¡Del Continente Blanco al trópico!

¡Del Continente Blanco al trópico!

Mientras escribo las líneas de esta columna, estamos en medio de la pandemia del coronavirus, el cual ha venido en ascenso exponencial. Además, me entero de que Colombia cerraron la frontera y yo aún estoy en el extranjero. No logré entrar a mi país. Sin embargo, creo que lo mejor que podemos hacer es no entrar en pánico, estar en unión familiar, tranquilizarnos, respirar, pensar positivo, disfrutar cada día que la vida nos brinda y acatar las medidas necesarias para no seguir dispersando el virus.

Les quiero compartir la última aventura que la vida me regaló. Luego de terminar mi increíble experiencia en el lugar más hermoso de la Tierra, la Antártica, fui a un lugar un poco más cálido y un poco más cerca de nuestro país. Visité otro magnífico territorio, el archipiélago de Puerto Rico, localizado en el Caribe Tropical. Logré visitar la isla principal y dos más pequeñas: Vieques y Culebra.

La hermosa San Juan y sus fuertes
La hermosa San Juan y sus fuertes

Allí tuve la oportunidad de caminar por la hermosa capital, San Juan. Su arquitectura me recordó un poco a Cartagena, probé el famoso y delicioso mofongo, parecido a un puré, pero de plátano o de yuca. Además, en la isla Culebra, realicé una de las cosas que más me gusta hacer: bucear. Pude observar diferentes especies de peces y de corales, éstos últimos son invertebrados marinos que viven en colonias, conformadas por muchos individuos idénticos llamados pólipos, los cuales miden pocos milímetros de diámetro y pocos centímetros de longitud. Cuando estaba estudiando biología, tomé una electiva en ecología marina y pude aprender mucho sobre los corales. En esta ocasión, me llamó mucho la atención una en especial, Montastraea cavernosa (fotografía del banner). Es realmente hermosa y común en el Caribe; desafortunadamente, me llama la atención ver varias colonias con signos de blanqueamiento.

Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.
Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.

Los arrecifes de coral son muy importantes para los ecosistemas marinos y para las personas cumplen varias funciones; una de ellas es servir como barrera, protegiendo así las costas de la erosión. Se calcula que son hábitat para el 25% de las especies marinas, incluyendo las que consume el hombre. El blanqueamiento de coral es una enfermedad que sufren cuando las condiciones de su hábitat se ven afectadas, como el aumento de la temperatura del océano por el calentamiento global, la contaminación, el incremento de la radiación solar y las tormentas. Todo esto les causa un estrés considerable. Un coral saludable mantiene una relación simbiótica de mutualismo (interacción biológica estrecha entre dos organismos, en la cual ambos se benefician) con una especie de alga; cuando ocurre algún cambio en el ambiente el alga abandona el coral, el cual se torna blanco, débil y más susceptible a enfermedades. Si los corales desaparecen, se verían afectados todos los ecosistemas y animales marinos de todo el planeta.

También pude oír el hermoso canto de la ranita coquí durante la noche. Es endémica de Puerto Rico y recibe su nombre por la llamada que hacen los machos de dos especies, las cuales suenan como “co” y “qui”. La que se puede observar con mayor frecuencia es la coquí común (Eleutherodactylus coqui). Este anfibio se ha convertido en un símbolo para la isla y su canto aparece en algunas canciones de varios artistas como Rubén Blades y Calle 13.

Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).
Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).

Además, realicé una caminata por el Parque Nacional El Yunque, un bosque lluvioso tropical muy bonito y lleno de vida. Tiene un área de 113 km2, con más de 39 kilómetros de senderos ecológicos. En uno de ellos pude observar un reptil nativo de la isla llamado comúnmente anolis, porque pertenece a este género. En la foto pueden ver el anoli de hierba de tierras altas (Anolis kugri). Esta especie se alimenta de insectos como cucarrones y hormigas, arácnidos como garrapatas y arañas y pequeños gusanos. Los pude ver saltando entre las hojas de los arbustos y árboles. Cuando me acercaba para tomarles fotografías se quedaban totalmente inmóviles.

El recorrido por Puerto Rico, verde y sonoro, fue realmente enriquecedor y totalmente diferente a la experiencia de la Antártica.

El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

Colombia cuenta con una riqueza hídrica excepcional, lo que ha permitido la formulación y ejecución de diversos proyectos de desarrollo en torno al agua, que implican grandes desafíos en su gestión diferencial e integral dentro del territorio dada la complejidad de los escenarios donde se desenvuelven. Proyectos tales como la hidroeléctrica de Ituango (Antioquia), la ampliación de la vía Santa Marta – Barranquilla, las actividades mineras del Cerrejón (Guajira), el fracturamiento hidráulico, la navegabilidad del río Magdalena y la construcción de un megapuerto en el Golfo de Tribugá (Chocó), traen consigo importantes afectaciones a los cuerpos naturales de agua y a los sistemas de que dependen de ella, causando daños irreparables en su estructura y función, para satisfacer a una sociedad en constante crecimiento.

Esto, no solo representa un riesgo para el ciclo hidrológico, ya que son cada vez más son más marcadas las transformaciones en todo el territorio nacional, sino que además se convierte en un riesgo para la salud humana y de los ecosistemas, especialmente por la aparición de enfermedades como el dengue, la alteración de los hidrosistemas, los conflictos por el uso y manejo del recurso hídrico y la falta de acceso en algunas zonas del país. Por tanto, es necesario avanzar en su conocimiento y puntualizar en decisiones fundamentadas por parte de los actores sociales e institucionales, que garanticen la sostenibilidad de los ecosistemas y el agua en el largo plazo, lo cual representa un desafío trascendental en la gestión y sostenibilidad del recurso. En este contexto, el ciclo de seminarios del Doctorado de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, invitó a distintos expertos para presentar sus percepciones y avances sobre el tema.

