Hallando formas de prevenir el cáncer de estómago

Hallando formas de prevenir el cáncer de estómago

El cáncer fue la segunda causa de muerte en Colombia entre 2007 y 2013 y el cáncer de estómago uno de los principales motivos de fallecimiento por razones de salud en el país. Así lo presenta el Atlas de Mortalidad por Cáncer en Colombia, producido por el Instituto Nacional de Cancerología. Sin embargo, reporta la misma publicación que se observó una tendencia al descenso de la mortalidad por esta enfermedad tanto para hombres como mujeres. La investigación con seguimiento a pacientes que viene liderando desde hace nueve años Alba Alicia Trespalacios, profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, encontró una explicación a esa disminución de casos y gracias a esos resultados recibe hoy un reconocimiento por parte de la Academia Nacional de Medicina.

En palabras de la investigadora javeriana, Helicobacter pylori (H. pylori) es el principal factor de riesgo para el cáncer gástrico. Allí radica la importancia de indagar por el tratamiento a esta bacteria y por ello ha ocupado su tiempo y su conocimiento, junto a sus estudiantes de doctorado y maestría, para encontrar el tratamiento anticipado que busque prevenir ese cáncer.

Con la investigación titulada ‘Caracterización molecular de H. pylori e impacto de su erradicación en la metilación de CDH1 y CDKN2A: un camino hacia la medicina de precisión en la prevención de temprana del cáncer gástrico’ buscódeterminar la diversidad genética del gen de la oncoproteína CagA que tiene la capacidad potencial de causar cáncer y que es un factor de virulencia producido por Helicobacter pylori. Además, reconociendo que la bacteria produce gastritis, una inflamación crónica del estómago, el equipo de investigación estudió cómo Helicobacter pylori introduce tempranamente modificaciones epigenéticas (al ADN) en el proceso infeccioso que podrían aumentar con el tiempo si la infección no se erradica.

Helicobacter pylori: Infección crónica bacteriana más común en el hombre, afectando actualmente a la mitad de la población mundial Tomb JF. Nature 387,583 586. 1997

Con este panorama, la investigación de Trespalacios quería corroborar si la erradicación exitosa a largo plazo de la infección podría revertir la propensión al cáncer de estómago. Entre los hallazgos se destaca que pacientes con edades por encima de los 50 años podrían tener una infección con las variantes más agresivas y virulentas de la bacteria y se podría asociar un desarrollo de cáncer gástrico. Además, se demostró que los pacientes infectados con H. pylori en Colombia tienen mutados genes relacionados con el desarrollo de cáncer gástrico y que, después de que los pacientes reciben tratamiento y se elimina la bacteria del estómago exitosamente, los cambios epigenéticos inducidos por la infección se van revirtiendo lentamente, encontrando que estos eventos se eliminan por completo después de cinco años de estar libre de la infección. Es decir, que la atención temprana con un tratamiento específico puede prevenir el cáncer de estómago, por lo cual se justifica erradicar activamente el H. pylori antes de los 48 años.

La importancia de este hallazgo radica en la posibilidad de brindar recomendaciones sustentadas en la evidencia científica para el diseño de política pública en salud que propenda por la prevención del cáncer gástrico relacionado con la infección causada por H. pylori y permita la actualización de las guías de práctica clínica sobre la bacteria que se realizó en 2017 y en las que participó la bacterióloga javeriana en conjunto con la Asociación Colombiana de Gastroenterología.

La conclusión principal de la investigación es clara: el H. pylori debe ser erradicado antes de los 50 años y debe hacerse seguimiento al menos durante 5 años de los cambios epigenéticos.

La profesora Alba Alicia Trespalacios, líder del proyecto de investigación javeriano y directora de los posgrados de la Facultad de Ciencias, explica que la Mención de Honor que recibe de la Academia Nacional de Medicina reconoce uno de los trabajos de la línea de investigación con 15 años de historia que dirige en la que se forman una estudiante de doctorado, una de maestría y un joven investigador. Los coautores de la investigación son William Otero, Azucena Arévalo, Eliana Rodríguez, Sandra Perdomo, David Díaz y Paola Betancourt y este proyecto contó con el respaldo financiero de la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana.

Además de este reconocimiento, la línea de investigación ha recibido otros premios y distinciones durante los últimos nueve años, entre ellos, el Premio Nacional de Gastroenterología José Jácome Valderrama en los años 2009, 2011, 2015 y 2019; el Premio Internacional al mejor trabajo de investigación del Congreso Internacional de Bacteriología 2018 del Colegio Nacional de Bacteriología; el Premio Mujeres de Éxito 2013 en la categoría Ciencia y Tecnología, y el Premio Max Meyer de la Asociación Colombiana De Endoscopia Digestiva en 2011.

 

Sobre el Premio Nacional de Medicina

Investigadores e investigadoras de la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional de Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana y de Vigicáncer celebran hoy el reconocimiento que reciben a las 6:30 p.m. por parte de la Academia Nacional de Medicina a la Investigación Científica. Además del trabajo de la profesora Trespalacios, las exploraciones académicas exaltadas estuvieron en torno a la caracterización de los linfocitos en personas con infección por el VIH y una posible terapia antirretroviral; también, al análisis de los efectos de la reducción del conflicto armado sobre desenlaces del embarazo; así mismo, a unos estudios genéticos sobre el Alzheimer familiar y posibles implicaciones terapéuticas, y a la investigación a las disparidades en la sobrevida del cáncer infantil en el sistema de salud universalizado en Cali.

La Academia Nacional de Medicina es una institución científica que tiene como propósito contribuir al estudio y progreso de la medicina, de la educación médica y la investigación. Además, es un es un organismo consultor y asesor del Gobierno para todos los asuntos relacionados con la salud pública. En su accionar busca promover e incentivar la investigación y la educación médica en Colombia y para ello otorga cuatro premios: el Carlos Esguerra, el Juan N. Corpas, el Roberto Franco y el Manuel Forero. Este último está dirigido a científicos colombianos con el fin de reconocer investigaciones experimentales que hayan cumplido meritoria y reconocida labor útil que sea benéfica para la salud pública de los colombianos y colombianas.

Conozca aquí el histórico de los reconocimientos del Premio Manuel Forero a la Investigación Científica.

La ceremonia de los Premios Academia Nacional de Medicina a la Investigación Científica 2020 se celebra virtualmente el jueves 29 de octubre a las 6:30 p.m. a través de este enlace.

En la foto de izquierda a derecha: Dr. William Otero, Dr. Barry Marshall, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2005, Alba Trespalacios y Francis Megraud, director científico del Centro Nacional de Referencia Francés para Campylobacter y Helicobacter y profesor de la Universidad de Bordeaux en Francia.
En la foto de izquierda a derecha: Dr. William Otero, Dr. Barry Marshall, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2005, Alba Trespalacios y Francis Megraud, director científico del Centro Nacional de Referencia Francés para Campylobacter y Helicobacter y profesor de la Universidad de Bordeaux en Francia.
Escribiendo la historia de científicos nobeles

Escribiendo la historia de científicos nobeles

¿Qué es lo que hace a un científico digno del Premio Nobel? Luis Alejandro Barrera lleva varios años intuyéndolo. Doctor en bioquímica, actual coordinador de la Clínica de Errores Innatos del Metabolismo (CEIM) del Hospital Universitario San Ignacio, y considerado como el impulsor de la investigación y la legislación  en Colombia  en favor de los pacientes de las llamadas ‘enfermedades raras’, ha llegado a una conclusión: un Nobel no es un investigador común.

“Son pertinaces: plantean hipótesis, formulan teorías, se lanzan obsesivamente a confirmarlas  nada los hace echar para atrás. Cuando encuentran una dificultad, la  superan buscando nuevas rutas y métodos que otras disciplinas han desarrollado, y sobre todo tienen la firme convicción de que pueden triunfar donde otros no han tenido éxito. Esas son características esenciales”, responde después de revisar en la pantalla de su computador, en su oficina, las vidas de los científicos que de una u otra manera, con su investigación, su trabajo, sus obsesiones han contribuido a mejorar la vida de los pacientes que sufren los errores innatos del metabolismo, enfermedades de cuyo estudio se han derivado grandes aportes a la ciencia y a la medicina.

Aquellas historias y personajes se encuentran en varios archivos de Word, uno de los proyectos a los que este científico le ha dedicado los más recientes años de su vida. Allí, le ha rastreado los pasos a, por ejemplo, Sir Archibald Edward Garrod, el médico británico que en los últimos días del siglo XIX se lanzó a investigar por qué los pañales de algunos bebés se ennegrecían al contacto con la luz. Aunque no ganó el premio Nobel, su trabajo en la alcaptonuria (la enfermedad de la orina negra) abrió un nuevo campo de la ciencia: los errores innatos del metabolismo, enfermedades que se originan en un error genético que muchos  padres trasmiten a sus hijos.

Garrod predijo a comienzos del siglo XX que el defecto se debía a un gen defectuoso que producía una enzima inactiva; en 1958 descubrieron que el problema de la alcaptonuria (una de las tres enfermedades genéticas estudiadas originalmente por él) se daba por deficiencia de la enzima homogenístico oxidasa, que hacía que se acumulara ácido homogenístico responsable de la coloración negra de la orina en los pacientes alcaptonuricos. Mucho más tarde, en 1996, se   descubrieron las mutaciones del gen HGD, confirmando así, un siglo después, las predicciones del científico británico.

Con ese ejemplo, Barrera explica otra particularidad de este tipo de investigadores: “Son universales y están prestos a aprender de otras ciencias, es decir, utilizan los avances y nuevos desarrollos en otros campos como la física, la química, la bioinformática o en la biología para avanzar en sus investigaciones.

En las más de 300 páginas que ha sumado hasta el momento, y que sigue corrigiendo y poniendo a punto, Barrera ha dado con la vida y las historias de algunos de ellos. Muchos de esos encuentros los ha revivido en su memoria. Como el de Earl Sutherland, Nobel de Medicina en 1971 por su descubrimiento de los mecanismos de acción de las hormonas, tema que lo cautivó cuando cursó en los años 70 su maestría en Ciencias en EE.UU. A mediados de esa década, Barrera se trasladó a Miami para estudiar su doctorado solo unos meses después del fallecimiento de Sutherland, pero con su coinvestigador pudo continuar el tema que lo ocupaba en su mismo laboratorio y también tuvo el privilegio de tener acceso a lo que eran sus bitácoras diarias de investigación.

En su manuscrito, Barrera también ha dado con historias que reflejan desigualdades sociales, como la de los esposos Carl Ferdinad y Gerty Cori, científicos checos que llegaron a EE.UU. en los años 20 para continuar con sus investigaciones en medicina. “En algún centro de investigación les permitieron trabajar juntos, pero ella ganaba 10 veces menos que él y hacía lo mismo”, recuerda Barrera sobre la pareja que ganó el Nobel de Medicina en 1947 por el descubrimiento de la conversión catalítica del glucógeno; a pesar de este detalle, resalta que sus logros se obtuvieron en parte por su complementariedad  en todos los espacios de sus vidas: “Oyendo al hijo, uno entiende que eran el complemento perfecto: a ella  le gustaba la antropología y las biografías, a él la poesía y el arte. Uno empezaba un frase y el otro la completaba”.

Esa desventaja también la sintió en carne propia Rosalyn Yalow, Nobel de Medicina en 1977 por el desarrollo del inmunoensayo para la cuantificación de las hormonas péptidas. Un logro que casi no se da por ser una científica trabajando en los años 50, cuando la investigación científica era dominada casi exclusivamente  por hombres:. Para poder aproximarse a la escuela de posgrado ’por la puerta de atrás’, como ella misma decía,  aceptó ser secretaria de un notable bioquímico para lo cual tuvo que aprender taquigrafía. Posteriormente la invitaron  en la Universidad de Illinois para dictar cursos de pregrado donde era la única mujer entre 400 compañeros varones. Yalow afirmaba: ’Cualquier cosa que haga la mujer debe hacerlo dos veces mejor que un hombre para que sea considerada la mitad de buena’”.

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Rosalyn Yalow (izq.) y Gerty Cori (der.) ganaron el Premio Nobel sobreponiéndose a un campo dominado casi que exclusivamente por hombres.

¿Cómo surgen los científicos que ganan el Nobel? Una mirada rápida a la vasta historia del premio en las categorías de Medicina y Química (se entrega desde 1901) señala que lo han recibido, hasta la edición de 2017, unas 418 personas de 29 universidades, de las cuales 21 son de Estados Unidos sin que todos los investigadores hayan nacido en ese país; de hecho, hubo una época en que la mayoría eran inmigrantes que huían de la persecución nazi.

