Diatomeas: la clave para entender a los homínidos

Diatomeas: la clave para entender a los homínidos

Unas algas microscópicas, tan pequeñas como el grosor del pelo de un gato, cuentan historias del pasado. Del pasado lejano: de hace unos 2 millones de años. Se llaman diatomeas, viven en lagos, humedales, ríos y mares, y el actual director del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, Carlos A. Rivera-Rondón, es un experto ‘diatomólogo’. Hasta Tanzania llegó, a una de las regiones emblemáticas de la evolución humana, a develar no la presencia de nuestros antepasados sino el ambiente donde vivían estos primeros seres que ya caminaban en dos patas.

Las diatomeas que encontró, principalmente de los géneros Encyonema, Nitzschia y Gomphonema, demuestran que en ese entonces, en esa región a la que hoy llegan arqueólogos y científicos de todas las especialidades, existían humedales de agua dulce. Y donde hay agua dulce, hay un ambiente propicio para la supervivencia de los homínidos. A su alrededor habría árboles, principalmente palmeras, algunas leguminosas y gramíneas. Estos estudios del paleopaisaje son esenciales para entender el uso que hacían los homínidos de la vegetación y el agua. Dice el estudio, publicado a finales de 2018, que “las actividades tempranas de los homínidos incluyeron la búsqueda de agua potable, refugio de depredadores, alimentos y materias primas para producir herramientas”.

Las diatomeas son unas algas microscópicas muy resistentes, compuestas por dos valvas que forman un pequeño estuche transparente. Puede haber más de 25.000 especies en el agua dulce ―pero también se encuentran en el mar―. Así, las diatomeas que vivieron en el pasado pueden acumularse en el fondo de los lagos, que actúan como sistemas colectores. Hay yacimientos de diatomeas de hace 30 millones de años.

Sus paredes de sílice, muy rígidas, permiten identificarlas fácilmente. Tienen una gran cantidad de aplicaciones: son indicadoras del estado del ambiente y de la contaminación de los ríos; forman la diatomita, que era la base para fabricar la dinamita; son filtros para el vino y la cerveza; se utilizan como insecticidas e, incluso, son útiles en medicina forense.

Diatomeas 1


Destino: el norte de Tanzania

Rivera-Rondón, experto en ecología acuática e interesado en el impacto del clima y la influencia humana sobre los ecosistemas acuáticos, fue invitado a participar en un proyecto liderado por la arqueóloga española Rosa María Albert en el norte de Tanzania. Se sabía que, posiblemente, hasta hace un millón de años, “al lado del yacimiento había un lago gigantesco salino, pero, ¿en dónde estaba el agua dulce? ¿Cómo era ese ambiente? Ahí es donde yo entro”, cuenta el investigador.

Los restos arqueológicos muestran la presencia simultánea de diatomeas de agua dulce y de fitolitos, evidencias de plantas de ambientes terrestres. ¿Cómo era eso posible? Los proyectos de Albert estudian los restos de origen biológico y estos se usan para interpretar contextos arqueológicos, porque desde hace unas décadas la arqueología se ocupa no solamente de buscar restos de homínidos y de humanos, sino de explicar los ambientes en los que han vivido. Y las diatomeas ayudan a interpretar y reconstruir esos paisajes.

La Garganta de Oldupai ha sido labrada por un río que le da su nombre y que solo tiene agua cuando llueve. Es parte de la Zona de Conservación Ngorongoro, donde se encuentran nueve volcanes. Es una región bastante árida durante una parte del año: las oleadas de polvo son frecuentes en tiempos de sequía y las plantas reverdecen cuando vienen las lluvias. Es una de las mecas africanas para los arqueólogos, pues se han encontrado huellas, herramientas y restos de homínidos, así como de antílopes, hienas, elefantes, babuinos, leones, jirafas y cebras.

En el corazón del parque, los masái y otros tanzanos apoyan las labores de excavación. Algunos de ellos son los expertos y pueden extraer delicados fragmentos arqueológicos con la precisión de un relojero. Por lo general hay unos 30 o 40 científicos realizando diferentes proyectos en los que la interdisciplinariedad es la regla: geólogos, vulcanólogos, topógrafos, arqueólogos, limnólogos, biólogos, entre otros: cada uno, con una experticia, adelanta su investigación. Y lo interesante, dice Rivera-Rondón, no es solamente el trabajo de campo sino las largas conversaciones en el campamento con todos los colegas.


El paisaje de hace dos millones de años

En esta región predominaba “un paisaje muy heterogéneo, con periodos de mucha agua y otros muy secos, o sea, tuvo un pulso muy estacional”, explica Rivera-Rondón. Se trataba de “una zona de humedales, con un río que tenía canales de agua dulce, muy posiblemente con mucha vegetación, unos juncos que hoy se sabe pueden aportar alimento para animales y para los homínidos; estaba rodeado de algunos conjuntos de palmares que muy posiblemente también pueden brindar alimento, rodeados de espacios abiertos”.

De las plantas que existieron solo quedan las huellas en fósiles y los fitolitos. En cambio, las diatomeas “son estrellas en estos yacimientos, porque cuentan cómo era el agua, si era dulce, salada, si había ríos o humedales”. Y no se puede imaginar la evolución de nuestros antepasados sin la disponibilidad de agua dulce. “La investigación de las diatomeas complementa el proyecto que estamos realizando sobre la reconstrucción del entorno, y especialmente sobre las condiciones y disponibilidad de recursos en la Garganta de Oldupai, lo que permitió la supervivencia de los homínidos que visitaban la zona”, dice Albert, del Departamento de Historia y Arqueología de la Universidad de Barcelona.

“Gracias a estos trabajos hemos podido identificar zonas óptimas con disponibilidad de agua dulce y de recursos vegetales, dentro de un entorno dominado por un lago salino-alcalino (agua no potable)”, añade la científica española.

En este paisaje africano se encuentran pistas que permiten a los científicos interpretar cómo vivían los homínidos hace dos millones de años.
En este paisaje africano se encuentran pistas que permiten a los científicos interpretar cómo vivían los homínidos hace 2 millones de años.


Diatomeas colombianas

Rivera-Rondón no se cansa de buscar sus diatomeas y de desentrañar aspectos climáticos que puede inferir a partir de las especies que encuentra y del lugar donde las encuentra. Actualmente recorre lagos de páramo en Colombia buscando diatomeas y otros organismos, con el objetivo de reconstruir la ecología de los últimos 500 años en la Cordillera Oriental y en el Parque Los Nevados. “En este proyecto, financiado por Colciencias, lo que estamos haciendo es construir una base de información para hacer la reconstrucción de cómo eran nuestros lagos hace 1.000, 2.000 o 3.000 años, entender cómo el clima ha impactado esos lagos y tener algunas ideas de cómo el clima podría impactarlos en el futuro”.

 

Para leer más

  • M. Albert, M.K. Bamford, I.G. Stanistreet, H. Stollhofen, Carlos A. Rivera-Rondón, J.K. Njau, R.J. Blumenschine, “River-Fed Wetland Palaeovegetation and Palaeoecology at the HWK W Site, Bed I, Olduvai Gorge”, en Review of Palaeobotany and Palynology, 259, 2018, 223-241.

 

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El impacto paleoambiental en la evolución humana y el uso de los recursos disponibles a partir del estudio de microrrestos de origen biológico
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Rosa María Albert
COINVESTIGADOR: Carlos Alberto Rivera-Rondón
Grupo de investigación Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis)
Facultad de Ciencias, Departamento de Biología
Pontificia Universidad Javeriana
Equip de Recerca Arqueològica i Arqueomètrica (ERAAUB)
Departamento de Prehistoria y Arqueología
Universidad de Barcelona
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2018

Aves javerianas, un contacto con la naturaleza urbana

Aves javerianas, un contacto con la naturaleza urbana

Las aves urbanas están presentes en el diario vivir de los seres humanos, pues de alguna forma han simbolizado elementos que interactúan directa e indirectamente con las costumbres de una sociedad. A pesar de lo complejo y caótico que pueda considerarse una metrópoli en cuanto a facilitación de espacios o hábitats para la subsistencia de las aves, los paisajes transformados poseen elementos naturales que permiten que estos seres alados sean considerados organismos altamente adaptados a condiciones limitantes, propias de las ciudades, y que benefician a las ciudades por medio de la prestación de servicios ecosistémicos.

