¡Ya circula la nueva edición! Con ustedes: Pesquisa Javeriana 55

¡Ya circula la nueva edición! Con ustedes: Pesquisa Javeriana 55

Para su edición 55, Pesquisa Javeriana reunió la visión de diferentes investigadores javerianos y sus aportes a la creación de conocimiento en distintas áreas. Desde el campo de la salud, respondiendo al interrogante de si los vapeadores son nocivos para el consumo humano, hasta cómo comprender los riesgos a la hora de realizar inversiones internacionales.

Algunas de las innovaciones que registra esta nueva edición de Pesquisa Javeriana se encuentran en procesos de solicitud de patente, lo que confirma el valor y rigurosidad de los proyectos desarrollados que tendrían un amplio impacto de llegarse a implementar.

Puede consultar todos los artículos de Pesquisa 55 haciendo clic aquí y, si lo prefiere, también puede leer la revista en su versión en PDF.

¿Quiere saber qué se encontrará en la nueva edición? Acá le contamos.

Editorial: Luis Miguel Renjifo, vicerrector de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, le da la bienvenida a esta nueva lectura explicando cuáles presiones puede haber detrás de la producción científica y cómo las buenas prácticas éticas y responsables de la comunidad garantizarían un conocimiento trascendente y transformador.

Creación Artística: en este artículo titulado Creaciones indígenas: mucho más que artesanías, descubrirá cómo acercarse a los procesos de creación ancestrales de distintas comunidades en Latinoamérica permitió hacer una reflexión sobre la descategorización y la forma en la que se concibe la producción artística indígena, ¿arte o artesanía?

Ciencia y sociedad: hasta la tabacalera Phillip Morris International confiesa que los vapeadores que fabrican pueden ser potencialmente peligrosos para los consumidores. En esta publicación, investigadores javerianos hicieron una revisión de más de 90 artículos que confirman una realidad: el cigarrillo electrónico es el enemigo oculto de los pulmones.

Innovación: un aislador sísmico hecho a partir de caucho recuperado y casas elaboradas con elementos reciclados. Estas dos innovaciones javerianas están en proceso de patente y plantean soluciones alternativas y a bajo costo en construcciones sostenibles.

Ciencia profunda: ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de calcular riesgos de inversión?, un investigador javeriano explica en qué consiste y por qué podría ser beneficioso tener un portafolio diversificado en el que se consideren tanto los factores locales como los globales, una variable que podría determinar el éxito o pérdida después de invertir.

Informe especial: la identidad como resultado de un modelo de desarrollo económico de carácter extractivo. Una guerra por el territorio, los recursos y un conflicto que, como en otras regiones del país, no acaba en el Cauca. Vivir y resistir la violencia. Además, ¿Cómo hablarles a los más de 40 millones de colombianos que no han sido víctimas ni victimarios en la historia de la violencia colombiana? Allí puede estar la clave de una verdadera reconciliación.

Huellas: Óscar de Jesús Saldarriaga es un observador acucioso, muchos lo llaman “El pisco” de la historia en Colombia y es uno de los más grandes investigadores de la educación nacional. Desde 1990 está vinculado con la Pontifica Universidad Javeriana y ha reconstruido la historia de los maestros del país.

Novedades editoriales: conozca 4 nuevas publicaciones que hablan sobre memoria colectiva en el video universitario, cómo ha sido investigar durante la pandemia, el papel de Bogotá durante la Regeneración (1886-1910) y una mirada a las aplicaciones de investigaciones en sistemas de salud en Colombia.

Correos y memes: así estarías contaminando en internet sin darte cuenta

Correos y memes: así estarías contaminando en internet sin darte cuenta

Internet es un espacio de flujo constante de información. Cada minuto se envían más de 41 millones de mensajes por WhatsApp, se publican 147.000 fotos en Facebook, más de 345 mil historias en Instagram e interactúan 208 mil personas por Zoom.

De esta manera se han ido reemplazando las formas tradicionales en las que nos comunicamos. Si se puede evitar, ya no se imprimen cartas para enviarlas por transporte terrestre sino que se redactan correos electrónicos y se reemplazan las reuniones presenciales por videollamadas. Es más rápido, se dejan de consumir recursos y los ciudadanos contribuyen a la sostenibilidad del medioambiente.

O eso se cree, pues enviar cadenas de WhatsApp, abrir muchas pestañas en el navegador, acumular correos electrónicos o almacenar información innecesaria son algunas prácticas del mal uso de internet y tienen un efecto nocivo para el medio ambiente. Pesquisa Javeriana te cuenta cómo la red también contamina y de qué manera podría contribuir a reducir su huella ambiental digital.

Internet no está en las nubes

“Internet funciona porque hay algo físico en alguna parte”, explica Carlos Alfonso Devia, ingeniero forestal y miembro del comité para la implementación ecológica ambiental de la Pontificia Universidad Javeriana.

En las profundidades del mar hay miles de kilómetros de cables de cobre o de fibra de vidrio que permiten la conectividad cibernética. En Colombia existen 14 cables submarinos que tienen como puertos de amarre Cartagena, Barranquilla y Tolú.

En Londres, Tokio, Amsterdam y Nueva York se encuentran algunos de los gigantescos centros de datos, megaestructuras que superan los 130 mil metros cuadrados, como el caso de la de Tokio, donde se encuentran los servidores (las computadoras) que almacenan páginas de internet, fotos y videos, que permiten, por ejemplo, que estés navegando en la red. En Colombia, en la Zona Franca de Bogotá, se encuentra ubicado un centro de datos de la compañía brasileña Odata, que tiene más de 5.000 metros cuadrados.

Contaminación en internet

Los centros de datos requieren grandes cantidades de agua y energía. Esto se debe a que funcionan 24 horas del día y no pueden superar los 50 ºC.Una forma de reducir la huella energética e hidráulica de los centros de almacenamiento es ubicarlos en regiones con temperaturas bajas, como Noruega, para que no sea necesario utilizar al máximo los sistemas de refrigeración.

Internet y su consumo global de energía

Según Website Carbon Calculator, un sitio en internet que calcula la huella de carbono de otras páginas, el promedio de CO2 que se produce por visitar una página es de 1.76 g. Esto quiere decir que en un año una página que tiene 10.000 visitas, consume 211 kg.

“Puedo demandar mucha energía en el computador, en el celular o en la red a partir de la información que estoy almacenando allí. Además, el requerimiento de energía también se concentra en el funcionamiento de los equipos, el tipo de mensaje que se envía y la búsqueda que se hace”, explica Devia a Pesquisa Javeriana.

En 2020 la población mundial con acceso a internet incrementó un 32 % en comparación con las cifras de 2016: se pasó de 3.400 millones a 4.500 millones de personas conectadas, lo que aumentó de manera exponencial la demanda de energía.

Lo nocivo del internet

La huella de carbono de las herramientas tecnológicas, internet y los aparatos electrónicos es del 3.7 % a nivel mundial, parecido a lo que produce la industria aerocomercial. Además, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de New South Wales de Sydney, Australia, una videollamada de cinco horas puede producir entre 4kg y 215 kg de CO2, dependiendo si se utilizan las cámaras o si se graba la reunión.

Aunque este nivel de contaminación puede ser alto, el estudio también aclara que una videollamada sigue siendo más beneficiosa para el medio ambiente que otro tipo de reunión. En términos de emisiones de carbono, las reuniones presenciales podrían generar 3.533 kg de CO2 (si se desplaza en avión), 2.900 kg de CO2 (tren) y 3.317 kg de CO2 (automóvil). Aún considerando el costo energético y ambiental completo de ambos modos de reunión, la videoconferencia solo consume máximo el 7% de la energía que una reunión física.

Sin embargo, lo realmente perjudicial es reproducir información innecesaria de manera masiva que demande mucha energía en términos de almacenamiento, explica el ingeniero Devia. Además, investigadores del Imperial College de Londres revelaron que la descarga de un solo gigabyte generaba un gasto de hasta 200 litros de agua.

Hacia el green data

Los cibernautas deberían formularse una pregunta: ¿de dónde proviene la energía que se utiliza para el uso de internet y cómo se podría propiciar energía con lo que se tiene a la mano?

“Yo podría tener en la finca el buey para moler maíz pero también pensarlo para producir energía o la llave del agua cuando uno la abre. Si se instala un dispositivo en el chorro, el flujo de agua puede ser suficiente para crear una pequeña fuente de energía que cargue un celular”, propone Devia.

Otra opción para reducir los gastos energéticos es apagar, poner en hibernación o activar el modo avión del celular y el computador en las noches. Esto implica menor consumo de energía y agua al no existir un receptor de información. De hecho, también es una acción que puede proteger de los ciberataques. Generalmente, en los momentos de inactividad es cuando los hackers actúan.

La inteligencia artificial también está sumando esfuerzos para atajar los problemas medioambientales que genera el internet. Una forma en la que usted puede calcular la huella de carbono de las páginas web que visita es usando WebsiteCarbon.com, que tiene en cuenta cinco características: intensidad de energía, la transferencia de datos por cable, la fuente de energía utilizada en el centro de datos, la intensidad de carbono en la electricidad y el tráfico de la página web.

Es más ecoamigable enviar un mensaje de texto

Limpiar el correo electrónico y eliminar información de la nube también puede ayudar. Tal vez, la práctica más ecoamigable es enviar un mensaje de texto.

Según Mike Berners-Lee, escritor e investigador inglés que ha dedicado parte de su trabajo al estudio de la huella de carbono, cada mensaje produce 0.014g de CO2, mientras que un tuit o un mensaje por WhatsApp o Facebook equivale a 0.2g de CO2, siendo aún menores contaminantes que los correos electrónicos. Esta información la publicó en su libro How Bad Are Bananas?

El problema de desechar residuos electrónicos

“También hay que insistir en la parte dura, o sea en los dispositivos, que son contaminantes. Los materiales que se utilizan para la elaboración de estos aparatos son nocivos y vale la pena revisarlos”, expone Carlos Alfonso Devia.

En 2014, América Latina produjo el 9 % de los residuos electrónicos y eléctricos en el mundo. Según la GSM (Sistema Global para las Comunicaciones, por sus siglas en inglés) la Universidad de las Naciones Unidas y el Instituto para el Estudio Avanzado de la Sostenibilidad (UNU-IAS, por sus siglas en inglés) la región producía el equivalente a 3.900 kilotoneladas de residuos de aparatos. Y en 2019, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), expuso que solo el 17,4 % de los RAEE eran documentados, procesados y reciclados de manera formal.

El profesor también hace énfasis en que se debe ser críticos frente a los aparatos que compramos y entender los procesos de vida útil y de la gestión de los residuos. En otras palabras, a dónde van a parar los dispositivos y los materiales que se utilizan. Muchos de los residuos de aparatos electrónicos y eléctricos (RAEE) se depositan en los rellenos sanitarios. En su proceso de descomposición liberan sustancias tóxicas que contaminan los suelos y el mar.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un solo aparato electrónico puede estar hecho de más de 1.000 sustancias diferentes. Entre ellos están los Retardantes de Fuego Bromados (RFB), el mercurio o los clorofluorocarbonos, altamente tóxicos para los seres humanos y el medio ambiente.

Muchas de esas sustancias, como el mercurio y el plomo, por su mal manejo residual terminan contaminando el mar y bioacumulándose en la cadena alimenticia. Esto quiere decir que los peces pequeños lo consumen, después unos más grandes y finalmente los seres humanos.

En Colombia, la organización Red Verde se encarga de seleccionar y gestionar electrodomésticos, como neveras, aires acondicionados, hornos microondas y lavadoras, cuando han cumplido su ciclo de vida. También puede llevar su teléfono celular y accesorios a Movistar, Tigo y Claro. Y la Secretaría Distrital de Ambiente, en conjunto con su programa Ecolecta, cuenta con más de 50 puntos de recolección de residuos electrónicos y eléctricos dispuestos en todo Bogotá.

¿Qué hacen las grandes empresas de tecnología?

Actualmente Google y Apple se alimentan con un suministro mayor o equivalente de energías renovables para reducir su huella de carbono. Microsoft, por ejemplo, prometió reducir sus emisiones a cero para 2030. Otro caso es el de Facebook, que según su reporte de sostenibilidad, la contaminación que genera un usuario anualmente es de 299g de CO2, lo que equivale a hervir agua para una taza de té.

“Debemos hacer un cálculo de la huella de carbono, hídrica y de biodiversidad que genera el uso del internet y sus dispositivos. A partir de eso ser conscientes de que debemos llevar a cero la huella de carbono, neutralizar la huella hídrica y evitar las implicaciones que hay en términos de biodiversidad”, explica Devia.

La huella ambiental de un clic

En el mundo digital, cualquier contenido que se produzca tiene un costo ambiental, incluso, los recursos utilizados para escribir esta nota que usted está leyendo generaron emisiones de carbono que el profesor Devia se encargó de sistematizar y encontró que desde los primeros correos de contacto hasta la publicación y permanencia en la web de este artículo, se podrían llegar a consumir hasta 20 kg de CO2, como lo explica la siguiente gráfica:

Contaminación en internet

Fuente: Carlos Alfonso Devia Castillo

Para llegar a compensar la huella ambiental producida por esta nota a través de la reforestación, tendríamos que sembrar un árbol de cerezo:

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Fuente: Carlos Alfonso Devia Castillo

Mientras pasaron los nueve minutos que quizás demoró leyendo esta nota, se enviaron 369 millones de mensajes por WhatsApp y alrededor de dos millones de personas se reunieron por Zoom. En este momento los servidores de todo el mundo están usando energía para soportar este flujo de información y los sistemas de refrigeración siguen elevando el consumo energético para poder mantener estables los computadores que en diferentes partes del mundo hacen posible que usted haya leído esto.

Toninas del Orinoco, una de las especies más amenazadas del planeta

Toninas del Orinoco, una de las especies más amenazadas del planeta

Los delfines de río se distribuyen en Suramérica y Asia y se encuentran entre los cetáceos más vulnerables a la extinción en el planeta debido a diferentes actividades humanas. En Suramérica habitan dos de estas especies y las dos se encuentran en la categoría En Peligro de extinción (EN) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y están listadas en la resolución 1912 de 2017 que incluye las especies silvestres en alguna categoría de amenaza de Colombia.

Se trata del delfín rosado o tonina (Inia geoffrensis), que habita en las cuencas del Amazonas, Orinoco; y Araguaia – Tocantins; y el delfín gris o tucuxi (Sotalia fluviatilis) que se encuentra en el Amazonas.

Las amenazas que enfrentan las poblaciones de toninas en la Orinoquía, principalmente debidas a diferentes actividades humanas, motivaron a un equipo de investigadores de la Fundación Omacha y del Laboratorio de Ecología Funcional (LEF-UNESIS), de la Pontificia Universidad Javeriana, a estudiar en tiempos de pandemia, la ecología del movimiento y las causas de la reducción de la población de estos cetáceos y sus hábitats en el Orinoco colombiano.

Gracias a esta investigación fue posible instalar en la aleta dorsal de dos delfines rosados pequeños transmisores satelitales (90gr de peso) para estudiar sus movimientos y uso de los ambientes acuáticos en dos machos adultos de la especie. En esta primera fase de la investigación se instalaron dispositivos en dos individuos de la cuenca del río Orinoco; y durante la segunda fase (2021-II), se instalarán igual número de dispositivos en delfines de río que habitan en la cuenca del río Amazonas en Colombia.

 

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Así fue implantar transmisores en los delfines

En el procedimiento participaron alrededor de 14 personas. Entre los participantes se encontraron veterinarios, biólogos y pescadores y demoró alrededor de diez y doce minutos después de la captura, la medición y pesaje del animal, al igual que la instalación del transmisor satelital.

Podemos seguir los desplazamientos de los delfines a través de la tecnología denominada telemetría satelital, en la cual, el transmisor emite alrededor de 250 registros diarios que van hacia un satélite de la plataforma Argos que luego envía en tiempo real las localizaciones a la plataforma de Wildlife Computers, donde accedemos a la información de los movimientos de los animales. Estos registros tienen un valor incalculable en términos ecológicos y de conservación para establecer áreas de uso y posibles amenazas y riesgos.

Los primeros registros no muestran que los delfines hagan uso de la confluencia entre el río Orinoco y caños como Negro, Verde y Tesoro, que se originan al interior de las sabanas de la Orinoquía. Presentan desplazamientos de hasta 25 kilómetros entre canales y las confluencias en busca de alimento, además de una intensa interacción entre los individuos de esta población, lo que evidencia comportamientos gregarios y de grupo.

 

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¿Para qué estudiar a los delfines?

Las toninas presentan dimorfismo sexual, en este caso las hembras suelen ser más pequeñas que los machos adultos de la especie que pueden alcanzar una longitud máxima de 255 cm y un peso de 220 kg. Su coloración rosa se debe a procesos de vasodilatación, como estrategia para regular la temperatura corporal, y su cuerpo es extremadamente flexible para facilitar sus movimientos durante el periodo hidrológico de aguas en ascenso.

El director científico de la Fundación Omacha, Fernando Trujillo, quien ha estudiado por más de 30 años a estos increíbles cetáceos, resalta la importancia de esta información científica para la construcción de mecanismos que apoyen las acciones de gestión y manejo de las poblaciones de los delfines de río y sus hábitats, teniendo en cuenta que además es un gran aporte a la Iniciativa Suramericana de Delfines de Río, SARDI.

Por otro lado, acciones como el Conservation Management Plan (CMP por sus siglas en inglés), la recategorización a En Peligro (EN) del estado de amenaza ante la UICN, la actualización de la resolución 1912 de 2017 que ubicaba a los delfines de río como especies en condición vulnerable (VU) y pasaría a la categoría En Peligro (EN), y el seguimiento satelital de delfines de río generan información de base para la identificación de hábitats claves para los delfines y, de esta forma, promueven la designación de áreas para su conservación, como los sitios Ramsar con los que ya cuenta el país: lagos de Tarapoto, la cuenca del río Bita y la Estrella Fluvial del Inírida.

Jairo Pérez-Torres, director del Laboratorio de Ecología Funcional, miembro del Grupo de Unidad Ecológica y Sistémica (LEF-UNESIS) y docente investigador de la Javeriana, resalta que los delfines de río desempeñan un papel importante en la salud de las pesquerías, la cultura de las comunidades ribereñas y el apoyo a la economía local mediante prácticas sostenibles como la observación responsable de los delfines de río.

Finalmente, este estudio busca sensibilizar a los colombianos sobre el estado de conservación de los delfines de río y los ecosistemas donde habitan. La acelerada transformación y degradación por la sobrepesca, los efectos negativos del cambio climático, la contaminación por la minería ilegal y la disminución de los caudales por deforestación son los factores que más amenazan a estas importantes especies, que solo se encuentran en Suramérica y Asia.

Federico Mosquera-Guerra PhD, es investigador postdoctoral, pertenece al Laboratorio de Ecología Funcional – LEF, a la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS) y al Departamento de Biología Pontificia Universidad Javeriana. También es Investigador de la Fundación Omacha*.

Más del 70 % de los ecosistemas marinos de Colombia están en alto riesgo de colapso

Más del 70 % de los ecosistemas marinos de Colombia están en alto riesgo de colapso

El paso del huracán Iota por tierras colombianas a finales de 2020 dejó en evidencia lo frágiles que pueden ser algunos ecosistemas. “Pueden colapsar muy rápido. Eso también permite dimensionar cuáles serían las afectaciones no solo por actividades humanas sino también por algunas amenazas naturales”, afirma Andrea Luna, directora del Instituto Javeriano del Agua y docente de la Pontificia Universidad Javeriana.

Ella, junto a los ecólogos Edwin Uribe, Andrés Etter, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, se dedicaron durante dos años a revisar cifras de monitoreo de cinco tipos de ecosistemas marinos y costeros del Caribe y el Pacífico colombiano: corales, manglares, pastos marinos, litorales y playas de arena. Este trabajo tenía como objetivo dar un primer panorama del riesgo al colapso que presenta cada uno de ellos.

Los investigadores muestran preocupación por los hallazgos. “La gran mayoría de ecosistemas están en categoría naranja, que es un riesgo alto y muy considerable”, asegura Edwin Uribe. “Si bien estos pueden fluctuar entre las categorías de riesgo, vemos que hay una tendencia hacia el aumento”, agrega.

Las listas rojas

Esta investigación se inspiró en la metodología de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza – UICN– que desde los años sesenta se aplica a animales y plantas: La lista roja de especies. Este trabajo busca medir el estado de conservación de alguna de ellas según el tamaño poblacional, la distribución, el hábitat y las amenazas. Luego de cruzar estas y otras variables, las clasifica según su nivel de riesgo. De allí salen las alertas cuando una especie puede estar en peligro de extinción.

Décadas más tarde esta metodología se ajustó para medir de forma estandarizada a nivel internacional el peligro en el que están los ecosistemas. En este caso no se habla de riesgo de extinción porque estos sistemas biológicos no desaparecen propiamente, sino de riesgo de colapso, es decir, la probabilidad de que pierda sus características y se convierta en otro tipo de ecosistema.

El profesor Andrés Etter lideró la construcción de la Lista Roja de Ecosistemas terrestres de Colombia y también hizo parte de esta investigación sobre ecosistemas marinos. “Lo que busca la lista es dar una visión de qué tanto, individualmente, estos ecosistemas han sido afectados por el proceso histórico de las actividades humanas y cómo pueden ser vulnerables en el futuro por el cambio climático”. Etter también aclara que estos resultados no reflejan el estado actual de los ecosistemas sino el daño que han sufrido en las últimas décadas y la probabilidad de que colapsen.

Esta es una primera versión del análisis que recopila la información existente a nivel nacional y conforma la línea base. Contó con la participación de cerca de 20 expertos que conocen a profundidad cada tipo de ecosistema, quienes aportaron y validaron los análisis de esta investigación. Este proyecto fue financiado por Conservación Internacional y la Universidad Javeriana. También tuvo el apoyo técnico del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis -Invemar-.

Corales en colombia

 

Estos ecosistemas enfrentan amenazas de origen humano entre las cuales están la pesca con dinamita (a pesar de ser una actividad ilegal), las actividades de turismo y la contaminación producida por gran cantidad de sedimentos.

También enfrentan dos amenazas naturales: el incremento en la frecuencia y severidad de los huracanes y las relacionadas con el cambio climático. “Las zonas que más tenemos conservadas actualmente podrían ser las que más se ven afectadas por el cambio climático, porque son disturbios que están presentes en todo el territorio marino, según lo revela nuestro trabajo”, revelan los investigadores.

Los corales son animales que viven en simbiosis con algas que son, en parte, las que les dan sus colores. Con el aumento de la temperatura, así sea un solo grado, las algas son expulsadas y su estructura comienza a blanquearse, proceso que se le conoce como la enfermedad del blanqueamiento y que los puede llevar a la muerte.

“Con el cambio climático no solo está aumentando la temperatura, sino que los océanos se están volviendo más ácidos. El pH está disminuyendo, situación que puede afectar la formación de carbonato de calcio, que es el esqueleto de los corales”, explica la investigadora Andrea Luna.

El estudio indica que en el Caribe los corales están en alto riesgo de colapsar debido a los cambios en la salud del ecosistema. En el Pacífico, a pesar de las fluctuaciones abruptas de temperatura por causa del fenómeno de El Niño, “estos ecosistemas se han venido adaptando a esos flujos y por eso no los ha afectado de una forma considerable”, explica el ecólogo Edwin Uribe. Sin embargo, agrega que “a pesar de esto, el alto riesgo en el Pacífico se debe a que las zonas coralinas tienen un área tan pequeña, que los hace altamente vulnerables al colapso”.

Manglares en Colombia

 

La principal amenaza para los manglares es la tala no controlada ni sostenible de árboles para el comercio de madera. “Se han hecho esfuerzos para restaurar y conservar algunas zonas como en la Ciénaga Grande de Santa Marta, pero aun así, sobre todo en la zona Caribe, ha habido una tala bastante considerable de estos árboles”, expresa Luna.

“Es de especial importancia cuidar estos ecosistemas porque tienden a convertirlos en basureros y sufren deforestación a pesar de que brindan una cantidad de servicios ecosistémicos muy grande”, agrega el investigador Uribe.

En la zona continental del Caribe evidencian que la extensión original ha disminuido drásticamente por la actividad económica. En contraste, según la investigación, en el Pacífico la disminución del área original no ha sido tan relevante; sin embargo, el alto riesgo de la zona se debe al estado de la salud del ecosistema, que se ve afectado por distintas amenazas humanas y naturales.

Para los investigadores, las principales labores de restauración deberían dirigirse hacia el Caribe continental y las iniciativas de protección en la zona oceánica del Caribe.

Pastos marinos en Colombia

 

Más de la mitad de estos ecosistemas estudiados están en peligro de colapso importante. Llama la atención de los investigadores que hay muy pocos expertos en pastos marinos en el país y que en varios lugares es muy escasa la información disponible.

Estos son ecosistemas muy dinámicos que cambian rápidamente. “En muchas zonas turísticas hay una presión importante sobre el pasto marino debido a la contaminación, al pisoteo, a la resuspensión de sedimentos y a su eliminación, entre otras presiones ejercidas por humanos en estos ecosistemas ”, dice Luna. Esta situación da cuenta del desconocimiento sobre este ecosistema y su importancia para la alimentación de especies y como lugar de tránsito de animales entre los manglares y los corales.

Litorales rocosos en Colombia

 

La principal amenaza de este tipo de ecosistema es la transformación del hábitat causada por actividades humanas. La presencia de puertos implica un dragado que no se compensa en otras zonas o si se hacen, no son suficientes. Además, los asentamientos humanos o actividades económicas traen consigo modificaciones e incluso el reemplazo de su estructura.

