Guácharos, sembradores de árboles amazónicos

Guácharos, sembradores de árboles amazónicos

Los guácharos son curiosos, audaces y tienen un poderoso olfato. Viven en cuevas o criptas, y aunque no son murciélagos, sí comparten un mismo poder: la ecolocalización para ubicarse en su hábitat. Se trata del ave de las cavernas o pájaro aceitoso, popular por su capacidad de consumir frutos de hasta cinco centímetros de longitud. Esta cualidad lo convierte en un dispersor ideal de semillas de gran tamaño y un instrumento de conservación de la biodiversidad de la Amazonía, una región que entre enero y marzo de 2020 sufrió la deforestación de cerca de 64.000 hectáreas de bosque, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

 

El guácharo fue descrito por Alexander von Humboldt en la Cueva del Guácharo, en Caripe (Venezuela), durante su viaje a Sudamérica en 1799.

 

Con el fin de conocer cuáles son los hábitats más visitados por estas aves, qué uso les dan a los ecosistemas en los que se mueven e identificar la relación entre su movimiento y la dispersión de semillas, Sasha Cárdenas, magíster en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana, desarrolló un proyecto de investigación entre 2017 y 2019, con la dirección de María Ángela Echeverry-Galvis, profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la misma universidad, y con la colaboración de funcionarios de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

“Los guácharos pueden pasar tres, cuatro o cinco días fuera de las cuevas buscando alimento; ellos solo están muy amarrados a las cavernas cuando crían porque allí están sus nidos, probablemente porque en estas zonas se reducen las tasas de depredación”, describe María Ángela Echeverry-Galvis, quien es directora de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Universidad Javeriana.

El Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos, ubicado en los departamentos del Huila y Caquetá, fue el lugar elegido por Cárdenas para la implementación de su investigación. El primer paso fue identificar los hábitos diarios de estas aves y para ello ubicó GPS en siete de ellas con la intención de rastrear sus movimientos, comprender su relación con los ecosistemas que habitan e identificar la altitud en la que permanecen.

Luego de días de seguimiento y rastreo, Cárdenas halló que estos pájaros alcanzan distancias de hasta 55 km en busca de alimento, en especial de los frutos de los aguacatillos (Persea caerulea), un árbol propio de Suramérica, reconocido por su abultado follaje, grandes bayas color verde oliva y tronco robusto que les permite a las bandadas de guácharos asentarse sobre ellos.

 

Estudios colombianos y venezolanos sugieren que los guácharos recorren largas distancias, llegando a volar fuera de las cuevas entre 40 km y 300 km diarios.

 

Asimismo, esta bióloga encontró que una vez las aves están fuera de su cueva, prefieren moverse en alturas que oscilan entre 500 m y 2.000 m y sus ecosistemas predilectos son los bosques densos de tierra firme, lo que involucra zonas donde hoy hay cultivos de café y cacao con árboles de gran tamaño, también conocidos como cafetales o cacaotales con sombrío.

“Nosotros tenemos una hipótesis: al haber árboles con troncos grandes, los guácharos no tienen que pasar la noche solos, dado que estos troncos pueden soportar muchos individuos”, puntualiza Echeverry-Galvis, quien también es una apasionada por el avistamiento de aves, en especial de las rapaces y las grallarias o tororois.

Steatornis caripensis. Fotografía: Sergio Collazos
Steatornis caripensis. Fotografía: Sergio Collazos

 

Los aspersores de semillas en el sur de los Andes

De acuerdo con el Ideam, en Colombia se deforestaron cerca de 158.894 hectáreas de bosque en 2019, de las cuales 62 % correspondían a la región amazónica. Con esta información y ante el histórico porcentaje de pérdida de cobertura boscosa en este territorio durante 2018 -cerca del 70 %-, Cárdenas se preguntó si los guácharos podrían jugar un papel importante para la dispersión de semillas en bosques fragmentados con el fin de regenerar estos ecosistemas.

Ella se dedicó a averiguar qué tipos de semillas consumen los guácharos, identificar su calidad y capacidad de germinación después de pasar por el tracto digestivo del ave e identificar las zonas donde dispersan las semillas a través sus deposiciones. Para lograr estos objetivos, el equipo investigativo instaló seis trampas cerca de las paredes de la cueva principal del PNN La Cueva de los Guácharos, con el fin de recoger las semillas que depositaban allí. Esto les permitió identificar no solo nueve diferentes tipos de frutos, que posteriormente pasaron por un proceso de monitoreo de seis a diez meses, sino también un 98 % de éxito en su germinación en algunas de ellas.

Y luego, ¡Eureka! Resultó que dos de las nueve semillas de los árboles que germinaron se encuentran en categoría de riesgo de extinción: la palmera Geonoma undate y el árbol Ocotea rugosa, apetecidos por la industria maderera. Ante este hallazgo y luego de identificar que estas aves se mueven en un rango de unos 5.000 km2 pasando noches fuera de la cueva, fue posible concluir que los guácharos tienen el potencial para cumplir un papel importante en la dispersión de semillas de gran tamaño, tanto para aquellas que están en peligro, las cuales en contextos de tala selectiva son más afectadas, como para especies comunes que son importantes elementos de paisajes amazónicos.

