Ficción para entender la realidad médica

Ficción para entender la realidad médica

El mundo de la medicina es particular, con lenguaje propio, protocolos estrictos, espacios que desbordan de información (paredes blancas, bolsas rojas que indican peligro, avisos de UCI). Máquinas diseñadas para mostrar el cuerpo humano en números y gráficas; herramientas que se unen al cuerpo de los médicos para mejorar sus sentidos (los lentes de ultra-aumento, el fonendoscopio para escuchar más fuerte), entre otros instrumentos, ayudan a los especialistas a leer el cuerpo como ningún otro ser humano lo puede hacer.

Así lo demuestra la investigación antropológica Lenguaje y dispositivo. Un análisis de la serie Dr. House como caso paradigmático de la práctica médica colombiana, con la que los antropólogos javerianos Juan Camilo Deaza, Jairo Clavijo y Valeria Sánchez estudiaron las dinámicas y las formas como se percibe el cuerpo humano en este entorno.

Para ello tomaron la serie televisiva estadounidense Dr. House, que gira alrededor del doctor Gregory House, quien dirige el departamento de diagnóstico médico y atiende, en compañía de otros colegas, casos complejos que resuelve como un ‘Sherlock Holmes’ de la medicina. Los investigadores javerianos seleccionaron apartados de tres capítulos de la serie: ‘Comité de trasplante’ (capítulo 14 de la primera temporada); ‘Tecnología de punta’ (capítulo 10 de la segunda temporada), y ‘Consentimiento informado’ (capítulo 3 de la tercera temporada), y analizaron estas situaciones que, aunque ficticias, se acercan a la realidad.

 

Radiografía de la práctica médica

El diagnóstico y tratamiento del SARS-CoV-2 es uno de los escenarios que aqueja a los profesionales de la salud hoy en día y sirve como ejemplo para comprender algunas de las afirmaciones que hacen los investigadores.

Los pacientes que llegan a los hospitales no están diagnosticados con la COVID-19. En el ‘triage’ se hace la primera clasificación de los que ingresan por síntomas respiratorios y los que vienen por otras patologías. Los respiratorios pasan a unos cubículos especiales, se les pregunta sobre estos síntomas y se les mide la temperatura para saber si tienen fiebre. Si cumplen con los criterios establecidos se convierten en casos sospechosos. Así describe Fernanda Flores* el protocolo que manejan para este tipo de coronavirus. Ella es una de las profesionales que trata a pacientes con el virus en un hospital de Bogotá.

Cuando la doctora menciona el triage, protocolo que determina la gravedad de los síntomas y el tipo de atención que deben recibir los pacientes, a través de pruebas de pulsioximetría (que mide la saturación de oxígeno en la sangre), frecuencia cardiaca, temperatura, lectura de enfermedades previas, además del cuestionario sobre síntomas respiratorios, o los 38°c de fiebre, queda claro, como asegura el profesor Deaza, que “los médicos son capaces de convertir el cuerpo humano en datos, los cuales sirven de insumo para llevar a cabo su labor”.

La doctora Flores trata de explicar el procedimiento de forma sencilla y sin los tecnicismos que podría utilizar con sus colegas, sin embargo, se vuelve inevitable incluir el lenguaje propio de la medicina y hablar de las tecnologías que usan como mediadoras para comprender lo que hay en este ‘libro cargado de información’ que es el cuerpo humano.

“Cuando se cumplen los criterios para un caso sospechoso se le toma la prueba PCR al paciente, una que sacamos de las secreciones nasales y luego hacemos los anticuerpos, pruebas de sangre con las que se busca determinar si la persona ya tuvo contacto con el virus”, dice la médica.

“Los médicos no tratan directamente con el cuerpo, sino con los datos que se crean a partir de él, información sacada de prácticas, discursos, máquinas y más, (en este caso, Flores trabaja con los resultados obtenidos del PCR y los anticuerpos). Así, podemos decir que la relación del médico con la persona siempre está mediada por un conjunto de tecnologías”, dice Deaza y explica que las tecnologías no son necesariamente un objeto: “también son las acciones, las formas de actuar, los saberes que tiene un médico, los procedimientos y protocolos que han sido inventados, perfeccionados y desarrollados sin cesar”.