La contaminación es considerable en estos ecosistemas. El litoral está habitado, principalmente, por organismos con carbonato de calcio, por lo cual se proyecta que la acidificación será una amenaza muy relevante en el futuro.

playa de arena en Colombia

 

Este ecosistema fue el de menor preocupación para los investigadores, pero aclaran que es el que tiene la menor cantidad de información disponible. Las normativas de las autoridades ahora prohíben construcciones en zona de playa (aunque se hayan realizado en el pasado).

La destrucción del hábitat, la contaminación y la fragmentación causada por el ser humano para construcciones de vivienda, hoteles y actividades económicas es la mayor afectación de este ecosistema.

Aunque se presenta un nivel de riesgo moderado en el Pacífico continental, los investigadores alertan sobre este ecosistema en las zonas oceánicas del Caribe, como San Andrés y Providencia, ya que son áreas que por su tamaño son susceptibles al colapso, como ya se evidenció con el paso del huracán Iota.

Este primer estudio da cuenta de las múltiples amenazas a las que se enfrentan los ecosistemas costeros y marinos, pero también dejó ver que hay vacíos de información. Para Andrea Luna, una de las labores pendientes es recopilar todos los datos en una sola red. Se han hecho grandes esfuerzos investigativos, pero están desarticulados.

Además, frente a la tarea del monitoreo, los investigadores recomiendan unificar las técnicas, aumentar el número de estaciones y los periodos en que se toman los datos, todo esto para responder al objetivo de las listas rojas, que es medir el nivel de riesgo y tomar medidas que permitan mitigar las amenazas para proteger y restaurar los ecosistemas afectados.

En defensa de las polillas: Colombia es el segundo país en diversidad de lepidofauna

En defensa de las polillas: Colombia es el segundo país en diversidad de lepidofauna

Hace algunos años decidimos dedicarnos al estudio de los lepidópteros nocturnos o polillas. Desde entonces, cada vez que se nos pregunta qué estudiamos, es rutinario que nuestra respuesta termine en un discurso en defensa de las polillas. Y es que de estas se dicen muchas cosas, la mayoría negativas, pero todas sin razón o base científica alguna.

¿Quién no lo ha escuchado algo como que las polillas son de colores opacos, desprenden un polvo cegador, se comen nuestra ropa y pueden influenciar nuestra suerte o ser mal presagio?, afortunadamente, a medida que avanzábamos en la carrera de Biología, nuestro interés fue creciendo, y sin darnos cuenta, entre salidas de campo, visitas a colecciones biológicas, y junto al acompañamiento de investigadores colombianos como Ángela Amarillo y Giovanny Fagua, quedamos totalmente enamoradas de estos increíbles insectos.

Pese a que las polillas se encuentran entre los organismos más diversos y exitosos del planeta, mucha gente no las distingue correctamente; tampoco las reconocen como fundamentales para el mantenimiento de los ecosistemas que habitan.

 

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Las polillas no solo exhiben una diversidad inmensa de formas, tamaños y colores; sino que además realizan una serie de funciones ecológicas claves en la regulación de los servicios ecosistémicos. Por ejemplo, son grandes polinizadores nocturnos y el componente principal en la dieta de numerosas poblaciones de aves, murciélagos y parasitoides. Adicionalmente, muchas especies tienen importancia cultural, como aquellas que nos brindan la seda; importancia médica por las larvas urticantes; importancia agrícola por las especies consideradas plagas, e incluso, importancia forense debido a aquellas que consumen pelo o plumas.

En Colombia se estima que hay 19.000 polillas y poco más de 4.000 mariposas; cifras que ubican al país como el segundo con mayor diversidad de lepidofauna. A pesar de esto, el estudio taxonómico de nuestras polillas es incipiente. La mayoría de las polillas colombianas no han sido descritas, y las que sí se conocen no cuentan con información básica sobre su historia natural; esto dificulta la realización de estudios, estimaciones de diversidad y endemicidad, así como el desarrollo de planes de conservación. Ante la acelerada pérdida de hábitats que sufren los ecosistemas colombianos, espectamos la extinción de especies que aún desconocemos.

Teniendo en cuenta esto, aspiramos a promover a través de una estrategia didáctica el reconocimiento de Colombia como país megadiverso en polillas. En un trabajo colaborativo entre lepidopterólogos colombianos y extranjeros, como Yenny Correa, Julián Álzate y Ryan St Laurent, realizamos una miniserie de posters divulgativos de polillas endémicas y nativas. Estos muestran las familias más populares que encontramos en el territorio, que comprenden más de 150 especies endémicas.

Con esta iniciativa buscamos que cada vez más colombianos puedan identificar las polillas por su morfología, nombres científicos y sepan en qué regiones se encuentran para que se interesen por su conservación.

Esperamos incentivar y apasionar a las generaciones actuales y venideras en el estudio de estos organismos valiosos pero muy poco conocidos, para que a futuro Colombia sea un país posicionado científicamente en el campo de la entomología y de la conservación de su territorio.

Liliana Prada Lara es bióloga de la Pontificia Universidad Javeriana, ha sido integrante de los semilleros de Investigación ENTOMOCENO de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales y de SEIRPA de la Facultad de Ciencias. Actualmente trabaja con la familia de polillas Notodontidae y se encuentra culminando un Diplomado en Entomología Forense*.

Andrea C. Jiménez Bolívar es estudiante de Biología de la Universidad del Atlántico, integrante del grupo de investigación Biodiversidad del Caribe Colombiano. Trabaja con polillas de la familia Saturniidae, y es creadora de la iniciativa de divulgación científica @mothsofcolombia, que busca sensibilizar y bioalfabetizar a la comunidad sobre el gran valor y diversidad de las polillas colombianas*.

¿Has pensado en tener una huerta en casa? Esto debes saber para comenzar

¿Has pensado en tener una huerta en casa? Esto debes saber para comenzar

¿Te gustan las plantas? O… ¿quizás no te gustan tanto, pero has pensado en darte la oportunidad de cultivar algunas en casa y vivir la experiencia? Acá te cuento los beneficios de tener una huerta en tu hogar y los aspectos que debes analizar antes de seleccionar las plantas y el espacio en el que quieres tenerla.

Sembrar plantas en casa (y más si estas son útiles para nuestra alimentación), es una gran posibilidad para diversificar nuestra alimentación, ya que podemos elegir qué cultivar y arriesgarnos a incluir algunas plantas que no consumimos frecuentemente. Además, tendremos el control total de su producción y mantenimiento, por lo cual elegiremos si usar o no pesticidas y, en caso de hacerlo, optar por uno orgánico.