 

Una cueva de guácharos puede contener cerca de 100.000 individuos, en promedio.

 

A pesar de que la investigación finalizó en 2019, con este hallazgo el trabajo hasta ahora inicia. Así, el llamado es a comprender que los guácharos son sembradores de la Amazonía y si se pierde este territorio, se desaparecen los servicios ecosistémicos. Además, cabe tener en cuenta que la conservación de los Parques Nacionales no solo corresponde a su territorio interno, también hay influencia de estas reservas al exterior de sus fronteras.

“A futuro quisiéramos ponerles más telemetría a guácharos, ver qué otros sitios ocupan e identificar si pueden llegar más lejos. Además, desearíamos establecer viveros para las semillas que caen en las cuevas, con el fin de que puedan ser plantas que nos ayuden en procesos de reforestación”, concluye María Ángela Echeverry-Galvis.

Libro rojo de las aves de Colombia

Libro rojo de las aves de Colombia

Los gorriones

El trinar de los gorriones entró por la ventana abierta,
pero yo desperté lleno de brumas: casi hasta el amanecer
busqué palabras sin provecho de belleza.
Los gorriones cantan una cascada
de notas rápidas y precisas.
Ellos ya resolvieron su problema
y cantan por oficio de sus cuerpos,
pero no los veo entre las espesas ramas del ficus.
Quizá ya se fueron,
quizá ya no existen gorriones en el mundo
y ahora el canto que persiste
es el gorrión verdadero, la dulce materia
de los gorriones que se extinguieron.

José Watanabe

Desde siempre el hombre ha sentido una profunda fascinación por las aves. Pinturas, poemas y canciones de variadas culturas y épocas así lo demuestran. Su variedad y belleza, sus colores, y el hecho de que la gran mayoría sean diurnas, incita a su observación. Las labores de muchos colombianos, algunos académicos y otros aficionados observadores de pájaros, son en buena parte la materia que alimenta el Libro rojo de las aves en Colombia, cuyo primer volumen, Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica, saldrá publicado el próximo mes de noviembre. En esta región se concentran las tres quintas partes de las especies amenazadas del país. Un siguiente volumen versará sobre las aves en riesgo de extinción en el resto de Colombia.

En entrevista para Pesquisa, Luis Miguel Renjifo, líder del grupo investigador, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, precisó que en nuestro país, que alberga la avifauna más diversa del mundo ―por la complejidad de su geografía― y donde se conocen 1.877 especies de aves, los datos sobre sus características, hábitats y formas de vida son escasos. “La gente no creería lo difícil que es obtener la información para hacer este tipo de investigación, ni lo costoso que resulta, o el tiempo que toma, por eso el libro rojo 2013 involucró las labores de cerca de doscientas personas que ven hoy este resultado como algo suyo”, nos contó Renjifo.

Para entender mejor lo que significa este estudio, el investigador nos ilustró sobre el origen de los libros rojos en el mundo. Estos fueron publicados por primera vez gracias a la iniciativa de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en los años sesenta, época en que se tomó conciencia del peligro de extinción de algunas especies. Esos libros estaban basados en opiniones de expertos y, por tanto, en criterios subjetivos que reflejaban el estado del conocimiento en su momento. Con el paso del tiempo la UICN desarrolló un sistema de evaluación de riesgo de extinción para varias especies a partir de categorías y criterios objetivos de carácter cuantitativo y, por ende, de validez mundial. De esta manera se puede comparar hoy el riesgo de extinción, por ejemplo, de una ballena con el de la urraca chocoana.

Justamente con base en ese sistema el grupo de investigadores realizó estimaciones cuantitativas de parámetros como tamaño poblacional, extensión de presencia, rango de ocupación y disminución de hábitat, cuyos resultados fueron consignados en el Libro rojo de las aves de Colombia de 2002.

La metodología de la UICN se apoya en un sistema de categorías y criterios que permite evaluar el riesgo para especies cuando se cuenta con diferentes grados de información y llegar a resultados coherentes y comparables entre especies distintas. Bajo un criterio se examina si la población de la especie está disminuyendo muy rápido, independientemente de su tamaño; otro criterio analiza si la distribución de la especie es muy pequeña (esto es, que solo exista en un área de pocos kilómetros) y se encuentra en disminución, y bajo otro criterio se analiza si la población de la especie es pequeña y además está decreciendo. La aplicación de esta metodología pudiera parecer un proceso conceptualmente sencillo, pero requiere un gran acervo de conocimiento para su utilización, nos explica Renjifo.

Los estudios de extinción deben realizarse periódicamente

En 2008 Renjifo y su grupo consideraron que era tiempo de realizar un nuevo análisis del riesgo de extinción de las especies de aves. Cinco años es el tiempo recomendado para repetir este tipo de evaluaciones y el país había experimentado cambios que lo ameritaban. “Durante la investigación de 2002 no se vislumbraba la expansión en la producción de biocombustibles ni el boom minero y energético que vinieron después, y que podrían tener un efecto negativo en las poblaciones de aves en Colombia. También del lado positivo algunas regiones del país han experimentado una recuperación de cobertura boscosa”, comentó Renjifo.

Era necesario entonces hacer un seguimiento de las poblaciones de aves amenazadas y evaluar si las medidas a favor de su conservación habían tenido éxito, o si por el contrario era preciso refinar las políticas. Por otra parte, las herramientas de investigación habían evolucionado introduciendo métodos como el modelamiento de nicho para hacer evaluaciones más precisas que las realizadas en 2002. “Una vez se cuenta con los puntos geográficos en los que fueron avistadas las aves, esta información se complementa con datos sobre condiciones climáticas, de altitud, etc., de tal manera que donde sea posible reconstruir estas condiciones se inferirá que se puede encontrar allí la misma especie. Así se recrea un modelo de nicho”, nos explicó el investigador. Por último, la publicación del anterior libro rojo estimuló el desarrollo de nuevas investigaciones sobre las especies amenazadas, de modo que se contaba con más información, así como con otra sobre nuevas especie.

Sin embargo, todos esos datos se encontraban dispersos en libros, artículos e informes, así como en observaciones personales no publicadas; por eso el grupo investigador realizó una amplia convocatoria. Se llevaron a cabo 11 talleres para ornitólogos y observadores de aves en diferentes partes del país, se hicieron invitaciones personales y se desarrolló una plataforma en Internet para que los interesados pudieran poner allí su información. De ahí que este libro tenga 95 autores que suministraron información de cada una de las especies, siguiendo los lineamientos entregados por el grupo investigador conformado por los biólogos María Fernanda Gómez, Jorge Iván Velázquez, Gustavo Kattan, Juan David Amaya, Ángela María Amaya-Villarreal y el ecólogo Jaime Burbano, para la edición 2013.

Geográfico Agustín Codazzi posibilitó el acceso del equipo a la versión digital del mapa de ecosistemas de Colombia. Por último, la Pontificia Universidad Javeriana apoyó el proyecto institucional y económicamente de principio a fin.

Un libro para todos

En la obra se analizan 118 especies, incluidas todas las pertenecientes a los bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica que estaban en el libro anterior, y otras que podrían estar amenazadas. No están incluidas aves que son comunes o muy adaptables a los cambios en su medio ambiente, como los copetones o las mirlas. Treinta especies de aves no se habían analizado antes y 30 son endémicas de Colombia (solo existen en nuestro país). Como era de esperarse, la situación para algunas aves es crítica y de las medidas que se adopten en los próximos años dependerá su supervivencia. En otros casos, la situación de algunas aves mejoró en relación con el libro de 2002.

De cada ave hay una hermosa fotografía en color, y en los casos en que fue imposible obtenerla el ave se representa a través de una ilustración de gran calidad y detalle. Luego el libro da a conocer, para cada ave, los lugares en donde puede encontrarse, las características de su hábitat, cuántas hay, de qué se alimentan, cuánto viven y cómo se reproducen. Para esta síntesis se contó con la ayuda de los 95 colaboradores cuyos nombres aparecen en el libro.

Luego se presenta la evaluación del riesgo de extinción de la especie, en la que intervienen los siete autores principales. En esta se describen las amenazas que enfrenta la especie, por ejemplo, pérdida de hábitat, cacería, comercio, contaminación, etc., así como las acciones de conservación emprendidas, como programas de cría en cautiverio, y si el rango de distribución de la especie incluye áreas protegidas. Cada sección finaliza con unos mapas que ilustran la distribución de la especie en el país, así como la pérdida del hábitat y distribución del hábitat remanente. En otro mapa se señala la idoneidad del hábitat.

Estas características del libro apuntan a lograr la comprensión de un público diverso, de acuerdo con Luis Miguel Renjifo, desde el observador de aves, hasta una autoridad ambiental y un ornitólogo. No obstante no se trata de una cartilla, ya que posee datos duros producto del análisis científico. El diseño del libro agrupa la información más compleja en recuadros o subtítulos que pueden ser saltados sin desanimar la lectura del público lego.

Para saber más:
» BirdLife International. disponible en: https://www.birdli fe.org/. recuperado en: 15/09/2013.
» Hilty S. L. & Brown, W. L. (2001). Guía de las aves de Co- lombia. Cali: Sao, Universidad del Valle & american Bird Conservancy (aBC).
  • »  renjifo, L. M., gómez, María F., Velázquez, J. I., Kattan, g., amaya, J. d., amaya, Á. M. & Burbano, J. (2013). Libro rojo de aves de Colombia. Volumen I: Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.
  • »  “the IUCN red List of threatened Species”. disponible en: https://www.iucnredlist.org/. recuperado en: 15/09/2013.
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