Norcasia, tejiendo paz verde (segunda entrega)

Norcasia, tejiendo paz verde (segunda entrega)

Un equipo de jóvenes e investigadores, apasionados por el medio ambiente, se embarcaron en una aventura: sumergirse en los lugares más remotos del nororiente de Caldas con la misión de explorar la vida salvaje de esta región, conocer los secretos escondidos entre las boscosas montañas del municipio de Samaná y diagnosticar, como si fuesen médicos, las consecuencias que ha dejado la construcción de hidroeléctricas en sus tierras.

No es cualquier grupo, es la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana, una comunidad conformada por especialistas, docentes y estudiantes de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales, que participó en un plan de restauración ecológica y social. Un proyecto con las comunidades de alrededor de 22 veredas afectadas por la construcción de la Central Hidroeléctrica La Miel I y el conflicto armado entre el frente 47 de las FARC, liderado por alias ‘Karina’, y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, lideradas por Ramón Isaza.

Pesquisa Javeriana viajó a la región y experimentó, durante una semana, las prácticas sociales, culturales e incluso gastronómicas de estas comunidades; de las hectáreas enteras sembradas con árboles frutales y cultivos de zapote, yuca, fríjol y maíz, ahora queda muy poco, pero, a pesar de esto, la reconstrucción del tejido social puede sobreponerse al interés en el capital.

Lo invitamos a disfrutar de Norcasia, tejiendo paz verde, nuestro especial periodístico diseñado para que navegue las aguas de los rios Samaná y Manso, camine junto a nosotros por veredas como Moscovita, Montebello, La Reforma y La Carolina en el municipio de Norcasia, y conozca a personajes como ‘Don Clemiro’ y ‘Adelita’, quienes con pequeños actos de servicio cambian el mundo.

Aquí encontrará (acceda haciendo clic en la imagen):


Hidroeléctricas, ¿energía amigable con el medio ambiente? (diciembre 7)

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Luego de los desastres ecológicos ocasionados por megaproyectos energéticos, como la Central Hidroeléctrica La Miel I, la Universidad Javeriana e Isagen intervinieron el territorio para restaurar su medio ambiente y revertir esta situación (lea aquí).


Norcasia, el edén al que le quitaron el agua (diciembre 10)

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Restauradores ecológicos javerianos y la comunidad del corregimiento de Berlín compartieron sus conocimientos científicos y ancestrales para rehabilitar el paisaje acuático y forestal de los municipios de Samaná y Norcasia. Este es el resultado de cuatro años de trabajo (lea aquí).


Javerianos siembran futuro con sus manos (diciembre 12)

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Con plantas, abono y palas, investigadores y estudiantes de la Javeriana trabajaron semestre a semestre para restaurar el ecosistema de Norcasia y Samaná. Su aprendizaje fue guiado por los campesinos de la región.


Un canto de nostalgia a la reconciliación (diciembre 14)

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Campesinos del corregimiento de Berlín, en el departamento de Caldas, participaron en la jornada de reconciliación con investigadores javerianos para abrir las puertas de su corazón y perdonar las secuelas del conflicto armado.

Acompáñanos en cada estación de esta travesía. Bienvenido a bordo. Buen viaje.

Encuentran pequeños peces en aguas subterráneas de los Llanos

Encuentran pequeños peces en aguas subterráneas de los Llanos

Esas lombricitas que les daban de comer a las gallinas en una finca del pie de monte llanero resultaron ser peces de aguas subterráneas, posiblemente una especie nueva para la ciencia. Investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Pontificia Universidad Javeriana, en conjunto con sus colegas de la Universidad de Toronto, Canadá, están concentrados en estudiarlos palmo a palmo, describiendo con detalle sus características morfológicas internas y externas, su genética, sus aspectos más íntimos, incluso cómo han evolucionado.

Hasta ahora saben que se trata de una especie de bagre, que cuando está vivo es de un intenso color rojo; sus ojos están reducidos a su más mínima expresión, pues en la oscuridad poco les servirían; en cambio, los bigotes en su cabeza les sirven para orientarse. Tienen una contextura ósea muy fuerte y aletas muy bien desarrolladas: la anal se une con la aleta caudal —de la cola— y cuentan con doble aleta dorsal; “son adaptaciones para la vida en esas aguas subterráneas donde tal vez habitan en cavidades, y estas estructuras les permiten deslizarse en esos sistemas”, explica Javier Maldonado, ictiólogo e investigador de la Javeriana,.

 El investigador Alexander Urbano con una de las trampas diseñadas para la captura de los ejemplares en los aljibes.
El investigador Alexander Urbano con una de las trampas diseñadas para la captura de ejemplares en los aljibes.

Descubrirlos fue algo inesperado. Uno de los investigadores, que se encontraba haciendo trabajo de campo en una finca cerca al municipio de Yopal, Casanare, cuenca del Orinoco, se percató que, mientras conversaba con los dueños de la misma, en un balde estaban metiendo unos bichos que salían de la limpieza de uno de los aljibes utilizados para extraer agua para consumo. Con sus ojos de ictiólogo, cuenta Maldonado, “el investigador pudo corroborar que, efectivamente, ¡no eran lombrices sino peces! Unos que él jamás había visto, por lo cual inmediatamente sacó a correr a las gallinas que minutos antes ya se habían comido un par de ejemplares. Tomó fotos y me las envió para verificar de qué peces se trataban, y, ¡oh sorpresa!, eran unos bagres pertenecientes al género Phreatobious que hasta la fecha sólo habían sido registrados a miles de kilómetros de distancia en tres localidades de la cuenca Amazónica, cada una con una especie diferente”.

