Alicia Chamorro

Alicia Chamorro

En su pregrado, la tesis y el grado de Alicia Chamorro fueron summa cum laude; el promedio acumulado en su maestría fue de 4,92. Ha publicado un libro, ha participado en varios grupos de investigación, ha sido becaria, fue joven investigadora de Colciencias en el Instituto Pensar, con tutoría de Guillermo Hoyos, y sus propuestas de ponencias se aceptan en cuanto congreso existe sobre filosofía. ¿Cómo hace una filósofa (¡de 29 años!) para sobrevivir en un país donde, como dice el adagio popular, estudiar filosofía es como estudiar enfermedades tropicales en Dinamarca?

Alicia estudió Filosofía y Lengua Castellana en la Universidad Santo Tomás y continuó sus estudios de maestría, y ahora de doctorado –en Filosofía– en la Pontificia Universidad Javeriana. “Esta mujer la tiene clara”, dirán los más optimistas con el dedo pulgar hacia arriba. Sin embargo, cuando escogió su carrera, nuestra científica debutante lo hizo con los ojos medio cerrados, sin convicción ni razones plausibles: “yo me choqué con la filosofía; entré a la facultad sin muchas pretensiones, luego me di cuenta de que me iba bien y seguí”.

Sus respuestas son directas y puntuales: no se demora más de un minuto en cada intervención y no pretende decir más de lo que se le insinúa en una pregunta. En su oficina, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Javeriana, tiene tan solo un computador; ni un libro ni una taza para tomar tinto: “me dieron este escritorio porque soy becaria de Colciencias; no he querido tener cosas en él, porque en cualquier momento otra persona lo utiliza”. A su lado, en el mismo cubículo, está su compañero de doctorado; él sí personalizó su espacio: tiene una fotografía de su hijo, libros de filosofía y una agenda, publicaciones y figuras de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. No es que Alicia sea aburrida; simplemente, es una trabajadora empedernida que es consciente del azar y de las circunstancias: “la investigación es un trabajo arduo, pero azaroso”; puede llegar otra persona, o ella misma puede cambiar su pregunta de investigación o sus intereses personales por cualquier razón; entonces, ¿para qué decorar el escritorio?

En medio de ese “eterno devenir”, como dijo Cortázar, lo que salva a Alicia no es la foto de un niño o El Principito; lo que compensa algunos de sus dolores en la vida, parafraseando al filósofo francés Jacques Derrida, es el sismógrafo que detecta los movimientos telúricos internos para pensar y repensar preguntas que parecen obvias. El quid está en pensar en la vida para salvarse de ella.

Ha dedicado buena parte de sus actividades académicas a la investigación, porque la filosofía debe desbordar las clases universitarias, ir más allá del papel de profesor, “tener otros tentáculos”, dice. Por esa razón, después de ser profesora en varias universidades, pasa más tiempo frente a un libro que frente a unos alumnos; más tiempo buscando métodos de investigación que métodos de enseñanza; más tiempo preguntando que respondiendo. Actualmente, sus intereses científicos giran alrededor de la pregunta, desde la antropología filosófica, “¿Cómo se las apaña el hombre para poder sobrevivir?”. Esta pregunta la está desarrollando en el grupo de investigación Filosofía del Dolor, en conjunto con el profesor Luis Fernando Cardona.

“La idea de este grupo es, mediante el trabajo interdisciplinar, pensar las diferentes dimensiones del dolor humano. Mi investigación, con base en lo anterior, pretende encontrar las posibilidades y las formas de compensación del ser humano a través del habitar y del dolor mediante la fenomenología y la hermenéutica”. En palabras más sencillas, entender cómo el ser humano compensa los déficits de su vida (el dolor es uno de ellos) para balancear (mediante la felicidad, el perdón, el consuelo) su situación en el mundo, o como dijo el poeta alemán Friedrich Hölderlin, “donde hay peligro, crece lo que nos salva”.

“Yo creo que seré una científica debutante mientras me guíen algunos profesores; ellos son los que comprenden las dudas que tengo”, confiesa. “Como dice Manquard, tanto hoy como antaño, cursar estudios de filosofía no significa el comienzo de una carrera exitosa, sino el comienzo de una tragedia personal”. Sonríe. “¡Ojalá siga siendo una científica debutante!”.


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