Lo que viven las mujeres trans en un consultorio

Lo que viven las mujeres trans en un consultorio

Paloma* tiene 30 años, es alta, de tez morena, cabello oscuro y acuerpada. Dice que su lucha diaria es contra la discriminación, pues ha cargado con ella por más de seis años. La vive cada que accede a algún servicio de salud se siente segregada. Cuando va al médico nota cómo las miradas recorren su cuerpo, como si fueran un escáner con actitud amarillista. Esta situación, según el proyecto TranSer, evidencia las dinámicas de discriminación para con las mujeres trans que han permeado los servicios de salud.

La vida no es fácil para Paloma. Usan la palabra señor para referirse ella y el personal de salud lo hace de forma reiterativa. El portero se lo dice, luego lo repite la recepcionista al requerirla; a pesar del tono cortés, la enfermera la llama una vez más y el médico lo reafirma: ¡señor, cuénteme en qué puedo ayudarlo! “Llega un momento en el que uno ya no aguanta. Yo voy vestida de mujer, me identifico como mujer y soy una mujer. Entonces, ¿por qué me dicen señor?”, comenta Paloma.

Ser trans en sociedades caracterizadas por el poder hegemónico, patriarcal y machista históricamente ha implicado vivir bajo relaciones marcadas por la inequidad, la injusticia y la exclusión, dice Paula Andrea Hoyos, psicóloga e investigadora de la Pontifica Universidad Javeriana Cali, quien en el marco del proyecto TranSer (2019-2022), para el fortalecimiento de una sexualidad plena, satisfactoria y saludable en mujeres trans de Colombia, se ha dedicado a estudiar esta problemática desde diferentes aristas, una de ellas, las dinámicas de discriminación de estas mujeres en el sector salud.

La palabra trans es una gran sombrilla que acoge a quienes se identifican como transexuales, transgénero, travestis o transformistas. La investigación que está en curso hasta ahora ha trabajado con mujeres que se identifican como transexuales y transgénero; las primeras sienten un rechazo por sus órganos sexuales con los que nacieron y las personas transgénero solo ocasionalmente?: “yo no tengo problema con mis órganos sexuales, el hecho de que yo haya hecho mi tránsito a mujer no significa que odie mi genitalidad”, dice una de ellas.

El estudio ha tenido efectos de empoderamiento e incluso ha sido terapéutica para las participantes, comenta la profesora Hoyos. Con los resultados quieren hacer un llamado para construir procesos más dignos de atención en salud y sensibilizar sobre las diferentes necesidades de esta población que van más allá de prevenir el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) u otras infecciones de transmisión sexual (ITS), como usualmente se ha comprendido. “No se trata de seguir hablando de cifras o epidemiologías, sino de lo que ellas requieren, por esto aquí son unas investigadoras más”, afirma Hoyos.

Según indican las cifras reportadas por Colombia Diversa, el país hace parte de las sociedades reproductoras de discriminación y violencia contra la comunidad LGBTI. Entre enero de 2018 y junio de 2019 se presentaron 120 homicidios de personas con identidad diferente a la heteronormativa. Para la profesora Hoyos, son víctimas frecuentes de homicidios, abuso sexual; presentan mayor prevalencia de depresión y ansiedad, y, además, las barreras para acceder al sistema de salud se multiplican, pues no cuentan con servicios de género, ni con atención diferencial.

“Muchas de nosotras evitamos ir a la EPS; aunque quisiéramos ir preferimos automedicarnos para no someternos a la discriminación”, asiente Paloma y así lo pone en evidencia el estudio javeriano. Con la participación de alrededor de 139 mujeres de cinco ciudades del país –Cali, Armenia, Cartagena, Bucaramanga y Bogotá–, los investigadores partieron de un abordaje hermenéutico interpretativo de las experiencias de mujeres trans en relación con los servicios de salud y fue a través de un trabajo de escucha activa y participativa que empezaron a identificar cuáles son sus necesidades.

Aunque el problema de la atención en salud es generalizado a nivel nacional, cuando se trata de personas trans los procesos son aún más difíciles. “Es una realidad de nuestro país, en el que frecuentemente se dilatan los tiempos de atención y consultas, pero, esto se perpetúa en poblaciones que se identifican de una forma diferente a lo que socialmente ha sido establecido como normativo”, afirma la investigadora.

Barreras y necesidades en la atención en salud

Según el estudio TranSer, las barreras que enfrentan las mujeres trans en relación con el acceso a los servicios de salud están directamente ligadas al estigma y discriminación, o en otros casos a las trabas para adquirir los tratamientos o procedimientos, por lo que recurren a consultar a otras fuentes para llevar a cabo su proceso de transformación, poniendo en riesgo su salud.

Las mujeres, según el estudio, coinciden en que frecuentemente perciben conductas discriminatorias por parte de los médicos, enfermeras, porteros, actitudes que se van replicando por las personas que vienen detrás (estudiantes de medicina, practicantes de enfermería, entre otros). “El problema está relacionado con las estructuras inequitativas e injustas frente a expresiones de género no hegemónicas, con la poca información por parte del personal de salud alrededor de lo que ellas sienten, y poca capacitación de cómo comprender mejor al ser humano, sus emociones y comportamientos, además de todo lo que implica la diversidad sexual y de género”, afirma la profesora Hoyos. Por esto, una de las insistencias de las mujeres trans, dentro de la investigación, es la necesidad de que los profesionales de la salud tengan los conocimientos y las competencias para acompañarlas.

Una de las cosas que ellas expresan reiterativamente es que sean diagnosticadas psiquiátricamente con una discordancia de género o disforia de género, lo que no es bueno para la salud ni el bienestar de la persona, expresa Hoyos. No obstante, explica que en el país se mantiene el criterio del diagnóstico para que una persona pueda acceder a procesos de reafirmación del género, ya sea la terapia hormonal y/o cirugías, bajo el discurso de que esta es una forma de confirmar la decisión que ha tomado la persona.

Esta etiqueta continúa perpetuando la discriminación y noción de las identidades trans como enfermedades. “Es importante que las personas se tomen el tiempo de pensar, si quieren, el cómo y el cuándo desean hacer el tránsito, es verdad, pero ellas no quieren estar en un proceso de dos años que las expone a las etiquetas psiquiátricas y menos quieren estar obligadas; ellas expresan requerir de un acompañamiento médico para informarse de forma idónea, al igual que un acompañamiento psicosocial con el que se sientan cómodas, aceptadas y seguras, no enfermas”, comenta la investigadora.

Así, es una prioridad la atención de mujeres trans en términos de salud, indica la investigación. Para ese fin debería haber fortalecimiento de la educación universitaria integral, diseño de rutas de atención con enfoque diferencial, seguimiento al consumo de sustancias psicoactivas por la relación que existe entre la hormonización y la reducción de deseo sexual y los estados de ánimo, dado que pueda presentarse que algunas mujeres trans recurran al consumo de algún tipo de sustancia para “compensar” los efectos secundarios del proceso, explica Hoyos.

“Para ellas, el construirse y expresarse como las mujeres que desean es muy importante, por eso recurren, usualmente, a edades muy tempranas a la autoformulación y automedicación, sin ningún acompañamiento idóneo, esto puede traer graves consecuencias para su salud, incluso puede llevarlas a la muerte” dice Hoyos.

La terapia hormonal requiere ser manejada de forma profesional y bajo buenas prácticas clínicas. De aquí que, tal como invita la investigación, las valoraciones médicas y psicosociales deban estar orientadas a la reducción de riesgos, la promoción de la salud y el bienestar de las mujeres trans, pues el acceso a un servicio de salud digno es un derecho que no se debe vulnerar. Al respecto, Paloma es insistente al decir que el camino ha sido difícil y falta trabajar muchísimo.

En Colombia no solo discriminan por el género y la orientación sexual, también lo hacen por la etnia o por el status socioeconómico, dice Hoyos, pero ser diferente hace parte de la naturaleza y, de la vida misma: “es verdad que nos hace falta información y educación en todo lo que implica la diversidad de género. Sin embargo, como seres humanos también debemos comprometernos con las acciones cotidianas, construir relaciones más amorosas, cooperativas, respetuosas y legitimadoras de las diferencias”

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

¿Para qué un Día Internacional de la Mujer?

¿Para qué un Día Internacional de la Mujer?

MA Farah C

Hoy 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. También hay Día Internacional de la Niña (11 de octubre), de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), de las Mujeres Rurales (15 de octubre), de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre), de las Niñas en las TIC (25 de abril) y de las Viudas (23 de junio). Todos estos días han sido proclamados por Naciones Unidas para recordar, año a año, la necesidad de trabajar por unas mejores condiciones de equidad para las niñas y mujeres en relación con los hombres. El 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer data de 1975 pero tiene sus orígenes hacia principios del siglo XX; las otras seis fechas son mucho más recientes y todas se designaron en el siglo XXI, entre los años 2000 y 2015.

Muchas personas se preguntan: ¿realmente sirve para algo tener tantos días internacionales de…..? La respuesta depende de qué significado individual y colectivo le damos a ese día y qué acciones comprometidas conlleva dicha celebración. Naciones Unidas nos invita a conmemorar o celebrar “un día internacional de…” para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”. Para 2019, el tema elegido para el Día Internacional de la Mujer es: “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio”, el cual “se centrará en formas innovadoras en las que podemos abogar por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, en especial en las esferas relativas a los sistemas de protección social, el acceso a los servicios públicos y la infraestructura sostenible”.

Si creemos como individuos y como sociedad que esto es un propósito sobre el cual vale la pena actuar y, por tanto, el 8 de marzo de 2019 lo tenemos presente, lo conversamos y analizamos con compañeros de trabajo, con familiares y amigos, y lo proyectamos con propuestas y acciones en nuestra vida y espacio laboral, celebrar esta fecha vale la pena. Si también aprovechamos el Día Internacional de la Mujer (que yo preferiría llamar de las “mujeres”, en plural) para hacer visibles los esfuerzos que muchas mujeres y también muchos hombres han hecho, y siguen haciendo, por la equidad de género, y dichos esfuerzos se siguen trabajando y apoyando en los otros 364 días, entonces celebrarlo vale la pena.

Si cada 8 de marzo todos, hombres y mujeres nos acordamos de que la diversidad es parte importante de los seres humanos, y que, por tanto, celebrar el Día Internacional de la Mujer es celebrar la diversidad de mujeres y respetar y promover las diferentes expresiones de dicha diversidad, rompiendo estereotipos de género, y trabajamos el resto del año en pro de esto, entonces celebrarlo sí vale la pena.

 


* Economista javeriana, doctora en Estudios para el Desarrollo de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra. Desde hace 27 años se desempeña como profesora investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana y, desde 2014, como decana de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. Se especializa en temas como género, mujeres rurales, desarrollo rural y transformaciones rurales.