Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Para estudiar a los animales es necesario conocerlos, verlos en vivo, seguirlos día tras día, descubrir sus costumbres, incluso tocarlos. ¿Y qué pasa cuando se trata de los peces de agua dulce que, por lo general, no los vemos en su ambiente natural y son tan rápidos y escurridizos que literalmente se ‘escapan entre los dedos’, como por ejemplo estas miniaturas?

/ Jorge Enrique García-Melo
/ Jorge Enrique García-Melo

Estos peces, muy pequeñitos y transparentes (Belonion dibranchodon y Gymnorhamphichthys rondoni), se encuentran en las remotas aguas del río Bita (Vichada), uno de los primeros afluentes protegidos en el mundo. Son especies que por sus características muy pocas veces han sido documentadas en vivo.

Para describirlas científicamente, los ictiólogos (biólogos dedicados al estudio de los peces) regularmente lo hacen a través de especímenes de museo, pero características como los colores o la forma de nadar pueden no ser tan evidentes debido a la falta de métodos estandarizados en campo que permitan su documentación en vida, especialmente en áreas apartadas.

Esta situación impide ver la multitud de formas, colores y adaptaciones de las casi 1.500 especies con las que cuenta el país, posicionándolo como el segundo grupo vertebrado más diverso después de las aves. Pero, ¿qué se puede hacer para VER todas sus características?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Investigadores javerianos, docentes de las universidades del Tolima y de Ibagué y de la Institución Educativa Técnica Ismael Santofimio Trujillo, de la capital tolimense, desarrollaron un sistema de fotografía de peces y otros organismos acuáticos usando un innovador acuario para capturarlos en acción, obteniendo fotos de alta calidad y con un alto grado de detalle. ¿Alguna vez había pensado, por ejemplo, en las diferentes bocas de los peces?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

La posición y la forma de la boca es una característica muy especial; se relaciona con sus costumbres alimenticias —no todos los peces tienen los mismos gustos gastronómicos— y son datos importantísimos para clasificar las especies, es decir, para realizar su taxonomía.

Por ejemplo, el siguiente detalle  fue revelador para los científicos, pues muestra la disposición de los poros del sistema latero-sensorial de su cabeza, que, en el caso de este pez eléctrico (Sternopygus aequilabiatus), les permite detectar a su presas y potenciales depredadores.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Con esta innovación técnica es mucho más fácil  fotografiar diferentes especies que regularmente viven en los mismos ambientes de los ríos. El movimiento —o baile— captado por la cámara expresa la naturalidad y el dinamismo que tienen los peces; así se convierte en una herramienta clave para la difusión, educación y conservación.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Llegó el momento de conocer este equipo que han bautizado con el nombre de Photafish. De acuerdo con el biólogo y fotógrafo Jorge E. García-Melo, es un sistema práctico, portátil, versátil y económico que puede implementar en campo cualquier persona con conocimientos mínimos de fotografía. Puede llevarse a lugares lejanos durante expediciones biológicas y se instala en tan solo 15 minutos.

Phota 7

“El sistema tiene tres componentes esenciales: el equipo fotográfico (cámara, lente, trípode); el Acuario Ensamblable para Fotografía (APP), construido en acrílico y vidrio templado; y la iluminación (flashes y fondos). Además, cuenta con algunos accesorios que facilitan la obtención de imágenes en sitios remotos donde es difícil acceder a agua transparente, como, por ejemplo, un sistema de filtrado para reutilizar el agua y una lámpara conectada a una batería recargable para hacer fotos en la noche, con la posibilidad de alternar entre fondos negros y blancos de manera rápida”, explica García-Melo.

Los investigadores pensaron en todo: explican que los fondos homogéneos de las fotos permiten enfocar la mirada del espectador solo en el pez y contemplarlo en toda su dimensión, eliminando aquellos elementos distractores  que lo rodean. Pero también concluyeron que es importantísimo el uso de fondos negros y blancos, porque cada uno puede acentuar un color diferente en alguna estructura del cuerpo, como las aletas. Además, sugieren intercambiar los fondos para conseguir información más precisa.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

De esta forma, los autores introducen el término Fotos Taxonómicamente Informativas, o TIPs por sus siglas en inglés (Taxonomically Informative Photos), para referirse a “una imagen auténtica y de alta calidad tomada en campo, de la cual es posible extraer información útil para la identificación o descripción precisa de un organismo con un alto nivel de confianza. El sistema permite obtener TIPs gracias a que el uso del acuario facilita la toma de una gran cantidad de fotos de los organismos en diferentes planos. Así, el pez permanece vivo mientras se fotografía con diferentes niveles de detalle”, explica García-Melo.

/Cristian Granados
/Cristian Granados

Este producto es parte del estudio de doctorado del ictiólogo javeriano Jorge E. García-Melo, en cuya investigación también participaron sus hermanos, el biólogo Luis J. García-Melo y Jesús D. García-Melo; la bióloga Diana K. Rojas-Briñez y el ecólogo Giovany Guevara, así como el profesor investigador Javier A. Maldonado-Ocampo (QEPD).

Todos ellos son autores del artículo Photafish system: An affordable device for fish photograhpy in the wild, publicado en febrero de 2019 en la revista Zootaxa.

Fotografías como esta son posibles gracias a Photafish.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

“Sin el Photafish System, conseguir la imagen de la boca desde una vista dorsal hubiese sido casi imposible”, explica Jorge García-Melo. La especie —Gnathodolus bidens— “se caracteriza por tener una boca muy extraña, de forma invertida, poco común entre los peces, con una modificación que les permite alimentarse en sitios asociados a raudales con muchas rocas y donde son notoriamente difíciles de muestrear, como lo son los hábitats en el río Vaupés”.

Y tiene razón: lo lograron con la ayuda de la comunidad local indígena donde se encontraban el pasado mes de marzo, “entre ellos, niños que tenían claramente más habilidad que nosotros para pescar. Fue una de las últimas fotos hechas junto a Javier Maldonado utilizando el Photafish System, precisamente el día de nuestro accidente”.

Phota 11

Para ellos lo importante no es solamente aportar nuevo conocimiento a la ciencia, sino compartirlo con otras audiencias, mejor aún si es con las mismas comunidades que les ayudan a realizar su trabajo en campo. García-Melo recuerda a Maldonado diciendo que el Photafish “era un gran aporte a la ictiología neotropical porque permite democratizar la fotografía de peces”. En esa salida al Vaupés también cumplieron con ese objetivo: “Hacer las fotografías en campo y, con la ayuda de un panel solar, una impresora portátil y una laminadora, entregar las fotografías impresas a las comunidades locales (en este caso, indígenas), para apropiarles de ese intercambio de conocimientos que se estaba generando de manera inmediata. No pueden imaginar la forma en que se sorprendían estos pescadores viendo sus peces más diminutos o coloridos, ‘vistos con otros ojos’”.

El equipo ya se encuentra trabajando en la versión 1.1 del sistema y el desarrollo de una posible patente, la cual incluye varias mejoras en cuanto a portabilidad, comodidad para el transporte y uso. Lo presentarán durante el XV Congreso de Ictiólogos Colombianos y el V Encuentro de Ictiólogos Suramericanos, que se realizará los días 15 y 16 de julio de 2019 (Enlace a) en Medellín, en donde rendirán un homenaje póstumo al profesor Maldonado; allí, los investigadores dictarán un curso sobre el Photafish System.

La casa es de todos

La casa es de todos

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), entre 2013 y 2015 se reportaron más de 1.100 casos de intoxicación por mercurio en Colombia, alcanzando su pico en 2014 con 779 registros; ante esta situación, y con el fin de mitigar el impacto de inhalar el vapor de este metal, especialmente en el caso de los mineros, desde 2013 (Ley 1658 de ese año) el Gobierno nacional ordenó erradicar el uso de mercurio en la minería a 2018.