Si pensamos en los beneficios para el medio ambiente, cultivar en casa permite disminuir tu huella de carbono, ya que los productos que cultivas no tendrán que viajar para llegar a un supermercado y tampoco te desplazarás para conseguirlos. Por otro lado, algunos establecimientos de grandes superficies suelen empacar verduras y frutas en plástico, lo cual estarías evitando. Asimismo, si decides implementar el compostaje en casa, puedes aprovechar la materia orgánica que obtienes del consumo de frutas y verduras como abono para tus plantas.

Este ejercicio no solo sirve para generar un impacto positivo en el medioambiente, pues conocer el proceso de cultivar una planta, desde la siembra hasta el consumo, te permitirá ser más consciente de todo lo que debe pasar antes de que un producto llegue a un supermercado o a tu plato, esto nos hará valorar y comprender, desde un lugar más cercano, la labor de los campesinos de nuestro país.

Si construyes una huerta con tus hijos o las personas que viven contigo, tendrán la posibilidad de asumir responsabilidades, aprender sobre los ciclos de crecimiento de las plantas y la importancia de suplir sus necesidades en cada paso del proceso. Incluso, te cuento que la agricultura urbana, que incluye tanto los huertos caseros como los comunitarios, también podría traerle beneficios a tu mente, pues se ha relacionado con un fomento del bienestar psicológico, aumento de actividad física y desarrollo de redes sociales.

¿Qué necesitas para empezar con tu huerta casera?

Lo primero que debes tener en cuenta es el espacio en el que quieres tener tus plantas y las técnicas que deseas usar. El lugar que escojas debe tener disponibilidad de luz solar y, en cuanto a la técnica, puedes guiarte con los diferentes manuales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que enseñan desde el proceso para crear una huerta en casa, hasta cómo relacionarse con otros productores urbanos en caso de querer ampliar los lazos de trabajo.

Es clave seleccionar correctamente los recipientes que quieres utilizar de acuerdo con la planta que desees sembrar, ya que cada una de ellas tiene diferentes requerimientos de espacio. Por ejemplo, si vas a sembrar zanahorias, debes tener en cuenta la profundidad de siembra y que el recipiente tenga suficiente espacio para que estas se desarrollen.

Mi sugerencia es que antes de seleccionar una planta investigues, como mínimo, sobre sus requerimientos de agua, luz, temperatura y espacio, ya que, por ejemplo, hay plantas que crecerán o no de manera óptima en tu casa debido a la temperatura que hay en tu ciudad. Podrías pensar en plantas aromáticas como la yerbabuena, la manzanilla o la menta, o en hortalizas como la lechuga, la cebolla o la zanahoria.

Ten en cuenta la distancia entre una planta de otra al momento de sembrar, ya que este requerimiento es diferente para cada una de ellas y si no lo haces correctamente competirán por los nutrientes de la tierra y quizás no se desarrollen como lo esperas.

La decisión de tener una huerta en casa te permitirá disfrutar de los beneficios que te mencioné anteriormente y muchos otros que podrás ir experimentando en el proceso. Además, podrás aprender y disfrutar de una actividad que puedes realizar solo o en compañía.

¡Aprovecha las oportunidades y la disponibilidad de la información de hoy en día, encontrarás manuales, guías y videos gracias a los cuales podrás aprender cada día más!

* Para contactar a Karol Vera puede escribirle a sus redes sociales: @karoltvera en Instagram y en LinkedIn puede encontrarla como Karol Tatiana Vera Olave.

Las bondades de las plantas medicinales en tiempos de cuarentena

Las bondades de las plantas medicinales en tiempos de cuarentena

Las medidas de cuarentena y aislamiento social que las autoridades han decretado para disminuir la propagación del coronavirus han exacerbado diversos trastornos del sistema nervioso.columnista Siendo así, ¿pueden las bondades terapéuticas de las plantas ayudarnos a lidiar con algunos de estos padecimientos?

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia ha generado un incremento en la demanda de servicios de salud mental. El encierro, la incertidumbre, el duelo han incrementado el consumo de alcohol y otras drogas, así como los problemas de insomnio y ansiedad. Como todos lo hemos experimentado, no lograr un descanso adecuado en la noche conlleva a signos de agotamiento diurno, somnolencia e irritabilidad. Y aunque es normal padecer de episodios transitorios de insomnio y ansiedad, los problemas aparecen cuando se vuelven reiterativos e interfieren en nuestras actividades normales.

A lo largo de la historia las culturas han empleado las propiedades de las plantas para reducir la ansiedad e inducir el sueño. En nuestro medio contamos con una buena variedad de plantas que tienen propiedades sedantes e hipnóticas. Según el Listado de Plantas Medicinales Aceptadas con Fines Terapéuticos, publicado por el INVIMA, contamos con al menos diez tipos de ellas cuya eficacia y seguridad para tratar estos padecimientos han sido probadas mediante una larga historia de uso tradicional, junto con evidencia basada en estudios científicos.

Para el tratamiento de la ansiedad y los trastornos del sueño de origen nervioso contamos con el cidrón, el amansatoros, el toronjil, la pasiflora, la curuba, el pronto alivio, la valeriana y la verbena. Así mismo, la lechuga nos ofrece sus propiedades terapéuticas para el tratamiento del insomnio y el lúpulo contribuye al alivio de síntomas leves de estrés mental y ayuda a conciliar el sueño.

Un aspecto muy importante para lograr un uso efectivo y seguro de estas plantas medicinales es contar con la suficiente información acerca de las condiciones adecuadas para su consumo. La acción terapéutica de las plantas se basa en el contenido de una o varias sustancias químicas, llamadas principios activos, que tienen la capacidad de actuar sobre nuestro organismo para contrarrestar los efectos de las enfermedades, es decir, de actuar como un medicamento botánico.

En este sentido debemos consumirlas acorde con la frecuencia y las cantidades que se han determinado con base en el conocimiento tradicional y los estudios científicos. El uso prolongado de una planta con propiedades sedantes o hipnóticas puede causar dependencia o su consumo excesivo puede generar otras alteraciones en el organismo.

En el comercio encontramos productos fitoterapéuticos que contienen una o varias de estas plantas en asociación, cuyas indicaciones y modo de empleo están definidas en las etiquetas y, aunque son productos de venta libre, su consumo se debe hacer de manera responsable.

Ante la ansiedad y las alteraciones del sueño encontramos en nuestras plantas medicinales una alternativa natural, efectiva y segura, que junto con buenos hábitos nos pueden asegurar una vida más tranquila y un adecuado descanso en tiempos de cuarentena.

* Néstor García es profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana. Continue reading

El agua se cotiza en la bolsa: un paso equivocado

El agua se cotiza en la bolsa: un paso equivocado

La magia del agua surge de la interacción de sus átomos. Cuando muchas moléculas de agua están juntas, empiezan a interactuar entre sí mediante un enlace efímero y tenue. Pese a su extremada debilidad, este enlace confiere al agua esa textura escurridiza que se escapa entre nuestros dedos, pero que al mismo tiempo permite que se formen gotas y nubes. En conjunto, todas esas moléculas unidas, pueden almacenar tanto calor para refrescarnos, pero también, para controlar el clima del planeta.

¿Podríamos darles un valor a todas estas características del agua?, o más bien, ¿tiene algún sentido ponerle un precio? Aún no hemos encontrado otros planetas con seres vivientes para valorar si solo se puede crear vida en un medio acuático, pero desde nuestra experiencia, este líquido ha definido todo lo que somos.

Nuestras células funcionan porque las moléculas de la vida interactúan en un medio interno acuático. La evolución de nuestra especie dependió totalmente de la disponibilidad de agua dulce; el desarrollo de sistemas de regadío afianzó nuestro salto del nomadismo a la agricultura y, posteriormente, al asentamiento urbano. El agua, por lo tanto, antes que un recurso, es el medio mismo de la existencia de la vida en este planeta. Sería imposible poner un precio real a todo el valor agregado que esto ha implicado.

El crecimiento de nuestra especie y nuestra desafiante relación con el medio ambiente nos ha llevado a construir grandes ciudades en áreas en donde no existe suficiente agua. Con el cambio climático empezamos a ver que tal vez no podemos garantizar este tipo de desarrollo.

A finales del 2020 nos despertamos con la noticia de que el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros con base en el índice Nasdaq Veles California Water. Esta medida, aparentemente beneficiosa para mejorar la administración del recurso en zonas con escasez, contradice el hecho de que el agua es considerada un derecho fundamental por las Naciones Unidas.

La Organización Mundial de la Salud estimó en el 2017 que 785 millones de personas carecen de un servicio básico de agua, 435 millones extraen agua de pozos y manantiales desprotegidos y 144 millones toman agua sin ningún tipo de tratamiento. Por otro lado, más de 800 mil personas mueren al año por diarrea o enfermedades relacionadas con consumir agua no tratada o contaminada.

El valor que se le da hoy al agua se debe a los costos por su captación, tratamiento y distribución, pero no es posible valorar esos enlaces débiles que definen su esencia mágica y todos esos servicios que nos aporta. Una molécula que se mueve por la atmósfera y los continentes de manera tan vertiginosa y saltando entre fronteras en pocas horas, no puede ser considerada un bien susceptible al mercado.

El agua es un componente fundamental de nuestra esencia viva, mucho más allá de un derecho que nos hemos ganado todas las especies por nuestra evolución terrestre; también hemos adquirido con ella una responsabilidad, así que es un paso equivocado pensar que aquello de lo que estamos constituidos en un 70 %, puede ser comercializado. El día que lo asumamos, sería equivalente a aceptar que es correcto comercializar un brazo.

* Carlos Rivera es el director del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana.

¿Cuál es el riesgo de las especies invasoras en Colombia?

¿Cuál es el riesgo de las especies invasoras en Colombia?

En enero de este año, leyendo un poco sobre ciencia y medio ambiente, me encontré con este titular “El coyote está a punto de entrar a Colombia pero es un invitado peligroso”, publicado en diciembre en Semana Sostenible.

El artículo cuenta sobre un coyote, cuya especie es Canis latrans, que a pesar de ser nativo de América del Norte, se ha expandido por Centroamérica y se presume que probablemente ya se encuentra ingresando a Suramérica, a través de Colombia, dada su alta capacidad de adaptación y su dieta generalista, en la que se puede decir, según los investigadores, que come “casi cualquier cosa”.

La colonización de este coyote, según el artículo científico publicado por los investigadores citados en esta noticia, se ha visto beneficiada en otros países por actividades antrópicas como los monocultivos, la ganadería, la deforestación y la desaparición de especies locales.

En mi opinión, este es un caso interesante de especie invasora, ya que aunque no fue traída, como en el caso de otras que tenemos en nuestro país, han sido nuestras actividades las que, según la investigación mencionada, se relacionan con el éxito de su colonización, es decir, tenemos una responsabilidad que, aunque no es directa, sigue siendo nuestra.

Continuando con esta especie, quisiera mencionar que debido a que aún no se han hecho estudios de su impacto en Colombia, pues hasta ahora se “espera” su llegada, no se puede saber con certeza qué pasará y cuál será su impacto sobre nuestra biodiversidad.

Se supone que especies como el puma y el jaguar podrán desempeñar un papel importante en su “contención”, pero no se sabe de qué manera y no se debe olvidar que además, la población de estos felinos ha disminuido en algunas zonas.

De la anterior especie apenas se “espera” su llegada mientras que en el territorio colombiano ya tenemos evidencia de cerca de 506 especies introducidas, invasoras o trasplantadas al país, contando tanto plantas como animales, de las cuales 293 han sido evaluadas, es decir, se ha hecho algún tipo de investigación para establecer su impacto.

Estas 506 especies podrían ser invasoras si se comprueba que además de no ser propias de nuestra región, generan o tienen el potencial de causar impactos ambientales, económicos o de salud pública. En Colombia se tienen oficialmente declaradas, por el Ministerio de Ambiente, 22 especies invasoras de fauna y flora, pero esto no quiere decir que sean las únicas que tenemos.

Varios de nosotros hemos visto en medios de comunicación algunas especies invasoras que han sido foco de atención, tales como los hipopótamos, el pez león y los caracoles africanos. Pero, ¿Cuál es el problema con las especies que consideramos parte de este grupo?

Para responder esta pregunta tendríamos que centrarnos en cada especie e investigarla, ya que debido a que cada una es diferente, su comportamiento y adaptación a nuestro país es completamente distinta.

Sin embargo, para no quedarnos sin respuesta, les comento lo que veo y que se lo explico a mis estudiantes de la siguiente manera: nuestra biodiversidad se encuentra en determinado equilibrio ecológico, el cual, cuando llega una especie “nueva”, se ve afectado. Es tan grave que las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad a nivel mundial.

Esta especie no solo podría no tener depredadores, sino que, además, va a tener comportamientos que alterarán el equilibrio y se alimentarán de especies que antes ni las conocían. Además, esta nueva especie no viene sola, sino acompañada de microorganismos propios que pueden afectar de forma negativa a otras especies o, incluso, pueden transmitirse a los seres humanos.

¿Cómo llegan las especies invasoras a otros territorios?

De muchas maneras, algunas, por “accidente”, otras, porque fueron traídas debido a intereses comerciales y al final resultaron “escapando”, y también por simple capricho humano.

El desconocimiento de su impacto o el egoísmo han llevado a que actualmente la biodiversidad de nuestro país se vea expuesta a una situación que no es fácil de afrontar.

Para algunas de las especies invasoras se han establecido planes de manejo, de control y, para muchas otras, las estrategias causan polémica, como es el caso del hipopótamo. Pienso que conocer el efecto que generan estas especies, además de hacernos más conscientes, nos permite realizar un análisis diferente de la situación. En el caso del coyote, que probablemente llegue, vemos cómo el impacto de nuestras actividades facilitará su establecimiento.

Siendo sincera, me gustaría haberle dado muchos más datos del impacto de cada especie, pero quiero que por lo menos se lleve una idea de lo que sucede.

Es importante que, como habitantes de esta tierra, nos informemos y entendamos el efecto que tiene un animal o planta que no son propios de nuestro país ya que, si logramos identificarlas, en algunos casos podemos ser parte de la solución y reportarlas para que sean recogidas por las corporaciones autónomas regionales.

Para terminar, creo que si conocemos estas especies y la problemática que representan, también podremos estar al pendiente de su situación e incluso tener la oportunidad de solicitar acciones de los entes gubernamentales basados en el conocimiento y las investigaciones.

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

No solo preocupa la invasión de hipopótamos en Colombia por sus potenciales efectos acumulativos y sinérgicos en ecosistemas ya degradados de los que dependen comunidades vulnerables en el valle medio del Magdalena. Preocupa, además, la ausencia de decisiones de manejo informadas que garanticen la contención efectiva de esta invasión.

Se advierte una clásica disonancia en la interfaz entre ciencia y política frente a este y otros problemas de acción colectiva: aunque se reconocen las evidencias sobre lo que implica la invasión en el largo plazo, las decisiones en el corto plazo parecen negarlas. ¿De qué tamaño tiene que ser el problema para que decidamos actuar? ¿Qué tiene que pasar para que el Estado colombiano asuma su responsabilidad constitucional de garantizar un ambiente sano y priorice el valor de la biodiversidad nacional como patrimonio natural?

La semana pasada, el foro Hipopótamos en la Sala, organizado por la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana, llamó la atención sobre la necesidad de superar la inacción y de buscar salidas desde una diversidad de visiones a un problema complejo y creciente que cada día será más difícil enfrentar de forma efectiva.

Hay razones para pensar que el debate permitió reconocer perspectivas y evidencias diversas sobre el fenómeno de la invasión, reflexionar sobre las tensiones éticas entre animalistas y conservacionistas centrales al debate, visibilizar los límites del marco normativo existente para el manejo de especies invasoras y, sobre todo, reconocer el papel determinante que deben tener las comunidades locales en el manejo de la invasión.

No obstante, pese al interés de los panelistas y de muchos asistentes, el debate parece no haber conducido a mayores avances en lo práctico.

Llamó la atención la ausencia del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a pesar de haber sido invitado. Que el ministro hubiera participado en el foro, manifestando su voluntad política para enfrentar este problema, habría sido un logro.

En cambio, unos días después el ministro se refirió públicamente al tema y en lugar de centrarse en las propuestas fundamentales de los científicos, sugirió que una alternativa para los hipopótamos sería “crear un ecosistema controlado” para albergarlos.

De otro lado, frente al necesario llamado del director del Instituto Humboldt a profundizar en el conocimiento sobre los hipopótamos en el país mediante una minga de recolección de datos y a reactivar el trabajo interinstitucional de manejo de la especie reconociendo el liderazgo regional de Cornare, pareciera más urgente incidir con las evidencias ya disponibles en toma de decisiones concretas con prontitud.

Por ejemplo, un pronunciamiento gubernamental sobre el impacto de las especies invasoras como el hipopótamo en la biodiversidad colombiana, incluir al hipopótamo en el listado oficial de especies invasoras en Colombia, establecer metas razonables que eventualmente conduzcan a que los hipopótamos salgan de los ecosistemas naturales del Magdalena y llamar la atención sobre la incertidumbre de la efectividad de las castraciones químicas como mecanismo de control de la población, son tareas pendientes que pueden hacerse con las evidencias existentes.

Este tipo de acciones de corto plazo ayudarían a desenredar el camino y a construir puentes entre sectores sociales con diferentes intereses, lo cual, sin duda, redundaría en mejores decisiones.

Advertimos un riesgo: mientras se continúa aplazando el prestar atención al problema, las poblaciones de hipopótamos siguen creciendo y más temprano que tarde serán tantos en la cuenca que será imposible actuar.

En ese momento no valdrán los argumentos que minimizan el daño de los hipopótamos comparándolo con el de la ganadería bovina y bufalina (o hasta el de la explotación petrolera) para justificar que no son el peor problema ambiental en el Magdalena y que podrían, en cambio, declararse como una especie residente merecedora de protección, como algunos participantes en el debate sostienen.

Con una población de hipopótamos mucho mayor a la actual, como proyectan los científicos, las transformaciones productivas de la cuenca implicarán aún peores consecuencias en los sistemas sociales y ecológicos, los cuales tendrán menos capacidad de soportar las perturbaciones de la invasión.

A la vuelta de unos años, los impactos sobre la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y el bienestar humano serán difícilmente reparables, por más que algunos pobladores locales tengan hoy en día percepciones positivas de los hipopótamos.

Mientras siga la parálisis frente a la situación, quienes continuarán asumiendo los costos serán las comunidades más vulnerables y la fauna nativa y amenazada que reclaman un lugar visible en las decisiones de política pública.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha ratificado las acciones requeridas para controlar esta población, por esto el llamado a la acción es urgente: el país no puede darse el lujo de dilatar decisiones o de seguir errando en aquellas que se tomen. Las entidades del Sistema Nacional Ambiental no pueden evitar la responsabilidad ética y política de su inacción.

Si algo nos ha enseñado el último año con la pandemia y la conexión entre ciencia y política pública es que la sociedad debe discernir entre evidencias y “hechos alternativos” para guiar procesos de toma de decisiones. El problema de los hipopótamos no es una excepción.

* Sebastián Restrepo Calle, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana
** Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes