Un año lleno de ciencia e historias

Un año lleno de ciencia e historias

Acabamos de vivir un año intenso en todo sentido, en el cual no solo definimos un nuevo rumbo en Colombia para el próximo cuatrienio, también vibramos con los triunfos de nuestros deportistas, nos sorprendimos con novedosos descubrimientos, sufrimos con tragedias y trabajamos, a nivel personal, por lograr cada una de las metas propuestas.

Para Pesquisa Javeriana, 2018 fue un año lleno de inmensos retos representados en nuevos proyectos, la posibilidad de ofrecerles a nuestra audiencia nuevos formatos y la firme confianza en contar historias, con el más alto rigor periodístico, y con las cuales buscamos que la ciencia saliera del aula, del libro y del laboratorio donde se construye.

¿Con qué objeto? Para que cualquier persona, en Colombia o en otro lugar del mundo, con un saber profundo sobre ciertos temas o con una curiosidad sencilla, pueda acceder al conocimiento forjado desde la Pontificia Universidad Javeriana y aplicarlo a su vida cotidiana, con la esperanza de que así no solo encuentre las respuestas a las preguntas que lo agobian: también para que genere nuevas preguntas, y acepte el reto de responderlas.

Ha sido un año especial, en el que abordamos cuestiones tan importantes para la vida diaria como el acoso femenino en el transporte público, nuevos y esperanzadores tratamientos en salud, innovaciones en transporte lunar, los desafíos del arte, entre muchos otros temas.

Por ello, queremos compartirles nuestras mejores historias, esperando que nos sigan acompañando en este 2019 lleno de renovados desafíos y proyectos, en los que queremos seguir trayendo la ciencia javeriana al alcance de todos. Y, por supuesto, en el que nos embarcaremos en nuevas y apasionantes historias.


1.
Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

/Lisbeth Fog Corradine
/Lisbeth Fog Corradine

Todo está dispuesto para que el presidente Iván Duque cree el nuevo Ministerio de la Ciencia. Sin embargo, desde inicios de 2018, Pesquisa Javeriana viene advirtiendo del profundo y estructurado desorden que vive el sistema de ciencia y tecnología en el país, al igual que ha analizado sus profundos retos. En su columna, Lisbeth Fog, nuestra editora general, abordó esta cuestión desde el germen mismo de esta nueva institucionalidad científica: Colciencias.


2. Efectos de hidroeléctricas: urge una visión integral

/Cortesía, The Nature Conservancy
/Cortesía, The Nature Conservancy

La emergencia de Hidroituango puso sobre la mesa el riesgo de este tipo de proyectos tanto para las poblaciones cercanas como para el medio ambiente. Por ello, destacamos las graves consecuencias ambientales que tiene para la Depresión Momposina la construcción de los proyectos hidroeléctricos en la cuenca del río Magdalena-Cauca.


3. El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

2018 Arbitro
/Joan Philip Charry

El Mundial de Fútbol Rusia 2018 nos llevó a indagar sobre la relación que la ciencia ha tenido con el deporte rey. Así nos sumergimos en la investigación de Andrés Rosas, decano de Economía de la Javeriana, sobre el posible favoritismo de los árbitros hacia el equipo local, el cual se manifiesta con mayor frecuencia al añadir tiempo de reposición si éste va abajo en el marcador.


4. Marco, el vehículo javeriano en la Nasa

/Cortesía, Giovanni Viteri
/Cortesía, Giovanni Viteri

Un desafío planteado por la Nasa llevó a 15 estudiantes javerianos de Diseño Industrial a desarrollar, en tiempo récord, un vehículo espacial para recorrer la superficie de cuerpos celestes en futuras expediciones espaciales. Así revivimos las vertiginosas horas de este desarrollo que concursó con otras propuestas internacionales.


5. Siguiéndole los pasos a Humboldt

/Cortesía, Editorial Javeriana
/Cortesía, Editorial Javeriana

2018 fue el año para recordar la obra del naturalista y expedicionario alemán Alexander von Humboldt. Y fue gracias a Humboldtiana neogranadina, la voluminosa reconstrucción liderada por Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana, sobre los viajes que el científico europeo realizó a nuestras tierras a comienzos del siglo XIX, que Pesquisa Javeriana realizó un especial periodístico sobre su memoria.

En este podcast nos centramos en el desafío de reconstruir los pasos de Humboldt casi dos siglos después.


6. La educación no salva a las niñas

/Joan Philip Charry
/Joan Philip Charry

Ser mujer en Colombia es una labor complicada. Las constantes denuncias de violencia de género, manifestadas en cuestiones como el acoso sexual en el transporte público, han llevado al país a adoptar legislaciones especiales para proteger a la mujer, pero es un trabajo en el que falta mucho por hacer. Aún quedan problemas estructurales como esta investigación desarrollada por las investigadoras javerianas Luz Karime Abadía y Gloria Bernal, sobre la desventaja que las niñas deben enfrentar desde el salón de clase y que puede comprometer su futuro.


…Y una mención especial

/Joan Phillip Charry - María Paula Ramírez
/Joan Phillip Charry – María Paula Ramírez

Dentro de las metas que nos propusimos para 2018 estuvo siempre el desafío de construir puentes entre la comunidad científica y la población. Y una de nuestras mayores felicidades se produjo cuando Viviana Garzón, estudiante de grado Once en el Colegio Rural El Uval, en Usme, llamó a nuestras oficinas para preguntarnos sobre el retamo espinoso.

Esta sencilla indagación nos llevó a organizar, de la mano de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Javeriana, una jornada académica en esta institución escolar, en la cual los académicos javerianos le enseñaron a la comunidad las estrategias para controlar esta especie invasora.

¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

Bienvenidos a La Claraboya de Pesquisa Javeriana, nuestro podcast de ciencia para personas que no son expertas en ciencia.

Después de las emociones y sentimientos que ha dejado el mundial de Rusia en los corazones colombianos y en la recta final donde los finalistas son Francia y Croacia, Pesquisa Javeriana y La Claraboya reviven las festivas y folclóricas narraciones de fútbol en la radio colombiana, esas que han acompañado a su audiencia a lo largo de la historia mientras se sufre o se goza en los partidos; voces alegres que alientan al público cuando el equipo está caído y hacen vibrar los corazones con la entonación de los goles.

El invitado en esta ocasión es William Zambrano, periodista deportivo y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, quien ha dedicado su vida a estudiar las transformaciones de la radio. Creador de libros resultado de sus investigaciones como Tras las barras bravas: prácticas comunicativas, identidad y cultura (2014) y Tarjeta Amarilla al periodismo colombiano (2000), Zambrano vio crecer la radio y con ella a los narradores colombianos. Hoy remueve el pasado.

También hay espacio para la ciencia

También hay espacio para la ciencia

Hoy domingo 17 de junio circula la edición número 44 de Pesquisa Javeriana, la revista de divulgación científica y tecnológica de la Pontificia Universidad Javeriana, que circula con las edición dominical que el diario El Espectador le envía a sus suscriptores.

Encuentre en nuestras páginas los siguientes temas :

  • Un reportaje sobre cómo los viveristas cundinamarqueses están transformando, gracias a la genética, el cultivo de orquídeas.
  • La investigación que revela cómo la nicotina podría curar enfermedades degenerativas como el mal de Parkinson.
  • El trabajo comunitario con habitantes de Ciudad Bolívar que ayudó a replantear el significado de la fe.
  • El hallazgo que permitió cambios vitales en el sistema de salud de la Guajira.
  • Las relaciones existentes entre la salud oral y las enfermedades cardiovasculares.
  • La unión de prácticas médicas que permitió mejorar las vidas de los pacientes de enfermedades raras en Colombia.
  • Perfil de Sandra Baena, la bióloga javeriana que ha dedicado su vida a la investigación de microorganismos.
  • La politóloga María Alejandra Quintero nos cuenta su trabajo con las comunidades del Valle del Cauca.
  • ¿Por qué la Selección Colombia de Fútbol invita a la unidad en momentos en los que las tensiones políticas parecen alejarnos?
  • En nuestra editorial, el voto de confianza que el sistema de ciencia colombiano ha depositado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana invita a todos los interesados a asistir al Tercer Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, que se llevará a cabo en el campus de Bogotá del 10 al 14 de septiembre del presente año.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.

La belleza de la debacle

La belleza de la debacle

N Samper Col

Suena chistoso pero las mejores historias pueden aparecer en los lugares áridos llenos de hombres observando, desde un escalón inferior, a los que con dientes perfectos de teclas de piano se besan y se abrazan mientras agitan los brazos haciendo un ruido extraño, gutural, que se intensifica cuando levantan la copa para demostrar que sí, que no hay mejores que ellos.

Los que están abajo, guardando la medalla de plata en el bolsillo, son un poco como nosotros: cargan un doloroso día de fracaso en su vida por cuenta de una final perdida. Y si hablamos de usted o de mí, las instancias definitivas que se fueron con saldo en contra son más que las vencidas. Porque la vida se encarga de hacernos perder la mayor cantidad de finales que estamos disputando mano a mano, a un solo juego y con gol de oro, sin penales para definir. Nos equivocamos decidiendo sobre el futuro de nuestra vida y cuando entramos en una crisis sin final como el club que a punta de malas decisiones está a punto de perder su lugar en primera división nos espabilamos para arañar la salvación. Y, como en la vida real, a veces esos esfuerzos gestan una inesperada hazaña que puede ser la de seguir viviendo, por ejemplo–, pero no siempre ocurre que se da ese final feliz que nos brindará un respiro y un descanso pensando en la temporada venidera, y de esa manera reordenarnos. ¿En cuántas ocasiones nos hemos ido a la B?

Vivimos más como un club de media tabla para abajo: a veces podemos jactarnos de alguna pequeña alegría. Por ejemplo, una conquista amorosa impensada para nosotros que, en términos futbolísticos, puede ser como ese día en que el Osasuna de Pamplona fue a visitar al encopetado Real Madrid, por allá en 1991, y con tres goles de un largo polaco llamado Jan Urban se llevó el triunfo 4-0. Claro, cuando nos termina la mujer inalcanzable era de esperarse, como si en un párrafo pequeño leemos que un día el Osasuna descendió y a nadie sorprende.

Hay valores y escalas de satisfacción, porque a veces la satisfacción no es el placer en sí mismo: en muchas oportunidades resume el final de un padecimiento. Haga de cuenta que es como ir a sacar el RUT, dejar un par de cuentas de cobro sin que algún funcionario las devuelva, sacar por fin el carro de los patios del Tránsito o vencer en un tribunal al policía que se ensañó contra uno el día en que decidió ponernos una multa que no correspondía.

Cuando el universo se pone a favor y llega la buena noticia su RUT está listo, no devolvieron la consignación hecha sobre la hora, pagó la deuda adquirida con el banco, sentimos que saltamos tan alto como Pelé en aquel cabezazo que deja desairado a Albertosi en la final del 70. Nos vemos tan grandes como Jorge Luis Burruchaga cuando alcanza a tocar con la punta del pie el balón ante la salida temeraria de Harald Schumacher el día que les da a los argentinos su segunda Copa del Mundo. Es la sensación de que por fin tuvimos ese sabor de ahorcar del pescuezo al sistema.

Y justo cuando todo parece por fin dominado, salimos a celebrarlo con la tarjeta de crédito que acabábamos de dejar en cero, porque somos así: después miramos de dónde sacamos para volver a pagar.

Con esa consigna, la de ir a pérdidas de inicio para sentir que a veces se puede estar en superávit, han aparecido libros como Bestiario del Balón, Bestiario de la TV colombiana, Por eso estamos como estamos y, ahora, Lo que el fútbol se llevó. Y todas las historias allí escrutadas cuentan con eso: la esperanzadora opción de encontrar la belleza en las piedras. En la debacle.


 

*Periodista deportivo, columnista y escritor. En su más reciente libro, Lo que el fútbol se llevó, editado por Planeta, recopila historias raras, extrañas y non sanctas de los mundiales de fútbol.

El fútbol que nos une

El fútbol que nos une

Historias de frustración, de llanto y derrota, pero al mismo tiempo de esperanza, de alegría y unidad. Son diversos los relatos que se tejen alrededor de un deporte como el fútbol, que, además de aglutinar, ayuda a construir la historia de un país socialmente fragmentado como los es Colombia.

Un tema que ha estudiado Andrés Dávila, director del departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, desde la óptica del politólogo, y Jorge Cardona, director general de El Espectador y departamento de Comunicación, a partir del enfoque periodístico.

De la mano de ambos recorrimos aquellos episodios en los que el fútbol ha marcado la historia tanto deportiva como política, social y cultural del país. El siguiente es el registro de nuestra charla:

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

En el campo 22 hombres corren y sudan sin derecho a equivocarse; los compran, los venden, los prestan a cambio de dinero, y cuando son mayores se retiran. En el campo verde está el ídolo que, con sus gambetas, pies prodigiosos, rapidez inalcanzable y goles eternamente memorables deleita a los hinchas, técnicos, compañeros y rivales. Los seguidores en las gradas, sin ellos el juego no sería el mismo: se casan con un equipo y lo alientan con fervor, saltan, gritan, se agitan, se comen las uñas y esperan el milagro. El director técnico, “el profe”, da instrucciones, advierte de desajustes, grita, trata de tranquilizarse y recompone el orden.

Y luego, en medio de todos, está al que le dicen chulo, tirano, dictador, verdugo y vendido; el amado, odiado y siempre respetado en el campo, el árbitro.

Antes identificados por su unánime vestimenta negra, el árbitro central, con silbato en boca, cronómetro en mano y acompañado por todo un equipo de jueces que custodian las bandas; el arbitraje hoy representa una verdadera profesión con la responsabilidad de tomar decisiones que definen el rumbo de los equipos en cuestión de segundos. No hay tiempo de dudar del silbido que anula el gol de la salvación, tampoco hay derecho a cuestionar la amarilla o la roja que sale del bolsillo, pues sin temblor en la mano y con ímpetu debe ser capaz de imponerla.

En consecuencia, todo esto puede implicar altos niveles de presión para los jueces y tensiones emocionales por la coerción social o motivos psicológicos que pueden influir significativamente en sus decisiones. Así lo demuestra la investigación Referee bias in profesional soccer: Evidence from Colombia (Árbitro parcializado en el fútbol profesional: Evidencia de Colombia), liderada por los profesores Juan Mendoza, de la peruana Universidad del Pacífico, y Andrés Rosas, decano del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes, tras referenciar trabajos académicos de Europa que pretendían estudiar el sesgo arbitral en las grandes ligas profesionales a partir de la medición del tiempo de descuento, identificaron, de la misma manera, el sesgo en la liga profesional de fútbol colombiano, una de las más importantes de Suramérica.

Para lo anterior, hicieron más de 1.600 observaciones que abarcaron todos los juegos de primera división entre 2005 y 2010. “Tomamos únicamente los partidos en los que el equipo local iba ganando por un gol y los comparamos con el tiempo de descuento, controlando así las variables de tiempo agregado tanto al final de la primera mitad como de la segunda, al igual que el número de sustituciones, tarjetas amarillas y rojas, las penalizaciones y los goles anotados. También tratamos de identificar los posibles factores que podían influir en el sesgo, como la importancia del partido, la etapa del campeonato y la violencia de la ciudad local”, explica Rosas.

Sin duda, el árbitro debe tomar decisiones veloces a lo largo del juego que recaen en la subjetividad. “Encontramos que, si el local va perdiendo por un gol, entonces el tiempo de descuento es más largo, mientras que si está ganando por el mismo resultado, tiende a terminar más pronto”, afirma Rosas, quien con su coinvestigador concluyó que la duración del tiempo adicional es de hasta 12 segundos más cuando el equipo de casa va perdiendo.

Sin embargo, la existencia de un sesgo arbitral al extender o acortar el tiempo de descuento no implica, necesariamente, corrupción en el fútbol. Tal sesgo sería una consecuencia de la presión social ejercida por la multitud que, consciente o inconscientemente, afecta las decisiones del árbitro.

“Gratamente encontramos que el sesgo en Colombia es menor. Aquí sí dan más tiempo al local para cuando está perdiendo, entre uno y dos minutos, pero en España estamos hablando de dos o tres minutos más dice Andrés Rosas.

El árbitro no es más que el cuidador del reglamento con un poder absoluto sobre el juego. Imaginar una disputa en el césped sin jueces de por medio, para nuestros días, resulta imposible, pues manifestaciones tan democráticas solo se ven en los ‘picaditos’ de barrio; allí todos se destacan por su nivel de acuerdo, son los jugadores quienes cobran las faltas y penaltis, lo único que está por perderse es la gaseosa y, al que se muestre en desacuerdo, no le queda otra que retirarse. Entre tanto, los intereses que pugnan en el fútbol profesional son muchos: las altas cantidades de dinero de los patrocinios, el deseo de derrotar al rival, el lugar del equipo en la tabla de posiciones, su reconocimiento en el campeonato, el nivel de los jugadores y demás, han hecho que los árbitros sean indispensables en este engranaje.

Los árbitros no son una máquina como lo mencionan los investigadores Rosas y Mendoza: “No utilizan ayudas tecnológicas de manera sistemática, deben tomar decisiones subjetivas”. Pocas veces se evalúan sus decisiones desde lo humano, el arbitraje es una labor incomprendida. Pero qué sería del fútbol sin los árbitros, gran parte de la emoción y el suspenso del deporte está en no poderse anticipar a los resultados, a los imprevistos que puedan presentarse en el campo, los penales dudosos, los polémicos fuera del lugar, la imposición de tarjetas cuestionables. Es la magia y fascinación del juego y el árbitro es una pieza clave para hacer del encantamiento futbolero todo un espectáculo.

Una de las virtudes que requieren los árbitros de fútbol es la ‘personalidad’, defender sus decisiones, interiorizar cada una de las normas que en el reglamento se presentan, administrar la autoridad, no amilanarse ante la presión que el público o el ambiente pueda ejercer y comprender que, si bien como seres humanos pueden equivocarse, tienen que tratar de ser lo más objetivos posible. Sin embargo, “entre las diversas decisiones tomadas por el árbitro, la duración del tiempo de adición debe ser la menos subjetiva”, mencionan Rosas y Mendoza, pues el juego tiene dos mitades de cuarenta y cinco minutos, tiempo suficiente para tener en cuenta las actuaciones en el césped y dictar uno de los últimos fallos en el campo. Los minutos de adición terminan por ser los más intensos, es jugarse el todo por el todo en busca de definir la victoria o la derrota.

Ser o no ser cómplice

Ser o no ser cómplice

Fernando Araújo Col

Como usted y como aquél, yo también fui hincha de la Selección Colombia. Y como usted y como aquél, lloré cuando perdía y celebré sus pocas victorias. Eran los años 70 y 80. Willington Ortiz, Víctor Campaz, Diego Umaña, Jairo Arboleda, Pedro Zape y Alejandro Brand, por nombrar solo algunos, eran esa magia que me hacía falta para vivir. Los días de una semana estaban marcados por los partidos de fútbol, o el fútbol era la puerta abierta a la vida. Pero luego fueron sucediendo hechos oscuros y fui conociendo lo que ocurría, o lo que había empezado a ocurrir con el fútbol en Colombia.

Trabajaba ya en un periódico y allí escribía sobre fútbol. En La Prensa empecé a comprender que el resultado de un juego, o lo que veíamos sobre un campo de fútbol, era consecuencia de mil circunstancias, de personajes sombríos, siniestros, de historias teñidas de sangre, de mucha sangre, de mentiras y robos, de resultados amañados en un escritorio. Había un fútbol detrás del fútbol.

Ese fútbol se me presentó completo el 5 de septiembre del 93, luego del legendario 5-0 sobre Argentina en las Eliminatorias para el Mundial del 94. Ese día, esa noche, vi que el fútbol iba de la mano de la muerte, y que algunos de los jugadores que tanto admiraba eran cómplices de quienes habían tomado el poder del fútbol en Colombia a punta de bala y picana. El 6 de septiembre aterricé en Bogotá, ignorante de lo que había ocurrido. Y poco a poco, con estupor, y luego con pánico, me fui enterando de los cien muertos que había dejado la celebración del 5-0. Vi la ciudad regada de botellas y de banderas quemadas y de harina y colillas de cigarrillos. En fin, restos de la alegría de una simple victoria.

Restos de la alegría de una simple victoria en un país como Colombia, donde la vida no vale nada y donde una simple discusión puede terminar con una cuchillada o un tiro en la frente. No había taxis. No había buses. El país había dejado de funcionar sobre el dolor de las familias de las víctimas. Una hora más tarde llegó la Selección de Colombia. El desfile, el himno, el patrioterismo, los políticos subidos al carro de la victoria, igual que los empresarios y los periodistas, los miles de lagartos y uno que otro hincha. Era el baile del oportunismo, al ritmo de los arribistas.

Desde ese día, Colombia fue el centro de cientos de miles de mentiras; el aficionado, el centro del engaño. Quien osara decir que el equipo no iba a quedar campeón del mundo en Estados Unidos, era considerado enemigo público de la nación. Un apátrida. Y llegó el Mundial. Y el equipo perdió. Y de ese perder, de las mentiras, del engaño, de la estupidez, de los periodistas vendidos, de los empresarios vendedores, de la desorganización, de la vanidad de los líderes del equipo, y tantas y tantas cosas más, surgió una noche de sábado un pistolero en un restaurante de Medellín y acribilló a Andrés Escobar. Jamás en la historia del fútbol un jugador había sido asesinado por sus actuaciones en una copa del mundo. Escobar fue el primero.

El 2 de julio del 94 terminé de decidir que yo no quería hacer parte de aquel baile multicolor y sangriento. Comprendí que con nuestro silencio, con nuestro apoyo, nuestro mirar hacia otro lado, nuestro dejarnos llevar por las multitudes, éramos cómplices de todos los crímenes del fútbol. Éramos, de alguna manera, criminales.

 


*Escritor y periodista, editor cultural del diario El Espectador. En sus libros de no ficción, como Pena máxima (1995) y No era fútbol, era fraude (2016), denuncia al fútbol como un deporte que ha dejado de ser transparente. Fue estudiante javeriano, y a la universidad ha regresado a dictar clases y conferencias. Sobre sus días de pregrado, recuerda: “Mi relación con el fútbol en la Javeriana se inició desde que comencé a estudiar allá, pues lo primero que hice una vez me matriculé fue subir a la cancha de fútbol. Desde entonces, me dediqué a armar el equipo de la facultad todos los años, a comprar los uniformes –incluso con mi dinero– y a ver a cuanto prospecto aparecía en primer semestre. En mis ratos libres, el tinto era en las graderías de la cancha de fútbol, y en mis tiempos de clase, el estudio era con diagramas para definir cómo jugaría nuestro equipo el siguiente partido”.

**Fotografía obtenida de Max Pixel (CC0).

Barras de fútbol: violencia, identidad y territorialidad

Barras de fútbol: violencia, identidad y territorialidad

Con estupor, un hincha del equipo visitante del fútbol profesional colombiano en el estadio El Campín observa cómo, 15 minutos antes de acabarse el encuentro, la policía le pide el favor de que abandone la tribuna. “¡Todavía no se ha acabado, faltan 15…!” reprocha el aficionado, pero la intención de la autoridad no cede.

“¡Por favor, haga caso que es por su seguridad, es peligroso para usted porque aquí las barras son muy bravas, es mejor que se retire!”, reitera el uniformado, mientras los hinchas locales, en total desafío contra el frío bogotano, cantan al unísono con la camiseta de su equipo en la mano. Ellos, los locales, extienden orgullosos su bandera de grandes proporciones, sus símbolos guerreros, mientras cantan ofensas al hincha contrario.

Detrás de esos símbolos, los uniformes y los cánticos a favor de un equipo y en contra de los rivales, se esconden aspectos como la territorialidad, la violencia y la identidad de miembros de la sociedad que deciden vivir y hasta morir en torno a una barra de fútbol.

Una investigación de tesis doctoral en antropología —efectuada en la Universidad Sorbonne Nouvelle Paris 3 por Jairo Clavijo Poveda, docente del Departamento de Antropología de la Javeriana— estudia estas manifestaciones colectivas. En ella el profesor buscó establecer la naturaleza de las prácticas sociales de los barristas.

En esta investigación etnográfica fue necesario convivir con dos de las barras de Bogotá y realizar una observación participante —como metodología— en la que se aplicaron entrevistas semiestructuradas, entre otros métodos de recolección de información.

“El elemento clave de análisis de las barras es el lenguaje, pues la acción más notoria de los barristas es reunirse para expresarse colectivamente a través de sistemas de representación tales como el habla, pero también formas no verbales como las imágenes, los signos, los símbolos utilizados”, comenta el investigador.

“Todos los domingos en la tarde.
Me voy a la cancha a ver al más grande.
En mi cabeza no me importa. Lo que diga todo el periodismo y la Policía”.

Antecedentes

Las primeras barras estructuradas en el país surgieron en 1987 y 1986 con los Saltarines del equipo Santa Fe y Escándalo verde del Nacional, respectivamente. Hacia 1991 se fundó la barra Blue Rain de Millonarios y posteriormente nació Comandos Azules. Todas adoptaron nuevas formas de comportamiento en los estadios para alentar a su equipo.

“Estos nuevos grupos adoptan los cantos barristas argentinos y movimientos en las tribunas, lo que empieza a llamar la atención de muchos jóvenes hinchas”, resalta la investigación.

En un inicio las acciones de los barristas se centraban en el estadio, pero no tenían como medio de expresión la violencia física. Sin embargo, sus integrantes fueron adoptando un lenguaje más agresivo contra los adversarios, lo que condujo a los primeros enfrentamientos con la policía dentro y fuera del estadio.

Sentido de pertenencia: entre territorialidad y violencia

Aunque en el imaginario del ciudadano común las barras están compuestas por jóvenes y adultos de clases medias y bajas, se comprobó en esta investigación que su proveniencia social es heterogénea. “A pesar de las posibles diferencias sociales todos se comportan de manera similar de acuerdo con unas reglas y jerarquías internas, bajo un compromiso implícito de inclusión”, afirma Clavijo.

Las barras construyeron una noción de territorialidad sobre los espacios en los que tienen existencia social. “Si un territorio es considerado de propiedad de la barra, se rige por una regla de exclusividad: no se admite ningún aficionado o barrista del otro equipo. Estas zonas les confieren un sentido de pertenencia y de legitimidad territorial, pues han sido conquistadas y defendidas por ellos. Frente al riesgo de invasión, los territorios son marcados por grafitis y por la presencia de barristas con camisetas y símbolos del equipo”, señala la investigación.

Mientras la Alcaldía de Bogotá ha contribuido a legitimar esos territorios al dar el estatus de dirigente a algunos integrantes de las barras y con dineros públicos se pintó el estadio con los colores de esas organizaciones, la policía concentra a los barristas en un sitio determinado.

Una de las conclusiones es que, por lo general, la violencia —una de las manifestaciones más distintivas de las barras—, es de carácter simbólico hacia los demás barristas, aficionados, equipos, árbitros y la policía. Estas acciones son símbolos inteligibles en el lenguaje barrista o en general del fútbol.

Aunque existe una idea general en las personas ajenas a las barras de fútbol sobre que se ejerce una violencia que trasciende el mundo del deporte, la investigación arroja resultados que controvierten este pensamiento colectivo.

“Toda violencia física y no física ejercida por los barristas es simbólica, pues se encuentra codificada y funciona como un lenguaje pleno de significaciones. Esta violencia se inscribe en el contexto de los partidos, que representan un tipo de ritual urbano para los barristas. Se puede afirmar que la violencia barrista no es exacerbada, se trata sobre todo de una violencia controlada”, explica la investigación.

Un ejemplo de ello es la lucha cuerpo a cuerpo, el uso de piedras, garrotes y armas blancas y no de armas de fuego en las que no se presenta un contacto corporal entre los agresores. Todas las acciones violentas son siempre pruebas de aguante o resistencia y de pertenencia al grupo. Es decir, la violencia funciona como un lenguaje cuyo fin es defender un territorio o el prestigio, escenificar la identidad y demostrar la pertenencia al grupo.

“Se puede evidenciar que la violencia barrista funciona como un sistema de intercambios entre barristas (agresiones, cantos, venganzas por razones de disputa territorial o deportiva) donde la utilización de códigos comunes de comunicación (actitudes, marcas, amenazas, peleas, etc.) define los espacios de las barras en la sociedad. Este sistema es posible ya que se deriva de la práctica del fútbol, un deporte que refleja la sociedad”, señala Clavijo.

Barristas e identidad

“La identidad de los barristas en general funciona como sentimiento de pertenencia que se renueva durante el espacio ritual del partido. Este sentimiento funciona en dos sentidos: uno hacia la ciudad o región y otro hacia el propio grupo en tanto se es miembro de él. Se fortalece y se renueva gracias a unas prácticas sociales que se inscriben en un espacio ritual, pero también al reconocimiento individual y colectivo de inclusión al grupo y de exclusión a otros grupos. Este reconocimiento también proviene de la sociedad y del Estado, por ello, ciertos códigos de comunicación barrista son reconocidos socialmente”.

Como resultado de la interacción con los integrantes de las barras, la investigación concluye que los jóvenes buscan a través de estos grupos la inclusión que la sociedad en general les niega. En ellas son ‘alguien’, tienen una identidad y un sentimiento de fidelidad extremo, en este caso por un equipo de fútbol.

“Podemos afirmar que las prácticas barristas como su organización, acciones y símbolos, permiten pensar el fútbol como un espacio propicio para la toma de conciencia de los jóvenes barristas acerca de su existencia social como grupo contestatario”, concluye la investigación.


Para leer más:
Estudio de barras bravas de fútbol de Bogotá: Los Comandos Azules, Jairo Clavijo, Universitas Humanística, N. 58, P.U.J., Bogotá, jul. – dic. 2004. Disponible en: https://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/universitas/58.html
 

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