‘Factfulness’: la ciencia detrás del optimismo

‘Factfulness’: la ciencia detrás del optimismo

Col Bryann Avendaño

Es común que hoy en día la publicidad esté cargada de discursos negativos y apocalípticos sobre el estado del mundo actual. A diario, mensajes como Carpe diem quam minimum credula postero, que puede entenderse como “aprovecha cada día, no te fíes del mañana”, “vive el presente” o “respira el momento”, nos envían un mensaje de alerta sobre lo poco que deberíamos pensar en el futuro y lo importante que es solamente fijarnos en el presente. Sin embargo, el optimismo no debe ser solamente un discurso, también puede estar sustentado en ciencia, porque los datos nos pueden dar certezas de que las cosas pueden ir mejor de lo que percibimos.

El libro Factfulness escrito por el médico sueco, científico de datos y experto en salud global Hans Rosling en 2018 antes de su muerte, conjuntamente con su hijo Ola y su nuera Anna, describe Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que piensas. En este fascinante libro se desmitifican diez instintos sobre lo que percibimos del mundo y que con seguridad están errados. Para que se divierta con esto navegue en www.gapminder.org

El libro en sí mismo es un ejercicio de optimismo racional. A lo largo de las más de 330 páginas, el creativo equipo de Rosling construye cuestionarios y lanza preguntas de selección múltiple para interactuar con nuestra propia percepción —errónea según los Rosling— de la realidad. Luego, al mejor estilo de este profesor emérito, se muestran infografías con figuras y datos estadísticos que representan de manera didáctica las realidades comparativas entre los países. Un ejercicio que permite al lector navegar entre los números de manera atractiva, lo que él llama su misión de vida: una batalla contra la ignorancia de las personas.

Los datos son todo lo que se necesita para cazar, capturar y remplazar las ideas equivocadas de las personas. Basta con mostrarlos y describir la realidad detrás de ellos. Hans Rosling nos invita a cuestionar la información que recibimos todo el tiempo, y a usar la ciencia para sustentar o no, una actitud optimista frente a la vida.

Finalmente, el libro es una invitación a tener una visión del mundo basada en datos por dos razones: la primera, mirar el mundo de esa manera nos permite navegar mejor entre las decisiones de la vida; y la segunda, una percepción soportada todo el tiempo en datos es más cómoda, crea menos estrés y esperanza que la visión dramática y negativa de la vida. Este es un libro que nos invita al optimismo, uno basado en hechos; que pasemos de vivir de corazonadas (hearhtfulness) a vivir de datos y hechos científicos (factfulness).

 


* Científico en ScienteLab y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Los secretos de las formas básicas

Los secretos de las formas básicas

Primer escenario: un cartel con un anuncio publicitario.
Segundo escenario: una foto de un bebé sentado al lado del cartel, mirando a la cámara.
Tercer escenario: una foto del bebé mirando el cartel publicitario.

¿Cuál de los tres escenarios resulta más atractivo y cautivador para el público? El tercero. ¿Por qué? Porque amamos a los bebés y nada de lo que ocurre con ellos nos es indiferente. Eso lo saben a la perfección el diseño y el mercadeo. Tanto así que el ‘sesgo de la cara de bebé’ (baby face bias, en inglés) es uno de sus principios universales: se trata de la tendencia de atribuirles a personas, animales o cosas con características físicas de bebé (formas redondeadas, ojos grandes, narices pequeñas, frentes amplias, mentones cortos, y piel y cabello suaves y ligeros) cualidades como honestidad, indefensión, inocencia y afabilidad. Y este fundamento antropomórfico, extensamente usado en la publicidad y la comunicación (evidente en marcas como Google, Apple o Fisher Price, por ejemplo), genera emociones positivas.

En esa misma vía, investigadores javerianos, junto con colegas de las universidades de La Sabana y Oxford, desarrollan diversos estudios para comprender cómo, ante estímulos exteriores, el cerebro construye percepciones y entender así la manera en que de ellas se derivan interpretaciones emocionales. Una de sus investigaciones acoge líneas y puntos —entendiéndolos como los elementos primarios de la percepción visual— para demostrar que a partir de ellos es posible generar no solo un efecto, positivo o negativo (valencia, en psicología), sino también distintas emociones, y entender cómo esto incide de manera crucial a la hora de comunicar, bien sea a través del diseño de un producto, o con un servicio o una experiencia.

Los científicos idearon tres experimentos que pusieron a prueba con 54 participantes del Reino Unido y Colombia. En el primero, exhibieron distintas líneas y les pidieron a estos que las asociaran con una emoción; en el segundo, agregaron puntos y pequeñas líneas que simulaban ser ojos; y en el tercero, dejaron solo estas dos últimas formas básicas. Los resultados fueron contundentes: las líneas cóncavas producían felicidad; las convexas, tristeza; y la combinación de estas con los elementos que parecían ojos evocó distintas valencias y emociones precisas (tensión, agrado, amabilidad, desagrado, entre otras).

