“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

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Anamú: ciencia que se vuelve empresa

Ya han pasado 42 ediciones desde que PESQUISA JAVERIANA publicó el artículo “El anamú, la inmunología y el cáncer” (edición 8, diciembre de 2008). Y este texto sigue siendo el rey de las visitas en nuestra página web. ¿Por qué? Para Susana Fiorentino, la investigadora que con su grupo de trabajo continúa analizando los efectos antitumorales de esta planta ―utilizada tradicionalmente en la medicina indígena―, “lo publicado en PESQUISA abrió la puerta para que en el país se comience a hablar de la importancia de las plantas en el control del cáncer. Lo primero que hacen las personas con la enfermedad es mirar en internet. Cuando buscan se encuentran con publicaciones de la Pontificia Universidad Javeriana, que están indexadas, validadas por pares, en donde hay datos científicos”.

Fiorentino comenta que aún contesta mensualmente gran cantidad de correos electrónicos que contienen preguntas sobre el diagnóstico, manejo y cura del cáncer. “Después de varios años trabajando en esto, me he dado cuenta de que la aproximación de nuestro grupo al estudio de las plantas era muy diferente a la de otros investigadores. Nosotros incorporamos el concepto de la respuesta inmune, las plantas y el cáncer, y eso fue lo que cambió el horizonte de los fitomedicamentos en esta área del continente. Así, nos acercamos a la medicina de oriente y eso puso en la mira algo: hay un conocimiento tradicional en nuestras comunidades que no está estudiado ni explotado”, explica esta científica bogotana que finalizó dos posdoctorados en Francia.

A su investigación se han unido otros actores. Uno de ellos fue el Hospital San Ignacio, con el que actualmente realiza un estudio clínico para determinar la seguridad de otro fitomedicamento, obtenido esta vez del divi-divi. “Aunque el artículo más visitado es el del anamú, el medicamento más adelantado es el divi-divi”, afirma de manera orgullosa. Esto se debe a que el rendimiento en la obtención del medicamento a partir de la planta fue mejor y la caracterización de las moléculas fue más rápida.

La cofinanciación por parte de Colciencias ha sido vital para dar continuidad a los proyectos. “Un proyecto de regalías de 3500 millones de pesos nos permitió avanzar hasta estudios clínicos para desarrollar el divi-divi”, explica Fiorentino. Lograron “avanzar en toda la cadena de valor y fortalecer todos los insumos para migrar al proyecto Colombia Científica, que nos acaba de dar 18.000 millones de pesos para estudiar 30 plantas más y terminar el desarrollo del anamú”.

En abril de 2019 esta investigadora fundó, junto con otros emprendedores, una empresa basada en este conocimiento, con el apoyo de la Pontificia Universidad Javeriana, que licenció la propiedad intelectual a esta startup, para avanzar en el escalamiento y comercialización de sus fitomedicamentos, que provienen del aprovechamiento sostenible de la diversidad de plantas locales. Y se van cumpliendo las metas. “Hay que hablar de ciencia en revistas como PESQUISA para que la gente sepa que en el país se hace ciencia y que esta aporta en la construcción de una verdadera bioeconomía basada en el conocimiento”, concluye.

El ‘barrismo’, un fenómeno que sigue bajo la lupa

Cuando se trata de fútbol, el sentido de pertenencia por una camiseta, un escudo y unos colores se ha convertido en estilo de vida para miles de colombianos. Y esa misma realidad se refleja en las visitas a la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo “Barras de fútbol: violencia, identidad y territorialidad” (edición 4, de octubre de 2007) es uno de los textos más vistos en nuestro ecosistema digital. De acuerdo con Jairo Clavijo, quien realizó la investigación de su tesis doctoral en antropología sobre la naturaleza de las prácticas sociales de los barristas, este tema nunca pasará inadvertido, porque desde las ciencias sociales su análisis es novedoso y heterodoxo.

“El primer efecto de nuestra investigación es que hay unos estudios sobre el estado del arte que ya han sido publicados, donde se reconoce nuestra investigación como uno de los trabajos iniciales sobre barras bravas”, dice este profesor del Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Otra de las huellas que cree que ha dejado su publicación es el camino que se abre a los científicos sociales sobre los fenómenos derivados del deporte, como el caso de la tesis de grado que dirigió sobre cómo se forman los jóvenes en las escuelas deportivas, teniendo en cuenta su entorno social.

Clavijo deduce que los comportamientos de las barras de fútbol que analizó en su momento se siguen repitiendo en la actualidad. Uno de ellos, por ejemplo, es la presencia de barras de equipos de fútbol en los paros de finales de 2019. En su argumentación defiende la tesis de que hay una condición de desigualdad social y marginalidad sobre los jóvenes, por lo que ellos acuden a espacios masivos de protesta para tratar de ser escuchados. “Las barras bravas del fútbol encarnan la angustia de unas personas que no tienen ‘existencia’ por fuera de ese espacio”, sentencia.

La educación religiosa liberadora, un modelo que se replica

“Si la educación religiosa no se hubiera quedado en algo memorístico, sino que realmente hubiese sido una experiencia de formación, este país sería diferente”, afirmó el experto en estudios religiosos José Luis Meza Rueda, en el artículo “De la clase de religión a una educación religiosa liberadora”, publicado en la edición 34, de noviembre de 2015.

Tres años después, este doctor en Teología continúa insistiendo en la importancia de que los estudiantes generen un sentido crítico con respecto a la educación religiosa, es decir, “que sea liberadora”, para entender otros puntos de vista y de esa manera poder resolver conflictos.

“Tenemos que ser conscientes de que cuando uno propone una educación religiosa liberadora, va en contra de lo establecido, y hay ciertas instituciones a las que no les interesa que el sujeto tome consciencia, reflexione, se empodere y deje de ser un sujeto pasivo, que no sea un ‘lactante religioso’”, afirma el profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Gracias a su persistencia y a la continuidad de la temática investigativa, ya recoge los frutos de su iniciativa. Uno de ellos es la publicación del libro Educar para la libertad, que ya se utiliza en las aulas de clase de diferentes instituciones. Esta publicación, estructurada en tres capítulos, reflexiona sobre la educación religiosa escolar en la perspectiva de la liberación como propuesta de formación.

El modelo propuesto por Meza y su equipo, que él califica como un ejemplo para aprender a solucionar los conflictos que ha vivido el país durante décadas, ya se ha implementado en municipios de los departamentos de Bolívar, Nariño, Putumayo y Cundinamarca. “Nos alegramos de que la propuesta haya llegado a instituciones de la ‘Colombia profunda’, que vive realidades dramáticas de pobreza, inequidad y violencia”, afirma.

Educación: un campo natural para la innovación y la investigación

En el mundo de la educación, la reflexión sobre cuál debe ser el rol de los profesores es uno de los ejes permanentes de las propuestas que quieren transformar la enseñanza en el país. Y no es para menos. Quizá por esta y otras razones, el artículo “¿Maestros investigadores e innovadores?” (edición 30, de noviembre de 2015) ha sido uno de los más consultados en la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo presentó el proyecto de investigación “Formación en investigación e innovación pedagógica en programas de licenciatura en ciencias naturales, ciencias sociales, artes y humanidades, y educación y pedagogía”, coordinado por los investigadores Fabiola Cabra-Torres y José Darío Herrera González.

“La investigación realizada constituyó un aporte significativo a la discusión sobre los procesos de formación de los licenciados, así como a la identificación de sus retos más importantes. Se buscó que los resultados llegaran directamente a profesores y estudiantes como una forma de enriquecer y retroalimentar las prácticas formativas de los programas analizados. Así mismo, más de una veintena de estudios sobre la formación inicial de maestros ha citado la investigación, para seguir problematizando la noción de maestro investigador e innovador”, manifiesta Cabra-Torres, profesora de la Facultad de Educación.

Además, señala que actualmente es fundamental que los maestros dejen de ser receptores de teorías o modas pedagógicas, para convertirse en participantes activos de la transformación social y educativa, mediante la reflexión y la investigación pedagógicas.

Incluso sugiere que más allá de alcanzar acreditaciones, la coexistencia natural de la enseñanza, la investigación y la innovación pedagógica en espacios formativos es clave para los desafíos que tienen los sistemas educativos y la formación docente.

¿Cuál es el camino? Para la investigadora, debe haber más autonomía, formación permanente y condiciones para que el profesor innove en sus métodos. También señala la necesidad de generar estrategias para que, después de egresar de sus facultades, los profesores sigan vinculados a redes de maestros, grupos de investigación y semilleros, de manera que enriquezcan su ejercicio docente. Hay que examinar con profundidad algunos de los estereotipos que circulan actualmente sobre la investigación y la innovación.

“También se debe fortalecer una idea de investigación como experiencia crítica que genera condiciones para pensarse a sí mismo y a la comunidad educativa circundante; una investigación que pueda contribuir a la justicia social desde su compromiso con la formación de educadores e investigadores educativos, atendiendo a su reconocimiento y participación en la sociedad”, agrega.

Los microorganismos están de moda

Los microorganismos están de moda

Camina elegante, sin pretensión. Muy refinada luce una bata que lleva puesta sobre ella. En la tela están fijadas extrañas sales coloridas y cristalinas. Es exótico ver la belleza de un pequeño trozo de sal que desborda en detalles con tanta claridad. “¿Tú lo hiciste?”, le pregunto. “Sí, yo lo diseñé”, me responde con una sonrisa en su rostro, y se muestra orgullosa de lucir una prenda que hoy hace parte de las últimas colecciones de su emprendimiento.

Andrea Vega nació en Boyacá, pero su acento la delata, ha vivido en Bogotá toda la vida y se escucha muy cachaca. Desde niña usó la ropa que quiso, por más rara que esta pareciera, nunca le importó si lucía bien o mal para los demás, pues lo que digan de ella no ha sido su preocupación. Quien la conoce sabe que esta mona de ojos expresivos y sonrisa pulida de 31 años, es diferente, no come cuento de nadie y tiene mucho estilo.

Cuando salió del colegio no sabía qué estudiar, pero tenía dos cosas muy claras: en primer lugar, que estudiaría en la que para ella era la mejor universidad de Colombia: “por su calidad y prestigio la Javeriana siempre fue mi primera opción”, afirma con certeza; y, por otro lado, que sería algo enfocado en la salud por su vocación de servicio y porque a pesar de lo artística, en sus planes no estaba el arte, ni terminar de fiscal como su padre. “Empecé a averiguar carreras como medicina, odontología, pero cuando vi bacteriología, y todo lo de los microorganismos, me pareció súper chévere y dije: esta es”.

Ya en la universidad, no fue la más destacada, pero siempre cumplió con sus compromisos académicos. Sus compañeros podrían recordarla por su particular forma de vestirse. En los pasillos de la Facultad de Ciencias la mayoría de los estudiantes de su carrera caminaban con uniforme, de tenis y blusón de laboratorio; las mujeres, sin esmalte en las uñas y en sus rostros con poco o nada de maquillaje. Mientras tanto ella, como quien no pertenece al lugar, salía de los laboratorios directo a cambiarse, una rápida carrera al mejor estilo de vida de las modelos en sus pasarelas, y por lo que pudo cazar el descontento de algún profesor. “En una ocasión me sacaron de clase por no ir en uniforme. También recuerdo que un día en el laboratorio yo llevaba mis uñas pintadas de una tonalidad oscura, me puse los guantes, pero igual se veía, así que la profesora me sacó”, cuenta la microbióloga.

Andrea terminó su carrera y se enamoró de una línea de la bacteriología en la que poco se profundiza en Colombia: la microscopía. “Me gustaba porque nosotros teníamos que coger los hongos o las bacterias, hacer unas siembras y luego observarla, y yo no solo me fascinaba por lo que biológicamente encontraba sino por las formas que veía, era toda una obra de arte que tenía el privilegio de conocer”. Y, a decir verdad, con la microscopía no solo llegó el amor por esos aparatos, que con sencillos movimientos le permitían ver un nuevo mundo que la emocionaba y la dejaba perpleja, también se enamoró de un profesional en microscopía, quien hoy es su esposo.

El panorama para ella, en ese entonces, ya se había abierto. Su camino era el de explorar infinidad de universos diminutos, empuñando un microscopio en su mano, poniendo el ojo en la lente y, eso sí, con un estilo indiscutible. Por eso se jugó todas las cartas en crear su propio laboratorio, que lejos de parecerse al convencional en el que se analizan muestras de sangre u orina y se acostumbra a ver al personal vestido con batas blancas y uniformes que se asemejan a los de los médicos, tenía un aspecto más cercano al de un centro de confecciones de alta costura, con algo de arte, diseño y la ciencia por doquier.

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No hay que temerle al fracaso

La idea llegó un día cualquiera, al son de un vino y buena música, como de costumbre. Andrea tomó uno de los microscopios que tenía en casa, empezó a recorrer muestras y bastó un instante para ver algo que, una vez más, la sorprendía por su encanto. “Esto es algo que todos tienen que ver, es una obra de arte”, se decía. Así que, a pesar de que quiso ser empresaria, comenzó primero enseñando microscopía en colegios. También vendió obras de arte con las imágenes que veía en el microscopio. Al paso del tiempo, ninguna de las dos ideas continuó.

Pero, tal como lo vivió Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica, y Alexander Graham Bell, creador del teléfono, después de varios intentos vino el éxito. En una tarde de compras, Andrea se preguntó “¿cómo se verían las formas que yo veo en el microscopio estampadas en una tela?”. Con ese interrogante se fue hasta donde la que siempre ha sido su cómplice: su madre. “¿Mamá cómo se verá esto en ropa?”, mientras eso, la señora Lucía la miraba extrañada, tildando su idea de descabellada.

Sin importarle mucho, empezó a buscar lugares donde hicieran de, lo que para muchos era un disparate, una realidad. “En ese momento yo no tenía ni idea de estampados, no sabía absolutamente nada de ese mundo, todo era nuevo para mí. Yo pensaba que las telas que se veían con detalles, originalmente venían así”. Cuando tocaba puertas no la tomaban en serio, pues, eran exploraciones extrañas para muchos y muy riesgosas. Además, quién iba a creer que una bacterióloga de formación científica y académica, que hablaba de proteínas, compuestos químicos, hongos y bacterias, terminaría en tiendas de modistas, preguntando cómo estampar sus fotos en tela. Desde una mirada convencional, esta apuesta parecía ser una premonición al fracaso.

Por la poca experiencia como diseñadora, se negaban a imprimir sus imágenes en tela. Cuando encontró un lugar, había algo en el idioma de los tenderos que ella no lograba comprender. Lo más cercano que había estado a un documento con tantas medidas e indicaciones eran los académicos, que tenía que ajustar a normas APA. Al principio solicitó ayuda y luego, por iniciativa propia, los tutoriales fueron su mejor aliado para aprender a diseñar.

Con la tela lista empezó a darles forma a pañoletas y pashminas. Frecuentemente recibía comentarios negativos “quién se va a poner eso, tu idea no va a dar resultado, estás loca”, y tuvo que luchar internamente por no creer en esas ideas. Sus primeras compradoras fueron su madre, su suegra, tías, primas y amigas, quienes miraban su producto con ojos de amor. Pero ella estaba convencida de que tenía que escuchar nuevas voces.

La academia como medio para hacer ideas de negocio empresas sostenibles

Diferentes instituciones de educación superior cuentan con programas para apoyar a estudiantes o egresados emprendedores. Regresa, reúnete y emprende es el programa de la Universidad Javeriana que abrió las puertas a Andrea, visibilizó su producto y la preparó para hacer de su idea una empresa. Tito Fabián Ortega, de la Dirección de Relaciones con Egresados de la institución, relata la experiencia de la bacterióloga como emprendedora: “Yo conocí a Andrea en una feria que organizamos y de entrada cuando se presentó una bacterióloga nos generó curiosidad porque es muy raro encontrar a un egresado de microbiología emprendiendo. Y, aunque crea valor, lo hace aún más raro que lo estuviera haciendo desde su disciplina, combinando algo que se aprende a lo largo de la carrera (técnicas de microscopía) con una posibilidad de volver visible lo que para muchos es invisible”.

Este fue el punto de partida para que el proyecto de Andrea empezara a andar a un ritmo tan acelerado que ni ella alcanza a comprender. Recuerda ese momento con conmoción y algo de modestia, “aquí me di cuenta de que el emprendimiento es de aprovechar oportunidades. Yo siempre he sido muy perfeccionista y para ese momento mi producto no era el que yo quería mostrar, lo recuerdo y es vergonzoso. No sé por qué fui a la feria con algo así, pero fue la mejor decisión que tomé”. Empezó a comercializar su producto dentro de la universidad, primero fueron 170, luego 1.500 productos vendidos. Con el apoyo de la Javeriana tuvo alcance a 15 ciudades de Colombia y 15 países del mundo, y en adelante Microscope Designs se ha convertido en una marca disruptiva, exclusiva, sostenible y escalable.

Los primeros sorprendidos por su trabajo fueron los de su misma carrera: cómo era posible que los fluidos, microorganismos y demás cosas que ellos veían a diario en los laboratorios, estuvieran puestos en una tela, con tanta claridad y fuera digna de lucir. Ahora, Andrea ha ampliado su negocio y “ha encontrado la oportunidad perfecta para decirle a la gente, a través de una imagen, cómo se hace ciencia desde un laboratorio, cómo se pueden hacer visibles cosas inimaginables en una prenda estéticamente linda y un llamado a los científicos para que hagan de las soluciones que están en el papel una realidad porque las oportunidades están, pero se quedan en la academia”, dice Tito.

Microscope Designs hoy es un laboratorio que no se parece en nada al de un centro médico, más bien parece un taller de arte, y está en su casa. Música, microscopios de varios tipos, muestras colombianas y otras traídas del exterior, debidamente organizadas en placas Petri y telas con diseños del mundo diminuto de los microorganismos revoloteando por todo lado. Andrea, por su parte, pasa horas bajo la lente de un microscopio, mirando cualquier fragmento o partícula del mundo que nos rodea hasta dar con un diseño que mezcle la forma, la tonalidad y el aspecto ideal, y sin dejarlo pasar toma una foto, para que quien lo vaya a portar lleve consigo las trizas más ocultas e inimaginables del mundo con sus mágicas suntuosidades.

Con tan solo dos años de consolidado, Microscope ha participado de importantes eventos para dar a conocer su empresa como: el Women Economic Forum, el Congreso internacional de bacteriólogos, con ventas que ya superan los 100 millones de pesos en el año y, a pesar de ser un emprendimiento joven, Andrea continúa trabajando en proyectos de crecimiento, nuevos productos y posibilidades de exportación.

Andrea Vega ahora se vanagloria de los desafíos y diferentes caminos tomados porque hacen parte de los aprendizajes que la han llevado a fortalecer el proyecto de sus sueños. A donde llega Microscope causa revuelo porque logró unir la ciencia y la moda de la forma más fina, cuidando cada detalle, “este no es un almacén de ropa común y corriente, aquí hay un contexto, una historia, apropiación social del conocimiento, fotografías especiales”.

Pashminas, kimonos, pañoletas y pañuelos hoy hacen parte de la línea de productos de esta nueva marca colombiana que vendrá con más de una sorpresa para el otro año, “porque la bacteriología tiene muchas cosas bellas por mostrar. Yo siempre quise que los demás conocieran esa parte bonita y artística de mi profesión, y aquí estoy. Nada fue por azar”, finaliza la emprendedora javeriana.

Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Cientos de troncos, plantados en fila india hacia el Caribe colombiano, en el departamento de Atlántico, crecen lento. Son macizos, unos más robustos que otros, pero ricos en sí mismos, pues, además de asombrar por su resistencia ante incendios forestales, la teca (Tectona grandis), árbol proveniente de la India, es fuente de una de las maderas más costosas y apetecidas en el mercado mundial. Se usa en embarcaciones navales, escaleras y mobiliarios, entre otros productos.

Por eso, para optimizar su cultivo, reducir su tiempo de crecimiento y aprovechar al máximo residuos como el aserrín, en 2005 la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (Conif) y la empresa Reforestadora de la Costa (Refocosta) contactaron a la Unidad de Biotecnología Vegetal de la Pontificia Universidad Javeriana, de la que en ese entonces hacía parte Lucía Ana Díaz, microbióloga y magíster en Biología, para trabajar en un proyecto cofinanciado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Sostenible. ¿Su misión? Encontrar en el árbol de teca microorganismos benéficos capaces de estimular el crecimiento de esta especie forestal, y en el aserrín, una alternativa ‘reciclable’ para fortalecer la estrategia del cultivo.

Innumerables pruebas

Fueron cerca de cuatro años de trabajo entre 2005 y 2009, de visitas en campo en el bajo Magdalena, jornadas completas quemando aserrín, para luego mezclarlo con microorganismos en busca de la combinación ideal, una que le permitiera a la investigadora obtener una estrategia biotecnológica para fijar nitrógeno y solubilizar fósforo en los suelos al momento de cultivar, pues, a diferencia de los fertilizantes químicos, este desarrollo debía tener en cuenta la conservación y el balance de los nutrientes en la tierra.

Díaz trabajó con estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana en la búsqueda de bacterias que promovieran el crecimiento de la teca; analizaron aproximadamente 400 microorganismos, cada uno seleccionado según su función y tiempo de vida en laboratorio, hasta que finalmente dieron con los indicados: Enterobacter sp. y Stenotrophomonas sp., unas bacterias que debían ser probadas en los viveros para evaluar sus resultados.

En 2008, Díaz y su grupo de investigación ya habían experimentado con alginato como portador de estos microorganismos para su aplicación en campo, se trataba de pequeñas perlas de un material similar a la gelatina, pensado para encapsular las bacterias. Sin embargo, este método no dio el resultado esperado, porque, a diferencia del aserrín de teca carbonizado, las plantas tratadas con alginato crecieron menos que las plantas tratadas con el aserrín con bacterias.

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No obstante, en 2009, ¡eureka! En compañía de Lina María Morales y Sebastián Beltrán, la investigadora Díaz encontró la fórmula acertada, un novedoso portador: el aserrín de teca quemado a 300 grados centígrados, un biochar en el que podían crecer diferentes cepas de bacterias. Así obtuvieron el inoculante. Este producto, junto con una dosis adecuada de carboximetilcelulosa para disolverlo ―un pegante natural, viscoso como el ‘melao’, apto para fijar el compuesto en las semillas o en las raíces de teca―, hace que las plantas crezcan más vigorosas y con mayor biomasa y longitud.

El biochar es un carbón de origen biológico, obtenido de la quema de desechos biológicos como la madera, usado para mejorar las propiedades del suelo y aportar nutrientes a los cultivos vegetales y agrícolas.

El proyecto finalizó, pero no las ganas de seguir con la investigación. Díaz, quien ahora es líder del Grupo de Investigación en Agricultura Biológica de la Universidad Javeriana, se dedicó a evaluar otros aserrines en los que podría funcionar este modelo. Probó en cascarilla de arroz y aserrín de pino, pero su experimento no funcionó, ya que los procesos de inmunización de la madera y sus compuestos químicos anularon el éxito del ejercicio.

Sin embargo, su persistencia no quedó allí, pues en 2013 la microbióloga presentó, con el apoyo de la Dirección de Innovación de la Universidad, la solicitud para patentar este producto en Colombia, Brasil y Estados Unidos; petición que fue respondida satisfactoriamente el 8 octubre de 2015, cuando la Superintendencia de Industria y Comercio la concedió en Colombia bajo el expediente n.º 13-94384.

Como si fuera poco, el pasado 6 de agosto de 2019, 14 años después del momento en que la profesora Díaz puso sus ojos sobre el microscopio para analizar por primera vez la teca, la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO, por su sigla en inglés) le concedió la patente de invención n.º US 10.368.548 B2 a la docente javeriana, por haber diseñado un biofertilizante capaz de mejorar los sistemas de producción y obtener plantas con mejores características en menor tiempo.

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¿En qué va el proyecto?

Con cerca de 35 años de carrera profesional y una consolidada experiencia en el uso de bioinoculantes en especies forestales como la teca, esta microbióloga trabaja actualmente en la segunda versión del biofertilizante, una en presentación líquida a la que bautizó Promofort, y que ha sido ensayada positivamente en pino, clavel, maíz, granadilla, tomate y la rosa yellow baby.

De acuerdo con la Dirección de Innovación, responsable de apoyar a la investigadora javeriana en el proceso de transferencia de su tecnología, la ventaja con esta novedosa patente es que el producto es biológico y no requiere cadena de frío para su conservación, por la naturaleza de sus microorganismos. Con ello la Universidad abre un camino para la comercialización de bioinsumos amigables con el medio ambiente.

Esta cualidad responde a uno de los indicadores de la Política para la Gestión Sostenible del Suelo, expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en 2016, el cual señala que la acumulación de metales pesados y el aumento del pH por sales en la tierra ―debido al uso excesivo de fertilizantes, al riego inadecuado y al mal drenaje― producen efectos nocivos en la biodiversidad del suelo. No en vano, durante los últimos años se ha intensificado en el país el uso de fertilizantes naturales, que, además de ser ecológicamente amigables con el ambiente y de bajo costo, promueven el crecimiento y desarrollo biológico de las plantas.

Para leer más:

  • Díaz, L. A., Morales-Palencia, L. M.; Beltrán-Acosta, J. S. 2016 Patente. Biological inoculant for promotion of growth in forest species and method for obtaining the same. United States Trademark and Patent Office. Fecha de sometimiento: 10 de abril de 2014. Fecha de publicación: 10 de marzo de 2016.

TÍTULO DEL PROYECTO DE CREACIÓN: Estudio de propagación de microorganismos benéficos de Tectona grandis: bacterias promotoras de crecimiento vegetal y hongos de micorrizas vegetales
TÍTULO DE LA PATENTE CONCEDIDA: Inoculante biológico para promover el crecimiento de especies forestales y método para su obtención
CREADORA PRINCIPAL: Lucía Ana Díaz Ariza
COCREADORES: Lina Marcela Morales Palencia y Juan Sebastián P. Beltrán Acosta
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2005-2019

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

También hay científicos que van al colegio, salen a recreo y comparten la lonchera con sus amigos en diferentes rincones del país.

En el marco del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0, celebrado del 6 al 8 de noviembre, alrededor de 90 niños pertenecientes a 36 grupos de investigación dieron a conocer los resultados de sus proyectos, que más allá de mostrar estadísticas y teorías, evidenciaron la solidaridad y compromiso que la infancia y la juventud tienen con sus comunidades.

El evento contó con la participación de 9 delegaciones internacionales provenientes de Costa Rica, Panamá, México y Ecuador.

“Queremos que nuestros padres sepan que podemos aportarles, ayudarles y demostrar que la juventud de ahora también puede seguir adelante”, afirma Valentina Rodas, estudiante de La Unión (Valle del Cauca) y protagonista de dicho evento, celebrado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana decidió mirar desde la perspectiva de los futuros científicos del país y saber qué los está motivando a investigar. Por eso esta serie de fotografías no solo muestra proyectos; también revela los rostros de estos pequeños que dejaron volar su imaginación para responder preguntas que para algunos resultan ‘bobas ’ pero que para ellos significaría solucionar grandes problemas de salud pública, agricultura y medio ambiente, entre otros.

Proyecto de investigación: Diseño de estrategias para disminuir el índice de consumo de cocaína en estudiantes de la institución basándose en el uso ancestral de la coca de la cultura Murui.

Foto 6

En Puerto Leguízamo (Putumayo), el 80% de la población es indígena y por eso la coca se considera una planta tradicional y medicinal capaz de curar dolores, que ha sido utilizada de generación en generación. Cristian Cortés y Fernanda Medina hacen parte de un grupo de 15 estudiantes que buscan resignificar la coca mientras dan a conocer la ritualidad de su uso y disminuyen el consumo de estupefacientes entre sus compañeros.


Proyecto de investigación: Kispichidurkuna Sachakunata “Protectores de la plantas”.

Foto 1

Luis Becerra mezcla 70 gramos de barbasco, 60 de ortiga y 50 de ají picante en un frasco de un litro para crear un insecticida natural que elimina las plagas de un vivero de su resguardo. Para ello se basaron en la sabiduría de los mayores sabios y así preservar el conocimiento ancestral. Él trabaja con otros 14 compañeros y una docente en Yurayaco (Caquetá) y al graduarse del colegio quiere estudiar ingeniería ambiental, ayudar a su comunidad y validar los productos que hace.


Proyecto de investigación: Hallazgo de un método de clonación in vitro de una especie frutal en condiciones de manejo de laboratorio.

Foto 2

La Unión (Valle del Cauca) es un municipio dedicado a la agricultura. Valentina Rodas, como sus amigos, tiene padres que cultivan la papaya y por eso sabe que el cultivo de esta fruta les puede generar pérdidas, pues solo una de cada 15 cumple con los estándares de exportación. Con este antecedente decidió crear un método de clonación para que los cultivos mejoren y este fruto también deleite paladares en otros países.


Proyecto de investigación: Robot Hydrocleaner.

Foto 3

En Cartago (Valle del Cauca) hay un parque. En el parque hay un lago. Y en el lago hay basura. “Ahora, ¿cómo la sacamos?” Con esta pregunta Luna Chaverra creó Hydrocleaner, un robot que remueve los residuos sólidos del lago hasta la orilla para mejorar la calidad del agua y la supervivencia de tortugas, peces, patos y otros animales que viven en este hábitat. Ella, al graduarse, quiere seguir con sus pasiones: la mecatrónica y la química.


Proyecto de investigación: Significado de la simbología en los tejidos artesanales de la comunidad Inga, del municipio de Colón.

Foto 4

Reconocer el sol, una rana, un colibrí y hasta la figura de una mujer en los tejidos artesanales impulsó a estos niños investigadores a conocer y difundir el significado de los 12 símbolos más representativos del pueblo iInga en el municipio de Colón (Putumayo). Así, los más pequeños de la comunidad están recuperando las tradiciones milenarias y generando apropiación en las nuevas generaciones.


Proyecto de investigación: Diseño de un dispositivo electrónico basado en lenguaje braille.

Foto 5

En Atlántico, María Camila Puello y su grupo de investigación piensan que la discapacidad no se puede ver como una barrera de comunicación y por eso trabajan en un dispositivo electrónico efectivo, económico y portátil, basado en el lenguaje braille, que le permite a una de sus compañeras de colegio, con discapacidad auditiva y visual, una comunicación más asertiva.


Proyecto de investigación: Patrones ecoepidemiológicos que determinan la distribución espacio temporal del aedes aegypti del sector urbano del municipio de Soledad, Atlántico.

Foto 7

¿La cámara de un celular y una aplicación sirven para prevenir el dengue? Pues sí. Luego de observar y clasificar más de 2.500 larvas en parques, viviendas y espacios públicos de Soledad (Atlántico) pequeños científicos detectaron en su barrio la presencia del Aedes aegypti, el mosquito portador del virus de esta enfermedad. Desde ese momento se dedican a combatir este problema de salud pública por medio de campañas de prevención e información sobre los posibles criaderos del insecto.

Conozca los ganadores del evento aquí.

Reviva los mejores momentos del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0

 

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Las diferentes formas de la innovación científica

Las diferentes formas de la innovación científica

Innovar no es fácil. Algunos dirían que ‘innovar tiene su ciencia’ y no todas las buenas ideas se convierten en emprendimientos, patentes, empresas, nuevos productos o servicios, procesos o metodologías que resuelvan problemas de la sociedad.

Pero la Javeriana le está apostando a convertir el nuevo conocimiento resultado de sus investigaciones científicas en propuestas innovadoras. No importa el resultado, porque el riesgo de fracasar siempre está presente; en cambio, si se es exitoso, es posible gritar: “¡Eureka!”

En el Simposio Transferencia, apropiación e impacto, que tuvo lugar ayer miércoles en el marco del XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, se presentaron seis experiencias que dan lecciones: unas porque inciden en la política pública, otras, porque mejoran la calidad de vida de los colombianos o vuelven útil un material que antes se desechaba, o porque proponen novedosas formas de enseñanza universitaria en un mundo virtual.


Innovar en las artes

Desde Cali, Manuel Sevilla, doctor en Antropología y profesor del Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño, aprovecha las artes performáticas, como el teatro, la música y la danza, para entregar resultados de investigación en ciencias sociales, específicamente sobre identidades musicales, modelos políticos en América Latina y migración del Pacífico al interior de Colombia.

Los tres montajes desarrollados entre 2015 y 2019, promueven la búsqueda de nuevos lenguajes para que la sociedad acceda a conocimiento especializado sobre estos y otros temas que investigan las ciencias sociales.  “Es igualmente importante el lenguaje temático, de cada ciencia, y el lenguaje artístico, como el teatral, el musical, el de la danza”, explicó Sevilla sobre el proceso para llevar el conocimiento de la antropología y de las expresiones culturales, por ejemplo, a la sociedad en general.

Entre los resultados del grupo POIESIS se cuentan diferentes montajes, entre ellos La música del tren, que recuerda el viaje del ferrocarril de la estación de Popayán hasta la de Buenaventura, entregando al mismo tiempo información que va desde la obra ingenieril del trazado del tren hasta la creación arquitectónica de las estaciones. Otro montaje, Decibelios, presenta una historia de la música popular en Colombia.

Las obras artísticas montadas han sido ganadoras de diferentes becas de creación en programas de estímulos de cultura municipales y nacionales.


¿Qué hacer con los desechos universitarios?

El BioTrueque es un producto que funciona como abono orgánico, resultado de un trabajo que convierte los residuos sólidos en material utilizable para la agricultura y los jardines en general. Es un intercambio —haciendo alusión a la palabra trueque— entre la comunidad javeriana y el planeta tierra. “Como buenos colombianos tomamos café, pero el ‘cuncho’ se va a la caneca de la basura”, dice Aura Marina Pedroza Rodríguez, doctora en Ciencias con énfasis en biotecnología, miembro de la Unidad de Investigaciones Agropecuarias y profesora de la Facultad de Ciencias. “Este material derivado del café es orgánico y perfectamente aprovechable como abono orgánico”, añade, haciendo énfasis en que le devolvemos a nuestro planeta un insumo a partir de algo que también el mismo planeta nos ha dado. Trueque con la naturaleza.

La profesora Pedroza y los integrantes del grupo de investigación en biotecnología ambiental e industrial desarrollan esta transformación a partir de una biorefinería, que los convierte en bioproductos de mayor valor agregado.

Utilizan la corteza de pino, el aserrín y las servilletas de papel que se desechan en la Universidad y las convierten en biochar, un sustrato para la germinación, siembra y biofertilizante de hortalizas, flores y pastos. “Ya algunas unidades han recibido nuestros primeros lotes de sustrato de siembra y lo han evaluado en sus parcelas experimentales”, dijeron los investigadores.

Así mismo, como los laboratorios utilizan compuestos químicos para hacer tinciones biológicas que tienen una toxicidad aguda fuerte, “por responsabilidad ambiental la universidad no debe verterlos a las alcantarillas”, dice Pedroza. “El agua que tratamos sirve como agua de riego” para los jardines del campus.

Congreso Inn 2


Soluciones en las aulas

El grupo de investigación Diseño, ergonomía e innovación diseñó una silla escolar adaptada a la anatomía de los niños colombianos, luego de una investigación que determinó los parámetros formales del asiento y del espaldar a partir de la medición y evaluación de los puntos de presión del cuerpo cuando se está sentado y se ejerce peso. Dichas características son determinantes en la adopción de una adecuada postura que le dé un soporte estable a la espalda, los glúteos y los muslos, todo en una silla que sea cómoda para los estudiantes.

Los integrantes del grupo, liderado por el profesor Ovidio Rincón, magister en Salud y Seguridad en el Trabajo, participaron en la revisión de los manuales de parámetros técnicos para la adquisición de dotaciones del Ministerio de Educación Nacional.

Por su parte, el Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte, dirigido por Fanny Esperanza Acevedo Gamboa, magister en Educación y lider de la línea de educación y pedagogía del grupo de investigación Cuidado y Práctica, construyó una guía virtual de simulación clínica para los estudiantes de Enfermería que les enseña diferentes procesos clínicos, como, por ejemplo, a poner inyecciones en diferentes partes del cuerpo.

A través de esta guía virtual que contiene unos videos ilustrativos, los estudiantes “juegan para ver cómo se deben colocar los tapabocas, las gafas y cómo es el procedimiento para hacer una punción”, dicen los integrantes del semillero. Lo hacen en el Transmilenio durante el trayecto de la casa a la universidad,  o tomando un refrigerio en la cafetería, y así evitan tener que vivir procesos administrativos muchas veces lentos cuando necesitan usar los espacios para hacer sus prácticas.

La profesora Nancy Agray-Vargas, doctora en Lingüística Aplicada e integrante del grupo de investigación Lenguajes, pedagogías y culturas, desarrolló una aplicación didáctica para la enseñanza virtual de español como lengua extranjera. Este trabajo es resultado de su tesis doctoral.

Desde el comienzo, la mirada interdisciplinar incluyó campos de la filosofía, psicología, sociología, comunicación y estudios culturales, además de la lingüística aplicada. Con base en un análisis de necesidades y con una mirada futurista de la virtualidad de la educación, la aplicación ofrece espacios de conversación, de evaluación del propio desempeño del estudiante, actividades puntuales de escritura de experiencias personales y, por supuesto, espacios para que aprenda… descansando, al estilo recreo. Porque en sus palabras, “el estudiante, antes que ser estudiante, es un ser social y realiza actividades en ese sentido”.

El modelo diseñado fue tomado por el Departamento de Lenguas como modelo a seguir para diseñar el nuevo currículo que se espera implementar en el marco del nuevo Centro de Idiomas de la Javeriana.

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Propuestas útiles para las entidades públicas

Para 2020 se estima que el numero de dispositivos del internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) conectados a la red en el mundo será de 50.000 millones, unas cinco veces la cantidad de seres humanos que habitarán el planeta.

Teniendo en cuenta que cada día habrá más dispositivos IoT que accederán al espectro radioeléctrico —un pequeño fragmento del espectro electromagnético donde no solo están los colores visibles, sino donde también navegan las comunicaciones—, investigadores javerianos liderados por Manuel Pérez, doctor  en Ingeniería Electrónica y profesor de la Facultad de Ingeniería, se aliaron con la Agencia Nacional del Espectro para proponer un modelo que sea capaz de estimar el requerimiento espectral para permitir el despliegue de estas tecnologías de comunicación en el futuro. Así, esa autopista por donde viajan las comunicaciones no se congestionará como sucede hoy en día con algunas calles en las diferentes ciudades colombianas y del mundo.

Se trata del modelo de predicción de demanda de espectro para servicios basados en tecnologías IoT en Colombia. “Está en una primera etapa de implementación y se busca transferir a otros países como parte de la estrategia del gobierno a través de la Agencia para seguir siendo líderes en gestión del espectro radioeléctrico en América Latina”, explicó.

Congreso Inn 3

¡A tu salud!

¡A tu salud!

¿Qué tienen en común los problemas del corazón con los de los huesos? Más allá de que los dos son indispensables para la vida e inseparables dentro de un sistema absoluta y perfectamente interconectado, como lo es el cuerpo humano, hay una coincidencia que no pasa inadvertida: en Colombia las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de morbilidad y mortalidad, y, paralelamente, este país es el tercero en el ranking mundial de Morquio A, una patología rara que se manifiesta en los huesos y las articulaciones. Ambas están en los extremos de un mismo espectro de prevalencia: las primeras (también las más frecuentes en el resto del mundo) aquejan a más de 26 millones de colombianos, mientras que la segunda solo a unos 200, muy pocos, comparados con los que sufren afecciones comunes, pero muchos para estar concentrados en un mismo territorio, y aún más considerando que es solo una de las casi 7.000 enfermedades extrañas existentes.

Esto motivó a dos grupos de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana a desarrollar tecnologías y tratamientos novedosos para mejorar el abordaje de estas dos patologías, apoyados por la Dirección de Innovación.


Nuevas tecnologías al servicio de los pacientes

Control Vit es una aplicación digital de telemonitoreo a través de la cual enfermeros y médicos hacen un seguimiento de los pacientes que han sufrido falla cardiaca (infartos, afecciones valvulares, arritmias, entre otras), de manera permanente y en tiempo real, con el fin de detectar oportunamente posibles complicaciones. A partir de unos indicadores específicos que cada paciente debe registrar diariamente, incluidos el peso, la presión arterial y la frecuencia cardiaca, entre otros datos, los profesionales de la salud pueden evaluar su adherencia al tratamiento farmacológico o no farmacológico —como la dieta o el ejercicio— y advertir síntomas de descompensación que activan alertas, en cuyo caso son atendidas de inmediato por un miembro del equipo de especialistas, quien se comunica con el paciente y le indica las medidas terapéuticas necesarias para evitar la progresión sintomática y una potencial hospitalización.

“Esta app, a diferencia de otras, está integrada a un equipo médico en tiempo real. Todas las demás son aisladas y no tienen una permanente interacción con un profesional de la salud”, asegura Diana Marcela Achury Saldaña, profesora de la Facultad de Enfermería de la Javeriana, quien concibió la idea y la puso en marcha junto con otra colega, tres cardiólogos del Hospital San Ignacio, docentes de la Facultad de Medicina y un ingeniero de la Javeriana. Adicionalmente, a través de esta herramienta se envían a diario —tanto al paciente como a su cuidador— cápsulas educativas para reforzar conductas de autocuidado.

Según Achury, investigadora principal de este proyecto, un paciente de falla cardiaca tiene, en promedio, entre tres y cuatro hospitalizaciones por urgencias al año. Teniendo en cuenta que cada una cuesta entre seis y siete millones de pesos, el valor para el sistema de salud y el usuario es muy alto, y esto solo pensando en términos económicos. En 2018 se realizó un primer estudio para evaluar la utilidad y aceptación de la aplicación con 20 individuos entre los 35 y los 75 años, que durante seis meses usaron rigurosamente Control Vit. Se comprobó que el 91% de ellos no tuvo reingresos hospitalarios en ese lapso, pues, gracias a esta herramienta, se identificaron tempranamente sus complicaciones y se hicieron los ajustes terapéuticos pertinentes.

En vista de estos resultados promisorios, en el segundo semestre de 2019 se prevé realizar un segundo estudio clínico con una muestra más representativa —unos 300 pacientes—, aprovechando los recursos obtenidos gracias al Premio Germán Saldarriaga, que entre 60 proyectos galardonó a Control Vit —junto con otra iniciativa del Instituto Nacional de Salud— por su propuesta innovadora y eficaz en pro de la investigación en salud en Colombia.


Un mal prehispánico

Otra iniciativa con gran potencial es la desarrollada por investigadores del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo (IEIM), en asocio con la Universidad de St. Louis (EE. UU.), quienes crearon dos estrategias para tratar la enfermedad de Morquio A, debido a la cual el cuerpo no puede descomponer un grupo de azúcares complejos generando alteraciones óseas, dérmicas y del tejido conjuntivo (presente en articulaciones, oídos, ojos y válvulas cardiacas).

Es una patología causada por la mutación del gen encargado de producir la proteína —o enzima― llamada GALNS, capaz de metabolizar esos compuestos, que terminan acumulándose dentro de las células e impiden el correcto desarrollo de los huesos y las articulaciones. Así, los niños dejan de crecer hacia los 10 años, pero el resto de los órganos sigue haciéndolo de manera regular hasta el punto en que no caben dentro de la caja torácica, y esa presión interna hace que los pacientes fallezcan a los 20 o 30 años por problemas cardiorrespiratorios, como consecuencia de alteraciones cardiacas y acumulación de los compuestos sin degradar en las vías respiratorias. Es muy dolorosa en tanto que produce daño en las articulaciones.

Para que se desarrolle, ambos padres deben ser portadores de la misma variación genética, de ahí que se presente especialmente en regiones de acentuada endogamia. Se calcula que en Colombia existe desde tiempos prehispánicos, entre unos 8.000 u 11.000 años atrás. No en vano, en el Museo del Oro se exhibe una escultura de una persona con claros rasgos de Morquio A, mucho más común que Morquio B, la otra tipología de la enfermedad. Solo Arabia Saudita y Reino Unido sobrepasan a Colombia en número de casos, estipulados en cerca de 1.600 a nivel mundial.

La terapia de reemplazo enzimático es actualmente la que está aprobada en humanos. Consiste en inyectarle semanalmente por vía intravenosa al paciente una versión biotecnológica de la proteína GALNS, creada en 2012 por la firma estadounidense BioMarin. Sin embargo, por tratarse de un compuesto exógeno, el cuerpo tiende a asimilarlo como un agente extraño, y a activar su sistema inmunológico para atacarlo, lo cual puede disminuir la efectividad de este tratamiento, destinado a atenuar algunos síntomas, no a subsanar la progresión del mal.

En aras de sensibilizar al organismo a esta sustancia y evitar su rechazo, científicos de ambas universidades diseñaron un nuevo método de implementación, el cual fue probado en ratones genéticamente modificados para desarrollar Morquio A. Identificaron algunos péptidos (conjunto de aminoácidos derivados de esta proteína) capaces de promover esa tolerancia, los cuales deben suministrarse de forma oral semanas antes de comenzar el tratamiento formal con la enzima completa. Al cabo de unos meses, el cuerpo ya no produce anticuerpos y queda habituado a dosis altas de GALNS.

“Con la terapia de suplementación los pacientes manifiestan menos dolor y ahogo, con lo que pueden aumentar sus actividades básicas, como caminar y ganar independencia de sus cuidadores, es decir, mejorar su calidad de vida. Pero no tiene ningún efecto positivo en el crecimiento de los huesos. Está demostrado que ni siquiera en niños que desde los dos o tres años de vida han recibido el tratamiento de la forma convencional se logra evitar que su crecimiento se detenga, con todas las consecuencias que eso conlleva”, explica Carlos Javier Alméciga, doctor en Ciencias Biológicas y director del IEIM.

Lo que sí revierte esas alteraciones y cura la enfermedad es la terapia génica, en la que se introduce el fragmento de ADN que hace falta o está mutado a través de un virus inofensivo que opera como vector. “Lo que se hace es introducir en las células un gen capaz de fabricar la proteína correcta. En este caso, conviven los dos genes —el bueno y el malo― y las dos enzimas —la normal y la defectuosa—”, explica Luis Alejandro Barrera, doctor en Bioquímica y quien, además de ser fundador del Instituto, fue el gestor del trabajo colaborativo que desde hace más de dos décadas se adelanta entre la Javeriana y la Universidad de St. Louis. Del primer centro académico participan los doctores Alméciga, Barrera y Catalina Sosa, y del segundo, los doctores Shunji Tomatsu —líder mundial en Morquio A— y Adriana Montaño.

Ambas terapias están patentadas en Estados Unidos. “Se han probado en animales y los resultados son importantes. El próximo paso es hacer ensayos clínicos en humanos y, de ser satisfactorios, desarrollar una forma comercial para implementarlas”, concluye Alméciga.


De la academia al mercado

El saber es el fundamento del hacer, y para lograr que una sociedad evolucione y trascienda es imprescindible acoger el acervo de conocimiento y potenciarlo como solución a un problema o a una situación susceptible de mejorar. Teniendo esa premisa, la Javeriana creó un modelo de transferencia llamado ‘De la Academia al Mercado’, en el cual se identifica un resultado de investigación, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. De esta forma, se completa el círculo virtuoso universidad-empresa-comunidad-Estado, que es el caldo de cultivo del progreso social.

Este proceso es el que lleva a cabo la Dirección de Innovación, de la Vicerrectoría de Investigación. Aunque ambas se constituyeron formalmente en 2012, desde 2005 se viene gestionando el ecosistema innovador en la universidad, que hoy tiene frutos contundentes, entre ellos, 61 procesos de solicitud de patente en marcha y dos spin-off en estructuración. Como adalid de la innovación, la Dirección también dicta cursos y talleres a profesores y estudiantes, además de hacer visitas y mostrar casos de éxito.

“Y en concordancia con el espíritu de esta alma máter, más allá de la apuesta por la innovación tecnológica también se promueve la innovación social, en la que se implementan metodologías y formas de trabajo con comunidades que tienen mayor resonancia e impacto positivo sobre lo que se quiere lograr”, señala la microbióloga Fanny Almario, quien tiene a su cargo la Dirección de Innovación.


Para leer más:

  • J. Alméciga-Díaz, A. Montaño-Suárez, L. Barrera, S. Tomatsu, “Tailoring the AAV2 capsid vector for bone-targeting”, en Pediatr Res. 2018, Oct, 84(4), 545-551. doi: 10.1038/s41390-018-0095-8
  • Montaño-Suarez, A. Sosa-Molano, A. Knutsen, C. Bellone, S. Tomatsu y L. Barrera, L. Patente. Determination of immunogenic peptides in lysosomal enzymes and induction of oral tolerance. United States Trade and Patent Office. Fecha de sometimiento: 6 de febrero de 2013. Fecha de publicación: 8 de agosto de 2013.
La ciencia para ver más allá de lo evidente

La ciencia para ver más allá de lo evidente

El pasado 4 de junio la revista Tropical Conservation Science publicó el artículo “Species Distribution Modeling in Latin America: A 25-Year Retrospective Review”, en el que dos profesores javerianos presentan una revisión sobre los países e instituciones que han marcado tendencia investigativa sobre modelado de distribución de especies (SDM, por sus siglas en inglés) a nivel internacional, que cubre la literatura publicada en la historia de esta temática a nivel global entre 1993 y 2018.

Gran parte de los datos y resultados que expone la publicación se obtuvieron gracias al trabajo colaborativo entre Nicolás Urbina, postdoctor en Ciencias Biológicas y docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales (FEAR), y Hernán Morales, bibliotecólogo de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J. Ambos participaron en uno de los pilotos de creación del nuevo servicio que ofrecen entre la Dirección de Innovación de la Vicerrectoría de Investigación y la Biblioteca General: el de inteligencia competitiva.

Este servicio, presentado ante la comunidad académica el martes 15 de julio, desarrolla una metodología que permite analizar grandes volúmenes de información de manera sistémica a partir de bases de datos científicas y de patentes con las que cuenta la Universidad. La inteligencia competitiva se compone de varios niveles de aproximación, entre ellos, la inteligencia científica, la inteligencia tecnológica y la inteligencia comercial.

Con esta metodología, la apuesta de la Javeriana es apoyar a los investigadores en aspectos como la definición del estado del arte de sus proyectos, identificación de redes de colaboración de autores u organizaciones, sugerencias de las posibles revistas para publicar sus resultados de investigación, entre otros. “Todo esto con el fin de aumentar el impacto de la investigación que se realiza al interior de la Universidad”, explica la Dirección de Innovación de la Universidad.

De hecho, Urbina escuchó por primera vez el concepto de inteligencia competitiva en el Congreso de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana de 2015, en el que Sergio Cuéllar, asesor de la Dirección de Innovación, habló sobre bibliometría y minería de datos.

“En mi doctorado ya había hecho varias revisiones de literatura de manera más conceptual, buscando el diálogo entre conceptos y teorías, pero no había visto la posibilidad de trabajar cosas más analíticas. Cuando vi la charla, me dije: ¡Qué verraquera, hay redes, hay nubes de palabras! Esto puede mejorar un montón las futuras revisiones de literatura que haga”, recuerda.

Por eso se acercó a Sergio Cuéllar al final de la charla para ahondar más sobre la temática. Este primer encuentro culminó no sólo en una explicación de la herramienta VantagePoint, sino también en un posterior trabajo de minería de datos como director y codirector de una tesis de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de una egresada de FEAR, con la que actualmente están trabajando en una revisión del estado del arte que ha desarrollado mapas de servicios ecosistémicos a nivel global.

Más adelante, a finales de 2017, la Facultad de Ciencias, a través de su decana, Concepción Puerta, generó un contacto entre Hernán Morales y Urbina para configurar una red de autores con base en unos registros de proyectos de investigación, con miras a conformar un panorama visual de la interacción de los profesores y unidades académicas con el Comité Institucional de Cuidado y Uso de Animales (CICUA) para el informe anual de la Unidad de Biología Comparativa (UBC) de la Facultad.

Gracias a esas experiencias previas en minería de datos, Urbina ya tenía un panorama más claro de lo que se podía potencializar con el servicio de inteligencia científica que proyectaba la Biblioteca General junto con la Dirección de Innovación; paralelamente, en mayo de 2018, la revista Tropical Conservation Science invitó al investigador a publicar un artículo, y él inició un manuscrito que apuntara a revisión de literatura. Así, armó un equipo de seis personas, entre las que incluyó a Morales, para responder su pregunta de investigación.

El profesor Urbina tenía claro que buscaba identificar, entre diversos tipos de software de modelamiento en distribución geográfica de especies, los que más se usan en el mundo, qué instituciones los usan, en dónde y cómo colaboran con otras entidades u organizaciones para acelerar los estudios de distribución de especies en Latinoamérica y finalmente apoyar la toma de decisiones a la hora de generar estrategias para conservar esas especies.

Hernán Morales se encargó de ayudar a Urbina con la generación de las cadenas de búsqueda, así como con toda la limpieza y procesamiento de datos para las gráficas. Tanto el investigador como el bibliotecólogo trabajaron más allá de las horas laborales para intercambiar percepciones sobre las palabras clave, la mejor manera de visualizar la información y, en general, todos los elementos que les permitieran arrojar resultados con exactitud.

“La minería de datos es la descomposición de un documento en un montón de nuevas cosas. Nosotros desde la Biblioteca General la realizamos con datos estructurados extraídos de las bases de datos especializadas. Por ejemplo, tomamos las palabras clave, el resumen, los autores, la institución, el país, etc. Dependiendo de los resultados que se arrojen, el proceso puede ayudar a identificar dónde no hay nada hecho”, explica Oscar Chaves, bibliotecólogo asignado a las Facultades de Artes y Arquitectura y diseño.

Usualmente un investigador se sienta a leer la bibliografía que tiene, y crea nueva información por inferencia a partir de la lectura que realiza. “En el caso de la minería de datos no se produce información solo por la lectura, sino por extracción de temas particulares o de tendencias que generan los mismos documentos a través de un software o herramienta diferente, que puede ser incluso un Excel”, agrega el bibliotecólogo.

El trabajo, que en principio pensaban sería de un par de meses, se extendió por un año, dado que desde la revisión por pares se recibieron recomendaciones para mejorar y ampliar la información bajo un esquema de revisión sistemática de literatura. Esto permitió una mayor exhaustividad para el análisis de información y más precisión con los datos y resultados obtenidos.

Para Urbina, “esta aproximación analítica permite identificar patrones macro tan contundentes que evidencian otras cosas nuevas, dados los datos. Una cosa es lo que el investigador obtiene de la lectura de los artículos en una revisión, haciendo una investigación cualitativa de los conceptos (que es lo que yo he hecho desde hace unos años), y otra es este proceso que es como la espada del augurio: te permite ver más allá de lo evidente porque conecta metadatos. Tu cerebro no logra conectar, integrar y entender la interacción entre 5.000 instituciones que colaboran para formar un cuerpo del conocimiento”.

No obstante, considera que el servicio de inteligencia científica “tiene que ser supervisado porque puede haber mucho ruido. En la primera versión teníamos 151 artículos, pero luego de depurar las cadenas de búsqueda y leer el título de 13.388 documentos, nos dimos cuenta que el cuerpo y análisis era de 1.000 documentos. Nos estábamos perdiendo un porcentaje altísimo de la literatura publicada. Parte de mi conclusión es que hay que estar encima de los algoritmos y hacer una buena pregunta de investigación. El investigador tiene que tener un gran nivel de claridad sobre para qué lo va a usar. No publicar la red o gráfica porque esté linda, sino por cómo le saca información”, explica.

Lanzamiento del Servicio de Inteligencia Competitiva en la Javeriana. /Carlos Prieto
Lanzamiento del Servicio de Inteligencia Competitiva en la Javeriana. /Carlos Prieto


Un camino competitivo

Antes de presentar formalmente el Servicio de Inteligencia Competitiva a la comunidad académica, las directivas de la Javeriana, y especialmente de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., elaboraron dos proyectos piloto para asegurarse de que su potencial académico fuera aprovechado de la mejor forma por los investigadores.

Entre ellos resaltan diversos resultados, como el liderado por Oscar Chaves y el profesor de la Facultad de Filosofía Juan Samuel Santos, , en torno a la revisión de documentos sobre mentira en política. Esta experiencia no fue del todo positiva porque las fuentes que por el momento se emplean (Scopus y WoS), no cuentan con suficiente cantidad de información en filosofía.

En la otra orilla sobresale el piloto con estudiantes de doctorado en ingeniería pertenecientes al grupo de nanotecnología, que culminó en la publicación de los capítulos iniciales de sus respectivas tesis. Adicionalmente, se dieron fundamentos en uso de software especializado que redundaron en la publicación del artículo “The Bio-Nano Offer and its Impact on Environment, Energy, Agriculture, and Health en el Journal of Nano – Science and Technology. Con esos mismos resultados, los estudiantes presentaron varios afiches en “Nanotech”, evento realizado en Boston, Massachusets, entre el 17 a 19 de junio.

Ambas experiencias permitieron articular el actual servicio, que cuenta con dos niveles: uno de monitoreo y otro de direccionamiento. El primero se puede solicitar en cualquier momento del año y su resultado final será la presentación de grafos y datos explicados para su comprensión y lectura; el segundo nivel se ofrecerá a partir de las convocatorias de la universidad. En el resultado final no solamente se entregarán los grafos, también un análisis más detallado de la información obtenida.

Dada la complejidad del proceso y la capacidad del equipo de Servicios Especializados de la Biblioteca General, en un inicio únicamente se realizarán 15 estudios de monitoreo y cuatro de direccionamiento al año disponibles para profesores de planta y estudiantes de doctorado de la Javeriana.

“Con este nuevo servicio buscamos generar impacto en el quehacer investigativo, ya que incide en el hecho de que el investigador pueda convertir la información en conocimiento, garantizando que al finalizar el proceso de depuración y análisis se logre la construcción del estado del arte de su tema de investigación y la valorización de la información”, destaca Zulma Fajardo, Jefe Sección Servicios especializados de la Biblioteca.

Más allá del silencio

Más allá del silencio

Asociar indistintamente el concepto de ‘sordomudo’ a cualquier persona con discapacidad auditiva parcial o total es un error común. Sin embargo, esta condición no necesariamente imposibilita el desarrollo de lenguaje hablado. Desde 1940, el Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca trabaja con pequeños en esta situación en dos rutas de rehabilitación: la primera, con quienes tienen pérdida auditiva profunda y no pueden desarrollar el lenguaje oral, para que aprendan a leer los labios y a usar lenguaje de señas para comunicarse, y la segunda, enfocada en aquellos a los que se les pueden brindar ayudas, como audífonos o implantes cocleares, para que desarrollen habilidades auditivas y a partir de ellas construyan lenguaje hablado.

Gracias a estas ayudas, los niños escuchan sus primeros sonidos. Por eso la detección temprana de su condición es clave para definir el momento en que deben comenzar a usarlas e iniciar el tratamiento pertinente que les permita aprender a hablar, favoreciendo un desarrollo cognitivo y comunicativo adecuado.

El proyecto que adelanta el Grupo Destino, del Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, en alianza con la unidad de rehabilitación del Instituto para Niños Ciegos y Sordos, busca mejorar el proceso de terapia para estos niños que empiezan a desarrollar el lenguaje hablado.


Tres años mejorando la terapia

Desde finales de 2015, un equipo interdisciplinario ha desarrollado dos investigaciones aplicadas. La primera, con recursos de la convocatoria interna de investigación de la universidad, tuvo el objetivo de conocer el proceso de atención a los niños, esto es, “cómo hacían terapia las fonoaudiólogas del Instituto, qué actividades desarrollaban y qué necesidades de mejora tenían, para construir herramientas que aportaran a la evolución del proceso”, comenta Juan Carlos Martínez, investigador del proyecto. Como el trabajo agrupa a ingenieros de la Javeriana con terapeutas de fonoaudiología y neuropsicología del Instituto, “nuestro reto más grande fue comprender el lenguaje terapéutico”, continúa.

Así, encontraron conceptos clave para la ingeniería con los que orientaron el trabajo, como la lúdica, fundamental en las terapias con estos niños, y la variabilidad, que brinda líneas de productos de software, yendo más allá de la creación de un videojuego para generar múltiples elementos dentro de una aplicación, lo que permite mezclar ingredientes básicos con otros que cambian de un juego a otro, como ocurre con los Lego, que a partir de una pieza básica (ladrillo) permiten un sinnúmero de construcciones. “Es muy interesante la aplicación del paradigma de las líneas de productos de software porque, aunque no es reciente, apenas está en desarrollo”, afirma María Constanza Pabón, miembro del Grupo Destino.

En las terapias, las fonoaudiólogas utilizan objetos, cuentos y juegos adaptados a las necesidades de estimulación del niño, sin embargo, los recursos del medio son limitados. “No hay aplicaciones en español que se adecúen al proceso evolutivo del lenguaje o que consideren la personalización de las terapias”, aclara Luisa Fernanda Rincón, ingeniera del equipo. “Hay juegos y actividades que sirven para un momento determinado, pero es limitada su variabilidad”, complementa Martínez. Además, la familia es fundamental, pues luego de las terapias semanales con las fonoaudiólogas, la familia debe continuar las actividades el resto de la semana, siguiendo indicaciones que recibe en cada sesión. “Mientras más se ejercite el niño, más puede desarrollar su capacidad”, sostiene Rincón.

La segunda investigación, de 2017, cofinanciada por Colciencias y nutrida por los trabajos iniciales, diseñó juegos digitales de diferentes características: con elementos fijos y variables para generar múltiples opciones de trabajo para la fonoaudióloga en la terapia; con actividades que aprovecharan el atractivo del videojuego para los niños y que pudieran usarse en casa, programadas por las profesionales del Instituto, para que las familias continuaran en línea la terapia el resto de la semana; y con capacidad para guardar la memoria de lo trabajado por el niño, para que la terapeuta tuviera información de los refuerzos realizados en casa y de su desempeño.

“Los juegos hacen preguntas a los niños y esperan respuestas”, explica Martínez. Así, se va formando lenguaje desde lo más sencillo, como las descripciones estáticas en las que, a partir de imágenes fijas en un dominó o un encajable, los niños identifican objetos y los asocian con ciertas palabras, con miras a aprender los sustantivos hasta describirlos dando cuenta de sus características, asimilar el uso de los adjetivos o, en un mayor grado de elaboración, realizar acciones cognitivas más complejas, como las descripciones dinámicas, que exigen abstracción.

“Si en el juego aparece alguien mojado, el niño debe imaginar que es porque está lloviendo, lo que implica una evolución que le permite formar frases para tener un lenguaje verbal bien armado. También hay juegos de secuencias dentro de un cuento que narran una historia, y ello permite trabajar en el uso de verbos y en la construcción de sintaxis. Así, se espera que construyan lenguaje escrito”, complementa el ingeniero Martínez.

En este 2019 se espera contar con un conjunto de tres grandes actividades base, con una gama amplia de variaciones: un dominó, un juego de piezas encajables y una secuencia lógica de acciones, con la que los niños podrán favorecer su desarrollo narrativo, explica Martínez. Este año “se probarán estas herramientas en terapia con un grupo de niños, para comparar los resultados con los de otro grupo con el que no se utilicen”, concluye.


Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Apoyo a la terapia de rehabilitación del lenguaje oral y escrito en niños con discapacidad auditiva
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Diego Linares, director del Grupo Destino
COINVESTIGADORES: María Constanza Pabón, Luisa Fernanda Rincón, Juan Carlos Martínez Arias, Gloria Inés Álvarez Vargas y Andrés Navarro (Javeriana). Andrés Castillo, Anita Portilla, Yinna del Pilar Rojas y Claudia Giraldo (Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle de Cauca)
ASISTENTES DE INVESTIGACIÓN: Valeria Almanza (INCS), Érika Gutiérrez y Martín Sierra (Javeriana)
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación
Grupo Destino
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-actualmente