Estudio revela que las aves tomaron posesión de las ciudades durante la cuarentena

Estudio revela que las aves tomaron posesión de las ciudades durante la cuarentena

El día que las aves dejaron de ser tímidas y “conquistaron” las ciudades fue durante la cuarentena, a finales de marzo de 2020. “Qué raro”, pensarían; de un momento a otro se silenciaron las ciudades y ellas, primero cautelosamente y después decididamente, empezaron a asomarse y a volar casi sin precaución. La ciudad les pertenecía.

Y así pasó en el mundo entero, cuando más de cuatro billones de personas se quedaron en casa. La covid-19 hizo que más de la mitad de la población entrara en cuarentena. No solo salieron las aves: también el capibara en Brasil, el puma en Chile, y el león marino en Islas Galápagos.

Pero las aves son bioindicadoras de los cambios en el ambiente, y así lo han confirmado Felipe Estela y sus colegas desde hace años, porque investigan sobre ecología de áreas urbanas, “midiendo los efectos que pueden tener el ruido, la urbanización y la arquitectura de las ciudades, entre otros factores”, dice este biólogo y profesor del departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Pontifica Universidad Javeriana en Cali.

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“Cuando entramos a cuarentena por covid, inmediatamente nos dimos cuenta de que este es el experimento soñado para los ecólogos urbanos porque la ciudad quedó tal y como es, pero sin humanos”, una oportunidad de lujo, que difícilmente se puede repetir de nuevo. Al disminuir la perturbación que causa la actividad humana en las ciudades, la fauna (aves en este caso) estaba más tranquila y por eso se observaron más”.

La magnitud de algunos efectos fue más dramática que la esperada, por ejemplo, cuando coincidió la cuarentena con la actividad reproductiva. “En Colombia, hotspot de diversidad de aves, la riqueza en especies en las áreas urbanas residenciales de Cali aumentó un promedio de 37 % cuando la actividad humana bajó por la cuarentena, lo que coincidió con el comienzo de la temporada de crianza”, dice el artículo científico de casi 350 autores, publicado recientemente en Biological Conservation.

Lo mismo ocurrió con otras especies en diversos ecosistemas, como las tortugas de mar, quienes se beneficiaron al iniciar el momento de desove en playas sin obstáculos como castillos de arena o turistas. El éxito en su reproducción aumentó 39 % en playas de Florida, Estados Unidos.

La ´riqueza´ de especies es un concepto importante en ecología que significa el número de especies que se registran en un sitio en un determinado momento. “Encontramos que esa riqueza de aves en ambientes urbanos fue mayor durante el tiempo de cuarentena y fue bajando poco a poco a medida que las ciudades fueron retomando su funcionamiento normal”, explica Estela y agrega que el artículo, del cual él y su grupo son autores, incluye investigadores de más 50 países, de todo tipo de formación. Hasta “esquimales que midieron efectos en morsas y osos polares en Canadá”, dice.

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Los miembros del grupo de investigación colombiano, integrado además por el biólogo Camilo Sánchez, Ian McGregor y Michelle García Arroyo -actualmente en la Universidad de Helsinki-, Enrique Arbeláez, profesor de la Universidad Industrial de Santander y David Ocampo, del Instituto de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, ingeniaron una metodología de muestreo para recabar información que consistía en llenar unos formatos luego de contar durante 10 minutos los pájaros que veían desde las ventanas de sus casas y anotar qué especies eran.

Ornitólogos y “pajareros” respondieron al llamado, eso sí, acatando todos los protocolos de bioseguridad durante los tres meses que fueron más estrictos: abril, mayo y junio de 2020.

“Tuvimos un muy buen recibimiento en las primeras semanas de cuarentena porque la gente estaba desocupada”, cuenta Estela. Así que se creó una red de observadores que entregaban datos con información diurna en varias ciudades del país y nocturna para Cali. “Con ese análisis sencillo de Cali encontramos que definitivamente durante las semanas de máxima quietud y cuarentena, las aves estuvieron mucho más activas en la noche”.

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Esta muestra logró obtener 75.000 observaciones de al menos 250 especies de aves en 13 ciudades colombianas y demostró además que las tecnologías de la comunicación son muy efectivas para reunir a un grupo de académicos en corto tiempo para hacer investigación durante episodios similares a las cuarentenas, o “antropo-pausas”, término que acuñaron varios científicos en un artículo publicado en junio de 2020 en la revista Nature Ecology & Evolution, entre ellos Amanda Bates, del Centro de Ciencias Oceánicas en Memorial University of Newfoundland, Canadá.

Bates es la autora principal del reciente artículo en el que Estela es coautor, el cual reporta estudios similares en todo el mundo, y describe cambios en el comportamiento de los animales, en sus hábitos reproductivos, su salud y la reducción de la mortalidad, aparentemente en respuesta a una menor actividad humana.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, Bates hizo énfasis en que “la cuarentena demostró que necesitamos producir una guía y desarrollar tecnologías silenciosas para ´reducir el ruido´ en los océanos”.

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¿Hay esperanza? ¿Lecciones para la humanidad?

Así como se encontró que los animales se sintieron menos amenazados, también el estudio confirmó que algunas actividades de conservación se vieron perjudicadas al no poder hacerles seguimiento continuo.

De cierta manera los humanos también son guardianes importantes de especies y ecosistemas. Pero, ¿será que hemos tomado más conciencia y podemos ser más respetuosos con la naturaleza?

Bates responde: “La mayor esperanza que veo es que el bloqueo también ha demostrado que los gobiernos y los seres humanos pueden cambiar rápidamente las políticas para adaptar nuestras actividades y comportamientos, lo que ilustra que es posible un cambio social rápido”.

Y si bien Estela es enfático en decir “Yo no creo. No tenemos remedio”, también reconoce que la gente en el campo se ha dado cuenta de que conservar puede traer una retribución económica porque hasta allí llegan los turistas: a contemplar la naturaleza. Así que paga no tumbar. “Eso va generando cambios de mentalidad en el país”, concluye.

Camilo Sánchez, ahora haciendo su maestría en el Instituto Nacional de Ecología, INECOL, en Xalapa, México, continúa procesando los datos obtenidos en las ciudades colombianas. “Él está haciendo estudios más profundos, no solamente analizando riquezas, sino cómo se comportaron los insectívoros, los frugívoros, o si fueron las rapaces, las que aumentaron o disminuyeron en ese período de tiempo y cómo se dio todo ese cambio”, dice Estela. La investigación continúa…

Ahora o nunca: el mensaje para proteger realmente el medioambiente

Ahora o nunca: el mensaje para proteger realmente el medioambiente

En el 2021 muchos temas ambientales se posicionaron en la agenda del debate público. Ya no solo en niveles locales, sino que eventos como la Conferencia sobre cambio climático -COP26-, en la que Pesquisa Javeriana tuvo un enviado especial, revelan que el cuidado del medio ambiente es una preocupación mundial. Habrá que ver si en unos años se refleja algún cambio con las decisiones allí tomadas.

Por otro lado, investigaciones sobre flora, fauna, ecosistemas e iniciativas internacionales que buscan cuidar la naturaleza pasaron por la páginas virtuales e impresas de Pesquisa Javeriana, todas con sello javeriano. Hoy traemos los temas a destacar de este año en materia medioambiental.

Colombia aún no ratifica el Acuerdo de Escazú

Van más de 500 días sin que el gobierno colombiano ratifique la iniciativa latinoamericana que plantea objetivos para la protección del medioambiente, el acuerdo de Escazú.

Firmar este acuerdo es de suma importancia porque es el convenio regional de políticas ambientales que protege a los líderes sociales y encamina normas básicas para la regulación ambiental en América Latina y el Caribe.

Este acuerdo busca más garantías de protección para quienes protegen la naturaleza, la estandarización de derechos de acceso a la información ambiental, la justicia en casos ambientales, la creación y fortalecimiento de capacidades y la cooperación entre los países firmantes.

Aunque el presidente envió el proyecto de ley con mensaje de urgencia, parece que para el Congreso no era tan urgente porque nunca fue priorizado en las sesiones del Senado y no se tiene certeza de cuándo ocurra. Una tarea pendiente.

Un país lleno de ecosistemas en riesgo

Los efectos del cambio climático son evidentes en todos lados. Dos investigaciones javerianas así lo demuestran. La primera de ellas alerta sobre los ecosistemas terrestres.  El profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Andrés Etter, fue el investigador principal de un estudio que evaluó la situación de 81 ecosistemas del país, de los cuales, 20 de ellos están en estado crítico, pues perdieron el 80 % de su superficie y otros 16 están en peligro.

Más de la mitad de los ecosistemas colombianos se encuentran en alto nivel de riesgo.

Esta investigación, que ganó el premio Alejandro Ángel Escobar en medio ambiente y desarrollo sostenible, aplicó la metodología de la Lista Roja de ecosistemas para medir el estado de salud de los ecosistemas terrestres continentales del país.

Por su parte, otra pesquisa de la misma facultad revela que el 70 % de los ecosistemas marinos y costeros de Colombia están en alto riesgo de colapso. El investigador principal fue Edwin Uribe, quien acompañado de la profesora Andrea Luna y del profesor Etter, demuestran que la intervención humana y los efectos del cambio climático, amenazan la estabilidad del medioambiente marino.

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Este estudio también aplicó la metodología de Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza – UICN–, un estándar internacional para medir la afectación de los ecosistemas. Entre los resultados se evidencia que los manglares y las playas de arena del Caribe oceánico son los ecosistemas en estado más crítico.

La fauna que tampoco se salva

Y si los ecosistemas están amenazados, la fauna que en ellos habita también lo está. A inicios del 2021 la noticia del ataque de un Jaguar, en el que murieron dos indígenas de la comunidad u’wa, en Boyacá, ocupó los titulares de los medios de comunicación. Varios ataques del felino prendieron las alarmas de la población del departamento y de los expertos.

El biólogo javeriano Federico Mosquera explica que estos ataques ocurren por una problemática estructural: las altas tasas de deforestación en su hábitat, ausencia de regulación de su caza, aumento demográfico y el establecimiento de poblaciones humanas en zonas de recarga hídrica y corredores biológicos de estas especies, han llevado a que una especie tímida, esté atacando a los humanos.

En otra región, esta vez en Antioquia y el Magdalena Medio, otro gran animal representa una amenaza para el ambiente y la población. Los hipopótamos traídos por Pablo Escobar en la década de los 80, se han reproducido tanto que investigadores y autoridades locales se debaten entre la esterilización, la repatriación y la cacería de control.

Esta especie invasora llegó a Colombia con tres hembras y un macho. Hoy se calcula que hay entre 80 y 90 individuos que rondan entre Puerto Triunfo y Yondó, ambos municipios de Antioquia. Esto demuestra un crecimiento exponencial, que es aún más preocupante por su alto consumo de alimento, la alta contaminación que causan en los ríos por heces y agitación de sedimentos y varios ataques a pobladores.

Y si en tierra la situación es preocupante, en el mar no deja de serlo. Una investigación internacional, en la que participó la profesora Andrea Luna, revela que en uno de cada cinco arrecifes del mundo ya no hay tiburones. En el estudio participaron 58 países y se recolectaron 15 mil horas de grabación en 371 arrecifes, esto sugiere que la pérdida de tiburones en estos ecosistemas es generalizada a nivel mundial. Un resultado preocupante porque estos animales son la punta de la cadena trófica o alimenticia.

Su desaparición, en su mayoría por caza, pone en alto riesgo la salud de los ecosistemas. Esto porque las especies de las que se alimenta se multiplicarían sin control y acabarían con la estabilidad de dicho ambiente. Además, su pesca indiscriminada puede ponerlos en riesgo de extinción.

¿Y ahora?

Ante este desalentador panorama frente al planeta, una de las alternativas es retornar a prácticas sostenibles en donde la investigación y la agricultura se den la mano.

Este artículo publicado en la edición 57 de la revista Pesquisa Javeriana impresa (Campesinos y científicos: dos sabidurías para enfrentar el cambio climático), aporta voces como la de Neidy Clavijo, directora de la Maestría en Desarrollo Rural, y la de don Marco Aurelio Farfán, que orientan sobre modos de vida y de cosecha que generen menos afectaciones al ambiente.

Académicos de todo el mundo concuerdan en que es ahora o nunca. Es en este momento que debemos exigir a los gobiernos de todo el mundo y generar cambios que reduzcan los impactos ambientales que por décadas ha causado el ser humano, o en unos años tendremos un planeta con condiciones mucho más hostiles, menos especies naturales, menos ecosistemas y cada vez menos habitable.

El cambio climático puede enfrentarse con la regeneración de bosques altoandinos

El cambio climático puede enfrentarse con la regeneración de bosques altoandinos

Este artículo fue ganador del concurso Conviértete en divulgador científico, organizado por la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana y Pesquisa Javeriana, una iniciativa que busca invitar a los investigadores a compartir sus experiencias y acercar la ciencia a los colombianos.

El aumento anormal de la temperatura es tal vez uno de los principales síntomas de alarma sobre la presencia de alguna enfermedad en nuestro organismo. Ahora bien, si el organismo al que estamos tomando su temperatura fuera el planeta, no tendríamos la más mínima duda acerca de su delicado estado de salud.

Y es que dentro de los muchos padecimientos que La Tierra experimenta actualmente, existe una amenaza de especial importancia, debido a lo poco que sabemos acerca de sus efectos en el mediano y largo plazos. Me refiero con esto al cambio climático. Sin embargo, más importante aún es encontrar la cura para esta enfermedad, la cual puede hallarse en la regeneración de los bosques, especialmente en aquellos que se distribuyen en las franjas altas de los Andes entre los 2600 y 3200 metros de elevación.

En Colombia, dentro de los ecosistemas menos valorados —aunque al mismo tiempo más transformados históricamente— se encuentran los bosques altoandinos de la Sabana de Bogotá.

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Tominé de los Blancos (Guatavita, Cundinamarca).

Pese a la inclemente destrucción de las zonas boscosas del altiplano cundiboyacense desde hace más de tres siglos, algunos fragmentos persisten y continúan albergando una exuberante biodiversidad, colmada no solo de varias especies singulares de fauna y flora silvestre —muchas de las cuales no existen en ninguna otra parte del mundo— sino también de importantes beneficios en la regulación climática que nos prestan especialmente a quienes somos habitantes de esta región.

Sin embargo, muy poco sabemos acerca de las dinámicas ecosistémicas y los flujos de carbono de estos bosques y su papel en la mitigación y adaptación al cambio climático.

Con el objetivo de mejorar nuestra comprensión de la ecología de los bosques altoandinos, desde el año 2013 se creó el proyecto Rastrojos, como resultado de alianzas entre investigadores de las universidades Javeriana y Rosario.

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Montaje del experimento de descomposición de hojarasca.

En este proyecto se estableció una red de parcelas permanentes en distintas localidades de la Sabana de Bogotá con el fin de proporcionar información novedosa y relevante sobre la distribución de la diversidad florística en el paisaje, así como del ciclo del carbono de los bosques que persisten alrededor de Bogotá.

Esto ha sido posible gracias a la colaboración de los propietarios, que nos han permitido el acceso a sus predios ubicados en los Cerros Orientales de la capital y en los municipios de Tabio, Guasca, Guatavita, San Francisco y Soacha. Durante estos ocho años hemos empezado a comprender la importancia funcional de los bosques en regeneración y sus implicaciones en la regulación y el secuestro de carbono mediante la cuantificación de sus compartimientos y el estudio de rasgos o atributos propios de las comunidades vegetales.

La regeneración natural, como heridas que sanan

De manera similar a las heridas en nuestra piel generadas luego de algún accidente que lacera su tejido natural, la regeneración de los bosques se puede entender bajo esta misma mirada: su cobertura empieza a regenerarse naturalmente.

Las cicatrices que se perpetúan en los bosques son, al igual que ocurre con la piel, marcas indelebles que evidencian un legado incidente sobre la trayectoria que siguen estos ecosistemas dependiendo de la magnitud del evento de perturbación. No obstante, ¿Qué tan importante puede ser este proceso de recuperación natural en la regulación climática? Y en particular, ¿cuál puede ser el papel potencial de los bosques altoandinos en la atenuación de este fenómeno?

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Potreros cerca de bosques periurbanos en Tabio, Cundinamarca.

A pesar de ser una cobertura dominante en el paisaje, los bosques que se forman luego de un evento de intervención antropogénica —también denominados bosques secundarios— han sido infravalorados y no se considera que tengan una importancia ecológica a diferencia de los bosques maduros que han sido conservados durante varias décadas o incluso siglos.

Lo cierto es que como resultado del acelerado proceso de transformación de la tierra durante las últimas siete décadas, la expansión de zonas agropecuarias con algún uso comercial ha generado un incremento de las áreas de bosque secundario y la región Andina no ha sido ajena a este fenómeno. De hecho, menos de un tercio de la cobertura de bosque original sobrevive en los Andes colombianos, región que representa el mayor músculo económico y que adicionalmente concentra la mayor población del país.

Ante este escenario es fundamental cambiar el paradigma hacia la importancia potencial de potreros abandonados que, con el paso del tiempo, empiezan a recuperarse y establecer coberturas vegetales, siendo así elementos trascendentales en la configuración del paisaje, al no solo constituir hábitat para una variedad de especies características de los bosques montañosos y conectar funcionalmente los fragmentos de bosque remanentes, sino también al ser claves en el secuestro de carbono.

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Dennis Castillo Figueroa, autor de este artículo y parte del equipo de investigación del proyecto Rastrojos.

Esto cobra aún más importancia si tenemos en cuenta que más de la mitad de los bosques tropicales del planeta son secundarios, y que la mayor captura de carbono por parte de los árboles se da en las primeras etapas de desarrollo. Empero, la información que tenemos a este respecto en la Sabana de Bogotá, aunque suene increíble, es prácticamente inexistente.

Con el objetivo de contribuir a llenar estos vacíos de información, en el marco del proyecto Rastrojos, hemos encontrado que, con el avance de la sucesión —es decir, el reemplazo de especies en el tiempo—, además de un incremento en la biomasa hay cambios en algunas características de las comunidades vegetales, pues en bosques secundarios algunos rasgos como la densidad de madera promedio en la comunidad tiende a aumentar, mientras que en bosques maduros dicho atributo tiende a reducirse. Otra serie de rasgos y atributos vegetativos (foliares) y reproductivos (semillas) se están analizando para complementar estos análisis.

Cambio climático y el papel de los suelos

Recientemente algunos investigadores han propuesto a los bosques altoandinos como ecosistemas potencialmente estratégicos para el secuestro de carbono, dado que muchos de los bosques tropicales maduros de zonas bajas, como los bosques húmedos de la Amazonía, están llegando al límite de captación de carbono. No obstante, uno de los componentes posiblemente más ignorados sobre las funciones que cumplen estos bosques en el ciclo de carbono es, indiscutiblemente, el suelo y todos sus elementos asociados.

En gran medida nuestro enfoque hacia la comprensión del papel que juegan las coberturas boscosas es análogo a la punta de un Iceberg; se ha centrado en lo que vemos sobre la superficie, pero ha soslayado todo el componente subterráneo que sustenta el sistema. Por ejemplo, las raíces que constituyen el suelo ha sido un aspecto ampliamente desconocido, el cual es necesario indagar con mayor profundidad.

Dentro de los resultados que hemos encontrado en nuestra red de parcelas, hay una extraordinaria variabilidad en la producción de raíces finas del suelo en tan solo unos pocos metros de distancia. Las raíces finas —aquellas raíces menores a 2 mm de diámetro— además de ser componentes esenciales en la obtención de nutrientes y agua para las plantas pueden acumular enormes cantidades de biomasa subterránea, convirtiéndose así en uno de los reservorios de carbono más importantes de los bosques altoandinos.

Según nuestros hallazgos, su producción se explica parcialmente por elementos asociados a la fertilidad del suelo (como la concentración de aluminio y el flujo de nitrógeno), y la diversidad de plantas que favorecen la generación de raíces.

Hemos encontrado también que los bosques secundarios almacenan en promedio el 60 % de la producción de raíces finas que presentan los bosques maduros, una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta la extensión de este tipo de coberturas boscosas.

Descomposición de hojarasca, la clave para entender el ciclo del carbono

De todos los estudios realizados sobre el ciclo del carbono en ecosistemas tropicales de alta montaña, solo el 25 % ha investigado flujos como la respiración de suelos, la caída y descomposición de hojarasca.

Precisamente es a través de la caída de hojas, por un lado, que se conforma gran parte de los suelos a través de la hojarasca acumulada que enriquece el sustrato con diferentes nutrientes —muchos de ellos limitantes como el nitrógeno o el fósforo— mientras que, por otro lado, esa hojarasca es una fuente notable de carbono que al descomponerse libera gases a la atmósfera que pueden incrementar el efecto del cambio climático.

Conocer cuánto tiempo tarda en descomponerse la hojarasca en ecosistemas que tienen una gran cantidad de carbono almacenado en el suelo como lo son los bosques altoandinos, es fundamental para determinar su función en la captura y flujo de carbono.

Y este es precisamente otro de los enfoques que se están estudiando en el proyecto Rastrojos, en donde se está realizando un experimento que pretende determinar la descomposición de hojarasca, a través de la instalación de 2856 bolsas de descomposición de 15 especies de plantas nativas de estos ecosistemas.

Con base en los resultados del experimento, ya en curso, se espera entender de forma integral las dinámicas de uno de los principales flujos de carbono de los bosques altoandinos.

La responsabilidad que tenemos actualmente sobre el cambio climático es totalmente decisiva para el futuro de la humanidad. Tal como lo mencionó en alguna ocasión el naturalista británico David Attenborough: “No hay duda de que el cambio climático está ocurriendo; el único punto discutible es qué papel los seres humanos están teniendo sobre él”. Por esto, frenar la deforestación y acelerar la regeneración natural de potreros abandonados puede ser una estrategia sustancial para contrarrestar este fenómeno global.

Es necesario continuar sumando esfuerzos de investigación que nos permitan diagnosticar mejor esta enfermedad que está sufriendo el planeta. Solo así podremos encontrar la cura que reestablezca la integridad de la Tierra. Al igual que ocurre con un paciente enfermo, la clave de la mitigación y adaptación al cambio climático puede estar en su recuperación natural, la cual podemos acelerar mediante el uso del conocimiento científico.


Título de la investigación: Estudio de dinámicas socio-ecológicas ante escenarios de cambio climático en bosques secundarios peri-urbanos Altoandinos.

Investigadores principales: Juan Manuel Posada y Natalia Norden.

Coinvestigadores: Ana Belén Hurtado, Carolina Álvarez, y Dennis Castillo-Figueroa.

Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Rosario, Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, y Fundación Cedrela.

Periodo de la investigación: 2013- actual.

La memoria de los ecosistemas acuáticos amazónicos está en sus sedimentos

La memoria de los ecosistemas acuáticos amazónicos está en sus sedimentos

Este artículo fue ganador del concurso Conviértete en divulgador científico, organizado por la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana y Pesquisa Javeriana, una iniciativa que busca invitar a los investigadores a compartir sus experiencias y acercar la ciencia a los colombianos.

Tengo la impresión de que cada vez que alguna persona habla sobre el Amazonas imagina lo verde, la naturaleza, los animales, las plantas y el agua, mucha agua enmarcada en todo lo que le rodea al majestuoso río Amazonas, inspiración de poetas que el propio Dios pintó.

Soy hija de esa tierra, soy amazonense y desde que era una niña tenía la concepción de que era ahí donde quería estar todo el tiempo.

Cuando me hice mayor y al momento de elegir una carrera, la biología era mi primera opción y con el paso de los años mi formación académica me llevó al estudio de los ecosistemas acuáticos amazónicos.

Navegar las aguas del río Amazonas y sus afluentes entre tres países (Colombia, Brasil y Perú) me dio una de las experiencias más gratificantes de mi vida.

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Sin embargo, pocas personas reconocen los problemas ambientales que se presentan en la región y uno de ellos se relaciona con las intensas sequías e inundaciones que desde la década de los ochenta se han intensificado.

Esta problemática ha sido la inspiración de mi estudio durante los últimos seis años.

La grave inundación que azotó la región Amazónica en 2010 dejó diversas comunidades aisladas debido a la falta de la navegabilidad de los ríos, y una nueva y extrema inundación, en 2012, hizo que los pobladores de la ribera perdieran sus casas y siembras por el aumento descomunal de las aguas.

Pero también las fuertes y extensas sequías en la Amazonia central y sur en 2005, 2010 y 2015, hicieron que se perdiera navegabilidad por el río Amazonas debido la pérdida de sus canales de conexión, así como la disminución de las actividades de pesca, entre otros.

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Foto tomada por: Santiago R. Duque

Paleolimnología: por la memoria de los ecosistemas acuáticos amazónicos

Tanto las sequías como las inundaciones han hecho que la dinámica natural del río esté cambiando. Es por ello que desde la academia existe la paleolimnología, una ciencia que estudia la información de las características de la física, química y biológica de los sedimentos que se acumulan con el tiempo en el fondo de los lagos, lo que permite que se guarde una información histórica, con la cual se puede realizar una reconstrucción ambiental.

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Esta información es útil porque permite conocer cómo ha cambiado, por ejemplo, un lago en 200 años y, con esta información, realizar modelaciones de cómo han sido los procesos de inundaciones y sequías.

En la actualidad me encuentro desarrollando un estudio sobre los “Cambios históricos en la acumulación de carbono de un lago amazónico de la cuenca media”, en el marco de mi estudio doctoral en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Javeriana. Para ello he extraído tres núcleos o testigos de sedimentos del lago Yahuarcaca, ubicado en las proximidades de Leticia.

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Para la toma de los núcleos -o porciones- de sedimentos que se extraen del fondo del lago, construimos una plataforma de madera de 3 m2 con un hueco de 1 m2 en el centro donde se ensambla el sistema de preformación utilizando un piston corer, un tubo con un pistón interno. Inmediatamente hecha la perforación, sellamos los extremos, marcamos y trasportamos al laboratorio.

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Este proceso lo ha hice en diferentes zonas de conexión con el río Amazonas, con ello realizo análisis físicos, químicos y biológicos y así poder conocer la influencia del río en los procesos de sedimentación del lago para determinar las fuentes principales de materia orgánica y dar información que responda a futuros procesos de inundación y sequías.

Realizar este estudio, el primero de su tipo para la cuenca media del Amazonas, ha tenido una serie de retos y experiencias únicas, como la mayoría de las investigaciones científicas que realizamos en Colombia, aparte del aspecto económico.

Tuve la oportunidad de viajar a Uruguay y Argentina y visitar universidades, centros de investigación que me han permitido . Algunos de estos primeros hallazgos han permitido conocer que el sistema de lagos de Yahuarcaca es relativamente joven, con edades entre 1827 y 1828 CE (era común), presenta una alta tasa de sedimentación y acumulación de material, donde los valores más altos ocurrieron en la superficie del registro (núcleo).

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Todo este camino recorrido – en el que he conocido personas maravillosas, nuevos climas y nuevas culturas que me permitieron enamorarme de esos países- sigue valiendo la pena y no solo por los nuevos resultados académicos que obtengamos, sino porque esperamos contribuir a la toma de decisiones sobre un problema ambiental recurrente en la Amazonía y todo lo que conlleva la dinámica del río Amazonas en el sector colombiano.

También espero que al finalizar este estudio haya una discusión sobre la recuperación de la historia ambiental de cerca de un siglo donde los pobladores locales, (en especial de las comunidades indígenas tikuna y cocama que viven en el sector de Yahuarcaca, con quienes he conversado y tengo el compromiso de presentarles los resultados). Estas comunidades relatan con gran profundidad y agudeza los cambios ambientales que perciben en la naturaleza.

Sin duda encontraré un diálogo entre el conocimiento local y el científico, en este caso el paleolimnológico, de elementos muy profundos de comprensión y de búsquedas de las condiciones naturales y humanas que han transformado los ecosistemas y la vida de estos pobladores que dependen fundamentalmente de estos servicios ecosistémicos para su supervivencia.

Ya van 26 conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático… ¿Y?

Ya van 26 conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático… ¿Y?

Uno quisiera ver en acciones las metas, objetivos y compromisos que han firmado y ratificado los países frente a la crisis climática reportada por la comunidad científica con suficiente evidencia desde hace décadas.

Pero son muchos los intereses que están en juego y quienes tienen la última palabra son los representantes de los gobiernos de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas, el organismo internacional que promueve las Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático. Pero no todos han firmado, y eso pesa.

Las alertas sobre las consecuencias de continuar generando gases de efecto invernadero a la atmósfera son pan de cada día; se manifiestan de diferentes formas y de manera extrema, incluso en Colombia, donde pueden verse en forma de inundaciones y crecientes súbitas en Antioquia, huracanes en Providencia, sequías y consecuentes incendios en diferentes regiones de los Andes, que afectan a las poblaciones, generalmente a las más necesitadas.

Los gobiernos anuncian ayudas -que son bienvenidas-, pero si además pusieran en práctica rápidamente a lo que se comprometen, la historia sería diferente. ¿Para qué sirven los Memorandos de Entendimiento? (acuerdos bilaterales o multilaterales) ¿O los Conpes? El primero, un saludo a la bandera; y el segundo, un ejercicio para demostrar el estado del arte de un tema, interesante, sí, pero ninguno de los dos documentos es vinculante, o sea, quienes firman, no se comprometen… O se comprometen a ritmo de las burocracias que en lugar de agilizar, dilatan.

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Estos son algunos de los compromisos que asumió Colombia en la pasada Conferencia sobre el Cambio Climático (COP26), llevada a cabo del 31 de octubre al 12 de noviembre en Glasgow, Escocia.

  • Para 2022: sembrar 180 millones de árboles y lograr que un 30 % de los océanos y del territorio colombiano sean reserva ambiental. En una columna de opinión publicada en el diario El Tiempo, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos E. Correa, aseguró que es “una excelente noticia para la conservación de la biodiversidad”. Más allá de la noticia, en sus manos está cumplirla.
  • Para 2030: reducir en un 51 % las emisiones de gases efecto invernadero y lograr carbono neutro, disminuir en un 30 % las emisiones de metano y lograr que el calentamiento no supere 1.5⁰C; además, “detener” la deforestación gracias a acuerdo firmado por 137 países.

Los países ricos demandan y los que estamos en otra condición intentamos responder. Por ejemplo, después de la COP26, la Unión Europea anunció la iniciativa de prohibir importaciones de carne, aceite de palma, cacao, soja, café y madera si su cultivo está ligado a la deforestación.

Sobre lo anterior, Colombia se comprometió, junto con Brasil, Perú y Uruguay a incentivar la práctica sostenible de la agricultura y su respectivo comercio con medidas propias para la trazabilidad, la transparencia y a apoyar la investigación y la innovación con apoyo a pequeños agricultores. Seguramente se hará con dineros que vienen de los países ricos y que se ejecutan a través de organizaciones no gubernamentales y del mismo gobierno.

Quizá, de los 5.772 grupos de investigación del país, algunos trabajen temas de cambio climático, no solo desde el enfoque ambiental, sino social y económico. Con seguridad tendrán mayor capacidad para desarrollar estas iniciativas, en tanto se trata de científicos que demuestran tener líneas de investigación a las que dedican su vida. Eso al menos da confianza de que sus esfuerzos se prolonguen en el tiempo y no terminen cuando los recursos se agotan, como pasa con otro tipo de instituciones.

¿De qué han servido entonces los 26 años de reuniones de la COP de cambio climático? Lo positivo, puede ser una mayor conciencia ciudadana. Lo demuestran las declaraciones por los pasillos de las COP, las manifestaciones por las calles de las ciudades y poblaciones, las iniciativas ciudadanas, aquellas golondrinas que anuncian el verano.

Lo que falta: más información sobre lo que representan esos compromisos en la vida del ciudadano común y corriente. Por ejemplo, reducir la emisión de metano significaría una ganadería sostenible para poder abastecer el mercado. Mientras se logra, ¿cómo será la oferta para el consumidor? Cero deforestación significa dejar de tumbar unos bosques claves para la biodiversidad, pero ¿permitir la motosierra en otros? De no ser así, ¿cómo abastecer industrias que dependen de la madera?

Esos son dos ejemplos, pero serían muchos más, y en ese ejercicio de cuestionar es importante que los medios de comunicación vayan más allá de los anuncios oficiales. El llamado a quienes tenemos la responsabilidad de informar es a formular preguntas de fondo y hacer seguimiento e investigación periodística. Una reportería responsable e informativa permitiría darle relevancia a los compromisos ambientales pactados y así contribuir a que estos acuerdos dejen de ser solo anuncios y se vuelvan realidad.

* Estudiante universitaria

Este es el nuevo sistema de monitoreo de ríos para evitar tragedias

Este es el nuevo sistema de monitoreo de ríos para evitar tragedias

“¡Ahí viene la creciente!”. Ese grito de alarma, que muchas veces significa pérdidas de vidas humanas, de ganado, de cultivos, de construcciones alrededor de los ríos, hoy en día se remplaza por un mensaje en el celular que dice algo así como “se detecta una subida en el nivel del río aguas arriba; tomen precauciones”. Y las comunidades al menos tienen tiempo para prepararse. Eso sucede actualmente en las cuencas de los ríos Negro y Nare, en el sureste de Antioquia, gracias a estaciones que monitorean el nivel de los ríos y entregan información en tiempo real.

Es un resultado de aquello que hoy en día llaman el ‘internet de las cosas’, con posibilidades de aplicación en muchos campos, especialmente en agricultura y en ambiente. En el caso del sistema de monitoreo de los ríos se trata de alrededor de 45 estaciones automatizadas que, ubicadas preferiblemente en los puentes que los atraviesan, son capaces de medir el comportamiento del caudal de agua de los ríos mencionados y de todos sus subsidiarios.

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Este sistema es la respuesta a una necesidad sentida por parte de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los ríos Negro y Nare (Cornare), porque las lluvias pueden generar inundaciones con consecuencias indeseables ―a veces catastróficas― para las poblaciones, bien sea a causa del cambio climático o por falta de planeación en el uso del suelo. Antes de la instalación de las estaciones, la información llegaba a la corporación gracias a que contaban con aliados en ciertos sitios estratégicos encargados de chequear diariamente una regleta ubicada a la orilla de los ríos y reportaban si había subido o bajado el nivel del agua. Demasiado manual y más o menos, como dicen en la región, “a la buena de Dios”. Información poco confiable. Diana Henao, jefe de la Oficina de Ordenamiento Ambiental del Territorio y Gestión del Riesgo, todavía lo recuerda: “Queríamos tener un monitoreo con información científica fundada”.

Los 26 municipios tienen la responsabilidad de proteger a la comunidad ante el riesgo. Cornare apoya esta tarea generando información y asistencia técnica para la prevención y mitigación de riesgos de desastres. Y solo los datos precisos le permiten hacerlo. Para ello necesitaban incursionar de lleno en las bondades de la informática, pero también de los cerebros que están detrás de las máquinas. Y ahí entra el Centro de Excelencia y Apropiación en Internet de las Cosas (CEA-IoT), de la Pontificia Universidad Javeriana, pues, como dice su gerente, el ingeniero Luis Carlos Trujillo, “el proyecto involucra todos los elementos típicos de una solución de internet de las cosas: unos dispositivos electrónicos que miden el nivel del río y reportan la información cada minuto a través de una red telefónica celular hasta llegar a lo que se denomina la nube, que sencillamente es el software en el cual se visualiza la información y se generan también alarmas de manera automática”.

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Además de generar la alerta inmediata, la interfaz gráfica que está en la nube permite visualizar los puntos donde se está generando el riesgo: “Si en el punto X a las 5:21 se presenta un desbordamiento, significa que a las 6:57 se reflejará en el punto Y aguas abajo de la misma quebrada”, explica Trujillo. Si se desborda el río y puede ocurrir una inundación, el sistema avisa con tiempo. Henao lo complementa: “No solo es importante poder monitorear el momento de una crecida o en que puede presentarse un evento; queremos conocer qué pasa con las fuentes hídricas, poder saber históricamente cómo se vienen comportando en tiempos de menos lluvias, en tiempos de más lluvias, para que nosotros hagamos las correlaciones con modelos matemáticos y climatológicos, y poder empezar a caracterizar e identificar mejor la problemática de nuestras quebradas en cuanto al mismo caudal, a la oferta hídrica”. Se trata, en suma, de “tener información más consolidada”.

Cornare vigila constantemente las cuencas de los ríos Nare y Negro, donde habitan alrededor de 650000 habitantes en 26 municipios.

El esqueleto y la armazón

La arquitectura de una solución de internet de las cosas como las estaciones es relativamente sencilla. El profesor Trujillo dice que tienen tres capas. La inferior es la del hardware, donde los ingenieros diseñan y prueban constantemente los nodos electrónicos que permiten medir, bien sea el nivel de los ríos, la humedad relativa de un cultivo de café o la calidad del aire en un centro urbano.

“Son como el cerebro o la inteligencia de la estación, con sensores para cada una de las variables de interés”. Las estaciones de Cornare, por ejemplo, no solo miden el nivel del río, sino la precipitación que ocurre en el lugar. “Esos nodos tienen que ser muy resistentes desde cualquier punto de vista, lo que significa una infraestructura metalmecánica robusta, que quede bien anclada y que cuando la estación se quede sin energía vuelva a arrancar automáticamente sin problemas”.

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La segunda capa es la de comunicación, que utiliza la telefonía móvil celular, de bajo costo y eficiente. “Y la última es la capa en la nube, la capa de las aplicaciones de visualización, de generación de alertas, la que almacena toda esa cantidad de información que uno va recopilando día a día de todos esos puntos: lo que se denomina la analítica de datos”, explica Trujillo. “Este es un valor agregado muy importante porque permite mirar sobre ―digamos― los últimos seis meses y entender mucho mejor lo que es su ecosistema y su sistema hídrico”.

Las estaciones funcionan con una batería que un panel solar carga constantemente. Si deja de funcionar el panel, la batería funciona hasta por dos semanas, lo cual permite la continuidad de la operación, y notifica a la central lo que está ocurriendo, de tal manera que los funcionarios de Cornare puedan contar con el tiempo suficiente para llevar a cabo las acciones pertinentes.

Pero ¿cómo hacen las estaciones para medir si el nivel del agua sube? Por ultrasonido, midiendo el tiempo que toma en ir y volver una onda que genera la estación hacia la superficie del río. “No es a través del contacto con el agua”, responde Trujillo, “entre menos toque el agua, será más durable”.
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Un equipo, finalmente, resistente al agua y al polvo. Aunque no faltan el borrachito que coge la estación a piedra o los arbustos que crecen y tapan el sensor o las abejas que resuelven fabricar su colmena precisamente ahí en la estación, por lo que se requiere también un mantenimiento periódico del lugar.

La apropiación del sistema El trabajo ha sido interdisciplinario, una labor en la que todas las partes están involucradas y aportan desde sus respectivos conocimientos para lograr un sistema que funcione. “Nosotros sentimos que en las universidades hay un interés investigativo muy alto y sentimos que a través de ellas podemos acceder a conocimientos frescos”, dice Henao. “Y nosotros podemos ofrecerle a la universidad también nuestra experiencia, el apoyo para que puedan surgir con estudiantes trabajos investigativos”. Los miembros de la comunidad son claves para el buen funcionamiento del sistema.

Son como sus guardianes. “Ayer a las seis de la tarde me timbró el celular y el cauce estaba en su 100 % de capacidad”, comentó el líder comunitario del municipio El Retiro, Luis Guillermo Moreno, a PESQUISA JAVERIANA. “Yo miro y tomo fotos, se lo reporto a la Comisión de Gestión de Riesgo Municipal y a Cornare”. Como aún tiene una regleta en el río cerca de su casa, ubicada cuatro kilómetros arriba de la cabecera municipal, “lo primero que hice fue aquí en mi casa mirar cómo venía el cauce. Vi que estaba a plena capacidad, pero no se había desbordado. En todo caso, previendo que hubiera lluvias en la noche, hice el reporte, para monitorear el área urbana y aguas abajo”.

Cornare ha tenido ya dos oportunidades de socializar el sistema con sus instituciones pares en otras regiones del país, antes de la pandemia. Ahora continúa en este trabajo conjunto para lograr también medir la calidad de las aguas. “Realmente aquí la mayor satisfacción es cuando uno puede ver a Cornare ya trabajando, apropiándose y haciendo uso de estas tecnologías, y sacando todo el provecho”, concluye Trujillo.

Para saber más:

  • Video sobre solución IoT para monitoreo de nivel de ríos:

  • Acosta, J. et al. An IoT-based scalable river level monitoring platform. Artículo de próxima publicación en el International Journal of Sensor Networks (IJSNET).

 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:

An IoT-based scalable river level monitoring platform

INVESTIGADORES POR LA UNIVERSIDAD: Luis Carlos Trujillo Arboleda, Diego Méndez, Juan Camilo Acosta

COINVESTIGADORA: Diana Henao Facultad de Ingeniería – CEA-IoT-Pontificia Universidad Javeriana, Cornare

Líderes académicos: Javeriana sede Bogotá, Javeriana seccional Cali, Universidad Autónoma de Bucaramanga, Universidad Tecnológica de Bolívar y Universidad Santo Tomás

Líderes tecnológicos globales: Intel, Microsoft y Hewlett Packard Enterprise

Empresas ancla: Hospital Universitario San Ignacio, Logyca, Totto y Zona Franca de Bogotá Líderes gubernamentales: Ministerio de Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones y Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2008-actualmente

De la migración forzada a la conquista de Marte: ¡Ya circula Pesquisa Javeriana 58!

De la migración forzada a la conquista de Marte: ¡Ya circula Pesquisa Javeriana 58!

Para pagar las deudas históricas que tiene el país con su producción y divulgación de ciencia, el vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, Luis Miguel Renjifo, atribuye unas responsabilidades puntuales al Estado, pero también pone su mirada en la apropiación social del conocimiento, una herramienta para que las investigaciones lleguen al ciudadano de a pie y los hallazgos en investigación impacten en la vida cotidiana.

En su editorial de Pesquisa 58, titulada Apropiación social del conocimiento: una oportunidad para el país, Renjifo cuenta cómo desde la academia, y sobre todo, desde la Javeriana, en donde se realiza el Congreso La Investigación o se producen publicaciones como Pesquisa Javeriana, que suman un grano de arena a la construcción del castillo de la divulgación científica en Colombia.

Para la edición 58, la última del año, Pesquisa reunió ocho investigaciones sobre diferentes temas que tienen en común un cuidadoso proceso de indagación y dan cuenta de distintas realidades, desde la cruda situación de los migrantes forzados que usan las fronteras de Colombia para viajar a otros países, hasta las difíciles preguntas que plantean algunos investigadores ante la posibilidad de conquistar Marte.

A continuación puede leer la nueva edición de Pesquisa en este formato interactivo:

O si prefiere navegar por el micrositio de la nueva Pesquisa Javeriana, presione este enlace. Mientras tanto, aquí le resumimos de qué trata cada tema de Pesquisa 58.

Portada:

Cruzar el desarraigo: cómo comprender la migración forzada

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Colombia es lugar de paso y de permanencia de fenómenos migratorios. ¿Cómo darle una mirada humana a la situación de miles de personas que dejan sus países de origen? ¿Qué pasa en Necoclí, Táchira y qué responsabilidades tienen los diferentes Estados? Conozca estas respuestas de la mano de dos investigadores expertos en migración.

 

Creación artística

¿Llegar a Marte para vivir como en la Tierra?

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Colonizar Marte también supone pensar qué tipo de sociedad se quiere exportar al universo. Un proyecto javeriano se hace preguntas como que complejizan este sueño tan añorado por la humanidad. ¿Cuáles especies llevaríamos para poblar Marte?, ¿bajo qué criterios?, ¿cómo sería la organización de Marte si la conquistan multimillonarios?

 

Entrevista

“Uno no hace transformaciones con un discurso”, María Adelaida Farah

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Es necesario analizar la vida académica e investigativa desde la perspectiva de género. ¿Cómo está la Javeriana vista desde este enfoque y qué aprendizajes pueden surgir para aplicar esta mirada en otros entornos universitarios y académicos? Esto se pregunta María Adelaida Farah, actual decana de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales y recién nombrada vicerrectora de Extensión y Relaciones Interinstitucionales de la Javeriana cargo que ocupará a partir de enero de 2022.

Ciencia y sociedad

La palabra de Dios con perspectiva de género

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¿Qué sucede al analizar un relato bíblico que describe un feminicidio? Un grupo de investigadores estudiaron, de la mano de distintos colectivos de mujeres, uno de los pasajes más escabrosos del Antiguo Testamento: Jueces 29 o “El levita y su concubina”.

Investigar el país

Distracción en los hospitales: alivio para el paciente

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Una buena canción, un videojuego o ver alguna serie de televisión ayuda a aliviar la ansiedad y otras sensaciones de estrés en pacientes menores de edad durante procedimientos médicos.

Innovación

Sistema de monitoreo de ríos: para evitar tragedias

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Conozca cómo funciona el dispositivo que, a través de ultrasonido, vigila el crecimiento de los ríos Negro y Nare, en Antioquia, para alertar a los expertos y a la comunidad local con el fin de accionar planes de contingencia ante una creciente y salvar vidas.

 

Ciencia profunda

¿La sobrecalificación laboral produce frustración o motivación? El caso de Turquía

sobrecalificacion laboral

Ocupar un cargo estando sobrecalificado no solo sucede porque el mercado no le esté pagando bien a los profesionales mejor preparados, también pasa porque el empleado busca otros incentivos más que el dinero. ¿Quiere saber más? Entérese aquí.

 

Jóvenes que investigan

Ciencias ómicas moléculas que trazan los caminos de jóvenes investigadoras

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A través de predicciones y evidencias basadas en el estudio de genes, proteínas y metabolitos, dos jóvenes científicas ayudan a reducir el tiempo y los gastos en investigación en procesos de medicina y agricultura.

Novedades editoriales

El periodismo ambiental en Colombia: una historia de lucha, resistencia y supervivencia

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Una historia todavía verde. Así se llama el libro de Maryluz Vallejo, que reúne la visión de periodistas, líderes y ecologistas, entre otros, sobre la historia ambiental colombiana. Una guía para entender las preocupaciones y retos del país en este tema.

Arquitectura verde en Bogotá contra el cambio climático

Arquitectura verde en Bogotá contra el cambio climático

La naturaleza es porosa y multicolor. Las ciudades tienden a ser sólidas y grises, y muchas de sus construcciones han desconectado los espacios urbanizados de los ecosistemas que las rodean?.

Los grandes edificios, rascacielos y la arquitectura que privilegia el concreto y el hormigón generan un efecto de absorción de calor y aumentos en la temperatura: a esto se le conoce como islas de calor. Esta condición climática urbana es propia de ciudades densamente pobladas.

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A las urbes con más de 10 millones de habitantes se les conoce como megaciudades y son un desafío para la sostenibilidad del planeta. Bogotá, con más de siete millones de habitantes, se proyecta a mediano plazo como una de las megaciudades de Latinoamérica, junto a Río de Janeiro, São Paulo, Ciudad de México, Lima y Buenos Aires.

Cuando el suelo no está cubierto por ladrillo y cemento, la tierra absorbe el agua y así regula la temperatura. Esa capacidad de absorción se pierde en las megaciudades, por eso la infraestructura verde, aquella que vincula la naturaleza a los procesos de diseño y construcción, es clave para convertir las megaciudades en lugares sostenibles.

A través de estas tecnologías de construcción se pueden diseñar ciudades con propiedades ecosistémicas que tengan la capacidad de absorber y aprovechar las aguas de escorrentía -o aguas lluvias-, además de regular el CO2, la temperatura y la contaminación auditiva (los techos verdes también pueden ser reguladores acústicos).

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Los techos cubren grandes superficies en las ciudades y por eso representan un potencial para la transición hacia una ciudad sostenible.

Los parámetros técnicos básicos para la construcción exitosa de estas arquitecturas verdes en todos los continentes fueron establecidos por la FLL ( Sociedad Alemana de Investigación, Desarrollo y Construcción del Paisaje). Sin embargo, aún son muy escasos los estudios sobre pautas alternativas o adaptadas a los diferentes contextos de cada ciudad.

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Una investigación interdisciplinar de la Pontificia Universidad Javeriana, realizada por Ricardo Andrés Ibáñez Gutiérrez, del Departamento de Arquitectura, y Mónica Ramos-Mejía, del de Administración, adapta estas directrices internacionales al contexto colombiano y muestra la manera en que una guía inclusiva aporta transiciones urbanas hacia la sostenibilidad.

La investigación denominada Function-Based and Multi-Scale Approach to GreenRoof Guidelines for Urban Sustainability Transitions: The Case of Bogota, identifica aspectos técnicos que incluyen la participación de actores más diversos en la construcción de infraestructura verde.

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Los techos autorregulables, los jardines en los techos y los techos para cultivo permiten cambios sociotécnicos para una transición urbana hacia la sostenibilidad. Con enfoques como el de la restauración ecológica se diseñó esta clasificación general de cubiertas bióticas (con componentes vivos) en Bogotá.

Esta guía abre múltiples posibilidades de innovación en las formas de construcción de techos bióticos y sirvió como base para que el profesor Ibañez, por medio de una consultoría, permitiera a la Secretaría de Medio Ambiente de Bogotá establecer las Directrices Técnicas Sociales para Techos Verdes (BBRG).

Este estudio estableció cinco categorías que facilitan la comprensión de todas las partes interesadas: El propósito, los aspectos clave, los requisitos, las propiedades y unidades, y las recomendaciones.

Una de las disposiciones es que el diseño y construcción de un techo verde albergue plantas endémicas, huertos o jardines ornamentales dependiendo de su función. Así, el contenido de estos lineamientos se basa en el propósito que tendrá la infraestructura verde y no en el tipo de material o sistema que debe usarse en su construcción.

De esta manera, el BBRG establece cuatro parámetros básicos: la microescala, que es la selección del tipo de tecnología disponible que se usará; la mesoescala, que comprende la adaptación e instalación del sistema de techo verde específico; la macroescala, que es la conexión con la infraestructura de toda la edificación; y la metaescala, que relacionaría toda la edificación verde con la red ecológica de la ciudad.

En Bogotá se pueden encontrar diversidad de edificaciones que han implementado el sistema de techos verdes,  como la Secretaría Distrital de Movilidad o el nuevo edificio de ingenierías de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Existen muchas posibilidades dentro del diseño de una arquitectura verde, y aunque suele asociarse con construcciones de alto costo, está investigación desarrollada por Ibañez y Ramos -Mejía es una adaptación al contexto ambiental, social y económico de un país con los retos socio-ecológicos que plantean las megaciudades, como es el caso de Colombia.

Para los expertos, la implementación de la arquitectura verde es urgente para adaptar las ciudades y combatir el cambio climático y para hacer de las megaciudades espacios sostenibles.

Entomofagia: comer insectos para combatir la hambruna y el cambio climático

Entomofagia: comer insectos para combatir la hambruna y el cambio climático

Natalia Naranjo Guevara no es chef ni cocinera profesional pero recientemente aprendió a hacer curry con grillos, risotto con saltamontes y langostas cubiertas con chocolate. Es doctora en Entomología de la Universidad de São Paulo, en Brasil, profesora de Fontys University of Applied Sciences, en Holanda, y bióloga de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Como entomóloga -la especialidad de la zoología que estudia los insectos- Naranjo hace parte de un grupo de científicos que investiga cómo incluirlos en nuestro menú y de paso combatir el cambio climático -pues no requieren grandes extensiones de tierra para su producción y generan menos gases de efecto invernadero- y también para favorecer la seguridad alimentaria -ya que poseen altos índices proteicos y vitamínicos-.

Países como China, México, Sudáfrica y Australia consumen insectos. En Colombia, desde hace más de 500 años se cocinan vivas en Santander las hormigas culonas (Atta leavigata), y uno de los platillos insignia en el Amazonas son los mojojoyes (Ancognatha scarabaeoides) rellenos de tomate.

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Las profesoras Natalia Naranjo (izquierda) y Sonja Floto-Stammen (derecha).

¿Por qué cambiar nuestra dieta?

Lo que más consume el mundo se resume en cuatro cultivos: arroz, maíz, trigo y soya. Hasta 2018, y según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, recopiladas por el Banco Mundial, solo los pastos y los cultivos ocupan el 36 % de la superficie de tierras en el mundo.

“Estas tierras no solo se utilizan para la producción de la comida humana, sino también para animales como el ganado, que consume pastizales o soya. Para cubrir las demandas de alimentos lo que ocurre constantemente es la expansión de la frontera agrícola, que se traduce en deforestación”, explica Naranjo.

Una frontera agrícola es un límite determinado para la producción de actividades agropecuarias que se separa de áreas protegidas o de importancia ecológica. Su ampliación implica talar bosques.

Según la FAO, en un sistema de producción ganadera en Estados Unidos una vaca requiere 10 kg de alimento por kilo de peso, es decir, una res que pesa 400 kg requiere 4.000 kg de alimento. Por su parte, un cerdo y un ave requieren 5 kg y 2.5 kg por cada kilo de peso, respectivamente.

Cuánto cuesta producir res, cerdo o pollo

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Algo similar ocurre con los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, óxido nitroso, metano y ozono. En total, una vaca produce 2.850 gramos de gases de efecto invernadero por kilo de peso.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, UNEP, “el estiércol del ganado y sus liberaciones gastroentéricas” representan el 32 % de las emisiones de metano, un elemento responsable del 30 % del calentamiento global.

Por eso el consumo de insectos podría contribuir a reducir estos impactos, pues solo los saltamontes generan un gramo de gases de efecto invernadero por kilo de peso.

Insectos a la carta

Entre las formas más comunes de consumir y procesar insectos está comerlos enteros, molidos, en pasta o como extracto de proteína o grasa para fortificar alimentos.

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“Son supremamente eficientes en la conversión de su alimento en proteína. De allí viene la idea de la entomofagia: comer insectos. Esta es una forma sustentable y sostenible para cambiar nuestros patrones de alimentación”, explica Naranjo.

Según la FAO, los gusanos de harina contienen 16.2 g de proteína y 2.5 g de fibra, en comparación con un huevo que está compuesto por 19.2 g de proteína y nada de fibra. Aunque los gusanos tienen un poco menos de proteína que los huevos, aportan fibra, un componente que previene enfermedades cardiovasculares, controla los niveles de glucosa en la sangre y alivia los desórdenes gastrointestinales.

Estos pequeños organismos pueden ser grandes aliados para la seguridad alimentaria en el mundo.

Por ejemplo: 12 g de harina de grillo contienen 7 gramos de proteína, lo que equivale al 58.3 % del animal. Mientras que la carne de pollo contiene 18.8 % de proteína, el hígado vacuno 20 % y algunas especies de peces el 20.2 %.

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Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

“Si para el 2050 la FAO espera un incremento de la producción de comida a un 70 % por el aumento poblacional, lo que muchos nos preguntamos es, ¿realmente necesitamos producir más o deberíamos producir mejor?”, pregunta la entomóloga Naranjo.

Un proyecto innovador

Naranjo ha concentrado su trabajo en cuatro insectos para la obtención de proteínas alternativas: langostas (Locusta migratoria), grillos (Acheta domesticus), gusanos de harina (Tenebrio molitor) y, recientemente una especie de mosca (Hermetia illucens) para utilizarla como alimento de animales.

Este es un megaproyecto de la Unión Europea que busca proveer soporte a empresas y mejorar la información sobre la producción y consumo de insectos. “Es una forma de traer la ciencia a la aplicabilidad. Publicamos artículos, hacemos investigación y después la aplicamos y la difundimos”, comenta Naranjo.

Otro aspecto clave en la investigación es entender la actitud de las personas ante el consumo de insectos y cómo comunicar la necesidad de convertirlos en un componente crucial en las dietas del futuro.

Actualmente el estudio se lleva a cabo en varios países, en donde los expertos investigan desde cómo alimentar los insectos hasta cómo comunicar los hallazgos a través del marketing.

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“Los alimentos que consumimos tienen regulaciones en la producción y eso envía un mensaje de seguridad. Al mismo tiempo que educamos y distribuimos información sobre el impacto positivo que tiene comer insectos, también hay que crear hábitos de crianza y producción con estándares de calidad. Eso podría reducir muchas preguntas que las personas se hacen cuando piensan en comer un insecto: ¿De dónde viene? O ¿Dónde habrá estado?”, dice Naranjo.

Natalia Naranjo sigue experimentando múltiples recetas. Por estos días está creando, junto a sus estudiantes, platos de sushi a base de insectos que más allá de sonar como platillos exóticos hacen parte de un repertorio creativo, culinario y científico que busca mitigar el cambio climático y ampliar las opciones sustentables y sostenibles en el menú cotidiano. ¡A comer insectos!

Sushi de insectos

Deforestación y hoja de la coca amenazan los Parques Nacionales Naturales en Colombia

Deforestación y hoja de la coca amenazan los Parques Nacionales Naturales en Colombia

En Colombia hay un poco más de 17 millones y medio de hectáreas protegidas en 59 Parques Nacionales Naturales. El primer informe Parques Nacionales Cómo Vamos revela que estos espacios enfrentan varias amenazas para su normal funcionamiento.

Una de ellas, muy comentada a nivel internacional en los últimos días, es la deforestación. El informe revela que hay cuatro parques con cifras muy altas. Encabezan la lista El parque Tinigua -con 10.455 hectáreas-, La Macarena -con 3.636-, Chiribiquete -2.180- y Picachos -2.035-. Otros 29 parques también registran deforestación, pero con indicadores mucho menores.

Para Giovanny Fagua, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana y colaborador de este informe -que es producto de una alianza de nueve organizaciones de la sociedad civil-, no es coincidencia que los cuatro parques con más hectáreas deforestadas estén en la misma zona: el piedemonte amazónico.

En su opinión, esto responde a una estrategia para apropiarse de tierras estratégicas por su posición geográfica y porque tienen vías de acceso que facilitarían procesos extractivos y de ganadería extensiva en la región.

“En la zona se habla de que el costo promedio de deforestar una hectárea es de un millón de pesos. Que un campesino deforeste hasta 20 hectáreas, para hacer un terreno, es lógico. Pero para que llegue a deforestar 100 o 150, necesita un patrocinio fuerte. Hay alguien que está invirtiendo una cantidad considerable para deforestar esas áreas”, advierte Fagua.

El experto también señala que el manejo de este fenómeno no es sencillo porque en la región no hay fiscales especializados en crímenes ambientales, por lo que es poco probable que los procesos judiciales avancen.

A finales de julio de 2021 fue sancionada la ley 2111 de 2021 que introduce nuevos delitos en materia ambiental y aumenta la penas y multas que estaban contempladas desde el 2000. Sin embargo, se requiere preparar el aparato judicial local para que pueda responder ante este tipo de delitos.

“El problema no son los campesinos, ellos pueden beneficiarse de manera secundaria, pero no tienen los recursos para destruir las miles de hectáreas que se talan actualmente”, agrega Fagua y explica que en los parques donde hay resguardos indígenas y comunidades afrodescendientes, el impacto por deforestación y otras afectaciones es mucho menor.

Durante la reciente Cumbre Climática COP26, desarrollada en Glasgow, Escocia, más de un centenar de líderes mundiales se comprometieron a acabar con la deforestación para el 2030. Para esto se recolectaron 19.000 millones de dólares para proteger y replantar los árboles que han sido talados.

Los parques y la hoja de coca en Colombia

Otra problemática que afecta a los Parques Nacionales Naturales son los cultivos de coca, pues para establecer estas plantaciones también se deben deforestar las especies naturales. Pero la afectación no es solo ambiental, ya que este tipo de economías traen consigo actores armados, conflictos sociales y violencia.

Hay quince parques con presencia de este tipo de cultivos de uso ilícito. Los más afectados por cultivos de coca son La Macarena, con 1.840 hectáreas, Paramillo -1.786-, Nukak -1.375- y Catatumbo -872-, indica el informe.

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Fagua sostiene que se debe cambiar la visión sobre el consumo de cocaína y de todas las implicaciones que este tiene a nivel ambiental en materia de deforestación. “Cuando alguien consume esta sustancia, no solo está aspirando cocaína; al menos una hectárea de árboles fue talada y eso implica muerte y desplazamiento de pájaros, mamíferos, plantas, orquídeas, además de todos los conflictos sociales que vienen detrás.” afirma.

“Más allá de pensar en una solución militar, hace falta más presencia estatal en los parques con cultivos ilícitos”, Giovanny Fagua

Una figura que, a pesar de todo, funciona

Si bien la principal función de los parques nacionales naturales es conservar la biodiversidad en un país megadiverso, la declaración de este tipo de zonas termina beneficiando lo cultural, lo productivo y lo económico.

“Una función que parece no estar tan clara es la gran cantidad de servicios ecosistémicos que prestan. Tal vez no se tiene muy en cuenta que las zonas de los cultivos agroindustriales -o de ganadería del sur de Bolívar y Cesar- deben su productividad al agua que baja de la Sierra Nevada de Santa Marta-en donde queda el Parque Tayrona-; o por ejemplo, el impacto de los Farallones de Cali o el Parque Munchique sobre áreas tan productivas de caña en el Cauca y Valle del Cauca”, argumenta Andrea León, coordinadora de indicadores de Parques Cómo Vamos.

“Aunque algunos de los parques tienen procesos de intervención humana”, interviene Giovanny Fagua, “sí han garantizado bastante bien la protección de los ecosistemas y las especies”, y de paso, explica Andrea León, “son territorio de algunas comunidades indígenas y afrodescendientes. Esto es muy importante si se tiene en cuenta que en Colombia habitan casi dos millones de personas pertenecientes a 115 pueblos indígenas nativos”.

Otros datos que arrojó la investigación

El sistema de parques nacionales conserva el 64.5 % de los ecosistemas del país, entre ellos bosques y humedales que son fundamentales para la regulación del ciclo del agua y el almacenamiento de carbono, esto los convierte en una herramienta fundamental para reducir los impactos del cambio climático.

Sin embargo, dichos ambientes naturales también se ven amenazados por conflictos sociales. Parques como Catatumbo Bari, Paramillo, Tinigua, Macarena o Sierra Nevada de Santa Marta presentan altos niveles de deforestación, cultivos de coca y hechos de violencia en su interior o su entorno más cercano.

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Advierte el estudio que la brecha social e inequidad del país también es evidente dentro de estas zonas de protección. El 63 % de sus habitantes vive en la pobreza (medida en ingresos) y la pobreza multidimensional (que incluye mediciones de acceso a salud, educación, trabajo y servicios públicos) llega al 51,4 %.

“45 de los 59 parques del país tienen ecosistemas con algún tipo de amenaza, siendo los de la región Caribe los más afectados”, informe Parques Naturales Cómo Vamos.

Conocer para proteger

Tanto Giovanny Fagua como Andrea León coinciden en que una de las mayores amenazas para los parques es el desconocimiento de su valor real y del potencial de la biodiversidad que protegen. Además, piden que se sigan creando más parques en el país y que se aumente su presupuesto.

“Muchas veces en estas zonas y sus alrededores la única presencia que hace el Estado es a partir de los guardaparques. Parques Nacionales Naturales de Colombia, como entidad, es muchas veces la única representación del Estado. Reconocemos que ellos hacen muchísimo con muy pocos recursos”, afirma la profesora León y de la misma forma hace un llamado para que el Estado proteja lo que serán algunos de los bastiones más importantes en la lucha contra los efectos del cambio climático.

Por su parte, Fagua expone que “falta mucha investigación. No se sabe qué especies endémicas están en ellos ni el número. Los parques funcionan dentro de sus limitaciones administrativas y de presupuesto para mantener el área de la mejor forma posible, pero hacen falta recursos y sobre todo, investigación”.

Para León, este es el momento de la historia para estar alertas sobre la conservación de los parques. “Con este informe queremos dar a conocer todo lo que tiene el país en materia de biodiversidad dentro de los Parques Nacionales Naturales y hacer ver que así yo esté en una ciudad como Bogotá y que pareciera que no tengo ninguna relación con ellos, el agua que uso todos los días depende del nivel de cuidado de Chingaza o Sumapaz”.

Los investigadores finalizan haciendo un llamado para crear zonas de protección en regiones que tienen grandes vacíos de Parques Nacionales, especialmente en la Orinoquía o en La Mojana, cerca del nudo del Paramillo. “Aunque estos lugares están protegidos por otras zonas de manejo, sí creemos que deberían estar representados dentro del sistema de Parques Nacionales Naturales”, concluye León.
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Puede leer el informe completo aquí