Ingeniería javeriana, protagonista en la preservación de la memoria artística española

Ingeniería javeriana, protagonista en la preservación de la memoria artística española

Gracias a la versatilidad que brindan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), un ingeniero colombiano y su equipo lograron hacer el recorrido histórico de más de 16.000 obras artísticas españolas, entre ellas Las Meninas, de Diego Velásquez.

Andrés Navarro Newball, ingeniero de sistemas y computación, miembro del grupo de investigación DESTINO de la Pontifica Universidad Javeriana Cali, participó en el proyecto titulado ‘Desarrollo de un sistema de geolocalización narrativa para el seguimiento del patrimonio artístico durante la guerra civil y la posguerra española’, el cual se ve plasmado en una web participativa global con información sobre los datos básicos y características físicas de cada creación artística, con un número designado para su identificación y una lista informativa sobre organismos de incautación y devolución, propietarios, fechas, ciudades y referencias de cada una.

El profesor Navarro, especializado en Redes y Comunicaciones de la Universidad ICESI, explicó así el proyecto: “se desarrolló un mapa interactivo en tiempo real que detalla la realidad geográfica del país y permite hacer seguimiento a las obras durante este período de la historia ibérica, para conocer su recorrido y su lugar de destino. Se demarca el recorrido respectivo dentro o fuera del país, y se actualiza de manera permanente para saber si han continuado en movimiento o conocer propietarios que hayan podido quedar con ellas”.

El proyecto tiene una doble perspectiva. La primera, catalogar las obras salvadas durante le guerra y contrastarlas con su destino en la posguerra, así como hacer un seguimiento de aquellas que salieron del país durante ese período. La segunda, y como ya se mencionó, generar un sitio web de investigación participativa, que garantizara la geolocalización, digitalización, interactividad y comparación que permite la museografía hipermedia avanzada. Para Navarro, Máster en Ciencias de Computación y Realidad Virtual de University of Hull, “la relevancia de este proyecto también se aloja en que el arte español es conocido en todo el mundo, y ha marcado momentos sumamente importantes en nuestra historia como sociedad”.

De obras de arte españolas reconocidas al nivel mundial se encuentra Las Meninas, de Diego Velázquez que data del año 1656. De acuerdo con la información obtenida en el proyecto, actualmente se encuentra en el Museo El Prado, pero durante la guerra civil fue evacuada a Ginebra, Suiza, en febrero de 1939. Regresó al país en septiembre del mismo año, y desde entonces se ha conservado en el mismo museo, siendo factible ver todo su recorrido en el mapa interactivo en tiempo real.

Este patrimonio artístico se encuentra marcado por la propaganda del franquismo sobre la destrucción masiva de obras por parte de los republicanos. Por esto, se optó por realizar un análisis cuantitativo y cualitativo de las obras salvadas y su destino, para clarificar la labor desarrollada por todos aquellos que lucharon para su preservación y cuidado. Ejemplo de ello es la obra Expulsión de los Mercaderes del Templo, de El Greco, de la cual se sabe cuál fue todo su recorrido dentro y fuera de España.

Esta actualización de información permite saber por cuáles ciudades pasaron con exactitud y dónde se encuentran las obras de arte de Francisco de Goya, como La Familia de Carlos IV o La Última Comunión de San José de Calasanz, ubicadas en el Museo El Prado y Museo Calasancio de los Padres Escolapios respectivamente; evacuadas también a Ginebra, Suiza, en 1939 y devueltas a España posteriormente.

“Al llegar de mi doctorado y retornar a la universidad, fui contactado por investigadores de España, especializados principalmente en Ciencias de la Información y Narrativa Hipermedia; requerían en ese momento un responsable de tecnología, quien fuera el encargado de desarrollar diversos proyectos. El primero fue Aventura Chimú en el Museo de América de Madrid, disponible en YouTube. Dado su éxito, se continuó con este”, comenta Navarro. Así, se inició una relación entre Javeriana Cali y la Universidad Complutense de Madrid, que se materializa en una colaboración internacional e interdisciplinar mutua por el uso de las TIC. “Logramos una sincronía y entendimiento entre dos lenguajes totalmente diferentes, gracias a la disposición y trabajo con Arturo Colorado e Isidro Moreno, principales líderes el proyecto en España y miembros de la universidad, así como de diversos gestores culturales, pues se entiende también que la exigencia fue muy alta”, puntualiza el ingeniero.

Se involucraron también investigadores de Alemania, Bélgica, Brasil, Ecuador, México y Países Bajos en los cuatro años que tardaron las dos primeras fases de este proyecto. Actualmente, son alrededor de 12 personas que actualizan el mapa de manera permanente, y se puede solicitar ser miembro por medio de un formulario que se encuentra en la misma la página web.

Además, se contó con la colaboración de estudiantes de pregrado de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Javeriana Cali, quienes encontraron una oportunidad de acercamiento y apoyo a la investigación y programación. Asimismo, tres estudiantes de México lo apoyaron, que participaron en Verano de la Investigación Científica y Tecnológica del Pacífico del programa Delfín y realizaron una pasantía de investigación internacional en la universidad.

Cuando se le pregunta a Navarro por qué un ingeniero puede interesarse por la gestión del arte y la cultura, su respuesta se acompaña de buenos recuerdos: “es una influencia de mi madre, ella siempre inculcó en mí este amor por el arte, es parte de aquello que nos permite conocernos más como sociedad, así como nuestra historia”, asegura el Doctor en Ciencias de Computación de University of Otago.

Este especialista hizo una invitación a pensar y proponer más proyectos de esta índole en el país: “estos proyectos generan apropiación y pertenencia, debemos conocernos como sociedad, y qué mejor que el patrimonio cultural y artístico. En Colombia sería totalmente pertinente desarrollar uno igual, pues muchos pueden desconocer las influencias artísticas e históricas del país y de las regiones”.

Sofisticado laboratorio para estudiar zoonosis en la Javeriana

Sofisticado laboratorio para estudiar zoonosis en la Javeriana

Gracias al coronavirus que causó la pandemia mundial en este año, los presupuestos y los científicos para investigarlo han aumentado en cuestión de semanas. María Fernanda Gutiérrez, del grupo de virología de la Pontificia Universidad Javeriana, y Nelly Stella Roa Molina, del Centro de Investigaciones Odontológicas (CIO) de la misma universidad, acaban de recibir una grata noticia: el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación apoyará un proyecto de investigación de más de 3.600 millones de pesos para montar o adecuar tres laboratorios que estudiarán uno de los tantos aspectos que aún exigen respuestas más concretas: la zoonosis, que significa el paso de una infección de un animal al ser humano.

