Aves javerianas, un contacto con la naturaleza urbana

Aves javerianas, un contacto con la naturaleza urbana

Las aves urbanas están presentes en el diario vivir de los seres humanos, pues de alguna forma han simbolizado elementos que interactúan directa e indirectamente con las costumbres de una sociedad. A pesar de lo complejo y caótico que pueda considerarse una metrópoli en cuanto a facilitación de espacios o hábitats para la subsistencia de las aves, los paisajes transformados poseen elementos naturales que permiten que estos seres alados sean considerados organismos altamente adaptados a condiciones limitantes, propias de las ciudades, y que benefician a las ciudades por medio de la prestación de servicios ecosistémicos.

Una de las estrategias para comprender y valorar el patrimonio ecológico en áreas urbanas es divulgar su potencial de manera efectiva para propender su conservación. Desde este contexto, el Grupo Javeriano de Ornitología (GJO) hace un par de años inicio la creación de la Guía infográfica de las aves del campus de la Pontificia Universidad Javeriana Sede central, iniciativa que está fundamentada en el conocimiento ecológico-biológico del campus y, con ello, destaca cómo los entornos urbanos bien planificados mantienen esa biodiversidad cercana y tan poco explorada.

Esta iniciativa académica surge de la necesidad conocer la naturaleza que convive y se relaciona con atributos creados por el ser humano. Desde un trabajo colaborativo entre estudiantes de ecología y biología, se desarrolló este libro considerado como el primero de varios que enriquecerán el conocimiento de la biodiversidad presente en el campus universitario y que desean ser divulgados de manera didáctica, efectiva y fácil.

Interna-aves-pesquisa

La intención de desarrollar este libro tiene dos objetivos, el primero es dar a conocer el campus universitario como un lugar que aporta a la conectividad y la ecología urbana de Bogotá D.C., y en segundo lugar, va dirigido no solo a personas que conocen de aves también está diseñado para que la comunidad javeriana en general, por medio de infografías, conozca y conciba la importancia de mantener las instalaciones como un lugar natural de alto valor paisajístico.

Esta guía es el resultado del constante trabajo entre miembros del grupo con el acompañamiento constante de la profesora María Angela Echeverry, que basó su información en resultados de salidas de observación y la revisión de la colección general del Museo de Historia Natural de la Pontificia Universidad Javeriana.

La guía proporciona las descripciones de 35 especies de aves, conteniendo información sobre particularidades del hábitat, reconocimiento morfológico, tamaño, tipo de dieta, distribución local, entre otros aspectos.

El trabajo colaborativo permite enriquecer vínculos más allá de las aulas de clases, pues unifica un camino para dejar un legado que permita una mejor toma de decisiones sobre la parte constructiva del campus y tiene como alcance una mejor divulgación del conocimiento técnico-científico, enmarcado en la encíclica de Laudato si’ y el programa ‘Historia verde’ de la Vicerrectoría del Medio Universitario invitando a reconocer la vida e ilustrarse integralmente sobre los elementos que interactúan en nuestra casa común.


*Sergio Andrés Collazos es estudiante de ecología con interés en el área de ornitología, enfocado en la evaluación y monitoreo de comunidades de aves en ecosistemas estratégicos en gradientes ambientales y áreas perturbadas.

Juan Cortes-Cano es ecólogo de la Javeriana; ha sido coordinador del Grupo Javeriano de Ornitología entre 2016 y 2017. Tiene un especial interés en el estudio de interacciones ecológicas enfocadas en colibríes y plantas, y realiza consultorías en estudios de comunidades biológicas.

El otro mensaje del Génesis

El otro mensaje del Génesis

La falta de conciencia ecológica ha sido toda una bofetada a la creación, a nuestra casa común, como la identifica el Papa Francisco: “Esa que es como nuestra hermana con la cual compartimos la existencia, y como una madre que nos acoge entre sus brazos”. En tiempos donde los progresos científicos, las proezas tecnológicas y el crecimiento económico vienen acompañados del derroche desmesurado, del deterioro del planeta y una fuerte crisis ambiental, la encíclica Laudato si` (alabado seas), escrita por el pontífice y publicada en 2015, hace un llamado a la humanidad a cuidar el planeta y volver a la sabiduría de los relatos ancestrales de los pueblos y culturas, en los cuales se invita a cuidar la relación con el ser creador, el prójimo y la tierra.

Tras diferencias teológicas entre judíos y cristianos, la propuesta de regresar a las voces ancestrales llevó al docente de teología Hernán Cardona (católico-cristiano), investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, y a su colega Memo Ánjel, rabino (judío) investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, a unirse en un diálogo insertado en la reflexión de las diferentes interpretaciones del Antiguo Testamento, de expresiones que no son de comprensión inmediata y que derivan en el cuidado del medio ambiente.

¿Qué dicen los grandes relatos bíblicos sobre la relación entre el ser humano con la creación, su historia y el mundo circundante? Es la pregunta de la cual parten los docentes Cardona y Ánjel en su investigación El cuidado de la casa común (una conversación con Génesis 1-4), adelantada por la Javeriana en relación con el impacto de la encíclica Laudato si`.

“Cuando apareció, dijimos: ‘Bueno, la encíclica invita a valorar la vida, los recursos naturales y, como lo llama el Papa Francisco, al cuidado de la casa común’. Ahí convergemos todos, no solo católicos y judíos sino incluso muchos movimientos religiosos”, recuerda Cardona al hablar de los comienzos de la investigación.

El proyecto tuvo sus inicios en 2016 motivado por el texto del papa Francisco, el cual imprime sus raíces en los pasos de Francisco de Asís, quien mostró especial interés por la creación de Dios e inspiró la encíclica con un mensaje que sensibiliza a todo ser humano. Esta iniciativa de diálogo, antes inimaginable entre judíos y cristianos, parte de un reto interdisciplinar e interreligioso que se despliega de una lectura cuidadosa y detallada del Génesis, y un trabajo de campo con dos grupos de jóvenes, uno de judíos en Medellín y otro encabezado por católicos en Bogotá, ambos enfocados en descifrar los criterios de vida presentados en el primer libro bíblico, y pensarlo más allá de la fe.

Cardona explica que “para los judíos, Jesús es un judío sin más; en cambio, para nosotros, los católicos, es el hijo de Dios. Esa es la única diferencia, pero en lo demás nos podemos encontrar; por ejemplo, en el sentido de que la vida es sagrada y que debemos cuidar la casa común. Tanto judíos como católicos defendemos la vida, la familia, los recursos, el hábitat. Es posible defender unos valores y es posible suscitar unas actitudes éticas independientemente de la religión”.

Y es así, pues los designios presentados en el Génesis van más allá de la fe en sí misma. El ejercicio de hermenéutica bíblica, planteado por los investigadores, se cimenta en la idea de considerar este relato del inicio de la creación como un modelo a seguir para repensar el actuar del ser humano en el hogar de todos, procurando generar espacios de reconocimiento del cuidado de la casa común. Un mandato que, sin importar credo o religión, fue dado a todos. “Nos compete el bienestar del lugar que habitamos y nos aquejan las mismas preocupaciones”, dice Cardona, afirmando también que judíos, budistas, islamitas, incluso ateos, tienen intereses comunes.

Génesis 1

El profesor Memo Ánjel añade: “El asunto, más que una cuestión de fe, es una cuestión de conciencia. Y en esta conciencia del hombre en la tierra, como hechos necesarios, el primero dando y el segundo recibiendo, se hace la sociedad, no solo de hombres entre hombres sino de hombres con la creación. La propuesta, entonces, es la de volver a la conciencia de la vida”.

En el Antiguo Testamento, seis días de creación y uno de descanso bastan para reflejar toda posibilidad de entendimiento de la relación del hombre con la tierra. En los primeros tres días se crea lo que permite la vida: la luz, el firmamento, el agua, la tierra y la hierba, eso mismo que hoy recibe el nombre de hábitat y se extingue a diario. Después, la creación del sol y de la luna, y luego la vida del ser humano. En el artículo de avance ya publicado de esta investigación, se menciona que la humanidad es lo último que Dios crea y, por lo tanto, tiene la responsabilidad de proteger y velar por la vida.

El Génesis promueve la sabiduría del saber vivir, una invitación a pensar dentro de muchas cosas, en la toma de conciencia, como lo proponen los investigadores. Pero, ¿cómo se toma conciencia? La respuesta está en el amor y respeto por la creación, dicen, que recae en cambiar estilos de vida: recuperar el día de descanso, en el que hace énfasis el rabino Ánjel apoyado por Cardona, ese día que termina por convertirse no solo en un día de acción de gracias sino de pausa para la naturaleza misma. También en el cuidado del agua y de los alimentos que consumimos, “los vegetales fueron dados para alimentar al hombre más que los animales”; así lo hace saber el Antiguo Testamento, donde se menciona que:

“No comerás carne con sangre, refiriéndose a que la sangre de un animal o de un hombre no debe estar presente en la vida. Si bien se permite la muerte de animales, se le da primacía al uso de esos animales antes que matarlos: la oveja dará la lana y la leche, la vaca la leche y su fuerza para tirar del arado, el caballo será caballo y no se podrá comer (…)” (Cardona, Hernán & Ánjel, M, 2017).

A esa búsqueda de conciencia se suma, como consenso del diálogo a dos voces del Génesis, la idoneidad del ser humano por el buen hacer y su capacidad para aceptar la diferencia, dentro de lo que se inserta el saber gobernar e implantar políticas ambientales favorables. Al respecto, Cardona afirma: “Uno de los problemas de fondo ha sido de base estructural, en el sentido de que las políticas no solamente administrativas y económicas, sino la política en general del mundo ha sido mal suministrada. Desde el momento en el cual entramos al supermercado estamos contaminando. Estamos en un modelo que nos lleva solo a consumir y no a pensar”.

En términos de la investigación, resulta difícil pensar lo teológico como un modelo de carácter científico, pero el papa Francisco asiente que “los relatos ancestrales tienen la posibilidad de dialogar con las ciencias para pensar lo humano”, según se menciona en su encíclica; a lo que Cardona se une diciendo que “si nos encontramos con el ser humano en la familia, en la defensa de la vida, en la defensa de los recursos, hay cabida para todos, incluso para la ciencia”.

Los investigadores afirman que es encontrándonos en el ser humano donde podemos empezar a formularnos preguntas por la vida y por el sentido de la vida, del sentido del hogar y de lo que se quiere entregar a los hijos. Y el papa se lo pregunta en la encíclica: qué le vamos a entregar a los otros.

El reto es grande, y el cuidado de la casa común incluye el apoyo de todo el núcleo humano trabajando por un solo propósito: el desarrollo sostenible e integral. La invitación de este diálogo es a hablar sobre el reconocimiento de la crisis que enfrenta el medio ambiente y a promover una ecología armónica; en otras palabras, un estilo de vida que ayude a la protección de la naturaleza, al respeto por la diversidad, la promoción de solidaridad y la construcción cálida de la casa común. Nuestro destino está, como lo sugieren Cardona y Ánjel, en aceptar la invitación del papa Francisco, pero también en aprender a construir ya no desde el antropocentrismo sino desde el biocentrismo, es decir, desde la vida, entendida como todo cuanto en la tierra se contiene, más que en el egoísmo del yo.