¿Cuál es el riesgo de las especies invasoras en Colombia?

¿Cuál es el riesgo de las especies invasoras en Colombia?

En enero de este año, leyendo un poco sobre ciencia y medio ambiente, me encontré con este titular “El coyote está a punto de entrar a Colombia pero es un invitado peligroso”, publicado en diciembre en Semana Sostenible.

El artículo cuenta sobre un coyote, cuya especie es Canis latrans, que a pesar de ser nativo de América del Norte, se ha expandido por Centroamérica y se presume que probablemente ya se encuentra ingresando a Suramérica, a través de Colombia, dada su alta capacidad de adaptación y su dieta generalista, en la que se puede decir, según los investigadores, que come “casi cualquier cosa”.

La colonización de este coyote, según el artículo científico publicado por los investigadores citados en esta noticia, se ha visto beneficiada en otros países por actividades antrópicas como los monocultivos, la ganadería, la deforestación y la desaparición de especies locales.

En mi opinión, este es un caso interesante de especie invasora, ya que aunque no fue traída, como en el caso de otras que tenemos en nuestro país, han sido nuestras actividades las que, según la investigación mencionada, se relacionan con el éxito de su colonización, es decir, tenemos una responsabilidad que, aunque no es directa, sigue siendo nuestra.

Continuando con esta especie, quisiera mencionar que debido a que aún no se han hecho estudios de su impacto en Colombia, pues hasta ahora se “espera” su llegada, no se puede saber con certeza qué pasará y cuál será su impacto sobre nuestra biodiversidad.

Se supone que especies como el puma y el jaguar podrán desempeñar un papel importante en su “contención”, pero no se sabe de qué manera y no se debe olvidar que además, la población de estos felinos ha disminuido en algunas zonas.

De la anterior especie apenas se “espera” su llegada mientras que en el territorio colombiano ya tenemos evidencia de cerca de 506 especies introducidas, invasoras o trasplantadas al país, contando tanto plantas como animales, de las cuales 293 han sido evaluadas, es decir, se ha hecho algún tipo de investigación para establecer su impacto.

Estas 506 especies podrían ser invasoras si se comprueba que además de no ser propias de nuestra región, generan o tienen el potencial de causar impactos ambientales, económicos o de salud pública. En Colombia se tienen oficialmente declaradas, por el Ministerio de Ambiente, 22 especies invasoras de fauna y flora, pero esto no quiere decir que sean las únicas que tenemos.

Varios de nosotros hemos visto en medios de comunicación algunas especies invasoras que han sido foco de atención, tales como los hipopótamos, el pez león y los caracoles africanos. Pero, ¿Cuál es el problema con las especies que consideramos parte de este grupo?

Para responder esta pregunta tendríamos que centrarnos en cada especie e investigarla, ya que debido a que cada una es diferente, su comportamiento y adaptación a nuestro país es completamente distinta.

Sin embargo, para no quedarnos sin respuesta, les comento lo que veo y que se lo explico a mis estudiantes de la siguiente manera: nuestra biodiversidad se encuentra en determinado equilibrio ecológico, el cual, cuando llega una especie “nueva”, se ve afectado. Es tan grave que las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad a nivel mundial.

Esta especie no solo podría no tener depredadores, sino que, además, va a tener comportamientos que alterarán el equilibrio y se alimentarán de especies que antes ni las conocían. Además, esta nueva especie no viene sola, sino acompañada de microorganismos propios que pueden afectar de forma negativa a otras especies o, incluso, pueden transmitirse a los seres humanos.

¿Cómo llegan las especies invasoras a otros territorios?

De muchas maneras, algunas, por “accidente”, otras, porque fueron traídas debido a intereses comerciales y al final resultaron “escapando”, y también por simple capricho humano.

El desconocimiento de su impacto o el egoísmo han llevado a que actualmente la biodiversidad de nuestro país se vea expuesta a una situación que no es fácil de afrontar.

Para algunas de las especies invasoras se han establecido planes de manejo, de control y, para muchas otras, las estrategias causan polémica, como es el caso del hipopótamo. Pienso que conocer el efecto que generan estas especies, además de hacernos más conscientes, nos permite realizar un análisis diferente de la situación. En el caso del coyote, que probablemente llegue, vemos cómo el impacto de nuestras actividades facilitará su establecimiento.

Siendo sincera, me gustaría haberle dado muchos más datos del impacto de cada especie, pero quiero que por lo menos se lleve una idea de lo que sucede.

Es importante que, como habitantes de esta tierra, nos informemos y entendamos el efecto que tiene un animal o planta que no son propios de nuestro país ya que, si logramos identificarlas, en algunos casos podemos ser parte de la solución y reportarlas para que sean recogidas por las corporaciones autónomas regionales.

Para terminar, creo que si conocemos estas especies y la problemática que representan, también podremos estar al pendiente de su situación e incluso tener la oportunidad de solicitar acciones de los entes gubernamentales basados en el conocimiento y las investigaciones.

El jaguar en Colombia: ¿por qué ataca y cómo solucionarlo?

El jaguar en Colombia: ¿por qué ataca y cómo solucionarlo?

 

“Como dicen los llaneros viejos, el jaguar nunca te va a ofender; se va a defender”, evoca Esteban Payán Garrido, director regional para Suramérica de Panthera, organización encargada de proteger y conservar jaguares en América.

Sin embargo, después de los ataques a reses y humanos registrados durante febrero en Cubará, Boyacá, aparentemente protagonizados por un jaguar, aquella frase de los ancestros llaneros parece perder valor.