En realidad son tres los laboratorios que se benefician: el de la Javeriana y el de la Universidad ECCI, donde se instalarán laboratorios de bioseguridad nivel 3, el primero se encargará del manejo de muestras humanas y el segundo de las muestras animales, para estudiar las zoonosis. En el laboratorio de inmunología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de Colombia se montarán las pruebas para determinar los cambios en las membranas de las células infectadas, así como las pruebas serológicas con las cuales se buscarán los individuos afectados.

Que los laboratorios sean nivel 3 significa que “el ambiente y la temperatura son controlados, la presencia de contaminantes es muy baja y se trabaja con cámaras de bioseguridad que tienen unos filtros más potentes de tal manera que el ambiente que pasa por las cámaras de flujo laminar es totalmente estéril”, explicó la investigadora Gutiérrez.

Esta viróloga que lleva más de 15 años estudiando el Virus de Leucosis Bovina VLB, un microorganismo que está presente en las vacas y podría tener relación con el cáncer de mama en el humano, continuará esta investigación y usará la experiencia y el conocimiento adquirido para trabajar con el coronavirus que está causando centenares de muertes a nivel mundial: el SARS –CoV2. Al cabo de un año, cuando haya terminado el proyecto, los laboratorios estarían en capacidad de estudiar cualquier agente infeccioso de origen animal que contagie al ser humano.

“Los virus relacionados con pandemias son en su mayoría zoonóticos”, dice Gutiérrez, evidenciando que “la pandemia actual mostró una gran deficiencia en laboratorios de diagnóstico y de investigación dotados y con capacidades de manejar agentes infecciosos altamente peligrosos como lo es este virus actual”. Con el laboratorio nivel 3 sería posible manejar el virus activo, con capacidad de replicarse en las células demostrando su capacidad infecciosa.

La idea original, un virus en las vacas

Esta enfermedad del ganado vacuno, descrita en Europa a finales del siglo XIX, ha captado la atención de los científicos en los últimos 20 años por su posible relación con el cáncer de seno en humanos. La hipótesis de Gutiérrez y de su grupo de investigación es que se trata de una zoonosis, pero aún no ha sido posible comprobarlo por falta de una infraestructura básica para el desarrollo de los ensayos que requieren estrategias de seguridad para evitar el riesgo biológico que estos patógenos pueden tener sobre los investigadores que la estudian.

Para considerar que un agente infeccioso es zoonótico la comunidad científica ha propuesto ocho evidencias, siete de las cuales ya tienen respuesta por parte de los científicos javerianos que en estos años de trabajo han logrado comprobar, como por ejemplo conocer la prevalencia del patógeno en su hospedero natural así como en el ser humano, saber que la transmisión del virus ocurre cuando se usan instrumentos contaminados de una vaca a otra o demostrar que existen receptores celulares compartidos en las células del animal con las células humanas lo cual permite el ingreso viral al ser humano. Lo que aún falta por descubrir es la vía de transmisión exacta entre la vaca y el hombre.

Pareciera que la leche cruda es el principal vehículo de transmisión pero aún no ha sido posible dilucidar cómo llega el virus desde la leche a los linfocitos o a las células mamarias.

“En un futuro inmediato terminamos de mostrar la capacidad zoonótica del VLB e iniciamos el apoyo en el diagnóstico de SARS-2 COVID 19 que llegó para quedarse y requiere muchos mas que los laboratorios actualmente habilitados”, explica la viróloga Gutiérrez.

La contingencia actual: el SARS-CoV2

La alianza con el CIO tiene en cuenta que son los odontólogos, higienistas y asistentes unos de los profesionales que más están expuestos al contagio con este virus “por la cercanía con pacientes y contacto con fluidos orales como la saliva por el manejo intrínseco en la práctica dental y la generación de aerosoles”, dijo la odontóloga Roa. Las medidas que han debido tomar para atender a sus pacientes son las más exigentes, razón por la cual la investigación ha tomado fuerza. Así, la propuesta de este proyecto, titulado Mejoramiento de las capacidades en Ciencia, Tecnología e Innovación en tres instituciones de educación superior localizadas en la capital del país para atender problemáticas asociadas con zoonosis, usando como modelo el Virus de la Leucosis Bovina, es apoyar el diagnóstico temprano de COVID-19 en pacientes asintomáticos como protocolo previo a la atención médica y odontológica, así como un diagnóstico temprano sobre todo en pacientes con alto riesgo de desarrollar complicaciones serias de la enfermedad. Eso significa realizar pruebas moleculares de diagnóstico de infección y cuantificación de SARS CoV2 desarrolladas por investigadores del CIO y pruebas serológicas en sangre y saliva en pacientes y en profesionales de la salud asintomáticos buscando anticuerpos para la enfermedad, explican Gutiérrez y Roa.

“También se están proponiendo diversos proyectos de investigación que pretenden mitigar la enfermedad de manera local y preventiva como el uso de enjuagues orales, prototipo de filtros y eyectores, así como alternativas de tratamiento”, dijo Roa.

Del Distrito Capital, el Instituto Nacional de Salud y la Universidad Nacional de Colombia fueron otros dos laboratorios seleccionados en la Convocatoria del Fondo de CTeI del SGR para el fortalecimiento de laboratorios regionales con capacidad de prestar servicios científicos y tecnológicos para atender problemáticas asociadas con agentes biológicos de alto riesgo para la salud humana. En todo el país quedaron elegibles 89 propuestas para financiación, de las 122 que recibió Minciencias.

Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

“Si yo me como un pedazo de bolsa plástica, puede que no me pase nada. Pero si constantemente estoy comiendo plástico, eso sí me va a hacer daño; hasta la muerte me podría causar”.  La frase es de Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y aunque ella misma dice que la comparación puede parecer absurda, retrata un aspecto crucial sobre la presencia de microplásticos en los ecosistemas marinos y sobre los posibles impactos en la salud de los animales e incluso en la salud humana.

Estas partículas son fragmentos de plástico que miden menos de cinco milímetros. Por su tamaño, su manejo como desecho contaminante es mucho más difícil. Por eso, los microplásticos están generando un impacto muy importante en las especies marinas. Este tema es relativamente nuevo en la investigación científica, y particularmente en Colombia no se ha estudiado a profundidad. Esta cuestión llevó a Valeria Jiménez Cárdenas, ecóloga javeriana, a analizar su presencia en los peces de Isla Grande, Bolívar.

La investigación se centró en la extracción de partículas plásticas del tracto digestivo de 60 individuos de peces pertenecientes a 5 especies diferentes distribuidas en los ecosistemas de arrecife de coral y de manglar. El primer resultado es contundente: todas las especies analizadas tenían este material en su tracto digestivo. “Estas fragmentos, al ser tan pequeños, son confundidos con alimento por los peces, ya que las especies analizadas son depredadoras visuales”, explica Jiménez. Este tema es especialmente sensible para el desarrollo normal de estos animales. “Ellos se sienten satisfechos porque sus estómagos están llenos, pero en realidad no se están alimentando con nutrientes que son importantes. Así, pueden presentar deficiencias por falta de recursos energéticos, en las defensas inmunitarias, el desarrollo y la reproducción”, agrega  Luna.