En este sentido, muchos de los componentes del sistema de la práctica médica están mediados por tecnologías que pueden ser objetos, instrumentos tecnológicos que guían la observación del médico; sujetos, los doctores; códigos, resultado de la conversión del cuerpo en datos; normatividades legales como el consentimiento informado o la Ley 100 en el caso colombiano; entre otros elementos, que forman un ‘dispositivo’ capaz de orientar, determinar, controlar y asegurar, conductas, opiniones y discursos de los seres vivos, aseguran los científicos.

 

La medicina como dispositivo

Los fragmentos de la serie Dr. House que estudiaron los antropólogos explican algunas de las dinámicas, no muy alejadas de la realidad, que demuestran el funcionamiento al interior del ya denominado “dispositivo médico”.

En primer lugar, los investigadores analizaron los comités médicos como una de las tecnologías que da el poder a los doctores para tomar decisiones, basadas en criterios que solo ellos comprenden. Por ejemplo, pueden determinar si una persona es apta para un trasplante o si un individuo diagnosticado con la COVID-19 requiere un tratamiento especial. “Esto orienta lo que será la conducta y situación del paciente después de la decisión”, dice el profesor Deaza.

En segundo lugar, comprobaron que la labor del médico en la serie se basa en convertir el cuerpo humano en datos. Deaza afirma que esto no es algo nuevo: “es verdad que las relaciones médico-paciente han cambiado con el tiempo, antes había un contacto más directo con el cuerpo físico que ahora. Actualmente hay más mediación de máquinas que entregan números concretos y estandarizados del cuerpo sin necesidad, en muchos casos, de tocarlo. Esto no quiere decir que antes el cuerpo no se transformara en datos, también se hacía, solo que a partir de criterios más cualitativos. Tanto antes como ahora, las relaciones médico-paciente siempre han estado mediadas por el conocimiento, aparatos, lectura de signos”.

Por último, los investigadores analizaron la tecnología del consentimiento informado, documento que autoriza al médico a practicar determinada intervención sobre el paciente y ya que no se tiene certeza sobre los resultados del procedimiento, el paciente reconoce y acepta los riesgos. Esta herramienta sirve como intermediaria entre el médico y el paciente, asegurando control frente a la conducta, opinión y discurso de las personas a quienes tratan.

En conclusión, estos tres momentos abordados en la investigación evidencian el funcionamiento de la medicina como un dispositivo que les da poder a los médicos y los diferencia de cualquier otra persona. Ellos tienen la capacidad de incidir directamente en la vida de alguien mediado por múltiples tecnologías (un comité, una máquina, un examen, un documento, etc.). Además, se demuestra la importancia de la conversión del cuerpo en datos, pues hace parte, como dicen los investigadores, del ideal médico contemporáneo.


*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

El aventurero errante

El aventurero errante

Inquieto, juguetón e intrigado por objetos viejos y las cosas abandonadas, así creció Germán Ortegón. Desde que tenía 13 años, recuerda, colgaba sobre su cuello una cámara Olympus duplicadora que pertenecía a su madre, con un lente fijo y un pequeño zoom. Recorría las calles capturando imágenes, sin llegar a imaginarse que este hobbie lo convertiría en fotógrafo de la BBC y no propiamente por su rigurosidad periodística, sino porque era el designado para bautizos, bodas y comuniones. Sí, primeras comuniones.

Germán Ortegón

Nació en Manizales, en el seno de una familia de pura cepa: los Ortegón Pérez.  Aunque su pasión escondida siempre fue la fotografía, decidió, durante su adolescencia, estudiar comunicación social y periodismo. Se especializó en televisión, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el Instituto RTVE en Madrid, España.

Desde joven este manizaleño supo que lo suyo era narrar, narrar las historias de personas, sus experiencias y su memoria. Por eso dirigió el programa Agenda CM& en el Canal Uno, produjo los Juegos Centroamericanos y del Caribe – Cartagena (2006) para Señal Colombia, y realizó el magazín Los Ojos de mi Calle para RCN (2005).

Las primeras publicaciones sobre su trabajo con cámaras ocurrieron cuando era periodista del diario La Patria,  en Manizales. Aunque su función no era hacer fotoperiodismo, recuerda que las postales que tomaba le servían como un ejercicio de memoria personal. En su catálogo de fotografías todavía conserva alrededor de 27.000 imágenes.

Lo que fuimos 1

Con el paso de los años Germán supo que contar historias audiovisuales no era suficiente, que el país estaba cansado de ver muertos, tragedias y desastres; y que él también, como periodista, estaba molesto de encontrar cómo los protagonistas de sus producciones terminaban amenazados o revictimizados. A inicios de 2010, y con el objetivo de narrar desde otros puntos de vista, descubrió en las fotografías una forma de contar realidades. Una metáfora de la vida que, aunque cruda y dolorosa, también puede ser bella.

Este fue el gran salto en su carrera profesional. Notó, por primera vez, que no necesitaba de secuencias fotográficas para contar anécdotas, sino que una sola imagen podría contener millones de historias según la posición espacio-temporal del observador. Eso fue suficiente para darle un giro a su vida y emprender un diálogo con los objetos desde una estética bizarra mediado por la sensibilidad. Ellos le hablan de sujetos que aun los habitan y que dejaron su espíritu en su interior, tal como dice.

Trincheras de paz 3

“Descubrí que la gente se estaba volviendo insensible por lo que sucedía en el día a día”, enfatiza Germán Ortegón. Porque, según él, este ejercicio le permitió encontrar en las imágenes “…las experiencias de las personas, de lo vivido y no vivido. Encontrar sentimientos estremecedores sobre aquello que, aunque no experimentaron, sí se los contaron o asociaron con su pasado”.


Nuevos retos

En 2014 este amante de los viajes asumió el reto de recorrer el país con trípode en mano y maleta al hombro para contar, a través de su lente, la memoria de las víctimas del conflicto armado. Caminó toda la región de Gualivá, en el departamento de Cundinamarca, por alrededor de cuatro años. De este ejercicio resultaron 70 fotografías de objetos desgastados, personas y paisajes que evidencian el maltrato, abandono y desplazamiento de campesinos colombianos.

No fue un ejercicio de reportería, sino un encuentro programado por el destino con los testimonios que le contaban las cosas viejas. Entabló un dialogo con los objetos, sentía sus voces, llamándolo y observándolo. Así entendió que esos elementos que alguna vez usó para contextualizar los documentales que les presentaba a los televidentes, ahora le permitían narrar la complejidad de la violencia. Aunque no se considera un hombre sensible, reconoce que aprendió a ver diferente. A entender que “…en el universo, todo dialoga con todo”.

En marzo de 2017, Ortegón, quien también es profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, registró la serie fotográfica Lo que fuimos en el Catálogo de Obras Artísticas de la misma institución Según Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación, su obra cuenta con un valor patrimonial y estético de especial importancia para la Universidad.

Lo que fuimos 2

“Cuando muestro por primera vez Lo que fuimos, me encuentro con personas que empiezan a llorar viendo las imágenes; mi interés no era que lloraran, sino tocarlos. Lo que pretendía era indagar en la sensibilidad y las vivencias de las personas y es que a veces surgen sentimientos estremecedores que no se pueden evitar”, recuerda Ortegón.

Su misión no terminó allí. De hecho, en diciembre de 2017, Ortegón y seis estudiantes del Semillero de Investigación Aplicada en Periodismo Audiovisual de la Javeriana viajaron al Sahara Occidental, a la República Árabe Saharaui Democrática gracias a una invitación hecha por su embajador Mujtar Leboihi Emboiric. Este territorio, su población y gobierno son autónomos; sin embargo, su soberanía no ha sido reconocida internacionalmente.

El propósito de este viaje fue realizar trabajo social con la comunidad saharaui, construir casas, hacer actividades con los niños, conocer los hospitales y al mismo tiempo recorrer los campamentos de refugiados para fotografiar el concepto del dolor de la guerra, ya que esta región ha vivido en conflicto constante entre el Frente Polisario,  Marruecos y Mauritania por mantener el dominio militar y colonial de la zona desde mediados de los años setenta.

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Una grata experiencia, según cuenta Germán, ocurrió a los pocos días de llegar al desierto. Porque, aunque viajaron en diciembre del 2017 y las especificaciones del tiempo para la época correspondían a sequía, el grupo javeriano presenció una fuerte tormenta de arena y, poco común, una tarde lluviosa. De ahí, nació una de las fotografías más bellas de la colección Memorias de arena, se trata de una gran duna vestida por un rojo intenso ocasionado por el agua que la bañó.

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Esta obra, conformada por 20 imágenes, se prepara para presentarse a lo largo de 2019 en países como Sudáfrica, la Liga Árabe, Francia, Alemania, Estados Unidos y España, con el apoyo de la embajada saharaui. Memorias de arena ya tocó territorio colombiano al haberse exhibido en las pantallas gigantes de la Javeriana y estar en proceso de registro en el Catálogo de Obras de la misma institución.

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Como si fuera poco, el gusto por comunicar formas de vida involucró a Germán desde hace un par de años en el proyecto de la docente javeriana Paula Ospina Saavedra: Hacia una cartografía discursiva de la reconciliación en Colombia, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje. ¿Su objetivo? Entender los discursos de actores sociales sobre el proceso de reconciliación sin caer en lugares comunes de revictimización.

“Mi aporte a esta investigación siempre ha sido una reflexión de cómo difundir las experiencias de reconciliación sin dañar y en especial buscando no revictimizar a nadie”, menciona Ortegón. Desde aquí hace una propuesta fotográfica para rendir homenaje a las mujeres víctimas y victimarias en La Macarena – Meta, “ambas han vivido los dos roles en diferentes momentos” aclara. El ejercicio de narrar fue fotografiando los pies de las mujeres porque, según él, “lo importante no es saber quién es guerrillera o campesina, ya que al final todas son campesinas”. Este trabajo no tiene un nombre definido aún, sin embargo, lo reconoce como Huellas.

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Del lente al papel

Cada vez que Ortegón encuentra un objeto le asaltan preguntas. ¿De quién será? ¿Qué habrá pasado con su dueño? ¿Para dónde se fue? Porque, como reconoce, para saber a dónde ir es necesario conocer de dónde se viene, por eso lo primero que hace antes de iniciar una sesión fotográfica es recordar su pasado.

Él es paisa, muy paisa. Su acento lo delata. Incluso, mucho más que el tinto con panela y la arepa blanca que se ‘zampa’ al desayuno. Aunque lleva más de 29 años en Bogotá, no ha perdido sus raíces. Su familia paterna proviene del norte de España, de una comunidad de desplazados que llegó a América y a Colombia por el departamento de Santander. Quizá por eso considera que los objetos, esos que en algún momento fueron desechados, son los que ahora conducen sus creaciones.

Es riguroso y metódico. Trabajar con ‘basura’, con objetos despreciados, como muchos le dicen, no implica desorden. Él es estricto con la calidad de sus fotografías. No imprime en papel tradicional, lo hace en tipo barytas por sus fibras en algodón; no utiliza tinta láser sino pigmentos naturales para realzar la calidad de la imagen; y no emplea marcos unidos en sus esquinas sino de una sola pieza. Todo lo hace en calidad museo, nada se toca con las manos, todo se toma con pinzas. Eso habla de su trabajo, de él mismo.

Debido a este ejercicio y a su trayectoria profesional, Ortegón, quien también es director audiovisual del medio de comunicación javeriano Directo Bogotá televisión, fue invitado como conferencista a la XXV Cátedra Unesco de Comunicación en la categoría Memoria, verdad y comunicación, que se realizará el próximo 2 de noviembre en la Javeriana.

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Allí conversará sobre la relación entre memoria, subjetividad, credibilidad y las pugnas por el sentido a partir del trabajo fotográfico que ha desarrollado con Lo que fuimos, Memorias de arena, Huellas y otras producciones independientes, como Trincheras de paz, que aborda la arqueología de la memoria en los municipios de Mesetas y la Macarena, en el departamento del Meta; Hombres de Maíz, un recorrido de cuatro años por México, Guatemala, Honduras y Belice contando la historia maya a través de las piedras; y la mística del caribe colombiano con Mar eterno.

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Este hombre de piel trigueña, apasionado por la música, el arte y la literatura, halló su pasión en la belleza del dolor, luego de 35 años retratando las historias de colombianos; descubrió que ya no es él quien caza historias sino que ellas lo buscan, y que, así como alguna vez gozó de la inocencia de su niñez, ahora con sus fotografías puede llevar a sus espectadores al pasado para revivir en ellos lo que alguna vez los hizo vibrar: sus raíces, su memoria y su cotidianidad.

El enigma de las audiencias de medios

El enigma de las audiencias de medios

Los resultados arrojados por los estudios que miden audiencias definen parte de la economía colombiana y del mundo. Para cada medio masivo de comunicación, una empresa se encarga de entregar cifras sobre mayores audiencias o más altos consumos. Su supervivencia depende de estas cifras.

Las empresas de medición aplican diversas metodologías para intentar dar cuenta del número de personas que ven cierto tipo de canales y programas en televisión, cuáles son las emisoras de radio más escuchadas, los diarios y revistas más vendidos o los sitios de internet más consultados.

“Las industrias culturales de comunicación cada vez dependen más de la medición de audiencias”, dice Juan Carlos Valencia, profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, quien lideró una investigación para comprender cómo se construyen las cifras de audiencia en los diferentes medios de comunicación de Colombia. El ejercicio acogió por el camino a colegas en China, España y Estados Unidos, quienes indagaron sobre los estudios de audiencia en sus países.

“Queríamos entrar a la caja negra”, dice Valencia; “conocer los métodos que utilizan, describirlos desde adentro, tratar de entender cómo se mide, con qué recursividad e ingenio, pero también con qué limitaciones”.


Los currencies y los ratings

Los investigadores identificaron el estudio más reconocido por cada industria mediática. Así, expertos en cada medio analizaron cómo se miden comercialmente las audiencias de las publicaciones impresas, como periódicos y revistas, a través del Estudio General de Medios (EGM); los oyentes de las emisoras de radio de AM y FM, por medio del Estudio Continuo de Audiencia Radial (ECAR); los televidentes con el estudio que realizan Kantar Media y el Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística (Ibope); ComScore para los sitios de internet de grandes empresas mediáticas colombianas, y Cadbox para los públicos que asisten a salas de cine.

Los investigadores constataron que “es muy difícil medir las audiencias de los medios de comunicación porque somos cada vez más nómadas como consumidores de medios”, según afirma Valencia. “Uno puede leer la última edición de la revista Semana porque la compró en la librería, pero también puede leer la de hace seis meses en la finca del amigo”. Es difícil llegar a cifras precisas, y las que se obtienen realmente no abarcan al grueso de la diversa población colombiana.

Principales estudios de audiencias en Colombia

  • EGM: Mide el hábito de consumo de quienes responden una encuesta cara a cara por recordación de logos de las publicaciones. No abarca ciudades intermedias ni zonas rurales.
  • ECAR: Emplea encuestas telefónicas basadas en la recordación, que aplican a hogares en las principales ciudades del país.
  • IBOPE: Se basa en las mediciones de más de mil dispositivos electrónicos (people meters) instalados en hogares de las grandes zonas urbanas.

El profesor Valencia y su equipo de trabajo tenían la ilusión de que estas mediciones de audiencias servirían para mejorar los contenidos en cuanto a programas e historias. Pero encontraron que “ese es el propósito secundario; realmente la función principal de esos estudios es construir cifras para vender publicidad”. Además, “la industria casi no cree en esas cifras realmente, pero es lo que hay” y si les va bien, las usan como moneda de intercambio: el llamado currency.

“Los estudios de medición de audiencias necesitan reinventarse, así como el profesional que los interpreta”, concluye la también docente Mónica Baquero.


Algunos hallazgos, medio tras medio

En relación con la prensa escrita, la investigación concluyó que, si bien “el EGM es comúnmente descrito como un estudio de lecturabilidad, [esta]puede ser vista desde muchas perspectivas, pero dentro de la industria de los medios impresos priman las miradas del mercadeo”.

El Estudio General de Medios mide la lecturabilidad de los medios impresos.
El Estudio General de Medios
mide la lecturabilidad de los medios impresos.

En radio se encontró que los resultados del ECAR son objeto de frecuentes polémicas, que a veces llevan a las cadenas radiales a rechazarlos y utilizar los de otros estudios: “Cuando les va mal, citan el EGM para decir que les va bien”, dice Valencia.

“La televisión en Colombia representa el 48% total de ingresos de la pauta publicitaria, y comparada con la radio, prensa, revistas y los medios digitales, continúa siendo el medio con mayor inversión”, encontró la investigación. Quizá sea esa una de las razones por las cuales la televisión privada depende cien por ciento de esta herramienta. De acuerdo con Mauricio Rodríguez, director de audiencias de Caracol, “todos los días hacemos comités y revisamos información sobre cada programa, cada sección, el comportamiento por regiones y por edades para tomar decisiones con respecto a la parrilla de programación”.

