La magia de la psiquiatría

La magia de la psiquiatría

Juro que es cierto, lo vi con mis propios ojos. El decano Carlos Gómez-Restrepo, en la sala de su casa, jugaba con una lucecita roja entre sus dedos. Podría creerse que tenía un bombillo diminuto, pero no. Era exactamente lo que estoy diciendo: una lucecita roja que agarraba con los dedos. Lo más inverosímil era que la sacaba de cualquier parte: del florero de la mesa, de mi oreja, de atrás de su cabeza. Jugaba con ella, la movía de aquí para allá y hasta se la pasaba de una mano a la otra. “Hacer magia depende de conocer muy bien el truco y ese truco es lo que divierte”, decía. Un tío le enseñó cuando tenía unos nueve o diez años, y practicaba en sus vacaciones en Manizales, llenas de primos, tías, abuelos y otros parientes.

El amor por la psiquiatría vino después. De hecho, un poco tarde porque empezó estudiando psicología. “Luego decidí entrar a Medicina a la Javeriana y ahí me preparé para ser psiquiatra”, recuerda Gómez-Restrepo. Tenía un sinfín de opciones de especialidad para escoger, e incluso alcanzó a interesarse por la neurocirugía, la neurología y hasta la ginecobstetricia, pero siempre le gustó más tratar con la gente, comprender sus inquietudes y profundizar en detalles de sus vidas. Pero no lo malinterpreten. Para él, lo biológico es básico en la medicina y está en todas las áreas, pero la psiquiatría privilegia de una manera particular lo psíquico y las relaciones sociales, y eso era lo que le llamaba la atención. “Cuando uno define salud como un completo bienestar físico, mental y social, y no solo como la ausencia de enfermedad, comprende la magnitud de esta especialidad; entiende su elección cuando piensa la salud como la manera de hacer que las personas logren un mayor bienestar, puedan amar, trabajar, desarrollar sus capacidades, obtener las metas que se plantean y participar en la construcción de un mundo mejor y más equitativo”, explica el decano.


No solo psiquiatra

Carlos Gómez-Restrepo es tal vez el único psiquiatra mago que conozco, pero vale aclarar que no es el único rasgo particular de este médico. Después de terminar su especialización y de haber hecho algunos diplomados, cursos y rotaciones en España, viajó a Estados Unidos para estudiar una maestría en Epidemiología Clínica en la Universidad de Pensilvania. Lo hizo gracias a una beca de la Fundación Rockefeller, la Javeriana y la Red Internacional de Epidemiología Clínica (Inclen, por su sigla en inglés).

Corría el año 1993 y para entonces “era como el tercer psiquiatra en el mundo que estudiaba eso”, asegura Gómez-Restrepo, quien agrega que se trataba de una disciplina nueva dedicada a la investigación clínica y a profundizar en herramientas metodológicas con el fin de dar lo mejor a los pacientes. Según explica, la epidemiología clínica utiliza el método científico para hacer buena investigación y dar predicciones sobre el estado de algún paciente, saber qué tipo de terapia puede servirle más o establecer las pruebas diagnósticas que requiere. En sus propias palabras, “da herramientas para discernir entre qué es útil y qué no, para ser muy crítico con lo que uno hace y muy propositivo para hacer cosas mejores”.

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Cuando regresó de Estados Unidos se empezó a dedicar también a la academia, con el fin de compartir su conocimiento con nuevas generaciones de médicos. A mediados de los 90 se involucró como profesor en el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Javeriana, y luego como su director, desde 2000 hasta 2007, tiempo en el cual diseñó los primeros posgrados en Colombia en Psiquiatría de Enlace y en Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Posteriormente le fue encargada la dirección del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la misma universidad, de 2010 a 2017, donde ideó el primer doctorado de esta disciplina en el país y la Maestría en Bioestadística.


No deja de enseñar

El decano supo que quería ser docente cuando estaba en cuarto semestre de Medicina y su profesor de fisiología, el neurofisiólogo Arturo Morillo, lo escogió como monitor. Ahí se dio cuenta de la felicidad que le produce que otros aprendan, encontrar técnicas diferentes para cada estudiante y, sobre todo, aprender a partir de esa labor. “Esto es un juego de partes en el que uno da mucho de lo que sabe pero también aprende muchísimo de sus alumnos, de sus formas de ver el mundo, de sus preguntas”, asegura Gómez-Restrepo.

Hace un año, en septiembre de 2017, cuando el rector lo llamó para decirle que había sido seleccionado por sus más de 400 compañeros profesores para ser decano, pensó en la tarea que implicaba aprender otros detalles administrativos que no dominaba. Pero eso no le preocupó. También se le vino a la cabeza el tiempo que tendría que invertir en esta nueva labor, pero aun así aceptó, siempre y cuando pudiera seguir enseñando. Él insiste en que esa posición lo obliga a estar en contacto con todas las personas que hacen parte de la facultad, incluyendo los estudiantes, y de esa forma no solo puede darse cuenta de las necesidades de la gente y los inconvenientes que puedan encontrar, sino que “evita que me quede estático en materia de conocimiento. Me hace leer todo el tiempo, actualizarme, prepararme”.

Tampoco ha dejado de ver pacientes. El día que nos vimos, por ejemplo, acababa de llegar de consulta y no se le notaba un solo rastro de cansancio. Sigue yendo al Hospital Universitario San Ignacio a hacer sus turnos en psiquiatría, y también atiende en su consultorio privado, donde aplica sus terapias. Le pregunté entonces si la magia y la psiquiatría se parecen y, para mi sorpresa, dijo que sí. “Cuando una terapia se hace bien, la gente cambia de forma sorprendente”, respondió. Luego agregó que la pequeña diferencia es que ahí no había ningún truco, “sino una buena metodología que ayuda a las personas. Tanto, que parece como si fuera magia en acción”.

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Los trucos, que pasan de generación en generación, se los está enseñando a su hija menor, Valentina, a quien le encanta la magia. La idea del decano es que un día, cuando ella aprenda a barajar muy bien, logre que todas las cartas de un naipe se vuelvan de una misma pinta. De sus otros tres hijos, solo la segunda estudia medicina y ya está en el internado. Según el decano, no decidió por ella: “siempre espero que mis hijos escojan lo que más les gusta y que encuentren su camino, que vivan plenamente sus vidas y que hagan un mundo mejor”.

La mayor es ingeniera química y al tercero le gustan el fútbol y el derecho. Pero si en algún momento sienten que no están haciendo lo que quieren, Gómez-Restrepo ―como el buen profesor que es― les señala el valor de la duda y el disfrute de investigar, innovar y conocer. Asegura que siempre hay tropiezos y todo el mundo corre ese riesgo, “pero eso es bueno porque después se enriquecen, aprenden y salen adelante”. Y esa forma de ver la vida, que también tiene su esposa, Andrea Padilla, profesora de jurisprudencia, la comparte con los alumnos con que se topa todos los días en la universidad, como un consejo para sus vidas después de egresados.

Serendipia en la Biblioteca General de la Javeriana

Serendipia en la Biblioteca General de la Javeriana

En 2016, el investigador Alberto Gómez, en ese entonces director del Instituto de Genética Humana, visitaba frecuentemente la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J. de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., de la Javeriana. Pasaba horas consultando el Semanario del Nuevo Reino de Granada, la primera revista científica colombiana publicada a principios del siglo XIX, pues allí encontraba pistas para su investigación sobre cómo Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas abordaron la relación de las plantas en su medio ambiente, ciencia que hoy se denomina biogeografía.

Tenía a su disposición dos ediciones del Semanario que se encuentran en la sala: la publicada en Bogotá entre 1808 y 1809, que editó, transcribió y compiló el propio Caldas, y la edición actualizada y comentada que publicó Joaquín Acosta en 1849, cuando era discípulo de Humboldt en París, y que tituló Semanario de la Nueva Granada. En particular, el genetista estaba interesado en esta última porque incluye la transcripción de manuscritos inéditos, cuenta con una mejor impresión y un plegable del mapa de la Geografía de las plantas, que disfrutaba revisar con el tapabocas y los guantes recomendados para consultar los ejemplares de esta sala.

Karen Castañeda, en ese entonces auxiliar de la Sala de Libros Valiosos, había identificado la predilección de Gómez por el Semanario y, a la vez, había comenzado a indagar por los libros del espacio donde trabajaba: “Me dediqué a investigar sobre la sala y sobre lo que había en ella porque me parecía una responsabilidad muy grande y porque los libros me causaban mucha curiosidad”.

Castañeda quería hacer un inventario y un avalúo general de las obras de la sala, en donde se guardan más de 3.500 libros valiosos en un ambiente controlado de aire, humedad (46% a 66%) y temperatura (18° a 21° C) para que sean consultados por toda la comunidad javeriana con carné. Por eso encontró un buscador en el que se indicaba su precio, así como otras herramientas que le permitieron encontrar información sobre los materiales y editoriales de las publicaciones. Poco a poco le fue mostrando al genetista los hallazgos que encontraba en las distintas herramientas de búsqueda.


