Reformas puntuales para un mejor análisis

Reformas puntuales para un mejor análisis

Desde hace dos semanas, más de 8.500 estudiantes están dando una batalla silenciosa por mejorar el reconocimiento de Colombia a nivel internacional. A la par que el neurocirujano Roberto Llinás daba una multitudinaria conferencia en la XXXI Feria del Libro de Bogotá o Francia Márquez –la lideresa afro que ganó el Premio Ambiental Goldman, conocido como el ‘Nobel verde’, por su lucha social contra la minería– denunciaba amenazas contra su vida, esta multitud de jóvenes, estudiantes de colegios públicos y privados, comenzaba a representar al país en la edición 2018 de las Pruebas PISA, con las cuales se mide el nivel de calidad del sistema educativo colombiano frente al de más de 80 naciones en el mundo.

Su aplicación se inició el pasado 23 de abril y se espera que al 18 de mayo (día programado para su término) hayan participado, según datos del Ministerio de Educación Nacional (MEN), 8.539 estudiantes de 250 colegios elegidos en 25 departamentos y el distrito capital. Subir en la escala, a primera vista, es responsabilidad de niños y niñas que no superan los 15 años de edad.

Colombia participa desde 2006 en estas pruebas internacionales de carácter trienal promovidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, ver infografía). Los resultados de 2015 ubicaron al país en el puesto 57 entre 72 países participantes, siendo el colombiano el sexto sistema educativo con los más rápidos avances en la calificación. Por ejemplo, solo en la prueba de ciencias, se obtuvo una mejoría de 28 puntos frente a aquella primera prueba.

Sin embargo, este desempeño aún se mantiene alejado de los mejores resultados, incluso del promedio de la prueba o, para no ir tan lejos, de los estándares latinoamericanos, pues los resultados colombianos fueron los quintos mejores en la región.

Análisis Ed R

El desempeño se mide de acuerdo con tres áreas básicas que componen el núcleo de las pruebas PISA: ciencias, matemáticas y lectura (cada tres años se hace énfasis en una de ellas). Asimismo, se miden otros aspectos de tipo cualitativo, como el desempeño entre niños y niñas, la habilidad colaborativa para resolver problemas o la ansiedad de los estudiantes frente a las responsabilidades académicas, entre otros. En todos ellos pueden rastrearse las razones de peso que explican la distancia del sistema educativo colombiano con relación a otros países:

  • Los estudiantes provenientes de familias con menores ingresos tienden a no terminar el bachillerato.
  • Los mejores resultados en ciencias son de estudiantes de los colegios de estratos altos, con los laboratorios mejor dotados.
  • Colombia es el segundo país, detrás de Argelia, con el porcentaje más alto (43%) de estudiantes que perdieron año en primaria o secundaria.
  • Solo el 11% de los estudiantes con desventajas económicas pueden sobreponerse a esta situación y consigue mejores notas académicas.
  • El 6% de estudiantes colombianos no ve una clase de ciencias a la semana.
  • 24% de los estudiantes colombianos está matriculado en un colegio privado. Este porcentaje se encuentra por encima del de la OCDE, pero muy por debajo de países como Chile (63%) y Perú (31%).


Cuestión de estrategias

Los resultados de aquella prueba se hicieron públicos a finales de 2016 y la mayoría de las críticas se centraron en el bajo rendimiento de los estudiantes colombianos. Por ejemplo, el economista Ángel Pérez Martínez, investigador en temas educativos, resaltó la desventaja de los resultados nacionales en el área de ciencias: “El 49% no alcanza los resultados mínimos básicos para aprovechar el conocimiento cotidiano y los procedimientos elementales para identificar una explicación científica apropiada, así como interpretar los datos e identificar un diseño experimental simple. Tampoco pueden utilizar el conocimiento científico común para identificar una conclusión válida, a partir de un simple conjunto de datos y menos ser capaces de identificar preguntas que podrían ser investigadas científicamente”.