Sin embargo, esta tarea no se ha cumplido a cabalidad porque no fue sino hasta el pasado 7 de noviembre del 2018 que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó por primera vez el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio para erradicar este metal en el país con miras a 2023 y con la responsabilidad de buscar financiación internacional para conseguirlo. Las zonas más vulnerables donde se realiza la minería ilegal son Bolívar, Santander, Nariño, Chocó, Antioquia y Cauca, por lo que se requiere de actividades de investigación, prevención y pedagogía con la intención de suprimir este elemento tóxico que es “perjudicial para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo y los pulmones y riñones, con consecuencias a veces fatales”, como afirma la OMS.

Como alternativa a esta práctica, Heyler Serbando Moreno, representante legal del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN), explicó el proyecto Oro verde, que ha desarrollado unidades productivas en torno a prácticas de minería y agricultura para que la extracción del oro no compita con la conservación del ecosistema, sino que sea considerada como una actividad sostenible. En su opinión, “toda la minería puede ser sostenible si se tienen en cuenta a los actores que en ella convergen. Esto significa que, como consejo comunitario, tratamos de fortalecer la minería artesanal pero conservando lo verde que tenemos en el territorio”. Es decir, no es lo mismo trabajar con máquinas como las que usa la minería mecanizada o ilegal a practicarlo con bateas, tal y como lo hacen en el territorio, afirmó.

Así lo explicó en el marco del seminario ‘Enfoques y prácticas de conservación ambiental: lecturas desde Laudato Si’, un espacio diseñado por la Pontificia Universidad Javeriana para comprender la responsabilidad social que hay en torno a la conservación del ecosistema y conocer el resultado de prácticas de protección ambiental en Colombia a partir de proyectos de investigación de las comunidades. Cabe destacar que este encuentro hace parte de una serie de conferencias propuestas por la Javeriana para poner sobre la mesa temas relacionados con el cuidado de la casa común, es decir, el planeta y sus ecosistemas.

Este evento se llevó a cabo el pasado martes 2 de abril y contó con la presentación de ocho experiencias de conservación ambiental narradas por sus actores en diversos escenarios geográficos: Boyacá, Risaralda, Chocó, Amazonas, Cundinamarca, Bogotá y la costa Caribe. Su tema central fue la ‘conservación’ y su relación con prácticas como agricultura, ganadería, minería, turismo, cuidado de especies silvestres, conocimiento ancestral, investigación y ecología urbana.

La intervención sobre conservación y agricultura estuvo a cargo de Luz Marina Peralta, agricultora y miembro de la iniciativa Agroecología y tubérculos andinos en Turmerqué y Ventaquemanda, que ha fomentado la conservación y uso de tres especies nativas de la zona andina: la ibia, el cubio y la ruba, para reconocer la variabilidad morfológica de estos alimentos, las prácticas de cultivo, sus usos y valoraciones respecto a nutrición y seguridad alimentaria, al igual que “crear huertas caseras, campañas de reciclaje y talleres con los niños de la zona para que se apropien del conocimiento y le tengan gusto a estos alimentos y no a los comerciales, como las hamburguesas, que están de moda”.

/ Tatiana Arboleda.
/ Tatiana Avellaneda.

El cuidado de especies silvestres se abordó desde del proyecto Conservación del caimán aguja (crocodylus acutus) en los manglares de la Bahía de Cispatá, en Córdoba, y estuvo a cargo del pescador Jorge Díaz Martínez y el coordinador de la iniciativa, Giovanni Ulloa. Su labor se ha orientado a la recolección de especímenes que están en peligro y, de ahí, la reflexión sobre la preservación ambiental y su relación con la encíclica Laudato Si’: “Un error que suelen cometer los investigadores es ignorar el conocimiento de las comunidades sobre su cotidianidad con el ecosistema […] entonces, si no se les da valor a sus prácticas, la biodiversidad no se va a poder cuidar”.

Sobre este mismo tema, el Capitán Francisco Arias, director general del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), aseveró que urge la tarea de formar una conciencia colectiva en Colombia sobre la preservación de los ecosistemas, no solo terrestres sino también marinos, ya que, por ejemplo, las playas son un ecosistema altamente amenazado con el turismo, por eso el 17% de la costa del Caribe colombiana está en proceso de erosión severa. Adicionalmente, Arias señaló que Colombia tiene alrededor de 43 mil hectáreas de pastos marinos en el Caribe y esta cifra corresponde a la mitad de los que se tenía a inicios del siglo XX; actualmente, el lugar más crítico es la bahía de Cartagena.

El fin y compromiso con este encuentro es hacer un llamado a la comunidad, mediante experiencias positivas en conservación, para asumir un rol de cuidador y protector de la casa común como se destaca en Laudato Si’: “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente […] Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas anuncia periódicamente problemáticas medioambientales que ponen en jaque a la humanidad: nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado debido a las emisiones del tráfico, la industria, la agricultura y la incineración de residuos, y más de 3.000 millones usan combustibles contaminantes al interior de sus hogares para cocinar y calentarse.

“El empoderamiento es la mejor herramienta para la conservación del ecosistema; no se debe desconocer que los tiempos del hombre no son los tiempos de la naturaleza, por eso nuestra tarea inicia con la revolución de las cosas pequeñas para aportar cambios positivos que le hagan bien nuestra esta casa común”, concluyó Harvy Murillo, director de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco, tras socializar su experiencia sobre el turismo y la conservación en el Santuario de fauna y flora Otún Quimbaya, en Pereira.

 


El próximo lunes 8 de abril en Bitácora, programa de difusión científica de Javeriana Estéreo, Heyler Serbando Moreno contará las experiencias y el trabajo del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN) en torno a la agricultura y la minería sostenibles. Escúchelo a partir de las 8:00 p.m. en la frecuencia 91.9 de FM, en Bogotá.

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

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“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

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El agua: recurso de la vida

El agua: recurso de la vida

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 2,1 millones de personas viven sin agua potable en sus casas, 68,5 millones huyen de sus hogares por problemas para acceder al abastecimiento de este recurso y aproximadamente 4.000 millones —casi dos tercios de la población mundial— padecen su escasez durante al menos un mes al año. Estas cifras son alarmantes si se tiene en cuenta que el acceso al agua es un derecho humano.

De ahí que el 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara, mediante la resolución A/RES/47/193, la conmemoración anual del recurso hídrico. Hoy el mundo celebra el Día Mundial del Agua para llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso. El tema para el 2019 es ‘No dejar a nadie a tras’: a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible todo el mundo debe beneficiarse del progreso. Dicha agenda resulta de la Cumbre del Desarrollo Sostenible, de septiembre de 2015, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Pesquisa Javeriana conversó con Nelson Obregón Neira, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE.UU.) y actual director del Instituto Javeriano del Agua (IJA), creado recientemente para aportar a los grandes problemas del país, agregar valor a las capacidades e investigaciones académicas de la Javeriana relacionadas con el recurso hídrico en las ciudades y en las regiones de Colombia. El IJA también es un proyecto de planeación universitaria (PPU) que enmarca principalmente sus actividades y proyección académica en el programa Institucional de Ecología Integral, para así producir contribuciones relevantes en el marco de la gestión integrada del recurso hídrico en Colombia.


Pesquisa Javeriana:
¿Cómo funciona el Instituto Javeriano del Agua?

Nelson Obregón Neira: El Instituto parte de las capacidades que poseen las 18 facultades de la Javeriana. En la etapa de estructuración de la propuesta para su creación, se revisaron los resultados y productos académicos de departamentos, programas y proyectos desarrollados por los grupos de investigación de la Universidad, encontrando —para sorpresa nuestra— que prácticamente todas las facultades reportan desarrollo de actividades académicas relacionados de forma directa o indirecta con el recurso hídrico, ya sea a través de proyectos de consultoría y de investigación, publicaciones o de trabajos de grado, maestría o doctorado.


PJ:
¿Estas investigaciones cuentan con impactos de algún tipo?

NON: Por supuesto, el agua es un articulador del territorio, un eje clave en procesos de construcción de paz. Sabemos que hay muchos conflictos que tienen que ver con el agua y, bajo esa perspectiva, se enfoca el Instituto. Esto también resulta coherente con el proyecto educativo javeriano, en este caso tomando al agua como objeto y sujeto de estudio. La tarea ha sido estudiar el recurso desde el desarrollo de las comunidades y los conflictos en las regiones del país; así se ha abordado y procurado un trabajo interdisciplinar, que convoca miradas, visiones y perspectivas amplias soportadas con la participación de profesores y estudiantes formados en las ciencias naturales, la ingeniería y, ante todo, antropología y sociología, que alinean su proyecto de vida profesional y universitario con la sostenibilidad y desarrollo del territorio. Por ejemplo, a la fecha contamos con varias exploraciones de proyectos con la participación de miembros de la comunidad académica javeriana, en particular de las facultades de Ciencias, Ingeniería y de Estudios Ambientales y Rurales.


PJ: ¿Existen evidencias de transformaciones en las comunidades?

NON: El programa Amazónico Javeriano, por ejemplo, convoca a académicos a analizar los componentes agua, economía solidaria, biodiversidad, organización comunitaria, educación, salud e infraestructura y tecnología de la Amazonía. Ahí, el IJA participa con una mirada disciplinar e interdisciplinar a partir de trabajos realizados en esta zona, e integra tales capacidades y resultados en favor del desarrollo humano y la sostenibilidad del territorio.

Hemos abordado investigaciones en la Orinoquía colombiana mediante estudios interesantes en Guaviare, Vichada y Meta; se proyecta también impactar regiones como el Magdalena Medio y la Macarena, aprovechando los trabajos previos realizados con la Compañía de Jesús y la Universidad, en particular aquellos liderados por grandes actores de nuestra comunidad como los padres Francisco de Roux y Luis Alfonso Castellanos. Actualmente exploramos proyectos que impactan directamente el bienestar de comunidades palafíticas, es decir, las asentadas en la Ciénaga Grande de Santa Marta, así como en otras regiones tales como la Depresión Momposina, el Bajo Cauca y la el Catatumbo.


PJ: Teniendo en cuenta estos trabajos, ¿recuerda alguna experiencia en la que el Instituto se articulara con otra entidad para adelantar proyectos de investigación?

NON: Sí, efectivamente, la semana pasada nos reunimos con Equitas, una ONG interesada en trabajar en el Catatumbo. Lo que ella busca es desarrollar un convenio de cooperación interinstitucional con la Javeriana, de tal forma que se contribuya con la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas; en este caso, apoyando con ciencia, tecnología, con mecánica de los fluidos, hidráulica y ciencia forense, las actividades de búsqueda y hallazgo de personas desaparecidas en zonas de ríos y otros cuerpos hídricos. Las cifras son alarmantes, pues en ciertas regiones del país se reportan más 7.000 personas desaparecidas y, a nivel país, más de 80.000 en los últimos años, y aún falta por hallar un gran porcentaje.


PJ: ¿Qué posición asume el Instituto Javeriano del Agua sobre las problemáticas geopolíticas que tiene el país en relación con las fuentes hídricas?

NON: Tenemos dos formas de generar valor agregado: con proyectos muy específicos, especializados, que requieren la participación de varias disciplinas y de impacto en regiones, o con proyectos grandes que tienen que ver con áreas hidrográficas como el Amazonas. Sin embargo, las problemáticas geopolíticas con relación a las fuentes hídricas es un tema muy sensible y “caliente” en el país, como la situación generada por la construcción, operación y contingencias en la Central Hidroeléctrica Hidroituango o la definición del régimen de caudal ambiental para el rio Bogotá. Un tema central que permite una mirada amplia es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos, el cual nos interesa como marco de trabajo para el estudio del funcionamiento ecológico, los servicios ecosistémicos y los beneficios ecológicos.


PJ: ¿Existe alguna metodología, desde los estudios hidrológicos para contrarrestar la contaminación que producen las poblaciones aledañas a los ríos?

NON: Para nadie es un secreto que nuestros ríos están muy contaminados. Ha habido una reacción por mitigar eso con las plantas de tratamiento, pero una gran cantidad de municipios, más del 50%, tiene problemas de infraestructura en alcantarillados, no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, hay mal uso de pozos sépticos con potencial de contaminación de acuíferos. Muchos desechos por actividad antrópica se disponen en nuestros ríos y cuerpos de agua, entonces, el panorama de la calidad del agua resulta crítico. Se ha mejorado en lo relacionado con suministros, acueductos, plantas de tratamiento para el agua potable, pero en el tema de la calidad sí considero el país reporta grandes retrasos.


PJ: Respecto al caso de Hidroituango, ¿cuál ha sido el rol del Instituto?

NON: En este momento, la Javeriana, a través del IJA, está en conversaciones con EPM para realizar un estudio que permita apoyar y mejorar el funcionamiento y la situación actual de la Central Hidroeléctrica de Ituango, generando así resultados y lineamientos que ayuden al país con la concepción, diseño, construcción y operación de este tipo de macroproyectos que seguramente tendrán todavía amplia cabida en el país.

Este tipo de investigaciones nos invita a reunirnos con biólogos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, filólogos e ingenieros hidráulicos, a trabajar conjuntamente, de tal forma que los análisis, diseños y estudios realmente obedezcan a una visión integradora y de uso racional y sostenible de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza.

Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.
Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.


PJ: Hablando de este tema, ¿cómo están las fuentes hídricas colombianas ante el cambio climático global?

NON: Recuerdo un estudio que hicimos en el Instituto Geofísico Javeriano sobre los efectos de nuevos escenarios del cambio climático en Cundinamarca y sus ríos. Tardamos dos años, hicimos una visión de futuro del clima a 2030, 2070 y 2100. Como era de esperarse, el comportamiento es heterogéneo, es decir, en algunas zonas se aumenta, disminuye o se mantiene la oferta hídrica de los ríos según los regímenes climáticos proyectados bajo estimación. Esto hay que entenderlo bajo las dinámicas de oferta hídrica versus la demanda de la población y del ambiente. Por eso, yo creo que el tema cambio climático hay que analizarlo en su impacto con mucha prudencia, aprovechar estas posibilidades de visión de futuro, pero no de pronóstico, existen muchas incertidumbres que se deben tener en cuenta.

Hoy por hoy no se puede concebir a un territorio que no considere o incorpore en sus instrumentos de ordenación tales como los POT, aspectos relacionados con la variabilidad y el cambio climático. Técnica y tecnológicamente ya lo sabemos hacer, no solo en esta universidad sino en el país; es decir, se cuenta con las capacidades para evaluar ese tipo de impactos en los territorios.


PJ: ¿Ha tenido algún efecto, positivo o negativo, conmemorar el Día Mundial del Agua?

NON: Sí, eso ayuda. A todos nosotros nos gusta que nos recuerden ese tipo de efemérides, así como nos gusta que nos recuerden, por ejemplo, la importancia de tener uno o dos días al año sin carro. Así sea una, dos o tres veces al año, eso cala en la estructura de pensamiento de las personas. No obstante, considero que el impacto sería mayor si esto se acompaña de un ejercicio de reflexión por cada uno de nosotros. Por ejemplo, aquí en la Javeriana existen departamentos y unidades académicas, como los de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que siendo referente nacional e internacional sobre este tipo de acciones y reflexiones nos permiten entender cómo se encuentra la huella del carbono, la huella hídrica, en el marco de los hábitos de consumo de las personas, y cómo las prácticas cotidianas contribuyen para bien o para mal en este indicador.


PJ: ¿Qué puede hacer el ciudadano para contribuir con el uso eficiente del agua?

NON: Cuando una persona abre la llave, no se le ocurre pensar que detrás de eso hay muchos procesos: algunos antrópicos, como el uso de acueductos o plantas de tratamiento, y en campo, la extracción del agua de los ríos, donde hay comunidades aguas abajo que lo requieren y los peces necesitan de ese recurso. Hay que apuntarle a una estructuración mental sobre los hábitos de consumo, para que se tenga en cuenta que uno puede vivir sin alimentos, sin vías, sin tecnología, pero no sin agua. Entonces, este asunto gira en torno a una responsabilidad sobre los hábitos de consumo, que va con cosas sencillas como apagar el interruptor de la luz cuando no sea necesario usarlo, hasta reflexiones trascendentales como el uso e impacto de los servicios ecosistémicos por nuestros hábitos de consumo en nuestras casas.


PJ: ¿Cuál debería ser la reflexión de la sociedad ante esta problemática?  

NON: Para mí es un tema generacional. Yo cada vez veo a estas nuevas generaciones de egresados de las universidades y colegios con mayor sensibilidad. Sin embargo, es una tarea de todos, no solo de la universidad, sino de las escuelas y las familias en nuestros hogares. Esto es un estado mental y no importa si es un académico o es un ciudadano de a pie, si es un padre de familia, independientemente de su condición, lo que importa es que sea consciente del cuidado del agua. La clave está en cómo ha sido esa formación de principios y valores. Entonces, es necesario apropiar en la conciencia individual, familiar y colectiva que el agua es el recurso de la vida.

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Hidroituango: el cañón de agua que le apunta al pueblo

Impetuosas cascadas se mueven sobre las cadenas montañosas que rodean el segundo río más importante de Colombia, toneladas de agua, cataratas color crema que se abalanzan entre las cordilleras central y occidental de Los Andes. Es un torrente que nace en la laguna del Buey, en el departamento del Cauca, y, agitado, desemboca en el río Magdalena cerca de la población de Pinillos, en el departamento de Bolívar, tras recorrer 1.350 km. Así es el río Cauca, un cordón de agua que extiende sus brazos para conectar a cerca de 180 municipios y sobre el cual, desde 2010, avanza el proyecto hidroeléctrico más ambicioso del país: Hidroituango, una obra hidráulica que tiene en vilo a la nación ante una posible avalancha por sus delicadas fallas técnicas y humanas.

Esta megaobra comenzó en 1979, cuando Interconexión Eléctrica – ISA contrató a la firma Integral S.A. para implementar estudios de factibilidad técnica del proyecto que se alzaría entre el municipio de Ituango y el corregimiento de Puerto Valdivia, en Antioquia, y se retomó en 2006, cuando la Sociedad Promotora Pescadero Ituango S.A. trabajó junto a 50 firmas en el diseño final. Desde entonces, su propósito ha sido poner en contacto sus ocho turbinas con el flujo del río Cauca, contenido por una presa de 225 metros de altura para generar 13.930 GWh de energía al año. Sin embargo, esto no se ha cumplido debido a una serie de deslizamientos de tierra en la margen derecha de la montaña donde están dos túneles de desviación del caudal, el mismo que a inicios del 2018 creció súbitamente poniendo en riesgo a cerca de 17 municipios de Córdoba, Sucre y Bolívar; algunos de ellos son Briceño, Ituango, Valdivia, Cáceres, Tarazá, Caucasia y Nechí.

La crisis empezó el 28 abril de 2018 cuando un talud de tierra taponó uno de los túneles de desvío del río Cauca debido a las fuertes lluvias y a la inestabilidad del terreno, al que le siguió un segundo deslizamiento que ocasionó la creciente del embalse y, en consecuencia, la inundación del puente Pescadero que conecta a Medellín con Ituango y el desplazamiento de las poblaciones de Orobajo (Sabanalarga) y Barbacoas (Peque). Esta emergencia obligó a Empresas Públicas de Medellín (EPM), entidad responsable de la construcción, operación y administración del proyecto, a inundar la casa de máquinas para reducir el caudal del río.

Por si fuera poco, se presentó una serie de imprevistos naturales, técnicos y humanos en la operación de Hidroituango en lo corrido del último año, lo cual ha suscitado una serie de preguntas, debates, preocupaciones y, sobre todo, un exceso de veredictos vagamente fundamentados en la opinión pública. Algunos de ellos son verdaderamente alarmantes, como el número de víctimas que dejaría un posible rompimiento del embalse, las especulaciones sobre la debilidad y fragilidad de la presa, las dudas sobre el material con el cual está construida la represa, los cuestionamientos sobre los estudios geotécnicos de las cadenas montañosas de la región y las conjeturas en torno a la relación entre probables eventos sísmicos y la ruptura de los túneles de desviación. Entonces, ¿quién tiene la razón? ¿Y qué opina la academia?

/ Philip charry y Daniela Vargas.
/ Philip charry y Daniela Vargas.


El cañón que apunta al pueblo

Luego de que EPM decidiera inundar la casa de máquinas, donde están los transformadores y unidades de generación de energía para que el caudal del río Cauca desembocara al otro lado de la presa, un destaponamiento natural prendió las alarmas en el país. Se trató de un evento en el que la presión de las aguas del río, contenidas en el embalse, abrió uno de los túneles de desviación y generó una creciente inesperada del caudal, aguas abajo de la presa. Ante esta grave situación, EPM anunció una noticia aún más delicada: la probabilidad de que el río siguiera aumentando y pusiera en riesgo a los pobladores de Puerto Valdivia y los municipios de Tarazá y Caucasia.

“Desviar un medio como el río Cauca, con caudales que pueden llegar a unos 3.000 metros cúbicos por segundo sobre una zona que no está acondicionada geotécnicamente para ello, puede abrir concavidades al interior de la roca por la presión que ejerce el agua”, dice Germán Vargas Cuervo, geólogo de la Universidad Nacional y doctor en Ciencias de la Tierra de la Universidad Pierre et Marie Curie de París, Francia, sobre este delicado incidente. A ello, Jaime Iván Ordoñez, doctor en Ingeniería Civil con especialización en Hidráulica del Transporte de Sedimentos en Ríos y Costas de la Universidad de California, en EE.UU., también añade que el macizo rocoso, es decir, los relieves montañosos de la zona, está debilitado y nunca ha debido estar colmado de agua y sujeto a presión porque, en sus palabras, “si está saturado y lleno de agua, el líquido tratará de implosionar en las cavidades; entonces, para que el agua pase por los túneles, debería estar revestido y el macizo, inmune”.

Ordoñez fue uno de los invitados al foro ‘Entendiendo Hidroituango: realidades desde el contexto socioecosistémico y técnico’, convocado por el Instituto Javeriano del Agua, el grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA) y la Maestría en Hidrosistemas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el fin de comprender cuáles son las razones estructurales que motivan esta grave crisis. Este ingeniero civil destacó algunas de las razones por las que, según él, la presa colapsaría ocasionando una terrible avalancha sobre las poblaciones aguas abajo. Hidroituango, dijo, como la mayoría de las presas en Colombia, no están hechas de concreto sino de enrocado; esto significa, rocas sueltas acomodadas para recubrir un núcleo de arcilla impermeable; sin embargo, según él, esto reduciría la probabilidad de contención del agua, llevando a que este dique “dure lo que un cubo de azúcar en un pocillo de tinto”.

Jorge Alberto Escobar, doctor en Mecánica Computacional de Fluidos de la Universidad de Cornell, en EE.UU., explica que “el problema radica en que, como es una presa de tierra y sus partículas no están tan compactas entre sí como las del concreto, en el momento en el que el agua suba y se empiece a desbordar, su capacidad de arrastre podría movilizar el enrocado”, el cual caería directo como cañón de agua al pueblo. Las presas de concreto están diseñadas para servir como rebosadero, mientras que las de enrocado buscan  retener fluidos en diques con vertedero, tal y como sostiene el geólogo Germán Vargas.

Distribución
Hidroituango cuenta con dos túneles diseñados para la desviación temporal del agua en la margen derecha del río Cauca que se taponarán una vez entre a funcionar la represa; un vertedero para evacuación de crecientes en el embalse, controlado por cinco compuertas, y un túnel de descarga intermedia que administra el llenado del embalse y garantiza la descarga hacia aguas abajo de la presa.

Argelino Durán Ariza, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, agrega a esta discusión que “para hacer una presa de concreto se necesitan rocas muy competentes a sus lados ya que son el soporte de su cimentación, esto significa que la pared termina apoyada en las montañas de ambos lados y, si estas no son competentes, la presa no se podría hacer”. Por eso, en Colombia, la mayoría de los diques son hechos a base de enrocado, teniendo en cuenta que muchos proyectos hidráulicos están ubicados sobre fallas geológicas en las cordilleras nacionales que son relativamente jóvenes.

Una nueva alerta movilizó a cerca de 9.000 personas el 17 de mayo de 2018. Esta vez se trató de un deslizamiento de tierra que obstruyó el flujo del agua a través de la casa de máquinas e hizo que el líquido saliera a través de las galerías de tránsito o túneles para la movilidad de los trabajadores. El resultado fueron cuatro personas heridas y la evacuación masiva de las comunidades aguas abajo de la presa. La tragedia continuaba.


Un riesgo de carácter ambiental

Con el paso de los días, las noticias para los habitantes del Cauca mejoraban. De hecho, para el viernes 18 de mayo de 2018, el caudal ya había descendido cerca de un 20% al tiempo que 1.500 personas trabajaban a toda máquina para alcanzar los 410 metros de la cota, o pared de la presa, mientras evacuaban el agua por el vertedero lateral; pero una nueva emergencia sacudió a la población una semana después cuando un deslizamiento en la parte alta de la montaña obligó de nuevo a la evacuación de la población y la declaración de alerta roja.

Al mes siguiente, la Sociedad Colombiana de Ingenieros dio su parte sobre esta situación, asegurando que el proyecto es altamente riesgoso y ponía en peligro a las poblaciones aguas abajo de la presa. Esta información fue poco novedosa dado que el impacto social ya había sido anunciado el 30 de enero de 2009 en la licencia ambiental (Resolución No. 0155) entregada por el Ministerio del Medio Ambiente. Tal y como lo consigna el documento, los impactos de carácter social son:

“…afectación sobre los yacimientos arqueológicos, transformación de los sistemas culturales de la población, desplazamiento involuntario de los habitantes, afectación de sus condiciones de vida, alteración de la economía regional y generación de conflictos motivados por la presencia del proyecto”, solo por destacar algunos.

Sobre este tema, Juan Diego Giraldo-Osorio, profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la Javeriana y líder del grupo en Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente (CIAA), argumenta que “los impactos sociales y ambientales de estas megaobras son pobremente valorados por la necesidad de obtener licencias ambientales”; además, enuncia la pérdida de la conectividad del río y la disminución de la carga de sedimentos y nutrientes como consecuencia del proyecto Hidroituango.

No en vano, Neyla Castillo Espitia, antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia y magister en Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, abordó, durante el foro javeriano, la relación que hay entre los cañoneros —habitantes de las partes bajas de las montañas— y montañeros —pobladores de las partes altas de las laderas del río Cauca— con las modificaciones en el ecosistema. Así reconoció que la reducción del caudal por la construcción de la presa no solo ha afectado las actividades económicas y alimentarias de los pobladores, porque al no tener subienda de peces, sus prácticas de intercambio de productos de pancoger (maíz, fríjol, yuca y plátano) se han disminuido; también aseguró que la actividad de barequeo, con la cual recolectan el oro para sus comunidades, ya no es como antes.


Responsabilidad como país

Una nueva contingencia advirtió Colombia el 11 de enero de 2019. Se decretó la alerta naranja al hallar un socavón de 18 metros de profundidad cerca a la casa de máquinas, al interior de la montaña. EPM respondió a esta situación con el cierre de una de las compuertas que dirige el agua desde el embalse a la descarga de máquinas, disminuyendo así el caudal aguas abajo de la presa y dejando cerca de 148 peces muertos; sin embargo, esta cifra no se aproxima a la masiva mortandad de especies y el grave daño ecológico que ocasionó del cierre de la segunda compuerta a inicios de febrero.

Además, mucho se ha hablado sobre los recientes eventos sísmicos que ha tenido el país durante los últimos días, inclusive, se especuló sobre la relación entre estos movimientos como el de Zapatoca, Santander, con magnitud de 5,4 en la escala Richter; en Planadas, Tolima, de 4,7, o el del pasado 19 de febrero en Chocó, de 4 grados según el Servicio Geológico Colombiano, y el desequilibrio de la presa. Sobre esto, el ingeniero Ordoñez, asegura que un temblor de estas magnitudes en la zona de Ituango podría ocasionar un derrumbe, en consecuencia, generar una onda y acabar con el proyecto.

Fuentes gubernamentales han expresado su preocupación por la estabilidad del terreno y las dos fallas geológicas sobre las cuales se ubica Hidroituango: Mellizo y Tocayo. Al respecto, el geólogo Germán Vargas sugiere que “como las condiciones del macizo rocoso han sido afectadas por la presencia de deslizamientos y hundimientos, entonces, la ocurrencia probable de un sismo en la zona afectaría las laderas del cañón del Cauca”; en oposición, Durán Ariza indica que “en el caso de Hidroituango, la presa tiene en su base cerca de un kilómetro de ancho y unos taludes estables; no es un monte pequeño, es una montaña. Por eso, este tipo de obras son muy estables, incluso desde el punto de vista sísmico se comportan muy bien”.

El Brendunco, como llamaban los aborígenes del siglo XVI al río Cauca, es feroz, profundo y, en sí mismo, misterioso. Es el punto de encuentro de más de 100 ríos que desembocan en él; el hogar de especies como el ave payador canela, el bagre rayado y la pacarana, un roedor, y el proveedor de 2.720 millones de metros cúbicos de agua para abastecer a Hidroituango.

Colombia tiene sus ojos puestos sobre este proyecto, y la academia, sus aulas para formación. “Teniendo en cuenta esta problemática, buscamos con nuestro programa que los estudiantes entiendan no solamente la practicidad de los sistemas hidráulicos sino también que tengan herramientas para hacer propuestas novedosas y concretas sobre posibles formas de manejar los inconvenientes propios de un proyecto hidroeléctrico como Hidroituango”, asegura Jorge Alberto Escobar, quien también es director de la Maestría en Hidrosistemas de la Javeriana.


Datos de interés

La semana pasada, el 27 de febrero, la Procuraduría General y la Contraloría General de la Nación se reunieron en la Universidad de Antioquia, junto a 40 representantes de comunidades e instituciones públicas y privadas para buscarle una solución a la problemática ambiental y social del proyecto. Un día después, EPM presentó su controversial participación en la subasta convocada por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), donde, según Jorge Londoño de la Cuesta, su gerente, Hidroituango aportará al país una potencia de 1.200 gigavatios en 2022. Respecto a este tema, el presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros sosiente que “una posibilidad muy buena para que no entremos a un racionamiento de energía es que el proyecto Hidroituango salga adelante. EPM es bastante optimista, yo ahora solo soy optimista y creo que el proyecto puede funcionar”.

Finalmente, el pasado viernes, el país presenció la entrega del estudio causa-raíz que la firma Skava Consulting hizo sobre el grave evento geológico que obstruyó el túnel de desviación del río Cauca el 29 de abril de 2018; según su análisis, esta emergencia ocurrió por la erosión progresiva de las rocas en el piso del túnel auxiliar de desviación con el flujo a presión del caudal; sin embargo, el estudio sugiere que el error se debió a “una deficiencia en el diseño durante la etapa de asesoría, el cual estuvo a cargo del Consorcio Generación Ituango (Integral – Solingral), a quien le corresponderá dar las explicaciones técnicas pertinentes”, tal y como cita EPM en su más reciente comunicado.

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Con morral al hombro, su gorra bien puesta y botas de caucho, el ecólogo Javier Alejandro Maldonado, profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, recorre las zonas más inexploradas de la cuenca amazónica colombiana, con el objetivo de encontrar información sobre peces que, bajo las aguas, permanecen ocultos y no han sido reconocidos, pues allí está la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra.

Ante la necesidad investigar la existencia de estas especies inexploradas en la Amazonía y consolidar proyectos de conservación, Maldonado, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, actualmente construye la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas, todo esto para llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca. Dicha tarea inició en 2015 y se consolidó en enero de 2018 cuando firmó, junto al expresidente colombiano Juan Manuel Santos y el exministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la época, Luis Gilberto Murillo, un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea durante un periodo de cinco años.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señaló a Pesquisa Javeriana el docente javeriano sobre el proyecto Amazon Fish.

Las expediciones en busca de cumplir este objetivo han sido largas y extenuantes, cuyos resultados publica periódicamente en revistas científicas, sin dejar de compartir todos sus hallazgos con colegas, las comunidades que visita y sus estudiantes. Su curiosidad por la investigación lo ha llevado a recorrer gran parte de las regiones apartadas de Colombia para deslumbrarse con los paisajes del Amazonas, del río Magdalena y de la Orinoquía.

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Como parte de los hallazgos que han llevado a este amante de los peces a seguir con su labor de escudriñar las aguas, está el descubrir, junto a investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Javeriana y colegas de la Universidad de Toronto en Canadá, la existencia de un curioso pez color rojo. Se trata de la especie Phreatobious, encontrada en el pie de monte llanero. La estructura física de este animal es similar a la de una lombriz, motivo por el cual los pobladores de la zona se lo daban como alimento a las gallinas de la zona; sin embargo, resultó ser un bagre de aguas subterráneas; aunque sus ojos no funcionan bien en la oscuridad, son los bigotes de su cabeza los que le sirven para orientarse.

Esta información, a su vez, ha puesto a trabajar a científicos en el análisis de esta nueva especie que aún no tiene nombre. Como parte de un juego de palabras, ante la pregunta: ¿se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal? Maldonado responde:“Podría ser también Phreatorius gallinensis”.

Los placeres de este ecólogo con alma de biólogo, de 42 años, van más allá de la investigación y de recorrer las carreteras de nuestro país en bicicleta, pues su genuino gusto por la conservación del ecosistema lo acompaña en cada recorrido. De ahí, su preocupación por el impacto que tienen las hidroeléctricas en el medio ambiente, pues según el artículo Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams, del cual Javier Maldonado aparece como coautor, las represas alteran el hábitat de los peces y crean insalvables barreras para su movimiento a través de los ríos.

Además, entre las consecuencias ambientales que Maldonado encuentra en los proyectos hidroenergéticos, está el rompimiento de la conectividad de la biodiversidad entre los Andes y el Amazonas, los cambios en la temperatura del río por los cortes de agua y cómo las represas influyen en el flujo natural de los sedimentos del río; según el investigador, porque los sedimentos “son los que le dan la riqueza al agua, los que nutren los planos de inundación”.

Investigar y conservar son palabras que se quedan cortas para describir lo que Javier Maldonado quiere lograr con lo que hace como ictiólogo. Su deseo por divulgar la ciencia lo ha llevado a buscar nuevas formas de narrar el conocimiento científico generado en sus investigaciones y a promover conciencia sobre la conservación de los ecosistemas acuáticos colombianos, del bienestar de los peces y las comunidades asentadas a lo largo y ancho de la extensa red hídrica colombiana.

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Resultado de su trabajo en busca de especies inexploradas, surgió su pasión por trabajar con pobladores de las regiones. Por eso, un ejemplo de esto ocurrió el pasado 10 de febrero cuando Maldonado inició un recorrido por cuatro escuelas del Magdalena Medio para concientizar a los niños de esta región sobre la conservación del bagre rayado, especie afectada por la sobrepesca. “En su rostro se vio la emoción, no solo de transmitir sus conocimientos sino de compartir con los niños, con los pobladores y con sus colegas”, según recuerdan periodistas de Pesquisa Javeriana, quienes lo acompañaron en el recorrido.

Los expedicionarios no están exentos de peligros, pero el ecólogo sabe afrontarlos. Su hermano Nelson Maldonado Ocampo recuerda cómo, en alguna oportunidad, Javier se quedó sin embarcación toda una noche; sin embargo, esperó a que amaneciera y horas más tarde fue encontrado. Esta anécdota es una de las tantas que llena de optimismo a sus familiares, amigos y colegas mientras están a la espera de recibir noticias de su búsqueda. Por el momento, brigadas de rescate y la misma comunidad indígena de Mata Pi que lo acompañaban en la salida de campo, adelantan jornadas de búsqueda en la región, luego de que el investigador javeriano naufragara durante una expedición científica en el río Vaupés el pasado sábado 2 de marzo sobre las 2:00 de la tarde.

 

Una fe que salva al planeta

Una fe que salva al planeta

Salute, a la votre, cheers”, “Bottom’s up” o “¡Salud!” suelen ser expresiones que, junto a un brindis, acompañan reuniones o eventos sociales. Como costumbre, alrededor del mundo, millones de personas se encuentran para celebrar, según sus culturas y religiones, festividades como cumpleaños, navidades, Semana Santa, rituales en comunidades indígenas y otros particulares como el Hanukkah de los judíos, quienes conmemoran la edificación del segundo templo en Jerusalén; el Ramadán para los musulmanes, que es el noveno mes del año y durante él ayunan desde el alba a la puesta del sol; o el Ratha Yatra de los hare krishna, en el cual adoran a su dios Yáganat.

Estos momentos van acompañados por alimentos, cada uno según su gastronomía. En Colombia, por ejemplo, un plato para la cena de año nuevo es un lomo de res sobre leña. La receta es sencilla: tres libras de lomo, semillas de soja, cinco cucharadas de vino blanco, aceite de palma y troncos de madera. Suena delicioso, ¿no? Pero, tal vez lo que no sabemos es que esta combinación tiene los elementos necesarios para aportar una alta cuota al índice de deforestación de los bosques tropicales en el mundo.

El crecimiento de la infraestructura global, el gasto energético con los millones de bombillos encendidos durante las festividades, la extracción de madera, las inmensas listas de libros y cuadernos en temporada escolar o los troncos con los que encendió la fogata de la cena, y los cultivos ilícitos junto a la ganadería extensiva son las principales causas de que el 17,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero provengan de la degradación de los bosques tropicales.

Debido a esta grave situación, surgió la Iniciativa Interreligiosa de Bosques Tropicales el 19 de junio de 2017 en Oslo, Noruega, una alianza internacional y multirreligiosa, liderada por la Organización de las Naciones Unidas, con el propósito de convocar a los principales líderes de tradiciones religiosas, pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas, científicos y ONG para comprometerse a defender el planeta y poner fin a la deforestación.


Un pacto entre creencia y medio ambiente

Si bien es cierto que los bosques tropicales benefician a la humanidad porque protegen las cuencas hidrográficas, contribuyen al equilibrio del oxígeno, del dióxido de carbono y de humedad en el aire, y son el hogar de 1.600 millones de personas en el planeta, no se debe desconocer una cifra alarmante: cerca de 40 campos de fútbol de bosques desaparecen cada minuto en el mundo.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, de la cobertura total de bosques del país (58’633.631 hectáreas), 26,10 millones están en territorios nacionales de comunidades indígenas (koguis, emberas y ticunas, por mencionar algunas) y 4,24 millones en territorios de comunidades afrocolombianas. Esto llama fuertemente la atención ya que la responsabilidad del Gobierno no solo implica velar por los derechos de la ‘madre tierra’ sino también los derechos de quienes la habitan.

Por eso, a finales de 2018, la Pontificia Universidad Javeriana fue la casa del primer encuentro interreligioso entre representantes de la iglesia presbiteriana, anglicana, católica, evangélica y la ortodoxa griega, los pueblos indígenas de la Amazonía, líderes del islam, comunidades negras, afrodescendientes y raizales, y líderes hare krishna en Colombia.

¿Su propósito? Detener el impacto medioambiental a través de un llamado social a la moral y la espiritualidad, entendiendo la fe como motor para aunar esfuerzos y ponerle fin a la deforestación tropical, teniendo en cuenta que “Colombia, Perú, Brasil, República Democrática del Congo e Indonesia conforman el 70% de los bosques tropicales en el mundo”, según Juan Bello, jefe de la oficina ONU Medio Ambiente.

De esta jornada resultaron varios compromisos: fomentar modelos económicos que superen el extractivismo y la industrialización a partir de la visión indígena del buen vivir con la tierra, respetar la autonomía de los pueblos indígenas en la administración de sus territorios ancestrales, exigir la erradicación de las fumigaciones y convocar a las comunidades de fe para que participen y asuman su rol como gestores del cuidado del medio ambiente.

También surgieron llamados de atención al Gobierno nacional respecto a la construcción de políticas públicas que garanticen la conservación de los bosques tropicales y sus pobladores. “Creemos que hay que hacer una incidencia política para que podamos llevar, desde nuestras comunidades de fe, información sobre cómo cuidar el planeta a todos los rincones del país”, dijo Francisco Duque Gómez, presidente del Consejo Interreligioso en Colombia.

Cabe recordar lo mencionado por el papa Francisco en la encíclica  Laudato Si: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”; al referirse al medio ambiente, lamentablemente añade: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.


El problema y el reto

Imagine que se embarca en una expedición a través de la Amazonía colombiana. Seguramente se encontrará entre inmensos bosques, tupidos por árboles y arbustos de unos cinco metros de altura o más, y lo primero que verá serán perezosos meciéndose sobre ramas, anguilas eléctricas por sus ríos, descargando cerca de 600 voltios al contacto con otras especies y un salvaje pero intrigante caimán negro. Sin embargo, esta escena puede no ser la misma de seguir escuchando noticias como que en 2017 la Amazonía peruana perdió cerca de 143.000 hectáreas o lo equivalente a 200.000 campos de fútbol a causa de la deforestación. Un tema serio.

Esto llama la atención sobre los graves efectos de este problema medioambiental. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la destrucción del hábitat y las especies que lo ocupan, el calentamiento global y los gases de efecto invernadero con la tala de árboles que evitan el proceso natural de respiración y la absorción del CO2 de la atmósfera, la erosión del suelo y el aumento de inundaciones serían solo la punta de un iceberg capaz de terminar con la biodiversidad y las condiciones de hábitat de la humanidad, tal y como la conocemos.

Por eso, organizaciones nacionales e internacionales han tomado medidas para controlar estas consecuencias. Por ejemplo, el Gobierno expidió la Política Nacional de Gestión Integral de la Biodiversidad (2012) con la cual establece acciones para balancear los intereses de la sociedad frente a la biodiversidad y el mantenimiento de sus servicios; el Acuerdo Climático de París, gestionado durante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y recientemente, el fallo dictado por la Corte Suprema de Justicia que reconoce al Amazonas como sujeto con derechos.

De esta forma, Colombia, además de ser el segundo país con mayor biodiversidad del planeta o el primero en conservar la mayor variedad de aves y orquídeas, también es el hogar de comunidades indígenas, ancestrales, religiosas, afrodescendientes, entre otras. Que, aunque diferentes entre sí, conservan una misma intención, una misma responsabilidad. Cuidar su casa común, el planeta.

El año que dedicamos al ambiente

El año que dedicamos al ambiente

Visitamos el mar profundo, atravesamos los ríos amazónicos, recorrimos senderos ecológicos, plantamos nuevas especies en las montañas andinas. El 2018 fue un año de desafíos ambientales para Pesquisa Javeriana, uno en el que nos empleamos a fondo para contar las intensas investigaciones que científicos javerianos han venido realizando en aras de preservar y proteger nuestros ecosistemas.

De esa forma fuimos testigos de excepción de expediciones submarinas, analizamos los efectos convulsos que el desarrollo hidroeléctrico ha tenido sobre Colombia, indagamos por la salud de especies submarinas, como los tiburones, conversamos con las comunidades que protegen las especies nativas en su territorio, entre muchas otras actividades, con las cuales produjimos historias sobre la huella que vamos dejando en nuestro planeta.

Aquí les presentamos nuestros mejores trabajos, y renovamos así nuestro compromiso en 2019 para seguir indagando sobre las transformaciones que el hombre ha realizado en el planeta, al igual que sus consecuencias.


1.
Encuentran pequeños peces en aguas subterráneas de los Llanos

/Alexander Urbano, Jhon Zamudio y Jorge García.
/Alexander Urbano, Jhon Zamudio y Jorge García.

Un sencillo ejercicio de observación en una finca del pie de monte llanero les permitió a los científicos javerianos descubrir, con gran asombro, la presencia de pequeños bagres (parecidos a lombrices) de origen amazónico en la cuenca del Orinoco. En este reportaje, acompañamos a los ictiólogos javerianos en su identificación.


2. Turismo ecológico, con sello de calidad

/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.
/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.

El avance del ecoturismo llevó al biólogo Juan Ricardo Gómez a centrar su tesis doctoral en las certificaciones ecológicas concedidas a los hoteles. De su mano, analizamos las enseñanzas que el modelo costarricense ha consolidado y la forma en la que las autoridades colombianas lo vienen implementando.


3. Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

/Tiago Carvalho
/Tiago Carvalho.

La inquietud de académicos europeos, estadounidenses y suramericanos sobre los peces de la Amazonía los llevó a crear el proyecto Amazon Fish, la base de datos con la que pretenden recabar la mayor información sobre la fauna subacuática de esta región. En este artículo, y a partir del memorando de entendimiento firmado con el gobierno colombiano para implementarlo, reconstruimos los pasos de ecólogos e ictiólogos por los ríos selva adentro.


…Y una mención especial

/Diederik Ruka.
/Diederik Ruka.

Cundinamarca se ha convertido en un bastión para los viveristas que cultivan orquídeas nativas. Por ello, la Pontificia Universidad Javeriana se alió con el Instituto Humboldt y el Jardín Botánico de Bogotá para, por medio de capacitaciones, desarrollar buenas prácticas con las comunidades locales. Nuestros periodistas consignaron en video sus aprendizajes y experiencias.

Una escuela llamada Berlín

Una escuela llamada Berlín

La labor de un restaurador consiste en los saberes de un investigador, un explorador y un campesino. Su tarea es observar y entender el comportamiento de la naturaleza con el propósito de evidenciar las condiciones ambientales de los hábitats deteriorados por la mano del hombre, para luego intervenirlos.

Aunque hablar sobre la restauración pareciera un trabajo individual o de unos pocos, en realidad este ejercicio requiere un acompañamiento permanente de las comunidades. Esta labor, a su vez, ha sido una herramienta de reconstrucción del tejido social en comunidades fragmentadas por el conflicto armado y la violencia.

Pesquisa Javeriana acompañó a la Escuela de Restauración Ecológica (ERE), de la Pontificia Universidad Javeriana, a la Institución Educativa Berlín en Samaná, Caldas, donde implementó un ejercicio de conciencia sobre el tejido social y las consecuencias de las acciones comunitarias en torno a las prácticas ambientales y culturales. El resultado: la formación de un grupo de restauración ecológica liderado por los estudiantes de las veredas.

Revive junto a nosotros esta experiencia:

Un canto de nostalgia a la reconciliación

Un canto de nostalgia a la reconciliación

Como un caballo de paso cae la lluvia sobre las tejas de zinc del municipio de Samaná, en Caldas; son las dos de la mañana y Adela no pega el ojo, quizá porque solo unos ganchos de metal y un par de ladrillos sostienen el techo de su casa o tal vez porque sabe que en cualquier momento un grupo armado podría tumbar la puerta de su hogar para usarlo como trinchera.

Adela se mueve de lado a lado sobre su cama, está incómoda; se inquieta con el tic tac de las manecillas del reloj, al mismo tiempo que empieza a sudar frío. De repente escucha cómo una multitud de botas negras, de caucho, se acercan hacia ella. No van caminando, parece que fueran trotando. Se abre la puerta y en un parpadeo ella ya está acostada sobre el suelo. El latido de su corazón se acelera, se hace cada vez más fuerte, más rápido. Sin esperarlo ruge el cielo, cae un rayo que estremece la tierra e inmediatamente abre sus ojos.

Era solo un sueño, una mala jugada de su memoria, la misma que le recuerda que este tipo de escenas fueron una realidad en el corregimiento de Berlín, su hogar, entre 1998 y mediados del 2005. Fue testigo del conflicto armado entre paramilitares y la guerrilla; según ella, la violencia llegó al municipio de Samaná a mediados de los 90 cuando la roya hizo que la producción de café cayera y los campesinos trabajaran en la siembra de hoja de coca como actividad productiva alterna.

Sin saberlo, esto llevó a Berlin a quedar en medio de una confrontación por el control territorial entre el frente 47 de las FARC, liderado por alias ‘Karina’, y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, lideradas por Ramón Isaza. No obstante, la fuerte presencia militar del Estado diezmó la guerrilla y condujo a los paramilitares a su entrega en el proceso de Justicia y Paz en 2008.

Durante los siguientes años, campesinos de veredas como La Reforma, Lagunilla y Piedra Verde retornaron a la región con el deseo de pisar nuevamente sus tierras y encontrar en ellas, y en la construcción de megaproyectos como La Miel I, hidroeléctrica de Isagen, una nueva forma de sustento y vida.

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‘Adelita’, como le dicen sus vecinos, recuerda haberlo visto todo. Fue testigo del desplazamiento de amigos y familiares por causa de amenazas, miedo y la dispersión de glifosato para erradicar los cultivos ilícitos en sus fincas. Esta dura situación no fue impedimento para que viera crecer a sus hijas y nietas, tres generaciones de Adelas que, aunque diferentes entre sí, comparten las mismas pasiones: la cocina y el arte.

Ellas tienen un estilo propio cuando de preparar un plato se trata. Adela, quien ahora es abuela, es experta haciendo arepas blancas. Primero muele el maíz, lo mezcla con sal y agua, lo amasa y lo pone sobre el fuego; los huevos son la especialidad de su hija, ella los bate con papa y espinacas tomadas de la huerta y los riega sobre el sartén. La menor tiene ‘el toque’ del aguatinto, una tintilla color canela: una cucharada de café por dos pocillos de aguapanela.

Así son sus desayunos, grandes y poderosos. Por eso, desde hace tres años estas tres mosqueteras han alimentado a Milena Camargo, Mélida Lozáno, Mario Mora, Diana Rodriguez y José Ignacio Barrera, líderes del proyecto de restauración ecológica y reconciliación en el corregimiento de Berlín a través de los programas Plan de restauración ecológica del trasvase río Manso y Plan de conservación de la especie amenazada Gustavia romeroi.

Este equipo de ingenieros forestales, biólogos, ecólogos y psicólogos llegó a la región en 2014, luego de que Isagen los contratara para reparar el desastre medioambiental que dejó la obra ingenieril transvase Manso en la hidroeléctrica La Miel I: la ruptura de acuíferos (nacimientos de agua subterránea) y 22 quebradas a punto de secarse.

La decisión de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para ese entonces fue permitir que Isagen comprara los terrenos afectados por la construcción del trasvase y realizara un plan de restauración ecológica en el área. Así, esta institución contactó a la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana para iniciar un trabajo colaborativo, en el que la ERE debía implementar las investigaciones desarrolladas previamente sobre la rehabilitación medioambiental; sin embargo, durante este proceso los investigadores javerianos no solo encontraron un ecosistema deteriorado, también una comunidad fragmentada por la violencia, el odio y el rencor infundado en una guerra que no les pertenecía.

Adela recuerda no haber estado presente en las estrategias de restauración, en el cultivo de palos de aguacate o cacao en las fincas, en la siembra de árboles en el borde de las quebradas para proteger sus cauces o en la limpieza periódica de las bocatomas de Berlín con el equipo de restauradores, pero sí fue testigo de las largas jornadas en las que los profesionales javerianos visitaban a los campesinos de la región, presentándose como los ‘médicos del ecosistema’ con un único fin: la salud integral del corregimiento.

“Cuando llegamos al territorio encontramos un tejido social fracturado por el tema del conflicto armado”, dice la investigadora  Milena Camargo. Por eso, continúa, “creemos que ese tejido se debe seguir trabajando y acumulando experiencias positivas para que haya una verdadera reconciliación. Así es como le apostamos a la encíclica Laudato Sì del papa Francisco, la cual nos recuerda que tenemos que cuidar nuestra casa, nuestra integridad como seres humanos”.

Por tres años (2015-2018), el equipo de investigadores hizo talleres de integración con las comunidades, mingas o convites en las que el sancocho de pollo y arroz con menudencias eran el plato principal, trabajó con las personas en la recuperación del tejido social, en la restauración de relaciones familiares con quienes no habían vuelto a hablar y apoyó a quienes han sufrido las consecuencias del desarraigo por causa del desplazamiento.

De hecho, uno de los encuentros más conmemorativos de la comunidad ocurrió en abril de 2018, cuando campesinos de las veredas Montebello, Piedra Verde y La Reforma, alumnos del colegio Berlín, miembros del grupo ecológico de la misma institución y estudiantes de la clase de Restauración de Ecosistemas, de la Javeriana, se reunieron para trabajar juntos alrededor de un tema en comun: el bienestar social.

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A las cinco de la tarde inició la jornada de reconciliación, encuentro que fue un canto de nostalgia y esperanza a Samaná, al corregimiento de Berlín y a los más de 29.000 hombres y mujeres víctimas del desplazamiento por la violencia. Fue un escenario en el que sonrisas y abrazos se abrieron paso en medio de miradas tímidas de quienes han anhelado por años la paz y el perdón.

¿Cómo vivir en paz? ¿Dónde hallar la felicidad? ¿Por qué perdonar?, fueron las preguntas con las que Mélida Lozano, líder del componente social del proyecto de restauración ecológica, abrió la jornada, mientras que las voces de la comunidad entonaban al unísono la canción Alegría, de Cirque du Solei.

El espejo de la verdad fue la respuesta a sus inquietudes, un ejercicio en el que los asistentes tenían que escribir sobre un papel las actitudes que cada uno ama y odia de sí mismo para entender el secreto de la felicidad y la clave del bienestar: reconocer quiénes son y aprender a perdonar.

“La felicidad solo puede existir cuando hay experiencias que no son tan buenas”, dice Mélida, ya que “no podríamos percibir la felicidad si no hubiera dolor porque entonces, ¿con qué la comparamos? No podría existir si no hay sufrimiento, retos, carencias. Entonces, la felicidad depende de eso que no nos gusta, de las experiencias que rechazamos”, añadió.

‘Adelita’ hizo su labor tras bambalinas. No fue el ‘trabajo pesado’ en las fincas sino el constante, el diario. Por meses se dedicó a tejer flores; cada puntada, cada pétalo era una forma de hilar conciencia, trenzar perdón y construir sociedad. Pasó horas enteras detrás de agujas de croché, lienzos, pintura y colbón para darle brillo a sus creaciones. El resultado fue una docena de rosas de lana, unas blancas, rosadas, amarillas y otras azules y rojas, tejidas entre sí para darle forma a la paz, a ese sentimiento que ha sido tan anhelado en sus corazones.

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Con estas creaciones se cerró el evento con un intercambio de plantas artesanales, hechas por las familias de la región. Unos detalles que significaban más que cartón, fomi, pintura, cucharas o pitillos: era la representación de una vida en unidad, perdón, reconciliación e igualdad.

Luis Wilches, vecino de Adela, fue uno de los invitados a la jornada. Él, de brazos color canela, un pecho firme como de marfil y una mirada tan penetrante y profunda como el amanecer despuntando el alba, recuerda que no dejó la región, él se quedó en su finca, en la vereda Piedra Verde, a pesar de la guerra.

Wilches vivió cada segundo como si fuera el último; su humildad y resiliencia le permitieron dominar el deseo de venganza para someterlo al de la justicia a través del perdón. No es de extrañarse que las manos que en algún momento se hicieron gruesas al labrar la tierra, sean ahora las que levantan en alto flores de la mansedumbre, misericordia y transparencia. Una imagen que, como dice Adela, quedará grabada en la memoria de sus vecinos.

“Este trabajo de reconciliación nos ha servido mucho, me ha servido mucho, para la convivencia como personas y para estar en comunidad”, dice Luis. “Por eso es que hacemos más juntos que uno solo y eso es magnífico”, añade.

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Así como en algún momento la incertidumbre del pasado irrumpió sus vidas, ahora, con la restauración de los lazos comunitarios y el perdón como práctica diaria, esta comunidad está cultivando en sus tierras y en sus corazones una semilla de amor y esperanza. Por eso Adela sabe que construir sociedad es un trabajo que implica tiempo, voluntad y constancia; que perdonar significa reconocer las faltas propias para deshacerse de ellas y sanar, y que tejer sociedad es una labor de todos, una que se hace a pulso, como el que ella tiene cuando hace edredones de punta a punta para mantener el calor de su hogar.

Así es Adela, una mujer que sabe que sus sonrisas son el ingrediente secreto para alimentar el espíritu de bondad en su comunidad.