La genética: clave para mejorar la sostenibilidad alimentaria

La genética: clave para mejorar la sostenibilidad alimentaria

El arroz que usted sirve en una bandeja paisa y que está presente en la mayoría de los almuerzos ejecutivos podría tener un trasfondo genético que tal vez no conoce. De la misma forma, el azúcar que le pone al café, con el que endulza el jugo y que proviene de la caña de azúcar, podría venir de estudios especializados que mejoran su calidad. Precisamente, sobre esos dos aspectos trabajan científicos colombianos.

Según la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), en 2019 la producción nacional de este cereal fue de 2,2 millones de toneladas al año en promedio, lo que significa que 42 kilos de arroz terminaron en la mesa de cada colombiano. Mientras que, en el caso del azúcar, su producción alcanzó poco más de 2,2 millones de toneladas en el mismo año, de las cuales 1,7 millones de toneladas se destinaron para el consumo nacional, según Asocaña, es decir, lo equivalente a 35 kilos por persona Al evidenciar la importancia de estos dos alimentos en la dieta nacional y con el fin de promover la investigación y la innovación científica en el país, la Pontificia Universidad Javeriana, sedes Cali y Bogotá, avanzan en la implementación del proyecto Optimización Multiescala In-silico de Cultivos Agrícolas Sostenibles (Omicas).

Se trata de una investigación que en 2018 ganó el programa Colombia Científica como parte de la Segunda Convocatoria de Ecosistemas Científicos del actual Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Desde ese momento, la Universidad Javeriana como entidad ancla, junto a 16 instituciones de educación superior, centros de investigación en agricultura y la industria, se han centrado en transformar los componentes genéticos del arroz y de la caña de azúcar. Esto, para producir semillas resistentes al cambio climático, con mejor rendimiento durante los periodos de cosecha, y que contribuyan a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero.

Andrés Jaramillo-Botero, Doctor en ingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia en España y director científico del programa Ómicas, reconoce que la selección de estos dos productos para el estudio se debe a que en el caso de la caña de azúcar “todavía no existe un genoma completo y eso representa un reto desde un punto de vista del análisis y función de sus genes”, mientras en el caso del arroz “sí existe un genoma completamente secuenciado, permitiendo así la anotación de genes y experimentos de genómica comparativa y funcional con otras plantas”, detalla.

Genoma: es la totalidad del material genético (secuencia de ADN que define el conjunto de instrucciones de ensamble de un organismo vivo) que posee un organismo o una especie en particular.

 

Ómicas, una investigación de carácter agrícola

Para transformar los componentes epigenéticos, genéticos, metabólicos y proteicos del arroz y de la caña de azúcar, y garantizar la producción de semillas con un mejor rendimiento en los periodos de cosecha, el programa Ómicas fue dividido en siete proyectos que asumen retos independientes pero articulados entre sí. Hoy, luego de llegar al final del segundo año de implementación del Programa y con el propósito de ser sostenible después de cinco años, Jaramillo-Botero comparte a Pesquisa Javeriana los resultados que han obtenido hasta el momento:

El desarrollo de nuevas herramientas bioinformáticas para la clasificación de genes y sus funciones tanto en arroz como en caña de azúcar; la fabricación de un sensor electroquímico que mide la concentración de iones de aluminio en suelos ácidos, los cuales afectan el desarrollo normal de una planta, y la caracterización de la estructura molecular de una proteína de membrana celular denominada GCR1, que podría jugar un papel central en la señalización y respuesta ante estrés de los cultivos, particularmente el arroz.

Asimismo, Jaramillo-Botero señala que el equipo de investigación ha desarrollado e implementado múltiples técnicas para la clasificación de los cultivos de arroz y caña de azúcar, mediante drones, estaciones fijas y móviles en tierra para determinar la biomasa de los cultivos, el contenido de nitrógeno en las hojas, las variables atmosféricas y de suelo que inciden en la productividad de las cosechas. Adicionalmente, a la fecha, el programa ha identificado genes en el arroz que otorgarían resistencia al Virus de la Hoja Blanca, así como genes que amplían la tolerancia de este grano ante cambios en radiación solar, afectando su proceso de fotosíntesis y toxicidad por aluminio.

Por el momento, el programa Ómicas se encuentra en la clasificación de las diversas variedades de caña de azúcar debido a su aporte a la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI), lo que incide en el cambio climático, para posteriormente identificar los genes que podrían regular dichas emisiones. Con estos resultados y los retos en investigación que todavía quedan por cumplir, los investigadores javerianos esperan alcanzar la meta inicial del proyecto: aportar, mediante las variedades agrícolas de arroz y de caña de azúcar, a la seguridad alimentaria y sostenibilidad productiva del agro a nivel mundial.

Si desea conocer más sobre este proyecto, ingrese aquí.


 

* Las instituciones aliadas del programa son: Pontificia Universidad Javeriana (Cali y Bogotá), Universidad ICESI, Universidad de los Andes, Universidad de los Llanos, Universidad de Ibague, Universidad del Quindio, Instituto Tecnológico de California (Caltech, USA), Universidad de Illinois en Urbana (UIUC, USA), Universidad de Tokio (Japón), Universidad de Ghent (Bélgica), Instituto Nacional de Agricultura Botánica (Cambridge, Reino Unido), Centro Internacional de Agritcultura Tropical (CIAT), Centro de Investigación en Caña de Azúcar (Cenicaña), Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), Hi-Tech Automation, Intelecto SAS. Desde su constitución, el programa viene consolidando nuevas colaboraciones nacionales e internacionales, con centros de investigación extranjeros (ej. CIRAD e IRD en Francia), así como con empresas nacionales e internacionales (ej. CNX/Manglar).

 

Minga House: arquitectura e ingeniería con sentido social

Minga House: arquitectura e ingeniería con sentido social

La palabra de origen quechua minga se refiere a la antigua tradición, en las comunidades indígenas latinoamericanas, de reunirse para realizar un trabajo comunitario que beneficia a todos. Lo anterior hace que su uso aún sea frecuente no solo en los grupos aborígenes que sobreviven, sino también en las comunidades afrodescendientes.

Y como evocación de ese sentido grupal, entre mediados de 2018 y diciembre de 2019, más de 60 personas de Cali y Brasil, entre estudiantes y docentes de 10 programas académicos relacionados con el diseño y la construcción, se unieron para participar como equipo en el Solar Decathlon Latin America & Caribbean 2019, el concurso internacional de arquitectura e ingeniería patrocinado por el Departamento de Energía de los Estados Unidos y el Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL, por su sigla en inglés), también de ese país, que por segunda vez se realizaba en Cali. De la fusión entre la tradición y esta convocatoria actual surgió el nombre de Minga House para el proyecto.

Según Iván Osuna Motta, docente de arquitectura javeriano e investigador principal del proyecto, el objetivo de esta minga, que se adecuaba a las condiciones del concurso, era “hacer un prototipo de vivienda que formara parte de un proyecto urbano, también diseñado por el grupo, y que considerara 120 viviendas por hectárea. Cada una debía ser mínimo para cinco personas, tener entre 60 y 80 metros cuadrados, estar 100 % abastecida por energía solar y caber en un lote que suministra el concurso”.

La motivación para participar en el certamen, que combina diez categorías ―entre ellas, sostenibilidad, eficiencia energética, diseño urbano, comunicaciones y confort―, resultó de la confluencia de varias circunstancias: primero, además de recibir invitación y de que la sede era la capital del Valle del Cauca, la Javeriana seccional Cali tenía el antecedente de haber ocupado el segundo lugar en 2015, con el proyecto Casa Alero; segundo, en 2014 los brasileros habían participado en el concurso en Europa, y, finalmente, el proceso de aprendizaje que se podía generar resultaba muy atractivo para estudiantes, docentes e instituciones educativas, pues durante año y medio llevarían a cabo tanto la investigación como el diseño y la producción de una obra arquitectónica.

 

En cada minga house, de no más de ochenta metros cuadrados y alimentada por luz solar, caben al menos cinco personas.