Serendipia

Como Gómez consultaba tanto el Semanario y viajaba ese año a París a dictar una conferencia sobre la relación de Humboldt y Caldas, le pidió a Castañeda investigar en los buscadores especializados en qué librería o anticuario podría conseguir el libro editado por Acosta en 1849 en esa ciudad, pues quería tenerlo en su biblioteca personal para analizarlo en profundidad.

La bibliotecóloga realizó la búsqueda con el término “Francisco José de Caldas” y, aunque no halló el Semanario, sí encontró un listado de libros adicionales que decidió enviarle vía correo electrónico. A primera hora del día siguiente, Gómez estaba esperando en la puerta de la Sala de Libros Valiosos a Castañeda.
— ¿Usted qué hizo? ¡Mire lo que encontró! —, recuerda Karen que le dijo Gómez.

“Yo no entendía qué era lo que yo había encontrado. Tuvo que traducirme y explicarme porque el título del manuscrito era muy extenso y estaba en francés”, recuerda.

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La Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J., en la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., de la Javeriana, guarda más de 3.500 volúmenes.

La búsqueda que realizó Karen había arrojado, nada más y nada menos, que el manuscrito Cuaderno de viajes de Francisco José de Caldas, un documento inédito que recoge las anotaciones del científico criollo sobre la nivelación de las plantas en su viaje a Ecuador. En los 118 folios manuscritos y 76 folios en blanco se demuestra su pensamiento sobre biogeografía a partir de 1802, antes de conocer las reflexiones manuscritas de Humboldt al respecto.

En febrero de 1803 el prusiano enviaría desde Guayaquil a José Celestino Mutis, en Bogotá, su primer manuscrito en francés titulado Géographie des plantes, a través de Caldas —radicado en esos días en Quito—. Pero Caldas tenía ya desarrollado el tema en su mente y en sus cuadernos de viaje, hecho que podrá ser demostrado por Gómez en la publicación que prepara actualmente en el curso de un sabático que le otorgó la Javeriana para tal propósito.

“Hay un término que se llama serendipia: hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. Esto es un clásico ejemplo que surgió gracias a la generosidad de Karen, a la paciencia de mi parte, y a la coincidencia de que iba para París”, explica Gómez.

El genetista dice que la labor de Castañeda fue central en brindar un dato de un elemento desconocido: “Me di cuenta de que Karen tenía un interés por la historia. Fue un encuentro de curiosidades compatibles. Eso hay que resaltarlo de la Biblioteca General, porque parece que fuera un repositorio de libros pero hay que entenderla como un ambiente de personas que tienen unas experticias y una disposición de servicio increíble. Entonces, cuando se logra ese contacto humano resulta un beneficio doble, no solo para quien llega sino también para el que está allí en su puesto, atento. Además, surgen cosas inesperadas”.


La compra

“El manuscrito era costosísimo y yo no lo podía comprar. Llamé al Vicerrector Académico, Luis David Prieto, y al asesor del Secretario General, Carlos Cuartas, y ambos fueron muy sensibles a que ese documento no debería estar en una librería de París sino que era tan importante que la universidad debía hacer el esfuerzo de comprarlo después de hacer una validación con expertos sobre su autenticidad, recuerda Gómez.

La oficina de Compras Bibliográficas de la Biblioteca General se encargó de hacer la adquisición. “Tuve que conseguir un traductor para enviar los mensajes porque todo había que hacerlo en francés”, recuerda Gloria Tinjacá, jefe de la sección. Posteriormente, la Oficina de Suministros se encargó de importar el manuscrito al país con todos sus requisitos legales.

“Ahí se ve la conjugación de una institución como debería ser: desde la curiosidad de sus profesores, pasando por el servicio de sus administrativos, de la Biblioteca General en todas sus dimensiones, hasta el respaldo de sus altas autoridades”, explica Gómez.

El manuscrito está siendo estudiado actualmente por Gómez y otros docentes de universidades colombianas y extranjeras para publicar un libro de tres o cuatro tomos que dará un contexto suficientemente amplio de la obra. Luego de que finalice la investigación, el manuscrito original se podrá consultar en la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J.

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El libro ‘Cuaderno de viajes’ escrito por Caldas y adquirido por la Javeriana en 2016, es la pieza central de la exposición sobre el sabio criollo en el Museo Nacional.

Además, hasta el 24 de febrero de 2018 se exhibe en el Museo Nacional como parte de la exposición “Ojos en el cielo, pies en la tierra. Mapas, libros e instrumentos en la vida del Sabio Caldas”, que es producto de una investigación que viene realizando la Universidad Nacional en asocio con la Casa Museo Caldas de Bogotá, y cuyo hilo conductor es Caldas como ingeniero civil.

De acuerdo con José Antonio Amaya, docente de la Universidad Nacional y curador de esta muestra, el libro en la exposición “viene a iluminar, a documentar el pensamiento que Caldas tenía sobre el espacio y que incluía la relación escrita de los viajes que él hacía por distintos lugares. Y al mismo tiempo, algunas piezas de la exposición también ayudan a comprender mejor el manuscrito”.

 


Otros ejemplares exhibidos en la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J.

Libro Caldas 4

  • Canones universales divi, de Johannis Mesue. Incunable del año 1497
  • De humani corporis fabrica libri septem (De la estructura del cuerpo humano en siete libros), por Andrés Vesalio. Reproducción del libro publicado en 1543 por este ilustre médico. Publicación facsimilar.
  • Diccionario de la lengua castellana, Primer diccionario publicado de la Lengua castellana. Se encuentran palabras del castellano antiguo.
  • Libro de noviciado, de Francisco Trias. Manuscrito encuadernado en pergamino.
  • Historia de la provincia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reyno de Granada en la America, descripción, y relación exacta de sus gloriosas missiones en el Reyno, Llanos, Meta, y Rio Orinoco almas y terreno, que han conquistado sus missioneros para Dios, aumento de la christiandad y extensión de los dominios de su Mag. Católica, de José Cassani, S.J.
  • Nuevo aspecto de theología medico moral, y ambos drechos; obra critica provechosa a parochos, confessores, y professores de ambos drechos, y util a médicos, philosophos, y eruditos, de Antonio Josáe Rodráiguez. Este libro fue mutilado a propósito por la Inquisición. Tiene un edicto escrito en el que se excomulgó al autor de esta obra.
Desnutrición infantil, un drama sin fronteras

Desnutrición infantil, un drama sin fronteras

La Unidad Intrahospitalaria de Pediatría (UIP) del Hospital Universitario Erasmo Meoz en Cúcuta, Norte de Santander, no distingue nacionalidad, color o acentos. Niños colombianos y venezolanos, de cero a cinco años, son atendidos por el personal médico; han llegado allí con enfermedades respiratorias, infecciosas y gastrointestinales, pero, en muchos casos, su condición ha empeorado pues otra enfermedad ha aparecido de forma silenciosa y se ha encargado de debilitar sus cuerpos indefensos, desencadenando efectos secundarios como retraso en la recuperación de la enfermedad por la que ingresaron, prolongación del tiempo de hospitalización, problemas en su funcionamiento corporal, incluso posibilidades de caer en riesgo de muerte.

La desnutrición aguda es una enfermedad que no se detecta fácilmente, es subdiagnosticada y puede atribuirse a diferentes factores, dentro de los que se encuentran el tipo de alimentación, la ingesta de alimentos que proporcionen energía y nutrientes y la situación socioeconómica de quien la padece; se clasifica en aguda moderada y severa. Según Unicef, la primera hace alusión a los niños que pesan menos de lo que les corresponde con relación a su altura, por lo que requiere una pronta detección y tratamiento para prevenir que recaiga en una de nivel superior como la desnutrición severa, en la que el niño presenta un peso muy por debajo frente a su altura y esto altera todos sus procesos vitales, con un riesgo inminente de muerte.

Frente a la apremiante necesidad de reconocer los factores desencadenantes de la desnutrición en el hospital y brindar un trato adecuado, Carolina Clavijo, estudiante de nutrición y dietética de la Pontificia Universidad Javeriana, y su profesora, la nutricionista Gilma Olaya Vega, describieron el estado nutricional de 99 niños menores de cinco años en la UIP, 54 colombianos y 45 venezolanos. “No pensamos encontrar tantos niños venezolanos. Para hacer el análisis, los segmentamos por nacionalidad”, menciona Clavijo.

Norte de Santander cuenta con poco más de 1’367.000 habitantes, 30% de ellos en condición de pobreza y 11,4% en situación de miseria, lo que, según el Instituto Departamental de Salud de Norte de Santander, lo ubica  como el departamento con mayor número de personas pobres en el país (382.204); esta región ha sufrido los desmanes de la violencia del conflicto armado y, además, limita al norte y este con Venezuela, país que enfrenta una crisis humanitaria en la que gran parte de su población ha emigrado.

