Inequidad en las coberturas de vacunación: la mortalidad infantil evitable

Inequidad en las coberturas de vacunación: la mortalidad infantil evitable

En un sistema sano de salud pública las coberturas de vacunación son prioritarias, ya que la inmunización infantil beneficia tanto a los niños vacunados como a la sociedad en general, y representa un ahorro significativo para el país en términos económicos.

Por ello la Organización Panamericana de la Salud recomienda mantener coberturas de al menos 95% en todos los municipios; en los países que no logren la cobertura en más del 80% se deben realizar por lo menos dos campañas nacionales de vacunación.
Sin embargo, tras realizar un estudio entre los años 2000 y 2003, los docentes javerianos vinculados al Centro de Proyectos para el Desarrollo – Cendex encontraron que la cobertura nacional del esquema de vacunación para los niños menores de un año pasó de un 78,8% a un 66,8%. También disminuyeron las coberturas para todas las vacunas o biológicos, excepto para la vacuna contra la influenza.

Para el año 2000, un total de 544 (49%) de los 1109 municipios presentaron coberturas inferiores al nivel nacional; mientras que para el 2003 se encontró que un total de 602 (54%) de los 1117 municipios presentaban esas diferencias; y departamentos como el Vaupés, Guainía, Vichada, Amazonas, San Andrés y Chocó son los que más aportan en magnitud a las brechas de cobertura así medidas. Igualmente, en departamentos con gran número de municipios, como Boyacá, Antioquia, Cundinamarca, Santander y Nariño, aumentó la brecha de cobertura.

Los riesgos de epidemia

Las desigualdades en la cobertura para todas las vacunas, especialmente aquellas contra la influenza y el virus de la hepatitis B disminuyeron a nivel municipal. Las brechas también decrecieron en el caso de la vacuna contra la poliomielitis, aunque es notoria la baja cobertura que persiste en varios municipios del país.

“Nos preocupa la de la poliomielitis porque la vacunación se hace con la dosis oral, equivalente al virus de la polio atenuado (no el virus muerto), que después de administrarse oralmente se excreta, entonces, la persona vacunada se vuelve transmisora del virus atenuado y si este virus circula mucho tiempo en un ambiente de bajas coberturas de vacunación, hace una mutación genética y recupera la virulencia y transmisibilidad, entonces el peligro de aparición de la poliomielitis sería muy alto”, explica Rodríguez.

Colombia está libre de polio, pero en cualquier momento podría presentarse un brote, como ocurrió en República Dominicana y en Haití en el año 2000. Algunos países ya tienen la vacuna intramuscular, que a diferencia de la oral no transmite el virus, pero es más costosa.

Respecto a la vacuna contra la tuberculosis hay otra preocupación: “La vacuna BCG que se administra en el recién nacido no previene la enfermedad, sino que minimiza las consecuencias de una infección tuberculosa extrapulmonar, es decir, el bacilo tuberculoso generalmente ataca primero el sistema respiratorio, pero de ahí puede migrar y producir la tuberculosis meníngea (que causa meningitis) o la tuberculosis renal las cuales son muy graves. Y esas migraciones de la tuberculosis desde los pulmones son las que se previenen con la vacuna pero con una sensibilidad relativamente baja, así que no previene completamente las consecuencias extrapulmonares”, dice el epidemiólogo cubano.

Desde hace años se está trabajando en una nueva vacuna contra la TBC (tuberculosis) porque las tasas de mortalidad no han disminuido, pese al aumento de las coberturas de vacunación. Ello se explica porque el grado de protección de la BCG es limitado: varía según la cepa que se emplee en la vacuna. En países desarrollados la vacunación está indicada sólo en niños y adultos de muy alto riesgo para la infección; en Colombia, donde está establecido el esquema de vacunación universal, quizá deba replantearse esta política, dada la experiencia internacional y las limitaciones de recursos.

Estudio ecológico

El estudio ecológico, como el diseñado en esta investigación, es económico porque los cálculos se hacen a partir del procesamiento de fuentes de información secundarias (del Departamento Nacional de Estadística o del Instituto Nacional de
Salud, por ejemplo) comparando indicadores agregados o globales. Estas mediciones se cotejan entre territorios (municipios con municipios y departamentos con departamentos) mediante indicadores socioeconómicos.

En el proyecto de referencia –realizado por encargo del Ministerio de la Protección Social y Planeación Nacional para evaluar el Plan Nacional de Vacunación– que concluyó en el 2006, se procesaron los datos del registro de inmunización y de las Encuestas de Demografía y Salud de Profamilia (años 2000 y 2005).

Al construir las coberturas de vacunación se tomaron los datos del registro, de dosis entregadas o aplicadas, y se dividieron por los datos poblacionales obtenidos del censo o proyecciones. Es decir, no se indagó si los residentes de cada municipio estaban vacunados; luego, la cobertura estimada puede diferir de la real.

Las desigualdades sociales

Aunque el Estado es el mayor proveedor de vacunas y ofrece coberturas completas del 60% entre afiliados al sistema de seguridad social, para los niños no afiliados esta cobertura es sólo del 27%. Salen a flote los vacíos del sistema de aseguramiento en salud, que deja por fuera a parte de la población rural o que vive en cinturones de miseria en las grandes ciudades.

Y es que si bien Colombia ha sido uno de los países de América Latina que ha mantenido las mejores coberturas, debido a que las campañas de salud pública comenzaron hacia mediados del siglo XX, no se ha logrado superar el problema de la equidad. Según Rodríguez: “En términos de voluntad política sí existe una institucionalidad fuerte en salud, y los municipios y los entes territoriales en salud trabajan a pesar de todas las dificultades”.

En Bogotá la cobertura de vacunación se ha fortalecido en los últimos años, con campañas más intensas realizadas por la Secretaría Distrital de Salud —donde trabaja la investigadora Naydú Acosta—, pero en las zonas marginales, habitadas en gran parte por población desplazada, el riesgo de una epidemia está latente.

Para Acosta, las acciones que ayudarían a disminuir la brecha serían fomentar la gestión municipal, aumentar la asignación de recursos y priorizar a los municipios con alta densidad de población infantil y bajas coberturas persistentes, así como a la población no asegurada. En síntesis, aplicar una buena dosis de justicia social.


Para saber más:
Ver informes de investigación en:
www.cendex.org.co
 

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