Pero eso no es todo. El acopio de microplásticos en el organismo del pez causa tres impactos principales: bloqueos internos, lesiones en el tracto digestivo y exposición a químicos contaminantes.

La acumulación interna genera obstrucciones en su sistema digestivo, que no permiten la circulación normal del alimento y la expulsión de los desechos. “En uno de los individuos se encontró un fragmento con forma de esfera, como un tapón en el inicio de los intestinos, y este tenía un aspecto muy similar a un huevo de pez”, detalla Jiménez. Es precisamente a este efecto que se refería Andrea Luna con su frase. “Ya cuando uno ve cómo hay plásticos dentro de los peces y no es solo algo que está en la literatura, es impactante”, dice. Comparar esta situación que viven los peces con el cuerpo humano podría dimensionar mejor el problema.

Además de lo mencionado, se encontró mayor cantidad de plásticos en las hembras. Para Valeria Jiménez esto se puede explicar por la mayor demanda de energía que requieren los individuos de sexo femenino para el proceso de reproducción y la producción de óvulos saludables. “En algunas especies a las hembras les toma un año más madurar sexualmente, comparado con los machos. Esto hace que consuman mucho más alimento y potencialmente, más plástico”, detalla.

Pero los efectos de la acumulación de este material van más allá.  Como el organismo no puede degradar dichas partículas, las hembras en especial no se nutren adecuadamente y esa desnutrición tendrá impactos directos en la descendencia. Esto puede hacer que las crías no tengan todos los elementos requeridos para su desarrollo así, podrían nacer con ciertos problemas neurológicos, desnutridos y de menor tamaño.

Otro de los hallazgos que menciona la investigación es que los plásticos encontrados tenían puntas filosas que potencialmente pueden causar heridas a lo largo del tracto digestivo. Frente al punto de exposición a sustancias químicas contaminantes, explican que las investigaciones avanzan para conocer las consecuencias reales, pero que ya se conoce que estos químicos pueden provocar disrupción endocrina, es decir, problemas en el equilibrio hormonal de los animales.

 

Innovación en Colombia

Para las investigadoras, este trabajo tiene un componente innovador pues compara la presencia de microplásticos en dos ecosistemas: manglar y arrecife de coral. Este es el primer estudio en el país que arroja información de este tipo y los resultados demuestran que las especies de manglar presentaron mayor cantidad de plásticos.

Ellas aseveran que esto podría estar relacionado con el Canal del Dique. El constante dragado y la apertura de las compuertas aportan grandes cantidades de sedimento al agua dulce que desemboca en las Islas del Rosario. El amplio caudal de esa plataforma permite que los residuos lleguen más lejos y los plásticos, por ser livianos, tienen mayor flotabilidad. Otras fuentes más directas pueden provenir de actividades en las islas como el turismo. Incluso las corrientes también pueden contribuir a este tipo de contaminación.

Los manglares actúan como un filtro en el que las raíces de los árboles atrapan una parte considerable de plásticos. Ambas investigadoras coinciden en que aún falta ahondar más en este tema, pero que su trabajo ya da un indicio de cómo es la distribución de plásticos en el mar, dónde se están acumulando y cuáles serían los principales ecosistemas para priorizar en la mitigación de esta problemática.

Esta investigación revela que los polímeros más encontrados en los peces fueron:

  • Poliéster: muy utilizado en el sector textil.
  • PVC: usado en láminas para empaque de productos durante el transporte
  • PET: material con el que se hacen las botellas plásticas
  • Polietileno: utilizado en envolturas de plástico y bolsas

Este resultado da un mayor acercamiento a las fuentes principales. Además, casi la mitad de los plásticos dentro de los peces eran negro y verde, colores que pueden ser similares a las presas de las cuales usualmente se alimentan.

La degradación del plástico

El plástico es un material relativamente nuevo en el planeta. Su producción se inició en los años 50 y se ha generalizado por todo el mundo. Si bien permite mucha practicidad en su uso, se ha evidenciado su impacto contaminante. Desde hace algunos años,  y como alternativa a este fenómeno, se lanzaron al mercado los plásticos oxo-biodegradables. “Estas son bolsas con ciertos aditivos químicos que cuando entran en contacto con la radiación solar y el oxígeno empiezan a romperse  en pedazos pequeños como un vidrio de seguridad”, explica David Gómez, tutor del semillero de Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, quien también aportó en esta investigación.

En teoría este tipo de material sería un avance para reducir la contaminación, pues al fracturarse en pedazos más pequeños su degradación sería más rápida. Pero los resultados del estudio muestran consecuencias diferentes. “Esta investigación es importante porque lo que aparentemente se vende como una solución ecológica y ambiental, parece no serlo del todo” agrega Gómez.

En este semillero trabajan en la búsqueda de estrategias que permitan minimizar la contaminación por plásticos. Uno de sus proyectos es liderado por este docente, que investiga los tipos de microorganismos capaces de biodegradarlo. Entre ellos se han reportado bacterias y hongos. Para él, los lugares ideales para encontrar estos microorganismos son aquellos en donde más tiempo han permanecido en contacto con estos materiales. Su trabajo consiste en cultivarlos y estudiarlos para medir su capacidad de biodegradación. “La universidad le está apuntando a crear estrategias fisicoquímicas, biotecnológicas  para poder minimizar el impacto ambiental que hemos causado durante tanto tiempo”, explica.

Los tres investigadores coinciden en que para atacar el problema hay varios frentes. Uno de ellos es la educación ambiental, tanto de las comunidades que habitan y visitan el mar, como las de las grandes ciudades, cuyas poblaciones suelen creer que no tienen responsabilidad en el tema, pero sus residuos son transportados por corrientes hídricas hasta los océanos.

El plástico debería ser uno de los materiales menos problemáticos porque se puede reciclar, pero para lograrlo hay que hacer un adecuado manejo de sus residuos. Otro frente pasa por las políticas públicas, si bien hay muchos debates sobre el cobro de impuestos al uso de bolsas, los investigadores afirman que se deben tomar más medidas que protejan el ambiente. Pero es necesario insistir, que lo más efectivo pasa por lo personal. Cada individuo debe tomar conciencia y responsabilizarse del uso adecuado y de la disposición final.

Cultura Javeriana de respeto y promoción de la propiedad intelectual

Cultura Javeriana de respeto y promoción de la propiedad intelectual

El avance científico y tecnológico, junto con el acervo cultural de la humanidad, se ha ido construyendo paso a paso, desde el mismo origen del hombre, y a lo largo de los siglos, con la contribución de cada persona, autor, científico, artista o inventor, que con inspiración y esfuerzo logró hacer realidad su aporte intelectual, y contribuir así a la solución de problemas sociales, y a la cultura en general.