El ataque de este felino, que es el tercero más grande del planeta después del tigre y el león africano, puede ser resultado de cambios estructurales en su medio, así como un mecanismo de defensa o un comportamiento provocado por el ser humano, según lo declaran los investigadores javerianos Germán Jiménez y Federico Mosquera-Guerra. Es poco común que un jaguar arremeta contra los humanos.

Actualmente, los jaguares que habitan América son los más tímidos, mejor portados y más educados, según la descripción que hace el director regional de Panthera, pues son los sobrevivientes de más de 500 años de persecuciones con armas de fuego y su tasa reproductiva y de gestación es muy lenta; eso genera que la especie sea aún más vulnerable, por lo que casos como los sucedidos en las últimas semanas generan desconcierto.

Por su parte, Germán Jiménez, experto en manejo y conservación de fauna silvestre, sugiere que “las agresiones a humanos pueden deberse a la cercanía del hombre a su ambiente, y la presión que le han generado a través de la caza indiscriminada y la destrucción de sus hábitats, lo que podría llevarlos a desarrollar comportamientos que no son habituales”.

¿En dónde habita el jaguar en Colombia?

Este felino, de corpulenta y fornida fisionomía, y que originalmente tuvo una amplia distribución desde el estado de Texas, en Estados Unidos, hasta el norte de la Patagonia, en Suramérica, ha ido perdiendo su hábitat. Al momento de la llegada de los europeos a América, según un cálculo del Fondo Mundial Para la Naturaleza (en inglés World Wide Fund for Nature), había más de cien mil jaguares que habitaban desde zonas semidesérticas de Norteamérica hasta los bosques tropicales sudamericanos. Hoy, esta especie ha perdido aproximadamente el 50 % de su hábitat histórico en todo el continente.

 

graficajaguarTomado de WWF

Los jaguares habitan desde el nivel del mar hasta los ecosistemas de alta montaña y Colombia se caracteriza por ser parte de un corredor que comienza en México y acaba en Argentina.

El javeriano Federico Mosquera-Guerra explica que después de que se levantara el istmo de Panamá, que limita con el departamento del Chocó, estos felinos empezaron a entrar al país. Esteban Payán complementa la explicación: “Existen poblaciones conectadas por Panamá, están en el Darién, el Chocó-biogeográfico, la Sierra Nevada de Santa Marta, en el Magdalena Medio y pasan la cordillera Oriental, por la zona de Santander, bordeando Venezuela y llegan a la Orinoquía y a la Amazonía”, donde han sido reportadas sus poblaciones.

Desde el 2019 Colombia tiene el corredor biológico más grande para la conservación de la danta, el puma y el jaguar en la Orinoquía: el sitio Ramsar del río Bita, que cuenta con un área aproximada de 824.500 hectáreas, considerada, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, como la cuenca más conservada y manejada del país.

Este corredor cuenta con 228.000 hectáreas y protege la vida de 34 especies de mamíferos medianos y grandes.

¿Cuáles son los riesgos de la desaparición del jaguar?

El jaguar se encuentra en la categoría de “Casi Amenazada”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es decir que no se encuentra dentro de las categorías de “En Peligro” o “Peligro Crítico”, pero está cercano a cumplirlos o es esperable que así suceda en el futuro. Por esta razón estas especies dependen de medidas especiales de conservación.

En Colombia, a través de la resolución 1912 de 2017 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, se ubica a los jaguares en la categoría Vulnerable.

Pero el jaguar no solo se ha enfrentado a la pérdida de su hábitat, sino a la escasez de alimento, pues sus presas también hacen parte de la dieta de los seres humanos.

“Gran parte de la proteína de origen animal para las comunidades es producto de la cacería de peces, pecaríes, venados, lapas o borugas, armadillos, monos aulladores e incluso, tortugas marinas y de río, alimento propio de los jaguares”, señala Federico Mosquera-Guerra, quien además ha trabajado en la conservación de grandes mamíferos y coexistencia entre felinos.

En consecuencia, dice el experto, el animal se ve obligado a recurrir a otras fuentes energéticas, como el ganado doméstico, y posiblemente eso lo ha llevado a ser una amenaza para los humanos. “Lo malo no es que los locales cacen, sino que esta actividad no esté regulada, para que pueda haber coexistencia entre los jaguares y los pobladores”, comenta.

El jaguar se alimenta de especies que en su mayoría son herbívoras y sobreviven de frutos y semillas, como los venados, los pecaríes y los chigüiros, que de no ser controlados por este depredador que se encuentra en el tope de una red trófica, alterarían el equilibrio, pues el número de estos aumentaría a tal punto de que generarían una depredación indiscriminada de frutos y plantas, truncando el proceso natural de la regeneración de los bosques, alterando su composición y estructura, su almacenamiento de carbono, así como la captación del agua y el balance hídrico de las cuencas.

Mosquera agrega que, además, este felino, que mide entre 1.5 y 2.4 metros y pesa entre 45 y 120 kilos, es generador de alimento para especies carroñeras que se alimentan de los restos de las presas que deja, lo que permite controlar la propagación de virus y bacterias.

¿Cómo poner fin a los ataques?

Las alarmas están encendidas en Cubará, especialmente en la comunidad indígena u’wa, ubicada en la zona rural del municipio, lugar donde ocurrió la posible arremetida del felino. Algunas entidades como la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquia (Corporinoquia) han puesto en marcha planes de búsqueda a través de cámaras, con el fin de detenerlo y reubicarlo.

Otra opción que se podría contemplar es la cacería de control, aquella que se realiza con el propósito de regular la población de una especie de la fauna silvestre cuando así lo requieran circunstancias de orden social, económico o ecológico.

Esta alternativa la encuentra viable Payán: “Si dejamos que vuelva a atacar, le está dañando la fama a toda la especie en Colombia. No se puede permitir la posibilidad de que ataque a más gente. Con la ayuda de cámaras trampa los expertos pueden identificar al individuo problema”.

Pero para el biólogo javeriano Federico Mosquera-Guerra, eliminar al individuo no soluciona el problema de raíz, incluso, “se pierde de vista la problemática estructural que estos eventos traen al debate nacional, representado en las altas tasas de deforestación en la cordillera oriental, la ausencia de regulación de la cacería de fauna silvestre por comunidades locales, los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas y biodiversidad asociada, así como el aumento demográfico y el establecimiento de las poblaciones humanas en áreas no idóneas, como la alta montaña Andina, área de recarga hídrica y corredor biológico natural de estas especies”.

Consideraciones

Los expertos coinciden en que lo importante es buscar soluciones para que ambas especies, tanto humanos como jaguares, coexistan sin riesgo. Por ejemplo, el profesor Germán Jiménez propone respetar sus hábitats y conservarlos, además de evitar la cacería indiscriminada y sin control de sus presas, así como la sobrepesca para no quitarle recursos. Igualmente, propone crear espacios de entendimiento acerca de cuáles son las relaciones que generan conflicto entre las comunidades humanas y los jaguares.

Entretanto, la evidencia científica de las investigaciones de Esteban Payán le permiten afirmar que las áreas protegidas tienen un impacto positivo en la persistencia del jaguar y asegura que la creación de más áreas protegidas, como parques nacionales, es una de las acciones de conservación más importantes para esta especie y otros grandes carnívoros.

Federico Mosquera-Guerra concluye diciendo que los ataques presentados en las últimas semanas permiten dilucidar la problemática estructural en el sistema medioambiental colapsado por las acciones humanas, además, hace un llamado a la participación de la academia y otros actores para generar escenarios de coexistencia entre los pobladores locales y los grandes felinos en el país.

 

Mariposas y polillas: de plagas a organismos modelo en teorías biológicas

Mariposas y polillas: de plagas a organismos modelo en teorías biológicas

Las mariposas son un ejemplo de belleza universal. Para los aztecas representaban las almas de los guerreros muertos en combate. Los samuráis utilizaban sellos con su imagen y una de las figuras más populares del realismo mágico son las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez. Nadie discute la popularidad de las mariposas, ¿pero quién habla de sus parientes, las polillas?

Las mariposas y las polillas hacen parte del segundo grupo más diverso de insectos: los lepidópteros. De las 160 mil especies registradas, 18 mil son mariposas y pertenecen a una superfamilia que tiene como nombre Papilionoidea Esto quiere decir que hay alrededor de otros 140 mil lepidópteros más, que son los que comúnmente se conocen como polillas.

Las polillas son mejores polinizadoras que las mariposas

Según Giovanny Fagua, profesor del departamento de Biología y coordinador del Laboratorio de Entomología de la Pontificia Universidad Javeriana, dentro de los lepidópteros hay grupos más importantes y específicos de polinizadores que las propias mariposas. “Buenos polinizadores son las abejas, algunos cucarrones, moscas y varios grupos de polillas, no de mariposas”, expone.

Uno de los intereses del profesor Fagua es investigar cómo las asociaciones entre plantas y animales fomentan la formación de especies, y en este punto enfatiza las diferencias del trabajo de polinización que realizan polillas y mariposas.

Sobre las últimas, Fagua asegura que sus longitudes de desplazamiento, número de individuos y especificidad por tipo de flor son bajas, así que su trabajo polinizador no es el mejor. Lo que las plantas requieren es de animales que les garanticen llevar polen de su misma especie y de plantas alejadas. Hay grupos de polillas, en cambio, que cumplen de mejor forma con estas características y tienen relaciones dependientes con algunos tipos de plantas.

 

Aunque la polinización es una labor importante, la principal función de los lepidópteros (mariposas y polillas) es comer diferentes tipos de plantas.

 

Sin embargo, la principal función ecológica de los lepidópteros (mariposas y polillas), en su etapa de larvas, es comer diferentes tipos de plantas. Muchas especies vegetales utilizan defensas para evitar que los insectos las coman, pero los lepidópteros tienen la capacidad de comer variedades incomibles. “Ese es su principal papel ecológico: comer plantas que casi ningún ser vivo puede comer y transformarla en proteína animal”, explica el profesor.

A esto se le conoce como transición de biomasa, que en palabras más resumidas se refiere al hecho de que al alimentarse de plantas “imposibles” de consumir por otros animales, los lepidópteros, además de continuar su proceso de crecimiento, son presas potenciales de otros animales, por lo que favorecen la cadena alimenticia.

Los lepidópteros  pueden ser especies plaga

Las orugas, de las que emergen tanto mariposas como polillas, son determinantes depredadores de cultivos. Según cifras del profesor Fagua, el 40 % de la producción agrícola anual termina siendo consumida por insectos y el grupo que mayor daño genera son los lepidópteros

Las polillas y las mariposas, aunque pueden considerarse especies invasoras, son plagas introducidas. Generalmente no amenazan la biota natural local pero sí a los cultivos y plantas de jardín.

La polilla guatemalteca de la papa (Tecia solanivora), por ejemplo, es un problema actualmente en Colombia. Aunque otras especies locales como Dione juno, o mariposas espejo, son una plaga potencial de pasifloras como el maracuyá. También algunas de las mariposas blancas de la sabana de Bogotá, como Leptophobia aripa, son plaga de la coliflor, brócoli, repollo u otras plantas de la familia de las Brasicáceas.

