La ciencia colombiana no tiene doliente

La ciencia colombiana no tiene doliente

Lisbeth

El Gobierno propone una reducción del 40% en el presupuesto de ciencia y tecnología para 2018. ¿Se podría esperar un escenario diferente? No lo creo: una cosa son las intenciones, y otra, las actuaciones.

El Gobierno dice que se prepara para ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero recorta el presupuesto para la ciencia, sabiendo que es un requisito importante para lograrlo; el Gobierno ofrece dineros de regalías para que todas las regiones inviertan en ciencia y tecnología, y luego se los quita para construir vías terciarias; el Gobierno se ufana de apoyar la formación de doctores, pero no se da cuenta de que, una vez formados, el país no está en la capacidad de ofrecerles espacios dignos para dedicarse a producir nuevo conocimiento; el Gobierno dice que cree en la ciencia y la tecnología, pero está ocupado en asuntos del día a día, vive en el corto plazo y no planea a futuro; el Gobierno dice que Colombia será el país más educado de América Latina en 2025, pero aún la calidad de la educación está estancada y no promueve el pensamiento crítico y curioso. La misma OCDE, en su documento de revisión de la política educativa del país (2016), reconoce que aunque el sistema educativo colombiano “ha experimentado una transformación fundamental”,  actualmente enfrenta altos niveles de desigualdad desde los primeros años de educación y un bajo nivel de calidad en el sistema educativo.

Y, a todas estas, ¿dónde están los científicos colombianos? Abrumados. No es su estilo salir a las calles a alzar su voz frente a la situación, son tímidos ante a los medios. Pronto enviarán cartas, organizarán espacios de análisis y reflexión, le pedirán cita a los altos funcionarios y todo se quedará en el mismo punto en el que comenzaron, estirando los pocos fondos que puedan tener, buscando otras fuentes de financiación y viendo, con nostalgia, una Colciencias que necesita combustible para despegar con decisión.

¿Y dónde está la ciudadanía que vele por un país en el que los valores individuales conlleven a un desarrollo colectivo y a su bienestar en la realidad y no solo en el discurso? ¿Dónde está esa ciudadanía que cree y le interese una cultura científica? Son pocas las iniciativas y menos las que logran sensibilizar y formar ciudadanos empoderados.

El problema es que el país ni conoce ni cree que Colombia tiene un gran potencial en ciencia, tecnología e innovación.