente javeriana, su vocación y pasión por la docencia en enfermería, y cómo se ejerce en Colombia, la llevaron a asumir el reto de entender por qué “mientras se les dice a los estudiantes que el profesional de enfermería es autónomo y que no es la mano derecha del médico, en la vida práctica las enfermeras mantienen una actitud de reverencia y sumisión a él, que es observada y reproducida por los estudiantes”.

De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia (ANEC), el 40% de las profesionales no tiene vivienda propia, el 55% tiene personas a cargo y un 27% corresponde a mujeres cabeza de hogar. Estas cifras fueron fundamentales para esta amante de la política, porque con ellas argumentó la precariedad en el ejercicio profesional de la enfermería y ratificó que la imposición de una serie de teorías, modelos y paradigmas en los programas académicos son poco efectivos, ya que están pensados para un sistema de salud diferente al colombiano.

Debido a esta situación, en 2015 Edilma le apuntó, a través de su investigación doctoral, a argumentar que en la formación universitaria en enfermería existe un currículo oculto, uno de género, del cual la población no es consciente y tiene efectos en el ejercicio el profesional.

“Mi meta con este trabajo es denunciar una realidad histórica en la enfermería, que he vivido y desde la cual no asumo una posición de neutralidad; lo que busco es desnaturalizar y problematizar la subjetividad imperante en la enfermería como única verdad”, menciona.


La búsqueda de respuestas

El primer paso en su trabajo investigativo consistió en estudiar las formas de gubernamentalidad, en un programa universitario de enfermería, entre las décadas de 1950 y 1960. Es decir, conocer cuáles son las ideologías políticas que han incidido en la conducta de las personas para entender cómo se han construido las relaciones de poder y moldeado a las enfermeras como sujetos trabajadores, heterónomos, sumisos y subordinados.

Edilma, quien también es amante del origami, recuerda que lo primero que hizo fue un trabajo netamente de registro, de recolección de documentos, fichas técnicas y contextualización teórica. Visitó el archivo de la Facultad de Enfermería de la Javeriana y el Archivo Histórico de la misma institución; examinó información en periódicos como El Tiempo y El Espectador, y exploró textos sobre la historia de la salud pública, la enfermería y las mujeres en Colombia.

Entrevistó a cuatro mujeres del programa de formación en enfermería entre 1950 y 1960, mujeres que actualmente tienen entre 70 y 85 años, con la intención de enriquecer su investigación y cotejar sus respuestas con los eventos históricos que halló en la documentación. Edilma hizo una depuración y sistematización de la información, con lo cual problematizó su tema de estudio: la enfermera como sujeto trabajador.

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Una cadena de pistas

Su inquietud, perseverancia y desdén por los problemas disciplinares de su profesión la llevó a encontrar las relaciones de poder creadas en la formación de las jóvenes enfermeras. Por ejemplo, la influencia del comportamiento social conservador del siglo XIX en las prácticas de las mujeres y la familia, particularmente en lo relacionado con los valores católicos coloniales; este ideal también se afianzó con la estructura patriarcal de la época, responsable de que las mujeres solo pudieran recibir formación universitaria en carreras consideradas propias de su género: culinaria, recreación, práctica de campo de enfermería, cosmetología e industria artesanal. De hecho, fue hasta el 10 de diciembre de 1934 cuando se presentó al Congreso de la República un proyecto de ley para solicitar el derecho de las mujeres a la educación universitaria.

Las normas impartidas por textos como el Manual de urbanidad y buenas maneras, de Manuel Antonio Carreño, ratificó el modelo patriarcal. De hecho, este documento “marcó un hito muy importante porque indicó la separación de clases”, reconoce Edilma, ya que “había mujeres pobres, a quienes la formación y la educación les servía para hacer las actividades domésticas, por lo tanto no debían ceñirse a este manual, mientras que aquellas de clases medias y altas eran quienes recibían la educación basada en este tipo de cartillas y en la economía doméstica, la culinaria y manualidades”.

