El aventurero errante

El aventurero errante

Inquieto, juguetón e intrigado por objetos viejos y las cosas abandonadas, así creció Germán Ortegón. Desde que tenía 13 años, recuerda, colgaba sobre su cuello una cámara Olympus duplicadora que pertenecía a su madre, con un lente fijo y un pequeño zoom. Recorría las calles capturando imágenes, sin llegar a imaginarse que este hobbie lo convertiría en fotógrafo de la BBC y no propiamente por su rigurosidad periodística, sino porque era el designado para bautizos, bodas y comuniones. Sí, primeras comuniones.

Germán Ortegón

Nació en Manizales, en el seno de una familia de pura cepa: los Ortegón Pérez.  Aunque su pasión escondida siempre fue la fotografía, decidió, durante su adolescencia, estudiar comunicación social y periodismo. Se especializó en televisión, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el Instituto RTVE en Madrid, España.

Desde joven este manizaleño supo que lo suyo era narrar, narrar las historias de personas, sus experiencias y su memoria. Por eso dirigió el programa Agenda CM& en el Canal Uno, produjo los Juegos Centroamericanos y del Caribe – Cartagena (2006) para Señal Colombia, y realizó el magazín Los Ojos de mi Calle para RCN (2005).

Las primeras publicaciones sobre su trabajo con cámaras ocurrieron cuando era periodista del diario La Patria,  en Manizales. Aunque su función no era hacer fotoperiodismo, recuerda que las postales que tomaba le servían como un ejercicio de memoria personal. En su catálogo de fotografías todavía conserva alrededor de 27.000 imágenes.

Lo que fuimos 1

Con el paso de los años Germán supo que contar historias audiovisuales no era suficiente, que el país estaba cansado de ver muertos, tragedias y desastres; y que él también, como periodista, estaba molesto de encontrar cómo los protagonistas de sus producciones terminaban amenazados o revictimizados. A inicios de 2010, y con el objetivo de narrar desde otros puntos de vista, descubrió en las fotografías una forma de contar realidades. Una metáfora de la vida que, aunque cruda y dolorosa, también puede ser bella.

Este fue el gran salto en su carrera profesional. Notó, por primera vez, que no necesitaba de secuencias fotográficas para contar anécdotas, sino que una sola imagen podría contener millones de historias según la posición espacio-temporal del observador. Eso fue suficiente para darle un giro a su vida y emprender un diálogo con los objetos desde una estética bizarra mediado por la sensibilidad. Ellos le hablan de sujetos que aun los habitan y que dejaron su espíritu en su interior, tal como dice.

Trincheras de paz 3

“Descubrí que la gente se estaba volviendo insensible por lo que sucedía en el día a día”, enfatiza Germán Ortegón. Porque, según él, este ejercicio le permitió encontrar en las imágenes “…las experiencias de las personas, de lo vivido y no vivido. Encontrar sentimientos estremecedores sobre aquello que, aunque no experimentaron, sí se los contaron o asociaron con su pasado”.


Nuevos retos

En 2014 este amante de los viajes asumió el reto de recorrer el país con trípode en mano y maleta al hombro para contar, a través de su lente, la memoria de las víctimas del conflicto armado. Caminó toda la región de Gualivá, en el departamento de Cundinamarca, por alrededor de cuatro años. De este ejercicio resultaron 70 fotografías de objetos desgastados, personas y paisajes que evidencian el maltrato, abandono y desplazamiento de campesinos colombianos.

No fue un ejercicio de reportería, sino un encuentro programado por el destino con los testimonios que le contaban las cosas viejas. Entabló un dialogo con los objetos, sentía sus voces, llamándolo y observándolo. Así entendió que esos elementos que alguna vez usó para contextualizar los documentales que les presentaba a los televidentes, ahora le permitían narrar la complejidad de la violencia. Aunque no se considera un hombre sensible, reconoce que aprendió a ver diferente. A entender que “…en el universo, todo dialoga con todo”.

En marzo de 2017, Ortegón, quien también es profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, registró la serie fotográfica Lo que fuimos en el Catálogo de Obras Artísticas de la misma institución Según Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación, su obra cuenta con un valor patrimonial y estético de especial importancia para la Universidad.

Lo que fuimos 2

“Cuando muestro por primera vez Lo que fuimos, me encuentro con personas que empiezan a llorar viendo las imágenes; mi interés no era que lloraran, sino tocarlos. Lo que pretendía era indagar en la sensibilidad y las vivencias de las personas y es que a veces surgen sentimientos estremecedores que no se pueden evitar”, recuerda Ortegón.

