¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

Los corales son a los arrecifes lo que los árboles son a los bosques. Con esa descripción, Mateo López-Victoria representa el valor que tienen esos ecosistemas marinos para la conservación de la biodiversidad del país.

Él, biólogo marino de profesión y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana seccional Cali, lidera una iniciativa pocas veces vista en Colombia: la restauración de arrecifes coralinos en Parques Nacionales Naturales ubicados en aguas del océano Pacífico.

Este proyecto surgió hace cinco años del análisis de la degradación que sufren los corales ubicados en el Caribe y en otros lugares del mundo, situación que creen tarde o temprano llegará a las aguas del Pacífico debido, por ejemplo, al calentamiento global y la contaminación.

“Esos procesos de restauración son preventivos, para que cuando llegue el coletazo del deterioro de los arrecifes al Pacífico colombiano, nosotros ya estemos preparados y no empecemos a reaccionar, quizá muy tarde, sobre la marcha del deterioro”, explica López-Victoria.

Él agrega que es necesario anticiparse y prepararse científicamente con el fin de tener suficientes elementos para tomar decisiones con base en procesos que ya hayan probado ser exitosos. Por eso enfocan sus esfuerzos en el conocimiento de especies, técnicas para propagarlas y seguimiento a su desarrollo y desempeño en procesos de restauración aplicados, siempre en las condiciones naturales dentro del Parque, no en un laboratorio.

Gracias a esta exploración, científicos, profesores y estudiantes han logrado conocer profundamente cinco especies de coral, de 15 que tienen en el radar porque ellos son fundamentales para la salud de los mares, de acuerdo con el investigador javeriano. “Los arrecifes coralinos son el ecosistema más biodiverso que hay en el planeta. Por metro cúbico tienen más diversidad que las selvas húmedas tropicales. No hay nada más diverso en número de especies que un arrecife coralino”, complementa.

Incluso, López describe un fenómeno positivo que se da en aquellos presentes en los Parques Nacionales como Gorgona y Utría. Según sus análisis, en ellos se da un ‘efecto de desborde’, es decir, hay unos excedentes en peces, moluscos y otros seres producto de la reproducción que realizan en esas áreas protegidas, por lo que miles de ellos llegan a los lugares cercanos donde está permitida la pesca y extracción de recursos, beneficiando así a miles de personas.

 

Escalas de investigación

Todos los actores que participan en esta cruzada por la conservación de los arrecifes trabajan a diferentes escalas investigativas.

La primera de ellas tiene un énfasis en los trabajos de grado de los estudiantes, los cuales se ejecutan entre seis y 12 meses. “Ellos plantean una pregunta específica sobre la restauración del coral. A partir de eso identificamos la especie, la fragmentamos, probamos los sustratos en los cuales se siembra el coral, técnicas de pegado y cómo se construyen esos sustratos. De ahí se desprende cuáles son los tamaños ideales de corte para que el coral se desarrolle y tenga una alta tasa de supervivencia”, describe el biólogo.

La segunda escala consiste en integrar los resultados de los análisis e investigaciones en función de una pequeña área o arrecife que se quiera restaurar. Por ejemplo, en el Parque Gorgona se ejecutan acciones en el sector de El Remanso, un lugar donde hubo coberturas de coral, pero que se deterioraron en la década de los ochenta por el daño ambiental que sufrió la isla en tiempos en que funcionó el penal, y como consecuencia de fenómenos climáticos que están terminando de entender.

La tercera fase, que es la más robusta, es el programa de restauración de los arrecifes del PNN Gorgona. Este programa es ejecutado por representantes de la Javeriana Cali, como Juan Felipe Lazarus; Fernando Zapata, de la Universidad del Valle; Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, y los funcionarios Luis Payán y Héctor Chirimías, del Parque Nacional. El objetivo es aplicarlo durante cinco años estableciendo proyectos piloto, e involucrar a otros actores como turistas, pescadores, escuelas de instrucción de buceo y otros científicos.

Además de replicar esta misma experiencia científica en Parques como Utría y Malpelo, López afirma que este modelo también puede servir como ejemplo de recuperación de ecosistemas de otro tipo, pues empodera a comunidades, estudiantes, científicos y pescadores de distintas regiones.

Cultivando para la vida

Cultivando para la vida

Pesquisa Javeriana viajó al nororiente de Caldas con integrantes de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana y el profesor José Ignacio Barrera, doctor en biología animal, vegetal y ecología, para acompañarlos en el cierre de la segunda etapa de los proyectos de investigación Plan de restauración ecológica del Trasvase río Manso y al Plan de conservación de la especie amenazada Gustavia romeroi.

Estas iniciativas surgieron luego de que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, le enviara una medida preventiva de suspensión a Isagen para el inicio de operaciones del Trasvase del Río Manso al Embalse de la Central Hidroeléctrica La Miel I; la obra dejó graves efectos en los nacimientos de agua y el acceso de las comunidades a este recurso hídrico, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible evidenciado en Auto 2336 del 24 de junio de 2010.

Conozca a continuación el trabajo realizado en los municipios de Norcasia y Samaná por la ERE, con el apoyo de los estudiantes de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, quienes pertenecen a la clase de Restauración de ecosistemas.

Berlín es un pequeño corregimiento en el municipio de Samaná, al nororiente Caldas; limita hacia el oriente con el municipio de Norcasia, región privilegiada por sus afluentes Guarinó, La Miel, Moro, Manso, Samaná Sur, Pensilvania y Tenerife.

Gracias a la ubicación geográfica de Berlín, la empresa productora de energía Isagen construyó la Central Hidroeléctrica La Miel I sobre la vertiente Oriental de la Cordillera Central. Esta obra alberga alrededor de 600 metros cúbicos de agua en más de 1.220 hectáreas y creó el actual embalse Amaní.

Sin embargo, con la construcción del Tranvase Manso y del túnel que redirecciona el agua del río Manso hasta el embalse Amaní de la central hidroeléctrica para aumentar su producción de energía, fueron afectadas 22 quebradas en la región, 18 de ellas totalmente secas.

Isagen contactó en 2014 a la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana para crear un plan de rehabilitación de los ecosistemas terrestres y acuáticos afectados con la construcción del  transvase.

Desde 2015, los estudiantes de la clase de Restauración de ecosistemas, de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, asisten con José Ignacio Barrera, director de la ERE y docente javeriano, al corregimiento de Berlín, a veredas aledañas como Moscovita, Montebello, La Reforma y Piedras Verdes, para apoyarlo en las estrategias de restauración ecológica.

La última salida de campo ocurrió en abril de 2018; durante su estadía en el municipio de Norcasia, los estudiantes, con el apoyo de habitantes de la región, plantaron especies leñosas para que interactúen y diversifiquen la producción de cultivos (sistema agroforestal) y construyeron cercos con estacas alrededor de las plantas para evitar que el ganado las consuma u obstruya su crecimiento (sistemas silvopastoril).

Otra estrategia, orientada al control de las actividades agropecuarias, consistió en la reubicación de los bebederos del ganados¿ para que no contaminen las fuentes hídricas. Estudiantes de la ERE plantaron cercos vivos a partir de árboles nativos para proteger las rondas de los cursos de agua.

Los estudiantes plantaron palos de aguacate y cacao en la finca ‘Media divisa’, en el corregimiento de Berlín, luego de que campesinos les explicaran cómo hacerlo, con el fin de enriquecer el suelo y dotar de árboles aptos para el cultivo. Este sistema permite también potenciar la actividad productiva de los campesinos de la vereda La Reforma.

Con baldes llenos de cal y palas al hombro, más de 30 estudiantes abrieron huecos en la superficie mientras que otros regaron abono para sembrar plantas de cacao. La recomendación del docente Barrera fue: “Caben hoyos, pongan la cal, rompan la bolsa de la planta, introdúzcanla dentro y rieguen tierra a su alrededor, písenla para compactarla. No dañen las hojas”.

Estas estrategias de restauración ecológica facilitan el restablecimiento de las
condiciones naturales de la región, manteniendo la integridad ecológica del área en cuanto a su estructura, composición y función. A la fecha, más de 8.658 árboles y arbustos de más de 40 especies han sido plantados.

Las actividades de restauración se hicieron mediante mingas o convites con el apoyo de representantes de juntas de acción comunal y municipal, operarios de las fincas y el equipo de la ERE. El objetivo de estos encuentros consistió en mostrar que, así como el ecosistema está conectado entre sí y tiene sus funciones, la comunidad hace parte de una gran red colaborativa que debe apoyar los procesos de recuperación medioambiental.

La limpieza de los conductos de guadua fue una de las actividades desarrolladas por los estudiantes javerianos. En ella, el grupo se encargó de limpiar las hojas, barro y piedras que se acumulan en las mallas que filtran el agua que viaja desde las montañas hacia el corregimiento de Berlín.

Los estudiantes levantaron los sedimentos que obstruyen el recorrido del agua a través de la Bocatoma de Berlín y ajustaron las mallas que filtran los residuos provienentes de actividades agrícolas, industriales, domésticas y ganaderas; muchas de ellas usan pesticidas y fertilizantes químicos que terminan en las corrientes de agua.

De acuerdo con el profesor Barrera, el propósito de estas actividades consiste en pensar el tema de la restauración para mejorar las tierras degradadas por causa del hombre o por causas naturales y salir del aula o ‘jaula’, como él le llama, para que los estudiantes vean el mundo y conozcan la diversidad de escenarios que hay en el país y todo lo que hay por hacer.