La responsabilidad por el cuidado de los otros y de la familia también fue un discurso de poder inculcado en las mujeres con el argumento de que así contribuían con la felicidad del hogar. No en vano, la Escuela de Comadronas y Enfermeras, que en 1937 pasó a ser la Escuela Nacional de Enfermeras, se articuló con el modelo de formación técnica. En esta misma vía, la Pontificia Universidad Javeriana abrió la Escuela de Economía Social y Enfermería en 1941.

Adicionalmente, la femineidad, el servicio al prójimo, la abnegación, la valentía, la generosidad y el espíritu de sacrificio como perfil de quienes querían ingresar a la academia para formarse en enfermería, y la influencia del modelo pedagógico y programa académico estadounidense, fueron los insumos para que Edilma encontrara los saberes históricos insertados en sus estudiantes y el porqué de la dificultad en el relacionamiento con los médicos en ambientes laborales.

La institucionalización de la salud en el país durante el crecimiento del capitalismo estadounidense hizo que la formación en enfermería pasara de ser un programa clínico e instrumental a recibir una formación centrada en el conocimiento administrativo hospitalario. De esta manera, las profesionales estarían en la capacidad de asumir responsabilidades organizacionales en tanto los médicos asumían su rol científico. A esto, cabe añadir que la conformación de gremios, como el Comité de Expertos en Enfermería de la Organización Mundial de la Salud, el Comité Permanente de Enfermería en el Ministerio de Salud, y de la creación de la Asociación Colombiana de Facultades de Enfermería, por mencionar algunas instituciones, afirmó el modelo de gubernamentalidad planteado al inicio de la investigación.

“Cuando vi el fin de la gubernamentalidad en la conducta de las mujeres, encontré que las instituciones se encargaron de normalizar a las enfermeras, de  homogeneizar sus conocimientos, haceres y saberes, y a la vez las motivó a trabajar desde el cuidado al otro para que los trabajadores se enfermaran menos y fueran más productivos. Este es el fin económico que ha preservado”, asegura Edilma.

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En ese sentido, cabe preguntarse por qué, a pesar de que más del 50% del personal de salud corresponde a enfermeros y enfermeras, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su escasez aún supera los 800.000 puestos de trabajo. ¿Se debe a la falta de regulación en los salarios? ¿A las dificultades en la movilidad y migración de las enfermeras? O, siguiendo la línea de la docente javeriana, ¿a los ambientes de trabajo inadecuados?

Julio Cesar Castellanos Ramírez, director general del Hospital Universitario San Ignacio, señala que su percepción sobre la relación médico-enfermera en un ambiente laboral clínico es “subordinada, aunque en algunos pocos servicios muy especializados se acerca a una relación de pares”.

Por el momento, esta preocupación no solo atañe a la OPS, también es un motivo para considerar la línea divisoria entre las funciones de las enfermeras y los médicos, ya que no solo corresponde a normas y leyes institucionales sino también a prácticas culturales arraigadas en las mujeres y al orden patriarcal establecido con los años.

A una tradición de los valores femeninos relacionados con la docilidad y el silencio, a prácticas de sumisión y cordialidad asumidas por las jóvenes de las clases altas, quienes tenían la posibilidad de acceder a la educación, y a un grupo selecto mujeres que, tanto a mediados del siglo pasado como ahora, se han emancipado con la decisión de ingresar a la universidad y ejercer un rol consciente de su profesión.

Es decir, un jardín de rosas que, así como en el pasado era sembrado tradicionalmente frente al edificio de la Facultad de Enfermería de la época (Ed. Cataluña) en alusión a la alegría, belleza, modestia y elegancia con la que las enfermeras graduadas consagraban su vida a la ciencia y la salud pública, ahora, al mismo jardín le crecen espinos por las inconformidades de las rosas al ejercer su profesión.

 


INVESTIGACIÓN: Gubernamentalidad en la formación universitaria en enfermería en Bogotá, durante las décadas de 1950 y 1960. El jardín de rosas.
INVESTIGACIÓN: Edilma Marlén Suárez
AÑO: 2015-2019