Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Luego del proceso de extinción de dominio de la Hacienda Nápoles, los hipopótamos que en su momento trajo el narcotraficante Pablo Escobar a Colombia pasaron a ser responsabilidad de las autoridades regionales de ambiente, principalmente de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare – Cornare.

Desde 2007 se reportaron avistamientos de hipopótamos por fuera de la hacienda y dos años después se dio un intenso debate nacional, pues Pepe, uno de los paquidermos que se había escapado de la hacienda, fue cazado por orden de la Corporación Regional de Antioquia.

Esta acción contó con el visto bueno del Ministerio de Ambiente, pues resultaba una potencial amenaza para los habitantes del caño San Juan. Fue tal la polémica que la autoridad regional decidió suspender la caza y en 2012 el juzgado Doce Administrativo, a través de la sentencia No. 022, falló una acción popular prohibiendo la caza de estos animales, así que aunque sea una especie invasora, el hipopótamo legalmente está protegido.

 

Una especie invasora que sigue creciendo

Desde hace 14 años Germán Jiménez, profesor del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, sigue este tema. Sus investigaciones lo han llevado a trabajar con la autoridad ambiental regional Cornare y otros expertos nacionales y de Estados Unidos.

De estos ejercicios de investigación se derivó información para la más reciente publicación en la revista Biological Conservation  en enero de 2021. En términos generales muestra un panorama preocupante: “Hay una alerta muy grande desde el punto de vista ecológico y también socioeconómico, reafirmando lo que habíamos dicho en un artículo en la revista Oryx en 2019”, afirma Jiménez.

El estudio realizado en 2017 arroja una estimación entre 40 y 60 hipopótamos en Colombia y calcula un aumento entre 80 y 90 para 2018 y 2019, posiblemente ubicados entre Puerto triunfo y Yondó, ambos municipios de Antioquia.

Esto habla del crecimiento y la expansión territorial que han tenido los hipopótamos en solo década y media (cerca de 200 km hacia el norte). “Según los modelos se estimó que la población de hipopótamos, bajo la situación actual, crece a una tasa anual del 14,5 % y alcanzará su máximo crecimiento para 2034, con una población por encima de 1400 individuos” dice el documento.

Con esta amplia expansión, los paquidermos ya están en la jurisdicción de al menos dos corporaciones autónomas regionales, Cornare y Corantioquia, y posiblemente también estarán en territorios de Corpoboyacá, por la cercanía geográfica al Magdalena. Sin embargo, no hay hasta el momento intervención del Ministerio de Ambiente. “El Estado solo toma cartas en el asunto cuando lo llaman y la situación se vuelve caótica. El ministerio tramita algunas emergencias, pero luego se va y quien continúa cargando con todo el peso es Cornare”, afirma el investigador Jiménez.

Mapa-Hipopotamos

Este rápido crecimiento se da, según estas investigaciones, porque los hipopótamos en Colombia tienen condiciones más favorables en su entorno. En África, de donde son originarios, durante los periodos de sequía se reduce la concepción de crías y se aumenta la tasa de mortalidad por falta de alimentación y enfermedades causadas por el calor.

Por su parte, en el Magdalena Medio no tienen ninguno de esos problemas. La corriente del río es constante durante el año, tienen suficiente alimentación y presentan poco estrés por perturbaciones humanas. Adicionalmente, se están reproduciendo entre los cinco y seis años, una edad temprana si se compara con la madurez reproductiva de los africanos, que puede ser a los siete años.

 

Otros riesgos ambientales

Los hipopótamos permanecen sumergidos bajo el agua durante el día, por lo que se calcula que depositan el 50 % de sus heces en el agua, en este caso, las del río Magdalena, sus lagunas o riachuelos asociados. Estas deposiciones, sumadas a la agitación de sedimentos que producen por sus casi tres toneladas de peso, aumentan los fosfatos y la concentración de nitrógeno del agua.

Esto “puede tener un efecto prominente en la composición de la comunidad acuática, favoreciendo algunas especies y afectando negativamente a otros”, explica el artículo. Es el caso del manatí del Caribe, que actualmente está en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y coincide con zonas de reporte de hipopótamos.

Además, son potenciales transmisores de enfermedades zoonóticas y de parásitos, ya que son afectados por varias enfermedades bacterianas y virales, entre ellas la brucelosis, salmonelosis, triquinosis, tuberculosis y las garrapatas. “Algunas de estas enfermedades o parásitos podrían transmitirse potencialmente desde los hipopótamos a los animales salvajes y domésticos y, en última instancia, a los humanos”, señala el documento.

 

Un problema social y económico

Desde 2007, el Parque Temático Hacienda Nápoles, ubicado en Puerto Triunfo, Antioquia, genera actividades económicas formales e informales de las que también se benefician sus alrededores. Por ejemplo, en las calles y parques de Doradal, el municipio más cercano a la hacienda, se encuentran estatuas, artesanías, camisetas, peluches y todo tipo de artículos con forma de hipopótamos que atraen a los turistas y activan la economía de la población local.

 


Uno de los hipopótamos camina por las calles de Doradal – Fuente: El Tiempo

Pero también hay amenazas. Los investigadores alertan sobre el potencial peligro que corren las poblaciones cercanas, pues los hipopótamos son animales territoriales y agresivos. El portal Science Alert calcula que al año se producen unas 500 muertes humanas causadas por estos animales.

En Colombia no se registran muchos ataques y el más reciente se dio en mayo de 2020, cuando un campesino fue atacado mientas fumigaba. Además, otros habitantes de Puerto Triunfo han alertado sobre daños en alambrados, cercas y puertas de sus fincas.

¿Cuáles son las alternativas?

 Desde 2010, Cornare ha implementado un plan de manejo para los paquidermos que ha dado como resultado 10 individuos esterilizados y 5 reubicados en otras regiones.

Sin embargo, teniendo en cuenta el rápido crecimiento de esta especie, estas acciones resultarían insuficientes, pues los costos de esterilización por individuo sobrepasan los 20 millones de pesos e implica la participación de expertos y gran cantidad de equipos. Esto sin contar que es un procedimiento riesgoso para el animal y para quienes lo adelantan.

También se habla de la posibilidad de devolverlos a África, pero esto también representa grandes inconvenientes.
Según los investigadores, los hipopótamos son animales muy pesados, viven la mayor parte del día sumergidos y pueden correr hasta 30 kilómetros por hora. Estos factores hacen complicada y costosa cualquier opción de captura y traslado. Además, ven poco probable que las autoridades ambientales africanas los reciban, pues representan riesgos genéticos y de transmisión de enfermedades para su fauna nativa.

“Cualquiera que sea la estrategia, si contención, castración química o castración física, los hipopótamos van a seguir creciendo de manera exponencial y, según los modelos, serían más de mil en poco más de una década”, alerta Jiménez. “Por otro lado, cada vez va a ser más difícil contener a los animales porque serán más y estarán más dispersos” agrega.

El grupo de expertos e investigadores recomienda que si las medidas de control dispuestas hasta el momento, no funcionan, existe una opción menos popular: implementar un plan de cacería de control.

“Para nosotros el control de una especie invasora es un método que está ampliamente aceptado y soportado desde el punto de vista de investigación. Es efectivo porque estamos arrancando de raíz el problema”, afirma el profesor Jiménez, y explica que de no eliminar las especies invasoras, habría que aprender a convivir con ellas, pero eso implica sacrificar especies de nuestra biodiversidad de fauna y flora en favor de que exista la invasora, con los costos ambientales y económicos que ello implica.

“Es preferible invertir el dinero en la conservación de las especies nativas de nuestro país y no en una especie invasora”, Germán Jiménez

Cazar una especie tiene connotaciones éticas muy complejas de tratar en la opinión pública, como ocurrió con el sacrificio del hipopótamo Pepe, en 2009. Pero debería ser regulado por el Estado. “Esto no es un Safari. Es el Estado que por medio de la normativa debe autorizarlo bajo unas condiciones éticas, profesionales y de la mano de procesos pedagógicos con las comunidades de esta región y del país, para que se lleve a cabo de la mejor manera posible”, dice el investigador.

Se ha planteado la posibilidad de limitar la población a los terrenos de la Hacienda Nápoles e implementar un programa de crecimiento moderado, pero la última palabra la tiene un actor que ha estado ausente durante décadas: el Estado en el nivel nacional.

Los investigadores coinciden en que se requiere una acción urgente y son las instituciones estatales de más alto nivel las que deben organizar y dirigir, porque mientras más tiempo pase, más complicada y riesgosa se vuelve la condición de muchas especies de nuestra biodiversidad en el magdalena medio.

El viernes 19 de febrero a las 9:00 a.m. se desarrollará el foro Hipopótamos en la sala, en el que panelistas de la Universidad de los Andes y de la Pontificia Universidad Javeriana, discutirán sobre este tema. Puede ver ese evento aquí.

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Salta el polvo sobre la tierra, el agua se mueve turbulenta sobre un estanque y lo que pareciera ser una estampida se aproxima con fuerza. Son más de cuatro toneladas de carne y huesos galopando, es un animal rígido, de piel gruesa que viaja a 25 kilómetros por hora sobre el noroeste de Colombia. Se trata del hipopótamo Hippopotamus amphibius, uno de los cerca de 70 ejemplares que están sueltos en el Magdalena Medio y por el cual biólogos, comunidades de la región, ambientalistas y entidades gubernamentales están seriamente alarmados.

Este animal es una especie invasora que llegó a Colombia hacia los años 80, cuando Pablo Escobar trajo de África cuatro especímenes —una hembra y tres machos—. Aunque para ese momento su intención era recrear la fauna salvaje del continente africano en su hacienda ubicada en Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia, años más tarde y luego de la expropiación de sus bienes, leones, jirafas y los exóticos hipopótamos terminaron conformando el Parque Temático Hacienda Nápoles, un atractivo turístico que abrió sus puertas al público en 2007 como un recinto para la conservación de especies amenazadas y en peligro de extinción.

Sin embargo, desde 2006, las especulaciones sobre encuentros entre hipopótamos y la comunidad del suroriente de Antioquia, y su posible creciente reproducción, llamó la atención de los biólogos David Echeverri de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare –Cornare-, encargada de implementar políticas ambientales en la región; Elizabeth Anderson, codirectora del Departamento de la Tierra y el Ambiente, Instituto del Agua y el Ambiente en la Universidad Internacional de La Florida, y Germán Jiménez, docente  del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Según recuerda Jiménez, su primer acercamiento al tema ocurrió en 2015 cuando cruzó palabras con Anderson en un congreso de conservación en Bolivia. Allí descubrió que esta apasionada por la fauna salvaje estudiaba la misma especie que llegó a Colombia a finales de siglo XX desde el valle del Masái Mara, en África, debido a su latente riesgo de extinción. En la conversación, Anderson le comentó a Jiménez que esta no era su única preocupación ya que, producto de sus investigaciones con su colega Amanda Subalusky, encontraron que los hipopótamos eran unas máquinas demoledoras, unos voraces ingenieros de los ecosistemas que consumen más de 70 kilogramos de pasto al día para alimentarse. Aproximadamente, el 5% de su peso.

De este encuentro surgió la inquietud por recoger información sobre la biología, la ecología y las interacciones de los hipopótamos con los colombianos, y crear estrategias de conservación para el tratamiento de esta poderosa especie. Pasados algunos meses, Anderson volvió a comunicarse con Jiménez, esta vez para comunicarle excelentes noticias: National Geographic había decidido financiar su investigación —Introduced Hippos in Colombia: Consequences for Human and Natural Systems— junto con la participación de varios colegas más como Amanda Subalusky y Ana Rojas de la Universidad Internacional de La Florida;  Juan Felipe Reátiga y Laura Nova, egresados de la facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, y Sebastián García, de la Universidad de Antioquia.

Hipopótamo colombia


Las dimensiones del problema

Un viaje de 170 kilómetros en línea recta, 1.500 encuestas a comunidades y visitas a 10 localidades fue el resultado que dejó el recorrido de este equipo interdisciplinar entre Doradal, donde se ubica el Parque Temático Hacienda Nápoles, hasta Puerto Berrío en busca de evidencia histórica que diera cuenta de la presencia de los hipopótamos “prófugos”. La región es ambiente ideal para la supervivencia de estos voraces herbívoros por sus pozos, ríos y caños, temperaturas de 24 a 27 grados centígrados y una humedad relativa de más del 90%.

“La gente nos reportó hipopótamos que habían visto desde 2006 hasta 2016, fueron 10 años de registros históricos. Tomamos varios registros en total, de los cuales validamos 26 mediante fotografías, avistamientos, huellas y la relación con ambientes potencialmente propicios para estos animales”, afirma Germán Jiménez, quien también es miembro de la Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis) de la Javeriana.

Una vez procesada la información y validados los registros, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt contactó a los investigadores con una propuesta inesperada: trabajar mano a mano en el estudio de especies invasoras biológicas a través de la creación de un biomodelo que presentara la distribución del hipopótamo en Colombia; es decir, un sistema que permitiera graficar la ubicación estimada de estos animales para esta cuenca. Esta información también permitiría incluir los datos del visitante africano en la ficha Reporte del Estado y Tendencia de la Biodiversidad (RET 2018).

Hipopótamo colombia
/ Cortesía.


Los hallazgos

¡Enormes! De gran magnitud fueron los retos que los investigadores encontraron con el proyecto, ya que evidenciaron que la tendencia de reproducción de los hipopótamos ha ido en ascenso, según datos de Cornare, porque de los cuatro ejemplares iniciales que llegaron a la Hacienda Nápoles en 1980 actualmente hay 28; y de los cerca de 70 hipopótamos que están deambulando por los alrededores de la finca actualmente, se espera que para 2050 lleguen a una cifra de aproximadamente unos 400 animales más.

Así mismo, la vegetación aportó su cuota de vulnerabilidad con graves consecuencias como el daño a ecosistemas que producen estos animales con su fuerte pisoteo, la disminución de pastos respecto a su alto requerimiento alimenticio y la contaminación de afluentes que generan los hipopótamos durante sus periodos de apareamiento dado que expulsan altas cantidades de materia orgánica que luego esparcen con su cola a manera de ventilador, proceso también conocido como eutrofización.

“El desplazamiento de la fauna nativa es una consecuencia debido a que los hipopótamos van a estar ocupando un nicho que antes estaba reservado a las especies nativas, y dado que estos animales presentan mejores adaptaciones, los hace una especie supremamente tolerante y resistente a las condiciones ambientales de la región. Esto va a desplazar a otras poblaciones como el manatí del Magdalena Medio, la nutria, el chigüiro y el caimán”, explica Echeverry, de Cornare.

Con esto en mente y el latente riesgo al que estarían enfrentadas las poblaciones aledañas a Doradal al encontrarse con estos corpulentos y territoriales animales, urge la necesidad de buscar alternativas viables para su control, pues acuerdos internacionales como The Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora —CITES—, así como los riesgos biológicos restringen el regreso de los hipopótamos a su lugar de origen debido a la importancia de conservar su material genético en el territorio en el que nacen; alternativas como la castración química o física son altamente costosas, al alcanzar valores de más de 20 millones de pesos por animal, y poco eficientes pues los hipopótamos continuarían afectando la vegetación, y la posibilidad de hacer control poblacional ha sido un asunto altamente debatido tras el fallo de la Corte Constitucional de prohibir su caza en la sentencia C-283/14.

Hipopótamo colombia


Y ahora, ¿qué sigue?

El grupo de investigadores se prepara para recibir en diciembre la primera publicación de los resultados de su investigación en la revista Oryx (Cambridge University Press), artículo que podrá ser consultado con el título Potential Ecological and Socioeconomic Effects of a Novel Mega Herbivore Introduction: the Hippopotamus in Colombia.

Sin embargo, los investigadores buscan abordar una segunda fase del proyecto para determinar cuáles especies estarían siendo afectadas por la presencia de este pesado mamífero y trabajar con inteligencia artificial en la simulación de escenarios futuros de los hipopótamos en terreno colombiano, en caso de que ambientes ideales, similares a los de África en temperatura, humedad y pastos, les sigan facilitando la vida a estos animales.

“Toda esta investigación evidencia la necesidad de levantar una alerta nacional que motive a organizaciones y corporaciones a financiar esta investigación para mirar cómo detener el problema. Nosotros conocemos las herramientas, sabemos cómo potencialmente detener el movimiento de los hipopótamos y su crecimiento, pero necesitamos la información de base: dónde están y cuántos hay”, puntualiza Jiménez.