Las investigadoras encontraron, además, una proporción relevante de desnutrición en niños venezolanos pertenecientes a las comunidades indígenas, como la sirapta y la yukpa. Estas condiciones socioeconómicas implican aumento en los índices de pobreza y deterioro en el estado de la salud y nutrición, derivado en un alto grado de inseguridad alimentaria, principalmente en los menores de cinco años.

Durante aproximadamente dos meses, Clavijo visitó diariamente el hospital; caminaba los pasillos hasta llegar a la unidad pediátrica y hacía la valoración nutricional: antecedentes del niño en el nacimiento, tipo de parto, talla, peso al nacer y otros datos neonatales y patológicos; además, empáticamente, la estudiante indagaba las condiciones socioeconómicas y sociodemográficas de las familias: ¿Cuentan con agua potable?, ¿qué nivel educativo tienen los padres?, ¿nacionalidad?, etc. eran algunas de las preguntas que daban lugar a comprender el porqué de la desnutrición en este lugar. Luego, la valoración antropométrica actual (talla, peso, examen físico e ingesta), para encontrar las posibles deficiencias nutricionales y, finalmente, un cuestionario que indicaba la frecuencia con la que estos niños consumían alimentos esenciales para su desarrollo.

A lo largo de los años se ha dicho que aquello que comemos influye directamente en cómo nos vemos, cómo nos sentimos, nuestra salud física y mental. Hipócrates decía “que la comida sea tu alimento y tu alimento tu medicina”; hoy la ciencia lo demuestra: si un niño recibe la energía y los nutrientes necesarios para su buen funcionamiento, su salud estará más protegida, se garantiza su fortalecimiento muscular, óseo, orgánico, cognitivo y psicológico.

Para el estudio se tuvieron en cuenta tres grupos etarios: de 0 a 6 meses, de 6 a 24 y mayores de 24, cada uno con necesidades alimentarias diferentes. Las investigadoras encontraron índices de desnutrición en niños de ambas nacionalidades, con mayor proporción en venezolanos y el grupo más afectado fue el de 6 a 24 meses, etapa en la que se introduce la alimentación complementaria. Dentro de su dieta no contemplan muchas verduras, frutas o proteína animal; adquirirlos representa un costo que no pueden cubrir; en su lugar, consumen más harinas, tubérculos, cereales y, para el aporte proteico, leguminosas (garbanzo, lenteja, frijol). No significa que estos alimentos sean malos, pero no son lo suficiente para suplir las necesidades nutricionales de los niños.

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Las investigadoras descubrieron que lo niños colombianos comen más frutas que los venezolanos, pero deben ingerirlas todos los días para evitar la desnutrición.

La doctora Olaya explica la dieta ideal en las diferentes etapas: de 0 a 6 meses el modelo efectivo de alimentación se basa en la leche materna exclusiva (LME); mucho se habla de los múltiples beneficios afectivos y físicos de este alimento, y uno de los más importantes es su función determinante en el desarrollo del sistema inmunológico infantil. Dentro de los resultados, Olaya y Clavijo destacan que en el hospital Erasmo Meoz los colombianos toman más leche de fórmula que los venezolanos; esto es un problema, no solo por la falta de beneficios que pierde el bebé al no consumir LME, sino, además, porque los bebés a los que se les suministra leche de tarro pueden pasar por dos extremos: volverse obesos o caer en la desnutrición.

“Si la preparan de la forma adecuada pueden llegar al sobrepeso u obesidad; si la preparan diluida pueden llegar a la desnutrición”, lo que ocurre cuando la familia no tiene recursos, explica Olaya. Ahora bien, no quiere decir que el niño que recibe más leche materna esté mejor nutrido, pues hay que tener en cuenta el tiempo de lactancia, la cantidad de leche materna que le están dando al bebé y las condiciones en las que se encuentra la madre.

Del grupo etario de los 6 a 24 meses, la alimentación ideal corresponde a la leche materna más una adecuada alimentación complementaria; en esta etapa los niños deben consumir alimentos ricos en hierro como carnes rojas, vísceras, etc., de tres a cinco veces por semana; sin embargo, se encontró que los niños venezolanos suelen estar desprovistos de estos alimentos. Las frutas y verduras deben consumirlas diariamente y, si bien los colombianos las comen más que los venezolanos, no es suficiente. Asimismo, los lácteos son de vital importancia después del año de edad y los venezolanos casi nunca los consumen; los colombianos sí, pero en pequeña proporción.

Los mayores de 24 meses son más independientes en el consumo de alimentos, lo que representa menor riesgo de desnutrición si cuentan con el acceso a una alimentación balanceada.

La vigilancia de la desnutrición aguda se implementó a nivel nacional desde 2016, mediante la resolución 2465 del Ministerio de Salud que clasifica el riesgo de desnutrición en agudo, moderado y severo, pero no contempla la desnutrición aguda leve. Después de identificar la problemática nutricional en el Hospital Erasmo Meoz, Clavijo formuló un protocolo que pudiera ser de utilidad y permitiera diagnosticar la desnutrición aguda leve, pues “al no contemplarla, no hay detección oportuna y un manejo adecuado, razón por la que los niños pueden llegar a la desnutrición moderada o severa. Con este protocolo se espera realizar la detección temprana, disminuir la tasa de desnutrición moderada y severa, y alcanzar un efectivo tratamiento”.

La buena alimentación no puede suponer un lujo para los niños. Los nutricionistas coinciden en que la buena alimentación es imprescindible no solo para crecer bien físicamente y tener un adecuado desarrollo psicológico e intelectual, sino que es parte fundamental para el desarrollo de las sociedades; el tratamiento de la desnutrición debe combinar alimentación, acompañamiento nutricional y apoyo de los Estados.

En los niños está el futuro, dicen, pero, “¿para qué pensar en el futuro si no hacemos nada para que nuestros niños tengan un buen presente?”, expresa la profesora Olaya.

Una paz congelada y un distanciamiento regional

Una paz congelada y un distanciamiento regional

“La paz es un objetivo de todos los colombianos”. Con esas palabras, Iván Duque se estrenó en la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, como presidente de los colombianos. El 26 de septiembre de 2018, en su primer discurso en el organismo multilateral, invitó también a la comunidad internacional a respaldar financieramente la solidez del proceso de paz con las FARC y, sobre el tema de Venezuela, recordó que Colombia está “viviendo la crisis migratoria y humanitaria más indignante de la historia reciente por cuenta de la dictadura”. Una crisis que continuará, pues, de acuerdo con ACNUR, se estima que para diciembre de 2019 lleguen al país cerca de 2’300.000 migrantes.

Hoy, a casi cuatro meses desde su intervención en la ONU, los hechos han marcado distancia de esas palabras: con la adhesión al Grupo de Lima, que desconoce la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro, y tras el reciente atentado terrorista perpetrado por el ELN en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, en Bogotá, que dejó 21 víctimas mortales, el gobierno Duque suspendió los diálogos de paz con ese grupo armado y reactivó las circulares rojas de Interpol contra sus cabecillas.

En medio de este panorama, Pesquisa Javeriana habló con Martha Lucía Márquez, doctora en Ciencias Sociales y directora del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la política exterior del presidente Iván Duque en estos cinco meses de gobierno. Dos temas sobresalen en esta conversación: la lentitud en la aplicación de lo acordado en La Habana con las FARC y el aislamiento internacional de Venezuela, el cual, en su opinión, no garantizará la transición democrática del vecino país.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo analiza los casi 150 días en materia de política exterior en el gobierno Duque?

Martha Lucía Márquez: La política exterior está fuertemente vinculada a la política interna, como también lo estuvo en el gobierno Santos donde, junto con la diplomacia, fueron catalizadores del proceso de paz. En esa medida, ya que en el gobierno de Iván Duque se ve una intención de ralentizar los acuerdos de paz, por ejemplo, con el nombramiento de personas que no estaban en sintonía con el proceso, no es extraño que el Gobierno asuma una posición de política exterior acorde con esa situación. Esto puede verse en la actitud del gobierno colombiano frente a Venezuela, pues en la medida en que ya no lo requiere como garante del proceso de paz, se han roto los canales de comunicación; de hecho, el gobierno de Venezuela se ha quejado de que la Cancillería colombiana no contesta las notas ni las invitaciones al diálogo.

Cuando se habla de política exterior se dice que uno de los determinantes es lo doméstico. En esa medida, si antes había un gobierno que quería apostarle al proceso de paz y sacarlo adelante, pues diseñó una política exterior para facilitarlo y eso fue lo que le permitió conseguir un equipo de garantes y gente que apoyara el diálogo; sin embargo, en un escenario nuevo en el que se apuesta a frenar algunos puntos del acuerdo de paz, particularmente lo que tiene que ver con el primer punto —el más importante—, la Reforma Rural Integral, entonces la política exterior es consistente con eso, es decir, no necesitamos ya a los vecinos.