Es claro que la gestión del agua debe ser integrada con el territorio, donde exista una planificación participativa y articuladora que permita incluir los diversos intereses y necesidades de los actores, percepciones y conocimiento de este recurso, ya que las presiones sobre este, dependen de las dinámicas socioeconómicas y culturales en las que se encuentra inmerso. Por ejemplo, en la Represa del Cercado ubicado entre los municipios de Distracción y San Juan del Cesar (Guajira) y en el Distrito de Riego a Gran Escala de María La Baja, región de Montes de María (Bolívar), el agua es percibida como un recurso necesario en escenarios extractivos principalmente, de monocultivos como el arroz y la palma. Para lograrlo, se han construido infraestructuras al servicio de estas actividades, muchas veces con poca rigurosidad técnica y con una visión cortoplacista, afectando el acceso, uso y control del recurso de manera sostenible.

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De igual manera, la Ciénaga Grande de Santa Marta (Magdalena), ha tenido un proceso histórico de transformación del agua producto de diversos intereses de actores políticos y sociales. Desde las canalizaciones para cultivos, pasando por la ampliación de la frontera agropecuaria, la deforestación, la implementación de grandes obras de infraestructura (carreteras, diques) y la consolidación de distritos de riego, se han modificado los afluentes del sistema. Esto resulta, en una fuerte modificación del complejo cenagoso, alterando su funcionalidad y resiliencia frente a cambios futuros, limitando la oferta de servicios ecosistémicos, fundamentales para la subsistencia y cotidianidad de las comunidades, cuyos medios de vida dependen de este ecosistema.

Hablando de proyectos futuros, el Golfo de Tribugá ha tomado una relevancia reciente, por la iniciativa del gobierno actual, de desarrollar un puerto multipropósito de aguas profundas en el Chocó. Su ubicación geográfica estratégica (en el Pacífico Norte de Colombia) le confiere particularidades oceanográficas que lo diferencian del Centro y Sur del Pacífico colombiano, además de la inmensa riqueza biológica que allí se concentra. Aunque son claros los intereses de algunos sectores económicos y políticos en la construcción de este puerto, existe una preocupación por la alteración e impacto negativo que se puede generar hacia este ecosistema. Esto trae consigo desafíos en la gestión del territorio por parte de las autoridades ambientales y académicas, en el sentido de generar una planificación y gobernanza articuladora y cooperativa, que busquen garantizar la integridad del sistema.

Por otra parte, los procesos de urbanización y de expansión urbana, también alteran el ciclo hidrológico, debido a la eliminación de cobertura vegetal, la generación de residuos sólidos y líquidos, al incremento de áreas impermeables que reducen la infiltración y otras actividades asociadas. La concentración de la población en los centros urbanos y la facilidad en el acceso al recurso, gracias a la infraestructura de acueducto y alcantarillado, influyen en el comportamiento humano frente al manejo del agua en las ciudades, lo que puede llevar por una parte al uso insostenible del recurso y por otra, al almacenamiento de agua para diversos usos, que en algunos casos es mal manejado, favoreciendo la aparición de vectores que trasmiten enfermedades como el Dengue, Chikunguña y Zika, entre otras.

Es así como modelos matemáticos desarrollados por el Dr. Mauricio Santos Vega y su equipo del Grupo de investigaciones en biología matemática y computacional, de Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes, buscan ayudar a entender cómo y porqué en la ciudad de Ibagué, por ejemplo, las poblaciones humanas almacenan agua para usos sanitarios y de reserva, muchas veces sin las medidas de manejo adecuadas, favoreciendo la proliferación del mosquito, vector de enfermedades virales que representan un riesgo para la salud pública de la población.

Adicionalmente, frente a las diferentes formas de ver el agua y los impactos generados sobre ella, existe la necesidad de plantear soluciones para su gestión integra y uso sostenible. Desde el análisis de narrativas y la ecología política, se puede tener una aproximación a otras formas de analizar el agua, según la profesora Catalina Quiroga y su equipo del grupo de investigación Cultura y Ambiente de la Universidad Nacional de Colombia. Más allá de tener una mirada en función de su uso del recurso hídrico para las actividades económicas, las comunidades también tienen un rol importante en asignar un significado propio en donde se ve expresada su cotidianidad, lo que les permite tanto a estas como al Estado, reconocer estas percepciones, en ocasiones antagónicas, pero que coinciden en ofrecer soluciones técnicas y políticas más acertadas de acuerdo con la realidad socioecológica de cada territorio.

Además, la Dra. Sandra Vilardy y su equipo del grupo de investigación de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, resaltan la necesidad de comprender las dinámicas dentro de los hidrosistemas abordando la gestión con base en las complejidades del territorio, a partir de la construcción de la capacidad de resiliencia de los mismos, por medio de lo cual se permita negociar los intereses y necesidades de los diversos actores que usan el recurso. Necesariamente, se debe tener una forma de gobernanza articuladora y cooperativa que incluya elementos basados en la memoria e identidad del territorio, la diversidad ecológica, las innovaciones, el aprendizaje y la adaptación.

Asimismo, resalta la necesidad de consolidar redes de interacción hacia esferas policéntricas, multinivel, multidisciplinarias y con los habitantes, que complementen las debilidades institucionales, reconociendo las limitaciones y sesgos en la comprensión de los fenómenos ecológicos, sociales y culturales, para generar y divulgar información, así como para el diseño de herramientas de política pública y gestión territorial, como insumos para asesorar a los tomadores de decisiones, y que permita revitalizar el capital social, humano y el bienestar de los pobladores.

Otro aspecto a considerar es la búsqueda de alianzas estratégicas con universidades, organizaciones locales y otras instituciones de investigación, que permitan generar estudios científicos con mayor rigurosidad y de alta calidad, a fin de obtener información más acertada, que complemente la evaluación de impactos y riesgos ambientales para la toma de decisiones. Este es el propósito de la Dra. Natalia Botero, directora de la Fundación Macuáticos, durante su estancia postdoctoral en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, quien en conjunto con otras instituciones, como la Universidad de los Andes, la Comisión Colombiana del Océano y Applied Ocean Sciences, busca realizar estudios que permitan obtener informaciones de línea base para los tomadores de decisiones sobre los impactos que pueden tener contaminantes como el mercurio o como el ruido generado por el tráfico marítimo en la salud de las ballenas jorobadas, en áreas estratégicas para su reproducción como es el Golfo de Tribugá.

También es importante promover espacios de discusión con distintos actores sociales dentro de los cuales se visibilicen los impactos ambientales que pueden ocasionar los diferentes proyectos de infraestructura, minería, hidrocarburos, urbanísticos y asociados, tanto para las comunidades locales como para los ecosistemas. Es aquí, donde cobra importancia el enfoque socioecológico que incluye la complejidad del sistema: sociedad y entorno natural, y que aún hoy, se continua en proceso de exploración y entendimiento, donde exista una mirada sistémica y no sectorial para generar soluciones a los problemas relacionados con el agua. Además, debe existir una interdisciplinariedad en el análisis, que permita articular los marcos conceptuales y tratar de acercarse a la realidad de los impactos y relaciones causales, con el fin de entender los mecanismos por los cuales se generan estos problemas.

En este contexto, según el Dr. Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, resulta necesaria la evaluación de los impactos ambientales ex-ante dentro de un marco de sistemas socioecológicos, utilizando las herramientas tecnológicas disponibles con el fin de tratar de modelar los efectos que pueden generar los proyectos y actividades humanas en diferentes escenarios sociales y naturales, articulando los instrumentos de política pública, algunos como planes de ordenamiento territorial, planes de riesgos ambientales, planes de gestión y conservación del recurso hídrico. Este nivel de análisis permite cuestionarse si los instrumentos establecidos son realmente eficientes o si, por el contrario, a pesar de que se cuenta con un amplio número de ellos, en la práctica, son inoperantes.

En definitiva, el agua debe entenderse como un eje articulador del territorio, que soporta el funcionamiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y el desarrollo social, y por ello, su gestión integral debe ser prioritaria, pues a partir de ella se construyen realidades socioculturales y se moldean los socioecosistemas. Referirse a la sostenibilidad del territorio en torno al agua, y a su relación con la esfera socioeconómica y cultural de las regiones a diferentes escalas, en un marco de análisis de los sistemas socioecológicos, permite comprender al agua, no sólo como un servicio ecosistémico de suministro, sino como un componente fundamental para hablar de planeación ambiental del territorio, estructura ecológica y servicios ecosistémicos. De manera complementaria, incorporar nuevas formas de trabajo en redes, que articulen los instrumentos de planificación del agua y el territorio desde lo local, lo regional hasta lo nacional, es una necesidad para crear una coordinación interinstitucional que aporte a la sostenibilidad ambiental de los hidrosistemas de nuestro territorio.


* Autores: Rosa Hernández-Gómez, Clara Morales-Rozo, Hélmer Llánez, José María Castillo, Natalia Espinosa, Andrés Blanco, Andrea Luna-Acosta.

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

Debido a la contingencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, fue postergada la jornada Sembrar Nos Une, de Minambiente, que pretendía la siembra de cinco millones de árboles durante este fin de semana.

No obstante, teniendo presente el Día Internacional de los Bosques, es una buena ocasión para reflexionar sobre la acelerada pérdida de bosque en el país y en el mundo. Evidencia de ello es que en 2019 se afectaron dos millones de hectáreas por incendios forestales en la Amazonia, según el Instituto Nacional de Investigaciones Especiales de Brasil (INPE).

La sucesión natural es la manera como los diferentes ecosistemas renuevan las especies que lo conforman a lo largo del tiempo. La restauración ecológica asiste los procesos de renovación de biosferas que han sido perturbadas por causas naturales o antrópicas (acciones humanas). Es válido el esfuerzo del gobierno nacional de comprometerse con la siembra de 180 millones de árboles en dos años. Sin embargo, eso no es restauración, según afirman los expertos de la Universidad Javeriana que fueron entrevistados (Ver video).

Esa masiva reforestación no lleva necesariamente a la recuperación de los ecosistemas, dado que esa asistencia a los procesos de sucesión natural debe tener en cuenta la integralidad y la simultaneidad de las acciones restauradoras. Cabe tener en cuenta que Colombia posee 70 tipos de ecosistemas naturales que se relacionan entre sí y por consiguiente cualquier impacto en uno de estos genera repercusiones en los que los rodean. Por eso, el Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas busca orientar las acciones para recobrar la diversidad de los ecosistemas impactados en el país. Una inadecuada implementación durante la restauración ecológica no solo es una pérdida de recursos, sino que además puede generar otro tipo de impactos y afectaciones a dicho territorio.

Ignacio Barrera, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica; y los profesores Sofía Basto y Fabio Gómez, del Departamento de Biología, aclaran cómo los procesos mencionados deben realizarse de forma integral y simultánea entre los diferentes ecosistemas y resaltan la importancia de implementar el Plan Nacional de Restauración a nivel territorial, con apoyo de los gobiernos locales, las corporaciones autónomas regionales y las comunidades.

Imágenes de apoyo Pesquisa Javeriana | Videezy | Pixabay | Pexels

Una experiencia de restauración ecológica integral

La Escuela de Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana diseñó un plan de rehabilitación de los ecosistemas que fueron impactados por la construcción del embalse Amaní y de la Central hidroeléctrica La Miel 1, al nororiente de Caldas, municipio de Samaná. Esta iniciativa incluyó un elemento innovador durante su implementación: la recuperación del tejido social afectado también por el conflicto armado.

 

Fragmentos de oportunidad: restaurando arrecifes de coral

Los ecosistemas de coral son los encargados de regular la acidez del océano. La pérdida de estos altera la capacidad que tiene el mar de regular la temperatura del planeta. El profesor Fabio Gómez comparte parte de su experiencia como restaurador de corales a través de una técnica llamada Fragmentos de oportunidad.

Imágenes cortesía Procoreef

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

¡Hasta pronto, Antártida!

¡Hasta pronto, Antártida!

En los últimos días tuve la oportunidad de conocer la base italiana Mario Zucchelli. Nos organizaron por grupos para poder bajar y pisar por primera vez la Antártida. En aproximadamente dos horas hicimos un recorrido para conocer las instalaciones de la base y a algunas personas que trabajan allí; nos llevaron también a una casita de madera donde todos los que visitan la base escriben lo que quieran y plasman su firma. Fue una experiencia diferente e interesante, pues llevábamos más de un mes abordo, sin hacer mucho ejercicio y con el movimiento constante del barco.

Luego llegó el día del adiós. Dejamos el ‘Continente Blanco’ y tomamos rumbo a Nueva Zelanda. En ese instante me di cuenta de que el tiempo se había acabado. No sé en qué momento se pasaron casi 30 días en ese paraíso. Nos encontrábamos en frente de la estación italiana cuando la jefe científica de la expedición hizo sonar la bocina del barco en tres ocasiones, en señal de despedida. Yo simplemente me quedé afuera, observando el hermoso paisaje, mirando por última vez al volcán Melbourne, un volcán activo de alrededor 2700 metros de altura. En ese momento empecé a tomar fotos de la espectacular Antártida y me embargaron muchos sentimientos, no pude evitar que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Sentí mucha alegría por haber tenido esta mágica experiencia, pero mucha tristeza por dejar el que, para mí, es el lugar más hermoso de la Tierra. Tengo mucha gratitud con el universo y con todas las personas que hicieron posible que este sueño se hiciera realidad. Hay muchos deseos de repetirlo.

Volcán Melbourne
Volcán Melbourne.

Así empezamos seis días de navegación con rumbo a Lyttelton (Nueva Zelanda). Desafortunadamente nos tocó pasar entre dos tormentas en el Pacífico Sur, por lo cual el movimiento se hizo más fuerte a medida que salíamos del mar de Ross. Tengo que confesar que no fueron días muy placenteros, de nuevo muchos de los investigadores se sintieron mal y tuvieron que pasar el mayor tiempo del viaje en cama. Yo sentía un poco de dolor de cabeza, pero lo malo es que no se puede hacer ninguna actividad, no podía sentarme a trabajar en el computador porque me mareaba, solo estuve los dos primeros días en el puente de la embarcación tratando de ver algún mamífero marino, luego me tocó estar en la parte más baja del barco, conversando con otros investigadores, tratando de tocar guitarra, tratando de hacer que el tiempo pasara rápido. Sin embargo, le dije a un investigador que si ese era el precio que tenía que pagar para ir a la Antártida, estaba dispuesta a pagarlo todas las veces que fuera necesario.

Cuando nos encontrábamos llegando a Nueva Zelanda, el clima se calmó un poco y pude volver a retomar los avistamientos. Así fue como observé saltando el lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri), sacando su cabeza del agua para ver el bote y nadando en varias ocasiones.  Su distribución se restringe a Nueva Zelanda y al suroccidente de Australia; puede llegar a medir entre 1.5 y 2 metros; tienen orejas externas y aletas traseras que rotan hacia delante; pueden bucear de 10 a 15 minutos y bajar a profundidades de hasta 300 metros. En la isla sur de Nueva Zelanda hay varias colonias de esta especie.

 

Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)
Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)

El último avistamiento que tuve fue el de los delfines de Héctor (Cephalorhynchus hectori). Fueron solo dos minutos en los que cuatro individuos se acercaron a la embarcación, luego jugaron en la proa y desaparecieron. Esta especie es endémica, es decir que solo la podemos ver en Nueva Zelanda. Desafortunadamente esta especie se encuentra en peligro de extinción, las mallas de pesca han sido las principales responsables de su estado de amenaza ya que muchas son hechas con materiales muy delgados y que en muchos casos estos animales no detectan cuando se alimentan. Este es uno de los cetáceos más pequeños, llegando a medir aproximadamente 1.5 metros y a pesar aproximadamente 50 kilogramos.

Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)
Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)

Quiero agradecer a la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, especialmente al director del Departamento de Biología, Carlos Rivera Rondón, y a la productora general de la revista Pesquisa Javeriana, Claudia Marcela Mejía Ramírez, por su trabajo, apoyo y compañía, para vivir este sueño conmigo. También al jefe de la expedición, Riccardo Scipinotti, quien con su esfuerzo y alegría constante generó un muy buen ambiente de trabajo abordo; además, gracias a toda la tripulación del buque Laura Bassi y a los  investigadores con los que compartí momentos que quedarán por siempre en mi memoria.

>> Conoce aquí la aventura completa.


* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Lupa al estado de conservación de las aves de Colombia

Lupa al estado de conservación de las aves de Colombia

En conservación de aves, Colombia no está tan bien, pero tampoco está tan mal. “El mundo está empeorando 400 veces más rápido que Colombia respecto al estado de conservación de las aves”, dice enfático Luis Miguel Renjifo, biólogo experto en el riesgo de extinción de las aves y actual vicerrector de la Pontificia Universidad Javeriana.

La cantidad de especies de aves amenazadas en todo el planeta es “casi el doble que el de Colombia”, continúa, lo cual es un hallazgo positivo para el país. Lo que sucede, continúa su coinvestigadora, la bióloga Ángela María Amaya-Villarreal, es que “la avifauna de Colombia está disminuyendo a una tasa mucho menor comparada con el mundo”.

Si bien hay algunas especies que han empeorado en su estado de conservación, hay otras que han mejorado. Por ejemplo en el caso del loro orejiamarillo su nivel de riesgo ha mejorado porque se ha trabajado activamente en su conservación. “Trabajar por la conservación sirve”, dice Renjifo. El colibrí inca negro se ha favorecido porque ha habido abandono de algunas tierras donde vive y eso ha permitido la recuperación del bosque y con ello la de la población de esta ave. En el caso del frutero pigmeo en cambio, lo que pasa es que el estado de conservación de la especie está empeorando más despacio que los niveles en los que históricamente ha ocurrido.

Dónde poner la lupa

El estudio, publicado en la revista PLOS ONE a finales de enero, comparó los niveles de riesgo en los que se encuentran las aves de acuerdo con los datos de los libros rojos, uno publicado en 2002 y el otro entre 2014 y 2016. Un trabajo de gran detalle porque como hoy en día se conoce mucho más de algunas especies de aves la comparación no podía ser automática sino implicó hacer la evaluación de riesgo de 2002 a la luz del conocimiento del 2016.

Los autores presentan los resultados desglosados en tres variables: por regiones, por ecosistemas y por grupos de especies de interés particular.

La región del país que está peor en cuanto a conservación de aves es el área de Los Andes y las que están mejor son la Amazonía y la Orinoquia, resultado que no sorprendió a los científicos. Lo que sí les llamó la atención y envían una fuerte señal de alarma es que regiones como las montañas del Darién –en la frontera entre Colombia y Panamá–, así como las islas de San Andrés y Providencia con áreas pequeñas tienen un gran número de aves endémicas y amenazadas. “En San Andrés y Providencia no hay muchas especies pero hay varias que solamente existen allí”, explica Renjifo; “eso quiere decir que son tremendamente vulnerables a desaparecer, porque es comparativamente mucho más grave que se pierdan 10 hectáreas de bosque en el Darién a que se pierdan 1000 hectáreas en el Caquetá, donde las especies tienen distribuciones tan grandes que todavía no están amenazadas”. El Pacífico es otra región que está empeorando, en parte porque la deforestación para cultivos ilícitos se trasladó hace años en buena medida de la Amazonía a Nariño.

En cuanto a ecosistemas, al páramo le va mal y a pesar de que en ese hábitat hay pocas especies de aves, es necesario ponerle la lupa, así como al bosque alto andino y a los humedales donde se encuentran las aves acuáticas cuyo estado “empeora rápidamente”, advierten.

Fotografía por: Fredy Gómez Suescún
Ecosistema de páramo

Mirada nacional y global

La literatura universal demuestra que la tasa de extinción hoy en día es al menos cien veces mayor que lo que ha ocurrido históricamente y esto sucede por la acción del ser humano. En el mundo, la principal causa de amenaza para las aves son las especies invasoras seguida de la pérdida de hábitat, mientras en Colombia la pérdida de hábitat ocupa el primer lugar y luego la cacería. Como grupos de especies, las más vulnerables en el país son las que son cazadas como perdices, patos, pavas, tucanes, así como las que se comercializan ilegalmente como loros, pericos y guacamayas.

Estos resultados demuestran que en el país con mayor número de especies de aves del planeta, 1909 en total, hay razones para la esperanza, pero también para la desesperanza. “Hubo un acuerdo de paz, hay posibilidades interesantes de aviturismo, se ha podido llegar a lugares donde antes era imposible visitar, mucha gente en los territorios ha mejorado su ingreso”, explica Renjifo. Pero “la paz en los territorios se está desmontando por la puerta de atrás”, continúa, y eso significa, “un aumento dramático de la deforestación y de complejos y lamentables conflictos sociales”, puntualiza Amaya-Villarreal.

Aprendiendo sobre la Antártica entre focas y pingüinos

Aprendiendo sobre la Antártica entre focas y pingüinos

Recordando los cuatro aviones que abordó desde Bogotá, las 35 horas entre vuelos y escalas y los ocho días en barco que navegó para llegar al ‘Continente blanco’, Nohelia Farías inició la conversación en la Sala Digital de Maloka con Lisbeth Fog, editora general de Pesquisa Javeriana, y Carlos Rivera, director del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, y alrededor de 200 asistentes entre niños, niñas, profesores y curiosos…

La investigadora, amante de los mamíferos acuáticos, compartió con el público la experiencia de ser la única colombiana en la expedición y una de las 5 mujeres a bordo del Laura Bassi, el buque oceanográfico rompehielos que ha sido su hogar desde el seis de enero de este año.

Entre las exclamaciones por ver una foca Weddell aplaudiendo, las bocas abiertas al dimensionar cuán grande es la plataforma de Ross y los interrogantes sobre cómo se vive con el sol radiando las 24 horas del día, los aprendizajes no se hicieron esperar.

Al final, las preguntas por el cambio climático y la conservación de especies como el pingüino Adelia y la ballena Minke, la especie más pequeña de estos mamíferos, pusieron a reflexionar al público sobre la riqueza natural que alberga el continente ubicado más al sur del planeta.

Compartimos el video completo de la conversación que se realizó en Maloka, este lunes 10 de febrero, en alianza con Pesquisa Javeriana. Allí podrá escuchar a Nohelia desde la Antártica y conocer sobre el ‘Continente blanco’.

La Antártida no para de sorprenderme

La Antártida no para de sorprenderme

Cuando nos estábamos despidiendo de la espectacular plataforma Ross y de la bahía de las ballenas, sentí un poco de nostalgia. Aunque espero volver a este lugar, no sé si ese deseo se haga realidad. Sin embargo, me siento realmente feliz de haberlo conocido, de haber estado tan cerca, de haberlo podido apreciar durante casi cuatro días, de haber tenido la oportunidad de ver tantas ballenas, pingüinos, focas, orcas. ¡Me encantaría repetirlo!

El capitán nos dio otro regalo antes de seguir nuestra ruta: nos dejó bajar del barco y caminar muy cerca de la plataforma Ross. Aunque fueron tan solo unos minutos, tal vez diez que parecieron dos. Fue realmente especial poder bajar del barco, abordar un gran pedazo de hielo que se encontraba muy cerca de esa pared, caminar un poco, sentir el frío y tocar la nieve. ¡Uf, fue una experiencia realmente especial!

Plataforma Ross, Antártida
Sobre el hielo, cerca de la plataforma Ross. Por: Muhammad Hassan Khan

La verdad, creí que después de la plataforma Ross, ningún paisaje me podía sorprender. La Antártida me demostró totalmente lo contrario. Llegamos a otro lugar indescriptible: ‘La lengua del glaciar Drigalsky’, que mide entre 14 a 24 kilómetros de ancho. Además, por primera vez vimos el continente Antártico, divisamos sus imponentes y magníficas montañas de color blanco, rodeadas de mar y de bloques de hielo.

Glaciar Drigalsky
Glaciar Drigalsky

En uno de esos bloques de hielo pudimos observar varios individuos de la foca cangrejera (Lobodon carcinophagus), especie que se encuentra en toda la Antártida; no es tan grande como la foca de Weddell, pero puede alcanzar los dos metros y medio de longitud y pesar los 300 kilogramos. ¿Su color? Puede ser café claro u oscuro. Unos datos adicionales: estos animales viajan grandes distancias y se adentran en los glaciares para morir, y también han descubierto esqueletos de esta especie a más de 20 kilómetros de la costa y a más de 900 metros de altura.

Grupo de focas cangrejeras descansando sobre el hielo.
Grupo de focas cangrejeras descansando sobre el hielo.

También he podido ver casi todos los días una especie de ave que me gusta mucho: el petrel de la nieve (Pagodroma nívea). Por su color blanco, se logra camuflar muy bien en el hielo y se le ve solitario, en grupos de hasta nueve individuos o con otras especies de aves, como el petrel antártico (Thalassoica antarctica). Además del skua del sur, el petrel de la nieve es una de las tres especies de aves que se reproduce únicamente en la Antártida.

Petrel de la nieve sobrevolando sobre cerca de la embarcación.
Petrel de la nieve sobrevolando cerca de la embarcación.

Todas estas aves se ven sobrevolando la embarcación, descansando sobre el agua y algunas veces haciendo presencia en el barco. Para la muestra un petrel antártico decidió posarse en el techo del bote de rescate y dormir ahí durante casi todo el día.

Petrel Antártico descansando en la embarcación.
Petrel Antártico descansando en la embarcación.

Finalmente les cuento por qué mis compañeros italianos me dicen que soy muy afortunada. Primero, este año están estrenando un barco que Italia compró a los ingleses. Ellos dicen que es más cómodo que el que tenían antes. Segundo, tuve la oportunidad de conocer la plataforma de Ross y no muchas personas han ido hasta allá; incluso algunos investigadores creen que es la primera vez que Italia va hasta a ese lugar a hacer investigación. Tercero, varios de mis compañeros dicen que en esta expedición hemos visitamos los lugares más bonitos que tiene el mar de Ross: la plataforma de Ross, la lengua del glaciar Drigalsky y Cape Hallett. Cuarto: esos lugares nunca los habían visitado todos juntos en una expedición. Y quinto, soy la única abordo que esta trabajando con mamíferos acuáticos y pude conocer la bahía de las ballenas, donde observé muchas de ellas. Yo creo que estar en la Antártida, ver todo lo que he visto, conocer investigadores de otros países, hablar con ellos y aprender sobre lo que están haciendo es toda una fortuna.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Vainilla silvestre en Colombia, más que aromas y sabores

Vainilla silvestre en Colombia, más que aromas y sabores

Por su sabor y aroma, la vainilla se encuentra en productos como la leche malteada o algunos chocolates. Se trata de un cultivo económicamente importante en la industria mundial de alimentos y cosméticos cuya producción está concentrada principalmente en Madagascar, China y México.

Sin embargo, aunque hoy en día más del 95 % de ese aroma y del saborizante de vainilla surge de un proceso de síntesis químico, “desde hace más de una década, grandes empresas de alimentos han manifestado el deseo de que ingredientes como la vainilla provengan de fuentes naturales”, afirma la bióloga inglesa Nicola Flanagan.

Quizá pocos conocen que ese sabor y ese aroma proceden del fruto de una orquídea. Este último dato conecta a la vainilla con Colombia, reconocida como el país con el mayor número de especies de orquídeas en el mundo, unas 4300 reportadas, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Universidad Nacional de Colombia.

En el país se conocen 25 especies de orquídeas del género de la vainilla, de las cuales 21 son aromáticas, con potencial de comercialización. A pesar de esto, la vainilla es un cultivo poco investigado en Colombia. Razones como estas y su interés en los procesos evolutivos trajeron a Flanagan a Colombia en 2006, para realizar un primer trabajo sobre la vainilla. “Al hacer un posdoctorado en Ciencias Biológicas en Australia, pude trabajar en genética de la conservación de orquídeas con una especie endémica y en peligro de extinción allá. Eso me generó mucho interés en estas plantas”, dice.

En Colombia, Flanagan contagió de su pasión a Ana Teresa Mosquera, ingeniera agrónoma y experta en microbiología.

Vainilla silvestre en Colombia

Desde la ciencia básica, y en un ejercicio complementario en el que Flanagan aporta su visión de la ecología y de lo social, y Mosquera su interés en microorganismos, simbiosis y biocontrol, estas dos académicas han fortalecido una línea de trabajo que ya lleva 13 años. Su gran pregunta, de acuerdo con Flanagan, es: “Siendo un recurso tan importante para el mundo y considerando que Colombia es un significativo centro de diversidad de este género, ¿cuál es la diversidad de especies de Vanilla presente en el país y cuál el potencial para su aprovechamiento sostenible y equitativo con las comunidades sociales que cuidan de estos recursos?”. Con distintos proyectos, financiados principalmente con recursos de convocatorias internas de la Javeriana Cali, y algunos trabajos de grado realizados bajo su dirección, las investigadoras han dado madurez a cuatro frentes de producción de conocimiento biodiversidad, agroecología, conservación y uso sostenible.

Biodiversidad. “Nuestro principal objetivo es conservar, pero primero se debe conocer la diversidad, tanto de plantas como de microorganismos, existente”, explica Mosquera. Gracias a sus trabajos participativos con comunidades en regiones como el Pacífico y el norte de Amazonas, “se ha podido hacer un diagnóstico de la riqueza de variedades en el país, descubriendo dos nuevas especies en Colombia. Una, resultado de un trabajo de maestría de Francisco Molineros, en la Universidad Nacional, del cual fui codirectora, en 2014, y que fue bautizada Vanilla rivasii, y otra, en el departamento de Guainía, en 2018, a partir de un trabajo con miembros de la etnia indígena puinave, que fue nombrada Vanilla denshikoira”, añade Flanagan.

Agroecología. “La vainilla es costosa, principalmente porque requiere polinización manual, flor por flor. Es el primer cultivo afectado por la crisis del polinizador, ya que, en México, no hay polinizadores naturales. En Colombia todavía existen”, continúa Flanagan. Las plantas de vainilla no solo dependen de sus polinizadores, sino que, “como en todas las orquídeas, hay una simbiosis con hongos que cumplen la función de pasar nutrientes a las semillas, para hacer que estas germinen. Les llamamos hongos micorrízicos orquideoides, porque son específicos cumpliendo dicha función en la orquídea”, complementa Mosquera. Estos hongos benéficos además apoyan la nutrición y la salud de las plantas adultas. Entender la relación planta-microorganismo resulta trascendental: “Podríamos replicar en laboratorio lo que ocurre de manera silvestre, para lograr tener plantas con todo su potencial genético soportando condiciones adversas, y diseñar un manejo para lo que ocurre mundialmente con el hongo patógeno del género Fusarium, que está acabando con los cultivos comerciales”, enfatiza Mosquera y recuerda que justamente eso sucedió en Puerto Rico.

Conservación. “Es prioridad investigar, pero reconociendo la soberanía de las comunidades sobre los recursos. Por eso es un trabajo colaborativo, que busca crear capacidad comunitaria, a través de un diálogo de saberes entre el conocimiento académico que recogemos y el empírico que ellos tienen. El potencial de Colombia es una oportunidad para que las comunidades mantengan el cuidado de los bosques, creando conciencia sobre el valor ecológico y potencialmente económico de la biodiversidad que allí se alberga”, indica Flanagan.

Uso sostenible. “Promovemos el uso sustentable y sostenible de la vainilla, con el fin de que las comunidades sigan motivadas para conservar sin salir de sus lugares. Sin ellas, no vamos a poder seguir hablando de biodiversidad en Colombia”, afirma Mosquera. Además, se evitaría lo ocurrido en otros lugares, donde solo se cultiva una variedad de vainilla reconocida comercialmente, lo que afecta la diversidad y genera una gran debilidad genética, pues esa especie es víctima del hongo Fusarium.

Además de las dos nuevas especies, estos esfuerzos han permitido recoger experiencias de producción de conocimiento con las comunidades y de aprovechamiento de estos recursos para ecoturismo en Guainía.

Y desde los estudios de microbiología, las investigadoras han encontrado que muchos microorganismos proporcionan nutrientes a las plantas, al tiempo que las protegen de enfermedades, otro de los valores estratégicos de este trabajo que continúan liderando en el país.

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Para leer más

  • N. S. Flanagan, A. T. Mosquera-Espinosa, An Integrated Strategy for the Conservation and Sustainable Use of Native Vanilla Species in Colombia. Lankesteriana, 16(2), 2016, 201-208. Disponible en https://revistas. ucr.ac.cr/index.php/lankesteriana/article/view/26007
  • N. S. Flanagan, P. Chavarriaga, A. T. Mosquera-Espinosa, Conservation and Sustainable Use of Vanilla Crop Wild Relatives in Colombia, en D. Havkin-Frenkel y F. C. Belanger, Handbook of Vanilla Science and Technology, second edition, Wiley Blackwell, 2019.

Título de la investigación: Línea para conservación y el uso sostenible de las especies silvestres de la vainilla nativa colombiana

Investigadoras principales: Nicola Flanagan y Ana Teresa Mosquera Facultad de Ingeniería y Ciencias Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas Grupo de investigación Conservación y Biotecnología

Periodo de la investigación: 2006-actualmente

Llegué al punto navegable más al sur del planeta

Llegué al punto navegable más al sur del planeta

Esta semana en la Antártida he podido apreciar, aprender, conocer, escuchar y simplemente observar lo hermoso que es este lugar. El mar nos ha tratado muy bien y hemos tenido muy buen clima. Desde cuando llegamos a este continente, hemos disfrutado unos días realmente inesperados con un mar muy tranquilo; en el lenguaje de los marineros se diría “el mar ha estado como un espejo”. Hemos cruzado por el hielo varias veces, y finalmente arribamos a un lugar donde todos queríamos llegar: la esperada plataforma de hielo Ross.

Plataforma de hielo Ross.
Plataforma de hielo Ross.

Se preguntarán por qué estábamos tan interesados en llegar allí. Bueno, pues primero la expedición italiana no frecuenta este lugar, en realidad muy pocas personas han viajado hasta allá, por lo cual muchos de los investigadores a bordo, que ya han estado en varias expediciones, nunca habían tenido el privilegio de estar allí. Segundo, Ross es la plataforma de hielo más grande del mundo, llegando a tener un área como la de Francia, con una alta profundidad, de cientos de metros y una altura que puede estar entre los 20 y 50 metros.

Un poco de perspectiva de lo alta que puede llegar a ser la plataforma de hielo de Ross.
Un poco de perspectiva de lo alta que puede llegar a ser la plataforma de hielo de Ross.

Además, nos dirigíamos a un lugar llamado la ‘Bahía de las ballenas’, que se encuentra en el costado más oriental de la plataforma. Por ello yo estaba muy emocionada. Todos los investigadores me decían que muy probablemente iba a ver muchas ballenas. No quería ilusionarme tanto, pues muchas veces los nombres de los lugares no coinciden con la realidad. Sin embargo, este no fue el caso. Definitivamente este sitio le hace honor a su nombre. Nunca en mi vida como bióloga investigando y trabajando con mamíferos acuáticos había tenido tantas observaciones de estos animales. En dos días llegué a tener 25 avistamientos de ballenas, orcas y focas.

Foca de Weddell.
Foca de Weddell.

La foca de Weddell (Leptonychotes weddellii) se puede identificar por sus manchas alrededor de su cuerpo; son animales grandes y pesados. Presentan dimorfismo sexual, es decir, que hay una diferencia entre machos y hembras, en este caso el tamaño. Por lo general ellas son un metro más grande que los machos. Pueden llegar a pesar entre 400 y 600 kilos y las encontramos solamente en la Antártica. Son muy buenas buceadoras, llegando a estar debajo del agua hasta por una hora y pueden bajar hasta los 600 metros de profundidad. Esta foca la he registrado en cuatro oportunidades, siempre descansando sobre el hielo.

Y así, seguimos bajando por la ‘Bahía de las ballenas’ hasta cuando nos encontramos rompiendo el record en el cual un buque italiano ha estado en el extremo más al sur de la Tierra donde se puede navegar. Claro, Colombia está presente en este evento. Yo, realmente, me encontraba fascinada con el lugar, el hielo, la plataforma de Ross, las focas, los pingüinos, las ballenas, las aves. Todos los investigadores nos encontrábamos en el puente de mando, observando el magnífico espectáculo, pues el capitán nos regaló aproximadamente dos horas bordeando el hielo, observando la pared de Ross y su fauna. No sé cuál sería la expresión de mi rostro en ese momento, pero el jefe de la expedición se acercó y me preguntó qué pensaba de ese lugar y yo simplemente le pude responder que no tenía palabras, que ningún adjetivo podía describir la belleza de ese lugar, que simplemente me parecería irreal, me parecía que estaba en un sueño del cual no quería despertar.

Colombia presente en la latitud más sur del planeta tierra. Francisco Ardini.
Colombia presente en la latitud más sur del planeta tierra. Fotografía por: Francisco Ardini.

Otra especie que me encanta ver es el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae). Lo he visto nadando en varias oportunidades, descansando sobre el hielo, en grupos o solitario. Su distribución se restringe únicamente a la Antártida, puede llegar a medir 70 centímetros de altura y pesar 4 kilos. Ellos son muy buenos nadadores, incluso en una oportunidad los vimos en una fila y se lanzaban al agua uno por uno; seguramente es una estrategia de supervivencia para ver si es seguro que sigan entrando al agua. La pregunta sería ¿cómo escogen estos animales al pingüino que salta de primeras? o simplemente ¿es el azar?

Pingüino Adelia nadando.
Pingüino Adelia nadando.

En mi siguiente columna les contaré sobre más lugares del hermoso mar de Ross, más especies y por qué mis compañeros italianos me dicen que soy muy afortunada.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.