Quizás anticipando las críticas, Gina Parody, por entonces ministra de Educación, inició la entrega de material educativo en lectura y matemáticas basado en los modelos educativos de Singapur, Corea del Sur y Chile. La iniciativa distribuyó alrededor de 6 millones de libros, “adaptados al contexto colombiano”, en más de 4.000 colegios oficiales (según datos del DANE, en el país hay alrededor de 46.000 instituciones educativas públicas). “Estos nuevos textos marcarán la diferencia en el proceso educativo de nuestros estudiantes”, afirmó la funcionaria en marzo de 2016.

Simultáneamente, y desde inicios de la actual década, desde el MEN se han implementado diferentes programas para elevar el rendimiento escolar, principalmente en las instituciones educativas públicas, tales como:

  • Jornada única: En 2015 se extendió por dos horas la jornada escolar, buscando que los estudiantes invirtieran ese tiempo adicional desarrollando contenidos académicos. Según proyecciones del Gobierno, se buscó que 2,3 millones de niños estuvieran matriculados bajo esta modalidad para 2018.
  • Programa Todos a Aprender: Desde 2011 se implementó este programa para mejorar las prácticas pedagógicas y didácticas de los profesores de Transición a Quinto. Funciona con tutores que evalúan constantemente las competencias de los docentes; los datos oficiales muestran que, entre 2012 y 2017, abarcó 843 municipios y acompañó a 109.357 maestros (70% de establecimientos rurales).
  • Programa Supérate con el saber: Implementado desde 2012, evalúa constantemente las habilidades en matemáticas y lenguaje a partir de recursos digitales e interactivos. En 2017 participaron 1,6 millones de estudiantes de 1.023 municipios (desde este año incluye a alumnos de Segundo a grado Once).
  • Plan Nacional de Lectura y Escritura: En 2010 los Ministerios de Educación y Cultura crearon una estrategia para que los estudiantes incorporaran la lectura y la escritura en su formación. El programa incluye desde el fortalecimiento de las bibliotecas en colegios públicos hasta la formación de tutores de lectura, e incentiva la participación estudiantil en concursos nacionales de cuento.

Al ser consultados sobre estas iniciativas para mejorar la educación en el país, voceros del MEN le dijeron a Pesquisa Javeriana: “Los programas que adelanta el Ministerio buscan mejorar la calidad del sistema educativo del país y constituyen estrategias que están relacionadas con mejores desempeños en pruebas nacionales e internacionales, puesto que favorecen el desarrollo de distintas competencias de los estudiantes”.

Sin embargo, desde la Academia se ha criticado la eficacia de este tipo de iniciativas y su forma de implementación. “¿Es suficiente para entrar a la OCDE? No”, comenta Félix Antonio Gómez, decano de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. “Habría que analizar y estudiar esos resultados de las pruebas PISA con miras a un proyecto educativo de nación que aún no tenemos. Nuestro gran problema es que, en educación, seguimos teniendo políticas de Gobierno pero no de Estado. Más allá de haber mejorado o no, esos resultados deberían servirnos para definir una política de Estado. El que hayamos progresado no nos está diciendo mucho de si realmente eso es beneficioso, en especial con miras a un proyecto de país”.

Sobre este tema, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales ha resaltado la importancia de realizar un cambio profundo en la educación con medidas como vincular la educación a los planes de desarrollo nacionales y regionales, articular todos los niveles de educación con el sistema de ciencia y tecnología, renovar los modelos pedagógicos, garantizar una reforma curricular, reformular la política de formación de docentes, entre otras medidas.

Sus propuestas no solo buscan mejorar la calidad educativa en el país, también elevar el estatus de la ciencia y la tecnología para garantizar un mejor desarrollo económico de cara al postconflicto.

Análisis Ed Infograf


Las pruebas de 2018

Los programas implementados desde el Gobierno parecen encaminados a mejorar áreas puntuales del conocimiento, especialmente las evaluadas en la prueba PISA. Sin embargo, al ser consultado sobre este tema, el MEN respondió: “Según la OCDE, no se entrenan o preparan a los estudiantes para la presentación del estudio internacional PISA. Sin embargo, el organismo internacional permite la realización de estrategias para motivar a las instituciones y estudiantes en la presentación de estas pruebas”.

Concretamente para la de este año, donde la prueba de lectura será la que se evaluará con mayor énfasis, el MEN lanzó la “Selección Colombia PISA Fuerte”, un programa en alianza con la Fundación Carlos Slim, Claro Colombia, Computadores para Educar y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). El objetivo es familiarizar a los estudiantes seleccionados por la OCDE con la aplicación y respuesta de PISA; el eje central se basa en Prueba T, un aplicativo digital, donado desde México, para que los alumnos seleccionados mejoren sus capacidades de respuesta.

“Así como el fútbol conecta a todo Colombia, también lo hace la educación. Es un mensaje claro de que las selecciones nacionales unen a los países en torno a una meta y generan pasiones que hacen vibrar a la población, y eso representan los estudiantes que hacen parte de la prueba PISA. Este equipo de la educación está jugando por el país en las grandes ligas”, destacaron los voceros del MEN, cuya estrategia busca motivar a los alumnos utilizando como telón de fondo la participación del país en el Mundial de Fútbol Rusia 2018

Sin embargo, estos esfuerzos, aunque apuntan hacia un resultado concreto, podrían tener un alcance mucho más limitado de lo que se espera. “Como se aplican de forma aleatoria en un rango de edad, se puede esperar una mejora mínima”, dice el decano Gómez. “Pero, insisto, la mejora sería definir qué vamos a hacer con esos resultados, cómo hacer para que el maestro pueda participar en su interpretación. Si bien las facultades de Educación hemos tenido una voz en la discusión de esos resultados, no ha sido escuchada, y tenemos que generar más debate y más análisis”.

Posturas aparte, lo cierto es que hoy la responsabilidad de demostrar que tan preparados están los estudiantes colombianos recae sobre los más de 8.500 seleccionados que están presentando las pruebas PISA. Sin duda, llegan mejor preparados y puede que sus resultados sigan ampliando la mejoría del país en la medición. Pero es injusto depositarles esa colosal tarea solo a ellos.

Este año, y a partir de los resultados de 2015, la OCDE, en conjunto con la Fundación Santillana, publicó el estudio Competencias en Iberoamérica: Análisis de PISA 2015, con el que pretende ir más allá de los puntajes de la prueba para analizar el contexto de la educación en la región. Su recomendación es perseguir dos objetivos esenciales, garantizar el acceso a una educación de calidad y elevar las tasas de culminación de estudiantes graduados en secundaria, los cuales pueden alcanzarse mediante:

  • El aumento de la cobertura y la calidad educativas en los primeros años formativos (de Pre-Kínder a Transición) y en la primaria, especialmente en los entornos con mayores dificultades socioeconómicas.
  • Introducir programas para prevenir la pérdida del año académico y la deserción escolar.
  • Prestar mayores ayudas a los estudiantes de entornos socioeconómicos desfavorecidos para que permanezcan dentro del sistema educativo.
  • Reducir las distintas brechas académicas (de inversión en material escolar, instalaciones, preparación docente, etc.).
  • Elevar las expectativas de los estudiantes frente a sus logros académicos.

En síntesis, una labor más consciente por parte de la política pública y del Estado frente a su sistema educativo, que busque mejorías de fondo y no simplemente progresos en la medición del conocimiento impartido a sus estudiantes.


No se pierda los próximos 9 y 11 de mayo los artículos complementarios de nuestro informe especial a raíz de las pruebas PISA 2018. Acceda aquí a nuestra infografía en alta calidad.

¿Tienen vocación de servicio los empleados públicos del país?

¿Tienen vocación de servicio los empleados públicos del país?

Un servidor público debe estar orgulloso de su trabajo, de la organización que representa; debe sentirse motivado en las mañanas para levantarse e ir a su lugar de trabajo, desempeñarse muy bien y ser consciente del compromiso que tiene para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y del impacto positivo que puede generar en el desarrollo del país. Palabras más, palabras menos, esto decía Adam Ostry en marzo de 2015, siendo coordinador del acceso de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en una de sus reuniones con el Departamento Administrativo de la Función Pública (DAFP).

Por su parte, Daniel Gerson, miembro del Comité de Gobernanza Pública de la Organización, afirmaba: “Los servidores públicos son la cara del gobierno trabajando con los ciudadanos, y cuando el gobierno logra ser más eficiente escuchando las demandas es porque los servidores públicos hacen que eso suceda”. En éste, uno de los 23 comités de la OCDE, uno de los objetivos ha sido generar confianza en la institucionalidad, en la calidad de sus servidores.

Desde 2012, con el propósito de cumplir con los requerimientos para formar parte de esta organización, Colombia ha realizado ingentes esfuerzos; entre ellos, el DAFP llamó a investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana para aumentar la vocación de los trabajadores públicos, pues era evidente la necesidad de mejorar.

“Una de las formas de saber cómo se construye un ser humano en el trabajo es mirando qué hace y en qué condiciones lo hace; quiénes son los que ostentan poder y qué implicaciones tienen esas relaciones de poder para conocer cómo uno se construye como trabajador”. Esa fue la mirada clave según el profesor Hernán Camilo Pulido, líder de la investigación.


Manos a la obra

Luego de revisar la literatura, un grupo de psicólogos de la Javeriana adelantó 129 entrevistas a trabajadores de los niveles directivo, asesor, profesional, técnico, asistencial y jefes de talento humano, en cada una de las 24 entidades de la rama ejecutiva del orden nacional con sede en Bogotá. Buscaban identificar cuáles son esas condiciones de trabajo que promueven la vocación del servidor público, entendida como la capacidad de considerar que lo ‘público’ es básico para el desarrollo del país.

La primera conclusión se refiere al tipo de contratación del empleado. “En cuanto al desarrollo de la vocación, en términos de porcentaje y dependiendo de la institución, encontramos que los trabajadores que están en carrera administrativa son relativamente pocos”, explica, lo que limita “la entrega al otro y al servicio público”. No es que los que estén vinculados con otro tipo de contratación no tengan vocación, sino que la estabilidad que ofrece la carrera facilita la vocación.

Sin embargo, también encontraron problemas en la forma como está planteada la carrera administrativa y las veces que se ve truncada por tecnicismos insalvables, como cuando un servidor público –que por los años que lleva es la memoria, la experiencia y tiene todo el conocimiento de la organización– no puede ascender y, en cambio, nombran a una persona ajena que actúa como jefe.


El compromiso: de parte y parte

Uno de los entrevistados durante el proyecto se quejó diciendo que “las organizaciones le dicen a uno que son familia, pero le niegan el apellido porque no le dan a uno un contrato estable”. ¡Le niegan la paternidad! ¿Cuál familia, entonces? El Estado les ofrece contratos cortos donde la inestabilidad está presente y así, ¿cómo esperar vocación en un trabajador con esas condiciones?

Pulido explica que la vocación no significa “ejercer mi profesión exclusivamente y hacer bien la tarea”, lo que considera más como eficiencia. La vocación “es la construcción de lo público, la construcción con el otro o la construcción de lo público como un bien común en el que todos somos parte”. Así, no se trata solamente de cumplir con los objetivos planteados para el cargo específico, lo que tiende a suceder con quienes son contratados por fuera de la carrera.

“El servidor público debe tener esa connotación de servicio, de ayuda, de estar pendiente de lo que necesitan los demás, de ponerse a su servicio. Para mí eso debería ser vocación: trato, servicio, compromiso y lealtad”.
Entrevistado durante la investigación

En cuanto a los niveles de contratación, también hay diferencias porque aquellos servidores en cargos directivos que son de ‘libre nombramiento y remoción’ tienen condiciones laborales diferentes a quienes se encuentran en otras de las modalidades de contratos a término, explica el investigador. Los primeros, dice, “tienen un capital social que hace que la flexibilidad les favorezca; son personas que, si están en un puesto importante en el Estado, seguramente pueden salir a otro puesto importante en el Estado o en el sector privado”. No ocurre lo mismo con los empleados en condición de flexibilización, pues lo único que les genera es incertidumbre. “En términos de la construcción de la vocación, uno de los rasgos más importantes es ver cómo la inestabilidad o la incertidumbre puede favorecer a unos, pero definitivamente dañar a otros”. De nuevo, encontraron que los servidores públicos de carrera son más proclives a desarrollar la vocación.

Estudios anteriores concluyen que, cuando existe estabilidad, el trabajador puede costear mejor sus gastos y planear sus inversiones, como financiar la educación superior de sus hijos, por ejemplo; contrario a los trabajadores en situación de inestabilidad: puede que devenguen y tengan ingresos, pero es posible que luego no, y entonces empiece el viacrucis.

La vocación no se inocula, no es magia, ni viene con los genes de las personas. Quien tiene vocación continúa siendo servidor público en el Estado a pesar de que le ofrezcan un cargo en el sector privado, porque “sienten que es un orgullo y que en su medio los reconocen por estarle sirviendo al país, porque sienten que toman decisiones muy importantes por y para los otros… ahí está la vocación presente: por la misma labor que hacen aún en condiciones que son difíciles”, remata Pulido.

Los investigadores proponen repensar la carrera administrativa, lo que implica repensar la contratación por las condiciones de estabilidad del trabajador. “Yo diría que la mayor parte de los trabajadores públicos hacen su trabajo con una vocación muy grande, trabajan muy duro, gracias a ellos el país no está peor”, concluye.


Para leer más
Pulido-Martínez, H. C. y Burbano-Valente, J. (2017). De la construcción del servidor público y del lugar de la vocación en las condiciones de trabajo contemporáneas en el sector. Temas e investigaciones en psicología organizacional y del trabajo. Cali: Editorial Universidad del Valle.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: De la construcción del servidor público y del lugar de la vocación en las condiciones de trabajo contemporáneas en el sector
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Hernán Camilo Pulido Martínez
COINVESTIGADORA: Johanna Burbano Valente
Facultad de Psicología
Departamento de Psicología
Grupo de Estudios Críticos de las Organizaciones y del Trabajo
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2015

La ciencia colombiana no tiene doliente

La ciencia colombiana no tiene doliente

Lisbeth

El Gobierno propone una reducción del 40% en el presupuesto de ciencia y tecnología para 2018. ¿Se podría esperar un escenario diferente? No lo creo: una cosa son las intenciones, y otra, las actuaciones.

El Gobierno dice que se prepara para ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero recorta el presupuesto para la ciencia, sabiendo que es un requisito importante para lograrlo; el Gobierno ofrece dineros de regalías para que todas las regiones inviertan en ciencia y tecnología, y luego se los quita para construir vías terciarias; el Gobierno se ufana de apoyar la formación de doctores, pero no se da cuenta de que, una vez formados, el país no está en la capacidad de ofrecerles espacios dignos para dedicarse a producir nuevo conocimiento; el Gobierno dice que cree en la ciencia y la tecnología, pero está ocupado en asuntos del día a día, vive en el corto plazo y no planea a futuro; el Gobierno dice que Colombia será el país más educado de América Latina en 2025, pero aún la calidad de la educación está estancada y no promueve el pensamiento crítico y curioso. La misma OCDE, en su documento de revisión de la política educativa del país (2016), reconoce que aunque el sistema educativo colombiano “ha experimentado una transformación fundamental”,  actualmente enfrenta altos niveles de desigualdad desde los primeros años de educación y un bajo nivel de calidad en el sistema educativo.

Y, a todas estas, ¿dónde están los científicos colombianos? Abrumados. No es su estilo salir a las calles a alzar su voz frente a la situación, son tímidos ante a los medios. Pronto enviarán cartas, organizarán espacios de análisis y reflexión, le pedirán cita a los altos funcionarios y todo se quedará en el mismo punto en el que comenzaron, estirando los pocos fondos que puedan tener, buscando otras fuentes de financiación y viendo, con nostalgia, una Colciencias que necesita combustible para despegar con decisión.

¿Y dónde está la ciudadanía que vele por un país en el que los valores individuales conlleven a un desarrollo colectivo y a su bienestar en la realidad y no solo en el discurso? ¿Dónde está esa ciudadanía que cree y le interese una cultura científica? Son pocas las iniciativas y menos las que logran sensibilizar y formar ciudadanos empoderados.

El problema es que el país ni conoce ni cree que Colombia tiene un gran potencial en ciencia, tecnología e innovación.