Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Bacterias y aserrín para fertilizar cultivos

Cientos de troncos, plantados en fila india hacia el Caribe colombiano, en el departamento de Atlántico, crecen lento. Son macizos, unos más robustos que otros, pero ricos en sí mismos, pues, además de asombrar por su resistencia ante incendios forestales, la teca (Tectona grandis), árbol proveniente de la India, es fuente de una de las maderas más costosas y apetecidas en el mercado mundial. Se usa en embarcaciones navales, escaleras y mobiliarios, entre otros productos.

Por eso, para optimizar su cultivo, reducir su tiempo de crecimiento y aprovechar al máximo residuos como el aserrín, en 2005 la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (Conif) y la empresa Reforestadora de la Costa (Refocosta) contactaron a la Unidad de Biotecnología Vegetal de la Pontificia Universidad Javeriana, de la que en ese entonces hacía parte Lucía Ana Díaz, microbióloga y magíster en Biología, para trabajar en un proyecto cofinanciado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Sostenible. ¿Su misión? Encontrar en el árbol de teca microorganismos benéficos capaces de estimular el crecimiento de esta especie forestal, y en el aserrín, una alternativa ‘reciclable’ para fortalecer la estrategia del cultivo.

Innumerables pruebas

Fueron cerca de cuatro años de trabajo entre 2005 y 2009, de visitas en campo en el bajo Magdalena, jornadas completas quemando aserrín, para luego mezclarlo con microorganismos en busca de la combinación ideal, una que le permitiera a la investigadora obtener una estrategia biotecnológica para fijar nitrógeno y solubilizar fósforo en los suelos al momento de cultivar, pues, a diferencia de los fertilizantes químicos, este desarrollo debía tener en cuenta la conservación y el balance de los nutrientes en la tierra.

Díaz trabajó con estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana en la búsqueda de bacterias que promovieran el crecimiento de la teca; analizaron aproximadamente 400 microorganismos, cada uno seleccionado según su función y tiempo de vida en laboratorio, hasta que finalmente dieron con los indicados: Enterobacter sp. y Stenotrophomonas sp., unas bacterias que debían ser probadas en los viveros para evaluar sus resultados.

En 2008, Díaz y su grupo de investigación ya habían experimentado con alginato como portador de estos microorganismos para su aplicación en campo, se trataba de pequeñas perlas de un material similar a la gelatina, pensado para encapsular las bacterias. Sin embargo, este método no dio el resultado esperado, porque, a diferencia del aserrín de teca carbonizado, las plantas tratadas con alginato crecieron menos que las plantas tratadas con el aserrín con bacterias.

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No obstante, en 2009, ¡eureka! En compañía de Lina María Morales y Sebastián Beltrán, la investigadora Díaz encontró la fórmula acertada, un novedoso portador: el aserrín de teca quemado a 300 grados centígrados, un biochar en el que podían crecer diferentes cepas de bacterias. Así obtuvieron el inoculante. Este producto, junto con una dosis adecuada de carboximetilcelulosa para disolverlo ―un pegante natural, viscoso como el ‘melao’, apto para fijar el compuesto en las semillas o en las raíces de teca―, hace que las plantas crezcan más vigorosas y con mayor biomasa y longitud.

El biochar es un carbón de origen biológico, obtenido de la quema de desechos biológicos como la madera, usado para mejorar las propiedades del suelo y aportar nutrientes a los cultivos vegetales y agrícolas.

El proyecto finalizó, pero no las ganas de seguir con la investigación. Díaz, quien ahora es líder del Grupo de Investigación en Agricultura Biológica de la Universidad Javeriana, se dedicó a evaluar otros aserrines en los que podría funcionar este modelo. Probó en cascarilla de arroz y aserrín de pino, pero su experimento no funcionó, ya que los procesos de inmunización de la madera y sus compuestos químicos anularon el éxito del ejercicio.

Sin embargo, su persistencia no quedó allí, pues en 2013 la microbióloga presentó, con el apoyo de la Dirección de Innovación de la Universidad, la solicitud para patentar este producto en Colombia, Brasil y Estados Unidos; petición que fue respondida satisfactoriamente el 8 octubre de 2015, cuando la Superintendencia de Industria y Comercio la concedió en Colombia bajo el expediente n.º 13-94384.

Como si fuera poco, el pasado 6 de agosto de 2019, 14 años después del momento en que la profesora Díaz puso sus ojos sobre el microscopio para analizar por primera vez la teca, la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO, por su sigla en inglés) le concedió la patente de invención n.º US 10.368.548 B2 a la docente javeriana, por haber diseñado un biofertilizante capaz de mejorar los sistemas de producción y obtener plantas con mejores características en menor tiempo.

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¿En qué va el proyecto?

Con cerca de 35 años de carrera profesional y una consolidada experiencia en el uso de bioinoculantes en especies forestales como la teca, esta microbióloga trabaja actualmente en la segunda versión del biofertilizante, una en presentación líquida a la que bautizó Promofort, y que ha sido ensayada positivamente en pino, clavel, maíz, granadilla, tomate y la rosa yellow baby.

De acuerdo con la Dirección de Innovación, responsable de apoyar a la investigadora javeriana en el proceso de transferencia de su tecnología, la ventaja con esta novedosa patente es que el producto es biológico y no requiere cadena de frío para su conservación, por la naturaleza de sus microorganismos. Con ello la Universidad abre un camino para la comercialización de bioinsumos amigables con el medio ambiente.

Esta cualidad responde a uno de los indicadores de la Política para la Gestión Sostenible del Suelo, expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en 2016, el cual señala que la acumulación de metales pesados y el aumento del pH por sales en la tierra ―debido al uso excesivo de fertilizantes, al riego inadecuado y al mal drenaje― producen efectos nocivos en la biodiversidad del suelo. No en vano, durante los últimos años se ha intensificado en el país el uso de fertilizantes naturales, que, además de ser ecológicamente amigables con el ambiente y de bajo costo, promueven el crecimiento y desarrollo biológico de las plantas.

Para leer más:

  • Díaz, L. A., Morales-Palencia, L. M.; Beltrán-Acosta, J. S. 2016 Patente. Biological inoculant for promotion of growth in forest species and method for obtaining the same. United States Trademark and Patent Office. Fecha de sometimiento: 10 de abril de 2014. Fecha de publicación: 10 de marzo de 2016.

TÍTULO DEL PROYECTO DE CREACIÓN: Estudio de propagación de microorganismos benéficos de Tectona grandis: bacterias promotoras de crecimiento vegetal y hongos de micorrizas vegetales
TÍTULO DE LA PATENTE CONCEDIDA: Inoculante biológico para promover el crecimiento de especies forestales y método para su obtención
CREADORA PRINCIPAL: Lucía Ana Díaz Ariza
COCREADORES: Lina Marcela Morales Palencia y Juan Sebastián P. Beltrán Acosta
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2005-2019

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

También hay científicos que van al colegio, salen a recreo y comparten la lonchera con sus amigos en diferentes rincones del país.

En el marco del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0, celebrado del 6 al 8 de noviembre, alrededor de 90 niños pertenecientes a 36 grupos de investigación dieron a conocer los resultados de sus proyectos, que más allá de mostrar estadísticas y teorías, evidenciaron la solidaridad y compromiso que la infancia y la juventud tienen con sus comunidades.

El evento contó con la participación de 9 delegaciones internacionales provenientes de Costa Rica, Panamá, México y Ecuador.

“Queremos que nuestros padres sepan que podemos aportarles, ayudarles y demostrar que la juventud de ahora también puede seguir adelante”, afirma Valentina Rodas, estudiante de La Unión (Valle del Cauca) y protagonista de dicho evento, celebrado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana decidió mirar desde la perspectiva de los futuros científicos del país y saber qué los está motivando a investigar. Por eso esta serie de fotografías no solo muestra proyectos; también revela los rostros de estos pequeños que dejaron volar su imaginación para responder preguntas que para algunos resultan ‘bobas ’ pero que para ellos significaría solucionar grandes problemas de salud pública, agricultura y medio ambiente, entre otros.

Proyecto de investigación: Diseño de estrategias para disminuir el índice de consumo de cocaína en estudiantes de la institución basándose en el uso ancestral de la coca de la cultura Murui.

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En Puerto Leguízamo (Putumayo), el 80% de la población es indígena y por eso la coca se considera una planta tradicional y medicinal capaz de curar dolores, que ha sido utilizada de generación en generación. Cristian Cortés y Fernanda Medina hacen parte de un grupo de 15 estudiantes que buscan resignificar la coca mientras dan a conocer la ritualidad de su uso y disminuyen el consumo de estupefacientes entre sus compañeros.


Proyecto de investigación: Kispichidurkuna Sachakunata “Protectores de la plantas”.

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Luis Becerra mezcla 70 gramos de barbasco, 60 de ortiga y 50 de ají picante en un frasco de un litro para crear un insecticida natural que elimina las plagas de un vivero de su resguardo. Para ello se basaron en la sabiduría de los mayores sabios y así preservar el conocimiento ancestral. Él trabaja con otros 14 compañeros y una docente en Yurayaco (Caquetá) y al graduarse del colegio quiere estudiar ingeniería ambiental, ayudar a su comunidad y validar los productos que hace.


Proyecto de investigación: Hallazgo de un método de clonación in vitro de una especie frutal en condiciones de manejo de laboratorio.

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La Unión (Valle del Cauca) es un municipio dedicado a la agricultura. Valentina Rodas, como sus amigos, tiene padres que cultivan la papaya y por eso sabe que el cultivo de esta fruta les puede generar pérdidas, pues solo una de cada 15 cumple con los estándares de exportación. Con este antecedente decidió crear un método de clonación para que los cultivos mejoren y este fruto también deleite paladares en otros países.


Proyecto de investigación: Robot Hydrocleaner.

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En Cartago (Valle del Cauca) hay un parque. En el parque hay un lago. Y en el lago hay basura. “Ahora, ¿cómo la sacamos?” Con esta pregunta Luna Chaverra creó Hydrocleaner, un robot que remueve los residuos sólidos del lago hasta la orilla para mejorar la calidad del agua y la supervivencia de tortugas, peces, patos y otros animales que viven en este hábitat. Ella, al graduarse, quiere seguir con sus pasiones: la mecatrónica y la química.


Proyecto de investigación: Significado de la simbología en los tejidos artesanales de la comunidad Inga, del municipio de Colón.

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Reconocer el sol, una rana, un colibrí y hasta la figura de una mujer en los tejidos artesanales impulsó a estos niños investigadores a conocer y difundir el significado de los 12 símbolos más representativos del pueblo iInga en el municipio de Colón (Putumayo). Así, los más pequeños de la comunidad están recuperando las tradiciones milenarias y generando apropiación en las nuevas generaciones.


Proyecto de investigación: Diseño de un dispositivo electrónico basado en lenguaje braille.

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En Atlántico, María Camila Puello y su grupo de investigación piensan que la discapacidad no se puede ver como una barrera de comunicación y por eso trabajan en un dispositivo electrónico efectivo, económico y portátil, basado en el lenguaje braille, que le permite a una de sus compañeras de colegio, con discapacidad auditiva y visual, una comunicación más asertiva.


Proyecto de investigación: Patrones ecoepidemiológicos que determinan la distribución espacio temporal del aedes aegypti del sector urbano del municipio de Soledad, Atlántico.

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¿La cámara de un celular y una aplicación sirven para prevenir el dengue? Pues sí. Luego de observar y clasificar más de 2.500 larvas en parques, viviendas y espacios públicos de Soledad (Atlántico) pequeños científicos detectaron en su barrio la presencia del Aedes aegypti, el mosquito portador del virus de esta enfermedad. Desde ese momento se dedican a combatir este problema de salud pública por medio de campañas de prevención e información sobre los posibles criaderos del insecto.

Conozca los ganadores del evento aquí.

Reviva los mejores momentos del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0

 

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Las diferentes formas de la innovación científica

Las diferentes formas de la innovación científica

Innovar no es fácil. Algunos dirían que ‘innovar tiene su ciencia’ y no todas las buenas ideas se convierten en emprendimientos, patentes, empresas, nuevos productos o servicios, procesos o metodologías que resuelvan problemas de la sociedad.

Pero la Javeriana le está apostando a convertir el nuevo conocimiento resultado de sus investigaciones científicas en propuestas innovadoras. No importa el resultado, porque el riesgo de fracasar siempre está presente; en cambio, si se es exitoso, es posible gritar: “¡Eureka!”

En el Simposio Transferencia, apropiación e impacto, que tuvo lugar ayer miércoles en el marco del XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, se presentaron seis experiencias que dan lecciones: unas porque inciden en la política pública, otras, porque mejoran la calidad de vida de los colombianos o vuelven útil un material que antes se desechaba, o porque proponen novedosas formas de enseñanza universitaria en un mundo virtual.


Innovar en las artes

Desde Cali, Manuel Sevilla, doctor en Antropología y profesor del Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño, aprovecha las artes performáticas, como el teatro, la música y la danza, para entregar resultados de investigación en ciencias sociales, específicamente sobre identidades musicales, modelos políticos en América Latina y migración del Pacífico al interior de Colombia.

Los tres montajes desarrollados entre 2015 y 2019, promueven la búsqueda de nuevos lenguajes para que la sociedad acceda a conocimiento especializado sobre estos y otros temas que investigan las ciencias sociales.  “Es igualmente importante el lenguaje temático, de cada ciencia, y el lenguaje artístico, como el teatral, el musical, el de la danza”, explicó Sevilla sobre el proceso para llevar el conocimiento de la antropología y de las expresiones culturales, por ejemplo, a la sociedad en general.

Entre los resultados del grupo POIESIS se cuentan diferentes montajes, entre ellos La música del tren, que recuerda el viaje del ferrocarril de la estación de Popayán hasta la de Buenaventura, entregando al mismo tiempo información que va desde la obra ingenieril del trazado del tren hasta la creación arquitectónica de las estaciones. Otro montaje, Decibelios, presenta una historia de la música popular en Colombia.

Las obras artísticas montadas han sido ganadoras de diferentes becas de creación en programas de estímulos de cultura municipales y nacionales.


¿Qué hacer con los desechos universitarios?

El BioTrueque es un producto que funciona como abono orgánico, resultado de un trabajo que convierte los residuos sólidos en material utilizable para la agricultura y los jardines en general. Es un intercambio —haciendo alusión a la palabra trueque— entre la comunidad javeriana y el planeta tierra. “Como buenos colombianos tomamos café, pero el ‘cuncho’ se va a la caneca de la basura”, dice Aura Marina Pedroza Rodríguez, doctora en Ciencias con énfasis en biotecnología, miembro de la Unidad de Investigaciones Agropecuarias y profesora de la Facultad de Ciencias. “Este material derivado del café es orgánico y perfectamente aprovechable como abono orgánico”, añade, haciendo énfasis en que le devolvemos a nuestro planeta un insumo a partir de algo que también el mismo planeta nos ha dado. Trueque con la naturaleza.

La profesora Pedroza y los integrantes del grupo de investigación en biotecnología ambiental e industrial desarrollan esta transformación a partir de una biorefinería, que los convierte en bioproductos de mayor valor agregado.

Utilizan la corteza de pino, el aserrín y las servilletas de papel que se desechan en la Universidad y las convierten en biochar, un sustrato para la germinación, siembra y biofertilizante de hortalizas, flores y pastos. “Ya algunas unidades han recibido nuestros primeros lotes de sustrato de siembra y lo han evaluado en sus parcelas experimentales”, dijeron los investigadores.

Así mismo, como los laboratorios utilizan compuestos químicos para hacer tinciones biológicas que tienen una toxicidad aguda fuerte, “por responsabilidad ambiental la universidad no debe verterlos a las alcantarillas”, dice Pedroza. “El agua que tratamos sirve como agua de riego” para los jardines del campus.

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Soluciones en las aulas

El grupo de investigación Diseño, ergonomía e innovación diseñó una silla escolar adaptada a la anatomía de los niños colombianos, luego de una investigación que determinó los parámetros formales del asiento y del espaldar a partir de la medición y evaluación de los puntos de presión del cuerpo cuando se está sentado y se ejerce peso. Dichas características son determinantes en la adopción de una adecuada postura que le dé un soporte estable a la espalda, los glúteos y los muslos, todo en una silla que sea cómoda para los estudiantes.

Los integrantes del grupo, liderado por el profesor Ovidio Rincón, magister en Salud y Seguridad en el Trabajo, participaron en la revisión de los manuales de parámetros técnicos para la adquisición de dotaciones del Ministerio de Educación Nacional.

Por su parte, el Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte, dirigido por Fanny Esperanza Acevedo Gamboa, magister en Educación y lider de la línea de educación y pedagogía del grupo de investigación Cuidado y Práctica, construyó una guía virtual de simulación clínica para los estudiantes de Enfermería que les enseña diferentes procesos clínicos, como, por ejemplo, a poner inyecciones en diferentes partes del cuerpo.

A través de esta guía virtual que contiene unos videos ilustrativos, los estudiantes “juegan para ver cómo se deben colocar los tapabocas, las gafas y cómo es el procedimiento para hacer una punción”, dicen los integrantes del semillero. Lo hacen en el Transmilenio durante el trayecto de la casa a la universidad,  o tomando un refrigerio en la cafetería, y así evitan tener que vivir procesos administrativos muchas veces lentos cuando necesitan usar los espacios para hacer sus prácticas.

La profesora Nancy Agray-Vargas, doctora en Lingüística Aplicada e integrante del grupo de investigación Lenguajes, pedagogías y culturas, desarrolló una aplicación didáctica para la enseñanza virtual de español como lengua extranjera. Este trabajo es resultado de su tesis doctoral.

Desde el comienzo, la mirada interdisciplinar incluyó campos de la filosofía, psicología, sociología, comunicación y estudios culturales, además de la lingüística aplicada. Con base en un análisis de necesidades y con una mirada futurista de la virtualidad de la educación, la aplicación ofrece espacios de conversación, de evaluación del propio desempeño del estudiante, actividades puntuales de escritura de experiencias personales y, por supuesto, espacios para que aprenda… descansando, al estilo recreo. Porque en sus palabras, “el estudiante, antes que ser estudiante, es un ser social y realiza actividades en ese sentido”.

El modelo diseñado fue tomado por el Departamento de Lenguas como modelo a seguir para diseñar el nuevo currículo que se espera implementar en el marco del nuevo Centro de Idiomas de la Javeriana.

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Propuestas útiles para las entidades públicas

Para 2020 se estima que el numero de dispositivos del internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) conectados a la red en el mundo será de 50.000 millones, unas cinco veces la cantidad de seres humanos que habitarán el planeta.

Teniendo en cuenta que cada día habrá más dispositivos IoT que accederán al espectro radioeléctrico —un pequeño fragmento del espectro electromagnético donde no solo están los colores visibles, sino donde también navegan las comunicaciones—, investigadores javerianos liderados por Manuel Pérez, doctor  en Ingeniería Electrónica y profesor de la Facultad de Ingeniería, se aliaron con la Agencia Nacional del Espectro para proponer un modelo que sea capaz de estimar el requerimiento espectral para permitir el despliegue de estas tecnologías de comunicación en el futuro. Así, esa autopista por donde viajan las comunicaciones no se congestionará como sucede hoy en día con algunas calles en las diferentes ciudades colombianas y del mundo.

Se trata del modelo de predicción de demanda de espectro para servicios basados en tecnologías IoT en Colombia. “Está en una primera etapa de implementación y se busca transferir a otros países como parte de la estrategia del gobierno a través de la Agencia para seguir siendo líderes en gestión del espectro radioeléctrico en América Latina”, explicó.

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¡A tu salud!

¡A tu salud!

¿Qué tienen en común los problemas del corazón con los de los huesos? Más allá de que los dos son indispensables para la vida e inseparables dentro de un sistema absoluta y perfectamente interconectado, como lo es el cuerpo humano, hay una coincidencia que no pasa inadvertida: en Colombia las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de morbilidad y mortalidad, y, paralelamente, este país es el tercero en el ranking mundial de Morquio A, una patología rara que se manifiesta en los huesos y las articulaciones. Ambas están en los extremos de un mismo espectro de prevalencia: las primeras (también las más frecuentes en el resto del mundo) aquejan a más de 26 millones de colombianos, mientras que la segunda solo a unos 200, muy pocos, comparados con los que sufren afecciones comunes, pero muchos para estar concentrados en un mismo territorio, y aún más considerando que es solo una de las casi 7.000 enfermedades extrañas existentes.

Esto motivó a dos grupos de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana a desarrollar tecnologías y tratamientos novedosos para mejorar el abordaje de estas dos patologías, apoyados por la Dirección de Innovación.


Nuevas tecnologías al servicio de los pacientes

Control Vit es una aplicación digital de telemonitoreo a través de la cual enfermeros y médicos hacen un seguimiento de los pacientes que han sufrido falla cardiaca (infartos, afecciones valvulares, arritmias, entre otras), de manera permanente y en tiempo real, con el fin de detectar oportunamente posibles complicaciones. A partir de unos indicadores específicos que cada paciente debe registrar diariamente, incluidos el peso, la presión arterial y la frecuencia cardiaca, entre otros datos, los profesionales de la salud pueden evaluar su adherencia al tratamiento farmacológico o no farmacológico —como la dieta o el ejercicio— y advertir síntomas de descompensación que activan alertas, en cuyo caso son atendidas de inmediato por un miembro del equipo de especialistas, quien se comunica con el paciente y le indica las medidas terapéuticas necesarias para evitar la progresión sintomática y una potencial hospitalización.

“Esta app, a diferencia de otras, está integrada a un equipo médico en tiempo real. Todas las demás son aisladas y no tienen una permanente interacción con un profesional de la salud”, asegura Diana Marcela Achury Saldaña, profesora de la Facultad de Enfermería de la Javeriana, quien concibió la idea y la puso en marcha junto con otra colega, tres cardiólogos del Hospital San Ignacio, docentes de la Facultad de Medicina y un ingeniero de la Javeriana. Adicionalmente, a través de esta herramienta se envían a diario —tanto al paciente como a su cuidador— cápsulas educativas para reforzar conductas de autocuidado.

Según Achury, investigadora principal de este proyecto, un paciente de falla cardiaca tiene, en promedio, entre tres y cuatro hospitalizaciones por urgencias al año. Teniendo en cuenta que cada una cuesta entre seis y siete millones de pesos, el valor para el sistema de salud y el usuario es muy alto, y esto solo pensando en términos económicos. En 2018 se realizó un primer estudio para evaluar la utilidad y aceptación de la aplicación con 20 individuos entre los 35 y los 75 años, que durante seis meses usaron rigurosamente Control Vit. Se comprobó que el 91% de ellos no tuvo reingresos hospitalarios en ese lapso, pues, gracias a esta herramienta, se identificaron tempranamente sus complicaciones y se hicieron los ajustes terapéuticos pertinentes.

En vista de estos resultados promisorios, en el segundo semestre de 2019 se prevé realizar un segundo estudio clínico con una muestra más representativa —unos 300 pacientes—, aprovechando los recursos obtenidos gracias al Premio Germán Saldarriaga, que entre 60 proyectos galardonó a Control Vit —junto con otra iniciativa del Instituto Nacional de Salud— por su propuesta innovadora y eficaz en pro de la investigación en salud en Colombia.


Un mal prehispánico

Otra iniciativa con gran potencial es la desarrollada por investigadores del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo (IEIM), en asocio con la Universidad de St. Louis (EE. UU.), quienes crearon dos estrategias para tratar la enfermedad de Morquio A, debido a la cual el cuerpo no puede descomponer un grupo de azúcares complejos generando alteraciones óseas, dérmicas y del tejido conjuntivo (presente en articulaciones, oídos, ojos y válvulas cardiacas).

Es una patología causada por la mutación del gen encargado de producir la proteína —o enzima― llamada GALNS, capaz de metabolizar esos compuestos, que terminan acumulándose dentro de las células e impiden el correcto desarrollo de los huesos y las articulaciones. Así, los niños dejan de crecer hacia los 10 años, pero el resto de los órganos sigue haciéndolo de manera regular hasta el punto en que no caben dentro de la caja torácica, y esa presión interna hace que los pacientes fallezcan a los 20 o 30 años por problemas cardiorrespiratorios, como consecuencia de alteraciones cardiacas y acumulación de los compuestos sin degradar en las vías respiratorias. Es muy dolorosa en tanto que produce daño en las articulaciones.

Para que se desarrolle, ambos padres deben ser portadores de la misma variación genética, de ahí que se presente especialmente en regiones de acentuada endogamia. Se calcula que en Colombia existe desde tiempos prehispánicos, entre unos 8.000 u 11.000 años atrás. No en vano, en el Museo del Oro se exhibe una escultura de una persona con claros rasgos de Morquio A, mucho más común que Morquio B, la otra tipología de la enfermedad. Solo Arabia Saudita y Reino Unido sobrepasan a Colombia en número de casos, estipulados en cerca de 1.600 a nivel mundial.

La terapia de reemplazo enzimático es actualmente la que está aprobada en humanos. Consiste en inyectarle semanalmente por vía intravenosa al paciente una versión biotecnológica de la proteína GALNS, creada en 2012 por la firma estadounidense BioMarin. Sin embargo, por tratarse de un compuesto exógeno, el cuerpo tiende a asimilarlo como un agente extraño, y a activar su sistema inmunológico para atacarlo, lo cual puede disminuir la efectividad de este tratamiento, destinado a atenuar algunos síntomas, no a subsanar la progresión del mal.

En aras de sensibilizar al organismo a esta sustancia y evitar su rechazo, científicos de ambas universidades diseñaron un nuevo método de implementación, el cual fue probado en ratones genéticamente modificados para desarrollar Morquio A. Identificaron algunos péptidos (conjunto de aminoácidos derivados de esta proteína) capaces de promover esa tolerancia, los cuales deben suministrarse de forma oral semanas antes de comenzar el tratamiento formal con la enzima completa. Al cabo de unos meses, el cuerpo ya no produce anticuerpos y queda habituado a dosis altas de GALNS.

“Con la terapia de suplementación los pacientes manifiestan menos dolor y ahogo, con lo que pueden aumentar sus actividades básicas, como caminar y ganar independencia de sus cuidadores, es decir, mejorar su calidad de vida. Pero no tiene ningún efecto positivo en el crecimiento de los huesos. Está demostrado que ni siquiera en niños que desde los dos o tres años de vida han recibido el tratamiento de la forma convencional se logra evitar que su crecimiento se detenga, con todas las consecuencias que eso conlleva”, explica Carlos Javier Alméciga, doctor en Ciencias Biológicas y director del IEIM.

Lo que sí revierte esas alteraciones y cura la enfermedad es la terapia génica, en la que se introduce el fragmento de ADN que hace falta o está mutado a través de un virus inofensivo que opera como vector. “Lo que se hace es introducir en las células un gen capaz de fabricar la proteína correcta. En este caso, conviven los dos genes —el bueno y el malo― y las dos enzimas —la normal y la defectuosa—”, explica Luis Alejandro Barrera, doctor en Bioquímica y quien, además de ser fundador del Instituto, fue el gestor del trabajo colaborativo que desde hace más de dos décadas se adelanta entre la Javeriana y la Universidad de St. Louis. Del primer centro académico participan los doctores Alméciga, Barrera y Catalina Sosa, y del segundo, los doctores Shunji Tomatsu —líder mundial en Morquio A— y Adriana Montaño.

Ambas terapias están patentadas en Estados Unidos. “Se han probado en animales y los resultados son importantes. El próximo paso es hacer ensayos clínicos en humanos y, de ser satisfactorios, desarrollar una forma comercial para implementarlas”, concluye Alméciga.


De la academia al mercado

El saber es el fundamento del hacer, y para lograr que una sociedad evolucione y trascienda es imprescindible acoger el acervo de conocimiento y potenciarlo como solución a un problema o a una situación susceptible de mejorar. Teniendo esa premisa, la Javeriana creó un modelo de transferencia llamado ‘De la Academia al Mercado’, en el cual se identifica un resultado de investigación, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. De esta forma, se completa el círculo virtuoso universidad-empresa-comunidad-Estado, que es el caldo de cultivo del progreso social.

Este proceso es el que lleva a cabo la Dirección de Innovación, de la Vicerrectoría de Investigación. Aunque ambas se constituyeron formalmente en 2012, desde 2005 se viene gestionando el ecosistema innovador en la universidad, que hoy tiene frutos contundentes, entre ellos, 61 procesos de solicitud de patente en marcha y dos spin-off en estructuración. Como adalid de la innovación, la Dirección también dicta cursos y talleres a profesores y estudiantes, además de hacer visitas y mostrar casos de éxito.

“Y en concordancia con el espíritu de esta alma máter, más allá de la apuesta por la innovación tecnológica también se promueve la innovación social, en la que se implementan metodologías y formas de trabajo con comunidades que tienen mayor resonancia e impacto positivo sobre lo que se quiere lograr”, señala la microbióloga Fanny Almario, quien tiene a su cargo la Dirección de Innovación.


Para leer más:

  • J. Alméciga-Díaz, A. Montaño-Suárez, L. Barrera, S. Tomatsu, “Tailoring the AAV2 capsid vector for bone-targeting”, en Pediatr Res. 2018, Oct, 84(4), 545-551. doi: 10.1038/s41390-018-0095-8
  • Montaño-Suarez, A. Sosa-Molano, A. Knutsen, C. Bellone, S. Tomatsu y L. Barrera, L. Patente. Determination of immunogenic peptides in lysosomal enzymes and induction of oral tolerance. United States Trade and Patent Office. Fecha de sometimiento: 6 de febrero de 2013. Fecha de publicación: 8 de agosto de 2013.
La ciencia para ver más allá de lo evidente

La ciencia para ver más allá de lo evidente

El pasado 4 de junio la revista Tropical Conservation Science publicó el artículo “Species Distribution Modeling in Latin America: A 25-Year Retrospective Review”, en el que dos profesores javerianos presentan una revisión sobre los países e instituciones que han marcado tendencia investigativa sobre modelado de distribución de especies (SDM, por sus siglas en inglés) a nivel internacional, que cubre la literatura publicada en la historia de esta temática a nivel global entre 1993 y 2018.

Gran parte de los datos y resultados que expone la publicación se obtuvieron gracias al trabajo colaborativo entre Nicolás Urbina, postdoctor en Ciencias Biológicas y docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales (FEAR), y Hernán Morales, bibliotecólogo de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J. Ambos participaron en uno de los pilotos de creación del nuevo servicio que ofrecen entre la Dirección de Innovación de la Vicerrectoría de Investigación y la Biblioteca General: el de inteligencia competitiva.

Este servicio, presentado ante la comunidad académica el martes 15 de julio, desarrolla una metodología que permite analizar grandes volúmenes de información de manera sistémica a partir de bases de datos científicas y de patentes con las que cuenta la Universidad. La inteligencia competitiva se compone de varios niveles de aproximación, entre ellos, la inteligencia científica, la inteligencia tecnológica y la inteligencia comercial.

Con esta metodología, la apuesta de la Javeriana es apoyar a los investigadores en aspectos como la definición del estado del arte de sus proyectos, identificación de redes de colaboración de autores u organizaciones, sugerencias de las posibles revistas para publicar sus resultados de investigación, entre otros. “Todo esto con el fin de aumentar el impacto de la investigación que se realiza al interior de la Universidad”, explica la Dirección de Innovación de la Universidad.

De hecho, Urbina escuchó por primera vez el concepto de inteligencia competitiva en el Congreso de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana de 2015, en el que Sergio Cuéllar, asesor de la Dirección de Innovación, habló sobre bibliometría y minería de datos.

“En mi doctorado ya había hecho varias revisiones de literatura de manera más conceptual, buscando el diálogo entre conceptos y teorías, pero no había visto la posibilidad de trabajar cosas más analíticas. Cuando vi la charla, me dije: ¡Qué verraquera, hay redes, hay nubes de palabras! Esto puede mejorar un montón las futuras revisiones de literatura que haga”, recuerda.

Por eso se acercó a Sergio Cuéllar al final de la charla para ahondar más sobre la temática. Este primer encuentro culminó no sólo en una explicación de la herramienta VantagePoint, sino también en un posterior trabajo de minería de datos como director y codirector de una tesis de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de una egresada de FEAR, con la que actualmente están trabajando en una revisión del estado del arte que ha desarrollado mapas de servicios ecosistémicos a nivel global.

Más adelante, a finales de 2017, la Facultad de Ciencias, a través de su decana, Concepción Puerta, generó un contacto entre Hernán Morales y Urbina para configurar una red de autores con base en unos registros de proyectos de investigación, con miras a conformar un panorama visual de la interacción de los profesores y unidades académicas con el Comité Institucional de Cuidado y Uso de Animales (CICUA) para el informe anual de la Unidad de Biología Comparativa (UBC) de la Facultad.

Gracias a esas experiencias previas en minería de datos, Urbina ya tenía un panorama más claro de lo que se podía potencializar con el servicio de inteligencia científica que proyectaba la Biblioteca General junto con la Dirección de Innovación; paralelamente, en mayo de 2018, la revista Tropical Conservation Science invitó al investigador a publicar un artículo, y él inició un manuscrito que apuntara a revisión de literatura. Así, armó un equipo de seis personas, entre las que incluyó a Morales, para responder su pregunta de investigación.

El profesor Urbina tenía claro que buscaba identificar, entre diversos tipos de software de modelamiento en distribución geográfica de especies, los que más se usan en el mundo, qué instituciones los usan, en dónde y cómo colaboran con otras entidades u organizaciones para acelerar los estudios de distribución de especies en Latinoamérica y finalmente apoyar la toma de decisiones a la hora de generar estrategias para conservar esas especies.

Hernán Morales se encargó de ayudar a Urbina con la generación de las cadenas de búsqueda, así como con toda la limpieza y procesamiento de datos para las gráficas. Tanto el investigador como el bibliotecólogo trabajaron más allá de las horas laborales para intercambiar percepciones sobre las palabras clave, la mejor manera de visualizar la información y, en general, todos los elementos que les permitieran arrojar resultados con exactitud.

“La minería de datos es la descomposición de un documento en un montón de nuevas cosas. Nosotros desde la Biblioteca General la realizamos con datos estructurados extraídos de las bases de datos especializadas. Por ejemplo, tomamos las palabras clave, el resumen, los autores, la institución, el país, etc. Dependiendo de los resultados que se arrojen, el proceso puede ayudar a identificar dónde no hay nada hecho”, explica Oscar Chaves, bibliotecólogo asignado a las Facultades de Artes y Arquitectura y diseño.

Usualmente un investigador se sienta a leer la bibliografía que tiene, y crea nueva información por inferencia a partir de la lectura que realiza. “En el caso de la minería de datos no se produce información solo por la lectura, sino por extracción de temas particulares o de tendencias que generan los mismos documentos a través de un software o herramienta diferente, que puede ser incluso un Excel”, agrega el bibliotecólogo.

El trabajo, que en principio pensaban sería de un par de meses, se extendió por un año, dado que desde la revisión por pares se recibieron recomendaciones para mejorar y ampliar la información bajo un esquema de revisión sistemática de literatura. Esto permitió una mayor exhaustividad para el análisis de información y más precisión con los datos y resultados obtenidos.

Para Urbina, “esta aproximación analítica permite identificar patrones macro tan contundentes que evidencian otras cosas nuevas, dados los datos. Una cosa es lo que el investigador obtiene de la lectura de los artículos en una revisión, haciendo una investigación cualitativa de los conceptos (que es lo que yo he hecho desde hace unos años), y otra es este proceso que es como la espada del augurio: te permite ver más allá de lo evidente porque conecta metadatos. Tu cerebro no logra conectar, integrar y entender la interacción entre 5.000 instituciones que colaboran para formar un cuerpo del conocimiento”.

No obstante, considera que el servicio de inteligencia científica “tiene que ser supervisado porque puede haber mucho ruido. En la primera versión teníamos 151 artículos, pero luego de depurar las cadenas de búsqueda y leer el título de 13.388 documentos, nos dimos cuenta que el cuerpo y análisis era de 1.000 documentos. Nos estábamos perdiendo un porcentaje altísimo de la literatura publicada. Parte de mi conclusión es que hay que estar encima de los algoritmos y hacer una buena pregunta de investigación. El investigador tiene que tener un gran nivel de claridad sobre para qué lo va a usar. No publicar la red o gráfica porque esté linda, sino por cómo le saca información”, explica.

Lanzamiento del Servicio de Inteligencia Competitiva en la Javeriana. /Carlos Prieto
Lanzamiento del Servicio de Inteligencia Competitiva en la Javeriana. /Carlos Prieto


Un camino competitivo

Antes de presentar formalmente el Servicio de Inteligencia Competitiva a la comunidad académica, las directivas de la Javeriana, y especialmente de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., elaboraron dos proyectos piloto para asegurarse de que su potencial académico fuera aprovechado de la mejor forma por los investigadores.

Entre ellos resaltan diversos resultados, como el liderado por Oscar Chaves y el profesor de la Facultad de Filosofía Juan Samuel Santos, , en torno a la revisión de documentos sobre mentira en política. Esta experiencia no fue del todo positiva porque las fuentes que por el momento se emplean (Scopus y WoS), no cuentan con suficiente cantidad de información en filosofía.

En la otra orilla sobresale el piloto con estudiantes de doctorado en ingeniería pertenecientes al grupo de nanotecnología, que culminó en la publicación de los capítulos iniciales de sus respectivas tesis. Adicionalmente, se dieron fundamentos en uso de software especializado que redundaron en la publicación del artículo “The Bio-Nano Offer and its Impact on Environment, Energy, Agriculture, and Health en el Journal of Nano – Science and Technology. Con esos mismos resultados, los estudiantes presentaron varios afiches en “Nanotech”, evento realizado en Boston, Massachusets, entre el 17 a 19 de junio.

Ambas experiencias permitieron articular el actual servicio, que cuenta con dos niveles: uno de monitoreo y otro de direccionamiento. El primero se puede solicitar en cualquier momento del año y su resultado final será la presentación de grafos y datos explicados para su comprensión y lectura; el segundo nivel se ofrecerá a partir de las convocatorias de la universidad. En el resultado final no solamente se entregarán los grafos, también un análisis más detallado de la información obtenida.

Dada la complejidad del proceso y la capacidad del equipo de Servicios Especializados de la Biblioteca General, en un inicio únicamente se realizarán 15 estudios de monitoreo y cuatro de direccionamiento al año disponibles para profesores de planta y estudiantes de doctorado de la Javeriana.

“Con este nuevo servicio buscamos generar impacto en el quehacer investigativo, ya que incide en el hecho de que el investigador pueda convertir la información en conocimiento, garantizando que al finalizar el proceso de depuración y análisis se logre la construcción del estado del arte de su tema de investigación y la valorización de la información”, destaca Zulma Fajardo, Jefe Sección Servicios especializados de la Biblioteca.

Más allá del silencio

Más allá del silencio

Asociar indistintamente el concepto de ‘sordomudo’ a cualquier persona con discapacidad auditiva parcial o total es un error común. Sin embargo, esta condición no necesariamente imposibilita el desarrollo de lenguaje hablado. Desde 1940, el Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca trabaja con pequeños en esta situación en dos rutas de rehabilitación: la primera, con quienes tienen pérdida auditiva profunda y no pueden desarrollar el lenguaje oral, para que aprendan a leer los labios y a usar lenguaje de señas para comunicarse, y la segunda, enfocada en aquellos a los que se les pueden brindar ayudas, como audífonos o implantes cocleares, para que desarrollen habilidades auditivas y a partir de ellas construyan lenguaje hablado.

Gracias a estas ayudas, los niños escuchan sus primeros sonidos. Por eso la detección temprana de su condición es clave para definir el momento en que deben comenzar a usarlas e iniciar el tratamiento pertinente que les permita aprender a hablar, favoreciendo un desarrollo cognitivo y comunicativo adecuado.

El proyecto que adelanta el Grupo Destino, del Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, en alianza con la unidad de rehabilitación del Instituto para Niños Ciegos y Sordos, busca mejorar el proceso de terapia para estos niños que empiezan a desarrollar el lenguaje hablado.


Tres años mejorando la terapia

Desde finales de 2015, un equipo interdisciplinario ha desarrollado dos investigaciones aplicadas. La primera, con recursos de la convocatoria interna de investigación de la universidad, tuvo el objetivo de conocer el proceso de atención a los niños, esto es, “cómo hacían terapia las fonoaudiólogas del Instituto, qué actividades desarrollaban y qué necesidades de mejora tenían, para construir herramientas que aportaran a la evolución del proceso”, comenta Juan Carlos Martínez, investigador del proyecto. Como el trabajo agrupa a ingenieros de la Javeriana con terapeutas de fonoaudiología y neuropsicología del Instituto, “nuestro reto más grande fue comprender el lenguaje terapéutico”, continúa.

Así, encontraron conceptos clave para la ingeniería con los que orientaron el trabajo, como la lúdica, fundamental en las terapias con estos niños, y la variabilidad, que brinda líneas de productos de software, yendo más allá de la creación de un videojuego para generar múltiples elementos dentro de una aplicación, lo que permite mezclar ingredientes básicos con otros que cambian de un juego a otro, como ocurre con los Lego, que a partir de una pieza básica (ladrillo) permiten un sinnúmero de construcciones. “Es muy interesante la aplicación del paradigma de las líneas de productos de software porque, aunque no es reciente, apenas está en desarrollo”, afirma María Constanza Pabón, miembro del Grupo Destino.

En las terapias, las fonoaudiólogas utilizan objetos, cuentos y juegos adaptados a las necesidades de estimulación del niño, sin embargo, los recursos del medio son limitados. “No hay aplicaciones en español que se adecúen al proceso evolutivo del lenguaje o que consideren la personalización de las terapias”, aclara Luisa Fernanda Rincón, ingeniera del equipo. “Hay juegos y actividades que sirven para un momento determinado, pero es limitada su variabilidad”, complementa Martínez. Además, la familia es fundamental, pues luego de las terapias semanales con las fonoaudiólogas, la familia debe continuar las actividades el resto de la semana, siguiendo indicaciones que recibe en cada sesión. “Mientras más se ejercite el niño, más puede desarrollar su capacidad”, sostiene Rincón.

La segunda investigación, de 2017, cofinanciada por Colciencias y nutrida por los trabajos iniciales, diseñó juegos digitales de diferentes características: con elementos fijos y variables para generar múltiples opciones de trabajo para la fonoaudióloga en la terapia; con actividades que aprovecharan el atractivo del videojuego para los niños y que pudieran usarse en casa, programadas por las profesionales del Instituto, para que las familias continuaran en línea la terapia el resto de la semana; y con capacidad para guardar la memoria de lo trabajado por el niño, para que la terapeuta tuviera información de los refuerzos realizados en casa y de su desempeño.

“Los juegos hacen preguntas a los niños y esperan respuestas”, explica Martínez. Así, se va formando lenguaje desde lo más sencillo, como las descripciones estáticas en las que, a partir de imágenes fijas en un dominó o un encajable, los niños identifican objetos y los asocian con ciertas palabras, con miras a aprender los sustantivos hasta describirlos dando cuenta de sus características, asimilar el uso de los adjetivos o, en un mayor grado de elaboración, realizar acciones cognitivas más complejas, como las descripciones dinámicas, que exigen abstracción.

“Si en el juego aparece alguien mojado, el niño debe imaginar que es porque está lloviendo, lo que implica una evolución que le permite formar frases para tener un lenguaje verbal bien armado. También hay juegos de secuencias dentro de un cuento que narran una historia, y ello permite trabajar en el uso de verbos y en la construcción de sintaxis. Así, se espera que construyan lenguaje escrito”, complementa el ingeniero Martínez.

En este 2019 se espera contar con un conjunto de tres grandes actividades base, con una gama amplia de variaciones: un dominó, un juego de piezas encajables y una secuencia lógica de acciones, con la que los niños podrán favorecer su desarrollo narrativo, explica Martínez. Este año “se probarán estas herramientas en terapia con un grupo de niños, para comparar los resultados con los de otro grupo con el que no se utilicen”, concluye.


Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Apoyo a la terapia de rehabilitación del lenguaje oral y escrito en niños con discapacidad auditiva
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Diego Linares, director del Grupo Destino
COINVESTIGADORES: María Constanza Pabón, Luisa Fernanda Rincón, Juan Carlos Martínez Arias, Gloria Inés Álvarez Vargas y Andrés Navarro (Javeriana). Andrés Castillo, Anita Portilla, Yinna del Pilar Rojas y Claudia Giraldo (Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle de Cauca)
ASISTENTES DE INVESTIGACIÓN: Valeria Almanza (INCS), Érika Gutiérrez y Martín Sierra (Javeriana)
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación
Grupo Destino
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-actualmente

La era de la hegemonía cuántica

La era de la hegemonía cuántica

 

Col E González

La ingeniería hace viable lo que la física propone como posible, y lo posible para la ciencia física lo determinan las leyes naturales con las que hemos aprendido a controlar y manipular los ingredientes fundamentales que conforman el universo físico: la materia y la energía. Con ambos y con el conocimiento heredado de la evolución del pensamiento humano, se hace viable confeccionar desde la ingeniería los desarrollos tecnológicos posibles. La escala en la que se trabaja con estos ingredientes clasifica a la física en clásica o cuántica, respectivamente.

La primera se hace cargo de proporcionar conocimiento físico del mundo a partir de las leyes de la mecánica de Newton, del electromagnetismo de Maxwell, la teoría del calor, la óptica y demás con las que se elaboran las teorías y nos familiarizamos en nuestra formación básica y universitaria. Estas teorías juegan un papel fundamental en la construcción del mundo que hoy conocemos. De otra parte, la física cuántica está relacionada con los átomos, las moléculas y entidades que pertenecen a la escala invisible del interior de la materia, en la que la física clásica no tiene validez.

El comportamiento de los objetos o formas cuánticas es completamente diferente al de los objetos clásicos que observamos a nuestro alrededor. Este comportamiento contraintuitivo, propio de la escala de los objetos y fenómenos cuánticos, ofrece extraordinarias posibilidades en el desarrollo de tecnologías y procesos propios de la ingeniería. Así, el hecho de que un determinado objeto cuántico pueda encontrarse simultáneamente en dos estados a la vez, si no es perturbado, conocido como superposición cuántica, es aprovechado para trascender la computación clásica, que opera con unidades de información denominadas bits. Un bit tiene únicamente dos valores asignados, 0 o 1. En el caso cuántico, se hace posible contar con una unidad de información más robusta: el qubit, el cual puede, además de los valores 0 y 1, contener una superposición 0 y 1.

Es de trascendental importancia controlar y manipular un sistema cuántico sin destruirlo. Este fue uno de los principales retos de la física experimental hasta que los físicos Serge Haroche y David Wineland, con propuestas diferentes, encontraron la manera de hacerlo posible. Por esta notable contribución recibieron el Premio Nobel de Física en 2012. La propuesta del profesor Haroche, quien comparte estos avances en una visita a la Pontificia Universidad Javeriana el próximo lunes 17 de junio, ha sido pionera en la óptica cuántica orientada a controlar la interacción de la luz con la materia. Estos adelantos investigativos han contribuido sustancialmente a viabilizar la tecnología cuántica, específicamente la posibilidad de desarrollar computadores cuánticos, sistemas de comunicación y criptografía, entre otras potenciales aplicaciones que harán realidad la tecnología cuántica.

¿Por qué es inevitable la transición hacia este tipo de tecnología? La evolución de la ingeniería se encuentra drásticamente determinada por el desarrollo de capacidades para manipular la materia y la energía a escalas cada vez más cercanas a los átomos. Ha existido una clara tendencia hacia la miniaturización y operación de los diferentes componentes mecánicos, electrónicos, electroquímicos, entre otros. Por mencionar un caso específico, desde 2003 la manufactura de procesadores redujo su escala por debajo de los 100 nanómetros (recordemos que un nanómetro es una milmillonésima parte de un metro). En 2014 se logró la confección de procesadores en escala de 14 nanómetros y se espera a finales de este año logros en la manufactura de 10 nanómetros.

Estos procesadores de manufactura -10 nm, que incorporarán notables mejoras en rendimiento, autonomía y conectividad para los futuros desarrollos de la industria 5.0 de telecomunicaciones (5G), marcarán una importante aproximación a los dominios de validez de la física cuántica. De otra parte, sobresalen también los avances en computación cuántica que ya se están posicionando estratégicamente como la punta de lanza de la industria informática para los próximos años, tal como lo demuestra la reciente presentación de Q System One, el primer ordenador para potencial uso comercial elaborado por IBM y lanzado en la Feria de Tecnología CES, de Las Vegas, ; los computadores de su tipo abrirán campo a un sinfín de aplicaciones en ciencia básica e ingeniería. Al igual que la computación, las telecomunicaciones y la ciberseguridad transitarán hacia un desarrollo de capacidades sin precedentes.

La metrología, que se ocupa de todo lo relacionado con mediciones, unidades de medida y los correspondientes equipos que se requieren para hacerlas, será afectada drásticamente por el nuevo paradigma cuántico. Todos estos avances marcan una clara transición hacia la denominada segunda revolución cuántica, que causará un profundo impacto en la sociedad del siglo XXI.

Somos una sociedad del conocimiento que basa su interacción racional con el mundo a partir del consenso adquirido de la ciencia clásica, la cual nos otorga la capacidad para comprender los fenómenos y aplicar un conocimiento basado en la predicción, causalidad y en el determinismo. Desde la ingeniería, esto ha sido hasta ahora suficiente para alcanzar el sorprendente estado de desarrollo del que somos beneficiarios. Existen, sin embargo, una serie de problemas aún sin resolver y muchas necesidades científicas y tecnológicas pendientes. Cuando la nueva tecnología cuántica alcance algún grado de madurez, será posible el diseño de estrategias para asumir el reto energético y ambiental. También será viable la simulación de sistemas que pertenecen al dominio de validez cuántica.

Por otra parte, aportar invaluables capacidades a los servicios financieros y optimización de procesos permitirá resolver el plegamiento de proteínas, un problema que trasciende la computación clásica, así como el diseño de nuevos medicamentos y protocolos para tratamiento y diagnóstico en el área de la salud, estrategias para combatir el deterioro de materiales utilizados en el sector industrial, el diseño atómico y molecular para descubrimiento y manufactura de nuevos materiales, y el desarrollo de sistemas y protocolos de seguridad de alta calidad.

En la actualidad, un elevado número de empresas entre las que se incluyen Google, IBM, Intel, Microsoft, Nokia, NEC, Hitachi, HP, han dado lugar a un ecosistema que generará un importante volumen de productos y soluciones derivadas de las tecnologías de información y comunicación cuánticas. Algunos de los usuarios potenciales que se están integrando a esta oferta pertenecen a compañías automotrices, de servicios informáticos, de productos químicos y farmacéuticos.

Este panorama de transición plantea la necesidad de preparar al ingeniero para asumir los retos de la segunda revolución. En países como Colombia se requiere avanzar en infraestructura experimental para investigación cuántica, necesaria para propiciar una mayor oportunidad de innovación y desarrollo endógeno en estas tecnologías disruptivas. De otra parte, urge incrementar la apertura de espacios de formación en cuántica para estudiantes de pregrado en ingeniería.

Sobre este aspecto, la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana cuenta con un espacio académico para la cuántica, ofrecido a estudiantes de cualquier semestre y sin pre-requisitos especiales. Aquí se aborda el fascinante mundo de la cuántica, sus implicaciones en la concepción del mundo, la formalización, computación clásica y cuántica, y todos los elementos requeridos para que el estudiante pueda, entre otras opciones, interactuar con las herramientas ya disponibles y programar el computador cuántico ofrecido en la nube, área en la cual ya se han realizado interesantes trabajos de investigación. Estamos realizando trabajos de grado y propiciando la incorporación en formación de posgrado en estas áreas del conocimiento que nos dan la bienvenida al futuro.

 


*Doctor en física, investigador del Instituto Geofísico, adscrito a la Facultad de Ingeniería en la Pontificia Universidad Javeriana.

Diatomeas: la clave para entender a los homínidos

Diatomeas: la clave para entender a los homínidos

Unas algas microscópicas, tan pequeñas como el grosor del pelo de un gato, cuentan historias del pasado. Del pasado lejano: de hace unos 2 millones de años. Se llaman diatomeas, viven en lagos, humedales, ríos y mares, y el actual director del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, Carlos A. Rivera-Rondón, es un experto ‘diatomólogo’. Hasta Tanzania llegó, a una de las regiones emblemáticas de la evolución humana, a develar no la presencia de nuestros antepasados sino el ambiente donde vivían estos primeros seres que ya caminaban en dos patas.

Las diatomeas que encontró, principalmente de los géneros Encyonema, Nitzschia y Gomphonema, demuestran que en ese entonces, en esa región a la que hoy llegan arqueólogos y científicos de todas las especialidades, existían humedales de agua dulce. Y donde hay agua dulce, hay un ambiente propicio para la supervivencia de los homínidos. A su alrededor habría árboles, principalmente palmeras, algunas leguminosas y gramíneas. Estos estudios del paleopaisaje son esenciales para entender el uso que hacían los homínidos de la vegetación y el agua. Dice el estudio, publicado a finales de 2018, que “las actividades tempranas de los homínidos incluyeron la búsqueda de agua potable, refugio de depredadores, alimentos y materias primas para producir herramientas”.

Las diatomeas son unas algas microscópicas muy resistentes, compuestas por dos valvas que forman un pequeño estuche transparente. Puede haber más de 25.000 especies en el agua dulce ―pero también se encuentran en el mar―. Así, las diatomeas que vivieron en el pasado pueden acumularse en el fondo de los lagos, que actúan como sistemas colectores. Hay yacimientos de diatomeas de hace 30 millones de años.

Sus paredes de sílice, muy rígidas, permiten identificarlas fácilmente. Tienen una gran cantidad de aplicaciones: son indicadoras del estado del ambiente y de la contaminación de los ríos; forman la diatomita, que era la base para fabricar la dinamita; son filtros para el vino y la cerveza; se utilizan como insecticidas e, incluso, son útiles en medicina forense.

Diatomeas 1


Destino: el norte de Tanzania

Rivera-Rondón, experto en ecología acuática e interesado en el impacto del clima y la influencia humana sobre los ecosistemas acuáticos, fue invitado a participar en un proyecto liderado por la arqueóloga española Rosa María Albert en el norte de Tanzania. Se sabía que, posiblemente, hasta hace un millón de años, “al lado del yacimiento había un lago gigantesco salino, pero, ¿en dónde estaba el agua dulce? ¿Cómo era ese ambiente? Ahí es donde yo entro”, cuenta el investigador.

Los restos arqueológicos muestran la presencia simultánea de diatomeas de agua dulce y de fitolitos, evidencias de plantas de ambientes terrestres. ¿Cómo era eso posible? Los proyectos de Albert estudian los restos de origen biológico y estos se usan para interpretar contextos arqueológicos, porque desde hace unas décadas la arqueología se ocupa no solamente de buscar restos de homínidos y de humanos, sino de explicar los ambientes en los que han vivido. Y las diatomeas ayudan a interpretar y reconstruir esos paisajes.

La Garganta de Oldupai ha sido labrada por un río que le da su nombre y que solo tiene agua cuando llueve. Es parte de la Zona de Conservación Ngorongoro, donde se encuentran nueve volcanes. Es una región bastante árida durante una parte del año: las oleadas de polvo son frecuentes en tiempos de sequía y las plantas reverdecen cuando vienen las lluvias. Es una de las mecas africanas para los arqueólogos, pues se han encontrado huellas, herramientas y restos de homínidos, así como de antílopes, hienas, elefantes, babuinos, leones, jirafas y cebras.

En el corazón del parque, los masái y otros tanzanos apoyan las labores de excavación. Algunos de ellos son los expertos y pueden extraer delicados fragmentos arqueológicos con la precisión de un relojero. Por lo general hay unos 30 o 40 científicos realizando diferentes proyectos en los que la interdisciplinariedad es la regla: geólogos, vulcanólogos, topógrafos, arqueólogos, limnólogos, biólogos, entre otros: cada uno, con una experticia, adelanta su investigación. Y lo interesante, dice Rivera-Rondón, no es solamente el trabajo de campo sino las largas conversaciones en el campamento con todos los colegas.


El paisaje de hace dos millones de años

En esta región predominaba “un paisaje muy heterogéneo, con periodos de mucha agua y otros muy secos, o sea, tuvo un pulso muy estacional”, explica Rivera-Rondón. Se trataba de “una zona de humedales, con un río que tenía canales de agua dulce, muy posiblemente con mucha vegetación, unos juncos que hoy se sabe pueden aportar alimento para animales y para los homínidos; estaba rodeado de algunos conjuntos de palmares que muy posiblemente también pueden brindar alimento, rodeados de espacios abiertos”.

De las plantas que existieron solo quedan las huellas en fósiles y los fitolitos. En cambio, las diatomeas “son estrellas en estos yacimientos, porque cuentan cómo era el agua, si era dulce, salada, si había ríos o humedales”. Y no se puede imaginar la evolución de nuestros antepasados sin la disponibilidad de agua dulce. “La investigación de las diatomeas complementa el proyecto que estamos realizando sobre la reconstrucción del entorno, y especialmente sobre las condiciones y disponibilidad de recursos en la Garganta de Oldupai, lo que permitió la supervivencia de los homínidos que visitaban la zona”, dice Albert, del Departamento de Historia y Arqueología de la Universidad de Barcelona.

“Gracias a estos trabajos hemos podido identificar zonas óptimas con disponibilidad de agua dulce y de recursos vegetales, dentro de un entorno dominado por un lago salino-alcalino (agua no potable)”, añade la científica española.

En este paisaje africano se encuentran pistas que permiten a los científicos interpretar cómo vivían los homínidos hace dos millones de años.
En este paisaje africano se encuentran pistas que permiten a los científicos interpretar cómo vivían los homínidos hace 2 millones de años.


Diatomeas colombianas

Rivera-Rondón no se cansa de buscar sus diatomeas y de desentrañar aspectos climáticos que puede inferir a partir de las especies que encuentra y del lugar donde las encuentra. Actualmente recorre lagos de páramo en Colombia buscando diatomeas y otros organismos, con el objetivo de reconstruir la ecología de los últimos 500 años en la Cordillera Oriental y en el Parque Los Nevados. “En este proyecto, financiado por Colciencias, lo que estamos haciendo es construir una base de información para hacer la reconstrucción de cómo eran nuestros lagos hace 1.000, 2.000 o 3.000 años, entender cómo el clima ha impactado esos lagos y tener algunas ideas de cómo el clima podría impactarlos en el futuro”.

 

Para leer más

  • M. Albert, M.K. Bamford, I.G. Stanistreet, H. Stollhofen, Carlos A. Rivera-Rondón, J.K. Njau, R.J. Blumenschine, “River-Fed Wetland Palaeovegetation and Palaeoecology at the HWK W Site, Bed I, Olduvai Gorge”, en Review of Palaeobotany and Palynology, 259, 2018, 223-241.

 

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El impacto paleoambiental en la evolución humana y el uso de los recursos disponibles a partir del estudio de microrrestos de origen biológico
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Rosa María Albert
COINVESTIGADOR: Carlos Alberto Rivera-Rondón
Grupo de investigación Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis)
Facultad de Ciencias, Departamento de Biología
Pontificia Universidad Javeriana
Equip de Recerca Arqueològica i Arqueomètrica (ERAAUB)
Departamento de Prehistoria y Arqueología
Universidad de Barcelona
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2018

Aprender y jugar: cómo lograr diagnósticos de atención en salud divirtiéndose

Aprender y jugar: cómo lograr diagnósticos de atención en salud divirtiéndose

“En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder”. Es la primera frase ―que funciona a modo de sentencia― que ha escogido el autor israelí Yuval Noah Harari en su reciente libro 21 lecciones para el siglo XXI. Y desde esta perspectiva se puede iniciar el recorrido por el trabajo de un grupo interdisciplinario de ocho investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana. El objetivo que los convocó fue contribuir al desarrollo de capacidades en los médicos y otros profesionales de la salud que tienen la responsabilidad en Colombia de registrar o codificar los diagnósticos y los problemas de salud que afectan a la población, por medio de una aplicación didáctica móvil.

El reto que afrontó esta investigación no se limitaba solo a resolver un asunto relacionado con el aprendizaje o la memoria. Se trataba de responder una pregunta: ¿cómo registrar un diagnóstico acertado cuando el médico u otro profesional de la salud se enfrenta a una extensa información distribuida en 21 capítulos de patologías del ser humano que se traducen en más de 2.000 categorías de enfermedades y 20.000 códigos alfanuméricos de los posibles diagnósticos de enfermedades y problemas relacionados con la salud?

En 2015 se conformó este grupo interdisciplinario que asumió el desarrollo de una aplicación didáctica móvil, llamada Codifico, con una perspectiva transdisciplinar. Sandra Milena Agudelo-Londoño, experta en gerencia de sistemas de información en salud, lideró este trabajo en compañía de otros siete investigadores provenientes de campos como administración, economía, medicina e ingeniería de sistemas, con la asesoría inicial de una especialista de la Facultad de Educación.


De casos reales a juegos serios

El día de la madre de 2018, un paciente de 91 años llega al servicio de urgencias de una institución de salud mental en Bogotá, acompañado de su esposa e hija, porque sufre síntomas de un trastorno mental. La historia clínica no está en la institución, pero su familia suele llevar una carpeta con los diagnósticos y tratamientos previos, generados por diversos médicos e instituciones.

En un apartado, se lee que presenta insuficiencia cardíaca crónica, insuficiencia renal, hipertensión arterial, enfermedad respiratoria crónica e hipotiroidismo, entre las más relevantes que fueron codificadas. Pero ese día se confirma el diagnóstico de una demencia senil vascular. Y se verifica que el paciente no ha recibido atención y tratamiento integral por sus diversas enfermedades. A los dos meses, este paciente fallece en su casa con varios procedimientos de atención pendientes y otro diagnóstico probable, consignado en otra historia clínica: demencia senil tipo alzhéimer.

Este caso demuestra la importancia de un diagnóstico integral que permita el tratamiento no solo de los síntomas evidentes sino de otras patologías que pudiera tener el paciente. Así, la codificación sistemática de las enfermedades beneficia diagnósticos correctos, la elaboración de una adecuada historia clínica, la formulación acertada de medicamentos y su administración en los diversos niveles del sistema de salud.

Para cumplir con un apropiado registro o codificación, los médicos y otros profesionales de la salud utilizan el sistema denominado Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE-10), adoptado por 110 países y traducido a 40 idiomas. En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene a su cargo su revisión y actualización. En Colombia se implementó su uso obligatorio en el sistema de salud a partir del 2003.

¿Cómo el grupo llegó al desarrollo de una aplicación educativa móvil a partir de los casos reales y cotidianos que tienen rostros en el sistema de salud? En este trayecto, el Hospital Universitario San Ignacio, en Bogotá, que en 2017 atendió más de 171.000 citas, se convirtió en el escenario de esta investigación. El grupo consideró que el paso decisivo era incursionar en los juegos serios como estrategia del aprendizaje de los médicos y otros profesionales de la salud.


Innovar en el aprendizaje: los videojuegos

Los investigadores identificaron alternativas, antes de llegar al diseño de la aplicación móvil Codifico, en el rango de los juegos serios. Como lo precisa Agudelo, esta denominación comprende una aplicación interactiva que tiene el desafío de ser divertida para jugar y que incorpore criterios de aprendizaje. Además, debe comunicar al usuario una habilidad, un conocimiento o una actitud que puedan ser aplicados en el mundo real. La atribución de ser ‘serio’ tiene lugar cuando el juego cuenta con un propósito pedagógico.

La humanidad enfrenta múltiples cambios culturales, sociales y empresariales producidos por la revolución tecnológica. Comprenderlos, aceptarlos y adaptarse a ellos depende en gran medida de la educación y la investigación que pueda generarse en los centros educativos de enseñanza superior.

Iñigo Pradal Aguinaga
Dirección Comercial Iberoamérica, Gestionet

El desarrollo del videojuego Codifico es sencillo pero contundente. En el primer nivel, el jugador se encuentra en espacios de la ciudad, la playa o la selva. Un equipo de tres médicos, que conoce los secretos del sistema internacional de clasificación de enfermedades, va recibiendo a diversos pacientes (por sexo, edad, grado de extensión de la enfermedad y patologías diferentes) que buscan un diagnóstico preciso y, además, obtener un registro de calidad. Al contacto del usuario con la pantalla, los pacientes manifiestan sus signos y síntomas, y son objeto de exámenes y análisis clínicos que le permiten al médico seleccionar, entre tres patologías probables, el diagnóstico certero y su respectivo código CIE-10.

Perder o ganar, vida o muerte, dependen de esta elección. Así como en el mundo real, los profesionales de la salud siguen, en contra del reloj, lógicas múltiples de criterio y de pacientes. Al final, si la elección es correcta, la tensión del juego no se detiene, porque aparecen sucesivos pacientes que demandarán su atención. En el segundo nivel, de mayor complejidad, el jugador debe analizar la evolución de la atención de los pacientes y su historia clínica, simulando el tiempo que estos permanecen en un centro de atención médica.

En la actualidad, la aplicación Codifico se encuentra en las tiendas en línea de Android e iOS, y se ha iniciado una segunda etapa que se convierte en otro reto para la universidad: ingresar a una fase de comercialización de una herramienta tecnológica. Como señala Norma Constanza Moreno Rodríguez, de la Dirección de Innovación, desde la perspectiva de la política de investigación de la universidad, “estos resultados contribuyen a la apropiación y circulación del conocimiento, reconociendo que la retribución redundará en el propio fomento de la investigación que impulsa la institución en la sociedad”.

El desarrollo de una aplicación como Codifico potencia la investigación y la solución a problemas fundamentales de la sociedad, como la salud. Pero el reto podría continuar con el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial. En ello coincide con la reflexión de Yuval Noah Harari, cuando señala que las herramientas de inteligencia artificial en ciencias de la salud “podrían proporcionar una atención sanitaria mucho mejor y más barata a miles de millones de personas, en particular a las que normalmente no reciben ningún tipo de atención sanitaria”.


Para leer más:

  • Gorbanev, I., Agudelo-Londoño, S., González, R., Cortes, A., Pomares, A., Delgadillo, V., Muñoz, Ó. A systematic review of serious games in medical education: quality of evidence and pedagogical strategy. Medical Education Online, 2018, 23(1), pp. 1-9.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: APP Codifico. Aplicación didáctica móvil para desarrollar capacidades de codificación diagnóstica CIE-10 en profesionales de medicina y codificadores en salud
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Sandra Milena Agudelo-Londoño
COINVESTIGADORES: Iouri Gorvanev, Rafael A. González, Ariel Cortés, Alexandra Pomares, Vivian Delgadillo, Óscar Muñoz, Francisco J. Yepes
Instituto de Salud Pública, grupo Gerencia y Políticas de Salud
Facultad de Medicina y Hospital Universitario San Ignacio, Departamento de Medicina Interna
Facultad de Ingeniería, grupo de investigación Istar
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Grupo de Estudios sobre Dirección Estratégica y Organizaciones (Gedeo)
PERIODO DE INVESTIGACIÓN: 2015-2017