Una de las estrategias para comprender y valorar el patrimonio ecológico en áreas urbanas es divulgar su potencial de manera efectiva para propender su conservación. Desde este contexto, el Grupo Javeriano de Ornitología (GJO) hace un par de años inicio la creación de la Guía infográfica de las aves del campus de la Pontificia Universidad Javeriana Sede central, iniciativa que está fundamentada en el conocimiento ecológico-biológico del campus y, con ello, destaca cómo los entornos urbanos bien planificados mantienen esa biodiversidad cercana y tan poco explorada.

Esta iniciativa académica surge de la necesidad conocer la naturaleza que convive y se relaciona con atributos creados por el ser humano. Desde un trabajo colaborativo entre estudiantes de ecología y biología, se desarrolló este libro considerado como el primero de varios que enriquecerán el conocimiento de la biodiversidad presente en el campus universitario y que desean ser divulgados de manera didáctica, efectiva y fácil.

Interna-aves-pesquisa

La intención de desarrollar este libro tiene dos objetivos, el primero es dar a conocer el campus universitario como un lugar que aporta a la conectividad y la ecología urbana de Bogotá D.C., y en segundo lugar, va dirigido no solo a personas que conocen de aves también está diseñado para que la comunidad javeriana en general, por medio de infografías, conozca y conciba la importancia de mantener las instalaciones como un lugar natural de alto valor paisajístico.

Esta guía es el resultado del constante trabajo entre miembros del grupo con el acompañamiento constante de la profesora María Angela Echeverry, que basó su información en resultados de salidas de observación y la revisión de la colección general del Museo de Historia Natural de la Pontificia Universidad Javeriana.

La guía proporciona las descripciones de 35 especies de aves, conteniendo información sobre particularidades del hábitat, reconocimiento morfológico, tamaño, tipo de dieta, distribución local, entre otros aspectos.

El trabajo colaborativo permite enriquecer vínculos más allá de las aulas de clases, pues unifica un camino para dejar un legado que permita una mejor toma de decisiones sobre la parte constructiva del campus y tiene como alcance una mejor divulgación del conocimiento técnico-científico, enmarcado en la encíclica de Laudato si’ y el programa ‘Historia verde’ de la Vicerrectoría del Medio Universitario invitando a reconocer la vida e ilustrarse integralmente sobre los elementos que interactúan en nuestra casa común.


*Sergio Andrés Collazos es estudiante de ecología con interés en el área de ornitología, enfocado en la evaluación y monitoreo de comunidades de aves en ecosistemas estratégicos en gradientes ambientales y áreas perturbadas.

Juan Cortes-Cano es ecólogo de la Javeriana; ha sido coordinador del Grupo Javeriano de Ornitología entre 2016 y 2017. Tiene un especial interés en el estudio de interacciones ecológicas enfocadas en colibríes y plantas, y realiza consultorías en estudios de comunidades biológicas.

La respuesta al cambio está en las semillas

La respuesta al cambio está en las semillas

La agricultura permitió la emergencia de la civilización y la explosión demográfica de la especie humana. Las semillas han sido nuestro principal sustento y su capacidad de durar y ser almacenadas ha permitido a la humanidad sobrevivir durante las épocas de escasez y sequía, y también durante las estaciones improductivas.

Las semillas y los cultivos se fueron adaptando a las condiciones cambiantes del medio ambiente en los distintos entornos colonizados por el hombre. Desde los albores de la agricultura, el intercambio y la selección de semillas han permitido la mejora de las especies cultivables en un proceso inscrito en la historia evolutiva de las especies y la evolución cultural de los pueblos.  Sin embargo, los cultivos nunca fueron una instancia aislada del resto de procesos ecológicos, sino que eran posibles justamente por los beneficios que los ecosistemas proveían: fertilidad del suelo, control de plagas y enfermedades, control de la erosión, ciclado de nutrientes, polinización, entre muchos otros. La observación del hombre permitió acentuar algunos de estos aspectos asegurando mayor productividad de sus cultivos por medio del conocimiento del entorno y su biodiversidad; de este modo, los cultivos y los pueblos evolucionaban con sus ecosistemas, asegurando el sustento del hombre y la diversidad de la vida.

Hoy en día, los sistemas productivos altamente simplificados en términos de biodiversidad y las variedades tecnológicas sembradas, producidas en un entorno aislado, necesitan de insumos controlados y estandarizados para prosperar, demandando al agricultor la compra de fertilizantes y plaguicidas, y, en ocasiones, de sobreexigir de los ecosistemas sus recursos escasos. Por otro lado, la propiedad intelectual a la que están sujetas estas semillas impide al agricultor guardarlas e intercambiarlas para próximas siembras. En este doble sentido, las compañías productoras de variedades tecnológicas hacen dependientes al agricultor, cuya suerte estaba antaño en manos de su destreza y conocimiento y de la prodigalidad de la naturaleza.

Autores como Vandana Shiva, investigadora india, doctora en física cuántica y activista ambiental, denuncian que en muchos de los casos las variedades tecnológicas no producen lo esperado, dejando a los agricultores endeudados y sin posibilidades de volver a cultivar. Por ello, muchos campesinos de India y otras partes del mundo han caído en la desgracia; otros tantos no encuentran salida sino en el suicidio.

Al ser un producto exterior a los ecosistemas en los que son sembrados, los cultivos tecnológicos perturban muchos de los ciclos naturales que mantienen la fertilidad de los suelos y la preservación de la biodiversidad. Los ecosistemas terminan arruinados, con sus suelos empobrecidos después de algunas cosechas, lo que es agravado por la toxicidad de los insumos requeridos, que son liberados al medio ambiente.

Con todo, hoy en día se plantea el retorno a las semillas y los usos tradicionales como forma de hacer frente al cambio climático global, con otro valor agregado: la agricultura orgánica o tradicional mantiene la materia orgánica del suelo, que es un excelente sumidero de carbono; no usa insumos como plaguicidas y fertilizantes, en cuya producción y aplicación se emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI); y conserva elementos del paisaje que contribuyen con la reducción de GEI, entre otros. De este modo, las prácticas agrícolas tradicionales atacan varios de los frentes de mitigación y adaptación al cambio climático requeridas en un contexto vulnerable, como el que pudimos registrar en las islas de Sundarbans.

El río Ganges desemboca en la Bahía de Bengala, en el delta de Sundarbans, en donde los sedimentos que aporta hacen posible la existencia del manglar continuo más grande del mundo. La India es uno de los países más vulnerables al cambio climático a nivel mundial, y Sundarbans, una de las regiones costeras —tanto de la India como de Bangladesh— más amenazadas por este fenómeno. Debido al aumento en el nivel del mar y de la intensidad y frecuencia de los ciclones, los suelos de las más de 100 islas de Sundarbans han experimentado un incremento en la salinidad con efectos directos en las actividades agrícolas, de las que dependen los ingresos económicos, la subsistencia y la seguridad alimentaria de millones de habitantes.

En Sundarbans, la agricultura es la principal actividad productiva, y antes de la llegada de la Revolución Verde a estas islas, acompañada de la introducción de variedades de alto rendimiento, se cultivaban semillas locales de arroz adaptadas a la salinidad de los suelos y a las condiciones climáticas de la región. Estas semillas tradicionales mantenidas de forma dispersa por algunos productores y usadas por sus ancestros, tuvieron que ser rescatadas debido a los efectos cada vez más intensos y frecuentes de los ciclones.

En 2009, el ciclón Aila provocó la inundación de cerca de 125.000 hectáreas de suelos productivos de estas islas con agua salada, afectando a más de 4 millones de productores. La búsqueda de estas semillas tardó alrededor de tres años y, finalmente, los productores decidieron a favor de la seguridad alimentaria, la preservación del saber ecológico tradicional, la disminución de los costos de producción, la agricultura orgánica, la mayor productividad, la adaptación de sus prácticas productivas a las condiciones del entorno y a los efectos del cambio climático y la resiliencia de sus agroecosistemas.

Esta experiencia, presentada en el documental Ganges, un viaje por los sentidos del agua, evidencia la relación directa entre la recopilación, recuperación, implementación, divulgación y mantenimiento del conocimiento ecológico tradicional, la conservación de la diversidad genética, la mitigación y adaptación al cambio climático y la disminución de vulnerabilidad ante sus efectos, el mantenimiento de procesos ecológicos por la eliminación de prácticas insostenibles, la seguridad alimentaria y la libertad y autonomía de los productores en la selección y el intercambio de semillas. Adicionalmente, busca resaltar la importancia de la agricultura, actividad que contribuye con cerca de un cuarto de las emisiones globales de gases de efecto invernadero), la cual, bajo ciertas prácticas de producción y de manejo de los agroecosistemas, puede convertirse en una solución de cara a los riesgos e incertidumbres que plantea el cambio climático.