Todo esto se enmarca en lo que se conoce como cognición corporal, esto es, que el conocimiento está embebido dentro del cuerpo, y este último incide significativamente en lo que un individuo percibe y aprende. Una de las primeras formas de analizar una línea o un punto sueltos es asimilándolos al cuerpo. De ahí que para el cerebro —que intrínsecamente configura patrones sobre el mundo que lo rodea y cuyas construcciones están enraizadas en la evolución— una cara es primero un conjunto de líneas que después constituye una imagen y la consecuente interpretación social de quién es uno y quién el otro.

Si bien la intuición dicta que las líneas curvas son más amigables y positivas que las rectas, que suelen percibirse como distantes, rígidas y negativas, esta investigación pasa tales ideas de sentido común por el cedazo de la metodología científica y amplía su alcance. “Aunque ya se sabía que hay líneas que generan algunas emociones, nuestro estudio se ampara en la ciencia para validarlo y amplía el repertorio conocido,pues lo que era claro hasta el momento es que la unión de dos líneas rectas formando un vértice genera aprehensión y amenaza”, señala el ingeniero industrial Jorge Alvarado. “El otro punto importante es la intermodalidad, es decir, la correlación e interacción entre sentidos. Estamos buscando mecanismos que hagan que un sentido afecte a otro. En este caso, se trata de cómo se perciben unas líneas y unos puntos, pero en otros la cuestión es cómo se dibuja un sonido o a qué huele un dibujo”, agrega este profesor especialista en análisis de inteligencia de negocios y quien avizora múltiples aplicaciones, desde crear marcas más asertivas y poderosas hasta manejar el dolor, pasando por impulsar el rendimiento deportivo.

Las líneas cóncavas producen felicidad; las convexas, tristeza; y la combinación de estas con los elementos que parecen ojos evoca distintas emociones, como tensión, agrado, amabilidad y desagrado.

“Aunque este estudio no revela información desconocida, sí le da un soporte científico y la refuerza al concebir distintos escenarios para valorar la percepción de las emociones, lo que podría dar pie a una guía que nutra el diseño”, afirma, por su parte, el diseñador industrial Santiago de Francisco, quien lidera en la Universidad de los Andes la cátedra Diseño Inspirado en las Emociones. Él piensa que hay que tener una metodología para diseñar, pero esta permite solo sistematizar, no crear, de modo que acoger los lineamientos esquemáticos que plantea el estudio no necesariamente asegura un mejor diseño o una mejor percepción de este. “La sistematización termina desarrollando elementos genéricos y poco apetecidos, y si hoy en día los objetos o servicios que consume la gente no permiten evocar recuerdos o contar historias, no trascenderán”, añade.

Las emociones son esenciales en ese proceso, pero no transcurren en el vacío: están sujetas a múltiples variables. Siempre han estado escondidas detrás de las líneas, en calidad de musas silentes. Sin ellas, no hay conocimiento, conforme lo recalcan científicos y artistas, desde distintas orillas. Pero ante el advenimiento de la tecnología digital y la consecuente abreviación del lenguaje a favor de la velocidad de la comunicación, se han vuelto especialmente notorias y relevantes: “hemos creado sistemas de comunicación en los que no podemos inferir muchos elementos emocionales dado que no hay sujeto, sino una interfaz intermedia, como el celular o el computador”, explica el psicólogo Alejandro Salgado- Montejo, coautor del estudio en cuestión. “Estamos muy ocupados construyendo la interfaz, pero no el lenguaje, y por eso debemos ser tremendamente competentes para comunicar emociones sin perder la riqueza de la interacción humana ni causar malentendidos”, advierte este experimentalista, concentrado no solo en escudriñar los entresijos del comportamiento humano, sino también en comprender cómo se construye, desde la neurociencia, una historia emocional en un espacio que no es natural para la especie.

Un reto, por supuesto, nada desdeñable, si se tiene presente que las emociones son una parte crucial e inherente a todas las decisiones que tomamos, desde la más superflua hasta la más esencial: “son el punto de inflexión para determinar qué acabas siendo tú en la vida, el sesgo fundamental a través del que va a pasar nuestra experiencia sensorial. Son la partícula del destino. Del saber cómo comunicarlas dependerá en buena medida el futuro de nuestra especie”, concluye Salgado-Montejo.


Para leer más:

  • Love for Logos: Evaluating the congruency between Brand symbols and typefaces and their relation to emotional words. Disponible aquí.
  • Drawing Sounds: Representing tones and chords spatially. Disponible aquí.

 

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Simple lines and shapes are associated with, and communicate, distinct emotions
INVESTIGADORES: Jorge Alvarado, Alejandro Salgado-Montejo y otros
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Departamento de Ingeniería Industrial
Universidad Javeriana
Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de La Sabana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualidad