El agua: recurso de la vida

El agua: recurso de la vida

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 2,1 millones de personas viven sin agua potable en sus casas, 68,5 millones huyen de sus hogares por problemas para acceder al abastecimiento de este recurso y aproximadamente 4.000 millones —casi dos tercios de la población mundial— padecen su escasez durante al menos un mes al año. Estas cifras son alarmantes si se tiene en cuenta que el acceso al agua es un derecho humano.

De ahí que el 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara, mediante la resolución A/RES/47/193, la conmemoración anual del recurso hídrico. Hoy el mundo celebra el Día Mundial del Agua para llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso. El tema para el 2019 es ‘No dejar a nadie a tras’: a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible todo el mundo debe beneficiarse del progreso. Dicha agenda resulta de la Cumbre del Desarrollo Sostenible, de septiembre de 2015, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Pesquisa Javeriana conversó con Nelson Obregón Neira, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE.UU.) y actual director del Instituto Javeriano del Agua (IJA), creado recientemente para aportar a los grandes problemas del país, agregar valor a las capacidades e investigaciones académicas de la Javeriana relacionadas con el recurso hídrico en las ciudades y en las regiones de Colombia. El IJA también es un proyecto de planeación universitaria (PPU) que enmarca principalmente sus actividades y proyección académica en el programa Institucional de Ecología Integral, para así producir contribuciones relevantes en el marco de la gestión integrada del recurso hídrico en Colombia.


Pesquisa Javeriana:
¿Cómo funciona el Instituto Javeriano del Agua?

Nelson Obregón Neira: El Instituto parte de las capacidades que poseen las 18 facultades de la Javeriana. En la etapa de estructuración de la propuesta para su creación, se revisaron los resultados y productos académicos de departamentos, programas y proyectos desarrollados por los grupos de investigación de la Universidad, encontrando —para sorpresa nuestra— que prácticamente todas las facultades reportan desarrollo de actividades académicas relacionados de forma directa o indirecta con el recurso hídrico, ya sea a través de proyectos de consultoría y de investigación, publicaciones o de trabajos de grado, maestría o doctorado.


PJ:
¿Estas investigaciones cuentan con impactos de algún tipo?

NON: Por supuesto, el agua es un articulador del territorio, un eje clave en procesos de construcción de paz. Sabemos que hay muchos conflictos que tienen que ver con el agua y, bajo esa perspectiva, se enfoca el Instituto. Esto también resulta coherente con el proyecto educativo javeriano, en este caso tomando al agua como objeto y sujeto de estudio. La tarea ha sido estudiar el recurso desde el desarrollo de las comunidades y los conflictos en las regiones del país; así se ha abordado y procurado un trabajo interdisciplinar, que convoca miradas, visiones y perspectivas amplias soportadas con la participación de profesores y estudiantes formados en las ciencias naturales, la ingeniería y, ante todo, antropología y sociología, que alinean su proyecto de vida profesional y universitario con la sostenibilidad y desarrollo del territorio. Por ejemplo, a la fecha contamos con varias exploraciones de proyectos con la participación de miembros de la comunidad académica javeriana, en particular de las facultades de Ciencias, Ingeniería y de Estudios Ambientales y Rurales.


PJ: ¿Existen evidencias de transformaciones en las comunidades?

NON: El programa Amazónico Javeriano, por ejemplo, convoca a académicos a analizar los componentes agua, economía solidaria, biodiversidad, organización comunitaria, educación, salud e infraestructura y tecnología de la Amazonía. Ahí, el IJA participa con una mirada disciplinar e interdisciplinar a partir de trabajos realizados en esta zona, e integra tales capacidades y resultados en favor del desarrollo humano y la sostenibilidad del territorio.

Hemos abordado investigaciones en la Orinoquía colombiana mediante estudios interesantes en Guaviare, Vichada y Meta; se proyecta también impactar regiones como el Magdalena Medio y la Macarena, aprovechando los trabajos previos realizados con la Compañía de Jesús y la Universidad, en particular aquellos liderados por grandes actores de nuestra comunidad como los padres Francisco de Roux y Luis Alfonso Castellanos. Actualmente exploramos proyectos que impactan directamente el bienestar de comunidades palafíticas, es decir, las asentadas en la Ciénaga Grande de Santa Marta, así como en otras regiones tales como la Depresión Momposina, el Bajo Cauca y la el Catatumbo.


PJ: Teniendo en cuenta estos trabajos, ¿recuerda alguna experiencia en la que el Instituto se articulara con otra entidad para adelantar proyectos de investigación?

NON: Sí, efectivamente, la semana pasada nos reunimos con Equitas, una ONG interesada en trabajar en el Catatumbo. Lo que ella busca es desarrollar un convenio de cooperación interinstitucional con la Javeriana, de tal forma que se contribuya con la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas; en este caso, apoyando con ciencia, tecnología, con mecánica de los fluidos, hidráulica y ciencia forense, las actividades de búsqueda y hallazgo de personas desaparecidas en zonas de ríos y otros cuerpos hídricos. Las cifras son alarmantes, pues en ciertas regiones del país se reportan más 7.000 personas desaparecidas y, a nivel país, más de 80.000 en los últimos años, y aún falta por hallar un gran porcentaje.


PJ: ¿Qué posición asume el Instituto Javeriano del Agua sobre las problemáticas geopolíticas que tiene el país en relación con las fuentes hídricas?

NON: Tenemos dos formas de generar valor agregado: con proyectos muy específicos, especializados, que requieren la participación de varias disciplinas y de impacto en regiones, o con proyectos grandes que tienen que ver con áreas hidrográficas como el Amazonas. Sin embargo, las problemáticas geopolíticas con relación a las fuentes hídricas es un tema muy sensible y “caliente” en el país, como la situación generada por la construcción, operación y contingencias en la Central Hidroeléctrica Hidroituango o la definición del régimen de caudal ambiental para el rio Bogotá. Un tema central que permite una mirada amplia es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos, el cual nos interesa como marco de trabajo para el estudio del funcionamiento ecológico, los servicios ecosistémicos y los beneficios ecológicos.


PJ: ¿Existe alguna metodología, desde los estudios hidrológicos para contrarrestar la contaminación que producen las poblaciones aledañas a los ríos?

NON: Para nadie es un secreto que nuestros ríos están muy contaminados. Ha habido una reacción por mitigar eso con las plantas de tratamiento, pero una gran cantidad de municipios, más del 50%, tiene problemas de infraestructura en alcantarillados, no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, hay mal uso de pozos sépticos con potencial de contaminación de acuíferos. Muchos desechos por actividad antrópica se disponen en nuestros ríos y cuerpos de agua, entonces, el panorama de la calidad del agua resulta crítico. Se ha mejorado en lo relacionado con suministros, acueductos, plantas de tratamiento para el agua potable, pero en el tema de la calidad sí considero el país reporta grandes retrasos.


PJ: Respecto al caso de Hidroituango, ¿cuál ha sido el rol del Instituto?

NON: En este momento, la Javeriana, a través del IJA, está en conversaciones con EPM para realizar un estudio que permita apoyar y mejorar el funcionamiento y la situación actual de la Central Hidroeléctrica de Ituango, generando así resultados y lineamientos que ayuden al país con la concepción, diseño, construcción y operación de este tipo de macroproyectos que seguramente tendrán todavía amplia cabida en el país.

Este tipo de investigaciones nos invita a reunirnos con biólogos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, filólogos e ingenieros hidráulicos, a trabajar conjuntamente, de tal forma que los análisis, diseños y estudios realmente obedezcan a una visión integradora y de uso racional y sostenible de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza.

Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.
Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.


PJ: Hablando de este tema, ¿cómo están las fuentes hídricas colombianas ante el cambio climático global?

NON: Recuerdo un estudio que hicimos en el Instituto Geofísico Javeriano sobre los efectos de nuevos escenarios del cambio climático en Cundinamarca y sus ríos. Tardamos dos años, hicimos una visión de futuro del clima a 2030, 2070 y 2100. Como era de esperarse, el comportamiento es heterogéneo, es decir, en algunas zonas se aumenta, disminuye o se mantiene la oferta hídrica de los ríos según los regímenes climáticos proyectados bajo estimación. Esto hay que entenderlo bajo las dinámicas de oferta hídrica versus la demanda de la población y del ambiente. Por eso, yo creo que el tema cambio climático hay que analizarlo en su impacto con mucha prudencia, aprovechar estas posibilidades de visión de futuro, pero no de pronóstico, existen muchas incertidumbres que se deben tener en cuenta.

Hoy por hoy no se puede concebir a un territorio que no considere o incorpore en sus instrumentos de ordenación tales como los POT, aspectos relacionados con la variabilidad y el cambio climático. Técnica y tecnológicamente ya lo sabemos hacer, no solo en esta universidad sino en el país; es decir, se cuenta con las capacidades para evaluar ese tipo de impactos en los territorios.


PJ: ¿Ha tenido algún efecto, positivo o negativo, conmemorar el Día Mundial del Agua?

NON: Sí, eso ayuda. A todos nosotros nos gusta que nos recuerden ese tipo de efemérides, así como nos gusta que nos recuerden, por ejemplo, la importancia de tener uno o dos días al año sin carro. Así sea una, dos o tres veces al año, eso cala en la estructura de pensamiento de las personas. No obstante, considero que el impacto sería mayor si esto se acompaña de un ejercicio de reflexión por cada uno de nosotros. Por ejemplo, aquí en la Javeriana existen departamentos y unidades académicas, como los de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que siendo referente nacional e internacional sobre este tipo de acciones y reflexiones nos permiten entender cómo se encuentra la huella del carbono, la huella hídrica, en el marco de los hábitos de consumo de las personas, y cómo las prácticas cotidianas contribuyen para bien o para mal en este indicador.


PJ: ¿Qué puede hacer el ciudadano para contribuir con el uso eficiente del agua?

NON: Cuando una persona abre la llave, no se le ocurre pensar que detrás de eso hay muchos procesos: algunos antrópicos, como el uso de acueductos o plantas de tratamiento, y en campo, la extracción del agua de los ríos, donde hay comunidades aguas abajo que lo requieren y los peces necesitan de ese recurso. Hay que apuntarle a una estructuración mental sobre los hábitos de consumo, para que se tenga en cuenta que uno puede vivir sin alimentos, sin vías, sin tecnología, pero no sin agua. Entonces, este asunto gira en torno a una responsabilidad sobre los hábitos de consumo, que va con cosas sencillas como apagar el interruptor de la luz cuando no sea necesario usarlo, hasta reflexiones trascendentales como el uso e impacto de los servicios ecosistémicos por nuestros hábitos de consumo en nuestras casas.


PJ: ¿Cuál debería ser la reflexión de la sociedad ante esta problemática?  

NON: Para mí es un tema generacional. Yo cada vez veo a estas nuevas generaciones de egresados de las universidades y colegios con mayor sensibilidad. Sin embargo, es una tarea de todos, no solo de la universidad, sino de las escuelas y las familias en nuestros hogares. Esto es un estado mental y no importa si es un académico o es un ciudadano de a pie, si es un padre de familia, independientemente de su condición, lo que importa es que sea consciente del cuidado del agua. La clave está en cómo ha sido esa formación de principios y valores. Entonces, es necesario apropiar en la conciencia individual, familiar y colectiva que el agua es el recurso de la vida.

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Impetuosas cascadas se mueven sobre las cadenas montañosas que rodean el segundo río más importante de Colombia, toneladas de agua, cataratas color crema que se abalanzan entre las cordilleras central y occidental de Los Andes. Es un torrente que nace en la laguna del Buey, en el departamento del Cauca, y, agitado, desemboca en el río Magdalena cerca de la población de Pinillos, en el departamento de Bolívar, tras recorrer 1.350 km. Así es el río Cauca, un cordón de agua que extiende sus brazos para conectar a cerca de 180 municipios y sobre el cual, desde 2010, avanza el proyecto hidroeléctrico más ambicioso del país: Hidroituango, una obra hidráulica que tiene en vilo a la nación ante una posible avalancha por sus delicadas fallas técnicas y humanas.

Esta megaobra comenzó en 1979, cuando Interconexión Eléctrica – ISA contrató a la firma Integral S.A. para implementar estudios de factibilidad técnica del proyecto que se alzaría entre el municipio de Ituango y el corregimiento de Puerto Valdivia, en Antioquia, y se retomó en 2006, cuando la Sociedad Promotora Pescadero Ituango S.A. trabajó junto a 50 firmas en el diseño final. Desde entonces, su propósito ha sido poner en contacto sus ocho turbinas con el flujo del río Cauca, contenido por una presa de 225 metros de altura para generar 13.930 GWh de energía al año. Sin embargo, esto no se ha cumplido debido a una serie de deslizamientos de tierra en la margen derecha de la montaña donde están dos túneles de desviación del caudal, el mismo que a inicios del 2018 creció súbitamente poniendo en riesgo a cerca de 17 municipios de Córdoba, Sucre y Bolívar; algunos de ellos son Briceño, Ituango, Valdivia, Cáceres, Tarazá, Caucasia y Nechí.

La crisis empezó el 28 abril de 2018 cuando un talud de tierra taponó uno de los túneles de desvío del río Cauca debido a las fuertes lluvias y a la inestabilidad del terreno, al que le siguió un segundo deslizamiento que ocasionó la creciente del embalse y, en consecuencia, la inundación del puente Pescadero que conecta a Medellín con Ituango y el desplazamiento de las poblaciones de Orobajo (Sabanalarga) y Barbacoas (Peque). Esta emergencia obligó a Empresas Públicas de Medellín (EPM), entidad responsable de la construcción, operación y administración del proyecto, a inundar la casa de máquinas para reducir el caudal del río.

Por si fuera poco, se presentó una serie de imprevistos naturales, técnicos y humanos en la operación de Hidroituango en lo corrido del último año, lo cual ha suscitado una serie de preguntas, debates, preocupaciones y, sobre todo, un exceso de veredictos vagamente fundamentados en la opinión pública. Algunos de ellos son verdaderamente alarmantes, como el número de víctimas que dejaría un posible rompimiento del embalse, las especulaciones sobre la debilidad y fragilidad de la presa, las dudas sobre el material con el cual está construida la represa, los cuestionamientos sobre los estudios geotécnicos de las cadenas montañosas de la región y las conjeturas en torno a la relación entre probables eventos sísmicos y la ruptura de los túneles de desviación. Entonces, ¿quién tiene la razón? ¿Y qué opina la academia?

/ Philip charry y Daniela Vargas.
/ Philip charry y Daniela Vargas.


El cañón que apunta al pueblo

Luego de que EPM decidiera inundar la casa de máquinas, donde están los transformadores y unidades de generación de energía para que el caudal del río Cauca desembocara al otro lado de la presa, un destaponamiento natural prendió las alarmas en el país. Se trató de un evento en el que la presión de las aguas del río, contenidas en el embalse, abrió uno de los túneles de desviación y generó una creciente inesperada del caudal, aguas abajo de la presa. Ante esta grave situación, EPM anunció una noticia aún más delicada: la probabilidad de que el río siguiera aumentando y pusiera en riesgo a los pobladores de Puerto Valdivia y los municipios de Tarazá y Caucasia.

“Desviar un medio como el río Cauca, con caudales que pueden llegar a unos 3.000 metros cúbicos por segundo sobre una zona que no está acondicionada geotécnicamente para ello, puede abrir concavidades al interior de la roca por la presión que ejerce el agua”, dice Germán Vargas Cuervo, geólogo de la Universidad Nacional y doctor en Ciencias de la Tierra de la Universidad Pierre et Marie Curie de París, Francia, sobre este delicado incidente. A ello, Jaime Iván Ordoñez, doctor en Ingeniería Civil con especialización en Hidráulica del Transporte de Sedimentos en Ríos y Costas de la Universidad de California, en EE.UU., también añade que el macizo rocoso, es decir, los relieves montañosos de la zona, está debilitado y nunca ha debido estar colmado de agua y sujeto a presión porque, en sus palabras, “si está saturado y lleno de agua, el líquido tratará de implosionar en las cavidades; entonces, para que el agua pase por los túneles, debería estar revestido y el macizo, inmune”.

Ordoñez fue uno de los invitados al foro ‘Entendiendo Hidroituango: realidades desde el contexto socioecosistémico y técnico’, convocado por el Instituto Javeriano del Agua, el grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA) y la Maestría en Hidrosistemas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el fin de comprender cuáles son las razones estructurales que motivan esta grave crisis. Este ingeniero civil destacó algunas de las razones por las que, según él, la presa colapsaría ocasionando una terrible avalancha sobre las poblaciones aguas abajo. Hidroituango, dijo, como la mayoría de las presas en Colombia, no están hechas de concreto sino de enrocado; esto significa, rocas sueltas acomodadas para recubrir un núcleo de arcilla impermeable; sin embargo, según él, esto reduciría la probabilidad de contención del agua, llevando a que este dique “dure lo que un cubo de azúcar en un pocillo de tinto”.

Jorge Alberto Escobar, doctor en Mecánica Computacional de Fluidos de la Universidad de Cornell, en EE.UU., explica que “el problema radica en que, como es una presa de tierra y sus partículas no están tan compactas entre sí como las del concreto, en el momento en el que el agua suba y se empiece a desbordar, su capacidad de arrastre podría movilizar el enrocado”, el cual caería directo como cañón de agua al pueblo. Las presas de concreto están diseñadas para servir como rebosadero, mientras que las de enrocado buscan  retener fluidos en diques con vertedero, tal y como sostiene el geólogo Germán Vargas.

Distribución
Hidroituango cuenta con dos túneles diseñados para la desviación temporal del agua en la margen derecha del río Cauca que se taponarán una vez entre a funcionar la represa; un vertedero para evacuación de crecientes en el embalse, controlado por cinco compuertas, y un túnel de descarga intermedia que administra el llenado del embalse y garantiza la descarga hacia aguas abajo de la presa.

Argelino Durán Ariza, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, agrega a esta discusión que “para hacer una presa de concreto se necesitan rocas muy competentes a sus lados ya que son el soporte de su cimentación, esto significa que la pared termina apoyada en las montañas de ambos lados y, si estas no son competentes, la presa no se podría hacer”. Por eso, en Colombia, la mayoría de los diques son hechos a base de enrocado, teniendo en cuenta que muchos proyectos hidráulicos están ubicados sobre fallas geológicas en las cordilleras nacionales que son relativamente jóvenes.

Una nueva alerta movilizó a cerca de 9.000 personas el 17 de mayo de 2018. Esta vez se trató de un deslizamiento de tierra que obstruyó el flujo del agua a través de la casa de máquinas e hizo que el líquido saliera a través de las galerías de tránsito o túneles para la movilidad de los trabajadores. El resultado fueron cuatro personas heridas y la evacuación masiva de las comunidades aguas abajo de la presa. La tragedia continuaba.


Un riesgo de carácter ambiental

Con el paso de los días, las noticias para los habitantes del Cauca mejoraban. De hecho, para el viernes 18 de mayo de 2018, el caudal ya había descendido cerca de un 20% al tiempo que 1.500 personas trabajaban a toda máquina para alcanzar los 410 metros de la cota, o pared de la presa, mientras evacuaban el agua por el vertedero lateral; pero una nueva emergencia sacudió a la población una semana después cuando un deslizamiento en la parte alta de la montaña obligó de nuevo a la evacuación de la población y la declaración de alerta roja.

Al mes siguiente, la Sociedad Colombiana de Ingenieros dio su parte sobre esta situación, asegurando que el proyecto es altamente riesgoso y ponía en peligro a las poblaciones aguas abajo de la presa. Esta información fue poco novedosa dado que el impacto social ya había sido anunciado el 30 de enero de 2009 en la licencia ambiental (Resolución No. 0155) entregada por el Ministerio del Medio Ambiente. Tal y como lo consigna el documento, los impactos de carácter social son:

“…afectación sobre los yacimientos arqueológicos, transformación de los sistemas culturales de la población, desplazamiento involuntario de los habitantes, afectación de sus condiciones de vida, alteración de la economía regional y generación de conflictos motivados por la presencia del proyecto”, solo por destacar algunos.

Sobre este tema, Juan Diego Giraldo-Osorio, profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la Javeriana y líder del grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA), argumenta que “los impactos sociales y ambientales de estas megaobras son pobremente valorados por la necesidad de obtener licencias ambientales”; además, enuncia la pérdida de la conectividad del río y la disminución de la carga de sedimentos y nutrientes como consecuencia del proyecto Hidroituango.

No en vano, Neyla Castillo Espitia, antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia y magister en Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, abordó, durante el foro javeriano, la relación que hay entre los cañoneros —habitantes de las partes bajas de las montañas— y montañeros —pobladores de las partes altas de las laderas del río Cauca— con las modificaciones en el ecosistema. Así reconoció que la reducción del caudal por la construcción de la presa no solo ha afectado las actividades económicas y alimentarias de los pobladores, porque al no tener subienda de peces, sus prácticas de intercambio de productos de pancoger (maíz, fríjol, yuca y plátano) se han disminuido; también aseguró que la actividad de barequeo, con la cual recolectan el oro para sus comunidades, ya no es como antes.


Responsabilidad como país

Una nueva contingencia advirtió Colombia el 11 de enero de 2019. Se decretó la alerta naranja al hallar un socavón de 18 metros de profundidad cerca a la casa de máquinas, al interior de la montaña. EPM respondió a esta situación con el cierre de una de las compuertas que dirige el agua desde el embalse a la descarga de máquinas, disminuyendo así el caudal aguas abajo de la presa y dejando cerca de 148 peces muertos; sin embargo, esta cifra no se aproxima a la masiva mortandad de especies y el grave daño ecológico que ocasionó del cierre de la segunda compuerta a inicios de febrero.

Además, mucho se ha hablado sobre los recientes eventos sísmicos que ha tenido el país durante los últimos días, inclusive, se especuló sobre la relación entre estos movimientos como el de Zapatoca, Santander, con magnitud de 5,4 en la escala Richter; en Planadas, Tolima, de 4,7, o el del pasado 19 de febrero en Chocó, de 4 grados según el Servicio Geológico Colombiano, y el desequilibrio de la presa. Sobre esto, el ingeniero Ordoñez, asegura que un temblor de estas magnitudes en la zona de Ituango podría ocasionar un derrumbe, en consecuencia, generar una onda y acabar con el proyecto.

Fuentes gubernamentales han expresado su preocupación por la estabilidad del terreno y las dos fallas geológicas sobre las cuales se ubica Hidroituango: Mellizo y Tocayo. Al respecto, el geólogo Germán Vargas sugiere que “como las condiciones del macizo rocoso han sido afectadas por la presencia de deslizamientos y hundimientos, entonces, la ocurrencia probable de un sismo en la zona afectaría las laderas del cañón del Cauca”; en oposición, Durán Ariza indica que “en el caso de Hidroituango, la presa tiene en su base cerca de un kilómetro de ancho y unos taludes estables; no es un monte pequeño, es una montaña. Por eso, este tipo de obras son muy estables, incluso desde el punto de vista sísmico se comportan muy bien”.

El Brendunco, como llamaban los aborígenes del siglo XVI al río Cauca, es feroz, profundo y, en sí mismo, misterioso. Es el punto de encuentro de más de 100 ríos que desembocan en él; el hogar de especies como el ave payador canela, el bagre rayado y la pacarana, un roedor, y el proveedor de 2.720 millones de metros cúbicos de agua para abastecer a Hidroituango.

Colombia tiene sus ojos puestos sobre este proyecto, y la academia, sus aulas para formación. “Teniendo en cuenta esta problemática, buscamos con nuestro programa que los estudiantes entiendan no solamente la practicidad de los sistemas hidráulicos sino también que tengan herramientas para hacer propuestas novedosas y concretas sobre posibles formas de manejar los inconvenientes propios de un proyecto hidroeléctrico como Hidroituango”, asegura Jorge Alberto Escobar, quien también es director de la Maestría en Hidrosistemas de la Javeriana.


Datos de interés

La semana pasada, el 27 de febrero, la Procuraduría General y la Contraloría General de la Nación se reunieron en la Universidad de Antioquia, junto a 40 representantes de comunidades e instituciones públicas y privadas para buscarle una solución a la problemática ambiental y social del proyecto. Un día después, EPM presentó su controversial participación en la subasta convocada por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), donde, según Jorge Londoño de la Cuesta, su gerente, Hidroituango aportará al país una potencia de 1.200 gigavatios en 2022. Respecto a este tema, el presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros sosiente que “una posibilidad muy buena para que no entremos a un racionamiento de energía es que el proyecto Hidroituango salga adelante. EPM es bastante optimista, yo ahora solo soy optimista y creo que el proyecto puede funcionar”.

Finalmente, el pasado viernes, el país presenció la entrega del estudio causa-raíz que la firma Skava Consulting hizo sobre el grave evento geológico que obstruyó el túnel de desviación del río Cauca el 29 de abril de 2018; según su análisis, esta emergencia ocurrió por la erosión progresiva de las rocas en el piso del túnel auxiliar de desviación con el flujo a presión del caudal; sin embargo, el estudio sugiere que el error se debió a “una deficiencia en el diseño durante la etapa de asesoría, el cual estuvo a cargo del Consorcio Generación Ituango (Integral – Solingral), a quien le corresponderá dar las explicaciones técnicas pertinentes”, tal y como cita EPM en su más reciente comunicado.

Hidroeléctricas, ¿energía amigable con el medio ambiente?

Hidroeléctricas, ¿energía amigable con el medio ambiente?

Un equipo de biólogos y ecólogos camina por las calles del corregimiento de Berlín, al nororiente del departamento de Caldas. No es la primera vez que la ingeniera agroforestal Milena Camargo y el biólogo José Ignacio Barrera asumen el papel de inspectores medioambientales. Con libreta en mano y las botas negras de caucho bien puestas, recorren hectáreas enteras de las veredas Moscovita, Montebello, La Reforma y La Carolina, ubicadas en el municipio de Norcasia; los mismos lugares donde años atrás quebradas los abastecían con agua y ahora, con la implementación de obras hidráulicas, se han secado. De los árboles frutales y cultivos de zapote, yuca, fríjol y maíz que se sembraban en la zona queda muy poco, eso lo saben bien las comunidades afectadas con la construcción del Trasvase Manso en la Central Hidroeléctrica La Miel I.

Esta historia inició con la empresa HidroMiel S.A y el consorcio Miel I, integrado por varias constructoras, que hicieron el estudio de viabilidad del proyecto y su diseño. Sin embargo, en el año 2000 la generadora de energía Isagen se interesó en el potencial hídrico del oriente de Caldas con los afluentes de los ríos Guarinó, La Miel, Moro, Manso, Samaná Sur, Pensilvania y Tenerife. Para conseguirlo, inició la construcción de Pantágoras, un gran muro de contención de más de 180 metros de altura con la capacidad para almacenar 570 millones de metros cúbicos de agua. Actualmente es considerada como una de las presas más altas de Colombia y la quinta central eléctrica con mayor capacidad para producir energía en el país.

Actualmente, en Colombia existen alrededor de 43 hidroeléctricas en la cuenca del río Magdalena, de las cuales 33 están en operación. Sin embargo, las metas para la generación de electricidad a 2050 supera la implementación de 100 proyectos más.

En 2010 este ambicioso proyecto ya contaba con el Transvase Guarinó, una obra hidráulica ubicada en límites con el departamento del Tolima y con la capacidad de generar más de 308 GWh/año, cifra que se aproxima a la cantidad de energía necesaria como para encender más de 720.000 televisores LCD por un año durante las 24 horas del día.

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Sin embargo, el verdadero problema para la región empezó el 24 de noviembre de 2006 cuando el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le otorgó la licencia ambiental numero 2282 a Isagen para construir el Transvase Manso, con el cual redireccionaría el cauce del río Manso hacia el embalse Amaní para potenciar la capacidad de la hidroeléctrica. Según indica el documento, esta iniciativa buscaría “…optimizar el aprovechamiento de caudales del río Manso mediante obras de infraestructura de trasvase y operación de las mismas”.

La construcción, en los límites de los municipios de Samaná y Norcasia, inició operaciones en el 2013 pero trajo consigo delicados resultados: 18 quebradas secas, una parcialmente seca y tres con caudales disminuidos, afectando los recursos hídricos de veredas como Lagunilla, La Samaria y el corregimiento de Berlín y sus cultivos.

Además, para redireccionar las corrientes hídricas del río Manso al embalse fue necesario hacer un túnel de 4.015 metros de largo y 300 metros de profundidad, el cual contaminó los acuíferos —bolsas de agua subterránea— y ocasionó su filtramiento dentro de la estructura, cortando su cauce natural hacia aguas superficiales.

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Según Daniela Rey, estudiante de Ecología de la Pontificia Universidad Javeriana, este tema es importante porque “uno de los grandes efectos que generó la construcción de la hidroeléctrica La Miel I fue el rompimiento de los acuíferos y la pérdida del agua subterránea, lo cual, con el tiempo, dejó sin agua algunas zonas y comunidades”.

Ante el hecho, a finales del 2011 la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales —ANLA— impuso una medida preventiva de suspensión a Isagen para el inicio de operaciones del Trasvase del Río Manso al Embalse de la Central Hidroeléctrica La Miel I, luego de que el Comité Veedor del proyecto enviara al Ministerio de Ambiente un documento con sus inquietudes sobre la construcción del Transvase y las afectaciones medioambientales ocasionadas con esta obra en la región. Según el texto:

“Ponemos en conocimiento la existencia de una falla al interior del túnel que aporta al menos 15 litros de agua por segundo, y hasta el momento los dueños de la obra (Isagen) lo manejan sin tener la más remota idea de cuál pudiera ser la solución”, indicó Conrado Rojas Ocampo en representación del Comité Veedor.

Luego, una inspección hecha por profesionales de la ANLA, consignada en la Resolución 0300 de diciembre 29 de 2011, encontró que:  “…una rana endémica del Magdalena Medio (Pristimantis viejas) y una salamandra (Bolitoglossa lozanoi), esta última listada como amenazada en la categoría Vulnerable […] podrían verse directamente amenazadas por la afectación del recurso hídrico, del cual dependen su reproducción y la supervivencia de sus poblaciones”.

Esta obra hidráulica, al igual que muchos otros proyectos son un claro ejemplo del impacto medioambiental, económico y social que ha ocasionado la incursión de la mano del hombre en el ecosistema, especialmente en los sistemas acuáticos. Vale la pena recordar el caso de Hidroituango, presa sobre el río Cauca, entre el municipio de Ituango y el corregimiento de Puerto Valdivia, en Antioquia, que alertó al país luego de que se presentaran fallas en su estructura con la obstrucción en la salida de agua de la casa de máquinas, poniendo en riesgo la vida de 113.000 personas; o El Quimbo, en el departamento del Huila, presa responsable de afectar las actividades económicas de los habitantes de la región tras haber inundado zonas altamente productivas.

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Buenas prácticas de restauración ecológica

Volviendo al proyecto La Miel I, Isagen compró más de 460 hectáreas para desarrollar programas de restauración ecológica de los ecosistemas acuáticos y terrestres, resarciendo así sus acciones y comprometiéndose a implementar un plan de orientación psico-social a las comunidades vulneradas.

En 2015 buscó a la Escuela de Restauración Ecológica de la Javeriana, liderada por el docente José Ignacio Barrera Cataño, para diagnosticar cooperativamente el impacto ambiental que tuvo la implementación de la obra en la zona y crear un programa de restauración ecológica apropiado para la región.

Según Milena Camargo, coordinadora javeriana del proyecto, “nuestro objetivo consistió en evaluar cómo estaba el área afectada, revisar la vegetación y caracterizarla, diagnosticar el impacto en el suelo y, por último, conocer la conformación social de las comunidades”. De este surgieron el Plan de Restauración Ecológica Trasvase Rio Manso y el Plan de Conservación de la especie Gustavia romeroi, conocida como ‘chupo rosado’, iniciativas que, tal y como lo indica Héctor Javier Sandoval, representante de Isagen, “se espera replicar en una mayor magnitud en otras fincas afectadas, a sus propietarios y trabajadores”.

Hasta ahora los investigadores han implementado dos de tres etapas del proyecto: evaluar el impacto que dejó la construcción del transvase y desarrollar las estrategias de rehabilitación del ecosistema acuático y terrestre. Sin embargo, aunque este trabajo resulta ser un recurso para restablecer la conectividad del medio ambiente, el verdadero problema radica en las consecuencias irremediables que deja la construcción de hidroeléctricas.

De acuerdo con investigaciones hechas por Javier Maldonado, docente de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, junto a académicos internacionales sobre el impacto de las hidroeléctricas en la cuenca Depresión Momposina, la construcción de estas obras altera el hábitat de los peces de agua dulce que habitan los afluentes dado que las presas obstruyen su movimiento natural; además dificultan el flujo de nutrientes provenientes de los sedimentos a los ríos y planicies de inundación, represados por los muros de contención, y, en casos como el de Norcasia, destruyen los acuíferos encargados de equilibrar el ecosistema, nutrir de agua los hábitats húmedos, como lagos y suelos, y abastecer a las comunidades.

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Aunque las primeras leyes que avalan la producción de energía a partir de hidroeléctricas y la construcción de plantas para su tratamiento en Colombia son la Ley 113 de 1928 y la Ley 26 de 1938, el verdadero problema radica en las prácticas para la generación de energía y los estudios para la construcción de obras.

Esto significa que el problema no es tomar el agua sino saber de dónde se toma y cómo. Según Barrera, “las hidroeléctricas deben buscar el menor daño posible, pues siempre existirá un riesgo para el ecosistema, sea con energía hidráulica, eólica o  solar”. Por ejemplo, añade, “a lo largo de la historia se han construido cientos de embalses donde ha habido ciudades. Los romanos traían el agua de las partes más altas de sus tierras a las más bajas, mediante canales, y así su preocupación no era tomarla, sino saber de dónde y cómo hacerlo correctamente”.


El negocio de la energía en Colombia

“Colombia goza de tener muchas líneas eléctricas, en diferentes voltajes, para llevar la energía a cualquier lugar del país”, dice Sandoval; sin embargo, esta información se queda corta respecto a la magnitud de energía que se produce en el país.

De acuerdo con XM, empresa adherida a ISA, grupo empresarial multilatino que trabaja en la compra, venta, transferencia y gestión de energía eléctrica, las fuentes para su producción en Colombia no sólo corresponden a la hidráulica, sino también a la solar, la eólica, combustibles fósiles y la biomasa.

La producción de energía durante mayo de 2018 en Colombia fue de 186,5 GWh/día, según XM, de la cual un 85,68% se originó de combustibles renovables (84,97% fue hidráulica, 0,64% de biomasa, 0,05% de eólica, y 0,02% de solar), mientras que el 14,32% restante correspondió a combustibles fósiles no renovables como el carbón, el petróleo o el gas natural.

En ese sentido, los aportes energéticos no solo corresponden a los 23 embalses que tiene Colombia, ubicados en las regiones Caribe, Antioquia, Centro, Oriente y Valle, con capacidad hidráulica para producir energía de más de 10.944 MW, sino que también se debe a fuentes eólicas como Celsia Solar Yumbo, la primera granja de energía solar del país con la capacidad de generar 18,42 MW, o fuentes térmicas de biogás como el Relleno Sanitario Doña Juana, que produce alrededor de 1,70 MW.

De las 140 hidroeléctricas que están actualmente en funcionamiento, construcción o proyección en el país, sólo 27 cuentan con una licencia ambiental otorgada por la ANLA; las demás son licenciadas por las corporaciones autónomas regionales, según esta institución.

¿Por qué empresas como Isagen, dueña de cinco centrales hidroeléctricas en Colombia, con una capacidad total instalada en ellas de 2.212 megavatios, se interesa en potenciar su operación?

Esto se debe a que Colombia cuenta con ricos corredores hídricos y una ubicación geográfica privilegiada que garantiza continuas precipitaciones en el territorio, que elevan los niveles de los ríos y llevan la capacidad de almacenamiento de los embalses hasta el tope. Por ello, las centrales hidroeléctricas deben vertir mayor cantidad de agua a través de tuberías para empujar las turbinas al interior de la presa, que a su vez hacen girar un generador, el cual convierte la energía del movimiento en electricidad a partir de imanes y circuitos; así, a mayor cantidad de agua, mayor producción de energía para transportar y comercializar, aunque se pierda de vista el impacto medioambiental que trae consigo.

Hoy el país exporta energía  a dos líneas en Ecuador (Tulcan – Panamericana y Jamondino Pomasqui) y tres en Venezuela (Cuestecitas – Cuatricentenario 1, Corozo – San Mateo y Cadafe – Zulia 1).

A pesar de que la Hidroeléctrica Central La Miel I cuenta con más de 570 millones de metros cúbicos capaces de producir hasta 390 MW, a la fecha el municipio de Norcasia registra alrededor de 123 suspensiones del servicio de energía prestado por CHEC Grupo EPM, un balance desproporcionado considerando que es una de las presas que más energía produce en el país a pesar de las consecuencias medioambientales y sociales que dejó la implementación del Transvase Manso en la región.

Norcasia E1-3

Por ahora, la Escuela de Restauración Ecológica visita mes a mes las mismas veredas que recorrió en principio para evaluar estrategias como la siembra de plantas nativas, la limpieza de las bocatomas del corregimiento de Berlín y la concientización social sobre el cuidado que requiere el ecosistema, con el fin de rehabilitar los nacimientos de agua y el servicio hídrico a las comunidades.

Efectos de hidroeléctricas: urge una visión integral

Efectos de hidroeléctricas: urge una visión integral

Como el aleteo de la mariposa que puede tener repercusiones en el otro lado del mundo, las hidroeléctricas no solo impactan en el sitio donde se construyen, también sus efectos se sienten a cientos y miles de kilómetros aguas arriba o aguas abajo del río que se represa.

En la cuenca del río Magdalena, las 33 hidroeléctricas operando y dos en construcción de tamaño grande y mediano están alterando la salud del afluente como un todo y de las planicies inundables de la Depresión Momposina, al norte de Colombia, en los departamentos de Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre. La evaluación para construir otras 99 posibles iniciativas y cumplir las metas de capacidad de generación de electricidad a 2050 tendrá que estar sustentada en un enfoque integral, para que los estudios de impacto ambiental no se limiten a analizar el ecosistema puntual donde se planean ubicar sino tengan en cuenta los efectos que su construcción puede generar en toda la cuenca.

Esta es una de las conclusiones del artículo científico publicado a comienzos de mayo en Hydrology Earth Systems Sciences por investigadores colombianos, estadounidenses y holandeses, titulado Basin-scale impacts of hydropower development on the Mompós Depression wetlands, Colombia.

El artículo, resultado de investigaciones desarrolladas por más de cuatro años, envía un mensaje clave a los tomadores de decisión: “Es necesario hacer la planificación teniendo en cuenta el impacto acumulado de todos los proyectos en toda la cuenca, y no proyecto por proyecto”, explica uno de sus autores, Héctor Angarita, investigador del Instituto de Ambiente de Estocolmo. “Dejemos de ver esto a escala de los proyectos individuales, que es lo que generalmente hacemos en el contexto institucional actual de Colombia”, dice y sugiere tener en cuenta consideraciones ambientales y sociales del sistema hidrológico integral porque “en la actualidad, hay lugares que están muy afectados”.

Un impacto que es evidente y evalúa el artículo es la afectación sobre las especies de peces migratorios, por encontrar barreras cuando nadan aguas arriba para cumplir parte de sus ciclos de vida: “Los peces perciben las señales que la dinámica natural de los periodos de aguas bajas, aguas altas y sus transiciones les envían, para iniciar los procesos de migración desde las partes bajas del río hacia aguas arriba y, de esta forma, llegar a sus áreas de desove. Sin embargo, resulta que esas rutas ya prácticamente están colapsando por el bloqueo que significa los muros de las hidroeléctricas”, dice el ecólogo Javier Maldonado, de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Maldonado no solo está preocupado porque, como estudia los peces y es un experto en ellos, los quiere vivos; es que allí, en la Depresión Momposina, se desarrolla una de las principales pesquerías de la cuenca del Magdalena, basada principalmente en especies migratorias, y especies emblemáticas como el bocachico –Prochilodus magdalenae– o el bagre rayado –Pseudoplatystoma magdaleniatum–, sufren las consecuencias de la perturbación al caudal natural de los ríos. La fragmentación incluso puede aumentar el riesgo de extinción de esas especies, como fue demostrado en otro estudio publicado en 2017 por Maldonado y colaboradores. Este es el mejor ejemplo de que aquello que sucede en las zonas bajas depende de eventos que ocurren aguas arriba, a muchos kilómetros de distancia.

Los autores usaron un software para proyectar los efectos potenciales de la expansión de hidroeléctricas en la Depresión Momposina a 2050, que no solamente tiene en cuenta los aspectos ingenieriles sino también factores socioeconómicos y agrícolas. “Habíamos construido un modelo para toda la macrocuenca del Magdalena en la herramienta WEAP (Water Evaluation and Planning System). Lo que hacía falta para representar correctamente los procesos que determinan el movimiento del agua dentro de la cuenca era entender las planicies inundables”, explica Angarita, ingeniero civil con maestría en hidrosistemas y candidato a PhD. Eso significa todo lo que puede alterarse porque el río no solamente depende de la conexión longitudinal de su canal principal, es decir, desde donde nace hasta donde desemboca. “También existe una conectividad lateral”, agrega Maldonado, refiriéndose a todo lo que lo rodea. “E s muy importante porque es la que determina, por ejemplo, la persistencia en el tiempo de todos los sistemas cenagosos, base de la pesca de la cuenca del Magdalena, así como de muchas actividades agrícolas de la cuenca que se desarrollan en las zonas de planicie”.

Si se perturba esa dinámica del agua, es decir, la interdependencia entre el río y sus planicies inundables, el sistema colapsa y su naturaleza muere. “Diseñar las nuevas capacidades de esta herramienta para modelar este componente de intercambio de aguas entre los ríos y las planicies inundables fue una de nuestras innovaciones en esta investigación”, afirma Angarita.

Así, el estudio concluye que en las condiciones actuales ya se han alterado significativamente la macrocuenca y los humedales de la Depresión Momposina: “En particular, la pérdida de conectividad longitudinal de los hábitats de desove de los peces migratorios (-54%) y la disminución del transporte de sedimentos (-39%), mientras el régimen y la variabilidad hidrológica de los humedales se mantienen cerca de las condiciones naturales a una escala temporal mensual”.

Si se aplican las proyecciones a 2050, el escenario puede empeorar. La construcción y operación de hidroeléctricas podría descompensar el ciclo natural de las aguas dulces que recorren nuestro territorio. Abrir las compuertas para que el agua fluya de manera artificial hará que todos los procesos ecológicos naturales que dependían de la dinámica natural de la cuenca se pierdan totalmente, y eso implica pérdida de productividad en especies de interés económico y cultural.

El flujo natural del agua en la cuenca es importante pero también lo es la sedimentación natural de los ríos, que es la que transporta los nutrientes. Esa también se está perdiendo. “Los muros de las represas de las hidroeléctricas no solo tienen efectos en contención del flujo de agua, sino que también atrapan y acumulan los sedimentos que deberían llegar aguas abajo para aportar nutrientes al río y a las planicies de inundación”, explica Maldonado. En consecuencia, disminuyen los peces… y la pesca. Entre otros impactos que genera la ausencia de sedimentos en los ecosistemas aguas abajo, se incluye la transformación del paisaje y hábitats de los ríos a lo largo del tiempo.

Paisaje desde la Hidroeléctrica El Quimbo, en el departamento del Huila.
Paisaje desde la Hidroeléctrica El Quimbo, en el departamento del Huila.


Los científicos proponen

“Los ríos son estructuras jerárquicas y anidadas que están conectados y sobre esa característica particular son muy sensibles a intervenciones puntuales”, explica Angarita. Un solo embalse en el lugar equivocado puede destruir completamente los procesos ecológicos de la cuenca; si se pone en otro lugar, es posible tener el mismo beneficio sin afectar todo el sistema. “La propuesta es que, en la identificación de nuevos proyectos, los impactos a escala de toda la cuenca sean considerados y se evalúen las medidas apropiadas para evitar o minimizar efectivamente sus consecuencias negativas y riesgos sociales y ambientales, a la vez que se obtienen los beneficios de estas obras”.

La bióloga javeriana Juliana Delgado, investigadora de The Nature Conservancy y coautora de la publicación, remató: “Lo que hemos podido analizar con las herramientas y el marco metodológico que TNC ha venido implementando en la cuenca del Magdalena-Cauca con autoridades ambientales nacionales y regionales y otros actores, es que tenemos un rango amplio de oportunidades para tomar mejores decisiones si consideramos los riesgos ambientales y sociales en etapas tempranas de la planificación de proyectos hidroeléctricos. El análisis, con una visión integral y a una escala adecuada, es indispensable para evitar o disminuir riesgos ambientales y sociales en la expansión del sector hidroeléctrico, que de otra forma no son considerados o son subestimados”.

Con lo sucedido recientemente en la represa de Hidroituango, el proyecto hidroeléctrico más grande del país construido en el río Cauca, principal tributario de la cuenca del río Magdalena, “en este momento cobra más importancia demostrar el potencial de este tipo de análisis”, afirma Delgado.

En los escenarios contemplados por los investigadores está Hidroituango porque, continúa, “es parte del ‘estado actual’ de la cuenca, en términos de impactos acumulativos por fragmentación de la red fluvial, con la pérdida del 28,8% de la conectividad original de la red principal de la macrocuenca, la alteración hidrológica del río Cauca y el atrapamiento de sedimentos del 79,2% en este mismo río”.

“Sin embargo”, concluye, “en las evaluaciones que hemos hecho excluyendo este proyecto de la línea base, el rango de opciones para evitar y disminuir impactos acumulativos en la cuenca es mucho mayor”.

En conclusión, no se trata de satanizar las hidroeléctricas sino de reconocer y minimizar los impactos con alternativas viables. Es claro el interés del país en aprovechar los privilegios de su geografía con fines hidroenergéticos, pero también lo es que a nivel mundial existe la tendencia a moverse hacia otras formas de producción de energía menos impactantes, tanto ambiental como socialmente. Tanto así que, por ejemplo, en Europa existe toda una iniciativa de remoción de sus hidroeléctricas. ¿Cuál será el camino que Colombia tomará al respecto?