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¿Cómo habían llegado hasta allí?

El hecho de encontrar peces en aguas subterráneas ya es novedoso de por sí: en el mundo y en Colombia recientemente han sido descritas algunas especies encontradas en cavernas. Pero que estén viviendo en los aljibes o en hoyos para extraer agua o petróleo —como fue el caso de Brasil—, “eso es algo realmente muy llamativo porque, ¿cómo unos peces de agua subterránea, que se suponía estaban restringidos a la cuenca del Amazonas, ahora están presentes en la del Orinoco?”

La primera vez que vieron estos diminutos bagres fue en 2011, y en 2017 se los volvieron a encontrar en el departamento del Meta. Buscando cómo se distribuyen las aguas subterráneas en Colombia, encontraron que el 41% de las reservas están en la provincia hidrogeológica de los Llanos Orientales, donde se han identificado tres acuíferos: Villavicencio-Granada-Puerto López, Yopal-Tauramena y Arauca-Arauquita. Pero los estudios no se han enfocado en la vida que navega por esas aguas. “Seguramente estos acuíferos estuvieron conectados en el pasado y estos individuos son relictos de esa distribución amplia que tenían estas especies y que ahora están aislados”, se atreve a explicar Maldonado. Hay teorías que aseguran que las cuencas del Amazonas y el Orinoco eran una sola hace millones de años y eso también explicaría encontrarlos hoy en día en regiones tan distantes.

 Individuo colectado en el Departamento de Casanare correspondiente a la nueva especie de Phreatobious en proceso de descripción.
Individuo colectado en Casanare correspondiente a la nueva especie de Phreatobious, en proceso de descripción.

Maldonado y sus colegas están actualmente buscando estos pececillos en otros lugares de los llanos, pero también realizan estudios que les permitan conocer un poco más sobre sus relaciones de parentesco con las otras tres especies del género y otra adicional que está siendo descrita para la cuenca del Amazonas: “Es muy importante establecer a cuál esta especie del Orinoco está más relacionada para también hacer una estimación aproximada de hace cuántos miles de años se dio la separación entre estas dos especies. Si los resultados nos da una edad muy reciente, quiere decir que, efectivamente, las cuencas del Orinoco y del Amazonas siguen conectadas por aguas subterráneas”, asegura Maldonado, y enfatiza: “Si nos da una edad mucho más vieja, nos querría decir que ambas tenían una distribución amplia pero ya cuando se configuraron las cuencas como las conocemos hoy en día, unos individuos quedaron aislados en el Orinoco y otros en el Amazonas, y como ha pasado tanto tiempo, pues precisamente eso es lo que ha generado que esta especie del Orinoco desarrolle características únicas para que hoy la consideremos como una nueva especie”.

Los investigadores llaman la atención sobre el posible impacto que se puede estar generando en estos sistemas de acuíferos en la región por diversos tipos de actividades humanas, que no solo ponen en riesgo el suministro de agua para diversos usos sino la diversidad desconocida o poco estudiada que albergan y que es clave para comprender cómo ha sido la evolución de cuencas tan importantes como la del Orinoco y del Amazonas.

Todo esto ha puesto a trabajar más aceleradamente a los científicos por esta nueva especie que, yo propongo, se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal. A lo que Maldonado responde con una carcajada: “Podría ser también Phreatorius gallinensis”.

Trampa diseñada para la captura de los individuos de Phreatobious en los aljibes.
Trampa diseñada para la captura de individuos de ‘Phreatobious’ en los aljibes.
Ciencia javeriana llega a semillero estudiantil en Usme

Ciencia javeriana llega a semillero estudiantil en Usme

La localidad del Usme, ubicada en la periferia del casco urbano de Bogotá, tiene un ecosistema privilegiado debido a sus quebradas (Fucha, Chuniza y Santa Librada), a zonas verdes como el Parque Ecológico Distrital Entrenubes y el Parque Cantarrana, y por lindar con uno de los páramos más grandes del mundo: el Sumapaz; sin embargo, esta zona es el hogar de una de las especies invasoras más agresivas del mundo, el retamo espinoso.

De origen europeo, esta planta llegó a Colombia a mediados del siglo XIX para levantar cercas naturales, pero con el tiempo se convirtió en un dolor de cabeza para los habitantes del altiplano cundiboyacense dadas sus propiedades incendiarias.

Viviana Garzón Espinoza, estudiante de grado 11 del Colegio Rural El Uval en Usme, no solo la ve a diario, sino que es testigo de su poder invasor: cada vez hay más retamo espinoso en el sur de su localidad.

Fue a través del artículo Científicos restauran paisaje del Neusa, publicado en la página web de Pesquisa Javeriana, que esta joven, con carismática sonrisa y un profundo deseo por aprender, descubrió las investigaciones que la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) adelanta en lugares como el Embalse del Neusa para rehabilitar los ecosistemas afectados con el crecimiento del retamo espinoso. No lo dudó un minuto; contactó a Sandra Contreras Rodríguez y Ana Carolina Moreno, investigadoras de la Pontificia Universidad Javeriana para conversar con ellas acerca del manejo de este arbusto foráneo.

Viviana quería erradicar esta especie y reducir el impacto que ocasiona en los frailejones del Sumapaz por ser una planta con alta absorción de agua. Hasta su colegio llegaron las investigadoras javerianas para conversar acerca de algunas estrategias para contener su propagación.

