¡A la mar!

¡A la mar!


Fue interesante el primer día a bordo. Somos en total 50 personas, 23 marineros y 27 investigadores, entre los cuales hay 45 italianos, dos alemanes, un croata, un británico y una colombiana. Somos cinco mujeres: cuatro investigadoras y la doctora. Conocí la tripulación, todos son muy amables, sin embargo, la mayoría se comunica en italiano y aunque yo empecé a estudiarlo hace un mes por internet, mi nivel no es muy alto; no me fluyen las palabras y sigo prestando mucha atención para lograr entender lo que dicen. No es fácil, pero afortunadamente es un idioma que se parece un poco al español, por lo cual entiendo un 50% aproximadamente. Además, hay un investigador que habla muy bien español y varios que hablan inglés.

Nos reunimos con el capitán, que explicó cosas generales de la convivencia abordo como la limpieza de las cabinas (habitaciones), las horas de las comidas, la temperatura que vamos a tener en unos días (que puede oscilar entre -10 a -20 ºC). El primer oficial nos habló de qué hacer en caso de emergencia, el traje de protección que debemos usar si queremos salir a cubierta y nos hizo un recorrido por el barco para familiarizarnos con nuestro nuevo hogar. Nos lleva a la lavandería, la cocina, el comedor, el puente de mando, nos muestra las dos bicicletas en las que podemos hacer ejercicio y los dos únicos computadores que tienen internet. Sin embargo, hay que esperar entre uno o dos días para poder zarpar porque se aproxima una tormenta.

Comedor del buque Laura Bassi
Comedor del buque Laura Bassi

Finalmente zarpamos a las 2:00 a.m. del 6 de enero. A las 6:30 a.m., desperté y me arreglé para salir a desayunar, pero literalmente el cuerpo no me respondía. El mar del Pacífico Sur nos dio la bienvenida con olas de entre cinco y seis metros de altura, todo se movía de un lado para otro, las cosas que tenía en el escritorio se fueron al suelo. Y yo solo pude quedarme acostada, tratando de controlar la sensación de mareo y náuseas que se apoderaba de mí. Luego de estar cinco horas dormida, me levanté y fui a la cocina para tomar una bebida caliente y comer unas galletas. Lo logré, pero inmediatamente tuve que volver a mi habitación a acostarme de nuevo.

Pasaron dos días hasta que el mar se calmó un poco, y en medio de todo, lo que me hizo sentir bien, fue que no fui la única en esa situación. Creo que el 99% de la tripulación de investigadores pasó por lo mismo, incluso algunos la pasaron peor. Varios tomaron la decisión de tomar pastillas para el mareo o colocarse parches en el cuello para aliviar los síntomas. A mí me gusta más la idea de que el cuerpo se adapte y dejo que así suceda.

Así hemos navegado con rumbo a la Antártica. Hace un par de días vi mi primer iceberg, el primero de la expedición, lo cual fue muy emocionante pues es realmente impactante ver una masa de hielo tan grande flotando a la deriva en el océano. También hemos visto grupos de pedazos de hielo flotando muy cerca del barco.

Además, he tenido la oportunidad de ver varios animales de los que les hablaré en la próxima columna.

>> Siga aquí la aventura.

Primer iceberg de la expedición
Primer iceberg de la expedición

* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

De la decisión de estudiar biología a una expedición a la Antártida

De la decisión de estudiar biología a una expedición a la Antártida

Como ya todos deben saber, escogí estudiar biología. Creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, la verdad no me veo haciendo otra cosa en estos momentos. Esta importante decisión la tomé cuando estaba en bachillerato cursando once. Nos proyectaron un video sobre el mar e inmediatamente sentí fascinación por ese mundo y simplemente quería estar montada en un barco, viendo el mar, estudiando delfines y ballenas; buceando, observando los corales, peces y demás animales que allí habitan.

Gracias al esfuerzo de mis padres entré a una de las mejores universidades que tiene Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana. Allí cursé la Carrera de Biología y tan pronto la inicié, se me abrió un mundo de posibilidades. En ese momento no sabía que la biología era tan diversa y tenía tantos campos. Aprendí de bioquímica, de genética, de artrópodos (insectos, arañas, miriápodos), de mamíferos, de peces, de invertebrados marinos (corales, esponjas, caracoles), de plantas, de aves, en fin, hay muchas opciones para escoger.

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Delphinus delphis es el nombre científico de los delfines comunes que habitan en Chocó. Foto: Nohelia Farías Curtidor – Fundación Macuáticos.

 

Una de las cosas que más me gustó fueron las salidas de campo, el contacto directo con cada uno de esos seres y sus mundos. Por nombrar, quedé fascinada con las salidas de campo al Amazonas (artrópodos), a Barú (invertebrados y plantas marinas), a San Andrés (ecología marina), al Meta (vertebrados). Son experiencias realmente enriquecedoras donde se aprende más que en el salón de clases.

Gracias a mi carrera he logrado trabajar con lo que me enamoró de la biología desde un principio, llevo 12 años explorando a los mamíferos marinos. Por ejemplo, con manatíes (Trichechus manatus) en el Caribe; con delfines, como los delfines comunes (Delphinus delphis) en el Chocó; con ballenas, como la jorobada (Megaptera novaeangliae), también en ese departamento. Además, he estudiado tortugas, aves y peces que son otros grupos que también despiertan mi interés.

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Nohelia ha estudiado a los manatíes del Caribe. El nombre científico de esta especie es Trichechus manatus. Foto: Nohelia Farías Curtidor.

 

Por mi trayectoria investigando estos animales fui invitada a participar en el Programa Antártico Colombiano, dentro del Programa de Investigación y Monitoreo de Mamíferos Marinos Antárticos. No muchas personas lo conocen, pero Colombia por medio de la Comisión Colombiana del Océano (CCO) ha desarrollado hasta la fecha cinco expediciones a la Antártica. Yo ahora me encuentro en la sexta expedición, durante el verano austral 2020.

Desde la primera expedición se conformó el Programa de Investigación y Monitoreo de Mamíferos Marinos Antárticos, el cual tiene como objetivo conocer en el corto, mediano y largo plazo la distribución y ecología de las especies de mamíferos marinos y su capacidad adaptativa ante eventos naturales y antrópicos (generados por el hombre), con miras a establecer y coordinar medidas de manejo y conservación a nivel local, nacional y regional.

Este año, la Armada de Colombia cambió el rumbo de la expedición a Hawaii, así que comencé a buscar otras opciones para seguir ampliando el conocimiento que se tiene de los mamíferos marinos en la Antártida. La CCO, a través de cooperación internacional con el Programa Antártico Italiano, gestionó un cupo para que yo pudiera estar a bordo de su buque científico, oceanográfico y rompehielos “Laura Bassi”. También, gracias al patrocinio de la Facultad de Ciencias de la Pontificia universidad Javeriana, ahora puedo hacer este sueño realidad. Lo que he recorrido hasta ahora ha sido una experiencia única e inolvidable, pues hasta la fecha, ningún colombiano había recorrido esta ruta para llegar a la Antártica estudiando mamíferos marinos.

Zarpamos tan solo hace tres días de Lyttelton (Nueva Zelanda), así que les estaré contando cómo avanza esta aventura y qué animales, paisajes y personas conoceré.

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Lo más destacado 2019: sector ambiente, siempre en la mira de la academia

Lo más destacado 2019: sector ambiente, siempre en la mira de la academia

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Los famosos especímenes que Pablo Escobar trajo de África para su zoológico privado a finales de los 80 son el origen de un problema enorme: convertidos en especies invasoras, amenazan el equilibrio ecológico y la vida de los pobladores del Magdalena Medio. Científicos y autoridades discuten la mejor salida posible.

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Resolución sobre cuotas globales de pesca no promueve el ‘aleteo’ dice experto en tiburones

Fabio Gómez-Delgado, investigador del departamento de biología de la Pontificia Universidad Javeriana y experto en tiburones, despeja varias de las dudas relacionadas con la nueva directriz del Ministerio de Agricultura (suspendida parcialmente en diciembre) sobre la pesca de diferentes especies marinas.

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Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Veredictos sobre recientes eventos sísmicos, los materiales de construcción de la presa, la estabilidad del macizo rocoso y las frecuentes lluvias, son los rumores vagamente fundamentados que circulan de la megaobra sobre el río Cauca. Expertos en el tema analizan esta delicada crisis, para dar con argumentos sólidos desde la academia.

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Viaje al otro lado del mundo

Viaje al otro lado del mundo

Observando la magnífica vista de la Península de Otago, en Dunedin (Nueva Zelanda), sintiendo el viento en mi rostro, oliendo el mar y dejando que mis pensamientos vuelen al ritmo del hermoso canto de un ave que nunca había escuchado antes, me siento realmente afortunada y agradecida. Respiro profundo y una vez más, la vida me deja ver lo feliz que soy, pues, a diferencia de muchas personas, tengo la dicha de hacer lo que amo.

Recuerdo como la vida me ha traído, llevado, subido y bajado; y como todas las decisiones que tomé se resumen en este mismo instante. Entre esas elecciones, una de ellas tiene que ver con qué estudiar, qué hacer, a qué dedicarse por el resto de la vida. No es nada fácil, pero la mayoría de las veces se debe hacer a corta edad, cuando aún se es muy joven, cuando apenas se termina el bachillerato y todavía no se tiene la madurez suficiente, en la mayoría de los casos, para encontrar esta respuesta.

Mi carrera me ha llevado a lugares maravillosos, hermosos, exuberantes, prístinos, bonitos, maltratados, olvidados, en fin, muchos y diferentes todos. Pero el lugar desde donde escribo estas palabras es diverso y majestuoso. Llegué hace unos días a Nueva Zelanda y ya estoy totalmente enamorada de este país.

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Pingüinos azules (Eudyptula minor), la especie de pingüino más pequeña del mundo. Foto: https://www.penguins.co.nz

He tenido la oportunidad de visitar una colonia de pingüinos azules (Eudyptula minor), la especie de pingüino más pequeña del mundo, llegando a medir alrededor de 30 cm y a pesar 1 kg. Verlos nadando hacia la costa, caminando sobre las rocas y entrando a tierra, justo cuando está empezando el atardecer, es realmente conmovedor. Son pequeñitos y se mueven todos en un solo grupo a la vez.

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Milford fiord. Foto: Nohelia Farías Curtidor.

También estuve en Fiordland, o la tierra de los fiordos, en un pueblo de la costa Suroccidental llamado Te Anau. Allí visité una cueva muy especial, en la cual habitan unas criaturas bastante interesantes. El solo hecho de entrar en ella, es entrar a otro mundo.

De la cueva sale agua cristalina, hay que agacharse en varios tramos para lograr entrar y a mitad de recorrido se encuentra una cascada de más o menos cinco metros de altura, su sonido retumba en las paredes y su majestuosidad le quita el aliento a cualquiera.

Luego nos subimos en un bote en la oscuridad y empezamos a ver luces azules que brillan en el techo de la cueva. Parece que estuviera viendo el cielo muy cerca de mi y con cientos de estrellas alrededor; es en realidad uno de los espectáculos de la naturaleza más hermosos que haya visto.

Larvas del mosquito (Arachnocampa luminosa). Foto: David Bracegirdle.
Larvas del mosquito (Arachnocampa luminosa). Foto: David Bracegirdle.

En el techo de esta cueva, vive la larva de un mosquito (Arachnocampa luminosa), que se distribuye en Nueva Zelanda y Australia. Esta larva produce una bioluminiscencia azul-verdosa para llamar la atención de sus presas, como insectos pequeños. La bioluminiscencia es un proceso químico, por medio del cual, con ayuda de la enzima luciferasa, algunos organismos vivos pueden producir luz. En esta cueva viven cientos de estas larvas y cada verano están en este lugar para alimentarse, crecer y hacer la metamorfosis a mosquitos.

Ya deben saber qué carrera escogí, pero si aún tienen dudas, en la siguiente columna se las resuelvo, y también les contaré qué estoy haciendo en Nueva Zelanda y cuál es mi próximo destino.

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Cuando los bosques se fragmentan, los animales tienen dos alternativas: adaptarse o morir

Cuando los bosques se fragmentan, los animales tienen dos alternativas: adaptarse o morir

Como los mexicanos saben que su territorio se mueve, están preparados para evacuar edificios y ponerse fuera de peligro en el menor tiempo posible. No pasa lo mismo con los ciudadanos de otras ciudades donde nunca tiembla; y el día que ocurre un sismo, muy probablemente se genera caos porque no saben cómo actuar.

Un reciente artículo publicado en la revista Science encontró que con los animales sucede algo similar: aquellos que viven en bosques con climas de estaciones, en Estados Unidos por ejemplo, están acostumbrados a los incendios de California o a los huracanes de la costa este y han desarrollado formas de adaptarse a este tipo de eventos puntuales que ocurren con cierta frecuencia.

Los ecólogos los llaman ‘regímenes de disturbio’, y los animales que viven en ambientes con estos regímenes tienden a adaptarse mejor a la transformación actual de los bosques por acciones humanas. En cambio en los trópicos, en Colombia por ejemplo, los grandes disturbios naturales no son tan sistemáticos por lo que los animales silvestres viven en ambientes históricamente más estables, y cualquier cambio en su hábitat los toma por sorpresa. Difícilmente se adaptan a los ambientes creados por el ser humano y lo que sucede es que fácilmente entran en la categoría de especies amenazadas o en vía de extinción.

Luego de analizar 73 bases de datos de estudios de campo en ecosistemas transformados, en las que están descritas 4.489 especies animales –artrópodos, aves, reptiles, anfibios, y mamíferos–, los investigadores concluyeron que mientras más cerca esté un bosque a la línea ecuatorial su fauna silvestre sufre seis veces más los cambios en su hábitat, y por tanto no tienen capacidad de reaccionar ante el rápido crecimiento de la frontera agrícola.

Jaguar 2 foto por Giovanny Pulido

El jaguar, el felino más grande que habita en América. Fotos: Giovanny Pulido

“Debemos comenzar a reconocer que el bosque tropical no solo es increíblemente diverso en especies, sino que las especies encontradas allí son más sensibles a la fragmentación de los bosques que en las zonas templadas”, enfatizó Matthew Betts, del Departamento de Ecosistemas Boscosos y Sociedad, en la Universidad del Estado de Oregon, Estados Unidos, y coautor del estudio.

Este resultado confirma una teoría planteada hace unas décadas pero que no había sido suficientemente trabajada: “La hipótesis de filtro de extinción predice que las especies de bosque que han evolucionado en entornos de regímenes de disturbio muy fuertes, claramente son muy resilientes porque tienen una gran capacidad de adaptación, en términos de reproducción o de tolerancia a condiciones extremas de temperatura o precipitación”, explicó el profesor investigador Nicolás Urbina-Cardona, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana y coautor del estudio.

Se trata de una mirada histórica. En el caso colombiano, por ejemplo, “los pulsos de deforestación más grandes se están dando en los últimos 70 años”, y en ese tiempo “es imposible que se adapten las especies”. La deforestación actúa como una perturbación de origen humano que altera profundamente cualquier ‘régimen de disturbio’ en un ecosistema.

La fauna de los bosques y sus procesos de adaptación
La hipótesis de filtro de extinción también confirma que los rasgos ecológicos, como el tamaño del animal, si vuela o camina, su modo reproductivo o sus hábitos de supervivencia determinan la forma como las especies responden a un fenómeno que se denomina los ‘efectos de borde’, que en últimas definen las capacidades de los animales para adaptarse o morir en un bosque nativo que ha sido deforestado.

El efecto de borde sucede cuando llega la motosierra o la retroexcavadora y en pocas horas convierte parte del bosque nativo en potrero. El borde es el límite entre uno y otro. El animal lo atraviesa y se adapta a este paisaje transformado, o no lo hace y muere. “Hay especies que les encanta el potrero, y hay otras que les gusta el borde pero siguen usando el bosque”, continúa Urbina. “Usan el mejor de los dos mundos: viven en el bosque pero se reproducen en el potrero”.

En realidad, a los 39 autores de la investigación les preocupan más los animales que pertenecen a especies núcleo, aquellas que viven en lo más profundo del bosque, en condiciones muy estables de humedad relativa y de temperatura, ausencia de viento y muy poca luz. Esas son las que difícilmente se adaptan, buscan refugiarse todavía en lo más lejano al borde, pero ese borde cada vez reduce más su espacio. “Y resulta que la gran mayoría de los bosques del planeta están a 500 metros de cualquier borde”, dice Urbina.

En ambientes templados los autores del artículo de Science, provenientes de Bélgica, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, México, Nueva Zelanda, Reino Unido, Singapur y Suiza, estudiaron bosques de coníferas principalmente y en los ambientes tropicales las selvas húmedas tropicales y el bosque seco tropical.

Debido a la agricultura y la ganadería, en Colombia se ha perdido el 92% de la cobertura original de bosque seco tropical. En estos ecosistemas tropicales, muchos de los animales pueden haber desaparecido en respuesta a la pérdida de su hábitat.

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Un mensaje para los tomadores de decisión
Por diferentes factores, la mayoría de origen humano, los bosques se fragmentan y cuando esto sucede las especies que forman parte de la biodiversidad del planeta sufren de una u otra forma. Urbina resume así las recomendaciones de la investigación:

La construcción de carreteras genera ruptura del hábitat. “Hay animales silvestres que solo por la textura, el reflejo y el albedo en temperatura del pavimento, evitan cruzar la carretera, lo que genera una separación de las poblaciones. Otras especies, como las lagartijas y las tortugas, que no regulan internamente su temperatura, se ven atraídas por la carretera por ser más calientica que el bosque y allí mueren atropelladas”.

La conservación de los bosques nativos es clave, sin importar el tamaño. “Todos los fragmentos de bosque, por pequeños que sean, son importantes. Así, las figuras como las Reservas de la Sociedad Civil, o esquemas de conservación desde el ecoturismo, o los pagos por servicios ecosistémicos por la sociedad son importantes”.

Las especies núcleo son las más vulnerables. “Las especies de áreas núcleo de los bosques no van a migrar, incluso si se les pone un corredor biológico. Su destino, incluso en escenarios de cambio climático, depende de lo que suceda en el bosque. Es necesario entonces manejar adecuadamente los bordes, evitar la entrada del ganado, controlar incendios e implementar acciones de restauración ecológica para mejorar la calidad del bosque.

Las especies de borde pueden ir de un lado para otro. “Para las especies de borde si les deberíamos dar la oportunidad de migrar incluso altitudinalmente en escenarios de cambio climático. Podemos tener elementos como el manejo de las fincas, cercas vivas, árboles nativos que estén inmersos en los potreros para que cumplan un papel de trampolines para cambiar de sitios, hacer cumplir la ley que obliga a respetar los 30 metros alrededor de un cuerpo de agua, para tener una gran cantidad de corredores”.

Betts, en respuesta a PESQUISA JAVERIANA concluyó: “La responsabilidad de la conservación no solo recae en los países tropicales, sino también en los países templados que se benefician de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que brindan estos bosques”.

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

Según datos oficiales del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en 2018 Colombia perdió 197.159 hectáreas de bosque por actividades de deforestación. En concordancia con estas cifras y con el permanente llamado de alerta que hacen diferentes líderes ambientales a nivel mundial, en el país empiezan a salir propuestas científicas para hacer uso sostenible de sus suelos.

Un nuevo estudio realizado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisajes (WSL) y la participación de la Pontificia Universidad Javeriana, publicado este miércoles por la revista Science Advances, demuestra que la conversión de grandes territorios de potreros de ganadería de baja productividad en plantaciones de palma de aceite puede ser neutral en términos de emisiones de carbono. Este estudio hace parte del proyecto OPAL (Oil Palm Adaptive Landscapes), financiado por el Fondo Suizo de Investigaciones, en el que participan investigadores de Suiza, Indonesia, Camerún y Colombia.

Juan Carlos Quezada, estudiante de doctorado del Laboratorio de Sistemas Ecológicos (ECOS) de EPFL y autor principal del estudio, y Andrés Etter, profesor de la facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana y co-investigador del proyecto, afirman que este estudio ejecutado en los Llanos Orientales muestra a los principales países productores de aceite de palma que tienen grandes áreas de transformadas en pastizales para ganadería, que estos podrían convertirse favorablemente a cultivos como la palma de aceite, lo cual limitaría la pérdida masiva de carbono resultante de la deforestación y sería una alternativa para proteger los bosques tropicales.

Cabe tener en cuenta que la producción de aceite de palma ha sido criticada por los ambientalistas debido a su gran huella de carbono y su impacto negativo en la biodiversidad. Por ejemplo, la expansión de la palma de aceite en Indonesia y Malasia, los dos productores más grandes del mundo, ha causado directa o indirectamente pérdida de millones de hectáreas de bosques tropicales, reduciendo así la flora y fauna y liberando cantidades significativas de CO2 a la atmósfera.

El estudio

Para el investigador Quezada, una de las claves de éxito de su trabajo es que se ha demostrado con datos de campo que la transformación de pasturas a cultivos de palma de aceite que ocurre en los Llanos Orientales de Colombia es mucho más sostenible en emisiones de carbono comparada con la realidad que se presenta en el sudeste asiático, donde la conversión se da en el bosque primario tropical  y genera altos impactos ambientales por destrucción de la biodiversidad y emisiones de carbono como consecuencia de la deforestación.

Una de las características de los pastizales, especialmente aquellos mal manejados y degradados, es que reúnen grandes áreas de pastos con pocos árboles dispersos. Al plantar cultivos densos de palma de aceite que pueden alcanzar hasta 15 metros de altura, se incrementa la tasa de captura de carbono por unidad de superficie, gracias a las raíces, troncos y hojas de las palmeras, así como a la vegetación que los rodea.

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“Nuestro estudio tiene mucha importancia porque hemos logrado encontrar plantaciones de palma de aceite de 56 años que derivaron de pasturas en el Piedemonte Llanero. Esto es bastante novedoso en materia de investigación de la palma ya que la mayor parte de los estudios analizan los efectos durante un ciclo que son 25 o 30 años dependiendo del manejo, mientras que nosotros en los Llanos tuvimos la oportunidad de encontrar plantaciones que van terminando su segundo ciclo”, afirma el experto.

Otro aspecto importante para tener en cuenta es la profundidad del muestreo. Para el científico en mención, la toma de muestras se realizó a una profundidad de 50 centímetros en el suelo mientras que la mayor parte de las investigaciones solo analizan los primeros 20 centímetros de profundidad. “Hemos visto que a nivel del subsuelo hay un cambio importante en la dinámica del carbono y en el largo plazo, cuando hicimos los cálculos a nivel del ecosistema, evidenciamos que no hubo pérdidas de carbono. Esto es ampliamente beneficioso comparado con lo que pasa en los países donde más se produce palma de aceite, ya que no se incurre en esa deuda de carbono que llega a ser hasta de 180 toneladas por hectárea”, especifica Quezada.

Andrés Etter, co-investigador del estudio, resalta que esta es la primera vez que se hace un estudio tan exhaustivo, donde se toma en cuenta más de un ciclo de cultivo de la palma. Esto permite tener una visión mucho más completa de qué es lo que realmente pasa con las reservas de carbono aéreo y subterráneo en el agroecosistema palmero.

Cuando se le pregunta al profesor de la Javeriana por el impacto sobre la biodiversidad de las zonas, es categórico en responder que por ser áreas previamente transformadas y en parte degradadas donde no se están reemplazando bosques nativos o sabanas, la afectación de la flora y la fauna es menor.

Juan Carlos Quezada finaliza explicando que “en nuestro estudio se tomaron datos de campo y demostramos que el cambio de uso de tierra en Colombia (cuarto productor mundial de aceite de palma) es diferente al del sudeste asiático y esto le puede permitir al país y a otros con situaciones similares aprovechar esa ventaja competitiva debido a que en los países consumidores ubicados en Norteamérica y Europa existe una preocupación permanente por la deforestación que se genera en los principales estados productores”.

Lea también: Palma de aceite y sostenibilidad: enemigos mediáticos

Resolución sobre cuotas globales de pesca no promueve el ‘aleteo’ dice experto en tiburones

Resolución sobre cuotas globales de pesca no promueve el ‘aleteo’ dice experto en tiburones

Las imágenes de tiburones y los llamados de atención para que se protejan inundaron las redes sociales y los espacios de los medios de comunicación, debido a la expedición de la Resolución 350 del 25 de octubre de 2019 por parte del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que establece las cuotas globales de pesca para el año 2020, entre ellos los tiburones sedosos.

Aunque desde 2017 se prohíbe la pesca de estos animales en aguas colombianas, hay muchas amenazas para esta especie. Una de ellas es el mercado asiático ya que sus aletas son muy apetecidas en ese continente.

Por eso expertos, ambientalistas, organizaciones no gubernamentales, instituciones públicas y ciudadanos han expuesto sus argumentos a favor y en contra sobre esta resolución (de la cual el Ministerio de Agricultura hará algunas precisiones en los próximos días). Por tal motivo dialogamos con el profesor Fabio Gómez, del departamento de biología de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desde hace más de 10 años investiga sobre tiburones, ofrece a los lectores de Pesquisa Javeriana su propia interpretación sobre la norma que ha causado tanto revuelo.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es su opinión con relación a la resolución 350 del 25 de octubre de 2019 sobre las cuotas globales de pesca para el año 2020?

Fabio Gómez: Lo primero que tengo que aclarar es que todo este revuelo se suscita por una versión amarillista de la noticia. No es que esta resolución esté permitiendo la pesca de tiburón, lo que está haciendo es regular la pesca sobre la base de lo que ya está estipulado en normas anteriores. En 2017 salió lo que nosotros llamamos la ‘Ley del aleteo’, que prohíbe la pesca de tiburón en territorio nacional (los tiburones y las rayas están protegidos por esta norma). Sin embargo, es importante reconocer que hay una pesca incidental que es imposible de evitar: cuando un barco hace pesca industrial o un pescador artesanal lanza una red no puede evitar que se capturen tiburones. Cuando se saca la red y se sube al barco pueden salir tiburones que llegan moribundos o muertos con la pesca objetivo. Por eso la norma estableció que para garantizar que no se haga el aleteo (entendido como el corte de las aletas y el desecho del resto del cuerpo) hay una cuota de pesca incidental equivalente al 35% de la pesca total. Adicionalmente existe una cuota de pesca artesanal dirigida en Colombia. En un trabajo que hicimos entre todas las personas e instituciones que trabajamos con tiburones en el país, publicamos un libro de aportes al conocimiento de la biología de las diferentes especies de tiburones en Colombia, en el que hicimos visibles nueve puntos del Caribe colombiano donde existe la pesca dirigida como parte de la seguridad alimentaria de estas comunidades, por eso hay una salvedad en dicha norma: estas comunidades que tienen al tiburón como parte de su seguridad alimentaria, también son reguladas con esta reglamentación, quedando incluidas en la cuota máxima de captura. En realidad, con esta nueva resolución se establece la forma regulatoria para la pesca en 2020, lo cual debe hacer todos los años la Autoridad Nacional de Pesca (Aunap) y los ministerios de Agricultura y Ambiente, solo así se puede mantener regulada la actividad y evitar la captura excesiva de tiburones y otras especies. Esta es una norma regulatoria, no permisiva.

Profesor Fabio Gómez

PJ: ¿Esto quiere decir que está de acuerdo con las aclaraciones que hace el Ministerio de Agricultura con respecto a esta resolución?

FG: Exacto. De hecho, en la resolución 0744 del 9 octubre de 2012 se prohíbe la pesca dirigida en el territorio nacional, la resolución 0375 del 17 de abril de 2013 prohíbe el aleteo y en 2017 salió una nueva norma unificadora de las anteriores. Esta nueva directriz garantizó que se entendiera muy bien cómo debe llegar a puerto el tiburón producto de la captura incidental. En esencia, el animal no se puede “aletear”; tiene que llegar con sus aletas adheridas naturalmente al cuerpo. Se pueden hacer cortes parciales para que se puedan doblar las aletas y así se puedan guardar en las bodegas de los barcos. De esta manera se favorece la pesca objetivo: si un barco pesquero tiene, ejemplo, 10 toneladas de atún, no puede ocupar demasiado espacio con pesca incidental como el tiburón. Es claro que se estableció la prohibición de pesca de tiburones y rayas desde 2012 y 2017.

 

PJ: ¿Qué valor tiene la aleta de los tiburones?

FG: Como la norma establece que no se puede “aletear”, el tiburón tiene que llegar completo a puerto. Eso permite garantizar un aprovechamiento total del individuo. Si lo miramos a nivel mundial el interés principal que tienen los tiburones es su aleta: en diferentes países asiáticos se vende la sopa de aleta de tiburón a precios muy altos. Queda claro, entonces, que en esas 125 toneladas de tiburón que establece la resolución 350 del 25 de octubre de 2019 están incluidas las 5,2 toneladas de aleta. Éstas no son adicionales. Así se obliga a consumir la totalidad del animal. Con esto quiero decir que no se está promoviendo el ‘aleteo’.

 

PJ: ¿Se pone en riesgo la subsistencia del tiburón sedoso o sí se puede hablar de aprovechamiento sostenible de esta especie?

FG: La norma establece qué especies son susceptibles de aprovechar, lo cual se describe incluso con sus nombres científicos, para garantizar que no haya equivocaciones en ningún sentido. De estas especies establecidas en el decreto, algunas se encuentran en el apéndice II del CITES, y son las especies que usualmente hacen parte de la pesca incidental y que es necesario regular su comercio para evitar que lleguen a niveles de peligro de extinción. Esto quiere decir que las especies que no están en los listados quedan potencialmente utilizables bajo la idea de la pesca incidental y pueden ser aprovechables para la seguridad alimentaria de los pescadores artesanales. Pero también hay que recordar que hay otras estrategias, además de estas resoluciones, que buscan proteger a los tiburones: los Parques Nacionales ubicados en las costas y las Áreas Marinas Protegidas (AMP) como Corales del Rosario, el Plan de Acción Nacional (PAN Tiburones) que da a conocer la biología, la ecología y el aprovechamiento de estas especies para garantizar un proceso real de conservación y es un instrumento de política sobre el recurso tiburón.

 

PJ: ¿Se tienen identificadas las comunidades que se benefician de esta pesca para su alimentación y el aprovechamiento de los subproductos?

FG: Sí. Ya establecimos para el Caribe colombiano en qué zonas se hace pesca de tiburón. También hay otras zonas no identificadas en ese listado donde el pescador sale a hacer su faena y en su red puede salir un tiburón, el cual también se aprovecha. Si miramos esos valores, no son altos. Por eso, las cuotas establecidas obedecen a promedios históricos y el aprovechamiento que las comunidades le están dando a estos tiburones es completo, sin aleteo, es un recurso bien aprovechado que provee de alimento a innumerables familias que dependen de este. Se consume su carne, se aprovecha el hígado para extraer su aceite, se utilizan los dientes para hacer artesanías y se aprovecha hasta la piel para lijar botes de fibra.

 

PJ: Insistimos en la pregunta, ¿no se ponen en riesgo las especies que se mencionan en la resolución?

FG: Hablar de riesgo no es fácil en ese sentido porque uno de los problemas que tenemos en el país es el conocimiento de la biología y la ecología de todas las especies. Debemos hablar si en la pesca se están respetando las tallas mínimas de captura. Como es pesca incidental, estas tallas no son fáciles de regular. Sí se pueden estar capturando individuos por debajo de las tallas mínimas, sin embargo, se espera que los barcos pesqueros estén haciendo su actividad en zonas en donde habiten tiburones adultos y eso reduciría el riesgo. De igual manera en la pesca artesanal. Hay que tener claro que no se deben capturar hembras en épocas reproductivas. Deberíamos pensar que la norma se establece bajo el criterio de la conservación, aunque la dificultad radica en poder generar un registro completo porque la autoridad ambiental no tiene la capacidad operativa para tener personal en todos los lugares donde se hace pesca artesanal.

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PJ: ¿Son rigurosas las instituciones en materia de vigilancia y control?

FG: En términos generales sí, pero principalmente en los puertos de desembarco. Sabemos que en esas zonas de pesca industrial se está haciendo una revisión permanente de la pesca y allí se hacen los principales registros. A estos datos eventualmente se suman los que los investigadores obtenemos en territorios donde no hay presencia institucional por la limitante operativa. Así nosotros nos convertimos en un apoyo para la autoridad porque podemos compartirles la información.

 

PJ: Como investigador, y según su labor permanente, ¿a qué conclusión llega en sus trabajos con los tiburones?

FG: El tiburón tiene muchos problemas. Hay un riesgo alto y por eso trabajamos con fuerza para lograr que se expidiera la ley de prohibición de la pesca del tiburón. Son especies que se reproducen de manera lenta y con unas tasas de madurez sexual de largo plazo. Eso genera que su capacidad reproductiva sea baja comparada con la extracción y por lo tanto esto las pone en alto riesgo. Por eso vemos con beneplácito que se haya generado la norma de prohibición y que además se establezcan las cuotas. Eso nos da una voz de alivio frente a la conservación, aunque recalco que no es la única estrategia de conservación y que debemos generar otras más fuertes como el fortalecimiento de las áreas marinas protegidas y mejorar los procesos comunitarios para tener alternativas productivas y así disminuir la presión pesquera sobre el tiburón. Una opción que trabajamos en Isla Fuerte, en donde llevo a cabo mis investigaciones, es fomentar la pesca del pez león. Se podrían tener canales de comercialización de esta especie, lo que contribuye a disminuir la presión y la captura incidental de los tiburones. Necesitamos generar cadenas productivas de gran valor para los pescadores.

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Salta el polvo sobre la tierra, el agua se mueve turbulenta sobre un estanque y lo que pareciera ser una estampida se aproxima con fuerza. Son más de cuatro toneladas de carne y huesos galopando, es un animal rígido, de piel gruesa que viaja a 25 kilómetros por hora sobre el noroeste de Colombia. Se trata del hipopótamo Hippopotamus amphibius, uno de los cerca de 70 ejemplares que están sueltos en el Magdalena Medio y por el cual biólogos, comunidades de la región, ambientalistas y entidades gubernamentales están seriamente alarmados.

Este animal es una especie invasora que llegó a Colombia hacia los años 80, cuando Pablo Escobar trajo de África cuatro especímenes —una hembra y tres machos—. Aunque para ese momento su intención era recrear la fauna salvaje del continente africano en su hacienda ubicada en Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia, años más tarde y luego de la expropiación de sus bienes, leones, jirafas y los exóticos hipopótamos terminaron conformando el Parque Temático Hacienda Nápoles, un atractivo turístico que abrió sus puertas al público en 2007 como un recinto para la conservación de especies amenazadas y en peligro de extinción.

Sin embargo, desde 2006, las especulaciones sobre encuentros entre hipopótamos y la comunidad del suroriente de Antioquia, y su posible creciente reproducción, llamó la atención de los biólogos David Echeverri de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare –Cornare-, encargada de implementar políticas ambientales en la región; Elizabeth Anderson, codirectora del Departamento de la Tierra y el Ambiente, Instituto del Agua y el Ambiente en la Universidad Internacional de La Florida, y Germán Jiménez, docente  del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Según recuerda Jiménez, su primer acercamiento al tema ocurrió en 2015 cuando cruzó palabras con Anderson en un congreso de conservación en Bolivia. Allí descubrió que esta apasionada por la fauna salvaje estudiaba la misma especie que llegó a Colombia a finales de siglo XX desde el valle del Masái Mara, en África, debido a su latente riesgo de extinción. En la conversación, Anderson le comentó a Jiménez que esta no era su única preocupación ya que, producto de sus investigaciones con su colega Amanda Subalusky, encontraron que los hipopótamos eran unas máquinas demoledoras, unos voraces ingenieros de los ecosistemas que consumen más de 70 kilogramos de pasto al día para alimentarse. Aproximadamente, el 5% de su peso.

De este encuentro surgió la inquietud por recoger información sobre la biología, la ecología y las interacciones de los hipopótamos con los colombianos, y crear estrategias de conservación para el tratamiento de esta poderosa especie. Pasados algunos meses, Anderson volvió a comunicarse con Jiménez, esta vez para comunicarle excelentes noticias: National Geographic había decidido financiar su investigación —Introduced Hippos in Colombia: Consequences for Human and Natural Systems— junto con la participación de varios colegas más como Amanda Subalusky y Ana Rojas de la Universidad Internacional de La Florida;  Juan Felipe Reátiga y Laura Nova, egresados de la facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, y Sebastián García, de la Universidad de Antioquia.

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Las dimensiones del problema

Un viaje de 170 kilómetros en línea recta, 1.500 encuestas a comunidades y visitas a 10 localidades fue el resultado que dejó el recorrido de este equipo interdisciplinar entre Doradal, donde se ubica el Parque Temático Hacienda Nápoles, hasta Puerto Berrío en busca de evidencia histórica que diera cuenta de la presencia de los hipopótamos “prófugos”. La región es ambiente ideal para la supervivencia de estos voraces herbívoros por sus pozos, ríos y caños, temperaturas de 24 a 27 grados centígrados y una humedad relativa de más del 90%.

“La gente nos reportó hipopótamos que habían visto desde 2006 hasta 2016, fueron 10 años de registros históricos. Tomamos varios registros en total, de los cuales validamos 26 mediante fotografías, avistamientos, huellas y la relación con ambientes potencialmente propicios para estos animales”, afirma Germán Jiménez, quien también es miembro de la Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis) de la Javeriana.

Una vez procesada la información y validados los registros, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt contactó a los investigadores con una propuesta inesperada: trabajar mano a mano en el estudio de especies invasoras biológicas a través de la creación de un biomodelo que presentara la distribución del hipopótamo en Colombia; es decir, un sistema que permitiera graficar la ubicación estimada de estos animales para esta cuenca. Esta información también permitiría incluir los datos del visitante africano en la ficha Reporte del Estado y Tendencia de la Biodiversidad (RET 2018).

/ Cortesía.
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Los hallazgos

¡Enormes! De gran magnitud fueron los retos que los investigadores encontraron con el proyecto, ya que evidenciaron que la tendencia de reproducción de los hipopótamos ha ido en ascenso, según datos de Cornare, porque de los cuatro ejemplares iniciales que llegaron a la Hacienda Nápoles en 1980 actualmente hay 28; y de los cerca de 70 hipopótamos que están deambulando por los alrededores de la finca actualmente, se espera que para 2050 lleguen a una cifra de aproximadamente unos 400 animales más.

Así mismo, la vegetación aportó su cuota de vulnerabilidad con graves consecuencias como el daño a ecosistemas que producen estos animales con su fuerte pisoteo, la disminución de pastos respecto a su alto requerimiento alimenticio y la contaminación de afluentes que generan los hipopótamos durante sus periodos de apareamiento dado que expulsan altas cantidades de materia orgánica que luego esparcen con su cola a manera de ventilador, proceso también conocido como eutrofización.

“El desplazamiento de la fauna nativa es una consecuencia debido a que los hipopótamos van a estar ocupando un nicho que antes estaba reservado a las especies nativas, y dado que estos animales presentan mejores adaptaciones, los hace una especie supremamente tolerante y resistente a las condiciones ambientales de la región. Esto va a desplazar a otras poblaciones como el manatí del Magdalena Medio, la nutria, el chigüiro y el caimán”, explica Echeverry, de Cornare.

Con esto en mente y el latente riesgo al que estarían enfrentadas las poblaciones aledañas a Doradal al encontrarse con estos corpulentos y territoriales animales, urge la necesidad de buscar alternativas viables para su control, pues acuerdos internacionales como The Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora —CITES—, así como los riesgos biológicos restringen el regreso de los hipopótamos a su lugar de origen debido a la importancia de conservar su material genético en el territorio en el que nacen; alternativas como la castración química o física son altamente costosas, al alcanzar valores de más de 20 millones de pesos por animal, y poco eficientes pues los hipopótamos continuarían afectando la vegetación, y la posibilidad de hacer control poblacional ha sido un asunto altamente debatido tras el fallo de la Corte Constitucional de prohibir su caza en la sentencia C-283/14.

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Y ahora, ¿qué sigue?

El grupo de investigadores se prepara para recibir en diciembre la primera publicación de los resultados de su investigación en la revista Oryx (Cambridge University Press), artículo que podrá ser consultado con el título Potential Ecological and Socioeconomic Effects of a Novel Mega Herbivore Introduction: the Hippopotamus in Colombia.

Sin embargo, los investigadores buscan abordar una segunda fase del proyecto para determinar cuáles especies estarían siendo afectadas por la presencia de este pesado mamífero y trabajar con inteligencia artificial en la simulación de escenarios futuros de los hipopótamos en terreno colombiano, en caso de que ambientes ideales, similares a los de África en temperatura, humedad y pastos, les sigan facilitando la vida a estos animales.

“Toda esta investigación evidencia la necesidad de levantar una alerta nacional que motive a organizaciones y corporaciones a financiar esta investigación para mirar cómo detener el problema. Nosotros conocemos las herramientas, sabemos cómo potencialmente detener el movimiento de los hipopótamos y su crecimiento, pero necesitamos la información de base: dónde están y cuántos hay”, puntualiza Jiménez.

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

La verdadera identidad de una orquídea bicentenaria

Bastaron solo cinco miligramos de una orquídea bicentenaria para develar un secreto a voces: reportada como si hubiera sido recolectada por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en México hace 200 años, investigadores de diferentes disciplinas descifraron que su verdadera procedencia era los Andes colombianos. Hasta los mismos científicos mexicanos dudaban de ese registro original del botánico alemán Carl Kunth.

Esa pequeña muestra llegó al Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana hace unos años, luego de los trámites realizados personalmente en París por el genetista e historiador Alberto Gómez-Gutiérrez para conseguirla. Pero la iniciativa provino del padre Pedro Ortiz Valdivieso S.J. (QEPD), un orquidiólogo consumado y autor de varios libros sobre estas plantas, quien hacia 2008 se asomó por el Instituto y, según recuenta Gómez, le dijo: “Hay una orquídea que en las obras de Humboldt se reporta como colectada en México, pero eso es imposible; tuvo que haber sido colectada en los territorios hoy colombianos, en la Nueva Granada”.

Gómez, experto en Humboldt —acaba de publicar la colección de cinco volúmenes titulada Humboldtiana neogranadina—, era el indicado para visitar la colección de estos dos viajeros científicos de comienzos del siglo XIX que reposa en el herbario histórico del Museo de Historia Natural de París. Luego de explicar que tenía fines de investigación científica, los franceses aceptaron sacar del pequeño sobre del registro de la Oncidium ornithorhynchum unos fragmentos de la orquídea original, material seco y casi polvoriento, que prometieron enviar a Bogotá a la mayor brevedad, de acuerdo con un estricto protocolo.

Cuando llegó a sus manos, envuelta en sobre tras sobre, Gómez la puso en un tubo de ensayo con tal cuidado, como si fuera “un pedazo de kriptonita de otro planeta”, se ríe. La había esperado como se esperan las cartas de amor. Tenía en su laboratorio un ejemplar que había tenido Humboldt en sus manos.

Esa mínima fracción de material seco produjo el milagro de la ciencia moderna cuando sus estudiantes, las biólogas Teresa Rodríguez y Natalia Contreras, extrajeron, bajo su dirección y en experimentos sucesivos, el ADN de una muestra ¡de hace 200 años! El resultado, que tiene forma de algodón, se obtuvo con una técnica científica de laboratorio que se conoce como Reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), con la que se amplificaron aquellas regiones específicas que definen parentescos, y que eran de interés.

“Una vez se ha amplificado el ADN ya se pueden hacer comparaciones”, explicó Gómez. La comparación debía hacerse con material genético de un ejemplar vivo y fresco, a través de la secuencia de sus componentes –adenina, guanina, citosina y timina–. “Es como un collar de perlas de diferentes colores”, continúa; y para poder concluir que se trata de la misma planta, los dos collares deben ser idénticos: “Así se revela la identidad de dos especímenes, y se confirma que hacen parte de la misma familia, género o especie”.

¿Y dónde encontrar ese ejemplar vivo y fresco? Por aquellas cosas de la vida, luego de un par de infructuosas salidas de campo, encontraron la orquídea florecida a la entrada de un conjunto residencial de las colinas de Suba. “Fue algo mágico”, dice Gómez. Le tomó fotos, la colectó con Natalia Contreras y la compartió con el botánico Santiago Madriñán de la Universidad de los Andes. Al hacer el mismo proceso, encontraron “una identidad absoluta con la orquídea conservada en París, una cosa bellísima”.

Crédito
Ilustración de la especie Oncidium ornithorhynchum. /Editorial Javeriana


Los milagros de la genética

Desde su creación en 1980, el Instituto de Genética Humana, como su nombre lo indica, se ha dedicado a estudios principalmente de seres humanos contemporáneos, pero también sus científicos han trabajado con huesos y dientes precolombinos y momias de hasta 8.000 años de antigüedad. Han incursionado en animales y plantas actuales, y lo más antiguo que habían logrado en secuencias genéticas vegetales comparables de hoy en día era con especímenes recolectados hace 60 años.

Aunque no es fácil extraer ADN de un espécimen antiguo, Gómez explica que puede conservarse casi indefinidamente porque está protegido dentro de un caparazón, similar a la cáscara de un huevo. “Pero en tejidos tan frágiles como las plantas no era tan fácil aplicar el mismo protocolo que usamos en dientes y huesos”, explica. Además, porque después de 200 años difícilmente se conserva íntegro. “Se encuentran solo fragmentos, que afortunadamente coincidían con esas zonas que se utilizan para determinar el parentesco”.


Otras razones

La genética lo confirmó, pero las sospechas del Padre Ortiz aludían a otras razones, como los 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar donde crecen actualmente, las flores de color amarillo salpicadas de algunos puntos cafés y los meses del año en los que florece. También los estudios de Gómez sobre Humboldt, a quien ha seguido paso a paso en todas sus travesías por territorio de la Nueva Granada.

Entonces, ¿cómo resolver en dónde colectó el viajero alemán este especimen? “Hay que ir a lo que se llama el Journal Botanique, el diario botánico de Bonpland, quien era el que registraba cada colecta. El problema es que en esa época las orquídeas no tenían los nombres que tienen actualmente; ellos las llamaban generalmente epidendrum, que significa flor sobre árbol”. Tuvieron que ir descartando una a una: solo las amarillas; de ellas, solo las de esta altitud; y de ellas, las que florecen en determinados meses.

Humboldt pasó por Bogotá hacia el sur de la actual Colombia entre julio de 1801 y enero de 1802. “Ese es el marco del trayecto en donde tuvo que colectar la orquídea, y la época en la que florece”. El problema es que por México también pasaron por los mismos meses de 1803, pero la altura no coincide. “Aunque persistía la duda, nosotros pudimos resolver con la comparación propiamente genética”.

El trabajo salió publicado hace un mes en la revista científica TAXON de la Asociación Internacional para la Taxonomía de las Plantas, y para sus autores es la respuesta a una pregunta científica que corrige un error de asignación y de origen de una especie antigua a nivel internacional.

La investigación permitió formar estudiantes de pre y postgrado, aportó al conocimiento desde la botánica y desde la historia, “pero lo más práctico y novedoso es que con este artículo estamos publicando un método probado y validado para estudiar todas las plantas secas y antiguas de todos los herbarios, en todo el mundo”, concluye Gómez. Algo que Madriñán llama botánica forense.

Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Espécimen de Oncidium ornithorhynchum colectada por Humboldt y Bonpland entre septiembre de 1801 y enero 1802. /Cortesía
Un instituto para el agua

Un instituto para el agua

Conocer las consecuencias ecosistémicas de construir obras como Hidroituango, entender las dinámicas del agua en el rio Magdalena, analizar las implicaciones ambientales del fracturamiento hidráulico, o fracking, y aportar a la discusión sobre la implementación de macroproyectos como el canal de Dique en la región de la Mojana, al norte de Colombia, y la ampliación de la vía Santa Marta – Barranquilla, son algunos casos en los que, de ahora en adelante, el Instituto Javeriano del Agua (IJA) participará con sus aportes, conceptos y visiones tras su lanzamiento, el 30 de julio, en la Pontificia Universidad Javeriana.

De acuerdo con Nelson Obregón Neira, doctor en ciencias hidrológicas y su actual director, estos son algunos ejemplos que conforman los nuevos retos que asumirá el centro de pensamiento, pues, además de pensarse como un ente integrador, interdisciplinar y multisectorial, el IJA tiene el compromiso de generar, aplicar y transferir un conocimiento científico capaz de aportar al manejo racional de los recursos naturales, contribuir a los procesos de transformación social y de construcción de paz, y favorecer la solución de problemas en la gestión integral del agua en el país.

“La lucha por el agua y el problema de escasez no solo son asuntos de grandes ciudades como Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, sino también son problemas que hacen parte de la realidad colombiana”, reconoció Alexis Carabalí Angonla, profesor de la Universidad de La Guajira durante el lanzamiento del IJA, quien además puso de ejemplo a su departamento porque “en Rioacha, la mayoría de los pobladores, reciben el líquido una vez por semana, mientras que en ciudades como Maicao, Uribia y Maure, el suministro de agua no llega pues depende de los carrotanques que dan el servicio en una mezcla de inoperancia y corrupción por parte de los entes locales”.

El IJA trabajará en cuatro líneas base de investigación: gestión del recurso hídrico y sistemas socioecológicos; seguridad hídrica; el recurso hídrico, ecosistemas y biodiversidad, y el aprovechamiento, conservación e infraestructura sostenible del agua. Estas temáticas se articularán con experiencias provechosas de países referentes como Israel, el cual, a pesar de sostener una relación de supervivencia con el ambiente por cada gota de agua y rayo de sol que recibe, cuenta actualmente con un sistema de riego por goteo que permite cultivar en condiciones de sequía, así como asegurar el récord mundial de reciclaje de aguas residuales y la planta de desalinización más avanzada del mundo en Askelon, tal como lo resaltó Marco Sermoneta, embajador israelí en Colombia.

Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, durante el evento de lanzamiento. / Tatiana Avellaneada - FEAR
Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, durante el evento de lanzamiento. / Tatiana Avellaneda – FEAR

Para Obregón, el IJA se centrará en generar valor agregado en torno al recurso hídrico por medio de dos estrategias: “Con proyectos especializados que requieren la participación de varias disciplinas en las regiones, o con grandes proyectos en áreas hidrográficas como en el Amazonas”.

De momento, la investigación Oportunidades para el abordaje de escenarios complejos de desaparición es su primicia, y con ella el Instituto aportará conocimientos en mecánica de fluidos y una articulación de trabajo interdisciplinario con el apoyo de las ciencias forenses para identificar posibles sitios donde estarían los cuerpos de víctimas de desaparición forzada por el conflicto armado colombiano, mientras que simultáneamente se prepara para responder al papel que debe asumir el agua en los 17 objetivos de desarrollo sostenible propuestos por la Organización de las Naciones Unidas, en pro del desarrollo y bienestar de las comunidades.

*Reviva en este video el evento de lanzamiento del IJA.

 

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