Esto tiene dos propósitos: medir el rating, lo que es usado por el área comercial para vender pauta; y, desde el área de programación, para tener información de lo que se llama el share, una medida de audiencia que contabiliza televidentes de equis programa de televisión con respecto al total de televisores encendidos. Sin embargo, dicen los investigadores, la muestra representa a menos de la mitad de los hogares colombianos y no abarca el consumo de televisión en espacios públicos ni en internet. Tampoco logra detectar si la audiencia estaba, efectivamente, viendo la televisión o realizando otras actividades.

Kantar-Ibope podría abrir “una ventana interesante para entender y conocer a las personas, sus hábitos cotidianos, la forma en que se relacionan y experimentan diversas formas de mediación simbólica, pero el afán capitalista reduce a la investigación de audiencias a ser un mecanismo para generar ingresos”, concluye la investigación. “La audiencia se convierte en un producto que se comercializa”.

Desde una mirada crítica, la investigación describe cómo se miden las audiencias de publicaciones impresas, radio, cine, televisión e internet en Colombia.

Internet prometía ser el primer medio confiable para la inversión publicitaria, pues “ofrecía técnicamente la posibilidad de medir con exactitud el volumen de las audiencias y crear perfilados más detallados de estas. […] Sin embargo, la medición de audiencias online presenta un panorama aún más confuso que el de los medios tradicionales del siglo XX, como la televisión o la prensa. No existe un acuerdo entre los diferentes jugadores del mercado sobre las métricas adecuadas para dar cuenta de la complejidad del consumo en el nuevo ecosistema de medios digitales”. Una parte significativa del tráfico en internet está a cargo de programas cibernéticos (robots o spiders), y las personas que navegan lo hacen desde múltiples plataformas y dispositivos, lo cual hace muy difícil la medición.


¿Cantidad o calidad?

“Hay una presión brutal sobre las industrias de los medios de comunicación, incluso sobre los medios públicos, comunitarios y universitarios para meterse en esta lógica de la medición”, concluye Valencia. “Cada vez miden más, con mayor frecuencia, con más costos, pero al mismo tiempo hay un escepticismo creciente de la industria de si realmente esas mediciones les dicen algo o no”. Cada vez hay más estudios pero menos confiabilidad.

En esa lucha por el rating y por la pauta hay una tendencia a manipular las cifras, lo que se confirmó a través de información de los mismos medios: “La manipulación significa que yo puedo leer una cifra de manera diferente a como la lee mi competencia”.

Los investigadores proponen hacer estudios más incluyentes, que abarquen a toda la población, combinar las cifras con una comunicación más directa con quienes consumen medios, lo que daría pistas más cualitativas de la receptividad de las audiencias. Elementos como las cartas del lector, llamadas, correos, tuits y likes pueden crear lazos y generar una mayor participación, porque “toda esta obsesión cuantitativa está dejando de lado otras formas en las cuales los medios de comunicación pueden entrar en relación con sus audiencias”, remató Valencia.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Contando colombianos: medición y mercantilización de audiencias mediáticas, conocimiento científico y biopolítica.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Juan Carlos Valencia Rincón
COINVESTIGADORES: María Patricia Téllez, Mónica Baquero, Alcides Velásquez, John Gutiérrez, Carlos Barreneche, Laura Méndez, Alejandra Beltrán, Antonia Moreno y Paola Saravia
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Departamento de Comunicación
Grupo de Medios, Comunicación y Cultura
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

Novedades Editoriales Pesquisa 35

Novedades Editoriales Pesquisa 35

Televisión y construcción de lo público

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José Miguel Pereira G., ed. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 150 págs. Colección Cátedra Unesco de Comunicación.

Como un homenaje a los sesenta años de la televisión en Colombia y los veinte de la Especialización en Televisión de la Pontificia Universidad Javeriana, la XXI Cátedra Unesco de Comunicación se centró en la televisión y la construcción de lo público. En el libro se compilan los textos de las conferencias centrales de la cátedra, que discuten temas como los sistemas televisivos, las transformaciones de la industria, los nuevos formatos y audiencias, las narrativas televisivas, entre otros. Además, se presentan los resúmenes de todas las ponencias, las cuales se pueden consultar en versión completa, junto con las memorias audiovisuales del evento, en el CD que acompaña el libro. La cátedra y esta publicación continúan el debate acerca de los modos de aproximación a la información, la deliberación pública y el derecho al entretenimiento.

Infancia y educación. Análisis desde la antropología

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Maritza Díaz y Mauricio Caviedes, eds. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 236 págs. Colección Diario de Campo.

¿Cuál es el lugar que la educación atribuye a los niños y niñas en los diferentes grupos, clases o sectores sociales? ¿Cuáles son las consecuencias del lugar que atribuimos a niños y niñas en los cambios que viven nuestras sociedades? Bajo el horizonte de estas preguntas, los autores del libro ponen en tela de juicio las relaciones mecánicas que se han establecido entre la infancia y la educación, desde un punto de visto crítico: la antropología. El aporte fundamental que la antropología puede hacer al estudio de la infancia y la educación radica en la posibilidad de avanzar en estudios transculturales para entender el lugar de la infancia y sus transformaciones en diferentes contextos sociales, culturales y de clase.

De ahí que este libro cuestione la manera tradicional de entender la relación entre infancia y educación, a partir de un análisis comprensivo de los relatos de comunidades como la cubeo, las afrochocoanas y sociedades locales o fronterizas, como la bogotana y la venezolana, que se expresan en estudios de caso. A partir de dichos estudios, los lectores encontrarán reflexiones críticas y de rigor que buscan una comprensión amplia de los fenómenos antropológicos que suscita la pregunta por la infancia.

De esta forma, los autores intentan definir cuál es el lugar que la educación atribuye a la niñez en los diferentes grupos, clases o sectores socioculturales. En este libro, que hace parte de la colección Diario de Campo, los lectores podrán encontrar múltiples análisis desde la antropología, que buscan abrir el espectro de la mecanizada relación entre infancia, educación, y la ilusión de una mejor sociedad. Constituye, sin duda alguna, un reto de la antropología para la educación.

Civilización, frontera y barbarie. Misiones capuchinas en Caquetá y Putumayo, 1893-1929

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Misael Kuan Bahamón. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 220 págs. Colección Taller y Oficio de la Historia.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX en Colombia, como consecuencia del proceso de Regeneración conservadora, se encomendó a las misiones capuchinas la labor de educar a las comunidades indí- genas en territorios de frontera, como Caquetá y Putumayo. Las misiones buscaban también incrementar la productividad de los nativos y asimilarlos como elementos útiles del orden mundial de explotación y exportación de recursos, un proceso complejo en el que juegan y se entremezclan decisiones políticas y económicas, la defensa del territorio y la ampliación de la frontera productiva. A partir de un levantamiento y estudio de fuentes primarias eclesiásticas —cartas e informes de misión inéditos—, Kuan logra reconstruir las acciones de las misiones, así como las técnicas y estrategias de resistencia de los indígenas: una doble historia de educación y civilización de lo entonces considerado como bárbaro, en el contexto de consolidación de la economía extractiva en el sur de Colombia.

La última utopía. Los derechos humanos en la historia

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Samuel Moyn. Traducción de Jorge González Jácome. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 338 págs. Colección Fronteras del Derecho.

Hoy en día, el discurso que apela a la autoridad moral y política de los derechos humanos, como valores esenciales que requieren ser protegidos, se puede encontrar en todo tipo de conflictos alrededor del mundo. Sin embargo, todavía su historia no es bien conocida por quienes los invocan. Por ejemplo, se cree que su origen es el resultado de la materialización de un ideal moral tras el Holocausto que lentamente pero de manera firme se incrustó en la conciencia de los seres humanos de entonces.

Como respuesta a este tipo de interpretaciones míticas, Samuel Moyn, profesor de la de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, ha revisado a contrapelo la historia de los derechos humanos en este libro. De forma novedosa, Moyn considera que el origen de los derechos humanos, como discurso ampliamente usado y efectivo ideológicamente en la realidad política de todo el mundo, es resultado del impacto transformador de varios eventos de la década del setenta del siglo pasado, como el final del colonialismo formal y la crisis del Estado poscolonial.

El mayor aporte histórico de esta investigación se centra en lo que el profesor Jorge González Jácome, traductor de este libro, reconoce como el esclarecimiento del concepto de derechos humanos en la historia de las ideas, más allá de las ciencias jurídicas, políticas y las relaciones internacionales. Puesto que estos nacieron como la posibilidad de darles “poder a quienes no tienen poder”, sus promotores no siempre han reconocido que los derechos humanos “hoy se encuentran atados con el poder de los poderosos”. De ahí que este libro sea una revisión crítica de los derechos humanos como definición esperanzadora del futuro tras el despertar del sueño de la revolución: la última utopía.

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¿Qué hay de nuevo?

¿Qué hay de nuevo?

Formar para investigar

Estudio demuestra la necesidad de apoyar los semilleros de investigación existentes en la Universidad Javeriana y promover la creación de nuevos espacios para vincular estudiantes a la investigación.

Por: Daniela Abella Afanador | Fotografía por: Guillermo Santos

Los jóvenes investigadores han demostrado que pertenecer a un semillero de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana implica un alto grado de compromiso y expectativa por ser parte de la reflexión y generación de nuevo conocimiento. En este contexto, la Universidad enfrenta un reto importante en su esfuerzo permanente de búsqueda de la excelencia para promover el desarrollo de las competencias investigativas en estos espacios.

Los semilleros empezaron a formarse en 1998 en la Javeriana. El primero fue el de Ciencia de la Información, Sociedad y Cultura, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje; y en 2000, surgió el semillero del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo. De acuerdo con un reciente estudio, en 13 facultades existen 49 semilleros de investigación, lo cual corresponde al 76 % del total facultades de la institución.

Las que cuentan con un mayor número de estos espacios son Ciencia Política y Relaciones Internacionales (8), Psicología (7), Ciencias (5) y Ciencias Sociales (4). En ellas se concentra el 55% del total de semilleros de la Universidad. La creación de estos espacios, en el 43% de los casos, fue iniciativa de los docentes y en el 26%, de los estudiantes; el resto han sido impulsados por los propios programas académicos o de asignaturas específicas.

Estos son algunos de los resultados del “Informe de caracterización de semilleros de investigación de la Universidad Javeriana”, liderado por la psicóloga Angélica Paola Torres y la economista Angélica María Quiroga, del Centro de Proyectos para el Desarrollo (Cendex).

Las investigadoras proponen generar espacios en el plan de trabajo de los docentes para que puedan dedicarse a ser tutores de los estudiantes en los semilleros. Además, aumentar los recursos para el desarrollo de actividades como viajes, reuniones, trabajo de campo, entre otras, y fortalecer la conexión entre el trabajo de los semilleros y otros espacios de investigación. Por último, al ser esta una actividad extracurricular, consideran que el recibir un incentivo académico podría motivar la vinculación o permanencia de estudiantes en los semilleros.

Historia de la televisión en el suroccidente: se amplía registro digitalizado
Por: Jorge Manrique Grisales

Con cerca de cinco mil registros digitalizados, procedentes de periódicos y documentos públicos y privados sobre la historia de la televisión en Cali, el Archivo Histórico Digital de Medios del Suroccidente Colombiano (Comhistoria) se incorporará, a partir de este año, al Centro de Recursos Académicos de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali (CRAI).

Comhistoria nació en 2009 como parte de un proyecto de investigación. Posteriormente la iniciativa se enriqueció, tanto en alcance regional como en periodos estudiados, y con el tiempo llegó a cubrir información procedente de colecciones de Popayán y Pasto.

El proyecto gira en torno a dos consideraciones básicas: la necesidad de desarrollar historias de la comunicación desde las regiones, para posibilitar estudios comparativos, dado el predominio de referentes “centrales” en la historia de
procesos y medios de comunicación en Colombia; y contribuir a la conformación de bases documentales accesibles, diversificadas y pertinentes para la investigación histórica sobre comunicación en el país.

Se espera crear, alrededor de Comhistoria, una comunidad de usuarios con intereses en la investigación de procesos históricos relacionados con los medios de comunicación. Actualmente, el repositorio se encuentra alojado en uno de los servidores de la Javeriana Cali y funciona en la plataforma Space de acceso gratuito. Puede consultarse en https://comhistoria.javerianacali.edu.co/xmlui/page/inicio.

Rectificación

La revista Pesquisa informa a sus lectores que en la edición 25, correspondiente a septiembre-noviembre de 2013, omitió el nombre del investigador Javier Mauricio Fajardo Romero, en la noticia sobre la obtención de la patente por la herramienta de corte para los trabajadores del sector floricultor acorde con las características de la población colombiana. Estas tijeras resultaron del trabajo de grado de Fajardo y Jorge Enrique Córdoba, en ese entonces estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Javeriana. Pesquisa da crédito a uno de sus inventores, el maestro en diseño industrial (MDI) Javier Mauricio Fajardo Romero, quien actualmente reside en México D. F., donde trabaja en proyectos relacionados con ecodiseño y energías renovables, después de haber terminado su Maestría en Diseño Industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)