En esta historia, la propiedad intelectual surgió como un instrumento para reconocer moralmente esa capacidad creadora e inventiva de las personas, y al mismo tiempo, proteger su derecho de beneficiarse económicamente de sus obras. Desde ese entonces, dicho instrumento ha venido adquiriendo mayor importancia en las políticas de innovación y competitividad de los países, y justamente en este mes se celebró el Día Mundial de la Propiedad Intelectual (26 de abril), por ser considerada un incentivo de la innovación y la creatividad en la actual economía del conocimiento.

En este contexto, la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ) también reconoce y valora el trabajo creativo, emprendedor e innovador del ser humano. A su vez, reconoce la importancia que tiene la propiedad intelectual y su gestión para el desarrollo social, económico y cultural del país. Por esta razón, en el año 2018 se actualizaron las Directrices de Propiedad Intelectual de la universidad, y desde la Dirección de Innovación, con acompañamiento de la Dirección Jurídica, se ha venido liderando una estrategia de divulgación de esas pautas, con distintas actividades de promoción y sensibilización.

Teniendo en cuenta que los miembros de la comunidad javeriana son personas que crean, innovan, y emprenden, durante mayo de 2020 se llevará a cabo un diagnóstico sobre conocimiento, percepción y apropiación de la propiedad intelectual en la universidad, a partir del cual se redefinirá la estrategia y se implementarán los canales más apropiados, que permitan llegar a cada persona con un mensaje de respeto y promoción del área en mención.

Por lo anterior, se invita a estudiantes, profesores y al personal administrativo de la universidad a participar de este diagnóstico y de las demás actividades que se divulgarán a lo largo del año, a través de las cuales se fomentará una cultura hacia la innovación y el emprendimiento, que con el uso y gestión de la propiedad intelectual genere valor a las creaciones que se desarrollan al interior de la universidad para impactar y transformar la sociedad.


 

* Abogado. Asesor en gestión de actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI). Asesor de propiedad intelectual y transferencia de tecnología en la Dirección de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

Las historias más leídas de PESQUISA JAVERIANA

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Anamú: ciencia que se vuelve empresa

Ya han pasado 42 ediciones desde que PESQUISA JAVERIANA publicó el artículo “El anamú, la inmunología y el cáncer” (edición 8, diciembre de 2008). Y este texto sigue siendo el rey de las visitas en nuestra página web. ¿Por qué? Para Susana Fiorentino, la investigadora que con su grupo de trabajo continúa analizando los efectos antitumorales de esta planta ―utilizada tradicionalmente en la medicina indígena―, “lo publicado en PESQUISA abrió la puerta para que en el país se comience a hablar de la importancia de las plantas en el control del cáncer. Lo primero que hacen las personas con la enfermedad es mirar en internet. Cuando buscan se encuentran con publicaciones de la Pontificia Universidad Javeriana, que están indexadas, validadas por pares, en donde hay datos científicos”.

Fiorentino comenta que aún contesta mensualmente gran cantidad de correos electrónicos que contienen preguntas sobre el diagnóstico, manejo y cura del cáncer. “Después de varios años trabajando en esto, me he dado cuenta de que la aproximación de nuestro grupo al estudio de las plantas era muy diferente a la de otros investigadores. Nosotros incorporamos el concepto de la respuesta inmune, las plantas y el cáncer, y eso fue lo que cambió el horizonte de los fitomedicamentos en esta área del continente. Así, nos acercamos a la medicina de oriente y eso puso en la mira algo: hay un conocimiento tradicional en nuestras comunidades que no está estudiado ni explotado”, explica esta científica bogotana que finalizó dos posdoctorados en Francia.

A su investigación se han unido otros actores. Uno de ellos fue el Hospital San Ignacio, con el que actualmente realiza un estudio clínico para determinar la seguridad de otro fitomedicamento, obtenido esta vez del divi-divi. “Aunque el artículo más visitado es el del anamú, el medicamento más adelantado es el divi-divi”, afirma de manera orgullosa. Esto se debe a que el rendimiento en la obtención del medicamento a partir de la planta fue mejor y la caracterización de las moléculas fue más rápida.

La cofinanciación por parte de Colciencias ha sido vital para dar continuidad a los proyectos. “Un proyecto de regalías de 3500 millones de pesos nos permitió avanzar hasta estudios clínicos para desarrollar el divi-divi”, explica Fiorentino. Lograron “avanzar en toda la cadena de valor y fortalecer todos los insumos para migrar al proyecto Colombia Científica, que nos acaba de dar 18.000 millones de pesos para estudiar 30 plantas más y terminar el desarrollo del anamú”.

En abril de 2019 esta investigadora fundó, junto con otros emprendedores, una empresa basada en este conocimiento, con el apoyo de la Pontificia Universidad Javeriana, que licenció la propiedad intelectual a esta startup, para avanzar en el escalamiento y comercialización de sus fitomedicamentos, que provienen del aprovechamiento sostenible de la diversidad de plantas locales. Y se van cumpliendo las metas. “Hay que hablar de ciencia en revistas como PESQUISA para que la gente sepa que en el país se hace ciencia y que esta aporta en la construcción de una verdadera bioeconomía basada en el conocimiento”, concluye.

El ‘barrismo’, un fenómeno que sigue bajo la lupa

Cuando se trata de fútbol, el sentido de pertenencia por una camiseta, un escudo y unos colores se ha convertido en estilo de vida para miles de colombianos. Y esa misma realidad se refleja en las visitas a la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo “Barras de fútbol: violencia, identidad y territorialidad” (edición 4, de octubre de 2007) es uno de los textos más vistos en nuestro ecosistema digital. De acuerdo con Jairo Clavijo, quien realizó la investigación de su tesis doctoral en antropología sobre la naturaleza de las prácticas sociales de los barristas, este tema nunca pasará inadvertido, porque desde las ciencias sociales su análisis es novedoso y heterodoxo.

“El primer efecto de nuestra investigación es que hay unos estudios sobre el estado del arte que ya han sido publicados, donde se reconoce nuestra investigación como uno de los trabajos iniciales sobre barras bravas”, dice este profesor del Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Otra de las huellas que cree que ha dejado su publicación es el camino que se abre a los científicos sociales sobre los fenómenos derivados del deporte, como el caso de la tesis de grado que dirigió sobre cómo se forman los jóvenes en las escuelas deportivas, teniendo en cuenta su entorno social.