Estos datos no son ajenos en las extensas sesiones de escritura de Barrera; de hecho, ha creado su propia explicación del fenómeno: “Una proporción muy grande de investigadores los concentran universidades como Harvard, Cambridge, Chicago, Columbia, Oxford, MIT, Caltech, Humboldt, Paris, porque allí se privilegia la investigación de frontera y, para ello, concentran recursos físicos y humanos de las más alta calidad y pagan bien. Por otra parte, una buena universidad atrae ya ganadores de premios Nobel o candidatos en potencia, porque los escalafones y el prestigio moderno se basan también en cuántos Nobel tiene una universidad”.

Por otra parte, el apoyo  de los padres y maestros en los primeros años suele ser fundamental en la carrera de un investigador: “La mayoría de los grandes científicos recuerdan a uno de sus maestros en los primeros  años de escuela o en la adolescencia que los marcó con su entusiasmo y amor por la ciencia”, asegura Barrera. Excepcionalmente, el ejemplo viene de casa como lo demuestra la historia de la francesa Irène Joliot-Curie, que ganó el Nobel de Química en 1935 por el descubrimiento de la radiactividad artificial; ella aprendió la pasión por la investigación de sus padres, los científicos —y también nobeles— Pierre y Marie Curie.

Para Barrera, quien se concentra en la etapa final de edición de su libro y en escoger de entre la lista de diez títulos el indicado, son la disciplina, la inspiración y algo de suerte los factores que pueden convertir a un niño curioso en un científico de renombre. Suele explicarlo a través de una cita de Pasteur que frecuentemente recordaba Sir Hans Adolf Krebs —por supuesto, Nobel de Medicina en 1953 por describir el ciclo que lleva su nombre—: “La suerte es necesaria pero solo favorece a la mente preparada”.

“A todos nos llegan momentos de inspiración, unos los utilizan y otros no… A uno la vida le ofrece una cantidad de buenas  oportunidades, pero si las deja pasar…”, concluye Barrera con una carcajada, no sin antes volver la mirada a la pantalla de su computador para sumergirse de nuevo en la historia que está a punto de terminar.

Premio al protector de aves

Premio al protector de aves

Luis Miguel Renjifo, actual vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, recibió el Premio al Servicio Distinguido, sección América Latina y el Caribe, durante el Congreso Internacional Biología para la Conservación 2018 que se realizó entre el 25 y el 27 de julio en St. Augustine, en Trinidad y Tobago.

Este biólogo y ecólogo ha concentrado sus estudios e investigaciones en las aves con especial énfasis en aquéllas en peligro de extinción, lo que lo llevó a publicar el Libro Rojo de Aves de Colombia, el cual ha venido actualizando gracias a sus permanentes salidas de campo, trabajos con sus estudiantes y con el apoyo de la ciencia ciudadana, actividad que ha promovido en los colombianos.

El premio que entrega la Sociedad de Biología para la Conservación (SCB por sus siglas en inglés), reconoce individuos, grupos o instituciones que se hayan distinguido por su dedicación en cualquier campo asociado con la biología de la conservación, y cuyo trabajo haya aportado nuevo conocimiento a la conservación de la diversidad biológica del planeta.

En el caso del vicerrector, investigador y profesor Renjifo, el premio le reconoció tres “contribuciones extraordinarias”:

Por la evaluación del riesgo de extinción de especies de la avifauna colombiana.


Por influir en las políticas de conservación.


Y por promover la capacitación en esta disciplina científica, la ornitología, en la región.


En 1987, cuando fue entregado por primera vez este reconocimiento, lo recibió el ambientalista británico Norman Myers; en 1991, el biólogo y naturalista estadounidense E.O. Wilson, autoridad mundial en hormigas; en 2002, la ecóloga y conservacionista británica Georgina M. Mace, de la Fundación Charles Darwin de las Islas Galápagos; en 1994, el exvicepresidente de los Estados Unidos y ambientalista Al Gore; y en 2003, la ambientalista y ecóloga marina Jane Lubchenco, que dirigió en Estados Unidos la Administración Nacional del Océano y la Atmosfera (NOOA por sus siglas en inglés) y formó parte del equipo asesor de ciencia del expresidente Barak Obama.

En 2018, Luis Miguel Renjifo se suma a este selecto grupo de ganadores.