Proteína bovina, esperanza para combatir cáncer e infecciones

Proteína bovina, esperanza para combatir cáncer e infecciones

Leche para el café, una malteada, un jugo o un postre. Ese líquido, tan importante en la cocina y para diversos sectores de la economía, es así mismo bien ponderado en los laboratorios de investigación. Gracias a las proteínas que se encuentran en su composición química, se están generando soluciones para contrarrestar el cáncer y las infecciones.

Así lo demuestra un estudio en el que participan investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia. Tres años de trabajo conjunto se traducen en la obtención de un péptido (porciones pequeñas de las proteínas) que con modificaciones químicas puede matar o controlar hongos y tumores.

Las proteínas utilizadas por este grupo de científicos provienen de la lactoferricina bovina. De acuerdo con ellos, la lactoferricina de vaca se asemeja en un 90 % a la humana, por lo que este líquido es muy versátil para sacar compuestos antitumorales y antibióticos que beneficien a las personas con enfermedades como el cáncer de seno o infecciones por hongos.

“Hay una serie de variaciones en este tipo de cáncer que son muy resistentes a los procedimientos actuales; otros son más fáciles de tratar, pero hay que tener en cuenta los efectos colaterales de la quimioterapia, que son muy grandes”, explica la bacterióloga Claudia Marcela Parra Giraldo, coinvestigadora de este proyecto. “Encontrar un método de gran cobertura y dirigido solo hacia las células tumorales sería ‘eureka’, es poder matarlas y dejar las células buenas para que sean capaces de restablecer el sistema”.

Ahí radica la importancia del desarrollo de los péptidos, que mediante transformación química podrían tener una forma selectiva de aniquilar los tumores y los hongos, con menos efectos, porque provienen de seres vivos.

 

El proceso en el laboratorio

Los hongos comparten el diseño estructural de las células humanas, por lo que analizarlos en varias pruebas de laboratorio permite, en el camino, hacer la búsqueda de los efectos antitumorales y antifúngicos. Por eso, la evaluación de los péptidos ha potencializado ambos grupos.

Los especialistas de la Universidad Nacional hacen los péptidos en recipientes de laboratorio, cuyas condiciones de pH y temperatura son ajustadas previamente para que se produzcan las reacciones químicas. Estos péptidos se van tejiendo por medio de enlaces químicos. Luego, esas uniones se evalúan a través de diversas pruebas, entre las que se incluyen varios equipos. Uno de ellos es el llamado HPLC, que verifica si los péptidos se obtuvieron, así como su pureza.

Si todo ese proceso funciona, se inician las pruebas biológicas. En ellas el primer paso es comprobar que estos péptidos no sean hemolíticos, es decir, que no rompan los glóbulos rojos, porque la mayoría se adhiere a las membranas biológicas. Posteriormente, se evalúa la toxicidad para células normales y, finalmente, el efecto en cultivos tumorales y hongos.

 

Un grupo de universidades bogotanas comparte sus capacidades y conocimientos sobre los microorganismos para combatir enfermedades como el cáncer.

 

Para el caso del trabajo con hongos, Parra explica que en una placa, no más grande que una mano, se ubican 96 ‘pocillos’. En cada uno se coloca un elemento fúngico en una concentración equilibrada y se utiliza un equipo que lo agita permanentemente para garantizar su crecimiento. Dicho aparato también va leyendo la cantidad de partículas que aumentan su tamaño. Si el péptido es exitoso, los hongos de la muestra se mueren o no crecen más, algo que se realiza paralelamente en placas con pocillos más grandes, y mediante microscopía y citometría de flujo (tecnología de láser) se evalúa el efecto antitumoral. Los dos grupos cuentan con estudiantes de doctorado compartidos, que aprenden de manera transversal sobre química, química farmacéutica, microbiología, y biología celular y molecular.

En cuanto al desarrollo de antifúngicos, se buscan terapias que controlen el crecimiento de hongos, más que su eliminación total. “Muchas veces los microorganismos no son peligrosos si se controla su crecimiento y cantidad. Arrasar completamente con aquellos que estén naturalmente en el cuerpo abre la puerta para que ingresen otros nuevos. Y de los nuevos no se conoce nada. Ahí es mejor malo conocido que bueno por conocer”, explica Parra, quien además cuenta con un doctorado en parasitología y microbiología.

 

Lo que viene

Estos científicos están migrando hacia una nueva fase de la investigación, en colaboración con la Universidad de los Andes. Actualmente se encuentran diseñando ensayos con peces cebra. “Estos peces se pueden infectar con células tumorales y hongos, y como son transparentes, uno puede hacer el seguimiento por microscopio de la actividad del péptido. Luego se les hacen estudios de patología para observar los cambios de las células que se colocaron”, detalla la bacterióloga.

Aunque falta mucho camino para cumplir con el objetivo de materializar la investigación en la fase clínica, los científicos asumen con paciencia el paso a paso de una exploración de este tipo. Si los análisis son exitosos, pasarían de experimentar con peces a con ratones. Después de eso, podrían continuar su iniciativa con biopsias de humanos. Para Parra, en esta investigación se logró formar una comunidad académica multidisciplinaria compuesta por especialistas y más de 30 estudiantes, que ya van mostrando resultados para el avance de la ciencia colombiana. Además de encontrar alternativas para hacer frente a infecciones por hongos multirresistentes, también trabajan en otros tipos de cáncer.

 

Para leer más: Barragán Cárdenas, A. et al. (2020). Selective cytotoxic effect against the MDA-MB-468 breast cancer cell line of the antibacterial palindromic peptide derived from bovine lactoferricin. Recuperado de https://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2020/ra/d0ra02688c#!divAbstract


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Desarrollo de un medicamento contra el cáncer de mama basado en un péptido polivalente derivado de la LfcinB: estudio de la fase preclínica (fase cero), caracterización fisicoquímica de un lote del fármaco para estudios preclínicos INVESTIGADORES PRINCIPALES: Javier García Castañeda y Zuly Rivera-Monroy
COINVESTIGADORES: Andrea Barragán-Cárdenas, Maribel Urrea-Pelayo, Víctor Alfonso Niño-Ramírez, Adriana Umaña-Pérez, Jean Paul Vernot, Claudia Marcela Parra Giraldo, Ricardo Fierro-Medina
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional de Colombia Facultad de Medicina, Departamento de Ciencias Fisiológicas, Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Javeriana PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2020

 

 

ARTÍCULO-ANTERIOR              REGRESAR-A-P53              SIGUIENTE-ARTÍCULO

Oxigene sus conocimientos sobre la Covid-19

Oxigene sus conocimientos sobre la Covid-19

Mantener estable la oxigenación en la sangre de los pacientes con la Covid-19 es uno de los retos a los que se enfrenta el personal médico a diario, todo para evitar llegar a la intubación y dar manejo en la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI). Juan David Botero, Médico Internista y Fellow de Neumología del Hospital Universitario San Ignacio, explica algunas generalidades del manejo de pacientes altamente comprometidos por el virus.

Cuando César*, de 54 años, fue diagnosticado con la Covid-19, no presentaba síntomas. Seis días después de saber que el virus estaba en su cuerpo, en medio del aislamiento, empezó a experimentar dificultad para respirar. Cuenta que sentía ahogo y una fatiga extenuante, acompañada de una leve presión en el pecho. Según la organización Mayo Clinic, aunque la mayoría de las personas que contraen el SARS-CoV-2 tiene señales entre leves y moderadas, la enfermedad puede llevar a complicaciones graves, una de estas incluye problemas para respirar.

Este signo de alarma obligó a César a dirigirse a un centro hospitalario. En cuestión de horas fue trasladado a la UCI, porque su saturación de oxígeno en la sangre estaba por debajo de 90 (hipoxemia), cuando en valores normales se espera que esté entre 95 y 100%, y tras evaluar la complejidad de su caso tuvo que ser intubado. Sin embargo, según el pronóstico de cada persona, hay alternativas que pueden evitar llegar a estas instancias, dice el médico Botero.

¿Por qué la falta de oxígeno?

Comúnmente enfermedades como el asma, la Enfermedad Obstructiva Crónica (EPOC) o la falla cardiaca pueden ser las causantes de la saturación de oxígeno deficiente, la cual suele ir acompañada de una sensación de falta de aire por parte de quien la sufre, incluso debe llevar al paciente a consultar inmediatamente a un especialista. Ante estos síntomas la persona recibe oxígeno y siente una mejoría considerable.

Sin embargo, la particularidad en algunos pacientes con Covid-19, comenta Botero, es que pueden presentar este signo sin haber tenido molestias respiratorias previas, es decir, sin estar acompañadas de la sensación de ahogo; a esto lo han denominado “happy hipoxemia”: aunque a la persona le falta el oxígeno y su cuerpo se está viendo afectado por esto (su corazón tiene que trabajar más, las células sufren por su carencia), no lo siente. Esa es una de las razones por las cuales los pacientes consultan tarde y ya está avanzada la infección.

Por lo tanto, como ya lo han sugerido algunas publicaciones, estas personas deben recibir oxígeno de formas no tan invasivas antes de ser intubados, y monitorear su saturación intentando estabilizarla. “De esta manera se evita, en la medida de lo posible, la atención de manejo crítico con ventilación mecánica (intubación)”, complementa.

Medir la saturación de oxígeno y ajustar la administración del mismo puede significar menos muertes. Esto lo demostró un estudio en una provincia de China, en donde después de hacer seguimiento a la oxigenación y su respuesta a la administración de oxígeno suplementario en concentraciones crecientes, clasificaban si el paciente era de alto o bajo riesgo y definían el tipo de atención que necesitaba (uso de líquidos, movimientos de la persona para mejorar la respiración a través de técnicas como la pronación, cánulas de alto flujo, ventilación no invasiva o, como última opción, la intubación). De esta forma demostraron tener una mortalidad inferior comparada con el resto de las provincias en la región, comenta este especialista, después de haber hecho un análisis permanente de los avances científicos hasta ahora reportados en la literatura.

Acostar a los pacientes boca abajo puede salvar vidas

Ante la falta de oxígeno, una forma de aumentar su generación es haciendo uso de la antigua técnica no invasiva de mover el diafragma, colocando al paciente boca abajo y con la cabeza de lado para mejorar la respiración. A esto médicamente se le denomina pronación Al respecto, el internista explica que el pulmón tiene unas áreas que son más ventiladas que otras y el cambio de posición permite que éstas varíen y mejore la oxigenación reduciendo el trabajo respiratorio y mejorando el acople del corazón.

No obstante, esta alternativa solo debe ser realizada por expertos.

La evidencia científica reciente indica que los pacientes pronados de manera correcta tienen mejoría en su oxigenación y el 50% de ellos logra que su alivio se mantenga, evitando la intubación. Botero aclara que esto no es para todos los pacientes y hay unas contraindicaciones médicas que deben ser revisadas con lupa antes de hacer uso de esta técnica, pues usarla en algunos pacientes puede incluso aumentar su riesgo de morir.

 

Dexametasona, el medicamento que disminuye la mortalidad en la Covid-19

Mucho se ha hablado de la “tormenta de citoquinas”, una de las causas de muerte en pacientes con el SARS-CoV-2. Las citoquinas son unas proteínas que se encargan de luchar contra el virus y contra cualquier infección. Gracias a su liberación, el virus puede ser bloqueado y eliminado, dando oportunidad al organismo para que venza la Covid-19 sin mayor complicación. Sin embargo, en casos particulares la intensa liberación de éstas puede actuar como enemiga.

Esta es la llamada “tormenta de citoquinas”: cuando se hace presente, en lugar de proteger, ataca al propio cuerpo y provoca inflamación en órganos como el hígado, riñones y, específicamente en el pulmón puede generar acumulación de líquido que dificulta la capacidad respiratoria. Es por esto que muchas personas han recurrido a medicarse con la hoy famosa dexametasona, una medicina (esteroideo) comúnmente usada para desinflamar y reducir la respuesta inmunitaria que puede causar daño hacía sí mismo.

Científicos de la Universidad de Oxford confirmaron los beneficios del medicamento en el manejo de casos de alta gravedad de la Covid-19. Después del ensayo realizado en 2.000 pacientes que recibieron dexametasona, frente a 4.000 que no la recibieron, se encontró que en las personas con necesidad de oxígeno suplementario o ventilación mecánica del primer grupo se redujo su riesgo de muerte entre 28% y 40%, comparado con aquellos que estaban en el grupo de tratamiento habitual.

Después de esto, las ventas del esteroide, que oscila en Colombia entre los 3.000 y 25.000 pesos y tiene venta restringida bajo fórmula médica, se incrementaron de manera exponencial. El llamado del doctor Botero es a hacer un uso adecuado del fármaco, pues no tiene el mismo efecto en todos los pacientes.

Como lo comunica la Organización Mundial de la Salud (OMS), este no se debe tomar para prevenir la Covid-19 ni tratar síntomas ligeros, pues “el fármaco resulta beneficioso para pacientes graves y críticos, no para enfermos con síntomas leves”. A esto el doctor Botero agrega que los pacientes que sufren Covid-19 se benefician de la dexametasona solo si están requiriendo oxígeno.

“La clave de la medicina es la prevención. Nuestro deber es promover el aislamiento y uso de elementos de protección hasta que contemos con vacunas efectivas y la clave del éxito en los pacientes con Covid-19 es optimizar y dar tratamiento oportuno a la hipoxemia”, finaliza el internista.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

La salud de los sistemas de salud

La salud de los sistemas de salud

El 2020 será recordado por el coronavirus SARS-CoV-2, el microorganismo que puso en jaque a los sistemas de salud de todos los países del planeta. Ninguno estaba preparado para semejante pandemia, pero la dupla de los sistemas de salud y el manejo que los diferentes gobernantes le han dado a la situación han exigido volver la mirada y revisar el estado en el que se encuentran, tomar medidas políticas, sociales y económicas, y, entre estas últimas, asignar presupuesto para invertir en recurso humano y en dotaciones, que van desde lo más sencillo, como tapabocas, hasta las tecnologías más avanzadas, y responder así a los requerimientos de los pacientes contagiados con la COVID-19, acrónimo del inglés coronavirus disease.

La situación de Colombia, según un estudio realizado en 195 países, estaba más o menos bien, cuando se midió el acceso a la calidad en salud (HAQ, por su sigla en inglés): su índice fue de 67,8 sobre 100, superado en la región de América Latina y el Caribe por Chile (76), Cuba (73,5), Costa Rica (72,2), Uruguay (72), Perú (69,6) y Argentina (68,4). A la región que mejor le va es Europa occidental, con un índice de 86,8. Y la que llevó la peor parte fue África subsahariana, con 42,4.

El estudio se concentró en medir el acceso a salud de calidad, entendida como “la capacidad de un sistema para evitar muertes por condiciones de salud que se consideran susceptibles de ser tratadas”, explicó Lope Hugo Barrero, actual decano de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, y uno de los cientos de especialistas que se unieron a la investigación.

A diferencia de otras mediciones, lo que revisaron los científicos fue la cantidad de muertes en un país debido a situaciones que, si son tratadas a tiempo y adecuadamente, no tienen por qué terminar en muerte. Por ejemplo, hoy en día la gente no debería contagiarse ―ni morir― de tuberculosis u otras infecciones respiratorias, ni de difteria o tétano ―enfermedades contra las cuales existen vacunas―, ni por diarreas, ciertos cánceres o enfermedades cardiovasculares. “La existencia de buenos recursos médicos, buen entrenamiento, camas, equipos, etcétera, y su uso eficiente para que le lleguen los servicios a quien lo necesita” son una manera de prevenir que esto ocurra, continúa Barrero.

“Esta investigación se enmarca en el Estudio de la Carga Global de las Enfermedades, liderado por el Instituto de Métricas de la Salud de la Universidad de Washington, en el que participan múltiples grupos interdisciplinarios de investigación en el mundo”. Lope Hugo Barrera, Decano Facultad de Ingeniería

Para cada país, se comparó esta situación en 1990 y luego en 2015, con el fin de estimar su evolución. “La capacidad global para dar acceso a salud de calidad a las personas ha mejorado”, de acuerdo con los resultados de la investigación. Sin embargo, el estudio demuestra que no por tener los gobiernos más capacidad de invertir en salud sus ciudadanos tienen mejor acceso, porque las inversiones pueden no ser las que necesita el país, “por ejemplo, tener médicos en una especialidad en la que no se enferma tanto un grupo poblacional, o tener menos camas en sitios donde la gente se enferma más”, explica este ingeniero interesado en los medios de prevención en salud de grupos poblacionales.

Los investigadores hacen un llamado a continuar avanzando en mejorar los índices HAQ: “Comprender cuánta mortalidad o carga de enfermedad se puede evitar sobre la base de proporcionar acceso a atención médica personal de alta calidad y modificar los riesgos ambientales y de comportamiento a través de iniciativas de salud pública es de gran interés político”.

China y Corea del Sur, dice el estudio, “no solo progresaron en acceso, como lo hicieron la mayoría de los países, sino que lo hicieron más rápido que otros”. Frente a la pandemia actual, se destaca el uso de robots en China para medir la temperatura, lo que evita que el personal de salud lo haga, o la rapidez para construir un hospital, o la acción rápida para detectar casos en Corea del Sur, que, a pesar de vivir un segundo pico, ha controlado la enfermedad con pocos ciudadanos fallecidos en relación con el número de habitantes.

“La lección más clara es que la eficiencia de un sistema de salud y su humanidad tienen amplio margen para cumplir su objetivo: salvar vidas”, según Barrero. Y esa ha sido la meta al enfrentar la pandemia, como lo es en el caso de Colombia, que, aunque no estaba del todo preparada, ha sido capaz de ampliar su capacidad en corto plazo con medidas coordinadas. “No obstante”, continúa el investigador, “el reto no está superado, y todavía está por verse si el sistema de salud está preparado para atender los nuevos casos que se vayan dando al ritmo al que se ha venido liberando la actividad económica”.

En el futuro, los estudios que implementen el índice HAQ, en combinación con la cobertura de las intervenciones de salud y la prevalencia de factores de riesgo que pueden modificarse a través de iniciativas de salud pública, podrían proporcionar un mecanismo más sólido para rastrear el progreso de la cobertura universal de salud en múltiples dimensiones de la acción del sistema, concluye el estudio.

La ingeniería tiene muchas oportunidades para aportar, añade Barrero: “Soluciones de telemedicina, seguimiento en línea del progreso de los pacientes y el uso de herramientas diagnósticas y de tratamiento avanzadas se nutren de la ingeniería. Justamente nuestra oferta académica más moderna le apunta a ese tipo de contribuciones, con programas como el pregrado en Bioingeniería, las maestrías en Inteligencia Artificial y en Ingeniería del Internet de las Cosas, y el Doctorado en Ciencia y Tecnología de los Materiales, entre otros”.

Para leer más:
VV. AA., Healthcare Access and Quality Index based on mortality from causes amenable to personal health care in 195 countries and territories, 1990-2015: A novel analysis from the Global Burden of Disease Study 2015. Recuperado de: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28528753/


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Healthcare Access and Quality Index based on mortality from causes amenable to personal health care in 195 countries and territories, 1990-2015: A novel analysis from the Global Burden of Disease Study 2015
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Christopher J. L. Murray, Institute for Health Metrics and Evaluation, Universidad de Washington
COINVESTIGADORES: Barber et al. (incluyendo a Lope H. Barrero)
Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Industrial
Grupo de investigación: Centro de Estudios de Ergonomía
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2017

ARTÍCULO-ANTERIOR            REGRESAR-A-PESQUISA-JAVERIANA-52            SIGUIENTE-ARTICULO

Ansiedad y depresión, ‘verdugos’ de los jóvenes en la pandemia

Ansiedad y depresión, ‘verdugos’ de los jóvenes en la pandemia

No es un cuento chino. La realidad es que los jóvenes de Colombia y otros lugares del mundo están sufriendo depresión y ansiedad en esta época de aislamiento preventivo. Dos estudios evidencian los trastornos que causa la Covid-19 en la salud mental de las personas.

Mujeres y adultos jóvenes, más propensos

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) lideraron un estudio internacional que busca poner a disposición de investigadores y de entidades de salud pública evidencia científica actualizada sobre los efectos en la salud mental en las personas durante la cuarentena.

Los hallazgos del primer informe demuestran que durante el tiempo transcurrido de la pandemia en Colombia las mujeres, los adultos jóvenes entre los 18 y los 29 años y las personas con bajos ingresos son quienes más han visto afectada su salud mental. El 35% de la población ha presentado síntomas de depresión, el 31% somáticos, el 29% de ansiedad y el 21% de soledad.

 

 

Juan Pablo Sanabria Mazo, magíster en Investigación en Psicología Clínica y uno de los coordinadores de la investigación en el país, señala que las mujeres jóvenes con bajos ingresos son el perfil poblacional en mayor riesgo al reportar 53% de síntomas de depresión, 45% de somatización y un 40% de ansiedad. En cambio, el perfil en menor riesgo son los adultos mayores hombres con altos ingresos, quienes reportaron 11% de síntomas de ansiedad, 11% depresión y 2% en somatización.

Los síntomas de depresión, de ansiedad y de somatización de la población colombiana en estos últimos meses se relacionan, entre otros factores, con las nuevas dinámicas de trabajo y la disminución de los ingresos económicos. Los resultados de la encuesta señalan que el 74% de las personas sienten amenazados sus ingresos y el 69% la continuidad de su empleo o sus estudios. Asimismo, durante la pandemia se ha visto desmejorada la actividad laboral en un 63%, los ingresos económicos en un 55%, la actividad física en un 50% y los hábitos de sueño en un 49%.

Por medio de la aplicación de encuestas anónimas en línea, el estudio ha logrado, hasta la fecha, más de 75.000 respuestas a nivel mundial, con la participación de alrededor 80 investigadores de 40 universidades. Colombia registró 18.061 réplicas en cuatro semanas y contó con la colaboración del Colegio Colombiano de Psicología (COLPSIC), investigadores de la Javeriana Cali, 25 instituciones aliadas y más de 1.500 agentes de difusión.

 

La salud mental en Bogotá

Otra investigación realizada Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana evidencia que la depresión y la ansiedad se siguen saliendo con la suya.

A través de 1.178 encuestas se evaluó la presencia estas alteraciones emocionales en los jóvenes. Uno de los hallazgos más llamativos de este ejercicio fue descubrir que el 17% de las personas encuestadas presentó niveles severos de depresión.

Teniendo en cuenta una escala de ponderación de 1 a 20, el estudio deja en evidencia que el 46,9% de los hombres y el 56,3% de las mujeres presentan niveles altos de ansiedad (en este rango los entrevistados respondieron mayor a 10).

Además, esta investigación consultó las respuestas de los jóvenes con relación a su futuro laboral, dificultades familiares, cambios en la alimentación, apoyo emocional, entre otros. (Ver gráficos)

 

Este estudio fue realizado por los departamentos de Psiquiatría y Salud Mental y de Epidemiología Clínica y Bioestadística javerianos en adultos jóvenes de 18 a 24 años durante y después del distanciamiento social obligatorio por la COVID-19 en Bogotá, Lima y Buenos Aires.

Descargue aquí el estudio completo

Olores y sabores, que no se pierda el sentido en tiempo de pandemia

Olores y sabores, que no se pierda el sentido en tiempo de pandemia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los síntomas más habituales para sospechar de un caso de infección por SARS-CoV-2 son fiebre, tos seca, cansancio y otros de gravedad como dificultad respiratoria, presión en el pecho o incapacidad para hablar o moverse. Sin embargo, hay unos que pueden pasar inadvertidos como la pérdida del sentido del gusto (ageusia) o la falta o reducción del olfato (anosmia e hiposmia respectivamente).

Para la doctora javeriana María Manuela Chemas, residente de otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, las personas que presenten pérdida del gusto u olfato y no hayan tenido antecedentes de congestión nasal crónica con patologías como rinitis alérgica o sinusitis aguda, deben practicarse pruebas diagnósticas y someterse al aislamiento preventivo, pues asegura que son un potencial indicador para identificar a los portadores del virus en fases tempranas.

El debate sobre si las alteraciones en el olfato y gusto deberían considerarse un síntoma de la Covid-19 ha sido una constante, más aún cuando, tal como reconocen los expertos, la evidencia acerca de la ageusia y anosmia es limitada. Sin embargo, desde finales de febrero e inicios de marzo de este año se han acumulado rápidamente reportes anecdóticos de la presencia de estas alteraciones en pacientes con síntomas compatibles o con diagnóstico confirmado del actual coronavirus, lo que ha llamado la atención de investigadores a nivel global.

Los primeros que empezaron a hablar del tema fueron investigadores chinos, con un estudio por medio del cual buscaban identificar las manifestaciones neurológicas del virus, además de la presencia de anosmia y ageusia en pacientes diagnosticados con la COVID-19. En los resultados determinaron que el 5.1% de la muestra reportó dificultades olfatorias y el 5.6% alteraciones del gusto. Fue desde este momento que se empezaron a desarrollar más pesquisas sobre el tema.

La Academia Americana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, al darse cuenta de que la reducción de estos sentidos era frecuentemente reportada por los pacientes con Covid-19, diseñaron una herramienta para que los médicos notificaran la presencia de estos síntomas. Con la información de los primeros diez días de registro concluyeron que el 73% de los pacientes presentó pérdida del olfato antes del diagnóstico y el 40% de estos casos referían que esto contribuyó en la decisión de realizar la prueba. Entretanto, un 25% de los casos presentó pérdida del gusto como síntoma inicial, antes de presentar cualquiera de los otros malestares habituales, y el 27% también tuvo anosmia, pero después del diagnóstico.

Como estos, los estudios continúan y confirman lo dicho por la doctora Chemas y otros expertos. Por ejemplo, un grupo de investigadores europeos indagó sobre estas alteraciones en pacientes hospitalizados por coronavirus en hospitales de España, Italia y Francia, y otros casos que estaban siendo tratados desde casa; todos con la enfermedad en un grado de leve a moderado. Los resultados, basados en un análisis de encuestas, concluyeron que el 85% de los pacientes presentó algún tipo de afección del olfato (80% reportó anosmia y el 20% hiposmia); y dentro de los evaluados, casi el 12% presentó una alteración del olfato como síntoma inicial antes de presentar cualquier otro tipo de sintomatología asociada con Covid-19.

Estudios como estos, dice la galena, demuestran la importancia de no pasar inadvertidos estos síntomas. “Pocas personas consultan por una pérdida de gusto u olfato porque piensan que puede ser una gripe común; sin embargo, puede ser el inicio del virus o el síntoma exclusivo de una persona asintomática, pero con presencia de SARS-CoV-2”, expone.

Las investigaciones hasta aquí mencionadas y otras que están en el radar como la realizada por la Universidad de San Diego (Estados Unidos), que apuntan a las mismas conclusiones, evaluaron el olfato a través de escalas, pero hasta el momento, ninguna había hecho pruebas específicas de este sentido humano que es esencial para detectar sustancias tóxicas para sí mismo, para disfrutar de los alimentos, para la comunicación social y detección del peligro, expone Chemas. Sin embargo, los primeros en hacerlo fueron un grupo de expertos de la Universidad de Irán, quienes realizaron la prueba de identificación de olores propuesta por la Universidad de Pensilvania, adaptada a su población, y encontraron que el 98% de los pacientes presentaba alteración del olfato en comparación con los participantes sanos evaluados.

Así, después de un análisis de cada uno de estos estudios, la doctora Chemas concluye que no se puede desconocer la importancia de estas señales físicas. “Si atendemos de forma oportuna al llamado de estas manifestaciones, podemos evitar que la persona asintomática, pero con pérdida del gusto o el olfato, siga propagando el virus”, afirma. Por otro lado, hay evidencia de casos en los que la anosmia se presenta en casos confirmados con el virus que no han tenido enfermedades previas de congestión nasal o hacen parte de la población anciana, que son excepciones por hacer parte de las principales causas relacionadas con alteraciones del olfato. Y, además, “es claro, como la evidencia lo demuestra, que la anosmia precede otros síntomas de la COVID-19”, señala la javeriana.

En cuanto a la pérdida del gusto, la doctora Chemas comenta que hay pocos estudios que evalúen la disgeusia y los que lo han hecho han encontrado que hay una alta prevalencia en pacientes con el virus. No obstante, dice que, “hasta el momento no se sabe si es secundaria a la alteración del olfato o si es una manifestación independiente de la infección”.

Ella insiste en que tanto pacientes como personal de la salud deben atender al llamado de esta sintomatología y los médicos debe enfocarse a hacer preguntas que le permitan determinar la presencia, especialmente de anosmia, ya que como explica la experta, realizar pruebas específicas es demandante, costoso y quita mucho tiempo.

Finalmente, ante el temor existente por parte de los pacientes a perder completamente estos sentidos después de padecer el virus, la doctora señala que hasta el momento los estudios realizados han tenido corto seguimiento y los hallazgos indican que hay una mejoría significativa. No obstante, como recomendación final, invita a que si el síntoma perdura por mucho tiempo, después de haberse recuperado del virus, es necesario consultar e iniciar un tratamiento de corticoides adecuado de la mano de especialistas y un entrenamiento del olfato seguro.

La UCI del Hospital San Ignacio, con las alarmas encendidas

La UCI del Hospital San Ignacio, con las alarmas encendidas

Un tema que ha cobrado gran importancia en la opinión pública por estos días es la ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos para pacientes con Covid-19. En las últimas semanas varias capitales del país superaron el 80% de ocupación. Según la Secretaría de Salud de Bogotá, para la atención de la pandemia la ciudad contaba al 26 de julio con 1.445 camas, de las cuales 1.356 son usadas (una ocupación del 93,2%) para el cuidado crítico. Es por esto que autoridades del orden nacional, distrital y expertos tienen las alarmas encendidas pues la curva de contagio aumenta de manera significativa.

Frente a este panorama, Pesquisa Javeriana habló con el doctor Luis Carlos Triana, jefe de la Unidad de Cuidado Intensivo del Hospital Universitario San Ignacio para conocer más sobre la situación de la atención hospitalaria.

¿Qué es una UCI? ¿Qué sucede allí?

Una Unidad de Cuidado Intensivo es un lugar, dentro de un hospital de tercer o cuarto nivel de atención, con una infraestructura física, recursos tecnológicos y humanos, que permite la atención de pacientes que presentan una condición clínica con alteración importante de la funcionalidad de uno a más órganos, por lo que requieren monitoreo (control) continuo y en muchos casos soporte con dispositivos y medicamentos de mayor complejidad o cuidado en su aplicación, para su recuperación.

¿Cuáles son los requerimientos de personal, máquinas e implementos para atender la pandemia del Covid-19?

Según los datos recogidos en estos casi siete meses, la mayoría de los pacientes no requieren atención y cuidados distintos a los de una resfriado o gripe común. El 15 % de los infectados requieren hospitalización y el 5% presenta un cuadro más severo, requiriendo ingreso a la unidad de cuidado intensivo. Esta unidad requiere, aparte de la infraestructura física, camas especiales, salida de gases medicinales (oxígeno y aire) vacíos para succionar, diversos equipos como ventiladores mecánicos, monitores de signos vitales y variables hemodinámicas, cardiodesfibriladores, medicamentos, vías de acceso venosa y respiratorio, entre otros. En cuanto al talento humano, médicos especialistas en cuidado intensivo, enfermeras profesionales y fisioterapeutas especializadas en la atención de pacientes críticos, auxiliares de enfermería con experiencia en pacientes críticos, personal de servicios generales de aseo y alimentación con entrenamiento específico para trabajar en estas áreas. También personal de logística para mantenimiento preventivo de los equipos. Sumado a todo lo anterior y en el contexto de la pandemia, los elementos de protección personal que utilizamos los profesionales para protegernos del riesgo del contagio.

¿Cómo se atiende esta situación desde el Hospital San Ignacio?

Desde el inicio de la pandemia, el Hospital Universitario San Ignacio se ha preparado para enfrentarla. Inicialmente elaboró un plan de contingencia para esta situación coyuntural mediante un proceso de educación al personal sobre el uso correcto de los elementos de protección y sobre las particularidades de la infección por COVID-19, con énfasis en la atención del paciente crítico, mediante una revisión multidisciplinar sobre las guías de diagnóstico, atención y tratamiento de esta condición clínica. Adicionalmente se llevó a cabo una reorganización en algunas áreas, tanto de hospitalización como de cuidado intensivo para atención exclusiva de estos pacientes. También se compraron y alquilaron equipos adicionales y se recibieron algunos en comodato del Gobierno Nacional.

Al 18 de julio de 2020 el hospital ha notificado 3.239 pacientes, de los cuales 2.392 son negativos y 847 positivos para SARS-COV-2.

¿Está funcionando la estrategia creada por las autoridades en Bogotá para la atención de pacientes contagiados?

Ha funcionado, en especial en lo referido a seguimiento y control de casos incluida, la cuarentena general y ahora las sectoriales, así como los programas de atención domiciliaria. En cuanto a las Unidades de Cuidado Crítico, la Secretaría de Salud de Bogotá ha trabajado de la mano de las instituciones de salud, tanto públicas como privadas, aumentando la capacidad instalada de unidades de cuidado intensivo, entregando a varias instituciones, incluida la nuestra, nuevos ventiladores mecánicos. Sumado a lo anterior, mantiene un monitoreo estrecho de la ocupación de las unidades, lo cual le permitió hace un par de semanas decretar la alerta naranja y centralizar el manejo de las camas libres de cuidado intensivo favoreciendo la referencia de los pacientes y eliminando la barrera del aseguramiento. En mi opinión se ha realizado un gran esfuerzo para mejorar la cobertura en la atención y la contención del virus.

Las autoridades han encendido las alarmas sobre la posibilidad de tener que elegir a qué pacientes se debe dar prioridad en el uso de respiradores por la alta demanda. Otras voces dicen que se trata más de una estrategia de persuasión para inculcar el autocuidado y que es poco probable que se llegue a ese punto. ¿Es real esa posibilidad?

En las últimas 3 semanas, hemos visto un aumento del número de contagios, lo que genera aumento de los casos severos que requieren la atención en las unidades de cuidado intensivo. El porcentaje de ocupación de las UCI en Bogotá ha estado sobre el 90%, presentado unos días de alta ocupación con trabajo intenso y permanente. Para la posible sobredemanda de pacientes, las instituciones de salud, en la medida de sus posibilidades, han desarrollado planes de expansión para así aumentar la oferta de camas de cuidado intensivo. Con este esfuerzo, desde los hospitales y la Secretaría de Salud, sumado a la cuarentena sectorizada y las otras medidas como la del distanciamiento social, esperamos no llegar a este colapso funcional.

En caso de presentarse esta situación extrema, la toma de decisiones en el Hospital Universitario San Ignacio sigue los principios confesionales que nos caracterizan con una base ética bien establecida (basada en la justicia distributiva, transparencia y beneficencia).

La posibilidad de llegar a un momento en que debamos elegir, ante igual gravedad, a qué paciente se le da prioridad para ventilación mecánica asistida es cierta, como se ha visto en varios países, esperamos y hacemos todo lo posible por evitar ese momento. Si llega el caso aplicaremos estándares éticos y científicos.

El mensaje final que dejaría a los lectores, sin generar miedo o pánico, es que el enfrentamiento de esta pandemia nos corresponde a todos, a las instituciones de salud cumpliendo su labor de cuidadores, pero también a toda la sociedad, recordando la importancia que tiene la situación actual y el no olvidar las medidas fundamentales, como el lavado de manos, el distanciamiento social y llevar tapabocas, que son las medidas demostradas en disminuir el número de contagios.

 

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Isla Fuerte está ubicada en el Golfo de Morrosquillo, en el Caribe colombiano. Gracias a su diversidad marina, allí decenas de habitantes viven de la pesca artesanal y del consumo de especies como los tiburones. Ese escenario fue analizado por Yurani Rojas, ecóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desarrolló una investigación sobre los elementos esenciales y no esenciales en tiburones sedoso y toyo.

El tiburón, como cualquier ser vivo, requiere ciertos elementos químicos para funcionar correctamente. Algunos de esos compuestos como el hierro, manganeso, vanadio y zinc son esenciales y benéficos en pequeñas cantidades mientras que en altas concentraciones pueden causar problemas para el animal.

No obstante, hay otro tipo de sustancias que no son necesarias para el cuerpo y que aún en bajas cantidades pueden causar daños para la salud como el cadmio, mercurio y plomo. Este tipo de metales pesados fueron los analizados en la investigación.

Mercurio

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mercurio es un elemento que está presente en el aire, el agua y los suelos. Existe en varias formas: elemental o metálico, que se encuentra en el suelo; inorgánica, que es utilizada en procesos industriales, y la orgánica, resultante de la liberación en el ambiente, en el que ciertas bacterias lo transforman en metilmercurio. Esta última es la que se encuentra en la fauna marina y es la más común en humanos.

Un primer hallazgo de esta investigación enciende las alertas: “En todas las muestras colectadas había metilmercurio y están sobrepasando el límite permitido para consumo humano”, afirma Rojas pues la OMS recomienda no consumir más de 1,5 microgramos por gramo. Otras entidades como el Ministerio de Salud de Colombia, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (USEPA) y la Comisión Regulatoria de la Unión Europea mantienen su máximo recomendado en un microgramo por cada gramo.

Estos altos índices de concentración sugieren procesos de bioacumulación. “Los tiburones, al ser depredadores tope, estarían consumiendo elementos tóxicos que han obtenido sus presas a lo largo de toda la cadena alimenticia”, dice la investigadora. Es decir, esta problemática no estaría afectando solo a los tiburones sino a otros seres vivos como crustáceos, moluscos y peces, que probablemente están acumulando estos metales.

Otro hallazgo tiene que ver con el órgano más contaminado de los individuos analizados. Al comparar las cantidades de mercurio en músculo y en hígado, se encontró que el primero presenta las mayores cantidades. “El hígado acumula más rápido estos tóxicos, pero tiene un nivel de depuración más alto que el músculo en juveniles”, explica la experta.

Otros elementos

El estudio también encontró altas concentraciones de cobre y zinc, que en tiburones adultos funcionan como protector del hígado contra el cadmio, otro metal pesado. “En el hígado se generan metalotioneínas que capturan los elementos tóxicos y evitan que sigan siendo tóxicos. Cuando se encuentran en altas concentraciones se pueden relacionar a altas cantidades de cadmio y otros metales”, revela la investigadora. Incluso el arsénico es potencialmente cancerígeno y se encontró en todas las muestras.

Hasta el momento no existen estudios precisos sobre las fuentes de estos elementos, pero podrían ser dos: una natural, por la geología de la zona, en la que podría haber presencia de algunos de estos metales que se liberan en el ambiente. La segunda sería por las actividades humanas, que pueden ser agrícolas asociadas a la aplicación de plaguicidas, industriales ligadas al uso de hidrocarburos de alta densidad y la gran mayoría podría ser por minería ilegal, según Rojas.

 

Los impactos de estos elementos para los tiburones son varios. “A largo plazo estos metales pueden generar problemas en los sistemas reproductivo, nervioso y locomotor. Todo depende de las concentraciones que se encuentren en el ambiente y de qué tan frecuente sea la exposición”, afirma Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana. “Las altas concentraciones de mercurio podrían estar reduciendo significativamente la fertilidad, afectando directamente las poblaciones de tiburones”, agrega Rojas.

Ambas investigadoras manifiestan su preocupación pues los impactos no son sólo para cada individuo, sino para toda la población de la zona. Cerca del 70% de tiburones que se pescan en Isla Fuerte son juveniles, dato que no es menor, pues estos no han alcanzado la edad de reproducción. Se cazan y queda poca descendencia para mantener las especies, algunas de las cuales ya están en peligro de extinción.

Riesgo para la salud humana

En Isla Fuerte es muy común alimentarse de tiburón. Allí comen la carne (músculo), a diferencia de otros lugares del mundo, donde hay preferencia por la aleta. Las preparaciones más comunes con la carne de este escualo son la empanada, el revoltillo (carne desmenuzada y guisada), en bistec y con huevos revueltos. Estos platos no solo los consumen los habitantes, sino que también son muy apetecidos por los turistas. A partir del hígado se hace aceite como tratamiento para problemas respiratorios.

Para este estudio se hicieron 95 encuestas que indican que los habitantes de la isla consumen en promedio 64 gramos de carne de tiburón, 59 días al año. La ingesta semanal estimada por persona es superior a los valores recomendados por organismos colombianos e internacionales, situación que pone en riesgo a los isleños.

“Elementos como el mercurio están por encima de los límites máximos recomendados por la OMS. Esto ya genera una alerta porque, en teoría, no se deberían consumir. Los niños y las mujeres embarazadas deberían evitarlos porque pueden generar riesgos para la salud humana”, afirma Luna. Esto puede afectar el desarrollo del cerebro y en general, el crecimiento. Las futuras madres, al consumirlo, pueden estar afectando a los bebés en gestación. “El arsénico inorgánico y el mercurio orgánico representan toxicidad para el sistema nervioso, inmunitario, el aparato digestivo, la piel, los riñones, los pulmones, la vista y el desarrollo intrauterino. Además, presenta la posibilidad de generar cáncer”, agrega Yurani Rojas. Esta investigación revela que existe riesgo potencial cancerígeno y no cancerígeno para los consumidores. Por todos estos riesgos, se recomienda no comer tiburón.

Las poblaciones de tiburones de la región se enfrentan a dos problemas de gran magnitud. Por un lado, la contaminación por metales pesados y por otro la sobrepesca. Para Andrea Luna, la solución al primer fenómeno pasa por reducir el uso de estos metales en las actividades humanas e instalar plantas de tratamiento de agua que necesitan mejorar en presencia y capacidad. “Lo más fácil es disminuir las fuentes de contaminación porque quitar estos contaminantes una vez están presentes en el mar es muy difícil y costoso”, dice.

El segundo pasa por la educación ambiental y estrategias locales que permitan el sustento de las familias pescadoras, pero también por la conservación de las especies marinas. “Cuando se trabaja con pescadores artesanales, ellos afirman ser muy conscientes de esta problemática y les interesa que el recurso siga presente. Ellos están muy abiertos a la idea de reducir los impactos en los recursos porque dependen de ellos en el día a día”, detalla.

En 2018 se registraron cinco muertes humanas por ataque de tiburón, mientras que más de 100 millones de escualos mueren anualmente por causa del hombre. Es importante que las personas se informen cuando se alimentan de ciertos productos, evitar consumir los que no son indispensables para una dieta saludable y que por el contrario podrían ser nocivos para la salud.

Plantas nativas subutilizadas de Colombia: ¿de qué nos hablan?

Plantas nativas subutilizadas de Colombia: ¿de qué nos hablan?

Debo decirles que este artículo planeé escribirlo antes de que empezara la crisis del coronavirus, pero debido al impacto de la situación y las cargas de estudio y laborales lo había ido aplazando. Sin embargo, a pesar de esto, este tema se volvió aún más pertinente porque esta situación nos ha pedido a gritos que nos concienticemos sobre cómo vivimos nuestro día a día.

Para este artículo entrevisté al PhD Néstor García, biólogo y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana. Él aclara que plantas subutilizadas se refieren a aquellas que “no son usadas en todo su potencial” ya que pueden tener excelentes cualidades nutricionales que han sido investigadas, pero a pesar de esto no tienen una importancia económica y social tan alta, es decir, no se consumen en elevadas proporciones. Así mismo, señala que este concepto es aplicado más en el contexto social y económico, no biológico, e incluso se le critica debido a que se consideran subutilizadas  solo para ciertas regiones, ya que en donde se producen son altamente consumidas por las comunidades locales.

Además, aclaramos la definición de plantas nativas, que se refiere a aquellas  que son originarias de un territorio en el cual crecen y se han desarrollado de forma silvestre y natural.

Cuando le pregunté acerca de algunas de las plantas nativas subutilizadas en Colombia, el profesor García señala que una de las más famosas es el chontaduro, ya que tiene cualidades nutricionales importantes pero no tiene una importancia económica consecuente con su potencial, pues se consume principalmente de forma local. Otras plantas mencionadas son los tubérculos andinos tales como los cubios, las ibias, las chuguas, que a pesar de presentarse estudios sobre sus características nutricionales, no generan un alto impacto en la economía como la papa, por ejemplo.

Consideramos importante que se realice la divulgación, promoción del conocimiento y cualidades de estas plantas, ya que representan un potencial para enfrentar problemas nutricionales y además, ya están adaptadas a los sistemas locales y hacen parte de su producción. Incluso pueden fortalecer los sistemas productivos de las comunidades que las producen.

Como colombianos nos debemos interesar en conocer los productos de plantas que son nativas de nuestro país y que tienen alto potencial nutricional. Así como nos indica García, sería ideal diversificar nuestra alimentación, visitar mercados locales, darnos la oportunidad de conocer otros sabores, volver a nuestras regiones y conocerlas.

También debemos preguntarnos sobre el apoyo que damos a los comercios locales o si gran cantidad de lo que consumimos son productos importados, a pesar de que algunos de ellos también se producen en nuestro país. Hacernos estos cuestionamientos es importante debido a que así podemos apoyar las comunidades y los negocios locales y conocemos más de la cultura e importancia de la biodiversidad de nuestro país. Señalamos que el cultivo y consumo de las plantas subutilizadas no es el único que se debe promover, pero sí nos abre a un mundo que muchos no conocemos y que podríamos explorar.

Y tú, ¿sabes de productos de plantas nativas que pocos conozcan y que podrías dar a conocer a tus amigos y familiares?

Lo que viven las mujeres trans en un consultorio

Lo que viven las mujeres trans en un consultorio

Paloma* tiene 30 años, es alta, de tez morena, cabello oscuro y acuerpada. Dice que su lucha diaria es contra la discriminación, pues ha cargado con ella por más de seis años. La vive cada que accede a algún servicio de salud se siente segregada. Cuando va al médico nota cómo las miradas recorren su cuerpo, como si fueran un escáner con actitud amarillista. Esta situación, según el proyecto TranSer, evidencia las dinámicas de discriminación para con las mujeres trans que han permeado los servicios de salud.

La vida no es fácil para Paloma. Usan la palabra señor para referirse ella y el personal de salud lo hace de forma reiterativa. El portero se lo dice, luego lo repite la recepcionista al requerirla; a pesar del tono cortés, la enfermera la llama una vez más y el médico lo reafirma: ¡señor, cuénteme en qué puedo ayudarlo! “Llega un momento en el que uno ya no aguanta. Yo voy vestida de mujer, me identifico como mujer y soy una mujer. Entonces, ¿por qué me dicen señor?”, comenta Paloma.

Ser trans en sociedades caracterizadas por el poder hegemónico, patriarcal y machista históricamente ha implicado vivir bajo relaciones marcadas por la inequidad, la injusticia y la exclusión, dice Paula Andrea Hoyos, psicóloga e investigadora de la Pontifica Universidad Javeriana Cali, quien en el marco del proyecto TranSer (2019-2022), para el fortalecimiento de una sexualidad plena, satisfactoria y saludable en mujeres trans de Colombia, se ha dedicado a estudiar esta problemática desde diferentes aristas, una de ellas, las dinámicas de discriminación de estas mujeres en el sector salud.

La palabra trans es una gran sombrilla que acoge a quienes se identifican como transexuales, transgénero, travestis o transformistas. La investigación que está en curso hasta ahora ha trabajado con mujeres que se identifican como transexuales y transgénero; las primeras sienten un rechazo por sus órganos sexuales con los que nacieron y las personas transgénero solo ocasionalmente?: “yo no tengo problema con mis órganos sexuales, el hecho de que yo haya hecho mi tránsito a mujer no significa que odie mi genitalidad”, dice una de ellas.

El estudio ha tenido efectos de empoderamiento e incluso ha sido terapéutica para las participantes, comenta la profesora Hoyos. Con los resultados quieren hacer un llamado para construir procesos más dignos de atención en salud y sensibilizar sobre las diferentes necesidades de esta población que van más allá de prevenir el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) u otras infecciones de transmisión sexual (ITS), como usualmente se ha comprendido. “No se trata de seguir hablando de cifras o epidemiologías, sino de lo que ellas requieren, por esto aquí son unas investigadoras más”, afirma Hoyos.

Según indican las cifras reportadas por Colombia Diversa, el país hace parte de las sociedades reproductoras de discriminación y violencia contra la comunidad LGBTI. Entre enero de 2018 y junio de 2019 se presentaron 120 homicidios de personas con identidad diferente a la heteronormativa. Para la profesora Hoyos, son víctimas frecuentes de homicidios, abuso sexual; presentan mayor prevalencia de depresión y ansiedad, y, además, las barreras para acceder al sistema de salud se multiplican, pues no cuentan con servicios de género, ni con atención diferencial.

“Muchas de nosotras evitamos ir a la EPS; aunque quisiéramos ir preferimos automedicarnos para no someternos a la discriminación”, asiente Paloma y así lo pone en evidencia el estudio javeriano. Con la participación de alrededor de 139 mujeres de cinco ciudades del país –Cali, Armenia, Cartagena, Bucaramanga y Bogotá–, los investigadores partieron de un abordaje hermenéutico interpretativo de las experiencias de mujeres trans en relación con los servicios de salud y fue a través de un trabajo de escucha activa y participativa que empezaron a identificar cuáles son sus necesidades.

Aunque el problema de la atención en salud es generalizado a nivel nacional, cuando se trata de personas trans los procesos son aún más difíciles. “Es una realidad de nuestro país, en el que frecuentemente se dilatan los tiempos de atención y consultas, pero, esto se perpetúa en poblaciones que se identifican de una forma diferente a lo que socialmente ha sido establecido como normativo”, afirma la investigadora.

Barreras y necesidades en la atención en salud

Según el estudio TranSer, las barreras que enfrentan las mujeres trans en relación con el acceso a los servicios de salud están directamente ligadas al estigma y discriminación, o en otros casos a las trabas para adquirir los tratamientos o procedimientos, por lo que recurren a consultar a otras fuentes para llevar a cabo su proceso de transformación, poniendo en riesgo su salud.

Las mujeres, según el estudio, coinciden en que frecuentemente perciben conductas discriminatorias por parte de los médicos, enfermeras, porteros, actitudes que se van replicando por las personas que vienen detrás (estudiantes de medicina, practicantes de enfermería, entre otros). “El problema está relacionado con las estructuras inequitativas e injustas frente a expresiones de género no hegemónicas, con la poca información por parte del personal de salud alrededor de lo que ellas sienten, y poca capacitación de cómo comprender mejor al ser humano, sus emociones y comportamientos, además de todo lo que implica la diversidad sexual y de género”, afirma la profesora Hoyos. Por esto, una de las insistencias de las mujeres trans, dentro de la investigación, es la necesidad de que los profesionales de la salud tengan los conocimientos y las competencias para acompañarlas.

Una de las cosas que ellas expresan reiterativamente es que sean diagnosticadas psiquiátricamente con una discordancia de género o disforia de género, lo que no es bueno para la salud ni el bienestar de la persona, expresa Hoyos. No obstante, explica que en el país se mantiene el criterio del diagnóstico para que una persona pueda acceder a procesos de reafirmación del género, ya sea la terapia hormonal y/o cirugías, bajo el discurso de que esta es una forma de confirmar la decisión que ha tomado la persona.

Esta etiqueta continúa perpetuando la discriminación y noción de las identidades trans como enfermedades. “Es importante que las personas se tomen el tiempo de pensar, si quieren, el cómo y el cuándo desean hacer el tránsito, es verdad, pero ellas no quieren estar en un proceso de dos años que las expone a las etiquetas psiquiátricas y menos quieren estar obligadas; ellas expresan requerir de un acompañamiento médico para informarse de forma idónea, al igual que un acompañamiento psicosocial con el que se sientan cómodas, aceptadas y seguras, no enfermas”, comenta la investigadora.

Así, es una prioridad la atención de mujeres trans en términos de salud, indica la investigación. Para ese fin debería haber fortalecimiento de la educación universitaria integral, diseño de rutas de atención con enfoque diferencial, seguimiento al consumo de sustancias psicoactivas por la relación que existe entre la hormonización y la reducción de deseo sexual y los estados de ánimo, dado que pueda presentarse que algunas mujeres trans recurran al consumo de algún tipo de sustancia para “compensar” los efectos secundarios del proceso, explica Hoyos.

“Para ellas, el construirse y expresarse como las mujeres que desean es muy importante, por eso recurren, usualmente, a edades muy tempranas a la autoformulación y automedicación, sin ningún acompañamiento idóneo, esto puede traer graves consecuencias para su salud, incluso puede llevarlas a la muerte” dice Hoyos.

La terapia hormonal requiere ser manejada de forma profesional y bajo buenas prácticas clínicas. De aquí que, tal como invita la investigación, las valoraciones médicas y psicosociales deban estar orientadas a la reducción de riesgos, la promoción de la salud y el bienestar de las mujeres trans, pues el acceso a un servicio de salud digno es un derecho que no se debe vulnerar. Al respecto, Paloma es insistente al decir que el camino ha sido difícil y falta trabajar muchísimo.

En Colombia no solo discriminan por el género y la orientación sexual, también lo hacen por la etnia o por el status socioeconómico, dice Hoyos, pero ser diferente hace parte de la naturaleza y, de la vida misma: “es verdad que nos hace falta información y educación en todo lo que implica la diversidad de género. Sin embargo, como seres humanos también debemos comprometernos con las acciones cotidianas, construir relaciones más amorosas, cooperativas, respetuosas y legitimadoras de las diferencias”

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Sofisticado laboratorio para estudiar zoonosis en la Javeriana

Sofisticado laboratorio para estudiar zoonosis en la Javeriana

Gracias al coronavirus que causó la pandemia mundial en este año, los presupuestos y los científicos para investigarlo han aumentado en cuestión de semanas. María Fernanda Gutiérrez, del grupo de virología de la Pontificia Universidad Javeriana, y Nelly Stella Roa Molina, del Centro de Investigaciones Odontológicas (CIO) de la misma universidad, acaban de recibir una grata noticia: el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación apoyará un proyecto de investigación de más de 3.600 millones de pesos para montar o adecuar tres laboratorios que estudiarán uno de los tantos aspectos que aún exigen respuestas más concretas: la zoonosis, que significa el paso de una infección de un animal al ser humano.

En realidad son tres los laboratorios que se benefician: el de la Javeriana y el de la Universidad ECCI, donde se instalarán laboratorios de bioseguridad nivel 3, el primero se encargará del manejo de muestras humanas y el segundo de las muestras animales, para estudiar las zoonosis. En el laboratorio de inmunología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de Colombia se montarán las pruebas para determinar los cambios en las membranas de las células infectadas, así como las pruebas serológicas con las cuales se buscarán los individuos afectados.

Que los laboratorios sean nivel 3 significa que “el ambiente y la temperatura son controlados, la presencia de contaminantes es muy baja y se trabaja con cámaras de bioseguridad que tienen unos filtros más potentes de tal manera que el ambiente que pasa por las cámaras de flujo laminar es totalmente estéril”, explicó la investigadora Gutiérrez.

Esta viróloga que lleva más de 15 años estudiando el Virus de Leucosis Bovina VLB, un microorganismo que está presente en las vacas y podría tener relación con el cáncer de mama en el humano, continuará esta investigación y usará la experiencia y el conocimiento adquirido para trabajar con el coronavirus que está causando centenares de muertes a nivel mundial: el SARS –CoV2. Al cabo de un año, cuando haya terminado el proyecto, los laboratorios estarían en capacidad de estudiar cualquier agente infeccioso de origen animal que contagie al ser humano.

“Los virus relacionados con pandemias son en su mayoría zoonóticos”, dice Gutiérrez, evidenciando que “la pandemia actual mostró una gran deficiencia en laboratorios de diagnóstico y de investigación dotados y con capacidades de manejar agentes infecciosos altamente peligrosos como lo es este virus actual”. Con el laboratorio nivel 3 sería posible manejar el virus activo, con capacidad de replicarse en las células demostrando su capacidad infecciosa.

La idea original, un virus en las vacas

Esta enfermedad del ganado vacuno, descrita en Europa a finales del siglo XIX, ha captado la atención de los científicos en los últimos 20 años por su posible relación con el cáncer de seno en humanos. La hipótesis de Gutiérrez y de su grupo de investigación es que se trata de una zoonosis, pero aún no ha sido posible comprobarlo por falta de una infraestructura básica para el desarrollo de los ensayos que requieren estrategias de seguridad para evitar el riesgo biológico que estos patógenos pueden tener sobre los investigadores que la estudian.

Para considerar que un agente infeccioso es zoonótico la comunidad científica ha propuesto ocho evidencias, siete de las cuales ya tienen respuesta por parte de los científicos javerianos que en estos años de trabajo han logrado comprobar, como por ejemplo conocer la prevalencia del patógeno en su hospedero natural así como en el ser humano, saber que la transmisión del virus ocurre cuando se usan instrumentos contaminados de una vaca a otra o demostrar que existen receptores celulares compartidos en las células del animal con las células humanas lo cual permite el ingreso viral al ser humano. Lo que aún falta por descubrir es la vía de transmisión exacta entre la vaca y el hombre.

Pareciera que la leche cruda es el principal vehículo de transmisión pero aún no ha sido posible dilucidar cómo llega el virus desde la leche a los linfocitos o a las células mamarias.

“En un futuro inmediato terminamos de mostrar la capacidad zoonótica del VLB e iniciamos el apoyo en el diagnóstico de SARS-2 COVID 19 que llegó para quedarse y requiere muchos mas que los laboratorios actualmente habilitados”, explica la viróloga Gutiérrez.

La contingencia actual: el SARS-CoV2

La alianza con el CIO tiene en cuenta que son los odontólogos, higienistas y asistentes unos de los profesionales que más están expuestos al contagio con este virus “por la cercanía con pacientes y contacto con fluidos orales como la saliva por el manejo intrínseco en la práctica dental y la generación de aerosoles”, dijo la odontóloga Roa. Las medidas que han debido tomar para atender a sus pacientes son las más exigentes, razón por la cual la investigación ha tomado fuerza. Así, la propuesta de este proyecto, titulado Mejoramiento de las capacidades en Ciencia, Tecnología e Innovación en tres instituciones de educación superior localizadas en la capital del país para atender problemáticas asociadas con zoonosis, usando como modelo el Virus de la Leucosis Bovina, es apoyar el diagnóstico temprano de COVID-19 en pacientes asintomáticos como protocolo previo a la atención médica y odontológica, así como un diagnóstico temprano sobre todo en pacientes con alto riesgo de desarrollar complicaciones serias de la enfermedad. Eso significa realizar pruebas moleculares de diagnóstico de infección y cuantificación de SARS CoV2 desarrolladas por investigadores del CIO y pruebas serológicas en sangre y saliva en pacientes y en profesionales de la salud asintomáticos buscando anticuerpos para la enfermedad, explican Gutiérrez y Roa.

“También se están proponiendo diversos proyectos de investigación que pretenden mitigar la enfermedad de manera local y preventiva como el uso de enjuagues orales, prototipo de filtros y eyectores, así como alternativas de tratamiento”, dijo Roa.

Del Distrito Capital, el Instituto Nacional de Salud y la Universidad Nacional de Colombia fueron otros dos laboratorios seleccionados en la Convocatoria del Fondo de CTeI del SGR para el fortalecimiento de laboratorios regionales con capacidad de prestar servicios científicos y tecnológicos para atender problemáticas asociadas con agentes biológicos de alto riesgo para la salud humana. En todo el país quedaron elegibles 89 propuestas para financiación, de las 122 que recibió Minciencias.