 

“Muy pocas veces, en la construcción, tenemos la posibilidad de vivir el proceso completo. Las prácticas laborales muchas veces son solamente para estar en diseño o gestión de la construcción o investigación. Este proyecto permitió ir de la investigación hasta materializar el trabajo en una obra”, cuenta Ana Lucía Ordóñez, estudiante de Arquitectura que actuó como project manager de Minga House.

En lo académico, cuenta Osuna, “la Universidad ha resaltado que este proyecto representa lo que debería ser la educación javeriana: un trabajo en el que participan ocho programas académicos, de tres facultades distintas, que permite una interdisciplinariedad que no es fácil, que hace posible un proceso de aprendizaje significativo y que genera beneficios, como fortalecer nuestra red de conocimiento, al conectarnos con otras instituciones interesadas en los mismos problemas”.

 

La minga benefició a todos

El primer paso fue entregar un proyecto para clasificar en la competencia. Durante año y medio, mientras avanzaba la participación de los brasileros, que son fuertes en simulaciones y desempeño energético de edificios, el equipo javeriano se embarcó en la tarea de cumplir con las cinco etapas del concurso. “Organizamos una estructura de integración curricular, es decir, ver en qué asignaturas podíamos cruzar los objetivos del proyecto con los académicos. Tuvimos estudiantes de distintos cursos, de proyectos de grado, de prácticas profesionales y de electivas. Ese equipo se renovaba cada semestre”, comenta el docente.

Y como era un concurso, se pusieron un reto adicional: el proyecto urbano se haría específicamente para el Pacífico. “En Buenaventura, estudiamos la Isla de Cascajal y el continente, pero en consenso decidimos trabajar en la isla y en las comunas tres y cuatro, que son las zonas más vulnerables socialmente, con índices de pobreza muy altos, violencia y con riesgos de inundabilidad”, cuenta Ordóñez.

Dos pilares marcaron su línea de pensamiento, complementa Osuna, “los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que definen un compromiso con el planeta”, y la encíclica papal Laudato si’, “que recoge un factor diferenciador de la Universidad frente a otras: nuestras acciones deben estar dirigidas hacia los más vulnerables como compromiso fundamental. Por eso trabajamos en la Isla”.

El resultado no pudo ser mejor: primer puesto, con distinciones en nueve de las diez categorías, pero además importantes conocimientos generados. “Aportamos en dos temas clave: trabajar con estructuras en madera laminada para edificios en altura, algo poco desarrollado en Colombia y con muchos detractores que no lo consideran posible por nuestra condición sísmica, pero demostramos que sí se puede hacer; y desarrollar técnicas relacionadas con un mejor desempeño térmico del sistema de muros con tablas, buscando que sea un mejor aislante”, cuenta el profesor. “Esta podría ser una solución a los problemas de vivienda en altura en el Pacífico, y que conserva las características tradicionales de sus construcciones”, enfatiza.

Y como la finalidad es el beneficio colectivo, también se cumplió con los habitantes de la Isla de Cascajal. “Siempre le aclaramos a la comunidad: es un ejercicio académico en el que nos podemos comprometer a hacer visible el problema y las posibles soluciones. Muchas veces lo que necesitan son herramientas para poderse acercar a la administración pública y decirle: ‘hay otra posibilidad frente a lo que usted está planteando y puede ser esta’. Siendo claros, para la comunidad eso resulta suficiente”, concluye el profesor.

 

Para leer más: Osuna, I., Ordóñez, A., Villamil V. (2020). Minga House: propuesta para comunidades sostenibles en el clima futuro. Revista Javeriana, 156(861).


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: “Minga House” – Solar Decathlon Latin America & Caribbean 2019
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Iván Osuna Motta COINVESTIGADORES: Iván Otálvaro, Orlando Cundumí, Estéfany Rey, Anita Gutiérrez, Ángela María Correa, María Claudia Villegas, Héctor Benavides, Jorge Pérez y Eugenio Tamura
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño Grupo de investigación Poiesis, en unión con el Instituto Federal de Santa Catarina y la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2018-2019

 

ARTÍCULO-ANTERIOR              REGRESAR-A-P53              SIGUIENTE-ARTÍCULO

Y si se acabaran los anfibios…

Y si se acabaran los anfibios…

¿Por qué es tan importante para Colombia ser el segundo país con más variedad de anfibios en el mundo, después de Brasil? Además de reconocer que ellos cumplen una labor fundamental como controladores de plagas y que son primordiales para la cadena alimenticia en sus ecosistemas, estos animales tienen un gran potencial en industria farmacéutica. Pero sus hábitats naturales están siendo alterados por la deforestación y el cambio climático.

“Tenemos el 10 % de los anfibios de todo el planeta, de los cuales casi 433 especies son endémicas, es decir, que solo habitan en Colombia, y 296 especies están en riesgo de extinción. Por el solo compromiso de conocer lo que tenemos, ya hay un deber ético y moral. Desde el punto de vista de la importancia de las 846 especies registradas en el país, muchas tienen el potencial de servir para el desarrollo de proyectos biotecnológicos”, afirma Nicolás Urbina-Cardona, ecólogo de la Pontificia Universidad Javeriana, quien ya es reconocido en el mundo científico por su conocimiento e investigaciones sobre ecología y conservación de los anuros que habitan en Colombia.

Para conocer el potencial de estos animales hay que adentrarse en su biología. Las ranas y los sapos adultos respiran no solo por los pulmones, sino también por la piel, que debe permanecer húmeda, lo que facilita que en ella haya un ‘caldo de cultivo’ de muchas sustancias, como antibióticos y bactericidas, para evitar la depredación y para poder sobrevivir en ambientes húmedos. “Algunas toxinas que tienen muchos batracios en la piel, como epibatidinas, salamandrinas, bufotoxinas, bufogeninas, pumiliotoxinas y batracotoxinas, sirven para fabricar analgésicos, como la caeruleína”, informa este ecólogo, agregando que en la piel de una de las ranas de la Orinoquía y el Caribe colombiano se encontró un compuesto (pseudin-2) que ayuda a combatir la diabetes humana tipo 2.

“A partir del uso de algunas ranas africanas, australianas y argentinas, durante los años cincuenta se realizaron pruebas de embarazo. De otra especie australiana, actualmente extinta, que incubaba sus huevos en el estómago, se han desarrollado tratamientos para la úlcera gástrica humana. En muchas especies de ranas, sapos y salamandras se han encontrado compuestos con actividad biológica de utilidad para el ser humano, como antivirales, antimicrobianos, neurotransmisores, anticancerígenos, antiparasitarios, moduladores de la coagulación de la sangre, analgésicos y antiinflamatorios, con potencial para tratar enfermedades como el alzhéimer, la leucemia y cánceres de pulmón, seno, colon y vejiga, entre otros”, explica Urbina-Cardona.

Desde el punto de vista de los ecosistemas, también hay beneficios para los humanos, poco conocidos, pero de gran valor. Estos organismos pueden consumir diariamente gran cantidad de insectos, por lo que se convierten en controladores de plagas, lo que repercute positivamente en la conservación de cultivos. Incluso sirven para regular la propagación de insectos que transmiten enfermedades como dengue, mal de Chagas, malaria, zika y chikunguña, entre otros.

Urbina-Cardona resalta que en Colombia no hay muchas investigaciones sobre las comunidades de anfibios que habitan paisajes fragmentados y perturbados, por lo que ha focalizado sus esfuerzos en liderar y acompañar estudios científicos en diferentes zonas del país.

 

Disminución de anuros en los Andes colombianos

Por las condiciones climáticas y la variedad de ecosistemas húmedos de las montañas colombianas, la diversidad de especies de ranas y sapos es enorme. Como codirector de una tesis de doctorado sobre el análisis de los cambios en los ecosistemas andinos y el riesgo de extinción de los anuros, Urbina-Cardona ayudó a los investigadores a concluir que hay un alto riesgo de extinción de anfibios en esta región del país.

Podría presentarse una pérdida del área de ocupación de estas especies en los Andes que oscila entre el 49,6 % y 72,6 % para el año 2050.

Uno de los hallazgos más significativos de esa investigación es que, para el año 2050, podría presentarse una pérdida del área de ocupación de estas especies en los Andes que oscila entre el 49,6 % y 72,6 %, debido al efecto combinado de los altos índices de deforestación y el cambio climático. Ese hecho podría ser determinante para la supervivencia de las 30 especies analizadas en el estudio.

“Imaginemos que eres un anfibio, que vives en los Andes, y aumenta la temperatura del hábitat por cambio climático. Tienes la oportunidad de subir la montaña para llegar a sitios más fríos, siempre y cuando puedas cruzar los potreros o cultivos que separan un parche de bosque nativo de otro. Si vives en la selva, vas a poder subir la montaña para buscar nuevos hábitats, pero si vives en un páramo, ¿a dónde trepas?”, se pregunta este profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Sierra Nevada de Santa Marta, una ‘isla’ para los anfibios

Gracias a las redes de colaboración entre universidades, el profesor Urbina-Cardona fue contactado por su colega Thomas Lacher, de la Universidad de Texas A&M, para servir como asesor de la tesis de doctorado de la estudiante Nikki Roach, enfocada en el estudio de anfibios en distintas coberturas de suelo, a diferentes altitudes.

“Es un estudio de campo que se realizó en varias partes de la Sierra Nevada de Santa Marta y que describe la ecología de comunidades de 19 especies de anfibios de esa región; un sitio que es una ‘isla continental’, totalmente atípica; es tan rara como Madagascar o Nueva Zelanda, porque es una isla húmeda en medio de sitios secos”, explica Urbina-Cardona.

La investigación buscó respuestas sobre el efecto que tiene en los anfibios la pérdida de páramos y bosques andinos cuando son transformados en cafetales y potreros por parte de las personas que habitan el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta.

Analizando los hallazgos, Roach y Urbina-Cardona encontraron que potreros y cafetales no son hábitats para la mayoría de las especies, mientras que el bosque y los ecotonos (zonas de transición entre páramo y potrero, o entre sembrados de café y bosque, por ejemplo) no solo albergan alrededor del 60 % de las especies, sino que se complementan entre sí en más del 50 %, por lo que ambos son muy importantes para la supervivencia de las ranas.

Urbina-Cardona advierte que la deforestación y la transformación de bosques andinos son perjudiciales para la preservación de la vida silvestre, aunque la calidad de hábitat para las especies nativas puede ser mejorada dentro de los cultivos cuando se mantienen algunos elementos de la vegetación original. “Un cafetal no es un hábitat por donde los anfibios crucen felizmente, pero sí es muy importante porque amortigua todo el flujo de agroquímicos, viento y todos esos fenómenos que vienen de otros cultivos o potreros, mejorando la calidad de una parte del bosque nativo”, resalta.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Cada ecosistema cuenta, por pequeño que sea

Urbina-Cardona participó en un estudio global colaborativo sobre el efecto de la hipótesis de la cantidad de hábitat sobre la densidad de especies nativas, publicado este año. Aportó los resultados obtenidos durante sus estudios de doctorado sobre comunidades de anfibios y reptiles que habitan fragmentos de selvas en paisajes dominados por pastizales en México. En el artículo científico, estos resultados fueron compilados y contrastados con otros 34 estudios sobre otros grupos taxonómicos, como plantas, aves, mamíferos e insectos.

“En Colombia la gente no le presta atención a parches de bosques nativos chiquitos, aquí seguimos pensando que con conservar parches grandes de bosques y selvas es suficiente para asegurar la conservación de la biodiversidad a largo plazo. Pero en los Andes colombianos nos queda alrededor del 20 % del bosque original, y del bosque seco tropical nos queda solo el 8 %. Cada vez hay menos masas extensas de bosque nativo para conservar”, llama la atención este científico.

Según la publicación, hay que replantear varios paradigmas y articular las áreas protegidas teniendo en cuenta los “parchecitos”, la reducción de la pérdida de hábitat nativo y su restauración ecológica, así como el manejo integral de los sistemas productivos aledaños. Por eso sería necesario hacer más visibles figuras de conservación como las reservas naturales de la sociedad civil y esquemas de pago por servicios ecosistémicos.

La labor de Nicolás Urbina-Cardona no se detiene. Su determinación científica se encamina, según sus palabras, a hacer llamados de atención permanentes para que tanto instituciones estatales y privadas como ciudadanos tengan en cuenta la generación de conocimiento científico, con el fin de ayudar a la conservación de los anfibios, fundamentales para el equilibrio de los diversos ecosistemas que hay en Colombia y para el desarrollo de la industria farmacéutica.

 

Para leer más:

Watling, J. I., Arroyo-Rodríguez, V., Pfeifer, M., Baeten, L., Banks-Leite, C., Cisneros, L. M. y Lens, L. (2020). Support for the habitat amount hypothesis from a global synthesis of species density studies. Ecology Letters, 23(4), 674-681.


 

TÍTULOS DE LAS INVESTIGACIONES:
1. Impactos regionales del cambio climático y de los cambios de uso del suelo sobre el riesgo de extinción de anfibios en los Andes de Colombia (2015-2020)
2. Assessing the distribution and vulnerability of amphibians to land use and climate change in the Sierra Nevada de Santa Marta (2016-2020)
3. Support for the habitat amount hypothesis from a global synthesis of species density studies (2016-2020)

INVESTIGADORES PRINCIPALES: 1. William Agudelo-Henríquez, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional de Colombia
2. Nicolette S. Roach, Agriculture & Life Sciences Faculty, Wildlife and Fisheries Sciences, Texas A&M University
3. James I. Watling, Department of Biology, Conservation Biology Lab, John Carroll University

COINVESTIGADORES: 1. Dolors Armenteras, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional de Colombia
2. Thomas E. Lacher Jr., Agriculture & Life Sciences Faculty, Wildlife and Fisheries Sciences, Texas A&M University
1, 2, 3. Nicolás Urbina-Cardona, Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Departamento de Ecología y Territorio, grupo de investigación Ecología y Territorio, Pontificia Universidad Javeriana

 

ARTÍCULO-ANTERIOR            REGRESAR-A-PESQUISA-JAVERIANA-52            SIGUIENTE-ARTICULO

De lo grande a lo pequeño

De lo grande a lo pequeño

Este mes tuve la gran fortuna de visitar un hermoso parque nacional en el norte de Estados Unidos: el parque Cuyahoga, el cual tiene aproximadamente 132 km2. Se me presentó la oportunidad de realizar varias caminatas, una de ellas de aproximadamente cuatro horas, y la verdad me encantó, porque la mitad de ese tiempo la gastamos en la quebrada Brandywine. Es un cuerpo de agua muy somero, por lo cual es muy placentero caminar en él sin zapatos, disfrutando del agua que corre entre los pies, los tobillos y las pantorrillas; una sensación muy refrescante para las altas temperaturas del verano. Nuestra recompensa al finalizar el recorrido por esa hermosa quebrada bordeada de un bosque muy imponente, fue llegar a contemplar y escuchar sus bellas cataratas, las cuales tienen una altura de 26 metros. Además, sus aguas van a parar al río Cuyahoga.

Cascada Brandywine
Cascada Brandywine

Cuando me encontraba en medio del bosque, los lagos y las quebradas, me empecé a percatar de la presencia de unos seres, a los que por lo general no les presto mucha atención o en realidad no tengo la oportunidad de apreciarlos cuando estoy trabajando en el mar. Creo que para la mayoría de las personas son criaturas que pasan desapercibidas, puesto que no son grandes como una ballena, un delfín o un ave; algunos de ellos miden tan solo algunos milímetros. Estoy hablando de los insectos, que “florecen” en el verano y son más abundantes en esta época del año. Por mi profesión de bióloga, me encanta contemplar cualquier especie animal y aprender sobre ella.

Aunque por su tamaño pueden pasar inadvertidos la mayoría de las veces, los insectos son el grupo de animales más diversos del planeta, con aproximadamente un millón de especies descritas y alrededor de 10 millones aún sin describir. Uno de los que pude observar fue una libélula que nunca había visto. La denominé libélula cebra por su abdomen de color blanco y parches negros en sus alas. Sin embargo, su nombre es cola blanca común (Plathemis lydia), distribuyéndose por toda Norteamérica. Su tamaño promedio es de cinco centímetros y la coloración del macho es diferente al de la hembra, siendo café esta última, con un patrón de color negro diferente en las alas. Las libélulas juegan un rol ecológico muy importante, ya que son predadoras de pequeños insectos, como moscas y mosquitos, controlando sus poblaciones; también se pueden alimentar de abejas, mariposas y polillas.

Macho de la libélula cola blanca común
Macho de la libélula cola blanca común

Otro insecto que puede ser confundido con las libélulas es el ‘Caballito del diablo’. Aunque son parecidos, éste puede plegar sus alas mientras que las libélulas no tienen esa característica. Además, las primeras tienen un abdomen mucho más delgado, son más pequeñas y tienen los ojos separados. En el bosque me encontré con un hermoso ´Caballito del diablo’, llamado comúnmente como Joya de Ébano (Calopteryx maculata); está distribuido en el oriente de Estados Unidos y Canadá. Es realmente deslumbrante, su color verde brillante y sus alas negras hipnotizan; es pequeño y se mueve muy rápido.

Macho del caballito del diablo joya de ébano alimentándose de otro insecto
Macho del caballito del diablo joya de ébano alimentándose de otro insecto

Ambos insectos mencionados se encuentran fácilmente alrededor de cuerpos de agua, simplemente hay que tener paciencia y sentarse sin hacer mucho movimiento para tomar una buena foto.

Una criatura que es famosa porque permanece en posición de rezo casi todo el tiempo, fue la siguiente que pude observar. La mantis (Mantis religiosa) debe su nombre a que su primer par de patas se encuentran recogidas hasta en el momento de cazar; son grandes predadores pues se alimentan de insectos más pequeños. Las hembras son de mayor tamaño que los machos y en varias ocasiones se ha documentado que durante o al finalizar la cópula la ella se alimenta de él. Otra curiosidad: posee un órgano auditivo en el tórax.

Subadultos de mantis religiosa, uno de ellos alimentándose de otro insecto.
Subadultos de mantis religiosa, uno de ellos alimentándose de otro insecto.

Y por último me encontré con un hermosísimo escarabajo tigre de seis manchas (Cicindela sexguttata) (fotografía del banner). Se conocen hasta 2.600 especies de escarabajos tigre en el mundo y cada año descubren una nueva. Se encuentran distribuidos a nivel mundial, exceptuando la Antártida, Hawai, Maldivas y Tazmania. Su color verde metalizado llama mucho la atención y se cree que esto lo ayuda para aparentar o parecer como una especie peligrosa para los depredadores. Además, es el insecto más rápido del planeta, si tuvieran el tamaño de un caballo correrían alrededor de 300 o 400 kilómetros por hora. Se alimenta de una manera muy particular: posee unas largas y delgadas mandíbulas que usa para despedazar a sus presas y luego les escupe saliva para iniciar la digestión por fuera del cuerpo; luego empieza a succionar los líquidos de la presa que está masticando.

Estás fueron unas muy agradables sorpresas durante el intenso verano en el Norte de los Estados Unidos.

Hass…ta la vista, plaga del aguacate

Hass…ta la vista, plaga del aguacate

El pasado 8 de julio el país recibió la noticia sobre la llegada a China del primer cargamento colombiano de aguacate Hass. Y aunque imperceptible para muchos, con este hecho también surge la necesidad de garantizar la calidad de este producto tipo exportación. 

Investigación javeriana demuestra que un inofensivo gusano para los humanos puede erradicar dos tipos de plagas que afectan los cultivos de esta fruta. 

El cubrimiento de la nueva demanda sobre el aguacate Hass ha ocasionado la extensión del área de monocultivos en Colombiaproliferando también sus plagasEl cumplimiento de los estándares y normas internacionales en lo que respecta a tiempos, niveles y calidades de producción para la exportación, está llevando a que los agricultores prefieran el uso de agroquímicos en el control de plagas, siendo conscientes de las consecuencias que esto trae a largo plazo en el suelo, las fuentes hídricas y el consumo.

Pulguilla - Picudo
Pulguilla – Picudo

Soluciones para los cultivadores 

Sin embargo, existen otras formas de realizar controles biológicos a las plagas siendo menos agresivos con el medio ambiente y fomentando la implementación de cultivos orgánicos más productivos”, explica Natalia Wilches-Ramírez, bióloga de la Pontificia Universidad JaverianaEn estos cultivos libres de químicos se realizan manejos integrales de plagas (MIP) que monitorean permanentemente la plaga y que la controlan con diferentes estrategias culturales, químicas, biológicas, físicas y mecánicas, 

En el municipio de Pasca, Cundinamarca, esta bogotana recolectó material biológico de un cultivo orgánico de aguacate Hass afectado por dos insectos conocidos como ‘EPicudo (Pandeleteius cinereus) y ‘LPulguilla (Epitrix cucumeris) 

“En plantas jóvenes estos insectos-plaga afectan el follaje y los cogollos, ocasionando defoliación y reduciendo el área fotosintética de las hojas, causando inhibición del crecimiento y desarrollo vegetalEn las plantas adultas pueden afectar el fruto, ya que dentro de estos sucede una parte de su ciclo de vida como insecto”, complementa Wilches-Ramírez. 

Plaga - hojas

Las muestras biológicas de los insectos – plaga identificados en el cultivo fueron llevadas a condiciones controladas de laboratorio y expuestas a ocho cepas de un grupo de gusanos que tienen capacidad de infectar únicamente los insectos.  

Estos invertebrados, conocidos como nematodos entomopatógenos (Nep), previamente aislados y recogidos en zonas con diferentes alturas, temperaturas, humedades y suelos, demostraron tener unas gran capacidad de acabar con ‘EPicudo y ‘LPulguilla presentes en las plantas de aguacate.

Nematodo entomopatógeno
Nematodo entomopatógeno

Al no encontrar más individuos que parasitar terminan su ciclo de vida sin generar impactos sobre los frutos. Aunque se introduce una especie, es una endémica de nematodo que no altera el ecosistema”, asegura la investigadora.

Pulguilla - paracitada
Pulguilla paracitada

Entre los síntomas que permitieron identificar que precisamente los gusanos entomopatógenos fueron los agentes causantes de la muerte de las plagas mencionadas en las pruebas de laboratorio, se encontró el cambio de pigmentación de los insectos, la poca movilidad en los adultos, la ausencia de olor putrefacto y la disolución de los tejidos internos.  

Una vez identificados los nematodos entomopatógenos óptimos para realizar el control biológico en los cultivos de Hass, el siguiente paso fue multiplicar masivamente estas cepas de gusanos para luego ser aplicados con diferentes técnicas en los cultivos, todo esto como parte de un manejo integral de plagas.  

La idea del control biológico es encontrar el equilibrio entre la producción de los cultivos y la presencia de insectos-plaga por planta. Los agroquímicos eliminan todo, hasta los organismos beneficiosos para los cultivos. Este control biológico a partir de nematodos entomopatógenos surge en la actualidad como alternativa o en otros casos como complemento a la utilización de agroquímicosconcluye Wilches-Ramírez. 

Según cifras reveladas por Mincomercio, en los primeros cuatro meses del año el aumento en las exportaciones de esta fruta fue del 21% con respecto al mismo periodo de 2019. Es un incremento significativo teniendo en cuenta que un cultivo de Hass se demora aproximadamente cuatro años en comenzar a dar una producción mínima y por lo menos siete para garantizar estabilidad, por lo que este tipo de soluciones científicas pueden optimizar y dar mejores rendimientos a los cultivadores.

Los secretos de los murciélagos

Los secretos de los murciélagos

“Ya se demostró que los murciélagos son los portadores naturales de este tipo de virus, pero ellos no son los responsables de transmitirlo a los humanos”. Así defiende a estos mamíferos alados la microbióloga Claudia Cuervo, refiriéndose a la gran familia de coronavirus, al cual pertenece el SARS-CoV2, causante de la enfermedad COVID-19, que cada día suma más personas fallecidas en todo el planeta. Pero aún no se sabe cómo este virus en especial, la actual oveja negra de la familia, recorrió el largo camino que le permitió la llegada al humano.

La pandemia fue la excusa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana para organizar encuentros con diferentes miradas sobre los temas de coyuntura. Y el murciélago ha sido uno de ellos. Por eso se unió con la Facultad de Ciencias en un webinar en el cual fue posible incluso escuchar los diferentes sonidos que emiten algunas de las diferentes especies.

El relato de infancia de la profesora Marta Cabrera, con doctorado en comunicación y estudios culturales, describe la casa de sus abuelos en Garzón, Huila, por cuyos tejados se colaban los llamados chimbes, “y con suerte podían volver a salir”, dice; “se les expulsaba a escobazos”. Desde entonces, entre “sapos y caracoles gigantes, enjambres de insectos desconocidos y culebras”, los murciélagos fueron los que captaron su atención. “Me encantaban su velocidad, sus chirridos, y cuando pude echarle mano a uno, la forma de su cuerpo y la arquitectura increíble de sus alas cuando se despliegan”, relata. Y eso fue lo que la cautivó. Luego no se perdía película donde los protagonistas fueran murciélagos y vampiros.

Ese episodio ilustra lo que dicen los biólogos: el murciélago ha ido conquistando diferentes espacios, ya sea en su originaria cueva o aleteando por los aires de casonas, ranchos o enramadas. Tienen una gran capacidad de adaptación a diferentes ambientes porque están en el planeta mucho antes de que apareciera el ser humano. Hoy se les ve en toda la Tierra, a excepción de los polos.

“Son indicadores de la salud o el estado de los ecosistemas”, afirma el biólogo Jairo Pérez-Torres. Al alimentarse de frutos, los murciélagos frugívoros ingieren y dispersan las semillas que regeneran bosques y áreas degradadas; los insectívoros consumen grandes cantidades de insectos, lo que tiene dos efectos benéficos: ayudan a controlar plagas de los cultivos y a disminuir la población de aquellos que transmiten enfermedades como el dengue o la malaria. “En las cuevas cada individuo puede llegar a consumir hasta diez gramos de insectos por noche, lo que favorece industrias como la de algodón, el maíz, el frijol y el arroz”, precisa el investigador. Y de acuerdo con datos que presentó durante el webinar, en el norte de México se calcula un ahorro entre 2.800 y 4.000 millones de pesos colombianos en plaguicidas.

Este investigador, experto en ecología de murciélagos, los conoce como la palma de su mano. Cuenta que además unas especies se alimentan del néctar de las flores, lo cual promueve la polinización de muchas plantas tropicales. Algunos comen ranas y por tanto son carnívoros, pero de las 1.421 especies que existen a nivel mundial solo tres se alimentan de sangre. Las tres están en Colombia.

Los hay sociales; a otros les gusta la soledad y solo se agrupan cuando llega la época reproductiva. Tienen diferentes formas y sus rostros tienen características muy definidas, unos son orejones, otros tienen la lengua tan larga como su propio cuerpo, unos son blancos, otros negros y también están los que lucen rayas que les sirve para camuflarse. Son longevos: pueden durar hasta 44 años.

Pérez-Torres desmitifica algunas creencias: “no son ciegos, no fuman, no son de mala suerte, no son ratones con alas, no son aves, no se enredan en el pelo, no son plagas”. Por el contrario, argumenta, ofrecen pistas que podrían beneficiar la salud humana. “La saliva de los murciélagos hematófagos tiene sustancias anticoagulantes; el control de la capacidad metabólica ayuda a la regeneración celular; tienen termo receptores para detectar sus presas y un sistema inmunológico potenciado resistente a muchos virus”.

Y hablando de mitos, el murciélago sí que ha sido protagonista en las diferentes culturas desde tiempos ancestrales: en la cultura zapoteca mexicana era el dios de la fertilidad, en la maya representaba los sacrificios, en la azteca era asociado a la muerte, mientras en otras culturas los murciélagos se vinculan a representaciones de la noche, el inframundo o la sangre. En la tradición judeo-cristiana se le considera un animal ‘impuro’.

En un plano de representación sensiblemente diferente, “los bocetos de Leonardo da Vinci reflejaron cómo la anatomía de las alas del murciélago inspiraron sus diseños de un artificio volador”, dijo el antropólogo Carlos del Cairo, demostrando que “los murciélagos son un significante muy poderoso y complejo para muchas sociedades humanas del pasado y del presente”.

Al recorrer diferentes épocas y culturas, Del Cairo explicó el “carácter liminal que muchas sociedades le atribuyen al murciélago, al clasificarlo como una especie que articula dominios tan contrastantes como el de la fertilidad y la muerte, la admiración o el temor”.

 

Murciélago y enfermedades

La investigación científica que lidera la profesora Cuervo se concentra en las enfermedades infecciosas, aquellas producidas por diferentes microorganismos y transmitidas por animales, entre ellos los murciélagos. Ha estudiado parásitos y bacterias que producen infecciones en humanos y animales como la Leptospira spp. y la Bartonella spp. Estas bacterias pueden estar presentes en los murciélagos, pero para que lleguen al ser humano necesitan de intermediarios como pulgas, piojos o garrapatas, que pican a los quirópteros y luego hacen lo mismo con el humano.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “alrededor del 60% de todas las enfermedades infecciosas en los humanos y 75% de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas, es decir que son transmitidas desde los animales a los humanos”.

Y van en aumento. Los murciélagos “tienen una característica bien interesante desde el punto de vista de las enfermedades infecciosas y es que vuelan, lo que les permite atravesar grandes barreras, (ríos, montañas) y favorece una mayor dispersión del patógeno”. Además, varios análisis señalan que los murciélagos tienen un sistema inmune que los protege muy bien de las infecciones, por eso es tan interesante su estudio, explica Cuervo.

“Con nuestra investigación queremos saber cuáles especies de estas bacterias están presentes en los murciélagos y cuáles son zoonóticas para el humano”, continúa. “Hasta el momento hemos encontrado que los murciélagos son portadores de las bacterias y que las especies de Bartonella spp. presentes en la población de murciélagos de la cueva Macaregua, que es nuestro sitio de estudio, varían de acuerdo con su dieta”,  le contó Cuervo a Pesquisa Javeriana; “si son frugívoros o insectívoros, los murciélagos tienen unas bacterias particulares”. Pero la cuarentena ha retrasado el estudio y aún no hay resultados concluyentes.

 

¿Alguna lección del coronavirus?

Por qué los murciélagos no sufren las enfermedades que producen virus, bacterias y hongos que cohabitan en su organismo es aún un interrogante. Lo que sí está comprobado es que son portadores de microorganismos que pueden producir enfermedades a los humanos.

Pero aún es incierto el origen del SARS-CoV2 y cómo llegó a infectar al primer humano. En eso está la comunidad científica mundial porque si se comprende de dónde proviene, es posible identificar y aislar la fuente, y así evitar nuevas introducciones del virus en la población humana, de acuerdo con la OMS. También ayuda a comprender la dinámica desde el comienzo del brote y el desarrollo de terapias y vacunas.

Lo que sí es cierto, advierte la profesora Cuervo, es “que las enfermedades infecciosas no son culpa del murciélago”. Sobre la pandemia que está viviendo la humanidad invita a “repensar la forma como nos relacionamos con los ecosistemas silvestres”. Y desde su mirada científica asegura que “tenemos que empezar a entender cómo evolucionan los microorganismos en estos ecosistemas. Cómo logran saltar de un animal a otro. Tenemos que ampliar la visión y empezar a estudiar a los microorganismos antes de que produzcan enfermedad en los humanos, debemos conocerlos y entender cómo conviven entre las especies silvestres”, complementa.

Por su parte, el biólogo Danny Rojas, del departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Javeriana, seccional Cali, y quien lideró la conferencia virtual Coronavirus, murciélagos, vacunas y cómo desacreditar la desinformación, asegura que “no se ha encontrado este virus en ningún individuo de esta especie animal”. Con más de 15 años de experiencia en el estudio de ecología y la evolución de murciélagos confirma que los murciélagos son portadores de esta familia de virus, pero no de este que se ha denominado SARS-COV2.

Recuerde que este 26 de julio hablaremos sobre el tema en el programa Desafíos de RCN y por Javeriana estéreo 91.9 fm el lunes 27 de julio a las 7 pm.

Áreas para restauración ecológica en Colombia, ¿se está haciendo lo correcto?

Áreas para restauración ecológica en Colombia, ¿se está haciendo lo correcto?

Hace varias semanas, en el departamento de Casanare, el Ejército colombiano arrojó 8.000 semillas desde un helicóptero con el propósito de que se conviertan en árboles, en áreas que posiblemente, según expertos, son sabanas. A pesar de que este tipo de acciones sin base científica para la recuperación de los bosques parecen ser recurrentes en el país, varios investigadores proponen una estrategia para la restauración de ecosistemas en estado crítico y de baja productividad.

El profesor Andrés Etter Rothlisberger, del departamento de Ecología y Territorio de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, es el director del equipo de cinco investigadores que analizaron diversos territorios de las jurisdicciones de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR). En el estudio proponen áreas prioritarias para la restauración basadas en los ecosistemas críticos que identificaron en la aplicación de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia, un protocolo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Este científico explica que desde la década del setenta debido al crecimiento de la población del país y sus demandas, se produjo una aceleración de la expansión de la frontera agrícola, la urbanización y la intensificación de los cultivos, que ha puesto en riesgo a muchos ecosistemas a punto de desaparecer.  “El estudio identifica que los ecosistemas secos ubicados en el Caribe y en ciertas zonas de los valles interandinos son los más afectados por los procesos de intervención. En esas zonas se ha mantenido una mayor presión histórica y con una mayor población”, agrega.

Aunque en Colombia se habla permanentemente de la deforestación, no hay que olvidar que otros ecosistemas como las sabanas, los humedales y los páramos también están sufriendo procesos de degradación que van en aumento y también deben ser parte de las iniciativas de recuperación de los espacios naturales.

La clave de la propuesta

El área intervenida que abarca la frontera agrícola es hoy de cerca de 40 millones de hectáreas, una cifra muy alta si se mide por habitante. De acuerdo con los análisis hechos, en estas áreas se podrían ejecutar procesos de restauración, entendida como un proceso de recuperación del territorio a su estado original, antes de ser transformado. “Hay que centrarse en ecosistemas en estado crítico y que tengan baja productividad. Generalmente son áreas de ganadería, improductivas y con baja generación de ingresos. Las áreas que cumplen con esas condiciones son más de seis millones de hectáreas, que deben ser una prioridad. Es importante que el costo de oportunidad de éstas sea el menor posible, para evitar competir con otros usos. Para esto es importante buscar áreas que estén lejos de las carreteras, pues uno de los factores que más incide en el costo de la tierra es la accesibilidad”, manifiesta Etter.

Figure_1_JLUP-104874

Este mapa muestra en color rosado cuáles serían los terrenos de baja productividad en Colombia que podrían ser objeto de restauración

 

Otro de los aspectos importantes que se tuvieron en cuenta para identificar las áreas prioritarias para la recuperación de los ecosistemas es encontrar terrenos con suelos que no estén demasiado degradados porque si lo están, la probabilidad de que se restauren es mucho más difícil y costosa. También se tuvo en cuenta la cercanía a las áreas naturales y las fuentes de agua, porque así es más fácil que lleguen semillas por dispersión natural y así acelerar el proceso de la restauración.

Sin embargo, para que estas superficies puedan restaurarse efectivamente, necesitan tener recursos disponibles, entre ellos los presupuestos que tienen destinados las CAR para estos fines. Según cifras que maneja Etter y su equipo de trabajo, estas instituciones pueden tener entre 20 y 30 millones de dólares anuales para invertir en restauración y conservación, lo que en su concepto no es suficiente para dar solución a esta problemática. El estudio muestra que entidades ambientales de seis regiones del país (Cortolima, Corpamag, Cam, Corpocesar, Corporinoquia y Corantioquia) tienen cada una más de 400 mil hectáreas identificadas como prioritarias para ser restauradas.

 

Restauración pasiva, más barata y efectiva

Un apartado del estudio científico examina el Plan Nacional de Restauración que aplica el gobierno colombiano. Al comparar los objetivos de las estrategias, la ruta estatal habla de recuperar 24 millones de hectáreas mientras que en este análisis propuesto se habla de algo más de 5 millones 950 hectáreas. Sorpresivamente, en ambas apuestas solo coinciden el 12% de los territorios, siendo la del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible muy extensa, que no tiene suficientemente en cuenta los ecosistemas en riesgo, los usos actuales de la tierra y sus costos de oportunidad, dice Etter.

Figure_5_JLUP-104874

Este mapa muestra en amarillo y naranja las áreas que según el estudio tienen alta prioridad para ser restauradas. En morado, las que considera el Gobierno como objeto de recuperación.

 

“Hay dos modalidades generales para restaurar áreas degradadas. La activa es la de ir y sembrar especies para acelerar la restauración. La pasiva consiste en aislar el área del ganado y de actividades humanas, para que la misma naturaleza se encargue de hacer ese proceso. Como lo mostramos en la introducción y en la discusión, hay estudios que han demostrado que por costos es lo más efectivo que hay. La regeneración natural que ocurra en las áreas protegidas es la mejor restauración”, manifiesta.

También menciona que muchos estudios a nivel mundial han confirmado que en general los procesos de restauración activa basados en la siembra de árboles (El gobierno Duque tiene la meta de sembrar 180 millones de plántulas) tienden a ser mucho más costosos. Por eso, es radical en afirmar que la restauración tiene tanto de biología, como de ecología y economía. “En este país hay grandes extensiones de usos ganaderos improductivos que no tienen sentido. Se podría ir a esas áreas y reconvertirlas para que garanticen la recuperación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos”, complementa Etter.

Según este artículo (publicado en la revista especializada Land and Policy), la contribución de este estudio es que define las áreas claves para hacer la restauración en Colombia, lo que les da herramientas de planeación y ejecución a los tomadores de decisiones. Un siguiente paso es el de analizar en mayor detalle estos territorios, en especial en términos de propiedad y tenencia, y de valorar los costos de oportunidad para dimensionar las inversiones.

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Isla Fuerte está ubicada en el Golfo de Morrosquillo, en el Caribe colombiano. Gracias a su diversidad marina, allí decenas de habitantes viven de la pesca artesanal y del consumo de especies como los tiburones. Ese escenario fue analizado por Yurani Rojas, ecóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desarrolló una investigación sobre los elementos esenciales y no esenciales en tiburones sedoso y toyo.

El tiburón, como cualquier ser vivo, requiere ciertos elementos químicos para funcionar correctamente. Algunos de esos compuestos como el hierro, manganeso, vanadio y zinc son esenciales y benéficos en pequeñas cantidades mientras que en altas concentraciones pueden causar problemas para el animal.

No obstante, hay otro tipo de sustancias que no son necesarias para el cuerpo y que aún en bajas cantidades pueden causar daños para la salud como el cadmio, mercurio y plomo. Este tipo de metales pesados fueron los analizados en la investigación.

Mercurio

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mercurio es un elemento que está presente en el aire, el agua y los suelos. Existe en varias formas: elemental o metálico, que se encuentra en el suelo; inorgánica, que es utilizada en procesos industriales, y la orgánica, resultante de la liberación en el ambiente, en el que ciertas bacterias lo transforman en metilmercurio. Esta última es la que se encuentra en la fauna marina y es la más común en humanos.

Un primer hallazgo de esta investigación enciende las alertas: “En todas las muestras colectadas había metilmercurio y están sobrepasando el límite permitido para consumo humano”, afirma Rojas pues la OMS recomienda no consumir más de 1,5 microgramos por gramo. Otras entidades como el Ministerio de Salud de Colombia, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (USEPA) y la Comisión Regulatoria de la Unión Europea mantienen su máximo recomendado en un microgramo por cada gramo.

Estos altos índices de concentración sugieren procesos de bioacumulación. “Los tiburones, al ser depredadores tope, estarían consumiendo elementos tóxicos que han obtenido sus presas a lo largo de toda la cadena alimenticia”, dice la investigadora. Es decir, esta problemática no estaría afectando solo a los tiburones sino a otros seres vivos como crustáceos, moluscos y peces, que probablemente están acumulando estos metales.

Otro hallazgo tiene que ver con el órgano más contaminado de los individuos analizados. Al comparar las cantidades de mercurio en músculo y en hígado, se encontró que el primero presenta las mayores cantidades. “El hígado acumula más rápido estos tóxicos, pero tiene un nivel de depuración más alto que el músculo en juveniles”, explica la experta.

Otros elementos

El estudio también encontró altas concentraciones de cobre y zinc, que en tiburones adultos funcionan como protector del hígado contra el cadmio, otro metal pesado. “En el hígado se generan metalotioneínas que capturan los elementos tóxicos y evitan que sigan siendo tóxicos. Cuando se encuentran en altas concentraciones se pueden relacionar a altas cantidades de cadmio y otros metales”, revela la investigadora. Incluso el arsénico es potencialmente cancerígeno y se encontró en todas las muestras.

Hasta el momento no existen estudios precisos sobre las fuentes de estos elementos, pero podrían ser dos: una natural, por la geología de la zona, en la que podría haber presencia de algunos de estos metales que se liberan en el ambiente. La segunda sería por las actividades humanas, que pueden ser agrícolas asociadas a la aplicación de plaguicidas, industriales ligadas al uso de hidrocarburos de alta densidad y la gran mayoría podría ser por minería ilegal, según Rojas.

 

Los impactos de estos elementos para los tiburones son varios. “A largo plazo estos metales pueden generar problemas en los sistemas reproductivo, nervioso y locomotor. Todo depende de las concentraciones que se encuentren en el ambiente y de qué tan frecuente sea la exposición”, afirma Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana. “Las altas concentraciones de mercurio podrían estar reduciendo significativamente la fertilidad, afectando directamente las poblaciones de tiburones”, agrega Rojas.

Ambas investigadoras manifiestan su preocupación pues los impactos no son sólo para cada individuo, sino para toda la población de la zona. Cerca del 70% de tiburones que se pescan en Isla Fuerte son juveniles, dato que no es menor, pues estos no han alcanzado la edad de reproducción. Se cazan y queda poca descendencia para mantener las especies, algunas de las cuales ya están en peligro de extinción.

Riesgo para la salud humana

En Isla Fuerte es muy común alimentarse de tiburón. Allí comen la carne (músculo), a diferencia de otros lugares del mundo, donde hay preferencia por la aleta. Las preparaciones más comunes con la carne de este escualo son la empanada, el revoltillo (carne desmenuzada y guisada), en bistec y con huevos revueltos. Estos platos no solo los consumen los habitantes, sino que también son muy apetecidos por los turistas. A partir del hígado se hace aceite como tratamiento para problemas respiratorios.

Para este estudio se hicieron 95 encuestas que indican que los habitantes de la isla consumen en promedio 64 gramos de carne de tiburón, 59 días al año. La ingesta semanal estimada por persona es superior a los valores recomendados por organismos colombianos e internacionales, situación que pone en riesgo a los isleños.

“Elementos como el mercurio están por encima de los límites máximos recomendados por la OMS. Esto ya genera una alerta porque, en teoría, no se deberían consumir. Los niños y las mujeres embarazadas deberían evitarlos porque pueden generar riesgos para la salud humana”, afirma Luna. Esto puede afectar el desarrollo del cerebro y en general, el crecimiento. Las futuras madres, al consumirlo, pueden estar afectando a los bebés en gestación. “El arsénico inorgánico y el mercurio orgánico representan toxicidad para el sistema nervioso, inmunitario, el aparato digestivo, la piel, los riñones, los pulmones, la vista y el desarrollo intrauterino. Además, presenta la posibilidad de generar cáncer”, agrega Yurani Rojas. Esta investigación revela que existe riesgo potencial cancerígeno y no cancerígeno para los consumidores. Por todos estos riesgos, se recomienda no comer tiburón.

Las poblaciones de tiburones de la región se enfrentan a dos problemas de gran magnitud. Por un lado, la contaminación por metales pesados y por otro la sobrepesca. Para Andrea Luna, la solución al primer fenómeno pasa por reducir el uso de estos metales en las actividades humanas e instalar plantas de tratamiento de agua que necesitan mejorar en presencia y capacidad. “Lo más fácil es disminuir las fuentes de contaminación porque quitar estos contaminantes una vez están presentes en el mar es muy difícil y costoso”, dice.

El segundo pasa por la educación ambiental y estrategias locales que permitan el sustento de las familias pescadoras, pero también por la conservación de las especies marinas. “Cuando se trabaja con pescadores artesanales, ellos afirman ser muy conscientes de esta problemática y les interesa que el recurso siga presente. Ellos están muy abiertos a la idea de reducir los impactos en los recursos porque dependen de ellos en el día a día”, detalla.

En 2018 se registraron cinco muertes humanas por ataque de tiburón, mientras que más de 100 millones de escualos mueren anualmente por causa del hombre. Es importante que las personas se informen cuando se alimentan de ciertos productos, evitar consumir los que no son indispensables para una dieta saludable y que por el contrario podrían ser nocivos para la salud.

¿El océano de nuevo?

¿El océano de nuevo?

Esta vez les escribo desde uno de los tantos lugares especiales y maravillosos a los que la vida me ha llevado últimamente. Al estar de pie en este lugar y al verlo, al mirar su color azul, sus playas, su calma, sus hermosos atardeceres y el agua que se extiende sin fronteras, de verdad me hace creer que estoy contemplando el profundo océano. Se trata del lago Erie, que se encuentra al norte de Estados Unidos y sur de Canadá. Hace parte de los cinco grandes lagos de Norteamérica. Por su gran tamaño, 25.700 km2 y una profundidad entre 19 y 164 metros ocupa el lugar número trece entre los lagos naturales más extensos del mundo.

Atardecer en el lago Erie
Atardecer en el lago Erie

Justo en una caminata en uno de los senderos que se encuentran alrededor del lago, pude observar un ave que también se encuentra distribuida en Colombia, que migra buscando climas más cálidos cuando en el norte hace frío. Es la golondrina tijereta (Hirundo rustica), llamada así porque las plumas externas de su cola son alargadas y al volar pareciera una tijera abierta. Además, es la golondrina con la mayor área de distribución del mundo, pues la podemos ver en casi todos los continentes, Europa, Asia, África, América y Oceanía. Esto se debe a que utiliza estructuras construidas por el hombre para hacer sus nidos, por lo cual se ha dispersado con la expansión humana. Es un ave pequeña, mide en promedio entre 14 y 19 centímetros y pesa entre 16 y 22 gramos. Es insectívora y se alimenta mientras vuela, por lo que su vuelo depende del movimiento del insecto que esté persiguiendo, lo que la hace muy errática y hace un poco difícil capturarla en una buena fotografía.

 

Golondrina tijereta (Hirundo rustica), sobrevolando el lago Erie.
Golondrina tijereta (Hirundo rustica), sobrevolando el lago Erie.

También he podido notar en varias ocasiones a un mamífero agraciado y saltarín. Se trata del conejo cola de algodón (Sylvilagus floridanus), una de las especies de conejos más comunes en Norteamérica y que se distribuye hasta Venezuela, es decir, esta especie también se encuentra en Colombia, pero en la parte norte. Se puede encontrar en bosques, pastizales, desiertos, cultivos, desde los 0 hasta los 3.000 metros de altura. Es herbívoro, se alimenta de plantas, arbustos, pastos, hierbas y árboles. Tiene una tasa reproductiva muy alta: una hembra puede tener hasta 35 conejos en un año, por lo cual se puede convertir en una especie invasora fácilmente. Tal vez, esta es la razón por la cual es la especie más cazada en Estados Unidos y México, con fines alimenticios o recreativos.

Conejo cola de algodón (Sylvilagus floridanus) entre pastizales.
Conejo cola de algodón (Sylvilagus floridanus) entre pastizales.

Otra ave que vi frecuentemente, pero que nunca había observado antes, es el tordo alirrojo (Agelaius phoeniceus). Esta especie presenta dimorfismo sexual, es decir, que el macho y la hembra son diferentes, distinguiéndose algunas veces por el tamaño, otras veces por algunas características específicas. En este caso son totalmente diferentes en la coloración de su plumaje y la hembra es un poco más pequeña. El macho es realmente imponente con su color negro y parte de sus alas rojas y un poco de amarillo, pero lo que más me gusta son sus diversos cantos que he podido oír cuando se llaman entre ellos, cuando van a alimentarse o cuando están defendiendo su territorio. Se distribuyen en el norte y centro de América, son insectívoros y también se nutren de semillas y son muy territoriales.

Tordo alirrojo (Agelaius phoeniceus), a la izquierda el macho y a la derecha la hembra.
Tordo alirrojo (Agelaius phoeniceus), a la izquierda el macho y a la derecha la hembra.

Estas son las sorpresas que ha traído la transición de la primavera al verano. La temperatura se ha incrementado considerablemente, mientras en mayo teníamos temperaturas de 5ºC, ahora tenemos temperaturas de 28-31ºC. Ya quiero ver las maravillas que traerá el verano.

Águila crestada: un depredador en peligro de extinción

Águila crestada: un depredador en peligro de extinción

Con una canasta amarrada al tronco de su cuerpo, Pilio recorre los cafetales del sur de Antioquia recogiendo uno a uno los granos de café, al tiempo que Isabel, su esposa, alimenta con ‘puchos’ de avena y trigo a sus gallinas. Esta tarea la realizan desde hace más de 40 años, al ritmo de bambucos y pasillos, entre los cerros de Jardín, un pueblo ubicado a 134 kilómetros de Medellín. Para ella, las gallinas son su vocación pues además de ser su compañía se han convertido en fuente de alimento al poner cerca de 300 huevos al año. Sin embargo, el vuelo diario de un ave rapaz sobre su finca se ha convertido en un problema. Se trata del águila crestada, una especie que debido a la deforestación de zonas boscosas busca su alimento en hábitats rurales, y que actualmente está en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Tanto para Isabel como para Pilio y muchos campesinos más, esta ave representa una amenaza para la supervivencia de los animales domésticos en sus fincas, razón por la que hay una tendencia a matarlas. Debido a ello, con la intención de promover decisiones basadas en evidencia científica para mejorar las interacciones entre las personas y la naturaleza, Juan Sebastián Restrepo-Cardona, magíster en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana, se ha dedicado a estudiar por más de cuatro años nidos del águila crestada en los departamentos de Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y Huila. Su propósito: analizar los factores socio-ecológicos que influyen en el conflicto entre los campesinos y el águila, y al mismo tiempo desarrollar un trabajo educativo en el que las comunidades den un significado a la vida silvestre a partir de ejercicios de ciencia participativa.

“Este es un proyecto muy enriquecedor porque trabajamos de la mano con las comunidades locales. Son los campesinos quienes nos dicen dónde están los nidos de las águilas, ya que esta es una especie de paisajes rurales y son las personas quienes están interactuando con ellas todo el tiempo. Los pobladores participan durante todo el proceso, son la clave para la conservación del águila”, afirma Restrepo-Cardona, biólogo de profesión.

Una parte del proyecto consiste en identificar la ubicación geográfica de los nidos de esta especie para colectar información sobre las presas con las cuales los adultos alimentan a sus polluelos durante los periodos de crianza, para posteriormente cruzar esos datos con los cambios del paisaje del ecosistema de la región. De ahí que, si bien los mamíferos arbóreos como perros de monte, micos, monos y zarigüeyas, entre otros, son fundamentales en su dieta, la reducción del bosque es un factor que lleva a esta águila a depredar aves de corral, especialmente gallinas (Gallus gallus). A esto se suma que por la deforestación la especie ha perdido el 60.6% de su hábitat original en el país. Con este resultado, el egresado javeriano y sus colaboradores hicieron una publicación en la revista Tropical Conservation Science en 2019 con el artículo Deforestation may trigger Black-and-chestnut Eagle predation on domestic fowl.

“La deforestación es una de las causas de la depredación de gallinas por el águila y encontramos evidencia científica que nos ayuda a soportar esto”: Juan Sebastián Restrepo-Cardona.

Por su parte, para identificar la percepción que las comunidades locales tienen sobre este animal, Juan Sebastián Restrepo trabajó con la organización The Peregrine Fund y la asesoría de Luis Miguel Renjifo y María Ángela Echeverry, de la Universidad Javeriana, en la implementación de 267 encuestas a personas mayores de 14 años en cuatro municipios elegidos para el estudio. Con este ejercicio, este egresado de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales encontró que en su mayoría la percepción de los campesinos hacia el águila era negativa por factores socio-demográficos como el manejo dado a las gallinas en las fincas y el género, debido a que una mujer rural como Isabel, en este caso, es quien vive de primera mano la experiencia de pérdida de sus aves domésticas por cuenta del águila crestada.

Estimativos indican que la población colombiana de águila crestada oscila entre 160 y 360 parejas.
Estimativos indican que la población colombiana de águila crestada oscila entre 160 y 360 parejas. Foto: Felipe Quintero

 

El conflicto entre los campesinos y el águila crestada

De acuerdo con los datos presentados en el Libro rojo de aves de Colombia, se estima que en la actualidad existen menos de 1.000 águilas crestadas en el mundo, distribuidas en la cordillera de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta. Los interesantes resultados presentados en la primera etapa de su tesis de maestría llevaron a Restrepo-Cardona a preguntarse si la persecución por depredación de gallinas era una amenaza importante para Spizaetus isidori en el país.

Para validar esta pregunta, el investigador recurrió a archivo histórico, ejemplares de especies conservados en colecciones biológicas de varias universidades y centros de investigación del país, conocedores de la especie, bases de datos de corporaciones autónomas regionales y literatura profunda sobre el tema. El resultado fue revelador ya que, entre 1943 y 2019, los registros presentaron 81 casos de águilas que murieron o fueron capturadas: 47 ejemplares que recibieron disparos, 16 fueron capturadas (3 para ser traficadas) y dos se electrocutaron con líneas eléctricas de alta tensión.

Con esta información, Restrepo-Cardona y sus colaboradores concluyeron que la persecución hacia el águila ocurre como una prevención o represalia ante la depredación de gallinas, siendo la principal causa de mortalidad para la especie en Colombia, en donde ha perdido el 60.6% de su hábitat original y enfrenta otras amenazas como la electrocución y el tráfico ilegal. Con base en estos resultados, la revista PLOS ONE publicó en enero de 2020 el artículo Human-raptor conflict in rural settlements of Colombia, en el que está consignado el estudio.

 

De las 63 águilas que recibieron disparos o fueron capturadas, en el 60% la excusa fue la depredación de gallinas. Además, el 53% de los eventos ocurrieron entre 2000 y 2019.

 

 

Entre 2014 y 2019, al menos 23 águilas fueron cazadas o capturadas ilegalmente en Colombia.
Entre 2014 y 2019, al menos 23 águilas fueron cazadas o capturadas ilegalmente en Colombia. Foto: Felipe Quintero

 

Una responsabilidad de carácter social

A pesar de que los resultados de esta investigación son desalentadores en materia de supervivencia del águila crestada, existen oportunidades para lograr la conservación de esta especie. Por eso, surge un llamado urgente a tomar acciones para mitigar y prevenir el conflicto humano-águila en territorios reproductivos de esta ave a partir las siguientes recomendaciones:

  1. Mantener o incrementar los bosques.
  2. Aumentar las poblaciones de mamíferos arbóreos que ejercen el rol de presas.
  3. Reducir la exposición de aves domésticas con el uso de corrales adecuados.
  4. Otorgar compensaciones económicas a los campesinos al sufrir la pérdida de gallinas por ataques del águila, como en el posible caso de Pilio e Isabel.
  5. Desarrollar programas educativos e investigaciones socio-ecológicas.
  6. Implementar un trabajo pedagógico con comunidades locales.

 

“La planeación efectiva para la conservación del águila debe ir más allá del sistema de áreas protegidas e integrar enfoques socio-ecológicos en prácticas de conservación en paisajes dominados por humanos”, añade Restrepo-Cardona, quien actualmente participa en un proyecto de colaboración internacional para la conservación del águila crestada en Suramérica.

 

El trabajo en paisajes rurales es fundamental para la conservación del águila crestada en Colombia.
El trabajo en paisajes rurales es fundamental para la conservación del águila crestada en Colombia. Foto: Juan Carlos Noreña