¡Llegamos a la Antártica!

¡Llegamos a la Antártica!

Para llegar a la Antártica desde Nueva Zelanda nos demoramos alrededor de ocho días y navegamos aproximadamente 1700 millas náuticas (3149 km). Experimentamos diferentes tipos de oleaje, un mar fuerte y uno calmo, baja y buena visibilidad. Además de la nieve, ver nevar sobre el mar fue una nueva experiencia para mí, un poco extraña, ya que hasta ahora he trabajado la mayoría del tiempo en mares tropicales. La temperatura disminuye a medida que comenzamos nuestra ruta hacia el sur. Cuando salimos de Lyttelton (Nueva Zelanda) la temperatura estaba en 9°C y en la Antártica hemos estado hasta -7.6°C.

Foto.1_web
Recorrido desde Nueva Zelanda hacia la Antártica. Myway. @PNRA – XXXV Italian Antarctic Expedition.

También tuve la oportunidad de observar el cambio en la presencia de las diferentes especies de aves, hasta ahora he visto 15 especies. Algunas tienen un rango de distribución Subantártico y otras Antártico, es decir, las primeras están en latitudes más bajas que las segundas. En el recorrido hacia la Antártica, por ejemplo, tuve la oportunidad de ver el petrel de pico fino (Pachyptila belcheri), desde que zarpamos hasta la latitud 67° Sur. Esta especie la pude observar durante cuatro días seguidos, sobrevolando y alimentándose cerca de la embarcación, en grupos desde dos hasta veinte individuos. Así como el albatros de ceja negra (Thalassarche melanophris), que también observé desde los 52° hasta los 62° Sur. Esta especie no la vi en grupos grandes, solo un individuo y máximo tres sobrevolando el buque o descansando sobre el agua.

Foto.2_web
Petrel de pico fino sobrevolando cerca de la embarcación.
Foto.3_web
Albatros de ceja negra sobrevolando la embarcación.

Finalmente, llegamos a la Antártica, un lugar de muchos contrastes y diferentes paisajes. No me alcanzan las palabras para describir este espectáculo de la naturaleza: es realmente un lugar muy especial, lleno de vida, de agua, de hielo, de nieve, de blanco.

Foto.4_web
La blanca Antártica que sorprendió a Nohelia Farías Curtidor, egresada Javeriana.

En muchas ocasiones, cuando estoy trabajando, observando el mar para registrar un mamífero acuático o ave, me encuentro maravillada observando el paisaje y una vez más me doy cuenta que estoy en uno de los lugares más hermosos del planeta Tierra.

Foto.5_web
Un fragmento de un iceberg antártico.

 

Y así llega el día de mi primer avistamiento de un mamífero marino en la Antártica, una ballena Minke. Era un muy buen día, con condiciones climáticas muy favorables para mi trabajo. El mar estaba tranquilo, no hacía mucho sol y nos encontrábamos navegando, cuando de repente vi un soplo a unos 1.000 metros de la proa de la embarcación –un soplo es el vapor de agua que se forma sobre los nostriles (orificios nasales) cuando la ballena exhala aire–. También logré ver su aleta dorsal, con la cual identifiqué su especie. En la Antártica se encuentran siete especies de ballenas, las cuales se pueden diferenciar por medio de sus aletas dorsales, pectorales, cola o forma de la cabeza.

Foto.6_web
Aleta dorsal de la ballena Minke, la especie más pequeña de todas las ballenas.

Esta especie es la más pequeña de todas las ballenas, un adulto puede llegar a medir alrededor de 10 metros de largo. Ningún individuo se ha acercado mucho a la embarcación hasta el momento, siempre los he visto de lejos, cuando están exponiendo su aleta dorsal o cuando están respirando. Sin embargo, no es fácil, ya que su soplo se desvanece muy rápido con el viento. Solamente una vez cuando estábamos en un punto de muestreo con la embarcación casi inmóvil, una ballena Minke paso bajo el agua por la proa y logré verla respirando al mismo tiempo que oía su exhalación. Este mamífero es el que he registrado en más oportunidades con ocho avistamientos, por lo general, sólo uno o máximo dos individuos.

Además, he visto durante tres oportunidades orcas (Orcinus orca). Comúnmente se les llama ballenas asesinas, sin embargo, no son ballenas, pertenecen a la familia de los delfines, pero son las más grandes de este grupo. Tampoco se han aproximado mucho a la embarcación, lo más cerca que han estado ha sido alrededor de 500 metros. Pero vi un grupo grande, de 30 animales aproximadamente, donde pude observar machos, hembras y juveniles. Los otros dos avistamientos han sido grupos más pequeños, de cuatro y cinco individuos. Un adulto de esta especie puede llegar a medir alrededor de 9 metros de largo y los machos se caracterizan por tener una aleta dorsal que puede llegar a medir dos metros de altura.

 

Foto.7_web
Grupo de orcas nadando en la Antártica.

En la siguiente columna les seguiré contando sobre los animales antárticos que he tenido la oportunidad de observar hasta el momento.

>> Siga aquí la aventura.


* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

¡A la mar!

¡A la mar!


Fue interesante el primer día a bordo. Somos en total 50 personas, 23 marineros y 27 investigadores, entre los cuales hay 45 italianos, dos alemanes, un croata, un británico y una colombiana. Somos cinco mujeres: cuatro investigadoras y la doctora. Conocí la tripulación, todos son muy amables, sin embargo, la mayoría se comunica en italiano y aunque yo empecé a estudiarlo hace un mes por internet, mi nivel no es muy alto; no me fluyen las palabras y sigo prestando mucha atención para lograr entender lo que dicen. No es fácil, pero afortunadamente es un idioma que se parece un poco al español, por lo cual entiendo un 50% aproximadamente. Además, hay un investigador que habla muy bien español y varios que hablan inglés.

Nos reunimos con el capitán, que explicó cosas generales de la convivencia abordo como la limpieza de las cabinas (habitaciones), las horas de las comidas, la temperatura que vamos a tener en unos días (que puede oscilar entre -10 a -20 ºC). El primer oficial nos habló de qué hacer en caso de emergencia, el traje de protección que debemos usar si queremos salir a cubierta y nos hizo un recorrido por el barco para familiarizarnos con nuestro nuevo hogar. Nos lleva a la lavandería, la cocina, el comedor, el puente de mando, nos muestra las dos bicicletas en las que podemos hacer ejercicio y los dos únicos computadores que tienen internet. Sin embargo, hay que esperar entre uno o dos días para poder zarpar porque se aproxima una tormenta.

Comedor del buque Laura Bassi
Comedor del buque Laura Bassi

Finalmente zarpamos a las 2:00 a.m. del 6 de enero. A las 6:30 a.m., desperté y me arreglé para salir a desayunar, pero literalmente el cuerpo no me respondía. El mar del Pacífico Sur nos dio la bienvenida con olas de entre cinco y seis metros de altura, todo se movía de un lado para otro, las cosas que tenía en el escritorio se fueron al suelo. Y yo solo pude quedarme acostada, tratando de controlar la sensación de mareo y náuseas que se apoderaba de mí. Luego de estar cinco horas dormida, me levanté y fui a la cocina para tomar una bebida caliente y comer unas galletas. Lo logré, pero inmediatamente tuve que volver a mi habitación a acostarme de nuevo.

Pasaron dos días hasta que el mar se calmó un poco, y en medio de todo, lo que me hizo sentir bien, fue que no fui la única en esa situación. Creo que el 99% de la tripulación de investigadores pasó por lo mismo, incluso algunos la pasaron peor. Varios tomaron la decisión de tomar pastillas para el mareo o colocarse parches en el cuello para aliviar los síntomas. A mí me gusta más la idea de que el cuerpo se adapte y dejo que así suceda.

Así hemos navegado con rumbo a la Antártica. Hace un par de días vi mi primer iceberg, el primero de la expedición, lo cual fue muy emocionante pues es realmente impactante ver una masa de hielo tan grande flotando a la deriva en el océano. También hemos visto grupos de pedazos de hielo flotando muy cerca del barco.

Además, he tenido la oportunidad de ver varios animales de los que les hablaré en la próxima columna.

>> Siga aquí la aventura.

Primer iceberg de la expedición
Primer iceberg de la expedición

* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

De la decisión de estudiar biología a una expedición a la Antártida

De la decisión de estudiar biología a una expedición a la Antártida

Como ya todos deben saber, escogí estudiar biología. Creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, la verdad no me veo haciendo otra cosa en estos momentos. Esta importante decisión la tomé cuando estaba en bachillerato cursando once. Nos proyectaron un video sobre el mar e inmediatamente sentí fascinación por ese mundo y simplemente quería estar montada en un barco, viendo el mar, estudiando delfines y ballenas; buceando, observando los corales, peces y demás animales que allí habitan.

Gracias al esfuerzo de mis padres entré a una de las mejores universidades que tiene Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana. Allí cursé la Carrera de Biología y tan pronto la inicié, se me abrió un mundo de posibilidades. En ese momento no sabía que la biología era tan diversa y tenía tantos campos. Aprendí de bioquímica, de genética, de artrópodos (insectos, arañas, miriápodos), de mamíferos, de peces, de invertebrados marinos (corales, esponjas, caracoles), de plantas, de aves, en fin, hay muchas opciones para escoger.

Foto-delfin_web
Delphinus delphis es el nombre científico de los delfines comunes que habitan en Chocó. Foto: Nohelia Farías Curtidor – Fundación Macuáticos.

 

Una de las cosas que más me gustó fueron las salidas de campo, el contacto directo con cada uno de esos seres y sus mundos. Por nombrar, quedé fascinada con las salidas de campo al Amazonas (artrópodos), a Barú (invertebrados y plantas marinas), a San Andrés (ecología marina), al Meta (vertebrados). Son experiencias realmente enriquecedoras donde se aprende más que en el salón de clases.

Gracias a mi carrera he logrado trabajar con lo que me enamoró de la biología desde un principio, llevo 12 años explorando a los mamíferos marinos. Por ejemplo, con manatíes (Trichechus manatus) en el Caribe; con delfines, como los delfines comunes (Delphinus delphis) en el Chocó; con ballenas, como la jorobada (Megaptera novaeangliae), también en ese departamento. Además, he estudiado tortugas, aves y peces que son otros grupos que también despiertan mi interés.

Manati_web
Nohelia ha estudiado a los manatíes del Caribe. El nombre científico de esta especie es Trichechus manatus. Foto: Nohelia Farías Curtidor.

 

Por mi trayectoria investigando estos animales fui invitada a participar en el Programa Antártico Colombiano, dentro del Programa de Investigación y Monitoreo de Mamíferos Marinos Antárticos. No muchas personas lo conocen, pero Colombia por medio de la Comisión Colombiana del Océano (CCO) ha desarrollado hasta la fecha cinco expediciones a la Antártica. Yo ahora me encuentro en la sexta expedición, durante el verano austral 2020.

Desde la primera expedición se conformó el Programa de Investigación y Monitoreo de Mamíferos Marinos Antárticos, el cual tiene como objetivo conocer en el corto, mediano y largo plazo la distribución y ecología de las especies de mamíferos marinos y su capacidad adaptativa ante eventos naturales y antrópicos (generados por el hombre), con miras a establecer y coordinar medidas de manejo y conservación a nivel local, nacional y regional.

Este año, la Armada de Colombia cambió el rumbo de la expedición a Hawaii, así que comencé a buscar otras opciones para seguir ampliando el conocimiento que se tiene de los mamíferos marinos en la Antártida. La CCO, a través de cooperación internacional con el Programa Antártico Italiano, gestionó un cupo para que yo pudiera estar a bordo de su buque científico, oceanográfico y rompehielos “Laura Bassi”. También, gracias al patrocinio de la Facultad de Ciencias de la Pontificia universidad Javeriana, ahora puedo hacer este sueño realidad. Lo que he recorrido hasta ahora ha sido una experiencia única e inolvidable, pues hasta la fecha, ningún colombiano había recorrido esta ruta para llegar a la Antártica estudiando mamíferos marinos.

Zarpamos tan solo hace tres días de Lyttelton (Nueva Zelanda), así que les estaré contando cómo avanza esta aventura y qué animales, paisajes y personas conoceré.

Continue reading