Mi afirmación sobre la intención del gobierno de ralentizar o frenar algunos puntos de la implementación deriva del trabajo de campo que hemos hecho en el Instituto Pensar en Norte de Santander y Arauca. Allí encontramos que, aunque en las zonas priorizadas se hicieron los talleres con la comunidad para definir sus necesidades y se elaboraron los Planes de Acción Para la Transformación Regional, no se ha destinado recursos para ello y, en algunos casos, no se han nombrado a las autoridades encargadas de seguir con el proceso.


PJ: Pero el Presidente tiene un compromiso con la comunidad internacional para cumplir estos acuerdos …

MLM: Sí. El presidente Duque en todos los escenarios, y particularmente cuando se dirigió a la ONU, manifestó su interés y su compromiso con la paz. En términos discursivos se mantiene este compromiso, pero en cuanto a ejecución real no lo hay y esto fundamentalmente tiene que ver con quienes ha nombrado en algunos cargos. Frente a la comunidad internacional está el discurso del apoyo, pero lo digo claramente: hacer trizas el acuerdo de paz es no implementándolo porque no se destinan recursos ni se nombra gente comprometida con el proceso.


PJ: Otro de  los puntos de la política exterior de este gobierno es el tema de Venezuela. El Grupo de Lima, Estados Unidos y la Unión Europea han desconocido el nuevo mandato de Nicolás Maduro. ¿Este cerco diplomático lo va a hacer convocar a unas elecciones?

MLM: Lo que todos esperamos que ocurra en Venezuela es una transición a la democracia, es decir, el paso de un gobierno autoritario —algunos lo llaman ‘dictadura’— a un gobierno democrático. Transiciones de este tipo se produjeron en América Latina entre los años 80 y 90, así como en el siglo XXI en Túnez, Egipto y otros, lo que se conoció como la Primavera Árabe. Esos casos históricos muestran que, y particularmente en nuestra región, el aislamiento internacional favoreció a que se diera la transición.

Hoy en día quienes trabajan ese tema encuentran que por unos cambios que se han producido en el sistema internacional, por ejemplo, hacia la multipolaridad, y el hecho de que haya potencias como China y Rusia con gobiernos autoritarios, ocasionan que el cerco internacional a un país autoritario no sea completo. A esto se suma incluso que países que antes eran los defensores de los derechos humanos, como Estados Unidos, parecen no comulgar ahora con los valores liberales, como se puede ver en la administración Trump.

Aunque a nivel regional Venezuela está aislada, y también lo está el mundo occidental liberal, ese aislamiento no es total y no va a conducir a la transición a la democracia porque hay dos cuestiones que explican la permanencia de ese gobierno. Por un lado, la cooptación de los actores políticos y sociales, específicamente de los militares, porque a ellos se les dieron grandes negocios como los de la repartición de comida y se les ha hecho considerables aumentos salariales, y los sectores populares a través de la repartición de comida. Por eso uno ve en las recientes declaraciones de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, invitando a los militares a que abandonen el soporte que le dan a Maduro. Para ello les están prometiendo amnistías.

El otro soporte del régimen es la represión, que en principio parecía de baja intensidad, pero cada vez se vuelve más violenta, como la de los años 80. Y es que a la gente la detienen, la meten a la cárcel, la torturan y sus procesos judiciales son amañados.

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Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana, es doctora en Historia y en Ciencias Sociales. / Cortesía, archivo particular


PJ: Sin embargo, aún los aliados internacionales se mantienen: Rusia, China, India, Irán, Bolivia, Cuba, entre otros. ¿Realmente Maduro se está quedando solo?

MLM: Venezuela tiene el apoyo de China y Rusia, dos gobiernos autoritarios, y ese apoyo es importante porque disuade a EE.UU. de una intervención abierta, un golpe. Este contexto es distinto a aquel en el que se produjeron las transiciones a la democracia en los años 80 y 90, cuando, después de la caída del muro de Berlín y de la división de la Unión Soviética, el mundo era unipolar, es decir, que Estados Unidos se convirtió en el hegemón y sostenía un discurso de libre mercado y de libertades políticas. Sin embargo, hoy en día lo que uno ve es que el mundo es multipolar y que hay otras potencias como Rusia, China, Turquía e Irán que hacen presencia en América Latina a través de créditos y de compra de empresas. Estos países mantendrán las relaciones con Venezuela, por eso es importante que la situación se entienda dentro del contexto internacional.


PJ: De acuerdo con ACNUR, Colombia alberga el mayor número de refugiados y migrantes provenientes de Venezuela: más de un millón que, para finales del 2019, se estima que lleguen a 2,3 millones de personas. ¿Qué debería hacer este gobierno para seguir afrontando esta crisis?

MLM: Es importante tener en mente tres momentos de la migración: el primero se produjo en 2001, tras un golpe de dos días a raíz del cual Chávez tomó posiciones mucho más radicales con los medios de comunicación y frente al control de la empresa petrolera PDVSA expulsando a muchos directivos; a esto se sumó una especie de ley de reforma agraria, conocida como Ley de Tierras, que condujo a una salida de gente vinculada al sector petrolero. Esa fue la primera ola de gente con mucho dinero que llegó a Colombia y creó empresas como Farmatodo o Pacific Rubiales.

La segunda ola comenzó en 2015 cuando el gobierno de Maduro se inventó una supuesta amenaza en Colombia, de grupos paramilitares que hacían presencia en la frontera. Con este pretexto llevó a cabo una expulsión masiva de cerca de 1.500 colombo-venezolanos; hoy Migración Colombia calcula en 300.000 personas los colombianos o hijos de colombianos retornados, con derecho a la nacionalidad y que vienen en muy malas condiciones. De hecho, el CONPES 3950 dice que un alto porcentaje de esas personas necesitan Sisbén. La tercera ola se produce cuando se profundiza la crisis económica y humanitaria en Venezuela —muy seguida de la anterior—, y para estos dos casos el gobierno colombiano respondió con la Unidad de Gestión del Riesgo, es decir, como si esto fuera una emergencia o un desastre natural. Lo que se hizo inicialmente fue instalar campamentos para la gente, campañas de cedulación y luego se expidió la Tarjeta de Movilidad fronteriza.

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Alrededor de 300.000 colombianos y sus hijos retornaron en 2015 desde Venezuela, en una segunda ola de migración. / Archivo ‘El Espectador’

Mi hipótesis es que el anterior gobierno, al estar enfocado en la cuestión de la paz y porque trató de cambiar el perfil internacional de Colombia quitándonos la imagen de ‘país problema’, no visibilizó la magnitud de la crisis migratoria. También puede pensarse que hizo esto para no entrar en conflicto con el gobierno de Venezuela, pues todavía pensaba que necesitaría a ese país para construir de la paz.

En noviembre de 2018 se expidió el Conpes 3950, orientado a atender la situación de la población venezolana a mediano plazo. Es un plan 2019 – 2021 para el cual el gobierno sabe que tiene que destinar 12 billones de pesos. Lo que pretende es tomar medidas más sostenibles orientadas, por ejemplo, a formalizar a los trabajadores venezolanos con medidas como la convalidación de títulos para que puedan conseguir trabajo y aporten al servicio de salud y pensión. También se incluye la cobertura en salud y en educación. En conclusión, el gobierno parece tener claro lo que debe hacer con esa población.


PJ: ¿ Qué debe hacerse desde la ciudadanía?

MLM: Lo que debemos hacer, y que hemos venido también haciendo desde la Javeriana, es promover una mirada desde un enfoque de derechos humanos y desde la hospitalidad, que conjure cualquier brote xenófobo. Por ejemplo, la Vicerrectoría del Medio, el Centro Ático, el Instituto Pensar y la Facultad de Ingeniería organizamos en octubre pasado una hackaton para resolver problemas de los migrantes en el Terminal de Transporte; también el Hospital Universitario San Ignacio hizo campañas de salud con venezolanos. Seguramente, si otras universidades que cuentan con hospitales universitarios lo puedan hacer, desde la Javeriana podríamos organizar una semana de hermandad colombo-venezolana porque es mucho lo que compartimos. Eso nos acerca al otro. A estas iniciativas particulares debiera sumarse una campaña por parte del gobierno.


PJ: En su análisis del Cinep sobre la política exterior en los 100 primeros días del gobierno Duque, usted asegura que Colombia retorna su mirada hacia el norte. ¿Qué implicaciones tiene ese retorno?

MLM: Esa mirada es consistente con el alejamiento de la región, particularmente de los gobiernos de izquierda: Bolivia, Nicaragua y Venezuela, por supuesto. También es clave porque le quita autonomía a la política exterior y doméstica y se vincula con un aliado que no es fiable en este momento. ¿Qué va hacer el presidente Trump? No se sabe, además Colombia se vincula a EE.UU. justamente cuando este país se ha alejado de América Latina, contrariamente a lo que hizo la administración Obama. Mirar al norte es alejarse de la región, asociarse a un socio que no es tan fiable y que, más bien, se está mirando a sí mismo.


PJ: Por último, ¿qué  puede pasar con las negociaciones con el ELN en Cuba?

MLM: Un hecho es que se suspenden, aunque no creo que hubiera una intención de negociar. Las decisiones que ha tomado el gobierno vuelven aún más costoso reanudar el diálogo, y es que efectivamente  la implementación de los acuerdos se ha parado, de manera que quién va a negociar con un gobierno que al final no cumple lo que había prometido el anterior. Ahora se viene una situación bastante complicada.

 


* Esta entrevista fue editada por brevedad y claridad.

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Durante varios años, la educación pública en general estuvo en una especie de letargo. Las escuelas estaban estructuradas de forma vertical y jerárquica: arriba estaban las directivas y los profesores, y abajo los estudiantes. La evaluación era la herramienta esencial para medir el conocimiento y, claro, el conocimiento se estimulaba por medio de la memorización, las planas, la repetición y las tareas. Esa era la ‘cultura’: el profesor decía, los estudiantes hacían; el profesor mandaba, los estudiantes cumplían; el profesor evaluaba, los estudiantes pasaban el año o perdían. Simple. Pero la sociedad evoluciona, las políticas cambian y los actores educativos buscan hoy escenarios para hablar de una educación dirigida a niños de cero a seis años que promueva el desarrollo integral, cuya responsabilidad es del Estado, de la familia y de la sociedad.

Hitos como la Política de Estado para el Desarrollo Integral de la Primera Infancia de Cero a Siempre (2016), la Ley General de Educación (1994) y la propia Constitución Política de Colombia (1991), así como compromisos internacionales del país como, por ejemplo, la Convención sobre los Derechos del Niño (1991), han promovido formas de pensar y actuar que construyen programas y proyectos novedosos y pertinentes. En las escuelas oficiales se empiezan a ver niños de dos y tres años jugando, dibujando y cantando en los salones, y a sus profesoras leyendo en voz alta y jugando con ellos.

“Y así comienza esta historia” –sonríe Marina Camargo, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana–, la historia de la investigación titulada “Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia”. Ella y Alba Lucy Guerrero, profesora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, lideraron un grupo de investigadores para realizar un trabajo etnográfico durante seis meses en 2015. Visitando escuelas de Bogotá todas las semanas, organizaron grupos focales con las maestras y entrevistas con padres de familia, pero, ante todo, observaron. A partir de la información recolectada sobre saberes y prácticas que tenían lugar en la cotidianidad, analizaron cómo era posible incluir a niños y niñas tan pequeños en actividades en las que el juego era una herramienta esencial. Desde la perspectiva de las maestras, y con el conocimiento, la experiencia y la voz de los investigadores, encontraron formas diversas de construir un ‘nuevo orden’ en la escuela.

“Estas maestras, no formadas específicamente en educación inicial, se comprometen voluntariamente con el proyecto y transitan por las nuevas concepciones y acciones que se delinean en el momento actual para la primera infancia, generando rupturas, cuestionamientos y tensiones entre los profesores, con las instituciones y con las familias”, explica la profesora Guerrero, quien actualmente dirige el grupo de investigación Infancias, Cultura y Educación, en la Javeriana. “Los profesores acogen la idea de esa nueva pedagogía en la que el juego, las expresiones artísticas, la literatura y la exploración de los entornos sean ejes de la actividad que realizan. Después de escuchar las palabras de los maestros de siete colegios, queríamos evidenciar cómo habían generado nuevas dinámicas, muchas veces de resistencia, frente a dimensiones de la cultura escolar aún ancladas en el pasado”, continúa.

El análisis de la información muestra cómo la educación inicial encuentra caminos para desarrollarse en la institución educativa, venciendo obstáculos y potenciando relaciones y procesos. Una cultura escolar distinta empieza a asomarse en estos espacios formales. No se trata solamente de enseñar, sino también de socializar y fomentar una cultura pedagógica diferente, basada en la creatividad y en las necesidades y los intereses de los niños.

En ese sentido, Guerrero y Camargo hablan de la agencia de las profesoras de primera infancia para negociar, responder y adaptarse a los contextos de reformas políticas y cambios de las prácticas en educación. Para ellas, la agencia es ese paso que cruza la línea entre la pasividad y el deseo de actuar, para crear transformaciones culturales.

“Las profesoras en primera infancia han tenido que lucharla”, agrega Camargo, “les ha tocado generar nuevas dinámicas; decirles a los rectores lo que necesitan para usar adecuadamente la ludoteca; crear actividades comprometidas con la vida de los niños; movilizar la participación; superar las limitaciones que imponen los espacios precarios; romper las disposiciones creadas por visiones jerárquicas y dominantes del mundo; pensar que los niños son constructores activos de su propio desarrollo, de su subjetividad, de sus discursos; caminar siempre al ritmo variable, heterogéneo, flexible y particular de los niños; lograr que otros maestros sepan de las prácticas de quienes trabajan en educación inicial y las reconozcan en su sentido educativo y pedagógico”.

Al respecto, Guerrero complementa: “Esta investigación nos permitió mirar la cotidianidad de estas maestras y entender sus prácticas desde sus perspectivas: desde sus agencias. Esto retaba nuestras concepciones y movía nuestro lugar de conocimiento, porque, al final, el conocimiento lo construíamos también con ellas. Entendimos que la educación en primera infancia se renueva a través de la agencia de los profesores y del reconocimiento de los niños como actores sociales capaces de participar en el desarrollo de sus vidas. Ahora, no podemos decir que esto sea igual en todas las maestras o instituciones educativas, sin embargo, sí podemos decir que encontrar a estas maestras es hacer visibles unas situaciones de lucha y tensiones que existen y que, a lo mejor, pueden existir en otros contextos, en mayor o menor medida”.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia. Sistematización de experiencias significativas
INVESTIGADORAS: Alba Lucy Guerrero y Marina Camargo
Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana
Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde)
Secretaría de Educación del Distrito (SED)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016

Una fe que salva al planeta

Una fe que salva al planeta

Salute, a la votre, cheers”, “Bottom’s up” o “¡Salud!” suelen ser expresiones que, junto a un brindis, acompañan reuniones o eventos sociales. Como costumbre, alrededor del mundo, millones de personas se encuentran para celebrar, según sus culturas y religiones, festividades como cumpleaños, navidades, Semana Santa, rituales en comunidades indígenas y otros particulares como el Hanukkah de los judíos, quienes conmemoran la edificación del segundo templo en Jerusalén; el Ramadán para los musulmanes, que es el noveno mes del año y durante él ayunan desde el alba a la puesta del sol; o el Ratha Yatra de los hare krishna, en el cual adoran a su dios Yáganat.

Estos momentos van acompañados por alimentos, cada uno según su gastronomía. En Colombia, por ejemplo, un plato para la cena de año nuevo es un lomo de res sobre leña. La receta es sencilla: tres libras de lomo, semillas de soja, cinco cucharadas de vino blanco, aceite de palma y troncos de madera. Suena delicioso, ¿no? Pero, tal vez lo que no sabemos es que esta combinación tiene los elementos necesarios para aportar una alta cuota al índice de deforestación de los bosques tropicales en el mundo.

El crecimiento de la infraestructura global, el gasto energético con los millones de bombillos encendidos durante las festividades, la extracción de madera, las inmensas listas de libros y cuadernos en temporada escolar o los troncos con los que encendió la fogata de la cena, y los cultivos ilícitos junto a la ganadería extensiva son las principales causas de que el 17,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero provengan de la degradación de los bosques tropicales.

Debido a esta grave situación, surgió la Iniciativa Interreligiosa de Bosques Tropicales el 19 de junio de 2017 en Oslo, Noruega, una alianza internacional y multirreligiosa, liderada por la Organización de las Naciones Unidas, con el propósito de convocar a los principales líderes de tradiciones religiosas, pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas, científicos y ONG para comprometerse a defender el planeta y poner fin a la deforestación.


Un pacto entre creencia y medio ambiente

Si bien es cierto que los bosques tropicales benefician a la humanidad porque protegen las cuencas hidrográficas, contribuyen al equilibrio del oxígeno, del dióxido de carbono y de humedad en el aire, y son el hogar de 1.600 millones de personas en el planeta, no se debe desconocer una cifra alarmante: cerca de 40 campos de fútbol de bosques desaparecen cada minuto en el mundo.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, de la cobertura total de bosques del país (58’633.631 hectáreas), 26,10 millones están en territorios nacionales de comunidades indígenas (koguis, emberas y ticunas, por mencionar algunas) y 4,24 millones en territorios de comunidades afrocolombianas. Esto llama fuertemente la atención ya que la responsabilidad del Gobierno no solo implica velar por los derechos de la ‘madre tierra’ sino también los derechos de quienes la habitan.

Por eso, a finales de 2018, la Pontificia Universidad Javeriana fue la casa del primer encuentro interreligioso entre representantes de la iglesia presbiteriana, anglicana, católica, evangélica y la ortodoxa griega, los pueblos indígenas de la Amazonía, líderes del islam, comunidades negras, afrodescendientes y raizales, y líderes hare krishna en Colombia.

¿Su propósito? Detener el impacto medioambiental a través de un llamado social a la moral y la espiritualidad, entendiendo la fe como motor para aunar esfuerzos y ponerle fin a la deforestación tropical, teniendo en cuenta que “Colombia, Perú, Brasil, República Democrática del Congo e Indonesia conforman el 70% de los bosques tropicales en el mundo”, según Juan Bello, jefe de la oficina ONU Medio Ambiente.

De esta jornada resultaron varios compromisos: fomentar modelos económicos que superen el extractivismo y la industrialización a partir de la visión indígena del buen vivir con la tierra, respetar la autonomía de los pueblos indígenas en la administración de sus territorios ancestrales, exigir la erradicación de las fumigaciones y convocar a las comunidades de fe para que participen y asuman su rol como gestores del cuidado del medio ambiente.

También surgieron llamados de atención al Gobierno nacional respecto a la construcción de políticas públicas que garanticen la conservación de los bosques tropicales y sus pobladores. “Creemos que hay que hacer una incidencia política para que podamos llevar, desde nuestras comunidades de fe, información sobre cómo cuidar el planeta a todos los rincones del país”, dijo Francisco Duque Gómez, presidente del Consejo Interreligioso en Colombia.

Cabe recordar lo mencionado por el papa Francisco en la encíclica  Laudato Si: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”; al referirse al medio ambiente, lamentablemente añade: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.


El problema y el reto

Imagine que se embarca en una expedición a través de la Amazonía colombiana. Seguramente se encontrará entre inmensos bosques, tupidos por árboles y arbustos de unos cinco metros de altura o más, y lo primero que verá serán perezosos meciéndose sobre ramas, anguilas eléctricas por sus ríos, descargando cerca de 600 voltios al contacto con otras especies y un salvaje pero intrigante caimán negro. Sin embargo, esta escena puede no ser la misma de seguir escuchando noticias como que en 2017 la Amazonía peruana perdió cerca de 143.000 hectáreas o lo equivalente a 200.000 campos de fútbol a causa de la deforestación. Un tema serio.

Esto llama la atención sobre los graves efectos de este problema medioambiental. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la destrucción del hábitat y las especies que lo ocupan, el calentamiento global y los gases de efecto invernadero con la tala de árboles que evitan el proceso natural de respiración y la absorción del CO2 de la atmósfera, la erosión del suelo y el aumento de inundaciones serían solo la punta de un iceberg capaz de terminar con la biodiversidad y las condiciones de hábitat de la humanidad, tal y como la conocemos.

Por eso, organizaciones nacionales e internacionales han tomado medidas para controlar estas consecuencias. Por ejemplo, el Gobierno expidió la Política Nacional de Gestión Integral de la Biodiversidad (2012) con la cual establece acciones para balancear los intereses de la sociedad frente a la biodiversidad y el mantenimiento de sus servicios; el Acuerdo Climático de París, gestionado durante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y recientemente, el fallo dictado por la Corte Suprema de Justicia que reconoce al Amazonas como sujeto con derechos.

De esta forma, Colombia, además de ser el segundo país con mayor biodiversidad del planeta o el primero en conservar la mayor variedad de aves y orquídeas, también es el hogar de comunidades indígenas, ancestrales, religiosas, afrodescendientes, entre otras. Que, aunque diferentes entre sí, conservan una misma intención, una misma responsabilidad. Cuidar su casa común, el planeta.

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Col David Suárez

La negociación del salario mínimo entre el gobierno, los gremios y los sindicatos es una ceremonia que nos recuerda cada diciembre a Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno de lo igual: las partes llegan a la mesa con propuestas para el aumento que difieren considerablemente; luego, el gobierno presenta un balance de la economía y revela los cálculos de productividad e inflación en aras de acercar las expectativas, para, al final, dar paso a las discusiones que desembocan la mayoría de las veces en un desenlace conocido, con mayores o menores variaciones en su desarrollo: el fracaso de la negociación y la determinación del salario mínimo por decreto (algunas veces, sin embargo, las partes llegan a un acuerdo, como el que anunció el presidente Duque en días pasados: en los últimos 18 años, ese consenso se alcanzó solamente en seis ocasiones).

Para dificultar aún más el ya complicado asunto, el gobierno actual logró la aprobación en el Congreso de una nueva reforma tributaria que tiene como núcleo la reducción de impuestos a las empresas: se reduce la tarifa del impuesto corporativo y se marchita la renta presuntiva en los próximos años; se permite el descuento por pagos de IVA en bienes de capital sobre el impuesto de renta; se establece un régimen especial de tributación para grandes proyectos (mega inversiones) a expensas de revivir el instrumento de dos caras que son los contratos de estabilidad tributaria; y se establecen beneficios tributarios considerables para sectores específicos sin mayor justificación, a partir de la idea curiosa pero difusa (ahí está su peligro) de la economía naranja.

Esta reforma nunca se presentó de forma clara, y en medio del frenesí del gobierno para buscar el financiamiento de su primera lista de compras, cambió radicalmente en los últimos cuatro meses y dio para todo: en su primera versión, la ley buscaba compensar los recursos que dejan de pagar las empresas aumentando lo que pagaba la clase media en IVA, lo que de inmediato generó preocupaciones sobre su impacto en los salarios y dejó como estela iniciativas que se tramitan en el Congreso para facultar aumentos extraordinarios del salario mínimo desde el ejecutivo y primas focalizadas en los trabajadores de más bajos ingresos, que desconocen las dinámicas del mercado laboral de nuestro país y que se administrarán (de ser aprobadas) a través de un sector financiero que hace esfuerzos por acercarse a la población pero es visto con recelo por gran parte de ella.

Aunque es un hecho que las empresas en Colombia pagan en impuestos una proporción mayor con relación a los estándares internacionales, y que los niveles de informalidad rampante pasan constante factura a las dinámicas del mercado laboral, en Colombia la competencia tributaria desatinada se mezcla con el sistemático error de utilizar la productividad total de los factores en vez de la productividad media del trabajo cuando se calcula el alza del mínimo (lo que explica en gran medida las diferencias entre las propuestas de gremios y sindicalistas), deprimiendo la demanda agregada y concentrando cada vez más la carga tributaria en los trabajadores y sus salarios en favor de los rendimientos del capital y de ganancias poco estructurales y relativamente exiguas en competitividad, crecimiento económico o mejoras en los indicadores de desigualdad.

La búsqueda de la competitividad no pasa solo por ser un destino con tarifas tributarias atractivas o mano de obra barata, y el gobierno aparentemente lo sabe: el lema de la administración del nuevo presidente durante su campaña era “menos gasto público, menos impuestos, más salarios”. Más allá de este lema, el resultado de la negociación es favorable como ejemplo de consenso, pero puede ser una oportunidad perdida para que se consigan aumentos importantes que repercutan en el bienestar del trabajador y se redistribuya un poco el beneficio dado a la población de más ingresos entre los miembros de la sociedad que, de una u otra forma, hacen posible su riqueza.

La protección al trabajador, y más ante las incertidumbres de los tiempos en que vivimos, debe ser una de las prioridades de toda sociedad que se precie de ser justa, y en ese sentido el salario mínimo se vuelve una de las premisas de lo que se conoce como “trabajo decente”. Más allá de los efectos que este popurrí fiscal tuvo en la negociación, el tema merece un análisis más reposado y de más contenido: ¿qué pasa con los contratos temporales, que no se rigen por el Código de Trabajo y se pueden firmar por valores inferiores al mínimo? ¿La determinación del salario responde solamente a la productividad del trabajador? ¿Qué pasará cuando la subsistencia dependa cada vez menos del trabajo, como resultado del desempleo tecnológico? ¿Es el salario mínimo la única herramienta para garantizar un piso digno de ingresos?


Coletilla.
Más allá de los métodos para calcular los ajustes, que parten del supuesto discutible pero operativo de la función tipo Cobb-Douglas, preocupan los resultados obtenidos: el ajuste del salario mínimo real teórico no alcanza a ser ni del 2%.