Su misión no terminó allí. De hecho, en diciembre de 2017, Ortegón y seis estudiantes del Semillero de Investigación Aplicada en Periodismo Audiovisual de la Javeriana viajaron al Sahara Occidental, a la República Árabe Saharaui Democrática gracias a una invitación hecha por su embajador Mujtar Leboihi Emboiric. Este territorio, su población y gobierno son autónomos; sin embargo, su soberanía no ha sido reconocida internacionalmente.

El propósito de este viaje fue realizar trabajo social con la comunidad saharaui, construir casas, hacer actividades con los niños, conocer los hospitales y al mismo tiempo recorrer los campamentos de refugiados para fotografiar el concepto del dolor de la guerra, ya que esta región ha vivido en conflicto constante entre el Frente Polisario,  Marruecos y Mauritania por mantener el dominio militar y colonial de la zona desde mediados de los años setenta.

Memorias de arena 1

Una grata experiencia, según cuenta Germán, ocurrió a los pocos días de llegar al desierto. Porque, aunque viajaron en diciembre del 2017 y las especificaciones del tiempo para la época correspondían a sequía, el grupo javeriano presenció una fuerte tormenta de arena y, poco común, una tarde lluviosa. De ahí, nació una de las fotografías más bellas de la colección Memorias de arena, se trata de una gran duna vestida por un rojo intenso ocasionado por el agua que la bañó.

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Esta obra, conformada por 20 imágenes, se prepara para presentarse a lo largo de 2019 en países como Sudáfrica, la Liga Árabe, Francia, Alemania, Estados Unidos y España, con el apoyo de la embajada saharaui. Memorias de arena ya tocó territorio colombiano al haberse exhibido en las pantallas gigantes de la Javeriana y estar en proceso de registro en el Catálogo de Obras de la misma institución.

Memorias de arena 2

Como si fuera poco, el gusto por comunicar formas de vida involucró a Germán desde hace un par de años en el proyecto de la docente javeriana Paula Ospina Saavedra: Hacia una cartografía discursiva de la reconciliación en Colombia, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje. ¿Su objetivo? Entender los discursos de actores sociales sobre el proceso de reconciliación sin caer en lugares comunes de revictimización.

“Mi aporte a esta investigación siempre ha sido una reflexión de cómo difundir las experiencias de reconciliación sin dañar y en especial buscando no revictimizar a nadie”, menciona Ortegón. Desde aquí hace una propuesta fotográfica para rendir homenaje a las mujeres víctimas y victimarias en La Macarena – Meta, “ambas han vivido los dos roles en diferentes momentos” aclara. El ejercicio de narrar fue fotografiando los pies de las mujeres porque, según él, “lo importante no es saber quién es guerrillera o campesina, ya que al final todas son campesinas”. Este trabajo no tiene un nombre definido aún, sin embargo, lo reconoce como Huellas.

Lo que fuimos 3


Del lente al papel

Cada vez que Ortegón encuentra un objeto le asaltan preguntas. ¿De quién será? ¿Qué habrá pasado con su dueño? ¿Para dónde se fue? Porque, como reconoce, para saber a dónde ir es necesario conocer de dónde se viene, por eso lo primero que hace antes de iniciar una sesión fotográfica es recordar su pasado.

Él es paisa, muy paisa. Su acento lo delata. Incluso, mucho más que el tinto con panela y la arepa blanca que se ‘zampa’ al desayuno. Aunque lleva más de 29 años en Bogotá, no ha perdido sus raíces. Su familia paterna proviene del norte de España, de una comunidad de desplazados que llegó a América y a Colombia por el departamento de Santander. Quizá por eso considera que los objetos, esos que en algún momento fueron desechados, son los que ahora conducen sus creaciones.

Es riguroso y metódico. Trabajar con ‘basura’, con objetos despreciados, como muchos le dicen, no implica desorden. Él es estricto con la calidad de sus fotografías. No imprime en papel tradicional, lo hace en tipo barytas por sus fibras en algodón; no utiliza tinta láser sino pigmentos naturales para realzar la calidad de la imagen; y no emplea marcos unidos en sus esquinas sino de una sola pieza. Todo lo hace en calidad museo, nada se toca con las manos, todo se toma con pinzas. Eso habla de su trabajo, de él mismo.

Debido a este ejercicio y a su trayectoria profesional, Ortegón, quien también es director audiovisual del medio de comunicación javeriano Directo Bogotá televisión, fue invitado como conferencista a la XXV Cátedra Unesco de Comunicación en la categoría Memoria, verdad y comunicación, que se realizará el próximo 2 de noviembre en la Javeriana.

Mar eterno 1

Allí conversará sobre la relación entre memoria, subjetividad, credibilidad y las pugnas por el sentido a partir del trabajo fotográfico que ha desarrollado con Lo que fuimos, Memorias de arena, Huellas y otras producciones independientes, como Trincheras de paz, que aborda la arqueología de la memoria en los municipios de Mesetas y la Macarena, en el departamento del Meta; Hombres de Maíz, un recorrido de cuatro años por México, Guatemala, Honduras y Belice contando la historia maya a través de las piedras; y la mística del caribe colombiano con Mar eterno.

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Este hombre de piel trigueña, apasionado por la música, el arte y la literatura, halló su pasión en la belleza del dolor, luego de 35 años retratando las historias de colombianos; descubrió que ya no es él quien caza historias sino que ellas lo buscan, y que, así como alguna vez gozó de la inocencia de su niñez, ahora con sus fotografías puede llevar a sus espectadores al pasado para revivir en ellos lo que alguna vez los hizo vibrar: sus raíces, su memoria y su cotidianidad.

Postales de una nación que busca reconciliarse con la esperanza

Postales de una nación que busca reconciliarse con la esperanza

A pesar de que la violencia en Colombia les ha ocasionado la muerte a más de 218.094 personas, el 81% de ellas civiles, según el Centro de Memoria Histórica, la reconciliación se ha convertido en uno de los aspectos más importantes para las víctimas del conflicto armado en el país.

Por eso, con el apoyo de un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana, más de 227 colombianos de diversas regiones del país golpeadas por la violencia y que hoy son espacios libres de guerra se atrevieron a plasmar en fotografías lo que para ellos significa la reconciliación.

Comprender cómo el concepto ‘reconciliación’ se ha configurado en los grupos víctimas del conflicto armado fue el punto de partida para que investigadores de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana desarrollaran el proyecto ‘Caras de la Reconciliación’. Una iniciativa auspiciada por la agencia para el desarrollo internacional USAID e implementada en Colombia por ACDIVOCA a través del Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR).

El proyecto fue liderado por Carlos Gómez- Restrepo, médico especializado en psiquiatría y decano de la Facultad de Medicina, y coordinado por la psiquiatra María José Sarmiento, quienes, junto a un grupo de investigadores, viajaron a 10 municipios de Colombia priorizados por sus altos índices de incidencia del conflicto: Apartadó, Arauca, Arauquita, Bojayá, Ciénaga, Florencia, Quibdó, San Vicente del Caguán, Turbo y Vista Hermosa. Viajaron con el fin darle voz a quienes no la tienen e identificar y caracterizar el significado de la palabra ‘reconciliación’ en cada zona a través del lente de una cámara.

“Diseñamos una serie de talleres de fotografía participativa que consistían en ir a los municipios para enseñarles nociones básicas de fotografía a los participantes –personas de la comunidad– y luego hacer un ejercicio práctico en el que debían tomar una foto de lo que para ellos significa la reconciliación”, señala Sarmiento, quien resalta: “No les enseñamos nada sobre la reconciliación durante el taller porque queríamos que el resultado fuera lo que la gente realmente piensa.

Así obtuvieron 1.600 fotografías, 200 de ellas escogidas por los habitantes de los municipios. Posteriormente los investigadores  clasificaron las opiniones de los participantes en el software NVivo 11. De este proceso fue posible describir el concepto ‘reconciliación’ en ocho categorías de análisis: acciones, actitudes, estrategias, actores, emociones y sentimientos, relación con el medio ambiente, relación con el territorio e historia y valores.

El resultado es el libro Caras de la reconciliación, una producción artística que da cuenta del antes, durante y después del proyecto, de las fotografías tomadas por los participantes y sus comentarios, la clasificación por municipio y el contexto histórico de cada lugar, al igual que las reflexiones que resultaron de la investigación.

“Con este proyecto esperamos que se puedan alinear las políticas públicas y académicas con el fin de hacernos responsables de lo que ellos quieren, necesitan y están pensando. Ahora queremos empezar a diseñar estrategias que nos permitan fortalecer los valores y fortalecer los valores y diseñar estrategias y proyectos que nos permitan llevar procesos de reconciliación en estas comunidades”, menciona Sarmiento.

Con el propósito de hacer visible los resultados de este proyecto, las fotografías estarán disponibles durante todo el mes de febrero, como una exposición itinerante, dentro del campus de la Universidad Javeriana.


Reconciliación (de la raíz latina conciliatus: “caminar juntos”)

Apartadó
El 2 de enero de 1994 fue uno de los días más tristes para Apartadó. Ese día el Frente V de las FARC ingresó a la finca La Chinita, que posteriormente se convertiría en barrio Obrero, y abrió fuego contra quienes estaban allí. El saldo de esta masacre fueron 35 personas muertas y 17 heridas.

/Bibiana Guisao Villegas.
/Bibiana Guisao Villegas.

Sin título
Foto por:
Bibiana Guisao Villegas (30 años)
“…Cuando tenemos un conflicto con otra persona, no queremos ver la otra cara. Si existe la comunicación se puede lograr la alegría. Debemos vivir en amor en este mundo tan complicado”.


Arauca
El municipio de Arauca fue víctima de una de las épocas más violentas del país luego de que, entre los años 80 y 90, paramilitares compitieran con el ELN y las FARC por el control del paso fronterizo a Venezuela. De esa lucha resultaron tres masacres en las que murieron 14 personas, un alcalde, un concejal y monseñor Jesús Emilio Jaramillo, quien fue beatificado por el papa Francisco.

/Jonathan Santiago Botero Valcárcel.
/Jonathan Santiago Botero Valcárcel.

Uniendo diferencias
Foto por:
Jonathan Santiago Botero Valcárcel  (17 años)
“Estrechando la mano es el mejor comienzo para una reconciliación”.


Arauquita
Ubicado al norte del departamento de Arauca, Arauquita ha sido uno de los lugares con mayor incidencia de grupos armados debido a las disputas de las FARC–EP y ELN por el control territorial y las economías ilegales, como el narcotráfico y el contrabando. Algunos de los actos terroristas ocurrieron en La Esmeralda y en los oleoductos de Caño Limón – Coveñas.

/Tania Peña Márquez y Edgar Franco Comas
/Tania Peña Márquez y Edgar Franco Comas

Vamos, camarita
“Significa hacer las paces con esa persona que siempre se va a aceptar a pesar de sus defectos e indiferencias, significa un lazo que no se rompe”.


Bojayá
Este municipio, ubicado en el corazón del departamento del Chocó tiene un gran registro de víctimas causadas por el desplazamiento forzado, homicidios y actos terroristas. Uno de los hechos más graves ocurrió el 2 de mayo de 2002 cuando el fuego cruzado entre las FARC y las AUC ocasionó la explosión de un cilindro bomba sobre la iglesia, lugar donde se resguardaban los habitantes del pueblo. El saldo, 79 muertos y más de 100 heridos.

/Yoofari Allin Velásquez.
/Yoofari Allin Velásquez.

La reconciliación en nuestra cultura
Foto por:
Yoofari Allin Velásquez (15 años)
“Bojayá es un ejemplo claro de que el perdón y la reconciliación sí existen”.


Ciénaga
Ubicada en el Magdalena, ha sido una de las zonas con mayor concentración de grupos armados ilegales debido a sus ventajas geoestratégicas y económicas. En los años 80, las FARC, el ELN y las AUC llegaron al lugar para apropiarse de los recursos derivados del narcotráfico, explotar el medio ambiente, instalar minas antipersonales y cobrar vacunas a ganaderos y exportadores de banano.

/Andrés Eduardo Quiroz Madrid.
/Andrés Eduardo Quiroz Madrid.

Tranquilidad
Foto por:
Andrés Eduardo Quiroz Madrid (22 años)
“Me ayuda a traer paz con solo ver los maravillosos rayos de colores que trae mi atardecer”.


Florencia
Las historias de la violencia en la capital de Caquetá tienen su origen el 14 de mayo de 1984, cuando guerrilleros del M-19 se tomaron la plaza central y dominaron el territorio. Años después y con la llegada de las FARC, este lugar se convirtió en un escenario de enfrentamientos contra las AUC y las Águilas Negras –quienes se dedicaron a hacer ‘limpieza social’–.

/Yohari Alejandra Correa.
/Yohari Alejandra Correa.

Conviviendo con alegría
Foto por:
Yohari Alejandra Correa (6 años)
“Alegría con amor y apoyo”.


Quibdó
La capital del departamento de Chocó ha sido víctima de graves actos de violencia que han llevado a reconstruir la población más de una vez. Uno de los eventos más desafortunados ocurrió el 26 de octubre de 1966 cuando un incendio destruyó toda la ciudad, seguido de la llegada de grupos armados como las FARC, ELN, AUC, EPL y, recientemente las Bacrim.

/Blanca Rosa Romero.
/Blanca Rosa Romero.

El diálogo protege
Foto por:
Blanca Rosa Romero (26 años)
“…Si nos reconciliamos con nosotros mismos será más fácil reconciliarnos con el planeta completo, incluyendo los animales, la naturaleza y el entorno que nos rodea. Así tendremos una vida mejor”.


San Vicente del Caguán
La historia de violencia en este municipio, al norte del departamento de Caquetá, se debe a que fue nombrada como Zona de Distensión por el Gobierno del expresidente Andrés Pastrana para realizar los diálogos con las FARC-EP y ponerle fin a la guerra (1999-2002); sin embargo, las conversaciones no llegaron a feliz término por lo cual se generaron violaciones a los derechos humanos, atrocidades de guerra en la zona y la estigmatización nacional del pueblo.

/Rigna Jara Embres.
/Rigna Jara Embres.

El mercado
Foto por:
Rigna Jara Embres (65 años)
“Allí encuentro con qué alimentarme, así doy gracias a Dios pues mi corazón está alegre, por lo que puedo dar alegría y paz a quien me rodea”.


Turbo
Este municipio es uno de los más grandes de la región del Urabá y, a la vez, uno de los más azotados por la violencia en el país. La bonanza marimbera y cocalera de los años 70 e inicios de los 80 ocasionó la proliferación de grupos guerrilleros y paramilitares, y con ello también el narcotráfico. De ahí, la aparición de grupos armados como las FARC – EP y el ELN que luchaban por hacerse cargo del manejo de droga.

/Yurledis Carvajal Rivero y Over Luis Puerta.
/Yurledis Carvajal Rivero y Over Luis Puerta.

Entre familias
Foto por:
Yurledis Carvajal Rivero (30 años) y Over Luis Puerta (40 años).
“Elegimos esta foto porque en ella está representada la unión entre las familias, el compartir y brindarnos apoyo mutuamente”.


Vista Hermosa
Este municipio del Meta ha sido altamente codiciado por grupos al margen de la ley dadas sus condiciones geográficas y la proliferación de cultivos ilícitos, lo cual ocasionó el desplazamiento forzado de la población. Además, al haber sido nombrada como Zona de Distensión durante el gobierno de Andrés Pastrana y el estereotipo negativo que surgió de ello, los habitantes decidieron abandonarla.

/Gloria Esperanza Mesa y Ester Julia Rada.
/Gloria Esperanza Mesa y Ester Julia Rada.

Paz y reconciliación
Foto por:
Gloria Esperanza Mesa (53 años) y Ester Julia Rada (47 años)
“En la época del conflicto crudo, los habitantes de la margen derecha no podían pasar a la izquierda porque eran ajusticiados y así sucesivamente. En un día la guerrilla pasó más de 200 personas, de las cuales regresaron tres. […] Hoy en día respiramos esa paz tan anhelada y podemos decir que estamos en reconciliación con todos los habitantes de todas las veredas”.

En busca del antídoto contra el odio

En busca del antídoto contra el odio

“Olvidar para pasar la página”. Esta es una de las lecciones que arroja la investigación Creer en la reconciliación. Convivir en un mundo dividido, adelantada por la Iglesia Menonita de Colombia –de la que surgió la iniciativa–, la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana y la organización holandesa Kerk in Actie. Luego se unieron las iglesias Bautista de Cali y Reformada de Barranquilla, que realizaron labores de acompañamiento al proyecto. En ese sentido, se trata de una verdadera experiencia ecuménica que es en sí misma un ejemplo de reconciliación.

El proyecto se desarrolló a partir de encuentros de los investigadores –el teólogo católico Edgar López, de la Pontificia Universidad Javeriana y su colega protestante Enrique Vijver– con dos comunidades profundamente impactadas por la guerra: la de Trujillo (Valle del Cauca) y la de Pie de Pepé (Chocó). El enfoque se basa en la lectura contextual de la Biblia, una forma comunitaria de leer el texto sagrado de todo el cristianismo, nacida en Brasil, con la teología de la liberación. El ejercicio se adelantó en tres momentos: ver, juzgar y actuar.

Tras el repaso de un episodio bíblico, que seleccionan de común acuerdo los académicos y los asistentes, el grupo comienza por ‘ver’, esto es, hacer un diagnóstico de la situación que vive la comunidad; “juzgar es iluminar esa situación a partir de los textos bíblicos y actuar es transformar esa realidad”, explica López.

Del diálogo acerca del argumento, los personajes y sus mensajes, surgen preguntas como: ¿con cuál personaje se identifica? o ¿usted conoce historias parecidas?

Según López, “entonces la gente dice ‘sí, esta historia se parece a la mía’, y comienza la circulación entre el texto y la vida. Lo que pasa en el texto, pasa en mi vida, y cosas que no están en el texto sí puedan estar en mi vida. Se comienzan a llenar así los vacíos narrativos”.

Y ocurre que la Biblia está llena de narraciones de violencia, de guerra, de crímenes, y la gente se identifica, a pesar de los contextos diferentes. “Esto tiene un trasfondo teórico: decimos que la Biblia es un texto revelado, porque cuando se lee despliega su sentido. Los textos transforman la vida de la gente, y la gente transforma los textos, porque los hace significativos”, dice el investigador.


Los episodios que transforman

Entre las lecturas seleccionadas hay una que narra cómo el hijo menor de una familia pide su herencia, abandona el hogar, desaparece muchos años y dilapida el dinero, hasta que retorna donde su padre para pedir perdón; este lo recibe lleno de alegría y lo colma de atenciones. El hijo mayor, que había permanecido juicioso a su lado, no demora en advertir en todo esto una gran injusticia.

“Un grupo guerrillero se desarma y quiere participar en la democracia, y muchos que no hemos sido víctimas directas del conflicto decimos: ‘no pueden entrar, tienen que ser castigados’, la actitud del hijo mayor es la de buena parte de la población colombiana”, explica López.

Otro de los relatos utilizados es el del conflicto entre dos hermanos, Esaú y Jacob, en el cual, luego de reconciliarse, cada uno se va a vivir a un país diferente. Esto tiene un significado importante: “la reconciliación no implica que tengamos que vivir juntos para siempre. De lo que se trata es de dejar atrás un pasado y que cada cual pueda vivir tranquilo, sin hacerse daño”, continúa.


¿Perdón y olvido?

Contrario a lo que muchos predicadores del cristianismo señalan, esta investigación sostiene que, en el plano moral, interpersonal, nadie está obligado a perdonar: “obligar a perdonar es una revictimización. La persona hace su proceso y verá si se siente capaz. Y debemos respetar esa decisión”, sostiene el investigador López.

La investigación contempló tres momentos esenciales: ver, juzgar y actuar.
La investigación contempló tres momentos esenciales: ver, juzgar y actuar.

Explica que si la gente logra perdonar se libera de una presión que hace mucho daño. Y no es ‘borrón y cuenta nueva’, porque no es olvido. “Si yo olvido”, continúa López, “no puedo perdonar, no me acuerdo de qué pasó”. La gracia es recordar de una manera sana. Procesar el pasado para vivir el presente, y eso puede conducir a una mayor calidad de vida de quienes han sufrido. Como cuando las víctimas les decían a los investigadores: “yo perdoné porque tengo que seguir viviendo” o “yo no puedo pasarles este odio a mis hijos”.

En el plano político, donde actúan las instituciones, la cosa es distinta: “para que se reciba perdón tiene que haber un reconocimiento del daño causado; un propósito de no repetirlo; tiene que haber disposición para reparar y una justicia que restaure, que recupere el tejido social. La única justicia no es la cárcel”. López hace énfasis en esta perspectiva, según la cual Cristo ama por igual a quienes padecen el daño y a quienes lo generan, porque con frecuencia los roles se confunden, lo que comprobaron al entrevistar a paramilitares y guerrilleros desmovilizados; “nos impresionó mucho que sus historias eran muy parecidas a las de las víctimas”, dice.

Así, a lo largo de tres años de investigación, los académicos ayudaron a procesar el dolor, al tiempo que se nutrieron de las experiencias de las personas con las que tuvieron contacto. “Esa es la sabiduría de la gente que sufre. Ellos ven cosas en la Biblia que nosotros, con toda la teología que tenemos encima, no vemos”, reconoce López.

Las relaciones que los académicos y las comunidades tejieron en estos encuentros adquirieron un carácter perdurable; han surgido nuevas iniciativas, como un proyecto en Trujillo alrededor de la reconciliación con el medio ambiente, con base en lecturas bíblicas sobre el agua.

Esta experiencia permitió comprender cómo la violencia del narcotráfico y la minería ilegal, así como las otras violencias de orden cultural, impiden hacer realidad los sueños de una paz total, por lo menos a corto plazo. Hay territorios en los que la reconciliación todavía es una posibilidad remota. Lo que hay es trabajo, y mucho.


Para leer más

  • Vijver, E. y López, E. (Eds.). (2014). Creer en la reconciliación. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.
  • López, E. (2017). Más allá de la venganza: la generosidad de dar perdón y el valor de pedir perdón. En Fundación para la Reconciliación, ¿Venganza o perdón? Un camino hacia la reconciliación. Bogotá: Ariel.

INVESTIGACIÓN: Creer en la reconciliación. Convivir en un mundo dividido.
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Edgar Antonio López y Enrique Vijver.
Facultad de Teología
Iglesias Protestantes de Holanda, Iglesia
Menonita, Iglesia Bautista (Cali) e Iglesia
Reformada (Barranquilla)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2015

Francisco de Roux: la ruta para construir una nueva Colombia

Francisco de Roux: la ruta para construir una nueva Colombia

La paz y una nueva Colombia. Esos son los dos temas que hoy en día obsesionan al padre Francisco de Roux, jesuita, licenciado en Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Javeriana, doctor en economía y uno de los hombres que ha contribuido con su trabajo y su visión a construir la paz en Colombia: primero, desde la dirección del Cinep; luego, junto a los pobladores del Magdalena Medio, y recientemente, con los excombatientes de un lado y de otro, siempre buscando proyectos que conlleven a la reconciliación. Esa trayectoria le hizo merecedor del Premio Nacional de Paz en 2001.

Este miércoles, durante el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el padre De Roux será uno de los conferencistas principales. Su charla se centrará no solo en el papel que la Academia debe asumir en la nueva etapa de posconflicto, sino en las acciones que la población civil debe emprender para construir una nación sin odios ni temores.

“Es muy importante que encontremos, a través de la universidad, la posibilidad de escapar de las peleas y encontrarnos con el ser humano colombiano, más allá de esas posiciones interpretativas que nos dividieron”, propone el religioso, quien asegura que esa nueva sociedad debe construirse desde el plano democrático, ético y económico.

Su conferencia tendrá lugar el próximo miércoles, 13 de septiembre, a las 8:00 a.m. en el auditorio Alfonso Quintana S.J. del Edificio Jorge Hoyos S.J. (número 20 del campus universitario).

Aquí puede inscribirse para participar en el Congreso.

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La investigación científica vuelve a tomarse las aulas javerianas. Como es ya tradición, y después de dos años, el centro académico celebrará, entre el 11 y el 15 de septiembre de 2017, el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. Esta cita no solo mostrará el conocimiento generado por sus profesores y estudiantes, también se convertirá en un espacio de discusión en torno a la paz, la reconciliación y el papel que la ciencia puede jugar en la Colombia del postconflicto.

Este evento contará, además, con la participación de tres conferencistas de amplio reconocimiento académico:

  • El padre Francisco de Roux, jesuita que ha participado en diversos procesos de paz y construcción de sociedad civil en Colombia. El 13 de septiembre hablará sobre el papel de la investigación en escenarios de paz y en la reconciliación.
  • Marta Zambrano, doctora en antropología y académica de la Universidad Nacional de Colombia. Su conferencia, el 14 de septiembre, girará en torno a las decisiones que debe tomar el país en materia de ciencia y tecnología de cara al futuro.
  • Roberto Kolter, profesor de microbiología de la Universidad de Harvard, quien nos hablará el 15 de septiembre sobre la difusión de contenidos científicos para diversos públicos.

Las conferencias se realizarán en el auditorio Alfonso Quintana S.J., del Edificio Jorge Hoyos S.J. (edificio 20 del campus universitario) a partir de las 8:00 a.m. de cada día.

Por otro lado, durante el Congreso se realizarán seis simposios sobre temas tan variados como las problemáticas sociales, el medio ambiente, la construcción de paz o la interdisciplinariedad y las redes de colaboración, en los cuales se presentarán más de 100 resultados de procesos investigativos; asimismo, se presentarán al público nueve tecnologías desarrolladas enteramente en la Universidad Javeriana.

Uno de los puntos centrales será la entrega del Premio Bienal de Investigación, el cual tendrá dos categorías: a los mejores trabajos de investigación desde el congreso anterior (del año 2015), y Vida y Obra en Investigación, destinado al profesor javeriano con el recorrido y los aportes más destacados en su campo.

Dentro de las actividades a resaltar, como los toures guiados por laboratorios o charlas de investigación, sobresalen las jornadas de cerveza, tapas y posters, las cuales buscan generar una charla amena entre investigadores, profesores y estudiantes en torno a diferentes proyectos científicos, donde puedan realizarse aportes, compartirse experiencias, sugerirse métodos de investigación, etc. Se realizarán los días 13 y 14 de septiembre, después de las 5:00 p.m., en la Sala de exposiciones del edificio Gerardo Arango S.J. (edificio de la Facultad de Artes).

Aquí puede encontrar la programación para guiarse sobre las actividades del Congreso, al igual que puede inscribirse como asistente en este enlace.

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Convivencia y reconciliación. Construcción de nuevos vínculos sociales para una Colombia diferente.

convivencia

Freddy a. Guerrero (editor). cali: Ponti cia Universidad Javeriana Cali, 2015. 290 páginas.

Este libro recopila una serie de reflexiones de organizaciones sociales, instancias estatales y académicas en torno a temas fundamenta- les para nuestro país como la convivencia y la reconciliación. En un esfuerzo por continuar el legado de Ignacio Martín Baró, S. J., se con- sidera la importancia de la convivencia y la reconciliación como maneras de traducir, en clave de nuestro contexto, las salidas a lo que identi có este pensador como la relación entre salud mental y conflicto, fatalismo y desigual- dad social, al exponer otras formas de poder que aquel que ha determinado el conflicto y la explotación entre los seres humanos. Es- tas reflexiones aparecieron en el marco del IX encuentro de la Cátedra Internacional Ignacio Martín Baró, una iniciativa interuniversitaria promovida por la Ponti cia Universidad Jave- riana de Colombia, la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador y la Universidad Alberto Hurtado de Chile, cuyo propósito es generar una reflexión colectiva, rigurosa y sistemática, y una acción consecuente con esta sobre las condiciones de violencia social y política que sufren los pueblos latinoamericanos.

