Física, química y biología: ciencias aliadas para la degradación del plástico

Física, química y biología: ciencias aliadas para la degradación del plástico

¿Sabía que el plástico es uno de los materiales que más se usa en la actualidad? Imagine que suena su despertador, hecho de polipropileno o polietileno; lo apaga, se levanta y se va para el baño. Allí, limpia su boca con un cepillo de dientes hecho a base de PVC y cerdas de nailon, luego le agrega crema dental que está introducida en un empaque de plástico laminado, para después pasar finos filamentos de teflón diente por diente hasta retirar cualquier exceso. Por último, pero no menos importante, acaba el proceso con un enjuague bucal contenido en una botella PET. ¿Cuántos elementos fabricados con plástico contó en esta rutina?

El plástico, un polímero derivado de la industria petroquímica, ha sido un material sintético usado y alabado por las personas desde su aparición en los años 50 debido a su maleabilidad, versatilidad y resistencia. Sin embargo, su producción masiva ha ocasionado graves problemas ambientales como las montañas de desechos que navegan en los mares de todo el mundo contaminando el agua y causando la muerte masiva de peces debido a la ingesta de restos de esos elementos. Por este motivo, en 2018 el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) aseguró que la presencia de este tipo de residuos en mares y océanos conforma una las seis emergencias ambientales más graves del planeta.

 

“Si la población mundial alcanza los 9.600 millones de personas en 2050, se necesitaría el equivalente de casi tres planetas para proporcionar los recursos naturales precisos para mantener el estilo de vida actual”: Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

Preocupado por esta situación, Luis David Gómez-Méndez, microbiólogo, magíster en Microbiología, doctor en Ciencias Biológicas y líder del semillero Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la Pontificia Universidad Javeriana, conversó con Pesquisa Javeriana sobre su tesis doctoral, con la cual le apunta a integrar reacciones físicas, químicas y biológicas como alternativa para reducir el tiempo de degradación de los plásticos, que actualmente se estima va de 100 a 1.000 años.

Pesquisa Javeriana (PJ): ¿Cuál es la propuesta de su tesis doctoral? 

Luis David Gómez (LDG): Sabemos que los plásticos son de difícil biodegradación, pero mi pregunta era qué tratamiento previo se podría hacer para facilitar este proceso natural. En principio sabía que el tratamiento debía ser físico o químico y posteriormente tenía que pasar por una transformación biológica. Por eso decidí usar plasma -el cuarto estado de la materia-, que al ser sometido a descargas eléctricas, se ioniza y cambia las propiedades superficiales de muchos materiales. En este caso, láminas de polietileno de baja densidad (PEBD), un tipo de plástico.

En general, los plásticos son hidrofóbicos, esto significa que repelen el agua; sin embargo, al someterlos al plasma, logré modificar su superficie volviéndolos hidrofílicos para que tuvieran adherencia del agua. Con esto fue posible que los microorganismos, que necesitan ambientes húmedos para crecer y desarrollarse, hallaran una superficie húmeda en el plástico y se “pegaran” a él para intentar colonizarlo y, si su capacidad metabólica lo permitía, alimentarse de él.  El resultado: la capa superficial del PEBD tratada con plasma de oxígeno modificó su hidrofobicidad y rugosidad al descascararse. Estas dos condiciones fueron esenciales para el crecimiento microbiano. Este fue el pre-tratamiento físico.

PJ: También mencionó un tratamiento químico. ¿En qué consistió? 

LDG: En esta fase usé la fotocatálisis: una reacción química que usa el dióxido de titanio en presencia de luz ultravioleta, para generar moléculas reactivas que tienen la capacidad de degradar diversos tipos de contaminantes solubles en agua, como pesticidas o colorantes. La apuesta de esta técnica fue emplearla sobre un contaminante no soluble en agua: el PEBD. Al usar este método, obtuve un resultado impactante: la fotocatálisis generó huecos en la superficie del material lo cual es importante, porque una superficie porosa facilita la colonización de los microorganismos.

PJ: Entonces, ¿el plástico estaba listo para su descomposición?

LDG:  Después de usar las descargas de plasma y la fotocatálisis, lo sometí por cinco meses al hongo de podredumbre blanca, Pleurotus osteatrus, el cual es reconocido por degradar materiales tan complejos como la madera. Con esto esperaba que el microorganismo creciera sobre la superficie modificada del PEBD y lo degradara. El resultado fue interesante ya que conseguí que este proceso físico, químico y biológico, modificara propiedades mecánicas y químicas del PEBD en un 30%.

PJ: ¿Esta es una alternativa para minimizar el impacto que tienen los plásticos en el ecosistema?

LDG: Sí, ya que hay que pensar qué hacer con los millones de toneladas de residuos plásticos que están abandonados y hallar estrategias de degradación acelerada como la que propongo. También es necesario considerar otras alternativas; por ejemplo, hacer uso de plásticos biodegradables, los cuales emplean como materia prima fuentes naturales como celulosa o almidón. Además, hay que minimizar su uso, dejar de comprar tanto plástico y evitar las bolsas si no se requieren. Claro, son necesarias para colocar los residuos del baño o de la cocina, pero no son indispensables para llevar tres tomates y un plátano de la tienda de la esquina, para eso están las bolsas de tela.

interna-plasticos

 

PJ: Según su respuesta, ¿también se trata de un problema cultural? 

LDG: ¡Por supuesto! Los plásticos surgieron en los años 50 y fue un ‘boom’ por sus características de maleabilidad, capacidad de estiramiento, de resistencia y durabilidad. Sin embargo, el problema empezó en los años 60 con la bonanza económica estadounidense, donde la gente empezó a asociar sus prácticas de derroche con la posibilidad de botar los plásticos, ya que estos se vendían como “desechables”. En ese momento no se proyectó ni el impacto medioambiental que estos causarían años después, ni el impacto cultural al introducirnos en una sociedad de pensamiento desechable: comprar y botar.

“Se estima que de 1950 a la actualidad se han producido más de 8.000 millones de toneladas de plásticos y se calcula que para el 2030 la cifra llegue a 12.000 millones de toneladas”, afirma Gómez.

 

PJ: ¿Cómo se puede cambiar esta mentalidad?

Hay que hacerle entender a la gente que no necesariamente tiene que usar pitillos o colocarle tapa plástica a los vasos plásticos que usará por mucho, cinco minutos. Si puede, emplee vasos de vidrio o porcelana. Hay que interiorizar en nuestro cerebro las tres R: reutilizar, reciclar y reducir. Es necesario entender que el plástico sirve de muchas maneras, pero en la medida en que se pueda reutilizar, reciclar o reducir el consumo, se disminuirá su impacto ambiental.

PJ: Con relación a la actual crisis sanitaria, ¿cuál es el efecto del uso de los plásticos?

LDG: El impacto es altísimo. Debido a la pandemia por la Covid-19, el consumo de guantes, tapabocas y el hecho de que ahora muchos productos de consumo vienen envueltos en plásticos, cuando antes no lo estaban, ha disparado la generación de estos residuos.

PJ: ¿Qué hacer para mitigar sus efectos? 

LDG: En primer lugar, se debe disminuir el consumo de guantes quirúrgicos, por ejemplo, lavándose muy bien y frecuentemente las manos y emplear tapabocas de tela. En lo posible, comprar alimentos que no estén envueltos en plásticos, pero si lo están, darle un segundo uso a ese material. No obstante, el problema con los guantes quirúrgicos y tapabocas es que estos materiales, después de su uso, deben ser tratados como “elementos de riesgo biológico” por lo que requieren de un manejo especial: deben colocarse en bolsas rojas y no mezclarse con residuos ordinarios, pero en este momento donde su uso se ha masificado y están en la mayoría de los hogares, es muy difícil darle esa disposición… ¡Se están convirtiendo en residuos ordinarios al mezclarse con los residuos de cocina!

Finalmente, algunas alternativas de contención serían incinerar estos elementos en hornos especiales que no permitan que los gases salgan a la atmósfera, pero eso requiere de una infraestructura, logística, normatividad y, sobre todo, de una cultura del manejo de residuos, que no tenemos.

Fotos tomadas por Luis David Gómez en el Museo de la Extinción de Greenpeace en Bogotá.
Esta muestra presenta empaques plásticos que fueron abandonados. Muchos de ellos salieron del mercado hace más de 20 años y aún están intactos, contaminando el planeta.

Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

“Si yo me como un pedazo de bolsa plástica, puede que no me pase nada. Pero si constantemente estoy comiendo plástico, eso sí me va a hacer daño; hasta la muerte me podría causar”.  La frase es de Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y aunque ella misma dice que la comparación puede parecer absurda, retrata un aspecto crucial sobre la presencia de microplásticos en los ecosistemas marinos y sobre los posibles impactos en la salud de los animales e incluso en la salud humana.

Estas partículas son fragmentos de plástico que miden menos de cinco milímetros. Por su tamaño, su manejo como desecho contaminante es mucho más difícil. Por eso, los microplásticos están generando un impacto muy importante en las especies marinas. Este tema es relativamente nuevo en la investigación científica, y particularmente en Colombia no se ha estudiado a profundidad. Esta cuestión llevó a Valeria Jiménez Cárdenas, ecóloga javeriana, a analizar su presencia en los peces de Isla Grande, Bolívar.

La investigación se centró en la extracción de partículas plásticas del tracto digestivo de 60 individuos de peces pertenecientes a 5 especies diferentes distribuidas en los ecosistemas de arrecife de coral y de manglar. El primer resultado es contundente: todas las especies analizadas tenían este material en su tracto digestivo. “Estas fragmentos, al ser tan pequeños, son confundidos con alimento por los peces, ya que las especies analizadas son depredadoras visuales”, explica Jiménez. Este tema es especialmente sensible para el desarrollo normal de estos animales. “Ellos se sienten satisfechos porque sus estómagos están llenos, pero en realidad no se están alimentando con nutrientes que son importantes. Así, pueden presentar deficiencias por falta de recursos energéticos, en las defensas inmunitarias, el desarrollo y la reproducción”, agrega  Luna.

Pero eso no es todo. El acopio de microplásticos en el organismo del pez causa tres impactos principales: bloqueos internos, lesiones en el tracto digestivo y exposición a químicos contaminantes.

La acumulación interna genera obstrucciones en su sistema digestivo, que no permiten la circulación normal del alimento y la expulsión de los desechos. “En uno de los individuos se encontró un fragmento con forma de esfera, como un tapón en el inicio de los intestinos, y este tenía un aspecto muy similar a un huevo de pez”, detalla Jiménez. Es precisamente a este efecto que se refería Andrea Luna con su frase. “Ya cuando uno ve cómo hay plásticos dentro de los peces y no es solo algo que está en la literatura, es impactante”, dice. Comparar esta situación que viven los peces con el cuerpo humano podría dimensionar mejor el problema.

Además de lo mencionado, se encontró mayor cantidad de plásticos en las hembras. Para Valeria Jiménez esto se puede explicar por la mayor demanda de energía que requieren los individuos de sexo femenino para el proceso de reproducción y la producción de óvulos saludables. “En algunas especies a las hembras les toma un año más madurar sexualmente, comparado con los machos. Esto hace que consuman mucho más alimento y potencialmente, más plástico”, detalla.

Pero los efectos de la acumulación de este material van más allá.  Como el organismo no puede degradar dichas partículas, las hembras en especial no se nutren adecuadamente y esa desnutrición tendrá impactos directos en la descendencia. Esto puede hacer que las crías no tengan todos los elementos requeridos para su desarrollo así, podrían nacer con ciertos problemas neurológicos, desnutridos y de menor tamaño.

Otro de los hallazgos que menciona la investigación es que los plásticos encontrados tenían puntas filosas que potencialmente pueden causar heridas a lo largo del tracto digestivo. Frente al punto de exposición a sustancias químicas contaminantes, explican que las investigaciones avanzan para conocer las consecuencias reales, pero que ya se conoce que estos químicos pueden provocar disrupción endocrina, es decir, problemas en el equilibrio hormonal de los animales.

 

Innovación en Colombia

Para las investigadoras, este trabajo tiene un componente innovador pues compara la presencia de microplásticos en dos ecosistemas: manglar y arrecife de coral. Este es el primer estudio en el país que arroja información de este tipo y los resultados demuestran que las especies de manglar presentaron mayor cantidad de plásticos.

Ellas aseveran que esto podría estar relacionado con el Canal del Dique. El constante dragado y la apertura de las compuertas aportan grandes cantidades de sedimento al agua dulce que desemboca en las Islas del Rosario. El amplio caudal de esa plataforma permite que los residuos lleguen más lejos y los plásticos, por ser livianos, tienen mayor flotabilidad. Otras fuentes más directas pueden provenir de actividades en las islas como el turismo. Incluso las corrientes también pueden contribuir a este tipo de contaminación.

Los manglares actúan como un filtro en el que las raíces de los árboles atrapan una parte considerable de plásticos. Ambas investigadoras coinciden en que aún falta ahondar más en este tema, pero que su trabajo ya da un indicio de cómo es la distribución de plásticos en el mar, dónde se están acumulando y cuáles serían los principales ecosistemas para priorizar en la mitigación de esta problemática.

Esta investigación revela que los polímeros más encontrados en los peces fueron:

  • Poliéster: muy utilizado en el sector textil.
  • PVC: usado en láminas para empaque de productos durante el transporte
  • PET: material con el que se hacen las botellas plásticas
  • Polietileno: utilizado en envolturas de plástico y bolsas

Este resultado da un mayor acercamiento a las fuentes principales. Además, casi la mitad de los plásticos dentro de los peces eran negro y verde, colores que pueden ser similares a las presas de las cuales usualmente se alimentan.

La degradación del plástico

El plástico es un material relativamente nuevo en el planeta. Su producción se inició en los años 50 y se ha generalizado por todo el mundo. Si bien permite mucha practicidad en su uso, se ha evidenciado su impacto contaminante. Desde hace algunos años,  y como alternativa a este fenómeno, se lanzaron al mercado los plásticos oxo-biodegradables. “Estas son bolsas con ciertos aditivos químicos que cuando entran en contacto con la radiación solar y el oxígeno empiezan a romperse  en pedazos pequeños como un vidrio de seguridad”, explica David Gómez, tutor del semillero de Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, quien también aportó en esta investigación.

En teoría este tipo de material sería un avance para reducir la contaminación, pues al fracturarse en pedazos más pequeños su degradación sería más rápida. Pero los resultados del estudio muestran consecuencias diferentes. “Esta investigación es importante porque lo que aparentemente se vende como una solución ecológica y ambiental, parece no serlo del todo” agrega Gómez.

En este semillero trabajan en la búsqueda de estrategias que permitan minimizar la contaminación por plásticos. Uno de sus proyectos es liderado por este docente, que investiga los tipos de microorganismos capaces de biodegradarlo. Entre ellos se han reportado bacterias y hongos. Para él, los lugares ideales para encontrar estos microorganismos son aquellos en donde más tiempo han permanecido en contacto con estos materiales. Su trabajo consiste en cultivarlos y estudiarlos para medir su capacidad de biodegradación. “La universidad le está apuntando a crear estrategias fisicoquímicas, biotecnológicas  para poder minimizar el impacto ambiental que hemos causado durante tanto tiempo”, explica.

Los tres investigadores coinciden en que para atacar el problema hay varios frentes. Uno de ellos es la educación ambiental, tanto de las comunidades que habitan y visitan el mar, como las de las grandes ciudades, cuyas poblaciones suelen creer que no tienen responsabilidad en el tema, pero sus residuos son transportados por corrientes hídricas hasta los océanos.

El plástico debería ser uno de los materiales menos problemáticos porque se puede reciclar, pero para lograrlo hay que hacer un adecuado manejo de sus residuos. Otro frente pasa por las políticas públicas, si bien hay muchos debates sobre el cobro de impuestos al uso de bolsas, los investigadores afirman que se deben tomar más medidas que protejan el ambiente. Pero es necesario insistir, que lo más efectivo pasa por lo personal. Cada individuo debe tomar conciencia y responsabilizarse del uso adecuado y de la disposición final.

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
¡Y llegó la primavera!

¡Y llegó la primavera!

La nieve que había sido una compañera constante, se ha ido y tengo que confesar que extraño su belleza; sin embargo, los diferentes colores como el café, el amarillo, el verde claro, el verde oscuro, un rojizo, que empiezan a surgir en las hojas de los árboles retoñando, también es algo muy hermoso de contemplar.

Además, se empieza a observar otro tipo de fauna que va llegando, a medida que el frío va cediendo. Como es el caso de la culebra rayada común (Thamnophis sirtalis), una especie de reptil diurno e inofensivo que habita en Estados Unidos y Canadá, de más o menos 60 centímetros de largo, tiene una cantidad muy baja de veneno que puede ser tóxica para anfibios, ratones y otros animales pequeños, pero no es peligrosa para el hombre. Estos reptiles salen de su periodo de brumación (disminución de actividad y alimentación durante el invierno) al inicio de la primavera.

Nohelia-Mayo4
Culebra rayada común (Thamnophis sirtalis)

Tuve la oportunidad de ir a remar al bello lago Grafton, un cuerpo de agua de alrededor de 1.3 km2 situado dentro de una reserva, ya que es un sitio activo de anidación de un ave que llega en primavera a los lagos de Norteamérica y Canadá. El colimbo grande (Gavia immer), es un animal realmente imponente. Observar sus colores verde, blanco y negro, que con los reflejos del sol se tornan a índigo, es ciertamente un espectáculo. Esta especie es un ave acuática buceadora y migratoria, que se encuentra en Norte América y Europa, mide entre 60 y 100 centímetros de largo, siendo más grande que los patos y llegando a pesar entre dos y seis kilogramos; además es piscívora (se alimenta de peces), a los cuales atrapa buceando. Puede llegar a profundidades de hasta 60 metros y durar sumergida por un periodo de tiempo de hasta tres minutos.

Colimbo grande o common loon (Gavia immer) nadando en el lago Grafton
Colimbo grande o common loon (Gavia immer) nadando en el lago Grafton

Otra especie de ave que logré ver en el lago Grafton, fue el ganso de Canadá (Branta canadensis) (fotografía del banner). Esta especie es monógama y por lo general sus individuos permanecen juntos, con su pareja, desde el segundo año de sus vidas hasta cuando mueren. A finales del invierno y principios de la primavera tienen sus polluelos, a los que vimos nadando en fila, permanentemente protegidos por cada uno de sus padres, ubicados al inicio y al final de la línea. Si se sienten bajo algún tipo de amenaza, el macho empieza a desplegar comportamientos agonísticos, como vocalizaciones frecuentes, apertura de sus alas y persecución. Pueden llegar a medir entre 80 y 110 centímetros y a pesar entre tres y ocho kilogramos. Son principalmente herbívoros, pero también pueden consumir insectos y peces.

Otra especie que observé al comienzo de la primavera fue una ranita muy particular, en realidad muchas personas dicen que ella es la que avisa con su canto el comienzo de esta estación. La rana de la primavera peeper (Pseudacris crucifer), mide tan solo entre 25 y 40 milímetros y pesa de tres a cinco gramos. La verdad es sorprendente como un animal tan pequeño puede llegar a vocalizar tan fuerte. Estar a pocos pasos de ellas era un poco aturdidor, pero aunque se oyen muy fuerte y claro, podrán imaginarse que no fue fácil encontrar un ejemplar en medio de la noche. Además de su pequeño tamaño, se camuflan muy bien entre las ramas de las orillas de los cuerpos de agua.

Nohelia-Mayo3
Ranita peeper de la primavera (Pseudacris crucifer)

Me encantó el invierno en el Norte de Estados Unidos y la primavera también ha traído su magia, y bueno, tal como están las cosas, lo más probable es que también pueda ver las sorpresas del verano.

Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

¿Agricultura urbana? Sí: se trata de prácticas agrícolas a pequeña escala en las ciudades.

Jaime Hernández-García, arquitecto y profesor titular del Departamento de Estética de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, dice que hace unos 50 años, en Colombia y en otros países, la agricultura llegó a las ciudades como una necesidad de los migrantes de relacionarse con el territorio para producir alimentos, pero también como una forma cultural y simbólica de conectarse con el territorio, y como una manera de recrearse.

En 25 años de trayectoria académica, el profesor Hernández-García ha estudiado los barrios populares o asentamientos informa- les de Bogotá, Medellín y otras ciudades de Colombia y de América Latina. Por esa razón, dos colegas europeos, Eva Schwab, de la Universidad Tecnológica de Graz (Austria), y Silvio Caputo, de la Universidad de Kent (Inglaterra), lo invitaron a hacer un paralelo de las prácticas de agricultura urbana en contextos tan distintos como Bogotá y Viena, capital de Austria.

“Lo que se aprecia es que, aunque las motivaciones son distintas, al final […] son prácticas sociales, culturales, de socialización colectiva que pueden contribuir ―por ahora tímidamente― a la soberanía alimentaria, a la sostenibilidad, y también al mayor dinamismo y activación del espacio público”, señala Hernández-García.

Durante dos años consultaron fuentes, retomaron investigaciones anteriores, entrevistaron a líderes comunales e hicieron un ejercicio de muestreo que arrojó resultados individuales a partir de los cuales hicieron el análisis. Revisaron los casos de Viena, en general; de Bogotá, con énfasis en las prácticas del barrio Potosí, en Ciudad Bolívar; y de la Comuna 13, en Medellín.

La coinvestigadora Eva Schwab precisó que las diferencias de las prácticas en cada una de las ciudades fueron evidentes. Calificó como “genial” la agricultura urbana en Viena, donde la población que la implementa es joven y, por lo general, educada en el campo de las humanidades. Pero en Medellín, donde ella hizo la investigación, y en Bogotá, donde la llevó a cabo el profesor Hernández-García, esta práctica es despreciada porque es característica de personas de escasos recursos económicos. “Están haciendo lo mismo, pero no por las mismas razones”, dijo a PESQUISA JAVERIANA.

Aunque resalta que no se trata de una evidencia contundente, para este arquitecto la agricultura urbana nace en Colombia de la posibilidad de proveerse de alimentos, pero también de la necesidad de arraigo de quienes llegan del campo.

Cuenta que, en el caso de Viena, la agricultura urbana tiene que ver más con pensar no solo el espacio público o la ciudad, sino la vida, el relacionamiento social, desde perspectivas menos ‘occidentales’ o más diversas. Es una práctica individual y colectiva que está en algunos espacios céntricos, como parques ―que el ayuntamiento de la ciudad provee o que administran organizaciones público-privadas― y franjas de tierra cerca de los ríos. “Entre quienes las alquilan hay activistas que tienen una relación importante con el desarrollo urbano y ecológico”, señaló Hernández-García.

En Colombia la práctica empezó en los patios, balcones o antejardines de las casas, para luego colonizar espacios comunitarios, pero principalmente en barrios marginales. “La agricultura urbana, en espacios públicos y privados, le permite a la gente una manera de relacionarse, de proveer, quizá no una alimentación completa, como en el campo, pero sí un complemento”, indicó Hernández-García.

Como estrategia del distrito, la agricultura urbana inició en la administración de Luis Eduardo Garzón (2004-2007), articulada al programa Bogotá sin Hambre, recuerda Martha Liliana Perdomo, actual directora del Jardín Botánico de Bogotá, entidad encargada de enseñar las técnicas de ese cultivo en la ciudad.

Era una estrategia de seguridad alimentaria que focalizó sus primeras acciones en Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Engativá y Fontibón, localidades periféricas en donde, según Perdomo, había mayor interés de la comunidad por las huertas urbanas. Aseguró que la actual alcaldía quiere retomar la agricultura urbana para promocionar procesos de inclusión y de sostenibilidad del territorio que contribuyan a la idea de ciudad cuida- dora, incluyente y sostenible que tiene hoy la administración distrital.

“El programa de agricultura urbana, que en la anterior administración capacitó a alrededor de ocho mil personas, plantea capacitar mínimo a dieciséis mil, tener por lo menos veinte mil metros cuadrados de huertas urbanas y promover seis rutas agroecológicas para que los huerteros ofrezcan sus productos”, afirma Perdomo.

Hernández-García, por su parte, considera que la agricultura urbana se vislumbra como estrategia para sortear los problemas de las grandes ciudades de América Latina relacionados con el clima, la alimentación, el desarrollo urbano y la reducción del efecto invernadero. Por eso resalta que, para que pase de ser una buena práctica que depende de la comunidad y de los liderazgos sociales a tener un mayor impacto y ser sostenible, se necesita una política pública fuerte, con planes, programas y recursos.


 

Para leer más
Hernández García, I., Hernández-García, J., Niño Bernal, R., Visiones alternas de ciudad: complejidad, sostenibilidad y cotidianidad, en Bitácora Urbano-Territorial, 20(1), 2012. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index. php/bitacora/article/view/24780

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Urban Agriculture: Models-in-Circulation from a Critical Transnational Perspective

INVESTIGADOR PRINCIPAL:
Silvio Caputo

COINVESTIGADORES:
Eva Schwab y Jaime Hernández-García
Facultad de Arquitectura
Departamento de Estética
Grupo de investigación Estética, Habitabilidad y Nuevas Tecnologías

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2016-2018

Página-anterior                       Siguiente-página                 Regresar-a-p51

¡De vuelta a la nieve!

¡De vuelta a la nieve!

Mientras paso esta época de cuarentena extrañando a mi familia y a mi país, agradezco el hecho de poder estar en un lugar hermoso, con gente maravillosa y alejada de ciudades grandes. Creo que es un gran privilegio estar en este momento rodeada de naturaleza y poder salir a caminar a la montaña para observar la diversidad de fauna y flora, aprendiendo al mismo tiempo sobre especies que no había visto antes.

Luego de estar en la Antártida y de pasar por el Caribe Tropical (Puerto Rico), la nieve me trae de nuevo hacia ella, pero esta vez hacia el otro hemisferio del planeta. Me encuentro en el norte de los Estados Unidos, en un lugar que se caracteriza por sus montañas verdes en primavera y verano, y por su invierno largo y frío. Estamos finalizando abril y sigue nevando, lo cual realmente disfruto muchísimo, me encanta ver caer la nieve y observar cómo el pasto y los árboles se van envolviendo y llenando de ese blanco particular.

Tuve la oportunidad de acampar por una noche y hacer una caminata de dos días por las hermosas montañas blancas de New Hampshire, las cuales hacen parte del Bosque Nacional de las Montañas Blancas. Esta es un área protegida con una extensión aproximada de 303.859 hectáreas. Fue un recorrido bastante exigente, caminamos aproximadamente siete horas diarias en la nieve, la cual no nos dejó avanzar mucho. La mayoría de los pasos que dábamos representaban que mis pies terminaran hundidos hasta las rodillas, y cuando lograba levantarme, mis botas quedaban llenas de hielo y tenía que sacudirlas. Por esta razón, no pudimos cumplir con nuestro objetivo: “coronar” dos de los 48 picos que tiene esta cadena montañosa. Sin embargo, el paisaje es espectacular y logramos ver huellas de alce en el camino.

Nohelia-abr1

Cuando el clima no es muy frío o por lo menos cuando la temperatura no está por debajo de los cero grados, salimos a caminar en la noche. Es bastante interesante porque se pueden ver criaturas que no se logran observar durante el día. Nos encontramos con un hermoso puercoespín norteamericano (Erethizon dorsatum), que subía por las ramas de un árbol. En toda América tenemos cinco géneros de estos animales, con alrededor de 20 especies. Son mamíferos roedores como los ratones, ardillas, castores, entre otros, que se caracterizan por tener unos incisivos afilados para roer la madera, alimentarse o defenderse de los depredadores. Además, este bello animal es nocturno y solitario, puede medir entre 70 y 120 centímetros, incluyendo su cola; y tiene un abrigo de púas por todo su cuerpo, con excepción de su cara, vientre y patas, las que utilizan como mecanismo de defensa.

Nohelia-abr2

En otra ocasión, también durante la noche, nos encontramos con un individuo bastante interesante. Vimos una salamandra moteada (Ambystoma maculatum), un anfibio con extremidades cortas y robustas que presenta dos hileras de manchas amarillas desde su cabeza hasta su cola, llegando a medir entre los 18 y 25 centímetros. Es nocturna y se alimenta de lombrices e invertebrados pequeños. En primavera, que es la estación en la que nos encontramos en estos momentos, se reproducen en los cuerpos de agua, donde la hembra pone de una a varias aglomeraciones gelatinosas, entre 50 y 100 huevos cada una. Este es un animal muy bonito y bastante peculiar, ya que es el primer vertebrado que establece una relación simbiótica con un alga (Amblystomatis oophila) (banner). Esta entra al huevo cuando se encuentra en el agua y utiliza el dióxido de carbono producido por el embrión para realizar la fotosíntesis, y cuando el alga produce oxígeno la célula lo utiliza para su desarrollo.

Finalmente, también tuvimos una visita inesperada. Una noche salimos a caminar y cuando regresamos a la casa vimos que los comederos para las aves, que contienen semillas para que se alimenten, no estaban. Las varillas donde debían estar se encontraban dobladas y había pasto levantado alrededor. Unos días atrás, una cámara trampa (que se activa con el movimiento) se había colocado cerca de donde se ubican los restos de comida para hacer compost y pudimos resolver el misterio: un oso negro (Ursus americanus) nos había visitado en la noche y se había llevado los comederos. Esta especie es la más común en Norteamérica, se encuentra distribuida desde México hasta Alaska; es más pequeño que el oso polar y el oso pardo, llegando a medir entre 2.5 y 2.9 metros y a pesar entre 100 y 280 kilos. Aunque es omnívoro, la mayoría de su dieta se basa en plantas.

Nohelia-abr4

La fauna silvestre nos habla

La fauna silvestre nos habla

El mundo se paralizó debido a la pandemia generada por la COVID-19 y, aunque difícil para los humanos, esta ha sido la oportunidad para que la fauna silvestre y los ecosistemas se tomen un respiro.

¿Qué pasará cuando regresemos a las calles y retornemos a la cotidianidad?, ¿los animales que hoy se hacen más visibles tendrán que volver a esconderse? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en el conversatorio web La fauna silvestre nos habla, organizado por la Facultad de Ciencias, en cabeza del biólogo Ph.D y profesor del Departamento de Biología, Germán Jiménez, quien asegura que hay esperanza de cambio.

“Estamos en cuenta regresiva. Muchos lo han dicho, nos quedan entre 50 y 60 años para que empiecen a ocurrir colapsos mucho más graves en los ecosistemas, por lo que tenemos que aprender a contrarrestarlos. Estas acciones no serán cuestión de periodos cortos de tiempo, llevarán décadas”, afirma Jiménez, quien complementa que las sorprendentes imágenes de animales que circulan saliendo a pasear con libertad, de ecosistemas acuáticos libres de contaminación y mejoramiento de la calidad del aire, serán un panorama que no volveremos a ver si no implementamos cambios que puedan ser duraderos y que vayan más allá de lo que la cuarentena nos ha dejado de lección.

 

Ejes de deliberación

La especie humana es una especie inteligente, capaz de sentarse a reflexionar sobre lo que está pasando y generar cambios, dice Jiménez, agregando que “esta situación que hoy aqueja a la humanidad hay que aprovecharla para enviar el mensaje y unirse alrededor del mundo para hacer un llamado a cuidar los ecosistemas, pues es el punto de partida para conservar nuestros propios modos de vida”. Por esa razón el conversatorio se centró en exponer tres temas al público para comprender la dimensión de lo que está pasando con el medio ambiente.

En primer lugar, la reflexión giró en torno a las amenazas que el ser humano ha venido generando en muchos de los ecosistemas donde habita la fauna silvestre y cómo, con lo que está sucediendo de la pandemia, hay un contraste evidente al ver a los animales que salen y deambulan por zonas perimetrales o incluso, en el interior de las ciudades.

Como segundo tema, también relacionado con la pandemia pero desde la perspectiva de las enfermedades, Jiménez expuso la relación histórica entre el ser humano y la fauna, basada, en gran parte, en la explotación. Este hecho, dice el investigador, ha permitido generar espacios y posibilidades para que los animales nos transmitan enfermedades, “no porque ellos lo quieran, sino porque al ser muy cercanos al ser humano existen posibilidades de que puedan transmitirnos los mismos parásitos, bacterias, virus y hongos que traen consigo. Entre más cerca estén filogenéticamente (relaciones evolutivas entre especies) de nosotros, más fácil será la transmisión. Pero, esa es solo una parte, la otra es que también tenemos el potencial de transmitir enfermedades a los animales”, comenta Jiménez, quien tiene una trayectoria de 20 años en investigación y promoción del manejo y conservación de la fauna silvestre.

El tercer punto, que encierra los anteriores, fue una reflexión sobre cómo debe ser nuestra convivencia con los animales cuando termine el confinamiento. “Nosotros hasta ahora veíamos a la fauna en una especie de cuarentena; ahora, que somos nosotros los que estamos en aislamiento, los animales salen a merodear. Hay que saber entender el mensaje y de ahí el título del conversatorio, porque la fauna silvestre nos está hablando, nos dicen que los animales son capaces de convivir con nosotros solo si les damos el espacio para hacerlo, y para ello necesitamos que los ecosistemas permanezcan en su mejor estado”, puntualiza.

Después de abordar estas temáticas y de las intervenciones de los asistentes, una de las conclusiones esenciales es que los seres humanos deben poder relacionarse con la fauna silvestre y los ecosistemas de forma apropiada. La pandemia y el momento coyuntural debe traer tanto cambios positivos para el futuro de la humanidad, asegura Jiménez; como también para la conservación de todas las otras especies y ecosistemas que hacen parte de la tierra. “Nosotros potencialmente tenemos dos opciones: o continuamos con el mismo ritmo que traemos, el cual ya sabemos que es perjudicial para la fauna silvestre y nuestros ecosistemas, o cambiamos nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos y les permitimos sus espacios”, finaliza el investigador.

dia-tierraInt

 

¿Cómo lograr una convivencia adecuada con la fauna silvestre?

Se debe dejar de sobreexplotar y contaminar el ambiente para mantener los modelos económicos, dice enfático; es necesario buscar formas de desarrollo mucho más sostenibles que permitan mantener los ecosistemas y la fauna y flora silvestre. Esto, no es más que un bumerang, dice Jiménez. “Basta con ver el cambio climático, las ciudades que están contaminadas tienen la mayor escasez de recursos y todo eso es evitable solo si empezamos con lo que yo llamo ‘la gestión hacia el manejo y la conservación adecuadas de la biodiversidad’, que implica ser mucho más respetuosos con los espacios naturales de fauna y flora, y que comprendamos que no están ahí para ser solamente sobreexplotados y contaminados”, afirma.

También comenta que es necesario cambiar de mentalidad: “No podemos seguir con el mismo ritmo de vida porque el mensaje es claro. De aquí en adelante se viene un trabajo enorme acerca de cuáles van a ser los caminos que vamos a seguir y cómo vamos a presionar los espacios políticos, sociales y económicos para tomar las mejores decisiones”. Además, complementa: “esto es un trabajo tanto de los gobernantes como de la sociedad; en la medida en que nosotros nos comportemos sanamente con la naturaleza podemos exigir a nuestros gobernantes que también lo hagan a través de la implementación de modelos de desarrollo realmente sostenibles”.

Las interrelaciones en el planeta tierra, lo doméstico y el cuidado de la vida

Las interrelaciones en el planeta tierra, lo doméstico y el cuidado de la vida

Este período de cuarentena por la pandemia del coronavirus nos ha generado a todos muchas reflexiones. En mi caso, a partir de correos de estudiantes, de conversaciones con profesores, de leer varios trinos y artículos de prensa, y de mi experiencia propia en casa, he valorado muchísimo más el trabajo doméstico y de cuidado de niños y adultos mayores.

Ahora, en este aislamiento preventivo, seguramente muchos de ustedes (tanto hombres como mujeres) han tenido que hacer rendir el día, haciendo a veces malabarismo con los minutos y horas, para lograr tener el desayuno listo, luego las onces, después el almuerzo, ¿otra vez onces?, y por supuesto, la comida, lavar los platos (y claro…. lavarse las manos durante 20 segundos ¡cada 3 horas!). Además, limpiar baños, rociar las matas, sacar la basura, trapear el piso donde se me regó el tinto, sacar el perro a pasear durante 20 minutos ¡3 veces al día!, ir a hacer mercado o pedirlo por internet, darle las medicinas al papá o mamá y no olvidarse de tomarse las propias, estar con los hijos en sus clases virtuales del colegio y hacer teletrabajo. ¿Se me olvidó algo?

¿Qué tiene que ver todo esto con el Día de la Tierra? En esta celebración la reconocemos por ser nuestro hogar y hacemos un llamado a cuidarla, a conservar “nuestra casa común”. Recordamos que la Tierra se compone de infinitas interrelaciones entre individuos, comunidades, ecosistemas, procesos. Como dice el Papa Francisco en la Encíclica ‘Laudato si´ (publicada en mayo de 2015): “En el mundo todo está conectado”, “todo está íntimamente relacionado”. Debemos entender y cuidar todas estas conexiones.

Precisamente el estar en cuarentena, “guardados en casa”, solos o con familiares, cuidando nuestra salud y dando tiempo para que las ciudades y localidades se preparen mejor para proteger la vida, nos hace más conscientes y sensibles sobre las conexiones que tenemos entre seres humanos y los otros seres vivos y no vivos de la naturaleza. Las actividades domésticas que hemos asumido, mucho más ahora en confinamiento nos han hecho sentir con mayor intensidad estas interrelaciones y el cuidado que casi minuto a minuto debemos tener con ellas para estar sanos física, mental, emocional y espiritualmente.

El contacto, más seguido, de nuestras manos con el agua; el adquirir más productos agropecuarios directamente de los campesinos y campesinas; el querer tener más plantas en la casa para cuidar y que nos cuiden y acompañen; el asomarse más por la ventana para ver montañas y árboles; el escuchar con más cuidado a los pájaros que viven o están de tránsito por la ciudad; el estar más pendientes de los hijos/as, pareja, hermanos/a, papás y mamás, abuelos/as; el extrañar a la señora que antes de la cuarentena iba unos días a la casa a limpiar, cocinar, a cuidarnos… Todo esto es parte de la celebración del Día de la Tierra en 2020.

La cuarentena nos está invitando -¿casi obligando?- a ver con mucha atención las actividades domésticas y de cuidado de todos, a darles su valor real, a respetarlas, dado que buena parte de nuestra vida en la Tierra depende de ellas. Ojalá que la ética del cuidado de la vida no se quede en la celebración de un día, sino que sea parte esencial de nuestro estar aquí en el planeta, y que el aislamiento y la pandemia nos ayuden a interiorizarla y asumirla a diario.

Matrimonio entre ciencia y periodismo: clave para informar en tiempos de crisis

Matrimonio entre ciencia y periodismo: clave para informar en tiempos de crisis

Columna-Thomas-SparrowCuando las crisis paralizan al mundo o cuando se habla de cambio climático, es común que las fake news o noticias falsas ronden por doquier, la información se distorsione y se convierta en una bola de nieve difícil de detener. Informar de forma responsable es uno de los retos del periodismo, y ante la situación que estamos viviendo, esta labor se hace aún más necesaria.

Pesquisa Javeriana habló con Thomas Sparrow, periodista javeriano, ex corresponsal de la BBC en Washington y actualmente corresponsal político en Berlín de Deutsche Welle, quien analiza el panorama de su oficio en estos tiempos.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el papel de los medios a la hora de cubrir crisis de forma responsable? 

Thomas Sparrow: Hay tres preguntas clave que yo me he hecho y que durante el ejercicio periodístico he tratado de responder:

  1. Cómo los medios pueden lograr atraer a las personas jóvenes e informarles de manera responsable sobre lo que está pasando en el mundo y, en particular, sobre los grandes temas globales como el coronavirus o el cambio climático. Si uno mira las protestas que ha habido durante los últimos tiempos alrededor del mundo sobre cambio climático, la mayoría son de personas jóvenes, lo que en Europa o en Estados Unidos se conoce como Fridays For Future. 
  1. Cómo se adaptan los medios de comunicación a nuevas realidades como la pandemia que estamos viviendo o el cambio climático, que no es una nueva realidad, pero ahora se está describiendo de manera más enfática como una crisis climática en todas partes del mundo por sus múltiples consecuencias. Entonces, ¿cómo los medios de comunicación responden a esto para tratar de informar de manera responsable y cuáles son los cambios editoriales que tienen que implementar?
  1. Qué tanto los medios de comunicación deben permanecer neutrales o qué tanto deberían volverse más activistas ante la crisis, porque estamos hablando de un tema global que nos afecta a todos.

PJ: Empecemos por ahí ¿Deben los medios permanecer lo más neutrales posible o deberían hacer un periodismo más activista?

TS: Cada medio, dependiendo de sus puntos editoriales, actúa de una manera u otra. Hay medios que han tomado la decisión de ser un poco más activistas, uno de ellos es The Guardian en Reino Unido; asimismo, hay medios que han decidido no poner publicidad de grandes empresas como las petroleras a sabiendas de que les puede afectar económicamente; y hay otros medios que por el contrario han dicho “es nuestra responsabilidad presentar todo tipo información”, basada, eso sí, en la ciencia, con el fin de que sean los lectores quienes decidan.

PJ: ¿Cómo se adaptan los medios de comunicación a estas nuevas realidades y cómo deciden sus políticas editoriales?

TS: Esto depende de las políticas editoriales de cada medio y de su audiencia. Pero, dentro de la implementación de dichas reglas, los medios deben pensar en los efectos que pueden tener sus decisiones en las personas. Además, otro de los elementos que tienen que considerar es el lenguaje con el que se van a dirigir a sus audiencias.

Por ejemplo, The Guardian tomó la decisión de cambiar su lenguaje, no hablar de cambio climático sino de crisis o emergencia climática; no hablar de una persona escéptica en el cambio climático, sino de un negacionista, etc. Lo mismo sucede con la imagen, por ejemplo, hay un problema cuando un medio acompaña la información sobre las temperaturas récord del planeta con una fotografía de personas disfrutando en la playa.

También es importante pensar en cómo se puede entregar la información de la forma más interactiva y multimedia posible. Un buen ejemplo fue un proyecto interactivo de la BBC, en el que las personas pueden mirar qué tanto se ha calentado su propia ciudad y le da la vuelta al mundo, y así muchos medios que ya trabajan en explicar cómo el cambio climático está afectando las diferentes localidades haciendo uso de herramientas multimedia.

PJ: ¿Cómo comunicar lo que está sucediendo a las nuevas generaciones?

TS: Si uno mira distintas encuestas de quiénes son los que más se interesan por las temáticas climáticas y del medio ambiente, tienden a ser las personas educadas y las personas jóvenes, entonces, si los medios de comunicación quieren llegarles a ellos tienen que entender cómo se informan. Y, ¿cómo lo hacen? Los jóvenes, principalmente, a través de sus celulares, aplicaciones y redes sociales; y aquí se pierde un poco el concepto de marca, que antes era muy importante para nuestros periódicos y para las audiencias.

En algunos casos los jóvenes ya no tienen la noción de quién informa de manera responsable, pues su medio de noticias son las redes sociales. Es por esto que el reto que tienen los medios es entrar en las dinámicas en las que las audiencias jóvenes se mueven, sin que eso implique que se dejen de lado las maneras tradicionales de hacer periodismo.

PJ: ¿Cuál es el papel que juegan los divulgadores de la ciencia, investigadores y profesores en este proceso?

TS:  Son absolutamente fundamentales porque los medios de comunicación en general se basan en información de los expertos, de los profesores, de las personas que conocen la realidad de la situación. Esto debe ser como un matrimonio entre los expertos en las universidades, los científicos, los diferentes institutos y los periodistas. La clave está en esa búsqueda de vínculos entre las personas que saben mucho de un tema y los periodistas que puede que no sepan a profundidad del tema, pero sí saben cómo comunicarlo.

PJ: En medio de la incertidumbre que puede generar la crisis, ¿cómo hacer para que la opinión no prime sobre la información?

TS: Desde las reglas y políticas editoriales del medio deben quedar claras esas cosas. “Aquí vamos a informar no basados en especulaciones, ni opiniones personales, sino basados en la ciencia”, afirmarán unos; otros dirán: “vamos a tratar de corroborar ciertos estudios de la mano de muchos científicos que saben sobre el tema”, etc. Hay que tener criterios, incluso, para seleccionar las investigaciones científicas que llegan a nuestras manos y corroborar que lo que está ahí tenga unas bases sólidas.

PJ: ¿Los medios deberían hacer uso del periodismo de soluciones para abordar estas temáticas?

TS: Claro. Hay una tendencia a ver el cambio climático o la actual pandemia del coronavirus como una crisis. Los periodistas claramente tenemos que poder explicar esto y darle el contexto necesario, pero a la vez no sólo mirar el punto negativo de la crisis y la emergencia, sino también buscar cuáles son las soluciones que los ciudadanos están encontrando para afrontar las dificultades. Ese es un ejercicio particularmente importante ahora con el coronavirus: qué están haciendo las personas para mejorar su entorno, ser solidarios y encontrar respuestas para ellos y para la sociedad.

PJ: ¿Cuál es el mensaje para las audiencias?

TS:  La audiencia debe cuestionarse cuando vea noticias o lea periódicos. Debe ser crítica y saber, o por lo menos buscar, qué intereses tienen los medios y cómo están informando. La relación entre periodistas y audiencias no puede ser pasiva. No es solamente una cuestión de los periodistas de informar, también es una cuestión de las audiencias de preguntarse cómo pueden encontrar buena información y a qué fuentes mediáticas les creen, para luego tomar decisiones responsables.

¡Del Continente Blanco al trópico!

¡Del Continente Blanco al trópico!

Mientras escribo las líneas de esta columna, estamos en medio de la pandemia del coronavirus, el cual ha venido en ascenso exponencial. Además, me entero de que Colombia cerraron la frontera y yo aún estoy en el extranjero. No logré entrar a mi país. Sin embargo, creo que lo mejor que podemos hacer es no entrar en pánico, estar en unión familiar, tranquilizarnos, respirar, pensar positivo, disfrutar cada día que la vida nos brinda y acatar las medidas necesarias para no seguir dispersando el virus.

Les quiero compartir la última aventura que la vida me regaló. Luego de terminar mi increíble experiencia en el lugar más hermoso de la Tierra, la Antártica, fui a un lugar un poco más cálido y un poco más cerca de nuestro país. Visité otro magnífico territorio, el archipiélago de Puerto Rico, localizado en el Caribe Tropical. Logré visitar la isla principal y dos más pequeñas: Vieques y Culebra.

La hermosa San Juan y sus fuertes
La hermosa San Juan y sus fuertes

Allí tuve la oportunidad de caminar por la hermosa capital, San Juan. Su arquitectura me recordó un poco a Cartagena, probé el famoso y delicioso mofongo, parecido a un puré, pero de plátano o de yuca. Además, en la isla Culebra, realicé una de las cosas que más me gusta hacer: bucear. Pude observar diferentes especies de peces y de corales, éstos últimos son invertebrados marinos que viven en colonias, conformadas por muchos individuos idénticos llamados pólipos, los cuales miden pocos milímetros de diámetro y pocos centímetros de longitud. Cuando estaba estudiando biología, tomé una electiva en ecología marina y pude aprender mucho sobre los corales. En esta ocasión, me llamó mucho la atención una en especial, Montastraea cavernosa (fotografía del banner). Es realmente hermosa y común en el Caribe; desafortunadamente, me llama la atención ver varias colonias con signos de blanqueamiento.

Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.
Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.

Los arrecifes de coral son muy importantes para los ecosistemas marinos y para las personas cumplen varias funciones; una de ellas es servir como barrera, protegiendo así las costas de la erosión. Se calcula que son hábitat para el 25% de las especies marinas, incluyendo las que consume el hombre. El blanqueamiento de coral es una enfermedad que sufren cuando las condiciones de su hábitat se ven afectadas, como el aumento de la temperatura del océano por el calentamiento global, la contaminación, el incremento de la radiación solar y las tormentas. Todo esto les causa un estrés considerable. Un coral saludable mantiene una relación simbiótica de mutualismo (interacción biológica estrecha entre dos organismos, en la cual ambos se benefician) con una especie de alga; cuando ocurre algún cambio en el ambiente el alga abandona el coral, el cual se torna blanco, débil y más susceptible a enfermedades. Si los corales desaparecen, se verían afectados todos los ecosistemas y animales marinos de todo el planeta.

También pude oír el hermoso canto de la ranita coquí durante la noche. Es endémica de Puerto Rico y recibe su nombre por la llamada que hacen los machos de dos especies, las cuales suenan como “co” y “qui”. La que se puede observar con mayor frecuencia es la coquí común (Eleutherodactylus coqui). Este anfibio se ha convertido en un símbolo para la isla y su canto aparece en algunas canciones de varios artistas como Rubén Blades y Calle 13.

Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).
Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).

Además, realicé una caminata por el Parque Nacional El Yunque, un bosque lluvioso tropical muy bonito y lleno de vida. Tiene un área de 113 km2, con más de 39 kilómetros de senderos ecológicos. En uno de ellos pude observar un reptil nativo de la isla llamado comúnmente anolis, porque pertenece a este género. En la foto pueden ver el anoli de hierba de tierras altas (Anolis kugri). Esta especie se alimenta de insectos como cucarrones y hormigas, arácnidos como garrapatas y arañas y pequeños gusanos. Los pude ver saltando entre las hojas de los arbustos y árboles. Cuando me acercaba para tomarles fotografías se quedaban totalmente inmóviles.

El recorrido por Puerto Rico, verde y sonoro, fue realmente enriquecedor y totalmente diferente a la experiencia de la Antártica.