 


*Economista, docente y asesor tributario del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

Un aceite ‘soyado’

Un aceite ‘soyado’

Adivina, adivinador: ¿cuál es el nutriente más escaso en el organismo humano? De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos de Estados Unidos, citada en el libro La revolución de las grasas, el 95 % de la población urbana obtiene menos de la dosis diaria recomendada de un ácido graso esencial, el cual, según la agencia estadounidense de Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés), hace parte de los casi 50 nutrientes fundamentales para la salud, a saber: luz, oxígeno, agua, 20 minerales, 13 vitaminas, proteínas (ocho aminoácidos en adultos, 10 en niños), carbohidratos, omega 6 y omega 3, que resulta ser el más escaso.

Como señala el libro, “los ácidos grasos esenciales son fundamentales para muchos procesos metabólicos y funciones vitales del cerebro, el corazón, el sistema inmunológico, además de la producción de hormonas, grasas cerebrales y prostaglandinas”, que son sustancias lipídicas con efectos similares a las hormonas. La deficiencia particular de ácido alfalinolénico —conocido como omega 3 y presente, principalmente, en linaza, chía, pescados de aguas profundas, mariscos, frutos secos y aguacate— genera, entre otros problemas, retraso de crecimiento y aprendizaje, mala coordinación motriz, debilidad, alteración comportamental, defensas bajas, adormecimiento de extremidades, sequedad de la piel, bajo ritmo metabólico y niveles altos de triglicéridos. De ahí que su consumo sea tan apremiante, particularmente durante la infancia y la adolescencia.

Sin embargo, Colombia es la nación del continente americano con menor ingesta de ácidos grasos poliinsaturados —a los que pertenece el omega 3— como fuente de la energía total que necesita el organismo. Esta situación fue el motivo para desarrollar un proyecto sobre el tema, en aras de identificar qué podría contribuir a subsanar esta deficiencia. Las nutricionistas Mercedes Mora-Plazas y Luz Nayibe Vargas, junto con otros investigadores, llevaron a cabo un estudio —liderado por Eduardo Villamor, de la Universidad de Michigan— con aceite de soya y de girasol, tras haber determinado, en una investigación previa, que estos dos eran los más usados en la cocción de alimentos por familias de los estratos bajo y medio en Bogotá.

Su objetivo era evaluar el efecto de los aceites de soya y girasol sobre los niveles de omega 3 en la sangre de niños entre 11 y 18 años. Para el estudio, seleccionaron 60 familias (todas con un solo hijo), y a cada una se le entregó uno u otro aceite, de forma aleatoria y sin que supiera qué tipo estaba recibiendo. “En la primera visita preguntamos qué habían consumido en las últimas 24 horas, obtuvimos datos antropométricos y tomamos una muestra de sangre a los niños para medir sus niveles lipídicos. Adicionalmente, se determinó la cantidad de aceite que cada hogar venía utilizando”, explica Mora-Plazas.

Al cabo de un seguimiento de cuatro semanas, “los resultados mostraron un aumento modesto pero significativo de omega 3 en pruebas sanguíneas realizadas a los menores”, añade. La investigación, publicada en 2015 en la revista Public Health Nutrition, concluye que “la concentración de ácido alfalinolénico en la sangre aumentó 0,05 puntos porcentuales del total de ácidos grasos séricos, mientras que el aceite de girasol lo decreció en 0,12 puntos porcentuales”.

Para el pediatra Germán Silva, especialista en medicina interna pediátrica y nutrición, “el aumento que sugiere este estudio no es muy significativo, porque solo entre el 15% y el 25% de ácido alfalinolénico se convierte en ácidos grasos poliinsaturados, lo que sugiere que el incremento no es de 0,05 puntos porcentuales sino, máximo, de 0,01 punto porcentual”. Para que los resultados sean contundentes, dice, habría que ampliar el estudio en tiempo y cobertura poblacional, y realizarlo en comunidades distintas.

Por su parte, Sacha Barrio Healey, autor del libro La revolución de las grasas, considera que los aceites comerciales pasan por unos procesos de extracción y refinamiento a altas temperaturas que los “desnaturalizan por completo, destruyen sus enzimas y […] retiran sus minerales y vitaminas. El resultado final es un aceite muerto, insaboro e inodoro, sin ningún poder nutritivo, al que la industria tiene que ponerle antioxidantes artificiales para que no se vuelva rancio”.

En ese sentido, los mejores aceites son los prensados en frío, y la mejor forma de obtener omega 3 es comiendo directamente los alimentos ricos en este nutriente, algo en lo que concuerdan Mora-Plazas y Vargas.

En Colombia, la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional de 2015 indica que, aunque la ingesta de grasas está dentro del rango adecuado, la relación de omega 3, 6 y 9 no es equilibrada, pues es muy alta en omega 6 y grasas saturadas, pero muy baja en omega 3. De acuerdo con la nutricionista Claudia Angarita, la relación de omega 6 y 3 debe ser de 5:1, pero en nuestro país es de 20:1, y eso está ligado directamente con las enfermedades crónicas que ocupan los primeros puestos de morbilidad.

Adicionalmente, según Angarita, el exceso de omega 6 puede bajar los niveles de omega 3, de ahí que, si se van a consumir aceites vegetales, lo fundamental es hacerlo con moderación, y evitar su reutilización y humeo. “Aunque el incremento que demuestra el estudio es poco, puede mejorar la situación nutricional y de salud de los niños y de la población en general”, continúa, y sugiere consumir cerca de 60 gramos de alimentos ricos en grasas esenciales al día.

Para Mora-Plazas y Vargas, es importante continuar con esta línea de investigación para fomentar el desarrollo de políticas públicas de nutrición infantil. De hecho, este estudio en cuestión se sustenta en un gran proyecto titulado “Estudio de cohorte de niños escolares de Bogotá”, que iniciaron las universidades de Harvard y Nacional de Colombia —posteriormente, se sumaría la de Michigan—, y la Secretaría de Educación de Bogotá. El estudio acogió una cohorte de 3.202 niños de 5 a 12 años de colegios públicos de estratos 1, 2 y 3, para medir y evaluar diferentes aspectos de nutrición y salud por medio de análisis de sangre, medición de peso y talla, recolección de datos antropométricos y encuestas sociodemográfica, de consumo y de actividad física, entre otros instrumentos, y como resultado se han escrito hasta la fecha 37 artículos científicos, publicados en revistas indexadas.


Para leer más:

  • Villamor, E., Marín, C., Mora-Plazas, M., Casale, M. Vargas, L. N., y Baylin, A. Cooking with soyabean oil increases whole-blood α-linolenic acid in school-aged children: results from a randomized trial. Public Health Nutrition, 18 (18), 2015, pp. 3420-3428
  • The Bogotá School Children Cohort. School of Public Healt. University of Minesotta. (Portal web)
  • Enlace externo.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Cooking with soyabean oil increases whole-blood α-linolenic acid in school-aged children: results from a randomized trial
INVESTIGADORAS: Mercedes Mora-Plazas, Luz Nayibe Vargas y otros
Facultad de Ciencias
Departamento de Nutrición y Bioquímica
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2015

El cuidado: clave para la salud mental

El cuidado: clave para la salud mental

Cuidar. Cuidar nace del alma. Cuidamos y necesitamos que nos cuiden. Ese verbo tan común es definido por la psicóloga e investigadora Cecilia de Santacruz como una función humana, tanto para hombres como para mujeres, que está presente en cualquier ámbito de nuestras vidas y en todo momento. No necesitamos tener a alguien enfermo para ejercer esta función. Cuidamos todo el día… cuando cruzamos la calle, cuando salimos de paseo, cuando estamos en una reunión de trabajo, cuando cocinamos o hacemos deporte.

Es un concepto en el que el respeto por el otro, la conciencia sobre la importancia de cuidarlo y la de cuidarnos son la clave. Es construir la salud mental del ciudadano desde que somos niños. Para que de adultos entendamos la palabra ‘cuidar’.

Y a partir de ese verbo tan sencillo, un programa que ejecutó la Pontificia Universidad Javeriana con el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI), apoyado por Colciencias, dio lugar a 46 proyectos de investigación enmarcados en la atención primaria en salud mental (APS), buscando reducir el impacto de los trastornos mentales en quienes los sufren ―los pacientes, su familia, el entorno cercano y la sociedad que con frecuencia los estigmatiza y excluye―, pero también para promocionar la salud mental en su sentido más llano.

“Para nosotros, los problemas de la salud mental no son las enfermedades”, afirma, categórica, la profesora Santacruz, quien actuó como gerente del gran proyecto, “las enfermedades son los trastornos mentales. Los problemas de salud mental son las relaciones que no son cuidadosas, que son de explotación, violentas, que no facilitan las condiciones de vida para todos. Esos son los problemas de salud mental”.

Con esa mirada, y muchos años de experiencia investigando, se reunieron psiquiatras, psicólogos, geriatras, pedagogos y comunicadores, entre otros profesionales, para definir diferentes estrategias de actuación que abarcaran todo el campo de la salud mental, concebido en su definición más amplia, que incluye la salud, los problemas, los trastornos, las resistencias y las acomodaciones, todo ello resumido en cinco áreas de trabajo (ver infografía).

/ Camila Mejía Valencia.
/ Camila Mejía Valencia.


Desde lo preconcebido hasta lo novedoso

Tanto para las personas de la tercera edad, aquellas con alguna discapacidad, las que padecen un trastorno mental o bien aquellas que experimentan un sufrimiento provocado por un accidente de trabajo, los investigadores diseñaron intervenciones y herramientas clínicas, algunas a partir de sofisticadas técnicas ―clínicas, neurocognoscitivas y genéticas―, pero que se pueden utilizar en cualquier nivel de atención del sistema de salud. En esta línea, han avanzado en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de las demencias, como es el caso de la enfermedad de Alzhéimer, el trastorno afectivo bipolar, las secuelas neuropsiquiátricas del trauma craneoencefálico o la demencia frontotemporal.

También estructuraron o evaluaron modalidades de intervención, entre ellas, atención domiciliaria de psicogeriatría, modelo de apoyo a personas de la tercera edad que viven solas, y contemplaron dentro de sus estudios los comportamientos de conductores de automóviles y motocicletas, relacionados con el consumo de alcohol.

Con la misma dedicación trabajaron junto a quienes están al lado de las personas con trastornos mentales: los cuidadores. Porque con esta categoría el espectro se amplía a 360 grados, ya que generalmente se trata de los miembros de la familia, casi siempre una mujer, y lo que se busca es que se conformen ‘redes de apoyo’ entre vecinos, amigos o compañeros de trabajo, el personal de salud. El mensaje del programa, casi su lema, ha sido hacer un esfuerzo por modificar la concepción de cuidado, para que no se entienda como una sobrecarga asociada con el papel femenino, pues de ese modo quienes cuidan, a su vez, se enferman psicológica y físicamente.

Para estos cuidadores, los diferentes estudios recopilaron información sobre los recursos legales, de salud y de conocimiento que pueden facilitar su tarea. Esa información forma parte de un conjunto de talleres que los investigadores han diseñado bajo la modalidad ‘intervenir investigando’, en la que ‘todos ponen’ ―como en la pirinola― de una manera muy horizontal y democrática, tanto talleristas como participantes. Estos espacios dieron lugar a un diplomado en Cuidado abierto a cualquier persona porque aborda el ‘cuidado’ desde todas las dimensiones.

También crearon otros programas de formación dirigidos a distintos grupos profesionales, entre ellos un diplomado para docentes y orientadores de las instituciones educativas que dio origen a la Maestría en Salud Mental Escolar, cuya aprobación está en trámite, y un diplomado sobre demencias para profesionales de la salud, todos ellos virtuales. Además, un Doctorado en Neurociencias, que ofrecerá la Facultad de Medicina próximamente, con un planteamiento original centrado en la interacción del cerebro y la conducta con respecto al entorno y al grupo social, vinculando las neurociencias con otras disciplinas, como la filosofía o la teoría de la mente. Con este énfasis, cualquier profesional podrá cursarlo.

/ Diederick Ruka.
/ Diederick Ruka.


Cuando el mensaje llega…

Los investigadores han participado en diferentes actividades de socialización y promoción de esta novedosa manera de asumir la salud mental, a través de programas de radio, blogs, videos, boletines y varios documentos de apoyo, como la “Agenda cuidadores”, o folletos explicativos, como “¿Qué es un accidente de trabajo?”. Además, tienen página en Facebook y un portal en la red, en el que el navegante puede encontrar información sobre salud mental, incluyendo una línea de tiempo que da cuenta de la historia de este campo de estudio en el país, así como el listado de las instituciones en salud mental de todos los departamentos.

Ese concepto de salud mental, reflejado en todos los productos comunicativos que han implementado, hace énfasis en lo ético. Es el resultado de muchos años de trabajo, lo que se demuestra en los contenidos que están centrados en la vida diaria, señala Santacruz, “la vida buena en términos de hacer cosas para que la vida sea mejor para todos”, como por ejemplo, continúa, “el papá que cuida al bebé; no es que esté ayudando; simplemente está ejerciendo la paternidad”. Y eso es un cambio de mentalidad, lo que en últimas busca el programa, el cual, aunque haya terminado su ciclo con Colciencias, continúa en el quehacer diario de los investigadores. Además, es una iniciativa con sello javeriano, por su énfasis en la proyección social: “se trabaja por los otros”.

Claro, todos tienen que ‘poner’. La salud mental requiere que haya cumplimiento de derechos, que haya posibilidades para la vida colectiva, especialmente para quienes han sido maltratados, excluidos o violentados. “Creo que la gente hace muchas cosas, crea, construye, pero también requiere”. Nos tenemos que cuidar. Entre todos.


Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Programa de intervenciones en salud mental orientadas por APS y reducción de la carga de trastornos mentales generadores de mayor cronicidad y discapacidad. Fase 2
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos Cano G., Carlos Gómez R., Diana Lucía Matallana E., Pablo Reyes G., Claudia Irene Giraldo y Martha Inés Solano
GERENTE E INVESTIGADORA: Cecilia Escudero de Santacruz
Unión Temporal Pontificia Universidad Javeriana y Hospital Universitario San Ignacio
Con el apoyo de Colciencias y diferentes instituciones públicas y privadas.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2017

De la creación académica a las industrias creativas

De la creación académica a las industrias creativas

La cruzada ambiciosa del Gobierno nacional para robustecer la economía naranja plantea que las industrias creativas aumenten del 3,4% al 6% su participación en el producto interno bruto (PIB) a través de la producción de cine y televisión, literatura, música, artes visuales, turismo cultural y el desarrollo de software, entre otras formas de generación de contenidos. Estos temas no son ajenos a las universidades, que tenemos mucho que decir y aportar desde distintas perspectivas.

Si bien la Ley 1834 de 2017 y la creación del Consejo Nacional de Economía Naranja constituyen los principales mecanismos para cumplir ese objetivo, se deben sumar otros esfuerzos valiosos que se han adelantado en las universidades y en Colciencias en los últimos años para reconocer en la producción artística y creativa las posibilidades de trascender las fronteras del conocimiento y lograr transformaciones sociales, culturales y, por qué no, en materia económica.

Las universidades, dentro de ese ecosistema creativo, desempeñan funciones fundamentales, ya que fomentan espacios de encuentro entre diferentes actores, forman nuevos talentos, producen de manera reflexiva información sobre el quehacer artístico y la dinámica de la industria, y generan política pública que impacta al sector gracias a la conformación de la Mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, que permitió la inclusión de los productos de creación en estas áreas en el modelo de medición de investigadores y grupos de investigación de Colombia (por solo mencionar un ejemplo).

Además, y no menos significativo, la academia es un lugar privilegiado para la creación experimental que no está ocurriendo en otros contextos en los que, por la presión de la competencia, se corre el riesgo de repetir fórmulas para responder a las exigencias del mercado. Quienes viven de su arte no siempre tienen la posibilidad de explorar con tanta libertad los límites de la creación. Por tal razón, lo que queremos en el país, y promovemos especialmente en la Pontificia Universidad Javeriana, son espacios de experimentación para que los creadores, poco a poco y a su ritmo, alimenten de nuevos contenidos las industrias creativas.

Algunas de esas apuestas las pudimos socializar en la más reciente versión del Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad realizado en 2018. Ocho universidades participantes, cuatro invitados internacionales, decenas de emprendedores creativos y más de 1.300 asistentes dialogamos alrededor de estos retos, compartimos los resultados de creación-investigación de diferentes disciplinas y algunos emprendimientos jóvenes se presentaron ante actores de la industria cultural. Fue una constante conversación desde diferentes expresiones, estilos y perspectivas con inquietudes alrededor de una forma diferente de acercarse a la producción de conocimiento.

Es claro entonces que el tema de las industrias creativas no es nuevo para nuestra universidad, como tampoco lo es para otras entidades académicas del país. Desde hace años hemos participado tanto en el impulso y la dinamización de este sector como en la reflexión sobre sus prácticas. Por eso, además de celebrar que el Gobierno nacional realce su interés en este sector, invitamos a aprovechar este contexto para que la política pública y las acciones gubernamentales se alimenten de lo que ocurre dentro de los salones y talleres universitarios.

Es posible que no sea fácil conciliar la mirada crítica y los tiempos pausados de las universidades con las velocidades de la economía. Sin embargo, no hay que descartar la necesidad de incorporar en esa articulación sectorial a la academia, ya que contamos con una riqueza de contenidos de valor para entrar en diálogo con la industria y así tender puentes entre la creación más experimental y reflexiva, y aquella orientada a públicos y usuarios, como lo hemos hecho en ocasiones anteriores y como lo estamos haciendo con una infraestructura robusta y con los recursos humanos dedicados a ello en nuestro Ecosistema de Innovación y Emprendimiento Javeriano.


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana