El reto de promover la salud integral en niños con labio y paladar hendido

El reto de promover la salud integral en niños con labio y paladar hendido

Desde la antigüedad, la humanidad se ha enfrentado al reto de tener individuos con hendiduras o malformaciones en su cara, ojos, labios o paladar, que han sido discriminados o aceptados socialmente a tal punto de considerarlos dioses en culturas como la griega, china o egipcia.

Aunque esto ocurría hace miles de años, todavía en la sociedad colombiana es común oir expresiones como “¿qué tiene ese niño en la boca?”, “¿por qué no se entiende lo que habla?”, “¡Ah, es que tiene labio leporino!”, lo cual no es de extrañarse porque cualquier condición de la cara que se aleje de la “normalidad“ llama la atención y más aun porque el rostro es el conjunto de facciones y rasgos que le dan parte de la individualidad e identidad a cada persona.

En la actualidad, tener alguna anomalía craneofacial sigue siendo un reto médico y social. Unas de las más comunes son las malformaciones en el labio y el paladar, que se presentan entre el 0.09 % y 0.10 % de la población colombiana, según el IV Estudio Nacional de Salud Bucal del año 2015 del Ministerio de Salud y Protección Social.

En esta medida, el nacimiento de un niño con hendidura labiopalatina, que se conoce coloquialmente como ‘labio leporino’, tiene gran impacto en la persona pues la complejidad de esta condición genera alteraciones psicológicas, estéticas y funcionales que pueden afectar la alimentación, audición, respiración, masticación y el habla del paciente frente a su entorno social, escolar y familiar.

 

El término “leporino” viene de la palabra latina “leporum”, que significa “labio libre”, semejando la forma del labio de los conejos. Actualmente se prefiere evitar esta palabra.

 

En el tratamiento de esta condición es necesaria la participación de un grupo de especialistas que actúen de manera articulada para que el desarrollo y la rehabilitación de estos pacientes y de sus familias se dé integralmente. En este proceso es importante involucrar a los cuidadores, para que sea posible cumplir los objetivos propuestos.

El acompañamiento se debe iniciar por un equipo de especialistas en genética, pediatría, cirugía plástica y/o maxilofacial, odontopediatría, fonoaudiología, psicología, ortodoncia, periodoncia, restauración oral, entre otros. Es ideal que estén presentes desde el embarazo de la madre para brindar asesoría, con el fin de que se puedan despejar dudas y se oriente a los padres sobre el cumplimiento de las necesidades básicas de sus hijos como la alimentación del bebé que viene con esta condición. Aunque esta suele ser una de las mayores dificultades porque se pueden presentar cuadros de ahogo, paso de líquido entre la nariz y boca, los expertos han identificado que es posible implementar la lactancia materna como primera opción para el neonato que nace con algún tipo de hendidura en el labio o paladar.

A medida que el bebé va a creciendo, es fundamental que los padres sepan cuál es la mejor manera de alimentarlos, con el fin de estimular sus músculos, proporcionarles una ganancia óptima de peso y prepararlos para las primeras cirugías del cierre del labio y del paladar. Además, en este contexto, la decisión o no de realizar aparatos para moldear la boca o la nariz debe partir de las condiciones particulares de cada individuo y de las necesidades del círculo familiar. Por otro lado, es necesario el acompañamiento del odontopediatra y del fonoaudiólogo, que indican el momento propicio para iniciar el cepillado dental, los controles de la erupción de sus dientes y hacer seguimiento a los procesos de succión, deglución, masticación, respiración, habla y lenguaje.

Por lo anterior, el tratamiento de niños con malformaciones en el labio y el paladar requiere de diversos profesionales que trabajen coordinadamente y en equipo, además de poseer gran conciencia social, valores y formación integral. Considerando que lo ideal en salud es la prevención de la enfermedad y la promoción de salud, el grupo interdisciplinario para el manejo de las hendiduras labiopalatinas de la Facultad de Odontología: Construyendo Futuro, plantea estrategias desde hace aproximadamente 20 años para lograr la salud integral de los niños con esas condiciones, donde la educación y la promoción de la salud empodere a los pacientes y sus familias para minimizar cualquier manera de discriminación.

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De esta manera, a raíz de la pandemia ocasionada por la COVID-19 y con motivo del aniversario de los 70 años de la Facultad de Odontología de la Universidad Javeriana, el área de Odontopediatría y Fonoaudiología se propuso brindar un acompañamiento a los pacientes con Labio y Paladar Hendido (LPH) y a sus familias a través de un material educativo, con el fin de mejorar y optimizar su desempeño en las áreas de la salud oral, alimentación, forma de hablar y desarrollo del lenguaje de los niños desde el nacimiento hasta los 18 años de edad.

Este material incluye videos, infografías y un blog interactivo que busca ilustrar los cuidados y la forma correcta de alimentar a un bebé con LPH durante los primeros meses con lactancia materna, cómo realizarles su higiene bucal, presenta una guía alimenticia para optimizar su nutrición y proporciona pautas para la estimulación correcta del habla y del lenguaje de los niños.

A continuación, le invitamos a consultar el material educativo:

Este material fue diseñado por el grupo de residentes de segundo año de la Especialización en Odontopediatría de la Facultad de Odontología: Camila Álvarez, Tatiana Bustos, Alexandra Eras, Lucía Galindo, Karen Hernández, Gabriela Oviedo, Silvia Rojas y Sarah Villalobos. Además, contó con la participación de la estomatóloga pediatra María del Pilar Bernal y la fonoaudióloga especialista en Terapia Miofuncional y Disfagia, María Ximena Abello, profesoras de la Pontificia Universidad Javeriana.

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¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

Los corales son a los arrecifes lo que los árboles son a los bosques. Con esa descripción, Mateo López-Victoria representa el valor que tienen esos ecosistemas marinos para la conservación de la biodiversidad del país.

Él, biólogo marino de profesión y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana seccional Cali, lidera una iniciativa pocas veces vista en Colombia: la restauración de arrecifes coralinos en Parques Nacionales Naturales ubicados en aguas del océano Pacífico.

Este proyecto surgió hace cinco años del análisis de la degradación que sufren los corales ubicados en el Caribe y en otros lugares del mundo, situación que creen tarde o temprano llegará a las aguas del Pacífico debido, por ejemplo, al calentamiento global y la contaminación.

“Esos procesos de restauración son preventivos, para que cuando llegue el coletazo del deterioro de los arrecifes al Pacífico colombiano, nosotros ya estemos preparados y no empecemos a reaccionar, quizá muy tarde, sobre la marcha del deterioro”, explica López-Victoria.

Él agrega que es necesario anticiparse y prepararse científicamente con el fin de tener suficientes elementos para tomar decisiones con base en procesos que ya hayan probado ser exitosos. Por eso enfocan sus esfuerzos en el conocimiento de especies, técnicas para propagarlas y seguimiento a su desarrollo y desempeño en procesos de restauración aplicados, siempre en las condiciones naturales dentro del Parque, no en un laboratorio.

Gracias a esta exploración, científicos, profesores y estudiantes han logrado conocer profundamente cinco especies de coral, de 15 que tienen en el radar porque ellos son fundamentales para la salud de los mares, de acuerdo con el investigador javeriano. “Los arrecifes coralinos son el ecosistema más biodiverso que hay en el planeta. Por metro cúbico tienen más diversidad que las selvas húmedas tropicales. No hay nada más diverso en número de especies que un arrecife coralino”, complementa.

Incluso, López describe un fenómeno positivo que se da en aquellos presentes en los Parques Nacionales como Gorgona y Utría. Según sus análisis, en ellos se da un ‘efecto de desborde’, es decir, hay unos excedentes en peces, moluscos y otros seres producto de la reproducción que realizan en esas áreas protegidas, por lo que miles de ellos llegan a los lugares cercanos donde está permitida la pesca y extracción de recursos, beneficiando así a miles de personas.

 

Escalas de investigación

Todos los actores que participan en esta cruzada por la conservación de los arrecifes trabajan a diferentes escalas investigativas.

La primera de ellas tiene un énfasis en los trabajos de grado de los estudiantes, los cuales se ejecutan entre seis y 12 meses. “Ellos plantean una pregunta específica sobre la restauración del coral. A partir de eso identificamos la especie, la fragmentamos, probamos los sustratos en los cuales se siembra el coral, técnicas de pegado y cómo se construyen esos sustratos. De ahí se desprende cuáles son los tamaños ideales de corte para que el coral se desarrolle y tenga una alta tasa de supervivencia”, describe el biólogo.

La segunda escala consiste en integrar los resultados de los análisis e investigaciones en función de una pequeña área o arrecife que se quiera restaurar. Por ejemplo, en el Parque Gorgona se ejecutan acciones en el sector de El Remanso, un lugar donde hubo coberturas de coral, pero que se deterioraron en la década de los ochenta por el daño ambiental que sufrió la isla en tiempos en que funcionó el penal, y como consecuencia de fenómenos climáticos que están terminando de entender.

La tercera fase, que es la más robusta, es el programa de restauración de los arrecifes del PNN Gorgona. Este programa es ejecutado por representantes de la Javeriana Cali, como Juan Felipe Lazarus; Fernando Zapata, de la Universidad del Valle; Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, y los funcionarios Luis Payán y Héctor Chirimías, del Parque Nacional. El objetivo es aplicarlo durante cinco años estableciendo proyectos piloto, e involucrar a otros actores como turistas, pescadores, escuelas de instrucción de buceo y otros científicos.

Además de replicar esta misma experiencia científica en Parques como Utría y Malpelo, López afirma que este modelo también puede servir como ejemplo de recuperación de ecosistemas de otro tipo, pues empodera a comunidades, estudiantes, científicos y pescadores de distintas regiones.