En la publicación se evidencian las experien- cias de Nariño, Cauca y Valle del Cauca en la voz de algunos de sus habitantes y organizaciones como el Observatorio de Paz y Conflicto de la Universidad Nacional de Colombia, la Agencia Colombiana para la Reintegración, la Unidad para la Reparación y Atención Integral a las Víc- timas, el Instituto Mayor Campesino del Valle del Cauca y la Agenda Local de Paz de Nariño. El libro contiene una serie de imágenes que ilustran la publicación, resultado de un concur- so de fotonarrativa desarrollado en 2014 desde la Cátedra Ignacio Martín Baró inspiradas en la convivencia y la reconciliación.

Justicia transicional en equilibrio. Comparación de procesos, sopeso de su eficacia

justicia

Tricia D. Olsen, Leigh A. Payne y andrew G. reiter. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 280 páginas.

Publicado originalmente en inglés en el año 2010 por el Instituto de Paz de los Estados Unidos, este estudio es uno de los primeros en evaluar empírica y comparativamente el funcionamiento de los procesos de justicia transicional. El libro analiza críticamente el éxito de la justicia transicional en cuanto al fortalecimiento de la democracia y la reducción de las violaciones de los derechos humanos, gracias a una base de datos que explora las particularidades de 161 países que en las últi- mas cuatro décadas adoptaron mecanismos de justicia transicional para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos del pasa- do, tras periodos de agitación política, represión estatal o conflicto armado. Con esta traducción, nanciada por la Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Institucionales, la Editorial Ponti- cia Universidad Javeriana espera contribuir con materiales analíticos y de investigación a la discusión sobre un tema actual y crucial en la realidad política y social de Colombia.

Providencia. Más allá de la etnicidad y la biodiversidad, una insularidad por asumir

providenciaCamila Rivera González. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2015. 237 páginas.

En una narrativa que entrelaza la subjetividad de la autora con las vivencias y las voces insulares, Providencia muestra cómo la perspectiva de protección al multiculturalismo y al medio ambiente de la Constitución de 1991 es apropiada y resigni cada en las fronteras de la nación por los raizales de la isla. La autora describe los procesos de etnización, biodiversificación y ecoturistificación que los providencianos adelantan para articularse a Colombia, proteger su sociedad y tramitar sus particularidades insulares y caribeñas. La construcción étnica como raizales ha traído tanto bene cios y ventajas, como di cultades, encrucijadas y tensiones identitarias. El texto analiza entonces los sentidos de insularidad, frontera y a nidad, como nuevos posicionamientos que les permitan a los raizales desmarcarse de los cajones étnicos para alcanzar mayor soltura, adeptos y efectos en sus procesos de a rmación de su identidad.

Idiomas espectrales. Lenguas imaginarias en la literatura latinoamericana

idiomasJuan Cristóbal Castro. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 398 páginas.

La lengua y la escritura son formas de rebelión, desde los lenguajes imaginarios que inventamos cuando niños para evitar el control de los adultos hasta la resistencia cultural de algunas comunidades a partir de la preservación de su idioma. La constitución misma de la lengua es política porque desde ella construimos las relaciones con el otro y las formas comunes y diversas de ver y entender el mundo: el poder se erige desde la palabra. La búsqueda de una identidad, de un ser común (de un enemigo común), pasa por ser parte de una comunidad lingüística, por entender lo que dice el otro, ya que si no entendemos, el otro es un extraño detrás de una barrera. Los idiomas espectrales surgieron a principios del siglo XX en Latinoamérica cuando todavía luchaba por de nir una identidad propia, alejada de modelos extranjeros; por eso son signi cativos para entender los procesos de identidad de esta parte del mundo. Estas lenguas aparecen como repuestas a las políticas del lenguaje (muchas veces desde su parodia), los cambios en la cultura (guiados en ocasiones por creaciones fantásticas como la radio, el cine, la máquina de escribir, la televisión) y los dramáticos momentos de la historia política que forzaron la aparición de voces distintas que escaparan a los silencios impuestos. Desde las vanguardias, en la máxima expresión que les dio César Vallejo, pasando por Borges, Cortázar o Cabrera Infante, hasta llegar a Eugenio Montejo o Ricardo Piglia, las lenguas imaginarias se han consolidado en las letras latinoamericanas como propuestas críticas y subversivas; como creaciones verbales de difícil comprensión que nos inducen al error, pero que recuerdan que en ocasiones no hay nada que nos acerque más a la realidad que lo fantástico.

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