Organismos modelo

Los lepidópteros también son organismos modelo en estudios de teorías biológicas, incluso pueden ser utilizados para observar procesos de degradación en los ambientes. “Esta característica se conoce como capacidad bioindicadora. Las mariposas son, quizá, el mejor grupo de indicación en los sistemas terrestres”, afirma el biólogo.

También son un organismo modelo para teorías evolutivas, y aunque gran parte de estos trabajos se basan en la Drosophila, o mosca de la fruta, el segundo mayor grupo de insectos para investigaciones evolutivas son las mariposas, pues son fáciles de criar, identificar, recolectar y marcar.

Esto ocurre principalmente por tres razones: son más atractivas visualmente, sencillas de colectar y, finalmente, las mariposas pueden ser liberadas después de ser marcadas, por lo que puedes hacerle seguimiento pasado un tiempo.

Los lepidópteros y el peligro de su extinción

Algunas especies de lepidópteros se encuentran en peligro de extinción en diferentes partes del mundo, principalmente por destrucción de sus hábitats.

“En Colombia no somos la excepción, aunque falta mucha investigación al respecto. En el libro rojo de invertebrados terrestres de Colombia están las mariposas (Papilionoidea), Arhuaco ica, Lymanopoda caeruleata, Lymanopoda paramera, Prepona werneri, Prepona praeneste, Pterourus cacicus, Pterourus euterpinus, Morpho rhodopteron, , y Polillas (no Papilionoidea), Copaxa apollinairei y Syssphinx chocoensis”, explica el profesor javeriano.

El rápido aumento de la temperatura global también ha puesto en peligro a los lepidópteros, ya que no tienen a donde migrar ni el tiempo para responder a los cambios climáticos.

Los lepidópteros son agentes fundamentales en los ecosistemas. De hecho, sus especies habitan todo el planeta, excepto en la Antártida. Su desaparición, según las investigaciones, podría afectar especies de plantas y la cadena alimenticia en general.

El profesor Fagua y un grupo de investigadores están realizando un informe que expone el estado de algunos grupos de mariposas que habitan grandes altitudes en Colombia y que se encuentran en riesgo.

Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Hipopótamos en Colombia: ¿esterilización, repatriación o cacería de control?

Luego del proceso de extinción de dominio de la Hacienda Nápoles, los hipopótamos que en su momento trajo el narcotraficante Pablo Escobar a Colombia pasaron a ser responsabilidad de las autoridades regionales de ambiente, principalmente de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare – Cornare.

Desde 2007 se reportaron avistamientos de hipopótamos por fuera de la hacienda y dos años después se dio un intenso debate nacional, pues Pepe, uno de los paquidermos que se había escapado de la hacienda, fue cazado por orden de la Corporación Regional de Antioquia.

Esta acción contó con el visto bueno del Ministerio de Ambiente, pues resultaba una potencial amenaza para los habitantes del caño San Juan. Fue tal la polémica que la autoridad regional decidió suspender la caza y en 2012 el juzgado Doce Administrativo, a través de la sentencia No. 022, falló una acción popular prohibiendo la caza de estos animales, así que aunque sea una especie invasora, el hipopótamo legalmente está protegido.

 

Una especie invasora que sigue creciendo

Desde hace 14 años Germán Jiménez, profesor del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, sigue este tema. Sus investigaciones lo han llevado a trabajar con la autoridad ambiental regional Cornare y otros expertos nacionales y de Estados Unidos.

De estos ejercicios de investigación se derivó información para la más reciente publicación en la revista Biological Conservation  en enero de 2021. En términos generales muestra un panorama preocupante: “Hay una alerta muy grande desde el punto de vista ecológico y también socioeconómico, reafirmando lo que habíamos dicho en un artículo en la revista Oryx en 2019”, afirma Jiménez.

El estudio realizado en 2017 arroja una estimación entre 40 y 60 hipopótamos en Colombia y calcula un aumento entre 80 y 90 para 2018 y 2019, posiblemente ubicados entre Puerto triunfo y Yondó, ambos municipios de Antioquia.

Esto habla del crecimiento y la expansión territorial que han tenido los hipopótamos en solo década y media (cerca de 200 km hacia el norte). “Según los modelos se estimó que la población de hipopótamos, bajo la situación actual, crece a una tasa anual del 14,5 % y alcanzará su máximo crecimiento para 2034, con una población por encima de 1400 individuos” dice el documento.

Con esta amplia expansión, los paquidermos ya están en la jurisdicción de al menos dos corporaciones autónomas regionales, Cornare y Corantioquia, y posiblemente también estarán en territorios de Corpoboyacá, por la cercanía geográfica al Magdalena. Sin embargo, no hay hasta el momento intervención del Ministerio de Ambiente. “El Estado solo toma cartas en el asunto cuando lo llaman y la situación se vuelve caótica. El ministerio tramita algunas emergencias, pero luego se va y quien continúa cargando con todo el peso es Cornare”, afirma el investigador Jiménez.

Mapa-Hipopotamos

Este rápido crecimiento se da, según estas investigaciones, porque los hipopótamos en Colombia tienen condiciones más favorables en su entorno. En África, de donde son originarios, durante los periodos de sequía se reduce la concepción de crías y se aumenta la tasa de mortalidad por falta de alimentación y enfermedades causadas por el calor.

Por su parte, en el Magdalena Medio no tienen ninguno de esos problemas. La corriente del río es constante durante el año, tienen suficiente alimentación y presentan poco estrés por perturbaciones humanas. Adicionalmente, se están reproduciendo entre los cinco y seis años, una edad temprana si se compara con la madurez reproductiva de los africanos, que puede ser a los siete años.

 

Otros riesgos ambientales

Los hipopótamos permanecen sumergidos bajo el agua durante el día, por lo que se calcula que depositan el 50 % de sus heces en el agua, en este caso, las del río Magdalena, sus lagunas o riachuelos asociados. Estas deposiciones, sumadas a la agitación de sedimentos que producen por sus casi tres toneladas de peso, aumentan los fosfatos y la concentración de nitrógeno del agua.

Esto “puede tener un efecto prominente en la composición de la comunidad acuática, favoreciendo algunas especies y afectando negativamente a otros”, explica el artículo. Es el caso del manatí del Caribe, que actualmente está en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y coincide con zonas de reporte de hipopótamos.

Además, son potenciales transmisores de enfermedades zoonóticas y de parásitos, ya que son afectados por varias enfermedades bacterianas y virales, entre ellas la brucelosis, salmonelosis, triquinosis, tuberculosis y las garrapatas. “Algunas de estas enfermedades o parásitos podrían transmitirse potencialmente desde los hipopótamos a los animales salvajes y domésticos y, en última instancia, a los humanos”, señala el documento.

 

Un problema social y económico

Desde 2007, el Parque Temático Hacienda Nápoles, ubicado en Puerto Triunfo, Antioquia, genera actividades económicas formales e informales de las que también se benefician sus alrededores. Por ejemplo, en las calles y parques de Doradal, el municipio más cercano a la hacienda, se encuentran estatuas, artesanías, camisetas, peluches y todo tipo de artículos con forma de hipopótamos que atraen a los turistas y activan la economía de la población local.

 


Uno de los hipopótamos camina por las calles de Doradal – Fuente: El Tiempo

Pero también hay amenazas. Los investigadores alertan sobre el potencial peligro que corren las poblaciones cercanas, pues los hipopótamos son animales territoriales y agresivos. El portal Science Alert calcula que al año se producen unas 500 muertes humanas causadas por estos animales.

En Colombia no se registran muchos ataques y el más reciente se dio en mayo de 2020, cuando un campesino fue atacado mientas fumigaba. Además, otros habitantes de Puerto Triunfo han alertado sobre daños en alambrados, cercas y puertas de sus fincas.

¿Cuáles son las alternativas?

 Desde 2010, Cornare ha implementado un plan de manejo para los paquidermos que ha dado como resultado 10 individuos esterilizados y 5 reubicados en otras regiones.

Sin embargo, teniendo en cuenta el rápido crecimiento de esta especie, estas acciones resultarían insuficientes, pues los costos de esterilización por individuo sobrepasan los 20 millones de pesos e implica la participación de expertos y gran cantidad de equipos. Esto sin contar que es un procedimiento riesgoso para el animal y para quienes lo adelantan.

También se habla de la posibilidad de devolverlos a África, pero esto también representa grandes inconvenientes.
Según los investigadores, los hipopótamos son animales muy pesados, viven la mayor parte del día sumergidos y pueden correr hasta 30 kilómetros por hora. Estos factores hacen complicada y costosa cualquier opción de captura y traslado. Además, ven poco probable que las autoridades ambientales africanas los reciban, pues representan riesgos genéticos y de transmisión de enfermedades para su fauna nativa.

“Cualquiera que sea la estrategia, si contención, castración química o castración física, los hipopótamos van a seguir creciendo de manera exponencial y, según los modelos, serían más de mil en poco más de una década”, alerta Jiménez. “Por otro lado, cada vez va a ser más difícil contener a los animales porque serán más y estarán más dispersos” agrega.

El grupo de expertos e investigadores recomienda que si las medidas de control dispuestas hasta el momento, no funcionan, existe una opción menos popular: implementar un plan de cacería de control.

“Para nosotros el control de una especie invasora es un método que está ampliamente aceptado y soportado desde el punto de vista de investigación. Es efectivo porque estamos arrancando de raíz el problema”, afirma el profesor Jiménez, y explica que de no eliminar las especies invasoras, habría que aprender a convivir con ellas, pero eso implica sacrificar especies de nuestra biodiversidad de fauna y flora en favor de que exista la invasora, con los costos ambientales y económicos que ello implica.

“Es preferible invertir el dinero en la conservación de las especies nativas de nuestro país y no en una especie invasora”, Germán Jiménez

Cazar una especie tiene connotaciones éticas muy complejas de tratar en la opinión pública, como ocurrió con el sacrificio del hipopótamo Pepe, en 2009. Pero debería ser regulado por el Estado. “Esto no es un Safari. Es el Estado que por medio de la normativa debe autorizarlo bajo unas condiciones éticas, profesionales y de la mano de procesos pedagógicos con las comunidades de esta región y del país, para que se lleve a cabo de la mejor manera posible”, dice el investigador.

Se ha planteado la posibilidad de limitar la población a los terrenos de la Hacienda Nápoles e implementar un programa de crecimiento moderado, pero la última palabra la tiene un actor que ha estado ausente durante décadas: el Estado en el nivel nacional.

Los investigadores coinciden en que se requiere una acción urgente y son las instituciones estatales de más alto nivel las que deben organizar y dirigir, porque mientras más tiempo pase, más complicada y riesgosa se vuelve la condición de muchas especies de nuestra biodiversidad en el magdalena medio.

El viernes 19 de febrero a las 9:00 a.m. se desarrollará el foro Hipopótamos en la sala, en el que panelistas de la Universidad de los Andes y de la Pontificia Universidad Javeriana, discutirán sobre este tema. Puede ver ese evento aquí.

Antropoceno, la etapa que exprime la Tierra

Antropoceno, la etapa que exprime la Tierra

El Antropoceno es la etapa geológica que tiene como eje a los seres humanos, es decir, que son el principal factor cambiante de las condiciones de la Tierra por la sobreexplotación de los recursos naturales.

Factores como la acumulación de Gases de Efecto Invernadero (GEI), la pérdida de biodiversidad y el aumento de la temperatura evidencian que el planeta cambió y que se está llegando a un punto de no retorno.

Pablo Ramos, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, hace una reflexión en esta videocolumna sobre estos fenómenos y sus consecuencias, que las viven todos los seres humanos, sin importar el lugar en el que se encuentren. También plantea algunas alternativas para enfrentar algunos de los problemas ambientales que se presentan en Colombia.

Año nuevo con nuevo código de colores para separar residuos

Año nuevo con nuevo código de colores para separar residuos

Para empezar le quiero contar que Colombia produce aproximadamente 12 millones de toneladas de “basura” al año, de lo cual solo se recicla el 11%, es decir, solo un poco más de la décima parte de los residuos que producimos se reutilizan y se reintegran en las cadenas productivas de nuestro país y… ¿El 89% restante? Lo que no reutilizamos se encuentra en sitios permitidos para la disposición de residuos sólidos y también en otros 101 botaderos a cielo abierto y 15 celdas transitorias que no están autorizados para estos fines. De los sitios autorizados que se tienen en Colombia 192 pronto terminarán su vida útil… entonces, como usted puede ver, el panorama no es que sea alentador, pero, como la idea es que siempre pensemos en lo que podemos hacer, acá le cuento una nueva iniciativa del gobierno nacional que pienso, nos puede ayudar a todos.

A partir de la resolución 2184 de 2019 se implementó un nuevo código de separación de residuos que empezó a regir el primero de enero de este año, para el cual todos los colombianos tendremos que aprender a separar nuestros residuos desde casa en bolsas o recipientes de tres colores: blanco, negro y verde. Ahora le voy a contar que iría en cada color.

En el recipiente o bolsa de color blanco usted deberá arrojar residuos aprovechables, tales como cartón, plástico, vidrio, papel y metales, no se le olvide que para poder aprovecharlos estos residuos deben estar completamente limpios y no pueden tener residuos de comida, por ejemplo. En el recipiente o bolsa verde usted podrá disponer los residuos orgánicos aprovechables – que en varias ciudades y municipios se mezclaban con otros, lo cual no permitía que fueran aprovechados- es decir, restos de comidas y desechos agrícolas. Y, por último, en el recipiente o bolsa negra usted deberá arrojar residuos no aprovechables, es decir, papel higiénico, servilletas, papeles y cartones contaminados con comida y papeles metalizados.

Colores_basura

Quizás muchos nos preguntemos ¿Y esto para qué sirve? Bueno, en Colombia se presentan actualmente varios municipios y ciudades que tienen procesos de reciclaje y separación de residuos que se pueden considerar eficientes, mientras otras ciudades y municipios no tienen algún tipo de separación, lo cual genera mayor cantidad de residuos que no son aprovechados. Además, como en las matemáticas todos entendemos los números y los signos, en la química tenemos los elementos, que son comprendidos a nivel mundial, como un lenguaje universal, pues el código de colores a nivel nacional nos permitirá entendernos entre todos, hablar el mismo idioma y, separar los residuos de la misma manera.

Además, este nuevo código de separación unificado a nivel nacional permitirá que, primero, se mejoren las condiciones de trabajo de los recicladores, a los cuales tenemos que siempre agradecer su labor. Y, segundo, que todos separemos desde la fuente del mismo modo y así, sean más eficientes los servicios de recolección, aprovechamiento y tratamiento de residuos, para que de esta manera se genere un incremento de residuos que puedan recuperarse y aprovecharse reincorporándolos a los ciclos productivos o convirtiéndolos en materiales primas, lo cual reduce la cantidad de residuos que no aprovechamos y ayuda al medio ambiente.

No puedo terminar esta columna sin decirle que, si usted tiene dudas sobre la implementación de esta unificación de la forma de separación de residuos, puede consultar el abecé del código de colores publicado por el Gobierno de Colombia en el cual hay una sección de preguntas y respuestas que quizás le aclaren muchas dudas. Además, le comento que si usted incumple esta medida de separación de residuos, podrán multarlo con el equivalente a 16 salarios mínimos legales vigentes diarios.

Seguramente este año en su municipio o ciudad harán campañas y jornadas pedagógicas explicándole a toda la población este nuevo código. Participemos de ellas, para que aprendamos y enseñemos a otros la importancia de separar los residuos. Espero que este año la vida de todos los colombianos esté llena de oportunidades y que sus casas, además de tener en el corazón los tres colores de nuestra bandera, tenga los tres recipientes de color blanco, negro y verde, para que separemos los residuos y hablemos todos el mismo idioma.

* Karol Tatiana Vera es bióloga y magistra de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, trabaja como profesora de Química y Biología en el Colegio Agustín Nieto Caballero de la ciudad de Chía. Pueden seguirla en Instagram como @karoltvera.

El mito de que Colombia es un país rico en agua

El mito de que Colombia es un país rico en agua

No por tener abundancia en ríos y costas sobre dos mares, Colombia es un país rico en agua. Es cierto que su posición privilegiada en una de las zonas más lluviosas del planeta, produce grandes y torrentosos ríos que corren a lo largo de la geografía. Además, de acuerdo con un estudio del Instituto Alexander von Humboldt publicado en 2015, más del 25% del territorio nacional está constituido por humedales. Esto parece ser consistente con que en los años en que el Fenómeno de la Niña es más fuerte, una parte importante del país sufre de inundaciones. Pero ¿toda esta agua está disponible para su uso por parte de las poblaciones?

La emergencia invernal que sucede cada cierto tiempo nos muestra el poder de los ríos que reclaman sus humedales. Tal es el caso reciente del río Atrato en el departamento del Chocó, que se llevó puentes y enseres de los pobladores en sus riberas. Estos fenómenos son recurrentes en una de las zonas más lluviosas del mundo: sobre cada metro de la superficie de este departamento, una columna de agua de más de siete metros de altura cae al año en forma de lluvia. Lo que parecería inverosímil es que los pobladores de estas zonas sufran por falta de agua, tanto, que hace unos años, fruto de unas semanas de sequía, fue necesario que la Fuerza Aérea Colombiana llevase agua desde Bogotá a Quibdó para suplir las necesidades básicas de la población. Debido a que en esta zona, generalmente llueve prácticamente todos los días, cada cual puede recoger el agua lluvia usando sistemas instalados en sus tejados. Pero claro, más de siete días sin un aguacero puede causar un serio desabastecimiento.

El concepto de riqueza tiene varias interpretaciones, pero se suele dar valor al agua en función de su uso. Es muy frecuente que en los primeros meses del año abunden las noticias de municipios que no tienen suficiente agua para la población. La discrepancia que existe entre la cantidad y la disponibilidad de agua para su uso, se explica principalmente por la estacionalidad de las lluvias. La estación seca define realmente cuánta agua queda disponible para el consumo y la agricultura. Cuando el agua que cae es menos que la que se evapora y la que usan las plantas, se habla de que existe un déficit y algún grado de aridez. De acuerdo con datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), la cuarta parte del país sufre de sequía, siendo las zonas más pobladas donde este déficit es mayor. Colombia, tal vez es un país muy rico en la variedad y cantidad de ecosistemas acuáticos, pero el agua disponible para el uso de la población es otro asunto.

Algunos de los escenarios del cambio climático sugieren que los períodos de lluvias serán mucho más húmedos, y la estación seca será más intensa. Las primeras proyecciones sobre los escenarios de dicho fenómeno fueron realizadas hace más de 20 años y el futuro se ha vuelto un presente en donde cada año el clima parece más extremo. Así, en términos de las necesidades de los colombianos, el país está más cerca de ser deficitario que rico en agua.

Bajo este panorama, es necesario afrontar con urgencia varios temas pendientes, como el desarrollo de la infraestructura que permita el aprovisionamiento básico de agua para toda la población, la gestión integral del recurso y la protección de los ecosistemas acuáticos. Algunos tenemos la percepción de que las décadas pasan en Colombia y no se avanza de manera efectiva en estos temas. Es cierto que la complejidad física, la variabilidad climática y la naturaleza anfibia del territorio requieren de una creatividad en el desarrollo de las obras que garantice agua de buena calidad en todas las regiones. No obstante, hoy en día existen en el mundo las tecnologías para afrontar las singularidades de nuestro territorio.

Es irónico que algunos países con menor cantidad de lluvia como Israel o España puedan garantizar una mejor cobertura del recurso. Por otro lado, cada día hay más evidencias de que el desarrollo económico solo puede ocurrir garantizando la sostenibilidad de los ecosistemas. No es un secreto que la mayor parte de las cuencas más importantes del país están sometidas a grandes afectaciones y que urge la restauración de muchas áreas y un manejo integral y sostenible de las mismas. Abordar y resolver todos estos problemas nos ayudará a pasar del mito de la riqueza a la realidad del déficit.

*Director del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana. Investigador del Instituto Javeriano del Agua.

¿Transparente como el agua? Una mirada más profunda al agua que consumimos

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Es tan transparente que parece inofensiva, pero no hay que confiarse: es mejor saber que el agua que viene en botellas plásticas puede tener sustancias químicas que, en el largo plazo, podrían alterar el sistema endocrino del ser humano, el que se encarga de controlar el funcionamiento de los órganos y mantener el equilibrio químico corporal.

Estos contaminantes ‘emergentes’ encontrados en cuatro tipos de aguas en Bogotá y Cali, llamados también disruptores endocrinos, están presentes también en el agua que corre por las tuberías de PVC, en cosméticos, en perfumes, en algunos electrodomésticos y en los estuches plásticos que guardan alimentos. Se liberan poco a poco, con mayor facilidad cuando entran en contacto con el agua y más aún cuando el material que los contiene se calienta.

“Claramente son sustancias que causan enfermedades, sobre todo disrupción endocrina”, explica el ingeniero Jaime Lara, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana e investigador del grupo Ciencia e Ingeniería del Agua y del Ambiente.

“Pero esas no son enfermedades agudas, sino crónicas, es decir, que se ven a nivel poblacional en el largo plazo, por ejemplo, con el aumento de diabetes, o problemas del sistema reproductivo o del crecimiento y del desarrollo corporal”.

 

El agua que provee el sistema de Chingaza, al oriente de Bogotá, tiene menos contaminantes emergentes que la que viene de Tibitoc, la planta que queda al norte, al lado del río Bogotá.

 

No por tomarse una botella de agua de vez en cuando se adquiere la enfermedad, advierte. Son concentraciones muy pequeñas, difíciles de eliminar en las plantas de tratamiento de agua y que, por tanto, llegan al ambiente, afectándolo también. “Es preferible para la salud tomar agua envasada en vidrio”, recomienda.

 

Evidencia en la toma de muestras de agua

Investigadores javerianos y de la Universidad del Valle estudiaron la concentración de plastificantes, fármacos y otros aditivos en el agua potable, el agua de escorrentía, los ríos urbanos y en el agua residual, encontrando mayores concentraciones en esta última. Hallaron residuos de drogas como carbamazepina ―un anticonvulsivo y antidepresivo de uso común—, ibuprofeno y naproxeno, fármacos comúnmente usados para combatir el dolor, pero en mayor proporción unos plastificantes llamados ftalatos, que se usan en los sectores de la construcción y automotriz, en envases plásticos de alimentos y en colonias y cosméticos, porque le confieren elasticidad y flexibilidad al material. Estos ftalatos y la carbamazepina se encontraron en las cuatro matrices acuáticas en niveles superiores a los valores que reporta la literatura científica.

Preocupa así mismo el hallazgo de bisfenol A, plastificante mejor conocido como BPA, que se usa en empaques de alimentos, botellas de agua, equipamiento deportivo, dispositivos médicos y dentales, y en la fabricación de algunos electrodomésticos; también, de hormonas provenientes de anticonceptivos ―estradiol y estrona, principalmente―, que, en el caso de Cali, aunque se encontraron en bajas concentraciones, “se consideran importantes por ser de los compuestos con mayor potencial de disrupción endocrina”, de acuerdo con uno de los estudios publicados por los investigadores de ambas universidades. Cuando esas hormonas llegan al ambiente, pueden alterar, por ejemplo, la reproducción de los peces.

 

Contaminantes diferentes a los usuales

Los contaminantes emergentes son aquellos que solo hasta hace unas pocas décadas se han podido medir, por las concentraciones tan pequeñas en que se encuentran en el ambiente. “Se sabía que existían desde hace tiempo, pero no había técnicas analíticas para medirlos”, explica Lara. Así que midieron 36 compuestos que podrían tener efectos sobre la salud humana, en los que obtuvieron resultados confiables.

Hoy en día no solamente cuentan con estos nuevos métodos de medición, sino que tienen la capacidad de cubrir los costos, que antes eran muy altos. Ahora estos métodos “se están introduciendo a ciencias ambientales y podemos medir concentraciones muy pequeñas”, agrega.

Los resultados obtenidos abren un abanico de caminos de investigación: continuar midiendo estos disruptores endocrinos en las aguas de otras ciudades del país, aliarse con otras disciplinas para comprender los efectos en la salud humana y en el ambiente, buscar estacionalidades y patrones de consumo, y encontrar alternativas seguras y de bajo costo para eliminarlos antes de que alcancen los cuerpos de agua, por mencionar solo algunos. El carbón activado podría convertirse en un sistema de tratamiento para filtrar estas sustancias, pero aún faltan estudios para comprobarlo.

Según Lara, lo ideal sería convencer a la sociedad en general sobre la necesidad de un consumo responsable de medicamentos, y al sector industrial para que busque alternativas ―más respetuosas con el ambiente― a estos productos. “Hay que trabajar para que el Gobierno reduzca la brecha en cuanto a las infraestructuras de tratamiento de aguas residuales en el país, pero eso tardará”. Que se produzca y se consuma de manera más amigable con el medio ambiente debería ser el primer paso para proteger la salud de todos.

 

Para leer más:

Bedoya Ríos, D. F. et al. “Study of the Occurrence and Eco-system Danger of Selected Endocrine Disruptors in the Urban Water Cycle of the City of Bogotá, Colombia”. Journal of Environmental Science and Health, 2018, 53 (4), 317-325. DOI: https://doi.org/10.1080/10934529.2017.1401372.

Madera Parra, Carlos A., et al. “Estudio exploratorio de la presencia de microcontaminantes en el ciclo urbano del agua en Colombia: caso de estudio Santiago de Cali”. Rev. Int. Contam. Ambie., 2018, 34 (3), 475-487. DOI: https://doi.org/10.20937/rica.2018.34.03.10.

Bedoya Ríos, D. F., y Lara Borrero, J. A., “Occurrence of Endocrine Disruptor Chemicals in the Urban Water Cycle of Colombia”. DOI: https://dx.doi.org/10.5772/intechopen.78325.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Monitoreo de disruptores endocrinos en el ciclo urbano del agua en las ciudades de Cali y Bogotá: implicaciones y mecanismos de control.
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos A. Madera Parra, Jaime Lara Borrero.
COINVESTIGADORES: Diego F. Bedoya Ríos, Andrés F. Toro Facultad de Ingeniería Departamento de Ingeniería Civil Grupo de Ciencia e Ingeniería del Agua y del Ambiente, Pontificia Universidad Javeriana Escuela de Ingeniería, grupo de Saneamiento Ambiental, Universidad del Valle.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016

 

                            

Bio-diversidad de riesgos

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Los niños preguntan sobre contaminación ambiental; la ciencia responde

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A continuación, le invitamos a conocer las preguntas de los estudiantes y profesores de la institución educativa sobre este tema y las respuestas del investigador javeriano, quien además es líder de semillero de investigación Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la misma universidad.

 

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Los estudiantes de grado cuarto del Colegio Gimnasio Vermont vienen generando estrategias para la degradación de plásticos. Haga clic en el siguiente audio para conocer en qué consiste.

 

Esta jornada se desarrolló en el marco de la clase STEAM de la institución educativa Colegio Gimnasio Vermont, cuya sigla corresponde a la articulación de las disciplinas Science, Technology, Engineering, Art y Mathematics, en inglés; es decir, Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, en español.