 


*Roberto Restrepo es filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana, director de cine de la EICAR, París, y especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central. Ha compaginado la investigación académica con el estudio de yoga y la filosofía india, a la par que ha desarrollado proyectos audiovisuales y documentales en torno a la relación entre cultura y la naturaleza.

Ana Milena Piñeros es ecóloga y magíster en Conservación y Uso de la Biodiversidad de la Javeriana, así como también especialista en Derecho Ambiental de la Universidad del Rosario. Se ha desempeñado como investigadora y consultora para diferentes instituciones ambientales del país en temas de biodiversidad, servicios ecosistémicos y cambio climático. Actualmente es coordinadora y docente de programas académicos sobre Derecho Ambiental y sobre Cambio Climático en su alma máter.

Ambos produjeron y dirigieron el documental Ganges, un viaje por los sentidos del agua, que se estrenará en las salas de cine colombianas el próximo 6 de junio. Puede encontrar el tráiler en este enlace.

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

La generación inducida de sismos, la transformación en la atmósfera y los efectos sobre la salud de las personas con la contaminación del agua y el aire son algunos de los impactos asociados con la implementación del fracking, es decir la fracturación hidráulica de la tierra para extraer gas y petróleo. Un tema de serio cuidado, al punto que, a finales del 2018, el presidente Iván Duque Márquez anunció la creación de una comisión independiente de expertos para analizar la viabilidad de la explotación del subsuelo, sus efectos y presentar una serie de recomendaciones sobre el tema. Tras casi seis meses de trabajo, los especialistas entregaron en abril pasado su Informe sobre efectos los ambientales y económicos de la exploración de hidrocarburos, un documento de 170 páginas en el que analizan los impactos legales, geológicos, ecológicos y de salud, entre otros, que dejaría la sanción presidencial de esta actividad.

Ante la importancia de este tema, el pasado 14 de mayo se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana el foro ‘¿Implementará el Gobierno nacional, sí o no, las recomendaciones de la comisión de expertos en fracking?’, en el cual académicos, estudiantes y representantes de instituciones públicas y privadas dieron a conocer, a través de paneles, sus posturas a favor y en contra sobre las recomendaciones.

Durante el encuentro los participantes tuvieron la oportunidad de escuchar posiciones sobre la oferta y la demanda de los recursos naturales para evidenciar el riesgo y vulnerabilidad de la extracción de hidrocarburos, las capacidades operativas de las empresas ejecutoras y su respuesta ante posibles impactos medioambientales, y las regulaciones sobre la inyección de agua a presión en el subsuelo para fracturarlo y extraer petróleo de los pozos subterráneos.

En representación de la Comisión de expertos en fracking asistieron Diego Roselli, master en educación médica de la Universidad de Harvard y docente javeriano; Manuel Ramiro Muñoz, doctor en educación y Director del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana, sede Cali; Leonardo Donado, doctor en ingeniería civil de la Universidad Politécnica de Cataluña, y Jhon Fernando Escobar, doctor en ingeniería de la Universidad de Antioquia. En términos generales, este grupo de profesionales de manera unánime recomienda “estudiar la posibilidad de que las empresas petroleras compartan utilidades con las comunidades en las áreas de influencia de la exploración y explotación de yacimientos no convencionales y los mecanismos para llevar esta operación a cabo”.

Además, más allá de presentar las recomendaciones, evidenciar la multiplicidad de voces y miradas que integran el Comité y también dar a conocer la prevención, desconocimiento y desconfianza de las comunidades que colindan con la actividad petrolera, el foro se centró en conocer cuál es la posición que asume el Gobierno sobre el informe.

El presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), Francisco Lloreda, y la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, participaron de la jornada. La funcionaria aseguró, con base en el documento titulado Balance de las reservas de cara al 2018, presentado por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) a inicios de 2019, que el país cuenta con una proyección de aproximadamente nueve años de reservas de gas, lo cual implica un riesgo importante en términos de disponibilidad del recurso para el consumo doméstico e industrial.

La respuesta de la ministra a la implementación de las recomendaciones para del uso del fracking fue concluyente: “Sí, contundentemente sí a las sugerencias hechas por el Comité de expertos, pues el reto es la articulación con la academia”; Asimismo, Suárez puso sobre la mesa que “hay demandas que se deben suplir y en caso de no tener las reservas, por ejemplo, el costo del consumo de gas se doblaría. Tendríamos que importarlo en los próximos años y nuestro deseo es acertar para los colombianos, no aprovecharnos de ellos”..

Por su parte, Carlos Andrés Santiago, miembro del grupo Alianza Colombia libre de Fracking, presentó su inconformidad con la posición del Gobierno presentando ante los asistentes la hoja de ruta del fracking consignada en el Plan Nacional de Desarrollo, la misma que, según él, contempla la disminución de regalías para las empresas mineras y la explotación de yacimientos no convencionales.

“No es cierto que el gas sea el combustible de transición porque las emisiones del metano en el fracking son mucho más altas y tienen un efecto nefasto en el cambio climático; mientras el fracking disminuye las emisiones de CO2, aumentan las del metano de acuerdo con el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la Nasa”, aseguró.

Este foro, hace parte de una serie de encuentros que se han venido presentando entre representantes del Gobierno y la ciudadanía para conocer a ciencia cierta cuál será el futuro del país en términos de la implementación del fracking. Lo invitamos a revivir las memorias del evento aquí.


¿Qué es el fracking?

Es el término usado en inglés para referirse a la fracturación hidráulica, es decir, la técnica para extraer hidrocarburos mediante la inyección de agua a presión: se perforan pozos a más de 2.500 metros de profundidad, en los que se introduce agua mezclada con productos químicos para ampliar las fracturas rocosas que conservan petróleo y gas, con el fin de obtener estos recursos.

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Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Para estudiar a los animales es necesario conocerlos, verlos en vivo, seguirlos día tras día, descubrir sus costumbres, incluso tocarlos. ¿Y qué pasa cuando se trata de los peces de agua dulce que, por lo general, no los vemos en su ambiente natural y son tan rápidos y escurridizos que literalmente se ‘escapan entre los dedos’, como por ejemplo estas miniaturas?

/ Jorge Enrique García-Melo
/ Jorge Enrique García-Melo

Estos peces, muy pequeñitos y transparentes (Belonion dibranchodon y Gymnorhamphichthys rondoni), se encuentran en las remotas aguas del río Bita (Vichada), uno de los primeros afluentes protegidos en el mundo. Son especies que por sus características muy pocas veces han sido documentadas en vivo.

Para describirlas científicamente, los ictiólogos (biólogos dedicados al estudio de los peces) regularmente lo hacen a través de especímenes de museo, pero características como los colores o la forma de nadar pueden no ser tan evidentes debido a la falta de métodos estandarizados en campo que permitan su documentación en vida, especialmente en áreas apartadas.

Esta situación impide ver la multitud de formas, colores y adaptaciones de las casi 1.500 especies con las que cuenta el país, posicionándolo como el segundo grupo vertebrado más diverso después de las aves. Pero, ¿qué se puede hacer para VER todas sus características?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Investigadores javerianos, docentes de las universidades del Tolima y de Ibagué y de la Institución Educativa Técnica Ismael Santofimio Trujillo, de la capital tolimense, desarrollaron un sistema de fotografía de peces y otros organismos acuáticos usando un innovador acuario para capturarlos en acción, obteniendo fotos de alta calidad y con un alto grado de detalle. ¿Alguna vez había pensado, por ejemplo, en las diferentes bocas de los peces?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

La posición y la forma de la boca es una característica muy especial; se relaciona con sus costumbres alimenticias —no todos los peces tienen los mismos gustos gastronómicos— y son datos importantísimos para clasificar las especies, es decir, para realizar su taxonomía.

Por ejemplo, el siguiente detalle  fue revelador para los científicos, pues muestra la disposición de los poros del sistema latero-sensorial de su cabeza, que, en el caso de este pez eléctrico (Sternopygus aequilabiatus), les permite detectar a su presas y potenciales depredadores.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Con esta innovación técnica es mucho más fácil  fotografiar diferentes especies que regularmente viven en los mismos ambientes de los ríos. El movimiento —o baile— captado por la cámara expresa la naturalidad y el dinamismo que tienen los peces; así se convierte en una herramienta clave para la difusión, educación y conservación.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Llegó el momento de conocer este equipo que han bautizado con el nombre de Photafish. De acuerdo con el biólogo y fotógrafo Jorge E. García-Melo, es un sistema práctico, portátil, versátil y económico que puede implementar en campo cualquier persona con conocimientos mínimos de fotografía. Puede llevarse a lugares lejanos durante expediciones biológicas y se instala en tan solo 15 minutos.

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“El sistema tiene tres componentes esenciales: el equipo fotográfico (cámara, lente, trípode); el Acuario Ensamblable para Fotografía (APP), construido en acrílico y vidrio templado; y la iluminación (flashes y fondos). Además, cuenta con algunos accesorios que facilitan la obtención de imágenes en sitios remotos donde es difícil acceder a agua transparente, como, por ejemplo, un sistema de filtrado para reutilizar el agua y una lámpara conectada a una batería recargable para hacer fotos en la noche, con la posibilidad de alternar entre fondos negros y blancos de manera rápida”, explica García-Melo.

Los investigadores pensaron en todo: explican que los fondos homogéneos de las fotos permiten enfocar la mirada del espectador solo en el pez y contemplarlo en toda su dimensión, eliminando aquellos elementos distractores  que lo rodean. Pero también concluyeron que es importantísimo el uso de fondos negros y blancos, porque cada uno puede acentuar un color diferente en alguna estructura del cuerpo, como las aletas. Además, sugieren intercambiar los fondos para conseguir información más precisa.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

De esta forma, los autores introducen el término Fotos Taxonómicamente Informativas, o TIPs por sus siglas en inglés (Taxonomically Informative Photos), para referirse a “una imagen auténtica y de alta calidad tomada en campo, de la cual es posible extraer información útil para la identificación o descripción precisa de un organismo con un alto nivel de confianza. El sistema permite obtener TIPs gracias a que el uso del acuario facilita la toma de una gran cantidad de fotos de los organismos en diferentes planos. Así, el pez permanece vivo mientras se fotografía con diferentes niveles de detalle”, explica García-Melo.

/Cristian Granados
/Cristian Granados

Este producto es parte del estudio de doctorado del ictiólogo javeriano Jorge E. García-Melo, en cuya investigación también participaron sus hermanos, el biólogo Luis J. García-Melo y Jesús D. García-Melo; la bióloga Diana K. Rojas-Briñez y el ecólogo Giovany Guevara, así como el profesor investigador Javier A. Maldonado-Ocampo (QEPD).

Todos ellos son autores del artículo Photafish system: An affordable device for fish photograhpy in the wild, publicado en febrero de 2019 en la revista Zootaxa.

Fotografías como esta son posibles gracias a Photafish.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

“Sin el Photafish System, conseguir la imagen de la boca desde una vista dorsal hubiese sido casi imposible”, explica Jorge García-Melo. La especie —Gnathodolus bidens— “se caracteriza por tener una boca muy extraña, de forma invertida, poco común entre los peces, con una modificación que les permite alimentarse en sitios asociados a raudales con muchas rocas y donde son notoriamente difíciles de muestrear, como lo son los hábitats en el río Vaupés”.

Y tiene razón: lo lograron con la ayuda de la comunidad local indígena donde se encontraban el pasado mes de marzo, “entre ellos, niños que tenían claramente más habilidad que nosotros para pescar. Fue una de las últimas fotos hechas junto a Javier Maldonado utilizando el Photafish System, precisamente el día de nuestro accidente”.

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Para ellos lo importante no es solamente aportar nuevo conocimiento a la ciencia, sino compartirlo con otras audiencias, mejor aún si es con las mismas comunidades que les ayudan a realizar su trabajo en campo. García-Melo recuerda a Maldonado diciendo que el Photafish “era un gran aporte a la ictiología neotropical porque permite democratizar la fotografía de peces”. En esa salida al Vaupés también cumplieron con ese objetivo: “Hacer las fotografías en campo y, con la ayuda de un panel solar, una impresora portátil y una laminadora, entregar las fotografías impresas a las comunidades locales (en este caso, indígenas), para apropiarles de ese intercambio de conocimientos que se estaba generando de manera inmediata. No pueden imaginar la forma en que se sorprendían estos pescadores viendo sus peces más diminutos o coloridos, ‘vistos con otros ojos’”.

El equipo ya se encuentra trabajando en la versión 1.1 del sistema y el desarrollo de una posible patente, la cual incluye varias mejoras en cuanto a portabilidad, comodidad para el transporte y uso. Lo presentarán durante el XV Congreso de Ictiólogos Colombianos y el V Encuentro de Ictiólogos Suramericanos, que se realizará los días 15 y 16 de julio de 2019 (Enlace a) en Medellín, en donde rendirán un homenaje póstumo al profesor Maldonado; allí, los investigadores dictarán un curso sobre el Photafish System.

La casa es de todos

La casa es de todos

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), entre 2013 y 2015 se reportaron más de 1.100 casos de intoxicación por mercurio en Colombia, alcanzando su pico en 2014 con 779 registros; ante esta situación, y con el fin de mitigar el impacto de inhalar el vapor de este metal, especialmente en el caso de los mineros, desde 2013 (Ley 1658 de ese año) el Gobierno nacional ordenó erradicar el uso de mercurio en la minería a 2018.

Sin embargo, esta tarea no se ha cumplido a cabalidad porque no fue sino hasta el pasado 7 de noviembre del 2018 que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó por primera vez el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio para erradicar este metal en el país con miras a 2023 y con la responsabilidad de buscar financiación internacional para conseguirlo. Las zonas más vulnerables donde se realiza la minería ilegal son Bolívar, Santander, Nariño, Chocó, Antioquia y Cauca, por lo que se requiere de actividades de investigación, prevención y pedagogía con la intención de suprimir este elemento tóxico que es “perjudicial para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo y los pulmones y riñones, con consecuencias a veces fatales”, como afirma la OMS.

Como alternativa a esta práctica, Heyler Serbando Moreno, representante legal del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN), explicó el proyecto Oro verde, que ha desarrollado unidades productivas en torno a prácticas de minería y agricultura para que la extracción del oro no compita con la conservación del ecosistema, sino que sea considerada como una actividad sostenible. En su opinión, “toda la minería puede ser sostenible si se tienen en cuenta a los actores que en ella convergen. Esto significa que, como consejo comunitario, tratamos de fortalecer la minería artesanal pero conservando lo verde que tenemos en el territorio”. Es decir, no es lo mismo trabajar con máquinas como las que usa la minería mecanizada o ilegal a practicarlo con bateas, tal y como lo hacen en el territorio, afirmó.

Así lo explicó en el marco del seminario ‘Enfoques y prácticas de conservación ambiental: lecturas desde Laudato Si’, un espacio diseñado por la Pontificia Universidad Javeriana para comprender la responsabilidad social que hay en torno a la conservación del ecosistema y conocer el resultado de prácticas de protección ambiental en Colombia a partir de proyectos de investigación de las comunidades. Cabe destacar que este encuentro hace parte de una serie de conferencias propuestas por la Javeriana para poner sobre la mesa temas relacionados con el cuidado de la casa común, es decir, el planeta y sus ecosistemas.

Este evento se llevó a cabo el pasado martes 2 de abril y contó con la presentación de ocho experiencias de conservación ambiental narradas por sus actores en diversos escenarios geográficos: Boyacá, Risaralda, Chocó, Amazonas, Cundinamarca, Bogotá y la costa Caribe. Su tema central fue la ‘conservación’ y su relación con prácticas como agricultura, ganadería, minería, turismo, cuidado de especies silvestres, conocimiento ancestral, investigación y ecología urbana.

La intervención sobre conservación y agricultura estuvo a cargo de Luz Marina Peralta, agricultora y miembro de la iniciativa Agroecología y tubérculos andinos en Turmerqué y Ventaquemanda, que ha fomentado la conservación y uso de tres especies nativas de la zona andina: la ibia, el cubio y la ruba, para reconocer la variabilidad morfológica de estos alimentos, las prácticas de cultivo, sus usos y valoraciones respecto a nutrición y seguridad alimentaria, al igual que “crear huertas caseras, campañas de reciclaje y talleres con los niños de la zona para que se apropien del conocimiento y le tengan gusto a estos alimentos y no a los comerciales, como las hamburguesas, que están de moda”.

/ Tatiana Arboleda.
/ Tatiana Avellaneda.

El cuidado de especies silvestres se abordó desde del proyecto Conservación del caimán aguja (crocodylus acutus) en los manglares de la Bahía de Cispatá, en Córdoba, y estuvo a cargo del pescador Jorge Díaz Martínez y el coordinador de la iniciativa, Giovanni Ulloa. Su labor se ha orientado a la recolección de especímenes que están en peligro y, de ahí, la reflexión sobre la preservación ambiental y su relación con la encíclica Laudato Si’: “Un error que suelen cometer los investigadores es ignorar el conocimiento de las comunidades sobre su cotidianidad con el ecosistema […] entonces, si no se les da valor a sus prácticas, la biodiversidad no se va a poder cuidar”.

Sobre este mismo tema, el Capitán Francisco Arias, director general del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), aseveró que urge la tarea de formar una conciencia colectiva en Colombia sobre la preservación de los ecosistemas, no solo terrestres sino también marinos, ya que, por ejemplo, las playas son un ecosistema altamente amenazado con el turismo, por eso el 17% de la costa del Caribe colombiana está en proceso de erosión severa. Adicionalmente, Arias señaló que Colombia tiene alrededor de 43 mil hectáreas de pastos marinos en el Caribe y esta cifra corresponde a la mitad de los que se tenía a inicios del siglo XX; actualmente, el lugar más crítico es la bahía de Cartagena.

El fin y compromiso con este encuentro es hacer un llamado a la comunidad, mediante experiencias positivas en conservación, para asumir un rol de cuidador y protector de la casa común como se destaca en Laudato Si’: “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente […] Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas anuncia periódicamente problemáticas medioambientales que ponen en jaque a la humanidad: nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado debido a las emisiones del tráfico, la industria, la agricultura y la incineración de residuos, y más de 3.000 millones usan combustibles contaminantes al interior de sus hogares para cocinar y calentarse.

“El empoderamiento es la mejor herramienta para la conservación del ecosistema; no se debe desconocer que los tiempos del hombre no son los tiempos de la naturaleza, por eso nuestra tarea inicia con la revolución de las cosas pequeñas para aportar cambios positivos que le hagan bien nuestra esta casa común”, concluyó Harvy Murillo, director de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco, tras socializar su experiencia sobre el turismo y la conservación en el Santuario de fauna y flora Otún Quimbaya, en Pereira.

 


El próximo lunes 8 de abril en Bitácora, programa de difusión científica de Javeriana Estéreo, Heyler Serbando Moreno contará las experiencias y el trabajo del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN) en torno a la agricultura y la minería sostenibles. Escúchelo a partir de las 8:00 p.m. en la frecuencia 91.9 de FM, en Bogotá.

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

Ganges 2

“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

Ganges 1

El agua: recurso de la vida

El agua: recurso de la vida

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 2,1 millones de personas viven sin agua potable en sus casas, 68,5 millones huyen de sus hogares por problemas para acceder al abastecimiento de este recurso y aproximadamente 4.000 millones —casi dos tercios de la población mundial— padecen su escasez durante al menos un mes al año. Estas cifras son alarmantes si se tiene en cuenta que el acceso al agua es un derecho humano.

De ahí que el 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara, mediante la resolución A/RES/47/193, la conmemoración anual del recurso hídrico. Hoy el mundo celebra el Día Mundial del Agua para llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso. El tema para el 2019 es ‘No dejar a nadie a tras’: a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible todo el mundo debe beneficiarse del progreso. Dicha agenda resulta de la Cumbre del Desarrollo Sostenible, de septiembre de 2015, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Pesquisa Javeriana conversó con Nelson Obregón Neira, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE.UU.) y actual director del Instituto Javeriano del Agua (IJA), creado recientemente para aportar a los grandes problemas del país, agregar valor a las capacidades e investigaciones académicas de la Javeriana relacionadas con el recurso hídrico en las ciudades y en las regiones de Colombia. El IJA también es un proyecto de planeación universitaria (PPU) que enmarca principalmente sus actividades y proyección académica en el programa Institucional de Ecología Integral, para así producir contribuciones relevantes en el marco de la gestión integrada del recurso hídrico en Colombia.


Pesquisa Javeriana:
¿Cómo funciona el Instituto Javeriano del Agua?

Nelson Obregón Neira: El Instituto parte de las capacidades que poseen las 18 facultades de la Javeriana. En la etapa de estructuración de la propuesta para su creación, se revisaron los resultados y productos académicos de departamentos, programas y proyectos desarrollados por los grupos de investigación de la Universidad, encontrando —para sorpresa nuestra— que prácticamente todas las facultades reportan desarrollo de actividades académicas relacionados de forma directa o indirecta con el recurso hídrico, ya sea a través de proyectos de consultoría y de investigación, publicaciones o de trabajos de grado, maestría o doctorado.


PJ:
¿Estas investigaciones cuentan con impactos de algún tipo?

NON: Por supuesto, el agua es un articulador del territorio, un eje clave en procesos de construcción de paz. Sabemos que hay muchos conflictos que tienen que ver con el agua y, bajo esa perspectiva, se enfoca el Instituto. Esto también resulta coherente con el proyecto educativo javeriano, en este caso tomando al agua como objeto y sujeto de estudio. La tarea ha sido estudiar el recurso desde el desarrollo de las comunidades y los conflictos en las regiones del país; así se ha abordado y procurado un trabajo interdisciplinar, que convoca miradas, visiones y perspectivas amplias soportadas con la participación de profesores y estudiantes formados en las ciencias naturales, la ingeniería y, ante todo, antropología y sociología, que alinean su proyecto de vida profesional y universitario con la sostenibilidad y desarrollo del territorio. Por ejemplo, a la fecha contamos con varias exploraciones de proyectos con la participación de miembros de la comunidad académica javeriana, en particular de las facultades de Ciencias, Ingeniería y de Estudios Ambientales y Rurales.


PJ: ¿Existen evidencias de transformaciones en las comunidades?

NON: El programa Amazónico Javeriano, por ejemplo, convoca a académicos a analizar los componentes agua, economía solidaria, biodiversidad, organización comunitaria, educación, salud e infraestructura y tecnología de la Amazonía. Ahí, el IJA participa con una mirada disciplinar e interdisciplinar a partir de trabajos realizados en esta zona, e integra tales capacidades y resultados en favor del desarrollo humano y la sostenibilidad del territorio.

Hemos abordado investigaciones en la Orinoquía colombiana mediante estudios interesantes en Guaviare, Vichada y Meta; se proyecta también impactar regiones como el Magdalena Medio y la Macarena, aprovechando los trabajos previos realizados con la Compañía de Jesús y la Universidad, en particular aquellos liderados por grandes actores de nuestra comunidad como los padres Francisco de Roux y Luis Alfonso Castellanos. Actualmente exploramos proyectos que impactan directamente el bienestar de comunidades palafíticas, es decir, las asentadas en la Ciénaga Grande de Santa Marta, así como en otras regiones tales como la Depresión Momposina, el Bajo Cauca y la el Catatumbo.


PJ: Teniendo en cuenta estos trabajos, ¿recuerda alguna experiencia en la que el Instituto se articulara con otra entidad para adelantar proyectos de investigación?

NON: Sí, efectivamente, la semana pasada nos reunimos con Equitas, una ONG interesada en trabajar en el Catatumbo. Lo que ella busca es desarrollar un convenio de cooperación interinstitucional con la Javeriana, de tal forma que se contribuya con la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas; en este caso, apoyando con ciencia, tecnología, con mecánica de los fluidos, hidráulica y ciencia forense, las actividades de búsqueda y hallazgo de personas desaparecidas en zonas de ríos y otros cuerpos hídricos. Las cifras son alarmantes, pues en ciertas regiones del país se reportan más 7.000 personas desaparecidas y, a nivel país, más de 80.000 en los últimos años, y aún falta por hallar un gran porcentaje.


PJ: ¿Qué posición asume el Instituto Javeriano del Agua sobre las problemáticas geopolíticas que tiene el país en relación con las fuentes hídricas?

NON: Tenemos dos formas de generar valor agregado: con proyectos muy específicos, especializados, que requieren la participación de varias disciplinas y de impacto en regiones, o con proyectos grandes que tienen que ver con áreas hidrográficas como el Amazonas. Sin embargo, las problemáticas geopolíticas con relación a las fuentes hídricas es un tema muy sensible y “caliente” en el país, como la situación generada por la construcción, operación y contingencias en la Central Hidroeléctrica Hidroituango o la definición del régimen de caudal ambiental para el rio Bogotá. Un tema central que permite una mirada amplia es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos, el cual nos interesa como marco de trabajo para el estudio del funcionamiento ecológico, los servicios ecosistémicos y los beneficios ecológicos.


PJ: ¿Existe alguna metodología, desde los estudios hidrológicos para contrarrestar la contaminación que producen las poblaciones aledañas a los ríos?

NON: Para nadie es un secreto que nuestros ríos están muy contaminados. Ha habido una reacción por mitigar eso con las plantas de tratamiento, pero una gran cantidad de municipios, más del 50%, tiene problemas de infraestructura en alcantarillados, no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, hay mal uso de pozos sépticos con potencial de contaminación de acuíferos. Muchos desechos por actividad antrópica se disponen en nuestros ríos y cuerpos de agua, entonces, el panorama de la calidad del agua resulta crítico. Se ha mejorado en lo relacionado con suministros, acueductos, plantas de tratamiento para el agua potable, pero en el tema de la calidad sí considero el país reporta grandes retrasos.


PJ: Respecto al caso de Hidroituango, ¿cuál ha sido el rol del Instituto?

NON: En este momento, la Javeriana, a través del IJA, está en conversaciones con EPM para realizar un estudio que permita apoyar y mejorar el funcionamiento y la situación actual de la Central Hidroeléctrica de Ituango, generando así resultados y lineamientos que ayuden al país con la concepción, diseño, construcción y operación de este tipo de macroproyectos que seguramente tendrán todavía amplia cabida en el país.

Este tipo de investigaciones nos invita a reunirnos con biólogos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, filólogos e ingenieros hidráulicos, a trabajar conjuntamente, de tal forma que los análisis, diseños y estudios realmente obedezcan a una visión integradora y de uso racional y sostenible de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza.

Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.
Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.


PJ: Hablando de este tema, ¿cómo están las fuentes hídricas colombianas ante el cambio climático global?

NON: Recuerdo un estudio que hicimos en el Instituto Geofísico Javeriano sobre los efectos de nuevos escenarios del cambio climático en Cundinamarca y sus ríos. Tardamos dos años, hicimos una visión de futuro del clima a 2030, 2070 y 2100. Como era de esperarse, el comportamiento es heterogéneo, es decir, en algunas zonas se aumenta, disminuye o se mantiene la oferta hídrica de los ríos según los regímenes climáticos proyectados bajo estimación. Esto hay que entenderlo bajo las dinámicas de oferta hídrica versus la demanda de la población y del ambiente. Por eso, yo creo que el tema cambio climático hay que analizarlo en su impacto con mucha prudencia, aprovechar estas posibilidades de visión de futuro, pero no de pronóstico, existen muchas incertidumbres que se deben tener en cuenta.

Hoy por hoy no se puede concebir a un territorio que no considere o incorpore en sus instrumentos de ordenación tales como los POT, aspectos relacionados con la variabilidad y el cambio climático. Técnica y tecnológicamente ya lo sabemos hacer, no solo en esta universidad sino en el país; es decir, se cuenta con las capacidades para evaluar ese tipo de impactos en los territorios.


PJ: ¿Ha tenido algún efecto, positivo o negativo, conmemorar el Día Mundial del Agua?

NON: Sí, eso ayuda. A todos nosotros nos gusta que nos recuerden ese tipo de efemérides, así como nos gusta que nos recuerden, por ejemplo, la importancia de tener uno o dos días al año sin carro. Así sea una, dos o tres veces al año, eso cala en la estructura de pensamiento de las personas. No obstante, considero que el impacto sería mayor si esto se acompaña de un ejercicio de reflexión por cada uno de nosotros. Por ejemplo, aquí en la Javeriana existen departamentos y unidades académicas, como los de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que siendo referente nacional e internacional sobre este tipo de acciones y reflexiones nos permiten entender cómo se encuentra la huella del carbono, la huella hídrica, en el marco de los hábitos de consumo de las personas, y cómo las prácticas cotidianas contribuyen para bien o para mal en este indicador.


PJ: ¿Qué puede hacer el ciudadano para contribuir con el uso eficiente del agua?

NON: Cuando una persona abre la llave, no se le ocurre pensar que detrás de eso hay muchos procesos: algunos antrópicos, como el uso de acueductos o plantas de tratamiento, y en campo, la extracción del agua de los ríos, donde hay comunidades aguas abajo que lo requieren y los peces necesitan de ese recurso. Hay que apuntarle a una estructuración mental sobre los hábitos de consumo, para que se tenga en cuenta que uno puede vivir sin alimentos, sin vías, sin tecnología, pero no sin agua. Entonces, este asunto gira en torno a una responsabilidad sobre los hábitos de consumo, que va con cosas sencillas como apagar el interruptor de la luz cuando no sea necesario usarlo, hasta reflexiones trascendentales como el uso e impacto de los servicios ecosistémicos por nuestros hábitos de consumo en nuestras casas.


PJ: ¿Cuál debería ser la reflexión de la sociedad ante esta problemática?  

NON: Para mí es un tema generacional. Yo cada vez veo a estas nuevas generaciones de egresados de las universidades y colegios con mayor sensibilidad. Sin embargo, es una tarea de todos, no solo de la universidad, sino de las escuelas y las familias en nuestros hogares. Esto es un estado mental y no importa si es un académico o es un ciudadano de a pie, si es un padre de familia, independientemente de su condición, lo que importa es que sea consciente del cuidado del agua. La clave está en cómo ha sido esa formación de principios y valores. Entonces, es necesario apropiar en la conciencia individual, familiar y colectiva que el agua es el recurso de la vida.

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Impetuosas cascadas se mueven sobre las cadenas montañosas que rodean el segundo río más importante de Colombia, toneladas de agua, cataratas color crema que se abalanzan entre las cordilleras central y occidental de Los Andes. Es un torrente que nace en la laguna del Buey, en el departamento del Cauca, y, agitado, desemboca en el río Magdalena cerca de la población de Pinillos, en el departamento de Bolívar, tras recorrer 1.350 km. Así es el río Cauca, un cordón de agua que extiende sus brazos para conectar a cerca de 180 municipios y sobre el cual, desde 2010, avanza el proyecto hidroeléctrico más ambicioso del país: Hidroituango, una obra hidráulica que tiene en vilo a la nación ante una posible avalancha por sus delicadas fallas técnicas y humanas.

Esta megaobra comenzó en 1979, cuando Interconexión Eléctrica – ISA contrató a la firma Integral S.A. para implementar estudios de factibilidad técnica del proyecto que se alzaría entre el municipio de Ituango y el corregimiento de Puerto Valdivia, en Antioquia, y se retomó en 2006, cuando la Sociedad Promotora Pescadero Ituango S.A. trabajó junto a 50 firmas en el diseño final. Desde entonces, su propósito ha sido poner en contacto sus ocho turbinas con el flujo del río Cauca, contenido por una presa de 225 metros de altura para generar 13.930 GWh de energía al año. Sin embargo, esto no se ha cumplido debido a una serie de deslizamientos de tierra en la margen derecha de la montaña donde están dos túneles de desviación del caudal, el mismo que a inicios del 2018 creció súbitamente poniendo en riesgo a cerca de 17 municipios de Córdoba, Sucre y Bolívar; algunos de ellos son Briceño, Ituango, Valdivia, Cáceres, Tarazá, Caucasia y Nechí.

La crisis empezó el 28 abril de 2018 cuando un talud de tierra taponó uno de los túneles de desvío del río Cauca debido a las fuertes lluvias y a la inestabilidad del terreno, al que le siguió un segundo deslizamiento que ocasionó la creciente del embalse y, en consecuencia, la inundación del puente Pescadero que conecta a Medellín con Ituango y el desplazamiento de las poblaciones de Orobajo (Sabanalarga) y Barbacoas (Peque). Esta emergencia obligó a Empresas Públicas de Medellín (EPM), entidad responsable de la construcción, operación y administración del proyecto, a inundar la casa de máquinas para reducir el caudal del río.

Por si fuera poco, se presentó una serie de imprevistos naturales, técnicos y humanos en la operación de Hidroituango en lo corrido del último año, lo cual ha suscitado una serie de preguntas, debates, preocupaciones y, sobre todo, un exceso de veredictos vagamente fundamentados en la opinión pública. Algunos de ellos son verdaderamente alarmantes, como el número de víctimas que dejaría un posible rompimiento del embalse, las especulaciones sobre la debilidad y fragilidad de la presa, las dudas sobre el material con el cual está construida la represa, los cuestionamientos sobre los estudios geotécnicos de las cadenas montañosas de la región y las conjeturas en torno a la relación entre probables eventos sísmicos y la ruptura de los túneles de desviación. Entonces, ¿quién tiene la razón? ¿Y qué opina la academia?

/ Philip charry y Daniela Vargas.
/ Philip charry y Daniela Vargas.


El cañón que apunta al pueblo

Luego de que EPM decidiera inundar la casa de máquinas, donde están los transformadores y unidades de generación de energía para que el caudal del río Cauca desembocara al otro lado de la presa, un destaponamiento natural prendió las alarmas en el país. Se trató de un evento en el que la presión de las aguas del río, contenidas en el embalse, abrió uno de los túneles de desviación y generó una creciente inesperada del caudal, aguas abajo de la presa. Ante esta grave situación, EPM anunció una noticia aún más delicada: la probabilidad de que el río siguiera aumentando y pusiera en riesgo a los pobladores de Puerto Valdivia y los municipios de Tarazá y Caucasia.

“Desviar un medio como el río Cauca, con caudales que pueden llegar a unos 3.000 metros cúbicos por segundo sobre una zona que no está acondicionada geotécnicamente para ello, puede abrir concavidades al interior de la roca por la presión que ejerce el agua”, dice Germán Vargas Cuervo, geólogo de la Universidad Nacional y doctor en Ciencias de la Tierra de la Universidad Pierre et Marie Curie de París, Francia, sobre este delicado incidente. A ello, Jaime Iván Ordoñez, doctor en Ingeniería Civil con especialización en Hidráulica del Transporte de Sedimentos en Ríos y Costas de la Universidad de California, en EE.UU., también añade que el macizo rocoso, es decir, los relieves montañosos de la zona, está debilitado y nunca ha debido estar colmado de agua y sujeto a presión porque, en sus palabras, “si está saturado y lleno de agua, el líquido tratará de implosionar en las cavidades; entonces, para que el agua pase por los túneles, debería estar revestido y el macizo, inmune”.

Ordoñez fue uno de los invitados al foro ‘Entendiendo Hidroituango: realidades desde el contexto socioecosistémico y técnico’, convocado por el Instituto Javeriano del Agua, el grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA) y la Maestría en Hidrosistemas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el fin de comprender cuáles son las razones estructurales que motivan esta grave crisis. Este ingeniero civil destacó algunas de las razones por las que, según él, la presa colapsaría ocasionando una terrible avalancha sobre las poblaciones aguas abajo. Hidroituango, dijo, como la mayoría de las presas en Colombia, no están hechas de concreto sino de enrocado; esto significa, rocas sueltas acomodadas para recubrir un núcleo de arcilla impermeable; sin embargo, según él, esto reduciría la probabilidad de contención del agua, llevando a que este dique “dure lo que un cubo de azúcar en un pocillo de tinto”.

Jorge Alberto Escobar, doctor en Mecánica Computacional de Fluidos de la Universidad de Cornell, en EE.UU., explica que “el problema radica en que, como es una presa de tierra y sus partículas no están tan compactas entre sí como las del concreto, en el momento en el que el agua suba y se empiece a desbordar, su capacidad de arrastre podría movilizar el enrocado”, el cual caería directo como cañón de agua al pueblo. Las presas de concreto están diseñadas para servir como rebosadero, mientras que las de enrocado buscan  retener fluidos en diques con vertedero, tal y como sostiene el geólogo Germán Vargas.

Distribución
Hidroituango cuenta con dos túneles diseñados para la desviación temporal del agua en la margen derecha del río Cauca que se taponarán una vez entre a funcionar la represa; un vertedero para evacuación de crecientes en el embalse, controlado por cinco compuertas, y un túnel de descarga intermedia que administra el llenado del embalse y garantiza la descarga hacia aguas abajo de la presa.

Argelino Durán Ariza, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, agrega a esta discusión que “para hacer una presa de concreto se necesitan rocas muy competentes a sus lados ya que son el soporte de su cimentación, esto significa que la pared termina apoyada en las montañas de ambos lados y, si estas no son competentes, la presa no se podría hacer”. Por eso, en Colombia, la mayoría de los diques son hechos a base de enrocado, teniendo en cuenta que muchos proyectos hidráulicos están ubicados sobre fallas geológicas en las cordilleras nacionales que son relativamente jóvenes.

Una nueva alerta movilizó a cerca de 9.000 personas el 17 de mayo de 2018. Esta vez se trató de un deslizamiento de tierra que obstruyó el flujo del agua a través de la casa de máquinas e hizo que el líquido saliera a través de las galerías de tránsito o túneles para la movilidad de los trabajadores. El resultado fueron cuatro personas heridas y la evacuación masiva de las comunidades aguas abajo de la presa. La tragedia continuaba.


Un riesgo de carácter ambiental

Con el paso de los días, las noticias para los habitantes del Cauca mejoraban. De hecho, para el viernes 18 de mayo de 2018, el caudal ya había descendido cerca de un 20% al tiempo que 1.500 personas trabajaban a toda máquina para alcanzar los 410 metros de la cota, o pared de la presa, mientras evacuaban el agua por el vertedero lateral; pero una nueva emergencia sacudió a la población una semana después cuando un deslizamiento en la parte alta de la montaña obligó de nuevo a la evacuación de la población y la declaración de alerta roja.

Al mes siguiente, la Sociedad Colombiana de Ingenieros dio su parte sobre esta situación, asegurando que el proyecto es altamente riesgoso y ponía en peligro a las poblaciones aguas abajo de la presa. Esta información fue poco novedosa dado que el impacto social ya había sido anunciado el 30 de enero de 2009 en la licencia ambiental (Resolución No. 0155) entregada por el Ministerio del Medio Ambiente. Tal y como lo consigna el documento, los impactos de carácter social son:

“…afectación sobre los yacimientos arqueológicos, transformación de los sistemas culturales de la población, desplazamiento involuntario de los habitantes, afectación de sus condiciones de vida, alteración de la economía regional y generación de conflictos motivados por la presencia del proyecto”, solo por destacar algunos.

Sobre este tema, Juan Diego Giraldo-Osorio, profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la Javeriana y líder del grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA), argumenta que “los impactos sociales y ambientales de estas megaobras son pobremente valorados por la necesidad de obtener licencias ambientales”; además, enuncia la pérdida de la conectividad del río y la disminución de la carga de sedimentos y nutrientes como consecuencia del proyecto Hidroituango.

No en vano, Neyla Castillo Espitia, antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia y magister en Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, abordó, durante el foro javeriano, la relación que hay entre los cañoneros —habitantes de las partes bajas de las montañas— y montañeros —pobladores de las partes altas de las laderas del río Cauca— con las modificaciones en el ecosistema. Así reconoció que la reducción del caudal por la construcción de la presa no solo ha afectado las actividades económicas y alimentarias de los pobladores, porque al no tener subienda de peces, sus prácticas de intercambio de productos de pancoger (maíz, fríjol, yuca y plátano) se han disminuido; también aseguró que la actividad de barequeo, con la cual recolectan el oro para sus comunidades, ya no es como antes.


Responsabilidad como país

Una nueva contingencia advirtió Colombia el 11 de enero de 2019. Se decretó la alerta naranja al hallar un socavón de 18 metros de profundidad cerca a la casa de máquinas, al interior de la montaña. EPM respondió a esta situación con el cierre de una de las compuertas que dirige el agua desde el embalse a la descarga de máquinas, disminuyendo así el caudal aguas abajo de la presa y dejando cerca de 148 peces muertos; sin embargo, esta cifra no se aproxima a la masiva mortandad de especies y el grave daño ecológico que ocasionó del cierre de la segunda compuerta a inicios de febrero.

Además, mucho se ha hablado sobre los recientes eventos sísmicos que ha tenido el país durante los últimos días, inclusive, se especuló sobre la relación entre estos movimientos como el de Zapatoca, Santander, con magnitud de 5,4 en la escala Richter; en Planadas, Tolima, de 4,7, o el del pasado 19 de febrero en Chocó, de 4 grados según el Servicio Geológico Colombiano, y el desequilibrio de la presa. Sobre esto, el ingeniero Ordoñez, asegura que un temblor de estas magnitudes en la zona de Ituango podría ocasionar un derrumbe, en consecuencia, generar una onda y acabar con el proyecto.

Fuentes gubernamentales han expresado su preocupación por la estabilidad del terreno y las dos fallas geológicas sobre las cuales se ubica Hidroituango: Mellizo y Tocayo. Al respecto, el geólogo Germán Vargas sugiere que “como las condiciones del macizo rocoso han sido afectadas por la presencia de deslizamientos y hundimientos, entonces, la ocurrencia probable de un sismo en la zona afectaría las laderas del cañón del Cauca”; en oposición, Durán Ariza indica que “en el caso de Hidroituango, la presa tiene en su base cerca de un kilómetro de ancho y unos taludes estables; no es un monte pequeño, es una montaña. Por eso, este tipo de obras son muy estables, incluso desde el punto de vista sísmico se comportan muy bien”.

El Brendunco, como llamaban los aborígenes del siglo XVI al río Cauca, es feroz, profundo y, en sí mismo, misterioso. Es el punto de encuentro de más de 100 ríos que desembocan en él; el hogar de especies como el ave payador canela, el bagre rayado y la pacarana, un roedor, y el proveedor de 2.720 millones de metros cúbicos de agua para abastecer a Hidroituango.

Colombia tiene sus ojos puestos sobre este proyecto, y la academia, sus aulas para formación. “Teniendo en cuenta esta problemática, buscamos con nuestro programa que los estudiantes entiendan no solamente la practicidad de los sistemas hidráulicos sino también que tengan herramientas para hacer propuestas novedosas y concretas sobre posibles formas de manejar los inconvenientes propios de un proyecto hidroeléctrico como Hidroituango”, asegura Jorge Alberto Escobar, quien también es director de la Maestría en Hidrosistemas de la Javeriana.


Datos de interés

La semana pasada, el 27 de febrero, la Procuraduría General y la Contraloría General de la Nación se reunieron en la Universidad de Antioquia, junto a 40 representantes de comunidades e instituciones públicas y privadas para buscarle una solución a la problemática ambiental y social del proyecto. Un día después, EPM presentó su controversial participación en la subasta convocada por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), donde, según Jorge Londoño de la Cuesta, su gerente, Hidroituango aportará al país una potencia de 1.200 gigavatios en 2022. Respecto a este tema, el presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros sosiente que “una posibilidad muy buena para que no entremos a un racionamiento de energía es que el proyecto Hidroituango salga adelante. EPM es bastante optimista, yo ahora solo soy optimista y creo que el proyecto puede funcionar”.

Finalmente, el pasado viernes, el país presenció la entrega del estudio causa-raíz que la firma Skava Consulting hizo sobre el grave evento geológico que obstruyó el túnel de desviación del río Cauca el 29 de abril de 2018; según su análisis, esta emergencia ocurrió por la erosión progresiva de las rocas en el piso del túnel auxiliar de desviación con el flujo a presión del caudal; sin embargo, el estudio sugiere que el error se debió a “una deficiencia en el diseño durante la etapa de asesoría, el cual estuvo a cargo del Consorcio Generación Ituango (Integral – Solingral), a quien le corresponderá dar las explicaciones técnicas pertinentes”, tal y como cita EPM en su más reciente comunicado.

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Con morral al hombro, su gorra bien puesta y botas de caucho, el ecólogo Javier Alejandro Maldonado, profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, recorre las zonas más inexploradas de la cuenca amazónica colombiana, con el objetivo de encontrar información sobre peces que, bajo las aguas, permanecen ocultos y no han sido reconocidos, pues allí está la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra.

Ante la necesidad investigar la existencia de estas especies inexploradas en la Amazonía y consolidar proyectos de conservación, Maldonado, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, actualmente construye la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas, todo esto para llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca. Dicha tarea inició en 2015 y se consolidó en enero de 2018 cuando firmó, junto al expresidente colombiano Juan Manuel Santos y el exministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la época, Luis Gilberto Murillo, un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea durante un periodo de cinco años.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señaló a Pesquisa Javeriana el docente javeriano sobre el proyecto Amazon Fish.

Las expediciones en busca de cumplir este objetivo han sido largas y extenuantes, cuyos resultados publica periódicamente en revistas científicas, sin dejar de compartir todos sus hallazgos con colegas, las comunidades que visita y sus estudiantes. Su curiosidad por la investigación lo ha llevado a recorrer gran parte de las regiones apartadas de Colombia para deslumbrarse con los paisajes del Amazonas, del río Magdalena y de la Orinoquía.

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Como parte de los hallazgos que han llevado a este amante de los peces a seguir con su labor de escudriñar las aguas, está el descubrir, junto a investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Javeriana y colegas de la Universidad de Toronto en Canadá, la existencia de un curioso pez color rojo. Se trata de la especie Phreatobious, encontrada en el pie de monte llanero. La estructura física de este animal es similar a la de una lombriz, motivo por el cual los pobladores de la zona se lo daban como alimento a las gallinas de la zona; sin embargo, resultó ser un bagre de aguas subterráneas; aunque sus ojos no funcionan bien en la oscuridad, son los bigotes de su cabeza los que le sirven para orientarse.

Esta información, a su vez, ha puesto a trabajar a científicos en el análisis de esta nueva especie que aún no tiene nombre. Como parte de un juego de palabras, ante la pregunta: ¿se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal? Maldonado responde:“Podría ser también Phreatorius gallinensis”.

Los placeres de este ecólogo con alma de biólogo, de 42 años, van más allá de la investigación y de recorrer las carreteras de nuestro país en bicicleta, pues su genuino gusto por la conservación del ecosistema lo acompaña en cada recorrido. De ahí, su preocupación por el impacto que tienen las hidroeléctricas en el medio ambiente, pues según el artículo Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams, del cual Javier Maldonado aparece como coautor, las represas alteran el hábitat de los peces y crean insalvables barreras para su movimiento a través de los ríos.

Además, entre las consecuencias ambientales que Maldonado encuentra en los proyectos hidroenergéticos, está el rompimiento de la conectividad de la biodiversidad entre los Andes y el Amazonas, los cambios en la temperatura del río por los cortes de agua y cómo las represas influyen en el flujo natural de los sedimentos del río; según el investigador, porque los sedimentos “son los que le dan la riqueza al agua, los que nutren los planos de inundación”.

Investigar y conservar son palabras que se quedan cortas para describir lo que Javier Maldonado quiere lograr con lo que hace como ictiólogo. Su deseo por divulgar la ciencia lo ha llevado a buscar nuevas formas de narrar el conocimiento científico generado en sus investigaciones y a promover conciencia sobre la conservación de los ecosistemas acuáticos colombianos, del bienestar de los peces y las comunidades asentadas a lo largo y ancho de la extensa red hídrica colombiana.

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Resultado de su trabajo en busca de especies inexploradas, surgió su pasión por trabajar con pobladores de las regiones. Por eso, un ejemplo de esto ocurrió el pasado 10 de febrero cuando Maldonado inició un recorrido por cuatro escuelas del Magdalena Medio para concientizar a los niños de esta región sobre la conservación del bagre rayado, especie afectada por la sobrepesca. “En su rostro se vio la emoción, no solo de transmitir sus conocimientos sino de compartir con los niños, con los pobladores y con sus colegas”, según recuerdan periodistas de Pesquisa Javeriana, quienes lo acompañaron en el recorrido.

Los expedicionarios no están exentos de peligros, pero el ecólogo sabe afrontarlos. Su hermano Nelson Maldonado Ocampo recuerda cómo, en alguna oportunidad, Javier se quedó sin embarcación toda una noche; sin embargo, esperó a que amaneciera y horas más tarde fue encontrado. Esta anécdota es una de las tantas que llena de optimismo a sus familiares, amigos y colegas mientras están a la espera de recibir noticias de su búsqueda. Por el momento, brigadas de rescate y la misma comunidad indígena de Mata Pi que lo acompañaban en la salida de campo, adelantan jornadas de búsqueda en la región, luego de que el investigador javeriano naufragara durante una expedición científica en el río Vaupés el pasado sábado 2 de marzo sobre las 2:00 de la tarde.