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Lo hicieron a través de ejercicios prácticos en donde los estudiantes respondieron desde preguntas técnicas como cuál es el orden, familia o nombre de las especie a la que pertenece el retamo espinoso, hasta cotidianas como la diferencia con el retamo liso, cómo erradicarla y cuál es la distancia que alcanzan sus semillas una vez se incendian sus hojas.

¿El resultado? “Seguir avanzando en el desarrollo del proyecto, hacer estudios, saber cómo erradicar la planta y cómo tratarla de la forma en que la Javeriana la trata”, dice Jonathan Estiven Cristancho, compañero de estudios de Viviana.

A sus 16 años Viviana no solo es una joven apasionada por la investigación y la biología, también ve en esta planta una materia prima para la producción de combustible y aceites y lidera el grupo de investigación ‘Retamo muere ya’, un semillero conformado por estudiantes de grado Once con el fin de buscar estrategias para eliminar esta especie de su región.

Pesquisa Javeriana acompañó este ejercicio de apropiación social del conocimiento. Descubre aquí cómo las prácticas de comunicación y divulgación de la ciencia han generado efectos positivos en los estudiantes y docentes de la comunidad educativa Colegio Rural El Uval IED.

Siguiéndole los pasos a Humboldt

Siguiéndole los pasos a Humboldt

Bibliotecas, archivos históricos, documentos impensados, lienzos y grabados. Cientos de documentos pasaron por las manos de Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, en una búsqueda académica que, al final, se convirtió en un reto personal: reconstruir los pasos del naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt en su expedición, a inicios del siglo XIX, por los territorios de hoy conforman Colombia.

Lo que en 2010 fue un pedido del padre Vicente Durán Casas, por entonces vicerrector académico, de preparar una breve conferencia sobre la obra de Humboldt, fue despertando la pasión de este genetista por las expediciones, los viajes y la ciencia. “Decidí  ir más allá de lo que el padre Vicente me había pedido, y dije: ‘Bien, vamos a sacar un libro, para explicar muy bien por qué vino’”, rememora Gómez, quien, para entonces, había terminado de publicar A impulsos de una rara resolución, una exploración pormenorizada sobre el viaje que José Celestino Mutis había emprendido al Nuevo Reino de Granada, y sobre las decisiones que precipitaron su prolongada estadía y derivaron en la Real Expedición Botánica.

Durante los siguientes ocho años, Gómez viajó por bibliotecas y archivos de nueve países, también habló con expertos que le ayudaron a recabar piezas originales, datos y toda la información sobre la expedición de Humboldt. Toda su investigación fue reunida en Humboldtiana neogranadina, la colección de cuatro tomos y cinco volúmenes, editada por la Editorial Javeriana y con el patrocinio de otras cinco universidades (CESA, EAFIT, Andes, Rosario y Externado), que este jueves 30 de agosto se lanzará al público en el Museo Nacional.

La obra, escrita y dirigida por Gómez, también cuenta con el aporte de académicos como Carl Langenbaek, vicerrector académico de los Andes, o Jorge Arias de Greiff, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, entre otros.

Pesquisa Javeriana habló con los protagonistas de esta reconstrucción histórica, quienes compartieron algunos retratos de Humboldt, el viajero que, desde la ciencia, aportó a que el naciente Estado aprendiera a conocerse a sí mismo.

Turismo ecológico, con sello de calidad

Turismo ecológico, con sello de calidad

Abrir un hotel para que el turista observe la fauna, descubra formaciones terrestres excepcionales como cuevas o volcanes, camine con un guía local por un bosque reconociendo plantas y animales, o simplemente para que contemple un bello paisaje no es como soplar y hacer botellas, como dice el dicho popular: hacerlo bien significa cumplir con ciertas condiciones, si es que se quiere competir local, nacional o internacionalmente.

Y si se piensa no solamente en un proyecto ecoturístico, sino que además tenga como objetivo apoyar la conservación de la biodiversidad, la cosa se complica… pero es posible lograrlo. La tesis doctoral del biólogo Juan Ricardo Gómez surgió por su interés en especies muy colombianas como la nutria gigante, el jaguar, el delfín rosado y el oso de anteojos, por mencionar solo unas pocas con las que ha trabajado desde su pregrado. Y estudiando estrategias de conservación, concluyó que para lograr resultados y salvar los animales de la extinción debía dejar de trabajar con ellos y para centrarse en la gente. “Dejé de ser el abraza árboles-animalista para tener una visión mucho más decantada y madura de lo que se esperaría de la conservación”, dice.

Su trabajo, titulado Evaluación de la conservación en certificaciones eco turísticas en Costa Rica, buscó responder a la pregunta ¿qué posibilidades de negocios tenemos en un país como Colombia aprovechando la biodiversidad pero que, además, tenga un enfoque hacia la conservación? Sabía que más allá de ser un soñador, era necesario pensar en ingresos porque la vida cuesta. Las certificaciones ambientales o sellos verdes se presentaron como una posibilidad interesante, y el turismo de naturaleza lo convenció porque, así fuera implícitamente, “aparecía la promesa de la conservación”.


La conservación, componente clave del ecoturismo

Costa Rica es ejemplo en el tema. La investigación se centró en conocer a profundidad los procesos de certificación ecoturística en este país centroamericano, teniendo en cuenta que el CST, o Certificación de Sostenibilidad Turística, es un sello verde  que maneja el país para este sector, reconocido por el Consejo Global del Turismo Sostenible y aplicable a hotelería, tour operadores, transportistas, agencias de viaje, guianza, entre otros. Gómez se enfocó en los hoteles cercanos a bosques con especies originales, unos con certificación vigente, otros sin certificación, los comparó entre sí y con un tercer ecosistema, un área donde no hubiera hoteles ni estuviera destinada a actividades turísticas. Así, “tenía un control positivo, uno negativo y mi objeto de estudio”, explica.

A través del estudio de los documentos de certificaciones, entrevistas con empresarios, turistas y con los propios certificadores y de salidas de campo, buscó determinar si la certificación favorecía la conservación, si los hoteles contaban con un componente de educación ambiental y si se distribuían justa y equitativamente los beneficios obtenidos del turismo.

El trabajo de campo consistió en monitorear los animales que pasaban por el bosque las 24 horas del día en los ecosistemas seleccionados a través de cámaras trampa. “Me salían jaguares, tigrillos, tayras, mapaches, monos, chanchos, armadillos, dantas…” Contabilizó en total 49 especies (42 mamíferos, cuatro aves y tres reptiles) en las 1.800 fotos de fauna, ocurridas en 605 eventos de observación. Todas ellas le daban pistas sobre el estado del ecosistema. “El número de especies encontradas en los hoteles certificados fue más alta incluso que en los lugares en donde no hay turismo, y más alta que donde no están certificados”, asegura Gómez. Y la obvia conclusión es que la certificación sí funciona.

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Diferentes especies de animales frecuentan las áreas de los hoteles certificados.

Sin embargo no es la única variable a considerar; era importante evaluar la solidez de la propuesta de conservación en cada uno de los 18 hoteles estudiados.

Así, propuso una metodología con cinco componentes técnicos propios de la conservación que, a modo de preguntas, la puso en práctica con sus entrevistados: primero, ¿es necesario tener claro qué se quiere conservar?, y la respuesta define el objeto de conservación. ¿Por qué quiero conservar? es la segunda pregunta, cuya respuesta se espera contundente y precisa. ¿Hay necesidad de conservar? Y si la respuesta a esta tercera es afirmativa, es necesario identificar la amenaza, que “tiene que ser coherente con lo que quiero conservar”, explica.

Lo que él llama ‘el factor’ trata de responder a ¿por qué se presenta la amenaza? Y lo explica diciendo que si lo que quiero conservar es un animal (1), porque está siendo cazado (2) y ya no quedan sino pocos especímenes (3), en este punto es clave identificar la razón. El factor puede ser porque la gente tiene hambre o porque está acabando con el ganado y los cultivos de los campesinos, o porque está en la mira de las escopetas de los que practican cacería. “Si se tiene el factor clave identificado, debe haber una acción que apunte a la transformación de ese factor”. ¿Cuáles acciones de conservación ha implementado y quién es el responsable?, sería el quinto componente.

El análisis de los resultados obtenidos le demostró que el hotel que contaba en su nómina con un biólogo o ecólogo sensible al tema de conservación alcanzaba el éxito muy rápidamente; otros casos exitosos no tenían al profesional, pero sí a un dueño o gerente con vocación hacia el ecoturismo o un programa establecido y en práctica.

“Cuando combinamos las acciones que dependen del dueño del hotel y las características de la región donde está el hotel, vemos que la combinación ganadora para alcanzar el éxito es que sea una motivación voluntaria, que el porcentaje de área que se dedica a la conservación sea grande, que no existan otras actividades productivas en el predio, que esté cerca de un parque nacional, que el acceso no sea muy fácil y que en la región haya otros ecosistemas relativamente saludables”, explica Gómez, para concluir que sí hay un aporte a la conservación, no solamente del ecoturismo certificado sino del ecoturismo en general.

“Yo ya le creo al turismo en el contexto de la conservación, le creo al turismo en el contexto de ingresos para la gente, y le creo al turismo en beneficios intangibles”, concluye.

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Los beneficios intangibles son vitales para los hoteles certificados.


El turista, el sello y la propuesta

Así como no existe la cultura de leer las etiquetas de los productos en el mercado, tampoco existe la cultura de leer los sellos verdes. Cuando algún producto tiene un sello, se asume que es amigable con el ambiente pero no se indaga exactamente qué es lo que está certificado. “El turista debe ser más responsable”, dice, y se refiere a todo tipo de turista: “Cuando le apunto a alguno de los tipos de turismo debo tratar de ser respetuoso con los elementos que lo definen”.

La certificación es voluntaria y le da un valor agregado al hotel o, en general, al producto que la obtiene. Para Gómez, al sello ambiental colombiano le falta madurar. Y en lo que se refiere al turismo, tan promovido últimamente, le asusta que “matemos la gallina de los huevos de oro”. Primero, dice, hay que definir el “turismo al que le vamos a apuntar en Colombia” y propone una reflexión de alto nivel, basado en la evidencia científica. “Ahí también empiezan a haber oportunidades para la academia, para la investigación, lo estoy viendo. Yo terminé en el turismo por accidente, pero ahora, el turismo es una ola, un tsunami que nos está empujando, y si no respondemos con información de calidad, los empresarios tomarán la delantera”.

Mercurio y tiburones, una tragedia que también es humana

Mercurio y tiburones, una tragedia que también es humana

A 500 kilómetros de las costas de Buenaventura, en Colombia, está ubicada la isla de Malpelo, un atractivo turístico y todo un santuario de especies marinas en las aguas oceánicas que la rodean, en especial por su gran diversidad de macrovertebrados, como los tiburones. Sus aguas son de las más apetecidas del mundo para bucear y están protegidas por su alta riqueza de especies marinas. No cuenta con asentamientos humanos, pero en décadas pasadas la isla era un destino frecuentado por pescadores en busca de la aleta de tiburón a pesar de su prohibición, lo que impactó negativamente a sus poblaciones.

Este lugar, como otros ricos en variedad marina, ha sufrido los abusos del hombre. Así, lo que es un refugio de especies marinas se convierte en una zona de alta peligrosidad. Felipe Ladino, ecólogo javeriano de la Fundación Malpelo, dice: “En el tema del tiburón martillo se ha encontrado un panorama bastante preocupante en la región del Pacífico Tropical debido a que su población en los últimos diez años ha disminuido hasta en un 70%, y se supone que es la más grande a nivel mundial, lo que implica que es una especie bastante amenazada por la pesca que persiste”.

El ‘aleteo’ es considerado actualmente como el principal causante de las reducciones de tiburones en el mundo, y además es una actividad ilícita en la mayoría de los países, lo que queda demostrado por las incautaciones por parte de las autoridades competentes. Esta práctica ilegal, prohibida en Colombia desde 2007 por la resolución 1633, consiste en sacar a los tiburones del agua, cortarles las aletas dorsales, caudales, anales, ventrales y pectorales para comercializarlas o consumirlas y luego, aún estando vivos, botar el tronco al agua; así, sin más, el cuerpo cae en aguas profundas, asfixiado y sin aletas. Aquella muerte nefasta es una de las formas más deplorables de tortura y sufrimiento.

Por otro lado, no es nuevo decir que en el Pacífico hay una amplia problemática con la minería ilegal de oro, en la que se utiliza mucho mercurio que va de río a océano. Como bien lo explica la ecóloga javeriana Natalia Vélez, “una de las maneras de que haya mercurio en el océano es la contaminación antrópica, es decir, generada por el hombre, que puede ser tanto por minería como por agroindustria, fertilizantes y demás, y la otra es por vía natural, que puede ser por volcanismos, es decir, erupción de volcanes”. Según la profesora javeriana Andrea Luna Acosta, “Colombia es el tercer país que más cantidad de mercurio emite a la atmósfera, después de China e Indonesia, a causa de la minería de oro artesanal”.

Con los océanos atestados de mercurio, los tiburones, predadores tope por excelencia, se alimentan de especies que vienen con una carga significativa de mercurio, pues se encuentra en la parte inferior de la cadena alimentaria y ya han consumido especies más pequeñas que también lo contienen; así, entre más grande sea el animal, más alimento necesita, causando la transferencia de este metal en las redes alimentarias. A esto se le conoce como biomagnificación, y, a medida que los tiburones van creciendo, acumulan en su cuerpo las cantidades de mercurio que han consumido a lo largo de su vida  (bioacumulación).

Si bien la demanda de las aletas de tiburón en mercados como el asiático es un bien muy preciado y costoso, que, según Vélez, puede oscilar de US$250 hasta US$1.800, no se menciona el gran riesgo para la salud humana de quienes las consumen por tener altos niveles de mercurio. Al reconocer la problemática, los investigadores Sandra Bessudo, Natalia Vélez, Felipe Ladino, Dalia Barragán y Andrea Luna Acosta desarrollaron la investigación Concentraciones de mercurio y relaciones tróficas de tiburones del Pacífico colombiano, en la que examinaron las concentraciones del metal en los tejidos de siete especies de tiburones incautadas en el puerto de Buenaventura y recibidas por las autoridades colombianas y la Fundación Malpelo.

Entre las siete especies de tiburones estudiadas por Vélez y sus colegas se encuentran: el tiburón poroso (Carcharhinus porosus), el tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo), la musola parda (Mustelus henlei), la musola segadora (Mustelus lunulatus) y la cornuda coronada (Sphyrna corona), que pertenecen a zonas costeras; también destacan el tiburón martillo (Sphyrna lewini) y el tiburón zorro (Alopias pelagicus), que se encuentran comúnmente en zonas pelágicas o de aguas profundas.

“Esto es interesante porque nos topamos con que dos de las especies investigadas, que en su etapa de adultos usualmente se encuentran en zonas pelágicas, estaban en zonas costeras, lo que sugiere que seguramente estábamos trabajando con tiburones juveniles, pues cuando los tiburones de aguas profundas van a tener a sus bebés se van a ecosistemas costeros donde encuentran manglares, los cuales constituyen un sistema de refugio para sus crías. Los bebés crecen allí y luego son capturados a edades tempranas”, explica Vélez.

Lo anterior dilata la problemática que ya no solo recae en el ‘aleteo’ sino en la captura de los tiburones más jóvenes.

Los tiburones tienen un ciclo de vida más lento, es decir, se demoran más en crecer y madurar sexualmente y son aptos para reproducirse hasta alcanzar los diez años. Así, muchos de los especímenes capturados no alcanzan la reproducción, poniendo en peligro la supervivencia y conservación de la especie ya que no se sobreponen fácilmente a la disminución de su población.

El trabajo de diversos investigadores contribuyó para que el área protegida en las aguas del Pacífico colombiano se ampliara sobrepasara los 27.000 kilómetros cuadrados. / Cortesía, Camila González
El trabajo de diversos investigadores contribuyó para que el área protegida en las aguas del Pacífico colombiano se ampliara sobrepasara los 27.000 kilómetros cuadrados. / Cortesía, Andrea Luna.

Según los resultados de la investigación, dos de los tiburones de mayor captura son el Sphyrna lewini y el Alopias pelagicus, justamente los que pertenecen a aguas abiertas. “Estas dos especies son las que más están en peligro, las que más nos estamos comiendo y las que representan mayor riesgo para la salud humana”, afirma la investigadora Vélez. También se encontró que, en efecto, las aletas presentan altas cantidades de mercurio, no superiores a las que se encuentran en los músculos pero que, igual, constituyen un factor de riesgo para los humanos que las consumen.

En los mares del Pacífico Tropical los tiburones se enfrentan a la pesca ilegal de aleta y a la captura incidental de los atuneros, por eso organizaciones como Fundación Malpelo, en compañía de varios aliados como Parques Nacionales,  Fondo Acción y Conservación Internacional, han trabajado en la protección y conservación del Santuario. Ladino asegura que para el 2017 “logramos ampliar Malpelo a más de 27.000 km2, convirtiéndola un área marina protegida bastante significativa”.

Los retos para establecer estrategias de conservación y la reducción de la pesca de aletas de tiburón en Colombia es enorme, pero “un paso para reducir el ‘aleteo’ y contribuir al cuidado del ecosistema y de los predadores tope del océano es informar sobre el posible riesgo potencial del mercurio en la salud humana, causado por el consumo de estas aletas. Sus síntomas van desde dolores estomacales y musculares hasta malformaciones en el feto de una mujer gestante, sin mencionar la devastadora situación que tiene que vivir la población de tiburones, además de la protección de los mares donde habitan”, concluye Vélez.

Premio al protector de aves

Premio al protector de aves

Luis Miguel Renjifo, actual vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, recibió el Premio al Servicio Distinguido, sección América Latina y el Caribe, durante el Congreso Internacional Biología para la Conservación 2018 que se realizó entre el 25 y el 27 de julio en St. Augustine, en Trinidad y Tobago.

Este biólogo y ecólogo ha concentrado sus estudios e investigaciones en las aves con especial énfasis en aquéllas en peligro de extinción, lo que lo llevó a publicar el Libro Rojo de Aves de Colombia, el cual ha venido actualizando gracias a sus permanentes salidas de campo, trabajos con sus estudiantes y con el apoyo de la ciencia ciudadana, actividad que ha promovido en los colombianos.

El premio que entrega la Sociedad de Biología para la Conservación (SCB por sus siglas en inglés), reconoce individuos, grupos o instituciones que se hayan distinguido por su dedicación en cualquier campo asociado con la biología de la conservación, y cuyo trabajo haya aportado nuevo conocimiento a la conservación de la diversidad biológica del planeta.

En el caso del vicerrector, investigador y profesor Renjifo, el premio le reconoció tres “contribuciones extraordinarias”:

Por la evaluación del riesgo de extinción de especies de la avifauna colombiana.


Por influir en las políticas de conservación.


Y por promover la capacitación en esta disciplina científica, la ornitología, en la región.


En 1987, cuando fue entregado por primera vez este reconocimiento, lo recibió el ambientalista británico Norman Myers; en 1991, el biólogo y naturalista estadounidense E.O. Wilson, autoridad mundial en hormigas; en 2002, la ecóloga y conservacionista británica Georgina M. Mace, de la Fundación Charles Darwin de las Islas Galápagos; en 1994, el exvicepresidente de los Estados Unidos y ambientalista Al Gore; y en 2003, la ambientalista y ecóloga marina Jane Lubchenco, que dirigió en Estados Unidos la Administración Nacional del Océano y la Atmosfera (NOOA por sus siglas en inglés) y formó parte del equipo asesor de ciencia del expresidente Barak Obama.

En 2018, Luis Miguel Renjifo se suma a este selecto grupo de ganadores.

 

Japón y Colombia se unen para estudiar humedales

Japón y Colombia se unen para estudiar humedales

Dos universidades de la Compañía de Jesús, la Pontificia  Universidad Javeriana  de Colombia y la Universidad de Sophia en Japón iniciaron formalmente en junio un proceso de colaboración académica y científica que se centrará en el estudio de los humedales de ambos países.

Con la participación de los profesores Sebastián Restrepo del Departamento de Desarrollo Rural y Regional y Juan Ricardo Gómez, del Departamento de Ecología y Territorio de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales en el Simposio Building Pan-Pacific Partnerships: Transcending boundaries towards collaborative rehabilitation of wetlands and their communities, que tuvo lugar el 6 de junio, se aprovechó para estrechar lazos con sus colegas del Instituto de Estudios Ambientales-Globales, de la Universidad de Sophia, los profesores Guangwei Huang y Anne McDonald, así como la profesora Akemi Ori.

DebateJaponDos profesores javerianos debaten con sus homólogos japoneses durante el simposio.

Tomado de página de web Universidad de Sophia.

“Lo que estamos tratando de hacer desde hace año y medio que iniciamos conversaciones con el Instituto es empezar a desarrollar cooperación en el marco de las tres actividades sustantivas de ambas universidades que compartimos: Docencia, investigación y servicio”, dijo a Pesquisa Javeriana el profesor Gómez a su regreso al país.

El simposio se realizó en el marco de la Semana de las Naciones Unidas, organizada por la institución educativa japonesa, en la cual se buscó avanzar en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“En nuestro caso fuimos a presentar la situación de los humedales en Colombia y cómo se pueden aprovechar para avanzar hacia alcanzar los ODS”, comentó Gómez.

Se trata de un primer paso que compartirá las investigaciones y aproximaciones a los humedales de la región Pacífico del planeta (Pan-pacífico), siendo Colombia la puerta de entrada a Latinoamérica y Japón el punto de partida en Asia, de acuerdo con el portal del Simposio.

Los profesores colombianos iniciaron la colaboración dictando clases en los programas de maestría y doctorado durante el mes de junio “y ahora estamos pensando en desarrollar programas de doble titulación”, dijo Gómez. Pero también han empezado a trabajar en la formulación de un proyecto de largo plazo, entre tres y cinco años sobre humedales, para aprender de las similitudes y de las diferencias de estos ecosistemas en los dos países, pensando en generar propuestas de desarrollo sostenible.

De acuerdo con el Instituto de Estudios Ambientales-Globales “lograr manejar y aprovechar los humedales de forma adecuada nos acerca a alcanzar las metas del desarrollo sostenible, siendo estos ecosistemas los que más se relacionan con las ideas de resolver temas de Pobreza (Obj 1), Hambre (Obj 2), Agua Limpia y saneamiento (Obj 6), Comunidades sostenibles (Obj 11), Acción por el Clima (Obj 13), Mantenimiento de ecosistemas Acuáticos (Obj 14) y Terrestres (15)… mediante generación de alianzas para alcanzarlos (Obj 17)”.

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Investigación e innovación tecnológica y apropiación social de conocimiento científico de orquídeas nativas de Cundinamarca es el proyecto desarrollado entre académicos del Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá y la Pontificia Universidad Javeriana con viveristas, productores y comercializadores de la región.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cierre del proyecto en Chinauta, Cundinamarca, conversando con los cultivadores quienes explicaron por qué este proyecto se convirtió en un proceso de apropiación social del conocimiento.

Luego de tres años de trabajo (2015 – 2018), productores y distribuidores de orquídeas del departamento de Cundinamarca encontraron que si creaban agremiaciones, intercambiaban especies nativas de estas flores y educaban a la comunidad de provincias como San Antonio del Tequendama y Sumapaz sobre la biodiversidad de la región, podrían potenciar su uso y conservación. No en vano, Fusagasugá, otro municipio beneficiado por la investigación, es conocida nacionalmente como la ‘Ciudad jardín de Colombia’ y el hogar de la Exposición Nacional de Orquídeas que se realiza anualmente.

Estos hallazgos son parte del resultado del proyecto de investigación que presentó la Gobernación de Cundinamarca ante el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías para aumentar el conocimiento sobre las orquídeas en el departamento y orientar a los productores locales sobre su conservación.

Como resultado de la investigación se diseñó un plan de trabajo entre viveristas, productores y comercializadores de la región y académicos con el fin de diversificar el material vegetal usado en el cultivo de sus flores e implementar las buenas prácticas de producción para potenciar su comercialización sin desconocer los marcos normativos.

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Lupa sobre las orquídeas de Cundinamarca

Lupa sobre las orquídeas de Cundinamarca

Nelcy Rut es una mujer de mediana estatura, pelo corto y delicadas pero firmes manos con las que suele acariciar uno de sus más grandes tesoros: una orquídea Stanhopea impactante por sus enormes pétalos color salmón. Rut no solo es conocida por ser la heredera de una tradición de seis generaciones en el cultivo de flores, también porque conserva más de 30 especies de orquídeas nativas del municipio de San Antonio del Tequendama, Cundinamarca.

Es una mujer de carácter; la fuerza en su voz y la seguridad con la que defiende la riqueza biológica de su departamento la han convertido en una de las lideresas regionales de un programa piloto de la Gobernación de Cundinamarca. Este fue creado para aumentar el conocimiento sobre la riqueza, la ecología, el estado de conservación y la propagación de las orquídeas en ese departamento, y para fortalecer las actividades productivas de los cultivadores de las provincias de Sumapaz y Tequendama.

“Cuando construimos el proyecto tuvimos en cuenta puntos clave”, cuenta el investigador javeriano Néstor García. “Uno, que en Colombia hay una diversidad gigantesca de orquídeas; dos, que son muy importantes como especies ornamentales, y tres, que muchas de las especies son traficadas y extraídas del medio silvestre, lo cual las ha puesto en riesgo de extinción”.

Gracias a esta diversidad y al auge que despertó entre 1783 y 1816 la Real Expedición Botánica, liderada por José Celestino Mutis con el registro de más de mil especies de orquídeas, las élites europeas empezaron a recorrer Cundinamarca con el fin de colectar las más grandes y vistosas flores para sus propias colecciones. Hoy, 200 años después, se han identificado más de 25.000 especies de orquídeas, de las cuales unas 4.270 están en el territorio nacional, lo que convierte a Colombia en el país con mayor número de especies en el mundo.


La investigación en etapas

El proyecto, desarrollado a través del Fondo Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, con la gestión de Rocío Puentes, coordinadora de proyectos regionales de la Pontificia Universidad Javeriana, se implementó en tres etapas:

En la primera, investigadores del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá y la Javeriana se encargaron de levantar el estado de las orquídeas en el departamento a partir de una exploración social, biológica y económica realizada en campo con las comunidades, y de la recopilación de las normas y políticas sobre el uso de estas especies en la región.

Esta información demostró que en Cundinamarca crecen de manera silvestre 1.003 especies de orquídeas, de las cuales 91 son comercializadas, entre las que están la Cattleya trianae o ‘lirio de mayo’, conocida por ser el símbolo patrio y tener plasmados en su pétalo central los colores amarillo, azul y rojo de la bandera colombiana; la Masdevallia caudata, caracterizada por crecer entre sombras y zonas humedas, y la Miltoniopsis vexillaria o ‘pensamiento de orquídeas’, que se destaca por sus amplias flores blancas en forma de mariposa y por sus intensos tonos lila en el centro de sus pétalos.

Durante la segunda fase, el grupo de trabajo seleccionó las orquídeas con potencial para comercialización para estudiar su estado de conservación, analizar los medios de propagación in vitro y convencional y, posteriormente, hacerles un estudio de correspondencia genética en el laboratorio de la investigadora javeriana Myreya Pinedo-Castro. El propósito era corroborar la identidad taxonómica de las especies, de acuerdo con Camilo Cárdenas, líder del proyecto de propagación in vitro del Jardín Botánico.

Teniendo en cuenta su fragancia, atractivo visual, longevidad, tamaño, número de ‘botones’ y la frecuencia de floración, identificaron 20 especies, entre ellas la Encyclia cordigera, reconocida por su forma de estrella y su particular tono púrpura; la Comparettia falcata, también llamada ‘llovizna magenta’ por sus pequeños pétalos que alcanzan menos de dos centímetros; la Lueddemannia pescatorei, de color amarillo intenso, y la Miltoniopsis phalaenopsis, de delicadas hojas blancas con diminutas manchas rosa. En esta etapa el grupo identificó que, de la totalidad de especies nativas de Cundinamarca, 38 están amenazadas: dos especies están en peligro crítico (CR), 14 en peligro (EN) y 22 en estado de vulnerabilidad (VU).

La tercera fase consistió en el desarrollo de actividades de apropiación social del conocimiento a través de cursos liderados por el Jardín Botánico, cuyos investigadores compartieron con los viveristas métodos tradicionales de propagación de orquídeas a través del riego con suplementos orgánicos como el agua de coco, la pulpa de banano o el jugo de piña y, de forma in vitro, mediante el cultivo de tejidos en laboratorios para usar las células vegetales y así regenerar las especies amenazadas.

La investigación encontró que en Cundinamarca crecen de manera silvestre 1.003 especies de orquídeas.
La investigación encontró que en Cundinamarca crecen de manera silvestre 1.003 especies de orquídeas.


Retos para la conservación y el uso sostenible de las orquídeas

La investigación finalizó con el lanzamiento del libro Orquídeas de Cundinamarca: conservación y aprovechamiento sostenible, el cual fue presentado públicamente el pasado mes de abril y en cuyo prólogo Brigitte L. G. Baptiste, directora general del Instituto Humboldt, escribió: “Este es un aporte a la implementación del Plan Nacional para el Estudio y Conservación de las Orquídeas del país mediante la generación de información sobre diversos aspectos de este grupo de plantas en el departamento y la identificación de necesidades y oportunidades a nivel global”.

Sin embargo, aún son bastantes los retos que quedan por enfrentar. Por ejemplo, la formalización del sector viverista y la legalización de empresas formales dedicadas al cultivo de orquídeas, ya que las especies propias de los municipios de San Antonio del Tequendama y Fusagasugá no son suficientes para competir con el mercado internacional debido a la priorización de las especies importadas sobre las nativas al momento de adquirir un ejemplar. Actualmente, una cultivadora como Nelcy Rut vende las Epidendrum, Stelis y Pleurothallis entre 10.000 y 40.000 pesos, mientras que un vendedor al detal la comercializa a precios que van desde los 30.000 a los 70.000 pesos.

Garantizar un modelo sólido de divulgación que les permita a los viveristas conocer las normativas para la comercialización de las especies vegetales en el país es otro desafío que implica un trabajo colaborativo entre instituciones como la CAR, Corpoica y Corporinoquia. Así, la cifra de orquídeas decomisadas por mercadeo ilegal disminuiría: más de 4.557 plantas fueron decomisadas y llevadas al Jardín Botánico para su conservación durante lo corrido del 2017.

Por último, el proyecto requiere una siguiente fase en la que se evalúe el impacto de las estrategias de conservación y uso sostenible de orquídeas en fincas y las actividades productivas de los viveristas. Nelcy Rut, quien tiene más de 20 años en la agricultura, reconoce que gracias al proyecto se ha interesado en usar el método de cultivo in vitro para sacarle mayor provecho a su tierra y en enseñarles a otros a hacer lo mismo.


Para leer más:

  • Castellanos-Castro, C. y Germán Torres-Morales. 2018. Orquídeas de Cundinamarca: conservación y aprovechamiento sostenible. Bogotá: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Pontificia Universidad Javeriana, Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), Gobernación de Cundinamarca.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Investigación e innovación tecnológica y apropiación social de conocimiento científico de orquídeas nativas de Cundinamarca
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Néstor Julio García Castro
COINVESTIGADORES: Myreya Pinedo-Castro y Manuel Ruiz-García
Departamento de Biología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Javeriana
Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica, Centro Tibaitatá)
Jardín Botánico José Celestino Mutis
Instituto de Investigaciones en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt
Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Gobernación de Cundinamarca
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2018