Clavijo deduce que los comportamientos de las barras de fútbol que analizó en su momento se siguen repitiendo en la actualidad. Uno de ellos, por ejemplo, es la presencia de barras de equipos de fútbol en los paros de finales de 2019. En su argumentación defiende la tesis de que hay una condición de desigualdad social y marginalidad sobre los jóvenes, por lo que ellos acuden a espacios masivos de protesta para tratar de ser escuchados. “Las barras bravas del fútbol encarnan la angustia de unas personas que no tienen ‘existencia’ por fuera de ese espacio”, sentencia.

La educación religiosa liberadora, un modelo que se replica

“Si la educación religiosa no se hubiera quedado en algo memorístico, sino que realmente hubiese sido una experiencia de formación, este país sería diferente”, afirmó el experto en estudios religiosos José Luis Meza Rueda, en el artículo “De la clase de religión a una educación religiosa liberadora”, publicado en la edición 34, de noviembre de 2015.

Tres años después, este doctor en Teología continúa insistiendo en la importancia de que los estudiantes generen un sentido crítico con respecto a la educación religiosa, es decir, “que sea liberadora”, para entender otros puntos de vista y de esa manera poder resolver conflictos.

“Tenemos que ser conscientes de que cuando uno propone una educación religiosa liberadora, va en contra de lo establecido, y hay ciertas instituciones a las que no les interesa que el sujeto tome consciencia, reflexione, se empodere y deje de ser un sujeto pasivo, que no sea un ‘lactante religioso’”, afirma el profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Gracias a su persistencia y a la continuidad de la temática investigativa, ya recoge los frutos de su iniciativa. Uno de ellos es la publicación del libro Educar para la libertad, que ya se utiliza en las aulas de clase de diferentes instituciones. Esta publicación, estructurada en tres capítulos, reflexiona sobre la educación religiosa escolar en la perspectiva de la liberación como propuesta de formación.

El modelo propuesto por Meza y su equipo, que él califica como un ejemplo para aprender a solucionar los conflictos que ha vivido el país durante décadas, ya se ha implementado en municipios de los departamentos de Bolívar, Nariño, Putumayo y Cundinamarca. “Nos alegramos de que la propuesta haya llegado a instituciones de la ‘Colombia profunda’, que vive realidades dramáticas de pobreza, inequidad y violencia”, afirma.

Educación: un campo natural para la innovación y la investigación

En el mundo de la educación, la reflexión sobre cuál debe ser el rol de los profesores es uno de los ejes permanentes de las propuestas que quieren transformar la enseñanza en el país. Y no es para menos. Quizá por esta y otras razones, el artículo “¿Maestros investigadores e innovadores?” (edición 30, de noviembre de 2015) ha sido uno de los más consultados en la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo presentó el proyecto de investigación “Formación en investigación e innovación pedagógica en programas de licenciatura en ciencias naturales, ciencias sociales, artes y humanidades, y educación y pedagogía”, coordinado por los investigadores Fabiola Cabra-Torres y José Darío Herrera González.

“La investigación realizada constituyó un aporte significativo a la discusión sobre los procesos de formación de los licenciados, así como a la identificación de sus retos más importantes. Se buscó que los resultados llegaran directamente a profesores y estudiantes como una forma de enriquecer y retroalimentar las prácticas formativas de los programas analizados. Así mismo, más de una veintena de estudios sobre la formación inicial de maestros ha citado la investigación, para seguir problematizando la noción de maestro investigador e innovador”, manifiesta Cabra-Torres, profesora de la Facultad de Educación.

Además, señala que actualmente es fundamental que los maestros dejen de ser receptores de teorías o modas pedagógicas, para convertirse en participantes activos de la transformación social y educativa, mediante la reflexión y la investigación pedagógicas.

Incluso sugiere que más allá de alcanzar acreditaciones, la coexistencia natural de la enseñanza, la investigación y la innovación pedagógica en espacios formativos es clave para los desafíos que tienen los sistemas educativos y la formación docente.

¿Cuál es el camino? Para la investigadora, debe haber más autonomía, formación permanente y condiciones para que el profesor innove en sus métodos. También señala la necesidad de generar estrategias para que, después de egresar de sus facultades, los profesores sigan vinculados a redes de maestros, grupos de investigación y semilleros, de manera que enriquezcan su ejercicio docente. Hay que examinar con profundidad algunos de los estereotipos que circulan actualmente sobre la investigación y la innovación.

“También se debe fortalecer una idea de investigación como experiencia crítica que genera condiciones para pensarse a sí mismo y a la comunidad educativa circundante; una investigación que pueda contribuir a la justicia social desde su compromiso con la formación de educadores e investigadores educativos, atendiendo a su reconocimiento y participación en la sociedad”, agrega.

Los microorganismos están de moda

Los microorganismos están de moda

Camina elegante, sin pretensión. Muy refinada luce una bata que lleva puesta sobre ella. En la tela están fijadas extrañas sales coloridas y cristalinas. Es exótico ver la belleza de un pequeño trozo de sal que desborda en detalles con tanta claridad. “¿Tú lo hiciste?”, le pregunto. “Sí, yo lo diseñé”, me responde con una sonrisa en su rostro, y se muestra orgullosa de lucir una prenda que hoy hace parte de las últimas colecciones de su emprendimiento.

Andrea Vega nació en Boyacá, pero su acento la delata, ha vivido en Bogotá toda la vida y se escucha muy cachaca. Desde niña usó la ropa que quiso, por más rara que esta pareciera, nunca le importó si lucía bien o mal para los demás, pues lo que digan de ella no ha sido su preocupación. Quien la conoce sabe que esta mona de ojos expresivos y sonrisa pulida de 31 años, es diferente, no come cuento de nadie y tiene mucho estilo.

Cuando salió del colegio no sabía qué estudiar, pero tenía dos cosas muy claras: en primer lugar, que estudiaría en la que para ella era la mejor universidad de Colombia: “por su calidad y prestigio la Javeriana siempre fue mi primera opción”, afirma con certeza; y, por otro lado, que sería algo enfocado en la salud por su vocación de servicio y porque a pesar de lo artística, en sus planes no estaba el arte, ni terminar de fiscal como su padre. “Empecé a averiguar carreras como medicina, odontología, pero cuando vi bacteriología, y todo lo de los microorganismos, me pareció súper chévere y dije: esta es”.

Ya en la universidad, no fue la más destacada, pero siempre cumplió con sus compromisos académicos. Sus compañeros podrían recordarla por su particular forma de vestirse. En los pasillos de la Facultad de Ciencias la mayoría de los estudiantes de su carrera caminaban con uniforme, de tenis y blusón de laboratorio; las mujeres, sin esmalte en las uñas y en sus rostros con poco o nada de maquillaje. Mientras tanto ella, como quien no pertenece al lugar, salía de los laboratorios directo a cambiarse, una rápida carrera al mejor estilo de vida de las modelos en sus pasarelas, y por lo que pudo cazar el descontento de algún profesor. “En una ocasión me sacaron de clase por no ir en uniforme. También recuerdo que un día en el laboratorio yo llevaba mis uñas pintadas de una tonalidad oscura, me puse los guantes, pero igual se veía, así que la profesora me sacó”, cuenta la microbióloga.

Andrea terminó su carrera y se enamoró de una línea de la bacteriología en la que poco se profundiza en Colombia: la microscopía. “Me gustaba porque nosotros teníamos que coger los hongos o las bacterias, hacer unas siembras y luego observarla, y yo no solo me fascinaba por lo que biológicamente encontraba sino por las formas que veía, era toda una obra de arte que tenía el privilegio de conocer”. Y, a decir verdad, con la microscopía no solo llegó el amor por esos aparatos, que con sencillos movimientos le permitían ver un nuevo mundo que la emocionaba y la dejaba perpleja, también se enamoró de un profesional en microscopía, quien hoy es su esposo.

El panorama para ella, en ese entonces, ya se había abierto. Su camino era el de explorar infinidad de universos diminutos, empuñando un microscopio en su mano, poniendo el ojo en la lente y, eso sí, con un estilo indiscutible. Por eso se jugó todas las cartas en crear su propio laboratorio, que lejos de parecerse al convencional en el que se analizan muestras de sangre u orina y se acostumbra a ver al personal vestido con batas blancas y uniformes que se asemejan a los de los médicos, tenía un aspecto más cercano al de un centro de confecciones de alta costura, con algo de arte, diseño y la ciencia por doquier.

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No hay que temerle al fracaso

La idea llegó un día cualquiera, al son de un vino y buena música, como de costumbre. Andrea tomó uno de los microscopios que tenía en casa, empezó a recorrer muestras y bastó un instante para ver algo que, una vez más, la sorprendía por su encanto. “Esto es algo que todos tienen que ver, es una obra de arte”, se decía. Así que, a pesar de que quiso ser empresaria, comenzó primero enseñando microscopía en colegios. También vendió obras de arte con las imágenes que veía en el microscopio. Al paso del tiempo, ninguna de las dos ideas continuó.

Pero, tal como lo vivió Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica, y Alexander Graham Bell, creador del teléfono, después de varios intentos vino el éxito. En una tarde de compras, Andrea se preguntó “¿cómo se verían las formas que yo veo en el microscopio estampadas en una tela?”. Con ese interrogante se fue hasta donde la que siempre ha sido su cómplice: su madre. “¿Mamá cómo se verá esto en ropa?”, mientras eso, la señora Lucía la miraba extrañada, tildando su idea de descabellada.

Sin importarle mucho, empezó a buscar lugares donde hicieran de, lo que para muchos era un disparate, una realidad. “En ese momento yo no tenía ni idea de estampados, no sabía absolutamente nada de ese mundo, todo era nuevo para mí. Yo pensaba que las telas que se veían con detalles, originalmente venían así”. Cuando tocaba puertas no la tomaban en serio, pues, eran exploraciones extrañas para muchos y muy riesgosas. Además, quién iba a creer que una bacterióloga de formación científica y académica, que hablaba de proteínas, compuestos químicos, hongos y bacterias, terminaría en tiendas de modistas, preguntando cómo estampar sus fotos en tela. Desde una mirada convencional, esta apuesta parecía ser una premonición al fracaso.

Por la poca experiencia como diseñadora, se negaban a imprimir sus imágenes en tela. Cuando encontró un lugar, había algo en el idioma de los tenderos que ella no lograba comprender. Lo más cercano que había estado a un documento con tantas medidas e indicaciones eran los académicos, que tenía que ajustar a normas APA. Al principio solicitó ayuda y luego, por iniciativa propia, los tutoriales fueron su mejor aliado para aprender a diseñar.

Con la tela lista empezó a darles forma a pañoletas y pashminas. Frecuentemente recibía comentarios negativos “quién se va a poner eso, tu idea no va a dar resultado, estás loca”, y tuvo que luchar internamente por no creer en esas ideas. Sus primeras compradoras fueron su madre, su suegra, tías, primas y amigas, quienes miraban su producto con ojos de amor. Pero ella estaba convencida de que tenía que escuchar nuevas voces.

La academia como medio para hacer ideas de negocio empresas sostenibles

Diferentes instituciones de educación superior cuentan con programas para apoyar a estudiantes o egresados emprendedores. Regresa, reúnete y emprende es el programa de la Universidad Javeriana que abrió las puertas a Andrea, visibilizó su producto y la preparó para hacer de su idea una empresa. Tito Fabián Ortega, de la Dirección de Relaciones con Egresados de la institución, relata la experiencia de la bacterióloga como emprendedora: “Yo conocí a Andrea en una feria que organizamos y de entrada cuando se presentó una bacterióloga nos generó curiosidad porque es muy raro encontrar a un egresado de microbiología emprendiendo. Y, aunque crea valor, lo hace aún más raro que lo estuviera haciendo desde su disciplina, combinando algo que se aprende a lo largo de la carrera (técnicas de microscopía) con una posibilidad de volver visible lo que para muchos es invisible”.

Este fue el punto de partida para que el proyecto de Andrea empezara a andar a un ritmo tan acelerado que ni ella alcanza a comprender. Recuerda ese momento con conmoción y algo de modestia, “aquí me di cuenta de que el emprendimiento es de aprovechar oportunidades. Yo siempre he sido muy perfeccionista y para ese momento mi producto no era el que yo quería mostrar, lo recuerdo y es vergonzoso. No sé por qué fui a la feria con algo así, pero fue la mejor decisión que tomé”. Empezó a comercializar su producto dentro de la universidad, primero fueron 170, luego 1.500 productos vendidos. Con el apoyo de la Javeriana tuvo alcance a 15 ciudades de Colombia y 15 países del mundo, y en adelante Microscope Designs se ha convertido en una marca disruptiva, exclusiva, sostenible y escalable.

Los primeros sorprendidos por su trabajo fueron los de su misma carrera: cómo era posible que los fluidos, microorganismos y demás cosas que ellos veían a diario en los laboratorios, estuvieran puestos en una tela, con tanta claridad y fuera digna de lucir. Ahora, Andrea ha ampliado su negocio y “ha encontrado la oportunidad perfecta para decirle a la gente, a través de una imagen, cómo se hace ciencia desde un laboratorio, cómo se pueden hacer visibles cosas inimaginables en una prenda estéticamente linda y un llamado a los científicos para que hagan de las soluciones que están en el papel una realidad porque las oportunidades están, pero se quedan en la academia”, dice Tito.

Microscope Designs hoy es un laboratorio que no se parece en nada al de un centro médico, más bien parece un taller de arte, y está en su casa. Música, microscopios de varios tipos, muestras colombianas y otras traídas del exterior, debidamente organizadas en placas Petri y telas con diseños del mundo diminuto de los microorganismos revoloteando por todo lado. Andrea, por su parte, pasa horas bajo la lente de un microscopio, mirando cualquier fragmento o partícula del mundo que nos rodea hasta dar con un diseño que mezcle la forma, la tonalidad y el aspecto ideal, y sin dejarlo pasar toma una foto, para que quien lo vaya a portar lleve consigo las trizas más ocultas e inimaginables del mundo con sus mágicas suntuosidades.

Con tan solo dos años de consolidado, Microscope ha participado de importantes eventos para dar a conocer su empresa como: el Women Economic Forum, el Congreso internacional de bacteriólogos, con ventas que ya superan los 100 millones de pesos en el año y, a pesar de ser un emprendimiento joven, Andrea continúa trabajando en proyectos de crecimiento, nuevos productos y posibilidades de exportación.

Andrea Vega ahora se vanagloria de los desafíos y diferentes caminos tomados porque hacen parte de los aprendizajes que la han llevado a fortalecer el proyecto de sus sueños. A donde llega Microscope causa revuelo porque logró unir la ciencia y la moda de la forma más fina, cuidando cada detalle, “este no es un almacén de ropa común y corriente, aquí hay un contexto, una historia, apropiación social del conocimiento, fotografías especiales”.

Pashminas, kimonos, pañoletas y pañuelos hoy hacen parte de la línea de productos de esta nueva marca colombiana que vendrá con más de una sorpresa para el otro año, “porque la bacteriología tiene muchas cosas bellas por mostrar. Yo siempre quise que los demás conocieran esa parte bonita y artística de mi profesión, y aquí estoy. Nada fue por azar”, finaliza la emprendedora javeriana.

Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Cientos de troncos, plantados en fila india hacia el Caribe colombiano, en el departamento de Atlántico, crecen lento. Son macizos, unos más robustos que otros, pero ricos en sí mismos, pues, además de asombrar por su resistencia ante incendios forestales, la teca (Tectona grandis), árbol proveniente de la India, es fuente de una de las maderas más costosas y apetecidas en el mercado mundial. Se usa en embarcaciones navales, escaleras y mobiliarios, entre otros productos.

Por eso, para optimizar su cultivo, reducir su tiempo de crecimiento y aprovechar al máximo residuos como el aserrín, en 2005 la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (Conif) y la empresa Reforestadora de la Costa (Refocosta) contactaron a la Unidad de Biotecnología Vegetal de la Pontificia Universidad Javeriana, de la que en ese entonces hacía parte Lucía Ana Díaz, microbióloga y magíster en Biología, para trabajar en un proyecto cofinanciado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Sostenible. ¿Su misión? Encontrar en el árbol de teca microorganismos benéficos capaces de estimular el crecimiento de esta especie forestal, y en el aserrín, una alternativa ‘reciclable’ para fortalecer la estrategia del cultivo.

Innumerables pruebas

Fueron cerca de cuatro años de trabajo entre 2005 y 2009, de visitas en campo en el bajo Magdalena, jornadas completas quemando aserrín, para luego mezclarlo con microorganismos en busca de la combinación ideal, una que le permitiera a la investigadora obtener una estrategia biotecnológica para fijar nitrógeno y solubilizar fósforo en los suelos al momento de cultivar, pues, a diferencia de los fertilizantes químicos, este desarrollo debía tener en cuenta la conservación y el balance de los nutrientes en la tierra.

Díaz trabajó con estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana en la búsqueda de bacterias que promovieran el crecimiento de la teca; analizaron aproximadamente 400 microorganismos, cada uno seleccionado según su función y tiempo de vida en laboratorio, hasta que finalmente dieron con los indicados: Enterobacter sp. y Stenotrophomonas sp., unas bacterias que debían ser probadas en los viveros para evaluar sus resultados.

En 2008, Díaz y su grupo de investigación ya habían experimentado con alginato como portador de estos microorganismos para su aplicación en campo, se trataba de pequeñas perlas de un material similar a la gelatina, pensado para encapsular las bacterias. Sin embargo, este método no dio el resultado esperado, porque, a diferencia del aserrín de teca carbonizado, las plantas tratadas con alginato crecieron menos que las plantas tratadas con el aserrín con bacterias.

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No obstante, en 2009, ¡eureka! En compañía de Lina María Morales y Sebastián Beltrán, la investigadora Díaz encontró la fórmula acertada, un novedoso portador: el aserrín de teca quemado a 300 grados centígrados, un biochar en el que podían crecer diferentes cepas de bacterias. Así obtuvieron el inoculante. Este producto, junto con una dosis adecuada de carboximetilcelulosa para disolverlo ―un pegante natural, viscoso como el ‘melao’, apto para fijar el compuesto en las semillas o en las raíces de teca―, hace que las plantas crezcan más vigorosas y con mayor biomasa y longitud.

El biochar es un carbón de origen biológico, obtenido de la quema de desechos biológicos como la madera, usado para mejorar las propiedades del suelo y aportar nutrientes a los cultivos vegetales y agrícolas.

El proyecto finalizó, pero no las ganas de seguir con la investigación. Díaz, quien ahora es líder del Grupo de Investigación en Agricultura Biológica de la Universidad Javeriana, se dedicó a evaluar otros aserrines en los que podría funcionar este modelo. Probó en cascarilla de arroz y aserrín de pino, pero su experimento no funcionó, ya que los procesos de inmunización de la madera y sus compuestos químicos anularon el éxito del ejercicio.

Sin embargo, su persistencia no quedó allí, pues en 2013 la microbióloga presentó, con el apoyo de la Dirección de Innovación de la Universidad, la solicitud para patentar este producto en Colombia, Brasil y Estados Unidos; petición que fue respondida satisfactoriamente el 8 octubre de 2015, cuando la Superintendencia de Industria y Comercio la concedió en Colombia bajo el expediente n.º 13-94384.

Como si fuera poco, el pasado 6 de agosto de 2019, 14 años después del momento en que la profesora Díaz puso sus ojos sobre el microscopio para analizar por primera vez la teca, la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO, por su sigla en inglés) le concedió la patente de invención n.º US 10.368.548 B2 a la docente javeriana, por haber diseñado un biofertilizante capaz de mejorar los sistemas de producción y obtener plantas con mejores características en menor tiempo.

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¿En qué va el proyecto?

Con cerca de 35 años de carrera profesional y una consolidada experiencia en el uso de bioinoculantes en especies forestales como la teca, esta microbióloga trabaja actualmente en la segunda versión del biofertilizante, una en presentación líquida a la que bautizó Promofort, y que ha sido ensayada positivamente en pino, clavel, maíz, granadilla, tomate y la rosa yellow baby.

De acuerdo con la Dirección de Innovación, responsable de apoyar a la investigadora javeriana en el proceso de transferencia de su tecnología, la ventaja con esta novedosa patente es que el producto es biológico y no requiere cadena de frío para su conservación, por la naturaleza de sus microorganismos. Con ello la Universidad abre un camino para la comercialización de bioinsumos amigables con el medio ambiente.

Esta cualidad responde a uno de los indicadores de la Política para la Gestión Sostenible del Suelo, expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en 2016, el cual señala que la acumulación de metales pesados y el aumento del pH por sales en la tierra ―debido al uso excesivo de fertilizantes, al riego inadecuado y al mal drenaje― producen efectos nocivos en la biodiversidad del suelo. No en vano, durante los últimos años se ha intensificado en el país el uso de fertilizantes naturales, que, además de ser ecológicamente amigables con el ambiente y de bajo costo, promueven el crecimiento y desarrollo biológico de las plantas.

Para leer más:

  • Díaz, L. A., Morales-Palencia, L. M.; Beltrán-Acosta, J. S. 2016 Patente. Biological inoculant for promotion of growth in forest species and method for obtaining the same. United States Trademark and Patent Office. Fecha de sometimiento: 10 de abril de 2014. Fecha de publicación: 10 de marzo de 2016.

TÍTULO DEL PROYECTO DE CREACIÓN: Estudio de propagación de microorganismos benéficos de Tectona grandis: bacterias promotoras de crecimiento vegetal y hongos de micorrizas vegetales
TÍTULO DE LA PATENTE CONCEDIDA: Inoculante biológico para promover el crecimiento de especies forestales y método para su obtención
CREADORA PRINCIPAL: Lucía Ana Díaz Ariza
COCREADORES: Lina Marcela Morales Palencia y Juan Sebastián P. Beltrán Acosta
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2005-2019

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

También hay científicos que van al colegio, salen a recreo y comparten la lonchera con sus amigos en diferentes rincones del país.

En el marco del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0, celebrado del 6 al 8 de noviembre, alrededor de 90 niños pertenecientes a 36 grupos de investigación dieron a conocer los resultados de sus proyectos, que más allá de mostrar estadísticas y teorías, evidenciaron la solidaridad y compromiso que la infancia y la juventud tienen con sus comunidades.

El evento contó con la participación de 9 delegaciones internacionales provenientes de Costa Rica, Panamá, México y Ecuador.

“Queremos que nuestros padres sepan que podemos aportarles, ayudarles y demostrar que la juventud de ahora también puede seguir adelante”, afirma Valentina Rodas, estudiante de La Unión (Valle del Cauca) y protagonista de dicho evento, celebrado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana decidió mirar desde la perspectiva de los futuros científicos del país y saber qué los está motivando a investigar. Por eso esta serie de fotografías no solo muestra proyectos; también revela los rostros de estos pequeños que dejaron volar su imaginación para responder preguntas que para algunos resultan ‘bobas ’ pero que para ellos significaría solucionar grandes problemas de salud pública, agricultura y medio ambiente, entre otros.

Proyecto de investigación: Diseño de estrategias para disminuir el índice de consumo de cocaína en estudiantes de la institución basándose en el uso ancestral de la coca de la cultura Murui.

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En Puerto Leguízamo (Putumayo), el 80% de la población es indígena y por eso la coca se considera una planta tradicional y medicinal capaz de curar dolores, que ha sido utilizada de generación en generación. Cristian Cortés y Fernanda Medina hacen parte de un grupo de 15 estudiantes que buscan resignificar la coca mientras dan a conocer la ritualidad de su uso y disminuyen el consumo de estupefacientes entre sus compañeros.


Proyecto de investigación: Kispichidurkuna Sachakunata “Protectores de la plantas”.

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Luis Becerra mezcla 70 gramos de barbasco, 60 de ortiga y 50 de ají picante en un frasco de un litro para crear un insecticida natural que elimina las plagas de un vivero de su resguardo. Para ello se basaron en la sabiduría de los mayores sabios y así preservar el conocimiento ancestral. Él trabaja con otros 14 compañeros y una docente en Yurayaco (Caquetá) y al graduarse del colegio quiere estudiar ingeniería ambiental, ayudar a su comunidad y validar los productos que hace.


Proyecto de investigación: Hallazgo de un método de clonación in vitro de una especie frutal en condiciones de manejo de laboratorio.

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La Unión (Valle del Cauca) es un municipio dedicado a la agricultura. Valentina Rodas, como sus amigos, tiene padres que cultivan la papaya y por eso sabe que el cultivo de esta fruta les puede generar pérdidas, pues solo una de cada 15 cumple con los estándares de exportación. Con este antecedente decidió crear un método de clonación para que los cultivos mejoren y este fruto también deleite paladares en otros países.


Proyecto de investigación: Robot Hydrocleaner.

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En Cartago (Valle del Cauca) hay un parque. En el parque hay un lago. Y en el lago hay basura. “Ahora, ¿cómo la sacamos?” Con esta pregunta Luna Chaverra creó Hydrocleaner, un robot que remueve los residuos sólidos del lago hasta la orilla para mejorar la calidad del agua y la supervivencia de tortugas, peces, patos y otros animales que viven en este hábitat. Ella, al graduarse, quiere seguir con sus pasiones: la mecatrónica y la química.


Proyecto de investigación: Significado de la simbología en los tejidos artesanales de la comunidad Inga, del municipio de Colón.

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Reconocer el sol, una rana, un colibrí y hasta la figura de una mujer en los tejidos artesanales impulsó a estos niños investigadores a conocer y difundir el significado de los 12 símbolos más representativos del pueblo iInga en el municipio de Colón (Putumayo). Así, los más pequeños de la comunidad están recuperando las tradiciones milenarias y generando apropiación en las nuevas generaciones.


Proyecto de investigación: Diseño de un dispositivo electrónico basado en lenguaje braille.

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En Atlántico, María Camila Puello y su grupo de investigación piensan que la discapacidad no se puede ver como una barrera de comunicación y por eso trabajan en un dispositivo electrónico efectivo, económico y portátil, basado en el lenguaje braille, que le permite a una de sus compañeras de colegio, con discapacidad auditiva y visual, una comunicación más asertiva.


Proyecto de investigación: Patrones ecoepidemiológicos que determinan la distribución espacio temporal del aedes aegypti del sector urbano del municipio de Soledad, Atlántico.

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¿La cámara de un celular y una aplicación sirven para prevenir el dengue? Pues sí. Luego de observar y clasificar más de 2.500 larvas en parques, viviendas y espacios públicos de Soledad (Atlántico) pequeños científicos detectaron en su barrio la presencia del Aedes aegypti, el mosquito portador del virus de esta enfermedad. Desde ese momento se dedican a combatir este problema de salud pública por medio de campañas de prevención e información sobre los posibles criaderos del insecto.

Conozca los ganadores del evento aquí.

Reviva los mejores momentos del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0

 

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía